Ana Margarita Arada Clavería


Más de un siglo de iconografía martiana

Recuerdo cuando niña el cuadro de Martí que había al fondo del aula. Un retrato solemne, en el que se nos presentaba como ya nos había enseñado la maestra, siempre vestido de negro y con la mirada fija. Al lado, unos zapatos rosa que habíamos hecho entre todos, la mariposa de papel y unos versos que imaginaba sencillos. Demasiado serio pensaba. ¿Y este hombre escribió La Edad de Oro? No puede ser. ¡Ese cuadro necesita colores!

Pasarían años hasta que otra vez en un aula, ya estudiante de Historia del Arte, descubriera que aquel retrato era una copia del pintado por Menocal en 1902, uno de los primeros que se acercarían a la figura del Maestro. Descubrí también que después llegarían muchos más, con diversos estilos y técnicas. Encontré varios retratos de Martí, cuya visión plástica era como la que mi imaginación de niña me hizo sospechar. Aunque admito que el cuadro de Menocal no necesitaba más colores.

Y es que Martí es la figura revolucionario de mayor protagonismo en la iconografía plástica cubana. Pero «¿cómo habría de ser pintado él mismo, de qué modo sutil, moderno, esencial, podría hallar su iconografía una correspondencia mínima con el hombre que se quería todo pincel y todo luz?»[1] En los primeros cuadros, como en el caso de Menocal, el héroe es representado desde el tecnicismo académico y la búsqueda de un realismo casi siempre estricto. Con la llegada de las vanguardias artísticas y su búsqueda incesante de la identidad, la figura de José Martí sería, junto al paisaje, la forma ideal de vindicar la nacionalidad. Así, Arche nos regala un Martí noble, tan cercano y natural como el paisaje que lo cubre al fondo. Sereno, vestido de blanco, con una mano en el pecho y otra sujetando su propio cuadro, en un gesto misterioso pero sublime. En tanto, la pintura de Carlos Enríquez no solo se aparta de la solemnidad de Menocal o de lo subliminal en Arche. Carlos Enríquez muestra a un Martí en apariencia frágil. Herido, envuelto en una agitación de luces y transparencias está el hombre intrépido que se lanzó al combate, acaso a la muerte.

El triunfo de la Revolución provocaría un profundo cambio en todos los estratos de la sociedad cubana. La historia, vista como actitud y replanteo se convirtió en uno de los temas más singulares de la cultura cubana. Lo cierto es que a partir de entonces Martí será un tema recurrente y lo veremos a veces insolente, travieso en otras formas, dogmático, pero cada día más humano, más cerca de sus artistas y su pueblo. Los años 60 y su fervor y jubileo popular aportaron una de sus visiones más espontáneas y alegóricas. Del pincel de Raúl Martínez brota un Martí todo luz y color. Desde la asimilación del arte pop el creador muestra al héroe seriado, pero en el que cada contraste de luces y colores deja entrever también distintas fases y expresiones del hombre.

En la década de los setentas, entre grisuras y desencantos, «Martí suele aparecer  como un hombre sin conflictos, que ha de ser tocado con engañosas manos de seda; pátina fetichista contra la que reaccionará la escandalosa sinceridad de los años venideros»[2]. Los años ochenta, conocidos por el renacer en las artes, mostraron una fortísima desacralización de los héroes. Martí es representado alejado de himnos y consignas, pero desde el homenaje sincero. Juan Francisco Elso, en su obra: Por América, esculpe un Martí mártir, con el cuerpo perforado. Pero el de Elso no es un Martí débil, avanzando entre dardos machete en mano, el de Elso es un Martí guerrero, irreverente. «Hay una imagen de Martí antes de Elso y otra después».[3]  En los años siguientes la iconografía martiana seguiría en ascenso y cada vez se muestra más auténtica. Martí compañero, cederista, comandante, de blanco o de negro o desnudo. Martí vivo.

Nelson Villalobos, Kamil Bullaudy, Alexis Esquivel, Tomás Sánchez, Alejandro Aguilera, Agustín Bejarano, Sandra Ramos, Alicia Leal, entre otros. Cada artista, como cada cubano, tiene su Martí. Los tuneros también se han acercado a la representación pictórica del Maestro y no pocas veces le han dedicado jornadas expositivas y salones de arte. Desde las diferentes maneras de hacer y soportes, la imagen del más universal de todos los cubanos ha llegado a las galerías tuneras. Leonardo Fuentes, Alexander Lecusay, Rogelio Ricardo, Jesús Vega Faura, Lester McCollin, Gustavo Polanco, junto a otros jóvenes que han encontrado en los Salones 19 de Mayo y Homagno una oportunidad de expresión desde la visón martiana. Entre ellos Baire Cartaya, Fernando Estrada, Raúl Leyva y Yahiron Villalobos, que con su obra Solo va al alma lo que es del alma, muestra un Martí espiritual, donde el color se diluye, se opaca, y el diálogo con el espectador se vuelve más íntimo. Daimí Silva, en su obra El fruto de Martí, dibuja al Apóstol en una güira, material alternativo que no solo simboliza cubanía sino resistencia. En el Martí de Yamila Coma, los rasgos del personaje-mujer, característico de su obra, se funden con los del Héroe.

Martí, al decir de Lezama, es ese misterio que nos acompaña. A 171 años de su natalicio se transmuta en el imaginario de un pueblo que lo ha hecho suyo según sus experiencias. Y es que a José Martí la mayoría de los cubanos lo conocemos Héroe. Desde niños su imagen nos acompaña en el cuadro del aula o en la imagen de un libro. Pero a quien se acerca un poco más no tarda en revelársele poeta, crítico de arte, periodista, amigo, confesor, hombre, luz. Captar la esencia de un ser humano excepcional, más allá de sus rasgos faciales, no es tarea fácil, y nuestros artistas han creado una iconografía martiana tan amplia como diversa.

 

Notas:

[1] Rufo Caballero. Agua bendita, p. 123. Editorial Letras Cubanas, 2009.

[2] Ibidem.

[3] Ibidem.

 



Teatro Tuyo: 25 años sembrando sueños

Este artículo podría ser solo sobre una presentación infantil. La crónica de una actividad más en la AHS de Las Tunas. Hablaría de la felicidad de tener a la Compañía Infantil Teatro Tuyo en casa, de ver otra vez en los rostros de los niños las sonrisas que provocan las narices rojas. Pero no, esta no fue una presentación cualquiera.

Fotos: Tomadas de perfil de Facebook de la AHS Las Tunas

Justamente un 15 de enero de 1999 se presentaba por primera vez Teatro Tuyo en la Pérgola, en ese sitio que solía ser mágico ocurrió el milagro de los inicios. Hoy decir Teatro Tuyo es sinónimo de arte y consagración. Con empeño y talento la tropa de “los tuyos” no solo ha apostado por el arte del clown sino que lo ha dignificado con obras que desde la risa transmiten mensajes profundos de superación y amor. Hoy bajo la amparo de ese nombre nació también el Taller Internacional de Payasos, la Escuela Nacional de Clown y la Compañía Infantil. Hoy no se puede escribir la historia del teatro cubano sin hablar de Gris, Super banda clown, Juegos Olimpiclowns o ese Clowncierto que tantos sí les ha traído (Premio Villanueva de la Crítica 2023), aunque en esta su tierra fuera la despedida de su público.

Por eso, aunque desde la Asociación Hermanos Saíz, que es su casa, hayamos celebrado este 15 de enero el 25 aniversario del grupo con la presentación de la Compañía Infantil, no dejamos de sentir la ausencia, el vacío que dejaron. La tristeza de que a pesar de tantos resultados y reconocimientos que obtuvieron desde aquí, no fuera en este lugar su celebración.

Fotos: Tomadas de perfil de Facebook de la AHS Las Tunas

Nos consuela saber que tuvieron el agasajo que merecen, (con muchas presentaciones teatrales y del libro Clownteo Regresivo de Ernesto Parra), los oídos que escuchan y las puertas que se abren. Que siguen materializando sueños y robando sonrisas. Nosotros los seguimos desde acá y celebramos sus triunfos. Nos queda el compromiso de impulsar esa semilla que nos dejaron y por eso nos permitimos reír, jugar con los niños y cantar juntos las felicidades para Teatro Tuyo. Con la certeza de que los volveremos a ver, porque lo que es tuyo nunca se va.



Artes visuales tuneras: ¿Cerrando ciclos?

En los últimos meses del ya pasado 2023 las artes visuales tuneras estuvieron en el centro de las noticias culturales: exposiciones, salones, reapertura de galerías, proyectos colectivos que empiezan a materializarse y hasta críticas en las redes sociales. Muchas miradas apuntaron hacia allí, miradas que por tiempo se tornaban esquivas. Un repaso por esas muestras, gran parte de ellas todavía abiertas al público, permiten visualizar un camino, que no exento de tropiezos, parece al fin encontrarse.

El mes de octubre traía la esperada reapertura de la galería Fayad Jamís del Fondo Cubano de Bienes Culturales, luego de dos años de cerrada al público; para ello se reservó una expo que suscitó varios análisis y opiniones de artistas y especialistas. Aquí Estamos fue el nombre elegido, como para reafirmar que los artistas tuneros están haciendo arte en medio de un panorama galerístico que se vislumbraba desalentador. Unos días antes el Salón UNEAC, quizás sin saberlo, nos daba una pequeña muestra de lo que sería.

Más de una veintena de artistas de diferentes generaciones se reunieron en la citada galería. Conceptos vanguardistas afianzados en el paisaje artístico tunero, desde Jesús Vega Faura, Yamila Coma, Alexis Roselló o Rogelio Ricard,o acompañados de una generación pujante que revierte códigos y hace de la posmodernidad su bandera. Luis Antonio González, Liset Gutiérrez o Jarol Rodríguez demuestran el talento y empuje de los más jóvenes que apuestan por la experimentación sin abandonar las técnicas tradicionales. Diversidad de estilos y lenguajes en grabados, esculturas y fotografías coexisten en la Fayad Jamís. Sinergia que se siente a ratos forzada y en la que se respira cierto ahogo por la cantidad de obras en un espacio que les quedó pequeño. Solo gracias a la curaduría y disposición oportuna de tantas piezas se logró atraer y dialogar con los visitantes, que felizmente no han sido pocos. Y ese es otro de los méritos de la exposición, la capacidad de convocatoria y promoción que tuvo al incentivar a los críticos a emitir análisis en torno a la muestra.

Noviembre nos sorprendía con la grata noticia de que se retomaría el Salón de Pequeño Formato José Antonio Díaz Peláez, en el Centro de Desarrollo para las Artes Visuales. Tras varios años de ausencia llegó nuevamente para revitalizar esta manifestación en una provincia en la que, más allá de un epíteto, el arte escultórico echó raíces. 

Mucho se extraña la escultura en la mayoría de las exposiciones y amén de conceptos reiterativos e inacabados, el Salón demostró que al convocar y motivar a los artistas, unido al aprovechamiento de recursos no convencionales, se pueden lograr trabajos dignos y provocadores. Paralelo se realizaron otras iniciativas como conversatorios y espacios teóricos que, sin tener el alcance de antaño, dio indicios de un interés por reanudar las inolvidables Bienales de Escultura.

Por su parte la expo colectiva Año Cero sorprendió con su lenguaje provocativo, arrollador. Las instalaciones artísticas, propias del arte contemporáneo conceptual, proponen la intervención de espacios mediante la utilización de diversos materiales, medios físicos visuales o sonoros. Sin dudas el espectador tunero estaba ávido de disfrutar este tipo de propuestas.

En la galería del Consejo de las Artes Plásticas encontramos siete artistas, siete voces, a veces gritos que invitan al diálogo más que a la contemplación. Llega como parte del proyecto Zona Creativa, que bajo la guía del artista Leonardo Fuentes Caballín pretende incentivar la creación al apostar por espacios y recursos alternativos.

Por último se nos presenta Selfie como ese espejo donde nos autodescubrimos y revelamos nuestra esencia. Veintisiete autorretratos de varios creadores que desde sus particulares estilos dibujaron más que al artista al ser humano que son. Pinturas, fotografías y dibujos componen la exhibición tan atrevida como sugerente y que dio espacio a varias voces que llevaban tiempo fuera de las galerías, en la que se recogen nombres como Yamila Coma, Alexander Lecusay, Damayanty Mena, Gustavo Polanco.

Aunque cada obra posee el encanto de atrapar el gesto del artista desde su propia mirada e introspección, vale resaltar el trabajo de dos mujeres cuyos lenguajes van ganando fuerza en el circuito galerístico. Daimí Silva con la belleza y pureza de sus trazos nos revela la mujer-artista desde una visión hedónica en la que se sabe libre y talentosa, gustosa de su condición. Y Liset Gutiérrez, quien prefiere desdibujar el rostro, presentarlo como un todo en el que cada mujer puede pintarse y encontrarse a sí misma. Su obra se alza como denuncia por tantas veces que a las mujeres les ha tocado esconderse, callar. Todavía está a tiempo de visitar esta exposición en la sede de la Fundación Nicolás Guillén y disfrutar de una muestra original y convincente.

Me gustaría pensar que más que cerrar, los últimos meses del año abrieron ciclos creativos, de dinamización, en los que finalmente los artistas y públicos se encontraron, se generaron debates profundos y analíticos sobre los procesos creativos, donde las instituciones cumplieron su objeto social y convocaron a sus artistas, convirtiéndose las galerías en ese espacio vital que necesita hace mucho el arte tunero.



Tomás Escobar: «Médico y escritor por vocación»

Su voz enérgica y una mirada intuitiva captan rápidamente la atención. Mas, sabemos que las primeras impresiones son importantes pero no definitivas. Por eso de su voz nacen versos pujantes que laceran o cicatrizan. Porque Tomás habla del hombre, de su dolor y sus heridas, pero también habla de salvación y auxilio. Médico y escritor por vocación, como se define, no puede ser de otra forma. La suya es una voz profundamente humanista, que va a las esencias y de ahí su inexorable fuerza.

Tomás Eugenio Escobar Avila (Jesús Menéndez, Las Tunas, 1997) es un joven poeta y narrador, miembro de la AHS. Ha publicado Una línea de mercurio, Editorial Primigenios, Poesía, 2023. Poemas suyos aparecen en la antología Conteo Regresivo: antología poética de jóvenes tuneros. Recibió en 2023 menciones en el Concurso David de poesía y una especial en el Eliecer Lazo. Fue además finalista en el evento literario Mangle Rojo del pasado año, y ganador de la XXIII edición de “El Árbol que Silba y Canta”.

Leerlo es la certeza de que sus versos empiezan un camino en el que ha de cosechar muchos frutos, pues como lo definiría el también escritor Armando López este autor, en pleno apogeo creativo, en plena ascensión, en pleno dibujo de una cosmogonía de reconocimiento, imprime a sus textos la frescura de un oleaje tácito, pero a la vez la gota desafiante de los huracanes que cobran vida desde el trópico.

Médico de profesión, escritor por vocación, ¿cuánto hay de un oficio en el otro?

Médico y escritor por vocación. No podría hacer algo que no me apasione, que no me motive. Han sido los caminos en los que he hallado mi esencia y que mantengo a pesar de ciertas separaciones. Visión común, en las que se complementan y mantienen la premisa de salvar (me). Respondiendo cómo influye uno en el otro, diría que es un proceso inconsciente. A la hora de crear (que puede ser en cualquier momento) suelen venir imágenes propias de la Medicina, lo que equivale a decir: humano, dolor, cura. Mirando entonces desde el otro extremo no he podido dejar de contemplar al paciente con la sensibilidad añadida del arte. Incluso el arte como parte de la terapia.

Eres un escritor joven de los más recientes crecimientos de nuestra Asociación. Sin embargo, tus resultados en los eventos literarios son evidentes en este año.

Tuve la sorpresa de ingresar a la Asociación a inicios de este 2024. Cuestión que agradezco al escritor y amigo Armando López, quien me apoyó a lo largo de este tiempo y fue de los primeros en creer en mi obra. Ingresar en la AHS, por su parte, me ha posibilitado acceder a un torrente de voces a las que he ido incorporándome, poco a poco. Creo que el mejor resultado ha sido ese.

Cómo valoras el sistema de promoción de eventos y premios literarios de la organización?

Creo que son una ventana para exponer las nuevas voces, los nuevos rostros de creación literaria. Existe mucho talento dentro y fuera de la misma, pienso siempre en esto. Los premios lo impulsan, lo validan.

Recientemente ganaste el evento “El árbol que Silva y Canta”, impulsado por la AHS de Báguanos. Coméntanos sobre el poemario ganador.

Concursé con “Los límites de la cicatriz”, un cuadernillo con 13 poemas. Extracto de uno más amplio, en el que hago un recorrido por eventos que han dejado marcas, heridas, separaciones. Un intento por delimitar el dolor, dejarlo fuera o interiorizarlo. Sobreponerme.

Vives en una provincia de una tradición y vida literaria notable. ¿Encuentra Tomás sus referentes literarios en Las Tunas?

En el preuniversitario descubrí a escritores tuneros como María Liliana Celorrio y Nuvia Estévez Machado. Y mucho antes a Mayda Elena Arias. El deslumbramiento que produjeron en mí me ha llevado a vivir de una manera más poética. Sus obras me indujeron a buscar un camino, a expresar mi propia voz. Luego fui conociendo a otros autores. Su lectura ha sido tremendamente necesaria.

¿Cuáles son los proyectos futuros?

Pues vivir para crear, espero… Me mantengo trabajando en algunos poemarios inconclusos. Siempre dándole un significado o propósito a este tiempo que compartimos.



Las súbitas crecidas: un mar literario profundo

Sentí temor ante el reto de presentar este libro. Además de ser la segunda vez que asumía el desafío de una presentación literaria, ahora me tocaba un libro de poesía. Mi experiencia como historiadora del arte me acerca más al ensayo, a la crítica artística, sobre todo la de artes visuales y preferentemente con los géneros literarios me quedo con la narrativa. Pero el autor me hizo asumir el compromiso y me dio una idea, una luz; me dijo: míralo como una pintura. Entonces me dediqué a su lectura como me entrego a la contemplación de un cuadro. Por eso estas líneas esquivan el análisis literario profundo y prefiere hablar de emociones y sensaciones, que son al fin y al cabo la esencia de la poesía.

Las Súbitas Crecidas de Armando López Carralero (Las Tunas, 1986) publicado en 2021, por Ediciones El Abra, de la Isla de la Juventud, es un poemario visceral. Llega con la fuerza repentina de un mar que lo inunda todo. Mar-agua que es metáfora y traslación de una realidad. Si fuese un lienzo, en él no faltarían los tonos grises tan intensos como el azul; o los claroscuros con sus luces y sombras. Sería un cuadro con la pujanza de la vida: terriblemente bella.

Premio Ciudad de Nueva Gerona 2020, donde el jurado lo integró Teresa Melo, Eduardo Sánchez y Juan Nicolás Padrón, Las Súbitas Crecidas es un libro ecléctico. Escrito en su mayoría en prosa poética que a su vez transgrede los límites de la prosa y la poesía, de la realidad y la ficción. El autor utiliza un lenguaje sencillo, que resalta por la profundidad reflexiva y la fuerza de las imágenes. Alejado del realismo obsceno ya tan manido en la literatura cubana, la poesía de Armando es limpia y diáfana que entreteje historias desde una (i)realidad donde utiliza al agua como espejo. Y en ese espejo según nuestras experiencias nos reflejamos.

El libro está dividido en tres apartados o capítulos: Aguas templadas, Aguas cálidas y Otras aguas-otros cuerpos negándose a la orilla. Cada uno prueba un contorno que va indagando de lo colectivo a lo individual, y viceversa, en la medida que se construyen historias significantes a partir de un símbolo: el agua.

Textos nucleares que narran la colindante realidad. No hay metafísica sino condición absoluta del presente. Así lo clasifica la poetisa Miladis Hernández en el prólogo y así lo veo yo.

El agua es el personaje poético, el hilo arquetípico, que implanta sus humedales en el tejido individual y colectivo del poema. Son las palabras de contracubierta de Eduardo Sánchez Montejo.

Armando tiene publicado varios poemarios tanto para adultos como para niños, entre ellos Luz de apocalipsis, La fuga de unas alas, y recientemente Duende del Agua, premio Calendario 2022. Le debemos a Ediciones El Abra un libro diseñado cuidadosamente, editado por Eduardo Sánchez Montejo con ilustraciones interiores de Lisandro H. Lugo, tan expresivas y vivenciales como el texto y que se acoplan a él y lo complementan.



Fotografías Eróticas y Body Heat, erotismo sin tapujos

Cuerpos desnudos en poses desafiantes provocan al espectador de una manera ¿descarada? Nuestras galerías lo exhiben, lo legitiman y… ¿por qué no? ¿Dónde está el límite del erotismo? ¿Se puede hacer arte sin excitar, sin insinuar? ¿Se puede provocar siendo sutiles? ¿Si mostramos la sexualidad sin tapujos somos vulgares?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estas preguntas rondan mi cabeza desde que se inauguró la exposición, Fotografías Eróticas, en la sede de la Uneac. Fotógrafos del proyecto Sx Fotos (Diana Santiesteban y Reyler Ávalo) y Yoandri Sardiñas Martínez se unen en una exposición cuya temática central es el erotismo. Erotismo que básicamente apunta al amor y el deseo sexual. Este es un tema característico de la historia del arte y particularmente en la fotografía es un campo tan explorado que conceptualmente a menudo se queda en lo superfluo. Pero como anota Leonardo Fuentes, uno de los curadores de la expo junto a Carlos Tamayo, en las palabras al catálogo: su contenido suele sobresaltar a manera de inmoralidad (…) se considera pervertido la incitación a algo tan natural como hacer sexo.

No había terminado de cavilar posibles respuestas cuando se expuso Body Heat en la galería Guernica de la AHS. Y ahí si se calentó mi mente. Imposible no detenerse a mirar los hombres desnudos que nos invitan a pecar, a dejarnos llevar por ese ambiente lujurioso en que el único final posible es el placer. Pero historiadora del arte al fin, después de la primera impresión recordé la expo de la Uneac, salvando las distancias estéticas y hasta conceptuales, volví al mismo punto. ¿Cuál es el límite del arte erótico? ¿Dónde se salta la línea y comienza la vulgaridad?

Pienso en el David de Miguel Ángel, en la Maja Desnuda de Goya o en Courbet y su Origen del mundo. Pienso más acá en las fotografías de Robert Mapplethorpe que alborotaron una sociedad que se esconde de sí misma. Definitivamente estas exposiciones no me escandalizan, no son pervertidas. No es un cuerpo desnudo por más profana que sea su pose quien define la vulgaridad o el erotismo. Porque los misterios están más allá, están en lo que se insinúa, lo que provoca. Y es ahí donde está mi recelo con estas exposiciones.

Pero vamos por partes. Fotografías Eróticas es solo eso: fotografías eróticas en las que se apela a posiciones, desnudos y ángulos grandilocuentes para sustentar un discurso. Y no es que esto no funcione o que no sea importante, tanto, como los contrastes, el encuadre, la escenografía, que en mayor o menor medida se logran en cada una de las imágenes. Pero una exposición es un discurso que hilvana las historias contadas individualmente en cada obra. Es un todo que aúna, que organiza, más allá de una misma temática o estética. Este punto creo que pudo solventarse en la curaduría. Yoandri Sardiñas es un fotógrafo del que es imposible no reconocer su creatividad y calidad artística. Sus fotos se reconocen a penas entramos en la galería. El uso de la luz y el color, las escenas que recrea y las que sugiere. Su estética evidentemente más consolidada que la del proyecto Sx Fotos (asunto lógico si se tiene en cuenta que solo llevan un año trabajando de conjunto) nunca llegó a integrarse orgánicamente a la otra. No se logró el necesario equilibrio en el que ambos estilos brillaran sin opacarse. Y es que el hecho de que la temática sea la misma no implica que como muestra empasten. Es innegable que los tres fotógrafos tienen inquietudes artísticas que encuentran en el erotismo su medio de expresión. Ahora la búsqueda creativa y el estudio de referentes ha de ser constante y garantizarían un necesario crecimiento conceptual que le otorgue solidez a la obra.

Body Heat llega por la misma línea del erotismo pero mucho más atrevida desde su concepción curatorial (gracias al ingenio y soluciones creativas de Lisbet Avilés y Luis Antonio González) y la exploración de temáticas homo eróticas. Esta, la primera exposición de Aram y Almir Mestre, es toda una provocación al público que para apreciarla de frente, completamente, primero debe despojarse de prejuicios. Aunque siempre hay quien la mira de reojo. Pero la mira. Porque la cuestión es que Body Heat tiene el gancho del homo erotismo donde la sigue un uso del color preciso, contrastado, que realza cada pieza y las vuelve más llamativas. Hombres de cuerpos esculturales cual efebos griegos nos miran, nos desafían, se dan placer sin pudor, porque se saben bellos, deseados, jóvenes, y no necesitan ocultar lo que son. No les importa si los miramos de frente o de reojo porque lo que les complace es que los miremos.

Y no es que Aram o Almir propongan un tema nuevo, ya lo dije, el arte está desbordado de sexualidad y erotismo, pero las llamadas orientaciones disidentes siguen siendo de los temas menos visibles en nuestras galerías y en el caso de Las Tunas es todo un suceso. Tal vez por eso Body Heat ha suscitado tanta polémica. Por prejuicios o falsa moral. Admiro la valentía de los artistas. La capacidad de defender su obra desde el arte digital, de conformar ambientes sórdidos, violentos, que envuelven y embullen al espectador en cada imagen. Aunque creo que si las obras se acompañaran de conceptos más sólidos que exploraran desde la sexualidad la relación social y la psicología de los personajes, se volvería más firme y aguda. Porque a ratos sentimos vacíos conceptuales, ideas inconexas.

Voy respondiendo las preguntas a medida que escribo. Compruebo que el arte no tiene límites como no los tiene la creación. Al final el límite está en el ser humano, artista-espectador. En su imaginación, en su creatividad, en la capacidad de decir, de tejer historias y subtextos más allá de lo invisible o evidente.



Propuestas literarias para entretener el espíritu

Mucho se habla por estos días de cómo vencer al Coronavirus. Desde el punto de vista epidemiológico sabemos que la responsabilidad ciudadana y el aislamiento social son la vía más efectiva para enfrentar la pandemia. ¿Pero cómo vencer el tedio, la monotonía y la ansiedad que nos provoca el aislamiento?

No pocos apuestan por el arte y la cultura. Lo cierto es que las redes sociales se inundan de videos e imágenes de artistas que desde el arte transmiten mensajes de esperanza y solidaridad. Plausible gesto de quienes regalan sensibilidad en tiempos de incertidumbre y desconfianza.

Este tiempo en casa puede resultar provechoso para actualizar trabajos pendientes, conectarse con la familia y sobre todo, fomentar la espiritualidad. Nada mejor entonces que disfrutar de un buen libro. Escudriñar en sus páginas para descubrir nuevos mundos y redescubrir la realidad. Este es un buen momento para retomar clásicos y conocer autores y obras de nuestros más noveles escritores.

Aquí van cuatro sugerencias de literatura hecha por jóvenes tuneros que sin dudas harán pensar, reír y hasta llorar a todo el que se interese por la buena lectura.

La primera propuesta a disfrutar es del género poesía. Sepia, el primer libro de Saimy K. Torres publicado por la editorial Sanlope, es un poemario que atrapa por la fuerza expresiva del verso íntimo y vivencial cuyo discurso pugna por exorcizar sombras y abrirse paso hacia la luz. El libro se convierte en un grito, en una voz que lucha por darle color a los inciertos días que transcurren en sepia.

Grunge, de Alejandro Rama, premio extraordinario de cuento Centenario de José Soler Puig 2016, narra historias viscerales que parecen salidas de esa subcultura que originó el género musical del que tomó el nombre. De ahí que la sonoridad emanada en el discurso sea enérgica, gutural, distorsionada. Recontextualizado en nuestra realidad, Grunge, nos ofrece cuentos alucinantes que serán muy disfrutados por los lectores.

Las últimas propuestas son para compartir con los más pequeños de casa mundos imaginarios que se parecen mucho a nuestra realidad pero siempre brindando una enseñanza a niños y adolescentes. Ambos títulos fueron premiados en concursos nacionales, Cantábulas y Epopemas del bardo Pul Salalira, de Junior Fernández Guerra, premio Calendario 2018, y El Ladrón de ideas, de Yeinier Aguilera Concepción, premio Principito 2016.

Alejandro Rama. Foto: Yeinier Aguilera

El primero es un manuscrito medieval que parodia historias de caballeros y princesas, seres mitológicos que parecen atormentados por las mismas miserias y problemas que los hombres de hoy. Todo esto contado con un tono lúdico y una sutil ironía hacen de Cantábulas… un libro original, que hace reír al mismo tiempo que reflexionar sobre cuán parecido es el actuar y sentir del hombre en cualquier época y contexto.

En el segundo, paradójicamente gracias a un ladrón de ideas y otros seres que lo rodean, se aprende a ensamblar y compartir buenas ideas. También como a través de la belleza y la sencillez se curan todos los males del mundo. Estos son cuentos asombrosos, llenos de creatividad e imaginación, en los que no falta el ingenio y el humor y en los que descubrirás que las respuestas que buscas no están en los otros sino en ti.



Colores, risas y narices rojas: V Taller Internacional de Payasos

Con un desfile inaugural  lleno de colores, risas y narices rojas quedó abierto el V Taller Internacional de Payasos en esta ciudad de Las Tunas. A partir de ahí se sucedieron intensas jornadas donde el arte del clown fue la protagonista. Celebrado a principios de este mes, la quinta edición del evento estuvo dedicada a El Salvador y contó con la participación de más de 60 artistas de diferentes naciones como México, República Dominicana, Ecuador, Colombia y del país anfitrión.

El Centro Cultural Teatro Tuyo y la Escuela Profesional de Arte (EPA) El Cucalambé (escenarios de la Escuela Nacional de Clown) fueron las sedes principales del encuentro, aunque también hubo presentaciones en varios centros escolares.

Se realizaron cuatro talleres entre los que se destacan dos. El primero fue el impartido por el dominicano Claudio Rivera, sobre la dirección artística y el montaje. El segundo estuvo a cargo de la cubana Yexela González, quien compartió experiencias desde el camino antropológico del clown como una dinámica de trabajo y entrenamiento en Teatro Tuyo.

Colores, risas y narices rojas/ Fotos: Yeinier Aguilera Concepción

La escena teatral tunera se vistió de lujo con más de ocho presentaciones, resaltando del grupo de casa la reposición de la obra multipremiada, Gris, y de su más reciente estreno, Clarostuyo.

Otras propuestas interesantes fueron El Modelo y Drácula de Teatro Andante de Granma y de la Tropa Cachivaches de México, respectivamente. Mientras que la Asociación Cultural Irreal Teatro de El Salvador llevó a escena Tuber in Love y Celda Abierta, una experiencia artísticas puesta en práctica en centros penitenciarios de El Salvador.

Junto a las actividades teatrales y los talleres se celebraron coloquios, proyecciones audiovisuales y exposiciones de artes plásticas. Momentos especiales de esta edición fueron la presentación del documental Clownfabulación, de las realizadoras Katia Ricardo y Ámbar Carralero; y la exposición Ja, ja, ja, la cual todavía se exhibe en el Centro Cultural Teatro Tuyo y que incluye 12 piezas realizadas por artistas salvadoreños, quienes se inspiraron en actuaciones del grupo tunero en tierras latinoamericanas.

Una vez más el V Taller Internacional de Payasos demostró la validez del arte del clown, no solo como género teatral y forma de expresión, sino como vía efectiva de comunicación y para lograr dinámicas participativas con un público diverso. La calidad de las obras y la respuesta de los espectadores dieron fe del buen resultado del evento.



Amor y literatura: retazos de mi vida

Vivaz y dinámica es esta muchacha. La premura de su andar habla de la agitación de sus días. Cadajornada es un retoentre las asperezas del oficio, su condición de madre y su labor como vicepresidenta de la AHS en Las Tunas. Su literatura habla de empeños y sutilezas, de colores que se pierden en el Sepiay otras gamas, pero sobre todo habla de amor. Su nombre es Saimy K. Torres, una escritora tunera cuyo talento y constancia la hicieron merecedora del premio Principito 2018,en el género de literatura para niños, que otorga la editorial Sanlope de Las Tunas. A pesar de toda la carga que suponen sus responsabilidades, tiene un poco de tiempo para sentarse a conversar un ratico.

¿Qué tan difícil es para una escritora joven publicar o insertarse en el panorama de la literatura cubana?

Publicar es siempre un reto. La mayoría de las editoriales tienen una línea de publicación ya establecida, es decir, que publican a autores ya conocidos y es comprensible porque, además de prestigiar la editorial, garantiza las ventas del libro. Creo que ese es el principal motivo por el que resulta difícil que una joven escritora publique en el primer intento. También el hecho de ser mujer es una desventaja (aunque muchos se empeñen en afirmar que la igualdad existe). Es sabido que la forma de escribir de las mujeres es diferente y un ejemplo de ello es que en los concursos muchas escritoras enviamos obras bajo seudónimos masculinos, no porque nos sintamos inferiores a los hombres, sino porque a veces los jurados se indisponen ante una autora y no le dan la oportunidad al libro.

Hay mucho de ti en tus libros. ¿Cuándo decidiste contar tus experiencias familiares?

Creo que todo artista debe partir de sí mismo. Al final el ejercicio creativo es también un ejercicio de búsqueda. Mostrar quién eres o quién no eres. En mi caso la literatura es el modo de comunicar todo lo que no logro decir en la vida cotidiana. Mi primer libro Sepia, es una especie de exorcismo. Fue el camino que encontré, no para lamentarme de mi pasado, sino para echar fuera los fantasmas que me robaban el sueño. Una vez escrito y publicado siento mucha paz. Realmente creo que comencé a escribir desde esa perspectiva. Escribía diarios cuando era niña, cuando no encontraba amigos o familia a quién contarle mis miedos o mis fantasías. Creo que así comenzó todo y ahora no puedo negar esa influencia. Cada poema o historia que narro tiene un poco de mi día a día.

Ganaste el Premio Principito 2018 que otorga la Editorial Sanlope con el libro Mi hermano Pablo. ¿Qué significa este premio en tu carrera como escritora?

Realmente no mando a muchos concursos. Creo que, si bien el concurso es una oportunidad para medir tu creación, esta no debe valorarse solo por la opinión de un jurado. Este es mi primer premio y me ha llenado de alegría, sobre todo porque podré ver el libro publicado que es lo más importante. El jurado del concurso estuvo integrado por escritores que admiro y eso me hizo sentir que vale continuar creando. De hecho, Teresa Melo (integrante del jurado), es quien tiene a su cargo el prólogo. Mi hermano Pablo es un libro escrito desde el amor y construido con los retazos de mi vida diaria, por eso me emociona tanto que haya sido precisamente este, el libro que me indique que voy avanzando por el buen camino de las letras. 

Mi hermano Pablo está escrito desde un narrador que no es el eje central de la historia. ¿Por qué narrar está conmovedora historia desde la visión de un hermano mayor y no de Pablo o la Saimy madre?

Creo que la literatura para niños debe ser refugio y esparcimiento. Se pueden abordar todos los temas, despertar la sensibilidad, pero sin llegar al dolor. En el caso de este libro, necesitaba eso. La manera de hacer llegar un mensaje positivo sin acudir al pesar o al dolor. No es un secreto que el libro está inspirado en mi hijo menor, quien tiene necesidades especiales pues está dentro del espectro autista. Para una madre siempre es difícil hablar de estos temas, pero desde la voz de un hermano que comparte el mundo de Pablo.Se convierte en una historia cercana, divertida, que demuestra que los niños como él tienen un mundo rico, vivo, sentimientos qué compartir y eso los hace merecedores de nuestro cariño y respeto.

Pablo es un niño con características especiales, no obstante, tiene una imaginación e inteligencia sorprendentes. ¿Cuánto le debe la literatura infantil a este tipo de personajes?

Quien escribe literatura infantil siempre crea un ideal propio del niño. Es ahí cuandoeste personaje aparece. Por lo general es un reflejo del niño interior del escritor aderezado con características de otros niños que lo rodean.

Creo que muchas son las obras que han visto la luz gracias a este tipo de personaje, obras que son siempre bien recibidas y agradecidas por el público. Pudiera poner ejemplos de la obra de Gonzalo Moure, James M. Barrie, con su Peter Pan, Alexis Díaz Pimienta con Chamaquili o Pipa Mediaslargas de A. Lindgrend. En fin, personajes como ellos, como Pablo, existirán siempre,pero creo que, aunque hay mucha literatura sobre personajes así especiales, existe poca literatura para los niños con necesidades especiales. Son niños que por sus características necesitan una literatura diferente. Mi libro no es para este tipo de niños, sino para que el resto pueda acercarse a ellos y ser un poco más inclusivos.

Hasta este momento. ¿Cómo definirías tu obra?

Muy personal, lo que a la vez la vuelve universal, porque no creo que lo que cuento o siento sea exclusivo en mí. Creo que mi obra es una búsqueda continua, ¿pero …no es así siempre?

Fotos: Yeinier Aguilera Concepción
Fotos: Yeinier Aguilera Concepción

 

Junto con tu labor como creadora eres vicepresidenta de la Filial Provincial de la AHS en Las Tunas. ¿Cuánta dificultad conlleva a la hora de crear o dirigir?

Soy de los que piensan que si vas a hacer algo debes hacerlo bien. Dirigir una organización como la AHS, que agrupa diferentes intereses artísticos, es anteponer las necesidades de la mayoría a la realización personal incluso. Sería hipócrita decir que mi ritmo de creación es el mismo. Es difícil llevar ambas cosas a la par. A veces quiero escribir, pero hay mucho trabajo por hacer con las cosas de la Asociación y entonces el sentido común me dice que debo cumplir con mis responsabilidades. La parte más espinosa es que el escritor trabaja con su mente, en un ambiente propicio. Cada escritor tiene sus pequeños rituales para el momento de crear y eso, lo he perdido por falta de tiempo. Sigo creando, pero un poco más despacio, tratando de equilibrar los tiempos.

¿Cómo consideras la labor de promoción literaria a los jóvenes escritores desde tu trabajo en la AHS?

Con sinceridad, creo que aún falta mucho por hacer. Me parece insuficiente el sistema de actividades y lecturas. En materia de promoción hay muchas otras acciones que pueden hacerse y deben hacerse, sin caer en el culto a la personalidad, pero sí valorando la figura y la obra del escritor. Para este nuevo año trabajar en la promoción de nuestros escritores es una de mis metas como vicepresidenta de la AHS. Sé que hay mucho talento en los escritores jóvenes. Sé que sus obras valen. Solo necesitan un poco más de apoyo.



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