Milton García: La intensidad de un alma creativa

Los inicios de la carrera de Milton García con el personaje de Pedrito, en la telenovela ¡Oh, La Habana!, lo conectaron inmediatamente con el público cubano, pero su vocación por la actuación comenzó mucho antes, cuando siendo estudiante de primaria, para canalizar su energía, participaba en matutinos y actividades extensionistas.

Desde esa fecha se enamoró de esta profesión y ha “armado” una extensa carrera, merecedora de importantes premios que lo han posicionado entre los mejores actores de nuestro país.

¿Cómo nace la idea de ser actor? ¿Buscaste esta profesión o te llegó por accidente?

– Mi acercamiento a la actuación se fue dando de una manera orgánica, me fui percatando de que me atraía todo lo relacionado con el arte en esta primera etapa de mi infancia, a tal punto que participaba en las actividades extensionistas de la escuela y eso alimentó mi vocación y me motivó a presentarme a las pruebas de selección de programas como Haciendo Camino y Hablemos de Salud, en los que aprendí las cosas elementales de esta profesión. Este primer acercamiento a la pequeña pantalla me fue útil para trabajos que vinieron posteriormente en mi carrera.

La telenovela ¡Oh, La Habana! fue la obra que te abrió las puertas y te dio a conocer ante el público cubano. ¿Qué significado tiene en tu vida profesional?

– Aunque había participado en otros espacios anteriormente, esta telenovela fue una gran experiencia en mi carrera. Debutar en un proyecto de esta envergadura, en el que compartí con artistas que admiraba y tener la oportunidad de codearme con ellos, ha sido de los grandes regalos que me ha dado la vida. En ese momento, a pesar de que era prácticamente un niño, pude percibir que conectaba con la actuación y que debía encauzar mi camino en prepararme para poder dedicarme a esta profesión.

¿Qué cambios sentiste en tu vida a raíz de la salida al aire de este dramatizado?

– Imagínate, en esa época de mi vida, en la que no era consciente de muchas de las cosas que pasaban a mi alrededor, recibí esa avalancha de personas que me reconocían y se me acercaban para hablarme de la telenovela. Desde ese instante comprobé también el rigor y la entrega que convella este trabajo y constaté el impacto que tiene nuestro trabajo en la población.

Milton García también habita en el imaginario de los cubanos por sus interpretaciones en películas como El premio Flaco, Habanastation y La Partida. ¿Cómo evalúas tu participación en estos largometrajes?

– Uno actor siempre anhela hacer una película y si te proponen largometrajes de ese nivel no tengo más que agradecer la confianza que depositaron en mí los directores de estos tres filmes. Disfruté al máximo estas experiencias en el séptimo arte, las cuales me dieron la oportunidad de mostrarme en otras facetas y por las cuales obtuve el reconocimiento no solo del público, sino también del jurado que me otorgó varios galardones, entre los que resaltan el premio Adolfo Llauradó.

Siendo un actor joven has obtenido los premios Adolfo Llauradó y el Caricato, que son dos de los lauros más importantes en Cuba. ¿Qué impacto generaron estos reconocimientos en ti y en la labor que realizas?

– He tenido la dicha de que me hayan premiado con estos reconocimientos que, además de valorar mi desempeño, me han comprometido a seguir trabajando por ser cada día mejor y estar a la altura del significado y la connotación que tienen estos reconocimientos.

 

¿Personajes como el que interpretaste en La Partida son una suerte de ‘examen final’ para un actor?

– Fue un personaje muy bien escrito y desde que me lo propusieron me involucré en el proyecto ya que percibí que podía sacarle partido a la hora de construirlo. En ese momento de mi carrera deseaba desligarme de lo que había realizado anteriormente y con esta propuesta pude demostrar que podía hacer otro tipo de cosas.

¿Cómo viviste la experiencia de estar al lado de la primera actriz española Carmen Maura en la película ¡Oh Mammy Blue!?

– La propuesta de trabajar en esta película vino a raíz de mi participación en La Partida, el director Antonio Hens me vuelve a convocar en esta ocasión para una comedia que se inscribe en la categoría de película de carretera y en la cual tuve la dicha de compartir con la gran Carmen Maura, quien me acogió como si fuera su nieto en la vida real.

“Estar en un escenario alrededor de este gran elenco fue un privilegio que permitió nutrirme de sus conocimientos y adaptarme a sus modos de hacer el cine”.

Háblame de tu participación en la serie Mucho Ruido. ¿Consideras valiosa esa experiencia y aprendizajes?

Mucho Ruido fue un fenómeno a nivel de masas, los jóvenes cubanos estaban necesitados de una serie de ese tipo, en el que se vieran reflejados y que contara historias afines a ese segmento poblacional. Constituyó un gran reto porque en nuestro país se han realizado grandes series juveniles y trabajamos para que esta propuesta tuviera una gran aceptación, y se logró ese objetivo que nos planteamos desde el inicio de la misma.

“Fue un largo proceso de trabajo, en el que tuvimos que sacrificar nuestras vacaciones, pero todo ese sacrificio estuvo compensado con la acogida que se le dio a la serie posteriormente.

“Estando en el proceso de grabación comencé a prepararme para entrar a la Escuela Nacional de Arte (ENA), y formar parte de este elenco me reafirmó que hace falta transitar por la academia para nutrirse de los conocimientos necesarios para entender a profundidad esta carrera”.

En la pequeña pantalla también te vimos en la telenovela Latidos Compartidos. ¿Cómo llegas a formar parte del elenco de este dramatizado?

– Esa ha sido mi última participación en ese espacio tan seguido por el público y fue una experiencia que disfruté al máximo como casi todo lo que hago en la vida. En esta ocasión interpreté el personaje de Mauricio, que era un joven que tenía sus conflictos y que en el transcurso de la misma telenovela va encontrando su horizonte en la vida.

Has interpretado a lo largo de tu carrera muchos personajes. ¿Te cuesta trabajo salir de uno para entrar en otro?

РSiempre que uno encarna un personaje se traspasan cosas hacia ti por el hecho de que son muchos meses poni̩ndote en la piel de otra persona, pero normalmente no tengo problemas para desconectar de los personajes que he interpretado a lo largo de mi carrera.

Además de la experiencia personal, ¿cuál es la base de la interpretación?

– Los actores nos nutrimos de todo lo que nos rodea, en ocasiones no siempre podemos construir los personajes solo con nuestras vivencias, necesitamos reflejarnos en otras personas que han experimentado las emociones que queremos reflejar en un personaje. La interpretación tiene un poco de todo y es por eso que es algo extraordinario porque puedes llegar a representar los conflictos de varias personas a la vez y, al mismo tiempo, darle voz a gente que no tiene cercanía contigo.

No hemos tenido tantas oportunidades de verte recientemente en el teatro, el cine y la televisión. ¿Influye esto en la decisión de enfocarte en la música?

– Quería ser músico desde pequeño, realicé las pruebas del conservatorio Alejandro García Caturla y no me aprobaron, de ahí en adelante seguí preparándome por mi cuenta con profesores particulares, hasta que en mi estancia en la Escuela Nacional de Arte creamos una agrupación con los compañeros que se llamó Café con Crema.

“Ese objetivo de hacer música tiene continuidad en estos momentos en los que me encuentro liderando la banda Monkyou, con el apoyo de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). En estos momentos nos encontramos en el proceso de grabación de un EP de cinco canciones, titulado Quítate el Caco, y tenemos colaboraciones con Etián Brebaje Man y Francis del Río. Este proceso ha sido documentado con un material audiovisual en el cual interpreto un personaje que es el hilo conductor de esta historia, la cual refleja todo el proceso creativo de esta producción.

“La música ocupa una gran parte de mi tiempo, pero quiero alternar esta pasión con la actuación, anhelo poder llevar las dos cosas al mismo tiempo y que me sigan llegando propuestas atractivas para continuar aportando y cultivando el arte desde estas dos manifestaciones”.

(Autor Abel Castillo Noriega)

 


Regresa la Primavera Teatral a Granma

Con el desafío de enaltecer la resistencia creativa del arte tras dos años marcados por el enfrentamiento a la COVID-19, artistas, críticos, dramaturgos, agrupaciones nacionales e invitados extranjeros, se darán cita en esta oriental provincia, para participar en el encuentro internacional Primavera Teatral, a celebrarse del 20 al 24 de mayo venideros, en varios escenarios del territorio.

El evento, en su XXI edición, retomará sus muestras presenciales para los diferentes públicos en el circuito de salas y teatros de la ciudad de Bayamo y en otras comunidades pertenecientes a los municipios de Guisa, Yara y Cauto Cristo, explicó en conferencia de prensa Ridiel Roblejo Leyva, director del Consejo Provincial de las Artes Escénicas en Granma.

Precisó que la cita también mantendrá su programa online surgido en 2020 durante el combate a la pandemia, con propuestas artísticas que llegarán desde Brasil, Canadá, Perú, Dinamarca, Argentina, Venezuela, México, Italia y Colombia.

El directivo dijo, además, que como parte del programa de la Primavera Teatral se realizarán conferencias, espacios de homenaje y capacitación, exposiciones fotográficas y de artes plásticas, así como una feria interactiva, entre otras actividades.

Roblejo Leyva subrayó que el certamen contará en esta ocasión con la presencia de todas las agrupaciones teatrales de Granma, compañías de danza y el circo de la provincia, además de grupos de Villa Clara, Ciego de Ávila, La Habana, Camagüey, Santiago de Cuba, Guantánamo y Holguín, y una representación de actores del grupo teatral Nuestra Gente, de Colombia, entre otros invitados.

Resultado de la integración y hermandad alcanzadas en sus últimas ediciones, este movimiento primaveral suma ahora voluntades de varias instituciones del territorio granmense como la Asociación Hermanos Saíz y la filial provincial de la Unión de Escritores y Aristas de Cuba, en aras de afianzar la ruta creativa del arte de las tablas, expresó Yamisleydis Reyes Beltrán, actriz y miembro del comité organizador del evento.

El encuentro, que en esta edición está dedicado a los 45 años del Colectivo Teatral Granma y al aniversario 30 de la Guerrilla de Teatreros, rendirá tributo de manera especial a personalidades de las artes escénicas que fallecieron producto a la COVID-19.


Homero Saker (Maykel en Calendario): «Yo soy la manifestación de algo especial»

“Cuando vengan a buscarme para ir al baile de los cojos, diré que no uso muletas, que mis piernas están intactas. Trataré de que no se note la diferencia entre la izquierda y la derecha, de que soy diferente, de que una pierna se quedó a medio camino entre mi rodilla y el suelo, que la izquierda, la del mismo lado del corazón, vive en el aire sin aterrizar. Y así, con una pierna en el aire y otra en la tierra, me juntaré con otros que como yo son imperfectos”.

El poema de Maykel, el del 9no 3 de Calendario, dejó atónitos no solo a sus compañeros de aula, a Carlos y Amalia, sino también a buena parte de los espectadores, quienes quedaron boquiabiertos y atrapados con sus versos libres. Maykel, el imperfecto, muestra en realidad que todos lo somos. Más allá de eso apuesta por el respeto a la diferencia y a las decisiones de cada cual.

Si Maykel ha cautivado a los cubanos se debe en buena parte a la interpretación del joven actor de 27 años Homero Saker. Homero no solo hizo suyo el personaje, sino que en sus propias palabras llegó a identificar el dolor de la diferencia, de la discriminación, en una sociedad con signos arraigados de machismo.

Saker comenzó en la actuación en la secundaria. ¿La responsable?, una muchacha que le gustaba mucho. “Por ella hice las pruebas de la Escuela Nacional de Arte (ENA)”, confiesa.

A pesar de que en esa ocasión no aprobó los exámenes de aptitud, uno de los directivos del jurado le aconsejó entrar al grupo de teatro Olga Alonso, de la Casa de Cultura del municipio Plaza, y así comenzó todo.

¿Cuándo debutaste en la televisión?

–Unos años después, decidido a entrar en el Instituto Superior de Arte (ISA), pues nunca aprobé la ENA, comencé a recibir clases en un taller que impartía la actriz Ketty de la Iglesia, a quien le debo mis avances. Ella fue quien me dio la confianza de seguir adelante, y bajo su dirección hice mi debut profesional en una obra de teatro y mi primer casting para la televisión, bajo la dirección de Armando Toledo, en la novela Playa Leonora.

¿Cómo llegas al personaje Maykel?

–El proceso de casting para el personaje de Maykel creo que, si no fue el más largo, fue uno de ellos. Estuve en tres rondas, con escenas diferentes. En el primer encuentro me di cuenta de que por el guion era uno de los personajes más claros. Pensé: Si yo solo he leído dos escenas y tengo una fotografía de Maykel en mi mente, Magda González Grau, Alfredo Felipe y los demás que estaban presentes deben tener un video clip de Maykel en sus cabezas.

“A pesar de que había otros actores que daban un perfil cercano al personaje, por edad y cualidades físicas, decidí entrarle con todo. Recuerdo que fui al casting vestido como Maykel, con el cinto largo que cuelga, el bolso negro, las sandalias y la camisa abotonada hasta arriba, justo como en la serie. Me dejé llevar mucho por la información que nos había dado Magda. Luego de la última prueba, que fue con Eddy Driggs (Israel), no estaba seguro de que yo fuera el seleccionado para Maykel, pero sí de que el personaje del nawe lo iba a hacer ese muchacho que en aquel momento no conocía”.

¿Qué retos trajo consigo la interpretación de Maykel?

–Interpretar a Maykel fue un reto por tener 11 años más que el personaje. Intenté adelgazar lo más que pude, no por verme débil, ya que Maykel no lo es, sino por estar lo más cercano posible a un físico de un muchacho de 15 años. A la hora de caracterizarlo busqué cómo vestirlo en cada momento, ir al detalle en cada cosa externa que me pudiera ayudar a que mi interpretación evidenciara la sensibilidad y lo especial de este personaje.

foto: Cortesía del entrevistado.

“Magda me recomendó que utilizara todo aquello que pudiera ser de alguna manera simpático o en tono de comedia, todos los pequeños momentos que hicieran que el espectador quedara atrapado de la manera de ser de este muchacho, para que, en el momento del poema, el público se sintiera parte de lo que mi personaje estaba sufriendo, y lo viviera con él.

“Por otro lado, intenté a toda costa ser lo más natural posible y que nada de lo que hiciera, ni lo más mínimo, estuviera fuera del personaje. Quería estar fuera del cliché. Luché para que cada gesto o cada palabra que saliera de mi boca estuviera lo más fiel posible a lo que Amílcar Salatti (guionista) había planteado”.

¿Qué huella dejó en ti Maykel?

–Lo más importante y significativo que me llevo de Maykel son las personas que han dedicado un tiempo de su vida para hacerme llegar sus felicitaciones y mensajes con mucho cariño, al hablar de mi trabajo y el de todos mis compañeros.

“Además, he recibido mensajes de muchos que, como Maykel, son “la manifestación de algo especial”, y de amigos y familiares que han tenido a un Maykel en su vida. El hecho de que todas esas personas se sientan identificados conmigo o que vean en mi trabajo el reflejo de algo que para ellos significa más que una simple interpretación, para mí ya lo es todo. A todos y a todas les doy las gracias”.

¿Cómo calificarías tu experiencia en Calendario?

–Mi experiencia en Calendario fue especial, la salvación para muchos de nosotros que estábamos cansados de una monotonía, de la angustia que creaba vivir de una manera diferente debido a los protocolos a seguir por cuidar nuestra salud.

“Volver a grabar, aunque fuera con todas las medidas de seguridad, daba un respiro. Sentías que regresabas de alguna forma a la normalidad. Por otro lado, conocí a grandes profesionales, tanto actores como parte del equipo técnico, que admiro mucho. Como en todo proceso de rodaje encuentras personas que te enseñan y te ofrecen herramientas para ser mejor en tu trabajo.

“Formar parte de este elenco para mí fue como cumplir una especie de sueño; no sé a mis compañeros, pero yo siempre tuve la ilusión, desde que empecé a actuar, de trabajar en una serie como esta, en la que los problemas e inquietudes de la juventud son los protagonistas. La experiencia de trabajar con todos los chicos de 9no 3 y en especial con Clarita va a ser inolvidable”.

A Homero Saker le gusta la comida criolla e italiana. En su tiempo libre disfruta salir con amigos y admira la música de Pancho Céspedes, Pablo Milanés y David Torrens, y actualmente estudia un máster en interpretación audiovisual en la Universidad de las Artes TAI, en España.

Al preguntarle sobre su posible participación en la segunda temporada de la serie Calendario, aseguró sin titubear: “No te lo puedo decir (entre risas), no me lo tienen permitido”.

“El amor tiene formas y colores; porque en silencio somos muchos; en esta vida cabe más que un solo reino y un solo discurso; yo soy la manifestación de algo especial y así de especial es mi orgullo y lo que siento.”(ALH)

Autora : Lorena Acosta Díaz  (Tomado de TV Yumurì)


Anel Perdomo: de la danza a la pantalla

El día en que Melisa le sonó -en buen cubano- una “galleta” a Orestes, sintió que se la merecía. A fin de cuentas, “la homofobia no se usa”. Pero a Anel, la actriz holguinera que interpreta este personaje en la serie cubana “Calendario”, le dolió más el golpe que al mismísimo muchacho.

“La escena de la galleta a Orestes no fue nada fácil. Tuvimos que repetirla dos o tres veces. Recuerdo que no sabía cómo hacerlo, porque tenía miedo a darle muy duro. Cuando hicimos la primera toma y no quedó, me puse a llorar: me costaba tener que repetirlo. Aunque el actor Ernesto Codner (Orestes) estaba muy adolorido, me tranquilizó y me dijo que no me preocupara y lo hiciera como lo sintiera”.

Melisa se despojó de Anel y así quedó una de las escenas de golpes más creíbles de la televisión cubana en los últimos tiempos; otro punto para el gustado dramatizado que detiene a la Isla frente a los televisores, cada domingo en la noche.

Melisa en el calendario de Anel…

-Hice el casting para el personaje de Amalia, la maestra. Finalmente, Magda González Grau -la directora de la serie- toma la decisión de ofrecerle el protagónico a Clarita García y me llama para decirme que tenía otro personaje pensado para mí. Así llegó a mis manos Melisa. Estoy más que agradecida y feliz de ser ella en la serie. Tenía que serlo.

“Calendario” ha representado un gran crecimiento profesional y personal. Es la producción más grande en la que he estado hasta ahora en la televisión. Son muchos meses de rodaje con un equipo grande. Requiere mucha concentración y estudio previo para aprovechar al máximo el tiempo en el set. Es un equipo muy talentoso, con actores consagrados. Eso merece un respeto a la hora de enfrentarse a la escena.

La serie me ha dado la oportunidad de llegar a muchas personas, con una historia muy real, representada con sensibilidad y amor. Estoy muy agradecida con ella por la oportunidad y muy feliz con el resultado. Todo lo que queríamos está reflejado en la pantalla.

Holguín, su tierra de encanto…

-De Holguín recuerdo especialmente mis clases en la Academia de Ballet, con los profesores Silvia y Alejandro Millán. Con ellos, siendo muy pequeñas, participamos en lo que sería nuestra primera presentación profesional con el espectáculo “La Muñeca Negra”. Hablo en plural, porque soy gemela y ambas sentíamos afición por la danza.

De la danza a la actuación…

-La Academia de Ballet fue la primera vía que encontró mi familia para canalizar esa inquietud que teníamos desde bien pequeñas. Cuando llegamos a la edad requerida nos presentamos a las pruebas de aptitud para la Escuela Vocacional de Arte (EVA) y aprobamos en Danza, cuestión que agradezco, en buena medida, a mi tía Bárbara, quien me acompañaría desde la academia y en las pruebas que vendrían después.

Fueron años de mucho sacrificio para mí y mi familia. Allí estuvimos de quinto a noveno grado. La especialidad era muy rigurosa y demandaba mucho tiempo y esfuerzo. Mi abuelo se encargaba de vigilar nuestra dieta, que no nos faltaran los vegetales. Mi abuela era maestra de Español-Literatura y Martiana, y siempre estuvo pendiente de nuestro nivel académico.

Siempre sentí curiosidad por actuar. Cuando llegué a noveno grado, decidí hacer las pruebas de actuación, pero sin mucha conciencia de lo que significaba. La parte física me fue muy fácil. El poema y la canción las elegí en el momento.

Aprobé y me fui a hacer el Taller Regional de Actuación en Bayamo, Granma; provincia donde me correspondía estudiar la especialidad. Allí había una representación de profesores de La Habana, entre los que estaba Corina Mestre. Recuerdo que días antes de ir, mi abuela me dijo: ¿Te imaginas que te escogen para ir a La Habana?.

Al mes llamaron de la Escuela Nacional de Arte (ENA)  para invitarme al Taller Nacional en la capital. Aunque las pruebas eran similares en cuanto a forma, el rigor era mucho mayor y la preparación por parte de los aspirantes también.

Regresé a Holguín. Más tarde supe que había aprobado las pruebas de teatro en La Habana. Me presenté al Pase de Nivel en Danza, más para acompañar a mi hermana que por contemplarlo como mi futuro, y lo aprobamos.

Solo me quedaba elegir y decidí irme a la ENA. Aunque sabía que iba a ser difícil, por la distancia con mi familia y mi hermana, era una gran oportunidad y un aprendizaje que no podía perder.

En la ENA conocí el significado de ACTUAR, lo complejo que podía llegar a ser, lo importante que es ser respetuoso con tu trabajo y el de tus compañeros.

Me gradué con la compañía de teatro El Público que dirige Carlos Díaz, mi primer contacto con el mundo profesional. Desde hace 5 años pertenezco a la compañía teatral La Montaña, dirigida por Jazz Martínez Gamboa, con la cual estamos presentando una adaptación del clásico “Medea”, de Eurípides.

Con esta misma compañía he trabajado en obras como “Ricardo III”, “Equus” y “Personas, lugares y cosas”. El teatro es muy complejo, pero a mi modo de ver es el medio más enriquecedor para el actor.

Por la puerta ancha de la pantalla…

-He incursionado poco en la televisión; pero con excelentes proyectos y directores a los que estoy muy agradecida. La primera vez fue en el telefime “OH”, dirigido por Yoel Infante, con el personaje de Susana, una joven que, para vencer sus inseguridades y ser aceptada por su novio, empieza a tener problemas con el alcohol. La actuación me valió el premio CARICATO en 2018, auspiciado por la Asociación de Artistas Escénicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Anteriormente se había estrenado el mediometraje “Oculta”, de la directora Jessica Franca, en el que interpreto a María, una muchacha becada en una escuela en el campo que trata de esconder un embarazo no deseado.

“Oculta”, mediometraje protagonizado por Anel Perdomo

Justo durante el proceso de casting de Calendario, estaba en pre-producción el telefilme “El revólver”, dirigido por Charlie Medina. En él interpreto a Carmen, una joven bailarina que inicia un matrimonio con un hombre mayor, en el cual es abusada física y sicológicamente.

Hasta el momento solo he hecho una película: “Wasp Network” (“Red Avispa”). El filme fue dirigido por Olivier Assayas, reconocido cineasta francés, y está basado en el libro The Last Soldiers of the Cold War del escritor y periodista brasileño Fernando Morais.

Para mí fue un verdadero privilegio formar parte de esta producción internacional. Es una obra con un reparto eminentemente hollywoodense: Penélope Cruz, Edgar Ramírez, Warner Moura, Ana de Armas, Leonardo Sbaraglia y Gael García Bernal. En la cinta interpreto el personaje de Adriana, la esposa de Gerardo Hernánde Nordelo. Fue una experiencia única y enriquecedora.

Más allá de la actuación…

-El modelaje lo disfruto mucho. He trabajado en videos clips nacionales con directores como Joseph Ross. También tuve la oportunidad de participar en el videoclip “Empress”, de la banda de Irlanda del Norte y Escocia “Snow Patrol”

(Artículo de Rosana Rivero Ricardo tomado del Periódico Ahora!)

 


Víctor Cruz, un actor que da gusto

Calendario ha llegado para cambiarnos a todos, para romper estigmas y los malos criterios que existían sobre algunos programas de factura nacional. La opinión general sobre la serie es: “hace años no se producía un material tan bueno”. Varias generaciones de cubanos y cubanas se sientan cada domingo, antes de las 9 de la noche, frente a su televisor, a ver un reflejo –pequeñito- de Cuba. Incluso, hay quienes repiten los martes, cuando la serie es retransmitida.

Es natural en el holguinero estar orgulloso de serlo, porque el holguinero es orgulloso por naturaleza. Víctor Cruz es holguinero, tiene 22 años, dos premios Adolfo Llauradó y una nominación al Caricato. Interpreta a Javier, que poco a poco ha ido mostrando sus zonas de luz y bondad. Es un actor bestial, que ha pasado por la televisión, ha hecho cortometrajes, y ha arrasado en el teatro: tanto en el personaje de Alan Strang en Equus, dirigida por Jazz Martínez-Gamboa, como el de Karin Timm, de Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, bajo la mano de Carlos Díaz. 

Sabe que un actor necesita muchísimo estudio, por eso ha tomado varios cursos y talleres que complementan su formación, recibida en la Escuela Nacional de Arte (ENA). Lo divido en tres: él, la serie y Javier. Le envío las preguntas y unos días después, recibo las respuestas con una amabilidad que da gusto. Víctor Cruz es un actor que da gusto. 

I- Víctor 

¿Qué tomas de cada género? 

Saberlos identificar, es lo más importante. Luego, podernos adaptar a cada uno de ellos. 

Al teatro, ¿qué te ata? ¿Lo prefieres a otros medios?

Al teatro me ata su energía. Esa magia que sienten los que están allí. Siempre que pueda haré teatro, pero no tengo predilección por los medios. Donde pueda llevar un personaje y actuar, allí estaré.

¿Crees que el teatro morirá algún día? 

El teatro nunca morirá. Por definición encaja perfectamente en las primeras manifestaciones artísticas del ser humano. Cuando no existían muchísimas cosas, existía teatro. 

Si pudieras regresar a Holguín con la misión de rescatar el teatro dramático, ¿lo harías? 

No en estos momentos. Aún sigo aprendiendo. Soy demasiado joven profesionalmente para enfrentar una tarea tan monstruosa como rescatar el teatro de mi provincia. Merezco más estudio y más experiencias para poder, en el futuro, dar de mi sabiduría y que esta sea provechosa. 

II- Calendario 

¿Cómo llegas a la serie? ¿Disfrutaste el proceso? ¿Y el resultado?

Llego a la serie mediante un casting realizado. Lo disfruté muchísimo, por supuesto, aunque hubo días muy duros e intensos. Grabamos en plena pandemia y todo se tornó más complicado de lo normal. El resultado es muy justo, es exacto reflejo de un trabajo hecho con respeto, con sacrificio, con mucho arte y deseo, así que lo disfruto doblemente.

¿Crees que a tu generación le faltó un producto así? 

Creo  que cada generación vive su propio momento y es responsable de construir e ir en búsqueda de sus necesidades. Recuerdo la serie Mucho Ruido dirigida por Mariela López y los efectos eran muy parecidos. Fue una serie reflejo de su momento y no se puede negar la belleza en ese trabajo. Pero sí, hubiese disfrutado mucho un Calendario en mi infancia. 

¿La notas lejos o cerca a la realidad? 

En la serie ocurren situaciones que tuvieron origen en referentes concretos de la realidad, sin dejar de tener ese vuelo de ficción que todo audiovisual posee (en este caso un tanto utópico, que busca la pureza en cada personaje), así que depende de los puntos de vista que se analice. 

¿Todos tenemos un noveno tres en nuestras vidas? 

El noveno tres hace referencia a un grupo indeterminado de personas que se relacionan y conviven en un mismo espacio, donde conocerse, aceptarse y respetarse es el único camino al bienestar. Sí, todos tenemos un noveno tres en nuestras vidas. 

¿Crees que una buena o una mala referencia pedagógica influye en la integración de los niños y adolescentes en la sociedad? 

Directamente sí. Somos lo que conocemos, lo que consumimos, hasta lo que comemos. 

¿Sientes que faltó algo por abordar esta temporada? 

No lo sé con certeza. Podría responder mejor Amílcar Salatti, el guionista. Habrá segunda temporada, entonces hay más capítulos por los que esperar.

¿Crees que la serie ha calado en su público objetivo? ¿Hasta qué punto crees que influirá en ellos? 

Creo que sí. La serie poco a poco ha ido ahondando en los televidentes y eso se nota, por tanto, de alguna manera influirá en ellos. 

III- Javier 

A Javier, ¿le mueven dolores? ¿Qué descubriremos en este personaje? 

A Javier le mueven dolores, como a todos. En él descubriremos un joven lleno de ganas, de vida, con capacidad para esconder muy bien sus verdaderos sentimientos y que hace mucho por amor. 

¿Cómo preparaste el personaje? ¿Fue un proceso de observación social o buscaste referentes específicos? 

Javier apareció desde la lectura del guión. Había frases dichas por él o por algunos compañeros que me sugerían mucho de su aspecto, su forma, su actitud. Luego, en ensayos y lecturas posteriores fueron agudizándose las imágenes. Con ayuda y criterio de los demás actores y la dirección, se escogieron definiciones más claras. Más tarde llegó el proceso de filmación y fue donde se concretó lo pensado y empecé a descubrir más de él cada día. 

¿Qué zonas amas de tu personaje? 

Yo disfruto de Javier en muchos sentidos. Todas sus zonas me parecen atractivas. 

¿Todos los Javieres necesitan una Amalia? ¿Todas las Amalias necesitan un Javier? 

Amalias y Javieres se tienen. Necesitamos de quienes queremos o creemos necesitar. Debemos ser capaces de concebir los procesos humanos, políticos, naturales o de cualquier índole por nuestra propia experiencia, pero es cierto que siempre aparece alguien que aterriza tus ideas o simplemente te da tela para cortar.

(Artículo de la autoría de Anyi Romera (estudiante de periodismo)  Tomado del sitio Ahora)

 

 


Yasiel Céspedes: del modelaje a la actuación

Ser actor jamás estuvo entre los planes de Yasiel Céspedes. No pasó por su mente hace cinco años. Mucho menos imaginó verse en una telenovela en estos momentos. Asegura que fue algo que la vida le regaló, un sueño que nació cuando se le abrieron las puertas.

«Se lo debo primeramente a Dios. Para mí ha simbolizado uno de los pilares más fuertes. Me ha sostenido para salir adelante en esta carrera tan difícil, de tanto empeño, rigor en el estudio y en la preparación».

Sus primeros pasos en el arte se produjeron en el modelaje, en una publicidad que se filmó en Cuba para una marca extranjera de chocolates. Posteriormente, llegaron a él los videos musicales con artistas nacionales e internacionales. Laritza Bacallao, Haila y Pancho Amat le dieron la oportunidad de vincularse a ese universo. Con su primera película crecieron las ganas de ser actor, ejercer y materializar lo que había soñado.

Quien por estos días llega a nuestros hogares como Daniel, en la telenovela TÚ, procede de una pequeña familia cardenense. Es sobrino nieto de la querida Aurora Basnuevo, y agradece estar rodeado de las personas que ama y siempre lo tienen pendiente.

Te iniciaste en el arte como modelo…

_Empecé mi carrera de modelo muy tarde, a los 26 años, y comencé a ejercerla a los 29. En esa época me introduje en el arte, siempre con el miedo de estar muy viejo, el tiempo se me estaba yendo fácilmente.

¿Cómo descubres tu vocación por la actuación? ¿Acaso fue el videoclip lo que despertó en ti esa

¿Llegas a la televisión con la telenovela TÚ?

_ Antes realicé pequeñas cosas, entre ellas un personaje en Rompiendo el Silencio, hasta que llegué a TÚ, la gran oportunidad de hacer mi debut con un personaje grande como lo es Daniel, a quien actualmente todos estamos disfrutando.

Daniel ya está haciendo de las suyas en la telenovela, ¿qué nos puedes contar o adelantar sobre este personaje?

_Desde el quinto capítulo están apreciando a Daniel. Para mí ha representado una alegría. No pensé que el personaje llegaría a los hogares de una manera positiva, a pesar de ser un personaje negativo en sus inicios, porque aquí veremos a un Daniel en todas sus facetas. Inicialmente lo caracterizaron como el típico villano, que puso en tela de juicio el amor del doctor Yoan Luis al conformar ese triángulo amoroso. Pero todo eso cambió, el personaje dio un giro y ha vivido cosas muy fuertes, en las que se ha podido ver a un Daniel mucho más tierno.

“La vida se encargó de demostrarle que todo lo que hacemos –como las acciones negativas–  regresa para nosotros, con el objetivo de un aprendizaje. Eso es lo más importante. Espero continúen disfrutando de Daniel, tanto como lo hago yo”.

¿Qué ha significado para ti estrenarte en la pantalla chica de la mano de Lester Hamlet?

_Para mí ha sido una escuela. Fueron meses, y luego esos meses se convirtieron en años junto a Lester. A pesar de que duró tres años la producción, nos manteníamos en contacto, estudiando y extrayendo lo provechoso del personaje. Yo le agradezco mucho que me haya escogido y que haya creído en mí. Me obsequió la oportunidad de poder integrar un elenco magistral, de estar rodeado de actores de primer nivel, con tanto reconocimiento nacional e internacional. Creo que «agradecido» es la palabra. Estoy muy feliz de haber formado parte de esta magnífica obra, porque yo sé cuán especial es para Lester, y también lo es para mí.

¿Cómo valoras la acogida que ha tenido TÚ y en especial tu personaje? ¿Consideras que de alguna manera esta telenovela está siendo incomprendida?

_Daniel llamó la atención del público y también de los medios. Muchos me han preguntado por el personaje, a otros les caigo mal. Las personas en las redes se han manifestado en todo su esplendor. Pero yo feliz, porque esa era la intención: lograr conmoción con los conflictos de Daniel. La crítica ha sido buena en su totalidad. Me habían visto, pero no sabían cómo trabajaba. Para mí fue una sorpresa gratificante. A pesar de que al personaje le falta mucho por crecer todavía, las personas saben quién es Daniel, lo distinguen entre los tantos personajes que abundan en esa telenovela.

“En cuanto a las opiniones sobre la novela inicialmente, creo que es una propuesta nueva, fuera de lo común. Lester, en muchas de sus entrevistas, expresó que nunca hizo televisión. Él se dedica al cine. Y esto es algo así como una película larga, tal vez una serie. Lo vieron extraño porque lo diferente siempre es extraño. A partir de los capítulos cinco o seis aumentó la sintonía con la telenovela.

“No es cuestión de ser incomprendida o no, sino de saber entenderla. Y ya las personas han conectado con TÚ; eso era lo que nosotros tanto esperábamos. Ha representado un privilegio, pues se trata de una obra interesante, atípica, donde no existen personajes secundarios. Todos están acostumbrados a la novela rosa, protagonista sufrida y villano con deseos de hacer sufrir, y ahí existe un hilo conductor. Aquí el hilo conductor somos todos, por eso al principio no comprendían, querían clasificar a la protagonista, a la mala… Estas son personas cotidianas, por lo tanto, todos somos protagonistas.”

¿Qué es lo mejor y lo peor que te llevas de esta primera experiencia en televisión?

_Lo peor: la cantidad de opiniones y criterios diversos que puede producir. Eso te aterra, porque cuando haces tu debut en televisión, y tu vida o trabajo se hacen públicos, todos tienen derecho a opinar. Entonces, las personas a veces olvidan que todos los actores y artistas en general son seres humanos, que tenemos sentimientos y temores. Eso me ha llevado mal. Daniel es un personaje muy travieso, ha hecho cosas muy malas. Las personas empiezan a cuestionar y a decir que no lo soportan. Me han dicho horrores. Creen que realmente uno es así.

“Lo positivo que me llevo es la acogida del público, los mensajes diarios, los seguidores que han incrementado. Eso me satisface. Saber que mi primer trabajo en televisión está gustando me llena de pasión y deseos de seguir trabajando para el público.”

Hemos visto en las redes sociales algunas fotografías tuyas durante el rodaje de un telefilme de Mariela López y vestido con el uniforme de los peloteros de Industriales en la nueva telenovela de Ernesto Fiallo ¿Qué nos puedes adelantar sobre estos proyectos?

_Efectivamente. Ya estoy en nuevos proyectos. Me hace feliz que otros directores se hayan fijado en mí. Ha

«Se lo debo primeramente a Dios. Para mí ha simbolizado uno de los pilares más fuertes. Me ha sostenido para salir adelante en esta carrera tan difícil, de tanto empeño, rigor en el estudio y en la preparación».

Sus primeros pasos en el arte se produjeron en el modelaje, en una publicidad que se filmó en Cuba para una marca extranjera de chocolates. Posteriormente, llegaron a él los videos musicales con artistas nacionales e internacionales. Laritza Bacallao, Haila y Pancho Amat le dieron la oportunidad de vincularse a ese universo. Con su primera película crecieron las ganas de ser actor, ejercer y materializar lo que había soñado.

Quien por estos días llega a nuestros hogares como Daniel, en la telenovela TÚ, procede de una pequeña familia cardenense. Es sobrino nieto de la querida Aurora Basnuevo, y agradece estar rodeado de las personas que ama y siempre lo tienen pendiente.

Te iniciaste en el arte como modelo…

_Empecé mi carrera de modelo muy tarde, a los 26 años, y comencé a ejercerla a los 29. En esa época me introduje en el arte, siempre con el miedo de estar muy viejo, el tiempo se me estaba yendo fácilmente.

¿Cómo descubres tu vocación por la actuación? ¿Acaso fue el videoclip lo que despertó en ti esa curiosidad?

_En un video musical. Un grupo de jóvenes modelos nos encontrábamos como extras en un video de Yandel. Teníamos la intención de participar, aparecer en cámaras. El productor se percató de ello y me preguntó si quería participar en una escena del video, pero debía actuar. Le respondí: «Perfecto, vamos a hacerlo». Temía porque nunca había hecho nada de esa magnitud, y menos con tanto público. Había productores, cámaras, extras, artistas. Inició el rodaje, y cuando terminamos todos aplaudieron. Me sentí muy contento.

“La directora de casting, Libia Batista, me comentó que le había gustado mucho lo que había hecho, y me sugirió estudiar actuación. Garantizó que tenía muchas posibilidades y a partir de ese momento comencé como aficionado con Humberto Rodríguez en la Casa de la Cultura.

“Por supuesto que fue el videoclip lo que me colocó el «bichito» por actuar, pues como modelo siempre estaba de figurante. Fue bonito, era la etapa de ser el chico galán, apuesto, que aparece en videos musicales; pero a mí me interesaba transmitir algo más, vivir algo más real y mostrárselo al público. Me preparé, comprendí lo que significaba verdaderamente la interpretación. Así surgió todo”.

¿Llegas a la televisión con la telenovela TÚ?

_ Antes realicé pequeñas cosas, entre ellas un personaje en Rompiendo el Silencio, hasta que llegué a TÚ, la gran oportunidad de hacer mi debut con un personaje grande como lo es Daniel, a quien actualmente todos estamos disfrutando.

Daniel ya está haciendo de las suyas en la telenovela, ¿qué nos puedes contar o adelantar sobre este personaje?

_Desde el quinto capítulo están apreciando a Daniel. Para mí ha representado una alegría. No pensé que el personaje llegaría a los hogares de una manera positiva, a pesar de ser un personaje negativo en sus inicios, porque aquí veremos a un Daniel en todas sus facetas. Inicialmente lo caracterizaron como el típico villano, que puso en tela de juicio el amor del doctor Yoan Luis al conformar ese triángulo amoroso. Pero todo eso cambió, el personaje dio un giro y ha vivido cosas muy fuertes, en las que se ha podido ver a un Daniel mucho más tierno.

“La vida se encargó de demostrarle que todo lo que hacemos –como las acciones negativas–  regresa para nosotros, con el objetivo de un aprendizaje. Eso es lo más importante. Espero continúen disfrutando de Daniel, tanto como lo hago yo”.

¿Qué ha significado para ti estrenarte en la pantalla chica de la mano de Lester Hamlet?

_Para mí ha sido una escuela. Fueron meses, y luego esos meses se convirtieron en años junto a Lester. A pesar de que duró tres años la producción, nos manteníamos en contacto, estudiando y extrayendo lo provechoso del personaje. Yo le agradezco mucho que me haya escogido y que haya creído en mí. Me obsequió la oportunidad de poder integrar un elenco magistral, de estar rodeado de actores de primer nivel, con tanto reconocimiento nacional e internacional. Creo que «agradecido» es la palabra. Estoy muy feliz de haber formado parte de esta magnífica obra, porque yo sé cuán especial es para Lester, y también lo es para mí.

¿Cómo valoras la acogida que ha tenido TÚ y en especial tu personaje? ¿Consideras que de alguna manera esta telenovela está siendo incomprendida?

_Daniel llamó la atención del público y también de los medios. Muchos me han preguntado por el personaje, a otros les caigo mal. Las personas en las redes se han manifestado en todo su esplendor. Pero yo feliz, porque esa era la intención: lograr conmoción con los conflictos de Daniel. La crítica ha sido buena en su totalidad. Me habían visto, pero no sabían cómo trabajaba. Para mí fue una sorpresa gratificante. A pesar de que al personaje le falta mucho por crecer todavía, las personas saben quién es Daniel, lo distinguen entre los tantos personajes que abundan en esa telenovela.

“En cuanto a las opiniones sobre la novela inicialmente, creo que es una propuesta nueva, fuera de lo común. Lester, en muchas de sus entrevistas, expresó que nunca hizo televisión. Él se dedica al cine. Y esto es algo así como una película larga, tal vez una serie. Lo vieron extraño porque lo diferente siempre es extraño. A partir de los capítulos cinco o seis aumentó la sintonía con la telenovela.

“No es cuestión de ser incomprendida o no, sino de saber entenderla. Y ya las personas han conectado con TÚ; eso era lo que nosotros tanto esperábamos. Ha representado un privilegio, pues se trata de una obra interesante, atípica, donde no existen personajes secundarios. Todos están acostumbrados a la novela rosa, protagonista sufrida y villano con deseos de hacer sufrir, y ahí existe un hilo conductor. Aquí el hilo conductor somos todos, por eso al principio no comprendían, querían clasificar a la protagonista, a la mala… Estas son personas cotidianas, por lo tanto, todos somos protagonistas.”

¿Qué es lo mejor y lo peor que te llevas de esta primera experiencia en televisión?

_Lo peor: la cantidad de opiniones y criterios diversos que puede producir. Eso te aterra, porque cuando haces tu debut en televisión, y tu vida o trabajo se hacen públicos, todos tienen derecho a opinar. Entonces, las personas a veces olvidan que todos los actores y artistas en general son seres humanos, que tenemos sentimientos y temores. Eso me ha llevado mal. Daniel es un personaje muy travieso, ha hecho cosas muy malas. Las personas empiezan a cuestionar y a decir que no lo soportan. Me han dicho horrores. Creen que realmente uno es así.

“Lo positivo que me llevo es la acogida del público, los mensajes diarios, los seguidores que han incrementado. Eso me satisface. Saber que mi primer trabajo en televisión está gustando me llena de pasión y deseos de seguir trabajando para el público.”

Hemos visto en las redes sociales algunas fotografías tuyas durante el rodaje de un telefilme de Mariela López y vestido con el uniforme de los peloteros de Industriales en la nueva telenovela de Ernesto Fiallo ¿Qué nos puedes adelantar sobre estos proyectos?

_Efectivamente. Ya estoy en nuevos proyectos. Me hace feliz que otros directores se hayan fijado en mí. Ha sido el caso de Fiallo y de Mariela López.

“Con Mariela López tuve un personaje pequeño en un telefilme que saldrá próximamente. Ha significado una oportunidad hermosa de vivir otras vidas y trabajar con otros actores como Giselle Sobrino y Claudia Monteagudo.

“Con respecto a Fiallo, justamente acabo de grabar la telenovela Los hijos de Pandora, donde interpreto un entrenador de niños. También es un personaje pequeño, pero muy interesante. Lo disfrutarán a lo largo de toda la novela. Está muy lejos de lo que había hecho hasta ahora. Trabajar con niños me robó el corazón, es una de las cosas más lindas que he experimentado en la vida.”

¿Cómo proyectas tu futuro?

_Tengo sueños de seguir trabajando y alcanzar todo lo que esté a mi mano, poder crecer como actor y hacer más telenovelas, películas… Me encantaría hacer teatro también. Todo lo que venga y me atrape.

Si tuvieras que definirte en una frase…

_Constancia… Es la palabra que viene a mí mente. Soy perseverante, porque es lo que me ha permitido alcanzar estos sueños. Y cuando he flaqueado, quiero que Dios me dé la fuerza necesaria para volver a hacerlo y estar enfocado en mí y en mi carrera, que es lo que realmente amo… en ser mejor cada día.

(Artículo de la autoría de Lety Mary Álvarez Águila Tomado del Portal CubaSí)

 

 


Festival Nacional de Teatro Joven: Los ecos de la claridad (Dosier)

INTIMIDAD, CONCEPTUAL, AUTOGESTIÓN: ALGUNOS CAMINOS ESCÉNICOS DEL TEATRO JOVEN CUBANO

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos Wilker López

El teatro contemporáneo en la era de los medios electrónicos resalta su carácter performativo de la realidad presencial, utilizando, en muchos casos, técnicas de performance, en las propias acciones y el cuerpo humano que, como tal son enfatizados, y otras prácticas comunes a las cuales el teatro cubano no es ajeno. Actualmente esta manifestación escénica se prefigura como una especie de función ritual, asumiendo a su vez una comunicación más directa entre actores-espectadores, experimentado cierta intensidad emocional; a su vez una nueva cultura de la actuación implica a ese espectador, invitándolo a cuestionar su percepción de la realidad.

Estas alternativas de producción realista, los sistemas simbólicos que permiten representar conceptos, a partir de la asociación de ideas y búsquedas interiores y en el propio espectador, resultan algunas temáticas de investigación recurrentes entre los directores y creadores jóvenes de la escena cubana actual. En este sentido varios directores noveles se cuestionaron sus modos de producir y hacer teatro como parte del panel teórico que abordó la dramaturgia cubana actual y los nuevos caminos de la dirección escénica en el XII Festival Nacional de Teatro Joven.

Karelia Fernández, directora del Teatro Guiñol de Holguín, explicó sus rutinas y como fue producir su último espectáculo El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, una especie de comedia del arte que dignifica la creación titiritera a partir de un texto del dramaturgo cubano Salvador Lemis.

Mientras que Heidy Almarales, del grupo cienfueguero La Chimenea, comentó sobre la obra Work in progress (Secretos bajo la luna), un historia fragmentada que se sustenta en el microteatro, siendo la intimidad del espectáculo la característica fundamental. “Me interesa mucho explorar la interioridad del espectador, cuestionarlo y provocarlo desde lo íntimo, desarrollando mi propia dramaturgia que llega a ser más literaria que dramática”, añadió la actriz.

Por su parte, Pedro Franco, director de Teatro El Portazo, de Matanzas, insistió en la autogestión a que se somete su creación, que implica nuevos textos y espectáculos en función de una necesidad estética. “Los tiempos escénicos de mi teatro se pusieron en función del consumo”, a la vez que le permite rupturas creativas en la escena que funcionan como una manera de “limpiar la recepción entre los actores y espectadores para volver a un próximo acto”.

La poética del pastiche y la combinación de otros modelos dramáticos resumen buena parte de la más reciente creación de este colectivo matancero, con obras como Cuban Coffee by Portazo´s Coperative y No puedo tengo ensayo, aunque su trabajo actual se centra en rescatar su repertorio con piezas anteriores, que, de alguna manera, exploran un teatro más “convencional”.

 

Asimismo, Juan Edilberto Sosa, director del Grupo de Experimentación Escénica La Caja Negra, de Santiago de Cuba, abordó la necesidad de montar obras de autores contemporáneos, asumiendo un pensamiento desde y para la escena, y dejando que muchas veces el contexto modifique el trabajo final; mientras que el dramaturgo Raúl Bonachea insistió en el urgente papel de la crítica frontal con los creadores noveles y la necesidad de un desmontaje analítico de sus obras para crecer en cuanto a las nuevas maneras de hacer teatro.

Como parte de esta jornada fueron presentados los libros Destino Cuba, de Freddys Núñez Estenoz; Primavera en vano, de Abel González Melo; y Penélope aserrando televiché, de Marien Hernández, publicados bajo el sello de Ediciones La Luz; además Porno o fermentar la carne con más carne para que se sepa mejor, de Juan Edilberto Sosa; La caída, de Raúl Bonachea; la revista Tablas y el documental “El público de Carlos Díaz”, de Raúl Valdés González (Raupa).

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CLOWNESCAMENTE TUYO

Por Nelson Beatón

Fotos Wilker López

Teatro Tuyo encuentra un refugio en el Ismaelillo, arman un Parque de Sueños donde la primera promoción de la Escuela Nacional de Clown de Las Tunas se estrena. Ernesto Parra, director y actor, comenta que “ese es el regalo para sus alumnos, traerlos por su graduación”, en el contexto de la XII Edición del Festival de Teatro Joven de Holguín.

Soñar es permanecer también, volver al teatro y a una obra estrenada en 2005. Donde Papote pone su luz nacen cinco payasos (Dayana Leonardo Rondón, Luis Carlos Pérez Cedeño, Denis Juan Portillo Rodríguez, Ivelín Roque Rondón, Betsy Pérez Plá) capaces de ejecutar desde la más limpia coreografía de mimo a volverse funambulista de oficio. El espectáculo se mueve sobre lo onírico: unos payasos que recogen basura sueñan con irse al circo luego de encontrar un cartel que rotula CIRCO de Payasos.

El uso de la luz negra, la máscara, la hiperbolización del gesto escénico, el humor, hacen de la puesta un ejemplo del buen uso del espacio y los objetos, así como la partitura gestual; no se necesita decir palabra cuando la codificación simbólica se expresa con claridad y sencillez ante un público que no necesariamente es conocedor del método o el lenguaje espectacular y estético que proponen; no existe ambigüedad ni reiteración en el discurso.

Siempre es hermoso tener a Teatro Tuyo en el Festival y disfrutar tanto de la propuesta como de sus integrantes. Un teatro para la familia que se renueva y continúa transmitiendo la disciplina heredada de Oleg Popov, Marcel Marceau, Charles Chaplin, Trompoloco; se queda con la sonrisa y las lágrimas de quien sueña otra obra y participa en el retorno de la conciencia a la niñez.

Quiero pensar otra vez en el refugio martiano, su hijo Ismaelillo, quiero creer que dos años no nos han cambiado el alma para mal; necesito creer que Teatro Tuyo también busca la permanencia y la necesidad de hacer la verdad sobre la escena, por eso regresan a Holguín, al teatro con nombre de niño útil. Nos regalan el paseo eterno de la felicidad más allá de inventarse una reverencia.

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DE VUELTA A PIÑERA O CÓMO SOSTENER SU OBRA EN PESO

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos Wilker López

Según Abilio Estévez, Virgilio Piñera no era un hombre alto, sí extraordinariamente delgado, con un andar breve, ligero, que abusaba de las puntas de los pies, como quien camina sobre los celajes.

“Por las fotografías se conocen bien la frente amplia, la nariz curva, la barbilla exigua, los labios carnosos, que creaban los que suponemos un perfil de halcón peregrino, un perfil dantesco. A su lado todo se volvía literatura, brillo inteligencia, agudeza y humorada (o boutade, como él habría preferido decir)”, comenta en su artículo “Retrato de Virgilio en el infierno”.

De Virgilio nos llega su obra y sus realidades rescatadas de los designios del olvido y la soledad. Electra Garrigó, Cuentos fríos, La isla en peso, Aire frío, Dos viejos pánicos… Virgilio Piñera, el frío que se repite, y el miedo… Testimonio vívido de una soledad inexpugnable.

A 110 años nos llega un Virgilio rescatado. Gracias a Antón Arrufat, y un grupo de piñerianos cubanos y extranjeros que no lo dejaron morir en el año de su centenario, en 2012. En su 110 cumpleaños, Virgilio Piñera regresa a este XII Festival de Teatro Joven.

“Virgilio Piñera, 110 años escupiendo al Olimpo” fue el panel dedicado en este espacio a reconocer su impronta, destacando su cubanía auténtica, su inconformidad, sus facetas creativas, sus tantas rupturas, sus modos de asumir la realidad, el teatro, la literatura.

“No podemos decir que Virgilio fue solo dramaturgo; Piñera fue un gran lingüista, poeta, narrador, crítico y promotor cultural. Un creador que logró una ruptura creativa, que sentó nuevas pautas por encima de lo establecido anteriormente en el teatro comercial y tradicional cubano”, comentó el profesor e investigador José Rojas Bez.

 

Conocedor de las vanguardias, que aún no habían tomado auge en la isla, el autor de La carne de René, innovó y modernizó el teatro cubano con Electra Garrigó. Un teatro, con antecedentes del absurdo, existencialista y estremecedor, añadió el escritor Erian Peña, moderador del espacio.

 

Mientras que el crítico, poeta y dramaturgo Norge Espinosa Mendoza volvió sobre los papeles, la literatura rescatada, el esfuerzo de los seguidores de Virgilio por mantener viva su obra toda, tan necesaria para la cultura cubana.

Cuanto hizo, en obra y vida, es loable para su investigación y estudio, pues, inscrito como uno de los autores más importantes en la historia de la literatura cubana, debe ser contada y salvada de los costados sombríos que la entorpecen.

En este sentido Norge sugirió el texto El estruendo de Ciclón, de Dayneris Machado Vento, que describe los momentos más elocuentes de la publicación de la revista Ciclón (La Habana, 1955-1959), coordinada por el propio Piñera y José Rodríguez Feo. Un libro que puede leerse como documento o crónica, catálogo de nombres y textos, anecdotario, registro historiológico, relato y dibujo de las vanidades intelectuales, guerrillas estéticas, pasos y poses de toda una época.

Del extenso epistolario que mantuvo Virgilio con el escritor Humberto Rodríguez Tomeu, encontradas en la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, habló también Norge. Cartas que narran los últimos días del dramaturgo cubano. Un Virgilio olvidado y obstinado. El Virgilio que andaba para arriba y para abajo con su javita de yute en busca de dulces de guayaba. El que se pasaba doce días sin agua en su apartamento, al que le dio la gripe vulgar, el que agradeció un cepillo de nylon traído desde Londres, el que tenía el corazón en el piso y más abajo, y lloraba hasta parecer idiota, al que le dolía el peso cada vez mayor la isla a sus espaldas… Esta vuelta a Virgilio Piñera en el 110 aniversario de su natalicio, es otra evidencia que, como la vida, su obra asume un estado cíclico y natural que se reinventa, y encuentra siempre espacios justos, sentimientos, motivos y necesidades para florecer entre los rescoldos de una época traumática.

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EL COFRE DE LEYENDAS DE FERNAN Y DINA

Por Liset Prego

Fotos Wilker López

Como los dragones y las brujas, los piratas parecen estar de moda entre los personajes favoritos de los niños de hoy. En animados y películas live action los ladrones del mar dejan de ser fugitivos y timadores para volverse simpáticos aventureros que desafían el peligro del mar en busca de tesoros.

Tal vez por eso Fernan insiste en ser un pirata, un valiente marinero. Para ello Dina lo instruye: necesita un garfio, un parche en el ojo y pata de palo. Pero él, que solo cuenta con su fantasía, únicamente necesita activarla y se zambulle junto a su amiga en un viaje que puede ocurrir cualquier día, al salir de la escuela, aún sin quitarse el uniforme, en un desván o alguna habitación olvidada de la casa.

Cuando estos niños miran por el “ojo de buey” parece que pudieran viajar en el tiempo. Como vigías atisban, su paisaje es la bicentenaria ciudad de Cienfuegos, fértil suelo para las leyendas.

A la Perla del Sur dedica el grupo de teatro Cañabrava la obra Fernandina de la que Rafael González Muñoz es autor y asesor artístico. Las peripecias de dos niños aventureros, Fernan (Dayli Morfi) y Dina (Esther Valladares), conducen al espectador por una suerte de tour por las maravillas que el imaginario popular ha creado para explicar sucesos singulares de la bella urbe.

Un cofre como caja de Pandora o portal a la ensoñación, al fantástico universo de los mitos se ubica en el centro de la escena. La pareja de infantes se dispone a la aventura solo con un catalejo, un pergamino y la más rica imaginación infantil.

Títeres y actrices alternan para divertimento de los niños en el público, que descubre cómo un desván puede ser proa para la embarcación inventada desde la que estos chicos visitan el Caletón de Don Bruno, buscan la explicación para el origen del nombre Pasacaballos, tienen un encuentro con Leonor de Cárdenas, la Dama Azul, y enfrentan al Sur con sus tentáculos gigantescos hasta someterlo.

Cada obstáculo a vencer en esta búsqueda es solo una forma de poner a prueba la amistad. Cualquier tarde volverán a juntarse Fernan y Dina a viajar por mundos irreales, acompañándose en las batallas contra monstruos mitológicos o redescubriendo su ciudad, porque como todos los niños, ellos sin saberlo asumen el juego como ensayo de la vida.

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EL SECRETO QUE GUARDA LA CHIMENEA JUNTO A LA LUNA

Por Elizabeth Soto

Fotos cortesía de La Chimenea

Me acerqué a la escalera y un joven de bigotes entorchados, vestido de negro, me susurra:

“La función tiene un valor de diez pesos. Por favor, su brazo para ponerle un cuño. Si fuma puede escoger el cigarro de su preferencia, ¿suave o fuerte? Ahora, ponga a girar la ruleta. Usted ha escogido un número maravilloso, el 1 es un número de suerte. Acompáñeme, en breve estará disfrutando Secretos bajo la luna”.

Me dirijo hacia un departamento, con una copa de vino que me ofrece otra joven, y se abre la puerta.

Comienza la función. La Chimenea, compañía de teatro que participó en el XII Festival de Teatro Joven de Holguín, se presentó en un espacio atípico, porque es un grupo que irrumpe con los cánones cuando se habla de teatro. Heidy Almarales, directora y actriz de la compañía comenta:

“La compañía surge en 2013 cuando cursaba el 2do año del ISA, en Santiago de Cuba. La fundé con Dennys Pérez, otro actor por aquel entonces del Guiñol Santiago. Ahora mismo somos un formato de tres. En el rol de actor está Yunior Vergara; en producción y comunicación María Carla Suárez, quien es además violinista”.

La puesta está diseñada para un solo espectador. Esta técnica, nombrada lambe-lambe, consiste básicamente en animar pequeños objetos y personajes dentro de una espacio reducido para escasos espectadores, siendo la intimidad del espectáculo la característica imprescindible que aporta esta técnica.

“Secretos bajo la luna es un espectáculo que se tiene pensado desde hace algún tiempo, con el fin de lograr una empatía con el público joven y adulto. Debido a que la estética que nosotros trabajamos es la del títere, normalmente no está destinado a este tipo de público. Esta vez apostamos por algo mucho más íntimo para acercar al espectador a esta línea de trabajo. Lo que presentamos aquí es un work in progress, ya que este espectáculo está concebido de manera fragmentada. Son tres historias en la cual, al azar, marcado por una ruleta, es quien decide la historia que podrá disfrutar”.

La música incidental y los efectos de sonido dentro de la habitación hacen que me transporte hacia un lugar mágico. El cigarro que estoy fumando y el vino que bebo, me hacen disfrutar sobremanera de un espacio diferente y tremendamente acogedor.

“Esta historia está basada en un tema musical, la sonata “Claro de luna” de Beethoven, y guarda cierta relación con el cuento de Eliseo Diego «De las hermanas», donde el personaje, el señor Veranes, es asesinado por las viejitas. En mi caso yo reinterpreto la historia, estas viejas que se creen las parcas lo que logran hacer esta vez no es matarlo sino sacarle uno de los ojos a Veranes; en esta escena Veranes se encuentra en un estado de lamentación, mientras que la luna es un pretexto que se vuelve vínculo para poder hacer el ejercicio del títere en su expresión más óptima y amplia”.

Cuando el público repasa la escenografía, no puede dejar de apreciar cada detalle que La Chimenea seguramente no ha pasado por alto; se trata de espacios bien pensados, de una fineza inigualable. Las nubes de algodón que aparecen a la altura de los ojos del espectador por momentos llegan a ser el focalizador de la escena creando un ambiente verdaderamente apacible.

“La estética de La Chimenea con este espectáculo habla mucho sobre las posibilidades del títere en escena, como el discurso teatral versa desde la acción y desde la imagen que puedan generar los muñecos, ya que los títeres se vuelven como la poesía plástica animada y eso nos resulta interesante, usando un lenguaje que sea un poco más universal donde cualquier persona tenga sus propias asimilaciones”.

Hace solo dos años que la compañía se desarrolla en Camagüey. Entre los nuevos proyectos que se proponen se encuentra El círculo, espectáculo previsto a incluirse en la programación de las artes escénicas en la Ciudad de los Tinajones. Pero tienen, además, espacios alternativos dentro de la AHS, donde regularmente pueden hacer un intercambio desde el diseño escénico, con algunos performance, happening, mientras que el títere sigue siendo el protagonista de sus propuestas.

No cabe duda que a La Chimenea le depara un largo y próspero camino, la astucia e inteligencia de esta joven dramaturga avizora grandes pasos dentro del arte de las tablas. El público que asistió salía renovado, sorprendido, por haber pasado un rato agradable pero a decir de muchos, por la polisemia que encontraron en cada detalle de la muestra. Definitivamente, es el vínculo mágico, la manera de concebir sus lunas, rodeada de los elementos esotéricos, con la añadidura del agua que exalta la obra.

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ENTRE MUÑECOS Y TÍTERES… A 50 AÑOS DEL TEATRO GUIÑOL DE HOLGUÍN

Por Erian Peña Pupo

Fotos Carlos Rafael Archivos del CCCLaLuz

En la calle Martí, justo en uno de los laterales del Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol, tiene su sede el Teatro Guiñol de Holguín, compañía que celebra en este 2022 su aniversario 50 en pos del desarrollo del arte titiritero y sus expresiones en la provincia y el país.

Antecedentes…

Los orígenes del Guiñol holguinero se relacionan con los antecedentes inmediatos de esta manifestación en la provincia, no tan fecunda en el arte del títere como otras, pero sí necesaria a la hora de historiar el panorama teatral cubano y sus múltiples convergencias. A lo largo del siglo XIX e inicios del XX, en las ciudades de Holguín y Gibara, sobre todo, eran comunes las representaciones teatrales y musicales, en cines y teatros como el “Wenceslao Infante” y el Teatro Colonial de Gibara, de zarzuelas, operetas, vodevil, danza…

Respecto al arte titiritero, uno de los primeros referentes conocidos es el quehacer del gibareño Modesto Centeno (1913-1985), quien realizó la adaptación del cuento popular La Caperucita Roja en 1943, gracias a un concurso efectuado en la Academia de Artes Dramáticas de la Escuela Libre de La Habana (ADADEL). Tiempo después, una de las figuras tutelares de esta manifestación artística en Cuba, Pepe Carril –nacido en el central Preston, Mayarí, en 1930– crea en el propio poblado holguinero, el Teatro de Muñecos de Oriente, en 1952. Luego Carril sería uno de los fundadores en 1963 del Teatro Guiñol Nacional, junto a los hermanos Camejo (Carucha, Bertha y Pepe) y el joven Armando Morales, director de ese colectivo hasta su reciente fallecimiento (La historia de Carril y los Camejo difuminada en el tiempo y en consiguientes periodos, ha sido rescatada gracias al trabajo de creadores como Norge Espinoza, Rubén Darío Salazar y el propio Morales).

No fue hasta inicios de 1959 cuando comienza a gestarse en la ciudad de Holguín la idea de hacer teatro para niños con el títere, y sus diversos formatos y estéticas, como protagonista.

Nacimiento: las luces del día del Teatro Yarabey

El 17 de mayo de 1959 los hermanos Arturo y Carlos Ricardo fundaron el Teatro de títeres para niños Yarabey –en voz aborigen “luz del día”–, creando así la primera compañía teatral que se gesta después del triunfo revolucionario en la ciudad y pilar del actual Guiñol de Holguín. Aunque hoy no se encuentra en activo por problemas de salud, Arturo Ricardo, uno de los fundadores del entonces Teatro Yarabey, cuenta con más de 37 años dedicados al arte de los títeres en la provincia, una impronta que no ha sido estudiada y que se va perdiendo, inexorablemente, con el paso del tiempo: “El Guiñol de Holguín se funda por iniciativa del director de Cultura, Silvio Grave de Peralta. Después del triunfo de la Revolución inician las primeras actividades culturales, entonces mi hermano y yo nos presentamos, y allí hicimos imitaciones de voces, humor teatral, y otras cosas. A Silvio le interesó mucho las voces que hacíamos, voces de niños, viejos, animales… que formaba parte de un programa que teníamos montado. Entonces nos dijo que él tenía pensado crear un proyecto y ya que nosotros teníamos esas cualidades de hacer voces podríamos hacerlo… Nos dijo que crearía un teatro de títeres para los niños, pues aquí no había nada parecido, solo el cine con las películas de Tarzán y otras más de entonces”, comenta Ricardo.

 

Lo que hoy conocemos como Teatro Guiñol de Holguín sufre por largos años las mudanzas y fusiones con otros proyectos de la provincia. En la aun inédita cronología cultural de Holguín, realizada por el investigador Zenovio Hernández, se sitúa la culminación del primer curso de Instrucción del Teatro el 4 de noviembre de 1963, y además, refiere del inicio del cursillo de teatro de títeres impartido por Arturo y Carlos Ricardo, el 4 de abril de 1964, en los estudios de la emisora provincial CMKO Radio Angulo. Los hermanos Ricardo se mantienen trabajando solos en Yarabey hasta 1965, cuando incorporan alumnos de secundaria básica y forman una brigada artística que actuaba dentro y fuera de la ciudad. Con esta brigada montaron obras de payasos, cuentos con muñecos y actores con máscaras: Las bodas del ratón Pirulero, La bruja que no era bruja y El hacha de oro.

Desde 1972 –fecha que marca el aniversario del Guiñol pues pasa a la categoría profesional– hasta 1983, asumió la dirección Felipe Betancourt del Río, quien contribuyó notablemente a la preparación del elenco, cuestión que conllevó a la calidad artística de muchas de las obras: Para reír y aprender, Lo que nos cuenta Din Don, La paloma Blanquiperla, Un día en el zoológico, De cómo la astucia venció al perro jíbaro, Las tres semillas, El conejo valiente, Armandito y las vacaciones, El rey del corral, Felo Jutía y El perro burlón.

En 1983, tras el fallecimiento de Betancourt, la dirección del Guiñol pasó por un período inestable hasta 1991: Alejandro Hiralda, Armando Vielza, Rubén Mulet, Gilberto Gil y Marisela Espinosa, estuvieron al frente de la compañía en una época donde el teatro de títeres en Cuba se caracterizó por su marcado carácter didáctico y el reflejo de matices sociales, apoyado en adaptaciones de cuentos populares clásicos e historias cubanas, ubicadas, en su mayoría, en la campiña insular y sus delimitaciones. En esta nueva etapa presentan obras como Quién puede más, El conejito Blas, El pájaro feo, La cucarachita Martina, El cocodrilo Tato, El caballito enano, Pedro y el Lobo, Un día en el teatro (Premio en guion en el I Encuentro Nacional de Guionistas de Espectáculos Infantiles, en 1986), El león hambriento y El chivo patijovero coliamarillo, obra que obtuvo el Premio en la categoría de música en el Encuentro Territorial Profesional de Teatro Infantil, en Ciego de Ávila, 1983, por el trabajo de Maricela Miranda, asesora musical del Guiñol desde 1982 hasta 2013.

Años de esplendor, la estética de Miguel Santiesteban

En 1992 asumió la dirección del grupo, por breve tiempo, la instructora de arte Grecia Lemus, y luego Marisela Espinosa hasta 1993, año en que el grupo se fusionó con Talismán, dirigido por Ángel Cruz. Ambos elencos acuerdan que Talismán sería un proyecto dentro del grupo fundacional; luego continúan trabajando con el nombre de Girasol. En esta etapa representaron piezas que caracterizarían nacionalmente el trabajo del Guiñol de Holguín: La Caperucita criolla, dirigidas por Ángel Cruz; Pelusín frutero, Un rayito de sol, La calle de los fantasmas, La muñeca de trapo y El sol negro, dirigidos por Miriam Suárez, pieza que obtuviera en 1997 el Premio de la Ciudad de Holguín en Teatro en mano de los actores Marisela Espinosa y Mario Brito; y Los sueños de Verdolina, unipersonal de Marisela Espinosa, Premio de la Ciudad 1999 en actuación femenina, entre otras.

En 1998 asume la dirección artística Miguel Santiesteban, hasta el 21 de marzo de 2012, fecha de su fallecimiento. Bajo su dirección se abren nuevos y amplios horizontes en el teatro de títeres en Holguín, imprimiéndole mayor fuerza profesional con la línea espectacular y el trabajo con esperpentos en calles y teatros. Así se pusieron en escena obras clásicas en el repertorio del Guiñol: La cucarachita Martina, Historia de una muñeca abandonada (Premio de la Ciudad 2000, en actuación femenina, a Magali Mola), Sancho Panza en la Ínsula Barataria, obra del español Alejandro Casona, Espantajo y los pájaros, El chivo patijovero coliamarillo, El majá de Santa Manigua, El Conejito Blas, Las tres semillas, Galápagos, del holguinero radicado en México Salvador Lemis (Gran Premio del Festival de Teatro Máscaras de Caoba 2008, y Premio de la Ciudad 2009 en actuación femenina a Dania Agüero), El Ogrito, de la canadiense Suzanne Lebeau, y La calle de los fantasmas, del argentino Javier Villafañe (1909-1996). Quizá sea esta la obra más premiada del colectivo holguinero: Premio de la Ciudad 2002 en manipulación; Premios Avellaneda en actuación masculina y femenina, a Dania Agüero y Jorge del Valle, respectivamente, y en diseño a Karel Maldonado, en el Festival Nacional de Teatro de Camagüey, en 2002. Además, el Premio Caricato 2003 en actuación masculina y femenina, a los mencionados actores y los Premios en el Festival de Teatro para niños y jóvenes (Guanabacoa, 2003) en manipulación colectiva, música y diseño, así como los premios especiales de la revista Tablas, de la Unión Nacional de la Marioneta (Unima) y de la Asociación Internacional de Teatro para la Infancia y la Juventud (ASSITEJ). Por estos años el Guiñol realiza, además, una gira por México donde muestra parte de su repertorio.

Según Martha Proenza, actriz del antiguo bloque dramático del ICRT en Holguín y miembro del Guiñol desde 1982: “El problema recurrente que impedía una mejor concepción ideoestética del colectivo, recaía en que ninguno de los que habían dirigido espectáculos en aquella etapa eran egresados de escuela, sin formación académica. Se viene a concretar un cambio positivo cuando dirige Miguel Santisteban y con los diseños de Karel Maldonado. Una estética más encaminada a la calle y al público todo que lo potencia”.

Cuenta, por su parte, la actriz Dania Agüero Cruz, hasta hace poco directora del Teatro Guiñol de Holguín, que cuando ella se incorpora a trabajar en 1999, se acerca al experimentado Armando Vielza, actor, director, clown y realizador de sonidos en la radio: “Enseguida me acerqué a él para tratar de alimentarme de su experiencia y tratar de aprender. Armando Vielza cuenta, además, con un carisma especial para el clown. Su payaso era el auténtico payaso de circo. Un payaso diferente al que nosotros tuvimos como línea de trabajo. Desarrollaba situaciones, dentro de otras situaciones, y ahí armaba su historia”.

De aquellas propuestas comenta Vielza: “Lo espectacular primaba en nuestros montajes, así como el espectáculo de calle y la luz negra como líneas ideoestéticas. Dejamos de usar los títeres atrezados, y adoptamos a los títeres de telas rellenos con polietileno o esponja”. Añade que en el proceso creativo de Santiesteban, “la creación colectiva marcó la línea de dirección del grupo; Miguel seleccionaba las mejores ideas y las ponía en función de su idea como director. Él introdujo la espectacularidad y se amplió el uso del esperpento en espacios abiertos, la luz negra, con el uso de los títeres de piso, asesorados por mí. Maricela Miranda, Maricela Espinosa, Martha Proenza, continuaron con nosotros. Al paso de los años se incorporan nuevos actores y actrices: Dania Agüero, Migdalia Albear Camejo, Roberto Cera, Yuder Ortega, entre otros más, que llegaron después que salí del colectivo”.

Al respecto nos contó el maestro Armando Morales, Premio Nacional de Teatro, cuando visitó Holguín invitado a la Fiesta del Títere, organizada por el Guiñol holguinero: “Yo recuerdo que una vez fui jurado del Premio de la Ciudad en Teatro, y en el aspecto del teatro para niños y de títeres se le dio el Premio a Maricela Espinosa, que era una actriz de primer nivel. Después, con la renovación y la llegada de Miguelito Santiesteban, que fue alumno mío en el Isa, los espectáculos que montó en el Guiñol, con la imagen de Karel Maldonado, uno de los grandes diseñadores del teatro de figuras, aunque no se diga, llevaron a esa especialización que es el teatro de figuras, a un momento de gran envergadura para el arte y la cultura teatral, sobre todo la cultura que tiene que ver con el títere”.

El extraño caso…

Tras el fallecimiento de Miguel en 2012, el Guiñol continúa trabajando en la puesta en escena que el director dejara adelantada: así se estrena Ruandi, obra del dramaturgo Gerardo Fulleda León, como homenaje a su dirección artística y su legado. Asume la dirección Dania Agüero y estrenan Payasoñar (Premio de la Ciudad a la mejor puesta en escena en 2014) y Los tres cerditos. Igualmente continúan representando obras conocidas dentro de su repertorio, siguiendo la estética de Santiesteban y el trabajo de otro imprescindible para el grupo, Javier Villafañe. Las sonrisas agradecidas de los niños en cada función, aseguran ellos, es el mejor premio posible al esfuerzo y la creación artística teatral.

Dirigido por la joven actriz Karel Fernández, estrenó recientemente El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, de Salvador Lemis, puesta que se presentará en esta edición del Teatro Joven. Hoy el Teatro Guiñol de Holguín es uno de los colectivos teatrales con una importancia medular en el escenario teatral holguinero y el arte titiritero en sentido general: sus 50 años en escena y la realización de la Fiesta del Títere, evento que protagoniza cada año con el objetivo de llevar a las comunidades holguineras y al público variado, el teatro infantil y el arte titiritero en sus múltiples resonancias y estilos, lo demuestran con significativas creces. Enhorabuena, entonces, el hermoso y útil arte del Teatro Guiñol de Holguín que celebra sus cinco décadas entregado al arte del títere.

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HISTORIAS DE VUELOS, MEMORIAS Y SUEÑOS

Por Liset Prego

Fotos Wilker López

¡Prohibido venir solos al teatro! Aquí hay que llegar en tribu, traer a la familia toda y observar, escuchar, sentir atentos cómo se deshojan las margaritas en la escena cuando el Teatro Guiñol Guantánamo trae estas Historias de muchachas complicadas.

Contemple la danza de los símbolos, cuelgan en el telón de fondo objetos, sustantivos abstractos que se concretan en el gesto, en el acto, pero remiten al vuelo, al sueño, al recuerdo.

Desde la llegada a la sala vemos sobre las tablas a tres protagonistas femeninas, tres actrices que manipulan muñecos y aprovechan los recursos que el ingenio de este talentoso equipo ha puesto en una escena que se transforma a la vista del espectador, y que se articula al relato basado en un texto de Eldys Baratute, Deshojando margaritas, para narrar lo que se resiste a pasar inadvertido, darle forma, colores, un sentido a las angustias, soledades, preocupaciones que, a veces, parecen solaparse ante la idea de que un niño o un adolescente no tiene ansiedades, que estas son patrimonio exclusivo de los mayores.

Ante nosotros aparece un actor que remarca las esencias, aquello que no debe perderse de vista, el ícono que irradia sentidos plurales al relato, si se quiere el hilo conductor, la brújula: un atrapasueños, un cohete de papel, un cuaderno…

Palmira es sonámbula y su historia es un canto a la libertad, a escuchar el silencio, a interpretarlo. Palmira insta a los adultos a respetar los desvelos de las infancias, a permitir el diálogo, a desechar las jaulas que la sobreprotección arma sobre la libertad individual de cada niño o niña.

Llama la atención cómo por el temor de la pérdida terminamos abandonando aquello que buscamos atesorar. Bien lo aprenderá la madre que, bajo su falda, intenta resguardar el sueño inquieto de una hija que ha inventado un mundo más allá de la vigilia donde reencontrar a los ausentes, donde invocar afectos perdidos.

Cuando marcharse para velar el descanso de la madre es un símbolo demasiado fuerte para dejar de estremecerse, vuela Palmira y deja un regusto que invita a abrazar, a abrir la jaula, a respetar el sueño.

Entonces llega Alicia, y se habla de identidad en su historia. Es un juego de espejos el suyo, el de ver un reflejo otro, el de reconocerse distinta a como quieren los demás que sea. Alicia también quiere escapar, y lo hace hacia el interior, en un viaje introspectivo, va como aquella otra Alicia, hacia el espejo, donde puede verse tal como quiere, asumirse, ser. “Te regalo el nombre que me gustaría tener”, le dice a quien desde el otro lado tiende un puente entre su realidad y su deseo, y lo llama Álex.

Ahora es Aitana la que entrega su historia. Su memoria se ha tomado el día libre y ella debe descifrar cuál de los niños del aula es su novio. Nada recuerda, y las margaritas, lo sabrá tarde, pueden ser engañosas. Aitana es romántica y sueña con idílicos amores. A muchos adultos les vendría tan bien usar su memoria y recordar aquellos primerísimos amores, platónicas cuitas que emergían cuando florecer era el único encargo dado al alma, esos años puente entre la niñez y la juventud: la pubertad convulsa y hermosa, intensa e inolvidable (aunque aquí Aitana no pudiese contar con sus recuerdos).

Hay una delicadeza en esta puesta, una forma de abordar temas tabúes, o poco frecuentados por las obras de teatro donde los niños son público meta, especialmente memorables. Persiste en la representación una voluntad estética que remite a la belleza entendida como la transparencia en el abordaje temático, en la honestidad de los símbolos, que no espanta, sino que invita a replantearse miradas a lo cotidiano. Y otorga la música un caudal de sensaciones que nutren el discurso visual; es sinestesia. En Historias… nada es gratuito.

Las soluciones escénicas que propone el Guiñol Guantánamo, bajo la dirección artística de Yosmel López, dan valor plural a un mismo objeto para reconfigurar la escenografía y arman un eficaz texto (entendido como todo aquello de lo que se pueda realizar una lectura, en tanto código impregnado de significados), que va calando, con sutileza y poniendo allí, en el espectador, una semillita que conduce a la reflexión, una simiente que puede germinar en margarita o en la comprensión de estas Historias de muchachas complicadas que lo son más, acaso, por la incapacidad de algunos de ver, de entender o recordar cuánto necesitan las infancias oído atento, abrazo seguro, acompañamiento respetuoso, libertad, sustantivos abstractos que edifican amor.

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JUGANDO CON RECEPCIONES, IMAGINACIONES Y SECRETOS BAJO LA LUNA

Por José Rojas Bez

Fotos Facebook de La Chimenea

Cuando hay inventiva y sensibilidad, hay siempre buenas posibilidades para el teatro, y para todo arte, sin necesidad de contar con grandes recursos escénicos ni actorales. Por supuesto, aquí “grandes” se refiere a cantidad porque “grandes” en calidad si han de ser, no pueden escasear.

Bastan dos o incluso un actor, algún pequeño escenario, algunos pocos “mecanismos” (muñeca, fuente con agua, algodón…) y, eso sí es imprescindible, una considerable dosis de imaginación y creatividad para lograr una auténtica “obra escénica”.

Lo de “obra escénica” es un concepto que también hay que remarcar como susceptible (y conveniente) de consideración en su más amplio sentido, porque claro que en Secretos bajo la luna, del grupo La Chimenea, hay “escenario” (basta que haya un actor, es decir, un ser en movimiento dirigido a la expectación para que haya espacio escénico, creado por este mismo ser) aunque no el escenario de la más tradicional edificación teatral.

Con imaginación, basta un pequeño rincón para un complejo escenario de danza y riesgosas contorsiones nocturnas, y otro pequeño, al fondo, para los auxilios convenientes.

También está, ya mencionado, el factor “espectador”, porque toda obra teatral (toda obra escénica y, en fin, toda obra de cualquier arte o espectáculo) quiere tener espectadores y, como se sabe, al menos una mayoría de ellas quiere muchos espectadores, si es posible una ingente cantidad de espectadores en cada momento; pero muy pocas son las que, como esta, más que simplemente conformarse, quieren… y les conviene tener… un solo espectador.

Cuenta mucho la calidad de este receptor; no ya que sea buena o mala calidad como tal, no hay por qué enjuiciarla y catalogarla, sino sus diversas posibilidades, “calidad” como sinónimo de “cualidad”, es decir de modalidad porque se exige y juega bien con las perspectivas y distinciones con que el “espectador” asuma lo que muestra “el escenario”.

Economía de recursos, pequeño y nada convencional escenario, soledad del espectador y perspectiva de recepción, entre otros factores donde importan mucho la música y las luces; todo ello aparece muy bien confabulado bajo la dirección artística de Heidy Almarales.

Como quiera que se asuma, o sea, cualquier clase de receptor y cualquier perspectiva de recepción (incluso una variable u oscilante en cada momento); el espectador llegará a ofrecerse como “participante” de un espectáculo que puede muy bien asumir como el espacio personal de una danza erótica desde una barra a una piscina, pecera o un lago según imaginaciones (y el nivel de erotomanía y necesidades) o como un juego irónico y burlesco (no nos atrevemos a llegar hasta la enunciación de lo “farsesco”, aunque no impugnaríamos a otro que lo hiciese) de tales clases de “distracciones y placeres”, nivel de suave y sutil comicidad que depende, por supuesto, del humor del espectador particular.

También puede recepcionarse, como se hace con el guiñol o las marionetas, con el doble juego, doble perspectiva de muñeca y personaje: la excelencia del medio–muñeca y la excelencia del personaje construido.

De cualquier manera el resultado es placentero, ya sea que el espectador asuma irónicamente la sensual y atrevida danza de una muñeca vicaria (y la esbelta e impresionante figura de quien la manipula) o ya sea que el espectador (u otro espectador) se transporte e imagine en un erótico salón, aspirante a ulteriores servicios ya nada “espectatoriales”.

Para ambas recepciones cuenta también como auxiliar el “vino”, estimulante de sentidos y recordatorio de lugares, porque cualquiera de los espectadores podrá disfrutar, no como simple espectador sino como espectador–participante una copa en la mano para algunos sorbos de vino.

Sobraría decir, dígase de todos modos, que tal clase de propuestas implica no solo la buena manipulación de los “artefactos” mencionados, sino también de las luces adecuadas y una canción que favorezca tanto a la atmósfera general de la “representación” como, muy en particular, los movimientos de la bailarina. Jazz, blue, blue-jazz… “Sky Criyng” de Coleman es idónea.

Haber visto Secretos bajo la luna significa el disfrute de una propuesta creativa que ha sabido realizarse con precisión y buen juicio, manejando elementos mínimos pero altamente sugestivos, capaz de mover diferentes ánimos valiendo para cada uno de ellos y siempre favorecedora del suave placer propugnado por la poética horaciana, mejor que la chabacana risotada de empresas menos refinadas.

Cinco minutos de canción, cinco minutos de vino, cinco minutos de bailarina sensual, cinco minutos de introspección sobre uno mismo, cinco minutos de humor o ironía, cinco minutos de admiración por el juego ofrecido a vista, oídos y gusto, cinco minutos de participación… significan un completo juego y rejuego que, inspirado y realizado mediante el teatro, alcanza más allá del teatro estrechamente entendido.

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SOBRE CÓMO SEMBRAR

Por Nelson Beatón

Fotos Adrián Aguilera

El Festival de Teatro Joven de Holguín comienza, luego de dos años de intermitencia, de sinsaber. La sala Alberto Dávalos se oscurece para dar paso al nacimiento del Bonsái. El espectáculo se estructura desde la poesía: “Nido de aura”, poemario inédito de Juan Edilberto Sosa, es quien da pie a la obra, desde donde se comienza a construir el lenguaje escénico.

Es Bonsái “matriz de otros procesos creativos que superan lo teatral (exposiciones, videoarte)” para luego reformarse, escapar de lo epidérmico que puede llegar a ser el gesto sobre la escena, a veces. Existe un texto escénico que se reforma, el performance teatral, si se quiere llamar así, es pie y prueba de fuego para cada actor que llega a formar parte del colectivo santiaguero de La Caja Negra; asimila sobre la escena nuevas coreografías, gestos que deforman al propio ejecutante, quien solo cuenta con el cuerpo como arma narrativa sobre la escena. Bonsái se vuelve una búsqueda que traspasa la naturaleza de los actores; busca, dice Juan, destruir el ego del autor, preparar un espectáculo único donde los personajes interpretan una pluralidad de personajes frustrados por la no evolución de la sociedad. La función 71 del espectáculo se reinventa en este Festival.

Es eso lo que busca el teatro de La Caja… volver a dialogar con el público, volverse una mueca desde lo heterogéneo, desde el gesto puro, el espectador debe ver por los actores que “no ven en escena y se debaten en esa lucha casual, simbólica”. Más allá de contar una historia intentan decodificar ideas donde se debe “morir con el cubo en la cabeza” e instituir la permanencia. “A través de los capítulos podemos apreciar un ciclo perfecto en el cultivo del bonsái. En este contexto, el bonsái representa al individuo como resultado de los moldes sociales, el individuo que es un bonsái también es un cultivador de bonsáis, es responsable por multiplicarse.

El escenario está repleto de cubos, se utiliza la reiteración de objetos como componente estético, los elementos de la puesta yacen sobre el escenario por alguna razón, primero crear el jardín, luego hacer del jardín el gran proyecto. Todo esto es interpretado por actores que no conoceremos jamás. Actores sin rostros, con no más identidad que la ofrecida por la obra…

Nunca sabremos a quien le regalamos nuestros aplausos por tan hermosa obra tras la imagen final. Aquí está el tratado contra el ego…[1]”. Entonces la obra es un tratado de estrechamiento de relaciones sociales donde la referencialidad es prácticamente obligatoria para establecer un diálogo consciente con la escena. “Bonsái es una obra difícil de hacer y de consumir. Si las puestas anteriores hacen dudar al espectador sobre las nociones de teatro y teatralidad, en esta obra el espectador se paraliza, hace malabares con los conceptos y los principios pre-establecidos que utiliza para ejercer la interpretación[2]”.

La Caja Negra es un nuevo sino en el teatro joven cubano, busca crecerse dentro de las viejas y nuevas generaciones y planta un bonsái que no requiere poda, nos regala una lección sobre cómo sembrar la verdad.

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RESCATE A FAVEZ

Por Anyi Romera

Fotos Wilker López

Una mujer no necesita esforzarse para ser médico, para superar la muerte, para ser un hombre. Una mujer no necesita esforzarse, pero si ser más fuerte que cualquier otra mujer que prefiera tejer y estar sentada sonriendo. Una mujer, entonces, necesita ser fuerte para interpretar a esa otra mujer fuerte que fue médico y que fue hombre.

Enrique es un él, aunque en su acta de nacimiento –y en su cuerpo– se diga lo contrario. Enrique tuvo que enfrentarse a los males de su generación, que son los males de mi generación. El espectáculo unipersonal Favez, propuesto por Argos Teatro bajo la dirección de Alberto Corona, trae a Enrique tal cual fue, y sin morbo, lo deconstruye en escena contándole al público (o a un oyente imaginario) toda su vida.

Enrique, interpretado por Liliana Lam, espera todo el tiempo. Espera a que Juana regrese con la noticia de que nadie levantará cargos contra él por haber nacido mujer y vestirse como hombre; llueve. La noticia que llega es que Juana lo ha acusado. Espera sentencia en una cárcel, se superpone el juicio. Recibe 10 años de condena. Aparece en una prisión en la que no debería estar. Como si no fuera suficiente estar presa en su cuerpo. Veintidós años después Enrique es de nuevo Enriqueta. Es monja. Ahora Enrique-ta espera regresar a Cuba. Regresar a Juana. Se cierra el ciclo. Juana ha muerto y Favez se queda en el bucle de la espera interminable. De la pérdida interminable. Él perdió a sus padres, a su hija, a su tío, a su amada. Queda el dolor, que es lo que deja la escena. Proyecciones y parlamentos en off complementan el desenvolvimiento del monólogo. Faltó una catarsis arrasadora. Sobró sensorialidad y conexión propiciada por el rompimiento de la cuarta pared.

Alberto llama a Lili. Lili sale aún emocionada. Me cuenta que retoma la historia de Enriqueta porque no es posible que, doscientos años después, se luche por lo mismo, que ya es hora de que todas las personas tengan los mismos derechos. Alberto y Liliana son pareja, escribieron el texto a cuatro manos encandilados por la magia de Favez. La investigación se basó en el libro Por andar vestida de hombre, de Julio César Pagés, que cuenta con documentación la historia. “Ella es uno de los primeros casos transgénero reconocidos. Es como un símbolo. Es nuestra misión como artistas obrar en pos de una sociedad más justa”. Lili es una mujer fuerte que interpreta a una igual, en una especie de rescate de su memoria, de la espera porque algún día Enrique pueda ser Enrique y no muera en el intento.

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UNA RENOVADA COMEDIA A LA ANTIGUA

Por José Rojas Bez

Fotos Wilker López

A partir de una pieza teatral de Aleksei Arbuzov, el grupo santiaguero Teatro A dos manos propone situaciones dramáticas, personajes, acciones y conflictos arraigados en la tradición escénica que, desarrollada desde el siglo XIX y básicamente apoyada en la dramaturgia stanislavskiana, ha sabido recorrer los siglos con éxito.

Reconocemos no haber tenido nunca la oportunidad de sentarnos ante la puesta en escena de una obra de Arbuzov, manteniendo solo nociones referenciales de este autor. Sí hemos tenido la buena suerte de hacerlo ante obras de Chéjov, diversas y con montajes asimismo muy variados (además, por supuesto, de las que nos ha ofrecido el cine que, claro, no es lo mismo).

No sabemos en qué medida exacta Chéjov influyó en Arbuzov, aunque no cabe duda de que la huella chejoviana ha impregnado todo el escenario ruso que le sucedió. No solo el ruso, sino el de todo el mundo. Y, además, también se conoce el gran prestigio y el perenne regusto que Chéjov ha hallado siempre entre cubanos, entre los teatristas y los cinéfilos (aunque se vuelve a decir que no es lo mismo). No queda al margen, para nada, todo lo contrario, también el regusto e influjo por la cuentística chejoviana.

Todo ello hace que nada extrañe el sabor chejoviano de la puesta en escena de Comedia a la antigua, dirigida y con adaptación textual a manos de Orlando González y actuada por Dagoberto Gaínza y Nancy Campos. Pensamos en muchas obras, incluyendo Tío Vania, pero más aún en La Gaviota y la cuentística de este autor, La dama del perrito, por ejemplo.

Los comentarios sobre Arbuzov y Chejov son, en este caso, más bien circunstanciales y motivadores para otras reflexiones, quizás aquellas interesadas en autores, influjos entre ellos, adaptaciones y vaivenes entre una u otro obra.

Lo que nos interesa comentar aquí se centra en el mundo de imágenes escénicas que se produce, de hecho, en nuestra expectación de esta puesta en escena muy concreta; y, aunque seguimos manteniendo el comentario sobre su sabor chejoviano, lo hacemos para recalcar precisamente eso que Chéjov tiene de universal, en tiempo y espacio –su mundo de personajes, sentimientos, situaciones y desenlaces o no desenlaces, tan lleno de matices e impresiones conceptuales y sensoriales–; ese influjo del cual, más bien que renegar, cualquier dramaturgo puede sentirse orgulloso siempre que sepa recrearlo, renovarlo, hacerlo auténticamente propio también, como ocurre ahora con este ofrecimiento del grupo Teatro A dos manos.

No cabe duda de las –una vez más luego de miles– excelentes actuaciones de Gaínza y Nancy, capaces de construir con la mayor precisión y sugestividad sus personajes. En alguna medida también, aunque ya no tanto –le llevará aún algún tiempo alcanzarlos, si lo quiere así– la de Orlando González, cuyas intervenciones como narrador- introductor e irrupciones esporádicas en similar función, incluyendo la de cantor, resultan en verdad eficaces y bien concebidas, conceptual y enriquecedoras de una dramaturgia que, sin dejar de ser básicamente stanislavskiana hace muy buenos guiños a dramaturgias del siglo XX, como la más irónica del absurdo.

Una fábula de conocimiento, descubrimientos y amor entre dos seres maduros, hombres y mujer ya entrados en años y llenos tanto de frustraciones como de sentimientos y necesidades afectivas; atrae por su calidez y autenticidad. Una historia de auto-descubrimiento, descubrimiento del otro, confesiones de debilidades que serán superadas, así como de florecimiento de lo más noble de cada uno y nacimiento de amor; se desenvuelve con eficaz ligereza y gracia a pesar de cuan tormentosas pudiesen ser las emociones imbricadas.

Por ello hay que elogiar el logro de un idóneo ajuste de lo cómico, de esa suave comicidad, quizá más a menudo ironía, que se sostiene de principio a fin.

Sin duda, la pieza ha sido bien concebida y realizada, no solo en cuanto se refiere a fabulación y actuaciones, incluyendo su estructuración con intervención tercera del referido narrador y cantor desde fuera y desde dentro del escenario; también en la labor de vestuario, maquillaje, de general caracterización –en el mismo juego de transformaciones y pérdidas de velámenes– donde las luces y la escenografía se conjugan muy bien a favor de la totalidad de la imagen escénica.

Al final, Comedia a la antigua ha ofrecido una excelente fábula tan actual como antigua –los seres humanos de ayer y hoy–, de interioridades conflictivas y nuevas esperanzas, de transformaciones hacia el amor y la autenticidad, de justa comicidad moduladora de frustraciones y anhelos, de romántica y moderna ironía, con actuaciones francamente disfrutables y siempre bien logradas imágenes teatrales.

[1] Cita del programa de la obra Bonsái.

[2] Ídem.


Teatro Joven mira por dentro

Una mirada por dentro a la escena cubana, los derroteros de la dirección escénica y la experiencia de noveles directores centró la segunda jornada teórica del XII Festival Nacional de Teatro Joven que se desarrolla en la ciudad de Holguín del 27 al 30 de marzo, dedicado al 110 aniversario del natalicio de Virgilio Piñera y a los 50 años del Guiñol de Holguín.

El dialógo que se produjo desde la intimidad y aires bohemios que genera el Café Abrevadero en la sede de la Asociación Hermanos Saíz tuvo entre los panelistas a los directores Heidy Almarales, de La Chimenea, Karelia Fernández, del Guiñol de Holguín, Juan Edilberto Sosa, de La Caja Negra, el dramaturgo Raúl Bonachea y Pedro Franco, de Teatro El Portazo.

Explorar nuevos caminos que logren una sostenibilidad de las producciones artísticas, los códigos que hoy se manejan desde las dramaturgia, las necesidades de consumo y nuevas estéticas fueron algunos de los temas objeto de reflexión por los artistas que asumen la responsabilidad de desarrollar el teatro cubano.

Pedro Franco, quien impactó a los holguineros hace apenas un mes con su propuesta “No puedo, tengo ensayo” comentó que cualquier búsqueda entorno a generar formas de financiamiento deben partir desde lo poético y es su responsabilidad, vista desde lo individual y colectivo, pensar y construir el teatro que se va a visualizar en Cuba en unos 20 años.

De igual modo Raúl Bonachea apuntó la importancia de generar espacios de intercambio entre directores, fuera del Festival incluso, que los ayude a nutrirse de las experiencias profesionales de cada uno más allá del simple disfrute como espectadores de ese quehacer escénico.

Mientras que Juan Edilberto Sosa destacó como otro aspecto a tener en cuenta en el sostenimiento del repertorio, la circulación de las obras más allá de los circuitos teatrales y la legitimación de la crítica, pues estas deben poder llevarse también a los barrios donde está ese público que comúnmente no tiene un intercambio directo con el Teatro.

El teatro de títeres ocupó otro de los momentos del debate y de la jornada de este martes ya que en el horario de la mañana fue repuesta la recién estrenada obra “El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres” con la cual el Guiñol de Holguín celebra medio siglo de arte titiritero y La Chimenea, de Camagüey realizó el work in progress “Secretos bajo la luna”.

Del proceso de montaje de estos espectáculos conversaron Karelia Fernández y Heidy Almarales, esta última precisó que la puesta dirigida a un público joven y adulto es coherente con su visión del títere ya que el encanto que tienen para ella los muñecos es, justamente, su capacidad para proyectar un mensaje al espectador.

 

Posteriormente se presentó la Revista “Tablas Alarcos” y los textos “Destino Cuba”, de Freddys Núñez, “Porno o fermentar la carne con más carne para que sepa mejor”, de Juan Edilberto Sosa, “La caída”, de Raúl Bonachea y “Primavera en vano” de Abel González Melo.

Para esta noche la invitación es a disfrutar de “Comedia a la antigua”, de Teatro A dos manos bajo la dirección general de Dagoberto Gaínza, Premio Nacional de Teatro 2021 en la sala Ismaelillo y en la Alberto Dávalos “Historias de muchachas complicadas”, del Guiñol de Guantánamo.


Desde la tierra donde también se produce la caña

Conmovedor, profundo, diferente, jovial. Así puede denominarse con los términos más cardinales a La tierra que produce la caña, el espectáculo con que se celebró una vez más en Vueltabajo, el Día del Teatro Cubano.

Tal como se conoce, esta jornada se instituye en la década del ochenta, específicamente en 1980, como espacio para reconocer la valía de la gestación constante de nuestra escena y el mérito de sus creadores, pero también como recordatorio a quienes perdieron sus vidas un 22 de enero de 1868 al asistir a la función de Perro huevero, aunque le quemen el hocico, de Juan Francisco Valerio.

La obra, puesta por los Bufos Caricatos, poseía en su discurso elementos incendiarios muy incipientes, pero que junto a los motivos que se adjudican a su presentación–recoger fondos para la causa patriótica cubana– hicieron que el cuerpo de voluntarios al servicio de la Metrópolis, entonces la Corona Española, arremetieran contra el público que asistía a ver Perro Huevero…

Hasta la fecha no se tiene datos precisos sobre la cantidad de muertos resultantes de la ola de proyectiles que atravesó el edificio de madera donde se puso la obra de Juan Francisco Valerio. Tampoco se tiene datos de los que murieron alrededor o en días sucesivos de la función ofrecida en el teatro de Villanueva. Lo cierto es que aquel hecho cubrió de luto a Cuba.

Hijo de la re visitación de ese dolor colectivo que engendró resistencia, del gesto iconoclasta de aquellos teatreros decimonónicos que llevaron hasta el punto máximo la defensa de sus verdades más legítimas, La tierra que produce la caña[1], bajo la dirección artística de Dorys Méndez y texto de Irán Capote, sin temor a decirlo, es uno de los espectáculos que, al menos en el rango de una década[2], se ha gestado con mayor calidad y profesionalismo en nuestra provincia en torno a los sucesos del Villanueva.

Los principales méritos en los que se sustenta son su solidez conceptual, su amplia claridad propósitos, sentido del momento y del espacio para el que se concibe.     

Una pieza teatral con todas las de la ley, La tierra que produce la caña, se manifiesta con muchas ganancias. Es agradecible que no se haya compuesto a la manera de alguna de esas pacatas galas formales, de esas revistas musicales que hemos padecido en Vueltabajo; donde es previsible el orden de las intervenciones artísticas, en que el alto grado de improvisación o lo trillado del repertorio restan mérito y respeto a la fecha en que está de fiesta nuestra escena.

La tierra que produce la caña, como texto espectacular, es sólido, con un lógico desarrollo, tramado a partir de una estructura de teatro dentro del teatro que asiente la inevitable necesidad de pensar el aquí y ahora de nuestra realidad social y sobre todo escénica. 

Con relación a esto último, establece un diálogo sensible con su referente principal para la fecha, Perro huevero…. Pero no se comporta como una recreación de esta obra. Sus propósitos tienen otro vuelo intelectual. Más que desempolvar el discurso de la pieza de Juan Francisco Valerio, lo revisa y trasciende. Establece, dado que parece ser su real propósito, analogías contundentes entre el contexto de enunciación, las causas-efectos que rondaron la puesta en escena Perro huevero… y el ahora donde surge, que aborda La tierra….

Y de algún modo el texto que Irán nos lega consigue borrar distancias entre siglos, logra sentar bases, alertas sobre circunstancias que todavía no hemos superado en diversos planos en nuestro entorno existencial. 

Así pues la evocación de la memoria histórica se convierte en pendón para el debate de aspectos medulares como la posibilidad del libre albedrío creativo, el respeto a la obra del artista, la necesaria relación institución-creador, la perentoriedad de romper esquemas, fórmulas que lastran la praxis artística. Desde estos nortes, La tierra que produce la caña se expande y agiganta. 

Pero los logros escriturales de La tierra…., no sólo se basan en sus planteos, sino también en los lúcidos vericuetos de los que ha participado en pos de consolidarse como un organismo vivo.

Aquí es importante reconocer que La tierra… arma sus entrañas a partir la coexistencia de lo más logrado de la tradición escénica nacional y lo más meritorio de la práctica teatral pinareña contemporánea. Rescata y acoge en su corporalidad a personajes esenciales de la herencia teatral como lo son el negrito, la mulata y el gallego. Del mismo modo, reactiva resortes creativos como el choteo, la ironía, el sarcasmo, la parábola, que han modelado el físico de nuestra escena durante más de dos siglos y que en esta puesta escénica son nuevamente eficaces para generar procesos reflexivos.   

Al mismo tiempo, mientras revitaliza nuestra tradición, sin jerarquías y armónicamente conectadas, da cita en escena a diversas estéticas (teatro de títeres y dramático, ballet, mimo), personajes y situaciones provenientes de espectáculos que han sido hito en la escena vueltabajera. Toda esa vorágine, todo ese material atómico, lo hilvana coherentemente, borrando distinciones y conformando una fábula teatral con identidad única.

Así, desde esta hibridez, surge informal y seriamente a la vez La tierra que produce la caña no en la sala principal, sino en “La Piscuala”, el patio lateral del Teatro Milanés. Aquí la acción escénica fluye con desenfado, desplazándose rápidamente a los disimiles planos de representación. De manera que no hay tiempo para el vacío ni lugar adonde el espectáculo no llegue tórrido.

Uno de los detalles que posibilitan esto son las distintas entradas y salidas, la presencia y relación directa que sostienen los actores con el público. Una relación que, de la forma en que se ha concebido, se experimenta cálida por su intimismo y a la vez potencialmente efectiva; ya que involucra a los espectadores en la acción escénica, los hace partícipes de un gran espectáculo que aborda sus propias existencias cotidianas. No podría ser la puesta más positivamente nociva.

No menos reconocible resulta la visualidad de La tierra…. Con marcado cuidado se ha concebido un diseño de luces variado en tonalidades que realzan la figura de los actores, los maquillajes de los distintos personajes, las telas que sirven de escenografía al gran universo donde se expande el espectáculo a cargo de Dorys Méndez.

La tierra que produce la caña está defendida por un elenco mixto de mucha valía. Momentos como el grave monólogo de Luz Marina Romaguera, defendido visceralmente por Yunet Martínez, la intervención de los traviesos muñecos que representan a los famosos músicos cubanos “Los Safiros”, por parte de Teatro de Títeres Titirivida, o la sabrosa ironía del siempre estimado personaje, Perancita, de Jorge Luis Lugo, seducen al espectador, le confirman la necesidad de su encuentro con una teatralidad bien lograda.

También otros instantes de la puesta como la proyección, a manera de sombras chinescas, de imágenes de diversas personalidades que ya no están entre nosotros o fragmentos de obras que las recuerdan, hacen de La tierra… una propuesta sensible, de amplios alcances dada su conciencia del valor de nuestra memoria teatral.

La tierra que produce la caña, como ya hemos referido, es un espectáculo necesario y de muchos méritos. Necesario porque valientemente sostiene, sin ser lesivo o carecer de sentido, el reclamo de los artistas que pujan cada día por la posibilidad de crear sin esquemas ni limitaciones, porque además, deviene en homenaje no sólo a los que no están físicamente entre nosotros, sino a aquellos que estando en alguna parte del mundo y que una vez contribuyeron al establecimiento de nuestra cultura.

También, esta es una obra necesaria y de valía porque ya el Día del Teatro Cubano reclamaba a gritos, en nuestra provincia, un espectáculo que estuviera a su altura.

Tales razones nos indican a pensar que La tierra… debe entenderse como un ejercicio de la verdad, al respeto al arte, a la construcción de nuestra nación. No podría esperarse más de nuestros teatreros. Pensar otra cosa de esta propuesta, no poder sensibilizarse con el filo de la palabra consciente y respetuosa, sería apostar por dar la espalda al proyecto de construcción colectiva de nuestra nación y nuestra cultura.

[1] Que debe su nombre a la frase “¡Viva la tierra que produce la caña!”, expresada por uno de los actores del elenco decimonónico de Perro huevero…

[2] Tiempo en que he sido testigo de estos homenajes.


El último o la rutina del mal (El Ciervo Encantado y la utopía ética de la sobrevivencia)

Amanece. Cuerpos yacen sobre el suelo como carne sin nombre. Carne que respira destinada a sobrevivir o sobre-morir tras las próximas 24 horas. Como zombis olvidan su voluntad creadora. Los cuerpos (ahora) pertenecen al silencio y a la contradicción de existir. Amanece y el pavimento pierde la dureza de la piedra para adquirir otro tamaño. Se trata de la multitud posada en la fatiga y el estrés tras la necesidad de existir.

El Ciervo Encantado es más que un grupo de teatro, es un As de luz que funge como espacio de resistencia. Los que asistimos a cada puesta en escena de la maestra Nelda Castillo y sus actores nunca estamos solo frente a un paisaje estético, sino que también ponemos la mirada sobre algo más aterrador: la realidad. El mundo de “lo posible” está en las obras de El Ciervo Encantado como un martillo golpeando una roca que no quiere ceder su estatus. En esta última imagen nosotros somos la roca y Nelda el martillo cuya mayor fuerza está en la verdad que nos invita a presenciar.

Fotografía de Leonardo Tarrero
Fotografía de Leonardo Tarrero

El último fue el espectáculo estrenado por El Ciervo Encantado durante el mes de noviembre en su sede de calle 18 entre Línea y 11. Un performance escénico con la voluntad de mostrarnos una realidad donde la violencia está normalizada ante nuestras escaseces. El desasosiego de tres cuerpos apilado sobre el temblorcillo/la calle/el parque, nos confronta. Los cuerpos desnudos llevan un nasobuco de tela blanco, de esa manera la expresión se concentra en los ojos y en la desnudez. ¿Tela protectora? ¿Tela de la enfermedad? ¿Tela para el silencio? Parece que los tres actores no sienten, no necesitan hablar ni entender lo que hay a su alrededor. Son carne innombrable, carne rota ante la desidia que significa vivir por norma.  

¿Cómo resistir a un cuerpo normado por sus necesidades básicas? ¿Cómo no doblegarse ante el poder de la realidad? ¿Cómo no sentir/hablar/imaginar? ¿Dónde termina la cola? ¿Dónde comienza lo nefasto? Amanece y la realidad es un absurdo indescriptible. El Ciervo Encantado no busca complacer nuestra mirada, aunque las imágenes en escena resultan más que atractivas. La mirada pierde la curiosidad para inventarse la poesía. La mirada es subvertida por el oído. El performance trae la barbarie a través del ruido de una ciudad que se desprende del humanismo, una ciudad colapsada por nuevos fantasmas. Esos fantasmas están en el desgarrador paisaje sonoro que durante toda la puesta, evoca las colas y las aglomeraciones provocada por la falta de abastecimiento durante el tiempo más crudo de la pandemia. ¿Cuál pandemia?

Fotografía de Leonardo Tarrero
Fotografía de Leonardo Tarrero

Yindra Regüeiferos, David Valera y América Medina hacen del cuerpo un material simbólico. Cuerpos que representan a la multitud, cuerpos ciudad, cuerpos sin opciones para contradecir al movimiento. ¿Será esto el libre albedrío? La angustia se respira. La imagen superpuesta al sonido se agranda hasta que nuestra imaginación se confunde. La ficción, el teatro y el arte desaparecen ante nuestra experiencia. El paisaje sonoro es tan familiar que parece arrancado de un fragmento de nuestras vivencias. Es imposible negar que todos hemos sido parte de la enfermedad. La angustia se respira. Todo se hace más lento, más espeso. Amanece.   

Fotografía de Leonardo Tarrero
Fotografía de Leonardo Tarrero

La iluminación, el sonido y los cuerpos que construyen el espectáculo nos permiten adentrarnos en las fronteras de la reflexión, más allá de cualquier configuración poética. Se trata de un proceso artístico no dramático/no representacional; las constituciones poéticas que emanan de esta obra, sugieren un corpus abierto que expresa una postura existencial (circunstancial y temporal).

Es habitual ver cómo El Ciervo Encantado propone espectáculos de un carácter performático cuya finalidad es un cuerpo crítico sobre el escenario. Para ello hemos visto cómo a veces el texto nace del propio cuerpo del actuante y solo puede leerse en los desplazamientos energéticos que se generan a través de ese cuerpo crítico. El último es un espejo humano donde el cuerpo es sujeto, objeto y espacio vivo. Todo acontece en su dimensión cotidiana y en su relación con otros cuerpos. Despojados de accesorios, los actores ofrecen un cuerpo en estado de perdida. Allí nos plantean una relación compleja con lo moral al exhibir nuestra fragilidad. ¿Amanece?

La carne expuesta sobre el escenario también conjura el dolor. Imágenes que nos muestran algunos de los síntomas de la enfermedad: el sinsentido de permanecer en lo abyecto, la poética del sobreviviente, o la moralidad como residuo de la manipulación. La acción de habitar el espacio desde la rutina/la resistencia, implica una transgresión consciente de los límites entendidos dentro de la realidad para que la metáfora gane vivencia. ¿Será esta la rutina del mal? ¿Cómo se construye una utopía ética?

El discurso de esta puesta es desgarrador, sobre todo porque no necesita de atrezo para comunicar. La amalgama no está en las obras de El Ciervo Encantado, en ellas todo es sencillo y fuerte. Al oído nos llega la desesperación, lo que nos suele suceder a la vista e ignoramos, o peor, participamos de ella. Así se alimenta la rutina del mal, no hay antídoto cuando las urgencias se confunden con la utopía ética de sobrevivir.

Fotografía de Leonardo Tarrero
Fotografía de Leonardo Tarrero

Amanece. Cuerpos se desplazan como carne sin nombre. Carne sin refugio. Carne sin vísceras ni voz. Permanecer es un privilegio como si la enfermedad también lo fuera. Amanece y la herida no sana. La herida nos define. ¿Puede el teatro ser tan profético? ¡Gracias Nelda Castillo por ilustrarnos que la utopía ética de la sobrevivencia es un ciervo encantado!