Anda el arte por los caminos de la trocha en Ciego de Ávila (+Fotos)

El homenaje de los jóvenes a importantes acontecimientos históricos y el disfrute del arte en comunidades apartadas son objetivos que se unen en la Cruzada cultural Siguiendo La Trocha, que del 25 de noviembre al 2 de diciembre desarrolla la Asociación Hermanos Saiz (AHS) en Ciego de Ávila.

Santa Masiel Rueda Moreno, presidenta de la AHS en la provincia, explicó que la travesía se dedica en esta oportunidad al aniversario 36 de esa organización juvenil, al 64 de la Revolución Cubana, al 127 del Ejército Libertador y a Fidel Castro Ruz, en el sexto aniversario de su desaparición física.

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Las primeras jornadas del programa acogieron el espacio teórico El decoro del mundo, con la presencia de María Magdalena Hernández Morales, presidenta de la Cátedra Honorífica sobre el Pensamiento y la Obra de Fidel Castro Ruz, de la Universidad Máximo Gómez Báez.

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También tuvo lugar la presentación del libro La Trocha por dentro, del historiador José Gabriel Quintas, a cargo del escritor Lioneski Buquet Rodríguez y la proyección de la película cubana Inocencia.

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Hasta escuelas y comunidades situadas a lo largo de la trocha de Júcaro a Morón, como el Macizo Cañero, La Caoba y La Carolina, han llegado los jóvenes creadores con sus canciones, payasos, lecturas de cuentos y decimistas, para acaparar la atención de grandes y chicos.

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Las jornadas que restan llevarán el arte hasta el obelisco que recuerda el cruce de Antonio Maceo por la fortaleza militar española, y a los municipios de Ciro Redondo y Morón, donde habrá encuentros con el proyecto comunitario Yambambó, el Consejo Popular El Vaquerito y la Casa de la Cubanía.

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Pórtico para un diálogo entre un personaje esquíleo y el oráculo

Pórtico

I

Edípicamente, ciego ante una realidad que se me escapaba por oculta en un paralelismo cronotópico, apedreando mi rostro en hybris causal prematura: así yacía. Tiresias, ciego por mandamiento, arrimose a mi lado y supo darme ojos nacidos de lo gnóstico. Esta evocación se me ocurre ahora, cuando los avatares de las prácticas preprofesionales reorganizan y reinstalan disposiciones. Lanzado a quince días de realidades –las únicas cosas necesarias– en las lejanías costasureñas, donde el divino malecón sí rebosa en mar, llegué al Centro de Promoción Literaria Florentino Morales. Sería allí la simulación del teatro de la post graduación, la prueba calderoniana de Basilio, en lontananza del Segismundo cautivo de la cilíndrica torre.

II

–Pues bien, lo que yo quiero son reseñas. No les enseñen a estos muchachos y muchachas otra cosa que reseñas. ¡Aténgase a las reseñas, caballero!

La escena transcurría en el rectangular espacio que ocupa el Centro, conglomerado de montaña de cajas colmadas de nuevas publicaciones, gavetas, archivos, burós, estantes, un ventilador y una reja alta y ancha por puerta. Espacio temporal del dominio promotor del quehacer literario de la marítima ciudad. Y el índice, enhiesto, del que me hablaba, ponía los énfasis en sus advertencias, remarcando cada frase, sellando mi destino con la coma vocativa.

III

El primer libro a mis manos llegado, vino de las de una compatriota de mundos posibles (graduada de Letras). Se titulaba este La biomecánica, poemario de un santiaguero, José Edilberto Sosa Torres. Inter nos, admito que intitulada obra se anunciaba ya libro non grato de mi recepción, premonición de largas, largas tardes de lectura, venciendo el hastío, fiel a un principio inclaudicable de avanzar, de leer más allá de todo prejuicio. Y pues, debía de cumplir la tarea liberadoramente asignada.

IV

–¡Atengase a las reseñas, caballero! –volvió la voz, templada.

Pero quiso el fatum trágico que referido poemario llegara a ser más que título, más que «no juzgues a un libro por su portada». E hízose la empresa, la única cosa necesaria. Recuerdo haber escrito:

En el poemario, resulta evidente el sostenido nexo entre poesía y engranaje, forma y contenido. Los numerados «principios» indican una ordenación tal manual teórico, por suerte salvado de la densidad académica. Su autor logra hacer imagen y pulso todo enunciado técnico. Los cuales, construidos en el lenguaje del nacimiento, construyen en una escritura tajante y sobria que esconde más de lo que dice, que hace sentir más de lo que presenta. La biomecánica simula el texto del génesis de la creación poética contemporánea –¿por qué no?– y de un sujeto creador recolocado en el espacio. ¿Poética del cuerpo-poeta? ¿Corporeidad de la composición? 

V

De pensares mayéuticos para resolver los qué escribir, me di una vuelta por los lares digitales de Facebook, tecleé el nombre del santiaguero y localizado, le escribí. Tal impulso, con afanes interrogatorios, como los personajes de las tragedias griegas, sobre La biomecánica. El tiempo hacía su senda y el momento del contacto desdibujábase por lejano y poco prometedor. Cuando, por no sé qué interferencia estelar, un mensaje notificó un sí y un número privado.

Parco, contestome que recientemente había llegado de una gira con su grupo teatral, y que le enviara, previamente mencionadas, las interrogaciones. Tres días después, desde la madrugada del lunes, reposan las respuestas oraculares en mi gaveta. Tan lacónicas como pocas las preguntas, pero cuasi desambiguaciones, helas aquí, al dorso del recetario.

EL DIÁLOGO

 

PERSONAJE DE UNA TRAGEDIA ESQUÍLEA. Leo La biomecánica y lo primero que me resulta llamativo es la desambiguación que puede hacerse de su título: vida y forma, artilugio. Esto me hace pensar también en la conjunción de lo vital encerrado y funcionando por mecanismo que lo rigen y ordenan. ¿Por qué La biomecánica, como título y obra?

ORÁCULO. Cuando escribo poesía no pienso en las estructuras externas de los poemas ni del posible libro. Tampoco soy un obrero literario, no me siento a escribir poemas todos los días. Cuando escribo poemas, solo escribo. Me dejo llevar por mi estado emotivo, las malditas circunstancias y como esté el bio-ritmo en ese instante. No escribo para ser escritor. Escribo y ya, es una necesidad.

Lo otro es que soy un animal teatral, todo el arte lo veo a través de la teatralidad y del performance, eso lo hago de manera orgánica, no lo prefabrico, sencillamente soy así. Luego, como si fuera poco, están los referentes, otro aspecto del que uno no se escapa.

PERSONAJE DE UNA TRAGEDIA ESQUÍLEA. El poemario está construido desde una visión germinativa, ordenadora y secuencial, refiriendo el hecho creativo y al poeta como elementos de esa vida, y se va hilando a la vez una poética de la creación, una metapoesía ¿Qué nos puede decir al respecto?

ORÁCULO. Sí, creo que al final el libro terminó siendo un manifiesto creador. En el texto se exponen distintos discursos que buscan explicar-se desde la palabra, pero también desde las vivencias del poeta. Aprendí mucho escribiendo el libro. He terminado otros y me he sentido vacío, como si no fuera a escribir nada más; pero al terminar La biomecánica sentí alivio y deseos de crear. Entendí con este texto que todo nace de una voluntad creadora, incluso lo casual. Incluso la inmovilidad.

La metapoesía en el texto no es el “¿Qué hago? y ¿Por qué lo hago? No el “¿Cómo lo hago?; no pienso nunca en el resultado. Creo que La biomecánica es un poema muy extenso divido en principios; cuando vuelvo al libro, me gusta leerlo así: como un solo aliento ordenado que fluye como “las aguas”.

PERSONAJE DE UNA TRAGEDIA ESQUÍLEA. La estructuración externa en principios que simulan un texto científico, la recurrencia a una escritura además constructiva en el estilo, cambiante, que recuerda la experimentación de la vanguardia literaria del siglo XX, la variedad gráfica, uso de imágenes, entre otros aspectos ¿Por qué apostar por esto?

ORÁCULO. Intento primero expresarme, y luego construir estructuras simbólicas como elementos que llegan al texto por otras necesidades. En ocasiones nace todo solo, como estilo, en otras el texto me lo exige de alguna manera. Yo construyo ideas para ser descodificadas como si buscara satisfacerme como lector. Busco auto-comunicarme con esas ideas, con esas voluntades. Hay que escuchar el texto, qué necesita y qué no. Yo apuesto por la voluntad creadora de la idea que se va construyendo.

Con el tiempo he aprendido a escucharme y a subvertir el texto con elementos aparentemente anacrónicos. Sencillamente no me gustan las películas que, sin verlas, sé todo lo que va a suceder. Quiero que el poema rete al lector tanto como me reta a mí escribirlo. Quiero que ese diálogo construya otras realidades, emociones y experiencias. Un poema no es una caja de compota, pero podría serlo.

PERSONAJE DE UNA TRAGEDIA ESQUÍLEA. ¿Esta experimentación le llega por su faceta teatral? ¿Detrás del poemario queda el Edilberto que dirige el Grupo de Experimentación Escénica La Caja Negra?

ORÁCULO. No quiero ser muchos personajes, me gusta la coherencia. Soy la misma persona que hace teatro y escribe poemas. La manera en que dirijo mis obras, es tan similar a cómo encaro los procesos literarios, que más de uno se asombraría. Aunque en ocasiones el ser poeta invade al teatral, siento que hay un término medio donde se complementan. Creo que el arte es siempre experimental si es real y honesto. Lo demás es celulitis.

PERSONAJE DE UNA TRAGEDIA ESQUÍLEA. He visto en redes los performances que hace a partir de los versos de La biomecánica. ¿Se ideó el poemario pensando en una posterior representación valiéndose de determinadas cualidades experimentales pre-hechas? ¿Es solo el performance un complemento o responde intencionadamente a otro grado de significación o lectura de la obra?

ORÁCULO. Esos performances nacen posterior al poema, no lo escribí para eso. Solo intento darle otras lecturas y otras formas de conexión al texto con el lector/espectador. Para mí el texto debe trascender al papel. Debe ir adonde es necesario, por eso hablo de escuchar lo que necesita el poema. Esto lo hago incluso con otros autores como Virgilio o Lezama. Me gusta escuchar las múltiples historias debajo de una palabra. Si buscan información sobre el trabajo del GEE LA CAJA NEGRA, verán todos los video-artes y video-poemas que hemos realizado. Me gusta ir tras la poesía, y el performance es eso, otra lectura poética sobre la realidad.

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Escena # 1: La Caja Negra, una biografía generacional

Esperando a Juan Edilberto Sosa mientras leemos El crematorio

 

 


Codanza o el esplendor de las llamas del espíritu vivo del fuego

Palabras de apertura de la exposición “Memorias de un Festival”, dedicada al aniversario 30 de la Compañía de Danza Contemporánea Codanza, anfitriona del Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov, y que se exhibe, con obras de los fotógrafos Juan Pablo Carreras y Carlos Rafael Díaz, en el lobby del Teatro Eddy Suñol de la ciudad de Holguín.

Codanza y yo nacimos el mismo año. Apenas separados por dos meses, ambos nacimos en 1992, que es también el año prístino del germen: el año en que el espíritu-Codanza y su mito, el espíritu vivo del fuego, comenzó a crecer hasta celebrar hoy sus tres décadas. Por eso, y por otras tantas cosas, digo siempre que Codanza es mi compañía. No solo porque marca mi edad, sino, sobre todo, porque Codanza me abrió los ojos y los sentidos, por primera vez, a la danza contemporánea, a las expresiones del cuerpo en la escena, a los misterios de la creación danzaria (que es, además, abrir ciertas puertas del corazón y la mente difíciles de volver a cerrar).

Árbol de fuego – Alexis del Toro

Después de aquella “revelación” vendrían otras compañías, reconocidas puestas, grandes intérpretes, pero Codanza fue la inicial, la más persistente y necesaria, y por tanto la más esperada, y como decía antes, mi compañía. Los he visto crecer, rozar la perfección, tantear búsquedas creativas. Madurar en cada puesta. Incluso levantarse y rearmarse más de una vez, para volver al escenario con idénticos bríos, con la consabida exigencia que caracteriza a la maestra Maricel Godoy y que hace suya toda la compañía desde aquel día fundacional de 1992. Así Codanza fue creciendo hasta hacerse vital en mi memoria afectiva, como lo ha sido para muchísimas personas en Holguín y el mundo: una escuela, la casa, el horizonte, el misterio.

Árbol de fuego – Alexis del Toro

Con Codanza llegó la bendición y la magia de Vladimir Malakhov y su primera presentación en la ciudad, en 2013, cuando obsequió su “Regalo de Malakhov para Cuba”. Poco después “Un regalo a Malakhov de bailarines cubanos” fue el agradecimiento para el gran bailarín ucraniano, y resultó la piedra fundacional, la primera de un templo mayor que la compañía ha ido edificando: el Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov, en 2014. Desde entonces cada certamen convierta a Holguín en la capital cubana de la danza, plataforma para el intercambio y el desarrollo escénico, para el crecimiento y la creación que, además de estimular a jóvenes bailarines cubanos y de varias partes del mundo, reúne a coreógrafos, intérpretes, investigadores, críticos y especialistas en una ciudad ávida de buen arte.

Árbol de fuego – Carlos Rafael

Llega Codanza a una especie de mayoría de edad sobre el escenario; aunque sabemos bien que la fuerza, la vitalidad y la destreza que preconiza desde su génesis nos la reafirma, desde hace mucho, como una de las principales compañías escénicas del país. Ninguna de sus obras –herederas del estilo cubano de danza moderna, unido a conceptos abanderados por Pina Bausch, entre otros maestros, y enriquecidos mediante los aportes del trabajo con reconocidos coreógrafos cubanos y extranjeros– busca ser complaciente, ni con el público ni con la crítica, ni mucho menos con un colectivo que ha sabido reinventarse y crecer, asumiendo los riesgos como parte de su concepción fundacional, pues saben que solo lo difícil resulta estimulante. Pertrechados por la osadía conceptual en la que articulan sus discursos, Codanza nos ofrece una mezcla de múltiples significados y aleaciones culturales: la complejidad con que asumen la belleza para entregárnosla hace posible cada una de las obras. Esta jornada por el 30 aniversario nos permitirá, una vez más, ser testigos agradecidos de vivir la era Codanza y ver avivarse en la escena y arder en llamas al verdadero espíritu vivo del fuego.

Árbol de fuego – Carlos Rafael

En Holguín, 25 de septiembre de 2022


Cuatro cuentos en los caminos creativos de Yasel Toledo

Vuelve Asimetrías. Un sitio donde la diferencia radica en la libertad de la creación. Y regresa en un atípico martes, esta vez como una ventana a la obra del prolífico periodista, guionista, promotor, ensayista y escritor Yasel Toledo, en el aniversario 36 de la Asociación Hermanos Saíz.

Yasel Toledo Garnache (Granma, 1990). Graduado del Centro Nacional de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso” y miembro de la Asociación Hermanos Saíz. Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín y Estudiante más Integral de la enseñanza universitaria en esa provincia (2014). Posee varios premios periodísticos a nivel nacional, incluido el 26 de Julio en 2019 y 2020, el premio literario 20 de Octubre que se otorga dentro de la Fiesta de la Cubanía, y el Gran Premio de la Prensa Escrita en Holguín (2013). Ganador de la beca Caballo de Coral (2014) por el proyecto de libro de cuentos La remodelación. Además, el Premio Por la Obra del Año de la Agencia Cubana de Noticias (2016). En varias ocasiones fue merecedor del Premio por la Obra del Año en la provincia de Granma en Prensa Escrita y Digital, y varias veces el “Dania Casalí”, de Opinión. Ganador del III concurso de microrrelatos, convocado por Ocean Sur y Cubadebate (2019).

Actualmente es director de la revista El Caimán Barbudo y vicepresidente nacional de la AHS. Fue subdirector nacional de la Agencia Cubana de Noticias (ACN). Es, además, guionista del programa televisivo Paréntesis, codirector radial de En Clave y coordinador del espacio de debate Dialogar, dialogar. Es autor del blog Mira Joven. Trabajos suyos aparecen en varios medios de prensa. Ensayos y cuentos de su autoría aparecen en antologías como Guerra culta País de fabulaciones. Realizó la selección y el prólogo del libro Tiempo joven. Entrevistas a jóvenes creadores cubanos.

De los relatos que hoy traemos, “La pelea” es uno de sus más recientes cuentos. “El barbero” fue premio en el tercer concurso de Microrrelatos convocado por Cubadebate y Ocean Sur. “Charada” y “La remodelación” estuvieron incluidos en el proyecto de libro ganador de la beca Caballo de Coral, que otorga el Centro Nacional de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso”.

Sin más, un avance de su obra.

La pelea

¡Dale al gordo! ¡Dale al gordo!, decía un barrendero desde el borde de la acera mientras los veía discutir. Poco a poco, se sumaba más gente. ¡Dale al flaco!, vociferaban otros. El grupo seguía creciendo. ¡Dale al flaco! ¡Dale al gordo! ¡Gordo! ¡Flaco!, se escuchaba en todo el lugar.

Los espectadores se iban molestando entre ellos. ¡A que gana el gordo! ¡A que lo hace el flaco!, comenzaron las apuestas. Los dos hombres seguían discutiendo. Las cifras crecían. Las expresiones de apoyo se volvían más agresivas; sin embargo, los dos hombres hablaban cada vez más bajo y apenas gesticulaban. Parecía que, poco a poco, resolvían sus diferencias.

Los espectadores gesticulaban, se ofendían entre ellos. Un piñazo, otro, otros más. Piedras. Gritos. Gente corriendo. Detrás de un árbol, los dos hombres miraban alarmados por tanta violencia.

Charada

Cualquiera cree que esto es de suerte, pero tiene sus estadísticas, su análisis, su lógica. Hoy la cosa está peor que nunca. No nos ponemos de acuerdo. Llegamos a empujarnos, a ofendernos. Eso aquí es normal. Sabemos tanto de esto que cada quien defiende sus criterios con locura. A veces, voceamos, escribimos en la tierra, intentamos descubrir el significado de un sueño o la adivinanza del día.

El Flaco analiza las tablas en su libreta, tiene apuntados todos los números que han salido desde el año 2000. Dice que el que más sale los martes es el 8, pero cree que hoy no sucederá así, porque ayer fue el 6, y esa gente no suele tirar dos números chiquitos seguidos. Él asegura que el de hoy es el 34, mono, porque los últimos dos martes ha salido el número inverso al del día anterior, y ayer fue el 43. Así que para él todo está claro. Habla de supuestas reglas de triangulación, escalera…, y de una Teoría del desglose, no entiendo nada, pero hay algo de lógica en sus palabras. Algunos hasta mueven la cabeza en señal de aprobación.

Se percata de que le estamos prestando atención, y sube el tono de voz, nos tiene embobecidos, parece el jefe. Siempre especula con que una vez en la ciudad dio un golpe de miles cuando acertó en un parlés, pero como en este pueblucho sólo se juega al número fijo no sabemos cuán bueno o no es en eso.

Ese maldito tiene tremenda muela. Convence a cualquiera de lo que se proponga. Una vez, hizo que Pacho le pusiera los cincuenta pesos de la manutención de su hija al 62, y nada, falló.

Él no quería gastarlos, porque era lo único que tenía, pero el Flaco parecía tan seguro. Si acertaba, esos cincuenta se convertirían en 3 mil cabillas, y podría comprarle algún jean o blusa a la niña, además de darse unos tragos de ron del bueno. Pero no le picó ni cerca. Por poco no se formó tremendo lío, porque Pacho se sentía engañado y quería golpear al Flaco. Al final, no pasó nada. Aquí todo el mundo sabe que nosotros compartimos ideas, nos molestamos, maldecimos, aconsejamos, pero no obligamos a que nos hagan caso. Pacho siempre juega el número que alguien le dice, porque no tiene mente para pensar solo, y esa vez se jodió.

Yo tampoco soy tan bueno en esto. Las primeras veces vine a disfrutar las escenas y reírme con las cosas de cada uno, pero me he ido embullando y hasta he mejorado. Al principio me iba detrás de las curvas, o de lo que parecía obvio. Ahora, soy más analítico para decidirme por un número y la verdad es que estos debates ayudan bastante.

El Flaco sigue hablando de las posibilidades de que salga el 34. Negro lo interrumpe, parece molesto. Dice que no podemos creer mucho en las estadísticas porque eso es basura. Si sirvieran, el Flaco nunca fallara, pues hace más cálculos que un profe de Matemática, siempre tiene buenas teorías, pero casi nunca da en el blanco. Asegura que hay que confiar en la intuición y arriesgarse. Cree que el de hoy es el 82, pleito, porque al lado de su casa hay tremendo lío desde temprano. Lo pensamos un poco, porque Negro acertó dos veces la última semana, y eso significa que tiene una racha buena. Pero si le hacemos caso a todo lo que pasa, nos volvemos locos. Los líos, las puñalá y hasta las muertes suceden todos los días.

Ahora otro dice que saldrá el 49, borracho, y todos nos embullamos a dar pronósticos: el 21, majá; el 68, cementerio; el 86, tijeras… Esto parece una competencia para ver quién habla más alto, casi ni se entiende lo que cada cual dice. Menos mal que los dos policías del barrio no se meten en esto. A veces, ellos también juegan, y tienen hasta suerte los desgraciaos.

¡El de hoy es el 60!, vocea alguien desde la carretera, a unos 6 metros de nosotros, y todos comenzamos a reírnos. Desde que pasó lo que pasó, el tipo siempre juega ese número, le es más fiel que a su mujer. Le decimos El Loco, porque en verdad hay que estarlo, para ponerle 10 cañas todos los días de la semana pasada al 60, huevo, y todavía dice que es el de hoy. Na, que la gente se empecina, y no hay alguien más aferrao que ese Loco. A cada rato nos reímos de él. Una vez le puso 240 pesos al 12, mujer santa, y dijo que, si acertaba, el día siguiente le pondría 500 al dichoso 60, buscó a varios listeros del pueblo, porque cada uno solo acepta 10 o 20 pesos por número, así no les sacan tantos baros de un solo golpe, pero anduvo fatal. El primer día salió el 33, tiñosa. Se pasó toda esa noche llorando, y hasta dijo que más nunca jugaría a la bolita. Al día siguiente adivinen cuál fue: ¡el 60!

Por esa blandenguería de andar llorando y tirao por los rincones no cogió unos cuantos billetes. Desde la semana pasada juega otra vez, pero le ha quedado el trauma o ¿acaso eso de ponerle dinero siempre al mismo número no es estar chiflao? ¡Jueguen el 60!, vuelve a vocear. Vete pa un manicomio, le responde alguien.

El Flaco vuelve a sacar la libreta. Dice que, además del 34, también está bueno el 37, brujería, y cuando va a comenzar con el discurso de las estadísticas, Negro le dice que se calle. Se miran fijo. Los dos se ponen de pie. El Flaco está desbaratao, pero cuando se molesta le sube la guapería y coge cuchillo, machete, piedra, palo, lo que aparezca. En el barrio, se faja con frecuencia, casi siempre pierde, pero tira pa lante. Negro sí está fuerte. Nunca ha tenido pleitos con vecinos, pero dicen que era boinirroja, karateca o algo parecido. Vino echando pa acá porque le partió una pierna a otro en un entrenamiento. Si se fajan, el Flaco saldrá mal, lo van a poner rojito, quizá los piñazos hasta le saquen algunos dientes.

Ese maldito renacuajo no tiene miedo, ya se quitó el pulóver y está dando brinquitos. En cualquier momento Negro lo revienta a patadas, empujones, rectos de derecha, ganchos, sopapos, wazaris, ippones. Sí, porque los boinirrojas esos saben boxeo, judo, de todo.

Pacho sonríe, seguro que quiere ver sufrir al Flaco, así recibe su merecido por hacerlo perder el dinero de la manutención de su hija. Alguien del grupo les dice que no se fajen, que resuelvan eso como verdaderos hombres, porque cualquiera se faja, todos los días si quiere, pero acertar en la charada es otra cosa. Les dice que cada quien juegue su número con 100 pesos y apueste 3 mil, aunque los pidan prestados. Si alguno gana, se lo lleva todo.

Hay un silencio de esos que impacientan, en los que todo el mundo se mira, pero nadie habla. El Flaco deja de saltar, se pone el pulóver y vuelve a mirar la libreta. Yo juego el 34, dijo bastante confiado, todo lo que gane me lo gastaré yo solo, no quiero que después alguien quiera que le pague una cerveza.

Sonreímos, porque él siempre dice eso, pero nos invita hasta a comernos un plato con arroz blanco y huevo en su casa. Nunca festeja nada sin compañía. Yo le voy al 82, dijo Negro, y ni una palabra más.

Los resultados siempre se saben a las 8 de la noche, pero esta vez no averiguaríamos nada hasta el día siguiente. Hicimos una especie de pacto. Esperar sería una muestra de hombría, como pocas, pues había demasiado en juego. Y el que no fuera hombre, ese sí que tendría problemas en este barrio. Todos sabíamos que era peor perder una apuesta antes de ser un flojo, antes de traicionar la decisión del grupo.

Y, claro, solo había uno incapaz de aguantar. A las 8: 40, Pacho se apareció en mi casa. Se fastidió el Flaco, me dijo con tremenda cara de alegría. Y siguió: Ya se lo dije, y lloró como una niña ¡Qué tipo más vengativo!

Verdad que cuando alguien está en racha todo le resulta. Negro, cuando llegó aquí, nunca acertaba, y ahora lo ha hecho tres veces en los últimos siete días. El Flaco seguro quema la maldita libreta, y maldice las estadísticas, los cálculos, la charada y toda esa mierda.

Pobre Pacho, por blandito, por no esperar al otro día. Ese más nunca será uno de nosotros.

Estamos debajo de la mata de mango otra vez. Solo faltan el Flaco y Negro, además de Pacho, claro.

¿Vieron?, salió el 60, vocea un listero. ¿Cómo que el 60?, respondemos casi a coro.

Todo fue un invento de Pacho. Ese maldito solo quería hacer sufrir al Flaco. ¡Coño! El Loco tenía razón. ¡Acertó!

– Socio, ¿cuántos pesos cogió El Loco?, le pregunto al listero.

-Ninguno, ayer jugó el 12.

El barbero

Pregunté al hombre que picaba mi cabello si acaso no me temía por mi aspecto y encontrarme en tan lejano sitio a pesar de no tener familiares ni amigos allí. Los demás se apartaban, y siempre cuchicheaban algo en voz baja.

Él siguió como si nada. Yo sentía el sonido de la tijera. Le insistí. “El miedo es lo primero que algunos perdemos”, me respondió.

“¿No quieres saber por qué vine hasta acá? “, le pregunté. “Cada quien tiene derecho a esconderse”, dijo tajante y sacó una navaja para hacerme los últimos cortes. “O el derecho a buscar a un escondido”, pensé en voz alta. Entonces me pidió que me alejara tan rápido como pudiera, y permaneció en actitud amenazante con la navaja en una mano y la tijera en la otra.

La remodelación

La noto intranquila. Sonríe. Se pasa las manos por los muslos, los que yo le puse. Se arregla la blusa, una mucho más ajustada que la de antes, se mete un dedo en la boca… Y me mira. Me mira casi sin pestañear.

Cuando subo a un ómnibus busco un rostro, una mujer lo suficientemente sensual como para que me ayude a que el viaje sea menos tortuoso. La miro de pies a cabeza. Repaso cada parte de su cuerpo. Imagino toda una película con ella. El filme casi siempre tiene bastante morbo. Si la mujer es en verdad lo que buscaba, hasta saboreo su imagen y le paso la lengua por la punta de la nariz….

A veces, creo un pasado que puede ir desde peleas con espadas hasta concursos por ganarme una noche con ella. En ocasiones, soy todo un romántico, y puedo renunciar a lo que sea por su amor o imaginarnos como personajes de obras de la literatura, así he sido Romeo, Tristán…, aunque sin mucha tragedia, lo que más me interesa es el disfrute, el goce. También he formado parte de películas. Me encanta, por ejemplo, Pretty woman, en especial una de las primeras escenas en el cuarto del hotel. Todo eso depende de mi estado de ánimo, de las ideas que tenga en ese momento, del filme más reciente que haya visto o de la anécdota de un socio que quiera superar.

Ella puede ser una actriz famosa que se enamora de alguien de la calle, como en aquella película de Julia Roberts que se desarrolla en Londres, o puedo ser yo el famoso. Entonces la multiplico por cinco o seis, así es siempre más agotador, porque son demasiados cuerpos, demasiados movimientos a la vez, que debo planificar tratando de ser lo más creativo posible, porque el sexo es también un arte y cuanto más compleja es la obra más esfuerzo se necesita.

A veces, pongo a la mujer seleccionada a que se bañe desnuda en una piscina mientras la miro con un telescopio desde una torre cercana, dicen que así observaba Hemingway a Ava Gardner en la piscina de Finca Vigía. Yo he tenido a más de una Ava Gardner. Luego voy hacia ella, ella deseosa en el agua mencionando mi nombre, con una mirada como de lujuria, ella con un blúmer de encajes negro, como el que dicen que usó la Gardner real en Vigía, y yo… ay… yo con Ava Gardner.

En ocasiones, la visto de enfermera, con esas medias finas hasta los muslos, o de aeromoza o de bailarina. Y lo hacemos en el hospital, en el baño del avión, en un camerino o donde sea. He llegado hasta a sacar a los demás pasajeros del ómnibus para ponerla a bailar ahí mismo, para que mencione mi nombre. Me encanta escuchar mi nombre al compás de sus movimientos. Lo mejor de esto es que todo es posible. Uno hace realidad cualquier sueño.

Pero, a veces, no tengo suerte. No siempre hay una mujer así sobre el ómnibus. Antes la única solución era recostarme y tratar de dormir. Pero me he superado, he aprendido que ante los problemas uno jamás debe cerrar los ojos.

Por eso he creado un proceso al que le llamo La remodelación. Consiste en construir yo mismo la mujer que quiero. Selecciono primero la que me servirá de base, la que iré remodelando. A veces, busco que esté lo mejor posible para que todo sea más fácil, más rápido. En otras, la cojo que parezca casi insalvable, porque sería un mayor reto y también una forma de regalarle sensualidad, de hacerla deseable por cualquier hombre. He pensado mucho en la posibilidad de tirarle una foto, después de remodelada, para obsequiársela, para que me agradezca por ayudarla tanto, pero no estoy seguro de que eso vaya a funcionar.

En ocasiones la formo bien delgada o algo rellenita, con pelo rubio o rojo… Aclaro que las últimas veces me he decidido por las mulatas, con pelo bien negro. Debe ser una especie de adicción que estoy desarrollando hacia ese tipo de mujer.

Ayer parecía que no podría formar a nadie con esas características. La única mulata era una niña. Y con eso sí que no puedo. Cogí a una blanquita, la pinté y le hice todo nuevo. Esa ha sido, sin dudas, mi mejor creación hasta ahora. Me gustaba tanto que la seguí hasta su casa, toqué la puerta, intenté entrar…, y formó una bulla del carajo.

Confieso que este es un proceso complicado, en el que hay que prestarle atención a muchos detalles. A veces, uno prueba más de cinco sonrisas, más de cinco pares de tetas, hasta que por fin logra lo que quiere. En ocasiones, piensa que todo está listo, pero cuando valora el producto completo, se percata de imperfecciones. Recuerdo que al principio algunas de mis obras quedaban deformes. Solía ser muy exagerado con las nalgas y los muslos. Tenía que comenzar otra vez o conformarme con lo hecho, porque faltaba poco tiempo para que terminara el viaje.

Poco a poco, me he convertido en un profesional. No necesito probar tantas partes de otras para formar a la mujer que quiero. Casi siempre acierto a la primera. El mayor problema sigue siendo que la miro demasiado, sobre todo después de terminada. Dicen que pongo cara de bobo o de maniático. La gente siempre exagera. Lo cierto es que he tenido líos con maridos celosos, con primos u otros que se creen protectores o con ellas mismas, como si yo no tuviera el derecho de admirar mi propia obra, y hasta de tocarla, de jalarle el pelo rico y darle unas palmadas en las nalgas…

Hoy no ha sido problema mirarla. Ella también me mira desde hace rato. A veces, hasta parece que quiere hablarme. La noto intranquila. Sonríe. Se pasa las manos por los muslos, los que yo le puse. Se arregla la blusa, una mucho más ajustada que la de antes, se mete un dedo en la boca… Y me mira. Me mira casi sin pestañear. Se levanta y viene hacia mí. Trato de disimular iniciando una conversación con el pasajero de al lado, pero está dormido. Hago como que busco algo en mi mochila.

— Estás en lo mismo que yo, ¿verdad?, me interrumpe ella.

— ¿En qué? –le respondo fingiendo indiferencia.

— En La Remodelación –me dice sonriente y le avisa al chofer que se baja en la próxima parada.

Me quedo algo sorprendido mirando como camina por el estrecho pasillo hacia la puerta trasera del ómnibus. Poco a poco se desdibujan los cambios que le hice, quizá por mi falta de concentración.


Un cadáver público y la vocación de darlo todo por el arte

Dice José Alejandro Rodríguez: “El cadáver público está condenado a vivir. El ʹmuertoʹ se fue de rumba; y la gritería atrás, nos va a acompañar siempre como un canto a la vida”. Son las palabras finales del prólogo de un libro entrañable que este lunes fue nuevamente presentado en Ciego de Ávila, como colofón de la jornada cultural Todo por el Arte.

Cadáver Público, del siempre recordado José Aurelio Paz, volvió a la palestra avileña de la mano de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), como pretexto inmejorable de una charla sobre los encargos y desafíos del periodismo cultural.

Damián Betanzos Hernández, periodista y Miembro de Honor de la AHS aquí, tuvo a su cargo la presentación del libro, que compila algunas de las crónicas que escribiera Jopa en su prolífica carrera como cronista de lo humano y lo divino. Son 70 relatos breves, publicados casi todos en Invasor, que van deshojando historias si se quiere “normales”, y que el autor inmortaliza con su pluma agraciada por el don de decir bellamente.

Y como la belleza no tiene por qué estar reñida con la fuerza en la palabra, también tiene este Cadáver Público su poquito de ironías, bordadas hilo a hilo, y crítica social, siempre oportuna, cuando, en un reclamo justísimo, pedía al Martí de mármol y carne que no nos fallara: “que no nos falte el café, pero tampoco la vergüenza de hacer un país nuevo como aquel soñado desde la Libertad”.

 

De ahí al debate sobre periodismo cultural, una vertiente del Periodismo donde el mismo José Aurelio Paz sentó cátedra no solo en Ciego de Ávila, sino en Cuba toda. Se habló del equilibrismo constante entre la información que anuncia hechos culturales y la crítica profunda de esos procesos, en tiempos de carencias materiales, formativas e institucionales.

Sin dejar una conclusión flotando en el aire, panelistas (Ailén Castilla Padrón y una servidora), moderador (Damián Betanzos) y público coincidieron en que después de un período de más de dos años de pandemia, en que no hubo apagón cultural, pero sí una reducción sustantiva de la programación, es preciso retomar espacios y prácticas, para que la información fluya y los medios de comunicación puedan no solo anunciar eventos, sino analizarlos con la misma pasión de Jopa, de quien seremos siempre dedicados discípulos.

La jornada Todo por el Arte, convocada por la AHS ─que este 18 de octubre celebra sus 36 años de fundada─, concluyó en la noche, con la presentación especial de Caminos Teatro y su puesta en escena de la pieza El zapato sucio. Durante casi una semana se sucedieron espacios de trova, literatura, danza y audiovisuales, teatro para niños, caracterizados por una marcada proyección comunitaria.

 

El arte joven avileño traspasó las fronteras físicas de la Casa del Joven Creador o la Casa de la Trova, para llegar a escuelas y comunidades, salvando en el camino disímiles obstáculos. En el cierre de Todo por el Arte las máximas autoridades de la provincia reconocieron el empuje de la AHS, acicate para seguir.

 

 


Rostros

Entre las tantas virtudes de un libro también está la de salvar. Y cuando hablo de salvación no lo hago solo en el sentido literal de la palabra, sino en otra forma donde salvar representa la sensación que viví hace poco. Siempre he sido un lector voraz de narrativa cubana, sobre todo de la contemporánea, esa que cuenta desde una óptica fresca y actual, que tanto se ajusta a mis preferencias como lector. Por años tuve a mano obras de disímiles autores —unos consagrados y otros no tanto— hasta que un día, por diferentes razones, empezaron a escasear, lo mismo en librerías que en mi gusto personal, sembrándome la idea —equivocada por demás— de que la cuentística nuestra vivía una etapa de sequía creativa que dejaba en un limbo mis ansias de lectura.

Esta apreciación errónea la disipó de golpe Lisbeth Lima Hechavarría (Santiago de Cuba, 1995) con el cuaderno Rostros, publicado por Primigenios en 2021. No tengo la menor duda de que solo una imaginación desmedida, una personalidad espontánea y un talento en plenitud son capaces de ovular 15 hijos que nazcan convertidos ya en cuanto se desea un día cualquiera para complacer desde la perspectiva del amor.

Rostros, publicado por Primigenios en 2021. Foto: Cortesía del autor

Se trata de 15 rostros que nos invitan (u obligan quizás) a mirarnos por dentro, porque cuando lees te descubres a ti en muchos personajes o, en el peor de los casos, se te revelan vivencias de amigos, conocidos y desconocidos también. Contar desde la perfección es una constante en toda la obra, donde escribir de lo cotidiano, de cosas a las que nadie prestaría atención si no fueran contadas estupendamente, marcan la diferencia. El amor asoma su semblante en cada una de las historias, unas veces más intencional que otras, pero igual de presente en todas.

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La lucidez del lenguaje hace creer que, más que narrar por escrito, Lima Hechavarría nos cuenta en persona, ya sea en la intimidad de la casa o sentada en un parque, estos relatos acaecidos bien al doblar de la esquina, en tu vida o la mía. El sexo y el erotismo conforman el aderezo de cada página, siendo fiel y realista en la consumación de toda relación de pareja. Se percibe que para nada fue la sexualidad la génesis de cada historia, sino a la inversa: que cada historia lleva un hilo conductor que dio paso a la excitación y de ahí al sexo. Las palabras para describir estas escenas están abrazadas a la realidad del ser humano, a lo que sentimos y conocemos, a lo que es y llamamos por su nombre. Es así que por momentos el protagonismo acaba por subyugarnos y hacernos parte de la lujuria y el estímulo carnal para, después, sutilmente, llevarnos a un final del cuento justo, preciso y muy en concordancia con la historia.

Próximo inning es el relato que da inicio a este cuaderno. Es el candidato perfecto para abrir un libro porque provoca una sonrisa cuando terminas de engullirlo y deja un aire de complacencia que incita a voltear la hoja y seguir. Es la cronología de un amor en decadencia, desgastado, que evidencia que la pareja es efectiva cuando los dos, al unísono, vivifican el deseo, que a la larga es el que sostiene una relación.

“Contar desde la perfección es una constante en toda la obra, donde escribir de lo cotidiano, de cosas a las que nadie prestaría atención si no fueran contadas estupendamente, marcan la diferencia. El amor asoma su semblante en cada una de las historias, unas veces más intencional que otras, pero igual de presente en todas”.

Cosa de tres pudiera parecer un cuento demasiado fuerte, pero no lo es si tenemos en cuenta que se mueve en un contexto liberal, que desbarata estereotipos que echaron raíces en nuestra sociedad y que hoy van acomodándose a nuevos tiempos, sin que por ello debamos ser acusados de aberrantes y desmoralizados.

Entre químicas nos muestra que entre la pasión y cruzar el límite de la cordura no hay más que un mal paso. Es este un relato sencillo, que permite olfatear en la azotea un fin no muy placentero para sus protagonistas y que asume un acabado trágico, pero acorde a la progresión narrativa.

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Pilar es la fotografía hecha con ribetes renovados al tema de la prostitución que por muchos años ha contagiado a una parte de la sociedad. De manera coloquial, amena y contundente la autora hace un guiño entre la necesidad, lo que se quiere y no se tiene y la vía más “fácil” de conseguirlo. Hay un mensaje implícito en el cuento que va más allá de la historia.

La invitación está hecha. Adéntrese por los vericuetos de 15 Rostros para que se encuentre reflejado en alguno(s) y pueda sentir la satisfacción de verse protagonizar, sin permiso de nadie, una historia que parece íntima y personal hasta que descubres que alguien la vivió (y la vive ahora mismo) en cualquier lugar.


¡Larga vida para una obra que bien lo merece!

Abrazo. Me es imposible asistir a la presentación del libro de José. Desde el regreso este domingo de Villa Clara me he visto obligado a estar en cama con malestar general, fiebres y otros síntomas, que parecerían dengue. No estaré presencialmente, aunque emocionalmente no podría evitarlo.

Sentía un cariño y una admiración muy profunda por quien mereció que le llamáramos La Figura. Estuve entre sus primeros editores en la plataforma Juventud Rebelde. Fui testigo de su llegada, con esa timidez propia de casi todo el que comienza a descubrir un mundo profesional nuevo.

Siempre nos reíamos al recordar su desembarco en Juventud Rebelde junto a otros colegas, de los que llamábamos «reorientados», porque se habían formado en otras carreras y se les había dado una preparación básica y rápida para suplir el déficit de profesionales del sector. Estábamos entonces en una de nuestras recurrentes crisis con el dengue, con Fidel, como era común, al frente de la campaña, y los recién llegados fueron nuestros batalladores principales en una escaramuza epidemiológica tan larga como agotadora.

Él siempre cuestionaba que yo lo había relegado en los días iniciales, y hasta pensó que lo hacía por discriminación, porque había descubierto sus apetencias sexuales personales. Solo lo había perdido de vista en el duro ajetreo hasta las madrugadas. Fue un grupo muy talentoso el que llegó, que de alguna manera haría historia en el diario, y poco a poco fui descubriendo las cualidades excepcionales de José.

Él, que un día llegó como apoyo a la Redacción, e iría asumiendo sobre la marcha las ideologías profesionales, se convirtió en uno de sus más apasionados y necesarios editores y columnistas. La historia de un período importante de la publicación está marcada especialmente por su nombre. El libro que con tanto cariño ustedes presentan hoy, es una parte muy pequeña de su tremenda obra periodística en defensa de la cultura, la espiritualidad y la identidad nacionales. José tuvo el privilegio de entrevistar, y hacerlo con hondura y belleza singulares, a buena parte de los más notorios exponentes de nuestra cultura.

Su carrera inicial le había dotado de una energía nuclear para el trabajo. Era como si la Santísima Trinidad encarnara en él. Llegaría a ostentar un gran liderazgo entre nuestros editores y colegas y se convertiría en crítico consecuente de nuestros vacíos y debilidades profesionales y en impulsor de los más lúcidos y atrevidos proyectos. Al morir no solo perdíamos a un amigo, que había inventado los espacios más increíbles para unirnos y compartir, sino además a una de las «figuras» clave, entre las más necesarias de la multiplataforma.

En mensaje que envié a Morlote —quien muy acertadamente presenta este libro— le decía que una llamada de José, desde su cama del hospital para felicitarlos, anticipadamente, casi como una triste premonición, por los 60 años de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), la veía como una señal hermosa: nos recuerda cuánto nos une a intelectuales —que también lo somos—, artistas y periodistas.

Si repasamos bien quienes nos juntábamos en su casa en sus cumpleaños, era como si aquellas fueran una fiesta y una sede mixta de la Unión de Periodistas de Cuba, la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y la Uneac. Con su maravilloso sentido de la amistad, de la alegría y del cariño Jose nos advertía cómo debemos andar cuando otros solo pretenden cultivar entre los cubanos el enconamiento, la insidia, el desaliento y el odio.

Intelectualidad, periodismo y arte fueron siempre una trinidad fecundante en la historia cubana. Sin esa confluencia habría sido imposible esta lucha que todavía nos desvela por un proyecto de nación con independencia, justicia y libertad. Gracias a la AHS por este texto y todos los que lo hicieron posible. La obra de José merece lo que él no tuvo: larga vida.

 

Palabras escritas por el Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, Ricardo Ronquillo Bello, y leídas este lunes 17 de octubre en la presentación del libro Tiempo joven, entrevistas a jóvenes creadores cubanos, de José Luis Estrada Betancourt. 


Entrega la AHS Premios Maestros de Juventudes 2022

Cada año, la Asociación Hermanos Saíz reconoce a sus principales referentes de la cultura con la entrega del Premio Maestros de Juventudes, el más importante galardón que concede la organización.

En esta oportunidad, fueron siete las personalidades de la cultura cubana que recibirán la distinción. Entre ellos se incluyó a Augusto Blanca Gil, compositor y cantante, fundador de la Nueva Trova. Su quehacer artístico ha estado muy vinculado al teatro, siendo creador de una iniciativa que él mismo nombrara “Teatrova”. Además, Blanca Gil es diseñador general de teatro (escenografía, vestuario e iluminación) y actor.

La destacada bailarina, coreógrafa y directora Rosario Cárdenas Prieto fue otra de las premiadas con este reconocimiento. Es miembro del Consejo Nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y del Consejo Internacional de la Danza de la UNESCO. Acreedora de reconocimientos nacionales y foráneos por su obra, dirige también la compañía de danza Rosario Cárdenas. 

Los jóvenes creadores cubanos premiaron a Modesto Conrado Monier Ribeaux, una de las figuras más trascendentales de la cultura guantanamera y cubana, en general. Músico, arreglista y compositor, especialista en la música coral. Muchas de sus composiciones forman parte del repertorio de prestigiosas agrupaciones del país y del mundo.

La ensayista, crítica literaria e investigadora de figuras y temas de literatura cubana Cira Romero Rodríguez, fue otra de las galardonadas. Es miembro de la Asociación de Escritores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y Miembro de Número de la Academia Cubana de la Lengua. A lo largo de su carrera profesional se ha desempeñado como docente en el Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo Valdor y en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana.

Recibió, igualmente, el Premio Maestro de Juventudes una de las personalidades más significativas del arte cubano contemporáneo: Joel Mateón Jover Llenderrosos. Obras suyas se encuentran en numerosas colecciones institucionales entre ellas las del Museo Nacional de Bellas Artes; la Colección del Consejo Nacional de  Artes Plásticas; las del Lyman Allyn Art Museum de New London; y el Museo de Bellas Artes de Boston. Asimismo, ha publicado más de 20 libros de poesía, cuentos y ensayos.

La prestigiosa historiadora de la Universidad de La Habana y Premio Nacional de Historia (2008) Francisca López Civeira, se incluyó entre los merecedores del máximo reconocimiento que otorga la AHS. Profesora titular con reconocida trayectoria en la docencia y varias obras publicadas. Es acreedora, también, del Premio Félix Varela de Ciencias Sociales de la Sociedad Económica de Amigos del País, en 2012.

Ernesto Rafael Valdés Barceló fue otro de los agasajados. Premio Nacional de la Radio (2007),  Artista de Mérito y acreedor de la distinción Voz y Sueños por sus 50 años en esa profesión. Es maestro de locutores en su provincia Sancti Spíritus y en todo el país. Ha recibido diferentes distinciones que otorgan la Central Obrera, la Radio Cubana y el Instituto Cubano de Radio y Televisión.

El homenaje tuvo lugar en el Museo de Bellas Artes este martes 18 de octubre, como parte de las celebraciones por el aniversario 36 de la AHS.

El Sello Conmemorativo Aniversario 60 de la Uneac fue entregado por el presidente de esa institución, Luis Morlote Rivas, a la organización de vanguardia del arte joven en Cuba, y su presidente, Rafael González Muñoz, recibió, además, un reconocimiento de la Unión de Jóvenes Comunistas, de manos de la primera secretaria del Comité Nacional Aylín Álvarez García.

En presencia del ministro de Cultura, Alpidio Alonso, González Muñoz convocó al IV Congreso de la AHS.


Ernesto Valdés Barceló ¡Maestro de Juventudes!

Un reclamo de muchos rompió uno de los pocos silencios de la última asamblea provincial de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), aquí: «¿Hasta cuándo no contaremos con un Maestro de Juventudes?», preguntó una asociada, y detrás muchas otras voces apoyaron la interrogante.

Pasados unos meses, la buena nueva saldó una deuda —para muchos—, una injusticia —para otros— y consecuencia del fatalismo geográfico —para los más pesimistas—. Sancti Spíritus ya tiene su primer Maestro de Juventudes, la máxima distinción que otorga la organización que aúna a la más joven vanguardia artística.

«Me tomó por sorpresa y no solo porque partió de la AHS, a la que respeto muchísimo porque cuenta con jóvenes valiosísimos —refiere aún con el asombro en el rostro, Ernesto Valdés Barceló, locutor desde hace seis décadas en Radio Sancti Spíritus. Lo digo porque tengo conocimiento de que lo han recibido personas de mucho prestigio en nuestro país y yo solo he dedicado mi vida a la profesión y sí he formado a muchas generaciones».

Habla y resulta inevitable no sentir que el tiempo no ha mellado el amor, la entrega y la responsabilidad en su encuentro con el micrófono. Siempre es una sorpresa entre quienes lo descubren de frente. Ya suman 79 abriles, y en su voz apenas hay un asomo de las huellas de los años.

«La locución es una profesión que hay que querer como una familia. No es querer ser popular o ganar dinero, sino que precisa ser parte intrínseca tuya».

Lo descubrió desde el primer día que puso un pie, en octubre de 1962, en el equipo de ondas cortas que se encontraba en el mismo local de Radio Nacional, luego Radio Sancti Spíritus.

Bastaron dos años entre aquellos aparatos, capaces de trasladar hasta diferentes puntos de la ciudad del Yayabo la señal, para enrolarse en el colectivo de artistas, no como un ajeno sino como un seducido. De tanto ver y preguntar también, lo primero en domar fueron las grandes máquinas de cinta.

«Pero hubo necesidad de cambiar al personal de las transmisiones y en la reunión se percatan de que Valdés se quedaba sin trabajo. Entonces, alguien comentó que tenía buena voz y mencionan que podía incursionar en la locución».

Sin tiempo que perder, Arsenio Madrigal, entonces director de la emisora, anunció su estreno. El bautismo de fuego sería la última hora de transmisión del día, bien cerca de la medianoche.

«Me entró un miedo terrible. Se trataba de dar la hora y presentar música. Cada cierto tiempo le preguntaba al operador de sonidos cómo lo hacía y así pasó ese primer tiempo».

Junto a él, además de los oídos de casi toda una ciudad, estaban los de sus compañeros de trabajo. Al otro día, la propuesta resultó comenzar desde las seis de la tarde, lo que significó una mayor complejidad.

Inconforme como es hasta la médula, Ernesto Valdés Barceló, luego de aquellos sustos tomó una decisión: no sería locutor y con algún que otro argumento entró a la oficina del Director.

«Arsenio era muy tenaz y cuando me escuchó solo me respondió: no se te vuelva a ocurrir volver a decir eso. “Tú vas a ser locutor por mis pantalones”. Después de eso no pude negarme. Entendí entonces que ese sería mi trabajo, pero sabía que estudiar y aprender mucho eran mis únicas posibilidades para subsistir.

«En aquel momento no se conocía de técnicas de locución. Sin aquel colectivo realmente no hubiera podido llegar hasta hoy».

Y la nostalgia le aflora en la fuerte voz que luego se hizo familiar en más de un acto importante de la entonces provincia de Las Villas, luego en Sancti Spíritus, y en tantos programas radiales, que enumerar cada uno resulta un desacato a la concisión periodística.

Por eso hablar con Ernesto es escudriñar en las raíces de la radio en Sancti Spíritus. Entre tantas anécdotas, todavía se estremece tal y como lo vivió cuando se convirtió en 1972 en Locutor A, la máxima calificación entonces. Pero a la euforia la acompañan otros añadidos: fue el primero en la provincia de Las Villas y de los pocos en el país.

Lector empedernido. En el tablet, que no lo abandona desde que Radio Sancti Spíritus recibió una inyección de tecnología, guarda libros que le roban las pocas horas de descanso. Además de ponerle voz a programas dramatizados e informativos se divide como profesor de quienes apuestan por conquistar el éter.

«En el año 2005 me llamaron para formar parte del tribunal de evaluación de la región central del país. Y desde el primer día supe que había que tener en cuenta el sentido de la humanidad. Y es que en ese ejercicio de tanta responsabilidad no podemos olvidar que quienes evaluamos un día también estuvimos del otro lado».

Tanta entrega y pasión por el medio radial recibió el mejor de los agasajos en el 2007. Fue reconocido el 22 de agosto de ese año con el Premio Nacional de Radio. Con anterioridad ya contaba con la condición Artista de Mérito, además de otros muchos que engordan su currículo como la Réplica del Machete del Mayor General Serafín Sánchez Valdivia, la Medalla de la Alfabetización y el Premio Caracol en Locución.

«Cuando me llegó la edad de la jubilación no me quería ir, pero me obligaron algunas necesidades familiares. Estuve cinco años separado de la radio y la extrañé».

—¿Por qué nunca conquistó horizontes fuera de Sancti Spíritus?

—Siempre quise dedicarle mis esfuerzos a esta, mi provincia. Aquí está mi familia, he cosechado muchos amigos, mi vida toda.

Y un día, sin esperarlo, recibió un mensaje. Necesitaban que se incorporara a trabajar en la revista informativa Como lo oyes, de Radio Sancti Spíritus.   

«Acepté, pero no como conductor, pues sentía que por haberme distanciado había perdido las competencias que exige ese rol y me reincorporé como locutor».

Desde entonces, sus días son rutinas. Sale temprano desde casa. Se sumerge en el diarismo radial. Para cualquiera tenerlo cerca es una fiesta. Antes de que la tensión se le acomode en su cuerpo al ver encendida la luz de «Al aire», ameniza la jornada con sus anécdotas y consejos siempre en ristre. Demasiados saberes aún le restan por compartir.

«Fue de esa forma, como es, que aún con estos años estoy aquí».

—¿Y estarás, Valdés?

—Ojalá y sea por mucho tiempo más.


Cuba debiera ser siempre una sola familia

Son tiempos complejos, difíciles. Los embates de Ian agudizaron una realidad repleta de retos para un pueblo, que parece de ciencia ficción, por su capacidad de salir adelante, incluso cuando otros han pronosticado la debacle total.

La resistencia de Cuba, el alma hermosa de esta nación y su gente nos llena de un orgullo noble, como el que sentimos al ser aprobado recientemente el Código de las familias por inmensa mayoría, en un contexto complicadísimo.

Tuvimos la suficiente inteligencia y sensibilidad para votar por la esperanza, aunque eso significara superar prejuicios y apartar diferencias hasta políticas, porque no se trataba de castigar a nadie ni protestar por escaseces, sino de amor y reconocer los derechos de todos.

Ya desde hacía meses se sufría déficit de electricidad, de alimentos, transporte, medicamentos… Y verdad que es complicado mantener así la sonrisa, el ímpetu y los sueños, que es una de las formas más puras de la belleza.

Vino Ian, con su fuerza descomunal y la suficiente maldad de arrasar sobre todo en Pinar, causar daños también en Artemisa, Mayabeque, La Isla, La Habana, y dejar sin fluido eléctrico a todo el país. No solamente La Habana, toda Cuba…

Miles de personas, incluidos muchos jóvenes hemos tratado de ayudar de cualquier vía, lo mismo organizando donaciones, recogiendo escombros, ayudando a restablecer el fluido eléctrico…, aunque también hemos sufrido daños, aunque también se nos ha hechado a perder la comida, sé de algunos en Pinar que han perdido hasta sus casas y están ayudando…

Otros, en ejercicio de todo su derecho, han salido a protestar. Ojalá todos saliéramos con la misma fuerza y bondad para ayudar. Cuba debiera ser siempre una familia enorme a favor del bien.

Ya casi La Habana completa tiene electricidad. Muchas personas en Pinar tardarán semanas en tenerla, algunas con el sufrimiento de haber perdido todo, menos la solidaridad y el apoyo de otros.

Nuestros hermanos de Guantánamo, Santiago, Granma, Holguín…, La Isla y el propio Pinar llevaban varios meses apenas con unos alumbrones. Y en los días recientes, al igual que la capital, sufrieron el apagón.

Hay necesidades muchas, que debemos resolver lo antes posible, y, sobre todo las vitales. La falta de electricidad es la que más lacera la gente, la que más duele por las dinámicas que impone en los hogares y la sociedad en general.

Esta Revolución se hizo para la resistencia, pero sobre todo para el bien de su pueblo, para también disfrutar y cultivar la alegría. Los fenómenos externos seguirán, y verdad que suelen provocar sensaciones fuertes.

¿Por qué tanta maldad, por qué seguir impidiendo que este país intente lograr el desarrollo en mejores condiciones? Ni siquiera en situaciones como estas quitan o disminuyen las medidas contra Cuba, que es hacerlo contra nosotros, contra la gente.

Ojalá todos los cubanos, los de aquí y los de todas partes, nos unamos más que nunca, a pesar de las diferencias, para hacer el bien, para ayudarnos.

Es preciso seguir soñando con unicornios azules, y necesitamos también un barredor de tristezas -como en la canción de Silvio-, la construcción constante de la esperanza a favor de la vida, de Cuba y la Patria, que debe ser siempre de todos.


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