El dibujo como articulador expositivo

Las primeras manifestaciones gráficas

de la humanidad corresponden al dibujo.

José Parramón

Asunto: Ejercitación es la más reciente muestra que acoge por estos días y hasta el mes de junio de este año, la galería La Nave, perteneciente a la empresa Génesis Galerías de Arte. La muestra reúne la obra de siete artistas emergentes cubanos aunados bajo el pretexto curatorial de repasar un denominador plástico común: el dibujo.

La voluntad de los artistas compendiados en esta propuesta expositiva se ancla en haber asumido el dibujo, de manera recurrente como técnica y lenguaje, en el devenir de sus respectivas carreras. Elio Jesús Fonseca, Daniel Madruga, Sergio Marrero, Miriannys Montes de Oca, Gabriela Pez, Harold Ramírez y Ariel Santos constituyen la nómina de esta muestra, cada uno con una propuesta muy singular y personal en discurso, formato y dimensiones.

“Brecha”, de Miriannys Montes de Oca

La frescura que se respira en cada pieza, la variedad del oficio asumido y la “ejercitación” técnica, la pluralidad de soportes y medios, la exquisita distribución compositiva y museográfica –que revela un aprovechamiento a conciencia del espacio y un diálogo armónico entre las piezas y el entorno galerístico–, le imprimen a esta muestra un cariz abierto y fresco. Precisamente, como indica uno de sus curadores: “En contra de toda ortodoxia académica y en beneficio de la libertad de las formas se recrea esta exposición que ironiza sobre el sentido de «ejercitar» bajo condiciones inespecíficas, sin algoritmo ni guiones que tributen a una manera de hacer” (Jorge Peré. Palabras al catálogo).

Ese rejuego de sentidos, que pretenden ensanchar los límites significativos no solo de las palabras que dan título a esta muestra, sino también la mixtura de medios y formatos de los artistas para discursar desde sus propios nichos experienciales, sin dudas, resulta un plus favorable para esta propuesta expositiva.

“Cronotopo #86 (una parada en el camino)”, de Sergio Marrero

Exquisita en su despliegue museográfico, la muestra se tantea entre el mega-dibujo proyectado cual suerte de obra instalativa, como las propuestas que nos ofrecen Miriannys Montes de Oca o Daniel Madruga, desde sus respectivos recursos y discursos estéticos; hasta piezas más discretas en su extensión compositiva, pero con una fuerza impactante que viene dada por la síntesis con la que se comunican simbologías y reacciones –dígase, por ejemplo, la obra que nos propone Harold Ramírez, o piezas más autorreferenciales como las de Gabriela Pez.

“Con el sol en la cara”, de Harold Ramírez

Cada artista, desde su propio lenguaje plástico, le aporta a esta muestra la pulsión manifiesta de lo gestual y lo simbólico, del work in progress y la constancia, de la figuración y de la síntesis formal. Se advierte aquí una cofradía estética que encuentra su punto neurálgico en la riqueza del dibujo; ese al cual, parafraseando al escritor y artista español José Parramón, la humanidad le debe las primeras manifestaciones gráficas.

“El último intento”, de Daniel Madruga

Asunto: Ejercitación deviene, entonces, en una propuesta curatorial que presenta al dibujo no solo como recurso técnico y lenguaje estético, sino también como un gesto, como un sistema de pensamiento que continúa vivo, que sigue despertando en los artistas jóvenes la curiosidad y el desafío por experimentarlo y ejercitarlo desde la audacia creativa y la inconformidad plástica.

Vista general de la muestra

Los bendecidos animales de Yasmany

“Hice estos cuadros porque me dio la gana, una madrugada”, me dijo Yasmany Rodríguez Alfaro cuando inauguramos su muestra pictórica en el lobby de la AHS  avileña, Los animales del cuerpo.

Y ese mismo desenfado se vive en cada una de las once obras que la componen.

O de los animales que él mismo ha ido domesticando, cual pequeño príncipe.

Los habrá alimentado con savia de su cuerpo. Con inmaculada disciplina. La disciplina que es hacer lo que no quiero para lograr lo que quiero.

Los habrá acariciado hasta perder las fuerzas del cariño. Hasta decir “basta”, y arrojarlos, luego, por el suelo.

Voy a la numerología, que me encanta. 11 se descompone en 1+1 que es igual a dos. Y dos le viene bien a las personas que son pacientes, versátiles, serviciales, ingeniosas, amables y adaptables.

No sé si es pura coincidencia, pero los que conocemos a este joven artista vemos que la cosa le viene al dedillo.

Pero si vamos a otro significado del número leeremos:

El Número 2 es el número de dualidad y del equilibrio y representa la expresión del Alma en todas sus dimensiones. Su signo del Zodíaco es Cáncer y su planeta dominante es la Luna, el astro asociado a los instintos, el subconsciente y todo lo que simboliza la figura femenina y materna.

Y así podríamos entender el desenfado de Yasmany. Quizás sin proponérselo, estaba cometiendo el sublime acto de la creación inconsciente. El mismo que nos describía Paul Groussac cuando decía, “la mano de dios conduce a la mía cuando trascribo sus artículos”.

Es lo que nos pasa a muchos escritores. En este sentido, nada nuevo hay bajo sol.

Pero es alentador ver que la AHS  sigue respondiendo con interés e inteligencia al reclamo promocional de sus artistas. Por eso cede sus espacios virtuales y físicos para la materialización de exposiciones como esta.

Yasmany fue invitado a las Romerías de Mayo este 2022. Y hasta Holguín se fue con la carpeta bajo el brazo. No pudo exponer. Pero las ganas de hacerlo no caerían en saco roto.

Apenas se preparaba la Feria del Libro en esta ciudad famosa por sus poetas y portales, la AHS pensó en exponer los animales de Yasmany. Y pensó bien.

El marco de la literatura era más que propicio. Rodríguez Alfaro es también escritor. Y un buen escritor, por cierto.

En estas once piezas no solo se percibe su dominio del arte bidimensional, sino, además, el gusto por el diseño y el color.

El color pobre. Acaso una par de primarios.

Apenas un secundario.

La muestra en sí. Fotos: Vasily M.P

Ningún terciario. Porque el mundo el mundo es caos. Porque la pandemia azota y hay que dejarse azotar dulcemente. Nosotros, los pecaminosos bendecidos de este mundo.

Cada cuadro en cartulina es un resurgir de formas sin conceptos, y conceptos sin formas. No quiero decir que lo figurativo es hueco o padece de significados. Digo que la figuración es tan rica como polisémica y sus lecturas dependen del nivel de comprensión del otro. Del que asiste a la muestra.

O del que se que ve reflejado. Porque las temáticas aquí no dejan de ser cotidianas y de vida citadina.

Porque veo chismes en el ambiente pictórico, lascivias, palabras soeces y figuras escandalosas, elementos lúdicos y hasta deseos pecaminosos de poseer todo lo posible. Hasta se le da otra espiritualización  a la tan representada y mística serpiente.

Recuérdese que la serpiente es el símbolo del pecado en la Santa Biblia; el Uraeus o serpiente sagrada en la corona de guerra de los faraones denotaba la iniciación en los ritos sagrados y expresión de la sabiduría oculta; para los chinos, la serpiente y el dragón son símbolos de la vida rítmica, metódica, junto a los principios de humedad y fecundidad; en la cosmogonía de la India, aparece Vischnú, el “principio conservador”, junto a su esposa Lakmi, reposando sobre una serpiente de siete cabezas, llamada Ananta, la eterna o Ananda, manantial de vida; gracias a la maldad de una serpiente Gilgamés como su pueblo, no pudieron torcer la triste condición humana de morir; en Egipto, el dios Amón se confunde con la serpiente creadora; y así, hasta el infinito.

Por lo que en estas piezas de Yasmany, dicho reptil puede ser la reunificación de todos estos significados o uno solo, el que más le convenga al espectador. Porque de eso se trata, también, la obra de arte. El otro tiene su propio entendimiento o significado de las cosas y, el otro, además, es el principal tributario de contenidos.

Hacia él van dirigidas todas las obras de arte.

No hay tantos animales como se esperaría. Porque el animal es el mismo hombre. El hombre del hombre. O como reza en esa frase memorable que es parte de una de las piezas:

EL HOMBRE DENTRO DEL HOMBRE ES MÁS GRANDE QUE EL HOMBRE.

¿Qué significa? Para mí, es la profundidad del ser. Es la tríada. La mística. Es el resultado del 1+1 que es igual a 2. Es el hijo de todas las cosas. Es la maternidad y la paternidad más grandes que la propia concepción del hijo.

Pero es, también, todo lo que le puedas agregar tú, en tu juego de significantes.

Otro de los elementos que me llama la atención de estas piezas es el uso del color. La presencia del negro pudiera darnos la sensación de que todo en el ser humano está fuera de control o sumergido en el caos y desconsuelo.

O pudiera ser el mundo onírico.

Si contextualizamos las obras en cuestión, pudiéramos apoyarnos en las propias declaraciones de Yasmany cuando nos dice que “fue creando estas imágenes en los momentos más duros de la Covid-19”.

Entiéndase. Era cuando la muerte estaba al doblar de la esquina. Donde el miedo, el susto, las malas noches, no dejaban paso a la tranquilidad necesaria para el cuidado de la salud. Instantes de crisis. De aislamiento social. De barreras y escondrijos. De máscaras y ungüentos para escapar de los síntomas.

Todavía estamos así, pero en otro nivel mucho más sensato.

¿O debiera decir pecaminoso?

Cada uno de los cuadros de esta muestra me hacen sentir el arrebato en el que fueron concebidos y cierto grado de inmadurez artística. Rabia desbocada. Deseos de acabar con ese tiempo de esconderse y cuidar hasta el habla cotidiana.

Hay arrebatos. Sí. Muchos. Y pareciera que es un niño el que pintó estas cartulinas. O embarrado de pintura. Porque la rabia, tanto tiempo contenida, pareciera salirse cual chorro de semen gestándolo todo. Así de lasciva y comprometida puede ser esta obra.

Así de contestaría, porque le da la gana salir al mundo y ponerse en cuatro patas para burlarse de todos.

Y llegará hasta donde quiera el espectador.

Sírvase también las iconografías de Choco, Moisés Finalé, Mendive, Lam, Picasso, para aumentar los simbolismos de cada pieza. Porque ahí están esos maestros en esos planos que juegan entre sí, que se contaminan y disuelven; ahí están en esos ojos que todo lo ven y que fueron testigos, también, de Guernica y Mendive; o los rostros gritando, de perfil siempre, de Choco.

Ahí está la cultura cubana. Y la AHS avileña para resguardarla como buen hijo.

Una vez más gana el arte gestado desde la vanguardia juvenil avileña, de las artes visuales en la figura de Yasmany Alfaro y sus animales del cuerpo.

Obra que hasta levantó el asombro y el buen gusto de nuestro poeta y Ministro de Cultura Alpidio Alonso Grau, cuando se personó en la Casa del Joven Creador y dialogó con el artista, cuadro de por medio.


Permutaciones, entre lo abstracto y las emociones

La mezcla de colores y materiales diversos provoca el nacimiento de obras diversas. Desde la plástica, Roberto Reyes convoca a la suma expresión de libertad creativa, a trascender en un binomio mente-pincel, que invita al espectador a dialogar con sus modos de hacer.

Acogida por la galería Guernica, sita en la Casa del Joven Creador, la exposición personal Permutaciones coloca una vez más a Reyes frente al espectador y, definitivamente, lo reta.

“Como su nombre lo indica, mis obras permutan de un contexto a otro cuando los elementos dejan de formar parte de lo que son para convertirse en otro dentro de este nuevo todo”, explica a 26 el autor, quien significa que “los elementos que uso como la arena, las jabitas de nailon, los alambres, la ropa, forman un conjunto a través del cual transmito el mensaje que quiero. Es ese todo propio de las obras abstractas que para muchos resulta incomprensible”.

La muestra se inscribe como parte del V Taller de Arte Abstracto que convoca el proyecto La Cruzada, liderado por Roberto Reyes, con el auspicio del Consejo Provincial de las Artes Plásticas (CPAP), y que sesionó en Las Tunas entre el 12 y el 15 de mayo.

Como esencia mantiene las aspiraciones con las cuales surgió en el año 2013, el intercambio con la comunidad, hasta donde llegan los pintores para crear a la vista de todos, con esas rutinas que, usualmente, reservan para espacios íntimos. A lo cual se suma la tradicional colocación de obras dentro de los hogares, un tipo de galería sui géneris que acerca el hecho artístico a su público a través de la convivencia doméstica.

En esta ocasión el Taller… se dedicó a Pedro de Oraá, Premio Nacional de Artes Plásticas 2015, quien mantuviera un estrecho vínculo con el evento debido a su reconocida obra dentro del abstraccionismo en Cuba.

Hace ya 16 años que La Cruzada aglutina a pintores abstractos, no solo tuneros, pues según Reyes ha trascendido de ser un proyecto provinciano para alcanzar reconocimiento a nivel nacional, al potenciar esta vertiente visual, que tradicionalmente ha sido preterida frente a manifestaciones más populares relacionadas con la pintura figurativa.

Para Othoniel Morffis, presidente del CPAP en Las Tunas, además de mantener viva la manifestación y colocar a la provincia como puntal de la misma en el panorama nacional, mantener el objetivo primigenio del intercambio con la comunidad ha contribuido a posicionar el abstraccionismo.

“Lo que acontece durante estos días en la comunidad de El Paso de Marañón es maravilloso, pues constituye una suerte de performance el hecho de que los pintores salgan de sus espacios habituales para realizar sus obras a la vista pública y exponerlas en los hogares de ese barrio”, acota Morfis.

El abstraccionismo cobra fuerza en Cuba a partir de la década de 1950 del siglo XX, con el reconocido trabajo de los populares Grupo de los Once y 10 pintores concretos. En épocas recientes ha cobrado vitalidad con la labor de conjuntos como Espíritu abstracto, de Sancti Spíritus, y La Cruzada; lo cual se resume en el libro La abstracción en Cuba, de Luis García Peraza, quien recoge en el texto las entrevistas a 100 creadores de esta vertiente.

Es esta una de las tendencias menos populares de la pintura, sin embargo, en Las Tunas se impulsa no solo la promoción a los creadores que la desarrollan, sino el vínculo del público con un tipo de creación que desde el rompimiento de esquemas provoca la movilización de sensaciones y sentimientos en el espectador. 

 

(Tomada del Periodico 26, escrito por Natacha Reyes Escobar)


Ramón Legón en la multiplicidad dialógica de Babel

Fundador de Babel, investigador y crítico de arte, Ramón Legón ha dejado huellas en varias generaciones de artistas holguineros. No solo de creadores visuales: escritores, investigadores y realizadores audiovisuales, entre muchos otros, han bebido de las enseñanzas de El Perro, como le apodan, cariñosamente, los amigos, desde que, a inicios de los 90, o quizá un poco antes, empezaron sus andanzas en el mundo curatorial y en la promoción y crítica de arte, a la par de una generación que irrumpió con fuerza en el mapa plástico local, con creadores como Magaly Sánchez y Néstor Arenas.

Desde las aulas de la Academia Regional de Artes Plásticas El Alba y después de la Facultad de los Medios Audiovisuales (Famca) del ISA en Holguín, Legón revitalizó la enseñanza de asignaturas teóricas importantes. Lo mismo desde la curaduría en el Centro Provincial de Artes Plásticas y otras instituciones, como desde el periodismo y la crítica, en las páginas de publicaciones como El Periquero y La Luz, o desde el impulso inicial de la Asociación Hermanos Saíz, y el torbellino creador y arduo de los 90.

De alguna manera, el pensamiento crítico contemporáneo, la posmodernidad, entró al ejercicio plástico local y a su análisis gracias al empuje de personas como Legón. El arte de inicios de los 80 no sería el mismo, ni por asomo, en la siguiente década. El cine, sabemos, es otra de sus grandes pasiones, al igual que la literatura. Allí, confiesa, le acompaña particularmente la poesía del cubano Ángel Escobar y el mexicano José Emilio Pacheco. A su lado, Mariela Varona, La Perra, ha dado cuerpo a una obra narrativa que la distingue entre las principales autoras de su generación en nuestro país.

Justamente el evento Babel, en su 27 edición, reconoció a Ramón Legón con la Distinción Electa Arenal Huerta que entrega el Centro Provincial de Arte y la Dirección Provincial de Cultura a personalidades sobresalientes en la creación, promoción y preservación del arte holguinero y cubano, como homenaje a la artista mexicana que trabajó en la provincia en la década del 60, dejando valiosos murales y esculturas en instituciones y espacios públicos. En las palabras de elogio, Manuel Arias, director del sello editorial Papiro, rememoró el quehacer de El Perro durante varias décadas y cómo su impronta –aunque a él le parezca que no ha sido nada meritoria– ha acompañado la creación no solo artística, sino de varias instituciones y proyectos creativos.

Con anterioridad, Legón compartió con el público sus experiencias en el ejercicio de la crítica, el periodismo y la docencia en el panel “La crítica de arte en Cuba”, junto al artista Rafael Zarza, Premio Nacional de Artes Plásticas 2020, y de quien el Centro de Arte exhibe la muestra de grabados Piel de toro, y el escritor y periodista Erian Peña Pupo.

Como parte del evento Babel, dedicado a la crítica de arte, quedaron inauguradas las exposiciones A dos caras, fotografías de Selena Ferrer y Alcides Portal Alfonso, de Cienfuegos, en la Galería Holguín; y El hombre, el tiempo y el destino, de jóvenes exponentes de las artes visuales en el territorio, en la galería de la Casa del Joven Creador.


Rafael Zarza, fuerza de piel de toro

Rafael Zarza expone por primera vez en Romerías de Mayo. Como parte de Babel, evento de las artes visuales del Festival Mundial de las Juventudes Artísticas, el Premio Nacional de Artes Plásticas 2020 inauguró, en la sala principal del Centro Provincial de Arte, la exposición personal Piel de toro, compuesta mayormente por litografías –en muchas utiliza el acrílico y el collage–, además de algunas serigrafías, donde el tema taurino, recurrente en la mayor gran de su obra, transita como hilo conductor la muestra.

Su trabajo, con el empuje de un toro brioso que no ha perdido la lozanía de los años mozos, sino al contrario, ganado en agilidad, en perspicacia, lo coloca entre los principales exponentes del grabado contemporáneo en Cuba, desde que en la década del 60 creó la serie Tauromanía, asociada al pop y la obra de Humberto Peña (“Con el rayo, buuf”, homenaje a Humberto, maestro de su generación, se incluye en esta muestra).

“Ya entonces aparecía –desde luego– el animal que ha identificado por excelencia su producción artística. Bravío o amansado, viril o castrado, musculoso o esquelético, vivo o desollado, libre o sojuzgado, líder o crucificado, solitario o enyuntado, de cuernos agudos o mutilados, se prodigó de forma serial o unitaria en Animales… Demostró ser peligroso por su embestida potencial y por su carga de significados históricos, sociales, artísticos…”, escribió Israel Castellanos en Juventud Rebelde a propósito de Animales peligrosos, la antológica muestra con la que el Museo Nacional de Bellas Artes celebró su Premio Nacional de Artes Plásticas, entregado por sus aportes no solo como fiel defensor de la litografía en el contexto nacional y del grabado en general, sino también por su trabajo en la pintura, ilustraciones, dibujos, instalaciones, carteles y portadas de discos.

Zarza, fundador de ese crisol de renovación del grabado insular que es el Taller Experimental de Gráfica de La Habana, reinterpreta creaciones y temas clásicos de la historia del arte. La apropiación y la cita son frecuentes en su obra, como lo es la ironía. A través de ella revisita y se sumerge críticamente en la cotidianidad nacional. Sus aportaciones formales y conceptuales en materia de representación, cuestionamiento y recreación personal de la realidad social y cultural cubana, como maestro de generaciones, fueron subrayadas en el acta del jurado que le concedió el galardón.

Piel de toro –exposición con dirección general de Yuricel Moreno Zaldívar y curaduría de Yosvel Vázquez Prats y Bertha Beltrán Ordoñez– nos muestra a un Zarza provocativo, lúcido, atrevido, lúdico –su obra, producto de una serie de incomprensiones de otras décadas, fue tildada de falocentrista y por tanto, machista–; al artista que construye símbolos, artefactos, conceptos y los rearma a su manera, irónicamente, como en un juego, con una línea de colores cálidos, agresivos, que nos pone frente a un toro rebelde, ágil, un semental inhiesto y potente, listo para la embestida.

“Zarza oye bramidos donde nadie los oye, los traduce, los pone en largos textos al pie de sus grabados que luego lanza a correr por los San Fermines del mundo a precios razonables. Rafael Zarza, viejo singular, refunfuña, patalea, dibuja, pinta, padece de modestia, vive, pero brilla siempre”, escribe Ángel Ramírez en las palabras de la muestra que nos trae a este necesario artista a Romerías de Mayo. “Zarza es mucho maestro”, concluye Ramírez. Cada pieza de Piel de toro nos reafirma su perenne maestría, su apuesta, a pesar de los riesgos, por el brioso empuje de este animal de raza.

 

 

 


Diálogos de Aníbal De la Torre

Palabras del catálogo de la exposición “Diálogos”, del joven artista visual holguinero Aníbal De la Torre, inaugurada en la Sala pequeña del Centro Provincial de Arte de Holguín como parte del evento Babel en la edición XXIX de las Romerías de Mayo.

En la religión yoruba el Oráculo del Diloggun es la “boca” de los orishas. A través de los caracoles y los igbos, estos hablan y nos enseñan de humildad, caridad y amor al prójimo. Nos ayudan a vencer los obstáculos en la vida. Hablan y explican, expresan, describen… estados de desarrollo de cualquier proceso, fenómeno o circunstancia de la vida. Integran el Oráculo del Diloggun veintiún caracoles cauris; de ellos se utilizan solo dieciséis con una de sus partes abiertas –cada uno con dieciséis signos más– para pronosticar el futuro. Cuando en la estera la parte abierta cae bocarriba, habla uno o varios orishas. Las combinaciones pueden poseer disímiles significados. Estos signos se recogen en el libro de los Odu, manual utilizado por el santero en el proceso de consulta; y cada uno de ellos está encabezado por un refrán que resume una sabiduría ancestral.  

Aníbal De la Torre Cruz, en sus diálogos entre la religión yoruba y el arte –intercambios que dan cuerpo a una poética que, como creador particularísimo, lo ha hecho dueño de una cosmovisión reconocible no solo en el contexto holguinero–, parte de estos refranes del Oráculo del Diloggun para establecer un conversación entre lo terrenal y lo espiritual y al mismo tiempo, consigo mismo; y que se expande al espectador y la pieza. Notamos –como si estuviéramos escudriñando, buscando algo más allá en su obra– como cada refrán se abre a las multiplicidades de la interpretación, de la polisemia. Cada persona encuentra en ellos y también en estas piezas, múltiples sentidos.

Aníbal explora nuevas búsquedas, es cierto, pero sus rostros –aquí autorretratos y recordemos que literalmente las deidades yorubas, los Orishas, son “dueños de la cabeza”– son reflejos del ser, una especie de puente entre quien nos observa desde el lienzo y quienes, desde este lado del umbral, intentamos comprendernos. Él ha ido consolidando su mirada –fraguándola, mirándose a sí y encontrándose en las posibilidades de esta mixtura– luego de las indagaciones que han reforzado su estilo: esta simbiosis fe/arte, los colores y tonalidades (sienas, sepia, negro y blanco), las posibilidades de la abstracción, la utilización de diferentes elementos yorubas incorporados a las piezas (clavos de línea, garabatos, herraduras, caracoles y girasoles) que cobran fuerza en una muestra que aprovecha más lo manual, lo instalativo, el collage y sus posibilidades, para darle cuerpo a la investigación sobre la que sostiene su mirada.

El culto sincrético no es excusa en su trabajo, es asunción de fe, marca poética, reunión de elementos de la cultura yoruba. Es identidad, y más que crisol, ajiaco ortiziano. Esta muestra busca miradas abiertas, públicos activos que se arriesguen a explorar más allá, a interactuar con las posibles sincronías de mundos paralelos. “No tengas pena de mirarte a ti mismo”, dicen los orishas. Y lo reafirma este joven artista. Diálogos a través del Diloggun, del arte y de nosotros, intercambios con contextos y realidades, con Cuba; y todo como posibilidad y realidad en la obra de Aníbal De la Torre.


Sinfonía de los pasos perdidos

Ludwig van Beethoven cuando en 1824 compuso la Novena Sinfonía tenía claro que esta obra marcaría un punto esencial en su carrera. Sin embargo, nunca imaginó que su belleza, el alivio que ofrece al corazón, su canto al amor, la elevarían a ser patrimonio inmaterial de la humanidad.

Danzaire, la pinareña compañía de danza contemporánea que dirige Yurien Porra, incitada tal vez por los enigmas, por todo cuanto significa y provoca “La Coral”, de Beethoven, regresa a las tablas pinareñas en pos de concebir una nueva criatura para la danza, una que identifica ante el mundo como Sinfonía de la alegría.

Fundada en 2001 por el bailarín y coreógrafo José Miguel Castillo, Danzaire, ha corrido la suerte de muchas de las compañías del país, en especial aquellas localizadas en las mal llamadas provincias de interior. Su devenir artístico ha sido fluctuante debido al éxodo de sus figuras y en ocasiones a la inestable calidad del repertorio.

En esta oportunidad su propuesta, Sinfonía de la alegría, fue pensada como un programa de concierto dedicado a su fundador y actual coreógrafo, José Miguel Castillo. Coexisten en el espectáculo tres coreografías diferentes: momentos de Pasos cómplices, de Castillo; el dúo Estaciones de invierno, de José Armando Crespo y Marcia Salgueiro; y la Coda Final, creación colectiva de Danzaire.  

Decimos esto porque cuando se alza el telón y transcurren diez minutos de acción danzaria, más allá de las buenas intenciones que pudieron motivarla, comienzan los cuestionamientos. El título de la obra es el primer peldaño que se presta al debate, puesto que al examinar las diversas coreografías y cuadros que conforman Sinfonía de la alegría, el espectador se percata que no está precisamente ante una sinfonía de alegría, ante un paisaje bucólico, sino algo más complejo.

Al centrarse más bien en las relaciones de pareja, en las pasiones y afectos que estas experimentan, Sinfonía… muestra al ser humano transitando sus más variadas escalas, comportamientos; situaciones que van desde amarse intensamente hasta agredirse, ignorarse.

De manera que la Sinfonía…, de Danzaire, no es exactamente, tal como pudiera sugerirse en el poster promocional de este espectáculo, un canto a la alegría a la manera de la Novena Sinfonía, de Ludwig van Beethoven. Su tono es otro: un llamado –lo cual hace esta propuesta valiosa– a la revisión, al debate sobre los extremos a los que se puede llegar y lo desgastantes que pueden ser las actitudes controladoras, insensibles, manipuladoras entre los humanos. 

A partir de ser evidente el divorcio entre el título de la obra y su contenido, saltan a la vista de inmediato, otras debilidades que lastran la nueva entrega de Danzaire.

Una de estas, de las más medulares, es un error en la concepción espectacular de Sinfonía… En un primer momento de la velada se pone en escena una serie de fragmentos de Pasos Cómplices, de José Miguel Castillo (fungida desde la técnica de la danza contemporánea), y luego, coreografías como el dúo Estaciones de invierno y la Coda Final (vistos desde el ballet neoclásico). Pero, ¿dónde radica el problema en esto?

La disposición de las secuencias y coreografías no responde, al menos como se recepciona, a la estructura de un programa de concierto. Para que esto hubiese sucedido, para evitar confusiones, lo más prudente debió ser alternar los cuadros de Pasos Cómplices con las coreografías Estaciones de invierno y la Coda Final. Ello respondería a la dramaturgia fragmentada si se quiere decir, de los programas de concierto.  

Pero como no se procedió de tal manera, el público llegó a pensar, a partir ver cómo se suceden los cuadros de Pasos Cómplices y luego las demás coreografías, que está ante una única obra, que Sinfonía… es una obra original. Y lo peligroso de esto es que los espectadores la perciben como un germen de puesta en escena, un producto que no ha madurado en la totalidad de sus partes, que se resiente en sus notables inconexiones, incongruencias para muchos.

Así pues, el descuido en la conformación de la dramaturgia coreográfica de Sinfonía de la alegría tiene serias repercusiones en la visión que de esta propuesta danzaria pueda tener el público pinareño.

Ahora, si bien es cierto que se debe trabajar en la escritura escénica de esta obra. Aunque no es posible dejar de notar uno que otro rayo de luz que aparece tardío, fuera de lugar o ausente cuando la acción danzaria y los propios bailarines lo necesitan. Por más que la música no surja en el exacto momento que lo reclame la coreografía. Aunque la mayoría de los intérpretes muestran que ya no están aptos físicamente para enfrentarse a la agudeza de los reclamos técnicos de una práctica tan exigente como el ballet neoclásico. Sobre esas consabidas brumas, asomó un haz de luz…, una brisa que lleva consigo un tenue discurso danzario.

Se llega a agradecer por sobre todo que en Sinfonía… haya un abordaje sensible, abierto, sincero, sin tabúes –en particular en los cuadros que componen Pasos Cómplices– de temas que como antes hicimos referencia, estén relacionados con las más diversas pasiones humanas, los devenires, altibajos y alegrías que fluyen de las relaciones entre parejas. Ese es el acicate que salva al espectáculo y lo hace atendible en estos tiempos.

No se pueden pasar por alto la belleza y la intensidad de los cuadros de Pasos cómplices, interpretados por bailarines como Yurien Porra y Odel Camps, donde el flujo, la intensidad y fluctuación de las pasiones compusieron un mosaico diverso, dinámico, cuidado, en que se denota confianza y relación comunicativa entre ambos bailarines. Marcia Salgueiro y Dianalys Alfonso también ofrecieron momentos entrañables en una tortuosa relación de manipulaciones, rupturas, seducciones. De igual modo sucedió en el cuadro asumido por José Miguel Castillo y la Alfonso en que la teatralidad del gesto, de la propia arquitectura y sentido del movimiento dibujaban los matices tóxicos, los desencuentros y momentos felices que puedan atravesar las relaciones conyugales. 

El dúo de José Armando Crespo y Marcia Salgueiro tiene pinceladas destacables, aunque hay que puntualizar que de cierta forma desentona por su carácter más comercial si se quiere decir, con las restantes partes del espectáculo en que se inserta.

Sinfonía de la alegría es un espectáculo de arranque después de una etapa pandémica que se extendió durante casi dos años y que mantuvo a las agrupaciones artísticas del mundo en reposo creativo. Los principales móviles de esta propuesta residen, en esencia, en devolver a Danzaire a las tablas y mostrar al mundo la nueva línea estética danzaria que en adelante ha de consolidar el devenir de la compañía pinareña: la hibridez el ballet neoclásico y la danza contemporánea. Sin embargo, algunas fallas en Sinfonía… lastraron la calidad total de esta entrega. Aquí es donde por lógica debe o debió entrar en juego la anagnórisis[1], sobre todo para los miembros de la compañía dirigida por Yurien Porra.

Puesto que no se trata de crear por crear, soñar por soñar, dinamitar sin raíces profundas. Para llevar a cabo procesos fundamentales que re-enrumben los destinos de una compañía y sus integrantes, debe tenerse conciencia de las posibilidades reales que se tiene a nivel técnico y humano.

En el caso de Sinfonía de la alegría, solo momentos puntales de Pasos Cómplices y del dúo Estaciones de Invierno revelan trazos escénicos concebidos con detenimiento. Las restantes partes de esta obra se desdibujan, quedan vacías, sin un acabado en la arquitectura danzaria (fundamentalmente la Coda Final), lo cual demuestra una verdad consabida que refiere que en el caso de la danza escénica no se trata de solo bailar, sino de concebir desde la razón un discurso y una escritura escénica que dejen algo más que una agradable experiencia estético-cinética en el espectador.

[1] Es una de las categorías de la tragedia griega en que el héroe, llega a tener conciencia del origen del mal que lo acosa, de la condición real en que está.

 


Ink Factory para legitimar el tatuaje desde Pinar del Río

La 4ta edición del evento de tatuajes Ink Factory, gestado desde la Asociación Hermanos Saíz en Pinar del Río, resultó un espacio para legitimar el tatuaje como arte.

Hablamos de una tradición de más de 5000 años en la historia de la humanidad y en todas las culturas, desde Oceanía hasta América, con valor etnológico, antropológico y un significado psicológico para quien se lo hace.

Fotos de Jaliosky Ajete
Fotos de Jaliosky Ajete

Y aún así, durante siglos, sobre el arte en la piel han pesado los estigmas. Es quizá la última centuria la que le ha abierto paso en galerías y museos para exponer maquinarias involucradas en el proceso y los tatuajes en sí, ya sea en fotografía, performance, video, etc.

El Ink Factory autenticó esta expresión plástica con sesiones de trabajo diurnas de viernes a sábado y muy buena acogida por parte del público. Participaron tatuadores de varias provincias con diseños propios; por lo que el evento destacó también las disímiles estéticas que confluyen en la contemporaneidad.

Desafortunadamente, esta edición del Ink factory no pudo contar con talleres o un ciclo teórico para discursar sobre temáticas tan atractivas como la historia del tatuaje en Cuba, las limitaciones materiales del tatuaje ante la crisis económica o el marco legal de su práctica, que arrojarían luz a la interrogante: ¿Es posible hablar de un tatuaje cubano? Al mismo tiempo captaría la atención de otras audiencias que se acercarían con espíritu académico.

Fotos de Jaliosky Ajete
Fotos de Jaliosky Ajete

No obstante, el evento corroboró una verdad consabida: tatuar es un arte. El diseño de un tatuaje lleva altas dosis de creatividad y conocimiento del color y la composición. No todos los tatuadores son artistas, porque imitar un diseño concebido por otro y/o descargado de Internet, no es crear; aunque lamentablemente esta práctica ocurre con frecuencia para satisfacer al cliente que llega al estudio de un tatuador con el boceto de lo que quiere hacerse.

El tatuaje es arte cuando es una obra original y su artífice interpreta la realidad plasmándola mediante recursos plásticos. En este caso, las tintas recrean volúmenes, atmósferas, composiciones armónicas. Nadie duda que, como cualquier obra de arte, también tiene un valor coleccionable y puede alcanzar altísimos valores en dependencia de la complejidad del proceso.

Fotos de Jaliosky Ajete
Fotos de Jaliosky Ajete

Con esas motivaciones y atractivas propuestas visuales que beben de códigos culturales diversos, los tatuadores tomaron por cuarta vez el predio vueltabajero en el Ink Factory, probando que en la Isla emergen nuevos escenarios y talentosos artistas en el ejercicio del tatuaje.


Disponible revista científica sobre diseño

Accesible en formato digital, ya salió a la luz el número 16 de la revista “A3manos”, editada por el Instituto Superior de Diseño (ISDi). Once artículos conforman esta edición, dedicada a la producción científica en las ramas del Diseño Industrial, Diseño de Comunicación Visual y otras áreas afines.

Amplia variedad temática caracteriza este número. Entre los temas tratados figuran: “La presencia cerámica en el Art Nouveu habanero”, “Las características distintivas del diseño artesanal y el diseño industrial”, “El estadígrafo Kendall y su aplicación”, “Estética de la sostenibilidad”, “Importancia para las esferas actuación (objeto y maquinaria) de los diseñadores industriales”, “Creatividad y Educación”.

“El diseño de comunicación visual y el diseño industrial al servicio de la educación especial”, “Diseño y calidad en la perspectiva económica cubana”, “El Art Decó y sus expresiones en los años 20 en Cuba” emergen entre otros objetos de estudio.

Los últimos artículos se dedican a la reducción e impacto medioambiental de la generación de residuos de envases y embalajes, así como a las variables para una comunicación efectiva de resultados de diseño.

La relación del diseño con otras disciplinas ocupa un espacio en esta publicación especializada: Teoría y pedagogía del diseño, Diseño sustentable, Diseño y sociedad, Nuevas tecnologías para el diseño e Historia del diseño.

Puede acceder a la revista en el siguiente enlace: http://a3manos.isdi.co.cu


Estado de Espíritu

En el mes de diciembre se inauguró la exposición colectiva «Estado de Espíritu» en el Pabellón Cuba, muestra que me generó un sinfín de sentimientos encontrados en torno a la dinámica del joven arte contemporáneo en la escena cubana, principalmente la habanera, y los que de una forma u otra se saben (o se espera sean) encargados de velar por su higiene y salud. Decenas de artistas se congregaron en este espacio expositivo para conseguir una suerte de «muestra generacional»; una cartografía posible y deseada, una especie de narrativa de cómo se va desarrollando el nuevo contexto artístico dentro del marco de creadores asociados o cercanos a la Asociación Hermanos Saíz.

En la selección de obras y en su antojadiza disposición en el espacio de las diferentes áreas utilizadas, fue donde hallé el mayor desliz y agravante de esta propuesta curatorial. Obras agazapadas, otras invisibilizadas por la magnitud de sus adyacentes, algunas tan ocultas que necesitarían señaléticas para ser encontradas. Hallé piezas maravillosas, entre las que figuran el imponente tríptico de Miguel Machado, una solitaria perteneciente a una serie de Rafa Villares y su profundidad en azules, la materia gris de Yunior La Rosa, la colorida y peculiar de Lancelot Alonso, la de Miriannys Montes de Oca y su todo lúgubre, las muy bien ubicadas y adecuadas de Adonis Muiño y Alejandro Jurado, y unas interactivas de Dennis Izquierdo que regularon el paso y atraparon toda la visualidad del pasillo; entre otras que aunque mal ubicadas o carentes de información poseían un ánima de coloquio y penetración, llegando a ser consideradas por mí como buenas.

Otras tantas me parecieron quizás insuficientes, desfasadas, inacabadas, crípticas, pretenciosas, sin contundencia y carentes en muchos sentidos. El diálogo con las obras se tradujo en una situación engorrosa dado que no estaban las condiciones creadas, no existía un ambiente de estrechez entre el público y las obras. La intimidad visual, el cortejo, el deleite, la cercanía, la compenetración y lo más importante: la conversación se me volvió cuando menos difícil en la dramaturgia de la muestra. El intercambio siempre quedaba inconcluso por los miles de elementos distractores y posicionamientos. Careció el espacio del espíritu hondo de una exposición de artes. Demasiadas páginas ilegibles de un libro que presenta otras de tanta fuerza que el desnivel se empodera plúmbeo de la escena. Un espacio de actitud sinestésica –como me figuro se intentó en esta exposición por la carencia de información fuera de lo visual– no puede permitirse obras crípticas, tan enrevesadas que ni el más fino ojo, ni la más sensible alma pudiera llegar a su intríngulis y menos pudiera extraer su savia. El público pasó, mirañó y siguió; no había más para leer.

Me recorrí «Estado de Espíritu» dos veces y mi corazón lo mismo se me quería salir del pecho que me procuraba un rechazo estomacal, aunque la mayor parte del tiempo se mantuvo estático en su uniformidad latente. No me sentí abrasado por la muestra, no me sentí pleno, realizado. Desde su majestuosa individualidad muchas piezas me enervaron, pero la generalidad me conllevó a no asumirme parte de ese medio, no me dejó asirme a ella, no me absorbió. Nunca logré imbricar mi latido plano de ese día a la arritmia artística que encontré, el cuerpo que la provocaba no era más que las cromas que rompieron la armonía, detalles turbadores de la escala de la funcionabilidad y el empaste.

Parafraseando escritos de las curadoras de la muestra –las que sin duda asumieron una tarea titánica, siempre bañadas por la dulzura, la bondad y el empeño que les caracteriza–, esta exposición nació exenta de pretensiones y ambiciones, potenciada por amor a un arte curatorial, buscando un diálogo sincero y la transmisión de ideas. Pero el error primario estuvo ahí, en la poca pretensión. Ninguna práctica artística es ingenua; la curaduría menos. Una muestra donde esté la firma de Villares o Machado, no puede carecer de pretensiones, porque ya de por sí las obras de portentos como estos lo son, además de imponentes, dignas del mejor espacio y de las mejores miradas. Esta muestra reunió a muchos de los centellantes nombres, menores de cuarenta años, de la escena del arte contemporáneo que aún queda en Cuba, ya era pretenciosa de por sí. En “Estado de Espíritu” estalla el rejuego de una voz generacional, y ya esto es magnificencia. La muestra necesitaba ser pretenciosa, asumirlo, y esto la hubiera ayudado a ser más limpia, imponente, transitada, avasalladora, así como lo son muchas de las piezas que ostenta.

Coincido en la totalidad de sus argumentos con el crítico y curador Jorge Peré, cuando escribe: «Es aquí donde me lanzo a pedirle a todos esos jóvenes que hoy ven posar sus obras en algún rincón del Pabellón: aprovechen este momento y está oportunidad más que para hacerse selfies, para intentar redefinir las reglas del juego; tomen este preciado filón y desbórdense como generación; discutan con todo lo que estuvo antes… Planten bandera.» Dentro de esos jóvenes aludidos se encuentran, y espero no equivocarme, algunos de los que tendrán una firma de peso en un futuro no demasiado distante, por eso el enfoque y el compromiso con esa bandera contextual que menciona Peré es tan necesario. La valía y valentía del artista está siendo probada y avalada hoy más que nunca para estas generaciones que tienen actualmente una voz firme, pero necesitan «desbordarse», necesitan ser el torrente, la fibra que, imantada a una consistencia de espíritu, logrará redefinir, acomodar, reconceptualizar y darle un derrotero al arte cubano del mañana. Sus banderas deben ondear enérgicas y los espacios expositivos tienen la tarea de hacerles el asta más alta e impulsarles el viento. Muchos están escuchando, es hora de que esa generación que colmó las paredes del Pabellón, hable.

“Estado de Espíritu”, a pesar de sus precariedades, logró reunir en un mismo espacio a muchos artistas esenciales para las más jóvenes generaciones del arte contemporáneo cubano. Ese, seguramente, fue su gran acierto.