Liset Prego


Mirar la poesía de Rebeca Torres por un corte angosto

Una nueva voz, potente, auténtica, se abre espacio en el concierto de la poesía holguinera. Joven, pero con resonancias de voces transgresoras, sonoridades de un discurso que emancipa a la mujer.

Así se escucha-lee a Rebeca Torres Serrano, una muchacha nacida en esta ciudad en 1991, licenciada en Lengua Inglesa por la Universidad de Holguín, donde ejerce como docente y que mira a lo femenino desde su Corte angosto, un breve cuaderno, que agrupa once poemas donde la madurez de una mirada introspectiva y de su entorno muestra una conexión con las experiencias individuales de muchas mujeres, sin importar su edad.

Esta joven fue la ganadora de la m√°s reciente edici√≥n del concurso de Poes√≠a Nuevas Voces; de su obra el jurado que integraron Ghabriel P√©rez, Jos√© Luis Serrano y Luis Yuseff, consider√≥ que ‚Äúes un cuaderno que denota el dominio de los c√≥digos del g√©nero desde una visitaci√≥n moderna, a la vez que indaga en la existencia del ser social que es su autora, una mujer del siglo XXI, con una voz traspasada por un tono incisivo, ir√≥nico, directo, que articula con efectividad los cuerpos po√©ticos que lo conforman‚ÄĚ.

El poemario es el n√ļmero 45 de la colecci√≥n Analekta, de Ediciones La Luz, donde Lina de Feria, Delf√≠n Prats, Manuel Garc√≠a Verdecia, Eugenio Marr√≥n y otros tantos reconocidos autores han dejado constancia de su obra junto a noveles creadores que apenas despuntan en el circuito editorial.

Con edici√≥n de Luis Yuseff, dise√Īo de cubierta de Robert R√°ez y correcci√≥n de Mariela Varona, se presenta el poemario. Al internarnos entre los versos de la autora, que como tantos escritores hace ya muchas d√©cadas prefieren el verso libre, encontraremos dolor, referencias al cuerpo femenino, literalmente visceral, a veces el corte angosto es una hendidura para observar la vida ajena, a veces un tajazo en el pecho por donde entra la impaciencia, las ganas de decir estas verdades, el intento o la pose de la felicidad por imperativo social.

Hay color, mucho rojo, lipstick cereza, intuyo, y labios, y tetas, así escritas, y lenguas y corazones, pero siempre, invariablemente, hay una mujer, otra mujer, esta mujer, muchas mujeres a las que Rebeca Torres Serrano les encierra en la palabra, o mejor, les deja volar y en este libro crea para ellas un universo.



De algodón, con ribetes lila y bolsillos laterales (poner en los bolsillos un libro de poemas)

Sobre la permanencia de la memoria. Sobre la persistencia de un recuerdo encajado en la psiquis, recuerdo ajeno, heredado, impropio. En la resurrección, en el traqueteo rítmico de la máquina, de la aguja perforando la tela, del mar contra el muro, en el retorno perpetuo de nuestros ancestros a través de cada célula que nos conforma, en el chasquido del melón al romper su corteza; en el reemplazo, la materia que ni se crea ni se destruye, sino que se transforma, incluso la materia que compone las almas; por encima de toda la soledad y el nervio de una mujer nacida un 26 de enero hace casi un siglo, se construye un palacio, un libro.

Martha Luisa Hern√°ndez Cadenas dispone este cuaderno como un collage con memorias, p√°ginas de revistas antiguas de moda. Toma recortes de patrones, sugerencias, selecciona texturas entre holanes y tules, cintas, encajes; a√Īade partes quebradas de maniqu√≠es representando cuerpos imposibles; pega botones, cubre con seda.

La poesía es urdimbre, un tejido magnífico donde el verso se incrusta, sin intención de definirse por estilo alguno. Posee la libertad de ser y de decir estas palabras, como si de un mandato supremo se tratase, y de fondo, mientras releo sigo escuchando el ritmo acompasado de la máquina, el pedaleo constante, la violenta opresión sobre la voz que entre las viejas paredes insiste en advertir: No sientas este calor, hija.

Y luego afirma:

No tengo ganas, hoy no tengo ganas de amar a nadie porque me duele la piel.

Ella prefiere llorar, pero no ser domesticada por la bestia, y es en esa fuerza que encontramos registro de una existencia sobreviviente de dolores secretos, que debe vivir bajo la lupa, encorsetada en el deber ser.

Marthica y yo sabemos que un edificio a medio derruir puede ser un templo, la conexi√≥n con el pasado, un dej√° v√ļ, una m√°quina del tiempo, tambi√©n un pretexto, un elogio a la belleza que se intuye, que se eterniza a pesar del desgaste.

A Mal√ļ, la teatr√≥loga, performer, definitivamente poeta, la he imaginado enhebrando este libro; cosiendo delicadamente la palabra, hilvanando cada verso.

Una lo lee y piensa en videomaping, en celuloide gastado y un dispositivo proyectando en los endebles muros, sobre los arcos a√ļn hermosos del Palacio de las Ursulinas, estas palabras. Pero no le hace falta este despliegue de artilugios, le son consustanciales a las paredes decr√©pitas estas y otras vivencias a√ļn por escribirse.



Trebejos en el juego brutal de la vida

El consumo de textos teatrales es poco usual entre la generalidad de los lectores. Esto es fácil de constatar si hacemos entre nuestros conocidos una breve encuesta. Pero Ediciones La Luz insiste en incorporar a su catálogo la diversidad genérica capaz de ofrecer una mirada a la creación literaria de los jóvenes creadores cubanos. Es el teatro una de sus inclusiones más recientes. Suman alrededor de una decena de títulos del género los que se inscriben en esta lista.

Así lo hace Ludoteca, de Leonardo Estrada Velázquez, dramaturgo, crítico, asesor teatral, traductor, entre otros muchos oficios y competencias que sirven de credenciales a este joven.

Con esta entrega el autor no re√ļne personajes sino jugadores que se mueven en una Habana √°spera, en blanco y negro, cuadriculada. Aqu√≠ Fabi√°n, Silvia, Frankie, y El Rata conocen bien los pasos que pueden dar, su direcci√≥n.

Porque, aunque se crean con libre albedr√≠o y su voluntad o naturaleza les compulse a salir de los designios de la marginalidad intr√≠nseca, de la prostituci√≥n como √ļnico camino probable, de la c√°rcel que habita dentro del expresidiario como algo inmanente, no basta.

Frente a un tablero podr√≠an vivir un hombre y un ni√Īo. Dilapidar all√≠ sus horas sin pensar en futuros pocos auspiciosos, en presentes lamentables, en pasados de los que abjurar o arrepentirse. En una ludoteca cualquiera esperar√≠a estar a salvo.

El juego puede ser el refugio. El ensayo de la vida. En los juegos prohibidos hay otra manera de vivir, pegada a los límites, entre la fortuna y el descalabro, bien lo saben los que se arriesgan a jugar.

La ludoteca puede ser un lugar para salvarse. Pero hay deudas que condenan a los deudores. Fatalismos. Karma. Elecciones imposibles. A veces un peón se cree que es rey.

A veces un p√ļber, atropellando su infancia y con mucho por andar para llegar a la adultez, se enfrenta a desaf√≠os que lo superan, porque es colocado por las circunstancias ante la obligaci√≥n, ante la exigencia de crecer a destiempo.

Y hay quien ataca por las esquinas m√°s impensadas, por los flancos desprotegidos que quedan en el tablero. Planeando un jaque falaz, est√°n las ratas al acecho.

Mientras, una mujer que no es dama, pacta entre el abandono y el placer, para regresar a casa con unos centavos, apenas le alcanza para subsistir. Parece que pudiera moverse a todos lados, pero recorre un círculo de vicios, sirva este juego de palabras para evidenciar que es presa de la miseria. Acepta venderse a escondidas para solventar la economía doméstica. No busca pretextos. Hay gente así, que apenas sobrevive, diríase, que agoniza.

Dura en Silvia un modelo de maternidad cuestionable para muchos, y al mismo tiempo un sacrificio, el nacimiento de una heroína contradictoria, que en el acto de defensa de su familia termina exponiéndola, dejándole indefenso. Su vida, presentada en estas líneas, parece la suma de muchas desgracias, a veces, quizás muy seguido, la realidad supera a la ficción.

Saltan entre las p√°ginas, o al abrir las puertas de este sitio de juegos, por momentos macabros, cierta mordacidad, la crudeza del gesto de quien amenaza, de quien hiere; el acto casi animal, instintivo, de defensa; el sexo como un canje, el desamparo, la soledad, el ni√Īo que cuida a otro ni√Īo, padre de s√≠ mismo y de un hermano expuesto, la ni√Īez como un estado de gracia o de desgracia, la fragilidad del cuerpo chico, lo hostil que puede ser el mundo distanciado de id√≠licos cuadros familiares, postales que se cuelgan en cualquier anaquel, m√°s no en esta historia.

Como trebejos mueve Leonardo Estrada a sus personajes. Les llama jugadores, pero en realidad nada deciden, son piezas. Construye con ellos escenas cotidianas, atadas al dolor, a la desesperanza. Exhibe al juego constante que es la vida, ajedrez gigantesco, donde el autor escoge estrategias. La apariencia del libre albedrío en contradicción a un destino escrito desde el principio pudiera pensarse que es la premisa de este texto, el hecho de que somos piezas en movimiento, sujetas a una voluntad más alta, esperando, con desasosiego que alguien diga Mate.



Aclaraciones necesarias para entender por qué es ingrato predicar

Que una mujer no es un recept√°culo para la vida nueva, aunque a veces lo sea. Que no son sus manos un dise√Īo perfecto para levantar del suelo trastes, poner juguetes en su sitio, enjugar la l√°grima del hijo, calmar dolores, aunque continuamente lo hagan, y sea hermoso verlas enmendar lo roto, acallar el llanto.

Que no hay un √ļnico modo de ‚Äúmaternar‚ÄĚ. Que no esteriliza el intelecto parir, amamantar, cambiar pa√Īales. Que la creaci√≥n no espera a que acabe el desorden, a que se aquiete el caos, a que sea el tiempo perfecto porque la idea llega y debes tomarla de la mano y apuntar el poema, que es criatura salvaje, se espanta f√°cilmente si no le miras directo a las palabras.

Que tambi√©n los relojes de las madres marcan 24 horas para delimitar el d√≠a, no, no se multiplican; que s√≠ nos cansamos, que amamos el paso de nuestros hijos por el mundo, su huella, que tememos se tropiecen y acompa√Īamos en un acto de valent√≠a su andar, dej√°ndoles libres, pero mirando atentas.

Que puedes llamar hijo a la criatura libro, y entender como un parto el hecho de escribir la poesía, pero no sabrás, cabalmente hasta que sostengas esa mano, esas manos, que son cosas distintas, cada una en su sitio, cada una con su valor singular.

Que hay honestidad en quien desnuda las cicatrices propias, en la poeta que vuelca en su escritura las vidas, las muertes, las certezas, los bandos, las orillas.

Alguien me dijo que no debíamos seguir intentando desacralizar la maternidad, porque está en ella lo sacro. Es su naturaleza.

Mirémoslo de nuevo.

Por normal que sea dar la vida no deja de ser extraordinario, por frecuente que resulte leer versos y estremecerse, no deja de ser extraordinario. Entonces, hacer ambas cosas, resulta, cuando menos, admirable.

Y así lo muestra Yeilén Delgado en su cuaderno La ingratitud de predicar. El libro que nace tras haber resultado ganadora del certamen de poesía El árbol que silva y canta en 2021, un compendio de nueve poemas atravesados por la fuerza de la voz femenina que los engendró y donde encuentro todas estas verdades antes dichas.

Se puede escribir poesía sobre lo habitual, mientras ordeno y no agonizo, mientras mis manos se parecen cada vez más a las manos de mi madre, como le ocurre a esta matancera amiga, periodista, narradora.

Se puede eliminar la aparente distancia entre lo doméstico y la belleza, entre lo supuestamente pedestre, vacío de vuelo y lo inasible. Helo aquí.



Abandono de √ćtaca, la migraci√≥n entre la pantalla y la hoja impresa

El movimiento perpetuo pudiera ser el sino de la humanidad. Venimos de muchas partes. La trashumancia como una clave para la subsistencia nos habita.

La emigraci√≥n es una Odisea. En la Cuba de hoy se vive como un asunto cotidiano y no por ello menos punzante.¬† Aqu√≠ no se regresa a √ćtaca. O se intenta regresar siempre entre el partir y el magnetismo que genera la casa propia. En Cuba, como en tantas naciones del mundo, se busca una vieja promesa de bienestar que no parece encontrarse en el punto de origen, se brega en busca de vida nueva. No importa lo que se arriesgue, no importa lo que se deje atr√°s, o importa demasiado, por eso cuesta m√°s el viaje. Para muchos se paga con dolor. Con demasiado.

Un libro puede ser también un viaje, una investigación puede ser tortuosa travesía en pro del saber, de exponerlo, de darle alguna forma y representarlo. Ya se conoce que lo que no se nombra no existe, y este dolor, estas verdades, estas experiencias de las que hablan, cine y literatura en un discurso dual dentro de Por la tierra prometida. Migración latinoamericana en el cine, de Amanda Sánchez, es un texto para estos días, que dice claro, oportuno, este discurso de realidad hecha ficción para las salas de cine.

Observando desde el lente que ofrece la complejidad, un paradigma imposible de obviar en estos días, Amanda Sánchez visita preceptos de la sociología, la comunicación, lo demográfico, supuestos teóricos del cine, para analizar, a través de largometrajes de distintos orígenes y con anécdotas diversas, el fenómeno de la migración en Latinoamérica, esencialmente aquella que tiene como destino a los Estados Unido.

Y lo hace entregando en este bello volumen con imagen de cubierta de Norli Guerrero Pi y dise√Īo de Robert R√°ez, su capacidad anal√≠tica, su dedicaci√≥n a ahondar frente a la pantalla en las perspectivas de realizadores de cinco filmes: Frontera, La jaula de oro, A better life, √öltimos d√≠as en La Habana y Desierto.

En cubierta un rail, líneas, un destino incierto, bifurcaciones. Caminos probables, hacia el interior, la indagación acuciosa, sustentada en diversos referentes teóricos que apuntalan las aseveraciones y guían el estudio.

La vida es un divino guion. Pero a veces uno terrible, desgarrador, hecho para conmocionar. Las ciencias sociales pueden conducir también a la emoción, sin obviar la mirada reflexiva. Y este libro puede permitir al lector atravesar el continente montado en argumentos cinematográficos, vivir la migración desde latitudes, perspectivas, estéticas, discursos, edades distintas. Este es un atisbo. La lectura es el camino, no hay en él retenes, coyotes, océanos, disfraces, solo una vía anchurosa que espera por ser recorrida.

 



Benditos infieles

Ediciones La Luz, la Asociación Cubana de traductores e intérpretes y el departamento de Lengua Inglesa de la Universidad de Holguín gestaron una jornada de mirada plural al mundo literario que durante los días del 25 al 27 de este mes dedicó espacios de intercambio, paneles y presentaciones donde las traducciones literarias son tema central.

El primer d√≠a del evento estuvieron invitados Eugenio Marr√≥n, periodista y escritor; Kenia Leyva, autora y miembro del equipo de Ediciones Holgu√≠n; Erian Pe√Īa, periodista, escritor y cr√≠tico de arte; y las traductoras Elizabeth Soto, Rebeca Torres e Irina Chaveco.

Todos fueron convocados para presentar t√≠tulos de los cat√°logos de las ediciones Holgu√≠n y La Luz, traducciones o textos biling√ľes que han acercado al lector nacional a obras y autores muchas veces desconocidos y en otras casi inalcanzables en publicaciones nacionales.

El segundo d√≠a, la pe√Īa Abrirse las constelaciones, en la serie de entrevistas dedicadas a celebrar el 25 aniversario del sello holguinero de la AHS y las dos d√©cadas de este propio espacio que conduce e poeta y editor Luis Yuseff, tuvo como invitado al intelectual Manuel Garc√≠a Verdecia. El traductor de vasta experiencia ha sido, adem√°s, gestor de muchas de las publicaciones locales que buscan acercar a los lectores a piezas cimeras de la literatura en lenguas extranjeras.

Par el √ļltimo d√≠a se realiz√≥ un panel que bajo el t√≠tulo ‚ÄúLa voz del otro. Un acercamiento a la traducci√≥n literaria‚ÄĚ, reuni√≥ a Irela Casa√Īas, poeta y editora, Irina Chaveco y Manuel Garc√≠a Verdecia, quienes bajo la conducci√≥n de Rebeca Torres dialogaron sobre los avatares de un ejercicio que pone en las manos de los lectores una obra de autor√≠a colectiva, singular dependiendo de la mirada y contexto de cada persona que se aventura a entregar en otro idioma lo que originalmente naci√≥ en una lengua distinta.

De forma h√≠brida ha llegado al p√ļblico esta jornada cuya intenci√≥n ha sido visibilizar la labor de traductores y editores y resaltar el aporte de las traducciones a la cultura universal.



Entrega ediciones La Luz premio a ni√Īos booktubers

Atrapasue√Īos, el primer concurso nacional de booktubers ni√Īos y adolescentes, convocado por Ediciones La Luz y con el coauspicio de la C√°mara Cubana del Libro, ya tiene ganadoras y fueron dadas a conocer este 30 de septiembre en el sal√≥n Abrirse las constelaciones, ubicado en la sede del sello editorial.

El jurado, que integraron el narrador y periodista Rub√©n Rodr√≠guez, la poeta y editora Elizabeth Soto, y el escritor y periodista Erian Pe√Īa escogieron como ganadores a:¬†

Nilsy Bell Rodr√≠guez, de 9 a√Īos y estudiante de la escuela primaria Manuel Ascunce, quien rese√Ī√≥ la antolog√≠a de cuentos ‚ÄúReto√Īos de almendros‚ÄĚ, fue la galardonada en la primera categor√≠a (de 5 a 9 a√Īos).

En la segunda (de 10-13) result√≥ premiada Adela Luc√≠a Morales, de 12 a√Īos, alumna del seminternado Dalquis S√°nchez. Su video estuvo dedicado a varios t√≠tulos destinados a los adolescentes: ‚ÄúFantasmacrom√≠as‚ÄĚ, de Maikel Rodr√≠guez; ‚ÄúOros Nuevos‚ÄĚ, de Evelyn Queipo y ‚ÄúComo se escriben los cl√°sicos‚ÄĚ, de Idiel Garc√≠a.

En el tercer escaque (14-18) la ganadora result√≥ Aytana Gabriela L√≥pez, de 15 a√Īos, por su presentaci√≥n de la antolog√≠a po√©tica ‚ÄúDice el musgo que brota‚ÄĚ.

El jurado adem√°s otorg√≥ reconocimientos a Luis Estrada, Lilia Camila Caram√®s y Yanay Garc√©s ‚Äúpor saber atrapar con la magia de un sue√Īo el cotenido literario de los libros escogidos, por mostrar desenfado en las maneras de decir y recomendar siempre el camino de la literatura‚ÄĚ.

En el p√ļblico estaban los ni√Īos de la escuela primaria Manuel Ascunce, habituales de este espacio quienes regalaron una sorpresa basada en textos de los libros de la editorial.

El concurso cont√≥ con el acompa√Īamiento del Centro Provincial del Libro y la Literatura de Holgu√≠n, Artex, la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z y el proyecto de creaci√≥n art√≠stica Virtuarte.

Desde el Centro Provincial del Libro y la Literatura llegó hasta La Luz un reconocimiento por el trabajo cotidiano que entregó Sarai Ferrer, directora del CPLL.

Atrapasue√Īos toma su nombre del espacio dedicado al p√ļblico infanto-juvenil que conduce el poeta y editor Luis Yuseff. Con su lanzamiento se intentaba promocionar el cat√°logo dedicado a los lectores m√°s j√≥venes y conocer qu√© t√≠tulos del cat√°logo calan m√°s hondo en los destinatarios del trabajo de Ediciones La Luz y los autores de su cat√°logo.



Metamorfósis del autor o cómo nacen las islas

En el a√Īo de su nacimiento se hundi√≥ el Titanic. La maldita circunstancia del agua por todas partes, dir√≠a. Un barco no es una isla. Virgilio no es una isla, pero quiere serlo.

Ha viajado, traducido a su amigo polaco Witold Gombrowicz, ha escrito, publicado, fundado revistas como Cicl√≥n, una herej√≠a junto a Rodr√≠guez Feo, ha polemizado, lo har√° toda su vida. Ha hecho amigos y enemigos. Ha regresado a su casa y a√ļn no es 1959.

Entonces el país da un vuelco sobre sí mismo y se sacude la sombra del norte, convulsiona, se desprende de la garra. Virgilio escribe. El filántropo y La sorpresa son parecidos a ese tiempo nuevo. Van a escena. Envuelto en la vorágine transformadora de la revolución crea, cree.

Luego Virgilio tiene miedo. Lo ha dicho. Pero sigue siendo Virgilio, el de los Cuentos fr√≠os, ir√≥nicos, absurdos, donde est√°n los ¬ępuros hechos¬Ľ y es suficiente; el de las Peque√Īas maniobras narrando vidas intrascendentes, tan normales, hechas de gestos nimios, tan parecidos a la realidad; el del mito griego reinventado con ingredientes cubanos en Electra Garrig√≥, el del absurdo en El flaco y el gordo. Virgilio-Oscar, el poeta de regreso de Argentina, algo cercano a vencido, el mismo hermano de Luz Marina, anhelante del Aire fr√≠o, protagonista del ciclo infinito de la pobreza de una clase media en perenne agon√≠a.

En √©l irradian el lenguaje aut√≥ctono, la iron√≠a como firma, el humor negro, una causticidad ontol√≥gica, la reinvenci√≥n del teatro cubano, la b√ļsqueda de desmarcarse del cu√≥rum, la vanguardia de la vanguardia. El hombre que ama a un hombre abiertamente en tiempos de puertas cerradas. Ese es Virgilio.

Busca constantemente la experimentaci√≥n. Prueba la f√≥rmula del teatro en el teatro. Reta al p√ļblico, procura la interacci√≥n, provoca. Con Dos viejos p√°nicos gana el premio Casa de las Am√©ricas y es publicado en 1968.

¬ŅSer√≠a la maldita circunstancia, la de su nacimiento, la misma de su vida? Virgilio tiene miedo. C√≥mo no temer. √Čl es la disonancia. A nadie parece gustarle la estridencia de su otredad. Virgilio escribe, escribe como un modo de oxigenarse el alma, aunque en esta √ļltima etapa de su vida nada vaya a escena, nada se publique. Virgilio Atlas. Virgilio carga su isla en peso, la de su apartamento donde n√°ufrago de su propia existencia crea un micromundo al que solo acceden unos pocos, elegidos acaso. Gente con menos miedo, menos grises que los a√Īos que viven.

Virgilio, hacia el final, como Rosa Cag√≠, quien fuera configurada en esa extra√Īa latitud que es ser muert[o] en vida, pensaba en la posteridad. 1979 fue a√Īo atroz, al menos para la literatura cubana a cuyo pante√≥n entraba el dramaturgo, el poeta, el narrador. ¬°Ah, la oscura cabeza negadora!

De Virgilio se podr√≠a decir que ha vivido y‚Ķ escrito infatigablemente, so√Īado lo suficiente para penetrar la realidad.

Tom√≥ a√Īos devolverlo de una injustificada ignominia. M√°s de cuatro d√©cadas han pasado desde su transformaci√≥n. Ahora vuelve a las estanter√≠as, al escenario, a los lectores.

Por eso como en un ciclo perpetuo Virgilio se convierte en isla. Virgilio, frontera del oleaje. Mis piernas se irán haciendo tierra y mar, y poco a poco, igual que un andante chopiniano, empezarán a salirme árboles de los brazos, rosas en los ojos y arena en el pecho. En la boca las palabras morirán para que el viento a su deseo pueda ulular. Después, tendido como suelen hacer las islas, miraré fijamente el horizonte…

  • ¬ŅAs√≠ que era verdad?

Indagar√° el poeta de vuelta eternamente a su √ćtaca. Y entonces las olas subir√°n efervescentes por la plataforma insular de su poes√≠a.



HISTORIAS DE VUELOS, MEMORIAS Y SUE√ĎOS

¬°Prohibido venir solos al teatro! Aqu√≠ hay que llegar en tribu, traer a la familia toda y observar, escuchar, sentir atentos c√≥mo se deshojan las margaritas en la escena cuando el Teatro Gui√Īol Guant√°namo trae estas Historias de muchachas complicadas.

Contemple la danza de los s√≠mbolos, cuelgan en el tel√≥n de fondo objetos, sustantivos abstractos que se concretan en el gesto, en el acto, pero remiten al vuelo, al sue√Īo, al recuerdo.

Desde la llegada a la sala vemos sobre las tablas a tres protagonistas femeninas, tres actrices que manipulan mu√Īecos y aprovechan los recursos que el ingenio de este talentoso equipo ha puesto en una escena que se transforma a la vista del espectador, y que se articula al relato basado en un texto de Eldys Baratute, Deshojando margaritas, para narrar lo que se resiste a pasar inadvertido, darle forma, colores, un sentido a las angustias, soledades, preocupaciones que, a veces, parecen solaparse ante la idea de que un ni√Īo o un adolescente no tiene ansiedades, que estas son patrimonio exclusivo de los mayores.

Ante nosotros aparece un actor que remarca las esencias, aquello que no debe perderse de vista, el √≠cono que irradia sentidos plurales al relato, si se quiere el hilo conductor, la br√ļjula: un atrapasue√Īos, un cohete de papel, un cuaderno‚Ķ

Palmira es son√°mbula y su historia es un canto a la libertad, a escuchar el silencio, a interpretarlo. Palmira insta a los adultos a respetar los desvelos de las infancias, a permitir el di√°logo, a desechar las jaulas que la sobreprotecci√≥n arma sobre la libertad individual de cada ni√Īo o ni√Īa.

Llama la atenci√≥n c√≥mo por el temor de la p√©rdida terminamos abandonando aquello que buscamos atesorar. Bien lo aprender√° la madre que, bajo su falda, intenta resguardar el sue√Īo inquieto de una hija que ha inventado un mundo m√°s all√° de la vigilia donde reencontrar a los ausentes, donde invocar afectos perdidos.

Cuando marcharse para velar el descanso de la madre es un s√≠mbolo demasiado fuerte para dejar de estremecerse, vuela Palmira y deja un regusto que invita a abrazar, a abrir la jaula, a respetar el sue√Īo.

Entonces llega Alicia, y se habla de identidad en su historia. Es un juego de espejos el suyo, el de ver un reflejo otro, el de reconocerse distinta a como quieren los dem√°s que sea. Alicia tambi√©n quiere escapar, y lo hace hacia el interior, en un viaje introspectivo, va como aquella otra Alicia, hacia el espejo, donde puede verse tal como quiere, asumirse, ser. ‚ÄúTe regalo el nombre que me gustar√≠a tener‚ÄĚ, le dice a quien desde el otro lado tiende un puente entre su realidad y su deseo, y lo llama √Ālex.

Ahora es Aitana la que entrega su historia. Su memoria se ha tomado el d√≠a libre y ella debe descifrar cu√°l de los ni√Īos del aula es su novio. Nada recuerda, y las margaritas, lo sabr√° tarde, pueden ser enga√Īosas. Aitana es rom√°ntica y sue√Īa con id√≠licos amores. A muchos adultos les vendr√≠a tan bien usar su memoria y recordar aquellos primer√≠simos amores, plat√≥nicas cuitas que emerg√≠an cuando florecer era el √ļnico encargo dado al alma, esos a√Īos puente entre la ni√Īez y la juventud: la pubertad convulsa y hermosa, intensa e inolvidable (aunque aqu√≠ Aitana no pudiese contar con sus recuerdos).

Hay una delicadeza en esta puesta, una forma de abordar temas tab√ļes, o poco frecuentados por las obras de teatro donde los ni√Īos son p√ļblico meta, especialmente memorables. Persiste en la representaci√≥n una voluntad est√©tica que remite a la belleza entendida como la transparencia en el abordaje tem√°tico, en la honestidad de los s√≠mbolos, que no espanta, sino que invita a replantearse miradas a lo cotidiano. Y otorga la m√ļsica un caudal de sensaciones que nutren el discurso visual; es sinestesia. En Historias… nada es gratuito.

Las soluciones esc√©nicas que propone el Gui√Īol Guant√°namo, bajo la direcci√≥n art√≠stica de Yosmel L√≥pez, dan valor plural a un mismo objeto para reconfigurar la escenograf√≠a y arman un eficaz texto (entendido como todo aquello de lo que se pueda realizar una lectura, en tanto c√≥digo impregnado de significados), que va calando, con sutileza y poniendo all√≠, en el espectador, una semillita que conduce a la reflexi√≥n, una simiente que puede germinar en margarita o en la comprensi√≥n de estas Historias de muchachas complicadas que lo son m√°s, acaso, por la incapacidad de algunos de ver, de entender o recordar cu√°nto necesitan las infancias o√≠do atento, abrazo seguro, acompa√Īamiento respetuoso, libertad, sustantivos abstractos que edifican amor.



EL COFRE DE LEYENDAS DE FERNAN Y DINA

Como los dragones y las brujas, los piratas parecen estar de moda entre los personajes favoritos de los ni√Īos de hoy. En animados y pel√≠culas live action los ladrones del mar dejan de ser fugitivos y timadores para volverse simp√°ticos aventureros que desaf√≠an el peligro del mar en busca de tesoros.

Tal vez por eso Fernan insiste en ser un pirata, un valiente marinero. Para ello Dina lo instruye: necesita un garfio, un parche en el ojo y pata de palo. Pero √©l, que solo cuenta con su fantas√≠a, √ļnicamente necesita activarla y se zambulle junto a su amiga en un viaje que puede ocurrir cualquier d√≠a, al salir de la escuela, a√ļn sin quitarse el uniforme, en un desv√°n o alguna habitaci√≥n olvidada de la casa.

Cuando estos ni√Īos miran por el ‚Äúojo de buey‚ÄĚ parece que pudieran viajar en el tiempo. Como vig√≠as atisban, su paisaje es la bicentenaria ciudad de Cienfuegos, f√©rtil suelo para las leyendas.

A la Perla del Sur dedica el grupo de teatro Ca√Īabrava la obra Fernandina de la que Rafael Gonz√°lez Mu√Īoz es autor y asesor art√≠stico. Las peripecias de dos ni√Īos aventureros, Fernan (Dayli Morfi) y Dina (Esther Valladares), conducen al espectador por una suerte de tour por las maravillas que el imaginario popular ha creado para explicar sucesos singulares de la bella urbe.

Un cofre como caja de Pandora o portal a la enso√Īaci√≥n, al fant√°stico universo de los mitos se ubica en el centro de la escena. La pareja de infantes se dispone a la aventura solo con un catalejo, un pergamino y la m√°s rica imaginaci√≥n infantil.

T√≠teres y actrices alternan para divertimento de los ni√Īos en el p√ļblico, que descubre c√≥mo un desv√°n puede ser proa para la embarcaci√≥n inventada desde la que estos chicos visitan el Calet√≥n de Don Bruno, buscan la explicaci√≥n para el origen del nombre Pasacaballos, tienen un encuentro con Leonor de C√°rdenas, la Dama Azul, y enfrentan al Sur con sus tent√°culos gigantescos hasta someterlo.

Cada obst√°culo a vencer en esta b√ļsqueda es solo una forma de poner a prueba la amistad. Cualquier tarde volver√°n a juntarse Fernan y Dina a viajar por mundos irreales, acompa√Ī√°ndose en las batallas contra monstruos mitol√≥gicos o redescubriendo su ciudad, porque como todos los ni√Īos, ellos sin saberlo asumen el juego como ensayo de la vida.