Liset Prego


Celestino, a punto de alzar el vuelo

Del 10 al 15 de junio la ciudad de Holguín acogerá el XXV  Premio Celestino de Cuento. El certamen que convoca Ediciones La Luz junto a la sección de literatura de la AHS está dedicado en esta ocasión a los aniversarios 25 de «Flora y el ángel», primer cuento ganador, de la autoría de Rubén Rodríguez ; al 40 de la muerte de Julio Cortázar, y el 110  del nacimiento de Onelio Jorge Cardoso.

En concurso se encuentran 37 cuadernos que serán evaluados por un jurado que integran primera vez por cinco autores: Eduardo Manet, reconocido escritor cubano residente en Francia; Mario Bellatin, ilustre autor mexicano; y los holguineros Lourdes Gonzáles, destacada narradora, poeta y editora; Emerio Medina, que ha merecido dos veces el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar y el multipremiado autor y periodista Rubén Rodríguez.

Durante los días en los que sesionará el evento se desarrollarán paneles, enfocados en las dedicatorias, lecturas de los autores invitados, jóvenes de diversas provincias del país, presentaciones de novedades editoriales entre las que se cuentan seis títulos de la colección Analekta, con textos de los miembros del jurado y de Ghabriel Pérez, fundador del premio, y los cuadernos ganadores de los tres últimos años: Bumbos, de Héctor Leandro Barrios; Las mujeres que no amaban a los hombres, de Katherine Perzant y La figura en el puente, de Náthaly Hernandez.

También existirá un espacio particular para las artes visuales con la muestra de carteles Mi nombre es Celestino, donde más de una veintena de creadores se han aproximado a la novela Celestino antes del alba, de Reinaldo Arenas, desde diferentes técnicas y códigos visuales. La exposición se inaugurará el día 10 de junio en la Casa del Joven Creador de la ciudad de los parques.

El audiovisual ocupará también primeros planos en este programa intenso con la premier del capítulo 5 de la serie documental La claridad avanzada, bajo el título «Todos buscan la luz». Igualmente se presentará en formato de podcast la serie de narraciones grabadas para la radio «Así como te cuento», donde bajo la dirección de Yailin Ojeda Grass adapta de cuentos de narradores cubanos.

El día 14 de junio se dará a conocer el ganador, quien obtendrá diploma acreditativo, premio en metálico, un grabado del maestro de juventudes Cosme Proenza y la publicación en formato impreso y digital del libro ganador.

Para cerrar los participantes viajarán a Gibara, donde compartirán presentaciones y lecturas en una fiesta infinita de la joven narrativa cubana.



Anuncian en Holguín ganador del XXV Premio Celestino de Cuento

El jurado del premio Celestino de Cuento en su vigésimo quinta edición que integran Mario Bellatin, Eduardo Manet, Emerio Medina, Rubén Rodríguez y Lourdes González, ha escogido al nuevo ganador.

Al concurso que convocan Ediciones La Luz y la sección de literatura de la AHS en Holguín, se presentaron  37 cuadernos entre los que resultó escogido Andy Jorge Blanco, joven periodista matancero.  Los argumentos que sostienen la decisión del jurado constan en acta: «a tenor de lo centrado de las anécdotas (sin dispersión, digresiones ni alambicados ejercicios de estilo), la verosimilitud de las historias narradas, lo conciso de sus argumentos, la precisión y claridad en la definición de conflictos y la coherencia en su resolución, el buen diseño de personajes y atmósferas y la corrección formal: pulcritud en el uso de la sintaxis, dominio de la gramática, elegancia en la redacción, armonía de las frases y otras cualidades del buen estilo literario; porque los argumentos remiten a la actualidad nacional con sus peculiaridades, pero sorteando de manera elegante clichés y lugares comunes; por el buen manejo de los diálogos, la variedad en cuanto a los narradores elegidos y otras virtudes técnicas, así como la unidad en el conjunto y la lograda intencionalidad de su estructura, otorgar el XXV PREMIO Celestino de Cuento al libro Morir un poco, presentado bajo el seudónimo de Pez Espada.»

Además, este jurado de lujo decidió otorgar mención en igualdad de condiciones a dos cuadernos cuya publicación recomendaron al sello convocante. Se trata de » Cómo deconstruir un cuerpo», presentado sin seudónimo, de la autoría de Oscar Rodríguez Montes, y de Betsabé Rodríguez Aguilera,  «Juego de roles», enviado bajo el seudónimo Alba.

El Premio Celestino sesionó en la ciudad de Holguín desde el 10 y hasta el 15 de junio. La jornada implicó un intenso programa.donde rindieron homenaje a Julio Cortázar, tras cuarenta años de su fallecimiento, Onelio Jorge Cardoso, a 110 años de nacido y a los 25 del primer texto ganador, «Flora y el ángel», de Rubén Rodríguez.



Convoca Ediciones La Luz al II Concurso Nacional de BookTubers Atrapasueños

Ediciones La Luz, casa editorial de la Asociación Hermanos Saíz en Holguín, vuelve a abrir las puertas a sus lectores con una invitación. Por segunda vez convocan al Concurso Nacional de Booktubers Atrapasueños.

El sello, junto a la Cámara Cubana del Libro, la Dirección Provincial de Cultura, y el Centro Provincial del Libro en Holguín instan a participar a niñas, niños, adolescentes y jóvenes hasta 18 años. Solo deben realizar un video donde reseñen un título publicado por Ediciones La Luz.

Las categorías se han establecido de acuerdo a tres grupos etarios fundamentales: de 5 a 9 años, de 10 a 13 y de 14 a 18 años. Se otorgará un premio único en cada categoría. Igualmente, se ha dispuesto la dirección electrónica alaluzseleemejor@gmail.com para recepcionar los videos que deberán enviarse con el asunto “Atrapasueños” en el mensaje. No obstante, los que residen en la ciudad de Holguín pueden dirigirse a la sede de la editorial a entregar su video de forma personal.    

Hasta el 30 de octubre se recibirán los trabajos y el dictamen del jurado se informará el 17 de noviembre de 2023.

Los videos finalistas y ganadores serán publicados en el canal de YouTube de Ediciones La Luz.

Este concurso toma su nombre del espacio de promoción que habitualmente conduce el escritor y editor Luis Yuseff y que se dedica al público infanto-juvenil donde se presentan los títulos publicados por el sello que tienen a las infancias como destinatario.



Nátahaly Hernández y el disfrute de la escritura

Náthaly Hernández Chávez, periodista y escritora matancera de 28 años, acaba de ganar la XXIV edición del Premio Celestino de Cuento que se convoca desde Ediciones La Luz, sello editorial de la AHS en Holguín. Lo ha hecho con el libro “La figura en el puente”, un conjunto de siete relatos que el jurado seleccionó por unanimidad de entre los 23 cuadernos en concurso.

La joven autora estuvo en la Ciudad de los Parques para la premiación, y desde allí revela algunos detalles del libro ganador y de sus impresiones sobre el premio y el proceso de escritura.

El jurado deja claro desde el acta del premio que este es un libro que aborda la condición humana ¿Qué pueden esperar los lectores de este cuaderno de cuentos?

Lo que pueden esperar, sobre todo, son textos sinceros o que buscan ahondar en la psiquis. Es un intento, no sé si lo logré, pero por lo menos me gusta reflejar lo que veo en mi entorno y también darle una interpretación propia. Algunos de los cuentos no son realistas al ciento por ciento, sino que juegan un poco con el surrealismo, con la subjetividad de quien esté contando la historia, del personaje, de la voz del narrador. Pero son cuentos que, sobre todo, intentan ahondar en esas vivencias, en las cosas con las que tenemos que como seres humanos tenemos que lidiar en algún momento de nuestra vida. Con decisiones, con tragedias, con momentos límites o con momentos que no parecen límites pero que luego van a desencadenar situaciones límites. Es un libro que trata sobre eso, sobre cuestiones que he visto de mi ambiente, otras que he imaginado, pero sobre todo que intenta llegar, desde el punto de vista emotivo, a cómo los personajes viven esas experiencias, qué significan para ellos, cómo los marca como seres humanos, como personas, en qué los convierte o los lleva a ser, a pensar, a comportarse. Es eso, una búsqueda.

Muchos te conocen como autora de ciencia ficción porque tienes premios relacionados con el género. ¿Necesitas de estados de ánimo distintos escribir ciencia ficción o realismo?

Más que estados de ánimo lo que me empuja es la historia, o sea, hay historias que desde que a uno le viene la idea a la cabeza dice “esto tiene que ser contado por ciencia ficción o fantasía”. Porque cada género y cada subgénero tiene sus códigos y hay otras que si no son contadas desde el realismo a lo mejor pierden. Eso depende de dónde la historia me lleve y también de las herramientas que utilizo. Uso mucho la música, entonces, dependiendo también de la que esté escuchando en ese momento me empuja a un género o a otro. También la busco para que se adecue a la historia, creo mis propias bandas sonoras con música que tiene que ver con un género u otro.

Recientemente entraste al Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso ¿Cómo llega esta narradora que ya ha ganado el Premio David, que acaba de ganar el Celestino, a esa fiesta innombrable que es el Taller de Técnicas Narrativas fundado por Eduardo Heras León?  

Con muchas expectativas y sobre todo con muchos deseos. El “Onelio” es un curso que llevaba muchos años queriendo pasar, pero siempre me lo impedía una cuestión distinta. Antes estaba más abocada a la poesía, después vino la pandemia. Pienso que se me fue atrasando la posibilidad de presentar hasta que finalmente ahora lo logré y es, como tú dices, una fiesta. Estoy feliz de finalmente poder ir porque es algo que me debía a mí misma y que quería hacer desde hacía mucho tiempo.

Desde Holguín vemos a Alfredo Zaldívar y a su editorial Ediciones Matanzas donde trabajas, como paradigmas. ¿Cómo ve una escritora matancera al Premio Celestino?

Desde mi visión es de los premios más deseados, no solo por lo que representa sino, y lo he dicho anteriormente, precisamente por ser publicado por La Luz, que es una gran editorial que apuesta por los jóvenes, por las narrativas en general, la poesía y todos los géneros, de autores de todas las edades, pero siempre con mucha calidad, con mucho profesionalismo, entonces además de las editoriales de Matanzas, el otro lugar donde uno sueña, al menos yo como autora matancera, donde soñaba publicar, era este y el sueño se cumplió, así que estoy felicísima. Me siento realizada y contenta.

Sé que los libros de La Luz son hermosos y que mi libro va a ser bien promocionado, bien editado, va a terminar como un producto de calidad y va a llegar a los lectores con esa calidad. Eso me llena de tremenda satisfacción.

¿En qué estás trabajando? ¿Qué estás escribiendo?

Ahora mismo estoy escribiendo un poco de todo. Sigo escribiendo poesía, narrativa tanto de ciencia ficción, fantasía como realismo. Me estoy divirtiendo, la estoy pasando bien. Disfruto escribir. Disfruté escribir este libro de Celestino, aunque algunos cuentos tengan una temática un poco más macabra que otros. El proceso fue algo que disfruté mucho. Estoy intentando mantener esa alegría y ese goce de escribir en todos estos géneros. No sé si van a ser buenos, malos, regulares, si serán mejores o peores, pero eso no me va a limitar a la hora de escribirlos y de crear. Estar en constante creación es lo que estoy haciendo.



Anuncian en Holguín ganador de XXIV Premio Celestino de Cuentos

El Premio Celestino de Cuentos en su edición 24 ya tiene ganador. El jurado que preside Senel Paz e integran Atilio Caballero y Eugenio Marrón, ha seleccionado de entre los 23 cuadernos en concurso y de forma unánime, a tres títulos que merecen menciones. Se trata de Los iguales, de Reineris Betancourt, de Guantánamo; Gestalt, de Miguel Montero, de Holguín, y El Alondra, de Lisbeth Lima, de Santiago de Cuba.

El premio, según se declara en el acta del jurado, se otorga al libro que logró: “un conjunto de siete cuentos que se distingue por su unidad, tan eficaz como precisa, no exenta de un aliento poético que se asienta en su estilo, tanto en lo afectivo como en lo doliente de asuntos y personajes, para ofrecer un mosaico de historias en el que la memoria, el paisaje, la familia, el amor, la muerte y la escritura expanden sus querencias.” Tales son las cualidades que han detectado en La figura en el puente, de la matancera Náthaly Hernández Chávez.    

La joven narradora es también periodista y promotora literaria. En 2021 fue ganadora del Premio David de ciencia ficción con el libro Las azules colinas de Europa.

El Premio Celestino de Cuentos este año ha estado dedicado a Ítalo Calvino, Sergio Pitol, Reinaldo Arenas y Roberto Bolaños en su 100, 90, 80 y 70 años respectivamente. El evento que se organiza desde Ediciones La Luz con el coauspicio del Centro Provincia del Libro y la Literatura de Holguín y la Dirección Provincial de Cultura, ha tenido un intenso programa de lecturas de narrativa, presentaciones de novedades editoriales de sellos invitados y del anfitrión, paneles dedicados a la vida y obra de los autores homenajeados.

Igualmente, otras expresiones artísticas como las artes visuales y el audiovisual han encontrado espacio en la programación, con la inauguración de la muestra de carteles Pedazos de nube, de Alejandro Zaldívar, y la proyección del documental Cosme: un enorme juego con el tiempo, de Alejandra Rodríguez Segura.



Mirar la poesía de Rebeca Torres por un corte angosto

Una nueva voz, potente, auténtica, se abre espacio en el concierto de la poesía holguinera. Joven, pero con resonancias de voces transgresoras, sonoridades de un discurso que emancipa a la mujer.

Así se escucha-lee a Rebeca Torres Serrano, una muchacha nacida en esta ciudad en 1991, licenciada en Lengua Inglesa por la Universidad de Holguín, donde ejerce como docente y que mira a lo femenino desde su Corte angosto, un breve cuaderno, que agrupa once poemas donde la madurez de una mirada introspectiva y de su entorno muestra una conexión con las experiencias individuales de muchas mujeres, sin importar su edad.

Esta joven fue la ganadora de la más reciente edición del concurso de Poesía Nuevas Voces; de su obra el jurado que integraron Ghabriel Pérez, José Luis Serrano y Luis Yuseff, consideró que “es un cuaderno que denota el dominio de los códigos del género desde una visitación moderna, a la vez que indaga en la existencia del ser social que es su autora, una mujer del siglo XXI, con una voz traspasada por un tono incisivo, irónico, directo, que articula con efectividad los cuerpos poéticos que lo conforman”.

El poemario es el número 45 de la colección Analekta, de Ediciones La Luz, donde Lina de Feria, Delfín Prats, Manuel García Verdecia, Eugenio Marrón y otros tantos reconocidos autores han dejado constancia de su obra junto a noveles creadores que apenas despuntan en el circuito editorial.

Con edición de Luis Yuseff, diseño de cubierta de Robert Ráez y corrección de Mariela Varona, se presenta el poemario. Al internarnos entre los versos de la autora, que como tantos escritores hace ya muchas décadas prefieren el verso libre, encontraremos dolor, referencias al cuerpo femenino, literalmente visceral, a veces el corte angosto es una hendidura para observar la vida ajena, a veces un tajazo en el pecho por donde entra la impaciencia, las ganas de decir estas verdades, el intento o la pose de la felicidad por imperativo social.

Hay color, mucho rojo, lipstick cereza, intuyo, y labios, y tetas, así escritas, y lenguas y corazones, pero siempre, invariablemente, hay una mujer, otra mujer, esta mujer, muchas mujeres a las que Rebeca Torres Serrano les encierra en la palabra, o mejor, les deja volar y en este libro crea para ellas un universo.



De algodón, con ribetes lila y bolsillos laterales (poner en los bolsillos un libro de poemas)

Sobre la permanencia de la memoria. Sobre la persistencia de un recuerdo encajado en la psiquis, recuerdo ajeno, heredado, impropio. En la resurrección, en el traqueteo rítmico de la máquina, de la aguja perforando la tela, del mar contra el muro, en el retorno perpetuo de nuestros ancestros a través de cada célula que nos conforma, en el chasquido del melón al romper su corteza; en el reemplazo, la materia que ni se crea ni se destruye, sino que se transforma, incluso la materia que compone las almas; por encima de toda la soledad y el nervio de una mujer nacida un 26 de enero hace casi un siglo, se construye un palacio, un libro.

Martha Luisa Hernández Cadenas dispone este cuaderno como un collage con memorias, páginas de revistas antiguas de moda. Toma recortes de patrones, sugerencias, selecciona texturas entre holanes y tules, cintas, encajes; añade partes quebradas de maniquíes representando cuerpos imposibles; pega botones, cubre con seda.

La poesía es urdimbre, un tejido magnífico donde el verso se incrusta, sin intención de definirse por estilo alguno. Posee la libertad de ser y de decir estas palabras, como si de un mandato supremo se tratase, y de fondo, mientras releo sigo escuchando el ritmo acompasado de la máquina, el pedaleo constante, la violenta opresión sobre la voz que entre las viejas paredes insiste en advertir: No sientas este calor, hija.

Y luego afirma:

No tengo ganas, hoy no tengo ganas de amar a nadie porque me duele la piel.

Ella prefiere llorar, pero no ser domesticada por la bestia, y es en esa fuerza que encontramos registro de una existencia sobreviviente de dolores secretos, que debe vivir bajo la lupa, encorsetada en el deber ser.

Marthica y yo sabemos que un edificio a medio derruir puede ser un templo, la conexión con el pasado, un dejá vú, una máquina del tiempo, también un pretexto, un elogio a la belleza que se intuye, que se eterniza a pesar del desgaste.

A Malú, la teatróloga, performer, definitivamente poeta, la he imaginado enhebrando este libro; cosiendo delicadamente la palabra, hilvanando cada verso.

Una lo lee y piensa en videomaping, en celuloide gastado y un dispositivo proyectando en los endebles muros, sobre los arcos aún hermosos del Palacio de las Ursulinas, estas palabras. Pero no le hace falta este despliegue de artilugios, le son consustanciales a las paredes decrépitas estas y otras vivencias aún por escribirse.



Trebejos en el juego brutal de la vida

El consumo de textos teatrales es poco usual entre la generalidad de los lectores. Esto es fácil de constatar si hacemos entre nuestros conocidos una breve encuesta. Pero Ediciones La Luz insiste en incorporar a su catálogo la diversidad genérica capaz de ofrecer una mirada a la creación literaria de los jóvenes creadores cubanos. Es el teatro una de sus inclusiones más recientes. Suman alrededor de una decena de títulos del género los que se inscriben en esta lista.

Así lo hace Ludoteca, de Leonardo Estrada Velázquez, dramaturgo, crítico, asesor teatral, traductor, entre otros muchos oficios y competencias que sirven de credenciales a este joven.

Con esta entrega el autor no reúne personajes sino jugadores que se mueven en una Habana áspera, en blanco y negro, cuadriculada. Aquí Fabián, Silvia, Frankie, y El Rata conocen bien los pasos que pueden dar, su dirección.

Porque, aunque se crean con libre albedrío y su voluntad o naturaleza les compulse a salir de los designios de la marginalidad intrínseca, de la prostitución como único camino probable, de la cárcel que habita dentro del expresidiario como algo inmanente, no basta.

Frente a un tablero podrían vivir un hombre y un niño. Dilapidar allí sus horas sin pensar en futuros pocos auspiciosos, en presentes lamentables, en pasados de los que abjurar o arrepentirse. En una ludoteca cualquiera esperaría estar a salvo.

El juego puede ser el refugio. El ensayo de la vida. En los juegos prohibidos hay otra manera de vivir, pegada a los límites, entre la fortuna y el descalabro, bien lo saben los que se arriesgan a jugar.

La ludoteca puede ser un lugar para salvarse. Pero hay deudas que condenan a los deudores. Fatalismos. Karma. Elecciones imposibles. A veces un peón se cree que es rey.

A veces un púber, atropellando su infancia y con mucho por andar para llegar a la adultez, se enfrenta a desafíos que lo superan, porque es colocado por las circunstancias ante la obligación, ante la exigencia de crecer a destiempo.

Y hay quien ataca por las esquinas más impensadas, por los flancos desprotegidos que quedan en el tablero. Planeando un jaque falaz, están las ratas al acecho.

Mientras, una mujer que no es dama, pacta entre el abandono y el placer, para regresar a casa con unos centavos, apenas le alcanza para subsistir. Parece que pudiera moverse a todos lados, pero recorre un círculo de vicios, sirva este juego de palabras para evidenciar que es presa de la miseria. Acepta venderse a escondidas para solventar la economía doméstica. No busca pretextos. Hay gente así, que apenas sobrevive, diríase, que agoniza.

Dura en Silvia un modelo de maternidad cuestionable para muchos, y al mismo tiempo un sacrificio, el nacimiento de una heroína contradictoria, que en el acto de defensa de su familia termina exponiéndola, dejándole indefenso. Su vida, presentada en estas líneas, parece la suma de muchas desgracias, a veces, quizás muy seguido, la realidad supera a la ficción.

Saltan entre las páginas, o al abrir las puertas de este sitio de juegos, por momentos macabros, cierta mordacidad, la crudeza del gesto de quien amenaza, de quien hiere; el acto casi animal, instintivo, de defensa; el sexo como un canje, el desamparo, la soledad, el niño que cuida a otro niño, padre de sí mismo y de un hermano expuesto, la niñez como un estado de gracia o de desgracia, la fragilidad del cuerpo chico, lo hostil que puede ser el mundo distanciado de idílicos cuadros familiares, postales que se cuelgan en cualquier anaquel, más no en esta historia.

Como trebejos mueve Leonardo Estrada a sus personajes. Les llama jugadores, pero en realidad nada deciden, son piezas. Construye con ellos escenas cotidianas, atadas al dolor, a la desesperanza. Exhibe al juego constante que es la vida, ajedrez gigantesco, donde el autor escoge estrategias. La apariencia del libre albedrío en contradicción a un destino escrito desde el principio pudiera pensarse que es la premisa de este texto, el hecho de que somos piezas en movimiento, sujetas a una voluntad más alta, esperando, con desasosiego que alguien diga Mate.



Aclaraciones necesarias para entender por qué es ingrato predicar

Que una mujer no es un receptáculo para la vida nueva, aunque a veces lo sea. Que no son sus manos un diseño perfecto para levantar del suelo trastes, poner juguetes en su sitio, enjugar la lágrima del hijo, calmar dolores, aunque continuamente lo hagan, y sea hermoso verlas enmendar lo roto, acallar el llanto.

Que no hay un único modo de “maternar”. Que no esteriliza el intelecto parir, amamantar, cambiar pañales. Que la creación no espera a que acabe el desorden, a que se aquiete el caos, a que sea el tiempo perfecto porque la idea llega y debes tomarla de la mano y apuntar el poema, que es criatura salvaje, se espanta fácilmente si no le miras directo a las palabras.

Que también los relojes de las madres marcan 24 horas para delimitar el día, no, no se multiplican; que sí nos cansamos, que amamos el paso de nuestros hijos por el mundo, su huella, que tememos se tropiecen y acompañamos en un acto de valentía su andar, dejándoles libres, pero mirando atentas.

Que puedes llamar hijo a la criatura libro, y entender como un parto el hecho de escribir la poesía, pero no sabrás, cabalmente hasta que sostengas esa mano, esas manos, que son cosas distintas, cada una en su sitio, cada una con su valor singular.

Que hay honestidad en quien desnuda las cicatrices propias, en la poeta que vuelca en su escritura las vidas, las muertes, las certezas, los bandos, las orillas.

Alguien me dijo que no debíamos seguir intentando desacralizar la maternidad, porque está en ella lo sacro. Es su naturaleza.

Mirémoslo de nuevo.

Por normal que sea dar la vida no deja de ser extraordinario, por frecuente que resulte leer versos y estremecerse, no deja de ser extraordinario. Entonces, hacer ambas cosas, resulta, cuando menos, admirable.

Y así lo muestra Yeilén Delgado en su cuaderno La ingratitud de predicar. El libro que nace tras haber resultado ganadora del certamen de poesía El árbol que silva y canta en 2021, un compendio de nueve poemas atravesados por la fuerza de la voz femenina que los engendró y donde encuentro todas estas verdades antes dichas.

Se puede escribir poesía sobre lo habitual, mientras ordeno y no agonizo, mientras mis manos se parecen cada vez más a las manos de mi madre, como le ocurre a esta matancera amiga, periodista, narradora.

Se puede eliminar la aparente distancia entre lo doméstico y la belleza, entre lo supuestamente pedestre, vacío de vuelo y lo inasible. Helo aquí.



Abandono de Ítaca, la migración entre la pantalla y la hoja impresa

El movimiento perpetuo pudiera ser el sino de la humanidad. Venimos de muchas partes. La trashumancia como una clave para la subsistencia nos habita.

La emigración es una Odisea. En la Cuba de hoy se vive como un asunto cotidiano y no por ello menos punzante.  Aquí no se regresa a Ítaca. O se intenta regresar siempre entre el partir y el magnetismo que genera la casa propia. En Cuba, como en tantas naciones del mundo, se busca una vieja promesa de bienestar que no parece encontrarse en el punto de origen, se brega en busca de vida nueva. No importa lo que se arriesgue, no importa lo que se deje atrás, o importa demasiado, por eso cuesta más el viaje. Para muchos se paga con dolor. Con demasiado.

Un libro puede ser también un viaje, una investigación puede ser tortuosa travesía en pro del saber, de exponerlo, de darle alguna forma y representarlo. Ya se conoce que lo que no se nombra no existe, y este dolor, estas verdades, estas experiencias de las que hablan, cine y literatura en un discurso dual dentro de Por la tierra prometida. Migración latinoamericana en el cine, de Amanda Sánchez, es un texto para estos días, que dice claro, oportuno, este discurso de realidad hecha ficción para las salas de cine.

Observando desde el lente que ofrece la complejidad, un paradigma imposible de obviar en estos días, Amanda Sánchez visita preceptos de la sociología, la comunicación, lo demográfico, supuestos teóricos del cine, para analizar, a través de largometrajes de distintos orígenes y con anécdotas diversas, el fenómeno de la migración en Latinoamérica, esencialmente aquella que tiene como destino a los Estados Unido.

Y lo hace entregando en este bello volumen con imagen de cubierta de Norli Guerrero Pi y diseño de Robert Ráez, su capacidad analítica, su dedicación a ahondar frente a la pantalla en las perspectivas de realizadores de cinco filmes: Frontera, La jaula de oro, A better life, Últimos días en La Habana y Desierto.

En cubierta un rail, líneas, un destino incierto, bifurcaciones. Caminos probables, hacia el interior, la indagación acuciosa, sustentada en diversos referentes teóricos que apuntalan las aseveraciones y guían el estudio.

La vida es un divino guion. Pero a veces uno terrible, desgarrador, hecho para conmocionar. Las ciencias sociales pueden conducir también a la emoción, sin obviar la mirada reflexiva. Y este libro puede permitir al lector atravesar el continente montado en argumentos cinematográficos, vivir la migración desde latitudes, perspectivas, estéticas, discursos, edades distintas. Este es un atisbo. La lectura es el camino, no hay en él retenes, coyotes, océanos, disfraces, solo una vía anchurosa que espera por ser recorrida.