Literatura


La literatura es cada vez más mujer

Leer a Mercedes Duque (o trabajar junto a ella) es siempre un disfrute. Y no lo digo porque sí, con la convención “formal” que muchas veces las periodistas usamos como un escudo fácil del oficio: en este caso, se cumple a cabalidad la afirmación. Mercedes es mucho más que una voz joven que se abre paso en la literatura iberoamericana. Me atrevería a decir que es una voz en busca de lo trascendente. Su literatura me estremece, a mí a la que ya pocas cosas (descreída soy) me estremecen ya.   

Tu literatura está interesada en los conflictos cotidianos y en la épica propia de estos, la cual muchas veces es soslayada en la escritura. Ese “dios de las pequeñas cosas”, ¿cómo se manifiesta en tu obra?

Me gusta pensar que, antes que manifestarse de una única forma o a través de elementos concretos, la épica de lo cotidiano en este libro se siente. En realidad, Los días breves es una mirada de los personajes al propio cuerpo. Imagino que observan sus pieles y por fin prestan atención a las cicatrices y los arañazos que, pese a estar ahí, son algo menor que tiende a pasar desapercibido, que se olvida, a lo que se le resta importancia. Ese moratón con el que te levantas por la mañana, por ejemplo, y no puedes recordar en qué momento te lo hiciste. En Los días breves, los personajes sí recuerdan cuándo se dieron ese golpe y sí le dan importancia. Sienten el pinchacito al apretarlo, observan cómo cambia de color. A través de la mirada atenta a los dolores que los forman a sí mismos y a su entorno, lo cotidiano aparece como elemento sensible, encuentra la importancia que de verdad tiene. 

Y ya que hablamos de Los días breves (Editorial Verbum, 2023), tu opera prima, me gustaría pedirte que le contaras a las lectoras un poco más sobre aquello que pueden encontrar en estas páginas…

Siguiendo lo que comentaba antes, en este libro se narran once historias que pretenden conformar una mirada detallada a los conflictos ordinarios. Y, bueno, una de las emociones más ordinarias (y la que personalmente más me obsesiona) por la que pasamos todas las personas es la desilusión. Me interesaba explorar el primer encuentro de los personajes con la realidad misma, y no con lo que esperaban de esa realidad. Todas las historias de Los días breves hablan de la primera ruptura de expectativas desde un prisma distinto. Una poética de la desilusión, lo llamó una profesora del Máster de Escritura Creativa al leerlo. Me gustó mucho aquello, me ayudó a darme cuenta de que todos los relatos, cada uno dentro de su tono, ritmo o gravedad, son una disección de pequeñas desilusiones.

Y, bueno, más allá de las intenciones o la temática de Los días breves, creo que las lectoras se van a encontrar con historias mínimas muy sensibles, pero sin duda también irónicas y con atmósferas sacadas del terror. Ojalá que quien lea Los días breves ría, sienta escalofríos y se emocione a partes iguales.

Si tuvieras que quedarte con uno de los relatos de Los días breves, que representara a cabalidad tu narrativa, ¿cuál sería y por qué?

Creo que no podría elegir uno solo, así que voy a hacer trampas y hablar de dos de ellos: “Los días breves” y “Mala sangre” que son, también, mis favoritos. Digo que no puedo elegir uno solo porque la combinación de ambos representa lo mejor mi escritura: por un lado, malhablada y frenética, y por el otro, más lírica y pausada.

Además de la cuestión rítmica o de tono, estos dos relatos tienen personajes muy inocentes, algo que, creo, caracteriza mi escritura actual. Me gusta ponerlos juntos porque son dos de las voces más dispares y, a la vez, viven sus conflictos de forma muy similar. El de Martín es tan mundano como una ruptura amorosa, mientras la protagonista de “Mala sangre” vive algo tan terrible como un viejo abusivo y la partida de una hermana. Ninguno de los dos lo puede entender, ni tampoco llegan a asumir qué les ha ocurrido.

Me gusta jugar con las voces de los personajes. Me divertí muchísimo construyendo el discurso atropellado y ansioso de Martín, y me entristecí al desarrollar la voz incrédula y oscura de la narradora de “Mala sangre”, pero creo que lo que más representa a mi escritura es la combinación de ambas cosas, unidas por una visión común frente al conflicto: la inocencia. La no comprensión. La tristeza, expresada en forma de rabia, que generan la decepción y el abandono.

Definir el estilo de un autor es siempre una labor difícil. No obstante, aventuraré a decir que en tu estilo se funde la carga psicológica de la novela española pero cargada de una esencia surreal, absurda, mágica y de terror en ocasiones, que yo asocio con la producción de las actuales escritoras latinoamericanas. ¿Sientes o eres consciente de esa mezcla? ¿Cómo definirías tu escritura?

La verdad es que las escritoras latinoamericanas actuales me obsesionan. Admiro y envidio la capacidad para narrar de manera tan descarnada a la vez que absolutamente hermosa y precisa. He llegado a esta literatura hace muy, muy poco dentro de mi “carrera como lectora”, pero gracias a ellas he aprendido a jugar con ese lado visceral de la escritura que tenía en mí y del que, hasta entonces, no sabía las reglas (o la ausencia de ellas). Así que sí, Los días breves y mi escritura en general le debemos infinitas cosas a Mariana Enríquez, a María Fernanda Ampuero, a Lina Meruane y a ti, Elaine, entre otras.

Si soy sincera, no he reflexionado tanto sobre la influencia de la novela española, tan cargada de esa psicología y auto análisis, pero tienes toda la razón. ¿Cómo no? Al fin y al cabo, he crecido con esa literatura, que también admiro y disfruto muchísimo, y me ha dado las primeras pautas para expresarme. Y más allá de la literatura española que, digamos, “se estudia”, hay autoras españolas actuales que me han dado auténticas claves para aprender a narrar psicologías. Pienso, por ejemplo, en Yo, mentira de Silvia Hidalgo, o en Las herederas, de Aixa de la Cruz, dos novelas geniales en las que vivimos mil cosas en los recovecos de las mentes de sus protagonistas.

Respondiendo a la segunda pregunta, cómo definiría mi propia escritura, creo que es precisamente todo esto: un mosaico de lecturas, de pieles y vísceras, y de mirar adentro. Pero, en realidad, opino que definir el estilo propio es demasiado complicado y que, al final, las distintas pinceladas sobre ello que dan las lectoras acaban por conformar una idea con más aristas. O, con suerte, al menos más amable. Hace poco, una amiga, después de leer el libro, me dijo que soy el lobo feroz de lo cotidiano. Qué bonito escuchar que eres eso, ¿no?

La toma de conciencia es siempre un elemento vivo, que respira, en el diseño de tus personajes. Llegados a un punto de la trama, estos entienden, y ese entender los zarandea, los mueve de lugar. ¿Qué importancia les confieres a los personajes dentro del tejido de la historia?

Para mí, los personajes son el tejido de la historia. Opino que cuando narramos conflictos cotidianos, la visión y la vivencia propia de cada personaje es la esencia de la historia. Se dice que en literatura no hay nuevos temas, que las escritoras llevamos hablando sobre lo mismo desde el inicio de la narración per se. En mi opinión, lo que hace única a una historia es la voz particular del personaje y cómo vive ese evento que ya tantas veces antes hemos contado. En Los días breves, como he dicho, se habla de desilusiones. ¿Cuántas veces antes se ha tratado este tema? Personalmente, como lectora y escritora no busco la novedad de la trama, ni una narrativa absolutamente rompedora o experimental, sino que busco una mirada que sepa hablar desde la particularidad de sí misma.

¿Cómo das piel y cuerpo a tu proceso de conformación de escritura? ¿Qué recursos te son más valiosos a la hora de crear?

Una de las citas que introducen a Los días breves es de Sandra Cisneros, en la que habla de su propio libro, La casa en Mango Street. Ahí explica cómo los relatos que hay en él son un intento de ordenar fragmentos de las historias propias y de otras personas para conformar una sola y coherente. Después añade que «Las emociones, no obstante, no pueden inventarse ni pedirse prestadas. Todas las emociones que sienten mis personajes, buenas o malas, me pertenecen». Creo que mi proceso de escritura comienza de esta forma. Al menos, así ha sido en Los días breves y lo está siendo en la novela en la que me encuentro inmersa ahora mismo. En mi escritura hago uso de elementos autobiográficos, o sacados de las biografías de otras personas, pero no son más que eso: eventos concretos que una organiza de distintas formas para conseguir narrar una emoción. Ninguno de mis personajes soy yo, ni es mi madre, o mi mejor amiga, o mi ex pareja. Los hechos en sí mismos, o en quién me he inspirado para crear este rasgo de carácter o el otro, no son lo más importante para mí a la hora de crear. La piel que en realidad recubre a mi escritura, y los huesos que la vertebran, es la observación de las emociones que se me han atragantado en la garganta.

Supongo que por eso trabajo siempre con narradores en primera persona: este tipo de voz me da la posibilidad de crear nuevas formas de ver esas emocionalidades. De hecho, creo que si utilizara otro tipo de narrador, probablemente habría acabado haciendo un juicio personal sobre las decisiones y vidas de los personajes, lo cual no es mi intención (y, además sería aburrido). Sí, mis personajes siempre hablan desde mí. Al fin y al cabo, soy yo quien los crea, pero son ellos y sus voces propias quienes me permiten entender los distintos ángulos de aquellas emociones atragantadas. Y ahora que lo pienso, lo único que me permite empezar y acabar un relato es poner a esa voz a jugar: me siento frente al ordenador, le hago preguntas al personaje y lo dejo charlar de cualquier cosa hasta encontrar qué quiere decir.

Al margen de todo el proceso creativo personal e interno que una pueda tener, considero que los recursos más valiosos para la creación son la lectura y el compartir los textos con otras personas. Las ideas que vienen de fuera, ya se esté de acuerdo con ellas o no, siempre ayudan a complementar y trabajar las propias.

El gusto, el disfrute, la comunión entre lectores y escritores es un elemento muy presente en el actual panorama español literario. ¿Qué ventajas ofrece este hecho a las narradoras y qué inquietudes?

Hasta lo pronto solo me he encontrado con ventajas respecto a encuentros en los que personas dedicadas e interesadas en la literatura comparten textos y lecturas. Como he comentado antes, pienso que uno de los recursos más divertidos y beneficiosos para la escritura es mostrar las propias historias y leer las de otras.

He participado en muchos talleres y clubes de lectura, y creo que son unos espacios únicos para aprender, disfrutar, y también, por qué no, beberse alguna cerveza. Puede ser que las inquietudes surjan por la exposición de una misma, pero en mis vivencias he podido comprobar que esa idea del taller/club en el que básicamente se destroza y se humilla a la persona creadora es, hoy día, un mito. Supongo que sí, que en algún momento fue tal, y que es probable que todavía existan espacios de esas características, pero creo que están desfasados. Por supuesto que no se aprende si no se comentan los errores, por supuesto que los debates en torno a preguntas complejas generan ideas aún más interesantes, pero no es necesario machacar a la artista o la escritora para que aprenda, ni es necesario hacer preguntar incómodas o hirientes. En mi experiencia, la dinámica de competitividad y envidias que tanto ha caracterizado a la literatura está desapareciendo. Esta competitividad corresponde de un mundo masculinizado y, por suerte, la literatura es cada vez más mujer, en el sentido más amplio de la palabra. De esa comunión entre lectoras, escritoras y otras ramas de la producción artística nacen las obras y conversaciones más interesantes.

Desde abril del 2023 escribes para la revista literaria La Elocuente. Compártenos un poco de tu experiencia.

Di con La Elocuente gracias al Máster de Escritura Creativa que cursé en la Complutense. Por allí pasaron las fundadoras de la revista (Paula Martínez Camino, Pilar Asuero Salazar y Ana Olleto Vitoria), pero no tuve la suerte de conocerlas en persona en aquel momento. Comencé a seguirlas en redes sociales, pero no fue hasta un año más tarde que Paula estuvo en la Fundación Antonio Gala junto con Jonathan Arribas, un muy buen amigo que hice durante el Máster. Él nos puso en contacto. Yo había escrito una carta abierta a Pedro Lemebel en el que hablaba sobre salud mental y sueños, y la compartí con ellas. No solo la publicaron, sino que me dieron la oportunidad de tener mi propio espacio mensual en su revista.

La Elocuente se define como un espacio «creativo, rebelde y joven», y así es. Las fundadoras de la revista han creado un lugar ideal para compartir los textos de escritoras con mayor o menor carrera (y esto es una de sus mejores cualidades, el elitismo no tiene cabida), que escriben en los márgenes del canon literario y que tienen voces y opiniones descaradas y divertidas. Combinan la publicación de relatos y poesía con el ensayo y la crítica literaria, tienen su propio podcast y club de lectura. Son un clarísimo ejemplo de lo que comentábamos antes: La Elocuente crea una comunidad de escritoras y lectoras donde se cuestiona lo establecido y se pone el tabú sobre la mesa. La verdad es que estoy muy feliz de formar parte de ella.

Acabas de ser seleccionada para la Residencia Artística Can Serrat por un proyecto literario del género novela. ¿Sientes que la novela es la consagración definitiva de una escritora?

No diría tanto como la consagración definitiva. Es verdad que, al comenzar a escribir, sobre todo si se pasa por talleres y educación universitaria en escritura, se trabaja principalmente con el relato. Supongo que es así por el formato mismo de la educación: no sería viable si todas las alumnas escribieran a la vez una novela, no daría tiempo ni lugar a trabajar los distintos aspectos formales, temáticos, etcétera, de la escritura. Así que suele ocurrir que la primera producción literaria de una persona sea una antología de relatos.

Pero para mí esto no quiere decir que la novela sea el género más complejo, ni mayor, de la literatura. Simplemente distinto. A veces pienso en los relatos como películas y las novelas como series: los primeros tienen la atención de la lectora o espectadora durante un periodo de tiempo reducido y dejan una marca punzante, mientras que los segundos son carreras de fondo, historias que se construyen poco a poco y dejan una huella quizás más extensa, pero no por ello más profunda. En España, a diferencia de América Latina, la novela tiene mucha más presencia e importancia, pero personalmente tengo un enorme respeto por las relatistas.

Cada género tiene sus dificultades e interés propios. Hay historias que exigen la extensión y desarrollo de una novela, mientras que hay otras que en menos páginas y más silencios, consiguen calar muy hondo. Es tan complicado y valioso dejar una marca punzante como una huella extensa.

Todas las escritoras tenemos un por qué, un disparador, un motivo, detrás del hecho de aventurarnos a escribir. ¿Cuál fue tu motor de arranque?

Creo que, como tantas otras personas, comencé con los diarios y la poesía sentimental. También leía mucho, con ganas y atención. No sé en qué momento me senté a escribir por primera vez, supongo que de muy niña y en la escuela, o de adolescente por algún desamor. Sí recuerdo que poco a poco fui dejando más espacio para la escritura, hasta que un día me apunté a los talleres de Casa Tomada (una librería maravillosa en Sevilla) y pude darle forma y técnica a lo que antes eran emociones que me llenaban y que solo sabía vomitar.

Creo que desear dedicarse a la producción artística de cualquier tipo se lleva dentro desde una edad muy temprana. Creo que la artista tiene algunas cualidades concretas como son la atención al detalle, la introspección y la sensibilidad. Pero me parece que también es esencial el aprendizaje.

Puede ser que mi motor de arranque fuera momento vital en el que me encontraba sin empleo y sin perspectivas de encontrar ninguno, pero con una necesidad absoluta de hacer algo. Siempre había disfrutado de la lectura y la escritura, así que decidí darle una oportunidad. La escritura es un oficio que exige de mucho tiempo y dedicación, y en aquellos días yo tenía todo el espacio del mundo para darle. Me apunté a un taller inicial de escritura creativa en Casa Tomada, que impartía María José Barrios, socia fundadora de la librería y una de las personas que más me han enseñado sobre escritura. Es muy probable que en aquel momento se activara ese disparador que nombras. Los talleres no despertaron en mí el deseo en sí de escribir, esa ansia ya estaba despierta, y fue por ella que comencé a asistir. Pero al adquirir las herramientas necesarias para relatar lo que llevaba dentro, cada vez sentía más y más necesidad de hacerlo, y me producía más emoción y divertimento. Cuando comencé aquellos cursos, el motor estaba ahí, pero necesitaba de alguien que me ayudase a encenderlo.

Más allá de la página en blanco, ¿quién es Mercedes Duque?

Cuando me presento, tiendo a decir que estudié Antropología y Sociología, que he sido profesora, niñera y camarera, que intento dedicarme a la literatura, que nací en Sevilla y he vivido en Londres, Roma y Madrid, y que Roma fue sin duda mi ciudad preferida. Que tengo veinticinco, veintiséis, veintisiete años. Y claro que esas cosas son parte de mí, pero voy a tratar de presentarme de otra forma.

Cuando intenté dejar el café tuve tantos sudores, pesadillas y mal humor que no pude si no volver a tomarlo. Me encanta el terror porque veía películas con mi madre desde muy pequeña. Tengo una hermana mayor y una mejor amiga y no sé bien cuál es cuál, las dos son ambas cosas. Siempre he querido adoptar un gato naranja y llamarlo Regañá, y por fin lo tengo conmigo. Durante mi año en Roma, mi mejor amigo tenía siete años. No importa cuánto lea y me fascine por nuevos libros, El Principito siempre será el que más hondo me caló. Antes pesaba cerca de cien kilos, ahora hago ejercicio de forma compulsiva y vivo en una dieta permanente (de la que no he eliminado la cerveza ni el vino). Me encanta tener flores en casa, por mucha pena que me dé verlas morir. Disfruto tanto de bucear que tengo un acúfeno en cada oído, ese piiiiiii constante dentro de la cabeza. Ahora buceo con tapones, aunque me da mucha vergüenza. Admiro mucho a muchas personas y creo que esa es una de mis mejores cualidades. Y seguro que hay otras cosas para contar, pero me incomoda un poco hablar de mí misma (o tal vez es solo lo que me digo).


Convocan al Concurso Nuevas Voces de la Poesía 2023

La sección de Literatura de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y su sello Ediciones La Luz el Centro Provincial del Libro y la Literatura en Holguín (CPLL) y la emisora provincial Radio Angulo, invitan a participar en el Concurso Nacional “Nuevas Voces de la Poesía” 2023.

En el certamen, que se dedica en esta ocasión al 120 aniversario del nacimiento del José María Heredia y al 115 del camagüeyano Emilio Ballagas, pueden participar autores inéditos residentes en Cuba, menores de 35 años, sean miembros o no de la AHS. Para ello deberán enviar un poemario de tema libre que posea una extensión entre las diez y las quince cuartillas.

Los trabajos serán enviados al correo electrónico alaluzseleemejor@gmail.com y será imprescindible añadir el asunto “Nuevas Voces 2023”. Los participantes deberán usar seudónimo, por lo que enviarán dos documentos independientes, uno con el cuaderno en concurso y otro a modo de plica con sus datos y modo de localización.

Un jurado, integrado por prestigiosas figuras de las letras cubanas, dará a conocer el fallo el día 1 de diciembre de este año. El plazo de admisión vence el 20 de noviembre próximo. Un diploma acreditativo, una colección de libros y la publicación de la obra ganadora por el sello Ediciones La Luz, de la AHS en Holguín, en su colección Analekta, además de su versión electrónica y un audiolibro en la colección Quemapalabras, constituye el premio del Concurso.

Fundado en 1992 como Concurso Nuevas Voces de la Poesía en Holguín y coordinado por el promotor literario Joaquín Osorio, Premio Nacional de Promoción de la Lectura Raúl Ferrer, este contribuye a la promoción de poetas que aún no son visibles en el panorama literario.

Desde 2018 extendió su convocatoria al territorio nacional con el nombre de “Nuevas Voces de la Poesía Cubana”, incorporándose al sistema de premios de la AHS en el país. Lo han obtenido escritores como José Luis Serrano, Luis Yuseff, Moisés Mayán y Rubiel G. Labarta.


Los cielos desiertos en audiovisual

Ediciones La Luz, sello de la AHS en Holguín, trabaja en la realización de cápsulas audiovisuales a partir del audiolibro Los cielos desiertos. Poemas de Luis y Sergio Saíz en las voces de jóvenes artistas cubanos, una de las atractivas novedades de su amplio catálogo.

El equipo de Wildesigners Production, que dirige el asociado Gerardo Perdomo, se encarga de la producción audiovisual de las cápsulas, en la que participan los jóvenes escritores holguineros José Luis Laguarda, Liset Prego, Reynaldo Zaldívar e Idania Salazar.

El proyecto del audiolibro homónimo obtuvo la Beca de Creación “El Reino de este mundo” que otorga la AHS, contó con la selección de la periodista y escritora Liset Prego, y reúne a diez miembros de las diferentes secciones de la filial holguinera de la Asociación para volver sobre la obra y pensamiento de los hermanos Saíz Montes de Oca.

Prego comentó que, desde su concepción, se pensó como un proyecto que tuviera expresión en diferentes soportes para la promoción de la literatura, de ahí que después del audiolibro surgieran materiales audiovisuales para acompañar la promoción de este título.

En estas cápsulas se recoge de manera sintética las experiencias de acercarse de esta manera a la obra de los hermanos Saíz, junto a fragmentos de los textos que declaman algunas de las voces que integran el audiolibro, material publicado en la colección Quemapalabras, con la colaboración musical de DJ Acid Seduction, realización de Amalio Carralero y la asesoría de Fermín López y Yordanis Sera, director y actor fundador, respectivamente, de la Compañía de Narración Oral Palabras al Viento.

Añadió que este es un homenaje con palabras que siguen siendo de los hermanos Saíz y mantienen la autenticidad del primer día, para volver sobre su obra y pensamiento como una brisa fresca que sigue los pasos de estos jóvenes rebeldes. Constituye, además, otra manera de acercarse La Luz al ámbito digital y por tanto a los públicos que tienen como espacio natural las redes sociales y otras plataformas de socialización de contenidos literarios.

En Los cielos desiertos participan artistas de varias manifestaciones, desde escritores, músicos, pintores, realizadores audiovisuales, lo que le aporta una riqueza de experiencias creativas propias del trabajo de la Asociación. La beca “El reino de este mundo” es uno de los incentivos de la AHS para apoyar los procesos de creación artística e investigación sobre temas de la cultura desarrollados por sus miembros en las diferentes provincias.


La literatura como salvación

Shabely Botello ha encontrado salvación en la literatura. En la creada por otros, en la que nace de sus propias entrañas. Tomar la decisión de enfrentarse al oficio creador no fue una decisión simple: llevó tiempo, paciencia, dedicación y un enorme salto al vacío. Desde entonces, Shabely Botello construye su voz sin temer al alcance de sus palabras. Espera que, con el susurro y el grito, el mundo se transforme.

¿Hasta qué punto una información vocacional puede encauzar la vida de un joven artista?

Siempre estuve rodeada de arte, aunque no lo sabía. Desde la música hasta las artes visuales, mi infancia estuvo llena de influencias de las cuales yo no era consciente: las canciones de mi abuelo en el portal, las clases de baile a las que me llevaba mi abuela, los filmes que me mostraba mi papá, las historias que me contaba mi bisabuela o las incontables veces en las que mis padres me acercaron a la lectura. Pero, en algún punto, el arte abrazó mi vida y yo lo elegí como mi salvación. Recuerdo que solía escribir cartas a mis amigos y familiares y que, en la escuela, en las actividades de la mañana, escribía poemas y textos para las presentaciones de alguna fecha importante. Todo comenzó con el baile, luego llegó el canto y escondida, siempre, estuvo la escritura como una sombra.

Yo no sabía que podía ser escritora, sentí muchas veces que era una profesión para pocos escogidos, no por talento, sino por las oportunidades. No encontré información al respecto, nunca fue una opción para mí. Cuando crecemos, estamos todo el tiempo viendo a otros cumplir sus metas profesionales, aprendemos de nuestra familia, de otras familias, de nuestros amigos, de los maestros, de los vecinos. Sin embargo, cuando no vives en un ambiente donde existen artistas, es difícil sentir que es un camino. Hace poco tiempo descubrí que no era una meta inalcanzable y me tocó, en ese momento, enseñarle a mi familia —porque ellos tampoco sabían— que la escritura es un oficio del cual se puede vivir. Sería incorrecto decir que perdí el tiempo, aprendí mucho durante las primeras etapas de mi vida y fui capaz de acumular experiencias increíbles. Sin embargo, la preparación desde edades tempranas hace que las decisiones que vamos tomando estén dirigidas a la meta correcta para cada uno.

El covid marcó un parteaguas en tu vida, tanto desde el punto de vista profesional como humano. ¿Qué saldo te dejó esa época tan difícil para todos?

De todas las preguntas esta es la más difícil. La más amarga. En plena pandemia decidí que iba a ser escritora. Me senté un día frente a mi novio y le confesé que eso era lo que quería hacer. Por primera vez en mi vida, después de mucho tiempo escondida, encontré la escritura. La encontré inocente y penosa, me empujaron hacia ella, me obligaron. Hasta que todos enfermamos. Hasta que pasó el primer año de pandemia y sentimos en carne propia la desesperación de la enfermedad. Lo que había sido un miedo se convirtió en una realidad y para mi desgracia, la inspiración de muchos de mis textos viene de ese dolor. Toda mi familia estuvo enferma a la vez. Gracias a los que estaban fuera del hospital, mi papá desde otro país, mis tíos, mis primos, mis amigos, mis maestros, mis compañeros escritores y mi pareja, logramos salir adelante. Todos menos uno. La muerte de mi abuelo me enfermó más que el covid. No volví a ser la misma persona después de ese momento.

Escribir, ¿un don, una disciplina, o la mezcla de ambas cosas?

El talento es la magia que todos tenemos dentro. Algunos lo descubrimos a los quince años, otros a los ochenta, pero en algún punto nos damos cuenta de que existe algo que sabemos hacer de una manera diferente. Ahora, la pregunta interesante viene después de conocer este talento y es: ¿qué hago con esto? No existe grandeza sin práctica ni experiencia. Para poder escribir es necesario escribir. Así de simple y difícil como suena. El sacrificio está en tomar la decisión de continuar siendo lo que elegimos, aun cuando el futuro se vea borroso. La disciplina es clave para lograr esta voluntad y es la única vía auténtica que tenemos. Para el escritor no existe la suerte. Para el escritor existe la miopía, las horas fijando la vista, tecleando, leyendo, estudiando, escuchando y sintiendo.

¿Cómo defines tu literatura?

Escribo desde lo más profundo y desgarrado de mi ser. Mis textos son cortos. Por lo general, uso un lenguaje directo. Desde la narrativa siempre intento dar imágenes exactas y guiar al lector hasta un punto donde debe elegir, por sus propios medios, qué es lo siguiente que debe pasar en la acción. Por otra parte, en el teatro creo desde la imagen cinematográfica. Siento gran influencia del teatro post dramático en algunos de mis textos y disfruto crear personajes que no se alejen de la realidad que vivo. Cuando creo, lo hago a través de mi entorno. Luego está la poesía, que es mi perdición. Me desbordo en ella, me transformo en ella, me vuelvo esclava de su ritmo y de su imagen. Trabajo con ideas profundas, sin filtros, con palabras que se pueden considerar duras, pero que cuando están acompañadas de versos limpios se convierten en balas disfrazadas de flores.

Los géneros breves forman parte inseparable de tu escritura, ¿qué te ofrece la brevedad que una literatura de más largo aliento no te permite?

Vivimos en un mundo apurado, desesperado, y eso se refleja en muchas de las acciones que realizamos todos los días. Sin embargo, hay sentimientos, etapas e instantes que, aun dentro de la rapidez del tiempo, se sienten como una eternidad. Eso intento mostrar con mi literatura: lo eterno que esconde un punto final, el sabor de un cuento breve que se queda dando vueltas en tu mente, no por lo largo que fue, sino por todo lo que desató en el lector a solo minutos de haberlo leído. Busco esa sensación que es tan humana que no se necesita mucho espacio para describirla, que no se necesita detalle para mostrarla.

Trabajas múltiples géneros literarios, tales como novela, cuento, poesía, crítica, periodismo cultural, teatro, literatura para jóvenes. ¿Crees que la variedad incorpora quehacer a tu vida literaria e impide la búsqueda de la perfección en un género determinado? ¿La ves como un hándicap o como una oportunidad de indagar en nuevas fronteras artísticas?

¿Podrías imaginar que dentro de ti se esconde un gran dramaturgo y no lo sabes? ¿Cómo puedes conocer qué es lo que amas, si no lo has probado nunca, si no has experimentado lo que se siente crear una obra de teatro o un poema? Identificar aquello en lo que podemos trabajar consta de darle la oportunidad a la equivocación de aparecer. Probar varios géneros es necesario. Luego de un tiempo, si decides concentrarte en uno habrá sido por tu decisión propia, pero antes debes saber qué puedes dar y qué no. Tampoco se trata de abarcar todo a la vez, es más bien un camino, un experimento: algunos te darán resultado, otros se contarán como experiencias. El hándicap sería, por el contrario, desde el inicio solo trabajar en un género, sin permitirme la posibilidad de jugar, al menos, con la riqueza de otros caminos de la literatura.

En 2022 fuiste becaria de Can Serrat en Barcelona, ¿qué experiencias aporta, para un joven artista cubano, ser reconocido en una tierra allende a la propia?

Es una oportunidad extraordinaria la de conocer otras culturas y nutrirse de ellas. En Can Serrat pude compartir con artistas muy talentosos que no solo aportaron a mi obra, sino que me mostraron sus procesos creativos y sus influencias, todo lo cual redireccionó mi punto de vista por completo. También fue impresionante el hecho de saber que pude, a través de mi escritura, mostrarme como artista cubana y entregar una parte de mí a cada persona que me acompañó en ese viaje. Es reconfortante encontrarse en un ambiente que te has ganado, con tu esfuerzo y con tu obra. Ese espacio se convierte en un impulso, en un escalón para la creación.

¿Cuáles son los principales desafíos del arte joven en Cuba?

Regresaría a una de las primeras preguntas para responder esta cuando digo que es la falta de información y de caminos a elegir. El sentir que solo existe una manera, que solo a través de ciertas vías puedes llegar al arte, es un obstáculo para los jóvenes creadores. Debemos mostrar que es posible, que no existe una sola manera y que ser autodidacta es también válido. Crear más espacios de desarrollo, hablar más de la profesión desde el punto de vista de la autogestión y no juzgar a otros por no haber conocido a tiempo estas oportunidades.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo?

Escribir es un desafío. Vengo de una familia numerosa, por lo tanto, estoy acostumbrada al ruido, a las habitaciones llenas. Por esta razón escribo donde esté, como esté y en cualquier dispositivo. Puedo caminar por la calle y de repente perderme del grupo porque me quedé tecleando en mi celular alguna idea. Sin embargo, para crear el hábito de escribir sí construí mi propio rincón. Una mesa y una silla cómoda, una iluminación correcta y un poco de música. Suelo dar vueltas antes de escribir y cierro los ojos para concentrarme en el pensamiento. Una vez mis manos están en el teclado, el mundo se hace una imagen borrosa y solo existen las palabras y mis dedos.

¿Existen suficientes oportunidades de inserción y profesionalización para los artistas jóvenes en nuestro país? Desde tu perspectiva, ¿cuáles otras podrían sumarse?

Existen, pero no desde una temprana edad. Creo que la creación literaria es la que menos se desarrolla en talleres, círculos sociales o escuelas. No deberíamos encerrar la oportunidad de escribir solo hasta que seamos adultos y podamos conocer sobre las carreras del ISA o el Centro de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso”. Para desgracia de muchos, esta tardanza hace que se llegue a la decisión de escribir en momentos que pueden ser inadecuados. Si existen otras vías, no las conozco, y este es otro obstáculo: siento que se debe dar más promoción a estas oportunidades y de esa manera romper con el mito de que ser escritor es inalcanzable.

¿Cuáles autores son tus referentes?

En esta pregunta no puedo hablar solo de autores. Existe una influencia muy grande de la literatura latinoamericana en mí: desde la obra de Samanta Schweblin, que logra ahogarme con cada historia que cuenta, o la magia de Gabriel García Márquez, las metáforas de Dulce María Loynaz, Virgilio Piñeira y Fina García Marruz, el teatro desgarrador de Agniezka Hernandez, hasta la nostalgia de Osvaldo Doimeadiós y de la fortaleza de Taimí Diéguez Mallo. Busco mucho en la fotografía de Lisbet Goenaga, la poética de Anyel Diaz Goenaga y el lente de Jennifer Albín Betancourt, mujeres a las cuales considero amigas y también grandes fuentes de inspiración. No puedo dejar de mencionar el trabajo de la artista Erika Ivacson, el actor Arnaldo Galbán y el director de cine Fernando Muraca, a través de los cuales descubrí espacios donde el arte se transforma en espíritu. Libros como Las edades de Lulú, de Almudena Grandes, La novia de Sandro, de Camila Sosa Villada, Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, y Sacrificios humanos, de María Fernanda Ampuero.

A tu criterio, ¿qué de nuevo aporta la literatura joven cubana al panorama de la escritura canónica de nuestro país?

Estamos conociendo una generación que cada vez tiene menos filtros, que no teme mostrarse vulnerable, real y diferente. Estamos frente a autores que reciben constantemente información y se interesan por experimentar con la escritura y llevarla hasta límites desconocidos. Artistas con menos pelos en la lengua y con muchas ansias de gritar lo que se esconde en sus almas (y en las de aquellos que no se atreven). La literatura joven se está formando desde el dolor de muchos cambios y pérdidas. Cada vez se siente más la fortaleza de una generación que no le teme a sus lágrimas.

¿Quién es Shabely Botello, más allá de la página en blanco?

Creo que soy por etapas, como todos, de alguna manera. Hoy puedo describirme como una mujer con fantasmas y hojas en blanco. Un baúl lleno de recuerdos y abrazos. Una fotógrafa de lágrimas, de lágrimas de luz, a las cuales no temo.


Convoca Ediciones La Luz al II Concurso Nacional de BookTubers Atrapasueños

Ediciones La Luz, casa editorial de la Asociación Hermanos Saíz en Holguín, vuelve a abrir las puertas a sus lectores con una invitación. Por segunda vez convocan al Concurso Nacional de Booktubers Atrapasueños.

El sello, junto a la Cámara Cubana del Libro, la Dirección Provincial de Cultura, y el Centro Provincial del Libro en Holguín instan a participar a niñas, niños, adolescentes y jóvenes hasta 18 años. Solo deben realizar un video donde reseñen un título publicado por Ediciones La Luz.

Las categorías se han establecido de acuerdo a tres grupos etarios fundamentales: de 5 a 9 años, de 10 a 13 y de 14 a 18 años. Se otorgará un premio único en cada categoría. Igualmente, se ha dispuesto la dirección electrónica alaluzseleemejor@gmail.com para recepcionar los videos que deberán enviarse con el asunto “Atrapasueños” en el mensaje. No obstante, los que residen en la ciudad de Holguín pueden dirigirse a la sede de la editorial a entregar su video de forma personal.    

Hasta el 30 de octubre se recibirán los trabajos y el dictamen del jurado se informará el 17 de noviembre de 2023.

Los videos finalistas y ganadores serán publicados en el canal de YouTube de Ediciones La Luz.

Este concurso toma su nombre del espacio de promoción que habitualmente conduce el escritor y editor Luis Yuseff y que se dedica al público infanto-juvenil donde se presentan los títulos publicados por el sello que tienen a las infancias como destinatario.


¿Por qué se les sigue sin pagar a los escritores como corresponde?

En septiembre del 2022 escribí un artículo sobre los impagos a los escritores ( ➡ ¿Qué sucede con los impagos a los escritores en Cuba?). Este trabajo tuvo una pequeña repercusión, ya que varios lo interiorizaron y llegó hasta algunos de los lugares donde debía llegar. A estos escritores que mencioné en el trabajo, fueron remunerados de modos que hasta entonces, “no se les podía pagar”.

Pero, como todo en Cuba, las cosas no pueden ser fáciles. Hemos vuelto a los mismos problemas, además de las otras calamidades que afectan a los escritores desde hace años; que, al parecer, seguirán afectándonos. De todo lo que escribí en mi otro artículo Una idea para salvar al libro cubano... lo único que tomaron, casi al pie de la letra, fue subirles el precio a los libros, pero nada más. La situación viene de mal en peor, y ni si quiera por el I Foro de Negocios Editorial realizado durante la Feria Internacional del Libro de este año, parece que entraremos al mercado editorial.

No obstante, el problema puntual del que hablo en este post no tiene nada que ver con el valor del libro, ni con el mercado editorial cubano (el que en la práctica, no existe y lo hablaremos en otro momento).

Veámoslo por problemas.

¿De qué vive un escritor en Cuba?

Pues de su intelecto y de lo que pueda resolver: No de su literatura. Por tanto, muchos sobrevivimos de cheque en cheque, o de transferencia en transferencia. Entre los trabajos más comunes (realizados para las instituciones cubanas) son los de colaboraciones periodísticas, como entrevistas, reseñas o cubriendo eventos literarios; y de jurados de concursos… aunque no todos corremos con esta suerte.

Precisamente, este último punto es la génesis de este post. Un escritor amigo mío fue llamado para trabajar como jurado de los concursos Juventud Técnica (cuento) e Hidra (novela), convocados por la revista Juventud Técnica, perteneciente a la Casa Editora Abril. Él, como los otros dos jurados (también escritores) de cada concurso hizo su trabajo: leyeron cuatro novelas y decenas de cuentos, y, varios meses después, les dijeron que no podían pagarles. Si nunca se hubiera pagado este trabajo, esto no fuera noticia, pero sí se pagó en las ediciones anteriores.

Algo similar sucedió con los jurados de literatura del encuentro provincial de casas de cultura de La Habana.

La labor de jurado representa tiempo de trabajo intelectual de lectura y análisis cada uno de los textos; tiempo de vida dedicado solamente a realizar el mejor trabajo posible y dejado de emplear en otras actividades de ocio o mejor remuneradas. Vaya, ¡remuneradas a secas!

Es cierto que, con el sistema editorial y literario que tenemos en Cuba, nos han (mal)adaptado a trabajar de gratis; literalmente “por amor al arte”. Eso, quizás antes se podía hacer, cuando con ciento veinte pesos se podía comer durante un mes (años 60-70); pero en estos momentos, que cien veces esa suma no alcanza, no podemos darnos el gusto de realizar todos los trabajos “pro-bono”.

Los escritores también necesitamos pagar los gastos de la casa, comer, celebrar cumpleaños, etc. Pero, sobre todas las cosas, merecemos ser respetados. Nuestro trabajo vale tanto como el de un actor, un ingeniero, un plomero o electricista.

Al no pagar el trabajo de jurado de estos escritores, se irrespetó su oficio y a sus personas. Como mínimo, es deshonesto y desleal. Nadie les dijo antes de trabajar que no se les iba a pagar. A lo mejor, si se les hubiera dicho desde el inicio, ellos hubieran decidido trabajar de gratis; o a lo mejor no.

Al igual que todos, necesitamos y tenemos que cobrar por nuestro trabajo.

Derechos de autor “simbólicos”

Y ya que hablamos de pagos, toquemos algo muy importante: el monto. Recuerdo aquella mañana que había cobrado un cheque por un artículo que publiqué y por el que recibí 500,00 pesos cubanos. Claro, al descontar el 5% de la ONAT, en realidad cobré 475,00 pesos. Pasé frente a una cafetería en la ciudad de Las Tunas y vi un pomo de refresco de cola. Imaginen mi enfado cuando, al pedir su precio (con ilusiones de darme un gusto y comprar refresco y una bolsa de pan) me dicen que solo el refresco costaba 500,00 y el pan otros 280,00. Guardé el pago por mi artículo crítico, me olvidé de darme el gusto y continué mi camino en modo cucarachita Martina a ver “qué me compraré”.

Conclusiones: un trabajo crítico, hoy en día puede valer menos que:

  • Un pomo de refresco.
  • Un cartón de huevos.
  • Un cake.
  • Dos libras de carne de puerco.
  • Dos bolsas de pan.
  • Una bolsa de leche.
  • Un paquete de café.
  • Un pomo de champú.
  • Y una larguísima lista que todos conocemos.

Y hablo en modos generales. Hay sitios donde pagan más de 500,00 pesos, hay otros que pagan menos.

De igual modo, siempre el dinero será poco y no alcanzará para casi nada; más, cuando no te van a publicar uno diario. Puedes considerarte dichoso si publicas un artículo semanal; ah, y sin dejar de escribir tu literatura. Pero ese es otro tema.

Lo peor no es eso. Lo peor son los derechos de autor por los libros publicados, ya que las colaboraciones en las revistas dependen de las gestiones que cada quien realice.

Un derecho de autor (solo cuatro veces más que el monto antes del reordenamiento), ya sea por un libro de cuentos o una novela, si llega o pasa de los 20 mil pesos, puedes considerarlo un lujo. Por lo general, estos pagos no superan los 10 mil pesos y escasamente llegan a ese monto. Y algunos dirán que eso es muchísimo dinero. Pues no lo es. No lo es cuando tomas en cuenta que esa cifra es menor cuando le descuentas la ONAT, y que no llega a dos meses de salario; ni es mucho cuando lo divides entre los cinco años de vigencia del contrato; ni cuando, aunque vendas todos los ejemplares, no se reedita, ni te pagan por ventas. Tampoco lo es cuando el valor de la moneda nacional, cada vez es menor. Un derecho de autor, por el trabajo de meses, de años, puede gastarse en un día en la economía actual y luego seguir como si nada hubiera pasado.

Los derechos de autor, los pagos por colaboraciones, cursos y conferencias de los escritores, se pueden catalogar (ya muchos lo hacen) como un pago simbólico. Ya que, como casi nunca cobrábamos, cobrar algo, aunque sea simbólico, parece ser más que suficiente.

Y no es así.

Cualquier músico toca un tema (suyo o no) y cobra más de mil pesos, como mínimo. Durante la gira nacional de Buena Fe (por solo poner un ejemplo, ya que hay muchos más de este tipo de casos en cada provincia), el pago ascendió a más de 600 mil pesos por noche. Ambos casos, financiados por los gobiernos provinciales y el nacional. Quizás por eso fueron declarados vanguardias nacionales del trabajo. Así sí se puede trabajar.

¿Por qué esta diferenciación entre los músicos, actores y los escritores? ¿Por qué el MINCULT y el Ministerio de Finanzas y Precios valora más una manifestación artística que otra? ¿Por qué no podemos cobrar igual que los demás artistas? O cobrar, sencillamente.

Nuestro trabajo vale igual que el del resto. Se debe valorar, según su calidad, como dice la resolución 70 del 2021 “en cuenta la magnitud de la actividad, la significación del acto mismo, el carácter de la institución que la financia, la complejidad, calidad y trascendencia de la obra, el reconocimiento público alcanzado por el autor, así como los ingresos que generen la actividad.”

Sin embargo, siempre se menosprecia y demerita. Nada vale la importancia que le atribuyan en las palabras y la historia a la literatura en Cuba mientras que el escritor no vea retribuido financieramente lo que realmente vale su trabajo.

Si no estás de acuerdo, responde estas preguntas:

¿Qué escritor cubano conoces que viva solo de su literatura? O sea, de la venta de sus libros, cuentos o poemas en Cuba.

¿Por qué los músicos, artistas de la plástica, artes escénicas y medios audiovisuales sí tienen la posibilidad de vivir de su trabajo, mientras que los escritores no?

En la realidad cubana actual, el trabajo del escritor vale poco o nada. Y hablo del valor monetario; de ese que se usa para comprar comida y ropa.

Por otro lado también tenemos la

Incertidumbre de saber si tenemos trabajo

Ese es otro tema que afecta a los escritores cubanos hoy en día. Todas las revistas, periódicos, radios y cadenas de televisión tienen trabajo para los escritores. Sí, es cierto. Ah, no para todos, es verdad; y no todo el tiempo ni con los mismos requisitos y papeleo burocrático. Pero esto es normal. A lo que me refiero con la incertidumbre es que si bien puedes escribir 10 artículos (o un guion) al día, si publican cuatro al mes, puedes considerarlo un milagro.

Un paquete de artículos sobre crítica literaria, digamos, un paquete de seis reseñas de libros de autores y editoriales cubanas, puede demorarse de dos a tres meses en salir. ¿Por qué me refiero a esto? Porque mientras no salgan los trabajos, los escritores no lo cobran. Por tanto, es como si no tuvieras trabajo.

También está el hecho que, violando la resolución 70 del 2021, los trabajos no se negocian: ni el pago, ni la aceptación o no de estos. O sea, puedes ir y enviar tus trabajos por correo electrónico, que a no ser que le caigas arriba al encargado de la revista (cuando des con el que decide), nunca obtendrás de vuelta un mensaje que te diga si aceptan el trabajo, tampoco la propuesta del pago ni la fecha en que serán publicados. A veces te enteras de casualidad que fueron publicados.

De esa forma, nunca podrás saber con qué dinero contar o no; si tienes trabajo o no. Ya que, si a las revistas que les envías tus artículos, no los publican, ¿para qué seguir mandando?

tomada de El Definido. / internet.

¿Somos iguales? ¿Qué se toma en cuenta para pagar?

La resolución 70/2021 determina un pago mínimo de 300,00 pesos, pero no tiene tope de lo que se pueda pagar por derecho de autor. Además, como dije ahorita “en cuenta la magnitud de la actividad, la significación del acto mismo, el carácter de la institución que la financia, la complejidad, calidad y trascendencia de la obra, el reconocimiento público alcanzado por el autor, así como los ingresos que generen la actividad.”

Por ende, cuando yo leo en público un poema, no deberían pagarme lo mismo que si lo lee alguien con mayor o menor reconocimiento. Si leo cinco textos no debería cobrar lo mismo que el que leyó uno; y si mi trabajo tiene mayor calidad literaria que otros, debería valer más.

Sin embargo, en nuestro país no sucede del todo así. Si eres un escritor renombrado, puede que cobres un poco más que los otros con menos nombre. Si perteneces a la UNEAC, independientemente de la calidad literaria que tengas, siempre cobrarás un poco más: solo por el carnet. Fuera de eso, el monto del pago depende de lo que determine la dirección de la institución y todo el mundo por igual.

En ningún momento el importe del pago del trabajo depende de su calidad. Es como si al ser de la UNEAC o alguna personalidad, estuvieras exento de cometer errores o fuera sinónimo de perfección. Solo hay que recordar que Borges, Cortázar, Vargas Llosa, Carpentier, Hemingway y muchos otros clásicos, también tienen obras malas.

Para aterrizar la idea a un ejemplo práctico: Es absurdo que yo cobre por un poema lo mismo que Jorge García Prieto por uno suyo. Por mucho, los suyos tienen mayor calidad que los míos; sin embargo, valen lo mismo.

Esa es la razón por la que muchos se desencantan y dejan de enviar o participar en actividades. Es uno de los motivos por la que la calidad de los textos publicados en esta época, es tan variable.

Quizás una de esas razones para estos pagos igualitarios, de las que tanto especulo, sean

Los bajos presupuestos para la literatura

En cualquiera de esos conciertos, por cada noche de trabajo (quizás dos horas de concierto), se empleó mayor cantidad de dinero que en toda la Feria del Libro de muchas provincias; realizadas durante mayor cantidad de días y para cientos de escritores. Duele ver cómo para un solo concierto de este grupo se designó un presupuesto mayor que el de una editorial cubana, para el pago de las resoluciones 70 y 71, de todo el año.

Cualquier presentador y músico que trabajó durante las ferias del libro de La Habana y de las provincias ganó, con una sola presentación, más que la inmensa mayoría de los escritores que trabajamos a diario en este evento llamado “el más importante del país”.

De hecho, a la mayoría de los habaneros que trabajamos en la Feria Internacional de La Habana, por más libros que presentemos, paneles que hagamos y lecturas de poemas que realicemos, no recibimos remuneración alguna. Conozco a varios escritores que se han sorprendido cuando les digo que en las provincias, pagan. Poco, pero pagan. De hecho, tengo constancia de escritores a los que aún les deben los pagos de la Feria antespasada; un pago de 400,00 pesos cubanos. Y sé que no todo el mundo se va sin cobrar de la Feria de La Habana. Por cierto, siempre son los mismos.

También existe una diferencia de presupuestos considerable con las peñas. El presupuesto a pagar para las peñas de músicos es en ocasiones el doble y triple del otorgado para las peñas literarias. Y que conste que con esto no pretendo que se baje el presupuesto a los músicos, sino que nos lo suban a los escritores. Los músicos también necesitan alimentarse y trabajan igual que los escritores y resto de artistas cubanos.

Es triste ver cómo cualquier artista o trabajador en general, que labore un día o dos durante el mayor evento literario del país, gane más que cualquier otro escritor que se pase los nueve o diez días de feria, trabajando.

Da pena ver cómo se gastan entre cinco y diez veces más dinero en actividades varias, prensa y producciones innecesarias, que en el pago a la verdadera razón de ser de la feria: los libros y los escritores.

La culpa no es de los músicos, productores, ni de las editoriales, ni de los escritores. Al menos no totalmente. En realidad somos en parte responsables por no reclamar nuestros derechos a los verdaderos responsables de esto: nuestro Ministerio de Cultura e instituciones del nivel superior. Tenemos dejar nuestra posición de orgullo y reclamar lo que nos pertenece.  Tenemos que dejar de ser corderos y ver nuestra actividad como lo que es, un trabajo que tiene que ser remunerado correctamente.

Demoras con los pagos

Este es otro punto que he tocado en varias ocasiones. Sin embargo, nada ha cambiado. Quizás durante la primera parte del año no se han demorado tanto en salir (uno o dos meses). Ah, pero el método de pago es el que continúa siendo cuadrado e ineficiente.

Habiendo tanta campaña para el pago electrónico a nivel nacional, casi la totalidad de las instituciones se empeñan en pagar mediante cheques. Todo funcionara si los beneficiarios de los cheques pudieran cobrarlos en las provincias en que se genera el pago: pero no siempre es así.

Si un escritor va a trabajar a una provincia, el pago sale al mes siguiente. Por tanto, para poder cobrar el cheque, debería esperar a que alguien le haga el favor de recogerlo y llevárselo; o ir a buscarlo, gastando parte del importe de este cheque.

Ah, siempre y cuando el beneficiario no viva en la Isla de la Juventud. Ahí se complica más el cobro.

Casi todos tenemos tarjetas de banco electrónicas. Sin embargo, no siempre se crean los mecanismos para realizar estos pagos, ni siempre se recibe al escritor con el cheque hecho para que lo cobre al momento. A pesar de que se conoce el volumen de actividades que este realizará durante su estancia en la provincia.

De ahí que llegue a la conclusión de que existe una constante

Violación de las resoluciones vigentes

Las resoluciones que se incumplen son múltiples, por eso no las voy a enumerar. Algunas de ellas, incluso salen del ámbito cultural y entran en lo contable o financiero.

Lo primero, es que, para no ser absolutos, casi nunca se les informa a los escritores cuánto se les va a pagar. Negociar el valor del pago, es algo utópico, ya que muchas veces depende del escaso presupuesto de las instituciones.

Algunas de estas violaciones son:

  • Invitar a un escritor a realizar un trabajo, ya sea oral o escrito, y no pagar por el trabajo realizado. Claro, se incumple siempre que no se negocie y se aclare el carácter pro-bono de la actividad.
  • El atraso por más de treinta días de los pagos de colaboraciones, premios, derechos de autor, etc.
  • Publicación de libros o textos sin cumplir los procedimientos establecidos. Por lo general, los contratos de libros se firman luego de que todo está ya editado y tienes que aceptar las condiciones de la editorial, o el libro no sale… aunque editores, correctores, maquetadores e ilustradores ya hicieron su trabajo (y lo cobraron).
  • Incumplimiento de las normas de contratación. Los escritores firmamos contratos en el momento de recoger el cheque (ya sin posibilidad de negociar); o proformas de contrato en blanco.

En este último caso, tanto los escritores como las instituciones violan los procedimientos. Sin embargo, o lo hacemos así (los escritores) o no cobramos, ya que es el proceder estándar de la mayoría de las instituciones. Pocas son las que trabajan como debe ser.

Conclusiones… de momento

La situación de los escritores es crítica. No solo porque no se nos da el valor que merecemos, ni el que merece nuestra obra, ni nuestro tiempo, ni trabajo; sino que esto se refleja en el bolsillo de los nuestro bolsillo. Si pasamos tiempo de lujo preocupándonos por luchar nuestro dinero en otras actividades extra literarias, la calidad y cantidad de obras va a seguir disminuyendo drásticamente, como lo demuestran las publicaciones cubanas más recientes.

Por no pagar lo que realmente vale el trabajo del escritor, es que los guiones de programas televisivos son mediocres y dan pena en el mayor de los casos. A diario se escuchan horrores en espacios estelares de la televisión cubana, como los informativos, por ejemplo. Horrores que se repiten en los otros programas donde leen los mismos guiones que, supuestamente, pasaron por la mano de varias personas que dieron su visto bueno. Al parecer, se utiliza un mismo guion para diversos programas, sin que nadie se dé cuenta de estos horrores. Pero este tema, da para otro artículo.

Por no pagar lo que se debe por el trabajo del escritor, es que no existe una real crítica literaria en Cuba (al menos, es una de las principales causas). Tampoco hay nuevas grandes obras en nuestras editoriales.

Por no pagar lo que realmente vale el trabajo del escritor, es que muchos buscan publicar sus obras en editoriales extranjeras, con la esperanza de algún día, poder publicar en Cuba.

Por no pagarnos, muchos de los jóvenes talentos se desilusionan y dejan de escribir para estudiar algo de lo que puedan vivir.

Para no pagar lo que vale el trabajo del escritor, buscan variantes gratuitas, que la mayoría de las veces no dominan la actividad que van a juzgar o realizar: “pero lo importante es que el show continúe”, ¿verdad? Por esa razón una vez escuché a uno de estos jurados afirmar que un cuento de más de tres páginas y más de tres personajes es una noveleta…

No hace falta que diga nada más.

Por no pagar lo que vale el trabajo de los escritores, el 2 de mayo de este 2023 el sindicato de escritores de Estados Unidos entró en huelga. Al menos ellos tienen ese sindicato que los protege.

Aquí no tenemos a nadie que vele por nosotros, excepto nosotros mismos. Por ende, debemos crear un frente unido y exigir nuestros derechos. Debemos decir “¡No trabajamos gratis!”

Por no pagarnos lo que vale nuestro trabajo, es que estoy escribiendo este artículo.

Para finalizar, les recuerdo que la Literatura es uno de los primeros y más importantes planes de la Revolución y uno de los principales logros. Si otras manifestaciones artísticas son subvencionadas para que el patrimonio cubano no se pierda, la literatura también debe ser protegida. La están perdiendo. Mejor que no se preocupen tanto por subsidiar a los libros (que es algo bueno), deberían preocuparse más por el ser humano que los escribe. Ese es el más importante de los dos, ya que sin él, no hay libros.

Y les reitero: Los escritores todavía necesitamos satisfacer nuestras necesidades como todo el mundo.

 

NOTA:

  • *Todas las imágenes fueron tomadas de la web para ilustrar el comentario.

El poeta es un provocador

Yanetsy Ariste es la voz suave con la que hablo de Historia del Arte, de Dante Gabriel y Elizabeth Siddal. La voz con la que comparto el amor por la poesía y la pasión por hacer de la poesía una llave para abrir puertas y mundos. Entrevistarla es como escuchar su voz una vez más a través de la palabra escrita.

¿El arte tocó a tus puertas o tú tocaste las puertas del arte?

Yo toco antes. Una no puede dejarle sus sueños al tiempo.

¿Qué es lo significativo en la poesía, al menos, en la poesía que creas?

Me gusta mucho lo onírico, las imágenes surrealistas, pero creo que lo más significativo en mi poesía es el vínculo a la historia del arte y a los artistas cuyas biografías me resultan reveladoras. En este último periodo, por ejemplo, he instaurado lazos emocionales con Alejandra Pizarnik, Unica Zürn, Séraphine Louis, que además tienen la doble condición de ser mujeres creadoras.

Tienes una estrecha vinculación con el mundo de las artes visuales. ¿Hasta qué punto concibes tu literatura en relación con ese universo que es colateral al nuestro, y muchas veces conviviente?

Ahora mismo los siento como un solo camino. Acabo de inaugurar mi primera exposición, “Ensoñaciones”, una serie de monotipias inspiradas en uno de mis poemarios, aún inédito. A la par realizo una investigación sobre los colores en la obra de distintos poetas cubanos: dos de esos ensayos que conformarán el libro ya están publicados en la revista El Caimán Barbudo, uno dedicado a la poética de Carilda Oliver Labra, y otro a la de Fina García Marruz.

En mis textos los amigos han visto mucho de plasticidad. Soy y seré una historiadora del arte, no puedo desligarme de la formación que la carrera modeló en mí. Cada poema o narración es un lienzo y los personajes, con sus luces y sombras, están signados por un color.

Foto: Alejandro Rosales.

La literatura inspira respeto en algunos autores. Temor a la página en blanco en otros. ¿Cómo te sucede a ti?

Respeto la literatura, obviamente, si no respetara el oficio no podría entregarme a él. Todo ejercicio de creación demanda rigor; la búsqueda de un discurso “distinto” es siempre un camino brusco, pero satisfactorio.

No le temo a la página en blanco, entiendo que forma parte del proceso creativo también. Ella te permite “respirar” entre proyectos, o replantearte la dirección del texto.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo?

Asumo la creación como un oficio al que se va todos los días, al margen de estados de ánimo. Es cierto que algunas jornadas son más productivas que otras; pero aquellas que no lo son también pueden aprovecharse para organizar nuevos proyectos, leer, investigar. Trabajo bien temprano, hasta el alba.

Eres una autora interesada por el mundo de la literatura infantil y juvenil, y por la literatura inclusiva, para niños con capacidades diversas, ¿puedes conversarnos un poco sobre algunos de los proyectos que te hayan llevado hacia ese camino? En sentido general, y sin didactismos, ¿cuánto puede aportar la literatura a un niño y qué caminos puede facilitar a familias de niños con capacidades diversas?

Trabajo en un videolibro con lenguaje de señas para niños cubanos, El caballero y la novia retrato. Es un proyecto para redes sociales. En estos canales circulan poquísimos materiales para niños con discapacidades auditivas, y no pensar en ellos es contribuir también a levantar barreras. Este cuento ya había sido publicado por Ediciones Loynaz, ganador del Premio Chicuelo en 2018. Es uno de mis textos más queridos, ya no está disponible en formato físico y quería retomarlo como animación. Gracias a la beca El Reino de este Mundo, que otorga la Asociación Hermanos Saíz, puedo materializar ese deseo.

La literatura le permite a un niño soñar y lo prepara mejor para enfrentar su realidad. No hay distinciones entre un niño con discapacidades y otro que no las tiene, solo hay limitaciones en el acceso a la información. Este tipo de proyectos puede ser un apoyo para que las familias y los centros educativos puedan, a través de la literatura, darles nuevas herramientas para aprender del mundo.

Hay temas que, en nuestra poesía, son constantes, ondas de sentido que nos acompañan a lo largo de toda nuestra vida como creadoras, ¿te sucede así? ¿Los calificas como obsesiones?

Quizás. En todo caso, asumo la obsesión como algo pasajero, que nos transforma y se marcha. Mi último poemario aborda la Locura, cómo se traduce el universo de las ensoñaciones ante los ojos de quien no la padece, pero la acompaña. Es un tema que me ha trasfigurado, como toda buena obsesión. Ya llegarán otras.

En un mundo cultural como el nuestro, donde la diáspora intelectual es una constante del día a día, ¿cuáles son los desafíos principales, en cuestiones de orden intelectual y humano, que enfrenta el país artístico llamado Cuba?

Hoy día el mayor desafío para un artista dentro de la Isla es crear: crear sin disponibilidad de recursos materiales, crear en medio de fracturas económicas que lastran y enfrentar la desmotivación que eso conlleva. Por tanto, quien asume el oficio lo hace porque ama verdaderamente su vocación y cree en el poder sanador del arte.

La posibilidad de que el escritor establezca contacto con otras realidades más allá del contexto geográfico que habita ha sido, desde siempre, un motivo para iniciar —cuando menos— nuevas exploraciones en torno a temas, lenguaje, discurso, sujeto poético, forma, etc. ¿Las limitantes que condiciona la realidad del poeta joven cubano, de la mayoría de estos, son limitantes también para la creación o se gestan otras estrategias que pueden permitir el mismo resultado en cuanto a exploración estética?

Si te dejas condicionar por las limitaciones, desiste antes de empezar. Una buena carrera se hace con esfuerzo y no está exenta de obstáculos. Si no puedes viajar a Ferias Internacionales, costear becas en el extranjero, pagar inscripciones, etc., aprovecha el acceso a la información digital y aprende del mundo que te es desconocido hasta que ya no lo sea, aprovecha tu entorno y aplica a sus becas y premios. Crece. Siempre hay un plan B, y ese puede llevarte al A.

Foto: Alejandro Rosales.

En los tiempos que corren, ¿quién es el poeta?, ¿qué lugar tiene en el mundo?, ¿por qué escribir?

El poeta es alguien que cree puede cambiar el mundo con la palabra. Es un provocador. Escribe para alimentar a otros.

En el proceso de escritura uno se trasforma, evoluciona, saca todo de sí, convierte el dolor o la emoción en algo útil. Los provocadores tienen la función de suscitar, cuestionar, remover. Nunca escribimos para nosotros, sino para ese alguien o algo que nos atrae; y luego servimos los versos a merced del hambre de otros (los lectores) con ganas de marcarles la vida.

¿Es mesurable la levedad o la calidad de los libros de poesía que hoy se escriben en Cuba? ¿De qué manera contribuyen, a una cosa o a otra, el sistema de premios de nuestro país y los jurados que lo integran?

Por lo general combino generaciones de autores en mis lecturas, aunque estoy muy al tanto de la poesía que escriben y publican los jóvenes, para saber buscar una voz propia. Las editoriales en Cuba suelen ser estrictas en sus planes, así que por regla general publicamos buena poesía. Por supuesto, en cada apreciación también ronda un factor subjetivo que tiene que ver con el gusto personal, por eso, a veces llegan a nuestras manos libros que no nos satisfacen.

Los premios son muy importantes. Puedes tropezarte con alguien que te diga que no le importan (ese miente). Es cierto que un premio no define la calidad de una obra completa, y que en certámenes algunos cuadernos vitales no llegan al lauro, pero los que llegan tienen asegurado el camino. Se puede tener talento sin premios; pero donde hay premios, siempre hay talento.

Más allá de la página en blanco, ¿quién es Yanetsy Ariste?

La madre de Dariana. Una mujer de muchos colores.


El libro de las presentaciones del Chino Heras

A Eduardo Heras León, el Chino Heras, le conocí solo una vez, en la Feria Internacional del Libro de La Habana en 2019, la que estuvo dedicada a él, y donde se presentaba el libro Eduardo Heras León en el aula inmensa de la vida, publicado por Ediciones La Luz (2018).

Heras me pareció un hombre sencillo y dado a los afectos, con una voz que no alteraba ni un segundo. Su palabra locuaz parecía de sabio, y engranaba como perfecto resorte cada oración o sentencia. Se descubría detrás un hombre que vio y vivió mucho, y que dedicó parte de su vida a servir a los demás. Allí comprobé el cariño y admiración de sus alumnos y colegas. Cariño que le devolvían, esa tarde de febrero, en calurosos abrazos.

Esa vez él era el anfitrión, pero también era invitado con frecuencia a presentar un número incontable de libros, algunos por deber de editor, pero casi siempre a pedido de amigos y colegas muy queridos; presentaciones que terminaban en conversaciones o clases magistrales sobre piezas claves de nuestra memoria cultural. En varias ocasiones le propusieron reunir esos textos breves en un volumen para hacerlos menos efímeros; y así fue como terminó accediendo y conformó El libro de las presentaciones para la Editorial Oriente, publicado en 2018. Un manojo de textos para recordar –del latín re-cordis, “volver a pasar por el corazón” como señala su querido y admirado Eduardo Galeano en la primera página de El libro de los abrazos– momentos importantes de la historia de la literatura de la isla, la isla en sí y de las letras universales.

Aquí está el Chino Heras de mil historias, el Maestro de Juventudes, con su voz pausada y atenta en tono conversacional. Heras maestro, periodista, editor, amigo. Heras muy sincero, pero sobre todas las cosas, humano. Presentaciones donde apuesta más por transmitir afectos y destacar la maestría técnica, más allá de los contenidos.

En una nota con que inicia este título aclara Heras con escualidez: “El presente libro es una selección de presentaciones de obras, principalmente de narrativa, que he realizado durante más de 50 años de trabajo como escritor, crítico, editor, la cual no constituye en modo alguno una antología de textos ni pretende serlo: se trata de notas que ayudaron a promover la lectura de obras relevantes de narrativa cubana y algunas extranjeras (…) Espero sigan siendo útiles como lo fueron cuando en sus presentaciones pudimos compartir no solo sus valores literarios sino también humanos”.

Así las páginas de este libro nos inducen a la lectura de otras. Un acercamiento a la obra de autores de diferentes generaciones, desde Enrique Serpa, Lino Novás Calvo, Félix Pita Rodríguez, pasando por Antón Arrufat, Senel Paz, Francisco López Sacha, Reynaldo González, Abel Prieto, Chely Lima, hasta egresados del Centro Onelio Jorge Cardoso, sus alumnos. Un amplio despliegue de narradores cubanos que combina con escritores foráneos como Eduardo Galeano, Luisa Valenzuela, Juan Villoro y Abelardo Castillo.

Leer este libro es, simplemente, como dice la escritora Aida Bahr en el prólogo, sentarse a escuchar al Chino Heras. Dejar que su voz –la del profesor que fue siempre, la de uno de los grandes narradores cubanos– nos recomiende títulos y autores; nos abra las puertas, como si fuera una conversación, a los misterios y desafíos de la ficción.


«El Caribe es mi creación literaria»

Víctor Andrés de Oleo es un amigo querido, un hermano poético. Nuestros diálogos por el WhatsApp hablan de su pasión por la poesía, de sus diálogos con el Caribe literario actual, de becas y éxitos mutuos, de amigos que se han ido, de mil y un asuntos diversos. Víctor es, además, una potente voz creativa de nuestra región geográfica común, un poeta de los buenos, un poeta que ha sabido encontrar el filón de luz del arte verdadero. Esta entrevista es un (pre)texto de una conversación en vivo que nos debemos, con café de por medio.

¿Con qué palabras defines a la poesía? ¿Entiendes la vida (ese trazado de experiencias comunes) como material poético?

La vida es la poesía, o más bien la primera contiene a la segunda. Para decirlo de una manera sartreana: la poesía es a la vida lo que la esencia a la existencia. Lo que hacemos los poetas es transmutar en poemas esa poesía que contemplamos en la vida y sus infinitas posibilidades. En ese sentido somos una especie de alquimistas a los que les conviene seguir buscando la piedra filosofal, pero nunca encontrarla.

Y bueno, la única palabra posible para definir la poesía es esta: poesía.  

¿Qué es, para ti, lo trascendente en el arte? ¿Qué es lo significativo en la poesía, al menos, en aquella que creas?

A sinceridad, yo no sé qué tiene de significativo mi poesía. Porque son infinitas las posibilidades de significados que podría tener, y sobre todo tomando en cuenta que cada poema se reescribirá ante los ojos de los lectores que encuentre. Incluso una sola persona podría darle múltiples y divorciados significados dependiendo de los momentos en que interactúe con ella. Por eso no quisiera aventurarme tratando de dar o establecer un significado que podría condicionar a quien me lea, o reducir así el vuelo de su imaginación de cara a mi poesía.

En cuanto a lo trascendente en el arte, bueno, mira: el día que presentamos «El sastre de las mariposas» en La Romana, yo decía que actualmente la literatura, la poesía, el arte en general, es un acto de resistencia. Es un acto de resistencia porque ante el auge y el apogeo de la técnica, de lo pragmático, la virtualidad y lo digital, en la era de ChatGPT, pareciera que nos orillamos a perder nuestra humanidad, a secar nuestras sensibilidades. Entonces el arte, la literatura, la cultura son el bastión que resiste y empuja para que, dentro de todo ese desarrollo que es bueno, no nos olvidemos de lo que, para mí, sigue haciéndonos mejores y peores que todo eso. El arte es la tinta que mantiene dibujada nuestra esencia. 

¿De qué manera puede influir, o no, el Caribe, el hecho de ser caribeño, en tu creación literaria?

Mira, todos nosotros somos el Caribe. Somos su alma, su sangre, su corazón. Somos sus defectos y sus virtudes. De manera que el Caribe está circunscrito, inevitablemente, en todo lo que hacemos. De manera que no es que el Caribe que influye en mi creación literaria, es que el Caribe es mi creación literaria. Un escritor escribe sobre lo que tiene y lo que es, nadie escribe sobre lo que desconoce, y lo que mejor conocemos nosotros es esta maldita circunstancia del agua por todas partes (citando al paisano tuyo) y lo que eso, adentro y afuera, implica.

La literatura inspira respeto en algunos autores. Temor a la página en blanco en otros. ¿Cómo te sucede a ti?

Me frustra mucho la página en blanco. Duele. Pero he aprendido que esas son etapas, momentos que a todos nos ocurren por X, por Y o por Z, y que en algún momento se van. A mí normalmente me ocurren estos bloqueos cuando he tenido una temporada muy productiva, donde he escrito mucho y en apariencia ya he agotado todas mis municiones. También ocurren cuando estoy en los menesteres que llegan luego de ganar un premio. Es lo único que no me gusta de ganar premios.

Para lidiar con ellos me sirve mucho leer y corregir lo que ya está escrito. Hacer eso me permite sentirme justificado por no haber producido nada.  

¿Cómo transcurre tu proceso creativo?

Eso depende de lo que hablemos. Mi proceso creativo tiene sus diferencias entre la poesía y la narrativa.

Por ejemplo, para la poesía no me funciona ir a la computadora y sentarme dique a escribir un poema. Imposible, no llega nada que valga la pena. La poesía me acecha, me sorprende, ya sea mientras leo algo, mientras me traslado sin compañía de un lugar a otro (me torno muy introspectivo en esos momentos) o cuando atravieso alguna situación que me cala emocional o mentalmente. Para la narrativa sí, ahí sí puedo sentarme a escribir porque por lo común ya la idea de lo que quiero escribir se habrá trabajado en mi cabeza, habré hecho algunos apuntes en el celular o en un cuaderno, habré investigado (si es necesario) y habré definido el tono y la técnica y la perspectiva para narrar lo que voy a narrar.

Lo que tienen en común es que todo texto mío pasa por un proceso que mi amigo, el poeta Joel Julio García, denomina las tres etapas de un texto: 1) la etapa volcánica (cuando sale el texto); 2) etapa de reposo (dejar descansar el texto por varios días o semanas); 3) etapa quirúrgica (cuando retomamos el texto para pulirlo o desecharlo). 

Hay temas que, en nuestra poesía, son constantes, ondas de sentido que nos acompañan a lo largo de toda nuestra vida como creadores, ¿te sucede así con alguno? ¿Los calificas como obsesiones?

El amor. El cliché más grande de toda la historia de la poesía es la constante en mi obra poética. No es de lo único de lo que escribo —también digamos que hay poemas de corte social o reflexivos (del pensamiento, como les llama Joel)—, pero sí, de alguna manera siempre regreso a escribir del amor. Y mira que pareciera que últimamente para muchas personas escribir del amor es una bobería o no sé qué. Es ridículo, si me permites decirlo. A mí esa vaina no me importa. Yo hago como me dijo una vez mi amigo el escritor José M. Pequeño: escribe de lo que te dé la gana. 

Los desafíos, tanto materiales como espirituales, son constantes en la vida del creador joven. ¿Sientes que existen algunos específicos relacionados con nuestro vivir en un espacio geográfico determinado?

Materiales, muchísimos. Espirituales, depende de cómo se mire.

La principal dificultad “material” a la que nos enfrentamos los poetas del Caribe es el prácticamente muerto mercado editorial. Aquí puedes encontrar cómo publicar tu obra, sí. Pero distribuirla, hacerla llegar, sacarla de la isla, promoverla, es una Odisea que ni Homero hubiera querido escribir.

En cuanto a los desafíos espirituales creo que eso dependerá de la relación o interpretación que cada uno tenga con y sobre nuestro contexto y sus peculiaridades. Yo  creo que estamos en un lugar espiritualmente rico para producir, no importa lo que tengamos que decir o desde donde espiritualmente lo queramos decir, nuestra fuente es infinita.

¿Crees que las redes sociales pueden impactar en el futuro a corto o mediano plazo en la forma en que consumimos literatura, y más específicamente, poesía? ¿Impactarán también en la forma en que se crea esta?

No es que lo harán, es que hace tiempo lo están haciendo, en ambos sentidos. Hoy por hoy, me atrevería a decir, hay personas (principalmente jóvenes) que nunca han leído un libro per se de poesía y, sin embargo, han leído mucha poesía. Hay también personas que escriben poesía pensando exclusivamente en ese público de las redes sociales. Y bueno, sus adeptos han tenido tanta relevancia ante la mirada del comercio editorial, que hay sellos importantes editando a muchos de estos instapoetas, como les llaman algunos. Tanto es así que hasta se les ofrece premios importantísimos para potenciar el alcance de lo que producen. Las redes sociales pueden ser una valiosa herramienta para la difusión de la poesía pero, como todo, también tienes sus vicios y en este caso parecen ser vicios bien rentables. 

En los tiempos que corren, ¿quién es el poeta?, ¿qué lugar tiene en el mundo?, ¿por qué escribir?

Como te decía más arriba, el poeta, junto a cualquier artista, es un militante de la resistencia. Es alguien que, quiera o no, lo sepa o no, tiene en sus manos, en la naturaleza propia de su oficio, el conservar nuestra humanidad, evitar que se desdibuje.

Y bueno, es obvio que llevamos todas las de perder, pero justamente por eso se trata de una resistencia.

Uno de tus más rotundos éxitos como poeta, y que sin duda te coloca en un sitio importante dentro de la literatura caribeña, es que fuiste una de las voces elegidas por la UNESCO a través del Programa Transcultura para representar tu país durante La Marché de la Poésie. ¿Marca esto un antes y un después en tu carrera?

Yo creo que sí, es inevitable. Pero, por mucho que especule, sé que no soy capaz de precisar ahora mismo la magnitud exacta en que lo hace. Creo que podré tener mejor idea de eso después del 11 de junio. Para entonces prometo darte los pormenores al respecto.

¿Sientes que existen conexiones lo suficientemente poderosas entre las voces que se gestan en nuestro contexto geográfico, incluso de isla a isla; o vivimos aislados en burbujas de cristal donde poco o nada se conoce de la literatura de nuestro Caribe?

Sí, vivimos aislados, pero no creo que sea en una burbuja de cristal. Es, otra vez, la maldita circunstancia del agua por todas partes. Y bueno, quizás también algunos obstáculos idiomáticos si miramos todo el Caribe. Es también esa ausencia de mercado editorial que padecemos, pero esto está dentro, de alguna manera u otra, de lo de la circunstancia del agua.

Entre República Dominicana y Cuba creo que existe un vínculo muy grande, un deseo casi hambriento de conocernos más y mejor en términos literarios. Creo que de lado y lado moriríamos por tener mayor interacción, por estar juntos en más iniciativas e intercambiarnos libremente de lo que cada país escribe; pero es un anhelo frustrado por nuestras situaciones y condiciones. Yo, por ejemplo, muero por leer tu Sakura y ha sido una tarea extremadamente difícil poder lograr que llegue a mis manos.

Más allá de la página en blanco, ¿quién es Víctor?

Víctor Andrés De Oleo es un tipo que por fin, se ha graduado como licenciado en matemáticas orientada a la educación secundaria; es un sujeto que vive en Villa San Carlos, un barrio de La Romana, desde el 2004. Ese sin vergüenza aún vive en casa de sus padres por razones que te diré después en una conversación más personal, pero que cada día se levanta administrar y atender el negocio de la casa, un colmado, mientras, a la sazón, hace diligencias para lograr un puesto desde donde espera trabajar más específicamente por la cultura y la educación. Es un tipo que, pese a que sus allegados lo tratan con respeto y viven en la mentira de creerlo un intelectual, no encuentra en los ojos de muchos de ellos la comprensión de lo que es o lo que significa esa locura de ser poeta.


Anuncian en Holguín ganador de XXIV Premio Celestino de Cuentos

El Premio Celestino de Cuentos en su edición 24 ya tiene ganador. El jurado que preside Senel Paz e integran Atilio Caballero y Eugenio Marrón, ha seleccionado de entre los 23 cuadernos en concurso y de forma unánime, a tres títulos que merecen menciones. Se trata de Los iguales, de Reineris Betancourt, de Guantánamo; Gestalt, de Miguel Montero, de Holguín, y El Alondra, de Lisbeth Lima, de Santiago de Cuba.

El premio, según se declara en el acta del jurado, se otorga al libro que logró: “un conjunto de siete cuentos que se distingue por su unidad, tan eficaz como precisa, no exenta de un aliento poético que se asienta en su estilo, tanto en lo afectivo como en lo doliente de asuntos y personajes, para ofrecer un mosaico de historias en el que la memoria, el paisaje, la familia, el amor, la muerte y la escritura expanden sus querencias.” Tales son las cualidades que han detectado en La figura en el puente, de la matancera Náthaly Hernández Chávez.    

La joven narradora es también periodista y promotora literaria. En 2021 fue ganadora del Premio David de ciencia ficción con el libro Las azules colinas de Europa.

El Premio Celestino de Cuentos este año ha estado dedicado a Ítalo Calvino, Sergio Pitol, Reinaldo Arenas y Roberto Bolaños en su 100, 90, 80 y 70 años respectivamente. El evento que se organiza desde Ediciones La Luz con el coauspicio del Centro Provincia del Libro y la Literatura de Holguín y la Dirección Provincial de Cultura, ha tenido un intenso programa de lecturas de narrativa, presentaciones de novedades editoriales de sellos invitados y del anfitrión, paneles dedicados a la vida y obra de los autores homenajeados.

Igualmente, otras expresiones artísticas como las artes visuales y el audiovisual han encontrado espacio en la programación, con la inauguración de la muestra de carteles Pedazos de nube, de Alejandro Zaldívar, y la proyección del documental Cosme: un enorme juego con el tiempo, de Alejandra Rodríguez Segura.