Cuento


Ojos para mirar los paraísos azules de Martha

¬ŅSabes de ese momento en el que te quedas pensando, c√≥mo es posible que no lo hubiese le√≠do antes? Bueno, algo as√≠ pas√≥ aquella ma√Īana de jueves (no s√© por qu√© siempre es jueves cuando descubro cosas). M√°s a√ļn cuando sabes de ese autor, cuando no resulta del todo un ‚Äúno escuchado antes‚ÄĚ, cuando incluso han interactuado en alg√ļn que otro espacio. Pero, me agrada que jam√°s hubi√©semos cruzado ni medio saludo, nada. Tengo la firme convicci√≥n de que prefiero no conocerlos. Agradezco llegar a sus obras despojada de todo juicio previo, sin saber c√≥mo luce su rostro, ni c√≥mo sonr√≠e, ni el sonido de su voz, sin nada que matice. En asuntos de este tipo detesto los matices, pero no es un privilegio del que goce mucho √ļltimamente, sobre todo con los autores m√°s j√≥venes. Y para mi fortuna, as√≠ llegu√© a los dos primeros libros que le√≠ de Martha Acosta √Ālvarez: Ojos para no ver las cosas simples, Premio Celestino de Cuento, 2018, Ediciones La Luz, Holgu√≠n; y P√°jaros azules, Premio Pinos Nuevos, 2016, publicado por Letras Cubanas. Ambos los consegu√≠ en la reci√©n Feria Internacional del Libro de La Habana, 2022. Recuerdo que cuando encontr√© el segundo enseguida me remont√© al primero, hab√≠a fijado el nombre de su autora y lo compr√© sin pensarlo. Obviamente la sab√≠a una narradora cubana contempor√°nea, cercana a mi generaci√≥n. Ten√≠a referencias suyas, pocas, una vez m√°s, repito, toda una suerte seg√ļn mis gustos como lectora; pero algo siempre s√≠ he tenido claro, y es que: a nuestros colegas hay que leerlos, saber c√≥mo se mueve el quehacer literario que nos circunda, que nos est√° marcando como grupo, y en este caso, como en no pocos otros de los revisados los √ļltimos meses, sent√≠ orgullo de la joven narrativa de esta Isla po√©tica.

Una tarde de apag√≥n, quiz√°s un mes y pico despu√©s, comenc√© a leer Ojos para no ver‚Ķ y empezaron a clav√°rseme los dardos en la diana sensitiva de mis gustos literarios. A la ma√Īana siguiente me fui al dentista, ya saben, colas, siempre las benditas colas que aprovecho para leer as√≠ sea recostada a una esquina y comenc√© a llenar el libro de apuntes. Me preocupo cuando no tengo nada que marcar en los libros.

Leo para rese√Īar, porque amo hacerlo, para conocer las nuevas voces, (tambi√©n para de alguna forma estar clara de la competencia). Esta chica es una muy buena competidora. Me ha dado tremendo placer leerme este libro. Tiene un pulso firme, una limpieza estil√≠stica envidiable y un total dominio del lenguaje y sus bondades.

Escribí un viernes 3 de junio, sentada en el salón de espera de la Clínica Estomatológica, aguardando para sacarme una muela. Incluso, una vez dentro, boca abierta en lo que el dentista cargaba la jeringa con la anestesia y traían el instrumental, seguía yo pegada al libro, entre otras cosas para enajenarme de la situación. Así avancé luego ese mismo día por las ciento cinco páginas como analgésico alternativo ante el posoperatorio.

P√°jaros azules lo comenc√© poco despu√©s de haber devorado el primero y, sin temor a dudas, puede uno encontrarse el libro sin portada ni nada que haga alusi√≥n al autor y leer directamente desde el primer cuento: Ojos caleidosc√≥picos y reconocer a Martha enseguida tras aquellas p√°ginas. Existe una coherencia estil√≠stica en toda su obra, una homogeneidad admirable en sus textos, aunque pertenezcan a libros diferentes, que hace que funcionen como una especie de unidad indisoluble. Encontramos en su escritura toda, lo supe luego al leer el plaquet de poes√≠as Distintas formas de habitar un cuerpo (publicado tambi√©n por Ediciones la Luz, Premio de Poes√≠a El √°rbol que silva y canta, 2017), una serie de marcas de agua, presentes en sus creaciones, que basta saber apreciar para reconocerla as√≠ sea en versos sueltos o alg√ļn p√°rrafo de cualquiera de sus cuentos. Tiene todo un stock de recursos literarios que ubica en el momento justo, como si moldeara a mano los vaivenes de las narraciones, y digo esto e imagino unas manos finas pero firmes, de mujer deshabitada por la duda ante lo que hace, modelando un barro literario a su antojo una y otra vez, creando figuras sueltas que luego hilvana con paciencia de tejedora anta√Īa. No encontramos textos densos vanaglori√°ndose de ese stock de t√©cnicas, no, y eso el buen lector lo agradece; encontramos met√°foras llevadas sutilmente hasta lograr im√°genes claras, pero con la tremenda capacidad de golpearte el rostro de a tajo.

Sergio llegó a la casa. Abrazos, palmadas en la espalda, la voz retorcida por verse luego de tanto tiempo. 

El mar era un rect√°ngulo oscuro que adornaba la pared. Quieto. Manso. Dormido. Me sorprend√≠ tambi√©n vigilando al mar. Daba miedo que se despertara en alg√ļn momento, que rompiera su horizontalidad, que se irguiera y caminara hacia nosotros.

Habitación estrecha con vista al mar

(del libro Ojos para no ver las cosas simples)

 

Hoy vimos un p√°jaro azul y nos acordamos de la infancia, de la casa de tablones carcomidos por donde entraba la luz en los amaneceres. Los rayos col√°ndose por los agujeros de la madera hasta la pared. El polvo danzando en la luz, part√≠culas brillantes y locas que no se estaban quietas. Movimientos vivos. Peque√Īos seres m√°gicos que habitaban la luz, y por eso la luz era brillante. Entonces cre√≠amos que los rayos de sol eran cil√≠ndricos, que los cilindros eran las casas de las criaturas. Toc√°bamos la luz con la punta de los dedos, despacio, para no espantar a las criaturas, que se revolv√≠an al tacto de los dedos, como si sintieran cosquillas.

 

Escuchábamos a la tía Jimena haciendo sonidos de amanecer…

 

A veces creía que te estabas muriendo, y que la muerte te hacía bien. Daban ganas de morirse contigo.

 

Ojos para no ver las cosas simples

 

Es esta una se√Īora hecha de todas las tonalidades de la frustraci√≥n.

 Cámara lenta

Dif√≠cil pasar por Falsos genitales sin hacer una pausa antes de proseguir. Resulta una tarea ardua establecer una escala sensitiva, sobre todo eso, sensitiva, entre los seis cuentos que conforman su libro Premio Celestino. Por suerte, la literatura tiene esas clemencias al permitirnos concluir a cada quien seg√ļn queramos, seg√ļn nos convenga, seg√ļn sintamos, y yo decido hacer mi pausa en este texto. No aprecio una literatura con marcaje feminista en la obra de Martha, cosa que acoto no me parece ni bien ni mal, solo se√Īalo, sin embargo, es este un cuento que recrea un plano ficcional con una prostituta inflable que no por eso deja se sufrir en su sint√©tica piel los mismos males que una mujer cualquiera, m√°s all√° de a lo que se dedique.

Abro la puerta del apartamento.

Veo a la prostituta tirada en el suelo.

Irreconocible la prostituta. (Aquí una de las marcas de agua de la autora, ese rejuego con las palabras repetidas).

¬ŅQui√©n te hizo esto?, pregunto.

No contesta.

No quiere o no puede contestar.

El aire se le escapa a través de su piel de vinilo soldado.

La prostituta est√° rota.

Reventada.

Su cuerpo no se parece a su cuerpo.

Su rostro no se parece a su rostro.

No pide ayuda.

No quiere o no puede pedirla.

Los ojos de la prostituta lloran.

(…)

La prostituta se está desinflando en la sala del apartamento. (…)

Estalló por la costura.

Por alg√ļn lugar ten√≠a que estallar.

(…)

Va hasta el ba√Īo. (‚Ķ)

Se saca la vagina portable.

La mete debajo del chorro. (…)

La vagina portable se llena de agua.

Se desborda.

Desde la estructura en la que manej√≥ el texto hasta la originalidad de la idea, el enfoque en el que plante√≥ la situaci√≥n resultan interesantes puntos de vista. Dota a todo el compendio como de una especie de n√ļcleo ya que notamos en otros cuentos una construcci√≥n similar en las narraciones y al mismo tiempo se mantiene el ambiente literario, que si bien no se repite s√≠ persiste la uniformidad, siendo historias que, aunque marcadas por lo cotidiano, coquetean con el surrealismo y el absurdo.

En P√°jaros azules, el segundo libro de Martha Acosta al que me acerqu√©, aunque escrito primero que Ojos para no ver las cosas simples, supongo, dado el orden cronol√≥gico en el que ganaron los premios (aunque eso bien pudiera no significar darlo por hecho), el cuento que lo nombra tiene una relaci√≥n cercana con ese otro. Y aqu√≠ debo hacer un stop y repensar la sintaxis de la idea que quiero transmitir, ver√°n: el cuento Ojos para no ver las cosas simples hace referencia de alguna forma intr√≠nseca a P√°jaros azules. Invaden en ambos una sensaci√≥n poderosa de tristeza, de agobio tras tiempo de intentar encontrar soluciones. El mismo mal aqueja, y va enmascar√°ndose: El p√°jaro se va de la casa, se va, pero no se lleva la tristeza. La tristeza se ha metido dentro de la casa, rueda y florece en las paredes, se derrama desde el techo, mancha el tapiz del √ļnico sill√≥n que tenemos‚Ķ Y, casualmente, ambos textos dan t√≠tulo a los libros. ¬ŅQu√© complicidad traer√°n impl√≠cita? Cabe preguntarnos. Algo similar sucede con los poemas: Ese d√≠a que no tiene para cu√°ndo acabar y Distintas formas de habitar un cuerpo y el cuento Palomitas Company, tambi√©n contenido en P√°jaros azules. Un cuento profundamente visceral, con todo el poder para trastocarnos: mi madre aprendi√≥ a aparecer y desaparecer desde mi rostro en el espejo, a decirme hija de mierda con la voz quebrada que simula un ‚ÄúAy, mija, me estoy muriendo‚ÄĚ. Tal vez mam√° piensa habitar mi cuerpo y mi espejo cuando su cuerpo pese demasiado para seguir articulando lamentos. Tal vez ya ha comenzado a hacerlo, y lleva a√Īos en eso, siglos, no s√©.

Fragmento del poema Ese día que no tiene para cuándo acabar:

Mam√° est√° muriendo.

Hace días que está muriendo,

a√Īos, siglos, no lo s√©.

Lleva mucho tiempo en eso,

y no acaba de morir

ni de salvarse.

Tose como si los pulmones se le salieran por la boca,

dice, Ay, mija,

con la voz quebrada

y se me llenan los ojos de lágrimas…

Paraísos perdidos, Premio Calendario de Cuentos, 2017, hace alusión irónica a nuestros hábitos; como bien definiera su propia autora desde la dedicatoria: … este quimérico museo de formas inconstantes, este montón de espejos rotos. Una vez más recorremos pasillos familiares entre nuestras tristezas y sinsabores de vida. El realismo invade sin piedad en cada uno de los textos paseándonos por una galería de paraísos: El paraíso del cuerpo, el del tiempo, el paraíso vacío, el sumergido y el impronunciable. Y aquí haré mi pausa en Un arrecife en la espalda, que considero bien encierra, como cualquier otro del compendio, la esencia de este libro. No escapo nunca al llamado del mar, donde quiera que esté, y aquí hace su presencia, arrasador, como de costumbre, dejando con cada batida de brisa más dolor que paz.

Esta autora camag√ľeyana (Sibanic√ļ, 1991) adoptada por la capital, m√°s que por la capital ya por toda la Isla, donde se lee y admira la buena escritura, ha sido ganadora de una larga lista de cert√°menes literarios entre los que figuran los siguientes premios de narrativa: el C√©sar Galeano de cuentos, 2015, a√Īo en el que egres√≥ del Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso; el Pinos Nuevos, 2016, Calendario, 2017, el premio Dador, 2017 y en ese mismo a√Īo el Paco Mir Mulet, Fundaci√≥n de la Ciudad de Nueva Gerona, el Mabuya; y en poes√≠a El √°rbol que silva y canta, 2017. Luego en 2018 fue galardonada con el Premio Iberoamericano de Cuentos Julio Cort√°zar, con la obra El olor de los cerezos, el Celestino de cuentos y el Novela de Gaveta Franz Kafka. Ha alcanzado menci√≥n en el premio David de poes√≠a, 2015, primera menci√≥n en el premio Emilio Ballagas de narativa, 2016, primera menci√≥n en el premio Mangle Rojo, de poes√≠a, 2017 y en el Portus Patris, tambi√©n de poes√≠a ese mismo a√Īo. Adem√°s de los libros ya mencionados tiene otros dos fuera de Cuba: Doce a√Īos es demasiado tiempo, Editorial Guantanamera, Espa√Īa, 2016 y una novela titulada La periferia por la Editorial FRA, 2018. Varias de sus obras aparecen en revistas tanto dentro como fuera del pa√≠s y en antolog√≠as.¬†

Su literatura está armada hasta los dientes con un ejército de personajes elaborados hasta el hastío. Pensados a nuestra imagen y semejanza, listos para defenderse de cualquier situación que a su autora se le antoje destinarlos. Cuenta también su escuadra con el ya mencionado stock de recursos literarios cuya función es alivianarte el golpe seco de su prosa. Solo te queda una opción: disponer de ojos para ver los paraísos azules de Martha.


Círculos de agua en la narrativa cubana

‚ÄúLa maldita circunstancia del agua por todas partes‚ÄĚ ‚Äďesa que oblig√≥ a Virgilio Pi√Īera a sentarse ‚Äúa la mesa del caf√©‚ÄĚ y buscar ‚Äúel peso de una isla en el amor de un pueblo‚ÄĚ‚Äď articula la antolog√≠a de narrativa cubana C√≠rculos de agua. Nacidos despu√©s de los 80, con selecci√≥n y pr√≥logo de la escritora y editora Dulce M. Sotolongo Carrington, publicada por la Editorial Primigenios.

Un antecedente de C√≠rculos de agua puede rastrearse en Como ra√≠les de punta. Joven narrativa cubana, publicada en 2013 por Sed de Belleza, con selecci√≥n, pr√≥logo y notas de Caridad Tamayo Fern√°ndez. All√≠ encontramos a escritores nacidos despu√©s de 1977 y junto a Ra√ļl Flores Iriarte y Jorge Enrique Lage, leemos a otros j√≥venes nacidos en los ochenta, como Abel Gonz√°lez Melo, Yunier Riquenes y Legna Rodr√≠guez Iglesias, entre otros que se identifican con la generaci√≥n conocida como 0, porque vieron impreso su primer libro despu√©s del a√Īo 2000.

Sin embargo, ‚Äúexisten serias diferencias entre los nacidos en la √©poca del setenta y los que le siguen‚ÄĚ, subraya Dulce Mar√≠a, si destacamos que el nacimiento de una generaci√≥n est√° respaldada por un acontecimiento hist√≥rico: ‚ÄúNacen aproximadamente en la misma d√©cada, crecen en circunstancias semejantes y en la mayor√≠a de los casos se sigue una direcci√≥n √ļnica: Un l√≠der‚ÄĚ. Adem√°s de cierta unidad en principios est√©ticos, √©ticos y sociales, homogeneidad de lenguaje, actitud negativa ante conceptos establecidos, pero anquilosados u obsoletos‚ÄĚ, leemos.

‚Äú¬ŅPuede una fecha hist√≥rica realmente delimitar a un grupo de otros? ¬ŅEs siempre necesaria la presencia de un l√≠der? ¬ŅSiguen los mismos derroteros los nacidos despu√©s del ochenta que la generaci√≥n que lo antecede, tanto en la forma como el contenido en el que se expresan? ¬ŅMueren las generaciones literarias?‚ÄĚ, son algunas de las preguntas que se (nos) hace Dulce Mar√≠a.

El punto de partida ser√≠a el √©xodo del Mariel en 1980 y su consiguiente impacto sociol√≥gico, y como rompeolas, el llamado Per√≠odo Especial, con todos los cambios sociales que conllev√≥ (varios de los antologados en estas p√°ginas nacen precisamente en los a√Īos iniciales de la d√©cada del 90). ‚ÄúTambi√©n en los ochenta hubo un cambio de pol√≠tica hacia las religiones que poco a poco se fueron incrementando y tambi√©n visualizando en el pa√≠s como la santer√≠a, abakuas, cat√≥licos, protestantes, entre otras‚ÄĚ. El siguiente p√°rrafo de Sotolongo resume estas ideas:

‚ÄúLos j√≥venes nacidos despu√©s del ochenta se criaron con el Elegg√ļa en la esquina de la sala y el crucifijo en el cuello, no hab√≠a que esconder los santos y esto tambi√©n influy√≥ en su ideolog√≠a y forma de ver el mundo, no ya a partir del prisma del materialismo con que lo vieron sus padres y abuelos. En lo econ√≥mico se despenaliz√≥ el d√≥lar y empezaron a circular las dos monedas. Crecieron con el Per√≠odo Especial por lo que sufrieron m√°s carencias que generaciones anteriores. La Uni√≥n Sovi√©tica desapareci√≥ y con ellas las latas de carne rusa, los viajes al campo socialista y hasta los mu√Īequitos que fueron m√°s reacios al cambio e incre√≠blemente quedaron en la memoria com√ļn de varias generaciones. Las computadoras fueron fiel compa√Ī√≠a de su adolescencia, los celulares parte de su cuerpo y alma y piercing, tatuajes y u√Īas postizas, la forma de relevarse ante un pasado de melenas cortadas a la fuerza‚ÄĚ.

Muchos de estos temas, y la libertad de poder expresarlos en su obra, afloran en Círculos de agua.

El uso de frases en ingl√©s, menciones a figuras de la m√ļsica y el cine, incluso la auto-referencialidad‚Ķ caracterizan a varios de estos autores. ‚ÄúHay que subrayar el preciosismo con que se trat√≥ el lenguaje, el dominio de la imagen, facilidad para la met√°fora, poder de s√≠ntesis, la palabra precisa, desnuda sin afeites con exactitud casi matem√°tica, de ah√≠ una vez m√°s la sumatoria lezamiana, pero ahora con el nombre, el sustantivo pujando por desplazar al adjetivo. Esta generaci√≥n 0, arras√≥ con premios y aunque no fueron muy comprendidos por el p√ļblico lector, si encontraron su propia forma de decir y hoy se puede hablar de ellos como una generaci√≥n literaria aunque ciertamente no hay una revista literaria que los respalde‚ÄĚ, destaca.

C√≠rculos como cuando lanzas una pieza al lago al agua y surgen las olas conc√©ntricas, expandi√©ndose, pero c√≠rculos que se convierten en remolino y arrasan con todo. Si el agua emerge ‚Äúcomo l√≠nea de separaci√≥n, horizonte, como algo que limpia o debe limpiar los vicios, aunque sea a trav√©s de la muerte‚ÄĚ, los j√≥venes nacidos despu√©s de los ochenta ‚Äúcambiaron la sangre tan utilizada en cuentos de la generaci√≥n 0 por el agua‚Ä̂Ķ Nos insiste Dulce Mar√≠a Sotolongo que si ‚Äúla sangre es la muerte, el agua es renacimiento, bautizo y renacer es cambiar‚Ķ‚ÄĚ

¬ŅA qui√©nes leeremos en C√≠rculos de agua? ¬ŅY qu√© caracteriza su narrativa generacional? Los autores antologados ‚Äďen el orden cronol√≥gico en que aparecen‚Äď son los siguientes: Abdel Mart√≠nez Castro, Alexander L√≥pez D√≠az, Alexander Jim√©nez del Toro, Amelia Rabaza, Anisley Miraz, Ariel Fonseca, Claudia K. Evercloud, Daniel Zayas, David Peraza, Daylon W. Hern√°ndez, Elaine Vilar, Erian Pe√Īa, Eric Flores Taylor, Ernesto A. D√≠az, Gabriel Su√°rez, Gian Carlos Brioso, Gustavo Vega, Hugo Favel, Juan Carlos O¬īFarrill, Ketty Blanco, Marlos Luis Herrera, Mariene Lufri√ļ, Martha Acosta, Patricio R. Mart√≠nez, Rams√©s Sotolongo, Ra√ļl Goenaga, Reynier Arro, Rosamary Arg√ľelles, Sa√≠li Alba, Yasel Toledo, Yasmany Gonz√°lez, Yeney de Armas y Yonnier Torres. Son j√≥venes de diferentes partes del pa√≠s, varios ganadores de importantes premios, algunos m√°s conocidos que otros, pero todos con similares inquietudes, y sobre todo b√ļsquedas.

Y en cuanto a las caracter√≠sticas de su narrativa ‚Äďque la diferencian de las generaciones precedentes‚Äď nos dice Sotolongo Carrington que encontramos un profuso tratamiento psicol√≥gico en los personajes; la violencia les ha llegado por v√≠as diferentes: el cine, la televisi√≥n, los juegos, la m√ļsica; el miedo a las enfermedades de trasmisi√≥n sexual sede espacio ante la pornograf√≠a, pero en estos cuentos sus protagonistas son v√≠ctimas no victimarios de valores que hay que retomar; tras la aparente apat√≠a del absurdo, hay lucha, sobrevivencia deseos de cambiar; tienen un respeto palpable a figuras de la literatura cubana como Jos√© Lezama Lima y Virgilio Pi√Īera. ‚ÄúSon muchachos cultos con un alto nivel de lectura‚ÄĚ, dice.

‚ÄúEstos j√≥venes se expresan sin temor, reflejan la sociedad que les toc√≥ vivir desde una perspectiva no tan ap√°tica como cr√≠tica porque est√°n seguros de la necesidad de un cambio‚ÄĚ, resumen Dulce Mar√≠a. Y a√Īade que ‚Äúellos han comenzado un viaje sin regreso hacia un futuro prometedor donde son los j√≥venes, los protagonistas‚ÄĚ. Pistas de este viaje las podemos encontrar en la lectura de los cuentos incluidos en C√≠rculos de agua. Nacidos despu√©s de los 80.


Héctor Barrios y su cuaderno Bumbos encuentran un puerto

Cortesía del entrevistado La verdad es que yo llegué al revés a las huellas de este escritor. Acepto que no lo conocía, y que supe de su existencia cuando se anunció el fallo del jurado al xxii Premio Celestino de Cuento. Debía editar un fragmento del cuaderno ganador y apenas tuve en mis manos el texto quedé fascinada, me atrapó una lectura al azar:

La soledad es un árbol que produce frutos contrarios… lo terrible de la soledad es cuando es impuesta.

H√©ctor Leandro Barrios Gonz√°lez es instructor de arte en la especialidad de m√ļsica y licenciado en Estudios Socioculturales, un cienfueguero que como anuncia la foto de su perfil en Facebook tiene impregnado el azul del mar en sus ojos. Aceptando mi solicitud de amistad y entablando una conversaci√≥n como amigos de toda la vida, me inicio a husmear en las pasiones que estremecen al autor.

Mi interés por hacer literatura creo que tiene que ver con mi relación con la lectura. Llega un momento en que esa relación que estableces con el lenguaje crea un peso, una acumulación, de tipo interna, digamos, uno llega a sentir que las palabras pesan como decía alguien: las palabras como islas, y luego esa acumulación necesita ser liberada, necesitas desprenderla de ti.

Y en este acto mismo de separaci√≥n entre las palabras y un sujeto poseedor, no queda otro remedio que ser due√Īo, a mi juicio, de esas sensaciones de alg√ļn modo exorcizadas.

Entonces te sientas, escribes y escribes y sudas escribiendo y te cansas en el proceso, pero no puedes dejar de hacerlo.

Bumbos se titula el cuaderno que anunció la premiación hoy en la tarde, al respecto el ganador comenta:

Yo ten√≠a escritos un par de cuentos y ten√≠a en mi cabeza la idea de otros, la maqueta, pero no sab√≠a c√≥mo o por qu√© ten√≠an relaci√≥n. Un d√≠a voy a pescar y alguien me dijo que esas balsas en las que pesaban les dec√≠an ‚Äúbumbos‚ÄĚ y que eran insumergibles. Luego comprend√≠ que as√≠ eran los personajes de mi libro, siempre flotando, sobreviviendo a un entorno hostil.

Barrios ha sido galardonado con el premio Girasol Sediento que auspicia la AHS de Cienfuegos, Paco Mir de narrativa, mención en el concurso Bustos Domenecq y tiene en proceso editorial el libro Las formas invisibles bajo el sello Reina del Mar Editores.

A tientas y haciendo caso a las primeras impresiones, Barrios es un escritor de narrativa con una voz de profundas sensibilidades, al saberse ganador alude:

Esta es la tercera vez que envío. La primera mandé a una dirección errónea. La segunda vez sí fue correcta, pero nada. Y ahora, esta tercera, pues… en fin. No suelo ser adulador pero me siento muy feliz de haber ganado, sobre todo porque mi cuaderno encontró un puerto, no cualquier puerto, sino Ediciones La Luz, y tengo la seguridad que nada podrá salir mal si mi libro está allá con ustedes. A veces, ahora, a solo unas pocas horas de haber recibido la noticia del premio, no llego a procesar del todo la buena nueva y me siento muy feliz y agradecido.


¬°Hay un nuevo Celestino!

Después de varios días de tenaz presencia en las redes, de compartir contenidos diversos, desde audiolibros, videocuentos, paneles y talleres de técnicas narrativas, presentaciones de libros y lecturas, ya hay un nuevo Celestino.
Dazra Novak, Emerio Medina y Rafael de √Āguila integraron el jurado de la vig√©simo segunda edici√≥n del Premio Celestino de Cuentos, convocado por Ediciones La Luz y la secci√≥n de Literatura de la AHS en Holgu√≠n. Ellos decidieron, de entre m√°s de 50 obras en concurso, declarar ganador al cuaderno ‚ÄúBumbos‚ÄĚ, de la autor√≠a de H√©ctor Leandro Barrios, ‚Äúpor lograr de manera acertada y sostenida el tono adecuado que dota de cohesi√≥n, organicidad y car√°cter sist√©mico un volumen de cuentos que se destaca por el cuidado y correcci√≥n del lenguaje, la madurez de las historias y el af√°n por lograr cierta originalidad de estilo‚ÄĚ.
El ganador, además del premio en metálico, una pieza del ilustre artista plástico holguinero Cosme Proenza y el certificado acreditativo, verá su libro publicado en el sello que funge como entidad convocante y abrazará uno de los premios para jóvenes narradores, más anhelados en Cuba.
El jurado determin√≥, adem√°s, de forma un√°nime, ‚Äúpor el consistente empleo del lenguaje y la solidez de las historias, otorgar la primera menci√≥n a la obra Happy Ballantine’s‚ÄĚ, de Katherine Perzant. Recibieron igualmente menciones Own Corner,¬†de Erian Pe√Īa, y Levitando, de Darcy Bo.
Tras dar a conocer los resultados del Premio, el comit√© organizador del evento lanz√≥ la convocatoria del Celestino en su edici√≥n vig√©simo tercera para 2022, a√Īo en el que adem√°s se estar√° celebrando un cuarto de siglo de vida de Ediciones La Luz.


La brevedad: Huevos de dinosaurio (dossier+ fotos)

Breve recuento (de la no tan corta historia) del cuento breve en América Latina

Por: Erian Pe√Īa Pupo

Julio Cort√°zar en ¬ęEl cuento breve y sus alrededores¬Ľ, texto incluido en √öltimo round, de 1969, y que condensa, de alguna manera, su opini√≥n sobre el tema, escribi√≥ que ‚Äúel gran cuento breve (‚Ķ) es una presencia alucinante que se instala desde las primeras frases para fascinar al lector, hacerle perder contacto con la desva√≠da realidad que lo rodea, arrasarlo a una sumersi√≥n m√°s intensa y avasalladora‚ÄĚ. De un cuento as√≠ ‚Äúse sale como de un acto de amor, agotado y fuera del mundo circundante, al que se vuelve poco a poco con una mirada de sorpresa, de lento reconocimiento, muchas veces de alivio y tantas otras de resignaci√≥n‚ÄĚ, a√Īadi√≥.

Muchos de estos cuentos‚Äēcomo los incluidos en Historias de cronopios y de famas‚Äēconvierten a Cort√°zar en uno de los paradigmas de lo que muchos investigadores han llamado minificci√≥n y que abarca categor√≠as y clasificaciones tales como minicuento, microcuento, ficci√≥n breve, cuento breve, microtextos, microficci√≥n, nanoficci√≥n, microrrelato, entre otros; este √ļltimo defendido por la cr√≠tica cubanoestadounidense Dolores M. Koch en El micro-relato en M√©xico: Torri, Arreola, Monterroso y Avil√©s Fabila, primer libro en habla hispana sobre el tema.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Clasificaciones aparte, todos coinciden en caracterizar a este g√©nero‚Äēel cuarto de los narrativos, luego de la novela, la nouvelle y el cuento‚Äēpor su brevedad, su condensaci√≥n, su car√°cter proteico, metaficcional e h√≠brido, y el uso de la elipsis; adem√°s, la iron√≠a, el humor, el sarcasmo y la parodia por un lado; y rasgos estructurales como la fractalidad, la epifan√≠a, los finales abiertos, la hipertextualidad y los espacios vac√≠os, por el otro. Todo ello partiendo de una amplia tradici√≥n (par√°bolas, f√°bulas, aforismos, haik√ļ, greguer√≠as, vi√Īetas) y m√°s cerca, en el siglo xix, de la portentosa literatura del estadounidense Edgar Allan Poe, quien en ¬ęUnidad de impresi√≥n¬Ľ, escribi√≥ que buscaba una obra que se definiera por su brevedad, su impacto est√©tico y por ser un acto de lectura ininterrumpido, y que as√≠ se separara de la novela.

Es curioso como en un continente barroco dado a la desmesura y a las grandes narraciones, a la sombra de los diversos ismos y del boom latinoamericano, y antes de los influjos precursores de Juan Rulfo y Alejo Carpentier; que recoloc√≥ la mirada y ejerci√≥ (a√ļn ejerce) influencia en varias generaciones de autores no solo del continente, el cuento breve haya gozado de tal suerte desde los a√Īos en que el modernismo abander√≥ la obra de autores como el nicarag√ľense Rub√©n Dar√≠o y los sudamericanos Leopoldo Lugones y Horacio Quiroga. Sobre todo este √ļltimo, nacido en Uruguay, aunque realiz√≥ su obra en Argentina, considerado uno de los maestros del cuento latinoamericano, ejemplo de una prosa naturalista y modernista, que desde la selva de la provincia de Misiones enfrent√≥ en sus historias a la naturaleza y al hombre. Y all√≠ mismo, en Argentina, el influjo de Macedonio Fern√°ndez llega a Jorge Luis Borges, fabulador por excelencia y creador de una de las cosmogon√≠as m√°s atractivas e inimitables, y quien, junto a su compa√Īero de aventuras literarias Adolfo Bioy Casares recopil√≥ Cuentos breves y extraordinarios, donde antologan relatos de entre dos p√°ginas y dos l√≠neas.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

¬ŅQu√© encontramos si leemos una antolog√≠a sobre el cuento latinoamericano? ¬ŅUn libro, o una selecci√≥n en un sitio web, que re√ļna ‚Äēcomo varios de los que se han publicado a lo largo de las √ļltimas d√©cadas‚Äēlos mejores microrrelatos, las narraciones breves m√°s conocidas, de varios autores del continente? Pues nos sorprender√° encontrarnos all√≠ a autores que conocemos por sus monumentales novelas, por atractivos y sostenidos relatos largos, incluso por su poes√≠a o ensayos. Es como si el relato breve hubiese sido un ejercicio o una necesidad en ellos.

De esta manera en sus p√°ginas se entrecruza la obra‚Äēadem√°s de los autores ya mencionados‚Äēde Mario Vargas Llosa, Isabel Allende, Vicente Huidobro, Ciro Alegr√≠a, Vicente Battista, Joao Guimar√£es Rosa, √Ālvaro Mutis, Joaquim M. Machado de Assis, Pedro Lemebel, Juan Carlos Onetti, Elena Garro, Rub√©n Dario, Oliverio Girondo, Rodrigo Rey Rosa, Julio Ram√≥n Ribeiro, Roberto Bola√Īo, Silvina Ocampo, Octavio Paz, Arturo √öslar Pietri, Guillermo Cabrera Infante, Roberto Arlt, Alfonso Reyes, Gabriel Garc√≠a M√°rquez, Abelardo Castillo, Luisa Valenzuela, Antonio Sk√°rmeta, Salvador Elizondo, Jos√© Juan Arreola, Augusto Monterroso, Eduardo Galeano.

Pero son precisamente estos tres √ļltimos ‚ÄēArreola, Monterroso y tambi√©n Galeano‚Äēquienes desarrollaron una obra significativa y reconocible donde el relato breve y sus posibilidades resulta centro de su creaci√≥n, sus experimentaciones y b√ļsquedas, aunque realizaron otros g√©neros.

Monterroso, hondure√Īo nacionalizado guatemalteco y residente buena parte de su vida en M√©xico, es considerado por muchos como el padre del relato breve y uno de los maestros de la minificci√≥n. Autor de libros como La oveja negra y dem√°s f√°bulas y Obras completas (y otros cuentos), que incluye el conocido ¬ęEl dinosaurio¬Ľ [Cuando despert√≥, el dinosaurio todav√≠a estaba all√≠], considerado por mucho tiempo como el microrrelato m√°s breve de la literatura universal, Monterroso se caracteriza por una prosa concisa y breve en la que abundan las referencias cultas, la parodia, la caricatura y el humor negro, en inolvidables relatos cortos y f√°bulas.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Arreola, por su parte, es autor de Confabulario, Palindroma y Bestiario, que influye el conocido ¬ęLa jirafa¬Ľ. Su obra, inteligente y l√ļdica, de estilo cl√°sico y depurado, juega con conceptos, situaciones, mediante el uso de s√≠mbolos y la parodia, y como han asegurado los cr√≠ticos, se nota como en el caso de Borges, un escepticismo natural (como tambi√©n en Monterroso).

Galeano, cuya obra ha sido publicada en Cuba varias veces, incluso El libro de los abrazos integra el cat√°logo de Ediciones La Luz, trasciende las normativas del relato y otros g√©neros tradicionales para combinar ficci√≥n, periodismo, an√°lisis pol√≠tico e historia, principalmente la americana, en libros que semejan cr√≥nicas, microrrelatos o vi√Īetas, entre ellos Las venas abiertas de Am√©rica Latina, Patas arriba: Escuela del mundo al rev√©s, Espejos y Memorias del fuego.

En Cuba, a la par de Am√©rica Latina, fueron los principales narradores, incluso los grandes novelistas, quienes, en una vertiente u otra, quiz√° inconscientemente, escribieron cuentos breves, historias narradas en las posibilidades que la brevedad les otorgaba. As√≠ ‚Äēa vuelo de √°guila‚Äē podemos revisitar la obra de Hern√°ndez Cat√°, Eladio Secades, Lino Nov√°s Calvo (La luna nona y otros cuentos), Lydia Cabrera (Cuentos negros de Cuba), Onelio Jorge Cardoso, Alejo Carpentier, Samuel Feij√≥o, quien transcribe y pasa por el ‚Äúfiltro literario‚ÄĚ el folclore y las historias recopiladas principalmente en el centro de la isla, Eliseo Diego, Guillermo Cabrera Infante, sobre todo en las ‚Äúvi√Īetas‚ÄĚ incluidas en As√≠ en la paz como en la guerra y Vista del amanecer en el tr√≥pico, Jos√© Lorenzo Fuentes, Virgilio Pi√Īera, entre muchos otros autores que, a la par del desarrollo de la propia literatura, incursionan en las tantas posibilidades de lo breve.

Punto y aparte en este breve recuento merece el trabajo del Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso, dirigido por Eduardo Heras Le√≥n, y la convocatoria del Premio El dinosaurio, homenaje al maestro Monterroso, y que ha incentivado el g√©nero en las √ļltimas d√©cadas, premiando y publicando lo mejor y m√°s significativo del arte de contar mucho con poco.

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Las lecciones de Monterroso

Por: Liset Prego

No hace falta ser un lector muy sagaz para notar la profusión de animales en los textos de Augusto Monterroso. Estas criaturas no son atrezo en las narraciones, toman los roles protagónicos con organicidad, y vuelcan en sus desdichas o peripecias toda la voluntad edificante del autor.

Escritos de este modo los textos se transforman en un espejo burlesco que no refleja al lector, pero quizás sí a su alter ego animal personificado. Aunque el propio Monterroso insistía en que no había en su literatura un afán moralizante, es imposible no encontrar en sus sarcásticas letras, pautas morales, desafíos existenciales resueltos con la sapiencia del fabulista, o magnificados para hacerlos notar.

√Čl mismo dijo:

‚Äú‚Ķsi alguien quiere extraer de ellos alguna moraleja, est√° en su derecho y puede hacerlo. Corregir las malas costumbres de la gente es una tarea demasiado f√°cil que hay que dejar a las autoridades. El escritor debe ocuparse de lo verdaderamente arduo: el buen uso del gerundio, por ejemplo, o de la preposici√≥n a, que se acostumbra emplear mal. Yo me gano la vida corrigiendo esta mala costumbre‚ÄĚ.

Otra obviedad que emerge de la lectura de este autor es su af√°n perfeccionista, el cuidado de no permitirse ning√ļn exceso, la precisi√≥n, tanto que, parafraseando al genio, asegur√≥ que no escrib√≠a, correg√≠a. Noten si le preocupaba la exactitud de sus palabras, de las estructuras. Era un perseguidor de la sintaxis precisa, una virtud valios√≠sima en su ramo, debo decir.

Augusto Monterroso, apuesta por el no ser, √©l, que no fue mexicano, ni hondure√Īo, ni guatemalteco, sino todo a un mismo tiempo. El escritor de brevedades m√°s ilustre, quiz√°s, de las letras hispanas, cree que un libro es un zool√≥gico de defectos humanos. Un bestiario de aquello que no teme cuestionar en sus cong√©neres y que atribuye a los animales, sin importar si el pacto t√°cito entre el lector y la f√°bula adjudica tal o m√°s cual rasgo a cada criatura. Monterroso subvierte el acuerdo, lo renueva, cada animal puede ser cualquier cosa y servir de instrumento en sus relatos.

Los disfraces de bestia con los que viste Monterroso a sus personajes son el pretexto para enunciar atributos humanos, conflictos propios de la especie, y cada uno viene adem√°s envueltos cuidadosamente en iron√≠a. La nueva f√°bula donde establece el di√°logo con criaturas del mundo animal reconstruyendo una convenci√≥n que basa en la parodia, en el absurdo, suele tener la misma naturaleza moralizante que es com√ļn en el g√©nero, pero de una manera inesperada.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Los animales parlantes, en la obra de Augusto Monterroso, vuelven a la literatura para adultos, de la que hab√≠an sido cort√©smente relegados, como cosa de textos fant√°sticos y literatura para ni√Īos.

En el art√≠culo ¬ęAugusto Monterroso y el arte del devenir animal¬Ľ, de Iv√°n Aguirre, el investigador puntualiza que:

‚ÄúEn primera instancia est√°n los animales que representan humanos, aquellos que son m√°s signos ret√≥ricos que un ente de ficci√≥n con personalidad o rasgos vitales suficientemente desarrollados en la trama. Animales como la oveja negra, el conejo, el le√≥n y las moscas que representan algo espec√≠fico, aunque no sea lo que corresponde en el mundo de la f√°bula y la mitolog√≠a popular. Luego est√°n los animales testigo, como la jirafa relativista, que sirven de testigo no-humano ante la ridiculez o absurdo del hombre en su comportamiento destructivo. Y finalmente los animales que est√°n en un proceso err√≥neo de devenir animal a partir de cambiar o negar su naturaleza: La rana quer√≠a ser una rana aut√©ntica, La mosca que so√Īaba que era un √°guila y el perro que deseaba ser un humano‚ÄĚ.¬†

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Todo puede ser representado por un animal, cada concepto con el que nos alecciona, o sacude, para decirnos, ‚Äúmiren, qu√© tontos hemos sido‚ÄĚ, aunque √©l mismo rechace que sea esta su voluntad. Aqu√≠ tipo y arquetipo est√°n retratados y el lector puede escoger qu√© traje usar, si ser√° le√≥n o conejo, oveja o dinosaurio, rana o mono, porque est√°n dados as√≠ principios √©ticos, perfiles psicol√≥gicos, supuestos est√©ticos, concepciones sociopol√≠ticas, y la filosof√≠a vital del artista.

Leyendo a Monterroso puedes re√≠r socarronamente, reflexionar, comparar con tus conocidos a tal o m√°s cual personaje, a la manera del mono que quer√≠a ser escritor sat√≠rico. Siembra dudas, planta cara a la hipocres√≠a, la desaf√≠a abiertamente, as√≠ que ya no importa si alguien lo crey√≥ un √©mulo de Esopo. Si alguien quiere vivir bajo sus c√≥digos, ser√° una mejor persona, si quiere disfrutar de su prosa y tomar de ella un patr√≥n de la redacci√≥n adecuada, ser√° un mejor lector o escritor, o ambos. Cumple as√≠ el autor de ¬ęEl dinosaurio¬Ľ su prop√≥sito declarado y el que escap√≥ a su intenci√≥n y dom√≥ el esp√≠ritu de sus relatos, aut√≥nomos una vez que el p√ļblico se adue√Ī√≥ de ellos.

Porque a√ļn sin quererlo, cien a√Īos despu√©s y pese a su oposici√≥n, la f√°bula todav√≠a est√° all√≠.

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La minificción y sus técnicas

Por: Mariela Varona

Muchos de nosotros, escritores y consumidores de literatura, cuando hablamos de minificción o microficción a veces no tenemos en cuenta las sutilezas de esas clasificaciones. Incluso los teóricos no se ponen de acuerdo muchas veces en el asunto, y un texto narrativo breve se puede llamar hoy minicuento, microcuento, microrrelato, ficción breve, cuento breve, microtexto, microficción, y hasta nanoficción.

El cuento breve cl√°sico ‚ÄĒme refiero a relatos celebrados y famosos de Poe, Ch√©jov, Hemingway, Carver, Cort√°zar o Borges‚ÄĒ conserva un sector fiel entre los lectores, pero resulta demasiado extenso ahora para una gran masa de ¬ędigitolectores¬Ľ que solo consume textos breves. Entonces, cabe preguntarse: ¬Ņpodemos analizar literariamente los textos hiperbreves con las mismas herramientas te√≥ricas de siempre? ¬ŅContin√ļan siendo v√°lidas las t√©cnicas narrativas contempor√°neas que hemos estudiado, aplicadas a la minificci√≥n?

A trav√©s del Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso, con Eduardo Heras Le√≥n y su equipo, muchos de nosotros accedimos a una concientizaci√≥n de las t√©cnicas narrativas que en muchos casos ya utiliz√°bamos, pero sin interiorizarlas como parte del oficio; y accedimos tambi√©n a zonas de la teor√≠a literaria contempor√°nea que contribuy√≥ a darnos un espectro m√°s amplio para convertirnos en mejores lectores de lo que ya √©ramos. Entonces, me preguntaba ‚ÄĒcuando supe que La Luz estaba organizando este panel‚ÄĒ, si no ser√≠a conveniente hacer una indagaci√≥n sobre las t√©cnicas narrativas aplicadas a esa minificci√≥n que en estos tiempos parece extenderse, hacerse mucho m√°s visible y, adem√°s, con diferentes caracter√≠sticas de las que ten√≠a en el pasado.

Me parece v√°lido tambi√©n porque gracias al Centro Onelio conocimos a uno de los te√≥ricos de la literatura m√°s importantes que hay en la lengua espa√Īola ahora mismo, que es el mexicano Lauro Zavala; y este acad√©mico se ha ocupado exhaustivamente de la minificci√≥n, de dar pautas, hacer clasificaciones, documentar sus opiniones y publicarlas; es decir, ha estado muy activo indagando, poniendo l√≠mites y tratando de escudri√Īar y ver hasta d√≥nde se extiende el fen√≥meno.

√Čl mismo fue quien puntualiz√≥ que la minificci√≥n actual ten√≠a su origen en las vanguardias del siglo pasado y que tambi√©n, por supuesto, ten√≠a antecedentes en los textos breves que la humanidad atesora como tradiciones en relatos puntuales, como los que aparecen en las estelas funerarias de las culturas antiguas.

Quisiera referirme a dos categor√≠as que resalta Zavala dentro de las minificciones: el minicuento y el microrrelato. Hay uno de ellos que s√≠ cumple con las especificidades, digamos, de cierta teor√≠a literaria; ciertos c√°nones que cumple la literatura cl√°sica o tradicional o como quiera llam√°rsele. Porque los minicuentos, de los cuales conocemos montones ‚ÄĒpor ejemplo, recuerdo ahora uno de Kafka titulado ¬ęLa verdad sobre Sancho Panza¬Ľ‚ÄĒ s√≠ cumplen con la forma tradicional, o sea, tienen una introducci√≥n, un desarrollo o cl√≠max, y un desenlace final.

En esos minicuentos s√≠ podr√≠amos aplicar el an√°lisis literario, tratar de descubrir cu√°l es la segunda historia de la que hablaba Ricardo Piglia en sus ¬ęTesis sobre el cuento¬Ľ, un ensayo que forma parte del libro Formas breves (aparecido en Buenos Aires en 1999). En mi paso por el Centro Onelio, uno de los textos que m√°s me iluminaron fue este, donde me sorprendi√≥ la certera aseveraci√≥n de que un cuento siempre cuenta dos historias, y de que la estrategia de un relato est√° puesta al servicio de su historia secreta.

En apenas tres cuartillas, Piglia es capaz de explicar con una contundencia impresionante c√≥mo la historia secreta es la clave de la forma del cuento y sus variantes, y c√≥mo la han manejado Poe, Ch√©jov, Quiroga, Kafka, Hemingway o Borges. Seg√ļn √©l, el cuento cl√°sico a lo Poe ¬ęcontaba una historia anunciando que hab√≠a otra; el cuento moderno cuenta dos historias como si fueran una sola¬Ľ, pues la versi√≥n moderna del cuento abandona el final sorpresivo y la estructura cerrada y ¬ętrabaja la tensi√≥n entre las dos historias sin resolverla nunca¬Ľ.

En un minicuento es sencillo determinar cuál es la historia secreta y cuál la visible, sobre todo cuando se sabe que potenciar una de ambas depende del autor que escribe. Porque hay escritores que prefieren dejar la historia secreta todo el tiempo subsumida, como lo haría Hemingway, que te da pistas casi insignificantes para que supongas cuál es la historia secreta, pero nunca te la cuenta. Otros prefieren dejar la historia secreta en segundo plano para que explote al final como una bomba que asuste, enamore o apabulle al lector; en resumen, para impresionarlo con una marca que no pueda olvidar. Y otros que sencillamente cuentan la historia secreta y obvian la visible.

Pero Piglia determin√≥ que todo relato contempor√°neo ‚ÄĒo que pretenda ser llamado as√≠‚ÄĒ lo es porque muestra una tendencia cada vez m√°s fuerte hacia la elipsis. Seg√ļn Piglia, la teor√≠a del iceberg de Hemingway ¬ęes la primera s√≠ntesis de ese proceso de transformaci√≥n: lo m√°s importante nunca se cuenta. La historia secreta se construye con lo no dicho, con el sobreentendido y la alusi√≥n¬Ľ.

Y ya est√°: del minicuento, apretando un poco m√°s las tuercas de la brevedad y la elipsis, caemos en el microrrelato. En √©l, seg√ļn Lauro Zavala, el empleo de la iron√≠a, del sarcasmo, del humor y de la paradoja es m√°s evidente que en el minicuento. Los personajes, ambientes y escenarios son apenas aludidos, por lo que su significaci√≥n recae, en la mayor√≠a de los casos, en el rasgo intertextual.

¬ŅQu√© es el microrrelato, entonces? El microrrelato no respeta para nada esa estructura can√≥nica del cuento cl√°sico o tradicional. Al microrrelato lo que le importa es lo que se oculta, o sea, en el microrrelato se hace una elipsis total de la historia, tanto de la secreta como de la visible. Y m√°s aun: en el microrrelato lo que est√°s proclamando es que hay tantas historias secretas o visibles como el lector quiera.

Es un texto, diríamos, interactivo. No es como el minicuento o como el cuento breve, al que llamábamos breve porque tenía una cuartilla y media, tres cuartillas (que para nosotros también era un cuento muy breve). En este punto comenzamos a darnos cuenta de que el microrrelato no es una anécdota. El microrrelato es una idea, un generador de sugerencias.

La elipsis que hace el autor de un microrrelato debe ser inteligente, ingeniosa, muy creativa. Y lo que debe dar es el espacio para que el lector, ese consumidor que va a leerlo, invente la historia que quiera partiendo de códigos conocidos o que el autor da por sentado que lo son.

Tal vez para muchos esa brevedad resulte exagerada, y a veces sentimos que nos hacen falta esos cuentos largos que te permit√≠an, en varias p√°ginas, introducirte en un mundo total ‚ÄĒporque, como dec√≠a Cort√°zar, el cuento tiene que lograr eso, el cuento tiene que crear un mundo donde nada m√°s importe‚ÄĒ y cuando uno se sumerge en un cuento de esos de seis, siete o hasta veinte p√°ginas, uno se esponja, se siente acunado por una an√©cdota que ese autor te est√° proponiendo y te est√° enamorando con ella.

Pero ¬Ņqu√© pasa cuando lees un microrrelato? ¬ęEl dinosaurio¬Ľ de Augusto Monterroso, que contiene siete palabras, fue considerado el relato m√°s breve en lengua espa√Īola desde 1959 hasta la aparici√≥n en 2005 de ¬ęEl emigrante¬Ľ, del escritor mexicano Luis Felipe Lomel√≠, que contiene solo cuatro:

‚ÄĒ¬ŅOlvida usted algo?

‚ÄĒ¬°Ojal√°!

Si tomamos solo el di√°logo sacado de contexto, sin el t√≠tulo, no se sabe de qu√© o qui√©nes est√°n hablando. Pero ese t√≠tulo, ¬ęEl emigrante¬Ľ, potencia una historia que cualquier lector podr√° imaginar al leer el cuento. Un sujeto pregunta: ¬ę¬ŅOlvida usted algo?¬Ľ, como cuando ves entrar de nuevo a alguien que acaba de salir de un lugar. Pero quien le responde ¬ęOjal√°¬Ľ desmiente nuestro primer razonamiento.

Ese cuento est√° narrando, en una sola palabra ‚ÄĒen ese ojal√°‚ÄĒ todos los horrores que obligaron a emigrar a ese sujeto hablante, a ese sujeto del que no sabemos su nacionalidad, pero s√≠ que tuvo que emigrar por razones que quisiera olvidar, pero no puede. ¬ŅCu√°ntas tragedias hay detr√°s de esa palabra, ¬ęojal√°¬Ľ? Represi√≥n, pobreza, hambre, dolor, asesinato, persecuci√≥n pol√≠tica, guerra de pandillas o entre estados, tortura y narcotr√°fico, violaciones y fusilamientos masivos, y un largu√≠simo etc√©tera que le toca al lector completar como le parezca.

Cuando tenemos delante un microrrelato como este, nos damos cuenta de que, con esa elipsis, el autor dio por sentado que el lector conoce todas las posibles historias que el emigrante tiene para contar. Y él elige escamotear la historia, nos da solo cuatro palabras para que nuestra imaginación, o el conocimiento que hayamos adquirido sobre los fenómenos migratorios, se encarguen del resto con los ingredientes que queramos. 

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Al a√Īo siguiente de ser declarado el relato m√°s breve, ¬ęEl emigrante¬Ľ fue desplazado en 2006 por ¬ęLuis XIV¬Ľ, del espa√Īol Juan Pedro Aparicio, que tiene solo una palabra: Yo.

¬ŅEsa √ļnica palabra puede contener un cuento? Los especialistas del tema as√≠ lo declaran. Nuevamente, el t√≠tulo es parte imprescindible de la historia. En este caso, podr√≠a decirse que ES la historia. El lector debe entender que ese ¬ęyo¬Ľ abarca la historia del absolutismo franc√©s desde la subida al trono de este monarca hasta su muerte a los 76 a√Īos de edad. Todas las implicaciones del ego y el yo est√°n ah√≠, no hab√≠a necesidad de narrar, describir o explicar nada.

Hay que mencionar que Aparicio naci√≥ en 1941, o sea, que ten√≠a en ese momento 65 a√Īos, mientras que el mexicano Lamel√≠, nacido en 1975, ten√≠a treinta a√Īos cuando se public√≥ su microrrelato. Digo esto para marcar que la capacidad de elipsis no es distintiva, como algunos piensan, de los autores m√°s j√≥venes, los llamados millennials o nativos digitales. Se tiende a relacionar la brevedad, la iron√≠a y el humor con las redes sociales, que suelen manejar estos componentes a toda hora, pero el caso de Aparicio desmiente con creces que el ingenio con que se condensa una idea literaria sea privativo de edad alguna.

Por √ļltimo, me gustar√≠a recordar que tanto el minicuento como el microrrelato todav√≠a son susceptibles de an√°lisis literario con las herramientas que aport√≥ el peruano Mario Vargas Llosa en su libro Cartas a un joven novelista de 1997. Con ellas podemos deconstruir el c√©lebre microrrelato ¬ęEl dinosaurio¬Ľ. Primero: el narrador que escogi√≥ Monterroso es un narrador omnisciente exterior y ajeno a la historia que cuenta. Segundo: el espacio que ocupa el narrador en relaci√≥n con el espacio narrado, que en este caso se narra en tercera persona, confirma que es un narrador omnisciente. Y tercero, el narrador de Monterroso est√° en un tiempo presente y narra un hecho del pasado mediato o inmediato (los verbos despert√≥ y estaba as√≠ lo demuestran).

Y Vargas Llosa escogi√≥ precisamente el microrrelato de Monterroso para ilustrar el cuarto problema: el punto de vista del nivel de realidad. Ah√≠ demuestra no solo que estamos en presencia de un cuento fant√°stico, sino tambi√©n que el narrador est√° en un plano realista, opuesto a la esencia fant√°stica de lo que narra, y lo sabe por una de las siete palabras del cuento: el adverbio todav√≠a. Esa es la palabra que permite a Vargas Llosa afirmar que el narrador de Monterroso narra desde una realidad objetiva, pues de otro modo, no nos inducir√≠a a tomar conciencia de la transici√≥n del dinosaurio del mundo del sue√Īo a la vida real del relato, ¬ęde lo imaginario a lo tangible¬Ľ.

De la elecci√≥n del narrador, y la relaci√≥n de este con el espacio, el tiempo y el nivel de realidad de lo que se narra, depende que una historia sea eficazmente asimilada por el lector. Seg√ļn Vargas Llosa: ¬ęEsa capacidad de persuadirnos de su ‚Äúverdad‚ÄĚ, de su ‚Äúautenticidad‚ÄĚ, de su ‚Äúsinceridad‚ÄĚ, no viene nunca de su parecido o identidad con el mundo real en el que estamos los lectores. Viene, exclusivamente, de su propio ser, hecho de palabras y de la organizaci√≥n del espacio, tiempo y nivel de realidad de que ella consta¬Ľ.

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El cuento de Monterroso

Por: Manuel García Verdecia

Decir que el guatemalteco Augusto ‚ÄúTito‚ÄĚ Monterroso es uno de los grandes cuentistas en lengua espa√Īola y, sobre todo, un maestro en el cuento corto, es casi una perogrullada, pero resulta un precedente fundamental para acercarse a su peculiar obra. Monterroso es un contador por los cuatro costados de su persona, que asume el mundo como algo que hay que tratar sin hacer caso a los postulados establecidos, pues solo el que intenta buscar el lado oculto de las cosas puede acercarse a la verdadera realidad. De modo que, festejar el centenario de este autor es como festejar el acto de contar, uno de los elementos m√°s concomitantes y permanentes de la naturaleza humana.

Monterroso escogi√≥ como especie literaria fundamental para verter su aprehensi√≥n e intelecci√≥n de la vida el cuento corto. Ya hablar de cuento simplemente presupone la brevedad como caracter√≠stica primordial. Sin embargo este autor se impone a s√≠ mismo l√≠mites m√°s sucintos, a veces sin llegar a la cuartilla. Es un ejercicio que demanda de un poder de concisi√≥n tremendo. Pero este es solo posible con una capacidad de invenci√≥n fecunda. Como declara en su texto ¬ęLa brevedad¬Ľ, que el autor de textos breves ans√≠a escribir textos largos ¬ędonde la imaginaci√≥n no tenga que trabajar¬Ľ sin la amenaza del punto final. Est√° claro que es la imaginaci√≥n la que consigue llegar a los atajos m√°s favorables para evitar los excesos en el contar, presentando solo los datos imprescindibles. De aqu√≠ que sea este uno de los subg√©neros m√°s complejos de la labor narrativa, pues en un marco muy limitado de exposici√≥n se debe tratar el asunto y alcanzar con eficacia la consumaci√≥n del conflicto planteado.

Como se sabe, todo cuento gira en torno al esclarecimiento de un problema. Hay un vuelco de la l√≥gica de los eventos que hacen que lo que parec√≠a devenir de un modo no lo haga siguiendo esa l√≥gica sino una propia y, hasta cierto punto, imprevisible. Nada hay m√°s da√Īino para una historia que lo predecible. Monterroso se apoya en un h√°bil empleo de la elipsis que, con escuetos apuntes sugerentes y cierta reticencia, plantea las coordenadas necesarias para el florecimiento de la microhistoria y deja al lector aportar lo que resulta obvio en las condiciones que √©l establece. Si la s√≠ntesis consigue exponer las circunstancias esenciales del problema que se presenta, entonces no es necesario ofrecer tantos datos o informaci√≥n accesoria al lector. El autor por lo general se apoya en referencias culturales que se presupone domine el lector con lo cual reduce la informaci√≥n que debe aportar. Con esta ayuda y las deducciones que deriva de la situaci√≥n, el lector entra en juego y participa activamente en el completamiento de la historia.

Veamos el ejemplo de uno de los cuentos emblem√°ticos de Monterroso, ¬ęLa oveja negra¬Ľ. Ya decir ‚Äúoveja negra‚ÄĚ presupone un elemento de caracterizaci√≥n del personaje que es conocido para el lector. Se trata de alguien que rompe las reglas de lo establecido, que va contra el esp√≠ritu del reba√Īo. Por esto no es inusitado que a la oveja negra la fusilen. Tiempo despu√©s esta resulta comprendida y reivindicada, algo muy t√≠pico de Monterroso, lo azaroso del destino, por lo que se le honra con una estatua ecuestre. Sin embargo, y aqu√≠ est√° el giro detonante para el sentido del cuento, esto se convierte en costumbre, no para enaltecer la rebeld√≠a o la individualidad, sino para que las ovejas comunes ‚Äúpudieran ejercitarse tambi√©n en la escultura‚ÄĚ. Esta mirada c√°ustica es la que nos ayuda a penetrar en lo esencial humano.¬† Notemos, de paso, que el cuento corto se acerca al epigrama pues trata una m√≠nima l√≠nea argumental con precisi√≥n y agudeza.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Hombre sabio, conoce que el humor es el √ļnico elemento capaz de hacer que las verdades m√°s indigeribles sean atendidas sin dolor, porque nada duele tanto (a pesar del refr√°n) como la verdad. De modo que su obra est√° asistida por este elemento de suprema inteligencia, elaborado con una originalidad fuera de lo com√ļn. Escritor irreverente hasta el tu√©tano y con toda justificaci√≥n, arremete contra toda convenci√≥n o axioma idiotizante, apelando a la mueca sagaz para alertarnos y hacernos ver la vida de una manera m√°s productiva. De modo que toda su obra podr√≠a estar signada por aquella vieja sentencia: ¬ęNo os tom√©is la vida demasiado en serio, pues de ning√ļn modo saldr√©is vivos de ella¬Ľ.

Dentro del humor su figura preferida es la ironía. Lo hemos visto en el cuento mencionado, las estatuas no buscan exaltar a las ovejas tristemente ejecutadas sino permitir un ocio creativo a sus semejantes que las fusilan. Es esta mirada que descubre el ángulo oculto de un asunto lo cardinal para la ironía. Ella intenta mostrarnos, por el desencuentro entre una proposición y la consecuencia que resulta, las contradicciones en diversos fenómenos. La incoherencia entre lo que parecía ser y lo que finalmente es lograda mediante la caricaturización de un fenómeno ayuda a percibir, por oposición, los verdaderos valores que tal situación refleja. La ironía expone la verdad por un énfasis en lo falso.

No resulta fortuito que, dentro de la narrativa, Monterroso se haya inclinado fundamentalmente por la f√°bula. Incluso en sus ensayos hallamos presente lo imaginativo, la fabulaci√≥n, porque esto le permite establecer un acercamiento menos escol√°stico a los asuntos que trata as√≠ como una aproximaci√≥n m√°s amigable al lector. Quien inicia la lectura de alguno de sus textos no puede menos que quedar rendido a sus pies por lo ameno y curioso de sus formulaciones. Sabe que lo que se vive es com√ļn y que ¬ęsolo la forma de contarlo diferencia a los buenos escritores de los malos¬Ľ (La palabra m√°gica). Esa elecci√≥n tiene que ver con la intenci√≥n general de la obra de este autor. Monterroso en sus cuentos nos lleva a derivar de cada microhistoria alg√ļn juicio oportuno, si no estrictamente como un ejemplo moral a la manera del Conde Lucanor, s√≠ fundamentalmente de corte existencial. El cuentista quiere que, junto a √©l, aprendamos a entender y ejercer la vida de manera m√°s l√≥gica y cierta, sin regalos a los prejuicios o esquemas falsos.

Leer a Monterroso sirve para no aburrirse y, m√°s, para no aburrarse. Con su lectura acentuamos la significaci√≥n de mirar a la vida con cordura y amabilidad, en actitud desprejuiciada y dial√©ctica. Esto nos permite re√≠rnos de nuestras necedades, aceptarnos tal como somos, reconocer la relatividad de cuanto acontece y apreciar los valores ciertos que ella nos ofrece. Que no nos suceda como al Burro de su f√°bula, que encontr√≥ la flauta abandonada, toc√≥ una m√ļsica sublime y, desapercibido, la tir√≥, desechando con ella lo √ļnico hermoso que hab√≠a logrado en toda su existencia.

 


‚ÄúCelestino‚ÄĚ convoca en Holgu√≠n

Vuelve Ediciones La Luz y la sección de Literatura de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín, a convocar al prestigioso Premio Celestino de Cuento, esta vez en su edición 22.

Podr√°n participar todos los escritores cubanos, residentes en el pa√≠s, miembros o no de la AHS, menores de 36 a√Īos de edad, con un cuaderno in√©dito con una extensi√≥n m√≠nima de 45 cuartillas y 70 como m√°ximo que deber√°n enviar a la direcci√≥n electr√≥nica: 22premiocelestinodecuento@gmail.com.

Los interesados podr√°n encontrar m√°s detalles de esta convocatoria en la p√°gina oficial de la editorial:
https://edicioneslaluz.cubava.cu/2021/02/convocatoria-xxii-premio-celestino-de-cuento-video/

El evento, que se desarrollará desde el 15 al 18 de junio, de forma virtual atendiendo a las dificultades resultantes de la COVID-19, está dedicado al centenario de Augusto Monterroso y al  aniversario 35 de la AHS.

Las obras ser√°n recibidas hasta el 1 de junio de 2021 y el ganador obtendr√° un diploma acreditativo, 1000 pesos, una obra de arte y la publicaci√≥n del cuaderno premiado a cargo de Ediciones La Luz, a ello se a√Īadir√° el pago del respectivo Derecho de Autor.

El jurado lo integrar√° como es habitual figuras de prestigio en las letras cubanas y dar√°n a conocer su fallo el 18 de junio.

El Premio Celestino es de los más importantes concursos para jóvenes autores cubanos. Sus ganadores más recientes fueron Elaine Vilar Madruga y Robert Ráez.


¬ęMi intenci√≥n es estar junto al arte¬Ľ

Tuve el gusto de presentar online la primera novela de Leonardo Espinoza Benavides, cuando la segunda oleada del coronavirus y la cuarentena amenazaban con transformar nuestra producci√≥n del pensamiento y la realidad. Adi√≥s, loxonauta me sirvi√≥ como pretexto para (re)visitar la obra de Leo y (re)conocer en ella los signos de lo bien hecho. Novela l√ļdica, con gui√Īos literarios intemporales, que evidencia una tradici√≥n literaria continental enfocada hacia el desarrollo de la ciencia ficci√≥n. Adem√°s, fue el perfecto motivo que me invit√≥ a dialogar nuevamente con la po√©tica de Leonardo (caf√© de por medio).¬†

¬ŅHasta qu√© punto lo real, esa construcci√≥n semi√≥tica que denominamos de dicha forma, impact√≥ en la gestaci√≥n de la historia de Adi√≥s, loxonauta, tu m√°s reciente novela?

Creo que lo real, en este caso, molde√≥ la g√©nesis de la obra misma: en medio de una pandemia, como m√©dico trabajando jornadas intensas y otras de completo aislamiento, todo fue adoptando un ritmo particular. La incertidumbre, lo ef√≠mero, por momentos una danza con lo aparentemente absurdo y fr√°gil, mi propio oficio en el √°rea de la salud y en el √°rea de las letras, todo en una especie de renovaci√≥n y redefinici√≥n. En ese sentido, en esa forma de realidad en la que nos encontr√°bamos, fue que esta novela (corta en parte por eso mismo, creo yo) se forj√≥. Si bien podr√≠a lanzar paralelismos de realidad con algunas vivencias personales, eso muy rara vez es mi intenci√≥n creativa: soy de la escuela de narrar usando la experiencia observada de lo humano m√°s que la interioridad biogr√°fica propia, si bien los pincelazos que mezclan los colores entre ambas son inevitables. Adi√≥s, loxonauta es por completo un hijo literario del a√Īo 2020, y todo lo que ello conlleva. Aprovechando la expresi√≥n de ‚Äúconstrucci√≥n semi√≥tica‚ÄĚ, soy de los que apuntan a una semiosis que culmine y se determine en el interpretante, desde el cual espero que surja su signo respectivo.

Tus protagonistas apuestan por un space opera donde la especialidad m√©dica de la dermatolog√≠a es el epicentro que mueve y conduce todas sus aventuras, ¬Ņpor qu√©?, ¬Ņpartes tambi√©n all√≠ de un an√°lisis de tu realidad?

Esta pregunta me acorrala completamente en la respuesta que quise esquivar reci√©n (¬°y me saca una risa!). La dermatolog√≠a: pues, s√≠. Creo que puedo direccionar esta idea hacia dos caminos v√°lidos. El primero, el universal, el que en cierto modo quise defender en la primera pregunta: cuando narro me gusta crear personajes que han surgido de mis encuentros con personas del mundo real (¬°hasta la palabra nos est√° persiguiendo, lo real!); me gusta trabajar la multiplicidad de opciones simb√≥licas e interpretativas, cerrando una trama o historia central, por as√≠ decirlo, pero dejando, a prop√≥sito, el espacio suficiente para que el lector haga suyo este momento novelado incompleto, imperfecto como lo es todo, y que pueda as√≠ reverberar hasta qui√©n sabe d√≥nde. El segundo camino, sin embargo, es el que me acorrala siempre: ¬Ņcu√°nto de m√≠ hay en √ćtalo Calvino? Son varios los amigos m√©dicos que me han apuntado, algunos con escepticismo y otros con certeza apod√≠ctica, de que este √ćtalo ser√≠a yo. ¬°No! No, no. (¬ŅO s√≠? ¬°No!). Creo que es un sesgo de convivencia solamente.

Lo que s√≠ es cierto es que intento escribir y crear desde territorios que manejo lo suficientemente bien como para construir sobre ellos de manera c√≥moda (en este caso, el conocimiento biol√≥gico, m√©dico y dermatol√≥gico como cimiento). Vuelvo a la semiosis: el lector m√©dico no se detiene con mucho entusiasmo cuando dejo rastros o rutas hacia Calvino (el escritor, no el homonauta), o a Borges o Rufus; mientras que el lector no-m√©dico no se detiene, usualmente ‚ÄĒsiempre hay excepciones‚ÄĒ en el detalle, por ejemplo, de la esfingomielinasa D y la estructura del gremio de la Federaci√≥n. As√≠ que, volviendo a la pregunta original, sobre d√≥nde comienzo mi an√°lisis de la realidad: desde esto, desde la ambivalencia, la bifurcaci√≥n, la imperfecci√≥n, la falta de inicio y final consciente, cualquiera sea el personaje principal, real o fant√°stico.

En la novela se mezclan los registros de la tragicomedia, con muchos visos l√ļdicos, incluso ir√≥nicos. Esta hibridaci√≥n de registros, ¬Ņejercicio de textualidad al azar o pauta consciente?

Pauta consciente. Y gran desaf√≠o, por varias razones: hasta entonces, mi obra siempre hab√≠a estado enmarcada en los cuentos, m√°s o menos largos, pero cuentos al final del d√≠a. Y mi voz como autor se enmarcaba en una ciencia ficci√≥n con cierta tendencia a lo po√©tico. Algo que me gusta, claro, y que gozo cultivar como parte de mi forma de hacer arte. Pero‚Ķ no hab√≠a logrado embarcarme en la novela. Sent√≠ que para lograrlo deb√≠a desarmarme y rearmarme, sin temores, sin frenos, a lo que surgiese. As√≠ naci√≥ el estilo de Adi√≥s, loxonauta, una comedia por momentos sat√≠rica y por momentos tragic√≥mica. Fue la forma espont√°nea en que pude largarme a una narraci√≥n m√°s extensa, dejando que los personajes fueran m√°s humanos a√ļn. Y enfatizo lo de humanos porque creo que, por mucho que pueda experimentar y divagar con mi pluma, la esencia de lo que me nace contar se mantiene: historias de gente sencilla en mundos complejos, en busca de sentido y de salvaguardar la ilusi√≥n que les permite seguir adelante. Soy incapaz, por ahora al menos, de formar un h√©roe cl√°sico o una epopeya de final glorioso. Alg√ļn d√≠a, quiz√°s, pero no por el momento. Me gusta la marginalidad y la confusi√≥n existencial. Mi siguiente gran desaf√≠o personal es ver qu√© cosa nacer√° entre lo po√©tico y lo tragic√≥mico que he estado cosechando.

¬ŅHas pensado que las aventuras de √ćtalo Calvino, homo sapiens, y su colega Krek, loxosceles sapiens, podr√≠an devenir en una saga?

¬°Otra vez arrinconado! Debo confesar que no soy muy amigo de las sagas, en general, pero esto me lo han pedido bastante (¬°y me alegra mucho, por supuesto!). Cuando pienso en sagas pienso en esos ejemplares de nuestros vecinos anglosajones que sacan tomos y tomos de quinientas y miles de p√°ginas, y de solo verlos me generan ansiedad. ¬°Cu√°ntos libros podr√≠a leerme en ese tiempo, cu√°ntos autores! Tal vez sea algo regional y vivencial, pero una saga me resuena como inadecuada a la forma en que vivo: entre medicina y literatura suelo dormir tan solo un pu√Īado de horas al d√≠a (recuperadas el fin de semana; todo bien), y de tan solo imaginar la cantidad de tiempo que me llevar√≠a leer una de esas sagas‚Ķ Me pasa lo mismo con las series televisadas, como cuando te recomiendan ver una y al consultar por la cantidad de temporadas resulta que tiene diecisiete y contando. ¬°Uf! ¬ŅY si pasa algo y no logro terminarla? ¬ŅO si no me gusta, pero resuelvo terminar de verla de todos modos? As√≠ que, considerando todo esto, por supuesto que har√© una saga con Calvino y Krek. ¬ŅAcaso no les dije que lo m√≠o discurre por la confusi√≥n existencial? (Bromas solamente, con una risa a modo de secuela propia del a√Īo pasado).

Lo cierto es que sí, creo que haré una saga, ya casi me terminan de convencer, porque el formato me acomoda: Adiós, loxonauta se puede leer en 1-2 días tranquilamente, por lo que respeta lo que por ahora me gusta generar. Tengo pensado el nombre para el segundo libro (pero no creo que esté listo tan rápido).

¬ŅQu√© tal la experiencia de publicar con Sietch Ediciones? ¬ŅQu√© ha cambiado en los √ļltimos a√Īos en el panorama de la ciencia ficci√≥n chilena?

¡Gran experiencia! Me tocó ver el nacimiento de esta nueva editorial, así que ha sido toda una vida con ella. Cuando Sietch Ediciones me invitó a publicar, todo era nuevo y todo existía solo a modo potencial. Michel Deb es el responsable de esta aventura: lo conocía lo suficiente, cuando me llamó, como para saber que su intención valía completamente la pena, que era algo a lo cual ameritaba ponerle todo el espíritu y toda la pasión posible. Así, lo que fue primero una publicación en su sello Vintage Pulp, terminó unos meses después convertido en el ofrecimiento de ser parte del creciente equipo editorial de Sietch.

cortesía del entrevistado

Al principio tuve mis temores: la invitaci√≥n era como editor formal y yo tan solo ten√≠a experiencia editando de manera informal y autodidacta a escritores amigos, lo cual, por mucho tiempo que llevase haci√©ndolo, no era lo mismo que tomar un cargo como tal. Cuando supe que la editora en jefe del equipo ser√≠a Jean V√©liz D‚ÄôAngelo (con formaci√≥n profesional), entonces me atrev√≠ y acept√©. Hoy por hoy soy un h√≠brido editor/agente. Y ha sido maravilloso. Somos una peque√Īa familia con un mismo sue√Īo: permitir el surgimiento de nuevas historias, acompa√Īando a sus autores y trat√°ndolos como si fueran parte, tambi√©n, de la gran familia del Sietch. He aprendido un mont√≥n, de verdad. Lo que antes conoc√≠a solo como autor, ahora lo he podido ver desde el interior de la maquinaria misma, comprendiendo todo lo que implica hacer un libro con cari√Īo y dedicaci√≥n. Me encanta. Me alegra trabajar con Jean, Michel, Jorge, Iv√°n y los autores y autoras que van sum√°ndose. Y, como si mi alegr√≠a fuera poca, a√ļn conservo mi lazo y enorme amistad con Puerto de Escape, editorial en la que soy autor (al mando del genial editor y promotor cultural Marcelo Novoa), de tal modo que he logrado una convivencia a√ļn mayor. Cada una tiene su estilo: cada casa editorial tiene lo suyo, son irrepetibles, creo yo.

Podr√≠a entrar a nombrar cualidades de una y otra, y tambi√©n de las otras editoriales locales dedicadas a la literatura fant√°stica que han ido surgiendo y que han hecho del panorama chileno actual ‚ÄĒrespondiendo a la pregunta original‚ÄĒ un verdadero momento vigoroso para la publicaci√≥n independiente, forjando una nueva escena literaria sin lugar a duda, y de la cual veremos su legado en unos a√Īos m√°s.

¬ŅCu√°l fue el principal desaf√≠o textual que enfrentaste al escribir Adi√≥s, loxonauta? ¬ŅEs la novela un g√©nero tan complicado como parece a simple vista?

¬°Lo es! ¬°Vaya que lo es! El mayor de los desaf√≠os fue el convencerme y mentalizarme a, efectivamente, terminarla. Hay algo que siempre comento en entrevistas: soy todo lo opuesto a una persona ‚Äúorganizada‚ÄĚ; nunca he usado ni agenda ni mucho menos calendario (dejo notas por ah√≠ y me valgo de buenas amistades para los recordatorios, con la excepci√≥n de fechas esenciales, por supuesto). De hacer una analog√≠a que me identifique: soy corredor de los 100 metros planos y jam√°s podr√≠a enfocarme en los 800 metros (dejo de lado los 42 kil√≥metros de una marat√≥n porque todos tenemos de alguna u otra forma una meta a largo plazo). Llevo toda una vida trabajando y creando de esta forma, desde que lo recuerdo, y me funciona y me fascina. ¬ŅExplosi√≥n creativa o umbral motivacional alcanzado? Entonces puedo estar 12 horas sin moverme en una concentraci√≥n absoluta, por varios d√≠as y quiz√°s un par de semanas. ¬ŅArmarme una rutina de escribir un poquitito cada d√≠a? Imposible: me aniquilar√≠a mi alter ego de antimateria. Soy un desordenado ordenado, un ca√≥tico eficiente (¬°quiero creer, al menos!). Mi pr√°ctica en el oficio se encuentra, tal vez, en la irregular constancia de tales explosiones. As√≠ que‚Ķ una novela resultaba complejo en cuanto a log√≠stica. Sin embargo, las piezas alcanzaron su alineamiento y me lanc√©. La novela ya se hab√≠a armado casi por completo en mi cabeza cuando me sent√© a escribirla: el aspecto dermatol√≥gico ya lo hab√≠a elaborado mentalmente y el personaje del Inmortal viv√≠a en mi imaginaci√≥n desde hac√≠a al menos 5 o 6 a√Īos, esperando pacientemente el momento de tener un espacio donde desarrollarse (incluida la idea en torno a la medusa Turritopsis dohrnii, que s√≠, es real); s√ļmesele que estoy realizando un trabajo de investigaci√≥n cl√≠nica en torno al loxoscelismo cut√°neo y ¬°pum! Era tiempo de apostarlo todo, all in. Inspirado en la extensi√≥n de novelas latinoamericanas que me encantan, particularmente Salom√©, de una tremenda autora cubana, y Los cuerpos del verano, de Mart√≠n Felipe Castagnet, quise apuntar a ese estilo novel√≠stico. Terminar el primer borrador fue intens√≠simo (benditos sean los momentos de aislamiento pand√©mico preventivo que ten√≠a que ir tomando, siempre agradeciendo la fortuna de estar sano y salvo, y sin que me faltase nada). Lo dem√°s fue pulir, leer, releer, lectores beta, edici√≥n y todo lo que siempre procede. En suma, es una metodolog√≠a con sus pros y sus contras. El cuento, en contraparte, es un universo paralelo.

Tu personaje √ćtalo Calvino es un hombre del Cono Sur, ¬Ņsientes que la condici√≥n geogr√°fica, el hecho de nacer en determinado pa√≠s, define a tus personajes?, ¬Ņc√≥mo manejas las particularidades y rasgos t√≠picos del lenguaje, teniendo en cuenta que tu personaje se relaciona, a gran escala, con otras especies?

¬°Uf! Gran pregunta que me llega directo. S√≠, creo que el regionalismo de mis personajes es clave fundamental para comprenderlos y descifrarlos. Pero, a su vez, es la forma en que yo mismo incursiono en el tema: me resultar√≠a dif√≠cil poner en palabras expl√≠citas mi cosmovisi√≥n al respecto y, por eso mismo, lo intento modelar a trav√©s de la ficci√≥n. En la Feria del Libro Independiente de Valpara√≠so del a√Īo pasado surgi√≥ una frase que me atrap√≥ de una forma casi religiosa: ‚ÄúChile no est√° resuelto… Chile tiene una pata que cojea‚ÄĚ. Si bien creo que la misi√≥n es enorme y casi que no logro ver el panorama por completo, s√≠ es algo que intento desarrollar, que intento aportar con mis historias. Hay algo abstracto que tan solo el arte puede moldear. M√°s que Chile, eso s√≠, cada vez me siento m√°s atra√≠do por ese concepto geocultural del Cono Sur. No es una atracci√≥n que comprenda del todo todav√≠a, pero siento al Cono Sur como un hogar que, a pesar de las turbulencias mundiales que puedan estar ocurriendo, me entrega un cierto cobijo agradable, acogedor, alej√°ndome de posibles nacionalismos fronterizos a√Īejos y, a la vez, configur√°ndome una aldea social abarcable dentro de mi peque√Īez humana. De ah√≠ que el espa√Īol de √ćtalo es un h√≠brido chileno-rioplatense y de ah√≠ que Santiago sea, en aquel futuro, una playa y no una cuenca acorralada por monta√Īas. De ah√≠ nace mi ejercicio de identidad y comunicaci√≥n. En cuanto al lenguaje entre especies distintas, lo cierto es que no era mi foco en esta novela en particular (el relativismo ling√ľ√≠stico de Sapir-Whorf y las tecnolog√≠as traductoras quedar√°n para otros textos).

cortesía del entrevistado

La relaci√≥n del ser humano con otras especies inteligentes es uno de los leitmotivs de la ciencia ficci√≥n desde sus mismos or√≠genes como g√©nero, ¬Ņpor qu√© te interesa a ti?, ¬Ņsientes que es una corriente de sentido, menos o m√°s subterr√°nea, que atraviesa la po√©tica de tu obra?

Es un tema que me encanta por su enorme cantidad de formas de ser abarcado. Es inagotable, a mi parecer, porque sus l√≠mites son los mismos l√≠mites de la creatividad. En lo personal, usualmente he usado esas ideas en dos sentidos. Primero, en el incursionar sobre aquello ‚Äúverdaderamente ajeno‚ÄĚ (Stanislaw Lem y Hugo Correa como inspiraciones inevitables); y, segundo, en el aspecto del tropo ‚Äúespejo‚ÄĚ, donde la representaci√≥n de lo ajeno es tan solo una forma de reflejar algo humano, lo cual s√≠ creo que va con una corriente de sentido que tal vez estoy construyendo de manera no del todo consciente. Confieso, eso s√≠, que tiendo m√°s al robot-espejo que al extraterrestre-espejo pero, dentro de la variabilidad de refracciones, son dos que gozo tanto leer como escribir. Siempre es desafiante no caer en la mera caricaturizaci√≥n.

¬ŅEs la conquista de un lenguaje particular, de una po√©tica propia, una de tus b√ļsquedas centrales como escritor, o prefieres ir por otros linderos y persiguiendo otros horizontes?

Qu√© dif√≠cil saberlo‚Ķ (Esta pregunta me hizo parar de escribir, echarme atr√°s en la silla y mirar el infinito un buen par de minutos‚Ķ Resultaron ser varios minutos m√°s de lo esperado; pero me tom√© un caf√© y volv√≠). Creo que la respuesta es, en primera instancia, que s√≠: busco una voz propia, de fondo y de forma, aunque tal conquista viene siendo la conquista de uno mismo, acaso un recorrido de por vida. En ese sentido, mi intenci√≥n es estar junto/con/el Arte. Crear con tal visi√≥n y prop√≥sito. Hay una pulsi√≥n, ¬Ņquiz√° determinista?, de por medio. Aun as√≠, aunque expresar mi propio desarrollo me resulte complicado, hay algo que s√≠ puedo declarar como horizonte y objetivo, m√°s all√° de mi persona: espero que, en alg√ļn tiempo y momento, haya al menos un lector que al leer mis historias sienta lo mismo que yo he sentido y sigo sintiendo cuando leo uno de esos libros que te cambian la vida, que te nutren el alma.

Por √ļltimo, me gustar√≠a que recomendaras un par de relatos tuyos para leer en esta cuarentena, y algunos libros de ciencia ficci√≥n que creas pueden acompa√Īarnos bien en estos tiempos que corren.

Para partir el 2021 les recomendar√≠a, o m√°s bien los invito, a que lean los cuentos m√°s nuevos que he publicado por estos d√≠as: ‚ÄúY luego los √°ngeles olvidan rezar por nosotros‚ÄĚ, que apareci√≥ reci√©n en la Revista Aeternum, de Per√ļ, en un n√ļmero titulado ‚ÄúExtrahumanos‚ÄĚ; y ‚ÄúUmbrales virulentos: antolog√≠a de ciencia ficci√≥n latinoamericana‚ÄĚ, de la editorial venezolana Fundajau, donde aparecen cuatro microcuentos de mi autor√≠a junto a los de otros representantes de la regi√≥n (¬°que est√°n de lujo!). En ambos casos se van a topar con unas ilustraciones incre√≠bles. Pueden dar con los paraderos del material a trav√©s de Facebook/Google y, ante cualquier dificultad, me avisan y se los consigo. Tambi√©n les cuento que estoy a la espera de que se publique un cuento al que le tengo un cari√Īo especial, ‚ÄúDani Dinosaurio (Ve-eleh Shemot)‚ÄĚ, pronto a ser impreso en la Revista Crononautas N¬į2. Y en cuanto a recomendaciones de libros para los tiempos que corren, mis seleccionados vienen siendo: 8 voces: antolog√≠a de cuentos LGBTIQ+, de Sietch Ediciones (Chile), ciencia ficci√≥n fascinantemente novedosa; Recognize Fascism, de la editorial World Weaver Press (Estados Unidos), antologado y editado por Crystal M. Huff, para embarcarse en ciencia ficci√≥n y fantas√≠a de corte pol√≠tico, con dos chilenos publicados de por medio; Misi√≥n a Laozi, novela del chileno Aparicio N. Frictenns, por Editorial Puerto de Escape, a modo de brindar por el centenario de Lem; y, por √ļltimo, no puedo dejar de recomendar encarecidamente que lean El Gusano, novela tambi√©n, del colombiano Luis Carlos Barrag√°n, por Ediciones Vestigio, mi lectura favorita del 2020 (me cambi√≥ la vida).


La angustia que nos ofrece el destino

Vasily Mendoza P√©rez no se ha propuesto escribir sobre la trascendencia y, sin embargo, en su obra pueden seguirse las se√Īales de lo que es ‚ÄĒo, al menos, de lo que yo considero‚ÄĒ gran literatura. Desde lo breve y lo fragmentario, desde el punto en que su vida lo marc√≥ para ser creador y usar la palabra como una de las sendas para comunicarse con el mundo, Vasily ha hecho una apuesta: abrir las ventanas a otros universos posibles.

¬ŅHasta qu√© punto tu historia de vida sign√≥ las historias que, como autor, estabas destinado a contarle al mundo?

Mi historia personal no solo ha signado la literatura que tramo, sin ella no habría narrativa o poesía posible. He sido un vividor de historias fabulosas, desde mi infancia, pero angustiosas. No he sido un delincuente porque estaba signado para otro destino. Tenía todas las condiciones para serlo. Incluso para haber adquirido una conducta o modo de vida más cercano a lo antisocial.

Hijo de padres divorciados que no supieron manejar esa situación familiar y no cuidaron las consecuencias nefastas de ello, tengo huellas de esa infancia, y son las que van saliendo en lo que escribo. Por ejemplo, hay un cuento, Algo que estorba, donde dos hermanos están fabulándose para matar al padre que es un abusador y que, al parecer, mató a la madre de ambos. Este cuento me surgió el día que estaba escribiendo y mi padre y mi hermano me interrumpían a cada rato y no me dejaban concentrar.

Mi proceso de escritura es muy místico. Necesito silencio y concentración para poder escuchar la voz que me dicta lo que transcribo. Y perder esa conexión me es muy doloroso, incómodo, y como soy irascible por arranques, ya te imaginarás cómo terminó la escena en la vida real. Aunque claro, no matamos a nadie, y mi padre no mató a mi madre. Pero son las cosas, verbigracia, que han ido construyendo mi literatura.

Hay cuentos en los que pareciera que escrib√≠ en clave para las antiguas amantes, casadas, que me le√≠an busc√°ndose en esos escritos. Y se encontraban. Y nos volv√≠amos a encontrar en la realidad y todo era m√°gico. Era, quiz√°s, tan maravilloso como dec√≠a Borges cuando se asombraba de que la realidad copiara a la fantas√≠a. Cuando comenc√© a escribir, bastante en serio, empec√© con la poes√≠a. Ah√≠ s√≠ estaba copiando la realidad tal cual era, y no como argumentos sino como sensaciones, porque era el reflejo exacto de mi mundo emocional. Todos mis miedos, mis reacciones, mis afecciones, ah√≠ estaban hechos versos. Cuando estuve los dos a√Īos de misi√≥n en Venezuela, la poes√≠a vino a salvarme. Y me salv√≥ de todos los colores posibles. Incluso del negro. Y ah√≠ est√° el libro in√©dito, En el pa√≠s de los ruidos, donde estoy yo m√°s lacerado que nunca. Porque esa misi√≥n me demostr√≥ que nuestro coterr√°neo puede ser nuestro peor enemigo fuera de los l√≠mites de la isla. Es lacerante saber que, en ocasiones, es as√≠.

El argumento, entonces, en mis cuentos viene a ser la historia del otro que me lo dicta. Pero las sensaciones, los afectos, las claves secretas y tácitas, son las mías. Sin eso no tendría razón de escribir ficción.

¬ŅEn el oficio de escritor juega alg√ļn papel el destino? ¬ŅEs este un oficio como otro cualquiera o comulga con un tipo de espiritualidad distinta, en estrecha conexi√≥n con el alma de los receptores?

Siempre he cre√≠do en la angustia que nos ofrece el destino. Pero ahora empiezo a dudar de la existencia del destino. Por lo que suponer que uno nace para algo, o est√° destinado para algo, es como creer en el destino. Y si analizas mi historia personal, como te dec√≠a, te dar√°s cuenta de que hab√≠a algo, secreto y taciturno, que me halaba hacia el arte, hacia la v√≠a del bien. Yo soy rocker, fui friki en la √©poca m√°s dura de nuestro pa√≠s. Y viv√≠ cosas sorprendentes. No consum√≠ drogas, pero s√≠ sus sin√≥nimos, porque la m√ļsica rock llega a ser una especie de droga y m√°s a√ļn cuando tratas de enajenarte, de irte de vacaciones de tu maldita familia que no est√° haciendo bien las cosas. Los j√≥venes, por lo general, tenemos la sensaci√≥n o la clara idea de que la familia est√° haciendo mal las cosas en alg√ļn momento de nuestras vidas, y por eso queremos salir un rato a tomar una bocanada de aire. Yo hice muchas cosas en mi adolescencia porque era muy libre. Ten√≠a mucho espacio para m√≠ solo. Por eso pertenecer a una tribu urbana como la de los rockers y hacer m√ļsica rock en una banda me daba cierta felicidad y consuelo. Pero ese no era mi destino, solo parte de mi an√©cdota. Y en eso qued√≥.

Pareciera que, aunque ya no creo tanto en el destino, s√≠ estaba destinado a ser escritor. Incluso ahora, ya m√°s maduro, me doy cuenta de que tengo varias profesiones, pero la que se me da bien, o bastante bien, es la de escribir. De hecho, he tenido relaciones con chicas que nunca me han conocido en persona, pero por los correos y cartas que nos escrib√≠amos ya era capaz de establecer un tipo de relaci√≥n. Es ah√≠ donde la literatura, sea ficci√≥n o no, logra ese acto comunicativo direccional con el que lee: acto que empieza con la actitud del escriba. Ning√ļn escritor escribe sin esa actitud, porque es f√≠sica. Nuestra mano deja de ser la mano de siempre, la mano de comer y afeitarnos, la mano de saludar o de agarrar las cosas. Entonces se convierte en la mano de alguien que escribe. Alguien que comunica. Eso es algo muy poderoso. Poderoso porque consigue varios niveles de comunicaci√≥n. Primero, con el que nos dicta lo que escribimos; luego, con nosotros mismos en una especie de introspecci√≥n; y por √ļltimo, con el lector que siempre tendr√° la √ļltima palabra. Pero no acaba. A su vez, el ciclo se repite, pero a la inversa. El lector interioriza lo que lee y lo vive, y luego se lo dice a otros para que compartan las mismas buenas o malas sensaciones. Es pura espiritualidad, s√≠, claro que s√≠. Es energ√≠a en movimiento. Energ√≠a invisible que empieza y concluye en el ser humano.

Lo fant√°stico, lo mist√©rico, lo sobrenatural forman parte del sistema de sentido de muchas de tus obras, ¬Ņpor qu√© te interesa cruzar la frontera, la cortina, que separa a la realidad de esas otras realidades probables?

Todo se relaciona. Y habría que volver a la importancia de mi historia personal. Nunca he sido conforme con lo que he vivido. Siempre quiero más. Y siempre me ha dolido mi pasado por no darme lo que necesité justo en la medida y momento adecuados. Por eso la fantasía y esos temas que mencionas han sido como la puerta de escape. Mi primera fantasía, y que nunca escribí, era ser invisible e incorpóreo. Para andar por ahí haciendo maldades al mundo, obtener dinero fácil, ver a las muchachas que amaba en sus casas sin que me vieran a mí, y poder hacer muchas cosas más con total omnisciencia. Eso es algo literario, fíjate, si se quiere, es lo que hacemos los escritores, somos invisibles e incorpóreos en un mundo ilusorio que no existe pero del que sabemos absolutamente todo. Quizás no fuimos sus demiurgos, pero es nuestro mundo y así lo sentimos.

Despu√©s, con las lecturas y ese proceso natural de selecci√≥n, fui descartando temas y qued√°ndome con el misterio, con lo sobrenatural. Eran geniales v√≠as de escape. La realidad me gusta, pero esa la reflejo o la trabajo con el pseudoperiodismo que escribo y con el que me gano la vida, tambi√©n. Con 18 a√Īos entr√© a formar parte de A.M.O.R.C. y la cuerda m√≠stica vibr√≥ en m√≠ para siempre. Esa parte genial de la espiritualidad se colm√≥ de alegr√≠as y me hizo el Hombre que soy ahora‚Ķ y que tambi√©n reflejo y ha sido determinante en mis lecturas y escrituras.

Háblame un poco de tu proceso creativo…

cortesía del entrevistado

Mi proceso creativo quiz√°s no se diferencie mucho del tuyo o del de otros artistas. Es el mismo para cualquiera de las manifestaciones art√≠sticas que trabajo. Por ejemplo, la primera cosa es la idea en s√≠ que viene sola y sin pedir permiso. Si es un tema musical, tengo que tener a mano algo para grabar o escribir la melod√≠a. Por suerte, s√© escribir partituras y tengo el m√≥vil con apks para grabar. Si es un cuento o un texto cr√≠tico, siempre a la mano tengo con qu√© escribir o guardar. Nunca confi√© en la memoria. Pero siempre conf√≠o en ese soplo de la primera l√≠nea, en el primer acorde. Y es genial porque me siento como en las nubes. Ya despu√©s, cuando me siento a desarrollar esas ideas es como si me distanciara de m√≠, como si fuera otro y me estuviera viendo hacer el arte que hago. Feliz, vibrante, mon√°rquico. As√≠ termino lo que sea y espero la opini√≥n de mis amigos, los selectos. Una cofrad√≠a de humanos que me soportan y dan muy buenas opiniones. Mi mujer es la primera en opinar, periodista de profesi√≥n, y con una sapiencia exquisita. As√≠ va rodando la obra hasta que pareciera que ya est√° terminada. Y cuando sale al mundo, me doy cuenta de que no puedo con ella. No la soporto. Empiezo a verle miles de defectos y la detesto, para siempre. Por eso no puedo leer mis libros ya publicados, ni mis dibujos, ni la m√ļsica que compongo. Es terrible. Altamente doloroso.

El mundo del teatro forma parte indiscutible de tu realidad como artista, ¬Ņhasta qu√© punto sientes que la comprensi√≥n de la teatralidad ha impactado en el sentido narrativo de tus libros?

Vivir el teatro tanto como aficionado como profesionalmente me ha desarrollado, adem√°s, como ser humano. Yo era un rocker t√≠mido y con mucho que callar, pero el teatro me abri√≥ las puertas del pecho e hizo que salieran una a una mis angustias, mis congojas y hasta las piedras de mis zapatos. Me ha dado no solo el sentido de la espacialidad, todo existe con una funci√≥n determinada en este mundo sino, tambi√©n, el de la humanidad. Somos humanos por una cualidad y no por otra; y con un fin determinado estamos en este mundo y no en otro. Aparte de ello, el teatro me hizo aprender de la t√©cnica sin necesidad de ir a la escuela, ni de pasarme a√Īos estudi√°ndolo. Solo lo viv√≠, y me aliment√©, vest√≠, de ello. Fui muy feliz en el teatro como mismo lo soy gracias a A.M.O.R.C. que tambi√©n dise√Ī√≥ el dibujo de lo que ser√≠a, luego, mi personalidad. Adem√°s, me dio todas las herramientas para que en el futuro me dedicara a escribir cr√≠ticas teatrales, asunto que me fascina.

¬ŅC√≥mo trazas la arquitectura de un libro de relatos?

A veces un libro me surge con la misma fuerza de la primera l√≠nea del primer cuento o parte, as√≠ como el t√≠tulo. Muy raras veces desarrollo el libro con los cuentos ya escritos y reunidos despu√©s. Es un todo en com√ļn que me ayuda a que sea m√°s cerrado el sentido de este. Me ayuda a que, despu√©s, se comprenda mejor lo que quise decir, aunque esto no significa que la idea primigenia se mantenga inamovible durante a√Īos.

Hay libros que he demorado m√°s de ocho a√Īos en publicar desde la primera vez que lo escrib√≠ y han sufrido tantos cambios que ya ni se parecen a la idea inicial; pero son los que m√°s me han dado placer y han quedado m√°s en la memoria de algunos lectores. Alguna que otra vez dibujo el libro que quiero hacer y trato de guiarme por ese plano. As√≠ tambi√©n me funciona. El asunto es que veo al libro de cuentos como un juguete de arme y desarme. En el deseo juvenil de transgredir los l√≠mites, intento romper esquemas como los de un cuento detr√°s del otro aunque, en esencia, sea esa la forma. No creo que exista otra manera de armar un libro de cuentos. Nadie puede poner dos cuentos a la vez, o todos los cuentos a la vez, que no sea uno detr√°s del otro. Es como la pintura. Uno trata de darle riendas sueltas a la imaginaci√≥n o a la musa, pero casi siempre traza un plan, una forma.

El dise√Īo, tanto teatral como editorial, ¬Ņde qu√© manera complementa tu vocaci√≥n como escritor y qu√© comprensi√≥n del universo de la industria del libro te ha ense√Īado?

Me veo menos como dise√Īador. Es as√≠ de sencillo. Es un oficio, una manera digna y profesional de ganarme el dinero y asegurar el futuro. Pero no creo que el dise√Īo haya contaminado mi vocaci√≥n de escritor; m√°s bien a la inversa. Al dise√Īo le hallo correlatos como escritor. Y justifico un trazo o una forma de la manera m√°s conceptual posible, como si con ello estuviese haciendo literatura. Es curioso, pero las cosas ocurren as√≠, a la inversa. No le resto el valor al oficio de dise√Īar, pero tampoco le doy el papel determinante sobre mis otras profesiones.

Al dise√Īar a tus personajes, ¬Ņqu√© recursos empleas? ¬ŅSientes que la Psicolog√≠a te dot√≥ de un set de conocimientos sobre la mente y el alma humana que has podido, despu√©s, verter en tus historias?

Llegu√© a la Psicolog√≠a despu√©s de ser escritor. Y me hice consciente de algunos elementos psicol√≥gicos de mis personajes cuando estaba en la carrera. Nunca lo hice consciente, ni ahora que ya estoy graduado. Son pr√°cticas que uno va adquiriendo de las lecturas que hace. Creo, como dec√≠a Robert L. Stevenson, que los personajes literarios son como cubos de papel. Como cubos de papel que se van armando de personalidad mientras voy corrigiendo las historias. No los trazo. Los veo andar. No les hablo, les permito hablar. A veces, conscientemente, los copio de la realidad o de m√≠ mismo. Y transfiero conocimientos que tengo de otros en ellos y los disfrazo para no descubrir alguna cosa, alg√ļn mensaje secreto que dejo en el cuento. Por lo general se me ocurre la historia, no los personajes. Ellos son parte del escenario. Son las herramientas para transmitir una idea. S√© que suena feo. S√© que pareciera una cosa morbosa, cruel. Pero as√≠ es. No creo que hacerlo de otra forma sea m√°s caritativo solo por parecer m√°s humano. Los personajes de mis historias son peleles que se mueven a mi antojo. Eso s√≠, tienen un basamento personol√≥gico real, basado en m√≠ y, quiz√°s por eso, parecen m√°s psicol√≥gicos o m√°s reales. Pero no dejan de ser cubos de papel.

De tus libros (los in√©ditos, los publicados), ¬Ņcu√°l ha quedado tatuado en tu memoria y por qu√©? Si tuvieran que reconocerte por uno solo de esos libros, por una sola de esas historias, ¬Ņcu√°l elegir√≠as?

Mi primer libro, en el a√Īo 99. Mi primera persona, porque fue Yamil√© Tab√≠o Rodr√≠guez la mujer que me invent√≥ como escritor, la que me ayud√≥ y alent√≥ a armar ese libro de cuentos. Lo mandamos a un concurso y fue mi primer concurso nacional en el que sabore√© la victoria. En ese primer libro estoy yo m√°s al desnudo. Est√°n historias de fantasmas y cosas imaginarias que siempre me fascinaron. Est√°n Borges y Cort√°zar, Bach y Picasso. Ah√≠ est√°n mis otras lecturas y mi deseo de ser querido por los lectores y apreciado como escritor. Asuntos que a√ļn est√°n pendientes. Ah√≠ est√°n mensajes en clave para amantes que tuve y que eran casadas y que no se pod√≠an decir todas las cosas que normalmente uno les dice a las amantes. Era una gran complicidad. Como mi segundo libro, Esquijarosa, que es el apellido de mi segunda novia en la vida, alguien que signific√≥ bastante para m√≠. Y fue como un punto m√°gico porque fue, adem√°s, mi segunda mujer en la vida sexual y eso, aunque nadie lo diga, tiene tanto significado como la primera.

Mirar con ojos cr√≠ticos la obra de otro creador es un ejercicio de riesgo, ¬Ņc√≥mo lo afrontas? ¬ŅCu√°l es la √©tica necesaria a la hora de ejercer la cr√≠tica? ¬ŅPor qu√© hemos colocado en picota la cultura del debate y del disentir?

Siempre tengo una opinión sobre cualquier cosa que veo, oigo o digo. Y expresarlo me es fácil. Los pensamientos con criterios fluyen en mí con soltura y logro hilvanarlos. Prefiero más decir que no equivocarme en el criterio. El ejercicio de la crítica es de puro pensamiento. Y no se trata de ser certeros o de poner la verdad al descubierto; se trata de hacer pensar. Cuando tienes un pensamiento genuino es fácil ser polémico. Así soy. Pienso, pienso, y con ello soy polémico. Lo otro es que no tengo miedo de decir eso que pienso, sea bueno o malo. Pero siempre trato de ser constructivo. De que mi opinión sirva para ver la realidad desde otro punto de vista y que la solución parezca, al menos, más palpable. Esa es la ética que me signa.

Disentir no creo que sea el problema. El problema está en disentir un ateo en medio de una misa religiosa, o un satanista en medio de una reunión cristiana. Ese es el punto que muchos no entienden y quieren hacerse entender como disidentes así por así. Es algo complejo, sin dudas. Se ha puesto ahora mismo en la cima de toda la realidad cubana porque muchos no han sabido dialogar y otros no han sabido hacerse entender. A la fuerza no se logra nada. Lo primero es el respeto. Lo primero es escuchar, pero si yo te digo que no quiero dialogar, es mi derecho. Y mi derecho también es entenderlo y aceptarlo.

¬ŅEs la escritura un oficio solitario? ¬ŅC√≥mo interpretas t√ļ la soledad a la hora de sentarte frente a la potencialidad de la p√°gina en blanco?

Si no hay soledad, no hay arte. Porque el arte comunitario existe porque hay un solo y √ļnico receptor, al menos, la primera vez. Eso somos los artistas, los primeros receptores. Alguien nos escogi√≥ a nosotros para transmitir un mensaje y all√° vamos, a duplicarlo y a transmitir. Pero si estamos en compa√Ī√≠a de seres queridos, de distracciones y esas cosas, quiz√°s no podamos concentrarnos ni recibir bien el mensaje.

Tengo amigos que escriben en la multitud de un parque, pero cuando les pregunto, no son capaces de decirme que está ocurriendo a solo unos pasos de ellos. Por lo tanto, la concentración es esencial y, con ello, la soledad es tanto íntima como exteriorizante. Te puedes aislar del mundo en medio de una multitud aplastante.

En mi carrera de Psicolog√≠a, estudi√© los procesos de concentraci√≥n y pensamiento, y estaba m√°s que claro que nadie pod√≠a hacer m√°s de dos cosas al mismo tiempo. Por lo tanto, si es as√≠, cient√≠ficamente: ¬Ņc√≥mo puedo yo hablar con mi novia y, a la vez, escribir un gran cuento? No podr√≠a, jam√°s. Por ello, el arte es un ejercicio en solitario. Incluso en el arte grupal, esa de grupos creativos. Tienes que tener un momento a solas para generar ideas y luego ampliarlas en el colectivo o cambiarlas, mejorarlas, en fin.¬† Siempre la idea base nace en la soledad de uno mismo. Porque es as√≠. Creo yo. No quiero ser absolutista.

¬ŅCu√°les son las principales carencias y excesos, en materia escritural, que acompa√Īa a la literatura que se hace en Cuba, en estos tiempos?

No creo que las principales carencias en materia escritural en Cuba tengan que ver con la censura como algunos predican por ah√≠. Sin ser un especialista en la materia, pienso que la principal barrera est√° en lo material. No todo el mundo tiene 600 hojas en blanco para imprimir su obra y mandarla a un concurso, o un poco menos para enviarla a una editorial. Porque para escribir solo se necesita talento y algo que decir. Y, luego, el espacio para que se haga visible tu obra. Al final, la censura siempre va a existir porque es un mal social que no se deslinda de la moral. Sabemos que la moral tiene que ver con las leyes de la convivencia c√≠vica, con lo establecido por una sociedad y su tiempo. Nadie deber√≠a ir contra ello y despu√©s reclamarle a la censura. Es algo tonto. Porque, de verdad, yo siempre he cre√≠do que no hago nada escribiendo sobre abusadores sexuales de ni√Īos en una sociedad que deplora ese tipo de actitud. Irremediablemente, ser√© vetado o censurado en alguna parte del camino. Entonces, ¬Ņen qu√© sociedad ser√° permitido cualquier tipo de expresi√≥n art√≠stica? ¬ŅPor qu√© pensar que ese tipo de actitud solo se tiene en Cuba cuando la historia del arte universal est√° plagada de actos censurados desde Raphael hasta The Beatles? Y a√ļn hoy. Fuera de Cuba, ¬Ņcu√°ntos artistas no han sido vetados por otros por diferentes motivos? La lista es enorme. Lo triste es que solo los ca√Īones se enfilen hacia Cuba y su Revoluci√≥n. No creo que la censura sea un mal necesario. No. Es deplorable. Pero orinar contra el ventilador me parece est√ļpido. Y m√°s a√ļn cuando despu√©s se arma una campa√Īa para defenderlo. ¬ŅAlguien tiene derecho a orinar contra el ventilador? Por otra parte creo que, si alg√ļn lugar de este mundo es consecuente ahora con el di√°logo entre el artista y el Estado, es en Cuba. Stephen King nunca me ha dicho que se ha reunido con los dirigentes del Congreso que √©l mismo eligi√≥ para decirles alguna inquietud social o pol√≠tica que tenga; y nosotros lo hacemos a cada rato desde una asamblea de la UNEAC o de la AHS. Eso es leg√≠timo. Es un logro de esta Revoluci√≥n.

Ahora bien, que haya artistas que no pertenezcan a ninguna de estar organizaciones y necesiten un espacio de di√°logo, es otra cosa. Bien justa y leg√≠tima. Pero no tiene que ser a la fuerza. El di√°logo para que sea di√°logo tiene que partir del consenso de ambas partes; si no, es imposici√≥n. El Estado cubano: ¬Ņtiene la obligaci√≥n de dialogar con todos los habitantes de la isla? S√≠, lo creo, pero tambi√©n tiene el derecho de no dialogar, porque si no estar√≠a siendo esclavizado por una parte de una poblaci√≥n que quiere di√°logo, que quiere otra cosa. Es algo complejo que merece m√°s de un an√°lisis. Por el momento, yo he tramado mi literatura hasta donde he querido. He escrito lo que pienso y lo he publicado. Nunca he escrito algo que no sienta. La censura nunca me ha tocado un pelo porque mi arte sigue siendo libre y soberano como mi bandera.


¬ęEs imposible crear sin exponerte¬Ľ

Marlon Duménigo sabe que la literatura se asume como un ejercicio de riesgo. La literatura es un salto al vacío de la (in)certidumbre. Con sus historias, este joven escritor refleja uno de los ángulos de lo real. Ha escogido el vehículo de la palabra escrita para llegar a los otros. Contar es, bien lo sabe, un acto de valor y de supervivencia.

Hay quienes refieren que la literatura les lleg√≥ de repente, que el acto creativo los sorprendi√≥ en la vida cuando no pensaban, ni siquiera, ser artistas. Otros hablan de un llamado temprano de la vocaci√≥n. ¬ŅCu√°l es tu historia: c√≥mo descubres que este era el camino, o uno de los caminos, que te interesaba transitar?

Mi primer intento de hacer literatura fueron unas cuantas poes√≠as rimadas que escrib√≠ a los 12 o 13 a√Īos, y que mi madre a√ļn conserva y se empe√Īa en mostrar como un trofeo infantil a los conocidos m√°s cercanos. Digo intento a riesgo de que le palabra le quede grande, pues fueron apenas pinceladas de creaci√≥n, su principal valor radica en la necesidad de expresar ciertas ideas y que el canal escogido sea precisamente la palabra escrita. M√°s tarde, en el servicio militar, llevaba siempre en el bolsillo derecho del pantal√≥n una libreta doblada y un lapicero que usaba en los ratos libres para conformar una especie de bit√°cora que, adem√°s, conten√≠a vi√Īetas y reflexiones cortas; concebidas bajo la premisa de ‚Äúser escritas solo para m√≠‚ÄĚ. De hecho, llen√© m√°s de una libreta (al final no se cumpli√≥ eso de que eran para m√≠, pues todas se perdieron), aunque por ese entonces tampoco podr√≠a definirlo como una vocaci√≥n. Lo m√°s parecido a eso llegar√≠a m√°s tarde, en 5to a√Īo de la carrera de Ingenier√≠a en Ciencias Inform√°ticas y, esta vez, para bien o para mal, se cumpli√≥ el axioma de que a la tercera va la vencida. Entonces tuve la gu√≠a de Anisley Miraz Lladosa, una poeta que me anim√≥ a la escritura y a presentar mis textos al concurso de talleres literarios de Trinidad, mi Macondo, la ciudad donde viv√≠ hasta los 23 a√Īos.

La velocidad de los res√ļmenes hace que no mencione otros nombres y t√≠tulos de libros que influyeron de manera consciente o inconsciente en el deseo de convertirme en escritor. Un deseo que cobr√≥ otra dimensi√≥n mientras cumpl√≠a el servicio social en La Habana, cuando entr√© al Centro de Formaci√≥n Literaria ‚ÄúOnelio Jorge Cardoso‚ÄĚ y al Taller de Ciencia Ficci√≥n y Fantas√≠a Espacio Abierto. Creo que este fue el punto de no retorno. Era la primera vez en mi vida que estaba rodeado de escritores, de personas con aspiraciones creativas similares a las m√≠as y fue la primera vez que sent√≠ una retroalimentaci√≥n. Ese saber que hay otros como t√ļ, con los mismos bloqueos literarios, ansias de publicaci√≥n, cuentos inacabados y deseos de abandonarlo todo en alg√ļn punto, pero que siguen en el camino de la literatura a pesar de todo. En mi caso, porque la literatura, tras casi diez a√Īos, consigue emocionarme de la misma forma. Hace que me levante a las 5:45 de la ma√Īana a intentar mejorar un texto y lo hago con toda la energ√≠a disponible. Eso tiene que significar algo. Solo si dejo de emocionarme con la literatura dejar√© de escribir.

¬ŅSientes que existe una pauta, una constante, en tu proceso creativo, u optas por ser libre de cadenas vinculadas al ejercicio del oficio o a la costumbre escritural?

Al principio bastaba con la soledad y el caf√©. Me sentaba a escribir cuando me sent√≠a inspirado y rechazaba hacerlo esos d√≠as en los que procrastinar se vuelve tendencia. Luego asum√≠ cierta disciplina. Actualmente escribo cinco d√≠as a la semana. Con el tiempo fui incorporando, adem√°s, rutinas que hacen m√°s predecible o menos extra√Īo el proceso creativo. Escribo por lo general en las ma√Īanas, entre las 6:00 y las 9:00, con el ruido del ventilador de fondo. Solo tomo caf√© mientras escribo y nunca comienzo a escribir la historia hasta tener la primera oraci√≥n exacta. A veces tengo el resto del cuento o del cap√≠tulo en la cabeza y no lo comienzo hasta encontrar esa primera l√≠nea que dicta el tono de la historia. Cuando tengo bloqueos literarios recurro al manuscrito, lleno decenas de p√°ginas de tinta azul o negra y caligraf√≠a apurada que, muchas veces, no representa otra cosa que desechar caminos, decantar posibles finales o di√°logos que reescribo hasta reencontrarme con el tono o la idea que me permita volver a enfrentarme al teclado y la pantalla definitiva en la laptop.

¬ŅCu√°les sientes son los ‚Äúsiete pecados capitales‚ÄĚ de un autor?, ¬Ņqu√© entorpece la creaci√≥n?

El acto creativo es tan personal que se vuelve casi imposible elaborar listas sobre lo que debe o no hacerse. As√≠ que quiz√°s esta sea la respuesta m√°s arriesgada de todas. Para hacerlo menos dif√≠cil me tomo la libertad de no mencionar factores subjetivos como los estados de √°nimo. En mi lista, el orden no obedece a jerarqu√≠as, √ļnicamente a un sentido num√©rico indispensable para no pasarnos horas mencionando posibles ‚Äúpecados capitales‚ÄĚ de un escritor.

  1. No leer.
  2. No reconocer cu√°ndo abandonar un texto.
  3. Editar mientras se escribe.
  4. No dejar ‚Äúenfriar‚ÄĚ los textos una vez terminados.
  5. Procrastinar en exceso.
  6. No ser receptivo a las críticas.
  7. Subestimar los títulos.

¬ŅLos premios te han sido esquivos o conf√≠as que existe una arquitectura en tu vida creativa que te llevar√° a alg√ļn punto en espec√≠fico? ¬ŅConf√≠as en la din√°mica de los premios?

Honestamente, hubiera preferido ganar m√°s premios de los que tengo hasta ahora. Sobre todo porque los premios son en este momento la v√≠a m√°s expedita para un autor de publicar su obra en Cuba y, probablemente, la √ļnica que le asegure cierta promoci√≥n. Como autor me queda intentar ser mejor en cada texto. Si los premios llegan, por supuesto que ser√°n bienvenidos. No renuncio a los concursos como tampoco a otras v√≠as para hacer llegar mi obra a los lectores. Al fin y al cabo no basta un premio para legitimar la calidad de una obra.

Dentro del gremio suele pasar que asociamos los nombres de los autores a sus premios, as√≠ podemos citar de memoria los premios de X autor, pero rara vez podemos mencionar los t√≠tulos de sus libros. Se debe crear expectativa alrededor de la obra galardonada. Garantizar que cuando se publique, un a√Īo despu√©s, esta no pase desapercibida entre las noticias generadas sobre los nuevos ganadores.

cortesía del entrevistado

¬ŅCu√°les te parecen son los principales problemas de la literatura joven actual? ¬ŅSon problemas vinculados al mundo exterior (sistema de premios, consolidaci√≥n editorial, industria del libro, etc.) o m√°s bien relacionados con el mundo interior del creador y sus relaciones con su propia obra?

Pienso que entre los problemas de la literatura hay algunos recurrentes: el tema de los premios, la promoci√≥n, la cr√≠tica literaria y la inserci√≥n en el mercado editorial. Si hablamos sobre autores j√≥venes, estos tema cobran a√ļn m√°s vitalidad porque son escritores que no est√°n consolidados y requieren estas oportunidades, aprovechar los focos de atenci√≥n generados por un galard√≥n m√°s o menos importante, alguna cr√≠tica sobre su trabajo, una s√≥lida campa√Īa de promoci√≥n, para comenzar a formar parte del imaginario de un posible lector.

Incluso la propia etiqueta de ‚Äúliteratura joven‚ÄĚ puede generar predisposici√≥n, pues se puede interpretar como la referencia a una promesa, a un escritor que a√ļn necesita madurar. Y, aunque es cierto que el oficio de escritor requiere de experiencia, considero un error asociar la edad a la falta de madurez creativa. Se puede hacer buena y mala literatura a cualquier edad. Conozco varios escritores j√≥venes, publicados e in√©ditos, que muestran una calidad extraordinaria en sus textos, que sencillamente hacen buena literatura, a secas.

¬ŅEs la literatura un proceso de fricci√≥n entre la realidad del autor y la de sus personajes, o ambas esferas coinciden en alg√ļn punto? ¬ŅC√≥mo te sucede a ti?

Tiene un poco de las dos cosas. Desde el punto de vista de la historia, los personajes tienen vida propia y se desenvuelven de acuerdo a un argumento narrativo que la mayor√≠a de las veces no tiene puntos de contacto con la realidad del autor. Pero la literatura, adem√°s de argumento y estilo, necesita emoci√≥n. Es muy dif√≠cil transmitir emoci√≥n si no se ha sentido antes, creo que en este punto es donde el autor apela a su propia experiencia, ya sea apoy√°ndose en situaciones vivenciales o porque ha recreado tanto la escena que termina vivi√©ndola de alg√ļn modo. Al menos ese es el recurso que utilizo. Ponerme en el papel del personaje, intentar sentir y reaccionar como lo hubiera hecho √©l ante una determinada situaci√≥n, pero desde mis emociones, que son el √ļnico recurso a mi alcance para hacerlo lucir veros√≠mil.

Los actores siempre ponen algo de sí mismos a los personajes, creo que sucede parecido con los escritores. Es imposible crear sin exponerte un poco.

¬ŅCu√°les son las historias que te interesa contar y los personajes que quieres representar?

Me interesan las historias en las que pueda sorprender, historias que dejen sensaciones encontradas. En las que pueda llevar al límite situaciones cotidianas, encaminarlas hacia niveles de realidad que, por lo general, mudan hacia el absurdo o el surrealismo, sin perder ese toque de verosimilitud que las haga palpables al lector, casi posibles. Me interesa trabajar con ese nivel de realidad en el que, si das un paso en una dirección, caes en la fantasía y, si vas hacia el otro, te das de bruces con tu propia existencia.

En cuanto a los personajes, me atrapan los matices. El de la historia de vida triste y que aun así te provoca una sonrisa amarga, el que se esfuerza por hacer lo correcto y termina jodiéndolo todo. Personas comunes que de pronto se encuentran en medio de conflictos inesperados que las obligan a tomar decisiones en apariencia irónicas; personajes que dialoguen sin parecernos ajenos, con nuestra percepción de lo conveniente, de lo negativo, de los estereotipos.

Existe el mito del escritor ‚Äútodoterreno‚ÄĚ, el escritor que muchos g√©neros abarca, ¬Ņasumes de alguna manera este calificativo o prefieres apostar tus cartas en un solo sentido?

Hace algunos a√Īos incursion√© en la poes√≠a, pero me considero narrador. Es el g√©nero donde me siento m√°s c√≥modo y el que se acerca m√°s a mis intereses creativos. Aunque admiro a los escritores que son capaces de moverse dentro de varios g√©neros y saltan del teatro a la poes√≠a o al ensayo, prefiero apostar por el cuento y la novela. Eso no descarta que en alg√ļn punto decida recorrer otros derroteros literarios.

¬ŅHas renunciado a escribir alguna historia? ¬ŅPor qu√©?

Prefiero utilizar el t√©rmino aplazar, acaso un eufemismo con el cual sentirme menos culpable o tornar menos flagrante ese temor a involucrarme en una novela hist√≥rica que lleva a√Īos orbitando entre mis proyectos, y que siempre se aplaza un a√Īo m√°s. Adem√°s de algunos cuentos cortos que he dejado a medias o ni siquiera he comenzado porque s√© que no dan para m√°s y que ni siquiera vale la pena mencionar. Esta novela biogr√°fica sobre uno de los deportistas cubanos m√°s destacados del pasado siglo ser√≠a la respuesta a la primera parte de tu pregunta. ¬ŅPor qu√© no me decido a escribirla? Porque siento que a√ļn no estoy listo para enfrentarme a una investigaci√≥n que podr√≠a durar a√Īos antes de escribir la primera l√≠nea de la novela. Porque necesito terminar antes con otros libros que est√°n a medio camino y aprovechar esa certitud, esa alegre confirmaci√≥n de haber concluido otras novelas, para superar las crisis y los bloqueos que estoy seguro me asaltar√°n en ese otro proyecto, que irremediablemente tampoco empezar√© en el 2021.

¬ŅExiste la autocensura? ¬ŅLa has sentido?

Un doble s√≠ a tus preguntas. Existe la autocensura y, de hecho, afecta de forma notable la calidad literaria. La he sentido, a veces de forma m√°s evidente en cuanto a un argumento, un personaje; otras en formas tan sutiles como esa necesidad de edulcorar ciertas frases que pueden resultar r√≠spidas, inc√≥modas… Vale aclarar que aunque resulte obvio, la autocensura no es un acto inherente al escritor, es una reacci√≥n a la censura y, como toda reacci√≥n, a veces genera un efecto m√°s destructivo porque es el propio autor quien desarrolla mecanismos para limitar y socavar sus engranajes.

Lo peor es que se ha vuelto casi natural, una parte del proceso creativo y da al traste con muchas obras que terminan convirti√©ndose en historias fr√≠as, carentes de esp√≠ritu, por el simple hecho de estar pendientes al ‚Äúqu√© dir√°n‚ÄĚ. Y no solo el ‚Äúqu√© dir√°n‚ÄĚ los decisores o las personas encargadas de evaluar o censurar tu texto, muchas veces se trata de c√≥mo puedan reaccionar ante determinada historia tu familia, colegas, amigos… Pero es muy dif√≠cil hacer arte con tantas concesiones. Si el arte se empe√Īa en ser complaciente se convierte en un simulacro.

cortesía del entrevistado

El papel del autor como autopromotor, ¬Ņlo defiendes?

Definitivamente. Sobre todo en el contexto cubano en el que los espacios de promoci√≥n son tan limitados. Las alternativas de los autores de crearse p√°ginas de Facebook, perfiles en Instagram, gestionarse espacios de presentaci√≥n y otras estrategias con las que llegar al lector me parecen no solo una opci√≥n v√°lida, sino necesaria. Lo que me parece absurdo es que toda la responsabilidad de promoci√≥n recaiga en el autor. Que las editoriales asuman que el trabajo est√° concluido una vez que se imprime el libro, cuando en realidad es ah√≠ donde empieza lo dif√≠cil: llamar la atenci√≥n dentro de un mercado literario plagado de propuestas, muchas de ellas interesantes. Adem√°s, el libro no solo compite contra obras literarias: se enfrenta a Internet, a sus redes sociales y sus algoritmos especializados para captar y mantener la atenci√≥n de un ser humano durante horas. Si pretendemos que el libro llegue al lector, no basta con una presentaci√≥n en la Feria. Son necesarias muchas, much√≠simas otras acciones de promoci√≥n y, de alg√ļn modo, los escritores aprovechamos los canales digitales para hacerlo. Con impericia, cierto, improvisando sobre la marcha, con las limitaciones propias de los que intentan, qu√© remedio, reemplazar el rol promocional que deber√≠an cumplir las editoriales.

Si pudieras elegir a un autor, vivo o muerto, con el que escribir a dos manos un cuento o una novela, ¬Ņqui√©n ser√≠a?, ¬Ņpor qu√©?

William Faulkner. Cuando pienso en autores es el primer nombre que arriba siempre. Despu√©s de leerlo nada qued√≥ en su sitio. Todas las lecturas posteriores estuvieron signadas por una comparaci√≥n ¬ŅMejor que Faulkner? No, ni de lejos. Faulkner al derecho, Faulkner al rev√©s. Definitivo. Jodidamente Faulkner.