Cuento


Pedazos de nube para iniciar el Celestino

El XXIV Premio Celestino de Cuento inició en Holguín con la apertura de la exposición de carteles Pedazos de nube de Alejandro Zaldívar y la presentación del jurado de esta edición, que se extenderá hasta el próximo día 10 con un amplio programa de actividades.

Las piezas de este joven artista digital, quien tiene a cargo adem√°s la visualidad de la campa√Īa de promoci√≥n del libro y la lectura de Ediciones La Luz y la del propio Premio, constituyen una evocaci√≥n a la novela Celestino antes del alba, de Reinaldo Arenas, a quien este a√Īo se dedica, junto con otros autores, el Premio al celebrarse su 80 natalicio.

Fotos Bernardo Cabrera

Fotos Bernardo Cabrera

El escritor holguinero Eugenio Marr√≥n, en las palabras de presentaci√≥n de la muestra, abierta al p√ļblico este lunes en la sede de La Luz, destac√≥ que lejos de ser un mero reproductor del libro a trav√©s de figuraciones m√°s proclives a colocar en un espejo frente a las p√°ginas, Alejandro se adentra en lo temerario de otras v√≠as a trav√©s de su personal elecci√≥n.

Adem√°s, convierte la lectura figurativa del texto en la reconstrucci√≥n imaginativa del mismo, y en ese rumbo, se adentra en la novela no con los ojos del lector, sino con los del artista que se apropia de todo lo refulgente ‚Äďaves, flores, cuerpos, centelleos, p√°lpitos‚Äď para entregar su Celestino personal, desde lo viable del arte digital, a√Īadi√≥ Marr√≥n.

Fotos Bernardo Cabrera

Por su parte, el jurado est√° presidido por el narrador y guionista de cine Senel Paz, y compuesto por Atilio Caballero y el propio Marr√≥n, quienes deliberar√°n entre las m√°s de 20 obras en concurso, para, como cada a√Īo, finalizando el evento, entregar el Premio Celestino.

Como parte de esta jornada inaugural se presentó el documental Cosme. Un enorme juego con el tiempo, de Alejandra Rodríguez Segura, como homenaje al artista de la plástica Cosme Proenza, colaborador del Premio, al entregar un grabado suyo al ganador.

Fotos Bernardo Cabrera

Hasta el pr√≥ximo d√≠a 10 esta cita literaria, una de las m√°s esperadas en el pa√≠s por los j√≥venes escritores, desarrollar√° un variado programa que incluye conferencias, paneles, presentaciones, homenajes, exposiciones y lecturas. Adem√°s de los 80 a√Īos de Arenas, el certamen dedica sus jornadas al centenario del natalicio del escritor italiano nacido en Cuba Italo Calvino, a los 90 a√Īos del mexicano Sergio Pitol y al 70 del chileno Roberto Bola√Īo.

Varios paneles abordar√°n aspectos de la vida y obra de estos reconocidos narradores, moderados por los escritores Erian Pe√Īa Pupo y Adalberto Santos, y con la presencia de varios autores cubanos como Manuel Garc√≠a Verdecia, Marbelis Marrero, Mariela Varona, Irela Casa√Īas, Rub√©n Rodr√≠guez y Eugenio Marr√≥n. Adem√°s se rendir√° homenaje a Eduardo Heras Le√≥n, escritor y maestro de numerosas generaciones de narradores cubanos, a quienes impuls√≥ a trav√©s del Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso.

Fotos Bernardo Cabrera

Organizado por Ediciones La Luz y la AHS, el Celestino contará con la presentación de varias novedades editoriales, como Girasoles en el fin del mundo, de Elaine Vilar Madruga, galardonado del XXI Celestino; el audiolibro Un cuento diferente cada noche. Voces de Celestino, y el libro infantil Cuentos nuevos que parecen antiguos, de Luis Caissés.

Auspiciado adem√°s por el Centro Provincial del Libro y la Literatura y la Direcci√≥n Provincial de Cultura, el Premio Celestino surgi√≥ en 1999 como homenaje a la importante novela de Reinaldo Arenas Celestino antes del alba, y su primera edici√≥n lo recibi√≥ el narrador y periodista holguinero Rub√©n Rodr√≠guez Gonz√°lez con ‚ÄúFlora y el √°ngel‚ÄĚ.

Fotos Bernardo Cabrera

Fotos Bernardo Cabrera


En su XXIV edición, Celestino alucina

La vig√©simo cuarta edici√≥n del Premio Celestino de Cuento reserva una serie de homenajes. La conferencia realizada en horas de la ma√Īana en el sal√≥n Abrirse las Constelaciones en la propia sede de Ediciones La Luz, anunci√≥ a la prensa que el evento que sesionar√° del 5 al 10 de junio, estar√° dedicado a los aniversarios 70 de Roberto Bola√Īos, 80 de Reinaldo Arenas, 90 de Sergio Pitol, y 100 de √ćtalo Calvino.

La apertura prevista para el día 5 de junio a las 6:00 p.m. contará con la presentación del jurado que para esta ocasión honran los prestigiosos escritores Senel Paz, Atilio Caballero y Eugenio Marrón. Con la proyección además del documental Cosme: un diálogo infinito con el tiempo, de Alejandra Rodríguez Segura, y la exposición personal Pedazos de Nube, del artista visual Alejandro Zaldívar, inician las actividades de uno de los certámenes literarios más importantes del país.

El editor, poeta y director del sello holguinero de la AHS en Holguín, Luis Yuseff, anunció además que esta semana estará cargada de sorpresas con la presentación de libros muy esperados: Cuentos nuevos que parecen antiguos, de Luis Caisés, y Girasoles en el fin del mundo, de Elaine Vilar Madruga, quien resultara ganadora del Premio Celestino en la edición vigésimo primera.  

Sesionar√°n paneles, conferencias, en alusi√≥n a los aniversarios de los reconocidos escritores antes mencionados con debates y pol√©micas en torno a la pol√≠tica cultural, y no faltar√° como es habitual, el espacio dedicado a las editoriales invitadas, Editorial El Mar y la Monta√Īa, Ediciones Holgu√≠n, y los sellos colombianos Editorial Avatares y 9 Editores.

El evento mantiene la gr√°fica acostumbrada, este a√Īo extrapolando c√≥digos de marcada trascendencia visual, donde se patinan espectros y referentes a la inteligencia artificial que hacen del collage una manera muy fresca de representar a un Celestino que este a√Īo alucina.

La presentación del audiolibro Un cuento diferente cada noche. Voces de Celestino, bajo la dirección general de Luis Yuseff y Elizabeth Soto, y el dosier digital que incluirá artículos para un merecido homenaje a los escritores recientemente fallecidos Antón Arrufat y Eduardo Heras León, circularán en las diversas plataformas por las que navega la editorial.

Los paneles, moderados por el escritor Erian Pe√Īa Pupo y con la presencia de varios autores cubanos como Manuel Garc√≠a Verdecia, Marbelis Marrero, Mariela Varona, Irela Casa√Īas, Rub√©n Rodr√≠guez y Eugenio Marr√≥n, abordar√°n la vida y obra de los reconocidos escritores a quien se dedica esta cita.

Como cada a√Īo, finalizando el evento, se entregar√° el Premio hom√≥nimo, luego de que el jurado delibere entre m√°s de 20 obras en concurso; y se tiene previsto adem√°s la visita a Gibara, la Villa Blanca de los cangrejos, con una lectura de autores egresados del Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso.

Auspiciado adem√°s por la Uneac en Holgu√≠n y el Centro Provincial del Libro y la Literatura, el Premio Celestino de Cuento surgi√≥ en 1999 como homenaje a Reinaldo Arenas y su primera novela, Celestino antes del alba, por iniciativa de Ghabriel P√©rez. En su primera edici√≥n lo recibi√≥ el narrador y periodista Rub√©n Rodr√≠guez, con el cuento ‚ÄúFlora y el √°ngel‚ÄĚ.


Zapping: botones de cambio sobre la p√°gina impresa

En alg√ļn momento de esta historia, el Escritor Ambulante muere. No ahora. No en la primera p√°gina. Ni en la segunda. Pero en alg√ļn momento indeterminado el Escritor Ambulante morir√°.¬†

As√≠ comienza este libro. Se anuncia la muerte de un hombre desde el primer p√°rrafo. No es un hombre cualquiera: es El Escritor Ambulante. De alg√ļn modo protagonizar√° las historias, unas veces visible, otras desde la intertextualidad del conjunto. Truman Capote, Freud, Kant, Spielrein ser√°n algunas de las voces tra√≠das para¬† validar la historia. Pero aclaro: el autor no cita de ellas, las trae a la mesa como una confirmaci√≥n visual, como si su presencia justificara el discurso.

El libro comienza hablando sobre El Escritor Ambulante, pero en la primera p√°gina solo hay un flamenco, un bulto rosado que apareci√≥ flotando en la fuente de la plaza. Este ser√°, tal vez, el primer movimiento de c√°mara o el dedo sobre el bot√≥n del mando a distancia para cambiar de canal, porque a nadie le interesa otra historia de un escritor que atraviesa con sus problemas la ciudad. El autor lo sabe, pero es un tipo que se burla de lo netamente psicol√≥gico y convierte, la narraci√≥n, en un campo de batalla, donde lo com√ļn pasa a ser milagroso.

(Te habl√© del flamenco) ¬ŅRecuerdas qu√© hab√≠a un flamenco? Bueno, ni el escritor ni el flamenco son por s√≠ solas im√°genes afortunadas. Vuelves a cambiar de canal. O eso piensas. Pero ya no eres t√ļ: ahora el autor dicta las reglas y en cada p√°rrafo te har√° creer que haces zapping sobre los cuentos para huir de personajes comunes. Como en los grandes comerciales televisivos, no te dar√°s cuenta de la sugesti√≥n.

Y vuelves al control remoto para buscar otra historia.

En la página 27 te encuentras un personaje leyendo un libro. Un libro de sexo, que se deja leer con fluidez. El personaje comienza a excitarse. Disfruta de su alter ego protagonista, que se folla a su madrastra viuda. Lo que sucede a continuación, deja ver una ingeniosa habilidad para rematar ideas, una habilidad que se mostrará con exquisita frecuencia en los demás relatos. El personaje está completamente excitado. Ahora pasan anunciando que ha llegado el picadillo a la tienda. Y el picadillo hace que se le baje la erección a cualquiera.

Hay un excelente manejo del sociolecto de los personajes, siendo f√°cilmente identificables con la primera lectura sus caracter√≠sticas personol√≥gicas. Los referentes contextuales y el expresionismo usado sit√ļan las narraciones en una Cuba contempor√°nea. Sirva de ejemplo un fragmento del di√°logo en la p√°gina 29:

Por la televisión anunciaron un frente frío para estos días y Rubiera nunca se equivoca.

Al fondo Bruno Mars puede cantar Talking to de Moon, un tipo llamado Max Perkins recitar en alta voz El Malestar de la Cultura, e imaginar que sea un largo poema en alem√°n, pero Rubiera es inevitablemente cubano… y Rubiera nun-ca se e-qui-vo-ca.

Los diálogos cortos, situados en oraciones breves, harán la lectura fácil y atractiva, y servirán para mostrar el pulso del autor que se avalancha sobre el lenguaje con un evidente poder de síntesis.

Estamos en presencia de un libro de cuentos, donde predomina la versificación del texto formando un patrón visual estético atractivo y sin congestionar la página.

El narrador no descuida al poeta. Abundan imágenes con una fuerte carga lírica, como si buscara con ello esponjar la caída brusca que provocan algunos diálogos. Los siguientes casos lo ilustra:

‚ÄēNo s√© t√ļ. Pero yo odio al jodido Shakespeare ‚Äēme dice

y yo miro sus manos, dos bloques de granito negro que se

alejan y comienzan a marcar, indómitas, el ritmo lujurio-

so de los tambores salvajes.

 

Subo las escaleras de hierro y la tijera en mi mano es un agujero oscuro que amenaza con devorarlo todo.

El autor de este libro se llama Ragnar Wilfredo Robas. Naci√≥ en Im√≠as (Guant√°namo) en el convulso a√Īo de 1989, cuando para el mundo ca√≠a el Muro de Berl√≠n y en Cuba, el H√©roe de la Rep√ļblica Armando Ochoa era acusado de alta traici√≥n. Nace el mismo d√≠a que los grandes poetas Retamar y Sucre, de madrugada, como para romperles el sue√Īo a todos. Y lo consigue: este libro que presento no te dejar√° dormir hasta que lo termines.

A sus 33 a√Īos, Wilfredo ya tiene una s√≥lida obra en constante construcci√≥n. Poeta, narrador, pintor e ilustrador. Su primer libro, Punto de Quiebre, lleg√≥ a los lectores por la editorial El Mar y la Monta√Īa, en 2017. Un libro de poes√≠a que disfrut√© hasta el encogimiento.

Zapping es otra cosa. La prestigiosa Editorial de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z, Ediciones La Luz, tiene a bien publicar estos 17 cuentos, con la edici√≥n de Adalberto Santos y el dise√Īo de Robert R√°ez. La imagen de cubierta es de Annel√≠ Pupo, que no solo generar√° el click sobre el disparador, sino que protagonizar√° la historia. Y digo historia, en singular, porque el lector se enfrentar√° a una secuencia de im√°genes individuales que ir√°n construyendo la panor√°mica de una historia central. Los personajes interactuar√°n, como si de una p√°gina a otra se gritar√°n en alta voz los improperios, la lectura de Proust, mientras alguien con los dientes afilados le hace a otro el sexo oral.

Sospecho que al leer este libro reconocer√°s alguno de los personajes, como un hijo, que con un palo de ocuje, espanta las auras para que no lleguen al cad√°ver de su padre. Porque, seg√ļn Ragnar, uno puede matar a su padre, pero no puede dejar nunca que se lo coman las auras.


Ojos para mirar los paraísos azules de Martha

¬ŅSabes de ese momento en el que te quedas pensando, c√≥mo es posible que no lo hubiese le√≠do antes? Bueno, algo as√≠ pas√≥ aquella ma√Īana de jueves (no s√© por qu√© siempre es jueves cuando descubro cosas). M√°s a√ļn cuando sabes de ese autor, cuando no resulta del todo un ‚Äúno escuchado antes‚ÄĚ, cuando incluso han interactuado en alg√ļn que otro espacio. Pero, me agrada que jam√°s hubi√©semos cruzado ni medio saludo, nada. Tengo la firme convicci√≥n de que prefiero no conocerlos. Agradezco llegar a sus obras despojada de todo juicio previo, sin saber c√≥mo luce su rostro, ni c√≥mo sonr√≠e, ni el sonido de su voz, sin nada que matice. En asuntos de este tipo detesto los matices, pero no es un privilegio del que goce mucho √ļltimamente, sobre todo con los autores m√°s j√≥venes. Y para mi fortuna, as√≠ llegu√© a los dos primeros libros que le√≠ de Martha Acosta √Ālvarez: Ojos para no ver las cosas simples, Premio Celestino de Cuento, 2018, Ediciones La Luz, Holgu√≠n; y P√°jaros azules, Premio Pinos Nuevos, 2016, publicado por Letras Cubanas. Ambos los consegu√≠ en la reci√©n Feria Internacional del Libro de La Habana, 2022. Recuerdo que cuando encontr√© el segundo enseguida me remont√© al primero, hab√≠a fijado el nombre de su autora y lo compr√© sin pensarlo. Obviamente la sab√≠a una narradora cubana contempor√°nea, cercana a mi generaci√≥n. Ten√≠a referencias suyas, pocas, una vez m√°s, repito, toda una suerte seg√ļn mis gustos como lectora; pero algo siempre s√≠ he tenido claro, y es que: a nuestros colegas hay que leerlos, saber c√≥mo se mueve el quehacer literario que nos circunda, que nos est√° marcando como grupo, y en este caso, como en no pocos otros de los revisados los √ļltimos meses, sent√≠ orgullo de la joven narrativa de esta Isla po√©tica.

Una tarde de apag√≥n, quiz√°s un mes y pico despu√©s, comenc√© a leer Ojos para no ver‚Ķ y empezaron a clav√°rseme los dardos en la diana sensitiva de mis gustos literarios. A la ma√Īana siguiente me fui al dentista, ya saben, colas, siempre las benditas colas que aprovecho para leer as√≠ sea recostada a una esquina y comenc√© a llenar el libro de apuntes. Me preocupo cuando no tengo nada que marcar en los libros.

Leo para rese√Īar, porque amo hacerlo, para conocer las nuevas voces, (tambi√©n para de alguna forma estar clara de la competencia). Esta chica es una muy buena competidora. Me ha dado tremendo placer leerme este libro. Tiene un pulso firme, una limpieza estil√≠stica envidiable y un total dominio del lenguaje y sus bondades.

Escribí un viernes 3 de junio, sentada en el salón de espera de la Clínica Estomatológica, aguardando para sacarme una muela. Incluso, una vez dentro, boca abierta en lo que el dentista cargaba la jeringa con la anestesia y traían el instrumental, seguía yo pegada al libro, entre otras cosas para enajenarme de la situación. Así avancé luego ese mismo día por las ciento cinco páginas como analgésico alternativo ante el posoperatorio.

P√°jaros azules lo comenc√© poco despu√©s de haber devorado el primero y, sin temor a dudas, puede uno encontrarse el libro sin portada ni nada que haga alusi√≥n al autor y leer directamente desde el primer cuento: Ojos caleidosc√≥picos y reconocer a Martha enseguida tras aquellas p√°ginas. Existe una coherencia estil√≠stica en toda su obra, una homogeneidad admirable en sus textos, aunque pertenezcan a libros diferentes, que hace que funcionen como una especie de unidad indisoluble. Encontramos en su escritura toda, lo supe luego al leer el plaquet de poes√≠as Distintas formas de habitar un cuerpo (publicado tambi√©n por Ediciones la Luz, Premio de Poes√≠a El √°rbol que silva y canta, 2017), una serie de marcas de agua, presentes en sus creaciones, que basta saber apreciar para reconocerla as√≠ sea en versos sueltos o alg√ļn p√°rrafo de cualquiera de sus cuentos. Tiene todo un stock de recursos literarios que ubica en el momento justo, como si moldeara a mano los vaivenes de las narraciones, y digo esto e imagino unas manos finas pero firmes, de mujer deshabitada por la duda ante lo que hace, modelando un barro literario a su antojo una y otra vez, creando figuras sueltas que luego hilvana con paciencia de tejedora anta√Īa. No encontramos textos densos vanaglori√°ndose de ese stock de t√©cnicas, no, y eso el buen lector lo agradece; encontramos met√°foras llevadas sutilmente hasta lograr im√°genes claras, pero con la tremenda capacidad de golpearte el rostro de a tajo.

Sergio llegó a la casa. Abrazos, palmadas en la espalda, la voz retorcida por verse luego de tanto tiempo. 

El mar era un rect√°ngulo oscuro que adornaba la pared. Quieto. Manso. Dormido. Me sorprend√≠ tambi√©n vigilando al mar. Daba miedo que se despertara en alg√ļn momento, que rompiera su horizontalidad, que se irguiera y caminara hacia nosotros.

Habitación estrecha con vista al mar

(del libro Ojos para no ver las cosas simples)

 

Hoy vimos un p√°jaro azul y nos acordamos de la infancia, de la casa de tablones carcomidos por donde entraba la luz en los amaneceres. Los rayos col√°ndose por los agujeros de la madera hasta la pared. El polvo danzando en la luz, part√≠culas brillantes y locas que no se estaban quietas. Movimientos vivos. Peque√Īos seres m√°gicos que habitaban la luz, y por eso la luz era brillante. Entonces cre√≠amos que los rayos de sol eran cil√≠ndricos, que los cilindros eran las casas de las criaturas. Toc√°bamos la luz con la punta de los dedos, despacio, para no espantar a las criaturas, que se revolv√≠an al tacto de los dedos, como si sintieran cosquillas.

 

Escuchábamos a la tía Jimena haciendo sonidos de amanecer…

 

A veces creía que te estabas muriendo, y que la muerte te hacía bien. Daban ganas de morirse contigo.

 

Ojos para no ver las cosas simples

 

Es esta una se√Īora hecha de todas las tonalidades de la frustraci√≥n.

 Cámara lenta

Dif√≠cil pasar por Falsos genitales sin hacer una pausa antes de proseguir. Resulta una tarea ardua establecer una escala sensitiva, sobre todo eso, sensitiva, entre los seis cuentos que conforman su libro Premio Celestino. Por suerte, la literatura tiene esas clemencias al permitirnos concluir a cada quien seg√ļn queramos, seg√ļn nos convenga, seg√ļn sintamos, y yo decido hacer mi pausa en este texto. No aprecio una literatura con marcaje feminista en la obra de Martha, cosa que acoto no me parece ni bien ni mal, solo se√Īalo, sin embargo, es este un cuento que recrea un plano ficcional con una prostituta inflable que no por eso deja se sufrir en su sint√©tica piel los mismos males que una mujer cualquiera, m√°s all√° de a lo que se dedique.

Abro la puerta del apartamento.

Veo a la prostituta tirada en el suelo.

Irreconocible la prostituta. (Aquí una de las marcas de agua de la autora, ese rejuego con las palabras repetidas).

¬ŅQui√©n te hizo esto?, pregunto.

No contesta.

No quiere o no puede contestar.

El aire se le escapa a través de su piel de vinilo soldado.

La prostituta est√° rota.

Reventada.

Su cuerpo no se parece a su cuerpo.

Su rostro no se parece a su rostro.

No pide ayuda.

No quiere o no puede pedirla.

Los ojos de la prostituta lloran.

(…)

La prostituta se está desinflando en la sala del apartamento. (…)

Estalló por la costura.

Por alg√ļn lugar ten√≠a que estallar.

(…)

Va hasta el ba√Īo. (‚Ķ)

Se saca la vagina portable.

La mete debajo del chorro. (…)

La vagina portable se llena de agua.

Se desborda.

Desde la estructura en la que manej√≥ el texto hasta la originalidad de la idea, el enfoque en el que plante√≥ la situaci√≥n resultan interesantes puntos de vista. Dota a todo el compendio como de una especie de n√ļcleo ya que notamos en otros cuentos una construcci√≥n similar en las narraciones y al mismo tiempo se mantiene el ambiente literario, que si bien no se repite s√≠ persiste la uniformidad, siendo historias que, aunque marcadas por lo cotidiano, coquetean con el surrealismo y el absurdo.

En P√°jaros azules, el segundo libro de Martha Acosta al que me acerqu√©, aunque escrito primero que Ojos para no ver las cosas simples, supongo, dado el orden cronol√≥gico en el que ganaron los premios (aunque eso bien pudiera no significar darlo por hecho), el cuento que lo nombra tiene una relaci√≥n cercana con ese otro. Y aqu√≠ debo hacer un stop y repensar la sintaxis de la idea que quiero transmitir, ver√°n: el cuento Ojos para no ver las cosas simples hace referencia de alguna forma intr√≠nseca a P√°jaros azules. Invaden en ambos una sensaci√≥n poderosa de tristeza, de agobio tras tiempo de intentar encontrar soluciones. El mismo mal aqueja, y va enmascar√°ndose: El p√°jaro se va de la casa, se va, pero no se lleva la tristeza. La tristeza se ha metido dentro de la casa, rueda y florece en las paredes, se derrama desde el techo, mancha el tapiz del √ļnico sill√≥n que tenemos‚Ķ Y, casualmente, ambos textos dan t√≠tulo a los libros. ¬ŅQu√© complicidad traer√°n impl√≠cita? Cabe preguntarnos. Algo similar sucede con los poemas: Ese d√≠a que no tiene para cu√°ndo acabar y Distintas formas de habitar un cuerpo y el cuento Palomitas Company, tambi√©n contenido en P√°jaros azules. Un cuento profundamente visceral, con todo el poder para trastocarnos: mi madre aprendi√≥ a aparecer y desaparecer desde mi rostro en el espejo, a decirme hija de mierda con la voz quebrada que simula un ‚ÄúAy, mija, me estoy muriendo‚ÄĚ. Tal vez mam√° piensa habitar mi cuerpo y mi espejo cuando su cuerpo pese demasiado para seguir articulando lamentos. Tal vez ya ha comenzado a hacerlo, y lleva a√Īos en eso, siglos, no s√©.

Fragmento del poema Ese día que no tiene para cuándo acabar:

Mam√° est√° muriendo.

Hace días que está muriendo,

a√Īos, siglos, no lo s√©.

Lleva mucho tiempo en eso,

y no acaba de morir

ni de salvarse.

Tose como si los pulmones se le salieran por la boca,

dice, Ay, mija,

con la voz quebrada

y se me llenan los ojos de lágrimas…

Paraísos perdidos, Premio Calendario de Cuentos, 2017, hace alusión irónica a nuestros hábitos; como bien definiera su propia autora desde la dedicatoria: … este quimérico museo de formas inconstantes, este montón de espejos rotos. Una vez más recorremos pasillos familiares entre nuestras tristezas y sinsabores de vida. El realismo invade sin piedad en cada uno de los textos paseándonos por una galería de paraísos: El paraíso del cuerpo, el del tiempo, el paraíso vacío, el sumergido y el impronunciable. Y aquí haré mi pausa en Un arrecife en la espalda, que considero bien encierra, como cualquier otro del compendio, la esencia de este libro. No escapo nunca al llamado del mar, donde quiera que esté, y aquí hace su presencia, arrasador, como de costumbre, dejando con cada batida de brisa más dolor que paz.

Esta autora camag√ľeyana (Sibanic√ļ, 1991) adoptada por la capital, m√°s que por la capital ya por toda la Isla, donde se lee y admira la buena escritura, ha sido ganadora de una larga lista de cert√°menes literarios entre los que figuran los siguientes premios de narrativa: el C√©sar Galeano de cuentos, 2015, a√Īo en el que egres√≥ del Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso; el Pinos Nuevos, 2016, Calendario, 2017, el premio Dador, 2017 y en ese mismo a√Īo el Paco Mir Mulet, Fundaci√≥n de la Ciudad de Nueva Gerona, el Mabuya; y en poes√≠a El √°rbol que silva y canta, 2017. Luego en 2018 fue galardonada con el Premio Iberoamericano de Cuentos Julio Cort√°zar, con la obra El olor de los cerezos, el Celestino de cuentos y el Novela de Gaveta Franz Kafka. Ha alcanzado menci√≥n en el premio David de poes√≠a, 2015, primera menci√≥n en el premio Emilio Ballagas de narativa, 2016, primera menci√≥n en el premio Mangle Rojo, de poes√≠a, 2017 y en el Portus Patris, tambi√©n de poes√≠a ese mismo a√Īo. Adem√°s de los libros ya mencionados tiene otros dos fuera de Cuba: Doce a√Īos es demasiado tiempo, Editorial Guantanamera, Espa√Īa, 2016 y una novela titulada La periferia por la Editorial FRA, 2018. Varias de sus obras aparecen en revistas tanto dentro como fuera del pa√≠s y en antolog√≠as.¬†

Su literatura está armada hasta los dientes con un ejército de personajes elaborados hasta el hastío. Pensados a nuestra imagen y semejanza, listos para defenderse de cualquier situación que a su autora se le antoje destinarlos. Cuenta también su escuadra con el ya mencionado stock de recursos literarios cuya función es alivianarte el golpe seco de su prosa. Solo te queda una opción: disponer de ojos para ver los paraísos azules de Martha.


Círculos de agua en la narrativa cubana

‚ÄúLa maldita circunstancia del agua por todas partes‚ÄĚ ‚Äďesa que oblig√≥ a Virgilio Pi√Īera a sentarse ‚Äúa la mesa del caf√©‚ÄĚ y buscar ‚Äúel peso de una isla en el amor de un pueblo‚ÄĚ‚Äď articula la antolog√≠a de narrativa cubana C√≠rculos de agua. Nacidos despu√©s de los 80, con selecci√≥n y pr√≥logo de la escritora y editora Dulce M. Sotolongo Carrington, publicada por la Editorial Primigenios.

Un antecedente de C√≠rculos de agua puede rastrearse en Como ra√≠les de punta. Joven narrativa cubana, publicada en 2013 por Sed de Belleza, con selecci√≥n, pr√≥logo y notas de Caridad Tamayo Fern√°ndez. All√≠ encontramos a escritores nacidos despu√©s de 1977 y junto a Ra√ļl Flores Iriarte y Jorge Enrique Lage, leemos a otros j√≥venes nacidos en los ochenta, como Abel Gonz√°lez Melo, Yunier Riquenes y Legna Rodr√≠guez Iglesias, entre otros que se identifican con la generaci√≥n conocida como 0, porque vieron impreso su primer libro despu√©s del a√Īo 2000.

Sin embargo, ‚Äúexisten serias diferencias entre los nacidos en la √©poca del setenta y los que le siguen‚ÄĚ, subraya Dulce Mar√≠a, si destacamos que el nacimiento de una generaci√≥n est√° respaldada por un acontecimiento hist√≥rico: ‚ÄúNacen aproximadamente en la misma d√©cada, crecen en circunstancias semejantes y en la mayor√≠a de los casos se sigue una direcci√≥n √ļnica: Un l√≠der‚ÄĚ. Adem√°s de cierta unidad en principios est√©ticos, √©ticos y sociales, homogeneidad de lenguaje, actitud negativa ante conceptos establecidos, pero anquilosados u obsoletos‚ÄĚ, leemos.

‚Äú¬ŅPuede una fecha hist√≥rica realmente delimitar a un grupo de otros? ¬ŅEs siempre necesaria la presencia de un l√≠der? ¬ŅSiguen los mismos derroteros los nacidos despu√©s del ochenta que la generaci√≥n que lo antecede, tanto en la forma como el contenido en el que se expresan? ¬ŅMueren las generaciones literarias?‚ÄĚ, son algunas de las preguntas que se (nos) hace Dulce Mar√≠a.

El punto de partida ser√≠a el √©xodo del Mariel en 1980 y su consiguiente impacto sociol√≥gico, y como rompeolas, el llamado Per√≠odo Especial, con todos los cambios sociales que conllev√≥ (varios de los antologados en estas p√°ginas nacen precisamente en los a√Īos iniciales de la d√©cada del 90). ‚ÄúTambi√©n en los ochenta hubo un cambio de pol√≠tica hacia las religiones que poco a poco se fueron incrementando y tambi√©n visualizando en el pa√≠s como la santer√≠a, abakuas, cat√≥licos, protestantes, entre otras‚ÄĚ. El siguiente p√°rrafo de Sotolongo resume estas ideas:

‚ÄúLos j√≥venes nacidos despu√©s del ochenta se criaron con el Elegg√ļa en la esquina de la sala y el crucifijo en el cuello, no hab√≠a que esconder los santos y esto tambi√©n influy√≥ en su ideolog√≠a y forma de ver el mundo, no ya a partir del prisma del materialismo con que lo vieron sus padres y abuelos. En lo econ√≥mico se despenaliz√≥ el d√≥lar y empezaron a circular las dos monedas. Crecieron con el Per√≠odo Especial por lo que sufrieron m√°s carencias que generaciones anteriores. La Uni√≥n Sovi√©tica desapareci√≥ y con ellas las latas de carne rusa, los viajes al campo socialista y hasta los mu√Īequitos que fueron m√°s reacios al cambio e incre√≠blemente quedaron en la memoria com√ļn de varias generaciones. Las computadoras fueron fiel compa√Ī√≠a de su adolescencia, los celulares parte de su cuerpo y alma y piercing, tatuajes y u√Īas postizas, la forma de relevarse ante un pasado de melenas cortadas a la fuerza‚ÄĚ.

Muchos de estos temas, y la libertad de poder expresarlos en su obra, afloran en Círculos de agua.

El uso de frases en ingl√©s, menciones a figuras de la m√ļsica y el cine, incluso la auto-referencialidad‚Ķ caracterizan a varios de estos autores. ‚ÄúHay que subrayar el preciosismo con que se trat√≥ el lenguaje, el dominio de la imagen, facilidad para la met√°fora, poder de s√≠ntesis, la palabra precisa, desnuda sin afeites con exactitud casi matem√°tica, de ah√≠ una vez m√°s la sumatoria lezamiana, pero ahora con el nombre, el sustantivo pujando por desplazar al adjetivo. Esta generaci√≥n 0, arras√≥ con premios y aunque no fueron muy comprendidos por el p√ļblico lector, si encontraron su propia forma de decir y hoy se puede hablar de ellos como una generaci√≥n literaria aunque ciertamente no hay una revista literaria que los respalde‚ÄĚ, destaca.

C√≠rculos como cuando lanzas una pieza al lago al agua y surgen las olas conc√©ntricas, expandi√©ndose, pero c√≠rculos que se convierten en remolino y arrasan con todo. Si el agua emerge ‚Äúcomo l√≠nea de separaci√≥n, horizonte, como algo que limpia o debe limpiar los vicios, aunque sea a trav√©s de la muerte‚ÄĚ, los j√≥venes nacidos despu√©s de los ochenta ‚Äúcambiaron la sangre tan utilizada en cuentos de la generaci√≥n 0 por el agua‚Ä̂Ķ Nos insiste Dulce Mar√≠a Sotolongo que si ‚Äúla sangre es la muerte, el agua es renacimiento, bautizo y renacer es cambiar‚Ķ‚ÄĚ

¬ŅA qui√©nes leeremos en C√≠rculos de agua? ¬ŅY qu√© caracteriza su narrativa generacional? Los autores antologados ‚Äďen el orden cronol√≥gico en que aparecen‚Äď son los siguientes: Abdel Mart√≠nez Castro, Alexander L√≥pez D√≠az, Alexander Jim√©nez del Toro, Amelia Rabaza, Anisley Miraz, Ariel Fonseca, Claudia K. Evercloud, Daniel Zayas, David Peraza, Daylon W. Hern√°ndez, Elaine Vilar, Erian Pe√Īa, Eric Flores Taylor, Ernesto A. D√≠az, Gabriel Su√°rez, Gian Carlos Brioso, Gustavo Vega, Hugo Favel, Juan Carlos O¬īFarrill, Ketty Blanco, Marlos Luis Herrera, Mariene Lufri√ļ, Martha Acosta, Patricio R. Mart√≠nez, Rams√©s Sotolongo, Ra√ļl Goenaga, Reynier Arro, Rosamary Arg√ľelles, Sa√≠li Alba, Yasel Toledo, Yasmany Gonz√°lez, Yeney de Armas y Yonnier Torres. Son j√≥venes de diferentes partes del pa√≠s, varios ganadores de importantes premios, algunos m√°s conocidos que otros, pero todos con similares inquietudes, y sobre todo b√ļsquedas.

Y en cuanto a las caracter√≠sticas de su narrativa ‚Äďque la diferencian de las generaciones precedentes‚Äď nos dice Sotolongo Carrington que encontramos un profuso tratamiento psicol√≥gico en los personajes; la violencia les ha llegado por v√≠as diferentes: el cine, la televisi√≥n, los juegos, la m√ļsica; el miedo a las enfermedades de trasmisi√≥n sexual sede espacio ante la pornograf√≠a, pero en estos cuentos sus protagonistas son v√≠ctimas no victimarios de valores que hay que retomar; tras la aparente apat√≠a del absurdo, hay lucha, sobrevivencia deseos de cambiar; tienen un respeto palpable a figuras de la literatura cubana como Jos√© Lezama Lima y Virgilio Pi√Īera. ‚ÄúSon muchachos cultos con un alto nivel de lectura‚ÄĚ, dice.

‚ÄúEstos j√≥venes se expresan sin temor, reflejan la sociedad que les toc√≥ vivir desde una perspectiva no tan ap√°tica como cr√≠tica porque est√°n seguros de la necesidad de un cambio‚ÄĚ, resumen Dulce Mar√≠a. Y a√Īade que ‚Äúellos han comenzado un viaje sin regreso hacia un futuro prometedor donde son los j√≥venes, los protagonistas‚ÄĚ. Pistas de este viaje las podemos encontrar en la lectura de los cuentos incluidos en C√≠rculos de agua. Nacidos despu√©s de los 80.


Héctor Barrios y su cuaderno Bumbos encuentran un puerto

Cortesía del entrevistado La verdad es que yo llegué al revés a las huellas de este escritor. Acepto que no lo conocía, y que supe de su existencia cuando se anunció el fallo del jurado al xxii Premio Celestino de Cuento. Debía editar un fragmento del cuaderno ganador y apenas tuve en mis manos el texto quedé fascinada, me atrapó una lectura al azar:

La soledad es un árbol que produce frutos contrarios… lo terrible de la soledad es cuando es impuesta.

H√©ctor Leandro Barrios Gonz√°lez es instructor de arte en la especialidad de m√ļsica y licenciado en Estudios Socioculturales, un cienfueguero que como anuncia la foto de su perfil en Facebook tiene impregnado el azul del mar en sus ojos. Aceptando mi solicitud de amistad y entablando una conversaci√≥n como amigos de toda la vida, me inicio a husmear en las pasiones que estremecen al autor.

Mi interés por hacer literatura creo que tiene que ver con mi relación con la lectura. Llega un momento en que esa relación que estableces con el lenguaje crea un peso, una acumulación, de tipo interna, digamos, uno llega a sentir que las palabras pesan como decía alguien: las palabras como islas, y luego esa acumulación necesita ser liberada, necesitas desprenderla de ti.

Y en este acto mismo de separaci√≥n entre las palabras y un sujeto poseedor, no queda otro remedio que ser due√Īo, a mi juicio, de esas sensaciones de alg√ļn modo exorcizadas.

Entonces te sientas, escribes y escribes y sudas escribiendo y te cansas en el proceso, pero no puedes dejar de hacerlo.

Bumbos se titula el cuaderno que anunció la premiación hoy en la tarde, al respecto el ganador comenta:

Yo ten√≠a escritos un par de cuentos y ten√≠a en mi cabeza la idea de otros, la maqueta, pero no sab√≠a c√≥mo o por qu√© ten√≠an relaci√≥n. Un d√≠a voy a pescar y alguien me dijo que esas balsas en las que pesaban les dec√≠an ‚Äúbumbos‚ÄĚ y que eran insumergibles. Luego comprend√≠ que as√≠ eran los personajes de mi libro, siempre flotando, sobreviviendo a un entorno hostil.

Barrios ha sido galardonado con el premio Girasol Sediento que auspicia la AHS de Cienfuegos, Paco Mir de narrativa, mención en el concurso Bustos Domenecq y tiene en proceso editorial el libro Las formas invisibles bajo el sello Reina del Mar Editores.

A tientas y haciendo caso a las primeras impresiones, Barrios es un escritor de narrativa con una voz de profundas sensibilidades, al saberse ganador alude:

Esta es la tercera vez que envío. La primera mandé a una dirección errónea. La segunda vez sí fue correcta, pero nada. Y ahora, esta tercera, pues… en fin. No suelo ser adulador pero me siento muy feliz de haber ganado, sobre todo porque mi cuaderno encontró un puerto, no cualquier puerto, sino Ediciones La Luz, y tengo la seguridad que nada podrá salir mal si mi libro está allá con ustedes. A veces, ahora, a solo unas pocas horas de haber recibido la noticia del premio, no llego a procesar del todo la buena nueva y me siento muy feliz y agradecido.


¬°Hay un nuevo Celestino!

Después de varios días de tenaz presencia en las redes, de compartir contenidos diversos, desde audiolibros, videocuentos, paneles y talleres de técnicas narrativas, presentaciones de libros y lecturas, ya hay un nuevo Celestino.
Dazra Novak, Emerio Medina y Rafael de √Āguila integraron el jurado de la vig√©simo segunda edici√≥n del Premio Celestino de Cuentos, convocado por Ediciones La Luz y la secci√≥n de Literatura de la AHS en Holgu√≠n. Ellos decidieron, de entre m√°s de 50 obras en concurso, declarar ganador al cuaderno ‚ÄúBumbos‚ÄĚ, de la autor√≠a de H√©ctor Leandro Barrios, ‚Äúpor lograr de manera acertada y sostenida el tono adecuado que dota de cohesi√≥n, organicidad y car√°cter sist√©mico un volumen de cuentos que se destaca por el cuidado y correcci√≥n del lenguaje, la madurez de las historias y el af√°n por lograr cierta originalidad de estilo‚ÄĚ.
El ganador, además del premio en metálico, una pieza del ilustre artista plástico holguinero Cosme Proenza y el certificado acreditativo, verá su libro publicado en el sello que funge como entidad convocante y abrazará uno de los premios para jóvenes narradores, más anhelados en Cuba.
El jurado determin√≥, adem√°s, de forma un√°nime, ‚Äúpor el consistente empleo del lenguaje y la solidez de las historias, otorgar la primera menci√≥n a la obra Happy Ballantine’s‚ÄĚ, de Katherine Perzant. Recibieron igualmente menciones Own Corner,¬†de Erian Pe√Īa, y Levitando, de Darcy Bo.
Tras dar a conocer los resultados del Premio, el comit√© organizador del evento lanz√≥ la convocatoria del Celestino en su edici√≥n vig√©simo tercera para 2022, a√Īo en el que adem√°s se estar√° celebrando un cuarto de siglo de vida de Ediciones La Luz.


La brevedad: Huevos de dinosaurio (dossier+ fotos)

Breve recuento (de la no tan corta historia) del cuento breve en América Latina

Por: Erian Pe√Īa Pupo

Julio Cort√°zar en ¬ęEl cuento breve y sus alrededores¬Ľ, texto incluido en √öltimo round, de 1969, y que condensa, de alguna manera, su opini√≥n sobre el tema, escribi√≥ que ‚Äúel gran cuento breve (‚Ķ) es una presencia alucinante que se instala desde las primeras frases para fascinar al lector, hacerle perder contacto con la desva√≠da realidad que lo rodea, arrasarlo a una sumersi√≥n m√°s intensa y avasalladora‚ÄĚ. De un cuento as√≠ ‚Äúse sale como de un acto de amor, agotado y fuera del mundo circundante, al que se vuelve poco a poco con una mirada de sorpresa, de lento reconocimiento, muchas veces de alivio y tantas otras de resignaci√≥n‚ÄĚ, a√Īadi√≥.

Muchos de estos cuentos‚Äēcomo los incluidos en Historias de cronopios y de famas‚Äēconvierten a Cort√°zar en uno de los paradigmas de lo que muchos investigadores han llamado minificci√≥n y que abarca categor√≠as y clasificaciones tales como minicuento, microcuento, ficci√≥n breve, cuento breve, microtextos, microficci√≥n, nanoficci√≥n, microrrelato, entre otros; este √ļltimo defendido por la cr√≠tica cubanoestadounidense Dolores M. Koch en El micro-relato en M√©xico: Torri, Arreola, Monterroso y Avil√©s Fabila, primer libro en habla hispana sobre el tema.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Clasificaciones aparte, todos coinciden en caracterizar a este g√©nero‚Äēel cuarto de los narrativos, luego de la novela, la nouvelle y el cuento‚Äēpor su brevedad, su condensaci√≥n, su car√°cter proteico, metaficcional e h√≠brido, y el uso de la elipsis; adem√°s, la iron√≠a, el humor, el sarcasmo y la parodia por un lado; y rasgos estructurales como la fractalidad, la epifan√≠a, los finales abiertos, la hipertextualidad y los espacios vac√≠os, por el otro. Todo ello partiendo de una amplia tradici√≥n (par√°bolas, f√°bulas, aforismos, haik√ļ, greguer√≠as, vi√Īetas) y m√°s cerca, en el siglo xix, de la portentosa literatura del estadounidense Edgar Allan Poe, quien en ¬ęUnidad de impresi√≥n¬Ľ, escribi√≥ que buscaba una obra que se definiera por su brevedad, su impacto est√©tico y por ser un acto de lectura ininterrumpido, y que as√≠ se separara de la novela.

Es curioso como en un continente barroco dado a la desmesura y a las grandes narraciones, a la sombra de los diversos ismos y del boom latinoamericano, y antes de los influjos precursores de Juan Rulfo y Alejo Carpentier; que recoloc√≥ la mirada y ejerci√≥ (a√ļn ejerce) influencia en varias generaciones de autores no solo del continente, el cuento breve haya gozado de tal suerte desde los a√Īos en que el modernismo abander√≥ la obra de autores como el nicarag√ľense Rub√©n Dar√≠o y los sudamericanos Leopoldo Lugones y Horacio Quiroga. Sobre todo este √ļltimo, nacido en Uruguay, aunque realiz√≥ su obra en Argentina, considerado uno de los maestros del cuento latinoamericano, ejemplo de una prosa naturalista y modernista, que desde la selva de la provincia de Misiones enfrent√≥ en sus historias a la naturaleza y al hombre. Y all√≠ mismo, en Argentina, el influjo de Macedonio Fern√°ndez llega a Jorge Luis Borges, fabulador por excelencia y creador de una de las cosmogon√≠as m√°s atractivas e inimitables, y quien, junto a su compa√Īero de aventuras literarias Adolfo Bioy Casares recopil√≥ Cuentos breves y extraordinarios, donde antologan relatos de entre dos p√°ginas y dos l√≠neas.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

¬ŅQu√© encontramos si leemos una antolog√≠a sobre el cuento latinoamericano? ¬ŅUn libro, o una selecci√≥n en un sitio web, que re√ļna ‚Äēcomo varios de los que se han publicado a lo largo de las √ļltimas d√©cadas‚Äēlos mejores microrrelatos, las narraciones breves m√°s conocidas, de varios autores del continente? Pues nos sorprender√° encontrarnos all√≠ a autores que conocemos por sus monumentales novelas, por atractivos y sostenidos relatos largos, incluso por su poes√≠a o ensayos. Es como si el relato breve hubiese sido un ejercicio o una necesidad en ellos.

De esta manera en sus p√°ginas se entrecruza la obra‚Äēadem√°s de los autores ya mencionados‚Äēde Mario Vargas Llosa, Isabel Allende, Vicente Huidobro, Ciro Alegr√≠a, Vicente Battista, Joao Guimar√£es Rosa, √Ālvaro Mutis, Joaquim M. Machado de Assis, Pedro Lemebel, Juan Carlos Onetti, Elena Garro, Rub√©n Dario, Oliverio Girondo, Rodrigo Rey Rosa, Julio Ram√≥n Ribeiro, Roberto Bola√Īo, Silvina Ocampo, Octavio Paz, Arturo √öslar Pietri, Guillermo Cabrera Infante, Roberto Arlt, Alfonso Reyes, Gabriel Garc√≠a M√°rquez, Abelardo Castillo, Luisa Valenzuela, Antonio Sk√°rmeta, Salvador Elizondo, Jos√© Juan Arreola, Augusto Monterroso, Eduardo Galeano.

Pero son precisamente estos tres √ļltimos ‚ÄēArreola, Monterroso y tambi√©n Galeano‚Äēquienes desarrollaron una obra significativa y reconocible donde el relato breve y sus posibilidades resulta centro de su creaci√≥n, sus experimentaciones y b√ļsquedas, aunque realizaron otros g√©neros.

Monterroso, hondure√Īo nacionalizado guatemalteco y residente buena parte de su vida en M√©xico, es considerado por muchos como el padre del relato breve y uno de los maestros de la minificci√≥n. Autor de libros como La oveja negra y dem√°s f√°bulas y Obras completas (y otros cuentos), que incluye el conocido ¬ęEl dinosaurio¬Ľ [Cuando despert√≥, el dinosaurio todav√≠a estaba all√≠], considerado por mucho tiempo como el microrrelato m√°s breve de la literatura universal, Monterroso se caracteriza por una prosa concisa y breve en la que abundan las referencias cultas, la parodia, la caricatura y el humor negro, en inolvidables relatos cortos y f√°bulas.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Arreola, por su parte, es autor de Confabulario, Palindroma y Bestiario, que influye el conocido ¬ęLa jirafa¬Ľ. Su obra, inteligente y l√ļdica, de estilo cl√°sico y depurado, juega con conceptos, situaciones, mediante el uso de s√≠mbolos y la parodia, y como han asegurado los cr√≠ticos, se nota como en el caso de Borges, un escepticismo natural (como tambi√©n en Monterroso).

Galeano, cuya obra ha sido publicada en Cuba varias veces, incluso El libro de los abrazos integra el cat√°logo de Ediciones La Luz, trasciende las normativas del relato y otros g√©neros tradicionales para combinar ficci√≥n, periodismo, an√°lisis pol√≠tico e historia, principalmente la americana, en libros que semejan cr√≥nicas, microrrelatos o vi√Īetas, entre ellos Las venas abiertas de Am√©rica Latina, Patas arriba: Escuela del mundo al rev√©s, Espejos y Memorias del fuego.

En Cuba, a la par de Am√©rica Latina, fueron los principales narradores, incluso los grandes novelistas, quienes, en una vertiente u otra, quiz√° inconscientemente, escribieron cuentos breves, historias narradas en las posibilidades que la brevedad les otorgaba. As√≠ ‚Äēa vuelo de √°guila‚Äē podemos revisitar la obra de Hern√°ndez Cat√°, Eladio Secades, Lino Nov√°s Calvo (La luna nona y otros cuentos), Lydia Cabrera (Cuentos negros de Cuba), Onelio Jorge Cardoso, Alejo Carpentier, Samuel Feij√≥o, quien transcribe y pasa por el ‚Äúfiltro literario‚ÄĚ el folclore y las historias recopiladas principalmente en el centro de la isla, Eliseo Diego, Guillermo Cabrera Infante, sobre todo en las ‚Äúvi√Īetas‚ÄĚ incluidas en As√≠ en la paz como en la guerra y Vista del amanecer en el tr√≥pico, Jos√© Lorenzo Fuentes, Virgilio Pi√Īera, entre muchos otros autores que, a la par del desarrollo de la propia literatura, incursionan en las tantas posibilidades de lo breve.

Punto y aparte en este breve recuento merece el trabajo del Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso, dirigido por Eduardo Heras Le√≥n, y la convocatoria del Premio El dinosaurio, homenaje al maestro Monterroso, y que ha incentivado el g√©nero en las √ļltimas d√©cadas, premiando y publicando lo mejor y m√°s significativo del arte de contar mucho con poco.

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Las lecciones de Monterroso

Por: Liset Prego

No hace falta ser un lector muy sagaz para notar la profusión de animales en los textos de Augusto Monterroso. Estas criaturas no son atrezo en las narraciones, toman los roles protagónicos con organicidad, y vuelcan en sus desdichas o peripecias toda la voluntad edificante del autor.

Escritos de este modo los textos se transforman en un espejo burlesco que no refleja al lector, pero quizás sí a su alter ego animal personificado. Aunque el propio Monterroso insistía en que no había en su literatura un afán moralizante, es imposible no encontrar en sus sarcásticas letras, pautas morales, desafíos existenciales resueltos con la sapiencia del fabulista, o magnificados para hacerlos notar.

√Čl mismo dijo:

‚Äú‚Ķsi alguien quiere extraer de ellos alguna moraleja, est√° en su derecho y puede hacerlo. Corregir las malas costumbres de la gente es una tarea demasiado f√°cil que hay que dejar a las autoridades. El escritor debe ocuparse de lo verdaderamente arduo: el buen uso del gerundio, por ejemplo, o de la preposici√≥n a, que se acostumbra emplear mal. Yo me gano la vida corrigiendo esta mala costumbre‚ÄĚ.

Otra obviedad que emerge de la lectura de este autor es su af√°n perfeccionista, el cuidado de no permitirse ning√ļn exceso, la precisi√≥n, tanto que, parafraseando al genio, asegur√≥ que no escrib√≠a, correg√≠a. Noten si le preocupaba la exactitud de sus palabras, de las estructuras. Era un perseguidor de la sintaxis precisa, una virtud valios√≠sima en su ramo, debo decir.

Augusto Monterroso, apuesta por el no ser, √©l, que no fue mexicano, ni hondure√Īo, ni guatemalteco, sino todo a un mismo tiempo. El escritor de brevedades m√°s ilustre, quiz√°s, de las letras hispanas, cree que un libro es un zool√≥gico de defectos humanos. Un bestiario de aquello que no teme cuestionar en sus cong√©neres y que atribuye a los animales, sin importar si el pacto t√°cito entre el lector y la f√°bula adjudica tal o m√°s cual rasgo a cada criatura. Monterroso subvierte el acuerdo, lo renueva, cada animal puede ser cualquier cosa y servir de instrumento en sus relatos.

Los disfraces de bestia con los que viste Monterroso a sus personajes son el pretexto para enunciar atributos humanos, conflictos propios de la especie, y cada uno viene adem√°s envueltos cuidadosamente en iron√≠a. La nueva f√°bula donde establece el di√°logo con criaturas del mundo animal reconstruyendo una convenci√≥n que basa en la parodia, en el absurdo, suele tener la misma naturaleza moralizante que es com√ļn en el g√©nero, pero de una manera inesperada.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Los animales parlantes, en la obra de Augusto Monterroso, vuelven a la literatura para adultos, de la que hab√≠an sido cort√©smente relegados, como cosa de textos fant√°sticos y literatura para ni√Īos.

En el art√≠culo ¬ęAugusto Monterroso y el arte del devenir animal¬Ľ, de Iv√°n Aguirre, el investigador puntualiza que:

‚ÄúEn primera instancia est√°n los animales que representan humanos, aquellos que son m√°s signos ret√≥ricos que un ente de ficci√≥n con personalidad o rasgos vitales suficientemente desarrollados en la trama. Animales como la oveja negra, el conejo, el le√≥n y las moscas que representan algo espec√≠fico, aunque no sea lo que corresponde en el mundo de la f√°bula y la mitolog√≠a popular. Luego est√°n los animales testigo, como la jirafa relativista, que sirven de testigo no-humano ante la ridiculez o absurdo del hombre en su comportamiento destructivo. Y finalmente los animales que est√°n en un proceso err√≥neo de devenir animal a partir de cambiar o negar su naturaleza: La rana quer√≠a ser una rana aut√©ntica, La mosca que so√Īaba que era un √°guila y el perro que deseaba ser un humano‚ÄĚ.¬†

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Todo puede ser representado por un animal, cada concepto con el que nos alecciona, o sacude, para decirnos, ‚Äúmiren, qu√© tontos hemos sido‚ÄĚ, aunque √©l mismo rechace que sea esta su voluntad. Aqu√≠ tipo y arquetipo est√°n retratados y el lector puede escoger qu√© traje usar, si ser√° le√≥n o conejo, oveja o dinosaurio, rana o mono, porque est√°n dados as√≠ principios √©ticos, perfiles psicol√≥gicos, supuestos est√©ticos, concepciones sociopol√≠ticas, y la filosof√≠a vital del artista.

Leyendo a Monterroso puedes re√≠r socarronamente, reflexionar, comparar con tus conocidos a tal o m√°s cual personaje, a la manera del mono que quer√≠a ser escritor sat√≠rico. Siembra dudas, planta cara a la hipocres√≠a, la desaf√≠a abiertamente, as√≠ que ya no importa si alguien lo crey√≥ un √©mulo de Esopo. Si alguien quiere vivir bajo sus c√≥digos, ser√° una mejor persona, si quiere disfrutar de su prosa y tomar de ella un patr√≥n de la redacci√≥n adecuada, ser√° un mejor lector o escritor, o ambos. Cumple as√≠ el autor de ¬ęEl dinosaurio¬Ľ su prop√≥sito declarado y el que escap√≥ a su intenci√≥n y dom√≥ el esp√≠ritu de sus relatos, aut√≥nomos una vez que el p√ļblico se adue√Ī√≥ de ellos.

Porque a√ļn sin quererlo, cien a√Īos despu√©s y pese a su oposici√≥n, la f√°bula todav√≠a est√° all√≠.

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La minificción y sus técnicas

Por: Mariela Varona

Muchos de nosotros, escritores y consumidores de literatura, cuando hablamos de minificción o microficción a veces no tenemos en cuenta las sutilezas de esas clasificaciones. Incluso los teóricos no se ponen de acuerdo muchas veces en el asunto, y un texto narrativo breve se puede llamar hoy minicuento, microcuento, microrrelato, ficción breve, cuento breve, microtexto, microficción, y hasta nanoficción.

El cuento breve cl√°sico ‚ÄĒme refiero a relatos celebrados y famosos de Poe, Ch√©jov, Hemingway, Carver, Cort√°zar o Borges‚ÄĒ conserva un sector fiel entre los lectores, pero resulta demasiado extenso ahora para una gran masa de ¬ędigitolectores¬Ľ que solo consume textos breves. Entonces, cabe preguntarse: ¬Ņpodemos analizar literariamente los textos hiperbreves con las mismas herramientas te√≥ricas de siempre? ¬ŅContin√ļan siendo v√°lidas las t√©cnicas narrativas contempor√°neas que hemos estudiado, aplicadas a la minificci√≥n?

A trav√©s del Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso, con Eduardo Heras Le√≥n y su equipo, muchos de nosotros accedimos a una concientizaci√≥n de las t√©cnicas narrativas que en muchos casos ya utiliz√°bamos, pero sin interiorizarlas como parte del oficio; y accedimos tambi√©n a zonas de la teor√≠a literaria contempor√°nea que contribuy√≥ a darnos un espectro m√°s amplio para convertirnos en mejores lectores de lo que ya √©ramos. Entonces, me preguntaba ‚ÄĒcuando supe que La Luz estaba organizando este panel‚ÄĒ, si no ser√≠a conveniente hacer una indagaci√≥n sobre las t√©cnicas narrativas aplicadas a esa minificci√≥n que en estos tiempos parece extenderse, hacerse mucho m√°s visible y, adem√°s, con diferentes caracter√≠sticas de las que ten√≠a en el pasado.

Me parece v√°lido tambi√©n porque gracias al Centro Onelio conocimos a uno de los te√≥ricos de la literatura m√°s importantes que hay en la lengua espa√Īola ahora mismo, que es el mexicano Lauro Zavala; y este acad√©mico se ha ocupado exhaustivamente de la minificci√≥n, de dar pautas, hacer clasificaciones, documentar sus opiniones y publicarlas; es decir, ha estado muy activo indagando, poniendo l√≠mites y tratando de escudri√Īar y ver hasta d√≥nde se extiende el fen√≥meno.

√Čl mismo fue quien puntualiz√≥ que la minificci√≥n actual ten√≠a su origen en las vanguardias del siglo pasado y que tambi√©n, por supuesto, ten√≠a antecedentes en los textos breves que la humanidad atesora como tradiciones en relatos puntuales, como los que aparecen en las estelas funerarias de las culturas antiguas.

Quisiera referirme a dos categor√≠as que resalta Zavala dentro de las minificciones: el minicuento y el microrrelato. Hay uno de ellos que s√≠ cumple con las especificidades, digamos, de cierta teor√≠a literaria; ciertos c√°nones que cumple la literatura cl√°sica o tradicional o como quiera llam√°rsele. Porque los minicuentos, de los cuales conocemos montones ‚ÄĒpor ejemplo, recuerdo ahora uno de Kafka titulado ¬ęLa verdad sobre Sancho Panza¬Ľ‚ÄĒ s√≠ cumplen con la forma tradicional, o sea, tienen una introducci√≥n, un desarrollo o cl√≠max, y un desenlace final.

En esos minicuentos s√≠ podr√≠amos aplicar el an√°lisis literario, tratar de descubrir cu√°l es la segunda historia de la que hablaba Ricardo Piglia en sus ¬ęTesis sobre el cuento¬Ľ, un ensayo que forma parte del libro Formas breves (aparecido en Buenos Aires en 1999). En mi paso por el Centro Onelio, uno de los textos que m√°s me iluminaron fue este, donde me sorprendi√≥ la certera aseveraci√≥n de que un cuento siempre cuenta dos historias, y de que la estrategia de un relato est√° puesta al servicio de su historia secreta.

En apenas tres cuartillas, Piglia es capaz de explicar con una contundencia impresionante c√≥mo la historia secreta es la clave de la forma del cuento y sus variantes, y c√≥mo la han manejado Poe, Ch√©jov, Quiroga, Kafka, Hemingway o Borges. Seg√ļn √©l, el cuento cl√°sico a lo Poe ¬ęcontaba una historia anunciando que hab√≠a otra; el cuento moderno cuenta dos historias como si fueran una sola¬Ľ, pues la versi√≥n moderna del cuento abandona el final sorpresivo y la estructura cerrada y ¬ętrabaja la tensi√≥n entre las dos historias sin resolverla nunca¬Ľ.

En un minicuento es sencillo determinar cuál es la historia secreta y cuál la visible, sobre todo cuando se sabe que potenciar una de ambas depende del autor que escribe. Porque hay escritores que prefieren dejar la historia secreta todo el tiempo subsumida, como lo haría Hemingway, que te da pistas casi insignificantes para que supongas cuál es la historia secreta, pero nunca te la cuenta. Otros prefieren dejar la historia secreta en segundo plano para que explote al final como una bomba que asuste, enamore o apabulle al lector; en resumen, para impresionarlo con una marca que no pueda olvidar. Y otros que sencillamente cuentan la historia secreta y obvian la visible.

Pero Piglia determin√≥ que todo relato contempor√°neo ‚ÄĒo que pretenda ser llamado as√≠‚ÄĒ lo es porque muestra una tendencia cada vez m√°s fuerte hacia la elipsis. Seg√ļn Piglia, la teor√≠a del iceberg de Hemingway ¬ęes la primera s√≠ntesis de ese proceso de transformaci√≥n: lo m√°s importante nunca se cuenta. La historia secreta se construye con lo no dicho, con el sobreentendido y la alusi√≥n¬Ľ.

Y ya est√°: del minicuento, apretando un poco m√°s las tuercas de la brevedad y la elipsis, caemos en el microrrelato. En √©l, seg√ļn Lauro Zavala, el empleo de la iron√≠a, del sarcasmo, del humor y de la paradoja es m√°s evidente que en el minicuento. Los personajes, ambientes y escenarios son apenas aludidos, por lo que su significaci√≥n recae, en la mayor√≠a de los casos, en el rasgo intertextual.

¬ŅQu√© es el microrrelato, entonces? El microrrelato no respeta para nada esa estructura can√≥nica del cuento cl√°sico o tradicional. Al microrrelato lo que le importa es lo que se oculta, o sea, en el microrrelato se hace una elipsis total de la historia, tanto de la secreta como de la visible. Y m√°s aun: en el microrrelato lo que est√°s proclamando es que hay tantas historias secretas o visibles como el lector quiera.

Es un texto, diríamos, interactivo. No es como el minicuento o como el cuento breve, al que llamábamos breve porque tenía una cuartilla y media, tres cuartillas (que para nosotros también era un cuento muy breve). En este punto comenzamos a darnos cuenta de que el microrrelato no es una anécdota. El microrrelato es una idea, un generador de sugerencias.

La elipsis que hace el autor de un microrrelato debe ser inteligente, ingeniosa, muy creativa. Y lo que debe dar es el espacio para que el lector, ese consumidor que va a leerlo, invente la historia que quiera partiendo de códigos conocidos o que el autor da por sentado que lo son.

Tal vez para muchos esa brevedad resulte exagerada, y a veces sentimos que nos hacen falta esos cuentos largos que te permit√≠an, en varias p√°ginas, introducirte en un mundo total ‚ÄĒporque, como dec√≠a Cort√°zar, el cuento tiene que lograr eso, el cuento tiene que crear un mundo donde nada m√°s importe‚ÄĒ y cuando uno se sumerge en un cuento de esos de seis, siete o hasta veinte p√°ginas, uno se esponja, se siente acunado por una an√©cdota que ese autor te est√° proponiendo y te est√° enamorando con ella.

Pero ¬Ņqu√© pasa cuando lees un microrrelato? ¬ęEl dinosaurio¬Ľ de Augusto Monterroso, que contiene siete palabras, fue considerado el relato m√°s breve en lengua espa√Īola desde 1959 hasta la aparici√≥n en 2005 de ¬ęEl emigrante¬Ľ, del escritor mexicano Luis Felipe Lomel√≠, que contiene solo cuatro:

‚ÄĒ¬ŅOlvida usted algo?

‚ÄĒ¬°Ojal√°!

Si tomamos solo el di√°logo sacado de contexto, sin el t√≠tulo, no se sabe de qu√© o qui√©nes est√°n hablando. Pero ese t√≠tulo, ¬ęEl emigrante¬Ľ, potencia una historia que cualquier lector podr√° imaginar al leer el cuento. Un sujeto pregunta: ¬ę¬ŅOlvida usted algo?¬Ľ, como cuando ves entrar de nuevo a alguien que acaba de salir de un lugar. Pero quien le responde ¬ęOjal√°¬Ľ desmiente nuestro primer razonamiento.

Ese cuento est√° narrando, en una sola palabra ‚ÄĒen ese ojal√°‚ÄĒ todos los horrores que obligaron a emigrar a ese sujeto hablante, a ese sujeto del que no sabemos su nacionalidad, pero s√≠ que tuvo que emigrar por razones que quisiera olvidar, pero no puede. ¬ŅCu√°ntas tragedias hay detr√°s de esa palabra, ¬ęojal√°¬Ľ? Represi√≥n, pobreza, hambre, dolor, asesinato, persecuci√≥n pol√≠tica, guerra de pandillas o entre estados, tortura y narcotr√°fico, violaciones y fusilamientos masivos, y un largu√≠simo etc√©tera que le toca al lector completar como le parezca.

Cuando tenemos delante un microrrelato como este, nos damos cuenta de que, con esa elipsis, el autor dio por sentado que el lector conoce todas las posibles historias que el emigrante tiene para contar. Y él elige escamotear la historia, nos da solo cuatro palabras para que nuestra imaginación, o el conocimiento que hayamos adquirido sobre los fenómenos migratorios, se encarguen del resto con los ingredientes que queramos. 

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Al a√Īo siguiente de ser declarado el relato m√°s breve, ¬ęEl emigrante¬Ľ fue desplazado en 2006 por ¬ęLuis XIV¬Ľ, del espa√Īol Juan Pedro Aparicio, que tiene solo una palabra: Yo.

¬ŅEsa √ļnica palabra puede contener un cuento? Los especialistas del tema as√≠ lo declaran. Nuevamente, el t√≠tulo es parte imprescindible de la historia. En este caso, podr√≠a decirse que ES la historia. El lector debe entender que ese ¬ęyo¬Ľ abarca la historia del absolutismo franc√©s desde la subida al trono de este monarca hasta su muerte a los 76 a√Īos de edad. Todas las implicaciones del ego y el yo est√°n ah√≠, no hab√≠a necesidad de narrar, describir o explicar nada.

Hay que mencionar que Aparicio naci√≥ en 1941, o sea, que ten√≠a en ese momento 65 a√Īos, mientras que el mexicano Lamel√≠, nacido en 1975, ten√≠a treinta a√Īos cuando se public√≥ su microrrelato. Digo esto para marcar que la capacidad de elipsis no es distintiva, como algunos piensan, de los autores m√°s j√≥venes, los llamados millennials o nativos digitales. Se tiende a relacionar la brevedad, la iron√≠a y el humor con las redes sociales, que suelen manejar estos componentes a toda hora, pero el caso de Aparicio desmiente con creces que el ingenio con que se condensa una idea literaria sea privativo de edad alguna.

Por √ļltimo, me gustar√≠a recordar que tanto el minicuento como el microrrelato todav√≠a son susceptibles de an√°lisis literario con las herramientas que aport√≥ el peruano Mario Vargas Llosa en su libro Cartas a un joven novelista de 1997. Con ellas podemos deconstruir el c√©lebre microrrelato ¬ęEl dinosaurio¬Ľ. Primero: el narrador que escogi√≥ Monterroso es un narrador omnisciente exterior y ajeno a la historia que cuenta. Segundo: el espacio que ocupa el narrador en relaci√≥n con el espacio narrado, que en este caso se narra en tercera persona, confirma que es un narrador omnisciente. Y tercero, el narrador de Monterroso est√° en un tiempo presente y narra un hecho del pasado mediato o inmediato (los verbos despert√≥ y estaba as√≠ lo demuestran).

Y Vargas Llosa escogi√≥ precisamente el microrrelato de Monterroso para ilustrar el cuarto problema: el punto de vista del nivel de realidad. Ah√≠ demuestra no solo que estamos en presencia de un cuento fant√°stico, sino tambi√©n que el narrador est√° en un plano realista, opuesto a la esencia fant√°stica de lo que narra, y lo sabe por una de las siete palabras del cuento: el adverbio todav√≠a. Esa es la palabra que permite a Vargas Llosa afirmar que el narrador de Monterroso narra desde una realidad objetiva, pues de otro modo, no nos inducir√≠a a tomar conciencia de la transici√≥n del dinosaurio del mundo del sue√Īo a la vida real del relato, ¬ęde lo imaginario a lo tangible¬Ľ.

De la elecci√≥n del narrador, y la relaci√≥n de este con el espacio, el tiempo y el nivel de realidad de lo que se narra, depende que una historia sea eficazmente asimilada por el lector. Seg√ļn Vargas Llosa: ¬ęEsa capacidad de persuadirnos de su ‚Äúverdad‚ÄĚ, de su ‚Äúautenticidad‚ÄĚ, de su ‚Äúsinceridad‚ÄĚ, no viene nunca de su parecido o identidad con el mundo real en el que estamos los lectores. Viene, exclusivamente, de su propio ser, hecho de palabras y de la organizaci√≥n del espacio, tiempo y nivel de realidad de que ella consta¬Ľ.

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El cuento de Monterroso

Por: Manuel García Verdecia

Decir que el guatemalteco Augusto ‚ÄúTito‚ÄĚ Monterroso es uno de los grandes cuentistas en lengua espa√Īola y, sobre todo, un maestro en el cuento corto, es casi una perogrullada, pero resulta un precedente fundamental para acercarse a su peculiar obra. Monterroso es un contador por los cuatro costados de su persona, que asume el mundo como algo que hay que tratar sin hacer caso a los postulados establecidos, pues solo el que intenta buscar el lado oculto de las cosas puede acercarse a la verdadera realidad. De modo que, festejar el centenario de este autor es como festejar el acto de contar, uno de los elementos m√°s concomitantes y permanentes de la naturaleza humana.

Monterroso escogi√≥ como especie literaria fundamental para verter su aprehensi√≥n e intelecci√≥n de la vida el cuento corto. Ya hablar de cuento simplemente presupone la brevedad como caracter√≠stica primordial. Sin embargo este autor se impone a s√≠ mismo l√≠mites m√°s sucintos, a veces sin llegar a la cuartilla. Es un ejercicio que demanda de un poder de concisi√≥n tremendo. Pero este es solo posible con una capacidad de invenci√≥n fecunda. Como declara en su texto ¬ęLa brevedad¬Ľ, que el autor de textos breves ans√≠a escribir textos largos ¬ędonde la imaginaci√≥n no tenga que trabajar¬Ľ sin la amenaza del punto final. Est√° claro que es la imaginaci√≥n la que consigue llegar a los atajos m√°s favorables para evitar los excesos en el contar, presentando solo los datos imprescindibles. De aqu√≠ que sea este uno de los subg√©neros m√°s complejos de la labor narrativa, pues en un marco muy limitado de exposici√≥n se debe tratar el asunto y alcanzar con eficacia la consumaci√≥n del conflicto planteado.

Como se sabe, todo cuento gira en torno al esclarecimiento de un problema. Hay un vuelco de la l√≥gica de los eventos que hacen que lo que parec√≠a devenir de un modo no lo haga siguiendo esa l√≥gica sino una propia y, hasta cierto punto, imprevisible. Nada hay m√°s da√Īino para una historia que lo predecible. Monterroso se apoya en un h√°bil empleo de la elipsis que, con escuetos apuntes sugerentes y cierta reticencia, plantea las coordenadas necesarias para el florecimiento de la microhistoria y deja al lector aportar lo que resulta obvio en las condiciones que √©l establece. Si la s√≠ntesis consigue exponer las circunstancias esenciales del problema que se presenta, entonces no es necesario ofrecer tantos datos o informaci√≥n accesoria al lector. El autor por lo general se apoya en referencias culturales que se presupone domine el lector con lo cual reduce la informaci√≥n que debe aportar. Con esta ayuda y las deducciones que deriva de la situaci√≥n, el lector entra en juego y participa activamente en el completamiento de la historia.

Veamos el ejemplo de uno de los cuentos emblem√°ticos de Monterroso, ¬ęLa oveja negra¬Ľ. Ya decir ‚Äúoveja negra‚ÄĚ presupone un elemento de caracterizaci√≥n del personaje que es conocido para el lector. Se trata de alguien que rompe las reglas de lo establecido, que va contra el esp√≠ritu del reba√Īo. Por esto no es inusitado que a la oveja negra la fusilen. Tiempo despu√©s esta resulta comprendida y reivindicada, algo muy t√≠pico de Monterroso, lo azaroso del destino, por lo que se le honra con una estatua ecuestre. Sin embargo, y aqu√≠ est√° el giro detonante para el sentido del cuento, esto se convierte en costumbre, no para enaltecer la rebeld√≠a o la individualidad, sino para que las ovejas comunes ‚Äúpudieran ejercitarse tambi√©n en la escultura‚ÄĚ. Esta mirada c√°ustica es la que nos ayuda a penetrar en lo esencial humano.¬† Notemos, de paso, que el cuento corto se acerca al epigrama pues trata una m√≠nima l√≠nea argumental con precisi√≥n y agudeza.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Hombre sabio, conoce que el humor es el √ļnico elemento capaz de hacer que las verdades m√°s indigeribles sean atendidas sin dolor, porque nada duele tanto (a pesar del refr√°n) como la verdad. De modo que su obra est√° asistida por este elemento de suprema inteligencia, elaborado con una originalidad fuera de lo com√ļn. Escritor irreverente hasta el tu√©tano y con toda justificaci√≥n, arremete contra toda convenci√≥n o axioma idiotizante, apelando a la mueca sagaz para alertarnos y hacernos ver la vida de una manera m√°s productiva. De modo que toda su obra podr√≠a estar signada por aquella vieja sentencia: ¬ęNo os tom√©is la vida demasiado en serio, pues de ning√ļn modo saldr√©is vivos de ella¬Ľ.

Dentro del humor su figura preferida es la ironía. Lo hemos visto en el cuento mencionado, las estatuas no buscan exaltar a las ovejas tristemente ejecutadas sino permitir un ocio creativo a sus semejantes que las fusilan. Es esta mirada que descubre el ángulo oculto de un asunto lo cardinal para la ironía. Ella intenta mostrarnos, por el desencuentro entre una proposición y la consecuencia que resulta, las contradicciones en diversos fenómenos. La incoherencia entre lo que parecía ser y lo que finalmente es lograda mediante la caricaturización de un fenómeno ayuda a percibir, por oposición, los verdaderos valores que tal situación refleja. La ironía expone la verdad por un énfasis en lo falso.

No resulta fortuito que, dentro de la narrativa, Monterroso se haya inclinado fundamentalmente por la f√°bula. Incluso en sus ensayos hallamos presente lo imaginativo, la fabulaci√≥n, porque esto le permite establecer un acercamiento menos escol√°stico a los asuntos que trata as√≠ como una aproximaci√≥n m√°s amigable al lector. Quien inicia la lectura de alguno de sus textos no puede menos que quedar rendido a sus pies por lo ameno y curioso de sus formulaciones. Sabe que lo que se vive es com√ļn y que ¬ęsolo la forma de contarlo diferencia a los buenos escritores de los malos¬Ľ (La palabra m√°gica). Esa elecci√≥n tiene que ver con la intenci√≥n general de la obra de este autor. Monterroso en sus cuentos nos lleva a derivar de cada microhistoria alg√ļn juicio oportuno, si no estrictamente como un ejemplo moral a la manera del Conde Lucanor, s√≠ fundamentalmente de corte existencial. El cuentista quiere que, junto a √©l, aprendamos a entender y ejercer la vida de manera m√°s l√≥gica y cierta, sin regalos a los prejuicios o esquemas falsos.

Leer a Monterroso sirve para no aburrirse y, m√°s, para no aburrarse. Con su lectura acentuamos la significaci√≥n de mirar a la vida con cordura y amabilidad, en actitud desprejuiciada y dial√©ctica. Esto nos permite re√≠rnos de nuestras necedades, aceptarnos tal como somos, reconocer la relatividad de cuanto acontece y apreciar los valores ciertos que ella nos ofrece. Que no nos suceda como al Burro de su f√°bula, que encontr√≥ la flauta abandonada, toc√≥ una m√ļsica sublime y, desapercibido, la tir√≥, desechando con ella lo √ļnico hermoso que hab√≠a logrado en toda su existencia.

 


‚ÄúCelestino‚ÄĚ convoca en Holgu√≠n

Vuelve Ediciones La Luz y la sección de Literatura de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín, a convocar al prestigioso Premio Celestino de Cuento, esta vez en su edición 22.

Podr√°n participar todos los escritores cubanos, residentes en el pa√≠s, miembros o no de la AHS, menores de 36 a√Īos de edad, con un cuaderno in√©dito con una extensi√≥n m√≠nima de 45 cuartillas y 70 como m√°ximo que deber√°n enviar a la direcci√≥n electr√≥nica: 22premiocelestinodecuento@gmail.com.

Los interesados podr√°n encontrar m√°s detalles de esta convocatoria en la p√°gina oficial de la editorial:
https://edicioneslaluz.cubava.cu/2021/02/convocatoria-xxii-premio-celestino-de-cuento-video/

El evento, que se desarrollará desde el 15 al 18 de junio, de forma virtual atendiendo a las dificultades resultantes de la COVID-19, está dedicado al centenario de Augusto Monterroso y al  aniversario 35 de la AHS.

Las obras ser√°n recibidas hasta el 1 de junio de 2021 y el ganador obtendr√° un diploma acreditativo, 1000 pesos, una obra de arte y la publicaci√≥n del cuaderno premiado a cargo de Ediciones La Luz, a ello se a√Īadir√° el pago del respectivo Derecho de Autor.

El jurado lo integrar√° como es habitual figuras de prestigio en las letras cubanas y dar√°n a conocer su fallo el 18 de junio.

El Premio Celestino es de los más importantes concursos para jóvenes autores cubanos. Sus ganadores más recientes fueron Elaine Vilar Madruga y Robert Ráez.