Lisbeth Lima Hechavarría


Al filo de una voz-Isla, puente, barco de papel…

Y aquí se vive como al centro de un día,

con los bordes comidos por los p√°jaros

√Āngel Escobar

Tienen los versos un ritmo al que no logro acoplar y eso reta, me gusta sentir que algo se impone. Lleva la poes√≠a otra forma de doblegar, otro modo de hacerse y hacerme sentir al ‚Äúborde‚ÄĚ. Es algo as√≠ como lo incontenible que no posee la narrativa. Cuando leo poes√≠a se me despegan los pies del piso, la gravedad se invierte y hacerle presi√≥n ser√≠a en vano. Una idea para cuento puedo mantenerla dentro durante mucho tiempo, rumiarla una y otra vez, reescribirla sin escribirla y armar personajes en torno a ella seg√ļn se antoje; pero no me pasa as√≠ con la l√≠rica. La poes√≠a cuando llega se desborda, escapa entre los poros del cuerpo, como si necesitara estallar pronto para no implosionarme dentro y hacer que corran mis yoes en todas partes.

A Lisbeth,

este libro, lleno de saltos, bordes y escapes. Ojalá puedas encontrar en él esa otra Isla.

Gracias por estar en el nacimiento de este primer hijo.

Abrazos.

22/4/2022

 

Escribió Reineris para mí en la dedicatoria del libro, sin saber cuán atinada sería en el futuro próximo, cuando finalmente navegara en barcos de papel por los filos de estas Islas-versos al borde del escape. Y así, como quien no intuye la pena, comenzó a avizorárseme el hueco en la espalda y Tuve cuidado…

Indiscutible la contundencia y madurez de este poeta, pese a ser su primer libro, al menos publicado. Entre sus p√°ginas percib√≠ que, a este escritor, que tambi√©n encuentra refugio en los relatos, pudiera pasarle como a m√≠ con la incontinencia po√©tica, por ello hice alusi√≥n a tal fen√≥meno en los inicios de este texto, al que rehus√≥ llamar rese√Īa, pues pretendo ir m√°s all√° de la mera descripci√≥n del libro; mucho menos procuro incentivar el fen√≥meno comercial de su venta, am√©n de que para obtenerlo sea ese un paso indispensable en este caso, donde he tenido el gusto de presentarlo, en el marco de la XIX Edici√≥n de la Gira de Trovadores y poetas Estrofa Nueva, 2023. M√°s bien quisiera armarme de su autor por un momento, y como una especie de capa m√°gica, transparente, llegar hasta cada posible lector y envolverlo, tragarlo, hacerlo desaparecer entre los rostros que muestra en cada escrito. Tal vez como duende ‚Äúatraviesao√≠dos‚ÄĚ que desempolvan, susurrar que me asustan las mujeres de sombra rota; que dice mi padre que tengo un √°rbol en el pecho, / (‚Ķ) donde un muchacho que oye a los Beatles se suicida/ y cae con los ojos cerrados/ sobre mi ombligo.

Quiz√°s mal entienda y la necesidad de evasi√≥n me sobrecoja, pero la poes√≠a en su concepci√≥n m√°s universal me ampara, y es que siento que el surrealismo po√©tico en este libro abraza y lo dota de un frescor necesario. Esta idea me hace recurrir al cuento del rat√≥n que hac√≠a la abuela cuando yo era ni√Īa y que s√© es de creencia popular: el rat√≥n muerde en las noches, mientras uno duerme aletargado en el m√°s profundo de los sue√Īos, y mientras tanto, para que no sientas dolor, sopla, y sopla y sopla‚Ķ S√≠, duelen como finas agujas en la m√©dula los versos de Reineris, sientes un dolor ajeno, y no puedes dejar de ser El otro.

Bordes, título que estuvo a cargo del prestigioso sello editorial La Luz, en Holguín, publicado en 2020, ha contado con buena aceptación por parte de los lectores, hecho que pude constatar en las Romerías de Mayo del pasado 2022, donde tuvo su presentación. Otras se le han sucedido, también en el marco de algunos eventos literarios del país, entre los que cabe destacar el Mangle Rojo, espacio para dialogar con buena representación de los hacedores de esta Isla poética y hasta donde llegó Bordes, como Un puente.

No cuesta percibir los m√°rgenes de esta voz. Presta a que conozcas d√≥nde enra√≠zan sus miedos, plena a su deseo de hacerte saber, su temor, que al mismo tiempo se transfigura en necesidad imperiosa de caer… de dejarse caer. No hay un juego de personajes, siempre ser√°n ellos mismos, seriadamente, poema a poema. Esto dota al cuaderno de una uniformidad est√©tica interesante, donde el reflejo del yo va mutando entre su padre, su madre y una Criatura salvaje. En algunos casos se cosifica, hasta convertirse, pasando desde un puente hasta hasta una ventana, atravesando una aguja, acept√°ndose tal cual, cayendo al vac√≠o, esperando que abajo est√©n los otros.

Huir, saberse huyendo y tragar el pesar del escape, es también de las grietas en el libro. Una grieta colectiva que anuncia el cráter comunitario. Ese hueco en la espalda donde su padre también asoma el rostro, su madre y todo el panteón, porque es así como funciona la mecánica del hoyo y su autor lo sabe. Más, será mejor sembrarnos bocabajo,/ con la vaga idea de que podemos morir tranquilos…     



Alessandro Sicioldr y nuestros rostros

Alessandro Sicioldr Bianchi, artista pl√°stico italiano de tan solo 32 a√Īos, con una s√≥lida carrera en el mundo del arte, legitimada en numerosas exposiciones colectivas y personales, as√≠ como importantes premios que lo han catapultado a ser reconocido como uno de los talentos m√°s notorios de su generaci√≥n, trabaja el surrealismo y ha confesado no solo hacer del g√©nero su l√≠nea de trabajo sino una filosof√≠a de vida, no solo una est√©tica, tambi√©n una forma de filtrar su realidad, lo cual le ha permitido plasmar su cosmovisi√≥n del mundo en los lienzos que pinta. Ilustrador nacido en 1990 en Tarquinia, actualmente residente en Perugia, Italia. Trabaja con √≥leos y l√°pices de colores, afianzando primero l√≠nea a l√≠nea las fantas√≠as de sus obras, usando para ello im√°genes que dice vienen del inconsciente, muchas de ellas llegan en ese momento de enso√Īaci√≥n apoder√°ndose de su musa, la que luego materializa usando una mezcla entre t√©cnicas contempor√°neas y tradicionales. La peculiaridad de sus creaciones, las cuales comenzaron a manifestarse desde muy temprana edad, alertaron a sus maestros en el Jard√≠n de Infantes quienes sugirieron a sus padres llevar al ni√Īo a misa y exorcizarlo. Estudi√≥ y trabaj√≥ durante mucho tiempo bajo la gu√≠a de su padre, psic√≥logo y tambi√©n artista pl√°stico en un estudio de pintura cl√°sica. En 2014 se mud√≥ a su propio taller donde ha continuado creci√©ndose y nutriendo sus obras de an√°lisis enfocados a la Historia del Arte, la Psicolog√≠a, Mitolog√≠a, Filosof√≠a, Literatura y Ciencias.

El oficio requiere disciplina, asegura, es por ello que pinta desde el amanecer hasta la tarde. Matiza su tiempo de creaci√≥n con h√°bitos que refiere alimentan su rutina: camino mucho a la orilla del mar. Todo podr√≠a parecer com√ļn, simple, visto desde fuera, y esto es porque las evoluciones y experiencias internas son sutiles, no manifiestas. Lo que ocurre bajo la superficie de la normalidad es lo que realmente hace la diferencia. Los sue√Īos, visiones, fantas√≠as y obsesiones han estado conmigo desde mi m√°s temprana infancia y las sublimo a trav√©s del arte. Mis visiones son solo im√°genes que flotan en las mareas de la conciencia, y supongo que todos las tienen. Mi √ļnica capacidad es reconocer cu√°ndo una imagen es importante y fijarla. Al principio son solo impresiones fugaces que boceto en mis cuadernos, es ese el momento en el que tiene gran poder para m√≠. La pintura o el dibujo es la sacralizaci√≥n de una idea, pero la verdadera idea yace luego en el lienzo (elhurgador.blogspot.com).

No fue f√°cil decidirme por la que ser√≠a la portada de mi primer libro, no pocas antecedieron a la propuesta final, que felizmente se trat√≥ de la obra El √ļtero, de este autor que hoy les hablo. Resulta interesante c√≥mo a veces la vida tiende sus redes, pues en aquel momento no hice la tarea como lo estoy haciendo ahora, y es fortuito el que todo de alguna forma acoplara, a√ļn sin saber cosas que ahora s√©, ver√°n: la pintura lleva ese t√≠tulo tan sugerente y Rostros (Editorial Primigenios, EE.UU, 2021) fue mi primer hijo; en la imagen, las ra√≠ces que salen en rojo del n√ļcleo de la figura, buscan conectar con algo, que ya queda a la capacidad de interpretaci√≥n del espectador, pero que todos podemos ser sensibles a lo que trasmite. En mi caso, Rostros fue esas ra√≠ces que comenzaron a afianzar mi obra literaria y que luego brotaron en la publicaci√≥n de mi segundo volumen de cuentos. Fue resultado directo de la publicaci√≥n del primero ya que un lector que lo encontr√≥ gracias la campa√Īa promocional online que lanc√©, era nada m√°s y nada menos que el Director de una editorial ecuatoriana y a partir de ese momento se interes√≥ en mi obra. Luego de algunas entrevistas que me pidiera para publicar en su pa√≠s, propuso que enviara un libro in√©dito para su sello; ah√≠ naci√≥ entonces Matices de vida (Editorial Libros Duendes, en colaboraci√≥n con la Agencia Traductora Literaria Tektime, Italia, 2022).

Despu√©s de que Rostros comenzara a darme todas las alegr√≠as que me ha dado y sigue d√°ndome, habiendo estado en el n√ļmero uno de literatura er√≥tica en Amazon y en el cincuenta y nueve de literatura de ficci√≥n durante tres d√≠as consecutivos, tras una promo que lanzara su editorial, con m√°s de trescientas descargas desde varios pa√≠ses y recibir montones de mensajes de sus lectores habl√°ndome de sus experiencias durante la lectura, puedo asegurarles que no hay mejor premio que ese. Desde entonces llevaba tiempo rumiando la idea de tatuarme la portada, y como nunca ignoro mis deseos, ah√≠ est√°. ¬†

M√°s, ahora descubro que toda la obra pict√≥rica de su autor versa sobre el surrealismo, y parece casu√≠stica astral el que para comenzar este a√Īo me tatuase una obra surrealista, (am√©n de todo lo dem√°s ya dicho), ya que ha sido el g√©nero literario en el que estuve trabajando todo el 2022, de donde naci√≥ mi cuarto libro de cuentos para adultos, parte del mismo ya pr√≥ximo a salir publicado por Ediciones Luminarias en Santi Sp√≠ritus, bajo el t√≠tulo Escalera de mar, cuaderno ganador del certamen Casatintas, 2021. Pero el proyecto completo lleva el nombre La pelirroja de Jodorowsky (a√ļn in√©dito), una obra donde lo surreal se personifica y va ganando espacio sutilmente dentro de la m√°s cruel realidad cubana. Por esta misma l√≠nea de pensamiento fluye la est√©tica de trabajo del artista visual Carlos Gil Calder√≥n (KGK), quien adem√°s tambi√©n ha encontrado m√°s all√° del lienzo y el videoarte otro material para plasmar sus obras. Creador santiaguero radicado en La Habana, con un taller (AKAMARA) que se ha convertido no solo en estudio de tatuajes sino en zona de confort para dar vida a bocetos que luego firma como KaGiKa en las pieles de sus clientes. Carlos, quien quiso abrazarme con este regalo luego de tanto tiempo sin vernos, tatu√≥ en mi pierna izquierda, del lado del coraz√≥n, la cara de mi primer libro y redescubrimos juntos la obra de Alessandro Sicioldr, sorprendidos ante la magia de ‚Äúel tiempo es perfecto y todo lo que tenga que ser ser√°‚ÄĚ, c√≥mo no fue hasta ahora, despu√©s de casi dos a√Īos ya de la publicaci√≥n de Rostros, que nos percatamos de tales semejanzas.

En mi opini√≥n, cada obra de arte deber√≠a aspirar a la universalidad, porque tiene que hablar a la mayor parte posible de la humanidad. Lo √ļnico que cambia es el lenguaje que un artista utiliza para expresarse. Yo no sigo un estilo o una moda. Solo quiero tener completa libertad de expresi√≥n y no s√© (ni me importa) si mi estilo resultar√° coherente. (‚Ķ) Si mi personalidad y mi alma est√°n siempre cambiando y evolucionando, ¬Ņpor qu√© deber√≠a mi arte ser monol√≠tico y coherente?

Alessandro Sicioldr



#MaestrosdeJuventudes: Ra√ļl Aguiar y Sergio Cevedo

Recordar los a√Īos del Onelio traen siempre consigo el impulso, las ganas, las fuerzas. Diecisiete oto√Īos y unas pocas p√°ginas nacidas a pu√Īo no bastaban para merecer semejante oportunidad. Si org√°smica fue la noticia de haber sido seleccionada para aquel ya lejano decimosexto curso, buena nueva que lleg√≥ en la mel√≥dica y tierna voz de nuestra Ivonne Galeano cuando corr√≠a el a√Īo 2013, extasiada regres√© siempre a casa luego de esas semanas abarrotadas de letras, an√°lisis de grandes obras que nunca hab√≠a le√≠do, muchas que de hecho a√ļn no leo y lo sufro; es que no me da la vida, le comentaba, es una de las penas que a diario me consumen, la falta de tiempo para poder pasar horas leyendo, las horas que merece el placer de la lectura. Y me dec√≠a el profe Ra√ļl Aguiar hace unos meses en mis andanzas: tranquila‚Ķ Sugiri√≥ unos textos como si me fuesen a multiplicar los soles. De esa naturalidad profunda, como abrazo, es que invoco siempre al profe, que entre Rock and Roll y crep√ļsculos, lo mismo en H y 21, que en otras ruletas cuyas calles por m√°s que me esfuerce no voy a recordar, nos invade de toda esa jovialidad tremenda, esa que nos da la confianza de que habr√° tiempo a todo. Es la misma sensaci√≥n que tuve cuando un s√°bado de esos le√≠ el primer cuento que hac√≠a en mi vida. Yo en una punta, y a mi derecha, en este orden: el profe Heras y Ra√ļl. Del lado izquierdo, el tembloroso, Sergio Cevedo, a quien ya hab√≠a comentado lo primigenio del texto, y ante el vibrar de mis manos solo atin√≥ a decir, as√≠, con toda la convicci√≥n del universo, contundente: saldr√° bien, y bast√≥.

Hacer alusi√≥n a estas peque√Īas cosas, alimento para el alma, y pretender que recuerden es imposible, hemos sido muchos los afortunados, pero igual, cada uno de nosotros atesora esos pasajes que no cualquier maestro es capaz de provocar. Hubo tardes a guitarra; recuerdo una especial en la que hasta a Eduardo Sosa lo capturamos y as√≠ pasaron horas de arpegio, donde todos hablaban y yo iba como de brinquito en brinquito de un tema a otro, solo atenta, sintiendo que adolec√≠a de mucho y al mismo tiempo tan feliz de ello, de saber que tanto me faltaba a√ļn por descubrir. Hubo d√≠as de magia, de sentir que se puede uno tragar toda la literatura que existe en un bocado con tan solo escucharlos. ‚ÄúYo quiero leer to‚Äô eso y digerirlo as√≠‚ÄĚ, pensaba, ‚Äúcon esa pasi√≥n y las ganas de que la alquimia encuentre rumbo entre los dedos de nuevas oleadas de escritores, como hacen nuestros eternos Ra√ļl y Sergio‚ÄĚ. Y ¬°qu√© raro!, jam√°s hab√≠a pensado en el magisterio, ahora que analizo, ser√≠a lo ideal para el ajuste lectura-tiempo, y luego el desquite, la revancha, el atrapar a los que vienen con ganas de tejer.

Pero no solo pienso en mis profesores de la Onelio como esos ante los cuales lo mismo me babié dormida en clases, que si me dejaban iba a parar frente con frente a sus caras por lo adentro que me metía en sus charlas, pero no, también los descubrí en sus estados puros, como danzantes de historias. Sus libros fueron de alguna forma la muestra de todo aquello que les escuchábamos en clases. Ya era difícil ir desnuda a sus lecturas, despojada del ajiaco teórico que se nos sembraba dentro, y entonces miraba uno con otros ojos.

Nunca hubo un ‚Äúpara luego‚ÄĚ cuando se hac√≠an preguntas, todo momento era preciso para aclarar la duda, para citar a Rulfo, a Onetti, a Onelio, a Fulkner, a muchos, y con esa gracia de fichero hacerlos coincidir en cada tema para mostrarnos las respuestas a trav√©s de todos ellos.

¬ŅProfes del Onelio, dicen? ¬ŅY se han preguntado c√≥mo llegan Ra√ļl y Sergio a todos aquellos que no han podido pasar el Onelio? Ya es una fiebre, se corre la voz y de alg√ļn modo se hacen leyenda. Algunos hablan de lo geniales que son los profes, de los arrebatos a guitarra, de que c√≥mo es posible almacenar tanta lectura, tanto an√°lisis literario, de su gran sensibilidad al hablar sobre una obra. Yo, adem√°s de todo eso, hablo tambi√©n de su grandeza humana, de sus pasiones, de lo sublime en su af√°n para ense√Īarnos c√≥mo abrir esas puertas doradas hacia un camino que salva: la literatura.



Placeres de la escriba

Nota de autor al libro Rostros

Siempre me será infinitamente grato volver a las páginas de este, mi primer libro publicado, y redescubrirme en ellas. Los cuentos compilados en este volumen llevan mucho de mí. Significan inicio, escuela y crecimiento. Debo confesar que no fue este el título que desde siempre pensé para el libro. Asumí desde mucho antes de concebir la idea de su feliz publicación, el firme convencimiento de que debía llamarse: De amor y otras aberraciones, que incluso es el título de uno de los cuentos incluidos, pero luego Rostros me hizo cambiar de parecer al releer una y otra vez y darme cuenta (en ese ejercicio de edición de obras que tanto tiempo suele arrebatarnos a los escritores) que tal como yo, muchos también pueden verse en estas historias/espejos, como lo definiera el amigo y colega Abel Guelmes Roblejo en su nota de contracubierta. 

Con Rostros Lisbeth Lima Hechavarr√≠a pone delante de nosotros una serie de cuentos que bien podr√≠an hacer funci√≥n de espejos para el lector, al verse identificado, narrado, observado desde adentro en su intimidad. Este libro presenta 15 relatos, 15 visiones, 15 rostros de lo que es el amor. No el amor cursi de las novelas rosa, sino el amor de la vida real con personas que a√Īoran, luchan, sufren, gozan, sue√Īan: viven.

Entre sus letras, Lisbeth te muestra algunos semblantes en las relaciones de pareja: el de la primera vez, el amor a√Īejo, el inesperado, el esperanzador, el de ni√Īos, el fraternal, el conquistador e incluso, te muestra el cruel rostro del desamor.

Pero no son esos los √ļnicos que ver√°s. Cada qui√©n podr√° reflejarse en las historias/espejos y quiz√°s se (re)conocer√°n en personajes que bien tienen la cara de alguien conocido, o de varios conocidos a la vez: el de √©l, el de ella, el tuyo, el m√≠o o el de todos.

Lean, disfruten, gocen cada exquisito relato que la autora pone a su disposición. Viajen a través de un bien logrado rejuego con el lenguaje, excitante erotismo, sexo y pasión. Atrévanse a descubrir estos Rostros y serán sorprendidos.

 

Abel Guelmes Roblejo

 

Por eso Rostros tiene la magia de hacer que nos miremos desde adentro. A fin de cuentas, sus personajes no son más que el reflejo de nosotros mismos en situaciones cercanas, situaciones que escuchamos en boca de uno, de otro, que nos llegan y nos conciernen a veces más de lo que creemos o queremos admitir. 

***

Pr√≥ximo Inning, cuento que da inicio al libro, es una historia de amor vencido, caduco, que pide a gritos ser renovado, pero nos demuestra que tal como en la vida real, no basta con el deseo de solo uno. El libro est√° concebido con la intensi√≥n de que cuento tras cuento la cotidianeidad de sus personajes hagan que el lector se camufle con el plano ficcional de las historias y lleguen incluso hasta a dialogar con sus protagonistas, transfigurando sensaciones, intimidad y complicidad. En esta primera entrega el libro muestra mucho de s√≠, de sus personajes, los cuales pueden incluso hasta verse mutados retrospectivamente de estos primeros seg√ļn avancen algunos de los relatos.

La mayor√≠a de los cuentos que componen este folleto tienen m√°s de siete a√Īos, es el caso de Zona inexplorada, por ejemplo, primer relato que hice en mi vida como escritora. Naci√≥ en el Onelio (Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso, 2014), escrito espec√≠ficamente para una de esas emblem√°ticas lecturas cr√≠ticas de los s√°bados y de la cual sali√≥ bastante ileso, podr√≠a decirse. Por ende, la connotaci√≥n que tiene para m√≠ poder ver finalmente esta obra publicada es superior, sin temor a duda, a la satisfacci√≥n de las restantes. Luego de atravesar procesos de correcci√≥n y reescritura me hizo feliz el haber podido mantener su esencia. Este cuento nos remonta a la primera vez de una chica, a cu√°n complejo puede o no ser ese momento. Es un relato de amor m√°s que nada. Donde de forma ingenua, pura y pasional vemos a Gaby perder su virginidad. Est√° publicado adem√°s en la antolog√≠a de cuentos para j√≥venes El sabor de la luz, editorial Jos√© Mart√≠, 2021, compilada por el escritor habanero L√°zaro Alfonso D√≠as Cala.

Cosa de tres es otra de esas historias de muchos a√Īos ya, que cada vez que leo me llena de una ternura interminable, no s√© bien por qu√©, tal vez a otros les resulte escandaloso, pero el amor puede llegar a ser tan grande y horizontal como se quiera o nos permitamos. Es un relato que intenta romper con los esquemas, con los planos preconcebidos del amor de pareja y con los tab√ļes de la sociedad. Su protagonista vive un amor de tres donde su conflicto interno consiste en no tener conflicto alguno con sentirse capaz de amar a m√°s de uno a la vez, y no tener problema en gestar una vida en familia bajo esas condiciones.

Por otra parte, est√°n los cuentos: De amor y otras aberraciones, Alma y Entre qu√≠micas, de corte homoer√≥tico, los cuales nos muestran de cu√°nto somos capaces cuando deseamos amor y en cambio no obtenemos nada, lo duro que resulta reducimos al costumbrismo de una √≠nfima porci√≥n de cari√Īo. En estos, sus protagonistas, v√≠ctimas del apasionante embriague del querer, son conducidas hacia caminos un tanto oscuros que cambiar√°n sus vidas para siempre.

Y no faltar√°, como es de imaginarse, aquellas historias del t√≠pico ‚Äúamor t√≥xico‚ÄĚ y adictivo al cual nos vemos o nos hemos visto atados alguna vez, y si no lo ha estado, amigo m√≠o, pues esp√©relo, porque si bien trastorna tambi√©n engancha, justo como estoy segura va a pasarle al leer La mujer que amo. Una relaci√≥n de a√Īos, donde los personajes intentan huir de sus pasiones sabi√©ndose presas contra precipicio y una vez al l√≠mite de lo inaguantable recomienzan de cero para volver luego a planificar la huida.

***

Erotismo, sexo, amor, desamor, es el convite entre estas p√°ginas, donde puse fin a una etapa creativa inicial de mi carrera como escritora y di paso, feliz ante lo concebido, a una nueva fase escritural.

Espero con ansias disfruten esta entrega y tal vez un d√≠a, as√≠, como por casualidad me hablen de El poeta y la mantis, o me llamen Pilar, tal vez hasta quieran mostrarme su Papel en blanco, o un chico venga a contarme sobre su Gol de chilena en La √ļltima Partida y por El chat hasta puedan mostrarme sus dis√≠miles Rostros. ¬†¬†

 

La autora



Ojos para mirar los paraísos azules de Martha

¬ŅSabes de ese momento en el que te quedas pensando, c√≥mo es posible que no lo hubiese le√≠do antes? Bueno, algo as√≠ pas√≥ aquella ma√Īana de jueves (no s√© por qu√© siempre es jueves cuando descubro cosas). M√°s a√ļn cuando sabes de ese autor, cuando no resulta del todo un ‚Äúno escuchado antes‚ÄĚ, cuando incluso han interactuado en alg√ļn que otro espacio. Pero, me agrada que jam√°s hubi√©semos cruzado ni medio saludo, nada. Tengo la firme convicci√≥n de que prefiero no conocerlos. Agradezco llegar a sus obras despojada de todo juicio previo, sin saber c√≥mo luce su rostro, ni c√≥mo sonr√≠e, ni el sonido de su voz, sin nada que matice. En asuntos de este tipo detesto los matices, pero no es un privilegio del que goce mucho √ļltimamente, sobre todo con los autores m√°s j√≥venes. Y para mi fortuna, as√≠ llegu√© a los dos primeros libros que le√≠ de Martha Acosta √Ālvarez: Ojos para no ver las cosas simples, Premio Celestino de Cuento, 2018, Ediciones La Luz, Holgu√≠n; y P√°jaros azules, Premio Pinos Nuevos, 2016, publicado por Letras Cubanas. Ambos los consegu√≠ en la reci√©n Feria Internacional del Libro de La Habana, 2022. Recuerdo que cuando encontr√© el segundo enseguida me remont√© al primero, hab√≠a fijado el nombre de su autora y lo compr√© sin pensarlo. Obviamente la sab√≠a una narradora cubana contempor√°nea, cercana a mi generaci√≥n. Ten√≠a referencias suyas, pocas, una vez m√°s, repito, toda una suerte seg√ļn mis gustos como lectora; pero algo siempre s√≠ he tenido claro, y es que: a nuestros colegas hay que leerlos, saber c√≥mo se mueve el quehacer literario que nos circunda, que nos est√° marcando como grupo, y en este caso, como en no pocos otros de los revisados los √ļltimos meses, sent√≠ orgullo de la joven narrativa de esta Isla po√©tica.

Una tarde de apag√≥n, quiz√°s un mes y pico despu√©s, comenc√© a leer Ojos para no ver‚Ķ y empezaron a clav√°rseme los dardos en la diana sensitiva de mis gustos literarios. A la ma√Īana siguiente me fui al dentista, ya saben, colas, siempre las benditas colas que aprovecho para leer as√≠ sea recostada a una esquina y comenc√© a llenar el libro de apuntes. Me preocupo cuando no tengo nada que marcar en los libros.

Leo para rese√Īar, porque amo hacerlo, para conocer las nuevas voces, (tambi√©n para de alguna forma estar clara de la competencia). Esta chica es una muy buena competidora. Me ha dado tremendo placer leerme este libro. Tiene un pulso firme, una limpieza estil√≠stica envidiable y un total dominio del lenguaje y sus bondades.

Escribí un viernes 3 de junio, sentada en el salón de espera de la Clínica Estomatológica, aguardando para sacarme una muela. Incluso, una vez dentro, boca abierta en lo que el dentista cargaba la jeringa con la anestesia y traían el instrumental, seguía yo pegada al libro, entre otras cosas para enajenarme de la situación. Así avancé luego ese mismo día por las ciento cinco páginas como analgésico alternativo ante el posoperatorio.

P√°jaros azules lo comenc√© poco despu√©s de haber devorado el primero y, sin temor a dudas, puede uno encontrarse el libro sin portada ni nada que haga alusi√≥n al autor y leer directamente desde el primer cuento: Ojos caleidosc√≥picos y reconocer a Martha enseguida tras aquellas p√°ginas. Existe una coherencia estil√≠stica en toda su obra, una homogeneidad admirable en sus textos, aunque pertenezcan a libros diferentes, que hace que funcionen como una especie de unidad indisoluble. Encontramos en su escritura toda, lo supe luego al leer el plaquet de poes√≠as Distintas formas de habitar un cuerpo (publicado tambi√©n por Ediciones la Luz, Premio de Poes√≠a El √°rbol que silva y canta, 2017), una serie de marcas de agua, presentes en sus creaciones, que basta saber apreciar para reconocerla as√≠ sea en versos sueltos o alg√ļn p√°rrafo de cualquiera de sus cuentos. Tiene todo un stock de recursos literarios que ubica en el momento justo, como si moldeara a mano los vaivenes de las narraciones, y digo esto e imagino unas manos finas pero firmes, de mujer deshabitada por la duda ante lo que hace, modelando un barro literario a su antojo una y otra vez, creando figuras sueltas que luego hilvana con paciencia de tejedora anta√Īa. No encontramos textos densos vanaglori√°ndose de ese stock de t√©cnicas, no, y eso el buen lector lo agradece; encontramos met√°foras llevadas sutilmente hasta lograr im√°genes claras, pero con la tremenda capacidad de golpearte el rostro de a tajo.

Sergio llegó a la casa. Abrazos, palmadas en la espalda, la voz retorcida por verse luego de tanto tiempo. 

El mar era un rect√°ngulo oscuro que adornaba la pared. Quieto. Manso. Dormido. Me sorprend√≠ tambi√©n vigilando al mar. Daba miedo que se despertara en alg√ļn momento, que rompiera su horizontalidad, que se irguiera y caminara hacia nosotros.

Habitación estrecha con vista al mar

(del libro Ojos para no ver las cosas simples)

 

Hoy vimos un p√°jaro azul y nos acordamos de la infancia, de la casa de tablones carcomidos por donde entraba la luz en los amaneceres. Los rayos col√°ndose por los agujeros de la madera hasta la pared. El polvo danzando en la luz, part√≠culas brillantes y locas que no se estaban quietas. Movimientos vivos. Peque√Īos seres m√°gicos que habitaban la luz, y por eso la luz era brillante. Entonces cre√≠amos que los rayos de sol eran cil√≠ndricos, que los cilindros eran las casas de las criaturas. Toc√°bamos la luz con la punta de los dedos, despacio, para no espantar a las criaturas, que se revolv√≠an al tacto de los dedos, como si sintieran cosquillas.

 

Escuchábamos a la tía Jimena haciendo sonidos de amanecer…

 

A veces creía que te estabas muriendo, y que la muerte te hacía bien. Daban ganas de morirse contigo.

 

Ojos para no ver las cosas simples

 

Es esta una se√Īora hecha de todas las tonalidades de la frustraci√≥n.

 Cámara lenta

Dif√≠cil pasar por Falsos genitales sin hacer una pausa antes de proseguir. Resulta una tarea ardua establecer una escala sensitiva, sobre todo eso, sensitiva, entre los seis cuentos que conforman su libro Premio Celestino. Por suerte, la literatura tiene esas clemencias al permitirnos concluir a cada quien seg√ļn queramos, seg√ļn nos convenga, seg√ļn sintamos, y yo decido hacer mi pausa en este texto. No aprecio una literatura con marcaje feminista en la obra de Martha, cosa que acoto no me parece ni bien ni mal, solo se√Īalo, sin embargo, es este un cuento que recrea un plano ficcional con una prostituta inflable que no por eso deja se sufrir en su sint√©tica piel los mismos males que una mujer cualquiera, m√°s all√° de a lo que se dedique.

Abro la puerta del apartamento.

Veo a la prostituta tirada en el suelo.

Irreconocible la prostituta. (Aquí una de las marcas de agua de la autora, ese rejuego con las palabras repetidas).

¬ŅQui√©n te hizo esto?, pregunto.

No contesta.

No quiere o no puede contestar.

El aire se le escapa a través de su piel de vinilo soldado.

La prostituta est√° rota.

Reventada.

Su cuerpo no se parece a su cuerpo.

Su rostro no se parece a su rostro.

No pide ayuda.

No quiere o no puede pedirla.

Los ojos de la prostituta lloran.

(…)

La prostituta se está desinflando en la sala del apartamento. (…)

Estalló por la costura.

Por alg√ļn lugar ten√≠a que estallar.

(…)

Va hasta el ba√Īo. (‚Ķ)

Se saca la vagina portable.

La mete debajo del chorro. (…)

La vagina portable se llena de agua.

Se desborda.

Desde la estructura en la que manej√≥ el texto hasta la originalidad de la idea, el enfoque en el que plante√≥ la situaci√≥n resultan interesantes puntos de vista. Dota a todo el compendio como de una especie de n√ļcleo ya que notamos en otros cuentos una construcci√≥n similar en las narraciones y al mismo tiempo se mantiene el ambiente literario, que si bien no se repite s√≠ persiste la uniformidad, siendo historias que, aunque marcadas por lo cotidiano, coquetean con el surrealismo y el absurdo.

En P√°jaros azules, el segundo libro de Martha Acosta al que me acerqu√©, aunque escrito primero que Ojos para no ver las cosas simples, supongo, dado el orden cronol√≥gico en el que ganaron los premios (aunque eso bien pudiera no significar darlo por hecho), el cuento que lo nombra tiene una relaci√≥n cercana con ese otro. Y aqu√≠ debo hacer un stop y repensar la sintaxis de la idea que quiero transmitir, ver√°n: el cuento Ojos para no ver las cosas simples hace referencia de alguna forma intr√≠nseca a P√°jaros azules. Invaden en ambos una sensaci√≥n poderosa de tristeza, de agobio tras tiempo de intentar encontrar soluciones. El mismo mal aqueja, y va enmascar√°ndose: El p√°jaro se va de la casa, se va, pero no se lleva la tristeza. La tristeza se ha metido dentro de la casa, rueda y florece en las paredes, se derrama desde el techo, mancha el tapiz del √ļnico sill√≥n que tenemos‚Ķ Y, casualmente, ambos textos dan t√≠tulo a los libros. ¬ŅQu√© complicidad traer√°n impl√≠cita? Cabe preguntarnos. Algo similar sucede con los poemas: Ese d√≠a que no tiene para cu√°ndo acabar y Distintas formas de habitar un cuerpo y el cuento Palomitas Company, tambi√©n contenido en P√°jaros azules. Un cuento profundamente visceral, con todo el poder para trastocarnos: mi madre aprendi√≥ a aparecer y desaparecer desde mi rostro en el espejo, a decirme hija de mierda con la voz quebrada que simula un ‚ÄúAy, mija, me estoy muriendo‚ÄĚ. Tal vez mam√° piensa habitar mi cuerpo y mi espejo cuando su cuerpo pese demasiado para seguir articulando lamentos. Tal vez ya ha comenzado a hacerlo, y lleva a√Īos en eso, siglos, no s√©.

Fragmento del poema Ese día que no tiene para cuándo acabar:

Mam√° est√° muriendo.

Hace días que está muriendo,

a√Īos, siglos, no lo s√©.

Lleva mucho tiempo en eso,

y no acaba de morir

ni de salvarse.

Tose como si los pulmones se le salieran por la boca,

dice, Ay, mija,

con la voz quebrada

y se me llenan los ojos de lágrimas…

Paraísos perdidos, Premio Calendario de Cuentos, 2017, hace alusión irónica a nuestros hábitos; como bien definiera su propia autora desde la dedicatoria: … este quimérico museo de formas inconstantes, este montón de espejos rotos. Una vez más recorremos pasillos familiares entre nuestras tristezas y sinsabores de vida. El realismo invade sin piedad en cada uno de los textos paseándonos por una galería de paraísos: El paraíso del cuerpo, el del tiempo, el paraíso vacío, el sumergido y el impronunciable. Y aquí haré mi pausa en Un arrecife en la espalda, que considero bien encierra, como cualquier otro del compendio, la esencia de este libro. No escapo nunca al llamado del mar, donde quiera que esté, y aquí hace su presencia, arrasador, como de costumbre, dejando con cada batida de brisa más dolor que paz.

Esta autora camag√ľeyana (Sibanic√ļ, 1991) adoptada por la capital, m√°s que por la capital ya por toda la Isla, donde se lee y admira la buena escritura, ha sido ganadora de una larga lista de cert√°menes literarios entre los que figuran los siguientes premios de narrativa: el C√©sar Galeano de cuentos, 2015, a√Īo en el que egres√≥ del Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso; el Pinos Nuevos, 2016, Calendario, 2017, el premio Dador, 2017 y en ese mismo a√Īo el Paco Mir Mulet, Fundaci√≥n de la Ciudad de Nueva Gerona, el Mabuya; y en poes√≠a El √°rbol que silva y canta, 2017. Luego en 2018 fue galardonada con el Premio Iberoamericano de Cuentos Julio Cort√°zar, con la obra El olor de los cerezos, el Celestino de cuentos y el Novela de Gaveta Franz Kafka. Ha alcanzado menci√≥n en el premio David de poes√≠a, 2015, primera menci√≥n en el premio Emilio Ballagas de narativa, 2016, primera menci√≥n en el premio Mangle Rojo, de poes√≠a, 2017 y en el Portus Patris, tambi√©n de poes√≠a ese mismo a√Īo. Adem√°s de los libros ya mencionados tiene otros dos fuera de Cuba: Doce a√Īos es demasiado tiempo, Editorial Guantanamera, Espa√Īa, 2016 y una novela titulada La periferia por la Editorial FRA, 2018. Varias de sus obras aparecen en revistas tanto dentro como fuera del pa√≠s y en antolog√≠as.¬†

Su literatura está armada hasta los dientes con un ejército de personajes elaborados hasta el hastío. Pensados a nuestra imagen y semejanza, listos para defenderse de cualquier situación que a su autora se le antoje destinarlos. Cuenta también su escuadra con el ya mencionado stock de recursos literarios cuya función es alivianarte el golpe seco de su prosa. Solo te queda una opción: disponer de ojos para ver los paraísos azules de Martha.



La impasible gracia de los dioses

Rese√Īa al libro de cuentos para adultos: Los hijos del invierno, de Luis Enrique Mirambert

(…) Es peligroso caminar por donde todos caminan,

sobre todo, llevando este peso que yo llevo.

Este peso se ha de ver por cualquier espejo que me mire:

se ha de ver como si fuera una hinchazón rara,

yo así lo siento (…)

 

El hombre, de El llano en llamas.

Juan Rulfo

Algunas veces miro alrededor, solo algunas veces. Es preferible no detenerse mucho a observar, pues comienzan a invadirnos los reflejos. Entonces anda uno cabizbajo, buscando refugio donde mejor se nos da escondernos y ah√≠, cuando creemos reposar al fin en paz, rodeados de las miserias que acolchonan nuestra zona de confort, llega √©l, impasible, tremendo y hace entrada record√°ndonos a las bestias que nos carcomen el alma. Luis Enrique Mirambert, Uni√≥n de Reyes, Matanzas, 1991, es el maldito. La gente se equivoca, ese no es un don, ¬Ņqu√© va a ser un don eso de quitarle a uno las ropas as√≠ en frente del mundo, espantarnos la evoluci√≥n y hacer que corramos hacia las cavernas? Los hijos del invierno, as√≠ le llam√≥ al grito, digo al libro, que vio la luz en 2019 en complot con Ediciones Aldab√≥n.

Siempre hay uno de ellos, de los que huyen ante la luz. En oscuridad no se alumbran los espejos, no hay forma de que se avisten las verdades que amordazamos. Pero, también de los otros, los que caen, dejan que salgan de una vez las cuarteaduras ante la lengua filosa de los que saben. Se dejan morir ante lo rotundo de la naturaleza humana golpeando a las puertas de ti. Eso hacen los personajes de Mirambert. 

Pedro el rat√≥n no pod√≠a escribir. No pod√≠a escribir por su predisposici√≥n morfol√≥gica. O sea, no pod√≠a escribir porque no ten√≠a manos. Pero yo tengo manos y tampoco puedo escribir. O s√≠. Realmente si me lo propusiera escribir√≠a vulgares oraciones, largos y rid√≠culos poemas, frases hechas por otros que ya est√°n muertos. Pero un cuento, un verdadero cuento no puedo porque aqu√≠ no llueve hace a√Īos, no corre el agua que da vida a las palabras. Y eso es malo, terrible si se quiere.

As√≠ nos golpea el rostro este primer p√°rrafo del libro. Pedro el rat√≥n de John Fante o la falta de inspiraci√≥n descorre las cortinas desde el t√≠tulo, haci√©ndonos saber que ser√° un viaje interesante, necesario dir√≠a yo, un viaje hacia lo escatol√≥gico del ser. En esta primera entrega del libro el autor hace una oda a la soledad. M√°s que un canto es aullido desesperado sin mover la boca. Estar solo provoca esas cosas, primero las m√≠micas se encargan de lo suyo, pero llega el momento en que hasta eso sobra y la l√°stima se nos pega en los ojos frente al espejo del ba√Īo. Un tipo cualquiera, un tipo que escribe, ha dejado de ser un tipo que escribe desde que se supo viviendo la com√ļn farsa y las manos se le secaron de tanto pas√°rsela por el rostro espantando el hast√≠o. Este hombre ha dejado de hallarse, un rat√≥n viene a hacer conciencia de su hueco sobre los hombros, se vuelve su amigo, su camarada con voluntad de compartir el tiempo de asueto. Escribir un cuento de amor era el desaf√≠o, pero el tipo no cre√≠a en el amor, ni en su capacidad de narrar, que agonizaba, ni en la resiliencia de sus manos secas, y su amigo el rat√≥n, de a poco, intentaba devolverle la confianza, pero el hombre es hombre y no puede obviar su naturaleza, el morbo que despierta su fe en s√≠ mismo, as√≠ que cuando descubri√≥ al gato cazando a Pedro, nada hizo. Tampoco movi√≥ un m√ļsculo para intentar espantar al depredador, es que √©l tambi√©n depredaba el momento. Iba a arrancarle los pedazos a ese instante hasta devorar todo cuanto necesitaba para nutrir su hambre de creaci√≥n a la par que el felino romp√≠a la cabeza del roedor.

No podía involucrarme. Eso era la vida, y yo escribía para que los demás pudieran vivir. Dos seres, uno intentando cazar, otro intentando huir. Más real que los tipos jugando dominó en la esquina, que los poemas vacíos y la política. Más real que el amor. O lo entendí todo mal. Porque la política, el dominó, los poemas, las madres solteras, el bloqueo económico, el Estado Islámico, el amor, forman parte del mismo juego de cazadores y prófugos. Seres que intentan armarse, amar. La vida pura de los que no saben hacer otra cosa.

Ocho cuentos conforman esta bestia, ocho apéndices imprescindibles que articulan tu sinapsis entre las páginas. Es un monstruo de ocho cabezas, que a la vez son una misma, perturbada, enérgica.

Viaje al fin del oto√Īo es una historia de amor, una de las que reh√ļsan cursiler√≠as innecesarias. Lo sublime del sentimiento no lleva aderezo alguno. Mirambert, sin pretensiones de alardes ni regodeos en su prosa, va dejando claro con pulso narrativo firme que tiene una caja de herramientas lista para cada convite de sus demonios y no conoce de cuidados para usarla. Despliega su arsenal de recursos literarios cual stock de piezas ex√≥ticas y van encajando de a poco, organizadas con paciencia de artesano. No hay apuro en sus ideas, a medida que se avanza sobre el libro invade una sensaci√≥n de calma, como de quien escribe con goce a pesar del tormento. Breve insinuaci√≥n del para√≠so es el ejemplo clave para ilustrarlo. Es un texto lleno de emociones, una sinergia de sentires envuelve las seis p√°ginas que parecieran nunca acabar, extenderse por Par√≠s entre los nost√°lgicos pasos de qui√©nes han vuelto a verse truqueados por el tiempo. La a√Īoranza del inmigrante, el √©xtasis del viajero, la recurrente magia de esa ciudad, la agon√≠a de quien ha vivido muchos a√Īos la misma pena, resignaci√≥n: ‚ÄēImag√≠nate. Todo m√°s o menos igual. Nuestra tierra tiene esa virtud, o esa falta de virtud; uno se pasa la vida en el mismo lugar haciendo las mismas cosas y cuando te das cuenta tienes cincuenta a√Īos, te diluiste como sal en el agua, en un tiempo sin tiempo. ¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†

No escapa Dios nunca a ser maldecido por nuestros infortunios. Pobre de Dios y sus bondades. En Peque√Īos dioses Luis Enrique refleja la desidia de los hombres‚Ķ no pod√≠a entender c√≥mo hab√≠a llegado ah√≠, buscaba en sus recuerdos, pero no hab√≠a nada en ellos‚Ķ el hombre hab√≠a visto a Dios, y ahora sent√≠a amor; supo que amaba a aquellos seres con los que viv√≠a. Un amor simple como las piedras, como los animales que habitan el bosque. Amor: ir a buscar agua al pozo, hacer mu√Īecos de heno para jugar con los ni√Īos, traer pan negro para llenar los cuerpos. Eso cada d√≠a, eso hasta el fin de los tiempos. ¬ŅQu√© pretende?, llega uno a preguntarse. ¬ŅEs acaso esto la aceptaci√≥n de nuestra dependencia m√≠stica?

Curiosamente lo que no supo fue su propio nombre, ni el de su mujer o sus hijos. Era como si Dios le susurrara al o√≠do las palabras que ten√≠a que saber y deliberadamente olvidara las m√°s importantes. Por ejemplo, estos ni√Īos eran sus ni√Īos; esta su mujer, y los amaba, pero desconoc√≠a cualquier otra cosa de ellos, de √©l mismo. C√≥mo hab√≠an llegado hasta aqu√≠, sus nombres y sus edades.

Pero hay un Dios trastocado en esta historia, como pueden llegar a ser al fin y al cabo todos los dioses y se transparenta lo que quiz√°s a veces no sea tan propio del azar, supongo. Es un cuento que con una narrativa limpia y sobria aborda el enigma de nuestro hacer sobre la faz de estas tierras desde tiempos remotos. Queda claro: se nos ha brindado el mejor de los regalos, la capacidad de decidir, pero hay quienes temen a ese don y prefieren asumir roles seg√ļn el mandato de quien s√≠ merece levantar un √ļnico reino. Entonces existimos por la voluntad de otro que ordena y pone palabras bajo nuestras lenguas:

Ahora, levantarnos en arma, ahora, hacer un pa√≠s, nacer√° la independencia, porque los pastores son capaces de conducir reba√Īos. Hubiera dicho, ahora dejaremos de ser siervos. Pero el pastor, pese a haber visto a Dios, todav√≠a no ten√≠a conciencia de clase; era solo un hombre herido por otros hombres, un hombre que quer√≠a vivir en paz. No le importaba hacer un pa√≠s porque en su mundo la palabra pa√≠s no exist√≠a, solo exist√≠an las ovejas, los prados verdes, las monta√Īas tintadas de azul, los lobos agazapados esperando para saltar al cuello de sus v√≠ctimas.

Sin temor a duda, este texto representa el eje del cuaderno, en él se encierran nuestros temores, el sometimiento que, aunque no aceptemos prima en nuestra condición de ser surgido y abrazado por el viento de siglos tras siglos arrastrando las mismas pesadumbres, lo basal del amor y lo supremo de los demonios que matizan esta desgraciada condición de alfas.     

Todos tenemos un centro. No hay un hoyo dentro del hoyo, / un hoyo solo es un hoyo a orillas de mí/ y Perros salvajes en la colina azul hace que parafrasee mis propios versos. Me llegan a la cabeza una y otra vez: Retrospectiva de un hoyo que fagocita, / que se tuerce, que ya no es un hoyo. / Esa sensación de caer hacia dentro hace de este cuento el corazón de la bestia. Con destreza, con la agilidad de quien lleva la razón acumulada en siglos de prepotencia, el narrador personaje de este texto nos hace un tour por los paraderos más recónditos que habitan la naturaleza humana, pasajes que nos invaden de toda una vida, matizando el desandar del hombre. No hay miramientos ante lo morboso y descarnado que pudiera resultar el cuento, a Mirambert no tiene por qué preocuparle eso pese a que este otro tipo también es un tipo que escribe… Nos hace presas de cuanto trama y la vemos pataleando en la camilla mientras echa a andar la maquinaria del hoyo. No hay merced para la chica en manos de este autor famoso que además de una veintena de novelas también pintó El rojo derramado y ahora enarbola la bandera de su desquicie frente a la sala de su casa.

En la pared resalta una pintura hiperrealista hecha por m√≠, la √ļnica pintura que hay‚Ķ Un cuerpo clavado en la pared, crucificado, pero que no es Cristo sino un tipo que vi una vez en la calle con un rostro sumamente expresivo y que quise retratar a escala real. Desangr√°ndose con el costado abierto como el pobre de Cristo lo tuvo alguna vez, as√≠ que puede verse parte de las costillas y un trozo azuloso de alg√ļn √≥rgano por la abertura. La sangre, por supuesto, que es el vino agrio y nuestro, llega hasta el piso, ti√Īe el m√°rmol creando un charquito con forma de algo en miniatura. Y como √ļnico mueble una mesilla, tambi√©n blanca con mis libros y el pebetero colgando sobre ella.

Este párrafo cuya intención es mostrarnos la psicología del personaje, recibe a modo de breve introducción a la manada de lobos que arrasarán contigo, lector. Una historia dentro de la historia que a la vez es la misma que ya fue escrita antes de que pasara, dato que bien se esconde hasta el final del cuento y vuelvo y pienso: Un hoyo desciende entre tripas. / Diez metros de intestinos que acogen, / que se tuercen entre los ácidos del mundo.

Espejismos me devuelve al inicio de esta rese√Īa, all√° por donde les dije que huir de las luces donde siempre van a favorecerse los reflejos ser√≠a la opci√≥n m√°s fortuita. Se transmuta el alma del personaje, cuya posici√≥n social no es paup√©rrima como la del pordiosero a la salida del cine y logra sentir regocijo ante ello. Un hombre com√ļn, de clase media, con negocios que avanzan y cuya felicidad se reduce a la palabra ‚Äúsuficiente‚ÄĚ, un hombre sin demasiadas ambiciones, que se contenta con ver el futuro de su hijo por buen camino, tomarse algunos tragos con su mujer mirando los ocasos sobre el mar, va d√°ndose cuenta cu√°n infeliz es en realidad y cu√°n vil su sereno modo de vida mientras tantos mueren de hambre y sed, metabolismo b√°sico, mientras su whisky color √°mbar diluye trozos c√ļbicos de hielo.

Los hijos del invierno así hemos decidido ser todos, bueno, decidido es demasiado contundente para lo que en realidad pasa con once millones de personas y contando. Una vez más la soledad aflora y arremete contra los de este país, digo, de esta historia. Alguien muere por la perturbación de otro, un disturbio inamovible en la mente de esos once donde una alta cifra siempre cae. La embestida es poderosa de esta parte del mundo y su autor bien lo sabe. Ahora él es ese Dios apacible que intenta poner gracia en lo que debe decir, en lo que tiene que decir, en lo que no se le aguanta dentro porque la lengua le crece y le crece, engorda acorde a ese monstruo de ocho cabezas. Ocho lenguas poderosas han de tener mucho por hablar en un solo cuerpo. Nosotros, alfas retorcidos, fatuos y solos, bien sabemos la letanía en la que habremos de yacer.  



Crónica de un ritual masturbatorio

¬† Rese√Īa narrativa al libro de cuentos para adultos Sexo chatarra, de Mar√≠a Liliana Celorrio

Me acerqu√© con ganas y descubr√≠ su texto. Pasaron a√Īos y siempre que limpiaba el librero rele√≠a, rele√≠a entre otras cosas, a veces inevitables. T√© con lim√≥n, as√≠ tuvieron la gracia de llamar Dulce Mar√≠a Sotolongo y Amir Valle a aquella compilaci√≥n que tanto dio de hablar en el gremio y que descubr√≠ a muy temprana edad, en mi precoz adolescencia, cuando nadie estaba pendiente de lo que devoraba en materia de cine o literatura, y menos mal que as√≠ fue. Ella, que describi√≥ a sus amantes, los reales, los imaginarios, los que idealizaba tal cual sus gustos, me los fue presentando uno a uno en aquel relato contenido en dicha antolog√≠a, antesala de la revisitaci√≥n por la que, como √≠ntima amiga, me har√≠a part√≠cipe ahora en Sexo chatarra. Dedico estos cuentos a sus protagonistas: mis amantes. A los que vendr√°n, los espero en el pr√≥ximo libro. Qued√≥ claro desde la dedicatoria, la cual me remont√≥ enseguida a todas esas ocasiones en las que le√≠ Mujer c√≥mica mirando fotos de hombres.

Ediciones La Luz hizo alardes ante la publicaci√≥n de este libro en 2019, y no es para menos; como todos los ejemplares de este sello, el resultado es admirable en cuanto a formato, est√©tica y por supuesto, de m√°s est√° decir, calidad literaria. Y fue justo de ese modo cuando me lo top√© en las redes, deseando desde entonces poder tenerlo en mis manos para degustar su lectura pl√°cidamente, como los anteriores vol√ļmenes de la autora de Mujeres en la cervecera y Las Hijas de Sade, entre no pocos otros t√≠tulos. Dos a√Īos de tortuosa pandemia demoraron los encuentros de Ferias, la posibilidad de ir a por √©l y mientras tanto de vez en cuando me saltaban en Facebook las im√°genes de Sexo chatarra en manos de colegas holguineros. Pero como dec√≠a mi abuela, quien de paso digo, bien pudo haber sido protagonista de alguno de estos textos, ‚Äúnada llega con m√°s placer que cuando no se espera‚ÄĚ. Estuve entonces invitada a la Feria Internacional del Libro de La Habana y all√≠, en el Sal√≥n de Mayo del Pabell√≥n Cuba, sentada justo a su lado, compart√≠ con Mar√≠a Liliana Celorrio, autora de este compendio de cuentos, tan despojado de formalismos innecesarios y hermetismos ins√≠pidos. Maikel Rodr√≠guez Calvi√Īo hizo de la presentaci√≥n una fiesta y mientras yo, tuve una especie de deja v√ļ en la que me invadieron sensaciones conocidas provocadas por la fuerza de la literatura celorriana.

Llegu√© al libro, y como a todo espacio de confort que habito, dediqu√© tiempo a cada esquina. Convers√© un poco con la Liliana en la foto de contraportada, como evoc√°ndola aquella ma√Īana de presentaci√≥n, o en el sal√≥n de espera de la terminal de La Habana a√Īos atr√°s, cuando se desped√≠a de Julian, compa√Īero de aquel a√Īo en el Onelio donde nunca tuve claro que era hijo de quien se convertir√≠a en una de mis autoras de cabecera. All√≠ tuve el placer de conocerla en persona, y por extasiarme casi pierdo el viaje a Pinar, rumbo a una expedici√≥n. Mariela Varona, otra de las mujeres en mi lista, me dijo: La voz narrativa de Mar√≠a Liliana Celorrio es una tromba de mar. Nadie puede quedar inerme ante la marea de palabras que trae a nuestra orilla. Sus historias sacuden cada rinc√≥n de lo prohibido, de lo que no debe mencionarse. El erotismo y sus pulsaciones, la repercusi√≥n de la conducta privada en lo social, la violencia dom√©stica y varias estratagemas para llenar las carencias afectivas, se mezclan en este libro con otras obsesiones de la autora. Sus personajes retozan o sufren con una pasi√≥n que parece inabarcable. Aqu√≠ hay cuentos que pueden hacer re√≠r y llorar al mismo tiempo. Y el lienzo dorado con pespuntes negros de su fibra po√©tica los convierte en piezas para redecorar. Por su desenfado, Gertrude Stein los hubiese llamado relatos inaccrochables como los del joven Hemingway. Porque son tan aut√©nticos y honestos como la mism√≠sima naturaleza, como trombas marinas y tambi√©n como flujo y reflujo de olas mansas en nuestra conciencia. As√≠ son estos cuentos de la Celorrio, donde hay sexo chatarra y cr√≠menes perfectos contados con el oficio y la potencia que sus lectores necesitan. Entonces, sucumb√≠ ante el poder embriagador de esta narrativa, donde cuento a cuento me acompa√Īaron situaciones un tanto m√≠sticas que solo hicieron m√°s org√°smica su lectura.

Luego del primer d√≠a de Feria en la capital, reencontr√© a una coterr√°nea con la que compartiera algunos a√Īos antes en un evento literario. Juntas nos fuimos a la Casa de la Poes√≠a donde un programa bastante interesante esperaba por nosotras. Ese d√≠a hablamos de Sexo chatarra y compr√≥ dos ejemplares: uno para ella y otro para su novia. Varias veces comenzamos a leer La besadora, ¬°que ganas de leer ten√≠amos!, pero la adrenalina de tantos libros, lecturas, presentaciones, vida nocturna, nos desvirtuaban de llegar a √©l con la concentraci√≥n necesaria. Pero un d√≠a, luego del almuerzo, tirada sobre el sof√° de su cuarto, mientras el frescor de la tarde entraba por el portal abierto hacia el Capitolio, logr√© ver en el libro c√≥mo se besaba con extra√Īos, y sent√≠ ganas de ir a sentarme en un parque y comenzar a escudri√Īar. Fue inevitable pensar en Liliana, acechante en las sobras de un banco. Luego supe que mi amiga hab√≠a podido ya, m√°s calmada, comenzar a leerlo y presa, ahora no pod√≠a parar. Vamos a‚Ķ hab√≠a escuchado en boca de su propia autora, vamos a‚Ķ se enredaba el Coralillo del Sexo chatarra de la Celorrio, mientras la escuch√°bamos en la presentaci√≥n y no pocos desde sus asientos cambiaron de color. Vamos a‚Ķ palabras m√°gicas que entraban por su o√≠do y se dorm√≠an en el pabell√≥n de su oreja para despu√©s despertarle los pulsos. Los poros recib√≠an una lluvia y la piel se estiraba y por una extra√Īa reacci√≥n qu√≠mica se volv√≠a resplandeciente‚Ķ Vamos a singar‚Ķ Pero este no es un libro sobre sexo, no es literatura netamente er√≥tica que existe para removernos la libido, no, hay un equilibrio magistral entre los textos, que inicia con La cadena de oro. Confieso que tuve que releer el cuento m√°s de dos veces para sentir que su esencia me envolv√≠a, en ese af√°n de sentirme abrazada por lo que ans√≠o. El surrealismo en el relato es notable y nunca pude imaginar que semejante mezcla fuese a albergarse entre las p√°ginas de este tomo. Tambi√©n lo l√≠rico de su autora toma partido y resalt√°ndolo con bol√≠grafo encerr√© entre corchetes gigantes el siguiente p√°rrafo: Aprendi√≥ a escribir poemas por la revelaci√≥n de un poeta que profesaba la idea de que la poes√≠a deb√≠a nacer naturalmente como las hojas de los √°rboles, si no, ser√≠a cad√°ver o farsa. Escrib√≠a lo que bajaba de su coraz√≥n hasta su mano, deprisa, palabras como tiernos brotes que despu√©s se desparramaban en cuadernos, cajas de cigarrillos o servilletas.

‚ÄĒA m√≠ me gustan los negros. Siempre me han gustado.

Todas la miramos. No pasaba de ser la mujer correcta, sesenta y tantos a√Īos, casi anodina.

‚ÄĒLos negros no huelen bien. Cuando se ‚Äúcalientan‚ÄĚ huelen a petr√≥leo quemado.

Ahora fue ella la que nos mir√≥, no fue una mirada com√ļn, ten√≠a un leve destello de sabidur√≠a y yo no quer√≠a pasar de algo as√≠. (‚Ķ)

As√≠ se asoma narrando la protagonista del cuento que da t√≠tulo al libro y la naturalidad del discurso es rotunda, presta para que de pronto te asalten las ganas de gritar a todo pulm√≥n: ‚Äúa m√≠ tambi√©n me gustan‚ÄĚ, confieso, aunque tampoco sea muy ducha del g√≥spel ni el blues, ni haya le√≠do a Toni Morrison. Va entonces uno, descubriendo ya en √©ste, el tercer relato del libro, la armon√≠a narrativa de la que les hablaba y me es tan familiar que sonr√≠o, pues, eso mismo intento en mis libros cuando armo un cuaderno, intercalar las intensidades de los textos con el fin de que no haya saturaci√≥n posible al lector. Un grupo de mujeres conversan hasta que dos amigas quedan solas y establecen un di√°logo coloquial sobre los negros y sus bondades. ‚ÄĒPero t√ļ tan blanquita, ¬ŅC√≥mo fuiste a empatarte con un niche? (‚Ķ) En resumidas cuenta lo que ten√≠as no eran penas de amor, sino fuego uterino, hambre de sexo chatarra. (‚Ķ)

El confort, lo digerible y ameno de la lectura te hacen eco de ese acto de antropofagia amorosa y la escuchas decir desde cerquita mientras llena de pasi√≥n se saborea los labios y sonr√≠e: musitaba una oraci√≥n cuando estaba eyaculando dentro de m√≠, yo sent√≠a sus espasmos, su semen limpi√°ndome toda la hojarasca, llen√°ndome de cauces y riachuelos y entonces comprend√≠ el poema de Emilio Ballagas, la sandunga de Lorca, la voz pastosa de Carbonrell, me entr√≥ un patriotismo extra√Īo porque descubr√≠ mi identidad en un instante y en ese instante bes√© la memoria de Fernando Ortiz. Dicen que el amor es la causa perdida entre el sexo y la risa, pero descubres lo antag√≥nico de la frase hacia el final de este cuento, pese a su desgracia no podr√°s evitar re√≠r.

Leer:

El perfecto sexo vs sexo chatarra o la vida es una reverenda mierda…

Deus ex machina se me antoja real y maravilloso y por momentos viajo al Reino de este mundo y Carpentier se me asoma entre l√≠neas, no s√©, quiz√° sea solo producto de mis aberraciones makandelianas. En Ensarta de pescados tuve que detenerme y respirar profundo. Es innegable la relaci√≥n de Liliana con el mar, lo lleva en los genes y en los √ļltimos tiempos yo tambi√©n he sido adoptada por √©l; ¬Ņser√° acaso una estrategia? ¬ŅNos colecciona? Marcela se hab√≠a reconciliado con el mar y so√Īaba mudarse para la costa con su perro Gandalf. La casa de madera estar√≠a cerca del agua y ella podr√≠a corretear con el perro al amanecer y verlo saltar y morder la espuma, a los extra√Īos, esa felicidad no tendr√≠a comparaci√≥n, o√≠r el chirrido de las gaviotas y el sonido del oc√©ano grande y macilento, verde u oscuro, con caracolas y pedazos de conchas partidas (‚Ķ)

Detalla esa escena, ¬Ņacaso no eres capaz de sentir el olor a mar, la brisa golpearte el rostro al punto de saberte ah√≠, saludando a quien pase, como si llevaras toda la vida postrada en la arena? Conforme avanzas en la historia las ganas no se quedar√°n solo a la sombra acechante mientras te revuelcas a su par sobre el camastro, en el fervor del ritual masturbatorio que un extra√Īo invade, su placer ten√≠a que ver con el silencio, el ruido del mar por la madrugada como si se hubiera vaciado de toda podredumbre y en el agua solo quedaran rel√°mpagos de bondad.

El desamor tambi√©n tiene cabida en estas p√°ginas ante La soprano del vestido rojo. Nunca quedamos inerves ante tal sentimiento. The mamadas and the papis llega casi hacia la mitad del libro una vez m√°s con la intenci√≥n de mezclarnos sensaciones y al final, sin darnos cuenta re√≠mos macabramente, sintiendo que somos culpables al recordar ‚Äúmil maneras de morir‚ÄĚ. Un texto fresco, necesario e ingenioso en el libro, como todos. Lamento griego hace un stop para que tengamos tiempo a reposar antes del Mirahuecos, amante con fat√≠dico desenlace como aquel comprador de cuadros de mamadas‚Ķ Confundida llegu√© a pensar en √©l, a cogerle cari√Īo. A esperar que dejara m√°s flores sobre su cama la ma√Īana siguiente, como anunciando el regreso a la ventana cuando se hiciese de noche. Al principio el morbo embriaga con fuerza, pero luego el pulso narrativo de Celorrio convida y bastar√°n tres p√°ginas para querer uno igual para ti. Tranquilas aguas te anudar√° el pecho. Deber√°s cerrar el libro de un tir√≥n y mecer el balance con la intenci√≥n de acomodarte dentro el vaiv√©n las emociones. Y volver√°s a mecerlo, quiz√° con m√°s fuerza Bajo las frondas.¬†

A mi manera, en el men√ļ, es como la especialidad de la casa, oasis donde convergen las intencionalidades del libro. Un recorrido donde los gustos musicales de la autora encierran la provocaci√≥n que traen las canciones y m√ļsicos a las que hace referencia. Siendo el texto m√°s largo de Sexo chatarra el cual transitar√°s sin reparos, bien cabe extasiarse en Caetano, Gal y Mar√≠a Bethania. Fue inevitable no sentirme c√≥mplice ante tales conclusiones y divertida ver c√≥mo se pon√≠an rojos mis mofletes ante la cara de madre, que abanicaba su angustia una tarde de apag√≥n. A veces me gustaba tener monilias, porque eran exquisitas para masturbarse, no as√≠ para templar porque inmediatamente pensaba en enfermedades ven√©reas y era mejor ponerse los √≥vulos (‚Ķ) Record√© que mi amiga hab√≠a puesto este mismo fragmento d√≠as antes en sus estados de WhatsApp alegando las geniales ocurrencias de Liliana. Sin duda alguna ya se hab√≠a devorado el libro.

Leer:

Sexo chatarra: las provocaciones de María

El hijo del sol tuvo la gracia de llenarme de ternura, de ganas. Me encantan los hombres con el pelo largo, y aquí, no solo tiene una trenza infinita, sino que lleva el color de la tierra árida de Centro América, sus antepasados tatuados en el alma y la convicción de amar una sola vez. Tiene que haber tenido todo el propósito su autora para quizá derretirnos, más allá de comprender a la protagonista con sus ansias de contaminar la inocencia de un hombre. Cuando lo vi, un poncho multicolor escondía su espalda maciza y su sexo morado, por eso del cuento de los aborígenes. Era del cantón de los Saraguro y hablaba quechua. Tocaba una flauta que llamaba dulce y dijo se llamaba Inti Yupanqui y que su nombre significaba hijo del sol, yo imaginaba su pelo suelto sobre mis senos, aspirando subrepticiamente su olor de hombre primigenio.  

La homogeneidad del libro es indisoluble y as√≠ se transita entre Traspolaci√≥n (menos intensidad), Mentiras piadosas (m√°s intensidad) otra vez entre mujeres agobiadas por la inopia de los amores; M√°scaras y Los perfectos cr√≠menes del coraz√≥n, enlazados precisamente por las pasiones malditas, terminan de entretejer junto a Diario la diversidad tem√°tica que aborda este volumen, eco poderoso de todas nuestras voces juntas: A√ļn puedo respirar. Soy Borka, la reina del √Āfrica. El monz√≥n del Sur. La piedra del camino. INVENCIBLE‚Ķ

Así se sienten mis manos luego del peregrinaje… 



Nosotras

Rese√Īa al libro Tiempo de Mujer, de la autora Laidi Fern√°ndez de Juan

El t√≠tulo que hoy les presento constituye un libro at√≠pico, original. Para serles sincera, no he logrado definirlo dentro de un g√©nero espec√≠fico; no son cuentos, ni relatos, no es prosa po√©tica, no es un ensayo, ni testimonios, son‚Ķ algo as√≠ como una especie de vi√Īetas, textos que captan magistralmente la esencia, el sentir de la autora respecto a t√≥picos cotidianos en la vida de las mujeres cubanas, que bien pueden extrapolarse a la mujer universal, dado que temas como: el poco tiempo libre de la mujer trabajadora, madre de familia, hermana, esposa, hija; el modo de entender, enfrentar y superar el fen√≥meno del ‚Äúnido vac√≠o‚ÄĚ, ese momento cuando los hijos parten, cuando les toca hacer sus propias vidas; la violencia de toda √≠ndole; los estereotipos sociales; los c√°nones de belleza; las dis√≠miles posturas acerca del ‚Äúamor rom√°ntico‚ÄĚ; la subestimaci√≥n hacia el sexo femenino; la sobrecarga de responsabilidades bajo el dicho: ‚Äú¬ŅHay mujeres?, todo va a salir bien‚Ķ, que pudiera a veces parecer un cumplido pero tiene varias lecturas; entre muchas otras l√≠neas de pensamientos vinculadas al papel que asumimos las chicas en la sociedad, son cuestiones de inter√©s que superan las barreras geogr√°ficas o circunstanciales.¬†

La literatura escrita por mujeres en la Cuba de hoy tiene aroma a limpio, a frescor que abraza de pronto el alma y amanece entre versos y una prosa firme, cual tac√≥n que ara√Īa el pavimento. Bien lo auguraba Luisa Campuzano en Las muchachas de La Habana no tienen temor de Dios‚Ķ cuando en su estudio sobre escritoras cubanas desde el siglo XVIII hasta la actualidad, dec√≠a: ‚Äúlas autoras de las que me ocupo, comparten, por m√°s piadosas que sean o hayan sido, la osad√≠a de desafiar gobiernos, transgredir prejuicios, subvertir c√°nones‚Ķ‚ÄĚ Y s√≠, eso, entre otras muchas tem√°ticas gobiernan a√ļn hoy, dieciocho a√Īos despu√©s, las escritoras de esta Isla. Ser√≠a absurdo pretender encasillarlas, no hay nada entre cielo y tierra que les sea extra√Īo.

Cabe entonces presentarles a Laidi Fern√°ndez de Juan (La Habana, 1961), autora de este volumen, donde escribe lo que ocurre y puede ser olvidado, lo que pasa una vez, lo que se mueve para vencer el tiempo, lo que queda, lo que se va, lo que al final cambia y se transmuta, aunque ha dejado su huella en la memoria. Ella recoge esos fragmentos, esos detalles que dejamos pasar y nos definen, y entonces les da vida, brillo, valor; los hace resonar en las normas cubanas del idioma casi siempre con un rescoldo de malicia, arrobo y bondad, con esa gracia que se trasunta en su estilo, con esa manera de escribir entre ir√≥nica, mordaz y risue√Īa, y por supuesto con un prop√≥sito: ‚Äúla vocaci√≥n de dar fe‚ÄĚ, de atrapar el tiempo, de agotar toda la trama, de acotar en la fugacidad de las cosas, de vencerlas al fin con las √ļnicas armas posibles, es decir, con las palabras; como expresara el maestro Francisco L√≥pez Sacha en la nota de contracubierta.

Aventurarse en las escasas 138 p√°ginas de este libro, publicado bajo Ediciones Matanzas, 2019, supone una lectura hacia adentro, una suerte de viaje a trav√©s del espejo, donde no nos costar√° tanto mutar de piel para vernos en esos roles. Los textos van quedando de alguna forma organizados bajo ac√°pites tem√°ticos donde encontraremos la siguiente secuencia: abre con ‚ÄúNosotras‚ÄĚ, luego ‚ÄúEscuelas‚ÄĚ, ‚ÄúCuba hoy‚ÄĚ, ‚ÄúInterrogantes‚ÄĚ y finalmente la secci√≥n m√°s amplia, ‚ÄúMiscel√°neas‚ÄĚ, cerrando nada m√°s y nada menos que con el siguiente t√≠tulo: ‚ÄúPer, prejuicios y estereotipos‚ÄĚ. La autora va dejando, a modo conclusivo, su punto de vista respecto al tema que aborda, el cual, para benepl√°cito de lectoras que, como yo, aspiramos a comprensiones y tolerancias sociales cada vez m√°s hol√≠sticas y diversas, resulta atinado y acorde a nuestros momentos actuales y segura estoy de que seguir√° siendo acorde tambi√©n con tiempos futuros, pues, a√ļn queda mucho por desmitificar, por descodificar respecto al papel de la mujer en la sociedad. Es tiempo de mujeres, no cabe duda, resurgir de las cenizas de todas las brujas que ardieron bajo el fuego del miedo y la ignorancia es y deber√° seguir siendo premisa para el triunfo.

Hablando en plata, donde hay mujeres, no hay fantasmas, sino una monta√Īa de deberes m√°s o menos placenteros. Monta√Īa a la que entramos con u√Īas y dientes, sin saber qu√©, qui√©n ni c√≥mo nos espera; pero a la que hay que entrarle con todas las ganas posibles. ‚ÄúTodo va a salir bien‚ÄĚ, parece el lema de la mujer contempor√°nea, esa que sacude las a√Īoranzas, respira hondo y tira hacia delante.



Fisura de luz

Para crecer fuerte, primero se debe

hundir las raíces en la nada, aprender a

enfrentar la soledad más solitaria (…)

Debes estar dispuesto a quemarte en

tu propia llama‚Ķ ¬ŅC√≥mo puedes volverte

un ser nuevo y fuerte si primero no

te transformas en cenizas?

 

Nietzsche

 

De una grieta nacen estos cuentos, dice su autor y autom√°ticamente imagino personaje tras personaje saliendo de la estrecha abertura en medio de una zona √°rida. Seg√ļn emergen va llen√°ndose de colores el mustio paisaje. Pasamos de cazador a presa, y viceversa, en el primer cuento que regala Deambulantes: segundo libro publicado por el sello editorial Primigenios, del escritor habanero David Mart√≠nez Balsa. Una vez m√°s, la entrega del autor de Katabasis y Minutos de silencio afianza un estilo escritural estribado en la limpieza de una prosa firme, certera, que deja reconocer la pluma de su autor l√≠nea a l√≠nea conforme avanza.

Naturaleza marca bien la pauta de todo el cuaderno, haci√©ndonos saber que el entrem√©s deja un gusto a ‚Äúescudri√Īo psicol√≥gico‚ÄĚ muy bien llevado con el uso de la segunda persona narrativa, otra de las marcas de agua de Mart√≠nez Balsa, quien gusta adem√°s de enumerar las escenas en las historias, haciendo de tal ma√Īa un artilugio que dota al cuento de tensi√≥n, especie de recurso nemot√©cnico que logra surtir el efecto impacto de forma eficaz. Horacio es el primero que nace de esa hendidura, presto a volvernos caza f√°cil ante la gracia literaria de su autor.¬†¬†¬†¬†¬† ¬†¬†

 

¬ęOculto detr√°s del espeso matorral, aguardas el arribo de tu presa. Apenas cambias la postura; tu respiraci√≥n, lenta y muy sutil, se funde con el viento, desaparece entre sus murmullos. Te has vuelto un experto en pasar desapercibido. Al principio, eras un manojo de nervios, tan inquieto que hasta un ciego reparar√≠a en ti. Meses despu√©s, hallas dif√≠cil de aceptar la extensi√≥n de tus progresos. Ya mereces el t√≠tulo honorario de cazador, sometido a las disciplinas del sigilo, inmune al apuro o a las necesidades b√°sicas del cuerpo¬Ľ.

 

Si alguna duda arribó a tu mente en la primera parada, Andar entre los vivos será el impulso que catapulte tus ganas hasta el final. En este texto asomarán las primeras conclusiones sobre el libro, sin duda alguna, la profundidad de sus personajes, el rebusque constante entre sus más intrínsecas manías y tormentos, será plato fuerte en la obra, alimentando nuestro morbo.

¬ęDe pie en el borde del hoyo, Heriberto empuja el cuerpo del oficial, que rueda y se precipita al interior, junto al resto de los cad√°veres. Se acomoda bien el anillo en su dedo anular. Luego, empieza a internarse en la jungla, mientras intenta revivir cada paso que dieron los miembros de su pelot√≥n antes de la emboscada, antes de que aquel primer balazo destrozara el pecho del Navaja. Esos pasos lo devolver√°n a casa, le permitir√°n convertir esta noche en una historia que rememorar en el futuro; otra haza√Īa a engordar su arsenal de an√©cdotas de combatiente¬Ľ.

 

Los cimientos, hace un stop necesario en el libro, una especie de sombra que devuelve el aire al cuerpo cuando se camina agitado.

 

¬ęDespu√©s de la placa de la sala, el dinero se fue a pique y el mismo hueco por donde escap√≥, se tranc√≥ y no devolvi√≥ nada m√°s. La casa qued√≥ a medio hacer durante casi seis meses. Te part√≠a el alma ver aquel h√≠brido, mitad concreto y mitad madera, igual a un cuerpo en un largo proceso de descomposici√≥n. Los huecos abiertos en el patio para los dados, los arquitrabes de las columnas ya listos, bueno, la mayor parte, porque las cabillas se perdieron del mercado negro; algunos sacos de arena tendidos en el cuarto designado almac√©n temporal de materiales, el olor a cemento que no se iba sin importar cuantos cubos de agua la vieja echara y le diera harag√°n¬Ľ.

 

La casa adopta un poco el protagónico en este texto, donde pareciera estar uno batiendo mezcla entre aquellos hombres para fundir la placa, es lo que provoca la cercanía que abraza la primera persona escogida con oficio por su autor. No obstante, pese a la tregua que muestran sus primeras páginas, a medida que progresa el cuento, reaparece el mismo hilo conductor de todo el compendio. La naturalidad de sus personajes hace que sientas cómo te susurran al oído, vas volviéndote cómplice de aquel dato que bien jugaba a esconderse desde el principio y tantas veces se desdibujó para luego unir de a golpe todas las hebras.

 

Miriam llena a uno de una mezcla de sensaciones a las que se hace imposible voltear el rostro. No hay forma de escapar ante el dolor, pitan los oídos mientras la almohada se afinca en la cara de su madre. El hedor que emana del cuento se nos cuela y se aloja en el encéfalo revolviéndonos el alma. El sentimiento de complicidad toca a la puerta, deambulante, y asusta. 

¬ęEn m√°s de una ocasi√≥n aliment√≥ la idea de detenerse, de apartar la almohada, pero las im√°genes del pasado y de su futuro se estampaban una y otra vez contra sus ojos y Miriam solo consegu√≠a apretar m√°s y m√°s. Al notar la ausencia de movimientos y los sonidos extintos, retir√≥ la almohada. Un rostro macilento, ro√≠do por los a√Īos y las fauces del c√°ncer, le prodigaba una mirada de horror reforzada por una boca abierta, sin dientes. Miriam le cerr√≥ los ojos y coloc√≥ la almohada detr√°s de su cabeza. Se incorpor√≥ de s√ļbito, presa de temblores, incapaz de controlar su respiraci√≥n. Una s√ļbita urgencia de vomitar la dirigi√≥ al ba√Īo, pero nada aconteci√≥, salvo varias arcadas. Lav√≥ los ara√Īazos en su antebrazo y mientras el agua arrastraba la sangre hacia el tragante, Miriam not√≥ la tensi√≥n desprenderse de ella cual una nube t√≥xica. Pronto, el alivio devor√≥ la culpa y ya los d√≠as venideros perdieron la incertidumbre¬Ľ.

 

Uno a uno, sin chance a pesta√Īear, siguen apret√°ndonos fuerte los cuentos de este libro, con esa necesidad tan grande que se siente desde el inicio; es menester que escuchemos con atenci√≥n, necesita decirnos algo, y lo hace. Hablar de Deambulantes, el texto que da t√≠tulo a la obra, me llena de pena. Un dolor me invade y llegado a este punto no seguir√© rese√Īando en plural, no cabe, y apuesto, sin temor a equivocarme, que una vez avances hasta aqu√≠, tampoco sentir√°s ganas de alejarte. Expectar desde la otredad, distante, no ser√° una opci√≥n.

 

¬ę‚ÄĒS√≠, mientras haya alguien all√° afuera, en el mundo de los vivos, que se acuerde de ti, que te mantenga en su memoria, pues entonces tus ropas nunca parecer√°n llenas de polvo, medio podridas, ni t√ļ lucir√°s descompuesto.

‚ÄĒ¬ŅY si no se acordaran de m√≠?

‚ÄĒPues te ver√°s m√°s o menos parecido a la vieja esa. Aunque ella anda bien. No quieras ver los espec√≠menes que me he encontrado yo. Pero no te preocupes, no tienes cara de ser mal tipo, estoy seguro que se acordar√°n de ti.

‚ÄĒ¬ŅY cu√°ndo no quede nadie?

‚ÄĒSi los tuyos mantienen fuerte tu recuerdo, siempre habr√° alguien. Y suponiendo que la cosa se ponga bien mala, no te sofoques, ese proceso es lento¬Ľ.

 

Este, el quinto cuento del libro, hace que el folleto se reajuste el cintur√≥n, acomode la camisa por dentro y apriete la corbata. La confabulaci√≥n entre el personaje principal y su autor conduce las l√≠neas de la historia, salta a la vista. El dolor se apropia de quien lee, nos vamos sabiendo v√≠ctimas de ese mismo derrotero alg√ļn d√≠a, quiz√° no muy lejano y una nostalgia tremenda anida en medio del pecho.

 

Bajo el sugerente t√≠tulo de Demonios en t√ļnicas de hombre llega el sexto cuento, remarcando lo que ya en una entrevista comentaba sobre la atinada selecci√≥n nominal de Mart√≠nez Balsa para sus obras. Con nitidez cinematogr√°fica disfrutamos escena tras escena de esta especie de thriller literario que, aunque queda clara su naturaleza fr√≠a, no resulta en una crudeza visceral, y eso est√° bien, el lector siempre agradece las coherencias estil√≠sticas y es que su autor se mantiene comedido ante ciertas tendencias donde lo gr√°fico tiende a sobrar cuando se ha logrado la atm√≥sfera adecuada para que el mensaje llegue alto y claro.

 

Con ganas de un próximo cuento, debo admitir, arribé a DIRTY BUSINESS regodeándome en la camaradería que sentí por conocimientos afines a la temática, más, una vez en el fin de la primera escena, mis ojos se entornaron y frené de sumar inverosimilitudes en ese alter ego que se impone cuando conocemos a fondo de algo; ya no era posible reparar en tales simplezas, el texto obliga a prestar atención, toda la atención que requiere leer con esmero el ultimo cuento de un libro que tanto nos ha musitado al oído.

 

Con el mismo tono ecuánime de los anteriores, la limpieza estilística que ya va haciéndose notar claramente en la pluma de David Martínez Balsa, el lenguaje coloquial que caracteriza su narrativa sin rozar jamás el filo de los comodines que las jergas pueden ofrecer, ni verbo sensiblero alguno pese a los análisis que asoman en sus textos, con una pincelada de parábola quizá, llega triunfal este tercer libro del joven escritor cubano, cuyas grietas prometen seguir pariendo historias llenas de mundo.



Rese√Īa al libro Tiempo de Mujer, de la autora Laidi Fern√°ndez de Juan

El t√≠tulo que hoy les presento constituye un libro at√≠pico, original. Para serles sincera, no he logrado definirlo dentro de un g√©nero espec√≠fico; no son cuentos, ni relatos, no es prosa po√©tica, no es un ensayo, ni testimonios, son‚Ķ algo as√≠ como una especie de vi√Īetas, textos que captan magistralmente la esencia, el sentir de la autora respecto a t√≥picos cotidianos en la vida de las mujeres cubanas, que bien pueden extrapolarse a la mujer universal, dado que temas como: el poco tiempo libre de la mujer trabajadora, madre de familia, hermana, esposa, hija; el modo de entender, enfrentar y superar el fen√≥meno del ‚Äúnido vac√≠o‚ÄĚ, ese momento cuando los hijos parten, cuando les toca hacer sus propias vidas; la violencia de toda √≠ndole; los estereotipos sociales; los c√°nones de belleza; las dis√≠miles posturas acerca del ‚Äúamor rom√°ntico‚ÄĚ; la subestimaci√≥n hacia el sexo femenino; la sobrecarga de responsabilidades bajo el dicho: ‚Äú¬ŅHay mujeres?, todo va a salir bien‚Ķ, que pudiera a veces parecer un cumplido pero tiene varias lecturas; entre muchas otras l√≠neas de pensamientos vinculadas al papel que asumimos las chicas en la sociedad, son cuestiones de inter√©s que superan las barreras geogr√°ficas o circunstanciales.¬†

La literatura escrita por mujeres en la Cuba de hoy tiene aroma a limpio, a frescor que abraza de pronto el alma y amanece entre versos y una prosa firme, cual tac√≥n que ara√Īa el pavimento. Bien lo auguraba Luisa Campuzano en Las muchachas de La Habana no tienen temor de Dios‚Ķ cuando en su estudio sobre escritoras cubanas desde el siglo XVIII hasta la actualidad, dec√≠a: ‚Äúlas autoras de las que me ocupo, comparten, por m√°s piadosas que sean o hayan sido, la osad√≠a de desafiar gobiernos, transgredir prejuicios, subvertir c√°nones‚Ķ‚ÄĚ Y s√≠, eso, entre otras muchas tem√°ticas gobiernan a√ļn hoy, dieciocho a√Īos despu√©s, las escritoras de esta Isla. Ser√≠a absurdo pretender encasillarlas, no hay nada entre cielo y tierra que les sea extra√Īo.

Cabe entonces presentarles a Laidi Fern√°ndez de Juan (La Habana, 1961), autora de este volumen, donde escribe lo que ocurre y puede ser olvidado, lo que pasa una vez, lo que se mueve para vencer el tiempo, lo que queda, lo que se va, lo que al final cambia y se transmuta, aunque ha dejado su huella en la memoria. Ella recoge esos fragmentos, esos detalles que dejamos pasar y nos definen, y entonces les da vida, brillo, valor; los hace resonar en las normas cubanas del idioma casi siempre con un rescoldo de malicia, arrobo y bondad, con esa gracia que se trasunta en su estilo, con esa manera de escribir entre ir√≥nica, mordaz y risue√Īa, y por supuesto con un prop√≥sito: ‚Äúla vocaci√≥n de dar fe‚ÄĚ, de atrapar el tiempo, de agotar toda la trama, de acotar en la fugacidad de las cosas, de vencerlas al fin con las √ļnicas armas posibles, es decir, con las palabras; como expresara el maestro Francisco L√≥pez Sacha en la nota de contracubierta.

Aventurarse en las escasas 138 p√°ginas de este libro, publicado bajo Ediciones Matanzas, 2019, supone una lectura hacia adentro, una suerte de viaje a trav√©s del espejo, donde no nos costar√° tanto mutar de piel para vernos en esos roles. Los textos van quedando de alguna forma organizados bajo ac√°pites tem√°ticos donde encontraremos la siguiente secuencia: abre con ‚ÄúNosotras‚ÄĚ, luego ‚ÄúEscuelas‚ÄĚ, ‚ÄúCuba hoy‚ÄĚ, ‚ÄúInterrogantes‚ÄĚ y finalmente la secci√≥n m√°s amplia, ‚ÄúMiscel√°neas‚ÄĚ, cerrando nada m√°s y nada menos que con el siguiente t√≠tulo: ‚ÄúPer, prejuicios y estereotipos‚ÄĚ. La autora va dejando, a modo conclusivo, su punto de vista respecto al tema que aborda, el cual, para benepl√°cito de lectoras que, como yo, aspiramos a comprensiones y tolerancias sociales cada vez m√°s hol√≠sticas y diversas, resulta atinado y acorde a nuestros momentos actuales y segura estoy de que seguir√° siendo acorde tambi√©n con tiempos futuros, pues, a√ļn queda mucho por desmitificar, por descodificar respecto al papel de la mujer en la sociedad. Es tiempo de mujeres, no cabe duda, resurgir de las cenizas de todas las brujas que ardieron bajo el fuego del miedo y la ignorancia es y deber√° seguir siendo premisa para el triunfo.

Hablando en plata, donde hay mujeres, no hay fantasmas, sino una monta√Īa de deberes m√°s o menos placenteros. Monta√Īa a la que entramos con u√Īas y dientes, sin saber qu√©, qui√©n ni c√≥mo nos espera; pero a la que hay que entrarle con todas las ganas posibles. ‚ÄúTodo va a salir bien‚ÄĚ, parece el lema de la mujer contempor√°nea, esa que sacude las a√Īoranzas, respira hondo y tira hacia delante.