Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso


Cómo se engulle una isla

Surgen los encuentros a veces de la manera más insólita. Son tiempos donde la vida está al clic de un ícono, al envío de un mensaje de texto, a la reacción de un like en redes sociales. Mas, reconforta cuando pese a tanta virtualidad aún persisten costumbres de siempre, ahí cuando nada supera a la charla entre cafés y el calor del roce humano. No obstante, he de admitir que, en esta historia, tanto poder tuvo lo uno como lo otro.

Hace tal vez un año y poco más, una noche de insomnio como tantas, mientras navegaba el infinito mundo online, un chico anunció por WhatsApp la venta de algunos libros de uso. Descubrí en aquel grupo, llamado El Librero, varios títulos que desvelaron ya por completo mis nervios, pero poco fue eso ante lo que vino después. Al escribirle para preguntar al respecto, del otro lado contestó un jovencito de apenas veinte y poquitísimos años, pero cuyo conocimiento superaba en creces su corta edad. Siempre me hace muy feliz comprobar que nuestros jóvenes sí leen, que aún los libros son capaces de apasionar tanto. Hay quienes no confían en el poder de esas cosas simples frente al monstruo enorme de Internet.

 

Descubrí a aquel muchacho y se me llenó de júbilo el alma. Poder compartir juntos nuestro amor infinito por los libros, sus olores, frases específicas de algunos autores y otras manías bibliofílicas, se convirtió en un pasatiempo agradable que además nos retroalimentó muchísimo. De ese modo pudimos encontrar entre nosotros varios títulos que llevábamos tiempo buscando. Así, cada vez que viajaba, me pedía que encontrase algún volumen para él, sobre todo libros de Leonardo Padura, autor que significó el vaso comunicante de esta “historia-reseña-entrevista”, ajiaco de géneros que traigo a bien compartirles hoy, sin etiquetas; ¿qué más da en cuál encaje siempre y cuando sea capaz de relatarles cómo a veces la vida hilvana los caminos?

Llegó abril y con eso mi aceptación para una Beca de Escritura Creativa con Padura y el equipo de su editorial en Cuba: Aurelia Ediciones. Entre las actividades del curso estuvo nuestra presencia especial en la presentación de un nuevo título de este aclamado autor cubano. En cuanto mi amigo supo de esto se le disparó el fanatismo y buscó por todos los medios la forma de obtener el libro, entre otros que también estaban a la venta. A los becarios nos daban la oportunidad de un descuento, pero solo para la obtención de un ejemplar. Con gusto le cedí ese cupo a él, para ser sincera, nunca he sido fan a la literatura de Leonardo. Mientras transcurría la actividad literaria más impresionante que he visto en mi vida dada la cantidad de público y el número de ventas, yo iba enviándole fotos y detalles de todo cuanto ocurría. De repente, mi amigo me manda una foto mía sentada en medio de la presentación de Padura. Alguien más tomó esa imagen para él. Aquello me pareció rarísimo, fue entonces que supe de otros amigos suyos que también estaban ahí. Les había dicho que yo ocupaba la primera fila, alardeando de tener asegurado su nuevo ejemplar del crack de las letras cubanas. Así surgió el encuentro con Lester Ballester y Javier Vila López, compilador y diseñador de La isla devorada, donde se encuentran recogidos una serie de cuentos breves cubanos contemporáneos. Por esa sentencia titular para la obra comenzó la entrevista, una vez llegados al punto protocolar de la conversación, cuando ya nos habíamos asombrados de la capacidad de nuestro amigo en común para unir gente de toda Cuba a través de sus libros de uso en venta.

En realidad, lo de contemporáneo sí, pero cuento breve no creo. Más bien son minicuentos, –acotó Lester–. Pero el editor se encaprichó en acuñarlo de ese modo. Creo que lo más relevante de esta compilación está en agrupar tanto voces nobeles, fuera incluso del panorama literario cubano, de los que nunca se ha oído hablar, como otros escritores que ya tienen una obra edita bastante sólida o en camino a serlo. Lo bueno es que hay una pluralidad. Entre las voces más conocidas podemos mencionar a Elaine Vilar madruga, Milho Montenegro, Rainer Castellá Martínez, Barbarella D´Acevedo, Anisley Miraz Lladosa, Argel Fernández Granado, este último una de las figuras más importantes de la literatura en Las Tunas, mi provincia.

Lester F. Ballester

¿Cómo inició el proyecto? –pregunté.

A inicios del 2020, iniciando la pandemia en Cuba, lanzamos una convocatoria con el respaldo de la Editorial Avatares (Pasto, Colombia). Pero la propuesta salió del editor Jonathan Alexander España Eraso, quien vislumbró la oportunidad de reunir a varios autores jóvenes bajo el hilo conductor de la narrativa breve. Luego las cosas se complicaron para ambos al enfermarnos de COVID. Perdimos comunicación durante un tiempo, incluso, confieso que me preocupé mucho, había hecho un compromiso moral con esos autores y debía sacar la compilación a como diera lugar, así que comencé a buscar otras editoriales para presentarles el proyecto. Pero por suerte reestablecimos vínculos. Sin embargo, siento que ese año y pico sirvió para mantener abierta la convocatoria por un plazo mayor, lo cual hizo posible el envío de más de cien propuestas. Yo realicé todo ese proceso de recepción de los originales y posteriormente la selección de las obras que integrarían el volumen. La primera preselección fue de ochenta textos, después decidimos quedarnos con los cincuenta mejores que de alguna forma representan el quehacer actual de este género en el país. El proceso que sí nunca se detuvo fue el de la parte visual que llevaría el proyecto. Desde el principio tuvimos la idea de ilustrarlo y Javier Vila López, junto a otro colega nuestro: Andy J. Gonzales Sanz, se encargaron de esa parte del trabajo.

A inicios de 2022 volvimos a enfocarnos en el proyecto. La primera editorial con la que pensamos saldría la coedición del libro, Editorial Quarts, de Perú, no continuó en el proceso, en su lugar se sumó Nueve Editores (Bogotá, Colombia), con la que finalmente trabajamos de conjunto. El manejo con ambas editoriales fue fructífero, serio y comprometido desde que decidimos reestablecer los tiempos de edición de la obra. Jonathan Alexander España Eraso tuvo a cargo el prólogo de la compilación y Andrea Vergara G., gerente editorial de Nueve Editores, se ocupó del epílogo, así como de la portada del libro ya que también se desempeña como artista visual, así que, es una obra suya. La nota de contracubierta tuvimos el honor de que la hiciera Raúl Brasca, reconocido escritor argentino, multipremiado internacionalmente, estudioso de la minificción, uno de los referentes más reconocidos del género en Latinoamérica.

Quedamos contentos con el resultado, pero sí siento que se nos quedaron fuera muchos escritores importantes del panorama literario actual en Cuba, que tal vez no se hayan enterado de la convocatoria. Así que pensamos en un segundo tomo para más adelante, donde tal vez se incluyan de nuevo voces nacientes con otras más consagradas en pos de hacerlas confluir.

Mira, –me dijo mientras miraba su reloj– justo ahora debe estarse presentando por primera vez el libro en Colombia, era a las siete de la tarde, aquí son ya las ocho y cuatro minutos.

 Que coincidencia, ¿no? Estaba teniendo en ese momento la primicia. Por primera vez entrevistaban al compilador y al ilustrador de La isla devorada en Cuba. Confirmó Lester Ballester que próximamente estaría participando en las Romerías de Mayo, promocionando el libro bajo el amparo de Ediciones La Luz. Según pude apreciar, la obra tuvo su espacio dentro del programa de las Romerías, evento de arte joven más importante del país y posteriormente continúo presentándose en otros eventos.

A día de hoy, ya la Biblioteca Redonet, del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, cuenta con un ejemplar del libro. La iniciativa de que cada egresado del centro resguarde su obra ahí, garantiza un repositorio interesante para el estudio de la narrativa en la isla, información que cada año se actualiza con el egreso de nuevos narradores y los resultados de trabajo de las decenas que ya hemos logrado publicar.   

Javier Vila, el ilustrador, se había mantenido bastante tímido hasta el momento. Ambos son jóvenes aún, no dejaba de asombrarme que se hubiesen lanzado con la responsabilidad de este proyecto. Lo sonsaqué un poco y se animó a contarme sobre las ilustraciones de cada minicuento. Comentó que había pasado años en la construcción de los bocetos, todo el tiempo que duró la edición, desde las primeras selecciones de los textos que integrarían el volumen. El otro ilustrador Andy J. Gonzales Sanz vive actualmente fuera de Cuba, pero aseguró que mantuvieron comunicación durante el proceso de trabajo.

El resto de la noche la pasamos compartiendo ideas respecto a la nueva obra de Padura, los entresijos de la literatura actual y sus marañas habituales. Decidí llamar a nuestro amigo en común, el joven vendedor de libros de uso por WhatsApp. Agradecer por incitar el encuentro, lo cual supe, en algún tiempo, daría paso a otro trabajo que disfrutaría escribir. Preguntó por sus libros de Padura, sonreí mientras pensaba qué historia de pérdida inventaría para hacer vibrar la venita de su frente. Sin embargo, para mi sorpresa, ignoró la malicia de mis comentarios respecto a haber dejado los libros en la cafetería, solo preguntó si me había hecho con algún ejemplar de La isla… y que, como era lógico sería suyo. Yo me quedaba con el privilegio de la entrevista a su compilador y, evidentemente a él le correspondería el libro como pago. Bibliofilia, señores, ahí se justifica todo.   


«Así es mi visión del mundo: maravillosa, absurda y mágica »

Un joven con el rostro ladeado, de mirada esquiva a “lo lord Byron”, es la imagen adjunta a la noticia que se comparte en varios perfiles de la plataforma de Facebook. “La Editorial Ácana anuncia el Premio Literario Bustos Domecq, el lauro es destinado al escritor holguinero Andrés Cabrera, con la novela Musita, el muy maldito, inspirada en Celestino antes del alba”.

Andrés Cabrera (Holguín, 1995) ha mostrado las posibilidades que brinda la reinterpretación y asimilación de temas, personajes, ambientes e imaginería popular en la conformación de su propio material narrativo.

El establecimiento del diálogo entre obras representativas de la novelística contemporánea cubana como Matarile de Guillermo Vidal, y Celestino antes del Alba de Reinaldo Arenas, le permite elaborar —a través del recurso mítico— una nueva visión de la realidad readaptada a nuevos conflictos.

Eres egresado del XXI Curso de Técnicas Narrativas del “Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso”. ¿En qué medida ha aportado en tu formación como escritor pertenecer a este tipo de talleres?

Creo que lo ha sido todo. El Centro Onelio significó un antes y un después para mí y para todo el que lo haya cursado; aunque pueda haber quien lo niegue.

El taller no te enseña a escribir, como bien lo ha manifestado en varias ocasiones el profe Heras León. La función del Centro es la de dotar de las herramientas necesarias para que tú, como escritor, logres hacer literatura. Escribir puede cualquiera, hacer literatura no. La escritura es un don. No son solo palabras, son pensamientos; y ahí es donde radica la grandeza.

¿Cuán necesario crees que deba ser el apoyo institucional para el desarrollo de los jóvenes escritores?

Creo que es fundamental. En una sociedad como la nuestra, muy enfocada en lo nacional, el papel de las instituciones ha de ser la de crear espacios que visibilicen las nuevas voces, no solo de la escritura, sino de todas las manifestaciones artísticas. En este sentido he de exaltar el trabajo de Ediciones La Luz y de su taller “Contar con La Luz”, dirigido en un primer momento por Mariela Varona y ahora por Adalberto Santos; excelente ejemplo de cuánto se puede hacer en pro de la literatura joven. Yo pertenezco a allí.

Cortesía de Ediciones la Luz

¿En qué medida consideras que resulte importante la lectura para el escritor?

Borges dijo: “Uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe”. Mientras más lees, más ganas tienes de escribir. La lectura es una escuela interminable para el escritor. Cada libro que consumes, y te atrapa, es otra herramienta; una nueva experiencia que te llevas.

¿Cuáles han sido tus principales influencias narrativas?

Yo no soy una rata de biblioteca; mentiría si me pusiese a enumerar escritores reconocidos y a citar obras cual si fuese un escritor laureado. Me considero un ignorante en el mundo de la literatura. Sí, un ignorante; pero un ignorante muy libre, y ahí es donde creo que encuentro mi gloria. Y cuando digo gloria, me refiero a la felicidad que me causa lo que escribo.

Mis lecturas son muy desordenadas; pero sí, tengo favoritos. Entre ellos: Margarite Yourcenar, García Lorca, La Loynaz, Georges Perec, Cortázar, Carpentier, Virgilio Piñera, Bulgákov, García Márquez y otros tantos, de los cuales, al menos, conozco una obra.

Pero la joya de mi corona es Reinaldo Arenas, a ese lo cargo sobre mi pecho como a un niño enfermo; como al más grande de mis tesoros.

Cortesía de la Editorial Ácana

Has sido galardonado recientemente con el “Premio Literario Bustos Domecq” por la novela Musita, el muy maldito. Unos de los motivos al fallo del jurado estuvo estimulado por tu apropiación estilística de la novela Celestino antes del alba, ¿por qué Reinaldo Arenas?, ¿por qué el realismo mágico en Andrés Cabrera?

El primer libro que leí de Arenas fue Celestino antes del alba. Descubrir a Reinaldo fue descubrirme a mí mismo. Me sentí muy identificado con su estilo, y no sé de qué modo; pero hubo una conexión entre él y yo. Y es que siento que compartimos más que el terruño y las preferencias. Pero he de negar que el realismo mágico me vino de él. Ya antes de conocer su obra había escrito una novela inconclusa y que retomaré en algún momento titulada: Café para la serpiente, con la cual gané mi entrada al Centro Onelio. En esta primera obra utilicé el realismo mágico sin saberlo. Estaba allí; pero yo aún no sabía nombrarlo.

Musita, el muy maldito está inspirada en Celestino, sí; pero no fue la obra de Reinaldo la que me impulsó a contar mi historia en un primer momento, sino otro escritor y su obra: Guillermo Vidal. Tiempo después de leer Celestino, leí Matarile, y fue entonces cuando me atreví a contar mí historia. Y es que el hombre ha padecido los mismos males, durante muchos siglos, bajo el mismo sol. De Reinaldo tomé tres cosas importantes: el impulso, la libertad y el tiempo. Él es inigualable.

Mi fuerte es y será el realismo mágico, es intrínseco en mí. No creo que cambie en futuras obras, sino que se transforme, porque iré, cada vez más, haciendo este estilo propio. Y es que así es mi visión del mundo: maravillosa, absurda y mágica; pero siempre con los pies sobre la tierra.

Cortesía del entrevistado

Coméntanos acerca de tus planes futuros en cuanto a tu creación narrativa.

El año pasado terminé de escribir una novela titulada Al son de la carabela. Ha sido uno de mis mayores experimentos y me he divertido mucho escribiéndola. La historia sucede en la ciudad de Holguín, allá por el siglo treinta, en un mundo muy diferente y, a la vez, muy parecido al actual, donde se instaura un régimen autoritario gobernado por el dictador Góngori, autodenominado Mariscal Supremo. Esta novela está cargada de acontecimientos absurdos. Y es que el humor absurdo me fascina, me hace vivir.

Algunos de sus personajes y acontecimientos quizás podrían considerarse polémicos; pero si algo me he llevado de Arenas ha sido la libertad creativa. Primero mi obra, y luego que me trague el mar.

Actualmente escribo una tercera novela que por ahora se titula Alejando, o, El día de los Santos Inocentes. Una historia cargada de acontecimientos mágico-realistas y donde exploro las sexualidad pura. Una historia narrada por su protagonista desde su infancia hasta su adolescencia y temprana juventud.

¿Qué consejos les daría a los jóvenes que se inician como escritores?

Que participen en cuantos talleres les sean necesarios, que experimenten, que busquen sus formas, que lean, que escuchen, que escriban mucho y alardeen de muy poco; de nada.

Si hay un mal que empaña el talento actual es la soberbia; el pensar en que yo soy un gran escritor, un genio de este siglo y tengo que hacérselo saber a los cuatro vientos. Eso es una fetidez. Mi amigo Robert Ráez en su primer libro, Boustrophilia, dice: “Lo primero es olvidarte de la competencia. Eso. La competencia no existe. Ni los genios”. Esa es también mi forma de pensar.