Premios


Premios para Ediciones La Luz en Feria del Libro de La Habana

Dos galardones recibió Ediciones La Luz, editorial de la Asociación Hermanos Saíz en Holguín, durante la jornada de viernes en la XXXII Feria Internacional del Libro de La Habana.

Uno de ellos es el premio La puerta de papel, máximo reconocimiento que otorga el Instituto Cubano del Libro (ICL) al trabajo de diseño, ilustración y acabado del libro, así como al autor, concedido a la antología «El árbol del mundo. Selección de poetas holguineros».

habana 7

El poemario, compilado por el escritor Norge Luis Labrada, reúne la obra de 23 jóvenes autores, en su mayoría pertenecientes a la AHS y varios miembros también de la Uneac, quienes nacieron entre 1985 y 1997.

«El árbol del mundo» cuenta con edición de los poetas Luis Yuseff y Elizabeth Soto, y diseño de cubierta e interiores del escritor y artista gráfico Robert Ráez.

feria libro habana 6

Por su parte, el poemario «Consejos para no acatar», del destacado intelectual Miguel Barnet, logró categoría de Gran Premio entre los Premios del Lector, que entrega el ICL a los títulos más vendidos durante el año anterior a nivel nacional, aunque se tienen en cuenta su calidad y trascendencia.

feria libro habana 4

El libro del Premio Nacional de Literatura cuenta con edición de Luis Yuseff, diseño de Frank Alejandro Cuesta e imagen de cubierta de Ernesto Rancaño.

Ediciones La Luz ha tenido una destacada participación en varios espacios de la FILH 2024.

feria libro habana 5

 


Premios del Taller y Concurso Rubén Martínez Villena

Durante los días 11, 12, y 13 de marzo de 2023 la Asociación Hermanos Saíz colocó en el centro del debate al periodismo cultural cubano. Una veintena de talleristas dirigieron una mirada crítica hacia el quehacer de los medios de comunicación y al trabajo de quienes tienen la tarea y el deber de informar, analizar y escrutar en torno a esta temática.

En esta edición concursaron más de un centenar de obras en el Taller y Concurso de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena, el cual contó con un jurado conformado por prestigiosos periodistas del gremio. En esta ocasión, se otorgaron cuatro premios y tres menciones en las siguientes categorías:

Prensa Escrita:

Ailén Castilla Padrón, por Grietas en el Lienzo y Claroscuros de la enseñanza artística.

Mención: Miguel Ángel Castiñeira García, por Alexis García Somodevilla, el deshollinador.

Radio:

Alejandro Lóriga, por el radiodocumental Angerona: nunca más el sielncio.

Mención: Dairon Caballero Heredia, por Flora Fong: viaje a sus realidades.

Televisión:

Leandris Noa Faez, por la serie Encantos de una Villa.

Mención: Esther Díaz Pérez, por la entrevista Omara es Cuba.

Periodismo Hipermedia:

Rosana Rivero Ricardo por el reportaje El videoclip en Holguín.

Periodistas de la talla de Joaquín Borges Triana, Joel del Río y Rafael Grillo impartieron conferencias en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba, sede de la Asociación Hermanos Saíz, que sirvieron como punto de arranque para debatir entre jóvenes periodistas de todo el país en cómo construir narrativas más atractivas y hacer de la profesión un ejercicio en concordancia con sus públicos.

Sin dudas fue un espacio oportuno para reunirse con directivos del ICRT, la UPEC, el ICAIC y la ACCS, en el que se abordaron las complejidades por las que atraviesa la prensa cubana y las posibles estrategias para darles solución.

En la jornada también se realizaron recorridos por lugares de interés para la cultura cubana, entre los que se destacaron la casa de Eusebio Leal, la Sala de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes, y el teatro Trianón con la presentación de la obra “La zapatera prodigiosa”.

El evento sirvió también de pretexto para homenajear a los periodistas Paquita de Armas Fonseca y Rolando Pérez Betancourt, en el que se recordó con cariño y admiración a estos pilares del periodismo cubano. En la ocación se disfrutó del talento de Ernesto Oliva al piano y las décimas del repentista Alex Díaz, del proyecto Oralitura Habana.

¿Qué sucederá ahora? Resta que este grupo de profesionales, exponentes del periodismo cultural de todo el país, regresen a sus redacciones cargados de energías positivas e incorporen las herramientas obtenidas durante el encuentro. Por nuestra parte, la Asociación Hermanos Saíz nuevamente invita a que el próximo año periodistas, realizadores y comunicadores de la novel vanguardia vuelvan para continuar haciendo del “Villena” uno de los eventos de pensamiento más importantes para el joven periodismo cubano. 

Nuestra querida Anamarys Gil nos regala un resumen en versos; que esta décima estimule igualmente a nuestro ganadores:

 

Es un desafío el

periodismo cultural.

Lo cotidiano, lo actual

corre tras otro nivel.

Cuba se impregna en la piel

lo histórico de un mañana.

El patrimonio es quien gana

y en los renglones mejores

el ‘’Villena’’ ofrece honores

para la prensa cubana.

 

Este 2023

marzo huele a premiación,

a trabajo y a mención,

cultura esta tierra es.

Los medios, el ajedrez

del tiempo, fiel candidato

para contar el relato

de un mundo nuevo y urgente,

y la juventud el lente

que hace a la era el retrato.

 

El premio de prensa escrita

es para el lenguaje inmenso

de las ‘’grietas en el lienzo’’

de Ailén Castilla. Bendita

invitación a esta cita,

cuanto talento y confianza

para continuar la andanza

de ciertos tiempos futuros,

y premiar los ‘’claroscuros

de la artística enseñanza’’.

 

La mención para un Miguel

Ángel Castineira  por

ver ‘’el deshollinador’’

de un encumbrado nivel.

Cuando a la línea se es fiel

es la palabra sencilla

y qué grata maravilla,

¡qué perfect language, qué lexis!

Nos regaló con su Alexis

García Somodevilla.

 

Un radiodocumental,

caudal de sabio meandro,

le otorga el premio a Alejandro

Lóriga Santos, puntal

para el periodismo actual.

Fortaleza, nuevo cencio

que a la historia le evidencio.

Merece lauro, corona

y premio por ‘’Angerona’’,

por ‘’nunca más el silencio’’.

 

La radio otorga mención

para Dayron Caballero.

El periodismo es sendero

de esfuerzo y consagración.

Cada obra es una intención

de futuro, de experiencia,

y se menciona su esencia

llevada a grandes artistas

por su serie de entrevistas

a Flora Fong. ¡Qué excelencia!

 

El premio en televisión

es para Leandris Noa

por su serie ‘’Baracoa’’.

¡Qué grata esta profesión!

Y se ofrece una mención

de lenguaje claro, orondo,

que llega a pintar lo hondo

de la esencia de un artista

a Esther Díaz y la entrevista

que le hace a Omara Portuondo.

 

El periodismo hipermedia

premia a Rosana Rivero.

La fortuna del esmero

es quien el tiempo remedia.

El destino nos acedia

y hay que contar un sinfín

de historias que no hayan fin,

por eso premia el lenguaje

Su excelente reportaje

‘’el videoclip en Holguín’’.


Entre ráfagas de estrellas, Onel

Lo que hace la literatura es lo mismo que una cerilla
en medio de un campo a mitad de la noche.
Una cerilla no ilumina apenas nada, pero nos
permite ver cuánta oscuridad hay a su alrededor.

William Faulkner

Resulta común que la gente normal, en su empeñada búsqueda de lo alegre y hermoso, caiga en manos de la poesía. Y en ese camino, llegan las personas a un punto tal de gracia que no les queda más que entregarse a ella como doliente a un remedio santo. Solo que a veces, en un acto de total egoísmo, es la poesía quien se mete en la vida de la gente y, sin preguntar, roba sus noches. [+]


Premios de El Almacén de la Imagen 2022

Con la entrega de los premios por especialidades, los colaterales y los pitching llegó a su fin la XXXII Muestra Audiovisual El Almacén de la Imagen, espacio que entre el 25 y el 28 del actual octubre acentuó su valía en la promoción del arte joven.

El Gran Premio Luces de la Ciudad lo mereció la obra I love Papuchi, de Rosa María Rodríguez Pupo, ─quién también obtuvo los lauros en los apartados de Dirección y Guion─, con el cortometraje que presenta a Mamuti, una joven ama de casa que invita a un equipo de filmación a conocer su hogar.

También merecieron reconocimiento en Fotografía, Álvaro Peredo, por el material Las Hortensias; Daniel Reyes en Dirección de Arte; en Edición Lisa María Velázquez Serrano; Richy Castro presentó el mejor Diseño Sonoro; e Irian Carballoso fue agasajada en el área de Producción.

Por géneros resultaron vencedores Lisa María Vázquez, con el Documental Tan lejos de; en Animado, Avioncito, de Abigail Verá y Elizabeth Torres; el Corto de hasta tres minutos ganador resultó Secuela, de Keiter Castillo; y en Promocional, La Caja, de Marianne Portuondo.

El Pitching de Ficción lo mereció La cita, de Ana Laura Campanería, y en Animación Keiter Castillo vuelve a sonreír con la obra Cachorro.

El jurado central estuvo compuesto por Yasel Toledo Garnache, vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz; Mayra González Aróstegui, realizadora audiovisual; y Alejandro Gil, cineasta y presidente del jurado.


Una mujer que se desnuda ante la realidad imperfecta

Anisley Fernández Díaz es la poeta salvaje, la niña terrible que juega entre los versos, la mujer desnuda en las metafóricas calles de una ciudad en vilo. Se abre paso en el mundo a golpe de poesía limpia. Cuando se dialoga con ella, a pesar de la distancia, se siente el aroma de algunas palabras indispensables.

En la escritura, en la creación, ¿qué consideras sea esencial o indispensable?

El escritor debe ser egoísta consigo mismo en cuanto a exigencia, transparencia y sentir. Hay que replantearse constantemente el «yo sensorial», el «yo biopsicosocial» porque la vida consiste en movimiento. Todo se mueve, se trastoca, muta, evoluciona. En la literatura de hoy día no es diferente. Ese completo desorden de todos los sentidos debe ser una máxima, o la rebelión al mirar la rosa hasta que se pulvericen los ojos, nos diría Rimbaud, el poeta maldito que revolucionó su tiempo.

fotos cortesía de la entrevistada

¿Consideras la poesía el epicentro de tu vida creativa?

Muchos escritores de la «generación de oro» observan a los poetas noveles como un insumo más de la actual «generación androide» o «de la Internet». En cambio yo me cuestiono diariamente el funcionamiento y accionar de los talleres literarios, los concursos y las editoriales en Cuba. ¡Y ese antagonismo también es poesía! La poesía nos rodea, nos inunda en escenarios reales y ficticios, consciente o inconscientemente. Es una ironía la vida, mi poesía también. Existe un Plan Divino, una Ley de Atracción. Sería poeta de cualquier manera, hoy, antes y después. Amo la textura, el color y el olor de los libros de poesía de cualquier época. Amo tomar una hoja en blanco con ese impulso divino que nos lleva al clímax más visceral, más sentido.

¿Cómo descubres la vocación hacia la literatura?

No sé explicarlo. Puedo decirte que con tres años les declamaba a mis vecinos los Versos Sencillos de José Martí. A los 10, construí muchos poemas rimados, cada uno con un dibujo, mientras mi infancia transcurría en el coro de Belkidia López Fundora, y más tarde en la Escuela Provincial de Arte «Benny Moré», en mi querida Cienfuegos: moraba junto a mis cuadernos de música otra libreta con apuntes personales y frases de autores. Creo que fue mi profesor de Español Literatura del pre, Tomás Aparicio, quien me descubrió. Yo le enseñaba mis textos (sin la más remota idea de lo que escribía) y él sonreía, me decía «la erótica» y que debía estudiar Periodismo. Me dio además el norte amigo que diagnosticó lo que en aquel entonces era una prosa poética: Jesús Candelario Alvarado, gran poeta y narrador cienfueguero.

fotos cortesía de la entrevistada

¿Tiene la literatura/la poesía la capacidad de transformar lo real, en lo micro o lo macro?

Siempre. Hay una triada de oficios indisoluble en toda creación artística: poeta/pintor/escultor. Yo la extendería a una cuarteta con la parte musical que le corresponde a la poesía. Y a la coraza del humanismo. Somos artífices todos los seres humanos pero no todos somos artistas. El escritor/poeta es un restaurador (pintor o escultor) que talla, pule, perfila, acomoda, ensancha, embellece, limpia y ordena desde la espiritualidad una hoja en blanco hasta convertirla en una obra de arte. Desde la intención de tomar la hoja hasta la cumbre de la realización hay un proceso mágico que llegó a deslumbrar al mismísimo psicoanálisis freudiano. Un escritor/poeta es un ente creador de mundos (de lo macro y lo micro). Desde la especialidad que estudié como médico, lo macro es el órgano, pieza fresca evidente, normal o patológica. Y lo micro es la imagen al microscopio en toda su gama multiforme y multicolor de procesos y estructuras increíbles. Lo macro se expande sobre la base de lo conocido. Lo micro, a mi entender, consume la abstracción y responde a lo macro pues deviene en el don de la imaginación, en el juego de las invenciones que pretende convencer y hechizar al lector.

Para llegar a ese lector que mencionas, ¿cuáles son tus principales herramientas?

La intriga y lo confesional: puedo moverme en ambos límites, pero con ironía. El escándalo poético desde cualquier temática. El erotismo. La sátira. Casi siempre pretendo engañarlo o jugar con su imaginación. Pasar inadvertida, impredecible, o semi dicha. Este tipo de escritura me apasiona.

fotos cortesía de la entrevistada

¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Existe alguna singularidad de él que puedas contarnos?

Me sucede algo muy eruptivo, como si la fibra cardíaca se abriera literalmente o me saliera un repentino «rash encefálico». Mi mente se torna muy revolucionaria: me llegan palabras muy rebeldes, como desobedientes, desde lugares mágicos, incluso términos que desconozco y tienen que salir. Cuando voy al diccionario… ¡funciona! ¡Eran esas las palabras que iban justo ahí!

Cuando dialogas con escrituras previas a la tuya, por ejemplo, con los clásicos de todos los tiempos, ¿de qué manera te acercas a ellos? ¿Hay que desmitificar a los clásicos para poder tocarlos? ¿El respeto hacia lo creado anteriormente es un freno o sirve como motor de impulso?

Respeto bastante a los llamados «clásicos u obras clásicas» aunque no soy asidua a lecturas volumétricas. Respeto a los escritores de todo tipo y época. Tú y yo podríamos ser «las clásicas» en el siglo XXX y está bien. No creo, por tanto, en los frenos. Todo tiempo es valioso, difícil y limitado. Todo buen escritor siempre tendrá algo que decir y no pasará sin dejarnos algo: por pequeño que sea, es lo mejor que pudo dar.

¿Cómo valoras la competitividad en el plano artístico: un mal necesario, un bien necesario?

Es parte del proceso creativo. Hay demasiada selectividad y jueces por doquier: ojos, lenguas, manos… Lo importante es superarnos, crecer, divertirnos y divertir. Perdonarnos y perdonar. Ofrecer el espacio oportuno al talento de cualquier edad, al estudio, al trabajo en equipo. Transformar la idea de los concursos en espacios para aprender y compartir me resulta más necesario y provechoso que lanzarse al estrés de los concursos inventados por «algo» o «alguien» para la estratificación de los autores, como si fueran clases sociales. Quisiera que los autores regalaran sus libros. Leonardo da Vinci murió y La Gioconda es prácticamente invaluable. Los buenos libros deberían ser así, sagrados.

fotos cortesía de la entrevistada

¿Sientes que los premios transforman, por necesidad, la vida de los creadores que los reciben?

Ciertamente, los premios marcan un estatus, un mejoramiento, e incluso ciertos poderes, pero no definen el talento o conocimiento de un creador. La personalidad polimorfa de los jurados que otorgan influye más en ese sentido. Depende del creador en cuestión: puede disfrutar el premio consciente de su esfuerzo y labor o puede disfrutarlo engañado de sí mismo.

¿Qué resulta, a tu criterio, lo más interesante de la creación joven en estos momentos?

Es interesante la tendencia a replicar un estilo, un esquema de brevedad y concisión, cuando los libros actuales de teoría abogan por que no existen reglas absolutas al escribir. Sin embargo, hay jóvenes (me incluyo) que descartan estos patrones de procedencia más bien editorial y defienden su poema/borrador, se resisten a eliminar palabras, continúan seducidos por el lenguaje coloquial y de alguna manera lo preservan. Esto nos da autonomía, una voz propia y que pretende conservar aún la creatividad. No hay por qué «recortar» un poema. ¿Acaso puede recortarse una canción, un cuadro? El arte es belleza. La belleza es muy libre ante el ojo apreciador, pero será arte cuando se combinan talento y la más sincera introspección del artista.

Si tuvieras que definir tu poesía en pocas palabras, ¿cuáles eligirías?

Lo haría precisamente como en «METAPOIESIS», poema ganador en los Juegos Florales Cienfuegos 2021:

«La noche, el mar, mi cuerpo/

y en mi mano un licor, un pan mohoso, un cigarro/ es mi poema…»

fotos cortesía de la entrevistada

¿Qué palabra te parece la más poética del mundo?

El primer nombre de mi hijo: ¡Allen!

En tu poesía, ¿cuáles temas viajan a bordo?

Me fascinan las metáforas sensoriales, esas que erizan la piel. Trato de sentirlas desde temas como el amor/ desamor/ erotismo, vinculando imágenes de la naturaleza y términos médicos. Tengo un cuaderno en construcción que también refleja la mujer que soy, la mujer cubana de estos tiempos bajo el influjo de la violencia doméstica y psicológica. Desde lo confesional suelo ser la erótica o la niña maldita. A veces «una anciana frágil/ una anciana que observó las calles reciclando las energías…”

Más allá de la página en blanco, ¿quién es Anisley?

Anisley se promete salvaje, como diría una amiga. Es la mujer que se desnuda ante su realidad imperfecta. Madre soltera, dolida por las leyes y estigmas de la sociedad y el tiempo que vive. Dramática, intensa, coqueta. Es la mujer que pretende más que trascender dejar una noción de su voz, su escritura muscular, el olor de su cuerpo por alguna calle de la isla que conduzca al mar.


Premios Calendario 2022

La Asociación Hermanos Saíz da a conocer los Premios Calendario correspondientes al año 2022. Los mismos serán entregados el día 27 de abril e la Sala Nicolás Guillén del Complejo Morro Cabaña durante la Feria del Libro. Los premiados son:

Narrativa Premio: David Martínez Balsa por la novela Triple C Por su abordaje del fenómeno del bullying y sus efectos en la sociedad actual, con personajes jóvenes que afrontan el servicio militar obligatorio en el marco actual de la pandemia, a través de una narración amena y fluida. Jurado: Jesús David Curbelo, Dazra Novak y Yunier Riquenes

Ciencia ficción y fantasía Premio: José Alejandro Cantallops Vázquez por la novela El tapiz del tirano Por la apasionante problemática ético-política, y de eterna actualidad, que es su eje argumental: una reflexión sobre la naturaleza del poder de los líderes, su responsabilidad… y la de sus súbditos. Señalando, como otros méritos del texto, una caracterización compleja de los personajes protagónicos y un worldbuilding bien estructurado, junto a un lenguaje cincelado y sencillo. Mención: Darío Cisneros Borruel por el conjunto de relatos Las historias que me contó la muerte Por la originalidad de sus argumentos fantásticos, su estilo literario depurado y su apabullante dominio de la caracterización de personajes y épocas. Jurados: F. Mond, Elaine Vilar Madruga, José Miguel Sánchez (Yoss)

Ensayo Premio: Lázaro Abrahan Pérez Suárez por Mucho, señora, daría…Las fibras eróticas de José Martí Este es un texto atrevido y retador que propone una mirada desacralizada a la figura del Apóstol, enfoques con los que incluso podemos estar en desacuerdo y que precisamente provocan una lectura activa y dialógica, una que se cuestione las propuestas del propio autor y que, a la vez, revisite al Martí que nos habita y su representación social e histórica —esa que con frecuencia silencia su maravillosa humanidad Jurado: Ariel Camejo, Ariel Dacal, Lirians Gordillo

Infanto – juvenil Premio: Armando López Carralero por Duende del agua Se trata de un libro escrito principalmente en décima y romance, aborda temas cotidianos con sencillez. Mención: Giselle Lucía Navarro Delgado por Girasoles en el armario Por sus valores parciales que ameritan un trabajo por parte del poeta para concretar un cuaderno de poesía tan necesario para adolescentes. Jurado: Olga Marta Pérez, Leidy González Amador, Alberto Peraza

Poesía Premio: Darién Orlando Peña Prada por Bestia contextual Revela el nacimiento de un poeta cuya expresión rinde tributo, con una impresionante voluntad de estilo, a las formas métricas tradicionales de la poesía española; en particular del soneto cuya factura es, como se sabe, un verdadero reto a la creación literaria desde tiempos medievales. Jurado: Nancy Morejón, Arístides Vega Chapú, José Luis Serrano

Teatro Premio: Manuel Hurtado López por El Padrino (según Doubrovsky) Es un texto maduro, con una investigación de base muy consistente que se aventura dentro de una arriesgada estructura que yuxtapone historias, planos temporales, realidad, ficción y autoficción, logrando unificar las interacciones entre narrativa, evocación, acción performance y documentación con fluidez y coherencia. Jurado: Eberto García, Marcel Méndez, Yuddalis Favier


Nuevos premios para el arte joven en Holguín

La Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín reconoció, en conferencia de prensa realizada en el Café del Arte Joven de las Casa del Joven Creador, el quehacer de noveles artistas de la provincia premiados recientemente en diversos escenarios del país.

Las agrupaciones TóPop y Cubandaluz, además de Dj Arte, Artemio Vigueras, fueron galardonados en el Festival Cuerda Viva, principal plaza de la música alternativa en Cuba.

Mayte Segura, directora de Cubandaluz y premiada en Cuerda Viva en la categoría Flamenco por el tema “Que nos salve el amor” del disco homónimo, comentó que aunque eran los únicos competidores y lo usual es que el apartado quede desierto por esto, el jurado admitió la propuesta dado su alto rigor musical, y los declaró ganadores.

“Espero que esto motive a otros músicos e intérpretes de flamenco a presentarse”, añadió.

Para el 2022, Cubandaluz presentará Que nos salve el amor, un disco bajo el sello Egrem, que incluye 10 temas en los que mezcla la rumba catalana con los géneros cubanos.

Por su parte, Adrián García y Jonathan Aroom, integrantes de TóPop, ganadores del Cuerda Viva en la categoría de Música alternativa y anteriormente del Premio Primera Base del Festival Havana World Music, confesaron participar sin demasiadas expectativas, pues competían casi veinte nominados, entre ellos William Vivanco y Qva Libre.

Obtener el Premio desde Holguín significa un impulso, una forma de continuar visibilizando el trabajo y un compromiso mayor con el público que nos sigue, destacó Adrián.

“Vamos en serio, no estamos jugando”, añadió. Además, dio a conocer entre los próximos proyectos la creación de un DVD auspiciado por el sello BisMusic, perteneciente a la Empresa de Promociones Artísticas Literarias Artex, que en la ciudad de Holguín le abrió las puertas de la Casa de la Trova para sus presentaciones artísticas. Aunque es necesario seguir buscando y consolidando espacios para la música alternativa y experimental de los creadores holguineros, donde puedan intercambiar directamente con el público meta de su música, uno de los retos de la AHS.

Dj Arte y la cantante Dalma, con el proyecto Al Sur, resultaron nominados en Cuerda Viva con el tema “Mis ancestros”, en los apartados de Banda más popular y Electrónica; en esta última Dj Arte logró una nominación en el Cubadisco por Mundo Nuevo.

En materia literaria, el joven Andrés Cabrera mereció la Beca de creación Frónesis que entrega la AHS en el país para la culminación de su novela “El día de los santos inocentes”.

El proyecto, destacó, se centra en la familia en un entorno rural a través de temáticas relacionadas con la sexualidad a temprana edad, la educación, el machismo y la violencia, influidos por el realismo mágico y la literatura del holguinero Reinaldo Arenas.

Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y recientemente graduado de Derecho, Andrés Cabrera obtuvo con “Camomila” el Premio El Dinosaurio 2020. Su novela “Musita el muy maldito”, recibió en agosto último el Premio Literario Bustos Domecq en Camagüey, y “El son de la carabela”, homenaje a la ciudad de Holguín, será publicada el año próximo por Ediciones La Luz, sello holguinero de la AHS.


La intransigencia de los lectores salvará tu libro

David Martínez Balsa confía en los lectores: en su libertad de elegir, en su intransigencia, en su mirada crítica. Solo los lectores son capaces de salvar los libros y, por tanto, también a sus hacedores. Para David, un lector es más que un aliado; forma parte también de la estructura propia del texto y, sin ellos, las palabras no son más que hilo unido a otro hilo semejante. Conversar con David es también un pasaje al mundo de la fabulación…

En la escritura, en la creación, ¿qué consideras sea esencial o indispensable?

Persistir, no desfallecer ante los retos que imponga el acto creativo. No negaré el rol esencial que juega la inspiración en todo creador, pero si algo aprendemos es que la musa no siempre nos acompaña al abordar nuestras obras. Súmale a ello las desilusiones, los tropiezos y las dudas, todos obstáculos siempre al acecho. Por eso, encuentro indispensable la voluntad del creador para construir su obra; enfrentarse a la página en blanco, el lienzo, la partitura, aunque cada partícula de su ser intente llevarlo en la dirección opuesta. Arrancar, sin detenerse a esperar la inspiración. Esa fuerza, el ímpetu de seguir batallando, lo lleva grabado todo creador en su ADN, sin dudas.

¿Puede ser mesurable la calidad de un libro de poesía o de cuentos, o esto depende de las sensaciones, emociones, experiencias, referencias y del mundo estético personal de cada uno de los lectores?

Me encanta esta pregunta, pues a mi juicio, tiene un poco de trampa. Yo, en lo personal, siempre aspiro a llegarle a los lectores, provocar una sonrisa, una lágrima o al menos la satisfacción de haber disfrutado el libro al que eligieron dedicarle su tiempo. No existe mayor alegría que se te acerque alguien que haya leído tu novela o libro de cuentos y te diga cuán placentera le resultó la experiencia. Claro, siempre existirá una dualidad de opiniones, habrá apoyo y detractores, y eso lo encuentro igual de bien; pues, como creador, te pones a disposición del juicio del público al entregarles tu trabajo. Si la mayoría de las opiniones te favorecen, pues celébralo; de lo contrario, levántate, aprende y sigue.

Por supuesto, existen estándares literarios, críticos especializados, jurados de concursos, quienes abordan el tema desde una perspectiva más imparcial. No obstante, por muy fríos que intentemos ser a la hora de evaluar una obra para emitir un dictamen, a veces el lado humano prevalece; la parte que siente y se conmueve ante un cuento que, tal vez, otros hallaron falto de elementos que sus contrincantes sí poseen. Estos detalles hacen difícil llegar a un consenso a la hora de premiar o reconocer un texto (hablo en caso de un concurso literario). Todo libro necesita una estructura sólida, fuerza en las técnicas narrativas, un lenguaje limpio (pues no vamos a pedirle a quien nos entregue un poco de su tiempo que se lea un libro en el que no hayamos dejado hasta la sangre con tal de construirlo lo mejor posible) pero, en mi opinión, no puede faltarle ese ingrediente que lleva al lector a brincar, casi sin darse cuenta, de la acción de leer a la de sentir. Eso es magia y quien pueda provocarla, no sé si su obra tendrá calidad en el más estricto sentido de la palabra, pero para mí merece aplausos.

¿Es posible definir qué es la creación? ¿Podrías aventurar tu definición personal?

Difícil, pero déjame intentarlo y ser lo más breve posible: te diría que es una adicción saludable. Placer y al mismo tiempo tormento. Es una necesidad que llevas dentro, que no para de perseguirte; incluso cuando estás creando, sientes ese apremio, una especie de frenesí que disminuye, pero no cesa del todo.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Cómo piensas la estructura o arquitectura de un libro?

Por lo general, escribo de noche o en las mañanas, aunque prefiero las noches: hay más tranquilidad. En ocasiones escucho música, otras no (depende de lo que me pida el cuerpo); eso sí, no puede faltar la compañía del café y el cigarro. A veces arranco una historia sin saber en qué acabará la cosa. Todo empieza por una escena, un personaje, o algo tan simple como una frase. Llegan de golpe y enseguida me siento frente a la computadora y trato de llevarlo todo a la página, sin saber bien el rumbo que se va dibujando mientras avanzo. Hay otros momentos en los que la historia cae completa y anoto enseguida los detalles, no vaya a ser que la musa me traicione si la descuido mucho. Siempre escribo tres versiones de un libro: la primera es un desastre, un rompecabezas armado a todo tren. En la segunda, abordada desde una perspectiva más fría, estructuro el libro lo mejor posible; trabajo los personajes y las escenas al detalle, elimino los excesos innecesarios, intento darle coherencia y realismo al texto. En esta versión invierto más tiempo, pues es la que entrego a mis lectores de confianza. Ya con las críticas que recibo, pulo una tercera versión hasta dejarla lo más digna posible de ser leída.

¿Cuánto valoras el contacto crítico con los creadores de tu propia generación?

Si algo aprendemos todos los que pasamos el Onelio es lo esencial que puede llegar a ser la comunicación con los creadores, ya sea de tu propia generación como de cualquier otra. El beneficio del contacto crítico es mutuo y para nada debe desestimarse; se obtienen lecciones vitales y que pueden ayudarte muchísimo en tu proceso creativo, así como incentivarte a crear.

Recientemente acabas de obtener el Premio Boti por un libro escrito para niños y jóvenes…

Amarrados al puerto, el libro que mereció el Premio Regino E. Boti, es un cuaderno de cuentos escrito en el 2020, durante los momentos más difíciles que se vivieron ese año por el coronavirus. Los cuentos que lo componen tratan precisamente este tema, vistos desde el lente de sus personajes, todos niños que viven las vicisitudes propiciadas por la pandemia, sin escapar también a las implícitas en el tránsito de la niñez a la adolescencia. En el libro se abordan temas como la soledad, el abuso físico y emocional, la inseguridad y el temor a no ser aceptado por tus características, todo fundido con las dificultades impuestas por la pandemia y lo que ello conlleva para un niño. Te confieso que nunca esperé que obtuviera premio y el galardón ha sido una muy grata sorpresa. Ahora mi anhelo es que el libro termine su viaje y llegue a los lectores lo más pronto posible, para que ellos den la última palabra.

Como escritor, siempre he preferido el realismo, aunque en ocasiones abordo el fantástico y la ciencia ficción (géneros que disfruto y respeto muchísimo). Creo que, como escritores, nunca debemos dejar de experimentar, de atrevernos, de probar nuevos horizontes y géneros y demostrarnos a nosotros mismos que sí se puede. Salir del área de confort, arriesgarse. El estilo propio se cultiva mediante la lectura y sobre todo, la escritura constante. Yo, en lo personal, aunque tengo mis preferencias de estilo, sigo en la búsqueda. Este libro fue mi segundo intento de alejarme del género que usualmente practico. El primer intento llegó con Los Caciques, una novela juvenil que obtuvo mención en el Edad de Oro 2020 y que la Editorial Gente Nueva me hará el honor de publicar, contando con la edición de la excelente Gretel Ávila. Y ahora este librillo. Ambos han sido muy importantes, pues han marcado un cambio en mi forma de abordar la literatura y me han hecho comprender lo complicado que es el género infanto-juvenil y con cuánta delicadeza debe recorrerse ese terreno, pues escribir para niños y jóvenes se las trae… Sí, mi escritura está en constante cambio y ojalá sea para mejor.

¿Crees que el oficio del escritor es el más solitario del mundo? ¿Por qué?

El oficio en sí, en su núcleo, es y debe ser solitario. Necesitas estar solo para dar vida y orden al cúmulo de ideas que tienes en la cabeza, pidiendo a gritos que las lleves a la página en blanco delante de ti. Esa tarea requiere concentración, disciplina y soledad. Ahora, ya culminado el proceso creativo, el escritor, como todo ser humano, debe escapar de esa burbuja y socializar: en esto incluyo el diálogo crítico con otros creadores, compartir su obra con lectores de confianza que le ofrezcan su opinión. El oficio es solitario, quien lo practica no necesariamente tiene que ser una persona solitaria.

En los años que llevas de carrera literaria has recibido no pocos premios, ¿cuánto importan estos en la vida de un autor? ¿Son acaso un tránsito más, uno necesario, si se quiere publicar con algo de facilidad?

No negaré la importancia de los premios literarios, pues además de atraer el foco sobre tu obra y elevar los ánimos, te permiten la realización del sueño de todo escritor: la publicación de su trabajo. Ahora, no debemos convertirlo en el Santo Grial, pues se corre el riesgo de una innecesaria decepción cuando no ganamos y ello vuelve más difícil el levantarse tras la caída. Te lo digo por experiencia, pues me he quedado al fly en muchos concursos (y todavía me faltan unos cuantos ponches más). De los premios debemos llevarnos dos cosas muy importantes. Primero: si ganas, celébralo, disfruta cada segundo del privilegio que le han entregado a tu trabajo. Y segundo: si no ganas, no te atrevas a menospreciar ni a tu obra ni a ti como escritor. Rendirse no se vale, le debes a tus libros seguir insistiendo en publicarlos y, sobre todo, seguir escribiéndolos.

Para dialogar con el lector de su tiempo, ¿la obra debe parecerse a ese tiempo, a esa realidad, o debe poetizarla, transformarla en algo más? ¿Cuál es tu apuesta?

Prefiero una mezcla de las dos opciones que ofreces. No hay motivo para que una novela o cuento, con sus transformaciones, embellecimientos y detalles que puedan resultar hasta fantasiosos, no guarde relación con su tiempo; eso sí, el escritor debe entregarle al lector las herramientas para hallar la conexión entre ambos. 

¿Crees en el fatalismo geográfico? ¿Existe aún ese fatalismo para los jóvenes autores cubanos, pese al avance paulatino que han tenido las redes sociales en nuestro mundo?

En parte, sí. Las redes sociales y su impacto en el mundo han ayudado a muchos autores jóvenes cubanos a dar a conocer su obra no solo a nivel nacional, sino internacional (el tuyo es uno de esos casos) y creo que es maravilloso cuántos autores cubanos están publicando en revistas extranjeras o son reconocidos por editoriales de España, Latinoamérica, incluso de Estados Unidos. No obstante, ese horizonte recién empieza a expandirse y todavía tiene espacio para más. Lo que es digno de celebración es que estén abriéndose poco a poco las puertas para que la literatura cubana sea más reconocida a nivel mundial. Hay que seguir insistiendo.

En tu experiencia, ¿cuáles son los valores de la narrativa actual? ¿Es posible aventurar la opinión de qué sobrevivirá o no al paso del tiempo?

Hay mucho potencial en la narrativa de nuestros tiempos; sobran talento y ganas de trabajar. Creo que la pandemia ha puesto a prueba muchas determinaciones, y entre ellas cuento el afán de la literatura por crecerse ante los obstáculos. El ánimo de los jóvenes autores (y los no tan jóvenes también) es contagioso. Entre el 2020 y el 2021, las redes sociales han cobrado un auge indiscutible y basta darse una vuelta por internet para conocer el interés, el apetito y la promoción que disfruta la literatura hoy en día, la disposición a defenderla a capa y espada. Escritores, editores, casas editoriales, los organizadores de certámenes, jornadas y peñas literarias, nadie ha dejado de trabajar, a pesar de las duras circunstancias; al contrario, se han superado. Así que me atrevo a decirte que, mientras sigamos escribiendo, leyendo y disfrutando de lo que hacemos, la narrativa sobrevivirá a lo que sea.

A tu criterio, ¿cuáles son las principales herramientas, materiales o espirituales, de las que debe estar dotado un buen escritor?

Las principales herramientas de todo escritor (y me limito a repetir lo que tantos han afirmado) son la lectura y la escritura incansables. Una cosa complementa a la otra. La lectura, otra adicción saludable, te entrega todo un arsenal de herramientas con las que afrontar el oficio. Por otro lado, escribir, así sea un párrafo al día o si te parece un desastre lo que acabaste de teclear, permite conservar la agilidad en la mano. La perseverancia es también esencial y, por supuesto, la capacidad de escuchar y saber trasladar a tu obra las críticas sinceras que recibes de quienes te leen.

¿Cómo sería tu lector ideal? ¿Qué le pides a ese lector a la hora de enfrentarse a uno de tus textos? ¿Cómo te gustaría ser leído?

Que sea despiadado conmigo, que no me perdone en lo absoluto. Al final, su intransigencia salvará mi libro. Son increíbles los errores que cometemos los escritores en medio del vuelo creativo y no existe nada más maravilloso que el hecho de que te señalen la barbaridad que eludió todas las revisiones al texto. Gajes del oficio de los que nos salva ese lector o lectores ideales. A ellos les pido lo que me gustaría oír de todos mis lectores: la verdad. Si no lo disfrutaron, aprenderé. Si les gustó, me doy por satisfecho. De todos modos, siempre agradeceré que le hayan dedicado su tiempo a mi trabajo.

Más allá de la página en blanco, ¿quién es David Martínez Balsa?

Quienes conocen a este desconocido saben que es tímido, de pocas palabras, aunque cuando le da por hablar, su novia lo manda a tomar agua para que refresque la boca. Tomo café con sed de dragón y echo humo también como uno. Los días trato de repartirlos entre la familia, mi novia, el trabajo y, claro está, la lectura y la escritura, aunque admito que desgraciadamente no siempre de forma equitativa o justa. En pocas palabras, David es un joven que trata de escribir un poquito mejor cada día y busca impulsar sus libros hacia el fin del viaje: el lector, que ojalá disfrute tanto de leerme como yo de escribir ese librillo que logró llegar a sus manos.


«El trato del arte con el universo es de supervivencia»

Nunca me he cansado de escuchar la poesía de Eduardo Herrera Baullosa. Quienes lo conocen, saben que habla también con poesía, que su lenguaje está matizado por la ironía y la belleza de las palabras. Esa, quizás, sea su forma de supervivencia, su trato con el arte, con el universo de la creación. Cuando hecho mucho de menos la poesía de Eduardo, le escribo por Instagram o Messenger, ocasionalmente por WhatsApp, y así nos ponemos al día, justo como hago ahora, a modo de (pre)texto y a través de una entrevista.

¿Sientes que, con tras el paso de la pandemia, las relaciones artísticas o el acto comunicativo del hecho creativo variarán significativamente?

Fotos cortesía del entrevistado

Sin lugar a dudas existe un antes y un después que afecta todos los aspectos de la vida; también las “relaciones artísticas” o, como defines, “el acto comunicativo del hecho creativo”. La nueva realidad un tanto “distópica”, causante de cierta alienación –inevitable y necesaria–, nos obliga a modificar las relaciones interpersonales. A su vez, ese mismo distanciamiento físico y psicológico ha potenciado otras maneras de hacer. Si en la realidad pre-pandemia las constantes eran las ferias del libro, los congresos, las lecturas literarias, tertulias, talleres, etc.; en fin, el tú a tú presencial tan enriquecedor –quedan algunos casos muy aislados que continúan de la manera tradicional–; ahora es Internet quien lleva la voz cantante y en ocasiones –al menos así lo creo– nos ha permitido ampliar con su cualidad casi “omnisciente” las necesidades de intercambio y comunicación tan inherentes a la literatura. Ojo: no es algo nuevo, pero sin duda se ha potenciado y al parecer no será temporal o inherente a las condiciones actuales.

En estos tiempos de aislamiento, ¿qué lugar ha ocupado la poesía para ti? ¿Notas cambios perceptibles en su papel transformador de la realidad? ¿Qué realidad transforma, hoy en día, la poesía?

La poesía siempre ha ocupado y ocupará un lugar esencial en mi vida. Ha sido así desde que tomé conciencia de la necesidad del decir poético que obliga bien lo sabes tú–, a ese parto de introspección llevado por la necesidad de sacar “la palabra” a la fuerza de ese lugar oscuro que habita en los poetas. No nos queda de otra, porque sobrecarga la razón y el dominio de uno mismo, probado ya tantas veces.

Más que un papel transformador, la poesía determina la realidad: mi realidad. Le da un estado de ambigüedad a la vez que de certidumbre. Así, cualquier cosa que hago –y si lo hago es porque lo pienso– está determinada por ella. Esto no significa que todo en mi vida sea poesía –no es poesía lo que sale del cuerpo físico por necesidad de vida–; aunque aquí hay una paradoja: “también podría serlo” cuando el hecho es reinterpretado por esa capacidad de relectura de la realidad que es inherente al arte.

La poesía sí misma no es un ente estático o disidente del cambio –por poner un ejemplo a tono con el contexto–; pensemos en ella como un virus y su extraordinaria capacidad de mutación. Son muchas las razones que hoy en día coexisten y la hacen evolucionar, por mencionar algunas: por supuesto, la pandemia y su capacidad transformadora de la sociedad, pero sin dudas también la revolución tecnológica y su reescritura del tiempo y de los valores tradicionales en una abierta y dinámica génesis de la nueva generación. No hacemos –mejor dicho, no podemos hacer, por elemental responsabilidad evolutiva– la misma poesía que generaciones anteriores, sería un sinsentido.

¿Cuáles son los principales dilemas creativos que acompañan a un creador joven que ha decidido establecer su vida más allá de las fronteras geográficas en las que nació? ¿Ha cambiado el mapa de tu poesía al variar el espacio dónde vives? ¿Cómo?

Cuando tomé la decisión de vivir fuera de la Isla, incorporé las contradicciones “del mundo nuevo” al acto creativo; fue un hecho consciente, pero también orgánico, inevitable. No dejó de existir el yo traído, simplemente la nueva realidad lo remodeló. Como artista realizo una obra abierta y dinámica –no soy para nada especial por hacerlo–, esto lleva a un análisis transformador que la mayoría de las veces ocurre espontáneamente. Sin dudas ha cambiado el mapa, pero también ha cambiado la vida como la conocemos, creo que para mejor.

La humanidad, en especial los artistas, necesitan del otro y de lo otro, del polvo de todos los caminos que sean capaces de pisar; que sean capaces cuestionar para captar y significar la vida. El trato del arte con el universo es de supervivencia. En Cuba se le está vedado a casi todos, no solo a los creadores. En cuanto a los dilemas creativos, se mueven con mi cuerpo a donde quiera que vaya –somos uno, y en el todo, parte–; vivir fuera no cambia significativamente las mediocridades, miserias y recurrentes degeneraciones del mundo literario. Con ellas, y con las propias, hay que cargar y seguir viviendo.  

La ciudad y su amnios es un tema que afecta y atraviesa toda la estructura de tus libros; con más o menos evidencia. ¿De qué manera la ciudad se transforma en leitmotiv de tu creación?

En Cuba, “la ciudad” tenía un alma más arquitectónica: de cemento y ladrillo eran sus formas; ahora es más de carne, ha dejado de ser ciudad observable y externa para ser del hombre, del yo y del ellos. Sigue siendo ese leitmotiv aunque ahora ya no sea tan evidente.

Este es un mundo donde la poesía se hace esquiva en tanto cotidianidad. Sin embargo, hay proliferación de creadores, de poetas, ¿por qué ocurre, a tu criterio, esta ecuación si se quiere paradójica?

La poesía tiene una cualidad sanadora. ¡Mística! Como somos animales de pensamiento abstracto, aun sin darnos cuenta, la necesitamos para vivir; sin importar que se lea menos. Es irónico, contradictorio, polisémico en su ambivalencia que surjan más poetas, o voluntades que intentan serlo. Aunque no siempre con buenas intenciones o buenos resultados, a esa masividad no hay que tenerle miedo –ha ocurrido antes–; ya se encargará el tiempo de hacer lugar a quien de verdad vale. Hoy en día hay mucha gente que no le interesa ser útil a la literatura… a nada. Su única aspiración es la fama: observador/observado, mientras más seguidores más premios, más “popularidad”. La creación es un ejercicio de soledad, la introspección se relaciona directamente con el creador: distanciamiento del mundo (distancia de él y de sus existencias). Al perder el individuo la fe renacentista, el intento de preservar sin meretricio las contradicciones a que está sujeta la «aventura de la escritura», es cada vez más difícil de lograr.

Has estado en los dos lugares de la balanza: jurado y concursante de un premio; ¿sientes que hay una semejanza en ambos roles?, ¿cómo enfrentas la labor de jurado?

No es una novedad que los grandes y medianos premios son un espaldarazo para la carrera de cualquiera. A casi todos nos ha tocado estar en ambos lugares, jurado y concursante: similitud más allá de que casi siempre el jurado sea un creador, no veo.

Estos roles son por naturaleza dicotómicos, antagonistas, no hay como darle a alguien cualquier autoridad para que automáticamente lo ecuménico desaparezca y, de paso, al placer del poder. Es algo inherente. Lo importante es la justicia, que esta prevalezca sobre los intereses degenerados que lamentablemente son los que priman muchas veces.

Lo que antes te comentaba, nadie es ajeno a esa realidad que se ve a diario en certámenes nacionales e internacionales… si hay dinero de por medio, publicación en una gran editorial o prestigio por la antigüedad y significación del certamen, todavía más. De ahí que en nuestro “mundillo”, muchos creamos que gran parte de esos premios nacen con “nombre y apellidos”, y que de vez en cuando, muy de vez en cuando, tocan a quien de verdad lo merece.

He visto construir en Cuba, pero también en el extranjero, la carrera de más de un escritor o escritora porque así lo piden las instituciones que lo auspician; incluso por razones mezquinas o poco relevantes en el contexto, como puede ser el hecho de que sean amantes el jurado y el concursante. Como nadie está exento de errores como esos –nadie es perfecto–, en la medida de lo posible trato de distanciarme del individuo para evitar subjetividades. Siempre intento ser justo, aún cuando en algunas ocasiones no me gusta lo que premio (hablo de satisfacciones, no de calidad). Por eso me parecen perfectos los certámenes que son anónimos y no piden curriculares.

Con el paso de los años, al autor prolífero –como es tu caso– se le queda una deuda invisible con los títulos que ha escrito y que, por una razón u otra, no se han publicados. ¿Confías en el valor imperecedero de la buena poesía?, ¿te preocupa que sus temas o motivos puedan envejecer?, ¿cuáles son tus certidumbres e incertidumbre acerca de esos libros?

No podemos llamarnos a engaño, no con los tiempos que nos corren. La razón de un libro es el lector, y la razón del escritor es la publicación. Me preocupa que algunos libros se queden suspendidos en ese limbo del mal destino, por los inconvenientes de no encontrar una editorial decente. Sobre todo cuando la creación ha estado influenciada de manera particular por el contexto, o más, cuando la intención era reflejarlo o participar de él. No me preocupa el envejecimiento que necesariamente no conlleva decrepitud, me preocupa el no estar presente cuando creía que debería estarlo. No es exagerado decir que cada vez es más difícil publicar, máxime cuando se trata de poesía y no hablo de la auto-publicación complaciente que ofrece Amazon y otras editoriales, donde el libro con toda literalidad nace muerto.

Estoy consciente que muchas cosas que he escrito no merecen ser publicadas, pero otras tantas se acumulan en las PC de los escritores con suficiente valor y sufren el mismo destino. De cualquier manera el buen arte es imperecedero, sobrevive a la vanidad de su autor, ¿pero cómo saberlo sin antes haber publicado?, no hay forma. Si no se expone (públicamente) la creación, el estar vivos y el hecho de ser valorados no existen. Quiero pensar que mi obra es lo suficientemente sincera como para sobrevivir: La que habla es mi vanidad, y aunque en concreto nadie sabe lo que se estará leyendo dentro de un siglo –si es que se lee o de qué manera, si es que logramos sobrevivir el próximo siglo– tengo que ser optimista.

¿Cómo se desarrolla el músculo de la escritura? ¿Tienes una rutina? ¿Confías en el rigor del oficio o prefieres transitar por otros caminos?

De esto se ha discutido largo y tendido. Yo creo que no existe un método mágico-universal para la escritura; menos aún para la poesía. Soy bastante vulgar al hacerlo: escribo siempre y cuando siento deseos. Avanzo con rapidez en la poesía y la disfruto más. La narrativa me exige mucho, necesita método. Si escribes una oración o dos, un párrafo o dos, una página o dos diarias, estaríamos hablando de matemáticas; no de calidad, mucho menos de literatura. Por eso creo que es algo idiosincrático. El oficio sin dudas se aprende y se perfecciona. Pero esto no funciona con la poesía. En la poesía el oficio es una pérdida de tiempo y una burla al lector. No solo hablo de la poesía libre; tampoco la poesía clásica, rimada, compleja y estructurada, se aprende por oficio en ninguna academia o talleres de Instagram.

¿Cuáles son las raíces que nutren la teatralidad y el valor performático de tus poemas?

La existencia: mi vida… la de todos. 

¿Hasta qué punto sientes que la poesía, o el lenguaje poético en concreto, transita de manera estructurada en tus textos narrativos?

Todo el tiempo. Soy de los que piensa que ningún género escrito está exento de poesía. Una vez dije que “La poesía era la Metafísica de la Palabra”, todavía lo creo, pero también pienso que es la gemación del pensamiento hecha con frases; conjunción lúdica entre pensamiento y lenguaje que en el subconsciente colectivo se hace a sí misma como un instinto.


Cada artista verdadero tiene su sello auténtico

Si una palabra pudiera definir las esencias de Yalit González González, esa palabra sería la ética. Ha labrado su camino como concertista, músico y pedagoga desde el ara de lo bien hecho, ha transmitido a sus estudiantes no solo el aprendizaje de una técnica, sino también la enseñanza invaluable de que el arte es una materia transformadora de la espiritualidad humana. Con su guitarra, con su Verdad, con su amor, Yalit ha transmutado —para bien— todo a su paso. Tengo el privilegio de considerarla mi amiga. Tuve, además, el privilegio de ser su estudiante de guitarra en la Escuela Nacional de Arte y en el Conservatorio “Amadeo Roldán”. Esta entrevista intenta resumir mi afecto, mi admiración y mi infinito agradecimiento hacia el hermoso ser y hacia la virtuosa guitarrista que es Yalit.

¿Por qué elegiste el camino de la música, y específicamente la guitarra?

La música fue una elección que tomé muy temprano en mi vida. El ambiente de mi hogar fue muy propicio para mis intereses, a todos les gustaba este arte. En casa había un piano «Pleyel», de mi mamá, que estaba destinado a ser mi primera herencia. Mi madre se percató de mis inclinaciones musicales y me llevó a dar clases de piano con Mildred, una excelente maestra que vivía muy cerca de mi casa en mi natal Holguín. Mildred consideraba que yo tenía aptitudes musicales y que debía iniciar estudios académicos.

cortesía de la entrevistada

Cuando tenía unos nueve años, pusieron un documental de María Luisa Anido en la televisión cubana. María Luisa Anido, la extraordinaria guitarrista argentina, la «Gran Dama de la Guitarra», estaba en pantalla tocando un instrumento precioso. Ahí me quedé prendada de la guitarra. El sonido que escuché de esas cuerdas que vibraban me enamoró para siempre. Fue algo fulminante, se me despertó una fascinación, una pasión que ya más nunca me abandonó.

Desde ese momento le dije a mi madre que yo quería tocar ese instrumento. Ella prestó oídos a mi petición y me llevó a hacer las pruebas de ingreso a la escuela de arte.

Mi entrada a la Escuela Vocacional de Arte de Holguín fue el inicio de mis estudios en la carrera de la música clásica; pasé por varios conservatorios hasta culminar los trece años instituidos en Cuba para ello, con la Licenciatura de la Universidad de las Artes (ISA). Tuve el privilegio de recibir en las escuelas y Universidad de música en Cuba, una enseñanza de primer nivel, dentro de un sólido Sistema Nacional de Enseñanza Artística.

De manera que todo comenzó así: el día en que escuché tocar la guitarra a la gran María Luisa Anido, yo elegí este instrumento. Mi familia decidió apoyarme para siempre. Mi madre y mi padre son artífices de mi carrera; sin el apoyo y esfuerzo de ellos, jamás hubiera podido cumplir mis sueños de ser concertista y permanecer siéndolo. A la dedicación de ellos se unió la de mis abuelos, mi tío Alberto y la de mis hermanos Yanot y Alberto, quienes también desde el primer día me apoyaron y disfrutaron cada minuto de mi quehacer artístico; hoy siguen haciéndolo. A esto se sumó, con el tiempo, una conspiración de muchas otras personas para hacer mis sueños realidad.

En la tradición guitarrística cubana, ¿qué voces no pueden faltar?

La tradición guitarrística cubana es vasta y sólida. Innumerables son las voces que no pueden faltar por sus valiosos aportes. ¡Tantos! Simplemente: incontables.

Tu dualidad como guitarrista concertista y como profesora de dicho instrumento, ¿a qué nuevos caminos, tanto espirituales como técnicos, te ha encomendado?

Esta dualidad me ha llevado por muchos caminos

Lo primero de lo que me ocupé, recién graduada, fue de profundizar en estudios que había realizado en el programa de la carrera, pero en los que yo quería ahondar más: la psicología y la pedagogía. Me interesé, entre otros asuntos, por el tema de la psicología del artista, del cual había aprendido mucho con el querido maestro Tajonera en el ISA. Él tenía muchos apuntes y yo me le volví a acercar para seguir profundizando.

También comencé una labor de promoción de jóvenes talentos, invitando a conciertos a estudiantes con un alto rendimiento; lo mismo para actuar como solistas que como integrantes de la orquesta de guitarras de la ENA, que preparé y dirigí durante los trece años de mi jefatura del departamento de guitarra en dicha institución. Posteriormente seguí con estudiantes del Conservatorio «Amadeo Roldán», donde hoy dirijo la Cátedra. Actualmente, se trata de una labor que he extendido ya con estudiantes de diferentes proyectos culturales; todos de altísimo nivel.

Además, expresamente, comencé a hacer una recapitulación mental de todo lo asimilado de mis maestros, para que no se me quedara nada de lo que aprendí sin enseñarles a mis estudiantes. Eso lo he podido hacer porque tuve el privilegio de estudiar con maestros extraordinarios. Mi primer maestro fue Orlando Vega, seguidamente estudié con el maestro Edel Aguiar, luego con el maestro Félix Puig. A mi llegada a La Habana fui alumna de la clase del maestro Jesús Ortega en el ISA. Posteriormente, del maestro Joaquín Clerch.

Puedo decir, con un orgullo inmenso, que estos, mis maestros de guitarra, me hicieron el regalo hermoso del cual soy deudora: todos me enseñaron con gran pasión, haciendo énfasis en lo que ellos sabían que yo tenía que perfeccionar. Tengo que dar, por todo esto, muchas gracias a Dios, a Cuba, a mis queridos maestros, a la Escuela Cubana de Guitarra, al Sistema Nacional de Enseñanza Artística cubano.

tomada del perfil de facebook de la entrevistada

Entonces, además de expresar a mis maestros mi agradecimiento por lo que me enseñaron, me siento con el deber de enseñar a otros lo que yo aprendí gratis y de primer nivel.

A esta enseñanza le sumo la recibida en las clases magistrales con el maestro Leo Brouwer; con los maestros Shin-Ichi Fukuda, Costas Cotsiolis, Eliot Fisk, entre otros. También recuerdo las clases magistrales con Nelsys Díaz, Esteban Campuzano, María Elena Mendiola, Louis Aguirre, Harold Gramatges, Alfredo Diez Nieto. Intento y no quisiera que se me quedara nunca un nombre por decir de quienes me aportaron en el instrumento, escuchándome tocar, tanto guitarristas como músicos de otras especialidades. Por ejemplo, estudié el laúd, instrumento afín a la guitarra, con el maestro Manuel Paneque. A este legado de tantos se le unió el de innumerables maestros de otras asignaturas que también hicieron de mí lo que soy como artista.

De manera que lo aprendido de quienes me enseñaron, más lo que he aprendido por mi cuenta sin que nadie me lo dijera, constituyen el arsenal que entrego a mis alumnos cada día. La dualidad concertista-pedagoga ha sido una bendición, porque tener que recordar a cada instante lo aprendido para así enseñarlo, me produce una constante  recreación y  presencia de las fuentes de las que he bebido.

La enseñanza de la guitarra en Cuba, ¿cuáles son sus principales horizontes y potencialidades?

La enseñanza musical en Cuba es de primer nivel y está apoyada por un sólido Sistema Nacional de Enseñanza Artística. Además, la Escuela Cubana de Guitarra es, a mi modo de ver, una de las mejores del mundo. Su excelencia ha sido probada como se prueban las escuelas: por sus indiscutibles y brillantes resultados. Extraordinarios maestros cubanos y extranjeros se han formado en esta escuela y han mostrado sobrada maestría y altísimo nivel. Funcionan los métodos de enseñanza, la organización, el debate fructífero, el compartir de experiencias. Es un tesoro de Cuba.

En el mundo musical, en el mundo interpretativo, ¿quiénes son tus principales referentes?

Leo Brouwer, David Russell, Manuel Barrueco, Eliot Fisk, Shin-Ichi Fukuda, Costas Cotsiolis, John Williams, Juliam Bream, Pepe Romero, Juan Carlos Laguna, Paco de Lucía, Joaquín Clerch, Sergio Vitier, Vladimir Horowitz, Pancho Amat, César López, José María Vitier, Luciano Pavarotti, Itzhak Perlman, Teresa Carreño, Daniel Baremboim, María Callas, entre otros.

A la hora de enfrentarte a una nueva partitura, ¿cómo divides y entiendes tu proceso creativo?

Generalmente sigo una organización preconcebida, pero eso puede variar. Suelo buscar, desde los primeros momentos, el conocer todo lo posible sobre obra-autor-época. A la par, me voy formando una idea sonora de lo que se trata. Casi de inmediato preparo y decido cuáles digitaciones voy a utilizar. Pienso que se pueden preconcebir algunas cosas predecibles de cierto modo, a la vez que se da paso a interpretar música. En esta interpretación aparece lo impredecible, en una recreación y constante cambio; todo en búsqueda de lo mejor que se pueda alcanzar.

¿Qué papel juega, para un instrumentista, la investigación?

Pienso que un músico dedicado a su instrumento es en sí un investigador. Cuando hablamos del universo investigativo científico académico, sucede como en algunos otros ámbitos, que investigar es el momento de enriquecerse de ideas y compartir con los demás el saber, fruto de la investigación.

En la Universidad de las Artes de Cuba tuve el privilegio de estudiar la Maestría en Interpretación. El maestro Lino A. Neira Betancourt (esa gloria del universo investigativo musical cubano que lamentablemente ya no está entre nosotros) nos impartió Metodología de la Investigación; ahí comencé a sentir la alegría de investigar. Mi tutora de tesis, la maestra Gretchen Jiménez Alonso, toda ella una institución en este universo investigativo, me afianzó una idea que facilita la creatividad: que el músico en activo puede encontrar una alegría especial («quasi» diversión) al tener que teorizar y escribir sobre lo investigado y el cómo lo ha hecho. De manera que mi viaje por este tipo de maestría culminó con esa felicidad de adentrarme en un universo altamente exigente, riguroso, capaz de llevarme a interrogarme a mí misma. Fue un aporte feliz a mi crecimiento personal y artístico.

Otra institución donde luego he encontrado otros horizontes en el campo de la investigación científica académica, ha sido el «Instituto de Estudios Eclesiásticos Padre Félix Varela». Ahí recibí clases de las maestras Teresa Díaz Canals y Yanais Barzaga Medina; otras grandes conocedoras de la materia. Este prestigioso instituto es un lugar donde quise estudiar otra carrera más: Licenciatura en Humanidades, que espero terminar en breve. Los horizontes investigativos en los que he puesto mi vista son, si se quiere, totalmente ajenos a la música. Esto ha sido para mí una aventura en un mundo igualmente fascinante, exigente y riguroso. El tutor de mi tesis, el presbítero Yosvany Carvajal Sureda, todo una institución en el mundo académico investigativo, ha sido otro maestro que me ha llevado a perfeccionar lo lingüístico, la capacidad de síntesis y la búsqueda de un enfoque más universal en lo que realizo.

Además del rigor del oficio, ¿qué más es indispensable en la vida de un músico? ¿Qué otras herramientas espirituales lo acompañan?

Indispensable en la vida de un músico puede ser encontrar el espacio adecuado y los momentos para la práctica de su instrumento y la creación. Además, en su ámbito más cercano, el músico debería rodearse de personas que le contribuyan espiritualmente a fomentar su crecimiento como artista.

En su individualidad, cada persona puede buscar las herramientas que necesita y que estén más acordes a su personalidad. Yo he utilizado la lectura, el escribir (me encanta escribir crónicas), la práctica de yoga, el contemplar la naturaleza, ver documentales con aval científico y artístico, etc.

Dentro de la técnica del instrumento, ¿qué te resulta esencial y qué visibilizas más a la hora de interpretar?

Específicamente, la relajación.

¿Cuáles son los compositores que más defiendes y las piezas en las que te sientes más cómoda?

Cuando tengo una obra frente a mí, la defiendo y defiendo a su compositor con todo. Nunca he tocado una pieza que yo no crea posee todos los valores para ser interpretada y presentada en cualquier foro.

Dentro de este sentir, puedo decir que ha cobrado en mí una especial  responsabilidad la interpretación de la música para guitarra sola de Sergio Vitier García-Marruz. Me encanta la música de este compositor gloria de la cultura cubana. Tuve el honor de que el maestro Sergio me permitiera hacer la primera transcripción de su integral de obras para guitarra sola, con lo cual quedaron escritas esas joyitas que son una síntesis de los elementos conceptuales rítmico-armónicos que están comprendidos en su música en general. Grabar estas piezas en uno de mis discos, con su dirección musical, fue algo extraordinario para mí. Todo esto me incentivó a hacer mi tesis de maestría en interpretación. Por la grandeza musical y personal del compositor, por el honor que me hizo y el gusto que me demostró por mi interpretación de sus obras para guitarra, estas se quedarán para siempre en mi repertorio y las seguiré interpretando adonde quiera que vaya.

Tengo predilección también por autores como Leo Brouwer, Joaquín Rodrigo, Francisco Tárrega, Agustín Barrios (Mangoré), Joaquín Clerch,  J.S.Bach, Gaspar Sanz, Mario Castelnuovo Tedesco, etc. Obras que me encantan: «Un día de noviembre», de Leo Brouwer; «Concierto de Aranjuez», de Joaquín Rodrigo; «Milonga», de Jorge Cardoso; «Preludio», de Sergio Vitier; «Recuerdos del Alhambra» y «Variaciones sobre el carnaval de Venecia de Paganini», de Francisco Tárrega; «Guitarresca» de Joaquín Clerch; «Capricho diabólico», de Castelnuovo Tedesco, entre otras.

Para aquellos neófitos en materia musical, ¿qué preparación conllevan los conciertos?

Un músico que domina su instrumento es capaz de tocar un concierto ahora mismo y aquí mismo. El músico al tocar realiza un esfuerzo físico-mental-emocional y vibra con cada nota que toca, y cada nota que hace sonar le produce más y más emoción.

El músico está preparando su concierto desde el mismo instante en que está montando una obra. El músico está trabajando desde que practica a solas: trabaja en cada ensayo, trabaja en el concierto. Todas las veces que hay un músico tocando, hay un músico trabajando. Ser músico es una profesión que lleva profunda y constante dedicación.

De manera que el día del concierto es el día de mostrar un trabajo musical arduo y es la ocasión en la que el músico utiliza especialmente todas sus energías físicas, mentales y emocionales para entregarse en el arte que ama. Esa preparación, que empezó desde su estudio individual y que es interminable, le da la seguridad en lo que va a hacer.

Hay elementos propios de la individualidad de cada artista que se notan especialmente el día del concierto. Hay músicos que no les gusta pensar en otra cosa que en la música cuando van a tocar; por tanto, ese día rehúyen de todo lo musicalmente ajeno. Hay particularidades, tendencias propias de cada cual que son muy bonitas. Lo importante será siempre dar lo mejor al público en el concierto.

A muy temprana edad obtuviste el Premio Especial otorgado por el maestro Leo Brouwer en el 8vo Concurso Internacional de Guitarra de La Habana, ¿puede decirse que ese momento marcó, en tu experiencia creativa, un antes y un después? ¿Por qué?

Marcó mucho en mí. El quehacer musical de Leo Brouwer es indiscutiblemente inmenso y extraordinario, para Cuba y para el mundo. El maestro Leo es un genio de la música y además es una gran persona. Recibir de sus manos mi primera guitarra, su  premio en ese Concurso Internacional de Guitarra de La Habana, fue para mí el símbolo de que mis sueños de ser guitarrista concertista no solo estaban haciéndose realidad, sino que nada podría hacerme dudar en mi camino musical. Con un aval así, siendo yo tan joven (con apenas cumplidos 18 años) mi emoción fue indescriptible. Antes sabía que podía tocar; ahora sabía que iba a hacerlo para toda mi vida. Mi gratitud hacia el maestro Leo Brouwer es eterna.

Como concertista te has presentado en los más importantes escenarios nacionales e internacionales, y has sido dirigida por algunos de los grandes maestros del mundo, ¿cuál es el camino del éxito? ¿Puede el éxito contabilizarse, cuantificarse?

Para mí, el camino del éxito precisa estudio, disciplina, perseverancia, organización. Hay que saber lo que se quiere y luchar éticamente por ello. Se necesita ser siempre uno mismo, perseguir una meta realista con tenacidad y amor.

No puede contabilizarse el éxito. Lo tienes, lo vives, te alegra por la emoción que sientes en cada concierto. Cada nueva actuación es un éxito, es un acto nuevo de amor al arte y a la música.

La música es un universo altamente competitivo. ¿La emulación es positiva o negativa para el concertista? ¿Cuándo esa emulación sana cruza los límites y puede convertirse en patológica? ¿Cómo puede un maestro, desde el aula y el atril, ayudar a que el joven concertista forme no solo un cuerpo físico musical, sino también una conciencia ética y espiritual ante el hecho artístico?

En este universo específico, mis ocupaciones y preocupaciones siempre han sido lo que realizo yo. Estoy segura de lo que hago. Pienso que cada cual tiene mucho que aportar. Cada artista verdadero tiene su sello auténtico por el cual brilla. No necesitamos competir con nadie para demostrar lo que somos.

Sabemos que hay emulación en la música, por ejemplo, con la realización de concursos. Pienso que los concursos tienen de positivo la libertad para presentarse, la posibilidad de las personas de auto-medirse, la competencia fraterna, el compartir experiencias, el incentivo a estudiar más, el descubrimiento de talentos, etc. Una emulación se hace patológica cuando ya no se mira con los ojos de la fraternidad y entonces empiezan a surgir celos, envidia, falsos testimonios, etc.

Inculco a mis alumnos lo que yo practico: que cada cual tiene una riqueza que es parte de su individualidad y que lo va a hacer único dentro de su ámbito. Cultivar esa riqueza, con el estudio, es lo que importa.

En todos estos años de experiencia artística, que has sabido conjugar con tu madurez como instrumentista y tu juventud biológica, ¿cuáles son tus memorias más vivas?

Tocar y grabar a dúo con Joaquín Clerch, en su disco homenaje a Carlos Fariñas             (la «Música para dos guitarras»). Tocar y grabar a dúo, en mi primer disco, con Sergio Vitier García-Marruz. La actuación bajo la dirección orquestal del maestro japonés Yoshikazu Fukumura con la orquesta «Solistas de La Habana», interpretando el «Concierto Elegíaco», de Leo Brouwer. Mi actuación en Vietnam, en la «Vietnam Ópera House», con su orquesta Sinfónica dirigida por el maestro Fukumura. Tocar junto a Abel Acosta, Pancho Amat y Adel González en el Museo Nacional de la Música. Grabar la emblemática obra «Integración», de Sergio Vitier, junto a Javier Zalba  y Luis Bárbaro Rodríguez. Tocar a dúo con Alejandro Acosta en el Teatro «Amadeo Roldán». Mi actuación con la Orquesta Sinfónica de Villa Clara, dirigida por María Elena Mendiola.

Otros momentos inolvidables fueron haber sido invitada por el maestro Leo Brouwer a interpretar su música en el Primer Festival de Música de Cámara «Leo Brouwer» y mi presentación en Pyonyang, Korea del Norte. Además, mi concierto en la «Casa de Arte» en Santiago de los Caballeros y mi concierto final en Dublín, Irlanda.

Cada instante de actuación con mi guitarra ha sido hermoso para mí.

Si tuvieras que aventurar o calibrar cuáles han sido los factores humanos, técnicos y espirituales que han sembrado tu camino, ¿cuáles serían estos?

Dios, mi familia, mis amigos, mis maestros, el amor a la música, el estudio, la fidelidad y la perseverancia.

tomada del perfil de facebook de la entrevistada

Creo que vale la pena detenerse y contar. Porque nada de lo que he logrado, lo he logrado sola. Ahora pienso que, durante esta entrevista, ya te había mencionado algunos de estos factores como mi familia con su apoyo extraordinario. Hay algunos que ya no están físicamente, como mi padre, pero lo tanto que luchó por mi carrera, me hace sentir en cada concierto que todo tiene que quedar muy bien para que él siga orgulloso de mí. Hoy, especialmente, quedan mi madre y mis  hermanos Yanot y Alberto luchando a mi lado, apoyándome en todo, y sé que lo harán hasta el final. Tengo que agradecerles tanto amor y entrega que me han profesado. Se sumaron, con el tiempo, familiares como mi primo Julián y mi sobrinito Alberto (el más grande de mis fans).

También te he mencionado ya el valor de la enseñanza de mis maestros de guitarra. Cada uno de ellos me dejó un legado especial, sumado al de los de maestros de diferentes especialidades. Hoy, felizmente, sigo aprendiendo y otros me siguen aportando. El ser resultado del sistema de enseñanza artística en Cuba y, además, de la escuela cubana de guitarra, ha sido un elemento decisivo para mí.

Me quedan entonces por decirte otros factores tan imprescindibles como los ya mencionados. Dios, que ha sido mi baluarte, mi imprescindible extraordinario. Nada habría podido hacer sin Dios. Nada puedo hacer sin Dios. En este sentido de la fe, he tenido el privilegio de contar con mi director espiritual que es una personalidad de gran prestigio y reconocimiento en su ámbito: el padre Jaime A. Palacio González (ocd), quien con su fe extraordinaria y radicalidad en la consagración a Dios, me ha inculcado valores éticos que están desde las mismas raíces del cristianismo, como el valor de los demás y el no cansarse de hacer el bien. He aprendido así a «echar las redes» todos los días en la búsqueda de la superación espiritual, personal y artística.

Mis amistades forman parte inseparable de mi existencia. Son tantas que quisiera yo poder decirlas todas, pero mi memoria me podría traicionar en estos momentos y no me lo perdonaría. Puedo asegurarte que estoy muy orgullosa de tener tantos amigos. Tengo amigos «a prueba de balas», tengo amigos de oírles decir: «Tú no estás sola», «Es más, nunca has estado sola», «Si quieres, ven para mi casa a pasar el ciclón», «Si quieres que te acompañe a ese lugar difícil me avisas», «Ven a mi cumpleaños»,  «Te esperamos para la fiesta y si no vienes, te vamos a buscar». Entonces, yo creo que eso es un privilegio. Por eso, ellos son también parte de mis imprescindibles. Como ves, tengo mucho y muchos a quienes agradecer. Todos estos factores han sembrado mi camino y son mis baluartes. 

Más allá de la música, en el sitio donde el cuerpo del instrumentista se desprende del cuerpo del instrumento, ¿quién es Yalit?

Soy una mujer de fe. Creo en Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo, y creo que Dios ha sido muy bueno conmigo. Jesucristo es el centro de mi vida, Amor, todo. En Él y por Él vivo y soy lo que soy.

Soy cubana, orgullosa de serlo: amo y defiendo a mi Cuba.

Creo que lo que importa en la vida no es en quién o en qué se cree, sino cómo se proyecta eso en función del bien común. Cultivo la fidelidad y la sinceridad. Me encanta la Verdad. Tengo mucho que agradecer a Dios, a Cuba, a mi familia, a mis amigos, a mis maestros. Uno de mis deseos es que nunca me sea tarde para decirle a todos los que aprecio, cuánto los aprecio. Por eso, siempre busco y procuro que la vida me dé la oportunidad de mostrarles todo el cariño de mi corazón.