Eliseo Diego


Entregan premios Eliseo Diego 2022 en Ciego de Ávila

El escritor avileño Heriberto Machado Galiana se alzó con el premio Eliseo Diego 2022 en la categoría de Ensayo, una de las dos convocadas en esta edición por el Centro Provincial del Libro y la Literatura en Ciego de Ávila y la editorial Ediciones Ávila.

Apología de la lectura, ensayo ganador, «revela varias exploraciones temáticas universales y nacionales, con gran fluidez y sin perder por ello un tono ensayístico generalizador», al decir del jurado integrado por Carmen Hernández Peña, Pedro Pérez Rivero y el recientemente fallecido José Rolando Rivero, a quien se dedicó sesiones del evento.

Los jueces de esta categoría decidieron otorgar una mención al ensayo Entre el amor y el tabú, de la también escritora avileña Leidy Vidal García.

Por su parte, Rafael de Águila, Félix Sánchez y Rubén Rodríguez, jurados del apartado de Narrativa para adultos, consideraron dejar desierto el premio, aunque concedieron una mención al texto La maldición de Shangó, de Duandy Oscar Gómez. Del volumen apuntaron: «por los valores implícitos, reconociendo particularmente el tratamiento temático y estilístico infrecuente en el entorno literario nacional».

Las premiaciones tuvieron lugar este sábado 15 en la noche, en el Café Estaciones de la Librería Provincial Juan Antonio Márquez.

Como colofón de la jornada homenaje a la vida y obra de Eliseo Diego, que contó con un variado programa de presentaciones, charlas lietarias y recordación a dos poetas avileños fallecidos hace poco tiempo, José Rolando Rivero y Arlen Regueiro Más, se abrió la convocatoria al premio Eliseo Diego 2023, esta vez en las categorías de Poesía y Narrativa para niños.


Comenzaron en Ciego de Ávila sesiones del Premio Nacional de Literatura Eliseo Diego 2022

Las actividades por el Premio Nacional de Literatura Eliseo Diego 2022 comenzaron en Ciego de Ávila con una exposición de los libros premiados en ese certamen.

El encuentro inaugural también contempla un homenaje a los escritores Arlen Regueiro Mas y José Rolando Rivero, fallecidos recientemente y que se desempeñaron en calidad de jurados en distintas ediciones del evento.

Este año el Eliseo Diego, considerado entre los galardones más importantes de la provincia, premiará las obras presentadas en las categorías de ensayo y literatura para adultos, cuyos resultados de darán a conocer el próximo sábado en la noche.

De acuerdo con el programa, las actividades comprenden encuentros, charlas, lecturas de textos galardonados anteriormente y conferencias; entre las que se encuentran Algunas específicidades del ensayo literario, a cargo escritor e investigador Pedro Pérez Rivero, y ¿Cómo escribir un libro de cuento?, por Rafael de Águila, ambos miembros del jurado.

Este año el premio se desarrolla dentro de la 14ta. Jornada Todo por el Arte, organizada por la Asociación Hermanos Saíz y la dirección provincial de Cultura, y que se extenderá desde este jueves hasta el próximo 17 de octubre.

Durante esos días, los jóvenes artistas se presentarán en escuelas, comunidades y diferentes plazas culturales de la provincia conactusciones, conciertos y presentaciones de libro.

Tanto el Eliseo Diego como la Jornada Todo por el Arte forman parte de las acciones en Ciego de Ávila para homenajear el Día de la Cultura Cubana, lo cual permitirá el reconocimiento a personalidades del sector en el territorio.


Soñar despierto

En Soñar con los ojos abiertos, todos giran alrededor de la joven soprano Lucelsy Fernández, quien acaba de ser distinguida con el Premio de Actuación Adolfo Llauradó 2020, de la Asociación Hermanos Saíz. Rubén Darío Salazar ha creado para ella un concierto que, de la mano del director de Teatro de Las Estaciones, resulta, por supuesto, un espectáculo teatral.

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Pila de ceniza, de miércoles estivales

Como todo mal augurio que pasa, no queda más que esperar por algo mejor; eso trajo al público de la Asociación Hermanos Saíz en Ciego de Ávila, los días estivales que pudo gozar en este entretanto pandémico. Sesionó nueve veces, desde el 2 de julio, un fenómeno tardío que conjugase libros y lecturas, en sus peñas, con una renovada forma de mirarse a sí mismas, adjuntada a una estrategia de promoción y visualización en redes sociales, a su vez, convirtiéndose en un producto de consumo audiovisual. Después de tanto tiempo, por fin se formaliza una alianza entre lo bohemio y novedoso, al interior de instituciones estatales, en la provincia.

Cada miércoles, hasta el 26 de agosto, con leves ausencias de su sesión física, en las últimas muestras, de la mano del escritor Arlen Regueiro Más se les rindió homenaje a autores universales desde el Centro Cultural Café Barquito. La invitación fue hecha a los jóvenes miembros Heriberto Machado Galiana, Yanarys Valdivia Melo, Leoneski Buquet Rodríguez, Roberto Carlos Armas Díaz, Yasmany Rodríguez Alfaro, Iracema Díaz Paz, Aldrin Mirabal y Cleilys Aurora, integrantes de grupo humorístico 40 megas y agrupación femenina de trova Motivos personales, respectivamente; Leonel Daimel García y Lázaro Valencia, para la lectura de muestra de los textos de Eliseo Diego, Frida Kahlo, Nicolás Guillen, Ernest Hemingway, Vincent van Gogh, Ana Frank, Sergio y Luis Montes de Oca, Michael Ende y Julio Cortázar, respectivamente.

Eliseo Diego. Miércoles de ceniza.

Entre la selección de homenajeados, se nota la coincidencia de sus fechas de natalicio o fallecimiento con el día de exposición de la muestra, a excepción de Ana Frank, caso en el que quizá se puede entender que hacen coincidir la juventud de la invitada y aprecio que muestra el coordinador hacia ella, como una figura infantil, desde su percepción adulta.

Fueron así provechosas las fechas 2 y 22 de julio conjunto al 26 de agosto, para homenajear el centenario del natalicio de Eliseo Diego, escritor con fuerte marca en la literatura avileña, lleva su nombre el premio anual que ofrece Ediciones Ávila; y los nacimientos del estadounidense Ernest Hemingway y el argentino, nacido en Bélgica, Julio Cortázar, respectivamente.

A los fallecimientos de Vincent van Gogh y Michael Ende, se les dedicó el 29 de julio y 19 de agosto, este último, algo distante de la fecha en que fallece, aun así, sucede en el mismo mes, día 28 pero de 1980. De la misma forma, se centran en medio de jornadas que comprenden sus fechas de natalicio y muerte, los homenajes a la mexicana Frida Kahlo y el poeta nacional postrevolucionario Nicolás Guillen; así como el especial del 12 de agosto por la jornada dedicada a los hermanos Saíz.

Vincent van Gogh. Miércoles de ceniza

De inteligente selección, Yasmany Rodríguez Alfaro, también artista plástico, fue escogido par exponer la obra literaria de Vincent van Gogh, la cual se compone de cartas escritas a su hermano Theo van Gogh. Dicha obra se observa con una visión ensayística, debido a la percepción que mostraba Van Gogh del arte contemporáneo de los creadores de su época y su propia concepción sobre la obra que desarrollaba. Criterio de selección antes empleado para exponer a la pintora y poetisa Frida Kahlo, perfiles que también cumple Yanarys Valdivia Melo.

Miércoles de Ceniza es una peña de la filial avileña de la AHS, nacida en la década del ʻ90, organizada y dirigida por la poetisa e investigadora Ileana Álvarez y los escritores Francis Sánchez y Otilio Carbajal; sesionaba una vez por mes, cada tercer miércoles, con sedes en El Patio del Tamarindo de la filial avileña, la Galería de Arte, Casa de la trova, incluso en el patio de la casa de la escritora Carmen Hernández Peña.

Desde 2019, el poeta Arlen Regueiro Más decidió retomarle en los períodos estivales, pero la innovación se aguardó hasta 2020. Se ha implementado una forma ampliada de realización para cada miércoles. Un diseño de cartelería promocional protagonizaba la antesala semanal, acto seguido, un episodio de tres partes hacía la muestra del joven miembro que coprotagonizaría el próximo miércoles desde el improvisado estudio frente al muro más bohemio de Café Barquito.

Arlen Regueiro Mas. Miércoles de ceniza.

La versión en vivo, funcionó como continuación del preámbulo que ofrecía su versión audiovisual. El horario escogido fue quizá lo más inteligente para implicar a un público del que nunca se sabría, hasta llegada la rifa, cuan asiduo o no, sería para coincidir con las lecturas. Diez de la noche se apuntó para la cita de cada semana, hora después del café repletar sus mesas por quien fuera que buscase el confort climatizado y la calidad de sus productos gastronómicos, acompañado de una música diferente.

Mientras la rifa descubría nuevos lectores, el cadáver exquisito involucraba a casi todos los que asistían. Este escenario resultaba el más inclusivo, pero desde el inicio de su estrategia promocional se creó todo un reflujo que tributó a un mejor funcionamiento de lo que es casi perdido hoy: Una peña artístico-literaria. Otros aspectos quedan por optimizar, como la calidad y nitidez del audio, pero se muestra ya, como un buen ejemplo de vanguardia.

Los videos ostentan su lugar en el canal de YouTube de la sede, mientras su anfitrión organiza un nuevo taller literario en la sede para incentivar a la creación a jóvenes miembros, otro homenaje a los hermanos Saíz, nombrado Briza nueva, tal cual un poema que se recoge en sus antologías.


Los cubanos también tienen sus Grim´s y su Andersens

Como sucediera en Europa con aquellos cuentos que inmortalizaron los hermanos Grim, en Latinoamérica, relatos mágicos y gestas de antaño viajan de las bocas de padres a hijos. Aún la cuentística cobra valor en la transmisión de la cultura de los páramos andinos en Venezuela, o en la conservación de leyendas indígenas en otros países como México y Estados Unidos. Incluso, para los habitantes de la ciudad moderna, la transmisión de muchas esferas del saber se da por vía oral.

No en pocos casos coexisten con las grandes sociedades que tienen la comunicación sostenidas en la escritura, otras totalmente ágrafas, donde la historia y la educación se basan en la narrativa. En algunas de estas sus habitantes utilizan, por ejemplo, antañas canturías para calcular distancias.

Pero Cuba ha marcado un camino propio en el estudio de estos anales de la oralidad, con propuestas que van más allá de la recopilación de leyendas, de modo que sus Grim´s y sus Andersen, son peculiares guajiros de alma poética, pero también maestros de la palabra que se despliega en el aire.  

Aparejado a estudios etnográficos de diversa índole, a principio de los años 60 ya se hablaba en la Isla de talleres especializados en la formación de narradores orales, es decir, profesionales del arte de contar cuentos. Así trascendió en salas y talleres de la Biblioteca Nacional, lo que muchos intelectuales llamaron el rescate del narrador oral, y que se traducía en un grupo de literatos, dramaturgos, y etnógrafos, trabajando en base a entender este acto ritual como un arte nuevo.

María Teresa Freyre de Andrade

Para 1959 asume la dirección de la Biblioteca Nacional José Martí la Doctora en Ciencias María Teresa Freyre de Andrade y, con ella, se inician proyectos culturales que revitalizarían la narración oral. Inauguró, junto al poeta Eliseo Diego, una escuela dentro de la institución que tuvo el expreso objetivo de impulsar el movimiento de narradores en la región.

Del maestro, por su parte, encontramos múltiples disertaciones dedicadas a este tipo de literatura. Su difusión, explicitación teórica y sobre todo, su rescate en orden profesional. Se destacan los ensayos: Los hermanos Grim y los esplendores de la imaginación popular, Secretos del mirar atento: En torno a Hans Christian Andersen, Las maravillas de La Bella y la Bestia, Aviso, Memoria del gato con botas, Los cuentos y la imaginación popular.

La narradora Haydée Arteaga aseguró en una entrevista ofrecida al sitio ww.ohch.cu: y aprendí la técnica narrativa con Eliseo Diego, porque yo era narradora, pero no conocía la técnica. 

Ya en los inicios de la década del ’50, la doctora Freyre había organizado seminarios sobre la narración oral en el Lyceum de La Habana y, posteriormente (1962), con la inapreciable ayuda del poeta y la doctora María del Carmen Garcini crea el Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles de la Biblioteca Nacional.

Este estuvo dedicado a estudiar y difundir la teoría y la técnica del arte de contar cuentos, mediante la preparación de narradores en toda la red nacional de bibliotecas públicas para niños del país, y la edición de la colección Textos para narradores, iniciada en 1966. Además se crearon talleres de narración oral escénica en el Gran Teatro de La Habana y llegó a nuestro país la renombrada hora del cuento.

El parque Lenin fue el escenario de una eventualidad nacida a mediados de la década del 70: La Peña de los juglares. Lugares como este, plazas, espacios teatrales, fueron recorridos por el teórico y la trovadora Teresita Femández, para la redención de la leyenda.

Otro de los hacedores de este proyecto de «rescate» fue Francisco Garzón Céspedes, quien impartió talleres del nuevo arte en los años 70 y 80 en distintos países. En 1979 patrocinó un taller en el Teatro Nacional del que salieron narradores como Guadalupe Urbina y Moisés Mendelewich. Todos estos narradores orales cubanos se han nutrido tanto de la savia de la tradición oral europea como del rico legado afro e indocubano.

Juglares en pugna

Desde entonces la narrativa cubana cuenta, en cuanto a su manifestación oral, con opiniones que convergen o se disgregan; y en esta controversia persisten voces que, sin lugar a dudas, se ubicaron a la vanguardia de estos estudios en Latinoamérica.

Francisco Garzón Céspedes no solo acuña el término de Narración Oral Escénica, sino que plantea su viabilidad para la comunicación alternativa y contribuye a la extensión de la narración de cuentos por toda Iberoamérica.

El actor actúa para el público/ El narrador oral escénico cuenta con el público. Garzón Céspedes no solo acuña el término de Narración Oral Escénica, sino que plantea su viabilidad para la comunicación alternativa y contribuye a la extensión de la narración de cuentos por toda Iberoamérica. Así lo refleja en declaraciones para la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España

El actor en escena se muestra según sea su personaje/ El narrador oral escénico es según su personalidad. (..) El teatro es representación/ La Narración Oral Escénica es presentación.

Para otros, si bien no puede desliarse la narración oral de su componente memorístico y de habilidades histriónicas, o de ciertas técnicas, heredadas o estudiadas por los actores, lo importante es la dosis folclórica con que se desarrolla tanto en zonas urbanas, como rurales. Las últimas, con su componente mágico. En una entrevista realizada a la narradora Haydée Arteaga en 2006 al recibir la Placa Medalla al Mérito de la Oralidad 2006 confesó:

Mi abuela me enseñó a narrar, le debo casi todo lo que sé (…) Narrar es compartir. Siempre que cuento alguna historia pongo en una esquina la técnica y sigo el estilo que me enseñó mi abuela. He logrado comunicarme incluso con espectadores que hablan otro idioma.

Eliseo fue un gran promotor de la literatura infantil durante sus años de trabajo en la Biblioteca Nacional de Cuba. La ilustración es un dibujo del poeta realizado por su hijo Rapi Diego/ Tomado de la uneac

Esas afirmaciones proveen la narrativa cubana de cierto costumbrismo y de un reconocimiento histórico. En cada viaje que hago busco a la gente más vieja e investigo. Me he reunido con campesinos, con indios huicholes (en México), con los y yekuazan, a la orilla del Amazonas (por la parte de Venezuela)… ¡Esos son los cuenteros verdaderos!, afirma Arteaga.

Por su parte, para el poeta Eliseo Diego se trata de un arte dado por imágenes, con otros recursos literarios inmersos, pero principalmente como evocación de la imaginación humana, donde las palabras son usadas en su valor metafórico, polisémico, sinonímico para lograr la creación de un ambiente expresivo particular, mediante la expresividad estética, dijo Diego en 1998 según la revista Recre@rte.

El gran propulsor de esos estudios admiraba como en esos textos la exquisitez del estilo y la estructura poética son un asunto casi litúrgico, por las estructuras de los relatos que se van transmitiendo unos a otros a través de generaciones y en cuya creación participan todos como si fueran uno solo.

Además asiste en este tipo de narrativa la sencillez de los medios escuetos, puros, ancestrales. Se trata, sin dudas de la majestad de la forma en un quehacer literario que unifica la voluntad creativa de los cubanos, sus historias de vida, y sus sueños más idílicos.


Maylan y el amor a la literatura (+VIDEO)

La literatura, la edición y el periodismo se entrelazan en la vida de una mujer con alma de ángel. Maylan Álvarez Rodríguez es miembro del colectivo de Ediciones Matanzas y dueña de una modestia que gratifica al interlocutor.

Galardonada con premios como el Calendario de Poesía 2011, con su libro Naufragios del San Andrés, Maylan no cesa su creación literaria.

“Acabo de terminar mi tercera novela para niños, que fue la primera que comencé a escribir y he estado en su revisión. Hace ocho años obtuve la beca La Noche con el libro titulado Historias de bichos o como se permuta de ciudad Papiro. Es un divertimento, más que para niños, para adolescentes, y espero que pronto salga a la luz. Esta historia, ambientada entre insectos, con estrecha relación con la realidad humana, posee tintes ecológicos, de socialización y ayuda al prójimo”.

Autora de títulos como El mundo de Marcos, Otras lecturas del cuerpo y el testimonio La callada molienda, la escritora expande su obra en medio del aislamiento social provocado por la pandemia de la COVID-19.

“Cerré un poemario ambientado en mi natal Unión de Reyes, con historias de mis padres, mis historias guajiras. Y también he estado leyendo nuevos autores y releyendo otros grandes como Gabriel García Márquez”, añadió la creadora.

La labor de edición requiere de un dominio exquisito del idioma español y de las técnicas literarias. Álvarez Rodríguez hace uso de ambos recursos con los que cuenta para continuar con esta tarea desde casa.

“Estoy trabajando una obra de una joven escritora habanera llamada Taime Diéguez Mayo, merecedora del premio Milanés en la pasada edición en Matanzas. También estoy en ciernes con un libro maravilloso del matancero Aramís Quintero, dedicado a la Seña del Humor. Será un homenaje a un periodo fructífero del humor en Matanzas e incluirá fotos de la época que hará recordar a los yumurinos lo bien que lo pasaban con esta agrupación humorística durante la década de los 80”.

Maylan y el amor a la literatura

Foto: David Ávalos

Sobre su función como editora de la revista Matanzas, Maylan comenta: “De conjunto con su director Alfredo Zaldívar y Yanira Marimón, jefa de redacción, estoy trabajando este número dedicado al centenario del nacimiento de Eliseo Diego. Contiene un grupo de artículos inéditos que pienso satisfarán la curiosidad de nuevas generaciones que tal vez no conozcan a un escritor tan cubano como Eliseo Diego. El nuevo número permitirá recordar poemas y textos narrativos de este gran artista”.

Perteneciente a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Maylan coloca en cada obra su tesón y también un pedazo de su alma.

FRAGMENTO DE NAUFRAGIOS DEL SAN ANDRÉS

Mi casa está en la calle Final, pero el cartero

suele confundirse y añadir -por prudencia-

que vivo al lado del cementerio, muy cerca del río

San Andrés.

Los muertos de este pueblo hablan. Y mi cama se

orienta hacia el Norte, allí donde asechan, ajenos

A todo, excepto al escándalo que les precede.


La joven Luz con Eliseo Diego

Ediciones La Luz, sello de la Asociación Hermanos Saíz en Holguín, celebra el centenario del importante escritor cubano Eliseo Diego, a conmemorarse este 2 de julio, con un amplio programa de lecturas de poesía online, desde diversas plataformas digitales.

Esta jornada, hasta el próximo día seis, destaca por presentar y fundir en un mismo espacio nuevas y consagradas voces de la poesía cubana, asegura Luis Yuseff, editor jefe de La Luz.

“Durante estos días, explicó, se compartirá en el perfil en Facebook de la editorial y otras redes sociales, el audiolibro El brillo de la superficie, compilación poética del holguinero Delfín Prats, Maestro de Juventudes de la AHS, del realizador audiovisual Pablo Guerra.”

También se socializarán textos recogidos en la antología La isla en versos. Nuevas voces. Poesía Cubana, con importantes exponentes del género contemporáneo en Cuba, entre ellos Liudmila Quincoses, Adalberto Santos, Frank Castell y Yunier Riquenes.

La joven luz: entrada de emergencias. Selección de poetas en Holguín, reciente audiolibro compilado por Norge Luis Labrada y realizado por Héctor Ochoa, se presentará también como una de las novedades editoriales de La Luz dedicadas a la lírica. “Así los usuarios e internautas podrán disfrutar las jóvenes voces poéticas de Erian Peña Pupo, Alejandro Batista, Reynaldo Zaldívar, Ana García y José Luis Laguarda”, añadió.

De esta manera, La Luz recuerda la obra y la impronta en las recientes promociones de escritores de Eliseo Diego, Premio Nacional de Literatura en 1986, y quien sobresale en la literatura cubana por la lírica de su obra, donde descolló con una poética siempre entintada de relatos oníricos que se entremezclan con la realidad, y tratando temas como la trascendencia a pesar de la muerte o la soledad.

A Eliseo se le deben también traducciones y versiones de las más importantes figuras de la lírica y la literatura infantil en el mundo; y entre sus textos más conocidos se encuentran En la calzada de Jesús del Monte, Por los extraños pueblos, Libro de quizás y de quién sabe y Poemas al margen.


Eliseo Diego en la inmensidad de las pequeñas cosas

Este año celebramos el centenario de Eliseo Diego, uno los autores más importantes del corpus literario cubano y, añaden los investigadores, entre los grandes poetas en lengua española.

Eliseo, quien nació en La Habana el 2 de julio de 1920 y falleció en México, el 1 de marzo de 1994, supo calar profusamente lo que Cintio Vitier llamó “lo cubano en la poesía”, y como pocos, su obra ha ganado, según pasan los años, en vigencia y actualidad, al punto de influir en hornadas de jóvenes escritores que ven en el autor de Por los extraños pueblos, Inventario de asombros y El oscuro esplendor una de los altas cimas de la literatura cubana de todos los tiempos.

La obra de Eliseo Diego está influida, de una parte, por el mundo de su infancia, experimentado como paraíso perdido –ausencia que viene a sumarse para este escritor católico a aquella primera del Edén–, y de otra parte, a su temprana y total participación en el grupo Orígenes, esa familia que formaron en torno a la figura paterna, absoluta, de José Lezama Lima: Eliseo Diego y Cintio Vitier y sus respectivas esposas Bella y Fina García Marruz, Octavio Smith, Agustín Pi, el padre Ángel Gaztelu, Cleva Solís, Gastón Baquero, Lorenzo García Vega, los músicos Julián Orbón y José Ardevol, los pintores Roberto Diago, Mariano Rodríguez y René Portocarrero, el escultor Alfredo Lozano, y el mecenas y coeditor de la revista Orígenes, José (Pepe) Rodríguez Feo (revista en la que colaborara en sus inicios Virgilio Piñera).

Sus primeros libros fueron en prosa: En las oscuras manos del olvido (1942) y Divertimentos (1946). Este último destila su apasionada lectura a los cuentos de Perrault, Andersen, los hermanos Grimm, Dickens, Stevenson y Lewis Carroll, entre otros, libros que lo acompañaron asiduamente desde su niñez; y está integrado por pequeños textos de temas diversos que forman, según Vitier, “un encaje, postales de viejas playas mordidas de irrealidad, miniaturas de aire y terror”. Con estas narraciones de carácter alegórico o sobrenatural, Eliseo exorciza los miedos de la infancia, mientras hace volar la fantasía por los reinos de la magia y la ensoñación.

Sin embargo, se consideró, sobre todo, poeta: “Soy de oficio, poeta, es decir, un pobre diablo a quien no le queda más remedio que escribir en versos. Y lo hago, no por vanidad, ni por el deseo de brillar o qué se yo, sino por necesidad, porque no me queda más remedio que escribir estas cosas que se llaman poemas”, dijo en una ocasión. Después de Divertimentos, publicó en 1949, también por Ediciones Orígenes, su primer libro de poesía, En la Calzada de Jesús del Monte, texto decisivo de su trayectoria poética, que representó el deseo de Eliseo por acercarse, con sus propios y diría él, pobres medios, y desde una perspectiva estética muy diferente, a esa “rauda cetrería de metáforas” que, según el padre Gaztelu, era “Muerte de Narciso”, de Lezama Lima. Si Lezama en el primer verso de ese poema (“Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo”) se transportaba al mítico pasado de la estirpe humana, y abrió la “otra escena del orden simbólico”, Eliseo Diego, desde el primer verso de su libro (“En la Calzada más bien enorme de Jesús del Monte donde la demasiada luz forma otras paredes con el polvo”) sacaba del anonimato a aquella vía habanera que le servía habitualmente de trampolín para saltar al paraíso perdido de la infancia y de la historia de sus antepasados, situándose en un no-tiempo compuesto de un pretérito donde predomina la añoranza y la memoria.

El “Primer discurso” de este poemario –escribe Lezama– “era un precioso y sorprendente regalo, suficiente para llenar la tarde con aquella palabra que nacía para uno de los más opulentamente sobrios destinos poéticos que hemos tenido. Fue más que suficiente para que todos nos diéramos cuenta del verbo que nacía y que se imponía por la necesidad de su escritura. (…) Desde los primeros versos ese más bien enorme, le daba una peculiar dimensión a la Calzada que la inundaba totalmente con las luces de un nacimiento”. Y más adelante añade Lezama Lima en las notas que sobre Eliseo incluyera en la antología Una fiesta innombrable: “Hoy la generación de Orígenes y la poesía cubana muestran como uno de sus esplendores En la Calzada de Jesús del Monte y a su autor como una de sus más logradas cimas poéticas”.

Mario Benedetti escribiría tiempo después que “En la Calzada… es un libro fundamental, ejemplar en más de un sentido, y considero que, en la irradiación a las más jóvenes promociones cubanas, su lección de autenticidad es verdaderamente inapreciable”. Mientras María Zambrano celebrara su poesía, que permite “prestar el alma, la propia y única alma, a las cosas para que en ellas se mantengan en un claro orden, para que encuentren la anchura del espacio y el tiempo, todo el tiempo que necesitan para ser y que en la vida no se les concede”.

Además de los mencionados, Eliseo Diego publicó otros textos, como Muestrario del Mundo o Libro de las Maravillas de Boloña, A través de mi espejo, Soñar despierto, Cuatro de Oros, Poemas al margen, En otro reino frágil, Noticias de la Quimera, y Libro de quizás y de quién sabe.

Su labor intelectual lo llevó, además, por varios caminos: el ensayo, la pedagogía y las traducciones. En Conversación con los difuntos, reeditado por Ediciones Holguín, en 2016, Eliseo reunió sus diálogos poéticos con varios de sus amigos muertos, mediante la traducción literaria; esos que le hablaban desde las páginas de un libro, a través de la poesía. Así tradujo la obra 12 poetas de habla inglesa que, en varios momentos de su vida, conversaron y acompañaron, como tutelares resguardos, su existir cotidiano: Andrew Marvell, Thomas Gray, Joseph Blanco White, Robert Browning, Coventry Patmore, Ernest Dowson, Rudyard Kipling, G. K. Chesterton, Walter de la Mare, Edna St. Vincent Millay, William Butler Yeats y Langston Hughes.

En las últimas décadas de su vida, Eliseo recibió numerosos reconocimientos y vio su poesía publicada y reeditada: viajó a varios países, donde participó en encuentros y festivales, impartió conferencias, recibió reconocimientos y vio publicada su obra, como la Unión Soviética, Hungría, Suecia, Bulgaria, Nicaragua, Estados Unidos, España, México, Perú, Inglaterra, Colombia, entre otros.

En Moscú le otorgan el Premio Máximo Gorki por sus versiones al español de poemas de grandes escritores rusos; devela una tarja dedicada a Heredia en las Cataratas del Niágara, Canadá; la Casa de las Américas edita un disco, en su colección Palabra de esta América, con 20 poemas leídos en su voz; recibe la Orden Félix Varela de Primer Grado que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba; obtiene varias veces el Premio de la Crítica; en Bogotá, recibe el Doctorado Honoris Causa de la Universidad del Valle en Cali, la Distinción Gaspar Melchor de Jovellanos que otorga la Federación de Asociaciones Asturianas de Cuba, y el Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, otorgado con fallo unánime por diferentes instituciones económicas y culturales mexicanas, y que anteriormente recibieron Nicanor Parra y Juan José Arreola. En 1986 recibió el Premio Nacional de Literatura, junto a José Soler Puig y José Antonio Portuondo. Falleció a consecuencia de un infarto del miocardio vinculado a un edema pulmonar agudo. Al conocer la noticia, Octavio Paz dijo: “Solo faltaba la muerte a Eliseo Diego para convertirse en leyenda de la Literatura Latinoamericana”. Fue enterrado en el Cementerio de Colón, en su Habana natal, muy cerca de la tumba de su amigo Lezama Lima.

Eliseo Diego, “uno de los más grandes poetas de la lengua castellana”, nos recuerda Gabriel García Márquez, trasmitió en las formas breves –esos diminutos “fuegos vagabundos”, dijo Octavio Paz– la inexorable fugacidad de la vida y el carácter fragmentario de la memoria: la infancia, los antepasados, la ciudad y la familia, pero también el olvido, la pérdida, la muerte y su silencio final, que constituyen motores fundamentales de su escritura. Él insistió, como un padre prudente y sabio, que la poesía acompañara nuestros días. Dejémosle entrar entonces, conversemos con el necesario amigo Eliseo, bajo la luz eterna de la poesía y la mirada del poeta, con la seguridad de que “un poema no es más/que una conversación en la penumbra/ del horno viejo, cuando ya/ todos se han ido, y cruje/ afuera el hondo bosque; un poema/ no es más que unas palabras/ que uno ha querido, y cambian/ de sitio con el tiempo, y ya/ no son más que una mancha, una/ esperanza indecible;/ un poema no es más/ que la felicidad, que una conversación/ en la penumbra, que todo/ cuanto se ha ido, y ya/ es silencio”.


Recuerdan en Cuba a Eliseo Diego a centenario de su natalicio

El Ministerio de Cultura de Cuba (Mincult) organizó un programa de homenaje a propósito del centenario del natalicio del escritor Eliseo Diego, a celebrarse el 2 de julio, informó hoy la institución.

Por la fecha instituciones culturales cubanas desarrollarán acciones relacionadas con la vida y obra del Premio Nacional de Literatura 1986.

La Biblioteca Nacional José Martí (BNJM), el Instituto Cubano del Libro, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la Asociación Hermanos Saíz, y el Centro Cultural Dulce María Loynaz, figuran entre las instituciones promotoras del homenaje.

De acuerdo con el Mincult la celebración de la fecha consiste principalmente en la publicación de la obra, documentos y fotos de Diego en las redes sociales.

La BNJM publicará un dossier y la revista cultural La Jiribilla dedicará su número de la próxima semana al notable intelectual cubano, y el propio 2 de julio se colocará una tarja en su casa natal, en esta capital.

El día del aniversario tendrá lugar en BNJM un acto en el que intervendrán poetas, actores, estudiosos de la obra de Diego y trovadores, además se proyectarán audiovisuales y se inaugurará una exposición bibliográfica.

También el proyecto Cubapoesía convoca a un mitin poético al que confirmaron su participación intelectuales de diversos puntos del orbe.

De igual manera fuera de Cuba se recordará al ganador del Premio de Literatura Juan Rulfo 1993, iniciativa en la que destaca la organizada por la Universidad de La Sapienza, en Roma, Italia.

Diego es considerado una de las figuras más importantes de la literatura cubana, en especial de la poesía, manifestación a la que pertenece su libro En la calzada de Jesús del Monte, aunque también cultivó con éxito el ensayo y la prosa.


Ray Bradbury por los extraños pueblos

Fue en 1991, en España, cuando probablemente los cubanos tuvimos más cerca a Ray Bradbury (uno de esos años en que la vida nacional cobró los tintes casi posapocalípticos de sus historias). Entonces Eliseo Diego estrechó las manos –y quiero pensar que abrazó– al autor de Crónicas marcianas. Pero poco sabemos de ese encuentro, salvo que habían sostenido una estrecha correspondencia años antes y que, en ese momento, ambos tenían la misma edad, 71 años.

Eliseo Diego era un fabulador irremediable. Ya Divertimentos, su segundo libro, fechado en 1946, destila sus apasionadas lecturas de Perrault, Andersen, los hermanos Grimm, Dickens, Stevenson y Lewis Carroll, entre otros autores que lo acompañaron asiduamente desde su niñez. Con esas narraciones de carácter alegórico o sobrenatural, Eliseo exorciza los miedos de la infancia; hace volar la fantasía por los reinos de la ensoñación y la magia. Eliseo Diego, «uno de los más grandes poetas de la lengua castellana», nos recuerda Gabriel García Márquez, trasmitió en las formas breves —esos diminutos «fuegos vagabundos», según Octavio Paz—la inexorable fugacidad de la vida y el carácter fragmentario de la memoria: la infancia, los antepasados, la ciudad y la familia, pero también el olvido, la pérdida, la muerte y su silencio, que constituyen motores fundamentales de su escritura. Por eso no es extraño que, amante también de la literatura en lengua inglesa, haya quedado prendido de la obra del estadounidense nacido en Waukegan, Illinois, el 22 de agosto de 1920, y que, con solo 30 años, escribió Crónicas marcianas, un libro que se convirtió al instante en todo un clásico.

Similares temas asediaron a Bradbury: la memoria, la pérdida, la muerte, la colonización de una raza o un pueblo por otro supuestamente superior, el fin de la cultura y con ella, el de la literatura… A veces –ahora mismo– he creído que Crónicas marcianas puede prescindir de Marte y sus habitantes, incluso puede hacerlo de los viajes interespaciales, de la colonización humana del planeta rojo… Y no perdería su esencia, su amplia «condición humana», su fuerte «realidad». ¿Por qué? Porque todo eso es una excusa de Bradbury para hablar de nosotros mismos. El hombre frente al hombre desbastándolo todo. Las arañas de Marte, los barcos de arena, y los canales de vino, no hacen más que hablar de nosotros; de los celos, el racismo, la soledad y la nostalgia, el arraigo y el deseo de exploración. El «escenario» fue Marte, pero bien pudo ser el oeste estadounidense y el despojo de las tierras ancestrales de los habitantes de esa región del país hasta reducirlos a «reservas», o la lenta y terrible colonización —él mismo escribió del tema— del continente americano por los europeos, o el racismo y la discriminación diaria… Un sustrato humanista, una condensación del mito, florece en Crónicas marcianas, al punto de que él mismo aseguró no ser un escritor de ciencia ficción, sino de un «estilo poético».

Bradbury mismo se preguntó: «¿Cómo es posible que Crónicas marcianas se reconozca tan a menudo como ciencia ficción? No encaja con esa descripción. (…) Entonces, ¿qué es Crónicas marcianas? Es el rey Tut salido de su tumba cuando yo tenía tres años, las Eddas nórdicas cuando tenía seis, y los dioses griegos y romanos que me cortejaron a los diez: puro mito», dijo.

Por otra parte, sus cuentos contienen, de forma seminal, casi todos los subgéneros fantásticos: «Los hombres de la Tierra» es un cuento kafkiano; y «La tercera expedición» esconde el germen del futuro «realismo mágico» (quizás sembrado por Faulkner en Bradbury). «Aunque siga brillando la luna» hunde sus raíces en el romanticismo inglés (su título parte de un poema de Lord Byron) para hablar de civilizaciones extraterrestres desaparecidas hace milenios y la conservación de su legado arqueológico (un tema recurrente en la actual space opera). «La mañana verde» expone de forma germinal la «terraformación» de Marte; «Encuentro nocturno» habla de universos paralelos con un lirismo pocas veces alcanzado; «Un camino a través del aire» es un cuento realista sobre el racismo a principios de siglo, en el que algunas pinceladas fantásticas enfatizan la tragedia social; y «Usher II» (además de ser un evidente homenaje a la obra de Poe) es un ejercicio distópico, incluso una suerte de esbozo de Fahrenheit 451. En «El marciano» (entre otras cosas) está el germen de los debates filosóficos propiciados por «los visitantes» en Solaris, del polaco Stanisław Lem. «Los pueblos silenciosos» es una ácida sátira sobre la soledad en un escenario «posapocalíptico», y «Vendrán lluvias suaves» una reflexión sobre un mundo posthumano. Mientras «Los largos años», con un costumbrismo casi naíf, aborda las relaciones entre seres humanos e inteligencias artificiales; y aunque su formalización es embrionaria, sus temas son similares a los que han planteado este tipo de historias a lo largo de los años y del apogeo de la ciencia ficción.

Borges, en el prólogo a la traducción al español de Crónicas marcianas, escribió que «en este libro de apariencia fantasmagórica, Bradbury ha puesto sus largos domingos vacíos, su tedio americano, su soledad… (…) ha preferido (sin proponérselo, tal vez, y por secreta inspiración de su genio) un tono elegíaco. Los marcianos, que al principio del libro son espantosos, merecen su piedad cuando la aniquilación los alcanza. Vencen los hombres y el autor no se alegra de su victoria. Anuncia con tristeza y con desengaño la futura expansión del linaje humano sobre el planeta rojo –que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena».

Más allá de las aventuras, el misterio y la siempre búsqueda del mito, sabemos que Eliseo admiró la ciencia ficción.Y que llegó a escribirse con Bradbury. En cierta ocasión escribió que tuvo una «sincera admiración por escritores como H. G. Wells y C.S. Lewis, y por supuesto por Ray Bradbury, que han escrito obras de las llamadas de ciencia ficción», pero que con este género le ocurría «lo que con la niñita de cierta rima no sé si inglesa o norteamericana, y que una apresurada traducción diría así: Había una vez una niñita/ que tenía un ricito/ justo en el medio de la frente./ Cuando era buena/ era muy, pero muy buena,/ y cuando era mala/ era horrenda».

En un cuadernillo, titulado «Sobre los viajes al espacio exterior», Eliseo reunió varios poemas inspirado por sus lecturas del género y «con las vistas de la Luna tomadas por los astronautas norteamericanos». «Ya la luna no sería más la que veían o imaginaban nuestros abuelos. ¿Cómo sería, entonces, el mundo que se abriría a los ojos de nuestros descendientes?», añadió.

Aquí incluyó los poemas «Ascensión», «Madre tierra», «A través del espejo», «Hacia los astros», «Constelaciones» y «Ascuas» (dedicado a Bradbury, y dialogantes con la narrativa poética del autor de Fahrenheit 451). En ellos abordó temas como el espacio, las constelaciones, la luna, los viajes espaciales, la pequeñez del hombre en el universo… Atrás, por fin, está la madre Tierra en su conmovedora pequeñez: por fin la vemos toda: sus orillas nos caben en los ojos: es apenas como una linda bola nada más. Y hay algo en ella de azorada, de vieja que se turba como si fuese de saber que la vemos así, que nos da lástima que se nos pueda, un día, morir («Madre tierra»).

En otro de sus poemas (en «Desde la eternidad») nos habla de las «diminutas dichas», entre ellas:

  • La luz de la mañana.
  • La luz de la tarde.
  • El trueno que nos despierta en la noche.
  • La lluvia que nos arrulla nuevamente.
  • Las estrellas a las que les cantaba Ray Bradbury.
  • El viento en la cara, una boca en otra boca, una mano en otra mano…

Con el autor de El vino del estío dialoga en «Ascua», que fuera incluido además en Poemas al margen:

A Ray Bradbury

  • Todo se aviene, ves, a un punto de oro:
  • el mar color de bronce, el bosque oscuro
  • y el unicornio y leviatán fundidos
  • en un copo de fuego, un ascua pura
  • en medio del abismo.
  • Cómo pueden
  • los astronautas regresar un día
  • desde lo enorme a la minucia
  • innumerable de la hierba.
  • Quién
  • sabrá el camino al tiempo del rocío.

Ambos confiaron en el mito y la imaginación, pero también en el hombre. «La ciencia y las máquinas pueden anularse mutuamente o ser reemplazadas. El mito, visto en espejos, permanece», escribió el autor de El hombre ilustrado. Ambos, cuyos centenarios celebramos este 2020 —Eliseo un poco antes, el 2 de julio; Bradbury más de un mes después, el 22 de agosto—poblaron sus historias con una mirada poética y melancólica que nos sobrecogen aun y que, imagino, predominó en aquel encuentro español en 1991 entre estos dos grandes autores.