Elier Ramírez Cañedo


Luz y semilla

*Texto tomado de Juventud Rebelde

 

«…Cuando se muere

En brazos de la patria agradecida,

La muerte acaba, la prisión se rompe;

¡Empieza, al fin, con el morir, la vida!».

José Martí

Este 8 de enero estaría cumpliendo 80 años Sergio Saíz Montes de Oca. Creo que nunca serán suficientes las acciones que realicemos para mantener vivo en las nuevas generaciones el ejemplo de vida e ideales revolucionarios de Sergio, así como de su inseparable hermano Luis Saíz Montes de Oca, quienes contaban apenas con 17 y 18 años de edad, cuando fueron vilmente asesinados por esbirros de la dictadura el 13 de agosto de 1957, en San Juan y Martínez, Pinar del Río, día que habían escogido ambos hermanos para realizar una acción por el cumpleaños de Fidel.

Sergio y Luis cayeron compartiendo los sueños y luchas de aquella Generación del Centenario, que desde 1953 se había entregado a la causa de la verdadera independencia y justicia social para Cuba, dispuestos a dar su sangre y vida para que el Apóstol siguiera viviendo en el alma de la Patria.

Basta echar una ojeada a sus textos literarios y políticos para quedar sorprendidos y admirados de cómo, a pesar de su corta edad, había despertado en ellos una especial sensibilidad y vocación hacia el arte y la literatura, así como por la radicalidad, hondura, madurez y originalidad de su pensamiento político. No menos destacado fue su papel en el accionar revolucionario de la época. Encoleriza pensar hasta dónde hubieran llegado esos jóvenes —pudiéramos decir adolescentes— de no haberles arrebatado sus vidas la sangrienta dictadura.

Para explicarse las posiciones de ambos hermanos hay que tomar en cuenta la influencia determinante que recibieron en el seno familiar, tanto de su madre Esther Montes de Oca como de su padre, el juez municipal Luis Saíz Delgado, quienes los hicieron crecer en un ambiente marcado, además de por excepcionales valores humanos, por el conocimiento de la obra de José Martí, la historia de Cuba y universal, y lo más avanzado del pensamiento humanista.

A su corta edad habían leído además de a Martí, a Julián del Casal, Simón Bolívar, Benito Juárez, García Lorca, José Ingenieros, José Enrique Rodó, Haya de la Torre, Carlos Marx y Vladimir Ilich Lenin. El alegato de autodefensa de Fidel, La historia me absolverá, fue un texto que ejerció mucha influencia en ellos.

Todo ese acumulado cultural, más sus experiencias prácticas, los llevó a defender un proyecto autóctono socialista para Cuba, erigido sobre las columnas del pensamiento ético y emancipador de nuestro Héroe Nacional, distanciado de las malformaciones que ya advertían en el socialismo europeo. Aspectos que se vislumbran con gran precisión en el texto Por qué luchamos, considerado su testamento político. 

Actividad revolucionaria intensa

Sergio nació el 8 de enero de 1940 en San Juan y Martínez, Pinar del Río. Hizo sus estudios primarios en la escuela José de la Luz y Caballero, donde enseñaba su madre Esther. Según los que lo conocieron, tenía un carácter inquieto e impetuoso, pero a la vez reflexivo. Igual que Luis, cultivó la poesía y de manera autodidacta la pintura y el dibujo.

Su actividad revolucionaria más intensa la desarrolló en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río, donde fue electo secretario de la Asociación de Alumnos. Desde esa institución impulsó la creación de una escuela popular nocturna para elevar la preparación y conciencia política de los obreros y campesinos, pero esta experiencia no sobrevivió mucho tiempo al ser clausurada por el régimen. Sergio llegó a graduarse de Bachiller y Letras y soñaba con estudiar la carrera de Medicina.

Durante esa etapa se incorporó al Directorio Revolucionario y más tarde al Movimiento 26 de Julio. En esta última organización sería nombrado jefe de Acción y Sabotaje en el municipio de San Juan y Martínez. Fue tal su activismo político en las tánganas, protestas y otras acciones contra la dictadura que sería fichado por el Servicio de Inteligencia Militar como el joven del «jacket verde».

Entre los papeles que lograron preservarse para la posteridad de ambos hermanos se encuentra el diseño por Sergio de una Cátedra Martiana que comprendía un curso de cinco años sobre la obra de José Martí. También aparecen apuntes para un proyecto de Constitución municipal, en materia de política agraria y política educacional, en gran medida, las transformaciones que llevó adelante la Revolución después del 1ro. de enero de 1959, en especial la Reforma Agraria, la Campaña de Alfabetización y la democratización del acceso a la cultura. «Se crearán misiones culturales —señalaba Sergio—, con bibliotecas y museos ambulantes, cinematográficos, radio, música y otros estímulos. Se abrirán bibliotecas públicas en toda la nación». 

Por qué no vamos a clases

Una de las acciones más audaces y destacadas que protagonizó Sergio contra la dictadura se produjo luego del asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957, cuando leyó su texto ¿Por qué no vamos a clases?, frente al claustro de profesores del Instituto de Segunda Enseñanza. Entre otras ideas expresó:

«Ser estudiante no es solo repetir en un examen materias, la mayor parte de las veces aprendidas ligeramente, ni asistir todos los días a clases y hacer de vez en cuando una trastada.

«Hay mucho de comercial en el estudiante solo preocupado por la obtención de un título: para él, el instituto o la universidad, serán graciosamente estanques de juegos. Ser estudiante es algo más que eso, es llevar en su frente joven las preocupaciones del presente y el futuro de su país, es sentirse vejado cuando se veja al más humilde de los campesinos o se apalea a un ciudadano. Es sentir muy dentro un latir de patria, es cargar bien pronto con las responsabilidades de un futuro más justo y digno, es “guiar al ciego y llevarlo al porvenir”. Es “dolor por el espectáculo de un pueblo que como quiere pan y circo y solo pan y circo, no mira quien se lo da”.

«Ante esta situación de fuerza, de vejación y de sentir de patria dolida es imposible que el estudiantado retorne a sus clases tranquilamente como si en Cuba nada hubiese pasado. El régimen pretende presentar a los ojos del mundo que Cuba es la realización del nirvana budista, que a la juventud solo le interesa el rock and roll, que en la tierra, “donde el suelo tiembla, pero los hombres no”, ni siquiera el Pico Turquino está alzado, en fin que Dios no ha mudado para acá el paraíso por falta de tiempo o de congestión en el tráfico celestial. ¿Y no contribuiremos nosotros a dar esa impresión si tranquilamente volviéramos a clases y abofeteando a nuestros muertos, declaráramos de mayor importancia un teorema de Física o Geometría que la sangre que diariamente se derrama para conquistar la libertad? Un pueblo donde los estudiantes no vayan a clases, donde la escalinata grita airada su dolor al mundo no es precisamente un remedo de paraíso de Adán y Eva. Es por eso que no vamos a clases señores profesores».1 

Hermoso y simbólico acto

Aquel 13 de agosto de 1957, Luis y Sergio fueron cobardemente baleados muy cerca del portal del otrora cine Martha, por el soldado Margarito Díaz, apoyado por el cabo Pablo A. Zayas. Antes de salir de la casa le habían dicho a su madre: «No temas, algún día te sentirás orgullosa de nosotros».

No pasaría mucho tiempo en que el orgullo de una madre se convertiría en el orgullo de un pueblo y, en especial, de una joven vanguardia de intelectuales y artistas que agrupados hoy en la Asociación Hermanos Saíz, rinde tributo a Luis y Sergio poniendo lo mejor de nuestra cultura en manos del pueblo, dispuesta al igual que hicieron ellos, a cumplir como generación la misión histórica de nuestra época.

Es la misma AHS que cada 13 de agosto, en lo que se ha convertido ya en una tradición, asciende el Pico Turquino, y allí, en el punto más alto de Cuba, en un solo haz de luz unen en hermoso y simbólico acto a Martí, Fidel y los hermanos Saíz.

Notas

  1. Tomado de Luis A. Figueroa Pagés, Cuerpos que yacen dormidos. Obras de los hermanos Saíz, Casa Editora Abril, 2012, pp. 269-270.


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