trova


Santa Clara y su bohemia costumbre de trovar

Hace más de 50 años, jóvenes influenciados por temas de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola forjaron, guitarra en mano, lo que poco a poco se convirtió en un hito de la trova cubana. Cuando ya este género era parte indisoluble de la cultura santaclareña y no resultaba extraño ver a algún aficionado entonar canciones de su propia autoría en cualquier sitio aledaño al parque Leoncio Vidal, Ramón Silverio brindó a esos artistas bohemios un lugar propicio para el intercambio y el disfrute: El Mejunje.

Fue entonces cuando, en septiembre de 1997, surgió la Trovuntivitis, un colectivo de autores que luego devino en proyecto cultural y, según ellos, hasta familia. Entre los primeros en impulsar este genuino movimiento se encuentran Raúl Marchena, Alain Garrido, Leonardo García, Diego Gutiérrez y el Trío Enserie (Roly Berrío, Raúl Cabrera y Levis Aliaga).

Según Yamila González, trovadora avileña, la trova santaclareña sobresale, entre disímiles proyectos similares, por su carácter renovador y libre. «En otras provincias de Cuba no existen tantos espacios, tanta persistencia ni tanto apoyo entre los trovadores como existe en Santa Clara».

Ese carácter desenfadado y espontáneo ha permitido que se hayan incorporado nombres a la lista: Yaíma Orozco, Yatsel Rodríguez, Yordan Romero, Irina González, Karel Fleites, Michel Portela, Yunior Navarrete, Yeni Turiño, Migue de la Rosa…

Todos los jueves del mundo

«Cuando vi una noche de Trovuntivitis me quedé loco. No podía creer que en Santa Clara ocurriera algo tan grande y que en el resto de Cuba la gente no lo supiera», cuenta Juan Pablo Palmero, camagüeyano recién graduado de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas.

Para Yatsel Rodríguez, trovador santaclareño que presidió durante varios años la Asociación Hermanos Saíz en la provincia, las noches de jueves en El Mejunje resultaban insólitas, «al punto que cambié mi forma de vida para adaptarme a eso».

En tiempos en que la crisis económica ha afectado incluso el arte, las noches de trova prevalecen, pero ya las gradas no se llenan como antes. Sin embargo, los músicos y el público entrevistados coinciden en que la razón principal que convierte a Santa Clara en una ciudad tan trovadicta es su juventud tan cambiante y apasionada, tan renovadora y tradicional.

Michel Portela, autor de canciones populares como Será ayer, Ese tequila y Todo lo que se dice, afirma que siempre le sorprende que sean los jóvenes quienes le piden muchas de sus canciones más antiguas.

Santa y clara canción

«Quizá la forma en que hemos hecho nuestra música también nos ha ayudado a prevalecer en el gusto juvenil —explica Yordan Romero, músico y compositor—, pues cultivamos una canción que no se aleja de la estética y el lirismo trovadoresco, pero que, además, ha sido disfrutable, bailable… Dentro de la misma Trovuntivitis vemos la mezcla de ritmos oriundos de nuestro país y una pizca de rock.

«Además, contamos con el Festival de Trovadores Longina. Cada enero la gente espera a los trovadores que vienen de todo el país y de distintos lugares del mundo; aunque durante el año por aquí pasan artistas de todas partes. Eso ha ayudado a cautivar un público conocedor del género, amante de la canción trovadoresca y uno de los más exigentes del país».

La caña santa

En los duros años 90, cuando escaseó todo menos las ganas de crear, en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, jóvenes de la carrera de Filología se reunían por las noches para compartir infusión de caña santa y talento.

La Caña Santa atrae a los pasillos de la Facultad de Humanidades, en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, a centenares de estudiantes y profesores universitarios (Foto: Tomada del perfil de Facebook de La Caña Santa).

Cuentan que la poesía, la narrativa y la música hacían tan atractivos esos encuentros que, poco a poco, se volvieron costumbre. La peña, que tuvo sus altas y bajas durante estos casi 30 años, adquirió el nombre del brebaje, y hoy constituye un importante espacio para el intercambio entre artistas aficionados de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

Juan Pablo Palmero cuenta: «Pedrito O’Reilly era el encargado de organizar la Caña Santa, pero no tenía mucho tiempo para dedicarle. Nosotros teníamos más y el contacto directo con la juventud universitaria, y sabíamos bien lo que querían y necesitaban para divertirse. «Empezamos a crear. Tomamos ideas de otras peñas y buscamos alternativas para comunicarnos más con el público. Al inicio, no contábamos con más de diez personas, muchos de ellos eran amigos nuestros; pero los esfuerzos no fueron en vano».

Dagmar Albelo, estudiante de segundo año de Comunicación Social, asegura que en la Caña Santa encontró el lugar perfecto para desempeñarse como cantante aficionada: «Al principio pensé que tendría que enfrentarme a alguna prueba, pero lo que encontré fue algo totalmente libre. Me dijeron: “Ven a la peña y canta, que esto es para disfrutar”.

«Esas influencias trovadorescas de la Caña Santa, de los muchachos tocando guitarra en el afamado Parque de las Mentiras, de la Trovuntivitis y de tantos otros espacios en toda la ciudad forman parte de la identidad de Santa Clara».

La trova seguirá inundando los espacios santaclareños, porque tanto para Yatsel Rodríguez, como para otros trovadores de todas las edades, el desafío consiste en «cantar, luchar por estas burbujas donde podemos respirar un poquito de arte, que es nuestro aire limpio».


«Santa Canción» y las encendidas manos del recuerdo

Las palabras son atletas en una interminable carrera de relevos. Una te lleva a la otra, la segunda te conduce a una tercera. Por eso me gustaría empezar esta presentación con una… Bueno, ya que estamos, mejor con dos: Santa Clara. Y cuando decimos Santa Clara, decimos Longina. Cuando decimos Longina, decimos canción. Cuando decimos canción, decimos trova, que es la canción artesanal, la canción que no tiene, o al menos no debería tener, condicionamientos e imposiciones.

Al hablar de trova también se está hablando de una práctica tan antigua como la literatura. Fernández Retamar solía establecer un paralelismo entre la llamada lírica y una disciplina futura que, bajo el nombre de guitárrica, estudiaría esta expresión en sus vertientes más contemporáneas. Para Yamil Díaz Gómez, los movimientos trovadoresco y poético integran en Santa Clara dos caras de una misma moneda, o dos monedas de una misma cara, y muestra de esa complementación ha sido el mayor encuentro de su tipo en el país: el Longina Canta a Corona.

Pensar en el Encuentro Nacional de Trovadores de Santa Clara es recordar descargas, confluencias, descubrimientos; es evocar los nombres de quienes han decidido compartir su obra con el público de la provincia (de Cuba, del mundo entero); es lamentar el manto de silencio que se extiende como un sudario sobre festivales verdaderamente valiosos. Pensar en el Longina es recordar la locura de nadar a contracorriente en tiempos que nos lanzan por el barranco de las candilejas.

Todo eso es el Longina, y mucho más, porque la unidad supera a la suma de sus partes. Juan Carlos Travieso y su muy diligente equipo de trabajo lo saben mejor que nadie. Por eso, cuando llega el encuentro, aprovechan cualquier rincón de la ciudad de Santa Clara para grabar entrevistas y conciertos que luego disfrutaremos en el imprescindible espacio televisivo Entre manos. Y quién mejor que Travieso y su equipo para romper (otra vez) la barrera del silencio, para contarnos la historia completa de un encuentro que ha sido escuela de los trovadores del país.

Sucede que no todos los realizadores audiovisuales dedican parte de su obra a divulgar, investigar y hacernos entender el fenómeno de la trova cubana. Quizás por eso no existía, hasta hoy, un material que en una hora pudiera mostrarle al espectador la historia completa de lo que realmente ha sido el Longina. Y no el Longina como espada de Damocles que cuelga de vaya usted a saber qué techo, sino un encuentro que se ubica en un contexto determinado y, por tanto, padece muchos de los males que afectan o que son el resultado de su entorno. Un encuentro, en fin, que nos convida a creerle cuando dice futuro.

“El día que se cuente con un poquito más de seriedad, el Longina va a tener que ser Patrimonio de la Cultura Cubana”, dice el trovador Ariel Barreiros en la obra que intentará saldar una deuda ya histórica. Santa canción, además de repasar los momentos más significativos de esta fiesta, se propone diseccionar el presente a partir de las ideas de quienes viven, sueñan, analizan y, sobre todo, defienden la trova, en sentido particular, y la canción cubana contemporánea en sentido general.

Porque ha sido el Longina, con su intención de mejorar los vínculos generacionales de los trovadores de nuestro archipiélago, con su tenacidad para organizar un festival en medio del caos de la circunstancia, con su mirada amplia que abarca un país, un continente, un universo de canciones; ha sido el Longina, repito, el evento que ha logrado mantenerse en pie durante más de un cuarto de siglo. No es el único, por fortuna, ni tampoco el primero. Sin embargo, nos abrió un camino.

Pues cuando se habla de trova, hay que hablar de Santa Clara, hay que hablar del Longina. Y ya que vamos a dejarnos arrastrar por las palabras, mejor será que lo hagamos con propiedad después de disfrutar Santa Canción, la historia que Juan Carlos Travieso logró arrancarnos de las oscuras manos del olvido.


Eternamente, Longina

Al recientemente fallecido trovador Pablo Milanés y los cuarenta años del centro cultural El Mejunje estará dedicada esta XXVIII edición del Encuentro Nacional de Trovadores Longina Canta a Corona, que tendrá lugar del 11 al 14 de enero en la provincia de Villa Clara. Así lo confirmaron en la mañana del pasado viernes, 5 de enero, los miembros del comité organizador Elizabeth Casanova, escritora y actual presidenta de la Asociación Hermanos Saíz en la provincia, y el trovador Yatsel Rodríguez.

“Nos hemos propuesto un programa bastante acorde con los tiempos que corren… Igual va a ser un Longina como se acostumbra: bien organizado, bien pensado desde la canción de autor y los espacios más importantes que tiene la ciudad”, comentó Casanova en rueda de prensa.

Como ya nos tiene acostumbrados, este año el Longina contará con invitados de reconocimiento nacional como Gerardo Alfonso, William Vivanco, Inti Santana, Adrián Berazaín, Erick Sánchez, Ariel Barreiros y Marta Campos. Entre los jóvenes destacan los ya habituales Amaury del Río, Jesús Pérez y Leodanys Castellón, así como Ernesto Díaz, Yordano Corrales y Mario Sergio Mora. Este último presentará su espectáculo “Para despertar”, que incluye el acompañamiento musical del escritor y periodista Joaquín Borges-Triana.

En representación de los artistas del patio, participarán los integrantes del colectivo La Trovuntivitis, algunos de los cuales se presentarán individualmente en peñas y descargas, así como Pedro O´Reilly, Víctor Marín, Yeni Turiño, Yaily Orozco y Alejandra del Risco.

Serán el propio Borges-Triana y la investigadora Yorisel Andino, al decir de Yatsel Rodríguez en la conferencia de prensa, quienes se encargarán de los espacios teóricos de esta edición del Longina. Estarán dedicados a las figuras de Pablo Milanés y Manuel Corona, aunque todavía no se ha precisado el título de cada conferencia.

La exposición “Sedimentos”, del artista visual Andrés Castellanos, inaugurará el evento en la tarde del jueves 11 de enero. El domingo a las 9:00 p.m., poco antes del concierto de Gerardo Alfonso, se proyectará en la Luna Naranja el documental Santa canción, del realizador Juan Carlos Travieso, en el cual se abordan profunda y críticamente los casi treinta años de este Encuentro Nacional de Trovadores, el más importante de su tipo en el país.

Sin contar a Santa Clara, el evento llegará hasta siete municipios de la provincia. Especial relevancia tiene la peregrinación a la tumba de Manuel Corona, que se realizará en Caibarién el martes, 9 de enero, a las 3:00 p.m. Poco después se develará una tarja en la casa natal de quien fuera uno de los máximos exponentes de la trova tradicional cubana, a quien el Longina rinde homenaje desde su fundación.

Entre las principales sedes de la cita en la cabecera provincial, los miembros del comité organizador mencionaron el patio de la Casa del Joven Creador, la sala Margarita Casallas (en El Mejunje), la Luna Naranja y el Museo Provincial de Artes Decorativas.


Entrega sus premios “el árbol que silba y canta”

Con la entrega de los premios del concurso El árbol que silba y canta, en trova y poesía, concluyó en el municipio holguinero de Báguanos el XXIII evento Del verso y de la miel, organizado por la AHS y dedicado al trovador Raúl Prieto y al poeta Rolando Bellido.

En la gala de clausura del encuentro se realizó un homenaje a Bellido, investigador, promotor y profesor, creador en 1993, en el central López Peña, del proyecto sociocultural del que parte el evento, con el objetivo de elevar, con gestión participativa y equidad, la calidad de vida de los vecinos del central azucarero.

Fotos cortesía del evento

El jurado de trova, integrado por Ivette María Rodríguez, Freddy Laffita y Amaury del Río, entregó el Premio El árbol que silba y canta a Yanco León, de la provincia Granma.

Mientras que en poesía, el jurado integrado por Alfredo Zaldívar, Senén Orlando Pupo y Erian Peña, decidió por unanimidad «celebrar la realización de esta nueva convocatoria de un concurso necesario que estimula la creación poética entre las nuevas generaciones de autores de diversos intereses y estilos; agradecer a los organizadores del mismo y subrayar la necesidad de su fomento y preservación; y destacar la calidad de gran parte de las obras presentadas, lo que demuestra el interés por el Premio y resulta una sui generis cartografía de las búsquedas y miradas de los jóvenes autores», leemos en el acta.

Fotos cortesía del evento

Así como entregó una Mención al cuaderno «El lado convexo», de la poeta holguinera Idania Salazar, por «moverse con facilidad en los terrenos de la prosa poética y el verso libre, logrando un discurso coherente donde el yo asume búsquedas, diálogos y dudas; y por reafirmarnos, además, “la sospecha de mirar al cielo y pensar en si nunca más nos llueve”». El pasado viernes, Idania recibió, por su cuaderno «Foramen», el Premio Nuevas Voces de la Poesía 2023, certamen organizado por la sección la AHS en Holguín, la emisora provincial Radio Angulo y el Centro Provincial del Libro y la Literatura.

Fotos cortesía del evento

Finalmente el Premio El árbol que silba y canta 2023 fue para el poemario “Los límites de la cicatriz”, del joven Tomás Eugenio Escobar Ávila, de Las Tunas, por «lograr, a través del manejo de diferentes recursos poéticos asumidos, una voz original que se (nos) sumerge entre pasillos de hospitales e instrumentos del dolor, entre pérdidas y cicatrices, y que hace de su cuerpo (¿acaso el cuerpo poético?) un sitio para el corte, la interrogante y la sobrevida; por mostrarnos “constantes signos” por los que el poeta camina para convencerse de que, aún, posee (poseemos) humanidad», nos asegura el jurado.

Fotos cortesía del evento

El evento contó con recitales de poesía; conferencias; intervenciones artística-literarias en las comunidades La curva y La pelota; una gala homenaje, en el cine de la localidad, a Raúl Prieto, recientemente fallecido, con Ivette María Rodríguez, Freddy Laffita y Amaury del Río; la presentación del poemario Traducción apócrifa de Mailín Castro ganador del pasado concurso, publicado en la colección Analekta de La Luz, entre otras acciones que acercaron a esta comunidad azucarera de Holguín la trova y la joven poesía.


Del verso y de la miel arriba a su edición 23

La XXIII edición del evento Del verso y de la miel, organizado por la célula de la AHS en el municipio holguinero de Báguanos y dedicado a la trova y la poesía, se realizará del 15 al 16 de diciembre y estará dedicado al trovador Raúl Prieto y al poeta Rolando Bellido.

El evento se inaugurará en el central Ramón López Peña y tendrá, en su primera jornada, un gran recital de poesía y una intervención artística-literaria en la comunidad La curva; así como una gala homenaje, en el cine de la localidad, a Raúl Prieto, recientemente fallecido, y al también investigador, promotor cultural y profesor Rolando Bellido, merecedor el pasado octubre del Premio Nacional de Poesía Adelaida del Mármol. En esta participarán Ivette María Rodríguez, Freddy Laffita y Amaury del Río.

En el segundo día se acometerá una intervención artística-literaria en el central Fernando de Dios, en el poblado de Tacajó; se presentará el poemario de Mailín Castro ganador de la pasada edición del concurso El árbol que silva y canta, publicado en la colección Analekta de Ediciones La Luz, sello de la AHS en Holguín; el escritor Youre Merino impartirá una conferencia y se efectuará otra intervención en la comunidad La pelota.

En la noche se realizará la gala y la premiación de la actual edición del concurso El árbol que silva y canta, en trova y poesía, en el parque Locomotora de este municipio azucarero.

El evento parte en sus inicios del proyecto sociocultural “El árbol que silba y canta”, creado en 1993 en el central López Peña por Rolando Bellido. Su objetivo era elevar la calidad de vida integral en los vecinos del central azucarero, con gestión participativa y equidad. Continuarlo es hacer que el verso y miel existan por mucho tiempo: el árbol en Báguanos, alimentado por el arte joven en la provincia, sigue silbando y cantando para todos.


Superando el temporal con Javier Zaldívar

Las canciones de Javier Zaldívar son el gesto con el que explica su posición ante la vida, el ademán que nos anuncia una pausada combustión. Su breve edad artística es proporcional a sus canciones que, aunque no son abundantes, muestran una poesía de limpia construcción que amenaza con la sobrevida. Es uno de los miembros de más reciente ingreso en la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Guantánamo. Sin embargo, su primer contacto con esta organización fue en Granma, su provincia natal. Allí, en una familia sin trascendencia artística, pero con muy buen gusto musical, daría pasos que definirían su actual membresía en esta organización de vanguardia juvenil.

Mi primera guitarra fue la imitación de una que vi por televisor. Yo tenía nueve años. En ese entonces contaba con un pedazo de pleibo de forma cuadriculada, un trozo de madera, doce clavos y un rollo de alambre dulce. No puedo decir que sonaba bien, pero era lo que podía resolver un niño y su imaginación. Años más tarde mi mamá me compró mi primera guitarra real. Era un tres adaptado a guitarra, con esa aprendí mis primeros acordes.

Creo que la trova me encontró a mi. Estaba en el preuniversitario Julio Antonio Mella en Bayamo, Granma, cuando comencé a enamorarme de la asignatura Español-Literatura. A veces escribía algo, para cambiar los días, y sin darme cuenta eso se fue convirtiendo en un refugio. Había aprendido algunos acordes en la guitarra, y un día me atreví a ponerle música a algo que tenía escrito, influenciado también por la música que escuchaba: Silvio, Arjona, Varela, Melendi, Frank Delgado, Polito, entre otros.

Javier es ingeniero en telecomunicaciones y electrónica, y asegura que la universidad le ha enseñado a ser más aplicado, autodidacta, a ordenar el trabajo y las ideas. Actualmente trabaja en ETECSA (Empresa de Telecomunicaciones de Cuba), en la división territorial Guantánamo, desempeñándose como especialista C en telemática, en el departamento de operaciones de la red.

Bajo la tutela de la AHS se han formado incontables artistas y escritores provenientes de diversas especialidades y grupos sociales. Este es el caso de Javier, que ve en la organización juvenil representados sus intereses. Además, funge trampolín para la divulgación de su obra y la participación en actividades y eventos.

Supe de la AHS recién empezando el servicio militar, y comencé a frecuentar diversos espacios donde se realizaban actividades. Esto me motivaba. Luego un amigo trovador de Bayamo escuchó alguna de mis canciones y me explicó como funcionaba esta organización, su objetivo y el entorno en que se vive. Me interesó de inmediato, pero realmente no aspiraba a formar parte: veía demasiado talento, y aún lo sigo viendo, personas con una manera de ver el mundo muy diferente y de forma tan bonita, que a veces creía que no estaría a la altura.

Comencé a participar en peñas de trova y literatura en Bayamo, luego a familiarizarme con los eventos que se hacen en la localidad, como Canción al Padre y Rock de la loma. Al mudarme para Guantánamo me atreví a dar el salto, animado por el jefe de la sección música que me escuchó un día en un taller literario y se comprometió a ayudarme en el proceso… y cumplió. Hace aproximadamente 9 meses formo parte de esta organización. He participado en casi todos los eventos que se han realizado en Guantánamo. También en Romerías de Mayo, en Holguín. Esto me ha permitido ver otras formas de hacer la música y seguir creciendo como trovador y como artista, descubriendo cosas diferentes, llenándome los ojos como alquimista al borde de una gran conjetura.

Quiero agregar que el concurso para jóvenes trovadores El Árbol que Silba y Canta, como parte del evento Del Verso y de la Miel, en Báguanos, fue el primer evento al que fui como trovador fuera de la provincia en que vivo; una experiencia inolvidable. Gracias a eso pude conocer obras como la de Ivette María Rodríguez, Lay Verdecia, la familia Cabreja, Adrián Álbarez, Jesús Ricardo Pérez, y la oportunidad de hacer amigos como el poeta Nolberto Molina. Además: descubrir Báguanos, con toda su magia.

Javier se está estrenando como padre: un niño llamado Jesús que se queda mirándolo fijamente como si escribiera en cada parpadeo una canción.

Creo que lo voy llevando bien, Jesús es tranquilo, por ahora, a veces me mira fijo y siento que me mira el alma. Es el regalo más bonito que me ha dado la vida y Dios en este año. Veo como va descubriendo y aprendiendo cositas, de apoco… la vida no tiene fin en los ojos de un hijo.

Pero no representa un contratiempo, tampoco su empleo alejado del arte. Cuando le pregunté sobre su mayor reto, apuntó a una temática que podría considerarse un asunto medular de esta generación: “Siempre ha sido un desafío sobreponerse al temporal”.


Uno, dos, tres… “trovando”

Con guitarra y pullover gris, así fue retratado alguien al que mucho le importa que entiendan sus letras, sus melodías. Por circunstancias que todavía se pregunta, se le cerró hace bastante el acceso a la Escuela Elemental de Arte de Granma, su provincia de origen.

Aquella contrariedad envió a Lay Verdecia a la Escuela de Instructores de Arte Cacique Hatuey, de Bayamo, en la que se le reveló un universo musical, el cual anhelaba conocer. Durante cuatro cursos, proponiéndoselo, afinó lo romántico y el rock and roll, para perfilarse trovador.

Tan de prisa transcurren las fechas, que su primera asistencia a un Congreso de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) ocurrirá en ya menos de un mes. En los últimos tiempos, el hecho de ser padre le impone otros bienvenidos retos.

Pero se llena de sueños con la pequeña y su esposa Yensy Cruz: «La relación profesional entre nosotros es genial, dado que la conexión se refuerza y hemos sabido acoplarnos. Yensy es graduada de la especialidad de Teatro como instructora de arte. Ella me apoya en la parte musical, intercambiamos cómo superarnos y compartimos mucho en escena, al ser ambos integrantes de la Compañía de Narración Oral Palabras al Viento».

Lo inició en la música su papá, quien, como aficionado a la guitarra y la Década Prodigiosa, influyó notablemente: “Él decidió enseñarme, a mis siete u ocho años, los primeros acordes. Luego Henry Serrano, un amigo del barrio, en mi municipio de Media Luna, que cantaba canciones de Carlos Varela, Santiago Feliú y Fito Páez, fue mi siguiente referencia, toda vez que me inculcó la trova”.

Participaba en galas y actos en la etapa escolar, y después apareció la Escuela de Instructores de Arte que, en su caso, alega, resultó algo así como un salvavidas. Surgió la oportunidad, y empezó a aprender elementos pedagógicos y especializados. En la Cacique Hatuey, recuerda, tuvo excelentes profesores y compañeros que en la actualidad son músicos.

nelson 1

“Con posterioridad –acota–, cumplí el Servicio Militar Activo en la Brigada de la Frontera, en Guantánamo. Allí se creaban colectivos artísticos y había un movimiento cultural que involucraba a jóvenes. Junto a otros graduados de Escuelas de Instructores del país, pude poner en práctica mis conocimientos y formamos una banda. Terminado ese periodo, me quedé trabajando allí en mi profesión por tres años, guiando a muchachos y muchachas aficionados”.

Después laboró en Cultura en la ciudad de Guantánamo, donde residió. La carrera musical, opina, es bien difícil, pues se debe transitar por diferentes vías y mantenerse activo:“Por eso impartía talleres en una ludoteca para niños y adultos, y me presentaba como artista aficionado. Por aquel tiempo, me hice miembro de la Asociación y fui uniéndome a jóvenes cantautores, músicos de distintas estéticas y artistas de otras manifestaciones.

“Me sumé entonces a la banda Barra Abierta, en la que nos congregábamos para realizar música alternativa y fusión, todo muy experimental. Mis composiciones considero todavía estaban algo verdes, pero de guitarrista avancé a cantante. Teníamos buen repertorio, logramos movernos por varias provincias y eventos, y llegamos a grabar un videoclip”.

¿Cuándo se le hizo imposible dejar de hablarle al viento?

“Conocí a Yensy en Manzanillo, cuando yo participaba, con Barra Abierta, en un evento de la AHS. Después de un año de noviazgo, decidí venir en 2016 con ella a Holguín. Aquí me mantuve tomando parte en espacios de trovadores como Fernando Cabrejas, Manuel Leandro y Raúl Prieto, con quienes había coincidido en otros momentos. Ellos siempre me abrieron las puertas, en pos de que me diera a conocer.

“A la vez, Palabras al Viento, que actúa para niños y adultos, me invitaba a presentaciones y los acompañaba. Fermín López, su director, me acogió y cursé talleres de Narración Oral, para habilitarme e ir ganando en dominio de herramientas. Gracias a esto, me uní a la plantilla, que pertenece a Artes Escénicas. En Palabras al Viento nunca me han negado el sentirme músico. Fermín llama a esto apertura, introduciendo música y danza en la Narración Oral, y aprovechando potencialidades de cada actor o actriz”.

Pero no solo fueron esas las puertas que se le abrieron acá…

“En 2017, de cierto modo, me ligué a la Empresa de la Música y a partir de 2019 se hizo oficial mi inclusión en su catálogo. Figuraba en la categoría de eventual, pero más adelante recibí el autorizo del Instituto Cubano de la Música. Ese proceso conllevó a que consolidara mis canciones, y las mejorara y concibiera como parte de un repertorio.

“Ya tengo un disco, llamado De ningún lugar, y editado y masterizado en Holguín, en producción independiente. Me estoy proyectando otro, trabajando en aplicar a una beca de creación de la AHS. Cultura Provincial me financió en 2022 el videoclip Un Rock and Roll entre Boleros, estrenado en 2022, bajo la dirección de Jimmy Ochoa”.

¿Cuántos espacios convocan a Lay Verdecia en Holguín?

“Actúo con una banda de músicos-amigos, con los cuales, por sus deseos de tocar, me reúno ocasionalmente y les agradezco el gesto. Montamos algunas canciones y vamos a mi peña mensual El Planeta de los Locos en la sede de la AHS, bautizada así por el título de una de mis canciones. Me presento igual en la Casa de la Trova, y con Raúl Prieto y la Feria de los Trovadores, proyecto que involucra a varios de ellos de la ciudad. En redes sociales, visualizo y comparto mis contenidos, porque esas opciones se entrelazan y contribuyen a la divulgación”.

La Asociación se aproxima a su IV Congreso. ¿Lo que se plantea en la base cuán importante será plasmarlo en la cita de octubre?

“Como miembro de la AHS en la especialidad de Música, pensaron, para sorpresa mía, que podía representar a nuestros asociados el mes próximo.

No defraudar a la vanguardia del arte joven es mi objetivo. Expresiones y criterios que se escucharán allí me serán útiles, para aprender de personas que acumulan experiencias. Apreciaré ideas que pueden impulsar el funcionamiento de la Asociación en cada territorio. Todo lo que se debatirá, necesariamente, será expresión de lo que sucede en la base”.


Concluyó en Guantánamo 47 edición de la Jornada de la Canción Política

Con un concierto de Tony Ávila y su grupo, dedicado al Comité Provincial de la UNEAC en Guantánamo en su trigésimo sexto aniversario de constituido, culminó en el territorio la 47 edición de la Jornada de la Canción Política, colofón del evento en el que esta organización cultural recibió además la medalla conmemorativa 50 aniversario del Movimiento de la Nueva Trova.

Este reconocimiento, que confiere el Instituto Cubano de la Música por la promoción y salvaguarda de dicho género en el país, lo recibió Jorge Núñez Motes presidente de la UNEAC del territorio, de manos del trovador Eduardo Sosa, en representación de esta organización cultural de vanguardia, a cuya membrecía también felicitaron y agasajaron la Asamblea Municipal del Poder Popular, el Comité Provincial del Partido y el Telecentro Solvisión, institución que compartió igual aniversario de creada.

El cantautor Tony Ávila junto a su agrupación deleitó a los presentes en la velada con una selección de su repertorio, que incluyó canciones antológicas, así como temas de su más reciente fonograma titulado Universos, el cual es su cuarta producción discográfica con el sello Bis Music, y promocionó en Guantánamo durante sus presentaciones en el evento.

Antesala del concierto de cierre de esta 47 edición de la Jornada de la Canción Política en Guantánamo, fue la exposición dedicada a la editorial holguinera La Luz, en el Centro de Arte Palacio Salcines, donde se exhibieron una compilación de portadas, carteles gráficos, publicaciones y materiales promocionales, entre ellos audiolibros, realizados por este sello literario de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en el país.


Manuel Leandro: Confesiones de un Mortal

Hace dos años leí en el perfil de Facebook del cantautor holguinero Alito Abad unas palabras sobre los inicios de Manuel Leandro Sánchez (Manolito) en la música, una especie de pórtico y exhortación a escuchar una de sus canciones, de esas que se desgranaban entre trovadores en las tardes bohemias del parque Calixto García o en las peñas de la Casa de la Tova de Holguín: “Manu sabe como pocos de amor y de la ira que se esconde en un acorde, de lo mal que le quedaban esos 15 años para tanta belleza, lo avergonzábamos siempre presentándolo así, él reía con su timidez característica y subía a entregar el pecho”, dice.

Aferrándose a la belleza cruel de la poesía, con acordes de fondo, Manuel Leandro compone desde los 15 años, cuando empezó a interesarse por la música y la literatura. “A esa edad comencé a componer mis propias canciones y descubrí en la música una forma poderosa para expresar mis emociones, un lenguaje inmenso y emocionante”. A menudo, me comenta, le inspiraban cosas que había escrito anteriormente, o textos de otros autores que lo marcaban de algún modo. Componer es la forma que le permite conectar profundamente con los demás y, sobre todo, con él mismo.

De la escualidez, lo triste y lo conmovedor han salido sus canciones. Su delgada figura, con la guitarra en ristre, las gafas oscuras casi siempre y el cabello largo, no oculta poses. Es parte de su esencia, de la timidez sincera y de su fuerza poética, que como un dios iracundo lanza en cada verso, en cada acorde, desgarrado por motivos que le punzan y laceran… el Alma.

El año 2007 supuso un giro importante en su inicios al obtener el Premio “Del verso y de la miel” en el apartado de Trova, galardón que se entrega como parte del certamen organizado por la célula de la Asociación Hermanos Saíz en el municipio de Báguanos. “Fue un momento importante en mi carrera. Ser reconocido por este concurso significó mucho para mí en términos de validación de mi trabajo y fue una oportunidad para darme a conocer en la escena musical local. Además fue la gran motivación para seguir explorando y creciendo como compositor. Por otro lado recuerdo que con el dinero que otorgaba el premio grabé mi primer demo, con el que me presenté para entrar a la Asociación”, comenta.

A partir de 2008 el auge de la trova en Holguín es notorio, a este movimiento te vinculas junto a Alito Abad, Fernando Cabreja, Raúl Prieto, Edelis Loyola… ¿Qué supuso para ti formar parte de la canción de autor y la trova holguinera?

“Crecer durante esos años fue una experiencia muy enriquecedora. Me permitió conocer a otros artistas talentosos y apasionados por la música, nutrirme de ellos. Además, la trova y la canción de autor son géneros que se centran en la poesía y en la composición cuidadosa de letras, lo que me llevó a explorar más a fondo la escritura y a mejorar mi habilidad como compositor.

“Ser parte de este movimiento también me permitió acceder a un público maravilloso, primero en la ciudad de Holguín, y luego en el resto del país gracias al sistema de eventos y festivales que promueve la AHS.”

Muchos jóvenes y seguidores que escuchaban en las tardes de trova a estos cantautores quedaron prendados de sus versos, pues fueron ellos quienes marcaron momentos importantes en la vida del público y de la ciudad. La trova en Holguín fue, en esos años, un fuerte movimiento que agrupó a varias generaciones de artistas y poetas, y entonces la ciudad fue más bohemia y la trova fue una especie de reliquia, un objeto sagrado de su cultura.

Para no dejar morir ese empeño surge en 2016, por iniciativa del cantautor Raúl Prieto, la Feria de los Trovadores “avizorando en los músicos de su entorno un crecimiento orgánico que podía ser potenciado mediante la unidad”. Hasta hoy la Feria reúne a trovadores con diferentes estéticas, discursos y maneras de hacer.

¿Cuánto crees que aporta la Feria, como cantera de noveles músicos, al desarrollo del género?

“La Feria es lo que ha mantenido unidos a los cantautores holguineros. Es algo que debemos agradecerle a Raúl Prieto por soñarlo y desarrollarlo hasta hoy; y también, por supuesto, a las instituciones que han contribuido a que se sostenga cada mes. Espacios como este son una forma también de encontrar nuevas voces. Así como me sentí inspirado en mis inicios por esa magia, otros jóvenes descubren hoy la necesidad de compartir sus experiencias a través de la música gracias a estos encuentros, y por eso me siento agradecido de poder formar parte.”

Manolito se ha nutrido de lo mejor del arte y la música de sus coterráneos, asimismo ha dejado su huella en varios espacios, materiales audiovisuales y libros como su cancionero Del aire soy, publicado por Ediciones La Luz en 2018, sus peñas en la Casa de la Trova, el espacio “Quiero una canción” en las Romerías de Mayo, y su sitio más asiduo y cercano “El Club de los Necios”, en el café de la AHS holguinera, donde se presenta y comparte con su público.

“En el Club de los Necios no intento salvar el género musical como tal, sino al público que se reúne alrededor de él. La gente que asiste habitualmente allí, mayormente jóvenes, no tiene muchas opciones, ya sea por limitaciones económicas o por identidad estética. Hemos creado una especie de familia que intento proteger a pesar de todo. Esa es la razón fundamental por la que ha perdurado durante tantos años.”

Recientemente su disco Mortal, producido por el sello discográfico Bis Music, ha sido nominado al Premio Cubadisco 2023 en la categoría de Trova, junto a La ruta del esclavo, de Gerardo Alfonso, y Vida a vida, con varios intérpretes, producido por Nelson Vila.

¿A esta altura de tu carrera qué connotación adquiere la nominación de Mortal, tu primer álbum de estudio, al Cubadisco?

“Fue una gran sorpresa. Esta nominación representa el reconocimiento al esfuerzo y talento de cada uno de los artistas y miembros del equipo técnico que trabajó en su producción. Además, estoy feliz de compartir este certamen con artistas a los que admiro y respeto profundamente.

“Por otro lado, agradezco inmensamente esta oportunidad, porque gracias a esta nominación Mortal ha conseguido maximizar su alcance, y eso, a fin de cuentas, siempre fue el objetivo principal: que la música llegue a la vida de todos los que la necesiten.”

Este álbum, confiesa, no es más que el reflejo de una importante etapa de su vida, preguntas que quizás siguen sin respuestas. “En el álbum se reúnen nueve canciones que compuse en mis primeros años como cantautor. Grabarlas era una deuda pendiente conmigo y con las personas que comenzaron a escucharme en esa época. También por eso no fue difícil encontrar una coherencia conceptual; en general, todas giran en torno a las mismas preguntas o inquietudes que me acompañaron durante esos años”.

¿Cómo valoras la producción del disco cubano y cuánto crees que influye en la obra de un joven trovador?

“La realización de un disco es importantísima en la carrera de un músico. En primer lugar, porque brinda la posibilidad de compartir el resultado de su trabajo con un número inmenso de personas, y es un proceso increíble de aprendizaje y crecimiento. Construir un disco es una asignatura completamente nueva y compleja; es necesario observar tu propia obra desde muchos ángulos diferentes y eso hace que descubras un universo de posibilidades. También es una gran responsabilidad saber que cada decisión que tomes, cada acorde, estará ahí para siempre.

“En Cuba, a pesar de no contar con un gran mercado discográfico, producir música es tan importante como en cualquier otra parte del mundo, e incluso podría tener una importancia aún mayor debido a las limitaciones de movilidad que tenemos los músicos aquí.

“A pesar de todo, cada año se presentan discos increíbles y a medida que el acceso tecnológico se hace más potente y accesible, también aumenta la calidad de las producciones en términos técnicos, tanto en sellos oficiales como en el florecimiento creciente de productos independientes.»

Manuel Leandro Sánchez se aferra cada vez más a lo sincero, aunque eso implique arriesgarse, sumergirse en zonas dolorosas o incómodas de su propia conciencia, porque es ahí donde habita quizás una verdad un poco más limpia. En cada nueva canción intenta, dice, ir un poco más profundo en ese sentido, aunque no cree que lo consigue siempre. Es un camino de aprendizaje, no sólo como creador sino como ser humano, como mortal; y eso es en definitiva lo más importante. Por eso siente que su música se parece a él, cada vez más.


Santa, clarísima canción

Pensar en el Encuentro Nacional de Trovadores Longina Canta a Corona es recordar descargas, confluencias, descubrimientos; es evocar los nombres de quienes han decidido compartir su obra con el público de Villa Clara (quiero decir: del mundo entero); es lamentar el manto de silencio que se extiende como un sudario sobre festivales verdaderamente valiosos. Pensar en el Longina es recordar la locura de nadar a contracorriente en tiempos que nos lanzan por el barranco de las candilejas.

Juan Carlos Travieso y su muy diligente equipo de trabajo lo saben mejor que nadie. Por eso, cuando llega el Longina, aprovechan cualquier rincón de la ciudad de Santa Clara para grabar entrevistas y conciertos que luego disfrutaremos en el nunca suficientemente bien ponderado espacio televisivo Entre manos. Y quién mejor que Travieso y su equipo para romper (otra vez) la barrera del silencio, para contarnos la historia completa de un encuentro que ha sido escuela de casi todos los trovadores del país.

“El día que se cuente con un poquito de más seriedad, el Longina va a tener que ser Patrimonio de la Cultura Cubana”, dice el trovador Ariel Barreiros en Santa canción, el documental que intentará saldar esa deuda ya histórica. La obra, además de repasar los momentos más significativos de esta fiesta, se propone diseccionar el presente a partir de las ideas de quienes viven, sueñan, analizan y, sobre todo, defienden la trova, en sentido particular, y la canción cubana contemporánea (el término es de Joaquín Borges-Triana), en sentido general. Cuestión de tiempo para que se anuncie su estreno.

A propósito de Santa canción, las historias que narra y los temas que aborda, el Portal del Arte Joven Cubano conversa con su director, Juan Carlos Travieso.

¿Cuándo empiezas a interesarte por la trova?

“Desde la infancia, pero los dos momentos más importantes en mi vínculo con la trova tienen que ver con Argentina: el primero fue cuando vi la película Darse cuenta [Alejandro Doria, 1984], que terminaba con la canción `La masa´, de Silvio Rodríguez. El segundo fue cuando Silvio dio un concierto multitudinario en Buenos Aires, en los 80. Entonces me digo: ¿qué pasa con esta música?, ¿qué tan importante es? y ¿por qué no la conozco? A partir de ahí empezó una motivación por conocer a Silvio y a todos los trovadores de Cuba. Fue tan fuerte que, años más tarde, cuando a partir del 87 comencé a trabajar en una emisora de radio como guionista y director de programas, difundí la trova en mis espacios. Hacía programas de hit parade, donde colocaba temas de trova aunque no estuvieran en la preferencia generalizada.

“Luego estudié en el Instituto Superior de Arte. Mi tesis fue un documental sobre Frank Delgado, trovador que había descubierto en mis andanzas por la radio, en una época en que su obra no se difundía en ningún medio masivo de comunicación. Me fascinaron sus canciones underground, conecté con su discurso, y por eso me propuse hacer ese trabajo. De ahí en lo adelante, mi amor por la trova ha sido totalmente declarado. 

“Un poco después de que se funda Canal Habana, comienzo a dirigir Entre manos. El programa nació —por cierto— en El Mejunje de Santa Clara. Visité la ciudad, invitado por Yamil Díaz, para hacer un documental sobre El Mejunje. Pasé como una semana conociendo el lugar, fascinado con todo ese mundo… Por muchas razones, el proyecto no se realizó. Sin embargo, estando en la descarga del jueves de La Trovuntivitis, le digo a Yamil: `no voy a parar hasta hacer en la televisión eso que estoy viendo aquí. Me encantaría llevar ese espíritu de descarga a la televisión´. Y así surge Entre manos, que va a cumplir 15 años al aire y ahora finalmente está realizando el objetivo de llegar a la pantalla de Cubavisión. En eso estamos.

“Bueno, con 15 años haciendo un programa de trova, es muy difícil que no conozca a un trovador en la Isla, su obra, su nombre y muchas de sus canciones. Lo mejor es que la trova es una fuente inagotable: cada día aparecen nuevos, cada día aparecen mejores. Una fuente inagotable de la que siempre estoy bebiendo”.

foto del proceso de grabación./ cortesía del entrevistado.

¿Cuándo empezaste a asistir al Encuentro Nacional de Trovadores Longina canta a Corona?

“Creo que en 2016 o 2017 nos invitan por primera vez al evento. Incluso, Raúl Marchena y el resto del piquete proponen que hagamos un programa con público. Descubrir el Longina, vivir tantos días de actividades y, a la vez, tener la posibilidad de hacer ese programa, fue una novedad para nosotros. Espectacular, la verdad.

“Desde ese momento aproveché para grabar muchos de los conciertos con la colaboración de sonidistas y realizadores de la provincia. Todo lo que nos ha hecho falta, siempre lo hemos encontrado en esos amigos y colaboradores”.

¿Qué importancia tiene la ciudad de Santa Clara para la trova cubana?

“Bueno, creo que hoy la ciudad es, sin dudas, la cuna de la trova joven. La trova transgresora, que intenta romper esquemas, que busca estéticas nuevas y vínculos con referentes de la cultura cubana y universal. En Santa Clara hay un diapasón muy amplio: se pasean por el jazz, el blues, el rap, incluso hasta por el reggaetón. Es un lugar donde todo el tiempo están creando, compartiendo y consultando sus canciones. No viven en una burbuja: siempre se están inyectando vitaminas nuevas al invitar al Longina a creadores de todo el país. Hay eventos en otras provincias que son más parcializados, pero el Longina ha intentado romper esa barrera, con la ventaja de estar en el medio de la Isla, donde el viaje a nadie le resulta demasiado largo”.

foto del proceso de grabación./ cortesía del entrevistado.

¿Cómo surge la idea de hacer un documental sobre el Longina?

“Nace de los propios realizadores del festival. En algún momento Yordan Romero y Marchena se sientan conmigo y me hacen la propuesta. Ciertamente, yo tenía una buena colección de archivos que me permitían ya hacer un balance del evento y no quedarme en las vivencias de un solo año. Cada vez que voy, grabo muchos conciertos y hago muchos programas. Eso me ha permitido hacer un documental lo más equilibrado posible. Después he tenido que acudir a los mismos trovadores, a periodistas de Villa Clara como Hilda Cárdenas Conyedo, quienes me han facilitado materiales de archivo para el trabajo”.

En Santa canción prescindes del narrador tradicional y la voz en off para que los protagonistas cuenten su propia historia. ¿Cómo viviste el proceso de montaje?

“Me gusta recurrir a esa estética. Pocas veces, cuando me ha sido estrictamente necesario, he utilizado el narrador. Fundamentalmente trato de que los personajes cuenten su historia. En este caso tenía muchas entrevistas: cuando las uní, sumaban siete horas. Había para escoger, y eso me permitió darme cuenta de todo lo que me faltaba. También influyeron otros factores en su realización: el hecho de no hacer el trabajo con apuro, el que viniera la pandemia de Covid 19, la posibilidad de entrevistar a algunas de las grandes figuras que habían participado en el festival para que me hablaran específicamente del Longina… Todo eso llevó a que el documental tuviera testimoniantes de peso como Silvio Rodríguez, Silvia Pérez Cruz, Pedro Pastor. Pude filmar a muchos trovadores, tanto cubanos como extranjeros”.

foto del proceso de grabación./ cortesía del entrevistado.

El documental, además de hablar del Longina, aborda la canción cubana contemporánea y la propia sociedad en la que se desarrolla. ¿Desearías que Santa canción propiciara un debate sobre las maneras de optimizar los procesos de promoción y comercialización que giran en torno a la trova cubana?

“Mi propósito no fue nunca hacer un documental que recogiera solamente la historia del evento. Me interesa mucho el porvenir, el futuro, y todo lo que pasa hoy con la trova, que es Patrimonio, pero todavía no está lo suficientemente cuidada. Falta mucho para que haya un trabajo consecuente a favor de su promoción y la preservación. Hoy en día los problemas tecnológicos y materiales nos ocupan y complican demasiado el tema de patrimoniar algo. Llevo 15 años realizando Entre manos, y todos los programas que se conservan del espacio es porque los tengo guardados en mi casa o los subí a YouTube. Algunos que se guardaron en el Canal Habana, por ejemplo, se borraron porque dio problemas un servidor. De esos no me quedé con ninguna copia.

“Creo que no ha sido coherente el sistema de conservación de los materiales fílmicos. Si hoy uno hace un levantamiento de los documentales que se han hecho sobre la trova, puede que te encuentres cinco o seis, siete, ocho. Y yo estoy seguro de que hay muchísimos más. Pero no existe una preocupación por saber dónde están esos materiales, a quién se les dedicó, cuál es el archivo. Todo eso tiene un valor inigualable, y se pierde porque no se le brinda la atención que debería tener. Es lamentable.

“Hoy declaramos a la trova Patrimonio Cultural de la Nación, y puede que existan algunas acciones en las disqueras, en el Icaic [Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos]; pero a nivel de telecentros y trabajadores independientes faltan muchas puertas por tocar. Falta un trabajo sistemático. No puede ser que hoy sí, y mañana no. Tiene que ser todos los días y a toda hora”.

Una pregunta casi obligatoria: ¿Te sientes satisfecho con el documental?

“Siempre uno se queda con la idea de que sería bueno que la gente conectara con la obra. Ahora que estoy terminando el documental —viene un proceso de posproducción; de sonido, sobre todo—, mi sueño es estrenarlo en Santa Clara, por supuesto. No hay sitio mejor para exhibirlo. Lo más importante es que quede como registro, como testimonio, como provocación, incluso, para entender lo que ha venido pasando con la trova y lo que puede significar a nivel internacional.

“Cuando pienso en trova, pienso en la canción de autor: un movimiento que trasciende nuestras fronteras. En esa internacionalización tiene que proyectarse el festival Longina, y cualquier otra cosa que intente mostrar la trova como un fenómeno cultural. Hacia ahí me gustaría que apuntara el documental: hacia la idea de que la trova es, como dice uno de mis entrevistados, un suceso que atrae a muchos públicos; y culturalmente debería potenciarse también para el turismo, para lo que de Cuba se enseña al mundo. Generalmente no es así: desde las altas esferas en ocasiones se piensa a los trovadores solo para eventos políticos. Sin embargo, existe un trasfondo cultural muy fuerte y muy desaprovechado. Nos hace falta traer gente a la Isla, y la cultura tiene que ser un puente para establecer esos vínculos».