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Superando el temporal con Javier Zaldívar

Las canciones de Javier Zaldívar son el gesto con el que explica su posición ante la vida, el ademán que nos anuncia una pausada combustión. Su breve edad artística es proporcional a sus canciones que, aunque no son abundantes, muestran una poesía de limpia construcción que amenaza con la sobrevida. Es uno de los miembros de más reciente ingreso en la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Guantánamo. Sin embargo, su primer contacto con esta organización fue en Granma, su provincia natal. Allí, en una familia sin trascendencia artística, pero con muy buen gusto musical, daría pasos que definirían su actual membresía en esta organización de vanguardia juvenil.

Mi primera guitarra fue la imitación de una que vi por televisor. Yo tenía nueve años. En ese entonces contaba con un pedazo de pleibo de forma cuadriculada, un trozo de madera, doce clavos y un rollo de alambre dulce. No puedo decir que sonaba bien, pero era lo que podía resolver un niño y su imaginación. Años más tarde mi mamá me compró mi primera guitarra real. Era un tres adaptado a guitarra, con esa aprendí mis primeros acordes.

Creo que la trova me encontró a mi. Estaba en el preuniversitario Julio Antonio Mella en Bayamo, Granma, cuando comencé a enamorarme de la asignatura Español-Literatura. A veces escribía algo, para cambiar los días, y sin darme cuenta eso se fue convirtiendo en un refugio. Había aprendido algunos acordes en la guitarra, y un día me atreví a ponerle música a algo que tenía escrito, influenciado también por la música que escuchaba: Silvio, Arjona, Varela, Melendi, Frank Delgado, Polito, entre otros.

Javier es ingeniero en telecomunicaciones y electrónica, y asegura que la universidad le ha enseñado a ser más aplicado, autodidacta, a ordenar el trabajo y las ideas. Actualmente trabaja en ETECSA (Empresa de Telecomunicaciones de Cuba), en la división territorial Guantánamo, desempeñándose como especialista C en telemática, en el departamento de operaciones de la red.

Bajo la tutela de la AHS se han formado incontables artistas y escritores provenientes de diversas especialidades y grupos sociales. Este es el caso de Javier, que ve en la organización juvenil representados sus intereses. Además, funge trampolín para la divulgación de su obra y la participación en actividades y eventos.

Supe de la AHS recién empezando el servicio militar, y comencé a frecuentar diversos espacios donde se realizaban actividades. Esto me motivaba. Luego un amigo trovador de Bayamo escuchó alguna de mis canciones y me explicó como funcionaba esta organización, su objetivo y el entorno en que se vive. Me interesó de inmediato, pero realmente no aspiraba a formar parte: veía demasiado talento, y aún lo sigo viendo, personas con una manera de ver el mundo muy diferente y de forma tan bonita, que a veces creía que no estaría a la altura.

Comencé a participar en peñas de trova y literatura en Bayamo, luego a familiarizarme con los eventos que se hacen en la localidad, como Canción al Padre y Rock de la loma. Al mudarme para Guantánamo me atreví a dar el salto, animado por el jefe de la sección música que me escuchó un día en un taller literario y se comprometió a ayudarme en el proceso… y cumplió. Hace aproximadamente 9 meses formo parte de esta organización. He participado en casi todos los eventos que se han realizado en Guantánamo. También en Romerías de Mayo, en Holguín. Esto me ha permitido ver otras formas de hacer la música y seguir creciendo como trovador y como artista, descubriendo cosas diferentes, llenándome los ojos como alquimista al borde de una gran conjetura.

Quiero agregar que el concurso para jóvenes trovadores El Árbol que Silba y Canta, como parte del evento Del Verso y de la Miel, en Báguanos, fue el primer evento al que fui como trovador fuera de la provincia en que vivo; una experiencia inolvidable. Gracias a eso pude conocer obras como la de Ivette María Rodríguez, Lay Verdecia, la familia Cabreja, Adrián Álbarez, Jesús Ricardo Pérez, y la oportunidad de hacer amigos como el poeta Nolberto Molina. Además: descubrir Báguanos, con toda su magia.

Javier se está estrenando como padre: un niño llamado Jesús que se queda mirándolo fijamente como si escribiera en cada parpadeo una canción.

Creo que lo voy llevando bien, Jesús es tranquilo, por ahora, a veces me mira fijo y siento que me mira el alma. Es el regalo más bonito que me ha dado la vida y Dios en este año. Veo como va descubriendo y aprendiendo cositas, de apoco… la vida no tiene fin en los ojos de un hijo.

Pero no representa un contratiempo, tampoco su empleo alejado del arte. Cuando le pregunté sobre su mayor reto, apuntó a una temática que podría considerarse un asunto medular de esta generación: “Siempre ha sido un desafío sobreponerse al temporal”.


Uno, dos, tres… “trovando”

Con guitarra y pullover gris, así fue retratado alguien al que mucho le importa que entiendan sus letras, sus melodías. Por circunstancias que todavía se pregunta, se le cerró hace bastante el acceso a la Escuela Elemental de Arte de Granma, su provincia de origen.

Aquella contrariedad envió a Lay Verdecia a la Escuela de Instructores de Arte Cacique Hatuey, de Bayamo, en la que se le reveló un universo musical, el cual anhelaba conocer. Durante cuatro cursos, proponiéndoselo, afinó lo romántico y el rock and roll, para perfilarse trovador.

Tan de prisa transcurren las fechas, que su primera asistencia a un Congreso de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) ocurrirá en ya menos de un mes. En los últimos tiempos, el hecho de ser padre le impone otros bienvenidos retos.

Pero se llena de sueños con la pequeña y su esposa Yensy Cruz: «La relación profesional entre nosotros es genial, dado que la conexión se refuerza y hemos sabido acoplarnos. Yensy es graduada de la especialidad de Teatro como instructora de arte. Ella me apoya en la parte musical, intercambiamos cómo superarnos y compartimos mucho en escena, al ser ambos integrantes de la Compañía de Narración Oral Palabras al Viento».

Lo inició en la música su papá, quien, como aficionado a la guitarra y la Década Prodigiosa, influyó notablemente: “Él decidió enseñarme, a mis siete u ocho años, los primeros acordes. Luego Henry Serrano, un amigo del barrio, en mi municipio de Media Luna, que cantaba canciones de Carlos Varela, Santiago Feliú y Fito Páez, fue mi siguiente referencia, toda vez que me inculcó la trova”.

Participaba en galas y actos en la etapa escolar, y después apareció la Escuela de Instructores de Arte que, en su caso, alega, resultó algo así como un salvavidas. Surgió la oportunidad, y empezó a aprender elementos pedagógicos y especializados. En la Cacique Hatuey, recuerda, tuvo excelentes profesores y compañeros que en la actualidad son músicos.

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“Con posterioridad –acota–, cumplí el Servicio Militar Activo en la Brigada de la Frontera, en Guantánamo. Allí se creaban colectivos artísticos y había un movimiento cultural que involucraba a jóvenes. Junto a otros graduados de Escuelas de Instructores del país, pude poner en práctica mis conocimientos y formamos una banda. Terminado ese periodo, me quedé trabajando allí en mi profesión por tres años, guiando a muchachos y muchachas aficionados”.

Después laboró en Cultura en la ciudad de Guantánamo, donde residió. La carrera musical, opina, es bien difícil, pues se debe transitar por diferentes vías y mantenerse activo:“Por eso impartía talleres en una ludoteca para niños y adultos, y me presentaba como artista aficionado. Por aquel tiempo, me hice miembro de la Asociación y fui uniéndome a jóvenes cantautores, músicos de distintas estéticas y artistas de otras manifestaciones.

“Me sumé entonces a la banda Barra Abierta, en la que nos congregábamos para realizar música alternativa y fusión, todo muy experimental. Mis composiciones considero todavía estaban algo verdes, pero de guitarrista avancé a cantante. Teníamos buen repertorio, logramos movernos por varias provincias y eventos, y llegamos a grabar un videoclip”.

¿Cuándo se le hizo imposible dejar de hablarle al viento?

“Conocí a Yensy en Manzanillo, cuando yo participaba, con Barra Abierta, en un evento de la AHS. Después de un año de noviazgo, decidí venir en 2016 con ella a Holguín. Aquí me mantuve tomando parte en espacios de trovadores como Fernando Cabrejas, Manuel Leandro y Raúl Prieto, con quienes había coincidido en otros momentos. Ellos siempre me abrieron las puertas, en pos de que me diera a conocer.

“A la vez, Palabras al Viento, que actúa para niños y adultos, me invitaba a presentaciones y los acompañaba. Fermín López, su director, me acogió y cursé talleres de Narración Oral, para habilitarme e ir ganando en dominio de herramientas. Gracias a esto, me uní a la plantilla, que pertenece a Artes Escénicas. En Palabras al Viento nunca me han negado el sentirme músico. Fermín llama a esto apertura, introduciendo música y danza en la Narración Oral, y aprovechando potencialidades de cada actor o actriz”.

Pero no solo fueron esas las puertas que se le abrieron acá…

“En 2017, de cierto modo, me ligué a la Empresa de la Música y a partir de 2019 se hizo oficial mi inclusión en su catálogo. Figuraba en la categoría de eventual, pero más adelante recibí el autorizo del Instituto Cubano de la Música. Ese proceso conllevó a que consolidara mis canciones, y las mejorara y concibiera como parte de un repertorio.

“Ya tengo un disco, llamado De ningún lugar, y editado y masterizado en Holguín, en producción independiente. Me estoy proyectando otro, trabajando en aplicar a una beca de creación de la AHS. Cultura Provincial me financió en 2022 el videoclip Un Rock and Roll entre Boleros, estrenado en 2022, bajo la dirección de Jimmy Ochoa”.

¿Cuántos espacios convocan a Lay Verdecia en Holguín?

“Actúo con una banda de músicos-amigos, con los cuales, por sus deseos de tocar, me reúno ocasionalmente y les agradezco el gesto. Montamos algunas canciones y vamos a mi peña mensual El Planeta de los Locos en la sede de la AHS, bautizada así por el título de una de mis canciones. Me presento igual en la Casa de la Trova, y con Raúl Prieto y la Feria de los Trovadores, proyecto que involucra a varios de ellos de la ciudad. En redes sociales, visualizo y comparto mis contenidos, porque esas opciones se entrelazan y contribuyen a la divulgación”.

La Asociación se aproxima a su IV Congreso. ¿Lo que se plantea en la base cuán importante será plasmarlo en la cita de octubre?

“Como miembro de la AHS en la especialidad de Música, pensaron, para sorpresa mía, que podía representar a nuestros asociados el mes próximo.

No defraudar a la vanguardia del arte joven es mi objetivo. Expresiones y criterios que se escucharán allí me serán útiles, para aprender de personas que acumulan experiencias. Apreciaré ideas que pueden impulsar el funcionamiento de la Asociación en cada territorio. Todo lo que se debatirá, necesariamente, será expresión de lo que sucede en la base”.


Concluyó en Guantánamo 47 edición de la Jornada de la Canción Política

Con un concierto de Tony Ávila y su grupo, dedicado al Comité Provincial de la UNEAC en Guantánamo en su trigésimo sexto aniversario de constituido, culminó en el territorio la 47 edición de la Jornada de la Canción Política, colofón del evento en el que esta organización cultural recibió además la medalla conmemorativa 50 aniversario del Movimiento de la Nueva Trova.

Este reconocimiento, que confiere el Instituto Cubano de la Música por la promoción y salvaguarda de dicho género en el país, lo recibió Jorge Núñez Motes presidente de la UNEAC del territorio, de manos del trovador Eduardo Sosa, en representación de esta organización cultural de vanguardia, a cuya membrecía también felicitaron y agasajaron la Asamblea Municipal del Poder Popular, el Comité Provincial del Partido y el Telecentro Solvisión, institución que compartió igual aniversario de creada.

El cantautor Tony Ávila junto a su agrupación deleitó a los presentes en la velada con una selección de su repertorio, que incluyó canciones antológicas, así como temas de su más reciente fonograma titulado Universos, el cual es su cuarta producción discográfica con el sello Bis Music, y promocionó en Guantánamo durante sus presentaciones en el evento.

Antesala del concierto de cierre de esta 47 edición de la Jornada de la Canción Política en Guantánamo, fue la exposición dedicada a la editorial holguinera La Luz, en el Centro de Arte Palacio Salcines, donde se exhibieron una compilación de portadas, carteles gráficos, publicaciones y materiales promocionales, entre ellos audiolibros, realizados por este sello literario de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en el país.


Manuel Leandro: Confesiones de un Mortal

Hace dos años leí en el perfil de Facebook del cantautor holguinero Alito Abad unas palabras sobre los inicios de Manuel Leandro Sánchez (Manolito) en la música, una especie de pórtico y exhortación a escuchar una de sus canciones, de esas que se desgranaban entre trovadores en las tardes bohemias del parque Calixto García o en las peñas de la Casa de la Tova de Holguín: “Manu sabe como pocos de amor y de la ira que se esconde en un acorde, de lo mal que le quedaban esos 15 años para tanta belleza, lo avergonzábamos siempre presentándolo así, él reía con su timidez característica y subía a entregar el pecho”, dice.

Aferrándose a la belleza cruel de la poesía, con acordes de fondo, Manuel Leandro compone desde los 15 años, cuando empezó a interesarse por la música y la literatura. “A esa edad comencé a componer mis propias canciones y descubrí en la música una forma poderosa para expresar mis emociones, un lenguaje inmenso y emocionante”. A menudo, me comenta, le inspiraban cosas que había escrito anteriormente, o textos de otros autores que lo marcaban de algún modo. Componer es la forma que le permite conectar profundamente con los demás y, sobre todo, con él mismo.

De la escualidez, lo triste y lo conmovedor han salido sus canciones. Su delgada figura, con la guitarra en ristre, las gafas oscuras casi siempre y el cabello largo, no oculta poses. Es parte de su esencia, de la timidez sincera y de su fuerza poética, que como un dios iracundo lanza en cada verso, en cada acorde, desgarrado por motivos que le punzan y laceran… el Alma.

El año 2007 supuso un giro importante en su inicios al obtener el Premio “Del verso y de la miel” en el apartado de Trova, galardón que se entrega como parte del certamen organizado por la célula de la Asociación Hermanos Saíz en el municipio de Báguanos. “Fue un momento importante en mi carrera. Ser reconocido por este concurso significó mucho para mí en términos de validación de mi trabajo y fue una oportunidad para darme a conocer en la escena musical local. Además fue la gran motivación para seguir explorando y creciendo como compositor. Por otro lado recuerdo que con el dinero que otorgaba el premio grabé mi primer demo, con el que me presenté para entrar a la Asociación”, comenta.

A partir de 2008 el auge de la trova en Holguín es notorio, a este movimiento te vinculas junto a Alito Abad, Fernando Cabreja, Raúl Prieto, Edelis Loyola… ¿Qué supuso para ti formar parte de la canción de autor y la trova holguinera?

“Crecer durante esos años fue una experiencia muy enriquecedora. Me permitió conocer a otros artistas talentosos y apasionados por la música, nutrirme de ellos. Además, la trova y la canción de autor son géneros que se centran en la poesía y en la composición cuidadosa de letras, lo que me llevó a explorar más a fondo la escritura y a mejorar mi habilidad como compositor.

“Ser parte de este movimiento también me permitió acceder a un público maravilloso, primero en la ciudad de Holguín, y luego en el resto del país gracias al sistema de eventos y festivales que promueve la AHS.”

Muchos jóvenes y seguidores que escuchaban en las tardes de trova a estos cantautores quedaron prendados de sus versos, pues fueron ellos quienes marcaron momentos importantes en la vida del público y de la ciudad. La trova en Holguín fue, en esos años, un fuerte movimiento que agrupó a varias generaciones de artistas y poetas, y entonces la ciudad fue más bohemia y la trova fue una especie de reliquia, un objeto sagrado de su cultura.

Para no dejar morir ese empeño surge en 2016, por iniciativa del cantautor Raúl Prieto, la Feria de los Trovadores “avizorando en los músicos de su entorno un crecimiento orgánico que podía ser potenciado mediante la unidad”. Hasta hoy la Feria reúne a trovadores con diferentes estéticas, discursos y maneras de hacer.

¿Cuánto crees que aporta la Feria, como cantera de noveles músicos, al desarrollo del género?

“La Feria es lo que ha mantenido unidos a los cantautores holguineros. Es algo que debemos agradecerle a Raúl Prieto por soñarlo y desarrollarlo hasta hoy; y también, por supuesto, a las instituciones que han contribuido a que se sostenga cada mes. Espacios como este son una forma también de encontrar nuevas voces. Así como me sentí inspirado en mis inicios por esa magia, otros jóvenes descubren hoy la necesidad de compartir sus experiencias a través de la música gracias a estos encuentros, y por eso me siento agradecido de poder formar parte.”

Manolito se ha nutrido de lo mejor del arte y la música de sus coterráneos, asimismo ha dejado su huella en varios espacios, materiales audiovisuales y libros como su cancionero Del aire soy, publicado por Ediciones La Luz en 2018, sus peñas en la Casa de la Trova, el espacio “Quiero una canción” en las Romerías de Mayo, y su sitio más asiduo y cercano “El Club de los Necios”, en el café de la AHS holguinera, donde se presenta y comparte con su público.

“En el Club de los Necios no intento salvar el género musical como tal, sino al público que se reúne alrededor de él. La gente que asiste habitualmente allí, mayormente jóvenes, no tiene muchas opciones, ya sea por limitaciones económicas o por identidad estética. Hemos creado una especie de familia que intento proteger a pesar de todo. Esa es la razón fundamental por la que ha perdurado durante tantos años.”

Recientemente su disco Mortal, producido por el sello discográfico Bis Music, ha sido nominado al Premio Cubadisco 2023 en la categoría de Trova, junto a La ruta del esclavo, de Gerardo Alfonso, y Vida a vida, con varios intérpretes, producido por Nelson Vila.

¿A esta altura de tu carrera qué connotación adquiere la nominación de Mortal, tu primer álbum de estudio, al Cubadisco?

“Fue una gran sorpresa. Esta nominación representa el reconocimiento al esfuerzo y talento de cada uno de los artistas y miembros del equipo técnico que trabajó en su producción. Además, estoy feliz de compartir este certamen con artistas a los que admiro y respeto profundamente.

“Por otro lado, agradezco inmensamente esta oportunidad, porque gracias a esta nominación Mortal ha conseguido maximizar su alcance, y eso, a fin de cuentas, siempre fue el objetivo principal: que la música llegue a la vida de todos los que la necesiten.”

Este álbum, confiesa, no es más que el reflejo de una importante etapa de su vida, preguntas que quizás siguen sin respuestas. “En el álbum se reúnen nueve canciones que compuse en mis primeros años como cantautor. Grabarlas era una deuda pendiente conmigo y con las personas que comenzaron a escucharme en esa época. También por eso no fue difícil encontrar una coherencia conceptual; en general, todas giran en torno a las mismas preguntas o inquietudes que me acompañaron durante esos años”.

¿Cómo valoras la producción del disco cubano y cuánto crees que influye en la obra de un joven trovador?

“La realización de un disco es importantísima en la carrera de un músico. En primer lugar, porque brinda la posibilidad de compartir el resultado de su trabajo con un número inmenso de personas, y es un proceso increíble de aprendizaje y crecimiento. Construir un disco es una asignatura completamente nueva y compleja; es necesario observar tu propia obra desde muchos ángulos diferentes y eso hace que descubras un universo de posibilidades. También es una gran responsabilidad saber que cada decisión que tomes, cada acorde, estará ahí para siempre.

“En Cuba, a pesar de no contar con un gran mercado discográfico, producir música es tan importante como en cualquier otra parte del mundo, e incluso podría tener una importancia aún mayor debido a las limitaciones de movilidad que tenemos los músicos aquí.

“A pesar de todo, cada año se presentan discos increíbles y a medida que el acceso tecnológico se hace más potente y accesible, también aumenta la calidad de las producciones en términos técnicos, tanto en sellos oficiales como en el florecimiento creciente de productos independientes.»

Manuel Leandro Sánchez se aferra cada vez más a lo sincero, aunque eso implique arriesgarse, sumergirse en zonas dolorosas o incómodas de su propia conciencia, porque es ahí donde habita quizás una verdad un poco más limpia. En cada nueva canción intenta, dice, ir un poco más profundo en ese sentido, aunque no cree que lo consigue siempre. Es un camino de aprendizaje, no sólo como creador sino como ser humano, como mortal; y eso es en definitiva lo más importante. Por eso siente que su música se parece a él, cada vez más.


Santa, clarísima canción

Pensar en el Encuentro Nacional de Trovadores Longina Canta a Corona es recordar descargas, confluencias, descubrimientos; es evocar los nombres de quienes han decidido compartir su obra con el público de Villa Clara (quiero decir: del mundo entero); es lamentar el manto de silencio que se extiende como un sudario sobre festivales verdaderamente valiosos. Pensar en el Longina es recordar la locura de nadar a contracorriente en tiempos que nos lanzan por el barranco de las candilejas.

Juan Carlos Travieso y su muy diligente equipo de trabajo lo saben mejor que nadie. Por eso, cuando llega el Longina, aprovechan cualquier rincón de la ciudad de Santa Clara para grabar entrevistas y conciertos que luego disfrutaremos en el nunca suficientemente bien ponderado espacio televisivo Entre manos. Y quién mejor que Travieso y su equipo para romper (otra vez) la barrera del silencio, para contarnos la historia completa de un encuentro que ha sido escuela de casi todos los trovadores del país.

“El día que se cuente con un poquito de más seriedad, el Longina va a tener que ser Patrimonio de la Cultura Cubana”, dice el trovador Ariel Barreiros en Santa canción, el documental que intentará saldar esa deuda ya histórica. La obra, además de repasar los momentos más significativos de esta fiesta, se propone diseccionar el presente a partir de las ideas de quienes viven, sueñan, analizan y, sobre todo, defienden la trova, en sentido particular, y la canción cubana contemporánea (el término es de Joaquín Borges-Triana), en sentido general. Cuestión de tiempo para que se anuncie su estreno.

A propósito de Santa canción, las historias que narra y los temas que aborda, el Portal del Arte Joven Cubano conversa con su director, Juan Carlos Travieso.

¿Cuándo empiezas a interesarte por la trova?

“Desde la infancia, pero los dos momentos más importantes en mi vínculo con la trova tienen que ver con Argentina: el primero fue cuando vi la película Darse cuenta [Alejandro Doria, 1984], que terminaba con la canción `La masa´, de Silvio Rodríguez. El segundo fue cuando Silvio dio un concierto multitudinario en Buenos Aires, en los 80. Entonces me digo: ¿qué pasa con esta música?, ¿qué tan importante es? y ¿por qué no la conozco? A partir de ahí empezó una motivación por conocer a Silvio y a todos los trovadores de Cuba. Fue tan fuerte que, años más tarde, cuando a partir del 87 comencé a trabajar en una emisora de radio como guionista y director de programas, difundí la trova en mis espacios. Hacía programas de hit parade, donde colocaba temas de trova aunque no estuvieran en la preferencia generalizada.

“Luego estudié en el Instituto Superior de Arte. Mi tesis fue un documental sobre Frank Delgado, trovador que había descubierto en mis andanzas por la radio, en una época en que su obra no se difundía en ningún medio masivo de comunicación. Me fascinaron sus canciones underground, conecté con su discurso, y por eso me propuse hacer ese trabajo. De ahí en lo adelante, mi amor por la trova ha sido totalmente declarado. 

“Un poco después de que se funda Canal Habana, comienzo a dirigir Entre manos. El programa nació —por cierto— en El Mejunje de Santa Clara. Visité la ciudad, invitado por Yamil Díaz, para hacer un documental sobre El Mejunje. Pasé como una semana conociendo el lugar, fascinado con todo ese mundo… Por muchas razones, el proyecto no se realizó. Sin embargo, estando en la descarga del jueves de La Trovuntivitis, le digo a Yamil: `no voy a parar hasta hacer en la televisión eso que estoy viendo aquí. Me encantaría llevar ese espíritu de descarga a la televisión´. Y así surge Entre manos, que va a cumplir 15 años al aire y ahora finalmente está realizando el objetivo de llegar a la pantalla de Cubavisión. En eso estamos.

“Bueno, con 15 años haciendo un programa de trova, es muy difícil que no conozca a un trovador en la Isla, su obra, su nombre y muchas de sus canciones. Lo mejor es que la trova es una fuente inagotable: cada día aparecen nuevos, cada día aparecen mejores. Una fuente inagotable de la que siempre estoy bebiendo”.

foto del proceso de grabación./ cortesía del entrevistado.

¿Cuándo empezaste a asistir al Encuentro Nacional de Trovadores Longina canta a Corona?

“Creo que en 2016 o 2017 nos invitan por primera vez al evento. Incluso, Raúl Marchena y el resto del piquete proponen que hagamos un programa con público. Descubrir el Longina, vivir tantos días de actividades y, a la vez, tener la posibilidad de hacer ese programa, fue una novedad para nosotros. Espectacular, la verdad.

“Desde ese momento aproveché para grabar muchos de los conciertos con la colaboración de sonidistas y realizadores de la provincia. Todo lo que nos ha hecho falta, siempre lo hemos encontrado en esos amigos y colaboradores”.

¿Qué importancia tiene la ciudad de Santa Clara para la trova cubana?

“Bueno, creo que hoy la ciudad es, sin dudas, la cuna de la trova joven. La trova transgresora, que intenta romper esquemas, que busca estéticas nuevas y vínculos con referentes de la cultura cubana y universal. En Santa Clara hay un diapasón muy amplio: se pasean por el jazz, el blues, el rap, incluso hasta por el reggaetón. Es un lugar donde todo el tiempo están creando, compartiendo y consultando sus canciones. No viven en una burbuja: siempre se están inyectando vitaminas nuevas al invitar al Longina a creadores de todo el país. Hay eventos en otras provincias que son más parcializados, pero el Longina ha intentado romper esa barrera, con la ventaja de estar en el medio de la Isla, donde el viaje a nadie le resulta demasiado largo”.

foto del proceso de grabación./ cortesía del entrevistado.

¿Cómo surge la idea de hacer un documental sobre el Longina?

“Nace de los propios realizadores del festival. En algún momento Yordan Romero y Marchena se sientan conmigo y me hacen la propuesta. Ciertamente, yo tenía una buena colección de archivos que me permitían ya hacer un balance del evento y no quedarme en las vivencias de un solo año. Cada vez que voy, grabo muchos conciertos y hago muchos programas. Eso me ha permitido hacer un documental lo más equilibrado posible. Después he tenido que acudir a los mismos trovadores, a periodistas de Villa Clara como Hilda Cárdenas Conyedo, quienes me han facilitado materiales de archivo para el trabajo”.

En Santa canción prescindes del narrador tradicional y la voz en off para que los protagonistas cuenten su propia historia. ¿Cómo viviste el proceso de montaje?

“Me gusta recurrir a esa estética. Pocas veces, cuando me ha sido estrictamente necesario, he utilizado el narrador. Fundamentalmente trato de que los personajes cuenten su historia. En este caso tenía muchas entrevistas: cuando las uní, sumaban siete horas. Había para escoger, y eso me permitió darme cuenta de todo lo que me faltaba. También influyeron otros factores en su realización: el hecho de no hacer el trabajo con apuro, el que viniera la pandemia de Covid 19, la posibilidad de entrevistar a algunas de las grandes figuras que habían participado en el festival para que me hablaran específicamente del Longina… Todo eso llevó a que el documental tuviera testimoniantes de peso como Silvio Rodríguez, Silvia Pérez Cruz, Pedro Pastor. Pude filmar a muchos trovadores, tanto cubanos como extranjeros”.

foto del proceso de grabación./ cortesía del entrevistado.

El documental, además de hablar del Longina, aborda la canción cubana contemporánea y la propia sociedad en la que se desarrolla. ¿Desearías que Santa canción propiciara un debate sobre las maneras de optimizar los procesos de promoción y comercialización que giran en torno a la trova cubana?

“Mi propósito no fue nunca hacer un documental que recogiera solamente la historia del evento. Me interesa mucho el porvenir, el futuro, y todo lo que pasa hoy con la trova, que es Patrimonio, pero todavía no está lo suficientemente cuidada. Falta mucho para que haya un trabajo consecuente a favor de su promoción y la preservación. Hoy en día los problemas tecnológicos y materiales nos ocupan y complican demasiado el tema de patrimoniar algo. Llevo 15 años realizando Entre manos, y todos los programas que se conservan del espacio es porque los tengo guardados en mi casa o los subí a YouTube. Algunos que se guardaron en el Canal Habana, por ejemplo, se borraron porque dio problemas un servidor. De esos no me quedé con ninguna copia.

“Creo que no ha sido coherente el sistema de conservación de los materiales fílmicos. Si hoy uno hace un levantamiento de los documentales que se han hecho sobre la trova, puede que te encuentres cinco o seis, siete, ocho. Y yo estoy seguro de que hay muchísimos más. Pero no existe una preocupación por saber dónde están esos materiales, a quién se les dedicó, cuál es el archivo. Todo eso tiene un valor inigualable, y se pierde porque no se le brinda la atención que debería tener. Es lamentable.

“Hoy declaramos a la trova Patrimonio Cultural de la Nación, y puede que existan algunas acciones en las disqueras, en el Icaic [Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos]; pero a nivel de telecentros y trabajadores independientes faltan muchas puertas por tocar. Falta un trabajo sistemático. No puede ser que hoy sí, y mañana no. Tiene que ser todos los días y a toda hora”.

Una pregunta casi obligatoria: ¿Te sientes satisfecho con el documental?

“Siempre uno se queda con la idea de que sería bueno que la gente conectara con la obra. Ahora que estoy terminando el documental —viene un proceso de posproducción; de sonido, sobre todo—, mi sueño es estrenarlo en Santa Clara, por supuesto. No hay sitio mejor para exhibirlo. Lo más importante es que quede como registro, como testimonio, como provocación, incluso, para entender lo que ha venido pasando con la trova y lo que puede significar a nivel internacional.

“Cuando pienso en trova, pienso en la canción de autor: un movimiento que trasciende nuestras fronteras. En esa internacionalización tiene que proyectarse el festival Longina, y cualquier otra cosa que intente mostrar la trova como un fenómeno cultural. Hacia ahí me gustaría que apuntara el documental: hacia la idea de que la trova es, como dice uno de mis entrevistados, un suceso que atrae a muchos públicos; y culturalmente debería potenciarse también para el turismo, para lo que de Cuba se enseña al mundo. Generalmente no es así: desde las altas esferas en ocasiones se piensa a los trovadores solo para eventos políticos. Sin embargo, existe un trasfondo cultural muy fuerte y muy desaprovechado. Nos hace falta traer gente a la Isla, y la cultura tiene que ser un puente para establecer esos vínculos».


Al sur de mi mochila: refugio para la trova cubana en Cienfuegos

Cuatro días de guitarras y voces hermanadas, esa es la identidad de Al sur de mi mochila. Cienfuegos recibió a noveles y experimentados cantautores en la edición número 24 de una cita que se fortalece con un fuerte movimiento defensor de la trova cubana.

El Bartolo, nombre con el que se le conoce al Centro Cultural de las Artes Benny Moré, envuelve. Imposible salir cuando al traspasar el umbral te reciben más de una decena de imágenes, fotos inéditas del rey de la canción en Cienfuegos, por no decir en Cuba. Cada instantánea presenta a un Lázaro García real, ese al que cada participante del evento tiene algo que agradecer.

Es por ello que padre fue la palabra más mencionada cuando confluyeron en el escenario varias generaciones durante la trovada realizada en su honor, símbolo del relevo que Lázaro dejó con su impronta y enseñanzas. A un año de su desaparición física, la noche de sábado se convirtió en una velada con la participación de artistas que defienden los más diversos géneros. Sin embargo, el denominador común fueron las letras del querido viejo. El emblemático Parque Martí, segunda sede del festival acogió una noche donde la música fue el eje central.

La Asociación Hermanos Saíz también dedicó momentos para el audiovisual y desde la imagen en movimiento brilló también la canción de autor a través del documental La otra Trova de Daniel Díaz, exhibido en la Sala Teatro A Cuestas de la ciudad.

Entre las potencialidades del evento resalta el apoyo y dedicación de espacios a los más jóvenes cantautores de varias provincias del país. Así vimos transitar en la escena al Dúo Mantra, Yeni Turiño o Amaury del Río, quienes que desde sus canciones rasgan en la guitarra las más diversas experiencias que en esta época vivimos.

Encuentro de colegas, colisión de amigos, así se define cada momento, donde crecer devino término imprescindible para mantener un género que hoy está vivo, para volver a las raíces. Transitaron, además de la nueva generación, los consagrados, y se escucharon temas como “El centinela de Pompeya”, de Ariel Barreiros, “Amigos”, de Yatsel Rodríguez, o “Mi casa”, de Tony Ávila.

Entre los artistas del patio se presentaron Nelson Valdés, Fary Calderón, Danaisy Brito, el dúo Así Son, y otros. Desde las 3 de la tarde y hasta la madrugada de cada día, el pequeño escenario de la sede cienfueguera de la AHS no tuvo descanso. Se notó en las sillas desordenadas, en las ojeras y hasta en el desgaste de algunas voces; aunque no faltó la alegría.

La Trovuntivitis coronó la última noche. Ni la lluvia ni la media luz de un apagón pudieron con un concierto en el que vibraron nuestras más genuinas tradiciones. En una especie de descarga se sumaron voces e instrumentos. Y luego de un momento dejó de existir guion, la improvisación marcó la pauta y el goce reinó en los asistentes. Cada sonido salió del alma y llegó como si estuviera destinado a ser.

La trova se renueva en estos predios cada año y en el centro del país algo se siente diferente. Un compás de cuerdas inunda las calles, un compás que se escucha Al sur de mi mochila.


Cienfuegos: otra vez al sur de mi guitarra

Esta semana comenzará en Cienfuegos la edición XXIV del Festival Al sur de mi mochila. En esta ocasión, la escasez de recursos ha llevado a los organizadores a hacer de la necesidad, virtud, como en aquellos tiempos iniciales cuando las cosas eran tan recientes que para nombrarlas había que señalarlas con el dedo, se apostará por un regreso a las raíces: el arte joven ocupará los espacios que por derecho propio le pertenecen.

“Van a ir llegando los participantes del evento en la medida en que vaya transcurriendo el festival. Todos los días tendremos actividades, generalmente en las tardes y las noches; a excepción del sábado, porque a las 10:00 a.m. de ese día planificamos la proyección del documental La otra trova, del realizador Daniel Díaz”, asegura Selena Ferrer Llanes, afiliada a la Asociación Hermanos Saíz e integrante del comité organizador de Al sur de mi mochila.

Dedicado a Lázaro García, el festival contará con las presentaciones de los tuneros Amaury del Río y Jesús Pérez. Desde Camagüey llegarán los muchachos del Dúo Mantra. Por Villa Clara, Yeni Turiño, Pedro O’Reilly, Yatsel Rodríguez y los integrantes de La Trovuntivitis compartirán sus creaciones con el público perlasureño. Por la casa, los cantautores Ariel Barreiros, Nelson Valdés, el dúo Como 2 manda y los artistas agrupados bajo el nombre de Los juglares de Aida serán los responsables de defender la canción contemporánea cienfueguera.

“El viernes tendremos la inauguración de una exposición fotográfica en homenaje a Lázaro García, que agrupa fotos suyas en eventos culturales, con amigos y en su día a día. La idea surgió de la Asociación, pero también contamos con el apoyo de los familiares de Lázaro. Las palabras de presentación estarán a cargo de Roberto Novo. A partir del 14 de abril, las imágenes permanecerán durante tres meses en el patio de la AHS”, comenta Ferrer Llanes al Portal del Arte Joven Cubano.

Una de las actividades que más llama la atención en el programa es la Trovada Homenaje a Lázaro García, planificada para el sábado, 15 de abril, a las 9:00 p.m. en el Parque José Martí, donde los artistas locales e invitados interpretarán las composiciones más significativas del repertorio del extraordinario creador cienfueguero.

“El domingo cerraremos el evento en el patio de la AHS con la presentación de Yeni Turiño y Jesús Pérez. Pretendemos hacer un brindis en el que nos acompañará Habana Club. Pero Al sur de mi mochila cierra oficialmente a las 9:00 p.m., con el concierto en el Parque Martí de La Trovuntivitis junto a los creadores que habitualmente participan en el espacio El patio de mi casa”, agrega Ferrer.

Otro de los momentos más importantes del programa es un concierto de Tony Ávila en el patio de la Asociación, ubicado en el Centro Cultural Benny Moré, justo al frente del Parque Martí. Aunque se pretende íntimo, sin otra compañía que la de su “guitarra limpia”, sabemos que en un festival de trova cualquier cosa puede suceder.

Sorprende que a nivel logístico no se apoye lo suficiente un evento como este, sobre todo cuando todavía está “caliente” el nombramiento de la trova cubana como Patrimonio Cultural de la Nación. La situación está difícil; pero a veces parece que, para la trova cubana, más. Sin embargo, los cienfuegueros pretenden hacer un evento que centre su atención en los creadores jóvenes, sin renunciar al talento de los ya consagrados. Al sur de mi mochila intentará la sencillez, sin renunciar a la dignidad. Aspira a ser un justo homenaje a ese grande de la cultura cubana que se llama Lázaro García. ¿Existirá aspiración más noble?


El ingeniero automático que arma canciones (+ Video)

Entre proyectos de desarrollo y soluciones tecnológicas transcurren los días laborales de Mario. Tiene 28 años y trabaja en la empresa Copextel, en La Habana. A ese sitio llegó hace cuatro primaveras y desde entonces no ha parado de crecer. Carga consigo conocimientos, oportunidades y experiencias diversas. Sin embargo, no está “completo” del todo. 

Mientras gestiona el diseño, la  programación, montaje y mantenimiento de sistemas automáticos para instalaciones de pequeña y gran magnitud, piensa en tener ese pequeño espacio de tiempo en el que pueda sacar acordes a su guitarra. 

Mario Sergio Mora Rodríguez es ingeniero automático, pero también trovador. 

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Mario aprendió a tocar la guitarra de manera autodidacta. Foto: Areté.

“Cuando era niño, mis padres no podían comprarme un instrumento musical. Mi mamá me confesó que ellos notaban mis aptitudes, pero no podían permitirse un gasto así. Tampoco me llevaron a una escuela de música.

“En el preuniversitario hice una gran amistad con un muchacho que tocaba la guitarra y tenía buen oído. Era capaz de acompañarme en la canción que yo quisiera. Con él aprendí acordes y otras cosas muy elementales.

“Empezando en la carrera de Automática, para sorpresa mía, también había un guitarrista en el aula. Hicimos dupla y participamos en festivales. En una semana de vacaciones me prestó la guitarra. Estuve tocando sin parar todo el tiempo, sentí que podía, logré tocar acordes básicos y cambiarlos fluidamente.

“Durante la universidad, vinieron otros amigos que me prestaban la guitarra para practicar, hasta que en cuarto año de la carrera, la novia de uno de ellos me vendió una vieja que tenía guardada en su casa. Le faltaban varias cuerdas. Ahí empezó la verdadera etapa de aprendizaje, de manera autodidacta por YouTube, libros y manuales. Al día de hoy sigo estudiando todo lo que puedo, porque se ha vuelto una necesidad”.

Mario Serio Mora es miembro de la Asociación Hermanos Saíz y se ha presentado en varios espacios. Foto: Areté.

Mario Sergio nació en la provincia de Villa Clara, pero fue en Ciego de Ávila donde creció y comenzó a jugar a ser músico desde temprano. Su madre le recuerda que, con apenas tres años, andaba con un palo de escoba cargado, a modo de guitarra, entonando una canción muy popular por aquellos días: Sentimientos ajenos, de David Torrens.

A Villa Clara regresó cuando decidió estudiar Ingeniería Automática en la Universidad Central Marta Abreu. Intercaló los aprendizajes con sesiones en el coro de la institución, con visitas a El Mejunje y el adictivo consumo de la Trovuntivitis. Para entonces, ya creaba sus propias composiciones, pero no se atrevía a mostrarlas. 

Hasta que perdió el temor. Comenzó a tocarlas dondequiera que iba.

Luego le puso “seriedad” a la cuestión cuando decidió ingresar a la Asociación Hermanos Saíz tras mudarse a la capital del país. Aquí “se fueron abriendo puertas y encontré a personas que me han hecho parte de su espacio”, dice.

¿Cómo es el proceso para la creación de tus canciones?

−Por lo general, las canciones salen de un juego con la guitarra. Intento explorar con el ritmo y la armonía. Mi mente va creando melodías, a veces con letra y a veces con sonidos raros a los que después debo poner texto. Cuando aparecen ideas que pueden “llegar a algo”, las grabo en el celular, previendo que no pueda desarrollarlas en el momento. 

“Algunas canciones han venido directamente con la melodía, sin usar el instrumento. Después se hace un acompañamiento y el resultado es distinto. Es bueno imponerse un cambio de método de vez en cuando. Unas salen de un tirón, otras me toman mucho tiempo y debates con mi esposa, que tiene puntos de vista que son muy importantes para mí, aunque la composición es algo que me gusta hacer en soledad.

“Tengo unas 20 canciones. No desarrollo ideas que sé que no van a ir a ningún lado. A veces guardo cosas que empezaron muy  bien, pero no he sabido cómo darles continuidad. Intento buscar temáticas poco usuales o un enfoque distinto de las cosas. Lo que más disfruto −y siempre me sucede− es el momento en que termino la canción. Me entra una alegría enorme y la canto una y otra vez. La grabo y escucho muchas veces seguidas. Me da mucho placer”.

¿Cómo compaginas las dos facetas? Automática y música…

−Siento que la carrera y mi formación del preuniversitario me dieron muchas herramientas para buscar soluciones y enfrentar problemas de todo tipo. Mis métodos de estudio me han ayudado a aprender rápido elementos de música. He ido creando herramientas y mecanismos que me ayudan a componer, tener mi propia visión de los elementos artísticos que investigo y desarrollo.

“La carrera que estudié me gusta. Mi empleo me mantiene creativo y me da una formación integral. Trabajamos en equipo y hacemos una cadena de valor completa: desde el proyecto hasta la programación y la puesta en marcha de soluciones de automatización. Cuando me gradué, yo tenía claro que quería dedicarme a algo que demandara de mi creatividad. 

“En Copextel, además, siempre tengo momentos para hacer algo con la guitarra. Ya no hay evento o espacio cultural, dentro de la empresa, para el que no me llamen. En estos tiempos en los que hay tanta emigración en Cuba, creo que es importante que las personas encuentren en el centro de trabajo otras actividades que aporten a su calidad de vida. 

“Además, en la sala de casa está colgada una guitarra que toco todos los días a cualquier hora, por mero hábito. Es la manera de mantenerme siempre estudiando. Los fines de semana son para la música, siempre aparece algún espacio para tocar, interactuar con público, compartir con amigos y trovadores.

“Creo que el reto está en buscar los espacios para la creación musical, hacer de la casa un lugar para aislarme un poco y desarrollar ideas, dejar días para la lectura”.

Mario tiene la aspiración de continuar preparándose para desarrollar su carrera musical. Foto: Areté.

¿Qué es la música para ti?

−Aunque soy ateo, siento que la música es una especie de destino y que las cosas van a ir sucediendo. No sé si es optimismo o demasiada fe. No sé si llegue el momento de decidir entre una carrera o la otra cuando las cosas se pongan un poco más serias. Para mí, sería muy satisfactorio poder vivir de la música, para vivir para ella. 

“El amor por la música es algo más fuerte que yo. Me ha terminado persiguiendo en todas las facetas de mi vida. Cuando he intentado apartarme de ella, siempre aparece algo o alguien que me anima a retomarla.

“Creo que te permite acercarte a las personas sin que se sientan invadidas. Te conecta fraternalmente con la gente sin barreras de idioma o cultura. Te permite ser escuchado, incluso, antes de comenzar a cantar”.

En video, La música de Mario


Viaje imaginario al centro de la Tierra

Cada vez que escucho el disco, no dejo de imaginar cómo será el concierto de presentación en Santa Clara.

Frente al Centro Cultural El Mejunje, imagino que a las nueve de la noche nos impiden el paso mientras la lluvia nos bendice con una debilidad que no atenúa la impaciencia de los potenciales espectadores.

De repente, silencio: por la puerta aparece uno de los artífices del milagro. Dicen —a mí no me crean— que Diego Gutiérrez vino por el placer de regresar al centro de la Tierra. Dicen que en el concierto lo acompañarán Merlin Lorenzo, Rolando Morales, Armando Osuna y Raulito Prieto, además de miembros de La Trovuntivitis y algunos de los autores de los poemas musicalizados en el disco.

Casi a las 10 de la noche entramos a la Sala Margarita Casallas. La lluvia amenaza con volver, pero ahora tenemos un techo para protegernos. En asientos frente al escenario se ubican Edelmis Anoceto, Alexis Castañeda, Ricardo Riverón, Yamil Díaz y Arístides Vega Chapú. Por algún lugar del público vemos a Alain Garrido, Yaíma Orozco, Roly Berrío y Leonardo García.

Los poetas, que ya no son los veinteañeros o treintañeros de cuando Diego erraba elegantemente por Santa Clara, matando el tiempo y componiendo algunas de las canciones más eminentes de su generación; los poetas, que ya no son los de entonces, comienzan a manifestar la incomodidad y el cansancio de quien hace tiempo desacostumbró su cuerpo a estos lances. Por aquí, por allá, se mueven los encargados de ajustar los recién trasladados equipos de audio. Y justo cuando parece que el concierto va a terminar sin haber empezado, aparecen Diego Gutiérrez (nariz de águila, pelo largo recogido en un moño) y su banda.

Para presentar el acto surge de entre la multitud nada menos que Samuel Feijóo, quien vino “de un país lejano […] / con bellas noches / y árboles […] / amigos, / voces”.

Y así comienza, al menos en mi imaginación, lo que será la presentación del disco Viaje al Centro de la Tierra, musicalización de textos de poetas villaclareños, que tiene como antecedente el concierto Comité Central, realizado en junio de 2008 en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.[1]

Avanza la noche, y Diego invita al escenario a Arístides Vega Chapú, quien lee un poema desgarrador, de ritmo diluviano, que pone a todos a sufrir el gran dolor que últimamente nos visita con la insistencia de los malos presentimientos. Acto seguido, Diego canta “Definición del cariño”: “La suerte de tus manos / me está cubriendo el pecho de vicarias, / me está cubriendo el pecho de vicarias”.

Así va recorriendo autores, desde Yamil Díaz hasta Pedro Llanes, desde Alexis Castañeda hasta Ricardo Riverón, desde Carlos Galindo hasta Edelmis Anoceto. Entonces los poetas por fin entienden, o vuelven a entender, que un día, “sin sospecharlo siquiera”, escribieron la melodía misteriosa que jamás planificaron para acompañar sus versos.

Y al mismo tiempo que Diego evoca un Ulises que ya no es el de Homero ni el de Dante, porque es el de Edelmis y viene desde la mirada aleccionadora de Penélope, asegura que “nadie te mata, sino la propia gloria”.
“Tu risa de entonces era, / casi anuncio de un convite”, canta Diego, y enseguida pienso en ti, “mi novia primera / —casi alondra, casi beso—”. Y también pienso en el amigo sincero / que me dio su mano franca.

Luego “pasa flotando en las aguas la casa de la muerte”, e imagino que junto a Feijóo (arrinconado en una de las gradas de la sala) se sientan Carlos Galindo, Sigfredo Ariel y Frank Abel Dopico. Este último un poco más cerca de Roly.
En mi imaginación, la incomodidad inicial se trasmuta en calma. La voz de Merlin es un embrujo que de a poco se apodera del ambiente. Armando Ozuna marca el ritmo con una precisión carente de estridencias. Raulito Prieto se muestra seguro tras el bajo a la par que se deleita con cada verso de los poetas homenajeados. Mención aparte merecen los riffs de Rolando Morales, sobre todo cuando interpreta “A many splendored thing”, de Sigfredo Ariel. Quiero decir, cuando Diego canta:

Que has sido o eres el amor

el gran amor de dos o tres personas

te lo han dicho en momentos

suficientemente graves

esas dos o tres personas.

Entonces despierto. Entonces descubro que en realidad viajo al centro de la Tierra en el ómnibus que me conduce a Santa Clara. Miro por la ventana. Los campos de mango, las lomas del camino y las pequeñas casitas aisladas se trasmutan en el escenario donde imagino que ocurrirá la presentación del más reciente álbum del autor de “Sabor salado”.

Así lo imagino todo mientras escucho Viaje al Centro de la Tierra. Así lo imagino mientras los acordes se apoderan, se van apoderando de esta voluntad de imaginarlo todo. Así lo imagino mientras deseo secretamente que algún día Diego vuelva a presentarlo en Santa Clara. Quiero decir, que vaya a presentarlo en ese lugar que lo vio nacer por segunda vez. Ese lugar que nos une a todos en procesión milagrosa, en un viaje que va desde la raíz hasta el mismísimo centro de la Tierra.

 

 

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[1] Así como antecedente de este texto es “Diego Gutiérrez, por el centro”, del poeta y ensayista santaclareño Yamil Díaz Gómez, Presidente de Honor de la 31 Feria Internacional del Libro en Villa Clara.