trova


Confesionales motivos

También las canciones de autor mienten, porque es de humanos, y de trovadores. A veces para bien, otras para mal. Pero mienten. Pongo el ejemplo de esta peña de Santa Massiel Rueda y Motivos Personales en el primer día de septiembre del año en curso.

No era de madrugada, si no, las cinco de una de las tardes más calurosas del mundo. No había fluido eléctrico, mas las voces y liras tuvieron el protagonismo necesario. Y gracias al respeto del público, que pareciera reaparecer luego de dos años y algo de pandemia, no se necesitó alcohol para que la trova fuera como las aguas del río que corren hacia el mar o hacia a puerta de tu casa.

Nadie se trabó a la entrada ni a la salida.

Hubo tragos después, cuando ya la alegría era el nido para nuestros corazones que empollaban el amor y la melancolía. Como debe ser. Los tragos más caros del mundo, verbigracia, un vaso con vino costaba lo mismo que una botella con el preciado líquido, pero en otro sitio.

¡Más increíble que tener los ojos color esperanza o de miel! Como no debe ser.

Pero se hizo la canción, y la candidez de Massiel, a viva voz, era el “amigo” necesario para la mejor de las confesiones. La trova tiene el don de acompañar a los que tienen sed de confesiones o desahogos. Y en esta peña, sobran los motivos para confesarse.

foto: michel guerra martin

Y es que su anfitriona sabe comunicar. Aparece ante el micrófono, segundos antes de decir algo, y ya sus ojos comunican, crean el puente, sostienen la mano de quien necesite el sostén seguro.

También su pareja de banda, Cleilys Aurora Benítez Castro, quien desde la percusión te ofrece una sonrisa halagadora, es responsable del confort y de la puesta en escena.

Así es fácil asistir a ese encuentro semanal, en la recientemente reinaugurada Casa de la trova Miguel Ángel Luna, de Ciego de Ávila, una ciudad famosa por sus portales y por los poetas que la habitan.

De la mano de Roberto Carlos de Armas Díaz, joven escritor y miembro de la sección de Literatura de la AHS, quedó presentado y vendido, el libro Pancho Céspedes: sueños que cuestan vidas, como parte de la sección Los motivos del poeta. Un cancionero necesario que Ediciones La Luz nos pone al alcance de todos, con fragmentos de entrevistas a Pancho, partituras de sus canciones y, por supuesto, su poemas melódicos.

Como en otros encuentros, Massiel concibe su espacio desde un tema central que pareciera hilvanar la sucesión de los momentos y canciones. Así se le ha dedicado el espacio a varias figuras de la cultura cubana, aunque no se trata de biografiarlo. Se le alude, se le rinde tributo en la sección Pa tu consumo, y la cosa fluye de manera casi mágica.

En esta oportunidad, Roberto Carlos De Armas le dedicó atención a una figura distintiva de la música de concierto cubana, el paganini negro, como se le conocía al gran Brindis de Salas (1852-1911), violinista impetuoso. Y se hizo de manera dinámica, con pregunta y una rifa que surtieron efecto entre el público.

También se pensó en Francisco Céspedes, ese cantautor cubano que tanto nos ha puesto a soñar y amar, con sus poemas y canciones de amor, desde la cuerda de un jazz amanecido y febril.

El público asistente no era tan numeroso como en otras oportunidades, pero era juvenil. Aquí es cuando uno que ya peina canas empieza a echarle de menos a los “viejitos” habituales en este recinto, con sus sonrisas y deseos de vivir.

foto: michel guerra martin

Pero tiempo al tiempo. La casa comienza un camino de reanimación que será lento y largo.

Un invitado especial tuvo la peña desde la provincia de Camagüey, Juan Pablo Palmero, con su voz fuerte, profunda, su cuerpo casi fantasmal de lo tan flaco, y la lucida timidez que lo llevaba a entrecortar sus frases en proscenio, y hacer chistes de manera casi silenciosa.

Canciones suyas inundaron el recinto de manera natural, espontánea con reminiscencias a Nino Bravo. Melodías que tenían de Serrat, y de Alí Primera, bañaban el rostro de todos. Y gustó. Ya para este 2 de septiembre tendremos la oportunidad de oírlo, a plenitud, en un concierto en la Casa del Joven Creador, a las nueve de la noche.

Uno de los momentos de más impacto en esta edición de la peña fue cuando Massiel anunció la canción siguiente y contó su génesis. Era un poema de lsu madre Deisy Moreno Gómez, ahora convertido en bolero. “El bolero de mami” (título en construcción), nos dijo, y lo cantó de manera hermosa.

Creo, entonces, que el bolero se le da a Santa Massiel. Podría ser de cosecha fácil en su repertorio. Si se le antoja.

No hizo falta la corriente eléctrica para que la melodía se pegara a nuestros oídos y nos llevara a volar por el recuerdo de esos amores perdidos, como todo buen bolero. La guitarra no se oía todo lo alto que merecía, pero se sintió y estaba siendo bien ejecutada. Ambas manos. Todas sus cuerdas. Cualquier alma vibra con semejante interpretación.

Siguió la tarde.

El boletín promocional Artefacto, de manera impresa, fue presentado por el periodista y Miembro de Honor de la AHS, Damián Betanzos Hernández. Y se le brindó el honor correspondiente porque era dedicado a la figura de nuestro  desaparecido físicamente, poeta y librero Arlen Regueiro Mas (1972-2022).

Este es un suelto que recoge las actividades que propone la Casa del Joven Creador desde cada una de sus secciones, y con el empeño de llegar a todos y tributar al desarrollo cultural del territorio.

Una publicación dual, que también cohabita de manera digital y tiene el poder de ser estable y necesario. Así lo dejó en claro el periodista. Y así pareciera asumirse entre las instituciones de la cultura avileña. Porque la AHS, desde hace bastante tiempo, está dando el ejemplo claro de cómo hacer mejor las cosas en materia cultural.

Las canciones que acompañaron el suceso fueron amplias en la cancionística, desde Nicolás hasta Benny Moré, y Motivos Personales estuvo a la altura de la estancia, del momento, de sus invitados. Como magnífico anfitrión, la banda logra fusionarse en un abrazo de cofradía y respeto, a pesar de que le falta una de sus voces.

Con todo y los tragos, con todo y la hora y media de vida, la peña llegó a su fin cuando todavía no había regresado la corriente eléctrica.

Todos estábamos más embellecidos. Y yo me confesé, ante Santa Massiel, entre sonrisas y miradas cómplices. Como buenos amigos. Como debe ser. Motivos hay para sentirse bien desde la trova en Ciego de Ávila. Lo confieso.


Sueños cumplidos

La canción de Jesús Ricardo Pérez Cecilia no necesita de progresiones armónicas complejas ni que esté cargada de una poesía a lo Gastón Baquero o Lezama Lima. Ni su voz necesita tener otro color, matiz o técnica. Ricardo tiene las condiciones para ser, en un futuro no muy lejano, ese trovador imprescindible que seguirá cumpliendo sueños.

No recuerdo cómo llegué a su canal de Telegram llamado Inmensidad. Lo cierto es que apenas escuché su canción Pedazo de lluvia, me dije, “aquí hay un trovador en potencia que dará mucho de qué hablar”. Automáticamente me convertí en uno de sus 171 suscriptores.

La avidez musical siempre me desvela. Cuando algo me llama la atención no descanso hasta tenerlo de este lado, en mi mundo. Y hacer, mío, su arte. Telegram te permite escuchar y descargar. Y como soy un comilón de la buena música, fui descargando cada una de sus piezas musicales.

Así llené mis alforjas con los temas, Inmensidad, Alma de lobo, Eva luna, En pleno otoño, La canción que falta, y otras. Cuando terminé, ya era un fan agradecido y feliz de la obra de Cecilia, uno de esos trovadores cubanos que tiene tres nombres y es tan joven como el alba.

Le escribí a la amiga Santa Massiel Rueda, presidenta de la AHS avileña y trovadora. Estaba ansioso porque lo escuchara si es que ya no lo había hecho. Quedó maravillada. Intercambiamos algunas consideraciones que ahora no vienen al caso, y todo quedó zanjado. “A este muchacho hay que traerlo a Ciego, a mi peña o a otro espacio”, me dijo. Santas palabras.

Me regresé a la canción de Ricardo como quien vuelve a casa luego de una batalla campal contra los enemigos de Rusia.

Primero me llamó la atención su voz. Era hermosa. Con un timbre más bien agudo, que nos da esa sensación de algo etéreo, por encima de todo. Y es que en la música, la tesitura más bien alta tiende a dar una referencia espacial. Y los tonos bajos, más terrenal, como de base. Por eso se crea ese equilibrio armónico tan perfecto.

Otro de los elementos de este trovador que me impresionaron fue su dicción. Parecía un profesional de la locución, un artista del ejercicio corporal, de la construcción escénica. Eso es esencial para el ejercicio del comunicador. Y el que hace arte está comunicando algo personal. Por eso tiene que hacerlo de la manera más diáfana posible, ya sea en la forma o a través del contenido.

Cuando ya se estaba anunciando el Encuentro Nacional de Jóvenes Trovadores, Trovándote 2022, y vi el nombre de este tunero en el programa, supe que tendría la oportunidad de conocerlo cara a cara e ir tramitando esta entrevista.

Así llegamos al día del abrazo amistoso y de las palabras afables que solo habíamos intercambiado vía Facebook y Telegram.

Surge entonces este diálogo y, creo, una amistad hermosa.

En el transcurso del evento fui captando las opiniones de los otros trovadores sobre Cecilia. Así podía comparar mi valoración y regresar los pies sobre la tierra en caso de haberlo sobrevalorado. Pero nadie dijo algo distinto de lo que ya pensaba. Veían en este joven una promesa para la trova tunera.

Solo el tiempo dirá el desenlace de esta historia. Son muchas las preguntas que ahora mismo me hago. ¿Llegará a ser el trovador que ya todos esperamos? ¿Torcerá el camino y con ello, el rumbo? ¿La historia de la música cubana será benévola con él?

—Eres miembro de la AHS en Las Tunas, ¿desde cuándo?

—Cuando me licencié del servicio militar empecé a tomar más en serio el hecho de componer canciones. Entonces iba a ir a las peñas de trova que se hacían en la AHS de Las Tunas. Frecuenté estos espacios y comencé a tener relación con el trabajo que hacía la gente de esa organización y es, entonces, que empiezo a hacer el proceso para el crecimiento, pero por teatro. Eso fue en abril de 2019. Me hago miembro por artes escénicas ya que formo parte del grupo Teatro tuyo, en el que hago la música grabada y en vivo. Ha sido mi mejor escuela. Actualmente, soy parte de ese grupo, profesionalmente. Pero tenía la necesidad de cambiarme de sección. No sentía que estaba dando lo mejor de mí en ella porque en realidad, lo mío es la música. Hasta que un tiempo después, logré pasarme para la sección de Música. Y comencé mi propia peña de trova, Luna creciente, que se mantiene de todas las maneras posibles. Cuando no es presencial, por este tema tan complicado como la Covid-19, la hago por Telegram.

—¿Qué significa ser parte de esta organización?

—Desarrollo mediante el crecimiento profesional y el intercambio también con otros artistas, que eso también es fundamental. Ha hecho que nuestra obra y que nuestro trabajo y que nuestro sentir se conozca, crezca, se desarrolle. Y eso para mí es importantísimo.

  • ¿Además de hacer música?

—Trabajo también en el telecentro de Las Tunas. Soy presentador y en la radio. Ese es mi trabajo. No paro. Básicamente no puedo estar sin hacer algo, sin sentirme útil y dar lo mejor de mí.

—¿La familia?

—Lo más grande. Y mi niña de ocho años, Eva Luna. A quién le hice una canción, bueno, que ya conoces. Un bolero. Mi mamá siempre me mostró el beneficio de la lectura. La familia es algo que se tiene que cuidar. A toda costa.

—¿Influencias?

—Mira, a mí me gusta mucho la poesía. ¿No sé si te fijaste que te debería hablar de música? Pero realmente a mí lo que me gusta más de una canción es que diga algo. Cuando te sientas a escucharla, no sea algo vacío, sino que de verdad que tenga un alma. Leo mucha poesía. José Martí, Jorge Luis Borges, Cesar Vallejo, los poetas de ahora, de mi generación, y un poquito más atrás. Ahora mismo acabo de comprar un libro de Gastón Baquero que me encanta. Entonces, musicalmente la trova cubana me toca de cerca, sobre todo la Nueva Trova y la Vieja también, por supuesto, pero tengo mayor influencia por la que hacen las generaciones que tengo más cerca, porque son lo que tienen más que ver con lo que yo veo, lo que estoy viviendo. No te puedo dejar de mencionar a Santiago Feliú, Nelson Valdés, Jorge Dréxler, la música suramericana, brasileña. Aunque ya te lo mencioné, Borges es reiterativo en mis influencias artísticas. Siempre vuelvo a él. De hecho, en Pedazo de lluvia yo parafraseo su Poema del remordimiento, cuando dice, “he cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer, no he sido feliz”, y yo escribí: “Borraste de mí el pecado mayor con tus besos”. O sea, me hizo feliz. A mí siempre me gustó leer, desde chiquito. Mi madre me dio el hábito por la lectura, y por ahí andamos.

—¿Sientes que este Trovándote ya te aporta algo?

—Por supuesto. Yo quisiera que no me dejaran de invitar. Sinceramente. Lo que he visto aquí en Ciego de Ávila ha sido una energía maravillosa, me va dejando una huella hermosa. Eso es genial. La gente te trata bien, y el evento está bien organizado. Se nota que lo hacen con deseos, con sobrada profesionalidad. Me llevo el recuerdo de las personas entrañables que hay en Ciego de Ávila y del cuidado y su cultura, sobre todo con la que hacen las cosas. Una experiencia genial, una tremenda oportunidad de compartir con otros trovadores que conocía y que no. Y el encuentro con el público avileño. Conmigo pueden contar siempre. 

—¿La AHS para ti?

—Lo máximo. Es la plataforma para cumplir sueños. Y te puedo asegurar que ya algunos se cumplieron aquí.

 

Puede que el mundo no brille

en tu color

pero intentaré pintarte

la felicidad del sol.

Eva Luna

Jesús Ricardo Pérez Cecilia

 


No hay Annalie sin guitarra, cuerdas o acordes

Pienso en Annalie López y digo Azucena. Hasta tal punto es sonoro su verso en mi cabeza, hasta tal punto se ha prendido en mí. La conocí en su tierra natal, Guantánamo. Escuchar su voz y ver la maravilla son actos que se desprenden el uno del otro. Hoy entrevisto a esta muchacha que piensa en la música y en la poesía como un acto de lo cotidiano, de ese cotidiano de donde extrae sus ideas, de esa guerra del cotidiano donde el trovador es el soldado más fiel.

¿Cómo nace en ti la inclinación hacia el mundo de la palabra y de la música?

Nace gracias a mi padre y a mi madre. Desde muy pequeña, ellos llenaban la casa de música y de sus melodías, ambos además cantan muy bien. Fue como una inyección de vida a mi torrente creativo desde temprano. Incluso llegué a la guitarra porque mi padre me dio la primera. Claro que no era solo mía en ese momento, la compartía con mi hermano. Siempre tuve esa influencia artística a mi alrededor.

Tu tierra natal, Guantánamo, ¿define quién eres, define tu música?

Mi tierra me define en muchos aspectos, pero no del todo. La música que hago también tiene influencia de otras partes del país. Y de lo foráneo, además.

¿Está el músico siempre, lo quiera o no, atado a su terruño, a su geografía? ¿Se puede hablar en la música de una geografía que es más espiritual que física?

Creo en el dicho de que para saber adónde se quiere llegar, se debe antes saber de dónde se viene. Esto último nunca lo voy a olvidar. Como artista defiendo mi identidad. La música es un lenguaje muy amplio y expresivo. Para mí, es el lenguaje más comunicativo en cualquier geografía, porque escapa de límites territoriales. En mi caso, la música surge como una necesidad: no me cuestiono límites geográficos ni otros. Respeto a quien haga música para una geografía.

¿Cómo definirías a un trovador?

Un trovador es un poeta, un soldado más de la poesía. Sobre todo, un soñador.

¿Dónde encuentras el material para escribir tus canciones?

En la propia vida. En la cola del pan, en los cuentos de mi abuela o en los ojos de mi perro Jam…

A tu entender, ¿cuáles son los principales problemas a los que se enfrenta la juventud artística cubana en estos tiempos?

La mayoría de los  artistas jóvenes de Cuba carecen de  materiales para poder mostrar su obra. Y estoy segura de que los mayores ejemplos son los que suceden en las provincias.

Tras el paso de la pandemia, ¿sientes que tu obra ha sufrido cambios o que tu pensamiento creativo se ha condicionado de otra manera?

Mi obra ha cobrado fuerza. El confinamiento ha logrado que tenga más acercamiento conmigo misma y, por ende, un mayor acercamiento con lo que hago. La situación actual me ha condicionado a tener un contacto más próximo con el mundo de las redes sociales, por ejemplo, lo cual me ha servido de publicidad.

¿Hasta qué punto la poesía dicta tu discurso, y de qué manera lo integras luego en tus composiciones?

Veo poesía en todo lo que observo. Es un acto inherente a mí. Y lo aprovecho traduciéndolo en música hasta donde sé, hasta donde puedo. La creatividad es un  modo de vida. Las ideas están ahí, en todas partes. Y donde menos lo esperas.

Has sido nominada a no pocos premios, entre ellos los Lucas y Cuerda Viva: ¿cuál es la función de los premios en la vida de un artista?

Mi compromiso con la música es un hecho, y estas nominaciones son estímulos válidos para afianzar este compromiso. Además, agradezco ser parte de los artistas reconocidos en espacios que honran a los talentos de esta geografía. Llevo al público lo mejor de mí, canto al amor porque el amor está en todas partes.

Estoy segura: el buen arte conquista. Y puede salvarnos incluso de nosotros mismos.

Más allá de la guitarra y de la música, ¿quién es Annalie?

No hay Annalie sin guitarra, cuerdas o acordes.


Vicente Feliú, nuestro Maestro de Juventudes (+ Fotos, tuit y video)

Su partida duele, y mucho. Dicen que se fue cantando, con los acordes de La Bayamesa de fondo. Siempre habrá mucho de mística en Vicente, nuestro Maestro de Juventudes, fiel como pocos a su épica personal, a sus ideas y las pasiones del corazón, íntimamente relacionadas con las de Cuba.

En el momento de la muerte, decenas de amigos estábamos en Casa de las Américas, a punto de comenzar un concierto, que rápidamente se convirtió en su homenaje. La noticia llegó, y la tristeza recorría las mareas de nuestras almas. Allí estaban los jóvenes músicos Nelson Valdés, Leannelis Cárdenas, Rey Montalvo y Rodrigo Sosa, la musicóloga María Elena Vinuesa, el teatrólogo Jaime Gómez Triana, el intelectual Abel Prieto…, y muchos otros amigos. 

En las últimas horas hemos vuelto a sus canciones. Las oímos en nuestros hogares, en peñas y voces de trovadores que siempre contribuyen a la vida. Las imágenes de momentos cerca de él rebotan en nuestra mente, con la certeza de que él siempre seguirá palpitante, repleto de energías, en el imaginario de Cuba, en sus venas musicales y de amor a la nación.

Escuchar hablar a Vicente Feliú, fundador del Movimiento de la Nueva Trova —del cual fue presidente—, era como beber de un manantial de enseñanzas, más allá de la trova.

Con normalidad dejaba perlas como: “El trovador es un poeta que canta…”, “…está dispuesto a defender sus canciones hasta las últimas consecuencias” y “…la juventud es un estado de rebeldía, de herejía”.

Varias veces compartió con nosotros en diálogos que no olvidamos. Sus ideas salían acompañadas de recuerdos y anécdotas de momentos singulares de la historia trovadoresca del país y América Latina, junto a otros grandes como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Lázaro García, Augusto Blanca y José Andrés Ordás.

Autor de discos como Créeme, No sé quedarme, Arte poética, Aurora, Guevarianas y Colibrí, reafirmaba su confianza en las nuevas generaciones de creadores, a quienes incitaba a ser valientes y arriesgarse, porque “no lanzarse es señal de que se está envejeciendo”.

Con voz de hermano grande, aseguraba que “la trova es también una actitud, no basta con cantar y saber tocar guitarra”. Sobre aquellos tiempos fundacionales del Movimiento de la Nueva Trova, en un Encuentro con…, espacio conducido por la periodista Magda Resik, reconoció que institucionalizarlo laceró algo surgido de manera espontánea, con un profundo sentimiento de amistad colectiva y amor a la música, especialmente a esa que sale del alma.

Vicente Feliú en el espacio Encuentro con, en el Pabellón Cuba

“Pero era necesario hacerlo, porque vivíamos un momento muy complejo, en el cual algunos de nosotros estábamos en lugares diferentes”, expresó quien interpretó sus canciones en más de 20 países.

Acerca de los primeros años de la Revolución, dijo que fueron impactantes. “De momento, los jóvenes éramos protagonistas de todo. Los triunfos de la lucha en la Sierra Maestra y luego en Girón nos estremecieron, y a la vez se lograron gracias a las nuevas generaciones de entonces, como también la campaña de alfabetización”.

“Hubo quien compuso canciones por primera vez después de la victoria en Girón, por eso nuestra creación también estuvo influida por todo eso. A veces, no pensamos que con esa invasión pudo terminar la Revolución”, agregó este hombre de hablar pausado y amor tremendo a su país.

Agregó que el éxito de la Nueva Trova en América Latina también estuvo favorecido por el proceso revolucionario en Cuba y su impacto internacional. “Nosotros y nuestras canciones eran la imagen de lo que sucedía aquí. En ocasiones, llegábamos a Argentina y otras naciones, y conocían nuestros temas, los copiaban de un casete a otro.

“Recuerdo que cierta vez me pidieron que escuchara uno para identificar las voces de quienes cantaban, pero casi ni se entendía. Ese era resultado de muchas grabaciones”, refirió sonriente.

Vicente, el niño que aprendió a sacar melodías de las guitarras con su padre, el hermano del también sobresaliente Santiago Feliú, era un ser humano natural y sincero, igual que sus temas, cuya singularidad más entrañable radica en el alma noble y valiente de cada palabra y melodía.

El propio Silvio Rodríguez lo dijo en ocasión de cumplir Vicente 70 años: “… si este amigo tiene fama de algo entre sus compañeros —además de trovador irreductible— es de nobleza humana. Y es que todos sabemos que él siempre ha sido el más dispuesto al sacrificio, verdadero cantor de barricadas, tantas veces no bien gratificado”.

Según publicó en su blog Segunda cita en noviembre de 2017, Vicente “era uno de los estudiantes más aguerridos de la secundaria. De todos nosotros era el que parecía un héroe y, a la vez, el más elegante, el único que casi siempre andaba en saco. Nunca pude explicarme cómo conseguía aquel balance entre muchacho de clase media y feroz combatiente”, esto último seguramente en referencia a la etapa de ambos en la guerra de Angola, donde miles de cubanos pelearon por liberar aquel pueblo.

Nacido en noviembre de 1947 en La Habana, Feliú, Maestro de Juventudes, distinción más importante que entrega la Asociación Hermanos Saíz a personalidades de la Cultura, también demostró su dedicación y voluntad para ayudar a los demás durante sus 15 años en la dirección del Movimiento de la Nueva Trova, lo cual limitó su tiempo para crear.

Vicente fue fiel en todo momento a la música y la guitarra, partes inseparables de sus esencias. Así seguirá siempre donde esté. Me recuesto al espaldar de la silla, y lo escucho otra vez, con ese estilo inconfundible. Gracias por tanto, Maestro. Siempre te recordaremos cantando.

 
 

Canto Adentro, un evento para pensar y sentir la trova

Del 19 al 21 de noviembre llegará el Festival de Trova Canto Adentro, auspiciado por la Asociación Hermanos Saíz en Camagüey, y que en esta novena edición está dedicado al aniversario 35 de la organización y a la figura de los músicos Patricio Ballagas, Filo Torres y Miguel Escalona. Como homenaje a estos trovadores agramontinos el evento dedicará un espacio caracterizado para conocer sobre estos artistas distintivos del género musical en la provincia.

De acuerdo con el programa, se prevé para estos tres días talleres, conferencias, conciertos e intercambios entre artistas locales e invitados. Luis Alberto Barbería Días, fundador y miembro de Habana Abierta, dialogará sobre composición y producción musical; mientras el cantautor Ronkalunga, la agrupación femenina Motivos Personales y los protagonistas del reciente proyecto Trovesías serán los concertistas en esta ocasión.

Harol Díaz, fundador de Canto Adentro, resaltó la esencia del festival en sus nueve años, donde «el motivo es la música como un camino para encontrarnos y definirnos”. Dijo además que la cita surgió «para reivindicar la trova agramontina, llevarla a todas partes, incluso a quienes no conocían o disfrutaban de este género musical, pero que pudieran sentir en su lírica un canto a la libertad, a la belleza de la vida, las emociones y, por supuesto, una expresión de pensamiento crítico sobre nuestro contexto».


«He tenido novias celosas con mi guitarra»

Entrevista al joven trovador guantanamero Pedro Antonio Sánchez Zapata

Lo conocí cuando estudiábamos en la Universidad de Oriente. Nunca le gustaba peinarse y una guitarra convertía a este joven creador en un itinerante juglar. Muchas veces leí poesía en su peña Guitarra a luz. No probé ninguno de sus platos cuando fue cocinero en varios paladares, pero he admirado desde siempre su compromiso con la música. Recibí clases de narratología de él, sin embargo, no he leído ninguno de sus cuentos. Casi por casualidad, nos encontramos nuevamente en la Universidad de Oriente. La entrevista que habíamos ensayado vía digital, la realizamos en un ambiente particular. Una casa tranquila, un piano, dos guitarras que servían como una invitación a tocar. Pedro cogió un colchón, lo tiró al suelo, y nos sentamos a tomar café. Me sentí como si estuviéramos en la beca en la etapa universitaria. No sabía por dónde empezar. Aunque conozco a este amigo universitario y rebelde, hacía varios años que no hablábamos de libros, música o del mundo “patas arriba”. Más que una entrevista, es un regalo envuelto en palabras, en los acordes de una guitarra.

¿Cuál fue tu primer acercamiento a la música?

Soy de Guantánamo y mi primer acercamiento a la música como espectador fue gracias a mi papá. En casa desde pequeño se consumía la nueva trova. Él tenía un gusto musical muy bueno. Escuchaba mucho a Steve Wonder, Van Van, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Bob Marley, Alejandro Sanz, y eso de alguna manera me fue formando. La conciencia de la musicalidad y de lo que era bueno no lo tenía. De hecho, recuerdo cuando estaba en la primaria, llegaba a casa cantando reguetón, entonces mi padre hacía un ejercicio educativo y me hablaba de una particularidad musical, de algo que me pudiera parecer curioso. Por ejemplo, este músico se hizo importante gracias a un hecho y lograba motivarme hasta el punto de hacerme sentir curiosidad e indagar sobre eso. A partir de ahí, fui buscando la variedad de música que me gustaban, pero confieso que ese inicial acercamiento por la música fue gracias a lo que escuchaba de mi padre.

Sin embargo, ¿cómo a los 17 años te iniciaste en la trova?

Recuerdo que a esa edad se escuchaba mucha música romántica, pop rock latinoamericano y estaba muy pegado Buena Fe. Hice algunas canciones que luego no me gustaban, pues cuando pasó el tiempo me di cuenta que eran canciones ingenuas, construidas a partir de una fórmula de la cual yo no era consciente, pero era la fórmula utilizada por los compositores para hacer sus canciones.

Luego llegas a la Universidad de Oriente y creas la peña Guitarra a luz en el que se generaba un ambiente favorable para los jóvenes ¿Cómo surgió esa idea?

Sí, cuando llegué a Santiago conocí al trovador Jorge Noel Batista. Gracias a él intercambié con otros compositores que hacían cosas atrayentes y no se parecían a lo escuchado por mí anteriormente. De ahí nació un proyecto en común, en el cual tener un lugar para tocar nuestras canciones. Hay una persona maravillosa e importante que es Roberto Tremly, quien nos abrió las puertas de Extensión Universitaria, y de alguna manera nos colocó en el panorama musical de Santiago de Cuba.

En aquel momento había peñas en la AHS, en el Cabildo Teatral, existía una vitalidad muy importante no solo para mí; también para Jorge Noel Batista y Reynier Fernández era muy bueno sentirse parte de eso. Yo que no soy santiaguero estar en la cuna de la trova y tener un espacio con un nivel de condiciones decorosa para hacer mis canciones, con audio, con un público muy acogedor, interesante y activo, era mágico.

Recuerdo que la peña tenía un público muy fiel…

Tienes toda la razón. La gente repetía la asistencia, incluso había quienes tenían a la peña como parte de su vida.

Ustedes tocaban muchos temas del trovador Josué Oliva…

Sí, de hecho la peña se llamó Guitarra a luz en homenaje a un tema de este trovador. Él fue la primera persona que admiré desde la trova. Es un trovador no muy conocido pero con una obra musical, a mi juicio, impecable. Incluso en unos de los aniversarios de la peña estuvo con nosotros allí.

¿Cómo conjugaste la carrera de Letras con la trova?

Entré estudiando en la Universidad de Oriente la carrera de Ingeniería Eléctrica, porque mi formación académica era de la Escuela Vocacional de Guantánamo, en un aula de concurso, donde entrenaba Física y me gustaba mucho la programación, las matemáticas. En Ingeniería Eléctrica me iba súper bien, pero hice el cálculo mal hecho y sin experiencia, de que si me dedicaba a una carrera de Humanidades tendría mucho más tiempo. Tenía el prejuicio de muchos ingenieros, que una carrera de humanidades es fácil. Y la realidad es que le dedicas el tiempo a lo que quieras hacer; eso depende de ti y no solo de lo que estudies. Entonces me cambié para la Facultad de Humanidades, revisé los planes de estudio gracias a la ayuda de amigos y la carrera más acorde con mi formación como compositor fue Letras. Lo que pasó luego es que le dediqué muchísimo tiempo, pero fue un accidente feliz, porque mi gusto por la lectura y mi gusto crítico por la literatura, tenían tanto en mi vida como la música. Disfruté esa etapa, mis composiciones cambiaron, logré sintetizar las canciones, y lo otro es que el panorama literario permitió rodearnos de escritores, estar muy cerca de los eventos literarios en algo que se llamó la Chagotrovancia.

Cuando sales de la universidad, ¿cómo logras establecer un equilibrio entre la vida laboral y la música?

Equilibrio realmente no hubo. Empecé a trabajar cuando estaba en cuarto año de la carrera para pagar la renta en una casa, porque tomé la decisión de alquilarme fuera de la residencia estudiantil de la universidad. Recuerdo que fui custodio, luego estuve en una brigada de construcción y ya el trabajo más estable fue cuando trabajé en restaurantes. Eso lo continué haciendo durante cuatro años más o menos, luego de graduarme de la universidad. Pero en el afán de mantener un status económico y vestir, comer, ese trabajo consumió todo el tiempo que debí dedicarle a la música. Por ejemplo, estaba 16 horas como cocinero y eso limitaba mucho mi actividad como músico, pero no mi creatividad como compositor. Yo seguía escribiendo, investigando aunque no me presentaba ya en ningún festival.

¿Consideras que fue un tiempo de espera, de maduración tuya como músico y compositor?

Creo que fue un tiempo necesario. Mira, cuando tienes 19 años y alguien te dice que haces buenas canciones, ese peso está sobre ti todo el tiempo. Eso crea una ilusión de paradigmas, de lograr metas, te llega ese afán de ir para La Habana, hacer giras y eso le pasa a mucha gente joven, es decir, visualizar una meta y no el camino. Entonces al verme apartado de todo eso, vi mi música como lo que quería decir y lo que quería hacer, no como un fin para ser famoso que supongo es bueno. Pero empecé a madurar en esa idea de uno joven de cogerte el mundo para ti, y lo aprendí por hacer canciones que me aliviaran en el día a día. No buscando pautas comerciales.

Es como el creador que no solo crea para sí, también está presente el público que lo va a recibir. ¿Eso lo lograste entender mejor en este tiempo de aparente impasse?

Sí. Hay mucho de lo que me ayudó a lidiar con el trabajo y con la vida, hay mucho en las canciones. Esa transparencia, esa honestidad cuando haces esa canción que te rehabilita es fundamental. Y me ayuda a valorar el espacio que estoy teniendo para hacer música. 

En Camagüey tienes más espacio, más tiempo para crear. ¿Esta provincia es más propicia para un creador?

En Camagüey tengo más tiempo. No tengo la inmediatez que tenía en Santiago de trabajar y trabajar. También he tomado la decisión de priorizar mi música aunque tenga menos solvencia económica. Es algo difícil pero me siento contento.

¿Al parecer la decisión de priorizar tu música ya brinda sus frutos?

Sí, tuve el privilegio de conocer a Wilmer Ferrán, el director de Rumbatá. Y en el momento que lo conocí yo estaba grabando un DVD modesto en los estudios Caonao de la EGREM en Camagüey. Esta pequeña producción fue financiada por la AHS, la cual me ha apoyado muchísimo, lo cual agradezco de todo corazón. En ese proceso Wilmer, muy humildemente, me pide grabar dos canciones con Rumbatá, cosa que agradeceré toda mi vida. Hubo una excelente química hasta el punto de grabar cuatro canciones y Wilmer fungió como productor del disco. Existió una gran complicidad musical. Gracias a eso mi DVD es mucho mejor, porque no tengo esa experiencia de enfrentarme a un estudio de grabación. Lo que se graba queda, y para que eso funcione debe haber una dirección musical y eso lo logramos gracias al apoyo de Rumbatá.

¿Qué opinas de la trova que se hace en Cuba hoy?

Mira, yo no veo la trova como género, la veo más bien como un estilo, similar al jazz. Y desde ese estilo asumes géneros como el son, el blues, el funky, aunque de manera abierta, sin restricciones musicales, lo cual hace de un trovador, un creador muy ecléctico y bastante universal. Entonces lo que diferencia a la trova de esos géneros puros es la búsqueda del lenguaje. Por ejemplo, cuando escuchas a Carlos Varela o Santiago Feliú puedes hallar diferencias o saltos poéticos mayores o menores, pero el ejercicio del lenguaje va en una búsqueda determinada, no es estable, no es fijo. Hay códigos en la música popular que en la trova no es una fórmula. Los trovadores tienen tantas formas de decir como trovadores hay. Pero a nivel musical no creo que la trova sea un género.

Quizás esa libertad creativa lleva intrínseca una rebeldía desde el punto de vista conceptual y formal.

Sí, creo que la formación de la idiosincrasia trovadoresca va sobre una figura que puede ser vista como ambigua y rebelde. Esta búsqueda que no permite al crítico o al académico encasillar al trovador, y que no se sabe qué esperar de él en cuanto a su propuesta, puede ser complicado de entender, pues no te pueden parametrar.

cortesía del entrevistado

¿Cómo es el proceso creativo?

Es complicado, pero hay dos consejos importantes por los cuales llego a la canción. Una vez Raúl Torres me dijo que él escribía todo lo que se le ocurría. Eso es un ejercicio súper difícil porque debes estar alerta todo el tiempo. Lo que la gente le llama la musa pasa en cualquier momento, entonces hay que estar preparado siempre y es difícil de asumir. Roly Berríos me dijo que cuando él compone se imagina a un Roly que está ahí escuchando. Y en una entrevista de Fito Páez expresó que si a uno no le gusta algo es que no estamos preparados para entenderlo. La ignorancia nos hace restrictivos. Si no tienes las herramientas para entenderlo, es difícil que te guste. Por eso, trato de trabajar en todo lo que hago, de hacerlo para mí, y de ser abierto a lo que estoy haciendo, no despreciar matices, géneros, palabras.

¿Qué quisieras lograr cómo trovador?

Sabes, ya no proyecto mis búsquedas musicales como trovador, me interesa la música y hacer música porque ese es mi karma. Creo que no me puedo restringir a la trova. Quiero ser músico y lograr un pacto comunicativo con quien la escuche. Eso lleva a un nivel de transparencia y honestidad muy difícil, porque cualquiera escribe acerca de lo que él supone que los demás quieren oír; sin embargo, es difícil escribir de lo que uno no le diría a nadie jamás, o sea, mostrarte a la gente, ser sincero y honesto con cosas que guardas y no eres capaz de soltar afuera. Deseo que mi crecimiento musical, popular o no, priorice esa sinceridad, ese pacto comunicativo con el oyente.

La guitarra, ¿complemento o complicidad?

He estado experimentando con otros instrumentos como el bajo, el tres o la percusión que me llama mucho la atención, pero siempre vuelvo a la guitarra. Ya es algo inseparable que no depende de las canciones. Hay mucha complicidad con ella, como si me conociera de antes. De hecho, existe tanta conexión que he tenido novias celosas con mi guitarra.


Rey Montalvo: Discurso de Primavera es un concierto de la amistad (+videos)

Desde el acogedor teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, Rey Montalvo Vasallo offreció un concierto íntimo al que todos y todas podemos asistir a través de la magia del audiovisual. Discurso de Primavera, el tercer álbum de este joven cantautor cubano, matancero, ya está disponible en las plataformas digitales de la música, entre ellas Sandunga, disponible para Cuba.

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Jornada de la Canción Política: El mérito de permanecer

Como una plataforma cultural que ha desbordado las fronteras musicales y que ha generado otras manifestaciones artísticas en Guantánamo, así ve la Jornada de la Canción Política el musicólogo guantanamero José Antonio Cuenca Sosa, director del Centro de información y documentación musical Rafael Inciarte Brioso.

“La Jornada tiene el mérito de permanecer. Muchos eventos culturales en Cuba tienen una vida efímera, pero este, con un nombre sui géneris y que ha traído sus polémicas, tiene esa virtud de haber persistido y convocado a figuras importantes no solo de la Nueva Trova, sino de la música en general”, afirma Cuenca y agrega:

Según Cuenca la Canción Política es un evento multiplicador, generador de iniciativas y que potenció el surgimiento o desarrollo de diversas figuras./ foto tomada del periódico venceremos

“El surgimiento del evento marcó un momento importante en la vida cultural de Guantánamo y contribuyó a visualizar el trabajo que venían realizando los trovadores de esta región, con una historia trovadoresca.

“Entonces en el país ya existían algunas citas como los activos de la Nueva Trova, que acogimos en más de una ocasión; entre ellos y la Jornada ayudaron a ir conformando un movimiento. También fue significativa la vinculación de músicos importantes de la provincia que no hacían precisamente nueva trova, y que desde el inicio hubo cercanía con la literatura y hasta con las artes plásticas. Eso creó un ambiente cultural en la ciudad en el mes de agosto”.

Sobre las polémicas que ha desatado el nombre del evento, considerado el más antiguo de la Asociación Hermanos Saíz, Cuenca Sosa asegura que se debe tener claro que la trova no es un género musical, sino una concepción ideo estética que se forma a través de disímiles géneros: son, bolero, changüí, jazz, blues…

“Se debe pensar en eso no como algo reduccionista, sino al contrario, si el evento mantiene el nombre de Jornada de la Canción Política debería ver por quiénes están haciendo ese tipo de canción hoy. Por ejemplo, el movimiento del rap.

“Hay que tener una visión ecuménica de todo esto. No es que perdamos esas cosas identitarias del trovador con su guitarra. En un mundo como el de hoy donde todo se mezcla, creo que otros exponentes deben tener su espacio en la Jornada. Ya no se pueden separar las cosas porque se está conviviendo en un entorno musical cubano y si algo tiene calidad artística y aporta al mejoramiento humano, debe tener un lugar aquí y, con eso, se enriquecen trovadores, raperos y el mundo.

“El evento no debe perder esa visión que tuvo desde el principio. En los 70 no había muchos géneros ahora en boga, pero sí se hubo vínculo con el changüí, la trova tradicional, el son, etc.

“En cuanto a lo que el nombre se refiere, hoy en día muchas veces aunque una canción trovadoresca sea desgarradoramente íntima, siempre te das cuenta de que tiene un vínculo con la realidad cubana. Por supuesto, lo tiene desde muchas ópticas, pero siempre se puede detectar un basamento que demuestra que los jóvenes cubanos siguen haciendo canción con compromiso. No hay por qué cambiarle el nombre a la Jornada, solo actualizarse”.

De acuerdo con el musicólogo el evento podría seguir mejorando en lograr la presencia de lo mejor de la nueva trova en el país y en potenciar un segmento teórico de peso, en el que se pudieran abordar temáticas relacionadas con el movimiento trovadoresco y que podrían ayudar en la preparación de sus exponentes actuales. También se podría retomar el concurso para el cartel de cada edición y que, de paso, esa lid rinda homenaje a Alfredo Rosgart, guantanamero creador del cartel La rosa y la espina, que identificó a la Nueva Trova al llevar su nombre.

“Podríamos desbordar los marcos de Guantánamo y Cuba, trayendo exponentes de otras naciones que defienden ese tipo de canción. Hay muchas zonas de conflictos políticos, medioambientales, donde los músicos tienen una fuerte participación de denuncia, de reflejo, de crítica. Traer a algunos de ellos sería una oportunidad para visualizarlos y nutrirnos para aportar más al desarrollo de la música en el país, en un contexto lleno de retos respecto a la Cuba del futuro”.

(Versión de entrevista publicada en la Multimedia Canción en ristre, 40 años de la Jornada de la Canción Política, producida por la AHS y RTV Comercial)


Silvio Alejandro y sus «tres tazas»: poesía, música y empeño

Por: Leydis L. Hernández

Trovador de formación autodidacta en un país con grandes exponentes del género. De nombre Silvio, de apellido Rodríguez, y ningún vínculo por consanguineidad con el dueño del Unicornio Azul. Adolescente en los inmortales años 90. Contador de historias propias. Padre de dos y joven siempre, Silvio Alejandro se ha labrado un espacio en ese universo complejo, apasionante y extenso que se conoce como Trova Cubana.

Dice que la música de Carlos Valera le «voló la cabeza». Que aún tiene frescas en la memoria las imágenes del muchacho que habitaba los lobbies de los edificios del barrio donde creció, para escuchar a sus amigos cantar acompañados de la guitarra. «Se que mis padres tuvieron que hacer un gran esfuerzo para poner comida en la mesa, pero yo estaba demasiado absorto en lo que se me iba la vida»

Y, básicamente, la vida se le iba en escuchar, en aprender, pero, sobre todo, en intentar compartir con otros lo que él tenía para expresar: eso siempre es un acto de valentía, más que de petulancia. Es, en definitiva, la primera evidencia de esa «cara durísima» que lo ha acompañado a lo largo de su existencia y que lo ha ayudado a construir su carrera artística. «Yo me preparé y me esforcé muchísimo; y creo que nunca le tuve miedo a hacer el ridículo», cuenta vía WhatsApp.

Entre las incontables alternativas artísticas para transmitir su visión del mundo, Silvio Alejandro escogió la poesía cantada. “La trova me sedujo como ninguna otra música, en ella encontré figuras que hablaban mi lenguaje. Además, este género lanza muchos caminos de satisfacción humana. Yo creo que toda la trova ha estado ligada a las preguntas esenciales del amor, de la vida y me convenció de que es un universo infinito y que uno podía desandar toda la vida por ese camino y nunca llegar al final”.

Marzo de 1999 fue una especie de parteaguas en su trayectoria profesional, cuando fue invitado a participar en el encuentro Music Bridge, que reunió a más de 300 artistas, tanto estadounidenses como cubanos, y que tuvo como colofón un concierto en el teatro Karl Marx. “Fue una experiencia monumental, que me permitió conocer e intercambiar con grandes artistas; un puente musical entre Cuba y los Estados Unidos”.

Silvio Alejandro reconoce que no es un trovador “químicamente puro”; que hubo un tiempo en que cantaba como su célebre tocayo y que ha recibido la influencia de sus referentes musicales, que van desde los clásicos cubanos, transitando por sus compañeros y colegas de generación hasta las sonoridades imprescindibles de otros mundos. Pero, en definitiva, ¿quién -que se considere eterno aprendiz- logra escapar de las influencias?

 Al que no quiere trova, se le dan Tres Tazas

Proveniente del refrán popular, Al que no quiere caldo…, surge el nombre de la peña que desde 2008 coordina, con el apoyo, entre otras instituciones, de la Asociación Hermanos Saís y el Centro Nacional de Música Popular. Todos los viernes, a las cuatro de la tarde en el Pabellón Cuba, se fragua una atmósfera para musicalizar la poesía, compartir sentimientos universales y esconderse por un rato de la realidad.

Tratándose de un espacio como este, 13 años es una larga vida que Silvio no pudo imaginar, “porque muchas veces las peñas enfrentan la maldición de lo efímero, pues sobre ellas soplan vientos muy fuertes”. Sin embargo, ahí ha permanecido Tres tazas cada jornada, con el gran mérito, ya no de la sobrevivencia al paso del tiempo, sino también, a lo que se repite.

“La cotidianidad puede parecer aburrida, pero está llena de detalles maravillosos y esenciales en la vida de las personas”, explica, para después subrayar una verdad de Perogrullo: “Todos los días no son iguales. A veces la peña queda espectacular, otras no tanto”. El valor está en entregarse a ese momento, en vivir cada viernes como único. “En no tener complejo de que la gente te vea con la misma camisa y los mismos zapatos”.

Tres tazas es, también, puerta abierta, refugio, y, en definitiva, oportunidad para quienes empiezan. Hasta allí llegan los más jóvenes, casi adolescentes, con un pedazo de sus sueños a cuestas y encuentran ese anhelado chance de que alguien escuche lo que tienen que decir. Para ellos está Silvio Alejandro, y no podía ser de otra manera. Él también quiso, quiere, que el mundo sepa lo que tiene que decir. Él busco también ese chance en una época y un contexto en los cuales no existían tantas posibilidades como ahora. Él, en definitiva, sabe que “cuando peor van las cosas, una canción puede salvarte”.

Trece años después -y una pandemia- hay peña Tres Tazas. Hoy, a las cuatro de la tarde, Silvio Alejandro Rodríguez estrenará, en el escenario virtual, un concierto único de celebración, acompañado de colegas y amigos como Annie Garcés, Diego Gutiérrez, Eric Méndez, entre otros. Esta vez, un viernes y un trece se funden en una celebración de esperanza.