música


Debate en pos del desarrollo cultural de la nación

El año 2022 fue de esos períodos que puso a prueba no solo el talento de los artistas e intelectuales avileños, sino también, la capacidad transformadora y de iniciativas de los cuadros directivos del sector de cultura y de cada institución artística.

Durante los dos años de intenso azote de la Covid 19, hasta la actualidad, el gremio artístico de Ciego de Ávila no ha dejado de hacer a favor de la cultura ni de defender los preceptos y valores que distinguen su identidad.

Por ello al analizar los aciertos y desaciertos del período, en la asamblea de balance anual, se expusieron los principales logros pero también se llamó por su nombre las insuficiencias que atentan contra el desasrrollo cultural en el territorio.

¿Cómo se logra mejor uso de las intituciones culturales? ¿Cómo hacer uso racional de los presupuestos asignados al sector? ¿Qué estrategias poner en práctica para equiparar las presentaciones de los artistas del catálogo de empresas nacionales y los de la provincia?

Estas y otras interrogantes marcaron el diálogo, que dejó bien claro que los presupuestos reducidos, del pasado año a este, aún son insuficientes, sin ignorar las actitudes creativas de los artistas, y también la necesidad de cada acción que se dirija a la comunidad como eje central de la cultura debe ser realizada teniendo en cuenta las tipicidades de cada una y no acciones por normas que dejen los objetivos a medias.

Cada uno de los presidentes y directores de instituciones se refirió a las realidades objetivas de los resultados y se hizo necesario reconocer lo hecho en el período por la vanguardia artística de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), los resultados de la Empresa de Promoción y Comercialización de la Música y los Espectáculos, Musicávila, quien se agenció por cuarto año consecutivo el reconocimiento de “Destacado Nacional”, que entrega el Sindicato Nacional de Cultura, los esfuerzos de la membresía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) por rescatar la imagen y funcionalidad de la sede de la filial avileña, así como otros inmuebles de las artes escénicas que se revitalizaron gracias al apoyo incondicional del gobierno y el partido en el territorio.

El viceministro del ministerio, Fernando León Jacominio, elogió la unidad institucional que existe en la provincia, lo que permite logros como el funcionamiento e impacto de la comisión Cultura-Turismo-Espacios Públicos, así como de la Comisión de Programación, y llamó a interiorizar el papel protagónico de la cultura en la sociedad.

El momento permitó reconocer a las instituciones con labor relevante y a Rodolfo Mederos, por su huella y trabajo en el período en que asumió como director cultura, lugar que ahora ocupa el actor y dramaturgo Juan Germán Jones Pedroso.


Conrado Monier: toda una vida a la música

La Asociación Hermanos Saíz de Guantánamo entregó al maestro Conrado Monier el premio de la sección de Crítica e Investigación Ernesto de Las Cuevas por su contribución al desarrollo cultural del territorio.

El galardón, que se lo otorgó en el marco de la Fiesta a La Guantanamera también a la iniciativa comunitaria Patio de Rosendo, de Baracoa, busca estimular a quienes en su haber tributan a visibilizar la creación artístico-literaria cubana y preservarla para las nuevas generaciones; precisamente han merecido este honor, el proyecto Claustrofobias, de Santiago de Cuba; los Premios Maestros de Juventudes Fernando Martínez Heredia y Olga Portuondo, así como instituciones como la Casa del Caribe y la Universidad de Oriente.

El “Ernesto de Las Cuevas” se suma a la larga lista de reconocimientos que posee el instrumentista y arreglista musical, especialista en música coral y quien recientemente recibió el Premio Maestro de Juventudes.

Graduado de la Escuela Nacional de Arte (ENA) en 1979, en la especialidad de saxofón, Monier acumula una importante trayectoria como músico con obras que integran el repertorio de varios conjuntos a nivel nacional, por ello se agenció en 2019 el Premio Anual de Música, de la Asociación de Músicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) como reconocimiento a su trayectoria en la manifestación.

Conrado tiene ya 43 años de vida artística. Sobre sus pasiones y memorias en estas décadas conversé en esta entrevista al también merecedor del Premio de Honor Cubadisco 2015.

Lo rítmico, ¿es hereditario?

Hijo primogénito de Conrado Pedro Monier Chivas (Tito Monier), un destacado y carismático músico y lutier, y de Elisa María Ribeaux Maceo, nace en Guantánamo, en el seno de una familia imprescindible para la historia de la música local. En casa, entre sones, boleros y changüíes, junto a sus hermanos hoy también destacados músicos, empieza a surgir la vocación.

“Papá era carpintero ebanista, hacía todo tipo de instrumentos musicales y sabía tocar la guitarra. Incluso se hizo trovador. Poseía gran voz de sonero, con un timbre peculiar, y amaba la música; algo que trasmitió a los cuatro hijos.

“Todos nos inclinamos por la manifestación y la estudiamos en Guantánamo en 1963 en la academia que dirigía Antonia Luisa Cabal, mi segunda madre; ella me orientó, pulió el talento que vio en mí y no la defraudé. Al graduarme, regresé a trabajar con ella hasta sus últimos días. También recibí lecciones de Rafael Inciarte Brioso y Rolando Fernández, figuras decisivas en mi formación.

“En la ENA de La Habana cursé nivel medio. Había hecho el pase de nivel en viola, pero tenía las manos muy pequeñas y tuve que cambiar a saxofón, aunque también sabía tocar piano y violín, algo que me ha servido mucho a la hora de escribir para los diferentes formatos musicales.

“En la capital estuve bajo la tutela de grandes profesionales como la húngara Agnes Kralovszky, quien me enseñó música coral, y los saxofonistas Miguel Villarruela y Osvaldo González, con el último de los cuales di los primeros pasos en el saxo. Asimismo, tuve de compañeros a personalidades como Joaquín Betancourt, Adalberto Álvarez, José Luis Cortés (el Tosco)…”

¿Y lo de arreglista-compositor?

“A mí siempre me ha gustado investigar, conocer por qué las orquestas americanas, cubanas y europeas tenían sonoridades distintas; esa indagación alumbró en mí el deseo por hacer orquestaciones propias.

“Orlando Vistel Columbié, ex presidente del Instituto Cubano de la Música, me indujo a participar en los concursos de música popular que se hacían en La Habana para formar una orquesta sinfónica gigante y banda de jazz con lo mejor de la escuela. Mi primer montaje fue para saxofón alto, e interpretó Miguel Villafruela.

“Luego trabajé con Rafael Inciarte, quien tocaba con Compay Segundo, y Juanito Inglés, que trabajaba con Pachito Alonso. Ellos querían defender la música cubana y me nombraron director del conjunto, cuando me quedaban dos años para graduarme. Yo hacía los arreglos y ellos en La Habana lo tocaban. En Guantánamo esas piezas marcaron momentos importantísimos como la inauguración del poligráfico, junto a Omara Portuondo y otros artistas.

“Ahora lo coral, por otra parte, lo llevo bien arraigado en mí: estuve 26 años ininterrumpidos vinculado a ese tipo de formato. La primera vez que viajé al extranjero fue para el concurso internacional de coros en Viena, Austria, donde ganamos el segundo lugar con piezas cubanas, que adapté junto a Conchita Casals, ex directora del Lírico de Holguín.

“Desde entonces he hecho composiciones de obras de Nicolás Guillén como La tarde pidiendo amor, Mulata, Me vendo caro, con las que obtuve el tercer lugar en un concurso nacional en 1988; además con el Canto del bongó, a la que le incluí reginas del changüí, conquisté mención en el Concurso de Música Coral que auspician la Agencia Cubana de Derecho de Autor Musical y el Instituto Cubano de la Música. Todas por composiciones auténticas.

“Soy más arreglista que compositor. Porque el primero abarca muchas áreas del conocimiento, requiere mayor bagaje cultural, demanda explorar múltiples aristas musicales, para ponerle los diferentes instrumentos a las letras de un autor, ello garantiza que las obras triunfen o perezcan en el tiempo.

“De hecho, mis primeras creaciones para coro fueron a partir de desarreglar lo que estaba hecho, incluso con obras de Electo Silva, lo que me trajo algún que otro problema, pero era cosa de jóvenes siempre ansiosos por crear.

“También incursioné como productor discográfico de fonogramas como Semblanza Musical Guantanamera (1985), Cantan los niños (1995) que obtuvo el Premio EGREM de Música Infantil; Me doy a Querer (2004), del Coro Masculino de Guantánamo; Mi Aldea (2004), de la Banda provincial de Conciertos; así como Reparador de Sueños, de Schola Cantorum Coralina, que obtuvo premio especial Cubadisco en el año 2009”.

Crear es lo único que salva

Hacer arte apenas deja tiempo para el descanso a Monier, demanda casi olvidarse de la familia, estar atrincherados y producir… es una suerte de esclavitud consensuada, pero vale la pena sobre todo por la impronta que dejas detrás. Así lo demuestra su contribución a centenares de músicos de las escuelas profesionales de Guantánamo y Santiago de Cuba.

“Ejerzo la docencia desde 1979. Enseño sorfeo, armonía, contrapunto, morfología, y saxofón, además de ser orquestador de la banda de conciertos de Guantánamo, y digitalizador. Ah, y doy clases de armonía popular, algo relacionada con las matemáticas, geografía, historia… ahí uno siempre debe estar preparado; equivocarse con un género implica cambiar de país y estilo”.

En educar y crear se le han ido estos años a Monier, fructíferos tanto en lo profesional como personal y familiar. Habrá que hablar siempre por ejemplo de su tiempo junto a la pianista y su esposa Carmen González Vidal; también cómo a principios de diciembre de 2018 estuvo en Suiza, invitado por la Iglesia católica.

“Interpretaron piezas que arreglé para una misa latinoamericana y cubana; ver el placer con que fueron acogidas, me trajo mucha alegría; porque al final lo importante es que la obra llegue a la gente, ya sea en el repertorio del Coro Nacional, del Schola Cantorum Coralina, el cuarteto Vocal Vidas u otro conjuntos de Venezuela, España, Canadá, Chile, Argentina, que tocan obras a las que agrego mis compases”, concluye Conrado.

Monier es un hombre de excesiva modestia, sin embargo, detrás de esa sonrisa picaresca que lo distingue está una vida de consagración y méritos que lo colocan a la vanguardia del arte en Guantánamo y Cuba al hacer la primera adaptación para Orquesta Sinfónica de una pieza del ancestral y autóctono género changüí, interpretado en la clausura del Cubadisco 2010, en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba.

Mientras otro éxito fue la versión vocal e instrumental de la pieza norteamericana Tie A Yellow Ribbon Round The Old Oak Tree, interpretada por más de 100 bandas de concierto y coros del país, el 12 de septiembre de 2013, en reclamo de la libertad de los cinco cubanos prisioneros en Estados Unidos.


Jornada Trova de Invierno en Matanzas: un espacio necesario

La segunda edición de la Jornada Trova de Invierno, comenzó  con un concierto del artista Raúl Torres en  la Escuela Profesional de Arte de Matanzas donde  estudiantes y profesores disfrutaron de temas antológicos y otras novedades dentro del repertorio del músico matancero.

Dedicado al 50 aniversario de la Nueva Trova y a la declaración de este género musical como Patrimonio de la nación, se dieron cita en Matanzas ente el 15 y el 18 de diciembre exponente de esta corriente artística tanto en la ciudad como en el país.

Dentro del programa de la jornada , resaltó como novedad el evento teórico impartido por el periodista y crítico de arte Joaquín Borges Triana. Como iniciativa  también hubo presentaciones de  libro y de agrupaciones teatrales , en este caso el espectáculo Todo está cantando en la vida , un recital de afecto para Teresita Fernández de Teatro Las Estaciones.

Con excelente  aceptación los matanceros acogieron también  el concierto de Frank Delgado y Vicente Alejandro Trigo en el Patio Pelusín del Monte de Matanzas como parte de esta edición de la Trova de Invierno ,organizada por la Asociación Hermanos Saíz en Matanzas.

El homenaje al recientemente fallecido Pablo Milanés , figura cimera dentro del movimiento de la Nueva Trova, vino en la interpretación del Dúo Calíope. El Patio Colonial, sede habitual del evento acogió conciertos de otros artistas como William Vivanco, Lien Rodríguez, Rey Pantoja y, la reconocida agrupación La Trovuntivitis , entre otros exponentes de este movimiento en Cuba.

El evento que cierra las actividades de la AHS en la ciudad en este año 2022 logró  llenar los espacios donde confluían artistas jóvenes y  pequeños grupos de la sociedad matancera, amantes de la trova y la música alternativa en general.


Trova para vivir

Parece que la tierra va a temblar, anuncia con voz fuerte Annalie López, “Azucena», en una de sus canciones. La cantautora guantanamera, invitada a la X edición del Festival Nacional “Canto Adentro” de la Asociación Hermanos Saíz en la provincia de Camagüey, lo sabe muy bien y lo grita para que lo escuchen los corazones: sin clave no hay rumba.

Una verdad. Mil ramificaciones.

Un río, cientos de cauces.

Sus palabras retumban cual ecos internos y dejan ver (u oír) cómo crecen y florecen las ramas de un arte que, sin poder verlo, guarda en sí toda la pureza de la naturaleza y las contradicciones de la sociedad. Cuba va en una canción y la humanidad se esconde entre seis cuerdas. Sin uno, no hay otro, y en Canto Adentro, como reza su nombre, esas verdades brotan desde el interior de una isla y se muestran, con todos sus matices, a flor del rasgado de la guitarra. 

foto: Ricardo de la paz

Sin música la vida sería un error

A una década de fundado el evento de música de la filial agramontina de la AHS, resonaron del 24 al 26 de noviembre, entre coros y acordes, las letras de cantautores de diversas provincias (Guantánamo, Las Tunas, Camagüey y Villa Clara), quienes se dieron cita en la urbe principeña para, como desde hace diez años, compartir canciones entre amigos trovadores que defienden la canción de autor. 

“Azucena”, Pedro Sánchez Zapata, Amaury del Río, Yordan Romero, Rolando Berrío, Reinaldo Rodríguez, Adrián Cancino, Dawlyn Aldana, y los dúos Dulce Kpricho y Mantra, acompañados de artistas del patio como Eduardo Campos, Rachel Pérez, Wendy Hernández, Roly Suárez, Breismer Hernández, Joaquín Pérez, Juan Pablo Palmero, Linnet Molina y Yury del Río, participaron de conciertos, descargas y recitales, en los cuales interpretaron temas que forman parte de su repertorio; que, aunque diferentes como sus autores, guardan más de una conexión en contenido, forma y raíz, entre músicos que mantienen estrechos vínculos afectivos entre ellos.

Son estos lazos imperceptibles (junto a la dedicación y amor por la trova) los que han mantenido el latido de este festival de la organización durante dos lustros y los que enlazan el entramado de la joven canción de autor en Cuba, cual cilindro que aúna un caleidoscopio de voces y miradas que se atraen. Parafraseando a Nietzsche: la música, sin amigos, sería un error.

foto: Ricardo de la paz

Sin pasado no hay presente 

Dedicado a los 50 años de la Nueva Trova y a la figura de Miguel Escalona, la presente edición de Canto Adentro también tuvo un acápite, tan necesario, enfocado a la salvaguarda del patrimonio musical e histórico de la nación. Cerebro y corazón se conjugaron en este sentido, principalmente, en dos actividades que realizó la filial de la Asociación Hermanos Saíz en la región.

Por un lado, el Centro de Convenciones Santa Cecilia de Camagüey acogió el panel teórico por el 50 aniversario del Movimiento de la Nueva Trova, con la participación de la profesora del Centro de Estudios de la Fundación “Nicolás Guillén” Ángela Benítez, y la musicóloga del territorio Heidy Cepero, en el que se abordaron temáticas relacionadas con las principales características y representantes del movimiento cubano y su trascendencia para la cancionística nacional. Además, se debatieron aspectos vinculados con la necesidad de la realización de estudios e investigaciones culturales por los musicólogos de la localidad para reconstruir la memoria histórica de los cantautores camagüeyanos.

Por otra parte, como es tradición cada año, los participantes realizaron la peregrinación al cementerio de la ciudad, en tributo a Miguel Escalona, fundador de la Nueva Trova e impulsor del género en la comarca principeña. Igualmente, espacios de reflexión y conciertos fueron dedicados a la figura e impronta del recién fallecido Pablo Milanés; encuentros en los que un hilo invisible unió, en el silencio del camposanto y en la mitad del concierto, el pasado y el presente, en la voz de Harold Diaz, fundador del festival, quien confesó de niño haber conocido a Escalona sin que el músico nunca lo supiera, y en el aletear de una mariposa que revoloteaba mientras Dawlyn Aldana cantaba “Para vivir” de Pablo, como un recordatorio perenne, casi místico, del epitafio del trovador camagüeyano: “No es muerte la del hombre que se queda”. 

foto: Ricardo de la paz

Sin trago se traba

Hasta diferentes espacios de la localidad agramontina arribó la X edición del evento de la AHS Camagüey, con el objetivo de contribuir a visibilizar la obra y los artistas que defienden la canción de autor. El Alberto’s Café, el Bar Katarsis, la Casa Madiba, el Seven Bar, el Melange Club, la Galería “Alejo Carpentier” y, por supuesto, la Terraza Arte Joven de la Casa del Joven Creador, fueron los sitios escogidos para la presentación de los cantautores, en una estrategia que involucró la colaboración con emprendedores locales.

«Dale Cucucun», nueva modalidad de descarga realizada en el evento, aunó en las tardes agramontinas al público, músicos del territorio e invitados, en citas en las cuales la canción y la amistad llenaron el espacio de bares y cafés de la ciudad principeña, con acordes y melodías trovadorescas.

Una práctica que, de sistematizarse, puede, por una parte, revitalizar locales culturales y de esparcimiento y, por otro lado, contribuir a la promoción, desarrollo y sustentabilidad de la obra y los artistas que trabajan la canción de autor, género que encuentra normalmente su talón de Aquiles en la comercialización. Un hecho a tener en cuenta, pues como diría Frank: la trova sin trago se traba.

foto: Ricardo de la paz

«Sin clave no hay rumba»

Aún queda mucho. Demasiado.

A diez años de fundado el Festival Nacional “Canto Adentro”, todavía existen barreras que los trovadores deben derribar a golpes de guitarra, como lo hicieron hace medio siglo aquellos muchachos de la Nueva Trova y como lo realizaron, antes que ellos, Ñico, Sindo y otros tantos que han dejado su vida entre las seis cuerdas. Falta de promoción y comercialización, dificultades para la profesionalización, carencias de instrumentos, desatención por instituciones de la cultura, son algunas de constantes negativas que comparten, tristemente, gran parte de los cantautores del país. Y como “Azucena” tiene claro: el dominó de la esquina queda tablas cada vez que acontece esto.

Sin arte no hay sociedad, y sin trova no hay Cuba. Forma parte del pasado que se une con el presente. Es el pensamiento hecho canción y la canción, en sí, lleva adentro almas enteras de pueblo y nación. Promover esta creación, más que la crítica (y apoyo) a procesos y manifestaciones culturales divergentes, será la mejor manera de contribuir al desarrollo de los cantautores y del arte cubano.   

Mientras tanto, estos jóvenes continúan alzando su voz, en cualquier espacio, con diez o cincuenta personas, al año o una vez al mes, para evitar que la trova no sea invisible a los oídos y al corazón. Sin clave no hay rumba, dice la letra, tan cierta como que la tierra tiembla por un sentimiento, que no se ve, pero que está.

foto: Ricardo de la paz

«Cubano asere» y la fidelidad a una raíz (+ videoclip)

A sus 26 años de edad José Carlos Miló MorejónJ Milo como se ha dado a conocer en el panorama artístico- cumplió el sueño de tener su primer disco, una producción independiente en colaboración con la Asociación Hermanos Saíz que propone la fidelidad a una raíz: la cubana.   

foto: evelyn corbillón

Aunque este es solo el paso inicial para las tantas metas que ocupan la mente y las horas de ese joven inquieto, constituye un regalo para los amantes de los ritmos más autóctonos, en una adecuada fusión con sonoridades urbanas.    

Ocho temas componen el álbum, casi todos de su autoría, en el que descuellan colaboraciones con PiQ Montano, Abel Geronés y el dúo pinareño de hip-hop Los Compinches.   

La grabación del fonograma comenzó en los duros meses de incidencia de la COVID-19 y nuevamente se vio afectado por la situación eléctrica del país, de ahí que requiriera un esfuerzo adicional para su culminación.   

foto: evelyn corbillón

«Cubano asere», primer tema del disco, ha logrado posicionarse en las listas de éxitos y su videoclip aspira a una nominación a los Premios Lucas 2022, en la categoría de Video Más Popular.   

J Milo es un artista atrevido, incluso por el hecho de tener una formación autodidacta, que ha tocado muchas puertas a riesgo de ser rechazado; pero no cree en imposibles ni frenos cuando de creación musical y promoción de su arte se trata.   

Ha tenido que alternar el amor a la música con la responsabilidad de estar frente a un aula de Secundaria Básica e impartir la asignatura de Biología; y a la vez no dejar de tener actualizados los planes de clases y evaluaciones a sus estudiantes.    

foto: evelyn corbillón

Por eso no duda en agradecer siempre a su familia, amigos, colegas de profesión y del arte, y sobre todo a la AHS, organización de la cual es miembro desde 2016.   

«Es mi madre, es quien me ha abierto las puertas a la creación y concreción de mis proyectos. La casa de los sueños que se materializan siempre que el artista les ponga empeño y constancia. Muchas gracias por el apoyo», aseveró en conferencia de prensa en la provincia de Pinar del Río.   

Natural del poblado de Río Feo, a unos nueve kilómetros de la cabecera provincial de Pinar del Río, J Milo ofrece en su obra numerosas referencias musicales de Cuba y la provincia más occidental, con una cubanía que aspira a llevar a los más jóvenes aun en tiempos de marcadas influencias foráneas.


Nhes Mederos, mi público lo es todo

Esta semana en el segmento Rostros conversamos con el joven cantante y compositor Nhes Mederos. Este talentoso habanero, director además de su propia banda llamada Havanhes prepara por estos días el lanzamiento de su primer video clip titulado Gourmet con el que pretende colarse en el corazón de millones de cubanos.  

 ¿Sé que tus primeros pasos estuvieron vinculados con el deporte, como llega entonces Nhes al mundo de la música?

Puedo decirte que la música para mí, es vida, es todo lo que tengo y por la que vivo practicante, la música llega a mí a muy temprana edad, solo con 10 años, a pesar que no tengo nadie de mi familia que sea músico o que me haya inculcado este arte tan maravilloso, siento que Dios me dio esa bendición…donde pude tocar instrumentos musicales sin estudios como la guitarra y los de percusión menores.

¿Imagino que varios artistas hayan contribuido a tu formación, pudieras mencionarme algunos?

Si, por supuesto. En mi carrera, ya como profesional, debo dar gracias a la maestra Osdalgia “La Hija del Buena Vista Social Club” , por las clases de canto y enseñanzas vocales ,a Tony Lugones ,Carlos Vargas (Atila ) a Haila María Mompie,y su esposo Aned Mota, gracias a ellos pude descubrir más mi estilo y mejorar mis técnicas vocales, prepararme para un espectáculo en escena. Sin dudas debo darles las gracias por tanto, a estos grandes maestros.

Bueno, ya sabias que querías dedicarte a la música y tenías la inspiración de estos grandes artistas, ¿Fue fácil comenzar? ¿Cómo fueron esos inicios?

Reamente esa etapa fue más complicada, en aquel tiempo no había tanto apoyo a los artistas nuevos, mejor dicho a los nuevos talentos, complicado en hacer mis grabaciones musicales en los estudios cubanos, pero gracias a las dificultades y a los golpes que da la vida he podido crecer como cantante y compositor. Además mi fuerza de voluntad nunca se ha rendido, me daba fuerzas yo mismo para demostrarme que si se podía. Sin dejar de ser modesto te puedo asegurar que si algo me distingue es la disciplina, la entrega y la fuerza de voluntad que siempre me acompañan.

¿Imagino que esa etapa inicial, te haya marcado, qué importancia tuvo para ti?

Fue una enseñanza muy fuerte donde supe valorar el trabajo de cada quien y más el mío, la soledad me enseñó hacerme más fuerte, porque para ser sincero ni mi familia me apoyo. Esa suerte de sentir el apoyo no lo sentía, mi madre fue la que siempre me apoyaba en todo para poder cumplir mis metas y sueños alcanzados, solo una persona sabía que mi refugio es la música. En ese momento, mi familia era la música, mis letras, donde me perdía en mi mundo de papeles y bolígrafos.

Después de ejecutar varios géneros y estilos musicales, ¿alguno de estos define tú trabajo?

Siempre me defendía con la música cubana, la timba, el son pero la música urbana estaba dentro de mí, al igual que el pop, el reggaetón, este último considero que es mi línea, mis canciones, mis historias, es mi refugio y elijo este género musical porque es donde más cómodo me siento, a pesar que también me gusta el jazz, el blues y otros géneros donde me defiendo, como la balada.

¿Cómo valoras el apoyo que ofrece a jóvenes como tú la Asociación Hermanos Saíz?

Sinceramente la Asociación Hermanos Saíz es muy importante, una organización de mucho respeto. Que encuentres un sitio donde te den una oportunidad, donde te puedas encaminar y encontrarte como músico o como artista, la AHS es esencial y única y les agradezco el apoyo que me brindan.

 ¿Actualmente cuáles son tus nuevos proyectos, metas y retos?

Terminar mi nuevo disco Raíces .Prepararme para nuevos espectáculos, llegar más a mi pueblo cubano, que es mi más importante público. Y sobre todas las cosas  que las personas conozcan más de Nhes Mederos. Y claro también terminar todos mis proyectos y colaboraciones musicales y algunos vídeos clips que tengo pendientes.

Sé que dispones de poco tiempo, porque la música te absorbe mucho, ¿qué te gusta hacer en los ratos libres?

En mi tiempo libre practico mucho deporte, sobre todo karate. Me inclino además por otras manifestaciones del arte, como la pintura, la fotografía y la edición de carteles. Aunque no lo creas también me gusta la cocina, soy más de buscar la tranquilidad, la paz que siempre encuentro en mi hogar.

¿Qué significa para ti ese público que te sigue y te apoya?

Para mí el público es el que decide donde te puedes parar y hasta donde puedes llegar, para esas personas maravillosas es que trabajo y trato que mi música les llegue y que mi desempeño sea lo mejor posible. Llegar a los corazones de los míos, de mi público cubano y ser más conocido es un sueño que espero cumplir pronto. Sin dudas mi público hermoso lo es todo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Días para el rock en el Metal HG

Con la participación de bandas de diferentes provincias del país, la AHS en Holguín realizó, entre el 21 y 22 de octubre, la 24 edición del Festival Nacional de Rock Metal HG.

El Festival se dedicó al aniversario 35 de la AHS en el territorio, consolidándose como una de las citas especializadas en el rock cubano más estables y de mayor poder de convocatoria en el país, comentó Yendris Santana, miembro del comité organizador del evento.

Entre las bandas participantes estuvieron Desbroce, Sex by manipulation y Ufory, de Camagüey; Metastasys DC, de Santiago de Cuba, y Complot, Claim, Butcher, Spiritu Libre, Gore Enciclopedia y Other Brain, de Holguín. Las actuaciones se realizaron en el Gabinete Caligari, sitio insigne del arte underground en Holguín, con bastante público, añadió.

El evento incluyó un segmento teórico en el Café del Arte Joven de la AHS, a cargo del investigador Raúl Cardona. Se presentó el libro Escaleras al cielo: el rock en Holguín, escrito por el propio Cardona junto a Zenobio Hernández y publicado por Ediciones La Luz, además de los fanzines Turbulencia y Subtle death, presentados por Thais Palau y Omar Vega. Alex Jorge (La Mole) leyó fragmentos de su novela Escaleras a ninguna parte.

Con el apoyo de la Dirección Provincial de Cultura, el Festival Nacional de Rock Metal HG destaca a Holguín como una de las plazas más emblemáticas en la promoción de la música alternativa cubana. Este evento tiene la finalidad de difundir y promover la cultura musical rockera, despertar la reflexión y valoración del rock al patrimonio cultural mundial, así como estimular el interés por conocer los principales exponentes y tendencias de un género que se distingue, también en nuestro país, por su riqueza y variedad.


Réquiem por Impuro

La tragedia se ha cumplido. ¡Descansa en paz Alejandro Yarini, descansa en paz!, dice Carmen. Y una antiquísima canción entonada por los actores como una letanía inunda con más fuerza la escena: ¡Se van los seres, se van los seres, se van los seres a otra mansión. Gracias, gracias, gracias le damos al divino Señor. Gracias, gracias, gracias le damos al divino Señor! Nosotros, los testigos desde la platea del desastre, del héroe asesinado, también decimos para nuestros adentros: ¡Descansa en paz Yarini!

Señalado desde pequeño con una estrella, dotado de una belleza casi sin par en su época, perteneciente a una de las familias más acomodadas del país, con una formación múltiple que le llevó a estudiar incluso en el exterior (EE.UU), con dominio de la lengua española e inglesa; un hábil conversador y seductor de masas, Alberto Manuel Francisco Yarini Ponce de León (1882-1910), más conocido por su apellido, Yarini, fue un meteorito para La Habana de principios de siglo.  

El “Rey de San Isidro”, como muchos le llamaban, brillaba por el cuidado de su etiqueta personal, por sus modales burgueses refinados, la bondad del corazón que amaba a la familia, pero también a los suyos de los barrios bajos. Con ellos intimaba, cerraba pactos, pasaba buena parte del tiempo, se batía a balazos o se perdía en fiestas lujuriosas.

De Yarini, a más de un siglo de su deceso, un 22 de noviembre de 1910, se ha hablado mucho. El imaginario popular ha guardado su figura al punto de elevarlo a una extraña beatificación. Tanto es así que quien pasa por su tumba en el Cementerio de Colón puede ver tarjas facturas en las últimas décadas que le dedican epitafios laudatorios.

Carlos Felipe (1914-1975), quien fue reconocido por Rine Leal como uno de los dramaturgos de transición, es sin dudas una figura esencial para el teatro cubano. Legó textos como Esta noche en el bosque (1939), Tambores (1943), El chino[1] (1947), Capricho en rojo (1948), El travieso Jimmy (1949), Ladrillos de plata (1957), El alfabeto o La bata de encaje (1962), De película (1963), entre otros.  

Mas, su opus magnum, la pieza por la que todavía se le recuerda con devoción, es Réquiem por Yarini (1960)[2]. En esta obra no recrea un mito griego, ni siguiera lo parodia, sino va más allá (el principal mérito que le reconocemos). Vuelve a la tradición, a la historia nacional y en encuentra en ella la sustancia, el sustrato suficiente para dotar de una eminente fábula a nuestra escena nacional.   

Teniendo en cuenta los principios a partir de los cuales los poetas trágicos griegos componían sus textos, las leyes que rigen el universo trágico, Carlos Felipe traza su impronta; una tragedia auténticamente cubana. Escoge como protagonista de su texto a un héroe reconocido por todos, cuya historia personal ha sido casi contada como algo divino entre sus contemporáneos y la posteridad (un principio muy importante para los griegos, sobre todo por la cuestión histórica y moral): Yarini. Un héroe que eleva a la altura de las grandes figuras clásicas, haciéndolo moverse entre lo divino y lo mortal[3].

El “Rey de San Isidro”, según Felipe, estará rodeado de misticismo. El proxenetismo, la prostitución no serán vistos como un tabú, sino el ambiente sublime en que se moverá. La religión, como en los helenos, como sucedió con Edipo, advertirá sobre su destino irrevocablemente trágico.

La Macorina, una antigua y legendaria ramera muerta, lo reclama para sí. Enciende la llama de la tragedia, echa a andar el reloj, mueve en La Santiaguera una pasión incontenible hacia Alejandro Yarini. Sin embargo, él, en plena ironía trágica, está ausente de todo lo dispuesto por el ánima que lo reclama.

Luchará por su vida, acudirá al elemento mágico para salvarla, pero sus propias acciones, sus decisiones, como los héroes trágicos griegos, determinan su final.

Comete la falla de enamorarse con fuerza telúrica, como nunca antes lo había hecho, como tenía por regla no hacerlo, de una de las mujeres que administra, lo cual nubla su juicio. Luego, no cumple como de costumbre su palabra, pues aun cuando ha perdido en un juego a La Santiaguera, se niega a estar sin ella, y en gesto fatal, intentando devolverla a su regazo, enfrenta al nuevo dueño de la joven, su rival, Lotot. Para concluir, Yarini, conociendo la alerta del oráculo que le niega girar la cabeza atrás hasta el amanecer, vencido por su amor, se vuelve para recontarse con La Santiaguera.

Errores que convierten al Yarini-“Rey”, al Yarini-dios, en un héroe trágico. El tratamiento de esos temas en Réquiem por Yarini le garantizó un boleto a la televisión, en 2001, en forma de teleteatro, bajo la dirección general Jorge Alonso Padilla. Luego, en 2008, a la pantalla grande, en versión cinematográfica de Ernesto Daranas, bajo el nombre de Los Dioses Rotos.

En nuestro caso, tres años transcurrieron desde que escuchamos las primeras noticas que se llevaría a las tablas a Réquiem…, de mano de la Compañía de Teatro Lírico “Ernesto Lecuona”. Unos escucharon la noticia con beneplácito y otros con cierto escepticismo, en vista de la fluctuante calidad artística de las últimas presentaciones del prestigioso elenco lírico pinareño.

Con todo, unos y otros aguardamos ansiosamente la materialización del montaje; a fin de cuentas se trataba una propuesta de musical (al menos como se proyecta porque ni una opereta, ni un vodevil, ni una zarzuela, ni ópera es) edificada con material nacional y desde las mismas entrañas de Vueltabajo.

Y aconteció lo que de alguna manera se temía. El proyecto quedó muy grande. Impuro, la versión de Réquiem por Yarini y puesta en escena de Dunieski Jo, al menos como lo recibimos, no posee justamente las piezas ni la combinación exacta de sus engranajes para poder echar a andar correctamente.

Sucede, porque, según se demuestra en escena, no hubo una claridad exacta a la hora de pensar y llevar a adelante el proyecto; el cual no es menos cierto constituyó –y constituye– un reto en todos los sentidos no solo para Compañía de Teatro Lírico “Ernesto Lecuona”, sino para cualquier compañía teatral del mundo, lo que se debió haber tenido muy en cuenta para intentar concebir una producción como esta, complejísima, que exige medios, material humano y en ocasiones más de un año de trabajo para subir a escena.   

Uno de los mayores inconvenientes que afrontó Impuro es que no se sustenta en un texto original creado específicamente para la ocasión. Algo que de por sí se extraña, dado que los propios intereses de la puesta lo reclamaban. Pues, ¿qué mejor oportunidad para volver a contar la historia del antihéroe, reelaborar de su universo, realizar un nuevo acercamiento al paradigma real elevado a mito, y a partir de ello, generar un discurso potencialmente interesante?

¿Así no obraron alguna vez los poetas trágicos cuando revisitaban los antiguos mitos helénicos? ¿No fue esto lo que hizo el propio Carlos Felipe, al apropiarse del relato popular, del mito y rescribir circunstancias, parlamentos para devolver al mundo, como si fuera por primera vez, al héroe y su devenir? ¿Más allá de deberle a Réquiem…, acaso Los Dioses Rotos, de Ernesto Daranas, no son de alguna manera una recreación temática del mito de Yarini?

¿Un acercamiento original al mito, desde las aristas que se quisiese contar no hubiese facilitado manejar, crear a piacere un musical a partir de las reales condiciones logísticas, espaciales, de decorado, talento artístico con que cuenta la Compañía de Teatro Lírico “Ernesto Lecuona? Tal acción hubiese evitado unos cuantos dolores de cabeza, hubiese facilitado el trabajo para el prestigioso elenco pinareño y desde luego, posibilitado que el resultado final hubiese sido más atractivo.

Era el momento idóneo para que la compañía lírica pinareña mostrara en forma estreno mundial el resultado del trabajo y los aprendizajes durante años. Referentes no faltan en cuanto a componer un texto original y llevarlo escena en forma de musical. Los guiones y las filmaciones de espectáculos originales legendarios se encuentran a la vuelta de mover un mouse. Ahí están a la mano por ejemplo, Mamma Mía!(1999)[4], Jersey boys (2005) o Hairspray (2012)[5].

Sin embargo, Dunieski Jo se arriesga y hace reposar su impronta en un texto establecido, que responde a una modalidad teatral específica, el teatro dramático, que reclama una puesta en escena específica. Pero el mayor problema no reside en que opere de dicha manera, sino en tratar de llevar un texto dramático al musical –ya que la obra de Carlos Felipe se podía haber versionado y logrado que se ajustara a esos reclamos–, y que no se consigue.

Ha faltado oficio en el intento de rescritura de una pieza fundamental de nuestra escena como lo es Réquiem por Yarini. Impuro; carece de la dinámica, la expansión, las complejidades técnicas, el derroche de talento, el despliegue coreográfico, aquellos momentos que pueden cortar la respiración en un musical. Se enmaraña en una densidad de texto dialogado que pone en duda los niveles de claridad que tenía el autor con respecto a la estructura y resolución de la trama en un musical; donde los pasajes deben ser ligeros, para nada superficiales; que se afirmó desde su nacimiento en el siglo XlX con Niblo’s Garden, porque la acción escénica se resuelve la mayor parte del tiempo a través canciones e intervenciones danzarias.

Lo cual de cierto modo nos parece inexplicable. Textos y espectáculos modélicos –otra vez los referentes– en cuanto a componer un musical a partir de un texto original y ponerlo en escena, no faltan. Pues, ¿qué mejores paradigmas en cuanto a adaptar un texto narrativo al lenguaje del musical que Wicked[6]; Los Miserables[7] o el Fantasma de la Opera[8]?

Pero si se trata de encontrar, hablar de un musical exitoso concebido a partir de la obra de teatro –operación que intentan realizar Dunieski Jo y la Compañía “Ernesto Lecuona”–, ¿cuál mejor referente que Chicago[9], dirigida y coreografiada por Bob Fosse?

Con más mil funciones, el ambiente vodevilesco, la visualidad, el derroche de buena iluminación, el virtuosismo de los actores, de las más precisas coreografías, la calidad la letra y la melodía de temas musicales como Cello Block Tango, When you´re Good to Momma,Overture, All that jazz, Funny Horney, han sido en Chicago, un atrapamoscas, un gancho irresistible para el público. Tanto es así que ha recaudado más de 541 millones de dólares en sus múltiples subidas a escena[10].

Sin embargo, Impuro, en poco se emparienta, salvando las diferencias en todos los órdenes, en estructura y resolución a los mencionados musicales que son modélicos en el orbe. Como resultado, es más bien una versión reductora de Réquiem por Yarini. Carece para infortunio suyo de aquellos imprescindibles e indesdeñables intertextos que podrían enriquecerlo, dotarlo de nuevos sentidos, los cuales podrían provenir de un amplísimo mundo documental, histórico, artístico, literario, periodístico que versa sobre la época y la figura de Yarini[11].

Mas, lo que realmente acaba de ponerle “la tapa al pomo”, lo que nos hace confirmar que Impuro resulta una versión limitadísima de Réquiem…, es que en esta propuesta quedan excluidas muchas líneas temáticas significativas que enriquecían el original creado por Carlos Felipe.

Se reduce la acción únicamente en torno al amor malsano entre La China (La Santigüera, en Réquiem…) y Yarini. Con esta acción, el espectáculo se hace insustancial, pues en él se respira poco del contexto y las circunstancias que realmente vivió el Yarini- hombre, el Yarini-personaje: las luchas entre sectores políticos en que se ve envuelto(uno de los elementos que precisa su posible final trágico) y sobre todo, la prostitución( el centro de la pieza de Carlos Felipe, de la vida de Yarini y que, como señala la Jabá ( que en Impuro, se nombra Carmen), lo define”: “Yarini el político nada significa; Yarini el tahúr no es gran cosa te lo digo yo que conozco sus mañas. Ah, Pero Yarini el chulo. ¡Yarini el chulo es el Rey!” (Carlos Felipe, 1967, pág.194).

Un amasijo de detonantes que una vez enriquecieron, se colocaron en el centro de debate a Réquiem… y que ahora brillan por su ausencia en Impuro. Algo lamentable, dada su reminiscencia en el mundo actual y quizás entre nosotros.

Por otra parte, podemos apuntar que en la escritura escénica de Impuro no se han superado los puntuales logros (una incipiente teatralidad, cierto dinamismo en la puesta en escena, intérpretes que comienzan a explorar su histrionismo) ni los marcados desaciertos que han minado las últimas presentaciones, El Secreto de Susana (2016), A Mucha honra (2017), La verbena de la paloma (2018), Parece Blanca (2019) y Los herederos (2020), de la Compañía de Teatro Lírico “Ernesto Lecuona”.

Aspirando revelarse como un musical, porque como sabemos nunca llega a serlo, Impuro se pronuncia por una interdisciplinaridad artística donde no se logran integrar unos con otros los engranajes, los lenguajes artísticos que la conforman (música, danza, teatro). En la medida en que se revelan esos lenguajes –fundamentalmente la música (partes cantadas) y la danza– se patentiza que fueron concebidos y labrados de manera bastante independientemente de la acción teatral. Tanto que su vínculo con esta resulta muy traído por los pelos: pueden ser entresacados del desarrollo de la representación y poco, diríamos que casi nada, la afectaría.

Pero no solo la evidente falta imbricación de los lenguajes artísticos afecta a Impuro, también lo hacen las propias significaciones de esos lenguajes, aquello que sugieren.

La representación, el modo en que se ha enfilado, principalmente desde lo visual (vestuarios y peinados), indica que los sucesos escénicos presentados acontecen en el ahora. No obstante, las canciones que se articulan en el entramado escénico, los ubican por lo menos tres décadas atrás. Así pues se manifiesta una incongruencia, una notable y no premeditada falta de relación entre la temporalidad que sugiere la acción teatral (que es el presente) y la que sugiere la música (más acorde con la década del setenta, principio de los ochenta, según su sonoridad).

Una grieta que deberían tratar de salvar la dirección artística y el compositor, el arreglista, para así poder lograr que se experimente por todas partes el aire de contemporaneidad en el montaje, que no haya ambigüedad en cuanto al momento en que se desarrolla la acción escénica.

De igual forma en la cuerda de la relación entre acción escénica –música; se deberían revisar que los temas musicales[12] (sobre todo su letra)– pues no parecen ser un resultado, no fungen como una acción-reacción del devenir de los personajes. No se muestran como una forma sólida de comunicación, de diálogo entre ellos, como una respuesta ante una situación; como un mecanismo de caracterización de un sujeto escénico (dada la generalidad de estos temas). Más bien surgen como apéndices a la acción escénica.

Porque no es menos cierto, también otro desliz, que la dinámica de las canciones que se dan cita en Impuro, siempre extensas y con una cadencia lenta, afecta los intentos de crecimiento de la acción y la recepción del espectáculo. Lo que nos hace llegar a la certeza que los mencionados temas musicales, su resolución, se presta más para un concierto íntimo, una velada, que para un espectáculo con una diversidad sonora y rítmica como lo es un musical.

Impuro reclama una partitura musical trazada desde una variada dinámica –unas veces más a presto tempo y otras, no tanto– para no cansar, caer en la monotonía, para poder resolverse como un verdadero musical. No puede ser de otra manera (aquí se imponía la participación de la dirección general de la agrupación especializada en música)[13].

Demuestran todo lo antes señalado, solamente por solo citar algunos, temas de musicales que dada su capacidad de fungir como mecanismo dialógico, de mover la acción, repasarla, discutirla, desarrollarla, han sito hitos en los escenarios de Broadway y también en la pantalla. Tal es el caso de “El rey duerme en la noche”, “El círculo de la vida”, “Hakuna matata” y “No puedo esperar a ser un rey”[14], en el El rey León; “The old Gumbie”, “The cat about Town”, “The Railway Cat”, “Beautiful ghosts”, “Memory”, en Cats[15]. O “Drink with me”, “Look down”, “The confrontation”, “On my own”, “Do you hear the people sing”, “Empty chairs an empty tables”, “ABC Café: Red and Black”, “One day more”, “Stars”, en Los miserables.

Por otro lado, danza, coreografía y acción teatral se encuentran más ligados, pero no por mucho, sino por un fino hilo. Todavía se impone vincular ambos lenguajes artísticos de un modo más contundente.  

Algunos bailarines interpretan una fugaz secuencia de guaguancó antes que Yarini apueste con Guzmán. Sin embargo, luego que ocurre la secuencia, uno se llega a cuestionar su pertenencia. Puesto que la dramaturgia escénica no resuelve fundamentar cómo abruptamente y por qué se llega al suceso danzario, qué lo provoca y qué trascendencia tiene después efectuarse, qué significa más allá de intentar ser un guiño que pueda sugerir ambiente barriotero –ardid muy elemental– en la puesta en escena (donde realmente se extraña la ausencia del ambiente de fondo de sensualidad, la lujuria esquiva a lo pedestre en que se mueve Yarini)[16].

De haber ocurrido una fluida conexión de esta secuencia danzaria con la acción escénica, de seguro se hubiese agradecido mucho, porque lo que se cuestiona no es su calidad artística, sino su lógica y coherente inserción dentro del entramado escénico.

La danza puede reforzar la acción teatral, contribuir a llenar vacíos, a producir texturas, significaciones más allá de la mera ilustración, generar atmósferas en escenas como la limpieza de Yarini (donde sería más afectivo que inundara la escena y no solo se quedara en un plano derriére); cuando este vuelve la cabeza ante la voz de la China; en la pelea con Víctor Guzmán (Lotot) o quizás cuando se descubre herido de muerte.

Lo que sí no puede suceder es que la danza solo se convierta en un mero elemento decorativo en la puesta. Si se apuesta por su presencia en las tablas, debe ser explotada en todo el amplio espectro que la palabra abarca.

En otro sentido, debemos apuntar que si antes se había ganado en teatralidad, ritmo y dinámica en las puestas en escena de la “Ernesto Lecuona”, ahora en Impuro, el proceso decayó, involucionó. No se ha conseguido que la acción fluya, crezca en el espectáculo. Una de las causas que determinan ese descalabro reside en que se ha diseñado un sistema de elementales evoluciones, de movimientos que tienden a ralentizarse, al estatismo, a evitar sumamente complicarse.

Ello por dos razones que saltan a la vista : primero porque se ha intentado mover a los actores más que en función de la acción escénica, de lo que demanda, en función de ubicarlos exactamente debajo del sistema de micrófonos que les permite ser escuchados mientras cantan. La otra porque se ha tratado de salvar, evitando cadenas de acciones y desplazamientos complejos, las deficiencias técnicas que todavía enfrentan los intérpretes líricos: carecen de las habilidades de moverse, cambiar de niveles y sostener con potencia la columna de aire que les permite cantar y, al mismo tiempo, sostener la caracterización del rol que interpretan.

Una de las escenas más lamentables en ese sentido es aquella en que Yarini se vuelve y ¿establece? un proceso de intercambio amoroso con la China. Uno frente al cual se llega sentir cierto desapego en vista de su escasa elaboración, los vacíos que lo minan, su falta de acción.

Un elemento que de alguna manera no deja que Impuro se aleje del tradicional sentido costumbrista que inunda las puestas de la Compañía de Teatro Lírico “Ernesto Lecuona”, es el juego de dominó en que Yarini pierde la administración de La China. La elección de dicho juego, tan típico y gastado en los solares convencionalmente representados en el teatro vernáculo cubano, desde nuestro punto de vista disminuye –en su carácter de lugar común–, pues no logra superar el sentido poético, del azar, que lleva consigo el juego de la charada en Réquiem por Yarini.

La charada no es un simple modo de apostar para Yarini. El “Rey” se sabe con poder, domina el juego como pocos. Por eso apuesta ya que se piensa con todas las de ganar. Nunca lo haría sabiendo que su rival tendría ventaja. La charada es símbolo de su entrega al mundo de lo incierto y turbulento que tanto lo excita, es símbolo de la manera en que labra su suerte, un destino en los renglones torcidos de la vida. Por eso le apasiona el juego que paradójicamente acentúa el sentido trágico de su trayectoria: en la charada se apuesta irónicamente algo más que una mujer, su vida.

Por eso escoger el dominó, recalcamos, como forma de graficar el destino incierto que conducirá a la tragedia, resulta un poco chato. Más cuando el Yarini que se nos presenta en Impuro, es menos sabio que el de Réquiem…, puesto que se implica en un juego en el que reconoce que su rival –error dramatúrgico imperdonable– tiene las de ganar.

Otro de los infortunios que inevitable no se pueden pasar por alto en Impuro es el diseño de vestuario de la Macorina. La excesiva cantidad de metros de tela empleados en un velo –sobre los seis metros– y las alas emplumadas que lo coronan, nos dejan un sabor agridulce. La concepción del traje es bastante kitsch, llegando a lo baladí, y lo peor de todo es que no deviene la solución más inteligente para sugerir, mientras se eleva en el aire –con muchas dificultades por cierto– la partida de Yarini.

Como ya antes apuntamos, el trabajo de los actores en Impuro no es el más destacado (cosa que evidencia la idea de que se debe reforzar la formación teatral, dramatúrgica, actoral, de los intérpretes líricos). Se han seleccionado dos actores que poco se acercan al protagónico, el mismísimo Alejandro Yarini. Miguel A. Caballero y Josué Machado no logran, por más que se esfuerzan, perfilarse con los rictus, la potencia atronadora del que pareció alguna vez poseer cada centímetro donde ponía el pie. Se extraña en ellos ese uso de la autoridad camuflada en la manipulación y el desenfreno, al hombre sensual, ágil, soberbio, absorbente que es el personaje creado por Carlos Felipe y el hombre real al que una vez casi se le rindió culto.

Inconcebible todavía resulta el momento –esto tiene mucha responsabilidad la dirección artística– en que después de ser apuñalado, Yarini, entra a escena y mirando la herida en su costado, ni siquiera hace visible su espanto ante la llegada de su fin. Anda como el más común de los actos, como si nada le aconteciera (cosa muy contradictoria). No muestra el proceso interno y externo en que se desangra, pierde fuerzas, convulsiona, sufre espasmos o muere[17]. 

Independientemente, en ocasiones la potencia y la resistencia de las voces de ambos intérpretes no los acompañaba mucho. Para fines del espectáculo, casi no podían –Josué Machado es quien menos lo logra– interpretar las partes cantadas que le sobrevenían.

Lo mismo sucede a las actrices que interpretan a La China (La Santigüera según Carlos Felipe). Ana Merly Ramos y Aida Rosa Rivera, si bien no coinciden con la belleza física, mucho menos, que es lo que importa, consiguen desatar la sensualidad que podría, por sobre tantas mujeres que conoció, que bajaban su vista ante él, arrastrar a Yarini. Una y otra deben indagar más, buscar resortes dentro de sí para llegar a ser las joyas de un negocio de la carne.

No es el caso de Yaidelis Lorenzo y Ariena Ramos, que asumen a Carmen. Del reparto son la mejor selección, lo más brillante. Entienden e imprimen, desde sus posibilidades, vida a su personaje. En ellas se experimenta fuerza interpretativa, cuidado en el tejido de las emisiones. Saben –cosa rara en dos actrices que interpretan un mismo rol– perfilarse con hondura, verdad, como la mujer que ama en secreto y respeta a su jefe.

No obstante, se debe trabajar mucho en la musicalidad, la afinación de Ariena Ramos, que no es precisamente una actriz lírica, pero que se le ha encomendado un momento musical que debe defender con la vehemencia, la calidad y una limpieza que ahora se extraña. Raro el desliz –presentar un intérprete sin la debida preparación vocal en escena– en una producción de la “Ernesto Lecuona”.

De los actores que encarnan a Víctor Guzmán, solo por momentos se puede agradecerse la labor de Amable Laza, quien de forma más concreta sabe otorgarle la amargura, la enviada, el recelo que siente su personaje hacia Yarini.

Los demás miembros del reparto, sus trabajos interpretativos, se perciben muy necesitados de madurez. No obstante, se les debe reconocer la cuidadosa interpretación a coro, ya al final de la puesta, de la canción “Los seres”. Consiguen otorgarle el tono exacto, bello, a la partida de Alejandro Yarini.

Luego de tres años de espera, Impuro ve la luz sobre la escena del teatro Milanés. Esperábamos que en el espectáculo quedaran atrás los traspiés que por años han asolado las producciones de la Compañía de Teatro Lírico “Ernesto Lecuona”, pero no ha sucedido así. Lo cual nos deja la más concreta certeza que se ha llegado a un punto, luego de intentos de versionar los clásicos, en que hay que detenerse, auto examinarse. Sin resquemores, sin parapetarse y con la mayor honestidad repensar qué es lo que no se está logrando, qué cismas se están heredando en el plano creativo de un montaje a otro y por qué, dónde hay que reforzar, qué hay que buscar de nuevo, con qué hay que romper, hacia dónde se debe re-enrumbar el trabajo. Para así poder gozar de una escénica lírica con mayor calidad en Vueltabajo.

 

Notas:

[1] Donde dada su vasta cultura, despliega una trama que estructura según los principios pirandellianos del teatro dentro del teatro, algo que fue novedoso en nuestra escena del pasado siglo.

[2] Esta es la fecha del estreno de la pieza, sin embargo, ya estaba compuesta desde 1958, antes del Triunfo de la Revolución.

[3] En lo divino porque aun visitando el ultramundo, el bajo mundo popular, nunca abandona sus modos (gallardía, saludos, formas de mirarlo y reverenciarlo con la cabeza gacha, rutinas de juegos al azar como la charada), que lo elevan al rango dios popular. Como se sabe, piensa y actúa benefactor que ofrece a los hombres el favor de la prostitución como forma de cambiar su mundo, las reglas determinadas por el matrimonio, los modos rápidos y justos de obtener placer. Pero también el Yarini de Carlos Felipe es un mortal, dado que siente una pasión terrenal por su oficio, el proxenetismo, y por una de sus mujeres, La Santiaguera, por la que muere.

[4] Se estrenó el 16 de abril de 1999, es una obra original modélica. La dramaturga británica Catherine Johnson, basándose en algunos de los temas antológicos del grupo sueco ABBA (de hecho el título deviene de una de sus canciones más reconocidas, de 1975), arma una arquitectura teatral en dos actos, donde se cuenta la historia de Sophie, una joven que el día antes de casarse se propone conocer la identidad de su padre, entre tres exnovios que tuvo su madre Donna.

Tan sencillo motivo ha sido suficiente para que el debut de Mamma Mía!, en Prince Edward Theatre del West Endn (Reino Unido) y luego en 2000, en Orpheum Theatre de San Francisco, fuese todo un éxito de público y la crítica. Lo que no se esperó que trascendiera, se convirtió en uno de los musicales más solicitados en el mundo.

[5] Concebido en forma de documental en cuatro estaciones, se revela a través de la mirada de sus protagonistas, cuatro jóvenes, el devenir de sus carreras artísticas en el grupo que fundan, The Flour Seasons(un grupo que existió realmente en New Jersey y que se hizo muy popular en 1960), el cual llega a alcanzar la fama.

Semejante trama sostiene una producción escénica casi increíble. La escena prácticamente vacía, con cuatro micrófonos al frente, y una pantalla detrás, basta para que se despliegue un espectáculo de altos quilates, muy bien hilvanado, donde los temas musicales cuidadosamente se intercalan con los diálogos de los actores, donde aún los silencios guardan expresividad. Las cualidades de este musical rock, han sido reconocidas por premios como Tony y el Grammy al Mejor Disco Musical Nuevo.

[6] Se estrenó en 2003 y es una adaptación, la mano de Stephen Schwartz, del reconocido libro Wicked: memorias de una bruja mala, de la escritora Gregory Maguire. Un texto llevado a las tablas por Joe Mantello y ganador de premios como Tony, Drama Desk o el Grammy

[7] Adaptación de la novela de Victor Hugo, puesta en escena por Robert Hossein, que todavía, desde su estreno en New York en 1987, se mantiene en cartelera ocupando el quinto lugar del musical más aclamado en Broadway.

[8] Una adaptación de la novela homónima de Gastón Leroux, que se estrenó en 1986, en el West End y luego en Broadway, con música de Adrew Lloyd Webber y libreto de Adrew Adrew Lloyd Webber y Richard Stilgoe. Su puesta en escena, bajo la mira de Hold Prince, ha hecho que devenga en ser el musical con mayor permanencia en los escenarios de Broadway.

[9] Una versión de la pieza teatral homónima de Maurice Dallas (1896-1969), estrenada en 1975, en el 46th Street Theatre (actual Richard Rodgers Theatre).

[10]Su mejor versión es de 1996, donde resultó ser el mejor revival de un musical, bajo la mira de Walter Bobbie.

[11] Entre estos encontramos La vida en rosa, de Teatro Buendía, que está registrada en video y que es un referente inevitable en estos tiempos en cuanto a acercamiento teatral a la figura de Yarini; notas de prensa la época, fotos; biografías y narrativas relacionadas con el “Rey de San Isidro” (San Isidro, 1910, de L. Cañizares; La guerra de las portañuelas, de Leonardo Padura; Canción para Rachel, de Miguel Barnet). Pero de igual modo son esenciales relatos populares que circulan por todas partes y unos cuantos ensayos sobre Réquiem por Yarini, de Carlos Felipe (Eros en los infiernos, de Cintio Vitier; Mito, tragedia y sincretismo religioso en Réquiem por Yarini de Carlos Felipe, de José A. Escarpanter; Réquiem por Yarini. ¿Una tragedia griega cubana?, de Elina Miranda Cancela).

[12] Ya he hecho alusión antes, pero ahora quiero reafirmar que los temas musicales, las canciones y su orquestación poseen mucha calidad artística. De ser interpretados fuera del espectáculo se confirmaría su calidad en tanto producto musical.

[13] Ya lo decía Dorys Humphrey en El arte de componer una danza, lo parafraseamos: “Demasiado adagio duerme”.

[14]Estrenado en 1997, El Rey León, con libreto de Roger Aller e Irene Mecci y dirigido por Jule Taymor y Has Zimmer, continúa en cartelera en el Minskoff Theatre. Durante más de dos horas las melodías, las canciones compuestas para animados y luego para el teatro, por Hans Zimmer y Elton John y Tim Rice, son capaces de divertir al público no solo infantil, sino adulto.

[15]Cats es un musical compuesto por Andrew Lloyd Weber, a partir de Old Possum´s Book of Practica Cats, de T.S. Eliot, que se estrena en New London el 11 de mayo de 1981 (con muchas reposiciones, entre las más famosas en 2014 y 2015, 2016, en Broadway) en el West End. Se encuentra entre los más reconocidos musicales de la historia y ocupa el cuarto lugar en la lista de los espectáculos de mayor permanencia en Broadway.

[16] El teatro lírico como institución debe romper con muchos tabúes que limitan el carácter proactivo, militante de sus espectáculos.

[17] Una falla de la dirección escénica del espectáculo, ya que los dos actores repiten idéntica cadena de acciones y movimientos. 


Regresan los sonidos electrónicos de Stereo G

Con amplia presencia de artistas nacionales y locales se realizará, el próximo dos de septiembre, el Festival de Música Electrónica Stereo G, auspiciado por la AHS en Holguín y el Laboratorio Nacional de Música Electroacústica y una de las principales citas del género en Cuba.

Este año, como es usual, el certamen se desarrollará en la playa de Caletones, en el municipio costero de Gibara, luego de dos ediciones realizadas a través de las redes sociales y las plataformas digitales por las condiciones epidemiológicas impuestas por la Covid-19.

De manera especial la cita se dedicará a Ernesto Jorge Hidalgo (TikoSK8DJ), quien falleció recientemente y fuera desde su creación, junto a Luis Ángel Jiménez, su organizador y productor del proyecto Electrozona; así como al 35 aniversario de la filial de la AHS en la provincia.

Jiménez, a cargo de la organización del Festival y del proyecto Electrozona, comentó que la mayoría de los asistentes a la cita serán DJs productores de relevancia nacional, y artistas locales que se sumarán con sus propuestas, como Faleke, The Kun, Rakxo, Acid Seduction, Arte, Alex6music, Electrozona, Axennar, primera Dj femenina en Holguín, y Dian, de La Habana.

A las presentaciones y las sesiones creativas de DJs se une el trabajo audiovisual y de efectos visuales, empleados de forma directa para promocionar la cultura electrónica en todos sus géneros y estilos. En sus sesiones los artistas participantes estarán trabajando sus últimas creaciones, explorando la variedad de géneros dentro de lo electrónico, comentó Jiménez.

Surgido en 2012 y promovido por el proyecto Electrozona, Stereo G se ratifica cada año como uno de los festivales más importantes de su género en Cuba, logrando una interacción entre el público asistente y los artistas, en la cual la electrónica es pretexto y soporte.

El Festival de Música Electrónica Stereo G pretende promover una cultura sonora diferente, al defender el trabajo de jóvenes que apuestan por la creación, estudian la electrónica y escogen un sonido hasta convertirlo en una pista original, añadió Luis Ángel Jiménez.


Charlie Duran, cada día es un reto

Un joven holguinero lucha por alcanzar sus sueños y metas dentro del pentagrama musical de la isla. Su voz le permite interpretar diversos géneros y estilos musicales entre los que destaca el bolero, el flamenco y la balada. Con el vocalista de la agrupación WenaOnda, Charlie Durán conversamos para la web de la Asociación Hermanos Saiz.

 ¿De dónde nació tu pasión por la música?

Mi pasión por la música nació desde la familia, mi abuelo fue aficionado cuando joven, mi papá pasó clases de guitarra cuando era niño, mi mamá dio clases de piano también cuando era niña, mi hermana llegó hasta la casa de la cultura, pero no pudo seguir. Entonces desde que yo era niño mi familia se reunían y cantaban en fiestas, cumpleaños y en los fines de años, y poco a poco me fui girando para el canto, entonces cantaba en las escuelas, matutinos y fiestas populares del municipio de Holguín, provincia Holguín, me acerqué a la casa de cultura para tomar clases de guitarra aunque después no seguí, pasaron años sin retomar esta afición, y pasando el servicio militar pues retomé el canto como un hobbie, participando en varios actos y concursos del mismo servicio militar, terminando el SMA comencé a trabajar de comprador en un banco de sangre el cual pasó solo un mes cuando una locutora de la radio me invitó a una peña de la cual era anfitriona y justo ese día fue una antes y un después, y el principio de mi carrera artística.

¿Quién o quienes han contribuido a tu formación?

En el trayecto de mi carrera recién empezando me topé con muchas personas que me ayudaron el cual siempre voy a estar agradecido con todos y con todas, pero tengo que hacer mención a una persona que me formó la voz de una manera maravillosa convirtiéndose en una madre para mí, a pesar de todo el conocimiento que me aportó Gladys María Bonete cantante solista del catálogo de la empresa comercializadora de la música y los espectáculos de Holguín, tenemos una relación muy bonita, como si hubiéramos nacido para conocernos y tener todo el cariño que hoy en día nos tenemos. También a lo largo de mi carrera he compartido escenarios con muchas personalidades populares de la música que han sido parte de mi formación como artista como Waldo Mendoza, Buena Fé, Elaín Morales, Mauricio Figueiral, Jan Cruz, Luis Franco, Moncada y actualmente con WenaOnda Y por supuesto el apoyo de la familia siempre ha sido un pilar fundamental.

¿Cómo fueron esos inicios en tu natal Holguín?

El día que canté por primera vez en público fue mágico, fue en un bar donde solamente contaba con algo empírico para presentarme y aun así todas las personas me recibieron con una gran ovación y mucho cariño, fue un día inolvidable para mí.

¿Qué importancia tuvo aquel período inicial? ¿Tuviste el apoyo familiar desde el inicio?

En esos días de inicios en mi carrera, mi familia más que nunca me apoyó y apostó por mi carrera, también tuve amigos que me apoyaron y me ayudaron a llenarme de conocimientos sobre el maravilloso mundo de la música.

¿Cómo valoras el apoyo que ofrece a jóvenes como tú la Asociación Hermanos Saíz?

Está asociación siempre ha sido de mucha ayuda para todo el talento nobel, ya que en sí le ha dado muchos espacios para que se presenten estos mismos y darse a conocer mediante todos los medios de comunicación, sin dudas otro componente muy importante para la vida de un artista.

 ¿Cuándo y porque razones decides abandonar tu provincia natal y venirte a La Habana?

 Bueno la razón tiene nombre jaja, Mauricio Figueiral me hizo una invitación de participar en su programa de televisión «Cantar en la ducha» el cual anteriormente había participado de manera online. De esta forma me trasladé para la Habana y decidí de quedarme para seguir mi carrera desde la capital.

 

Te hemos visto transitar por agrupaciones tan populares en Cuba como Moncada y ahora Wena Onda. ¿Qué te han aportado?

Estas agrupaciones han sido para mí una escuela ya que he experimentado otros géneros musicales y me ha aportado mucho en mi formación como músico y cantante.

¿Actualmente cuáles son tus nuevos proyectos, metas y retos?

Actualmente me encuentro en la agrupación WenaOnda como cantante, tengo muchos proyectos en camino y estoy terminando un disco con canciones propias e inéditas, con futuras colaboraciones también. Cada paso es un logro y una meta alcanzada y cada día es un reto

¿Fuera del mundo de la música qué te gusta hacer en tus tiempos libres?

Pues me gusta mucho el diseño gráfico y el dibujo, pocas veces hago ejercicios cuando tengo el  tiempo, porque ando siempre conectado a la música jaja. Y también cuando tengo el chance compartir con la familia y amigos. Quisiera de esta manera y mediante esta entrevista a todos aquellos que siempre me han apoyado y ayudado en mi carrera dar las gracias.