Abel Guelmes Roblejo


Los cuervos: desde Poe hasta Vidal

El cuervo es una de las aves más mencionada en la literatura. El padre del cuento moderno, el padre de la literatura de terror, Edgar Allan Poe tomó a esta ave como protagonista para uno de los poemas más famosos de la literatura. Guillermo Vidal, uno de los padres de la narrativa tunera contemporánea, vino a hacer lo mismo muchos años después cuando escribió Los cuervos, Editorial Letras cubanas 2002, Sanlope 2004.

Nombro a Vidal de este modo debido a la influencia en el estilo y temáticas de los escritores de su provincia. También por la trascendencia y transgresión que tuvo y tiene dentro de la literatura local y nacional.

Los cuervos narra la vida del protagonista desde su niñez hasta que se vuelve adulto. Vidal no podía comenzar más arriba, con mayor gancho que narrando, desde el punto de vista del niño, la muerte de su hermana de cuatro años y el asesinato de su padre a manos de la madre. Ella le prendió candela mientras dormía.

Por abusador.

Por borracho.

Por mal padre.

Por cansancio.

Todo eso, en las primeras páginas.

A partir de ahí, Guillermo Vidal, con total maestría, nos va narrando el crecimiento del protagonista a través de su relato en primea persona. No solo de forma literal, por lo que nos dice, sino a través del lenguaje. A medida que pasa el tiempo, el lenguaje del personaje aumenta, mejora, evoluciona. La forma de entender el mundo cambia también.

El autor nos recrea una época de una Cuba por muchos olvidada o desconocida, pero verdadera. Con problemas reales. Ya sea el abuso en el hogar, el machismo, la marginalidad, el mundo carcelario, la homosexualidad, violaciones a los varones (el protagonista) a manos de la novia de su tía, los primeros amores, decepciones y mucho más.

Entre los doce capítulos que conforman la novela están insertados dos excelentes monólogos de Carmen, uno de los personajes más ricos de la historia y que nos funciona para ver todo desde otra perspectiva. Algo similar sucede con los fragmentos de los diarios de las tías que criaron al protagonista.

En Los cuervos encontraremos historias secundarias iguales de ricas, llenas de matices y tan atractivas como la principal. Ejemplo de ellas son la del Moro (el delincuente del barrio) y Manuel, amigo del protagonista y aspirante a “gánster”; o la de la propia Carmen, quien abusó sexual y repetidamente del sobrino de su novia.

Dice Carmen en uno de sus monólogos:

Al muchacho se le notaba siempre el deseo de hacerlo aunque intentaba ocultarlo siempre era una fiesta esperar a que se hiciera el dormido para admitir que ya estaba esperando bajo las sábanas con su picha tan dura…

El autor nos describe una variedad de personajes bien distintos, vivos, perfectamente diseñados. A través de ellos hace alarde de un lenguaje exquisito y de técnicas narrativas. Vidal se apoya en ellas para crear conversaciones, resumir escenas, adelantarnos información, describirnos las diferentes épocas vividas por estos. Vidal nos muestra las jergas, costumbres, posibilidades, miserias humanas y materiales de más de veinte años de la historia de los protagonistas; que quizás también fue la nuestra.

Al igual que los cuentos de Poe, esta no es una historia de amor, aunque hay, y mucho. No es una novela de horror, aunque llega a asustar en muchas partes. La carga de tensión y juego sicológico es punto clave en la novela. Tiene acción, sexo explícito, violencia, humor, suspense: lo tiene todo.

Hasta el cuervo. Solo que este de Vidal no dice “nevermore”, sino todo lo contrario.



Un viento fresco llega desde los árboles

El árbol de los vientos, Sed de belleza Ediciones, 2019, es un hermoso libro de sonetos de la autoría del joven autor Raúl Leyva Pupo. El árbol… es una colección, bastante experimental, de veinticinco sonetos. Y hablo de lo experimental en el autor, que en lugar de realizar sonetos convencionales, ha escrito un libro con poco espacio para la zona de confort propia y para el lector.

Son textos con una carga filosófica, de fe, y una semiología muy inteligente y que señalaré a lo largo de esta reseña.

El libro está estructurado en tres partes, una sin nombre y dos “vientos”: el viento del oeste y el del norte. Quizás de ahí nos llega la razón del título de este libro; algo muy interesante pues da qué pensar. Raúl Leyva utilizó dos palabras con una extensa simbología para bautizar el cuaderno: árbol y viento.

El árbol puede ser considerado como fuente de vida (frutos, oxígeno, etc.), de crecimiento, de firmeza o fortaleza. Además, es la fuente material con la que se confeccionan los libros. Los árboles son filtros para el viento fresco. Ese que notamos al ver moverse las hojas de los árboles, el que se siente más fresco bajo la sombra de uno. Ese viento que nos alivia el calor, elimina la incomodidad. Ese viento perfecto para comenzar a leer, recostados al árbol.

Otro origen del nombre pueden ser los propios vientos alisios. Los vientos del oeste, los que sentimos en nuestro país, van hacia el norte, mientras que los del norte, se dirigen al oeste, cerrando así el ciclo.

Este no es un análisis innecesario, puesto que esto se puede notar en el libro. El árbol de los vientos es un cuaderno cíclico, cerrado, en su estructura y en la filosofía que encierra. Inicia con el poema “Cuerpos caídos del cielo”, y una primera estrofa dice:

Escuchad la brisa del naciente astro

las cálidas brisas que despiertan todo

escuchad los vientos que se vuelven barcos

invisibles cuerpos que aúllan en coro

Esto no es coincidencia alguna. El autor nos habla del nacimiento (árbol=vida), el despertar, el inicio del viaje en barco impulsados por los vientos a través del libro. Viento que no vemos, pero podemos sentir gracias a la poesía de la imagen, que gracias al muy bien elegido y ejecutado recurso de la memoria emotiva podemos disfrutar en nuestra mente.

Como vimos, los vientos del oeste van hacia el norte. El cierre de la sección de los Vientos del Norte lo realiza un poema llamado “Cuerpos que ascienden” y un verso que reza:

Que llegue el viento del norte que se abran los caminos

Cierre perfecto para un libro, para un ciclo completo a nivel conceptual y literal.

Esta primera parte, la podríamos llamar por el nombre del libro, puesto que sus poemas, de un modo u otro, tratan sobre o alrededor del árbol, de la vegetación. Puesto que es casi imposible imaginar el disfrute del frescor del árbol sin ver el sol, la hierba, pensar en la siesta, en la perspectiva de la vista desde la base del árbol, sin soñar con el picnic.

Esta primera sección es un hermoso cuadro primaveral. Títulos como “Manos descansando sobre tus ojos”, “Cuerpos cerrados”, “Hierba salvaje”, “La retorcida rama”, “El pan amargo” y “El jardín que nadie visita”, nos muestra esto de lo que les explicaba. Sin embargo, los textos no son siempre lo que uno espera al leer estos títulos. El cuadro puede parecernos paradisíaco, pero no son siempre así el mensaje de los poemas. Podemos ver el dolor y el hambre en versos como:

Hoy los platos son espejos y la verdad se me esconde

como se ha escondido el miedo debajo de los manteles

Algo muy interesante es el uso de las referencias. El autor utiliza citas de otros autores, quienes también han escrito sobre los vientos. No obstante, emplea el recurso de intratextualidad y la autoreferencia, en aras de que, aunque cambiemos de zona/viento en el libro, sigamos ese hilo común que refuerza la unidad temática o estilística.

Una muestra de ello lo vemos en el final de la primera sección con los versos:

Este es el impaciente adiós de la ceniza

Al inicio y luego cierra con

otro jardín quemado que desprende vapores

Estos versos hacen las veces de puente conceptual o hilo conductor al título del primer poema de la segunda sección del libro Viento Oeste: “Pacto de ceniza”.

Este poema también nos habla de una búsqueda, quizás de ese jardín que nadie visita.

Junto a “Pacto de cenizas”, los demás títulos de este Viento nos adelanta cómo será la atmósfera de lo que leeremos. Me refiero a títulos como “Sepultando el rostro”, “Hasta que el blanco fluye”, “Desolada bruma blanca”, “Calles laterales”, “Fantasmas desnudos” y “Gestos íntimos”, el cual cierra esta sección y da paso a Viento Norte. Al igual que la primera transición, aunque menos evidente, Raúl Leyva vuelve a unir, de forma inteligente, una sección con otra. De este modo, aunque estén separadas, hay un hilo temático-conceptual que las une en un mismo sistema/libro/concepto.

Pero no es solo la estructura del libro lo interesante. En sus poemas, el autor se vale de las métricas más tradicionales de arte mayor, como el verso endecasílabo, hasta aquellos de dieciséis sílabas métricas. Entre ellas, algunas tan raras como los versos de quince.

Estos sonetos, asonantes, consonantes e incluso, de rimas blancas son pensados y colocados inteligentemente para que veamos con claridad a un autor que ha estudiado el soneto; pero también las figuras de dicción y la preceptiva. Leyva acude a estos recursos para otorgarle vida, profundidad, belleza y fuerza a su mensaje.

Hay un juego rico con el lenguaje en los poemas, incluso con la lengua. Raúl fuerza la sintaxis y el orden lógico de las oraciones para reforzar su idea y de ese modo, la rima. Un ejemplo de eso es la estrofa:

el blanco respirar florecido en la diáspora

un morboso silencio donde no existen puertas

ventanas claustrofobias y unas frías anécdotas

que me recuerdan todo sin esperar que vuelvas

De ese modo llegamos a lo que creo que es el fuerte del libro y que, por lo general, es de lo primero que se habla: ¿De qué trata el libro?

Al ser un libro de poemas, responder la pregunta es un tanto complicado, debido a que cada lector se va a apropiar de estos textos e interpretarlos a su modo; a adueñarse de ellos. Por esa razón, creo que es mejor explicar qué es lo que encontrarán en El árbol de los vientos.

A primera vista y lo hojean, notarán las citas de grandes escritores que, de un modo u otro han escrito sobre el viento, o sobre lo que escribió Raúl Leyva en el texto citado. Pero una vez que comenzamos a leer, nos encontramos con textos cargados de filosofía, de un pensamiento cuestionador: de la vida, la muerte, al engaño, la cobardía, el amor y, sobre todo, a la fe. En fin, a todo lo que nos hace humanos.

Y mientras borro todas las preguntas

y todos los inviernos y el derrumbe

y las ensoñaciones de tres puntas

sobre una lengua muerta que retumbe

 

en agua tan sagrada y tan podrida

que las moscas se alejen a un tópico

hay hombres que han planeado su partida

antes que Colón llegara el trópico.

Pero también notaremos, como en el ejemplo anterior, que hay un exquisito uso, primero, de la memoria emotiva y, segundo, de la búsqueda del color, el olor y el sabor en los textos. La búsqueda de una sinestesia que complete el ciclo, que el mensaje nos llegue a los cinco sentidos.

En los textos de El árbol de los vientos encontraremos cuadros renacentistas, clásicos, contemporáneos. Las luces, las sombras y los colores completarán esas escenas que nos son descritas y nos transportan a ríos, praderas, jardines, iglesias, etc.

El cuestionamiento y las posibles respuestas que nos brinda, o sugiere el autor, muchas veces vienen apoyadas o argumentadas con una fuerte carga emocional y, en otras ocasiones, de fe.

La presencia de un Dios es casi como la de un personaje recurrente. Y no solo Dios como sujeto, sino también las referencias a la fe, como las iglesias, los elementos sacros, la eternidad, referencias bíblicas, litúrgicas, el temor a Dios, la fe en la vida más allá de la muerte.

Esto también puede verse en el cómo se abre y se cierra el libro.

Hay otro elemento característico y que es, en mi opinión, lo que me llevo al leer El árbol de los vientos, y es la fuerza, la esperanza, la búsqueda de la belleza, allí donde menos una la imagina. Esto lo vi casi al finalizarlo y me hizo regresar y releerlo; ver las semillas que siempre estuvieron ahí plantadas en la semiología, en la corriente subterránea de sentido: en el propio título.

Tanto el árbol como los vientos son sinónimos de fuerza, permanencia, de esperanza; y eso se nos transmite en cada poema.

Ya he plantado fuertes vientos como el que planta semillas

como luces que se esparcen entre las sombras sin rumbo

ya es tiempo de que regreses en un renacer de lilas

El árbol de los vientos es, en resumen, un libro necesario, interesante, cómodo de leer. Es una colección de poemas inteligentes y estructurado de un modo muy bien pensado y aún mejor ejecutado. Cada verso cumple una función individual y colectiva. Este es un libro donde la forma, el cómo ha sido escrito, responde a una necesidad de contar, responde a un mensaje, a una voz que nos transmite fuerza, belleza y esperanza a través de imágenes originales. Aquí encontramos cuestionamientos filosóficos, éticos, religiosos y personales que bien podríamos habernos hecho con anterioridad, solo que nunca con tanta destreza y alarde con la pluma.



Gladiadores literarios

Con Gladiadores, al igual que aquellos guerreros de la Roma imperial, el escritor Pedro Luis Azcuy logra entretenernos. Este cuento recibió el Premio Eduardo Kovalivker 2023, y aunque no tiene esa dosis de violencia y sangre como los espectáculos del coliseo romano, tanto el nombre del texto como la analogía a estos gladiadores, está muy bien empleada.

Gladiadores muestra una ventana al mundo de los trabajadores portuarios, su lucha, sus problemas, su vida. El autor logra recrear a través de su texto toda una sinestesia de olores, colores, sonidos, así como los miedos, principios, personalidades y valores de estos guerreros.

A través de una narración fluida, limpia y extremadamente bien llevada, Azcuy recrea ese poco mencionado pero muy atractivo ambiente portuario y su cruda realidad. Nos muestra una mirada a un mundo prácticamente virgen, desconocido. Pedro abre los ojos a la cuestión de los trabajos casi esclavos, “de mala muerte” de esta sociedad underground en los puertos cubanos y la muestra, tal y como es.

Sin embargo, amén de lo descarnado del texto descrito, lo hace de una forma casi poética, en alabanza, con respeto; siempre apegado a la realidad. La cara hostil de todo este mundo (re)creado por el autor, se esconde entre líneas, en esa historia no escrita, pero que no escapa de la mente de todo aquel que la lee.

Este es un relato que bien por su calidad escritural y por su temática bastante novedosa, también pudiera ser el inicio de una magnífica novela; donde el realismo sucio y el mundo marginal tomaran ese protagonismo único que bien logra darle Pedro Luis Azcuy, sin perder nunca la poesía y esa música de fondo. Tal parece que estamos viendo una película de Lars Von Trier, donde, a pesar de la crudeza de la imagen, detrás hay una excelencia poética en fotografía, guion, caracterización de personajes y uso exquisito de la técnica.

Gladiadores podemos ser todos; lo son todos esos guerreros que, como el Máquina, dan su vida en las barrigas de los barcos/arena del coliseo, y que saludan siempre a ese emperador llamado Dinero, antes de comenzar a jugarse la vida por él.

No dejen de leer este magnífico cuento.



Fabulaciones de Junior con la historia

Hoy en día, en un país donde el verso rimado ha perdido y pierde cada vez más espacio (quizás por prejuicio, quizás por desconocimiento, quizás por ambos), es fresco encontrarse un libro como Fabulaciones del verbo, Editorial Sanlope, 2015 del escritor Junio Fernández Guerra.

Fabulaciones… es la ópera prima de este joven escritor, quien luego ganaría el premio Calendario en la categoría de Poesía infantil con otro libro de similar estilo. Con Fabulaciones del verbo, Junior nos presenta un libro dividido en tres secciones bien marcada temática y estructuralmente: Abstracción de la piedra de la cordura, La soportable necesidad del ser y Las flores del mar.

Si bien Junior fabula con el yo, como especie de monólogo interior o conversación con ese otro lector sobre la soledad, el sexo, el deseo, el abandono o, simplemente, el amor y el desamor en esta primera parte como eje temático, esto es algo que podremos encontrar en el resto de la obra.

Pero, ojo, no es para nada un libro romántico.

Junior tiene la necesidad de fabular, de filosofar: Junior quiere contarnos algo.

Para eso lo hace de la mejor manera que conoce y es con la literatura; en especial, la poesía. Esta le brinda la posibilidad de lucir un lenguaje exquisito, erudito, que le permite realizar un juego inteligente de palabras e imágenes que enriquecen los versos. Además del lenguaje, el rey por excelencia de este libro, Junior le agrega profundidad a los textos con sugerentes títulos a los poemas, jugando con referencias bíblicas, a escenas de la mitología y cultura griega, poemas, poetas, etc.

Esto es buena parte del atractivo principal de este libro (amén de la experimentación y el riesgo) se encuentra en el rejuego del humor, el lenguaje y las referencias. Los títulos de los poemas nos brindan una sinopsis de lo que encontraremos: Mata Hari extasiada ante el pelotón de fusilamiento mientras la muerte interpreta la danza de los siete velos, La décima musa en el estanque de las ninfas, Último delirio de Donatien en Charenton (dormido entre las piernas de Constance), Elegías del bardo (o cualquier silueta bípeda incestuosa), Éxodo 19,94, entre muchos más así de sugerentes.

Junior Fernández no quiso escribir un libro cómodo, sencillo, simple. Eso se nota desde la primera página. Fue arriesgado al elegir temas complicados de desarrollar de una forma original, diferente; el uso de un lenguaje alto, erudito, multireferencial, moderno, fresco, con toques de ironía y humor negro; tal vez, hasta crítico en ocasiones.

Al autor no le bastaba eso y fue más allá.

En una tierra donde la décima es la reina de la poesía, Junior quiso arriesgarse y jugar “en casa del trompo”.

Y jugó con la estructura, con la forma. Tomó la décima espinela, la décima de vanguardia, el soneto, e hizo lo que sintió que era necesario hacer para transmitir su mensaje.

Pero no le bastó.

No le bastó el verso octosílabo, el endecasílabo, y la forma tradicional que utilizó en varios de los poemas. Algunos de sus textos exigían otra estructura, y él la rompió y adaptó la forma al contenido. Escribió lo que podría parecer verso libre, prosa poética e incluso epigramas para el lector menos conocedor de la poesía rimada.

Sin embargo, son décimas.

Décimas octosílabas, endecasílabas y hasta de tres y cinco sílabas. En el caso de Fabulaciones del verbo, la forma no genera contenido, sino todo lo contrario.

Por si fuera poco, no era suficiente experimentación con el lenguaje, con la temática, con la estructura de la décima. Junior necesitaba ir más allá, ir al soneto y escribió (además de sonetos tradicionales) algo que podría llamarse “sonetésima”, como dice el escritor Eduardo Rosell.

Al inicio y cierre de la segunda parte, Junior escribió dos conjuntos de siete décimas, cada uno, dentro de la estructura de cinco sonetos. Si es difícil crear una buena décima o un buen soneto, moderno, fresco, con un mensaje interesante, imagínense mezclar ambas composiciones poéticas, que funcionen cada una de forma individual y como un todo.

Fabulaciones del verbo es un libro que necesita ser leído por los amantes de la poesía rimada y, sobre todo, por los que afirman que la estructura, la rima, es “una camisa de fuerza” ya sea para el contenido como para el lenguaje. Este libro es la muestra de que los jóvenes tuneros, los cubanos, están escribiendo buena poesía contemporánea, moderna, interesante, experimental y transgresora. Y, al mismo tiempo, siguen siendo fiel a las formas clásicas, sin renegar de la historia y nuestro patrimonio cultural.

Junior Fernández Guerra es un ejemplo claro de esto.

El libro es una inmensa historia, una fábula y, como tal, siempre trae una enseñanza, un mensaje, algo que no te deja indiferente, ya sea luego de leer cualquiera de sus poemas o luego de terminar el libro. 

Fabulaciones… es una clase, una prueba de que, si salimos de esa zona de confort, si nos arriesgamos, podemos crear obras maestras en nuestra isla. Obras como esta, que nos contaminan y nos dejan con ganas de seguir fabulando por siempre y más.



Vicios del tiempo y de María

La dificultad de escribir un cuento solo la conocen aquellos que han intentado vivir de ellos. Muchos imaginan, de forma errónea, que el nivel de dificultad crece directamente proporcional a la extensión del relato. Eso es porque desconocen lo difícil que es escribir un minicuento.

Un buen minicuento.

Eso, para no hablar del reto que consiste en publicar un libro solo con textos de menos de una cuartilla de extensión.

Un ejemplo es Vicios del tiempo, Editorial Sanlope 2008, de la escritora María de Antoms. Este es un libro de esos que se leen de una sentada, pero que seguimos repitiéndolo a lo largo de los días debido a las temáticas/vicios que vemos y vivimos durante nuestro transitar por esta tierra.

Cada cuento está construido sobre un mensaje; algunos, sobre varios y diversos mensajes. María explota esta cualidad del minicuento, por lo que este no termina con el punto final de ellos, sino que continúa desarrollándose en la mente del lector. Esta cualidad muy “hemingweyana” (se le podría llamar de este modo) de crear historias con una inmensa y profunda corriente subterránea de sentido en la gran mayoría de los textos. Los otros, podrían verse como un gran divertimento. El punto dulce, la nota que balancea este menú/concierto.

La autora nos presenta cuentos de diversas temáticas-vicios que han rodeado al ser humano a través de los tiempos y en los que podemos vernos identificados, ya sea de forma directa o indirecta. Ella nos presenta cuentos cargados de una ternura e inocencia como Paradoja, que al mismo tiempo tiene una gran carga emotiva y significado para todos los cubanos.

La filosofía, el sexo y el humor (con énfasis en el sexo), como parte de los principales vicios de la humanidad, no le faltan a esta selección de veinticinco relatos. La idiosincrasia del cubano se ve reflejada entre estos cuentos cortos que María de Antoms nos regala. La autora nos hace reír, pensar, recordar, y a lo mejor llorar: y eso es bueno y difícil de conseguir.

Textos cortos, sencillos, pero nada simples, sino todo lo contrario. Quizás sea poco el paginado, con cuentos desde una línea, un párrafo y hasta de una cuartilla de longitud, pero es grande su extensión. Tan grande como los vicios del tiempo en que vivimos.



Peñas, talleres, espacios artísticos en Las Tunas, tierra privilegiada

Siempre se habla de La Habana como la meca del arte en el país. Muchos comentan de los programas, conciertos, casas de cultura y demás; sin embargo, en La Habana nunca escuché hablar de estos espacios en las provincias. Tampoco es que en la capital se hable mucho de peñas, tertulias y programación fija. No es que no existan; sino que están tan distantes una de otras, son tan escasas y con una promoción tan deficiente, que prácticamente se podría decir que no existen. Y quizás, excepto para un gran grupo, no lo hagan.

De ahí mi sorpresa cuando mi amiga escritora Yuslenis Molina me incluyó en un grupo de WhatsApp creado para mantener informado a varios artistas[1] del trabajo que se realiza en la provincia de Las Tunas. Casi todos los días me enteraba de una peña nueva, de un concierto, un taller literario, una exposición, etc. Imaginen el nivel de fascinación que tuve que, al instante, me ofrecí para impartir un taller, solo para apreciar aquello con mis propios ojos.

Las Tunas es una provincia privilegiada en este aspecto, como les decía. Estos son los espacios a los que he asistido, y de los que tengo conocimiento. Sé que existen más, pero desconozco de dónde se realizan, o sus horarios.

Vale aclarar, que al ser escritor, voy a centrarme en la literatura, más que en las otras artes.

Algunas peñas y espacios artísticos en Las Tunas

  • El tercer deseo, de Yuslenis Molina. Peña de Literatura y música con sede en la UNEAC.
  • Del sueño a la poesía, de Elvira Skourtis. Peña de música, con sede en la AHS.
  • El manuscrito perdido, por Yury García Fatela. Peña de Literatura, con sede en la AHS.
  • Nido de cuervos, de Amaury del Río. Peña de música, con sede en la AHS.
  • Luna creciente, de Jesús Ricardo Pérez Cecilia. Peña de música, con sede en la AHS.
  • Sinestesia, de Eduardo Rosell. Peña de Literatura, con sede en la AHS.
  • Cronopios, de Dayislenis Velázquez y Lismary Fernández. Peña de Literatura con sede en la AHS.
  • Cuarto corazón, de Freddy Laffita. Peña de música con sede en la AHS.
  • Siempre que hay trova escampa, de Iraida Williams Eugelles. Peña de música, con sede en la AHS.
  • Hojas sueltas, de Armando López Carralero. Peña de literatura con sede en la AHS.
  • Trova sin traba, de Oberto Calderón. Peña de música con sede en la UNEAC.
  • El tercer deseo, de Yuslenis Molina. Peña de Literatura y música con sede en la UNEAC.
  • De qué callada manera, de Marina de Lourdes Jacobo. Peña de Literatura con sede en la UNEAC.
  • Desde el verso a la estrella, de Marina de Lourdes Jacobo. Peña de Literatura con sede en la UNEAC.
  • Alrededor del aforo, de Alberto Carlos Estrada. Peña de crítica de artes escénicas, con sede en la UNEAC.
  • Peña de Olimpo, de Ramón Leyva Pérez. Peña de Rock, con sede en la UNEAC.
  • La música de todos, de la filial de música de la UNEAC. Peña de música, con sede en la UNEAC.
  • Tardes de concierto, de Carmen Rosa Núñez Daumy. Peña de música, con sede en la UNEAC.
  • Café palabras, de Lesbia de la Fe. Peña de narración oral, con sede en la UNEAC.
  • Vibra, de Wilner Rondón Peña. Peña de carácter bohemio, con sede en la Fundación Nicolás Guillén.
  • De arpegios y palabras, de Argel Fernández. Peña de Literatura y música, con sede en la Fundación Nicolás Guillén.
  • Vuelvo al canto y al sol, Argel Fernández y Julián Tamayo. Peña de décima, con sede en la Casa Iberoamericana de la Décima.
  • Café ConVerso, de la Casa Iberoamericana de la Décima. Peña de poesía, con sede en la Casa Iberoamericana de la Décima.

¿Qué tienen de especial estos espacios tuneros?

En primer lugar: la calidad

La música de concierto, la trova, la narrativa y la poesía que se está gestando en estas sedes de la capital tunera, están a un nivel de excelencia y de una variedad totalmente diferente al que he podido presenciar en y de otras provincias.

Los escritores tuneros, en su inmensa mayoría, no se han visto influenciados por las llamadas “modas literarias” de otros escritores, o provincias como Holguín, Santiago y La Habana. La literatura en Las Tunas tiene un estilo bien diferenciado, tanto en la narrativa como en la poesía. Los escritores, sin caer en generalidades, gracias al sistema de peñas en la provincia, muestran una gran camaradería e interactúan tanto con músicos como con otros artistas. De ahí que se encuentren en constante consumo de lo que escriben sus coterráneos y en constante ejercicio de la lectura y escritura.

Sí, quizás no los publiquen en libros, revistas o antologías (no tanto como se debiera y quisiera) pero, al poder participar en espacios orales, se ven obligados, como mínimo, a escribir un texto mensual para no repetirse. Incluso, si no son invitados de forma oficial, pueden leer también. Esto, a su vez, funciona como una sana competencia de la que todos se benefician y los ayuda a crecerse.

Versatilidad

Como vieron más arriba, cada peña tiene una sede y una manifestación artística en específico. Sin embargo, eso no quiere decir que sea algo estático, cuadrado, sino que son todo lo contrario. En las peñas tuneras, en cada espacio de trova hay, al menos un escritor, y viceversa. Las peñas pueden tener más de dos manifestaciones artísticas cada semana, y no tienen por qué hacerse en espacios interiores necesariamente. Algunas, de hecho, son itinerantes y otras, se hacen en la calle, para que el público sean los transeúntes de la ciudad. Entre los sitios habituales de las itinerantes están las escuelas, parques y las casas de cultura. 

Participación

Algo de lo que me sorprendí y de muy grata manera, era de la participación y puntualidad del público. Imaginen mi sorpresa cuando, después de estar en varios espacios en La Habana (incluida la Feria del Libro) donde, si llegaban 10 personas y comenzaba a tiempo la actividad, era un éxito rotundo; o el extremo de la Feria del Libro de Santiago de Cuba, donde realizaron espacios sin público alguno, llego a Las Tunas y en cada peña casi siempre encontraba más de una docena de personas en todo momento.

Otro aspecto del que disfruté, es que en muchas, después de concluir el guion preparado, en ocasiones el público espectador se convertía en participante. Las peñas en Las Tunas son como un organismo vivo, que evoluciona, se adapta al día, lugar y al público.

Variedad

Si miramos esta lista de peñas habituales que les compartí (y recuerden que solo son algunas de las muchas existentes en la provincia) podemos notar su variedad. Para aquellos que no conozcan de ellas, les cuento que, aunque diga, por ejemplo, son de literatura, estas pueden ser de poesía en general, de décima, narrativa, crítica o mixtas. Y, por supuesto, en ninguna de ellas falta la música.

Las de música, si bien predomina la trova con muchos de los mejores trovadores del país, también podemos encontrar la música clásica, el rock, los boleros, la canción y el canto coral. En muchas de estas peñas también son invitados poetas y artistas de la ciudad.

Por lo general, cada peña es temática y todo gira en torno a este tema.

Valores culturales

Algo de lo que se enorgullecen los tuneros es de ser cubanos, de nuestra cultura y del patrimonio.  En esta provincia me percaté que la décima, elemento de orgullo del patrimonio cubano, es defendida a capa y espada. De hecho, la Casa Iberoamericana de la Décima, se encuentra en Las Tunas, la Jornada Cucalambeana se realiza en esta tierra y muchos de los máximos exponentes de esta hermosa forma poética, son tuneros.

La defensa de nuestros valores culturales se encuentran en cada una de las peñas; el respeto a las tradiciones y a nuestros ancestros. Esto es algo envidiable, desde mi punto de vista. Ojalá y fuera algo que encontrara en cada provincia de nuestro país.

Sin embargo…

No todo es color de rosa y sería injusto si omito que, como en toda Cuba, también me he topado con algunos detalles que enturbian tanta maravilla artística y sería doloroso que no se corrigieran. Hablemos, por ejemplo de

También, la variedad

Sí, en general, las peñas gozan de gran variedad, sobre todo cuando las comparas con otras provincias. No obstante, no es suficiente y puede ser mejor. Hay un gran número que se repiten. Por lo general, repiten el esquema: moderador, poeta, trovador, poeta, trovador (y el moderador llamando al poeta o trovador de turno). En muchos casos se recicla el público y los invitados. Lo peor es cuando un mismo invitado lee el mismo texto en cuatro peñas o días diferentes. Esto anterior, sucede mucho en las peñas literarias.

En las musicales, es casi más de lo mismo, solo que sin tanta o ninguna poesía o literatura en general. En varias peñas son los mismos músicos con las mismas canciones.

En cuanto a los espacios literarios, vale destacar que más del 90%, y soy generoso, son sobre poesía. La narrativa es casi intocable entre estas peñas y no por falta de excelentes narradores.

Con las peñas de música sucede similar. La gran mayoría de las peñas musicales tuneras son de trova, o invitan a trovadores a “amenizar”, (como he escuchado decir).

Las Tunas tiene a un grupo de Rock de los mejores del país, y solo puede tocar una vez cada dos meses; y eso, si hay presupuesto. Tiene grupos de jazz, de música popular, una orquesta sinfónica, orquesta de cámara, músicos concertistas, raperos, agrupaciones soneras, etc. En este último caso podemos mencionar a Son del barrio, quienes perdieron su espacio habitual con la pandemia y no han podido recuperarlo.

Al igual que la música debe ser de diferentes géneros y formatos, las peñas literarias deben abarcar todas las especialidades, incluyendo la crítica y el ensayo.

Calidad

Si bien podemos decir que los espacios artísticos en Las Tunas gozan de gran calidad en todas sus manifestaciones, es cierto que el punto anterior y los siguientes, inciden sobre la calidad de muchas peñas.

No me refiero solo a los textos o canciones presentadas, sino a la realización del espacio. Hay peñas a las que el público solo asiste si hay oferta de bar, ya que se conocen de memoria los temas del trovador de turno. Hay algunos en que no desean escuchar los mismos poemas de siempre, etc.

También afecta el ruido, el ambiente y el personal flotante cuando la peña se realiza en un sitio con tránsito de consumidores de la cafetería o bar del local. No obstante, lo peor que he visto que afecta la calidad de un espacio, al punto de que me ha quitado las ganas de regresar, ha sido la falta de profesionalidad de algunos anfitriones.

He asistido a algunas donde el anfitrión:

  • Detiene el programa para realizar una “ponina” para comprar ron.
  • No tienen un guion establecido y la realizan “con los que asistan y a lo que salga”.
  • Aprovechan el espacio para realzar su ego. Un culto al YO.
  • No dominan bien la actividad propuesta.
  • Demora el inicio en espera de alguien en específico.
  • No se prepara correctamente para realizar el espacio, y todo lo que eso conlleva.
  • No se viste de forma adecuada y profesional; se toma su espacio como una descarga en un parque.

Quizás esto sea lo peor de todo, ya que son actitudes poco profesionales e irrespetuosas hacia el público. Por suerte, son muy pocas y aisladas.

Algo que afecta en gran manera la calidad de las peñas tuneras es la falta o ineficiencia en la

Promoción

Muchos de los buenos espacios son realizados en ocasiones con los invitados y un par de personas que se enteraron. La gran mayoría de las promociones de estas peñas se realizan uno o dos días con anterioridad (cuando más). También se da el caso que lo anuncian un mes antes y no lo vuelven a hacer hasta ese día o dos del que hablaba.

La gran mayoría de espacios no tienen una imagen diseñada y la divulgación que debería llevar para romper la burbuja de los algoritmos de Facebook. Lo cual es otro detalle: son casi inexistentes los espacios que tienen su página o perfil en las redes sociales.

De hecho, algunos ni los promocionan.

Y hablamos de peñas que son auspiciadas por instituciones que, la mayoría, pagan un salario a comunicadores.

Otro asunto con la promoción es que no se realizan estrategias de comunicación para llevar este alcance a las periferias o fuera del municipio. Hay escritores, por ejemplo, fuera del municipio cabecera, que desconocen la existencia de estos espacios o no son llamados a participar en las actividades; y viceversa. Las Tunas debe funcionar como una sola provincia y no como pequeñas áreas de actividad, demarcadas por las fronteras municipales.

Muchas veces te enteras de una actividad, horas o días después de realizada y no debe ser. La labor de promoción debe ser constante, planificada, original, eficiente, periódica, previa, durante y después de la actividad. Ah, y por todos los canales y plataformas existentes.

Un ejemplo de un caso de éxito en labores de promoción es Jesús Ricardo Pérez Cecilia, con su peña Luna Creciente… ¿a que todos saben qué día es la próxima?

Desaprovechamiento de espacios

En Las Tunas existen un sinfín de locales y sitios magníficos para realizar disímiles actividades y no se aprovechan o están subutilizados. Me refiero, por ejemplo, a los museos, el patio de la casa de la trova y el de la UNEAC, la azotea de la AHS, las áreas de la fundación Nicolás Guillén, el patio de los Tamarindos, las galerías de arte y el amplio espacio de la FERIA.

Estos son sitios que deberían revitalizarse con nuevas propuestas artísticas. Algunos de estos  que menciono, son recordados como lugares de gran afluencia de público en antaño.

Escaso Público

Muchas de las peñas, como ya quedó claro, por falta de variedad, promoción, calidad o alguna otra causa, suelen tener muy poco público. Algunos de estos espacios, en ocasiones son realizados con dos o tres personas, cuando más. Y no es un evento aislado, sino que es algo reiterativo en cada cita.

Estamos hablando de un presupuesto asignado a estos espacios que, si no logran atraer al público necesario para promover nuestra cultura, en mi opinión, no tienen razón de ser. Esto es algo que cada institución responsable debería revisar de forma autocrítica.

Descuido del patrimonio cultural del país

Este punto le toca tanto a los artistas como a las instituciones. En el caso de los artistas que se dedican a manifestaciones que son parte del patrimonio cultural cubano, deberían presentar proyectos de peñas, talleres u otros espacios donde se fomente más nuestra identidad. En el caso de la ciudad de Las Tunas, pude constatar que los talleres y peñas de repentismo y décima cada vez son menos. Las actividades de la Casa Iberoamericana de la Décima no cubren todo el potencial de la provincia; líder indiscutible en esta forma poética.

Lo mismo sucede con los soneros y los músicos de concierto.

Por otro lado, están las instituciones.

Cada año rebajan más los presupuestos y algunas de las peñas ven disminuidas sus propuestas, ofertas, número de invitados y frecuencia. Varias, de hecho, han sido canceladas.

Un ejemplo claro de esto es la peña Vuelvo al canto y al sol, de Argel Fernández, dedicada a la décima. El presupuesto de esta ha sufrido varias reducciones, le quitaron audio, gastronomía, producción e incluso la han cambiado de sitio en dos ocasiones, para evitar que la suspendan. Actualmente solo cuentan con unas sillas en la Casa Iberoamericana de la Décima para sus actividades, y en espera de que en cualquier momento le retiren lo poco que les queda de presupuesto.

La peña del grupo de Rock, Olympo, solo puede realizarse una vez cada dos meses ya que el presupuesto “no es suficiente”. Este espacio, no es solo el único de su tipo en la provincia, sino que es una oportunidad de lujo de escuchar a una de las mejores bandas del país.

En la ciudad hay una escuela de arte, hay profesores y músicos de primer nivel y sin embargo, están subutilizados.

Las instituciones cubanas, no solo las artísticas, deben proteger, defender nuestro patrimonio cultural. Deberían fomentar las peñas y espacios donde nuestros artistas ofrezcan de su arte al pueblo. No se puede hacer más con menos, no se puede elevar la calidad de los espacios disminuyendo el presupuesto. Los salarios de los artistas y la asignación de las actividades deberían aumentar cada año, no disminuir.

De continuar rebajando el presupuesto de las propuestas culturales, será la cultura cubana la que más sufrirá las consecuencias.

A modo de conclusiones

Independientemente de estos problemas, Las Tunas sigue siendo el paraíso de las peñas, talleres y espacios culturales en el país. Los tuneros lo saben, lo reconocen. Tal vez parte de la responsabilidad la tengan instituciones como las Casas de Cultura, la AHS y la UNEAC. A diferencia de sus homólogos de otras provincias, en Las Tunas estas instituciones gozan de gran número de actividades y su funcionamiento es de casi las 24 horas diarias, durante toda la semana.

Al hacer notar estos problemas, lo hago con la esperanza que la buena obra realizada hasta el momento se mantenga y mejore. El sueño es que alcancen todo el potencial artístico del que son capaces y se conviertan en un referente nacional de lo bien hecho.

Deben continuar el trabajo e ir más allá. Algo que me parece maravilloso es la interacción de los jóvenes artistas con los consagrados, tanto en peñas como en la vida cotidiana. Es impresionante cómo los ambas generaciones se invitan mutuamente a sus espacios, como muestra de reconocimiento y respeto a la obra y a al artista. Además, lo hacen con gusto. Es algo muy común ver en los cafés, AHS y UNEAC de la ciudad de Las Tunas a artistas de renombre, en constante intercambio con esos que aún andan dándose a conocer.

Esto es algo que deberían fomentar más en el futuro. La posibilidad de mejorar está en sus manos. Deben tumbar esa valla que separa a los noveles de los consagrados, a la AHS de La UNEAC. Las colaboraciones entre ambas instituciones deben incrementarse y eliminar esta división. Hasta el momento, la UNEAC solo puede pagarles a sus miembros en sus actividades. Lo mismo sucede con los invitados a las peñas de la AHS. Si eliminaran estas normas excluyentes, el vínculo incrementaría y la calidad artística de los miembros de ambas instituciones, fuera en constante ascenso. No se dejen engañar, los consagrados también pueden aprender de los jóvenes. Aunque lo más común es al revés, es un hecho que podemos constatar casi a diario en esta acogedora ciudad.

Quizás los tuneros vean esto como algo normal, cotidiano, nada extraordinario. Pero, para el que lo ve desde afuera, se queda maravillado. A lo mejor, al tener todo este movimiento artístico, este paraíso de peñas, estos privilegios, se hayan acomodado a que funcione, a que el show nunca pare, aunque en ocasiones debería tomarse un descanso y repensarse.

Esa es la razón para nombrar las manchas que enumeré anteriormente; pequeñas manchas de un sol inmenso y poderoso, que ilumina al balcón del oriente cubano, como un faro eterno que indica, al resto del país, cuál es el camino a seguir.

[1]Por “Artista” entiéndase a escritores, dramaturgos, músicos, actores, plásticos, etc.



¿Por qué se les sigue sin pagar a los escritores como corresponde?

En septiembre del 2022 escribí un artículo sobre los impagos a los escritores ( ➡ ¿Qué sucede con los impagos a los escritores en Cuba?). Este trabajo tuvo una pequeña repercusión, ya que varios lo interiorizaron y llegó hasta algunos de los lugares donde debía llegar. A estos escritores que mencioné en el trabajo, fueron remunerados de modos que hasta entonces, “no se les podía pagar”.

Pero, como todo en Cuba, las cosas no pueden ser fáciles. Hemos vuelto a los mismos problemas, además de las otras calamidades que afectan a los escritores desde hace años; que, al parecer, seguirán afectándonos. De todo lo que escribí en mi otro artículo Una idea para salvar al libro cubano... lo único que tomaron, casi al pie de la letra, fue subirles el precio a los libros, pero nada más. La situación viene de mal en peor, y ni si quiera por el I Foro de Negocios Editorial realizado durante la Feria Internacional del Libro de este año, parece que entraremos al mercado editorial.

No obstante, el problema puntual del que hablo en este post no tiene nada que ver con el valor del libro, ni con el mercado editorial cubano (el que en la práctica, no existe y lo hablaremos en otro momento).

Veámoslo por problemas.

¿De qué vive un escritor en Cuba?

Pues de su intelecto y de lo que pueda resolver: No de su literatura. Por tanto, muchos sobrevivimos de cheque en cheque, o de transferencia en transferencia. Entre los trabajos más comunes (realizados para las instituciones cubanas) son los de colaboraciones periodísticas, como entrevistas, reseñas o cubriendo eventos literarios; y de jurados de concursos… aunque no todos corremos con esta suerte.

Precisamente, este último punto es la génesis de este post. Un escritor amigo mío fue llamado para trabajar como jurado de los concursos Juventud Técnica (cuento) e Hidra (novela), convocados por la revista Juventud Técnica, perteneciente a la Casa Editora Abril. Él, como los otros dos jurados (también escritores) de cada concurso hizo su trabajo: leyeron cuatro novelas y decenas de cuentos, y, varios meses después, les dijeron que no podían pagarles. Si nunca se hubiera pagado este trabajo, esto no fuera noticia, pero sí se pagó en las ediciones anteriores.

Algo similar sucedió con los jurados de literatura del encuentro provincial de casas de cultura de La Habana.

La labor de jurado representa tiempo de trabajo intelectual de lectura y análisis cada uno de los textos; tiempo de vida dedicado solamente a realizar el mejor trabajo posible y dejado de emplear en otras actividades de ocio o mejor remuneradas. Vaya, ¡remuneradas a secas!

Es cierto que, con el sistema editorial y literario que tenemos en Cuba, nos han (mal)adaptado a trabajar de gratis; literalmente “por amor al arte”. Eso, quizás antes se podía hacer, cuando con ciento veinte pesos se podía comer durante un mes (años 60-70); pero en estos momentos, que cien veces esa suma no alcanza, no podemos darnos el gusto de realizar todos los trabajos “pro-bono”.

Los escritores también necesitamos pagar los gastos de la casa, comer, celebrar cumpleaños, etc. Pero, sobre todas las cosas, merecemos ser respetados. Nuestro trabajo vale tanto como el de un actor, un ingeniero, un plomero o electricista.

Al no pagar el trabajo de jurado de estos escritores, se irrespetó su oficio y a sus personas. Como mínimo, es deshonesto y desleal. Nadie les dijo antes de trabajar que no se les iba a pagar. A lo mejor, si se les hubiera dicho desde el inicio, ellos hubieran decidido trabajar de gratis; o a lo mejor no.

Al igual que todos, necesitamos y tenemos que cobrar por nuestro trabajo.

Derechos de autor “simbólicos”

Y ya que hablamos de pagos, toquemos algo muy importante: el monto. Recuerdo aquella mañana que había cobrado un cheque por un artículo que publiqué y por el que recibí 500,00 pesos cubanos. Claro, al descontar el 5% de la ONAT, en realidad cobré 475,00 pesos. Pasé frente a una cafetería en la ciudad de Las Tunas y vi un pomo de refresco de cola. Imaginen mi enfado cuando, al pedir su precio (con ilusiones de darme un gusto y comprar refresco y una bolsa de pan) me dicen que solo el refresco costaba 500,00 y el pan otros 280,00. Guardé el pago por mi artículo crítico, me olvidé de darme el gusto y continué mi camino en modo cucarachita Martina a ver “qué me compraré”.

Conclusiones: un trabajo crítico, hoy en día puede valer menos que:

  • Un pomo de refresco.
  • Un cartón de huevos.
  • Un cake.
  • Dos libras de carne de puerco.
  • Dos bolsas de pan.
  • Una bolsa de leche.
  • Un paquete de café.
  • Un pomo de champú.
  • Y una larguísima lista que todos conocemos.

Y hablo en modos generales. Hay sitios donde pagan más de 500,00 pesos, hay otros que pagan menos.

De igual modo, siempre el dinero será poco y no alcanzará para casi nada; más, cuando no te van a publicar uno diario. Puedes considerarte dichoso si publicas un artículo semanal; ah, y sin dejar de escribir tu literatura. Pero ese es otro tema.

Lo peor no es eso. Lo peor son los derechos de autor por los libros publicados, ya que las colaboraciones en las revistas dependen de las gestiones que cada quien realice.

Un derecho de autor (solo cuatro veces más que el monto antes del reordenamiento), ya sea por un libro de cuentos o una novela, si llega o pasa de los 20 mil pesos, puedes considerarlo un lujo. Por lo general, estos pagos no superan los 10 mil pesos y escasamente llegan a ese monto. Y algunos dirán que eso es muchísimo dinero. Pues no lo es. No lo es cuando tomas en cuenta que esa cifra es menor cuando le descuentas la ONAT, y que no llega a dos meses de salario; ni es mucho cuando lo divides entre los cinco años de vigencia del contrato; ni cuando, aunque vendas todos los ejemplares, no se reedita, ni te pagan por ventas. Tampoco lo es cuando el valor de la moneda nacional, cada vez es menor. Un derecho de autor, por el trabajo de meses, de años, puede gastarse en un día en la economía actual y luego seguir como si nada hubiera pasado.

Los derechos de autor, los pagos por colaboraciones, cursos y conferencias de los escritores, se pueden catalogar (ya muchos lo hacen) como un pago simbólico. Ya que, como casi nunca cobrábamos, cobrar algo, aunque sea simbólico, parece ser más que suficiente.

Y no es así.

Cualquier músico toca un tema (suyo o no) y cobra más de mil pesos, como mínimo. Durante la gira nacional de Buena Fe (por solo poner un ejemplo, ya que hay muchos más de este tipo de casos en cada provincia), el pago ascendió a más de 600 mil pesos por noche. Ambos casos, financiados por los gobiernos provinciales y el nacional. Quizás por eso fueron declarados vanguardias nacionales del trabajo. Así sí se puede trabajar.

¿Por qué esta diferenciación entre los músicos, actores y los escritores? ¿Por qué el MINCULT y el Ministerio de Finanzas y Precios valora más una manifestación artística que otra? ¿Por qué no podemos cobrar igual que los demás artistas? O cobrar, sencillamente.

Nuestro trabajo vale igual que el del resto. Se debe valorar, según su calidad, como dice la resolución 70 del 2021 “en cuenta la magnitud de la actividad, la significación del acto mismo, el carácter de la institución que la financia, la complejidad, calidad y trascendencia de la obra, el reconocimiento público alcanzado por el autor, así como los ingresos que generen la actividad.”

Sin embargo, siempre se menosprecia y demerita. Nada vale la importancia que le atribuyan en las palabras y la historia a la literatura en Cuba mientras que el escritor no vea retribuido financieramente lo que realmente vale su trabajo.

Si no estás de acuerdo, responde estas preguntas:

¿Qué escritor cubano conoces que viva solo de su literatura? O sea, de la venta de sus libros, cuentos o poemas en Cuba.

¿Por qué los músicos, artistas de la plástica, artes escénicas y medios audiovisuales sí tienen la posibilidad de vivir de su trabajo, mientras que los escritores no?

En la realidad cubana actual, el trabajo del escritor vale poco o nada. Y hablo del valor monetario; de ese que se usa para comprar comida y ropa.

Por otro lado también tenemos la

Incertidumbre de saber si tenemos trabajo

Ese es otro tema que afecta a los escritores cubanos hoy en día. Todas las revistas, periódicos, radios y cadenas de televisión tienen trabajo para los escritores. Sí, es cierto. Ah, no para todos, es verdad; y no todo el tiempo ni con los mismos requisitos y papeleo burocrático. Pero esto es normal. A lo que me refiero con la incertidumbre es que si bien puedes escribir 10 artículos (o un guion) al día, si publican cuatro al mes, puedes considerarlo un milagro.

Un paquete de artículos sobre crítica literaria, digamos, un paquete de seis reseñas de libros de autores y editoriales cubanas, puede demorarse de dos a tres meses en salir. ¿Por qué me refiero a esto? Porque mientras no salgan los trabajos, los escritores no lo cobran. Por tanto, es como si no tuvieras trabajo.

También está el hecho que, violando la resolución 70 del 2021, los trabajos no se negocian: ni el pago, ni la aceptación o no de estos. O sea, puedes ir y enviar tus trabajos por correo electrónico, que a no ser que le caigas arriba al encargado de la revista (cuando des con el que decide), nunca obtendrás de vuelta un mensaje que te diga si aceptan el trabajo, tampoco la propuesta del pago ni la fecha en que serán publicados. A veces te enteras de casualidad que fueron publicados.

De esa forma, nunca podrás saber con qué dinero contar o no; si tienes trabajo o no. Ya que, si a las revistas que les envías tus artículos, no los publican, ¿para qué seguir mandando?

tomada de El Definido. / internet.

¿Somos iguales? ¿Qué se toma en cuenta para pagar?

La resolución 70/2021 determina un pago mínimo de 300,00 pesos, pero no tiene tope de lo que se pueda pagar por derecho de autor. Además, como dije ahorita “en cuenta la magnitud de la actividad, la significación del acto mismo, el carácter de la institución que la financia, la complejidad, calidad y trascendencia de la obra, el reconocimiento público alcanzado por el autor, así como los ingresos que generen la actividad.”

Por ende, cuando yo leo en público un poema, no deberían pagarme lo mismo que si lo lee alguien con mayor o menor reconocimiento. Si leo cinco textos no debería cobrar lo mismo que el que leyó uno; y si mi trabajo tiene mayor calidad literaria que otros, debería valer más.

Sin embargo, en nuestro país no sucede del todo así. Si eres un escritor renombrado, puede que cobres un poco más que los otros con menos nombre. Si perteneces a la UNEAC, independientemente de la calidad literaria que tengas, siempre cobrarás un poco más: solo por el carnet. Fuera de eso, el monto del pago depende de lo que determine la dirección de la institución y todo el mundo por igual.

En ningún momento el importe del pago del trabajo depende de su calidad. Es como si al ser de la UNEAC o alguna personalidad, estuvieras exento de cometer errores o fuera sinónimo de perfección. Solo hay que recordar que Borges, Cortázar, Vargas Llosa, Carpentier, Hemingway y muchos otros clásicos, también tienen obras malas.

Para aterrizar la idea a un ejemplo práctico: Es absurdo que yo cobre por un poema lo mismo que Jorge García Prieto por uno suyo. Por mucho, los suyos tienen mayor calidad que los míos; sin embargo, valen lo mismo.

Esa es la razón por la que muchos se desencantan y dejan de enviar o participar en actividades. Es uno de los motivos por la que la calidad de los textos publicados en esta época, es tan variable.

Quizás una de esas razones para estos pagos igualitarios, de las que tanto especulo, sean

Los bajos presupuestos para la literatura

En cualquiera de esos conciertos, por cada noche de trabajo (quizás dos horas de concierto), se empleó mayor cantidad de dinero que en toda la Feria del Libro de muchas provincias; realizadas durante mayor cantidad de días y para cientos de escritores. Duele ver cómo para un solo concierto de este grupo se designó un presupuesto mayor que el de una editorial cubana, para el pago de las resoluciones 70 y 71, de todo el año.

Cualquier presentador y músico que trabajó durante las ferias del libro de La Habana y de las provincias ganó, con una sola presentación, más que la inmensa mayoría de los escritores que trabajamos a diario en este evento llamado “el más importante del país”.

De hecho, a la mayoría de los habaneros que trabajamos en la Feria Internacional de La Habana, por más libros que presentemos, paneles que hagamos y lecturas de poemas que realicemos, no recibimos remuneración alguna. Conozco a varios escritores que se han sorprendido cuando les digo que en las provincias, pagan. Poco, pero pagan. De hecho, tengo constancia de escritores a los que aún les deben los pagos de la Feria antespasada; un pago de 400,00 pesos cubanos. Y sé que no todo el mundo se va sin cobrar de la Feria de La Habana. Por cierto, siempre son los mismos.

También existe una diferencia de presupuestos considerable con las peñas. El presupuesto a pagar para las peñas de músicos es en ocasiones el doble y triple del otorgado para las peñas literarias. Y que conste que con esto no pretendo que se baje el presupuesto a los músicos, sino que nos lo suban a los escritores. Los músicos también necesitan alimentarse y trabajan igual que los escritores y resto de artistas cubanos.

Es triste ver cómo cualquier artista o trabajador en general, que labore un día o dos durante el mayor evento literario del país, gane más que cualquier otro escritor que se pase los nueve o diez días de feria, trabajando.

Da pena ver cómo se gastan entre cinco y diez veces más dinero en actividades varias, prensa y producciones innecesarias, que en el pago a la verdadera razón de ser de la feria: los libros y los escritores.

La culpa no es de los músicos, productores, ni de las editoriales, ni de los escritores. Al menos no totalmente. En realidad somos en parte responsables por no reclamar nuestros derechos a los verdaderos responsables de esto: nuestro Ministerio de Cultura e instituciones del nivel superior. Tenemos dejar nuestra posición de orgullo y reclamar lo que nos pertenece.  Tenemos que dejar de ser corderos y ver nuestra actividad como lo que es, un trabajo que tiene que ser remunerado correctamente.

Demoras con los pagos

Este es otro punto que he tocado en varias ocasiones. Sin embargo, nada ha cambiado. Quizás durante la primera parte del año no se han demorado tanto en salir (uno o dos meses). Ah, pero el método de pago es el que continúa siendo cuadrado e ineficiente.

Habiendo tanta campaña para el pago electrónico a nivel nacional, casi la totalidad de las instituciones se empeñan en pagar mediante cheques. Todo funcionara si los beneficiarios de los cheques pudieran cobrarlos en las provincias en que se genera el pago: pero no siempre es así.

Si un escritor va a trabajar a una provincia, el pago sale al mes siguiente. Por tanto, para poder cobrar el cheque, debería esperar a que alguien le haga el favor de recogerlo y llevárselo; o ir a buscarlo, gastando parte del importe de este cheque.

Ah, siempre y cuando el beneficiario no viva en la Isla de la Juventud. Ahí se complica más el cobro.

Casi todos tenemos tarjetas de banco electrónicas. Sin embargo, no siempre se crean los mecanismos para realizar estos pagos, ni siempre se recibe al escritor con el cheque hecho para que lo cobre al momento. A pesar de que se conoce el volumen de actividades que este realizará durante su estancia en la provincia.

De ahí que llegue a la conclusión de que existe una constante

Violación de las resoluciones vigentes

Las resoluciones que se incumplen son múltiples, por eso no las voy a enumerar. Algunas de ellas, incluso salen del ámbito cultural y entran en lo contable o financiero.

Lo primero, es que, para no ser absolutos, casi nunca se les informa a los escritores cuánto se les va a pagar. Negociar el valor del pago, es algo utópico, ya que muchas veces depende del escaso presupuesto de las instituciones.

Algunas de estas violaciones son:

  • Invitar a un escritor a realizar un trabajo, ya sea oral o escrito, y no pagar por el trabajo realizado. Claro, se incumple siempre que no se negocie y se aclare el carácter pro-bono de la actividad.
  • El atraso por más de treinta días de los pagos de colaboraciones, premios, derechos de autor, etc.
  • Publicación de libros o textos sin cumplir los procedimientos establecidos. Por lo general, los contratos de libros se firman luego de que todo está ya editado y tienes que aceptar las condiciones de la editorial, o el libro no sale… aunque editores, correctores, maquetadores e ilustradores ya hicieron su trabajo (y lo cobraron).
  • Incumplimiento de las normas de contratación. Los escritores firmamos contratos en el momento de recoger el cheque (ya sin posibilidad de negociar); o proformas de contrato en blanco.

En este último caso, tanto los escritores como las instituciones violan los procedimientos. Sin embargo, o lo hacemos así (los escritores) o no cobramos, ya que es el proceder estándar de la mayoría de las instituciones. Pocas son las que trabajan como debe ser.

Conclusiones… de momento

La situación de los escritores es crítica. No solo porque no se nos da el valor que merecemos, ni el que merece nuestra obra, ni nuestro tiempo, ni trabajo; sino que esto se refleja en el bolsillo de los nuestro bolsillo. Si pasamos tiempo de lujo preocupándonos por luchar nuestro dinero en otras actividades extra literarias, la calidad y cantidad de obras va a seguir disminuyendo drásticamente, como lo demuestran las publicaciones cubanas más recientes.

Por no pagar lo que realmente vale el trabajo del escritor, es que los guiones de programas televisivos son mediocres y dan pena en el mayor de los casos. A diario se escuchan horrores en espacios estelares de la televisión cubana, como los informativos, por ejemplo. Horrores que se repiten en los otros programas donde leen los mismos guiones que, supuestamente, pasaron por la mano de varias personas que dieron su visto bueno. Al parecer, se utiliza un mismo guion para diversos programas, sin que nadie se dé cuenta de estos horrores. Pero este tema, da para otro artículo.

Por no pagar lo que se debe por el trabajo del escritor, es que no existe una real crítica literaria en Cuba (al menos, es una de las principales causas). Tampoco hay nuevas grandes obras en nuestras editoriales.

Por no pagar lo que realmente vale el trabajo del escritor, es que muchos buscan publicar sus obras en editoriales extranjeras, con la esperanza de algún día, poder publicar en Cuba.

Por no pagarnos, muchos de los jóvenes talentos se desilusionan y dejan de escribir para estudiar algo de lo que puedan vivir.

Para no pagar lo que vale el trabajo del escritor, buscan variantes gratuitas, que la mayoría de las veces no dominan la actividad que van a juzgar o realizar: “pero lo importante es que el show continúe”, ¿verdad? Por esa razón una vez escuché a uno de estos jurados afirmar que un cuento de más de tres páginas y más de tres personajes es una noveleta…

No hace falta que diga nada más.

Por no pagar lo que vale el trabajo de los escritores, el 2 de mayo de este 2023 el sindicato de escritores de Estados Unidos entró en huelga. Al menos ellos tienen ese sindicato que los protege.

Aquí no tenemos a nadie que vele por nosotros, excepto nosotros mismos. Por ende, debemos crear un frente unido y exigir nuestros derechos. Debemos decir “¡No trabajamos gratis!”

Por no pagarnos lo que vale nuestro trabajo, es que estoy escribiendo este artículo.

Para finalizar, les recuerdo que la Literatura es uno de los primeros y más importantes planes de la Revolución y uno de los principales logros. Si otras manifestaciones artísticas son subvencionadas para que el patrimonio cubano no se pierda, la literatura también debe ser protegida. La están perdiendo. Mejor que no se preocupen tanto por subsidiar a los libros (que es algo bueno), deberían preocuparse más por el ser humano que los escribe. Ese es el más importante de los dos, ya que sin él, no hay libros.

Y les reitero: Los escritores todavía necesitamos satisfacer nuestras necesidades como todo el mundo.

 

NOTA:

  • *Todas las imágenes fueron tomadas de la web para ilustrar el comentario.


Elvira, la guitarra y la Nueva Trova

Ella es, sin dudas, una de las guitarristas más conocidas en el país. La vemos caminar a menudo con la guitarra a cuestas por las calles de Las Tunas, su ciudad de adopción; aunque se le ha visto por otras provincias cubanas defendiendo la música clásica. Recientemente fue merecedora de la Distinción 50 Aniversario del Surgimiento del Movimiento de la Nueva Trova. Conozcamos más sobre esta concertista y sus empeños.

• Eres guitarrista concertista, ¿por qué entonces conducir una peña, por casi nueve años, donde incorporas la trova y la nueva trova?

En primer lugar, porque la anfitriona de la peña no es la nueva trova, sino la guitarra; es lo que me gusta decir. Por eso inicio cada encuentro con una obra del repertorio de concierto para ese instrumento, a modo de ilustración. Resulta algo didáctico y de presentación de quién soy a nivel profesional.

En segundo lugar porque es la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Las Tunas la que me hizo la invitación de tener un espacio en su sede. Por tanto, me debo a sus intereses artísticos y estéticos. En este caso, como tienen muchos trovadores en su filial de música, ese fue el propósito inicial.

En tercer lugar, porque no descubro la trova ahora. La nueva trova siempre me ha acompañado (la nueva y la vieja). Desde muy jovencita me aprendía las canciones y las cantaba para mí, todo un disfrute personal que compartía con colegas y amigos.

• Háblame de esa primera vez que realizaste arreglos de temas de la nueva trova para la guitarra de concierto.

Fue a petición de Jesús Ortega. En aquel tiempo era guitarra principal y vicedirectora de la orquesta de guitarras Sonantas Habaneras, de la que fui fundadora e integrante durante 14 años.

Ese maestro tenía pendiente un concierto en el Instituto Superior de Arte (ISA), una entrega de condecoraciones a personalidades de la cultura. Le habían encargado repertorio de la nueva trova porque en este evento estarían presentes Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Él, que sabía que me gustaba la trova, me dijo que por qué no lo hacía yo, que era la más indicada. Le dije que nunca había hecho eso y podía equivocarme, pero respondió que lo hiciera, que me ayudaría y revisaría.

Es algo que le agradezco eternamente. A partir de ahí lo que hice fue seleccionar dos temas de cada uno, buscar las canciones (si algo aprendí fue a hacer los arreglos de la canción original). Hice todo a mano. En aquel momento no tenía computadora, mucho menos los programas que existen hoy en día para escribir la música. Lo hice todo a mano en papel pautado y con una walkman. Grababa un pedazo, digamos la armonía, y a partir de ahí la escribía e iba grabando cada voz.

Luego iba a casa del maestro, que sí tenía computadora y el programa Encore. Él pasaba a la computadora, nota por nota lo que le dictaba de mis arreglos. Al terminar la transcripción, escuchaba lo que había escrito.

El acto se realizó en el ISA. Recuerdo que estaban Silvio Rodríguez, Sara González, Santiago Feliú, Harold Gramatges, entre muchos otros. Todavía se conservan las fotografías. Fue un día memorable. A medida que ha pasado el tiempo, me he percatado, aún más, de lo importante que fue para mí haber realizado los arreglos que se estrenaron para ese público tan importante.

• Hace más de 20 años trabajas junto a trovadores y con música de la nueva trova. ¿Qué te atrae o motiva realizar arreglos para este género?

Es justamente el respeto que tengo hacia este género y estos autores, a las personas que inspiraron o motivaron estas canciones. Es un disfrute interpretarlas y arreglarlas en un formato para compartirlas con el público.

Me motiva -también- porque no es un género que conozco ahora. De hecho, en la etapa estudiantil, en mi aula éramos siete alumnos de Guitarra y yo, la única hembra. Recuerdo que, en los turnos libres, nos poníamos a cantar. Esos muchachos cantaban temas de la nueva trova y así empecé a aprendérmelos y a cantarlos con ellos. La estética literaria de estas canciones siempre me ha llamado mucho la atención. Son diferentes puntos de vista y perfiles.

La nueva trova es una extensión de mí misma. Mi formación es básicamente instrumental y hacer canciones de este tipo hace llegar un poco más allá, tener acceso directo a un repertorio que no es al que estoy acostumbrada. Entonces, es eso, una manera de llegar a ese repertorio y crecer musical, artística y sentimentalmente. Los arreglos que he hecho son de temas que tienen gran significado para mí, que hablan de cosas que necesito expresar.

• Mujer que sueña guitarras es un fonograma nominado al Premio Cubadisco 2023 en la categoría Instrumental. Este es un disco grabado por cuatro mujeres, en cuatro secciones y con cuatro obras por sección. La última sección es de arreglos tuyos realizados a canciones de la nueva trova. Háblame sobre ello. ¿Qué te motivó a insertar esta sección como cierre del disco?

El fonograma Mujer que sueña guitarras está compuesto por 16 obras, todas con arreglos míos. Son cuatro secciones, cada una con cuatro obras. El primer bloque está integrado por obras del siglo XIX, originales para piano. Esta es nuestra carta de presentación: la identidad nacional cubana; justamente con los creadores del nacionalismo musical cubano: Manuel Saumell e Ignacio Cervantes.

El segundo bloque contiene creaciones de José María y Sergio Vitier. Son obras del cine y la televisión cubana, por el impacto que han tenido sobre nuestro país a nivel emocional e histórico. El tercer bloque está integrado por obras del repertorio latinoamericano. Son piezas de cuatro países diferentes: México, Venezuela, Paraguay y Brasil. Resulta una ventana al mundo, un saludo a la música de otros países desde mi visión guitarrística y de mujer concertista.

El último bloque está integrado por cuatro obras, cuatro íconos de la nueva trova, cuatro autores diferentes. Además, son temas con nombres de mujer, un poco representativo de nosotras las integrantes del disco, se trata de Giovanna, Claudia vendrá, Giselle y Para Bárbara. 

• Has realizado muchas colaboraciones con trovadores de primer nivel a lo largo de tu carrera. ¿Por qué crees que sea esto? ¿Cuál consideras que sea la razón por la que te convoquen para estos trabajos?

Desde hace bastante tiempo realizo colaboraciones con intérpretes de la nueva trova. Siendo estudiante del conservatorio Amadeo Roldán, se convocó al coro de la escuela y a mí, tocando la guitarra, para acompañar a Teresita Fernández en lo que es hoy el Instituto Cubano de la Música. Esa fue mi primera experiencia acompañando a una trovadora: precisamente a Teresita Fernández.

Alrededor del año 2003 tuve la oportunidad de conocer a Silvio Alejandro Rodríguez, Inti Santana, Yosvani Bernal, quienes me invitaron a acompañarlos en sus conciertos. En el caso de Silvio Alejandro e Inti Santana, los conciertos ocurrieron en el centro Pablo de la Torriente Brau y fueron grabados para formar parte de un fonograma. Yosvani Bernal me invitó a su concierto en la sala Thalía de la Universidad de La Habana.

De allá para acá, trovadores como Raúl Torres y Ariel Barreiros me pidieron que los acompañara en conciertos aquí en Las Tunas. Entre los más jóvenes están Iraida Williams, Jesús Ricardo Pérez Cecilia y Amaury del Río, tanto en sus peñas como en las mías, hemos hecho varias colaboraciones.

Pienso que me piden hacer esto dada la experiencia que tengo a nivel guitarrístico, así como el dominio técnico interpretativo desde la guitarra de concierto, lo que da un resultado muy completo, además de contemplar sus canciones desde la visión de una guitarra clásica.

• Por lo general, artistas de primer nivel, del catálogo de excelencia de la música, como lo eres tú y el cuarteto de guitarras Sultasto, buscan colaborar con otros artistas de su nivel. Aunque has compartido profesionalmente con varios de los mejores músicos de este país, no te limitas solo a eso. Realizas una peña mensual en la sede tunera, que ha abrigado a trovadores jóvenes (Amaury del Río, Ali Abigaíl, Martha Borrell…), incluidos estudiantes de escuelas de arte del país y escritores consagrados o no. ¿Por qué haces eso? ¿Por qué con y junto a los jóvenes?

Escribió Rudyard Kiplin que «la juventud no es una etapa de la vida, es un estado mental». La juventud es contagiosa. No solo he trabajado con jóvenes, sino con escritores y trovadores que son mayores que yo. El arte no envejece, sino lo contrario, el arte crece, crece en todos los sentidos mientras más tiempo pasa porque, justamente, se afirma. Cuando es un arte auténtico, se reafirma.

Me gusta en mis espacios tener colaboraciones con jóvenes y con los ya profesionales. Sobre todo para los primeros es una oportunidad de presentarse, compartir y aprender. Muchos de ellos han tenido su primera vez en público en mi peña Del sueño a la poesía y, a partir de ahí, los he visto crecer. Para mí es un voto de confianza, un regalo que les hago, mientras para el público es una oportunidad de descubrir a un nuevo intérprete. Justamente de ahí han salido otras presentaciones. O sea, es una vocación de servicio que me queda como intérprete y maestra.

• Recientemente, como solista y con el cuarteto de guitarras Sultasto realizaste conciertos en La Habana y colaboraste con prestigiosos trovadores y escritores. Además, interpretaron arreglos tuyos en presencia de autores de las canciones. Cuéntame sobre ello.

Este año he tenido la oportunidad de retomar mis conciertos por otras provincias, pues por la pandemia hubo un receso general en el país. Estoy feliz porque fui invitada con el cuarteto al Festival Guitarras en Santiago, donde realicé clases magistrales y presentaciones en el conservatorio de música Esteban Salas. También me presenté en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba de allí y en la Catedral de Santiago de Cuba. Después estuve en el Festival A Tempo con Caturla, en Santa Clara, encuentro que se realiza anualmente en esta ciudad, dedicado a la música de concierto.

Luego, estuve en La Habana donde realicé seis presentaciones. Pude hacer, desde conciertos en La Madriguera, en el Patio de la Egrem, hasta conciertos en el Pabellón Cuba, sede de la AHS nacional y, en especial, en la Casa del Alba Cultural, invitada por el maestro Jesús Ortega. Él fue mi maestro, el gran maestro de la guitarra en Cuba, el maestro de todos los maestros. Para mí fue un reto y un regalo igual para él. Tocar, después de tantos años de graduada y que él dedicará tiempo a escucharme, junto a sus alumnos e integrantes de Sonantas Habaneras…, una dicha. También realicé una presentación en Mayabeque, invitada al concierto de Inti Santana, donde compartí también con escritores.

Lo más importante es eso, seguir trabajando, estudiando. El músico, al igual que el escritor, el artista plástico y otros creadores nunca descansa porque la mente no recesa. Mientras la mente esté activa y el corazón encendido, siempre estaremos soñando obras, soñando cosas que se hacen realidad al momento del contacto con el público.

Ciertamente, he tenido la oportunidad de tocar mis arreglos frente a los autores, como es el caso de Pepe Ordás, Raúl Torres, Eduardo Sosa y Gerardo Alfonso. Particularmente, estos dos últimos estuvieron presentes en uno de los conciertos que realizamos en el Pabellón Cuba, en La Habana, con el cuarteto de guitarras Sultasto.

Fue muy lindo porque, mientras nosotras tocamos los arreglos de sus temas para música instrumental netamente, ellos iban, muy bajito, cantando las canciones. En el caso de Gerardo, cuando interpretamos su tema Giovanna, me estremeció muchísimo escuchar su voz cantando bajito mientras tocaba la línea melódica de la obra. Fue realmente muy, muy emocionante para nosotras, y para ellos también. Quedaron impresionados, nos lo expresaron y, de hecho, quieren hacer colaboraciones con nosotras.

En total tengo más de 30 arreglos de temas de la nueva trova, y muchos de ellos han sido escuchados por sus autores.

• Vienes de la música clásica y la insertas en la trova, la música popular. ¿Aconsejas a los concertistas a acercarse a estos géneros musicales? ¿Crees que los trovadores deberían hacer lo mismo con la música y la guitarra clásica?

Antes de mí, otros intérpretes de música clásica o música de concierto hicieron trabajos maravillosos con los trovadores. Recuerdo a Hernán López-Nussa acompañando a Miriam Ramos cantando temas de Noel Nicola, a Frank Fernández con sus maravillosos arreglos de Unicornio y Melancolía, de Silvio Rodríguez. De hecho, en el tema de Unicornio está acompañándolo la esposa de Frank, que es una excelente chelista. En el caso de Pablo Milanés, su grupo estaba integrado por excelentísimos intérpretes: Dagoberto González al violín y Miguelito Núñez al piano. Son grandes intérpretes de su instrumento que abordaron el repertorio de la música clásica. O sea, la base técnica e interpretativa estaba garantizada.

Sí, pienso que para los trovadores ha sido un crecimiento. A través de su obra logran que estos grandes intérpretes de instrumentos como la misma guitarra, el violín o el piano hagan su versión a estos temas. Crecen los dos: el autor con una nueva proyección de su obra y el músico porque (como dije anteriormente) se acerca a un repertorio que no es el habitual. De ahí salen cosas bellas.

• ¿Qué representa la nueva trova para Elvira Skourtis como músico y como cubana?

Para mí, la trova representa muchísimo, porque me da la oportunidad de tocar nuevas obras, nuevos repertorios y, aunque muchos lo minimizan al verlo como «popular», no es así. De hecho, está demostrado que llega de manera más directa y certera una canción, que ya tiene un texto. La música clásica posee otros requisitos, debe ser escuchada con más atención, con mayor silencio y conocer sus códigos de interpretación.

Además, la trova es parte de todo, no hay historia de la música cubana sin trova. Y como cubana, aún más porque el repertorio de nuestra cancionística es amplio, pero creo que los mensajes más significativos y trascendentes están en la trova. Hay otros géneros muy conocidos, pero es ella la que tiene mayor peso. Por eso quizás también me acerco, porque la necesito y me alimenta.

• El pasado 24 de junio recibiste la Medalla por el 50 Aniversario de la Fundación del Movimiento de la Nueva Trova, por estos más de 20 años trabajando con trovadores y realizando arreglos a canciones de estos autores. El reconocimiento lo recibiste junto a músicos de tu provincia como Iraida Williams, Guislaine Ochoa, Jesús Ricardo Pérez Cecilia, entre otros, y en especial junto al maestro Delfín Ramos, quien es considerado uno de los más significativos trovadores de la provincia, según las palabras de Pablo Milanés. ¿Qué representa eso para ti?

Es un gran reto integrar la lista de personas condecoradas con esa medalla, pues justamente le ha sido otorgada a otros grandes músicos, intérpretes y personalidades de la música en Cuba, un grupo selecto que me honra poder integrar. Ha sido algo muy lindo. Lo que sentí, a nivel personal, cuando recibí el estuche, abrirlo y sacar la medalla, acariciarla y que al dorso tenga una guitarrita, no puedo describir tanta alegría sentida. Además, es un compromiso de ser mejor músico y persona.

• ¿Cuáles son esos sueños por cumplir?

De niña mi sueño era tocar en un teatro y siempre lo visualizaba con el público de pie, aplaudiendo. Eso lo he logrado, de hecho, en varias ocasiones en Cuba y el extranjero.

He soñado con acompañar a grandes intérpretes y también es un sueño. Raúl Torres fue uno de ellos. Soñé con acompañar a Pablo y lo acompaño ahora desde otra dimensión.

El sueño principal, artísticamente hablando, es conmover a los que me escuchan, es lo que siento cuando me expreso musicalmente, un fenómeno que se genera desde que llega la obra, la aprendo, memorizo y la trabajo…, busco que llegue del mismo modo al momento de interpretarla, ese en el que puedo estremecerme por la intensidad del mensaje sonoro, algo increíble.

Me ha sucedido, en numerosas ocasiones, que al estar tocando y terminar la obra he visto al público con lágrimas, emocionado. Me pasó con el compositor Ñico Rojas después de tocar su obra Lilian, dedicada a su hija fallecida. Al terminar se me acercaron él y su esposa, me abrazaron y estaban temblando. Esa es una de las cosas más impactantes que me han sucedido en la vida, sentir tan cerca la emoción y el temblor en la mano que me saluda y agradece.

 

*Tomado del Periódico 26.



Un disparo con toda la fuerza del mundo

Si Pedro Juan Gutiérrez, Ana Lidia Vega, Guillermo Vidal y Jorge Luis Serrano tuvieran un hijo, ese fuera Junior Fernández Guerra.

Hay un escritor del que me he vuelto fanático y es Junior Fernández Guerra. Lo mismo escribe poesía que narrativa. De este último género es el libro que recomiendo Powershot, ediciones Sed de Belleza 2018.

Powershot es un libro corto, de solo cinco cuentos que abarcan unas cuarenta cuartillas. Corto como un flash, pero que te deja una marca en la retina para toda la vida. Las historias tienen como eje central a un fotógrafo, en la Cuba de hoy, ayer y mañana. Un fotógrafo que tiene aspiraciones artísticas, pero que sabe que gana más dinero (o, simplemente, gana dinero) en el mercado negro, con actividades “no exactamente lícitas”.

Son historias que, para los amantes de las etiquetas, algunas se podrían etiquetar en el realismo sucio; con lenguaje fuerte directo y actual. Junior hace alarde de una prosa fluida, con rejuegos y homenajes a estos grandes escritores cubanos a los que hice referencia al inicio. Juega con los géneros o, más bien, coquetea con textos llenos de imágenes fuertes, directas, como en todo buen poema.

Sin embargo, Junior mantiene en todo el momento un estilo propio que mantiene en constante tensión al lector. Desde el primer cuento, abiertamente Vidaliano, te encuentras en constante descubrimiento de elementos nuevos y sorprendentes en la historia; te encuentras preguntándote de qué otra cosa el protagonista sería capaz. Junior no tiene límites en cuanto a los escrúpulos de los actantes en su libro. No tiene miedo de hablar de madres prostitutas, prostitución infantil, drogas, sexo hardcore, violencia, asesinatos, chantajes, extrañísimas filias y todo lo que menos te imaginas que se mueve en el underground cubano actual y, en especial, del mundo de la fotografía. Pudiera parecerles un libro de ficción a algunos, pudieran ser historias reales “ficcionadas”, por más fantásticas o exageradas que sean. En mi opinión, Powershot pertenece a este segundo grupo.

Y concluyo con algo que puede sonarles desconcertante o difícil de entender: Después de leer Powershot, no van a mirar los espaguettis del mismo modo que antes.

Y ahí se los dejo, y me retiro muy lentamente.



Aún llueve sobre La Habana

Siempre que me toca presentar un libro, siempre he dicho que presentar el de un amigo, se hace difícil, porque siempre se quiere estar a la altura.

Ahora les traigo un libro de Julio Travieso Serrano, Premio Nacional de Literatura 2021 y de quien, cuando me recomendaron su obra, la frase fue “si hubiera nacido en otro país, hubiera sido lo que hoy es Gabriel García Márquez; ese hombre escribió el 100 años de soledad, cubano”. Se referían a El polvo y el oro.

Pero en esta ocasión les hablaré del título: Llueve sobre La Habana, Editorial Letras cubanas, en su tercera edición. Este libro es la prueba de que no hay tema “gastado”, sino forma incorrecta de narrar. Se dice que ya se ha escrito demasiado sobre jineteras, chulos, sobre literatura romántica o de suspense, y no hay nada nuevo que contar.

Pues Julio Travieso es la prueba de que eso es un inmenso error.

Podría hablar de este libro de dos formas, o a dos públicos diferentes: una para los escritores y otra para los lectores en general.

A los escritores les puedo decir que esta novela es un derroche de técnicas literarias. Es el alarde de un escritor que escribe como le da la gana y narra una historia de amor entre “Él”, un corredor de permutas (luchador de la clandestinidad, funcionario tronado y ahora luchador, según la propia Mónica, la otra parte principal alrededor de quien gira esta historia, una scort (léase Jinetera, ya que el término scort no era muy utilizado en la época en que fue escrita la novela 1995 y 1998, publicada por primera vez en el 2004).

Esta es una novela de amor, suspense, intriga, crítica social, con violencia, escenas sexuales muy hermosas, con ciertas pinceladas de erotismo y violencia muy bien colocadas a lo largo del libro, para darle ese balance perfecto en la dramaturgia.

Parte del alarde en la pluma de Llueve sobre La Habana no es solo que esté escrita de forma risomática, y donde el tiempo no transcurre de forma lineal. No basta solo con eso. El autor utiliza los tres tipos principales de narradores, rompe la cuarta pared con frecuencia y te habla como quien estuviera narrando una novela radial. Además, Travieso narra en los tres puntos de vista primera, segunda y tercera persona, tanto en presente como en pasado, y en ocasiones futuro, y cada tipo de narrador y punto de vista es utilizado para un personaje diferente y protagonista del fragmento narrado; algo característico de cada uno, de forma que podrás reconocer de quién se va a narrar al identificar la manera en que está escrita la sección. El autor muestra tal maestría que no hay momento en que se sienta “costura”, no solo no molesta a la leer, sino, más bien, refresca, hace la lectura más fácil y atractiva de leer.

De esa forma te va llevando por una serie de eventos en la vida pasada, presente y futura de cada personaje principal o secundario, para que conozcas su forma de actuar, su idiosincrasia y vayas descubriendo el desarrollo de la historia.

Para el público lector en general (donde también estamos los escritores), que nos sentamos a disfrutar del libro, de su historia, también Julio Travieso nos tiene preparado alguna que otra maravilla. 

De inicio nos abre con un gancho al mentón detrás de una escena leitmotiv de toda la novela (y de la que hablaré más adelante: la lluvia). Julio nos abre diciendo que el misterio de la desaparición de Mónica “se develó”. Y un poco más adelante realiza la sinopsis o resumen de lo que vamos a leer:

Esta es su historia y la mía nuestra historia. Es un relato en el que Mónica desaparecerá, perdida, escondida, en La Habana, una ciudad fea, sucia, escandalosa. Yo la buscaré, pero no la hallaré. En su momento, ella aparecerá, pero ya no habrá tiempo para amar y vivir, solo el justo para contar lo ocurrido.

No importa que Travieso nos diga lo que va a ocurrir, porque no es solo eso lo que sucede; no qué va. Hay mucho más. Además, no es solo lo que sucede, sino cómo sucede y todos los actores que intervienen en esta historia. Travieso juega con los estereotipos de la vida marginal de La Habana y los habaneros de la época, con el lenguaje; de tal manera que creó una historia de amor que tal parece que fue escrita hoy.

Llueve sobre La Habana mantiene su actualidad, quizás por estar ambientada en Cuba. Elementos tan actuales como “la lucha”, la búsqueda de los dólares para comprar, en palabras de “Él”: mejor y mayor cantidad de comida, la prostitución, la lucha entre los funcionarios y los que piensan diferente a estos funcionarios, los mismos  mecanismos del mismo mercado negro y lo que se resuelve en él, la migración, los balseros, la religión, etc.

Además, Travieso juega con elementos de la cultura contemporánea e intertextualidades como Harry Potter, y en particular, el personaje «que no debe ser nombrado»: Voldemort.

Solo algunas diferencias menores saltan a la vista y nos ubican en la época, y son palabras como “tronado” y la falta de los celulares o el atraso en la telefonía fija de la época. Fuera de esto, no parece una novela terminada de escribir en el 98.

La lluvia es un elemento-personaje recurrente en la historia, y que aparece en todo momento: Llueve cuando Él está en la casa del aristrócrata, cuando Él y Mónica se revelan sus nombres, cuando los personajes realizan sus confidencias, confesiones entre otros sucesos importantes o determinantes de la novela.

La lluvia como elemento de limpieza de la suciedad, de la sociedad, de los personajes. La lluvia como fondo, como música acompañante que le propicia a la historia ese aire gris, nostálgico, triste y hermoso al mismo tiempo. Tal y como su nos detuviéramos a mirar la lluvia caer en una tarde invernal.

Porque Llueve sobre La Habana es eso, es belleza y tristeza, es un paisaje invernal, un cuadro de la Habana, nostálgico por los “buenos momentos pasados”, descritos con las palabras llenas de poesía y del mismo modo en que se describiría La Habana, con esa mezcla de maravilla y tristeza.