escuelas de arte


Susuki-Camaquito: ¡semilla, tiempo y estímulo! (+Fotos)

  • «La enseñanza de música no es mi propósito principal. Deseo formar a buenos ciudadanos, seres humanos nobles. Si un niño oye buena música desde el día de su nacimiento, y aprende a tocarla él mismo, desarrolla su sensibilidad, y disciplina y paciencia. Adquiere un corazón hermoso». Shinichi Suzuki

Lo admito, el proyecto Suzuki-Camaquito para la enseñanza del violín en Santiago de Cuba me resulta muy cercano. Son dos las principales razones por las que me siento parte. Adriana Mercedes, mi hija, otra vez fue guía para el hallazgo. Ya escuchaba noticias sobre el taller a cargo de docentes de la enseñanza artística musical, atriles además de la Orquesta Sinfónica de Oriente y colegas en la Sala Dolores. Y fue con la petición de Adriana por aprender el instrumento que me avecé en este universo. La segunda causa, como con otros aconteceres sonoros, proviene de la participación de la Sala de Conciertos en la labor que  protagonizan músicos y pedagogos de la ciudad.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

Por esos vínculos familiares y de profesión e informaciones previas,  entiendo que el fin del método Suzuki trasciende la intención de que los alumnos lleguen al ejercicio profesional de la música. Su enseñanza se entiende como un concepto de vida más amplio.

Tras el término de una primera etapa con la graduación del Violín de Cartón, y el paso al violín de madera, me vale motivo para esta conversación  con la pedagoga y violinista Jana Marieta Perdigón Milá, coordinadora del proyecto.

¿Qué es el Método Suzuki como filosofía para la enseñanza-aprendizaje de la música?

El método Suzuki es novedoso, revolucionario por así decirlo. Entrado el siglo XX el violinista y pedagogo Shinichi Suzuki lo crea para su aplicación en la temprana edad, con la premisa de que el talento no es innato, sino que se desarrolla. Esa idea rompe con la concepción de lo que es la enseñanza tradicional. Siempre se ha dicho que el individuo nace para la música o no, y que quien no posea un oído de Mozart no tiene oportunidad. Tal criterio es una interpretación fatalista.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

El musicólogo Alberto Alén, quien además estudió psicología, bajo el rubro “Diagnosticando la musicalidad”, critica el proceso de las pruebas de captación. Plantea que éstas diagnostican lo que el niño desde que nace  hasta que llega a esa etapa ha aprendido en su ambiente, y que no garantizan que se desarrolle o no en la música. Ese libro ganó premio Casa de las Américas en 1968 aunque su publicación acontece después. Tiene relación con la filosofía Suzuki aún sin conocerla. En ese pensamiento se basa el método, su idea es que el talento no es una predisposición genética sino que responde a incentivos. Cada  pequeño aprende a su ritmo, unos más rápido que otros pero todos logran conocimientos y habilidades a través de esta enseñanza.

La máxima de nuestro método es que todos los niños pueden alcanzar objetivos en la música, lo cual incluye a aquellos con diagnósticos como el  autismo, síndrome de Down y otros. Sigo en Facebook a una profesora Suzuki italiana que trabaja con estos infantes.

Suzuki llamó a su método el enfoque de la lengua materna. Hace una analogía entre el proceso de aprendizaje de la lengua y la música. La primera se aprende en un contexto, en un ambiente donde es todo lo que el individuo escucha. Quien está pendiente a la palabra, su pronunciación es la familia. Él hace una traslación de estas nociones a la iniciación musical.  A niños muy pequeños se les ponía la música que luego iban a tocar. Esa música se les quedaba en su oído interior y luego eran capaces de replicarla no solo con el sonido sino con la afinación.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

Al final el propósito de Suzuki es la educación a través de la música, hacer de los niños personas sensibles. Él sostuvo la afirmación que si cada persona del mundo tocara un instrumento se acabara la guerra.  El método tiene muchos beneficios, un menor que desde temprano aprende una disciplina, desde una constancia y sistematicidad, valora el logro desde el esfuerzo. La filosofía  se sustenta en el trabajo constante con esencias del pensamiento oriental y la aplicación de un proverbio japonés  como Tarde o temprano, la disciplina superará al talento.

Luego de la II Guerra Mundial Suzuki amplía el método al piano, el chelo. En la actualidad se adecua a la  flauta, guitarra, trompeta, contrabajo y otros instrumentos.

¿Cómo llega esta metodología a Santiago de Cuba?

Conocimos el método a través de la profesora y chelista Yaqueline Jardines. Nos llegaban audiovisuales de niños asiáticos muy pequeños tocando de manera asombrosa, y la distinción de la palabra Suzuki pero no la información de qué se trataba. Pensamos que era una cuestión de niños prodigios, algo innato.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

Jardines tiene la oportunidad de ir a Francia a cursar estudios en un importante Instituto Suzuki. Ella regresa y se encuentra con profesores en Santiago de Cuba, comienza el empleo de los arreglos orquestales del repertorio Suzuki con niños de la Vocacional de Arte. Ese fue el acercamiento dentro de  una orquesta infantil en el referido centro, que siempre estuvo a cargo del profesor Ignacio Mora Clavel. En cada ocasión que Jaqueline venía a Cuba se realizaron estos conciertos.

Más tarde llega un amigo suizo, contrabajista, que pertenece a la ONG Camaquito. Nos habla de una profesora suiza Suzuki que viene a Camagüey a impartir unos talleres y por supuesto nos interesamos. Cuando llega a Santiago recibimos por dicha profesora el primer curso de filosofía Suzuki e introducción al Libro I del método, nos enamoramos.  Nos introdujo entre otras cuestiones en la noción acerca de las clases individuales y grupales para la socialización de los infantes, la importancia de que aprendan desde los valores. Ese fue el impulso de lo que existe hoy en Santiago de Cuba, ese movimiento que está  en nacimiento. Primero a partir de Jaqueline y luego esta profesora  que impartió un primer curso en el 2017 y otro en 2019.

A nuestra disposición para iniciar como profesoras Suzuki,  recibimos el apoyo de la ONG Camaquito para asistir a un festival en Lima, Perú que acontece cada enero. El evento  ofrece capacitación para profesores latinoamericanos en la metodología.  Ahí recibimos adiestramiento en el 2018 Cecilia Rosales y yo en Filosofía Suzuki y en Libro I.  Al siguiente año sumamos a las profesoras Claudia Rodríguez y Mayra Yeline. Las primeras accedimos al Libro II y III, además de curso de lectura musical y de otro método que se utiliza en muchas escuelas en el mundo, el Dalcroze.  Este año  vimos la integración  de otras dos profesoras que ya trabajaron con nosotras en la comunidad de Ducureaux, Claudia Pantoja y Cecia Machado.  Ellas pasan por el proceso de iniciación, yo hago Libro IV más otro método conocido como el Kodály.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

En Santiago de Cuba somos hasta el momento un equipo de seis profesoras, cuatro trabajamos en el taller vocacional del Conservatorio, y las otras dos en el primer proyecto que hicimos en 2018 cuando regresamos del primer Festival. Queríamos aplicar el método. Nos invitan en el Conservatorio a exponer nuestra experiencia y se hallaba presente una estudiante teórica y de violín, cuyo padre es pastor en la comunidad de Ducureaux. Ellos tienen una guardería desde los 18 meses a edades tempranas y les interesaban las clases de música. Estuvimos un año completo de trabajo allí.

Se nos dio la oportunidad de presentar el proyecto en el Conservatorio para que formara parte del taller vocacional que cada escuela debe implementar.

El método presupone la participación familiar como guía en la formación de valores en los niños. Compártenos al respecto.

Como cuando un niño aprende a hablar, los padres participan en el aprendizaje musical de su hijo. Asisten a clase con el niño y sirven como maestros en casa durante la semana. Un padre a menudo aprende a tocar antes que el menor, para que comprenda lo que se espera que haga. El objetivo es la educación a través de la música. Este pensamiento incluye a la familia.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

La presencia de la familia es muy importante, es otra de las diferencias con respecto al método tradicional. En éste el estudiante llega a la escuela y recibe la clase individual  del profesor. El niño en la casa debe tener la capacidad con 8 años de recordar y resolver todos los problemas sin que nadie medie. Después que conozco el Suzuki pienso en cuán difícil lo ya establecido.

El método lo resuelve con la figura de la madre o el padre u otro familiar, en lo que se conoce en esta filosofía como el triángulo Suzuki, que ubica al niño encima y en la base, en una esquina al profesor y en la otra al familiar. El padre se convierte en el profesor en casa. Conozco a una madre en Perú que aprendió violín para enseñarles a sus hijas y hoy es profesora Suzuki. No llega a un nivel de un libro V que tiene conciertos de Bach, Mozart, pero para comenzar con niños pequeños ella funciona a la perfección. Una de sus hijas ha ganado concursos. Incluso esa familia proviene de la cordillera andina. Hacían viajes de horas hasta Lima para que recibieran las clases.

Es un reto, trabajamos con el niño y también con la familia. Nuestra cultura tiene tendencia a la impaciencia con los pequeños. Queremos que el niño aprenda ¡ya! No nos percatamos que cada uno tiene su ritmo de aprendizaje. Vemos familiares que se desesperan a plena clase cuando el niño no realiza un ejercicio o rutina como debe alcanzar. Por eso debemos nuestro trabajo también a la familia para que interiorice el proceso.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

La clase comienza con una reverencia muy al estilo de las artes marciales. De esta forma el alumno siente el respeto hacia el maestro y se genera un intercambio de enseñanzas de uno a otro lado. La dinámica de la clase propicia que el niño aprenda desde el disfrute.  Cuando finaliza el encuentro repetimos la reverencia. La admiración al maestro es otra de las cuestiones que vemos diluirse en la actualidad.

Para muchos padres la participación quizás sea una práctica normal, cotidiana, mientras para otros que están muy ocupados o piensan que la educación instrucción es solo responsabilidad de las instituciones,  constituye un llamado a dedicarle su tiempo a los procesos de crecimiento del hijo. Se trata de conformar un equipo donde los padres son coprotagonistas.

Cuéntanos de la trayectoria del proyecto en Santiago hasta el momento actual.

Pienso que lo más significativo ha sido despertar la atención de los niños y sus familias hacia el mismo. A partir de las características de cada uno está el logro de la motivación y los primeros resultados.  Incluso ellos se sienten ya violinistas. Eso incluye sus participaciones en los conciertos de la Orquesta Sinfónica, porque este universo musical  necesita de ese ambiente que le aporte conocimiento.  Al final es eso lo que vemos como un taller vocacional.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

Quizás a la edad requerida el infante por cualquier motivo acceda o no a la Escuela Vocacional de Arte pero tuvo una ganancia, una preparación previa.   Lo que se aprende a esas edades es algo que te marca. Es una persona que va a ser asiduo a una sala de concierto,  con una sensibilidad y noción cultural.

De esta primera etapa hay niños que alcanzaron pasar la etapa previa del violín de cartón, con habilidades del instrumento como el agarre del arco y una rutina básica con un violincito construido, y la apelación a  imágenes infantiles como un conejito, y otras dinámicas que trascienden el mero juego. Con ellos llegamos a una nueva etapa con nuevos retos.

En sentido general el proyecto tiene mucha salud a partir de los logros correspondientes y las expectativas que genera.

¿Existen perspectivas para la posible integración de esta metodología a la enseñanza artística cubana?

Comencemos por reconocer que lamentablemente el Suzuki es un método desconocido por el profesorado cubano.  Se le ve hasta con prejuicio por algunos, a causa de lo anterior. Hay quien lo asocia con juegos de niños y le restan credibilidad. La mayoría de los profesores del ámbito tradicional no lo ven como una posibilidad,  herramienta o camino hacia la música profesional.

foto cortesía de Yanilis Nuevo.

Considero que actualmente no se está preparado para asumir el método Suzuki en las escuelas de arte, porque no hay un referente todavía. Nosotros estamos llamados a ser el referente, con la capacidad que tengamos para demostrar sus aportes. No se trata de imposiciones. Si miramos la filosofía hay varios aspectos diametralmente opuestos a la enseñanza tradicional.

La enseñanza artística prevé formar a la vanguardia artística y se entiende por eso que quienes accedan deban ser los de mejores condiciones desde el inicio. En Suzuki todos los niños pueden. En las escuelas de arte hay un tiempo límite para el cumplimiento de los programas y con ello el pase de año y nivel, y quien no cumpla dicho estándar  abandona los estudios.

En Suzuki difiere la idea, ¿qué pasa si no llega? Al final lo que aporta a tu vida es mucho más. El método más bien  plantea que el niño debe ser feliz tocando la música. En lo tradicional no siempre se ve eso. Hay quienes sufren porque no llegan o logran en breve tiempo algún objetivo.

Fui educada en lo tradicional y aprendí mucho de mis profesores, a los que respeto y agradezco todo lo que sé. Estoy orgullosa, conocemos el nivel de los músicos cubanos, pero no me conformo.  

Qué hago yo, y opto por la responsabilidad de hablar por mí. Además del estudio del método Suzuki, me avezo en otras superaciones y métodos como el Dalcroze y el Kodály. Quisiera que mis colegas en Cuba los conozcan porque brindan herramientas novedosas para el trabajo con las individualidades de cada  niño.

foto cortesía de Jana Marieta Perdigon

Por ejemplo, coloco marcas en los diapasones a los estudiantes de primer año en el nivel elemental y llegan a la escuela y sitúan los dedos donde corresponde. Con asiduidad cito a los padres, ahora no por el tema de la covid, pero lo normal es que con los de primero y segundo tengamos clases en las que les muestro cómo tienen que estudiar con sus hijos en casa. Eso ofrece logros insospechados.  Y hablo de padres que no son músicos. Ellos indagan de cómo llegar a los diferentes procederes para hacerles de guía en el estudio y se notan los avances en los estudiantes hijos de madres y padres con profesiones ajenas a la música, tanto como en aquellos que tienen un progenitor músico o violinista. De esa manera aplico herramientas del método en mi clase de enseñanza artística.

En el método tradicional se comienza con sonidos un poco largos; sin embargo nuestro método enseña que el niño puede tocar con movimientos más rápidos y cortos, semicorcheas y corcheas, y ellos lo logran. Esa importancia a ambas manos los hace más atrevidos a la hora de comenzar. Eso lo aplico y me da resultado.

De manera general, lo que veo es la necesidad de abrir el panorama a conocimientos y a nuevas formas de transmitirlo. Así como la sociedad se abre a las tecnologías, nos tenemos que expandir a nuevos métodos de enseñanza. Sería bueno un entendimiento.

Por lo que nos compartes, el Proyecto se adscribe a los talleres de formación vocacional del Conservatorio Esteban Salas…

foto cortesía de Jana Marieta Perdigon

El CNART en su política 2017-2021 propuso que cada escuela desarrolle talleres vocacionales dirigidos a diferentes beneficiarios,  grupos de edades, comunidades  con el fin de aumentar la información cultural y los valores de la identidad cultural en la población. El Conservatorio Esteban Salas buscó alternativas entre los propios profesores. Nosotros en paralelo ya teníamos nuestro taller en Ducureaux y coincide con que  la ONG Camaquito nos da la noticia del financiamiento para la compra de instrumentos, violines pequeños para los integrantes del proyecto.  Camaquito es una ONG suiza que trabaja solamente con el estado cubano. Nuestro  proyecto fue aceptado por el Conservatorio como nuestra propuesta de taller vocacional. Así se legitimizó este empeño de colaboración internacional.   En noviembre de 2019 nos llega la primera donación de violines que es la que utilizan actualmente los niños. Como taller vocacional es la respuesta que la cátedra de cuerdas dio al Conservatorio como Institución de la enseñanza, con la aplicación de esta metodología para niños preescolares.

Son varias las familias santiagueras que a partir de la reciente graduación de la etapa Violín De Cartón se interesan por la matrícula de sus hijos en el Proyecto. ¿Tienen prevista alguna fecha para la siguiente hornada con niños principiantes?

Ahora mismo no prevemos ese momento. La razón es que somos pocas profesoras y es mucha la demanda. No es correcto comprometer la palabra porque no discriminamos entre los niños, para nosotros quien toque a la puerta tiene las mismas oportunidades que el otro. También trabajamos conforme a la cantidad de instrumentos que tenemos, y ya estamos al límite, aunque se espera que entre otra donación. Eso depende de posibilidades externas. Para el Suzuki en violín debemos esperar transcurra un ciclo de niños que lleguen a la edad límite que podemos tener.

foto cortesía de Jana Marieta Perdigon

La otra posibilidad es el aumento a otros instrumentos y eso espera a que pase la situación actual de la covid, que rompió algunos planes. Previmos la invitación de una profesora Suzuki de piano, porque tenemos profesores del instrumento con el interés e incluso ya con un núcleo de algunos niños pequeños para el comienzo. Esa y otras capacitaciones se realizarán en posteriores momentos.

Es un tema delicado, para ser profesor Suzuki se recibe una capacitación de su filosofía y herramientas técnicas. No se trata de apelar a cualquier profesor o violinista y asignarle un grupo de niños. Esto se estudia, implica una filosofía. El Suzuki va mucho más allá de tocar un repertorio. Cada una de esas primeras piezas tiene su objetivo para la mano izquierda y su objetivo para la derecha. Solo cuando el docente recibe la formación  se le considera un Suzuki.

Cuando escuchaba a otros profesores emitir juicios negativos del método como equivalencia a juego de niños me percato que no se dan cuenta que hablamos de infantes de dos, tres años, edad preescolar. El aprendizaje tiene particularidades y el juego cumple un rol principal. Los más pequeñitos por ejemplo no tienen la claridad de la repartición espacial. Incluso hay  diferencias notorias de un año a otro y buscamos las maneras de desarrollarles las habilidades. El método incluso se concibe para que el profesor hable lo menos posible, porque en estas edades tempranas cuando sucede lo contrario el pequeño se distrae. El niño aprende haciendo y a través de la imitación.

Después de cada curso tenemos intercambios con otros profesores a través de clases grabadas y en esa dinámica también crecemos. Lo que más nos señalan a las profesoras cubanas es que hablamos demasiado. La clase debe ir más a lo práctico, con el empleo de la imaginación que proviene del entorno infantil.

foto cortesía de Jana Marieta Perdigon

Coméntanos acerca de la proyección de Suzuki Camaquito en las redes sociales. ¿Por qué canales se puede acceder a sus informaciones?

Hasta el momento tenemos dos espacios en las redes, uno propio del proyecto, Suzuki Santiago Camaquito, donde brindamos informaciones y para los padres diversas enseñanzas como la importancia de educar al niño con el pensamiento de que sí puede alcanzar los objetivos. Compartimos además nuestros quehaceres pedagógicos y los resultados de nuestra labor cotidiana.

foto cortesía de Jana Marieta Perdigon

También está la página de Camaquito Español, en la que además de nosotros  aparecen  todos los proyectos que desarrolla la ONG con la infancia cubana. Existen en Camagüey, Ciego de Ávila y Santiago de Cuba en expresiones como la danza, el teatro, deporte como el fútbol en los barrios, los hay de enfoque comunitario desde Casas de Cultura.

En ambos sitios se ofrecen guías sobre nuestras dinámicas.

Como dijera Shinichi Suzuki, Dos cosas necesita una semilla: tiempo y estímulo, esa es la guía de nuestro proyecto. 

foto cortesía de Jana Marieta Perdigon

foto cortesía de Jana Marieta Perdigon

 

Páginas de Facebook de los proyectos:

https://www.facebook.com/suzukisantiagocamaquito

https://www.facebook.com/camaquitoespanol


Carlos Ernesto Varona: “No tengo límites”

Conocí a Carlos Ernesto Varona Velázquez cuando ambos soñábamos ser guitarristas. Eran aquellos los años de la niñez y la posibilidad. El tiempo ha pasado desde entonces y, como siempre, se ocupó de transformar todo a su paso. Sin embargo, no cambió la certeza de Carlos Ernesto, su amor infinito hacia el instrumento y hacia la música. Lo invito, lo provoco con una pregunta que habla, también, de las memorias que compartimos…

—¿Sientes que tu formación en las escuelas elementales de Arte fue esencial para la conformación del artista que eres hoy?

—Por supuesto. Para mí es un poco contradictorio porque uno tiene muy corta edad cuando comienza a recibir una educación. Sin embargo, ese es, al mismo tiempo, el momento más importante en la formación de un músico.

cortesía del entrevistado

—De esa experiencia, ¿cuál consideras que fue tu aprendizaje mayor?

—Sería injusto decir que solo hubo un gran aprendizaje. En la enseñanza de un artista, los aprendizajes son de diferentes tipos y todos se complementan. Para poder hacer música se necesita tener un bagaje cultural amplio y que te permita canalizar y expresar tus habilidades.

—En la actualidad, ¿cuál es la salud de la Escuela Cubana de Guitarra?

—Considero que es buena: hay muchos jóvenes guitarristas de nuevas generaciones que apuestan y desean mantener el legado de Nicola. Gracias a la información que nos brindan hoy las plataformas digitales se puede estar más al tanto de lo que ocurre a nivel internacional. Así se tiene una retroalimentación en la que se evidencia la importancia mundial que ha tenido nuestra escuela.  

cortesía del entrevistado

—¿La tradición guitarrística clásica en nuestro país se ha visto afectada o modificada por el avance de la música popular, o este avance se ha integrado de forma orgánica y ha resultado en beneficio de lo clásico?

—El sector de la música clásica no tiene tanta demanda del público como solía ser años atrás. Algunos eventos, por tradición, mantienen quizás a ese público que tuvo alguna vez, pero la sociedad actual se aleja mucho de consumir ese tipo de música. Partiendo de esto, te digo que lo clásico no se ha visto afectado por lo popular; se ha integrado para hacer llegar un arte refinado a un público mayoritario que suele consumir otro tipo de música. Esta no es una tendencia actual, siempre se ha incluido en el programa de guitarra clásica, debido a que este es un instrumento que es también muy popular. Un ejemplo de esto es El manisero, de Moisés Simons o Drume Negrita, de Eliseo Grenet, piezas que han sido llevadas al repertorio de la música de concierto. Tuve el placer de interpretar hace poco El Concierto de las Islas, de Rafael Guedes: en el primer movimiento se encuentra una guajira, en el segundo un bolero, y en el tercero un danzón-son.

—¿Cómo enfrentas tu rutina de entrenamiento musical?

—Mi rutina de entrenamiento va enfocada más al aspecto musical, a que la técnica esté en función de la música. Los años como estudiante me ayudaron mucho en la cuestión técnica, pero con el paso del tiempo uno empieza a entender mejor la música y a darle más valor a este aspecto que es el esencial. Luego busco cómo resolver técnicamente para poder respetar así el discurso musical que quiero comunicar.

cortesía del entrevistado

—¿Qué piensas es indispensable en la formación de un joven guitarrista?

—Es indispensable el interés que tenga ese joven por aprender. La guitarra es un instrumento de mucha exigencia porque uno es quien crea el sonido desde y con sus propias manos. No es un instrumento que tenga un mecanismo que ejecute el sonido, como sucede con el piano, donde uno presiona una tecla y hay un mecanismo que es el que percute la cuerda. En la guitarra, ambas manos están en contacto directo con la cuerda, cosa que hace un poco complejo obtener un resultado en un tiempo breve; y constantemente la dificultad va in crescendo a medida que avanzas en repertorio.

—¿Hasta qué punto la pasión por la guitarra es importante en el desarrollo del instrumentista? ¿Qué papel juega la disciplina?

—Como ya te mencioné, la pasión y el interés son fundamentales. Ahora, la disciplina debe existir siempre. Nada se logra si no existe disciplina.

cortesía del entrevistado

—Es una realidad que muchos de nuestros mejores guitarristas históricos no se encuentran en activo como instrumentistas; y buena parte de los que sí se encuentran activos no viven ya en Cuba. ¿Piensas que este es un fenómeno que se puede revertir y que tiene alguna repercusión en la formación de las nuevas generaciones?

—De los guitarristas que no se encuentran activos, sería inapropiado juzgar el porqué de su inactividad: las razones son personales. De los que están activos y no están en Cuba es un orgullo que, habiendo sido formados por la Escuela Cubana de Guitarra, sean los que formen parte ahora mismo de la meca de la guitarra en el mundo.

cortesía del entrevistado

La mayor demanda musical en Cuba, un país tropical y caribeño, siempre va a ser de música popular. Siempre existió un Ernesto Lecuona y un Bola de Nieve, excelentes músicos ambos, pero cada cual en su vertiente. Los tiempos cambian y la música clásica fue la música popular de otros momentos históricos; lo cual hace que en países europeos exista una mayor tradición de lo clásico, debido a que es su cuna natural y es lógico que por esto haya una mayor demanda, lo que a su vez posibilita que la tradición sea más fructífera. No tengo certeza de que se pueda revertir o no este fenómeno en nuestro país, de acuerdo a lo que te he comentado.

Por otro lado, aunque tengamos excelentes guitarristas que, tal como mencionas, ya no están en activo o no viven en cuba, lo cierto es que quedan muy buenos profesores y guitarristas clásicos en las escuelas, y esto tiene una positiva repercusión en la formación de las nuevas generaciones. Además, los guitarristas que viven y trabajan fuera de Cuba regresan a nuestro país e imparten clases magistrales, dan conciertos, por lo cual no se encuentran desconectados de nuestra escuela de guitarra, y pueden ser faro para los jóvenes en formación.  También los nuevos aprendices se nutren de las tecnologías, el internet, las redes sociales y las diversas plataformas que los profesores emplean para subir videos. Por ejemplo, hay algunos en los que se explican —a modo de clase online— los análisis técnico-musicales de las obras clave en la formación de un guitarrista.

—¿Qué piezas prefieres interpretar?

—Las piezas que prefiero interpretar son aquellas con cuyo lenguaje me identifico. No puedo hacer algo con lo cual no me sienta implicado, pues no estaría comunicando nada. En el montaje del repertorio no tengo límites, pero sí escojo a la hora de dar un concierto aquellas obras con las que más me identifico, pues esa identificación es la que le haré llegar al público.

—¿Qué es lo que más aprecias de tu práctica como maestro?

—Ver que mis alumnos crezcan en la música. Y digo en la música porque la guitarra es solo uno de los tantos medios que hay y que expresa esta rama del arte.

—¿Hasta qué punto la competitividad y la emulación sanas son importantes para el desarrollo de un guitarrista?

—La mejor competitividad y emulación que puede existir es con uno mismo. Lo importante es ver cómo se evoluciona y mejora a través del tiempo. El crecimiento profesional de cada persona es diferente e individual. Cada cual tiene su tiempo, pero eso no significa que todos no podamos llegar a una misma meta si se tienen las condiciones necesarias.  

—¿Cómo te insertas en la dinámica de concursos, becas, premios y festivales?

—Cuando era estudiante, los concursos Isaac Nicola se habían eliminado, eran solo festivales. El intercambio junto a guitarristas de tu generación y también de otras generaciones es muy importante, ya que uno se nutre de otras experiencias. No he sido la persona que se destaca más por su frecuente participación en concursos, pero sí hay algo positivo en esto, y es que uno se traza una meta a corto plazo, lo cual te ayuda a la superación como músico. Veo el concurso no como la búsqueda de un reconocimiento. Si el reconocimiento llega, eso es bueno, pero lo más valioso está en disfrutar y aprender del proceso.

cortesía del entrevistado

—¿Quiénes son tus referentes de instrumentistas clásicos?

—La lista sería interminable. Aprendo de todos, no solo de los que dominan la guitarra. Uno no puede limitarse al instrumento que toca, la música es más grande que un solo instrumento.

—No siempre el talento es suficiente para que un instrumentista triunfe, ¿cuáles serían los otros factores?

—Ya hemos hablado en preguntas anteriores de la importancia de la motivación y la disciplina. También influye la perseverancia y la capacidad de estar abierto a aprender continuamente, desarrollar tus competencias y hacer surgir otras nuevas, aumentar el conocimiento en todo sentido. Otra cuestión es estar interesado en promocionar tu arte y hacerse ver por un público más amplio en los medios de comunicación existentes.

—¿Sientes que hay suficiente presencia de artistas jóvenes cubanos en el panorama mundial? ¿Cómo sucede en el caso de los guitarristas?

—Sí, realmente la juventud cubana se impone en la música del mundo, y en el caso de los guitarristas sucede también. Vemos cómo hay músicos de formación clásica que se insertan en proyectos nuevos de música popular, en los que la guitarra forma parte indispensable, y estos artistas lo hacen con una calidad admirable.

—¿Cuál es el principal desafío al estrenar una obra o enfrentarte por primera vez a una pieza? ¿Surgen en ese momento dudas o certezas, o una mezcla de ambas cosas?

—Lo más difícil es enfrentar una obra que no se haya ejecutado antes, o sea, un estreno mundial. Al no existir un precedente de ejecución, uno va a ser quien marcará una pauta en ese sentido. Yo he tenido el placer de interpretar e incluso grabar estrenos mundiales. El día de mañana —no importa si se trata de otros músicos que ejecuten la pieza o sea yo mismo el que vuelva a la partitura— se podrá otorgar una nueva perspectiva a esas obras que estrené, para así descubrir aristas diversas, pero ya teniendo un punto de partida.

—¿Qué se puede aprender de la observación crítica que la práctica no ofrece?

—La práctica es el criterio de la verdad… y la música no es teoría, sino un ejercicio práctico, pero debe existir una guía que vaya más allá de lo teórico. O sea, la teoría puede dar una explicación a la práctica, pero no aporta a la práctica en tanto el aprendiz no asimile el conocimiento teórico. Por tanto, es importante siempre que esa observación crítica llegue con la ayuda de un maestro o un tutor, el cual ya haya interiorizado previamente el enfoque teórico. Pero en general, la observación crítica musical siempre va a producirse desde un punto de partida, y ese punto es la práctica.

cortesía del entrevistado

—Durante los años 2015 y 2019 fuiste guitarrista de la Compañía Lizt Alfonso Dance Cuba. Esta experiencia, ¿qué aportó a tu carrera individual? ¿De  qué manera sientes que tu mirada como músico se vio modificada por la intervención y presencia de otras artes?

—El flamenco es un estilo folclórico foráneo que tenemos cerca gracias a las influencias españolas en el arte cubano, pero a la misma vez no es algo que uno aprenda en la academia. La Compañía Lizt Alfonso va más allá de la guitarra, que es en lo que principalmente tuve que enfocarme: esta nueva práctica me costó mucho trabajo. Esos años constituyeron un ejercicio de superación musical para mí y, además, adquirí un sentido del espectáculo en general; o sea, aprendí a no ver los elementos por separado sino el funcionamiento como sistema: un engranaje perfecto donde los bailarines, los músicos, la producción, todos están en función de un mismo objetivo. El resultado final como un todo es lo que le llega al público. En este caso, la música está en función del baile y al mismo tiempo el baile está en función de la música, lo que crea una sinergia escénica que es el espectáculo que disfrutamos.

—Junto a tu pareja, la cantautora Paloma Henríquez, fundaste el Dúo Nu9ve, ¿la vida personal y la música colisionan y se fusionan en este proyecto?

—Realmente no es una colisión sino más bien una fusión de dos personas, de dos experiencias de vida diferentes. Esa manera de ver la vida es la que unimos en un proyecto a través de la música, donde se mezclan las melodías y letras de Paloma con las armonizaciones y arreglos míos. Buscamos una homogeneidad en el discurso artístico.

cortesía del entrevistado

—¿Qué nuevos paradigmas de creación ha develado para ti?

—No puedo estar distante de lo que pasa en la música actualmente y vamos a decir que estamos permeados por los usos cotidianos de las tecnologías. Es un reto integrar las nuevas tecnologías, como por ejemplo el live looping, en lo que es el lenguaje musical de Nu9ve, pero siempre persiguiendo un lenguaje asequible para la audiencia, un lenguaje que puede ir desde canciones muy trovadorescas hasta algunas tendencias más alternativas actuales.


Pablo Alejandro Suárez Marrero: «Vuelvo a mis orígenes»

Recuerdo con nostalgia aquellos tiempos de la infancia en que Pablo Alejandro Suárez Marrero y yo jugábamos en los jardines de la Escuela Elemental de Música Alejandro García Caturla. Nos unía no solo la amistad, sino igual pasión por el mundo de la literatura y el arte. Los años han pasado y la amistad ha adquirido nuevas formas, más hermosas y pulidas gracias a las memorias que compartimos. Pablo es un excelente flautista, profesor e investigador. Su creación posee todas las esencias de Cuba, esencias que Pablo mismo reconoce mestizas. Esta entrevista es nuestro viaje de regreso a la infancia y mi deuda personal con un amigo al que hecho mucho de menos.

Como artista e investigador interdisciplinario, ¿sientes que el arte, en sus diversas manifestaciones, se encuentra enraizado en la naturaleza del ser que eres?

Desde hace un tiempo pienso que el arte es una forma particular de producción subjetiva, por lo que creo que es parte sustantiva de mi ser y uno de los determinantes de mi existencia. A su vez, también considero que es sustancial al quehacer diario de cada uno de los seres humanos, con mayor o menor función estética. Esa noción de arte es una de las diferencias sustanciales entre nosotros, los demás seres vivos y la naturaleza toda. Soy artista, y creo que es una de las pocas cosas que jamás podré dejar de ser.

¿Piensas que el rigor investigativo es variable o débil entre los miembros de nuestra generación?

Esta es una pregunta difícil. Creo que, entre los miembros de nuestra generación, el rigor investigativo es variable y tiende a la baja. Lamentablemente aún existen juicios de valor negativos hacia la investigación de/para/desde el arte. Muchas veces me encuentro con instrumentistas, compositores, directores de orquesta e ingenieros de sonido que durante sus formaciones profesionales no cursaron materias relacionadas con la investigación musical. Ello, a la larga, demerita su quehacer diario, que se vería enriquecido con la aplicación de métodos, técnicas y herramientas propias del quehacer científico. Ambos saberes, lo teórico y lo práctico, no deberían estar divorciados, pues ambos forman parte de los procesos creativos. Existe una intención de revertir esa realidad desde la Universidad de las Artes (ISA), ojalá se concrete, para que el rigor investigativo no sea privativo de perfiles terminales como musicología, teatrología y danzología.

Tus horizontes creativos han asumido nuevos márgenes simbólicos, geográficos y de pensamiento, ¿cuáles son las rutas en las que hoy en día te encaminas?

cortesía del entrevistado

Sin dudas vuelvo a mi origen. Como sabes, soy matancero y mestizo,  condiciones que asumo como altos valores. Tuve la suerte y fortuna de coincidir contigo y otros jóvenes creadores actuales en el conservatorio Alejandro García Caturla y después en la Escuela Nacional de Música, así como tuve de colofón para mi formación profesional cubana el Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana. Posteriormente, vine a México a estudiar la Maestría en Artes en la Universidad de Guanajuato como becario del Consejo Nacional de Ciencia y Técnica de este país. Esto me posibilitó abrir un horizonte de expectativas hacia expresiones culturales diversas.

No solo enfrentarme a las diferencias de una nueva realidad, sino a la posibilidad de construir una carrera personal y profesional desde un punto inicial. En Cuba hacía muchísimas cosas al día, fundamentalmente labores de docencia, investigación, gestión e interpretación del patrimonio musical. Actualmente lo sigo haciendo, pues ya sabes que disfruto hacer lo que hago; por lo que “le echo ganas”, como dicen por acá.

Sabrás que mis rutas son diversas pero convergentes: estudio el Doctorado en Artes en la misma universidad mexicana que me acogió como estudiante de posgrado y que me ha dado la posibilidad de integrarme al claustro docente de su departamento de Música y Artes Escénicas como profesor a tiempo parcial. A la misma vez, desde hace un año también imparto clases en la Escuela de Música de León, en otra ciudad del mismo estado, lo que me hace disfrutar la posibilidad de viajar. Desde mediados del 2018 funjo como coordinador-redactor principal en El Filarmónico, y he estado colaborando como flautista en diferentes agrupaciones de música de cámara y sinfónica.

Como redactor principal de El Filarmónico, un espacio virtual para reflexionar sobre la escena musical actual, ¿hasta qué punto sientes que la crítica establece un precedente artístico a seguir? ¿Cómo se puede combatir, desde la creación, el mal gusto y la banalidad creativa?

El Filarmónico surge en el 2018 como una inquietud de reflexionar sobre la escena musical actual. Entendemos que es necesario documentar el quehacer musical de hoy para que sea estudiado con posterioridad, teniendo en cuenta las distancias históricas. Y esto yo no lo encontraba ni en la prensa, ni en los sitios web del ámbito cultural. Lo que nació como proyecto personal ha crecido mucho en apenas dos años, ahorita es una plataforma de información, comentarios y artículos sobre música con un sitio web y presencia en las redes sociales,  en la que se vinculan publicaciones especializadas con acciones de investigación y gestión de eventos académicos. Para ello, se cuenta con un equipo de trabajo en el que convergen profesionales de la cultura, la música y el marketing digital, así como un número variable de estudiantes de programas especializados en la práctica musical. 

A pesar de que estos alumnos cursan la materia de Crítica Musical, ven en ello pocas posibilidades laborales, pues no existe el medio especializado para ese ejercicio profesional. A pesar de que la crítica puede sentar precedentes artísticos, también ha estado en crisis durante demasiadas décadas, diría yo; por lo que su alcance y prestigio profesional es poco o casi nulo. Casi siempre les digo a los alumnos que desean hacer sus prácticas en El Filarmónico, que la crítica musical debería estar enfocada a la creación y educación de públicos en una primera instancia; pero de escuchas conscientes con herramientas operativas, que les permitan cuestionar con respeto los diferentes gustos musicales y asumir como propias aquellas expresiones que les sean afines. 

En la producción del pensamiento simbólico de la nación llamada arte, de la cual todos los creadores somos habitantes, ¿cuáles crees son los necesarios cambios, accidentes o evoluciones que necesitamos llevar a cabo?

cortesía del entrevistado

Fíjate que desde la segunda mitad del siglo XX se han estado produciendo cambios y accidentes en el pensamiento simbólico sobre el arte, de los cuales no hemos sido totalmente conscientes ni partícipes. Como todo proceso histórico, toma tiempo que se afiance en la sociedad, se acepten sus aportes y se desestimen aquellos aspectos que no se adecuan a realidades diferentes de las que germinaron.

Entre otros quisiera hacer énfasis en cuatro cambios provenientes de las ciencias sociales y humanísticas que impactaron y aún producen quehaceres en las artes: el giro lingüístico y su influencia en el análisis de la historia; el giro performativo y el entendimiento de lo teatral en el quehacer social; el giro decolonial y sus planteamientos culturales sobre las relaciones de poder; así como el giro sensorial y el creciente cambio de estudio sobre el ser humano como ser sensapiente. Entonces, en paráfrasis de nuestro sabio Fernando Ortiz: conocer para pensar, pensar para hacer y hacer para cambiar.

Lo interesante de todo ello es que Cuba ha sido vanguardia en dos de estos “accidentes”: el giro lingüístico y la influencia de los Anales franceses en la Escuela de Historia de la Universidad de La Habana; así como el giro decolonial con la publicación de Música y descolonización (1982), de Leonardo Acosta.

Tus áreas de interés investigativo y creador abarcan la interpretación crítica de las relaciones entre música y humor en la escena popular, los estudios de performance y la etnomusicología en América Latina, el Caribe y Cuba. ¿Consideras que el arte es un inmenso corpus en el que se entroncan las diversas manifestaciones, y que es posible la pretensión de analizarlo como un todo, o apuestas por una investigación que vaya a lo particular, al fenómeno en sí?

En síntesis, creo que el arte es un inmerso reflective corpus que se expresa en lenguajes artísticos particulares, pero cuya mayor riqueza radica en las relaciones y redes que tejen ese todo expresivo. A la hora de analizarlo, por cuestiones operativas y limitaciones propias, apuesto por objetos de estudio con limitaciones tempo-espaciales; pero siempre intento agotar su multidimensionalidad y entender las relaciones con un todo mayor.

La escena popular ha sido el espacio donde se expresan los músico-humoristas que estudio, los estudios de performance me han servido como herramienta interdisciplinaria para abordar sus creaciones y la etnomusicología como soporte disciplinar normado. Las relaciones entre estos sintagmas que, en apariencias, parecieran dispersos, me han llevado a un abordaje transdisciplinar y a una superación constante de mis propios límites epistémicos.

La música, el humor y la crítica social han sido objeto de tus análisis en no pocas publicaciones, ¿de qué manera sientes que la risa, la que provoca la sonrisa amarga o agridulce, la crítica que se sostiene en un discurso autónomo, puede provocar microcambios estructurales en el pensamiento de una nación o de una comunidad?

Por nuestra condición histórica de trashumantes, la personalidad del ser latinoamericano es generalmente porosa y permeable. Ello hace que la risa altisonante y agridulce, propiciada desde el humor musical, sea uno de los factores que nos permitan adecuarnos al entorno social cada vez más cambiante. En un contexto de [g]localización cultural creciente, la risa cumple una doble función social: como válvula de escape y como crítica a las dolencias de los pueblos. En ese sentido dialéctico y a nivel microsocial, la risa puede provocar cambios estructurales en el pensamiento o reproducir patrones de conductas estructuradas en sociedad. Pues el que ríe provocado por un humor inteligente, casi siempre cuestiona a su realidad, no solo como partícipe del chiste. Entonces puede convertirse en un agente social para el cambio, siempre interpelado por la risa como resiliencia y capacidad de adaptación al medio.

Entonces coincides en que desde el humor se han hecho, históricamente, las críticas más descarnadas hacia la realidad social que nos ha tocado vivir…

El humor muy pocas veces se ha tomado en serio, realidad que han vivido los humoristas en sus más variados lenguajes artísticos y, por extensión, los que nos dedicamos a estudiarlo desde la academia. En pocos países, como Cuba, España y el Reino Unido, se les ha dado un espacio institucional y un marco propicio para su desarrollo. Sin embargo, no es suficiente lo hecho, se sigue perpetuando la idea del humor como arte liminal. Esa situación contextual hace que el humor, como expresión humana, sea crítico, ácido, duro hacia una realidad social que lo margina.

Desde el punto de vista artístico, considero que ahí radica su riqueza creativa y debilidad: el reinventarse en un contexto que lo quiere poco o nada. Riqueza porque, cada un tiempo relativamente corto, los humoristas crean nuevos recursos discursivos que los ayudan a mantenerse en un medio agreste. Debilidad, pues es muy difícil que las expresiones humorísticas sean perecederas, a no ser que sean documentos; de ahí la importancia de un quehacer académico. Recordemos que no pocos humoristas han muerto por hacer reír al público, fundamentalmente a ese sector radicalizado e intolerante con la diversidad expresiva.

¿Hasta qué punto la intertextualidad en el humor nos permite una revisitación de la historia?

cortesía del entrevistado

Las cosas de la vida: en un primer momento llegué a los estudios del humor por querer buscar la historia de vida de mi abuela materna. Ella, profesora de Teoría de la música —que creo tuviste la oportunidad de conocer— me hablaba de su juventud y de las puestas en escena del Conjunto Nacional de Espectáculos en el Teatro Karl Marx de La Habana, fundamentalmente del Génesis según Virulo y de La esclava contra el árabe. Realmente, yo me reía de sus anécdotas y cuentos, así como simpatizaba con las canciones hilarantes que ella intentaba reproducir desde su memoria. En un segundo momento, durante una estancia académica que realicé en México, el profesor que me acogió me habló de Alejandro García (Virulo), me puso a escuchar su discografía y enriqueció cada tarde de ese verano del 2015 con apreciaciones músico-contextuales del cubano.

Te hago estas dos anécdotas porque el humor fue mi ventana abierta a descubrir el pasado reciente de nuestra historia y música nacionales, una relatoría que yo solo conocía de forma parcial y que se vio alimentada por las vivencias de receptores históricos de dentro y fuera de la Isla. Ya planteado el marco contextual y asumido el humor como objeto de estudio viable, empiezo a escudriñar en los mecanismos creativos de este cantautor cubano, fundador del Movimiento de la Nueva Trova, miembro y posterior director del Conjunto, y fundador de lo que después sería el Centro Promotor del Humor. Una de sus principales herramientas es la intertextualidad, y aquello me pareció un dèjá vu; volví a vivir una y otra vez lo que ya me había sucedido en mi propia experiencia, yo tenía una apropiación intertextual de su cancionística, que a su vez es también intertextual.

Entonces sí, el humor permite revisitar la historia cuantas veces sea necesario; ya sea porque el humorista adecua su performance a los diferentes escenarios y contextos sociales, o porque los espectadores nos apropiamos del mismo performance en diferentes momentos de la vida. Ambos, creador y público, continuamente resignificamos nuestras relaciones con el humor de múltiples formas, pero expresamente intertextual.

Tu formación primigenia como flautista, ¿hasta qué punto sigue hoy presente en tu vida creativa y cómo se entronca con tus actuales objetos de estudio?

Sin dudas, no sería lo que soy sin haber estudiado flauta, y debo asumirla como una cuasi iniciación dionisiaca al pensamiento musical. Como intérprete, en Cuba tuve la oportunidad de colaborar con conjuntos de cámara y con la Orquesta Sinfónica Nacional, en una o dos ocasiones. Mientras que en México fundamentalmente me he desenvuelto en la música de cámara, y ya ahorita, como integrante del Guanajuato Flute Studio y como flautista invitado por la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato.

Esta variada experiencia como intérprete me llevó a cuestionarme lo que soy como persona, y entender que soy flautista, mientras que la docencia e investigación han sido caminos oportunos y, si quisiéramos, estables para insertarme en la sociedad profesional.

Claro está, las relaciones entre los tres ámbitos me han conducido a replantear la interpretación de nuevos repertorios, estrenar obras de jóvenes compositores que no me hubiera atrevido a realizar en otro momento, y me han ayudado a entenderme como performer, con las implicaciones que ello conlleva en el diario. A su vez, estudiar el humor me permite entender las ironías, parodias y sarcasmos que conforman nuestras realidades.

cortesía del entrevistado

Esta pregunta es quizás la más personal de todas, y por eso la he reservado para el final de la entrevista. Yo recuerdo muy bien al niño que fuiste y veo con orgullo (e inmensa alegría) los caminos que has transitado. Esa pasión primigenia por el arte que nació en las aulas de la Escuela Elemental de Música Alejandro García Caturla, ¿sientes que fungió como un hilo conector en tu vida creativa?, ¿qué recuerdos perdurables te has llevado de esa experiencia?

“Caturla”, como siempre le llamamos por vagancia léxica, fue el detonante de una personalidad inquieta, creativamente hablando, y diferente. Participar de los talleres literarios de la profe Ana Luz de Armas me inició en los placeres de la escritura y me dio la posibilidad de compartir con creadores de mi generación que aprecio y valoro, entre los cuales estás tú en primer plano.

Pero, sobre todo, estudiar en el Conservatorio, después en la ENA y luego en San Gerónimo me inculcaron el tesón de hacer lo que me gusta por sobre todas las cosas: luchar por ver una obra musical terminada, una escala melódica lo mejor tocada posible, un ensayo académico publicado en alguna revista y la satisfacción de que los estudiantes entiendan el poco conocimiento que puedo trasmitirles en mis clases.

Experiencias hay bastantes [y unas lagrimitas también], pero los recuerdos pasan por tocar mucha música y disfrutar cada momento con amigos; personas que se han quedado para toda la vida y que, al vernos en una guagua, en la cola del Coppelia o simplemente encontrarnos de casualidad en alguna de las calles habaneras, nos sigamos saludando como si los años no hubieran pasado: nos ponemos al día con pocas palabras, y yo siento que nos relacionan algo más que espacios geográficos y lugares comunes.


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