Fisura de luz

Para crecer fuerte, primero se debe

hundir las raíces en la nada, aprender a

enfrentar la soledad más solitaria (…)

Debes estar dispuesto a quemarte en

tu propia llama‚Ķ ¬ŅC√≥mo puedes volverte

un ser nuevo y fuerte si primero no

te transformas en cenizas?

 

Nietzsche

 

De una grieta nacen estos cuentos, dice su autor y autom√°ticamente imagino personaje tras personaje saliendo de la estrecha abertura en medio de una zona √°rida. Seg√ļn emergen va llen√°ndose de colores el mustio paisaje. Pasamos de cazador a presa, y viceversa, en el primer cuento que regala Deambulantes: segundo libro publicado por el sello editorial Primigenios, del escritor habanero David Mart√≠nez Balsa. Una vez m√°s, la entrega del autor de Katabasis y Minutos de silencio afianza un estilo escritural estribado en la limpieza de una prosa firme, certera, que deja reconocer la pluma de su autor l√≠nea a l√≠nea conforme avanza.

Naturaleza marca bien la pauta de todo el cuaderno, haci√©ndonos saber que el entrem√©s deja un gusto a ‚Äúescudri√Īo psicol√≥gico‚ÄĚ muy bien llevado con el uso de la segunda persona narrativa, otra de las marcas de agua de Mart√≠nez Balsa, quien gusta adem√°s de enumerar las escenas en las historias, haciendo de tal ma√Īa un artilugio que dota al cuento de tensi√≥n, especie de recurso nemot√©cnico que logra surtir el efecto impacto de forma eficaz. Horacio es el primero que nace de esa hendidura, presto a volvernos caza f√°cil ante la gracia literaria de su autor.¬†¬†¬†¬†¬† ¬†¬†

 

¬ęOculto detr√°s del espeso matorral, aguardas el arribo de tu presa. Apenas cambias la postura; tu respiraci√≥n, lenta y muy sutil, se funde con el viento, desaparece entre sus murmullos. Te has vuelto un experto en pasar desapercibido. Al principio, eras un manojo de nervios, tan inquieto que hasta un ciego reparar√≠a en ti. Meses despu√©s, hallas dif√≠cil de aceptar la extensi√≥n de tus progresos. Ya mereces el t√≠tulo honorario de cazador, sometido a las disciplinas del sigilo, inmune al apuro o a las necesidades b√°sicas del cuerpo¬Ľ.

 

Si alguna duda arribó a tu mente en la primera parada, Andar entre los vivos será el impulso que catapulte tus ganas hasta el final. En este texto asomarán las primeras conclusiones sobre el libro, sin duda alguna, la profundidad de sus personajes, el rebusque constante entre sus más intrínsecas manías y tormentos, será plato fuerte en la obra, alimentando nuestro morbo.

¬ęDe pie en el borde del hoyo, Heriberto empuja el cuerpo del oficial, que rueda y se precipita al interior, junto al resto de los cad√°veres. Se acomoda bien el anillo en su dedo anular. Luego, empieza a internarse en la jungla, mientras intenta revivir cada paso que dieron los miembros de su pelot√≥n antes de la emboscada, antes de que aquel primer balazo destrozara el pecho del Navaja. Esos pasos lo devolver√°n a casa, le permitir√°n convertir esta noche en una historia que rememorar en el futuro; otra haza√Īa a engordar su arsenal de an√©cdotas de combatiente¬Ľ.

 

Los cimientos, hace un stop necesario en el libro, una especie de sombra que devuelve el aire al cuerpo cuando se camina agitado.

 

¬ęDespu√©s de la placa de la sala, el dinero se fue a pique y el mismo hueco por donde escap√≥, se tranc√≥ y no devolvi√≥ nada m√°s. La casa qued√≥ a medio hacer durante casi seis meses. Te part√≠a el alma ver aquel h√≠brido, mitad concreto y mitad madera, igual a un cuerpo en un largo proceso de descomposici√≥n. Los huecos abiertos en el patio para los dados, los arquitrabes de las columnas ya listos, bueno, la mayor parte, porque las cabillas se perdieron del mercado negro; algunos sacos de arena tendidos en el cuarto designado almac√©n temporal de materiales, el olor a cemento que no se iba sin importar cuantos cubos de agua la vieja echara y le diera harag√°n¬Ľ.

 

La casa adopta un poco el protagónico en este texto, donde pareciera estar uno batiendo mezcla entre aquellos hombres para fundir la placa, es lo que provoca la cercanía que abraza la primera persona escogida con oficio por su autor. No obstante, pese a la tregua que muestran sus primeras páginas, a medida que progresa el cuento, reaparece el mismo hilo conductor de todo el compendio. La naturalidad de sus personajes hace que sientas cómo te susurran al oído, vas volviéndote cómplice de aquel dato que bien jugaba a esconderse desde el principio y tantas veces se desdibujó para luego unir de a golpe todas las hebras.

 

Miriam llena a uno de una mezcla de sensaciones a las que se hace imposible voltear el rostro. No hay forma de escapar ante el dolor, pitan los oídos mientras la almohada se afinca en la cara de su madre. El hedor que emana del cuento se nos cuela y se aloja en el encéfalo revolviéndonos el alma. El sentimiento de complicidad toca a la puerta, deambulante, y asusta. 

¬ęEn m√°s de una ocasi√≥n aliment√≥ la idea de detenerse, de apartar la almohada, pero las im√°genes del pasado y de su futuro se estampaban una y otra vez contra sus ojos y Miriam solo consegu√≠a apretar m√°s y m√°s. Al notar la ausencia de movimientos y los sonidos extintos, retir√≥ la almohada. Un rostro macilento, ro√≠do por los a√Īos y las fauces del c√°ncer, le prodigaba una mirada de horror reforzada por una boca abierta, sin dientes. Miriam le cerr√≥ los ojos y coloc√≥ la almohada detr√°s de su cabeza. Se incorpor√≥ de s√ļbito, presa de temblores, incapaz de controlar su respiraci√≥n. Una s√ļbita urgencia de vomitar la dirigi√≥ al ba√Īo, pero nada aconteci√≥, salvo varias arcadas. Lav√≥ los ara√Īazos en su antebrazo y mientras el agua arrastraba la sangre hacia el tragante, Miriam not√≥ la tensi√≥n desprenderse de ella cual una nube t√≥xica. Pronto, el alivio devor√≥ la culpa y ya los d√≠as venideros perdieron la incertidumbre¬Ľ.

 

Uno a uno, sin chance a pesta√Īear, siguen apret√°ndonos fuerte los cuentos de este libro, con esa necesidad tan grande que se siente desde el inicio; es menester que escuchemos con atenci√≥n, necesita decirnos algo, y lo hace. Hablar de Deambulantes, el texto que da t√≠tulo a la obra, me llena de pena. Un dolor me invade y llegado a este punto no seguir√© rese√Īando en plural, no cabe, y apuesto, sin temor a equivocarme, que una vez avances hasta aqu√≠, tampoco sentir√°s ganas de alejarte. Expectar desde la otredad, distante, no ser√° una opci√≥n.

 

¬ę‚ÄĒS√≠, mientras haya alguien all√° afuera, en el mundo de los vivos, que se acuerde de ti, que te mantenga en su memoria, pues entonces tus ropas nunca parecer√°n llenas de polvo, medio podridas, ni t√ļ lucir√°s descompuesto.

‚ÄĒ¬ŅY si no se acordaran de m√≠?

‚ÄĒPues te ver√°s m√°s o menos parecido a la vieja esa. Aunque ella anda bien. No quieras ver los espec√≠menes que me he encontrado yo. Pero no te preocupes, no tienes cara de ser mal tipo, estoy seguro que se acordar√°n de ti.

‚ÄĒ¬ŅY cu√°ndo no quede nadie?

‚ÄĒSi los tuyos mantienen fuerte tu recuerdo, siempre habr√° alguien. Y suponiendo que la cosa se ponga bien mala, no te sofoques, ese proceso es lento¬Ľ.

 

Este, el quinto cuento del libro, hace que el folleto se reajuste el cintur√≥n, acomode la camisa por dentro y apriete la corbata. La confabulaci√≥n entre el personaje principal y su autor conduce las l√≠neas de la historia, salta a la vista. El dolor se apropia de quien lee, nos vamos sabiendo v√≠ctimas de ese mismo derrotero alg√ļn d√≠a, quiz√° no muy lejano y una nostalgia tremenda anida en medio del pecho.

 

Bajo el sugerente t√≠tulo de Demonios en t√ļnicas de hombre llega el sexto cuento, remarcando lo que ya en una entrevista comentaba sobre la atinada selecci√≥n nominal de Mart√≠nez Balsa para sus obras. Con nitidez cinematogr√°fica disfrutamos escena tras escena de esta especie de thriller literario que, aunque queda clara su naturaleza fr√≠a, no resulta en una crudeza visceral, y eso est√° bien, el lector siempre agradece las coherencias estil√≠sticas y es que su autor se mantiene comedido ante ciertas tendencias donde lo gr√°fico tiende a sobrar cuando se ha logrado la atm√≥sfera adecuada para que el mensaje llegue alto y claro.

 

Con ganas de un próximo cuento, debo admitir, arribé a DIRTY BUSINESS regodeándome en la camaradería que sentí por conocimientos afines a la temática, más, una vez en el fin de la primera escena, mis ojos se entornaron y frené de sumar inverosimilitudes en ese alter ego que se impone cuando conocemos a fondo de algo; ya no era posible reparar en tales simplezas, el texto obliga a prestar atención, toda la atención que requiere leer con esmero el ultimo cuento de un libro que tanto nos ha musitado al oído.

 

Con el mismo tono ecuánime de los anteriores, la limpieza estilística que ya va haciéndose notar claramente en la pluma de David Martínez Balsa, el lenguaje coloquial que caracteriza su narrativa sin rozar jamás el filo de los comodines que las jergas pueden ofrecer, ni verbo sensiblero alguno pese a los análisis que asoman en sus textos, con una pincelada de parábola quizá, llega triunfal este tercer libro del joven escritor cubano, cuyas grietas prometen seguir pariendo historias llenas de mundo.

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