Narrar, ante todo, narrar

Ella estaba sentada al fondo de la sala, expectante, como los demás, cuando de la voz de Magda Resik emanó su nombre. Desde que la presidenta del jurado comenzara a enumerar las razones que le habían hecho merecer el premio, en su rostro se había dibujado una sonrisa que no se iría en toda la tarde.

Quería ser escritora y cuando preguntó dónde podría estudiar, en su casa le dijeron que la carrera para eso era Periodismo. Entonces se lanzó a ello, y luego de un par de años en su natal Holguín, emprendió el tan recurrido viaje a La Habana.

Con menos de un año de graduada, Dailene Dovale se ganaba el Premio Nacional de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena, que otorga Asociación Hermanos Saíz, con perfil de Natalia Bolívar publicado en la revista El Caimán Bardudo.

«No entiendo por qué ahora me hacen tantas entrevistas”. Se asombra de la repercusión del premio y la preponderancia que le dan los medios. A juzgar por las reiteradas solicitudes de entrevistas luego de acuñarlo con su nombre, es más importante de lo que ella misma creía. No se siente del todo cómoda estando al otro lado, suele sucedernos a muchos, y más cuando se es joven y la experiencia es corta.»

Lleva ya un tiempo colaborando con El Caimán…, desde su época de estudiante. «Ahí ya existe tradición de participar en este premio, que al final es uno de los más importantes en la temática cultural, en la que se especializa El Caimán”. Por eso cuando Darío Alejandro Escobar le sugirió participar ella no demoró en escoger los trabajos que enviaría, “con la esperanza de tener alguna oportunidad, si no ganar, aprender de esa experiencia.»

  • Me has dicho que prefieres el periodismo narrativo…

«Sí, desde pequeña soñé con ser escritora. Quizás como me gusta mucho leer, tanto narrativa como poesía, eso influye en que mi estilo sea más narrativo, sobre todo por la incidencia de profesores como Rafael Grillo.»

Sin reparo alguno me dice que no se siente cómoda escribiendo notas informativas, un género que respeta mucho, eso sí, pero que asegura, no es para ella. “Admiro a las personas que lo escriben con facilidad y en menos de media hora casi, pero en mi caso me siento más cómoda en géneros como el perfil, crónicas, reportajes, un poco el comentario, donde se pueda “narrar, narrar en el sentido amplio, no solo escrito”.

El nombre de Rafael Grillo, profesor y editor de El Caimán…, no escapa a las conversaciones con ella si de periodismo se trata. Él le “pasó la mano” a sus primeros trabajos cuando ella aun cursaba cuarto año de la carrera y debió escribir un perfil para la asignatura de Periodismo Narrativo. En ese momento la “víctima” fue el polémico escritor devenido director de televisión Eduardo del Llano, autor de los también polémicos cortos de Nicanor. Luego, con ganas de repetir la experiencia, tocó la puerta de Natalia Bolívar.

  • ¿Por qué Natalia?

«Natalia Bolívar es una mujer excepcional. Ya había publicado un perfil de Eduardo del Llano y tenía ganas de publicar otro en El Caimán, que es como mi medio de prensa favorito. Me encontré de casualidad con Rafael Grillo y le dije que cuándo haríamos el próximo trabajo. Él me sugirió que si era un perfil, fuera de una personalidad que representara un poco el espíritu de La Habana, pero que no fuera en la primera persona que se pensara cuando se hablara de La Habana. Pasé un tiempo pensando, preguntando, hasta que una compañera del Grupo de Comunicación, Aline Marie Rodríguez, me sugirió a Natalia Bolívar. Entre más información busqué de Natalia más me enamoré de ese personaje, le hice una entrevista de dos horas y algo y me quedé encantada con ella, yo sentía la responsabilidad de escribir y narrar a la altura de una vida tan interesante, llena de conflictos y peripecias, pero también de sabiduría, inteligencia, perseverancia, orgullo. Me agradó y me impactó tanto que Darío Alejandro me dijo “cálmate”, porque cuando uno se enfrenta a un personaje que te impresiona tanto se puede incurrir en el error de en vez de escribir un perfil o una entrevista, escribir una oda en prosa, entonces eso también fue el reto en este caso, mantener la admiración y que no llegara a adular ni a construir un mensaje que nadie creyera ni apreciara.»

Su interés era narrar, pero este estilo, a su juicio, abunda más en la rama cultural que en cualquier otra. El espacio por excelencia para narrar en la prensa cubana, dice, es El Caimán Barbudo, y esta revista se especializa en temas culturales. Eso, unido a la casualidad de que en cada práctica laboral fuera a parar a las redacciones culturales, hicieron que ella empezara a escribir de cultura.

“Un trabajo con estilo de periodismo narrativo quizás en otro tema lo vean mal porque va en contra de la objetividad, pero dentro del periodismo cultural se ve muy bien. Yo creo que esas son alianzas que están formadas y que se pueden seguir entrelazando para que ganen unos y otros”.

Aún está empezando, pero hay cosas que ya parece haber aprendido: a no quedarse con la primera impresión, sino ir más allá; y sobre todo, a no ver solamente el arte sino al artista, no solo ver lo que esa persona crea sino el ser humano que está creando esa obra.

  • ¿Tu objetivo final es ser escritora?

«Eso es una aspiración, ahora mismo estoy en el centro de formación Onelio Jorge Cardoso, pero está claro que no todo el que pasa por el centro consigue ser escritor, entonces por eso mantengo las expectativas como al mínimo, leo mucho, escribo, pero ya de ahí a llegar a publicar hay una distancia considerable.»

Dailene Dovale. Foto: Cristian Suárez Castro
  • Si lo hicieras, ¿sería escribiendo ficción?

«Me gustaría los dos, me gusta leer y escribir ficción, pero también adoro leer y escribir periodismo narrativo».

Lee mucho, escribe, pero también imparte clases en las mismas aulas de las que acaba de salir. Es profesora de Periodismo hipermedia y trabaja en el Equipo de Comunicación Institucional de la Facultad de Comunicación.

  • Si te gusta escribir, ¿por qué quedarte como profesora en la Facultad?

«A mí la facultad siempre me ha parecido un espacio de aprendizaje para aprovechar en todo momento, desde el proceso de las investigaciones, hasta la profundidad de dar clases. Cada clase que uno brinda es un tema del cual se tiene que documentar, tiene que analizar las experiencias nacionales e internacionales. Si te interesa también hacer periodismo, vas aprendiendo de la teoría y vas ejerciendo la práctica, que es lo ideal.»

Prefiere ambas, dice, tal vez para evadir compromisos. «Adoro hacer periodismo –bueno, mis primeras incursiones periodísticas, porque aún estoy empezando– y al mismo tiempo ir aprendiendo de los grandes profesores que hay en la facultad.»

  • Ganaste un premio importante y también estaban los talleres, ¿qué te llevas además del reconocimiento?

«Me llevo el encuentro entre jóvenes talentosos de toda Cuba, de los cuales aprendí, con sus observaciones, sus apuntes, el debate. Me llevo el espacio de reflexión, sobre todo por ser tan joven y no tener tanta experiencia práctica en periodismo. Me llevo las vivencias de otras personas sobre todo como Reinaldo Cedeño, José Luis Estrada, todos esos profesionales ya reconocidos de la prensa que compartieron sus experiencias. También el ambiente agradable que se formó entre todos, el espíritu de camaradería, de conocer nuevas personas, intercambiar números, no solo es espacio de taller como de aprendizaje y de conocimiento, que fue así, sino más allá de eso los lazos que se pueden establecer y las alianzas que saldrán luego a partir de esos contactos.»

Cuando uno gana un premio tan joven, pueden suceder varias cosas: que te sirva de impulso para seguir haciéndolo bien; o pensar que ya todo está hecho, y llegar a “creerse cosas”. «No creo que el riesgo sea tanto de creerse superior por un premio, porque al final eso te evalúa, te distingue, pero en cierta medida. No va más allá de reconocer que entre las obras concursantes y a juicio del jurado este fue el mejor trabajo. El premio es un reconocimiento en el camino para que uno sienta que su incursión en el periodismo cultural dio frutos. Es un incentivo, una distinción a un trabajo logrado, pero nunca va a ser una categoría infinita ni ya lo has conseguido todo dentro del periodismo.»

  • ¿Te presentarás de nuevo?

“Claro, si hay algún trabajo que me enorgullezca, que me complazca”.

Cuando 2020 parece despuntar como uno de los peores años del siglo, Dailene podrá recordarlo con felicidad cuando mire atrás en el futuro. Por un lado, el “Villena”, y por otro la complacencia de cursar uno de los talleres literarios más prestigiosos del país, el del Centro Onelio Jorge Cardoso.

Ella dice ser consciente de que su habilidad más desarrollada es la escritura y pretende seguir perfeccionándola. Espera, algún día, añadir a su catálogo títulos de cuentos, novelas, poemarios. “Ese es el sueño”. Pero no está ajena a la realidad, quiere incorporar otras habilidades, otras narrativas que imponen tendencia en los tiempos que corren, y no solo lo dice, también lo aplica. Así lo constatará quien haya escuchado sus podcasts narrativos en el diario Juventud Rebelde.

Esta conversación empezó un poco más tarde de lo previsto. Dailene estaba en una conferencia de prensa que después plasmaría en la revista Somos Jóvenes. Dice que hizo su mejor intento, que se esforzó por mantener un lenguaje informativo y sin muchos adornos. Ya me había dicho que no le gusta escribir diarismo, pero qué le vamos a hacer, es periodista.

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