Ofelia


Ofelia: el cuerpo sobre la tierra partida (Parte IV)

(un espectáculo del Grupo de Experimentación Escénica LA CAJA NEGRA)

Rompo las cadenas

que un día sujetaron mi voluntad/

rompo el papel

donde me escriben/

foto: michel guerra martín

El teatro como rompe olas frente a las crisis sociales, es capaz de recuperar y preservar lo humano como necesidad. Esas crisis son material recurrente para el arte y la creación teatral en específico. ¿Cómo filtrar la crisis a través del cuerpo del actor? La violencia es un tema recurrente en las búsquedas creativas del Grupo de Experimentación Escénica LA CAJA NEGRA. Nuestros espectáculos nacen en su gran mayoría, desde la crisis provocada por el poder y su ejercicio de la violencia. Nuestro teatro se caracteriza por la proyección teatral de esa violencia social. Los cuerpos sobre la escena son un espejismo que habla del dolor y la compasión. ¿Cuánto hay de esa violencia en Ofelia? ¿Cómo se verán los cuerpos violentados desde lo teatral?

foto: michel guerra martín

Mi cabeza en el horno

es un ejercicio de sobrevivencia

lo asumo como respuesta a los hechos

no quiero empequeñecer

no quiero rodar como una pelota sobre la arena

no quiero huir.

foto: michel guerra martín

Ofelia también es el ejercicio de cómo construir desde la ficción, la documentación y la biografía de los actores, un tratado sobre la lucha contra la desmemoria. Cada actor o actriz que se ha involucrado con la obra ha tenido que acudir a la revisitación de circunstancias e historias particulares de sus vidas donde la memoria colectiva y particular, regulan los procedimientos de la escena. Así la escena termina siendo un pretexto para dialogar sobre la procedencia del mito de Ofelia visto desde la familia contemporánea.

foto: michel guerra martín

¿Cuántas hojas han de caer sobre el hielo?

¿cuántas normas me persiguen?

¿cuántas voces narran este ciclo?

¿cuántas Ofelias se necesitan sobre la mesa

para cortar el rumor?

foto: michel guerra martín

Los actores deben ponerse en el lugar donde luego se pondrán los espectadores. Debe encontrar la veracidad del proceso en los elementos que ellos expondrán en la puesta. Fotografías, ropa, elementos escenográficos, música, un sinfín de materiales que aparecen después del texto y que terminan a la larga, poniendo al espectador frente a problemáticas que pueden subvertir sus criterios.

foto: michel guerra martín

Ofelia es un mito, una invención existencialista donde todo se acerca a su fin. Ofelia tropieza ante la resistencia que ella misma origina. Su lenguaje, su forma de vida, es una mentira con la que se desplazan los actores creando y desconstruyendo el mito familiar. Ofelia se reinterpreta a sí misma, los actores se reinterpretan a sí mismo. Ellos modifican el sentido de los hechos y su permanencia en el tiempo. Esa idealización de su personalidad es una razón para su autocastigo. Ofelia es un símbolo de identificación, un ritual donde el colectivo realiza su coronación floral. Es una mujer convertida en objeto simbólico que asume la imagen de dependencia, dada por la autoridad social.

foto: michel guerra martín

Una niña ve en los girasoles

y margaritas secas

un acto de belleza/ ella

no sabe

que las flores

han sido víctima

del poder/ ella

asume que la familia

debe parecer ese campo marchito/ella

asume

que a pesar del poder

que posee el padre

las flores deben

dominar el jardín/

foto: michel guerra martín

Ofelia, el personaje, representa a toda la Modernidad. Ofelia, la historia particular de cada actuante, representa la memoria familiar, la memoria colectiva. Se trata de una suicida con la que la modernidad y luego nosotros, encontramos una suerte de heroína. Una especie de Juana de Arco dando lugar a la exaltación del pensamiento conciliador. Si Juana de Arco encarna históricamente el rigor y el compromiso de lucha ante la historia; Ofelia desarrolla un ejercicio de no crueldad, un rito sobre la pérdida y la paz.  

foto: michel guerra martín

En nuestra historia, Ofelia es la muerte de la palabra como pacto social. Ofelia no determina su linealidad, su contradicción es la mirada que hacen los actores desde el presente, desde el futuro de cada Ofelia. Desde ahí, nuestra falsa suicida, es una negación que desmantela a la autoridad.

En la boca del estómago

me crecen flores silvestres

allí hay libertad/ pienso/

nada que no sea libre

puede nacer en la roca/

Frente al espectador, Ofelia es un rostro de mil voces cantando en la densidad de la noche. Los actores hurgar en su árbol genealógico y encuentran su herencia trágica. Sale entonces una partitura adyacente a la construcción ficcional que posee el texto dramático. Ellos encuentran en ambas historias las voces que se oponen a la normalización del poder patriarcal. ¿Cómo te afecta tu herencia trágica? ¿Cómo luchas contra ella? ¿Por qué el espectador necesita escuchar tu historia?

El lenguaje escénico hace referencia o conexión formal con el sentido de la estética del performance (o de búsquedas semejantes) como praxis de lo real. El espectáculo a través de los binomios espacio-tempo y el actor-personaje, introduce las siguientes líneas de acción: el actor y su Ofelia familiar, el actor y la Ofelia del texto, el actor y las Ofelias de los otros actores, el actor y las distintas biografías y materiales escénicos, el actor y el público.

Los actores se desplazan entre el espacio de la memoria, las locaciones de la obra y el escenario como un espacio teatral del que se está consiente. Ofelia es una visión sobre una textualidad atravesada por la oscuridad y la violencia al que han sido sometidos los cuerpos femeninos a través de la historia. Así se busca re-simbolizar los conceptos, métodos y conductas que rigen la resistencia de los cuerpos femeninos frente al patriarcado.

Un aspecto valioso es “la mirada”. Una acción que busca observar más que simplemente ver. Los actores buscan una conexión con el espectador a través de la mirada, en la cual encuentran material emotivo para la puesta. Este es parte del concepto que se experimenta desde el primer momento en que llega el público, allí yace el espejo. Quien viene a juzgar y ser observador debe lidiar con que sobre el escenario hay alguien que lo observa y que lo descubre, pero que no lo juzga. La implicación política de esta acción está presente durante todo el espectáculo; el actor no deja de buscar el contacto visual. No deja de implicarse con el otro.  

Nuestra Ofelia, la del GEE LA CAJA NEGRA, es la historia de una mujer que encontró su propósito tras renunciar a los símbolos del patriarcado. Hija de todos y madres de todos, Ofelia representa la toma del poder por las mujeres en distintos contextos a través del devenir de la historia. Tras crecer en un convento como huérfana, fue adoptada por una familia de burgueses, con los cuales aprendió el alcance del poder patriarcal. Ofelia renunció a una vida de lujos para luchar por sus sueños y su libertad. Atraviesa distintos parajes y circunstancias para conquistarlos y hacer de su voz un grito de guerra después del lamento. Su conexión con el río Avon provoca que su cuerpo entre las aguas, simbolicen la rebelión contra el poder patriarcal en la nación de Dinamarca. 

Yo soy Ofelia

la mujer que nació sin vientre

y recorre los parques de esta ciudad

en busca de su merecido/

cada árbol

cada piedra

sirven para colorear

mi historia/ soy la madre

llena de cigarros y alcohol

la madre sobre la mesa

llena de semen y talco

la madre en el altar

donde el poder miente/


Ofelia: el cuerpo sobre la tierra partida (Parte III)

(un espectáculo del Grupo de Experimentación Escénica LA CAJA NEGRA)

Ofelia no solo es un texto inspirado en la obra Máquina Hamlet de Heiner Müller, sino que forma parte de la pentalogía DINAMARCA: To nowhere (another manual for runaways). Esta serie de textos tiene como eje temático: el estado de derecho y la normalización de la violencia en todas sus variantes en el devenir histórico de la distópica Dinamarca. Este conjunto de obras enfocan la emigración, la familia y el poder, desde distintas perspectivas, para hablar de una noción de reino donde la decadencia ya ha marcado todo a su paso.

foto: rubén aja garí.

…un día sembraron piedras en mi cráneo/hijos de la comedia y los secretos

LA EPIDEMIA INSTAURADA EN DINAMARCA

CONSTITUYE UN SALTO/ NO IMPORTA SI EL SALTO ES A LA DECADENCIA/

Ofelia en particular, fue un texto construido para ser interpretado por una actriz cuyas cualidades histriónicas le permitieran danzar y cantar durante la interpretación. Luego, cuando se concretó la idea de cinco actores sin importar el sexo y el acompañamiento de músicos dentro de la misma escena; la obra adquirió otros significados. Dejó de ser la catarsis de un cuerpo teatral para convertirse en un desafío coral y diverso. Así Ofelia empezó a representar más que un personaje, más que una voz, más que una historia. Ofelia adquirió la responsabilidad de emanciparse desde sus agonías más fuertes, hasta poder nombrar el miedo, el abuso y la enfermedad.

foto: rubén aja garí.

DESPUÉS DE LA TEMPESTAD

LA REMINISCENCIA DEPOSITADA EN EL ARADO

DEVOLVERÁ AL BOSQUE SU LENGUAJE

Y AL HACHA SU FUNCIÓN/ ¡OH HAMLET!

¡RENUNCIAR NO SIRVE DE NADA!

¡SI PUEDES CAMBIAR EL MUNDO HÁZLO!

¡SI PUEDES ENTREGAR-NOS OTRA DINAMARCA HÁZLO!

TANTAS COSAS PUDIERON SER DIFERENTES/ TU Y YO SUJETANDO EL HACHA/ TÚ Y YO

SOLO TÚ Y YO/

foto: rubén aja garí.

El texto es un manifiesto contra el poder patriarcal que tanto ha oprimido a la mujer durante épocas. Luego el montaje nos mostró un camino para Ofelia, un cuerpo colectivo en oposición consiente a la fuerza política, social y cultural del patriarcado.

No es esta Ofelia un símbolo de oposición al hombre, sino contra lo que representa su poder sobre la mujer. El hombre como ser; es su igual, su compañero, su cómplice; el hombre es un cuerpo que cabalga a su lado. Ofelia detecta la enfermedad del patriarcado tanto en hombres como en mujeres, entiende que debe tomar el control de su contexto y fundar otros espacios de resistencia.  

NO HAY MAYOR PECADO

QUE IGNORAR LA FUERZA DEL PODER/ ¡OH HAMLET!

DEPOSITÉ MI ESPERANZA EN UN SIMULACRO

¡OH HAMLET!

NO SOY TAN DÉBIL COMO CREES

MI CRÁNEO PESA LO SUFICIENTE

foto: rubén aja garí.

Interpretar un personaje con una historia tan compleja demandó del colectivo de trabajo una mayor profundización de la investigación del tema. Llevar esos conceptos al cuerpo y a la voz también se convirtió en un cuestionamiento ético/moral sobre nuestras prácticas como individuos. 

El tema se fue haciendo cada vez más amplio; debimos volver sobre la información constantemente para no perder la esencia del montaje. La idea siempre fue tratar cuestiones como la emancipación de la mujer, la igualdad de género, la herencia generacional, las relaciones familiares en la contemporaneidad, los nuevos símbolos del patriarcado, la violencia de género, así como la percepción de los otros con respecto a la experiencia directa e indirecta con fenómenos generados de los anteriores temas.

Foto 5

NUNCA ABANDONARÍA ESTAS TIERRAS LLENAS DE CAL Y REITERACIÓN/ MIS DUDAS SON EL MOTOR/ EL MIEDO ES SOLO GRASA PARA OCULTAR UNA IDEA/

El texto y su correspondiente puesta en escena son un canto sobre la decadencia de los valores humanos, enfocados desde una mujer que es capaz de cambiar su contexto. Una mujer fortalecida por sus vivencias, su educación y sus deseos de simbolizar algo más, de simbolizar una idea.

foto: rubén aja garí.

En la historia, Ofelia lucha contra su pasado, sus héroes, sus ancestros, la memoria personal y colectiva, el fracaso generacional, el desamor, el poder, la ausencia y la perdida de la identidad. La historia pudiera ser el recuento/la representación de una mujer trágica. Una mujer utópica. Una mujer que despierta y obtiene la voluntad para ir a la guerra. 

foto: rubén aja garí.

Ofelia canta.

novia entre alambres

virgen sin corteza

pez de carbón/

niña sin suelo

labios que se cortan

cráneo sin amor/

el vuelo de la hormiga

la casa se derrumba

los ojos sin flor/

sonido del ausente

ropa que se mancha

gira-girasol/

la niña es una sábana blanca

que cae sobre el agua

que cae en el vapor/

la niña es cristal

ráfaga de luz

asunto sin pudor/

el padre sobre la espalda

la madre envuelta en llanto

todo es arroz/

nada tiene forma

el cuerpo es un objeto

la niña es una flor/

foto: rubén aja garí.

La Caja Negra de la Piña Colada

La intensidad del Piña Colada, sumado su amplio espectro, precisa del reposo de la razón para justipreciar su alcance, sus logros y sus desafíos, toda vez que en veinte años de bregar este festival se entroniza definitivamente como el suceso cultural más esperado por el pueblo avileño.

En veinte años de muchos más aciertos que de incertidumbres, la masiva comunión con el festival de música fusión dice mucho de su poder cohesionador, de su capacidad de integrar la unidad de lo diverso, de transitar desde lo más popular a lo más culto, y a su vez no sucumbir a la sociopatía colectiva que nos anula el libre albedrío y nos condena al más sutil sometimiento, al imán de todas las pestes que darse puedan: la ignorancia moderna, las letras sin sentido, los atuendos vacíos, las sonrisas a medias y los virtuales intentos.

foto: Gonzalo Vidal Alvarado.

Ejemplo de tan categórica conclusión fue la incursión en el Piña Colada del Grupo de Experimentación Escénica La Caja Negra con su propuesta Ofelia, en la Casa del Joven Creador de la Asociación Hermanos Saíz de Ciego de Ávila.

La puesta transcurre con cámaras de video en vivo, incluso desde que entra el público, en franca alusión a los celulares o a los móviles como atuendo imprescindible de apocalípticos o integrados al opio moderno, dígase realidad virtual o narcisismo colectivo.

De hecho, al finalizar la puesta se eligen algunos de los testigos del grupo físico para «virtualizar» sus opiniones en solo 30 segundos, cual podcast o reel de cualquier concurrida plataforma digital.

Ofelia es un texto y puesta en escena de Juan Edilberto Sosa Torres, donde a partir de Hamlet, un clásico de William Shakespeare, se desfragmenta y se sintetiza al mismo tiempo la historia del poder desde un personaje femenino: Ofelia.

foto: Gonzalo Vidal Alvarado.

En Cuba sobran los ejemplos de tan noble y meritorio empeño. Evoco solo dos: la Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde y la Electra Garrigó de Virgilio Piñera, cuyo común denominador trasciende el libidinoso hecho de comer la fruta favorita, entiéndase morder la manzana del Edén.

Aquí las mujeres (las Ofelias, las Cecilias, las Electras) trasuntan Patria: tribuna, tribunales y tribulación, el precio del silencio compartido, toda vez que la fe es un mal necesario para construir una nación.

Y en ese estentóreo reclamo sobresalen los repiques de un pilón que se me antoja oráculo, santuario, voz, polifonía de una idea que flota como la Dinamarca de Shakespeare, en la cual las trincheras son de flores y el poder.

«En el reino de Dinamarca/ hay un prado con girasoles y margaritas secas.» ¿Dónde, no?, agrego yo.

Con girasoles y con margaritas secas se entretejen también las luces y las sombras del patriarcado universal en armónica unidad dialéctica, incluidos sus antecedentes históricos y su evolución en espiral.

foto: Gonzalo Vidal Alvarado.

De hecho, en Ofelia se condenan con creces peligrosos estigmas como el racismo de nuestros bisabuelos (vigentes aún a no dudarlo), la cosificación de la mujer y la burda manipulación política en su expresión sexista más sociológica.

«Como un grito de guerra después del lamento», Ofelia es también renovación y esperanza, porque todos somos Ofelia, Cecilias, Electras y Calibanes que como el siervo salvaje del Próspero de la Tempestad de Shakespeare, tenemos aún mucho que aportar al equilibrio del mundo.

Tan divergente como el pensamiento creativo, son también las inducciones y las abducciones que una obra de arte nos sugiere; razón por la cual no puedo dejar de establecer un paralelo entre la agramontina pachanga de Teatro del Viento con la santiaguera peste de La caja negra: ambos clímax son catarsis, exorcismo, y revelaciones supremas.

Tanto la peste como la pachanga son poderosos imanes, donde el poder es una excusa, donde la mayoría sucumbe como ratas tras los melodiosos acordes del flautista de Hamelin.

foto: Rubén Aja Garí.

Al servicio de Ofelia y su río Avon, todas las cabezas incompletas mueren o nacen en sus aguas cuyo final es siempre el mar, porque «Ofelia es el río Avon/es el vientre hecho vida/ es lo diverso.»

Toda vez que la cabeza es un suceso incompleto, sin el cultivo del espíritu y de la utilidad virtuosa, resuena en la tribuna escénica como un destello de luz un axioma del Maestro José Martí:

«Ser culto es la única manera de ser libre.»

Gracias al Piña Colada por regalarnos este privilegio escénico, en el cual la música es otro protagonista de la puesta con sólo cuatro canciones en exquisita comunión con la dramaturgia de Ofelia: Soy el fuego que arde tu piel, del argentino Ricardo Camino; Hasta la raíz, de la chilena Natalia Lafourcade; Las mañanitas del mexicano Manuel Ponce; y Lo material del cubano Juan Formell.

Todo ello con voces auténticas de los propios actores, en plena cofradía coral, con interpretación en vivo, acompañados por un piano, un saxofón y la calibanesca percusión, incluidos los acordes del pilón.

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¡Ofelia somos todos!


¡Ofelia somos todos!

Era el leitmotiv en la puesta en escena Ofelia, presentada este abril en la sede de la AHS avileña por el Grupo de Experimentación Escénica La Caja Negra, de Santiago de Cuba, en el marco de la XX edición del Piña Colada 2023.

Y lo que expresa es cierto, aunque me duela afirmarlo. Ahí donde existe una mujer ultrajada de su esencia, habrá la escenificación del personaje shakespereano en la que se basa la obra escrita y escenificada por Juan Edilberto Sosa Torres. Premio Aire Frío 2022 a la mejor puesta del escena año. Beca del Proyecto de Colaboración Internacional Proyecto Junta. Tiene sus méritos y hacia ellos voy, aunque también sus deslices.

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Ofelia: el cuerpo sobre la tierra partida (Parte I)

 

La puesta es ambiciosa en cuanto trata de montarse sobre la base musical sin apropiarse, del todo, del drama sonoro.

Ofrece piezas hermosas con un lirismo desbordante. Consigue tocar el alma del espectador y colgarlo de la más alta rama de ese árbol de lo interesante al que acuden todos los artistas para conformar sus obras.

Polifónica por naturaleza, hace gala no solo de sonidos guturales, ruidos, golpes, sino, además, de un sincretismo mágico-religioso que le permite sonar desde un teclado, bajo, percusión menor, hasta una palmada, un mortero, y la profundidad de una garganta.

Las voces armonizan de manera hermosa, con todo y los efectos y matices que poseen, siempre para transmitir sensaciones que van desde el desgarramiento hasta la ventura más solícita, el frío, el miedo, las angustias, y todo en función de las escenas que adornan o construyen.

Pero, cuidado, los cinco actores parecieran estar más concentrados en lo que han de cantar, que en los movimientos escénicos y cada uno de sus parlamentos. Por ello, en algunos momentos, traspalean con los inicios de los bocadillos y dan muestras de cierto nerviosismo.

Pero están seguros en cada movimiento, sin embargo, y no estropean los marcajes ni la sincronización escénica.

Otro elemento casi musical, polifónico, que se puede apreciar en esta embestida teatral, es el tratamiento visual de todo el montaje.

Con la inserción de dos cámaras que proyectan sobre superficies verticales, lo óptico asume una connotación grandiosa. Y uno tendría, como espectador, que estar asumiendo una y otra vista, como si se tratara de múltiples ventanas a un único paisaje.

Bien mirado, la polisemia es tan poderosa aquí que lejos de estar ante una sola realidad, lo polisémico hace estragos. De golpe, la realidad se multiplica y somos testigos, cual Gulliver en el país maravilloso, de disímiles manifestaciones de un mismo suceso. Hasta sombras chinescas se pueden ver como figurines de una trama habilidosa.

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Ofelia: el cuerpo sobre la tierra partida (Parte II)

No conozco mejor paralelismo con un calidoscopio. Movemos los vidrios coloreados, y la realidad se enriquece. Lo que tenemos ante nuestros ojos, lo que podemos hasta oler o palpar porque se trata de teatro arena, asume otras dimensiones o connotaciones.

Como un proteo cubano, la realidad escenificada se transforma o nos demuestra que ni le ponemos atención; caemos en la trampa, y seremos burlados, manipulados.

Hermosa analogía con el drama de hamletiano, ¿no les resulta?

Todo de forma bien pensada. Para que nada quede como artilugio del azar. Se hace necesario reforzar uno de los posibles mensajes: ninguna verdad es absoluta. Todo es relativo.

Además, los elementos burlescos, los lascivos, lúdicos, están en completa armonización con la necesidad de transmitir la angustia que viven los personajes y todo el oscuro drama que se cierne sobre ellos.

No son libres. Ninguno lo es. Aunque bailen, rían o lloren. Aunque evoquen a sus mayores y consigan transmiternos algunas de sus historias personales como si realizaran exorcismos entre ellos mismos. Pero no se logran liberar.

Hacia el río van, como la protagonista. Como una Ochún que no le teme al final de los días y las noches.

Y como Ofelia, el espectador sentirá que el mundo se le viene encima y lo que creía cierto, se vuelve humo.

Todo lo antes expuesto responde, evidentemente, a lo relacionado con la “forma” de la puesta en escena. Se quedan cosas por decir, claro está, pero en la contemplación, en aras del disfrute, la síntesis no se regodea y va al grano.

En cuanto al contenido, lo siguiente.

La obra se va construyendo basada en el personaje de Ofelia del drama Hamlet (1600), de William Shakespeare (1564-1616), como ya dije. Y es un poderoso símbolo que nos palmea el hombro en la intimidad.

Como si no estuviese a 4,350 millas aproximadamente de Cuba, la Dinamarca que en los labios de cada autor es el país imperfecto, aposento de estas desgracias.

O como si tuviéramos una Dinamarca en cada barrio de esta isla.

O una Ofelia, que sí existen, que son infinitas Ofelias, blancas y negras, azules y mestizas, violetas y de dolor profundo.

Todo aquel que se sienta manipulado, ultrajado de sus derechos más universales, tiene de Ofelia.

Aquel que no se deja escuchar o no ocupa su espacio en la sociedad, abriéndose codo o con uñas afiladas, es una Ofelia.

Los que han permitido que los marginen por ser lo diferente, y no han conquistado más espacio que el de la afluencia de un río vertiginoso o calmo, es una Ofelia.

Y así, muchísimas Ofelias que todavía deambulan por cualquier calle. Ahí están, son reales, no las ignoremos.

Más que una puesta en escena valiente y de tribuna, La Caja Negra nos regala una voz y un sentido. Un espejo donde nos miramos para seguir con los afeites y arrancar, de una vez y por todas, con ese lastre que ya no surte efecto, ni siquiera para seguir construyendo un futuro de otras Ofelias.


Ofelia: el cuerpo sobre la tierra partida (Parte II)

(un espectáculo del Grupo de Experimentación Escénica LA CAJA NEGRA)

El mito de Ofelia siempre nos supuso que llegaríamos a encontrar-nos con las necesidades más inmediatas de quienes trabajamos en el montaje. Cuando llegamos al primer encuentro del proyecto de colaboración Internacional JUNTARTE, encontramos otro camino. ¿Quién es Ofelia? ¿Qué parte del mito nos pertenece?

foto: Rubén Aja Garí.

rompo las cadenas

que un día sujetaron mi voluntad/

rompo el papel

donde me escriben/

foto: Rubén Aja Garí.

Luego de varios días en los talleres, los profesores que al final terminaron siendo asesores de las puestas o ejercicios decidieron que todos los participantes se nuclearan en varios proyectos. Estos maestros eran Andrés Morte (director escénico y realizador audiovisual español, vicepresidente de Fabbrica Europa), Manuela Cherubini (directora de Psicopompo Teatro en Italia), y Elena De Carolis (directora de Agave Teatro en Italia). Ellos nos proponían un cambio de estrategia, un cambio de mirada a nuestros proyectos desde la introducción de nuevos actores.

foto: Rubén Aja Garí.

la mujer asfixiada soy yo

la mujer de seda y fango soy yo

la mujer que baila y excita soy yo

la mujer de flores secas soy yo

la mujer que renunció al castillo soy yo

A Maibel del Rio Salazar y Yanisleidys Laborí Cueva integrantes del Grupo de Experimentación Escénica LA CAJA NEGRA, se les unieron tres actores de distintas procedencias teatrales. Yosmel López Ortiz llegaba desde el teatro con títeres y figuras especialmente para niños. Su experiencia con el Guiñol Guantánamo ya lo hacía un gran actor y hombre de teatro, pero no tenía contacto directo con una dramaturgia como la que proponíamos para el proyecto. Algo que significaba un plus en la integración al colectivo de Yosmel fue su mirada de director escénico.

 

yo soy Ofelia

aprendí a volar en verano

cuando todo parece caribeño/

manejé en América del Norte por los caminos de hielo

subí la torre imposible

la daga en mi mano significa esperanza

mi collar de ojos significa revolución

el lamento de mis manos es herida y azúcar para el futuro

foto: Gonzalo Vidal Alvarado.

También desde el grupo Teatro Tuyo de la provincia de Las Tunas se incorporó Alejandro Miguel Batista Pupo. Su labor en el arte del clown era inmensa y su capacidad como actor también. El último de los que se sumaron fue Luis Alejandro Calzadilla Hechavarría. Luis provenía del movimiento de artistas aficionados de la Universidad de Oriente en Santiago de Cuba. Su contacto con el teatro profesional era ninguno y su concepción del teatro como expresión era bastante limitada. Su irrupción sin dudas le daba otro enfoque a todo, uno menos técnico y más espontáneo. Una mirada también desde espectador.

¿puede una Ofelia pensar en el futuro?

¿puede una Ofelia construir algo?

foto: Gonzalo Vidal Alvarado.

Desde la primera vez que me tocó exponer nuestra posible puesta en escena tenía claro que este era un proyecto cuyo fin mayor era desnaturalizar la violencia hacia el cuerpo femenino ejercida por el poder en el devenir de la historia. Además de intentar entender el teatro como herramienta de sanación para quienes lo practican y para quienes asisten a cada función. Nuestro grupo siembre ha visto al teatro como un elemento de construcción social/espiritual y todo cuanto nazca de nuestros procesos creativo debe tener esa devolución.

foto: Gonzalo Vidal Alvarado.

en la soledad

la figura se expande

se hace héroe

se hace juez

se hace piedra/sal/fruta/agua

se hace flores sobre el rio Avon

se hace madre/

foto: Gonzalo Vidal Alvarado.

Para finalizar el taller de JUNTARTE, debíamos montar un fragmento de alrededor de 15 minutos. Todos los colectivos recrearon desde el teatro y la danza ejercicios diversos, pocos de ellos han llegado a la luz. Lo cierto es que aquella experiencia no era solo intentar montar un espectáculo, también era aproximarse a nuevos caminos.

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Ofelia: el cuerpo sobre la tierra partida (Parte I)

Yosmel, Alejandro y ni siquiera Yanisleidys pudieron estrenar la obra. Pero sin dudas fueron parte del resultado. Mucho cambió Ofelia en su proceso más particular con el elenco de músicos y actores del grupo, pero yo aun veo en cada puesta a estos tres actores en algún parlamento o movimiento insignificante.

El sentido colectivo del teatro no es solo por la cantidad de personas que vemos en escena, también es por el número de personas que compartieron la construcción del proyecto en algún punto.

foto: Gonzalo Vidal Alvarado.

mi cabeza en el horno

es un ejercicio de sobrevivencia

lo asumo como respuesta a los hechos

no quiero empequeñecer

no quiero rodar como una pelota sobre la arena

no quiero huir

no quiero ser la montaña

no quiero llevar el nombre de mi verdugo

Un día el profesor Andrés me preguntó: ¿Qué es Ofelia? Sin respirar le contesté: Ofelia es un proyecto de puesta contracultural, que busca romper con la normalización de la violencia en el cuerpo femenino a través del mito de Ofelia y la biografía de los actores. Luego hizo silencio me cambió el tema y continuamos hablando de otras cosas. Unos días después, se sentó a mi lado en el teatro mientras operábamos nuestro turno de ensayo, y me comentó que no pensó que en Cuba se pesará el teatro de la manera en la que yo le hablaba. Luego, por supuesto, le hablé de la escena a cubana y de lo amplia y profunda que es. En esa ocasión incluso me habló de sus nuevos proyectos, de sus búsquedas como creador. Para ese entonces me trataba como a su igual.

¿cuántas hojas han de caer sobre el hielo?

¿cuántas normas me persiguen?

¿cuántas voces narran este ciclo?

¿cuántas ofelias se necesitan sobre la mesa

para cortar el rumor?

foto: Denisse Alejo Rojo.

foto: Denisse Alejo Rojo.

foto: Denisse Alejo Rojo.

foto: Denisse Alejo Rojo.


Ofelia: el cuerpo sobre la tierra partida (Parte I)

(un espectáculo del Grupo de Experimentación Escénica LA CAJA NEGRA)

yo soy Ofelia

el cuerpo sobre la tierra partida

las manos duras sobre hierro/

soy el coro infantil para el matrimonio

soy carne de matrimonio/

mi música es el peso da la ausencia

mi voz el viento sobre la máscara/

 

¿Cómo se reconstruye un mito?

¿Cómo ha sido para el Grupo de Experimentación Escénica LA CAJA NEGRA?

¿Cómo se construyó el espectáculo Ofelia?

Todo empezó por la necesidad de hablar de nuestras madres, hermanas, amigas, conocidas. La pregunta siempre fue: ¿Dónde estaba el pretexto? ¿Dónde estaba la imagen con la fortaleza suficiente para hablar desde ella? Entonces dirigimos a mirada a los clásicos, a los mitos. Todos llenos de mujeres heroicas, trascendentes. Así llegamos a Shakespeare y su obra Hamlet, a Millais, y por último, a Müller. Así empezó el camino.

La tragedia de Hamlet, príncipe de Dinamarca (The Tragedy of Hamlet, Prince of Denmark), o simplemente Hamlet, como se conoce, es la tragedia del autor inglés William Shakespeare. La obra transcurre en Dinamarca, y trata de los acontecimientos posteriores al asesinato del rey Hamlet (padre del príncipe Hamlet), a manos de su hermano Claudio. El fantasma del rey pide a su hijo que se vengue de su asesinato. La obra transcurre alrededor de la locura (real y fingida) y del dolor que se transforma en ira. Es un texto donde se explora temas como la traición, la venganza, el incesto y la corrupción moral.

También esta obra nos presenta a algunos personajes que por sí solos representan otra mirada a los hechos de la obra. Una mirada que puede hacer de esta tragedia un canto contemporáneo. Uno de esto personajes es Ofelia, hija de Polonio, hermana de Leartes y la cual es cortejada por el príncipe Hamlet.

las aguas del río Avon me tranquilizan

me hacen sentir de otra época

ese es el río de la fortuna

rodeado de girasoles y margaritas

sus aguas no llegan al molino

allí hay sobras que no son limpias

allí hay osos y aves de rapiña

 Adentrarnos en un personaje de la magnitud y trascendencia de Ofelia nos permitió encontrar un conducto para hablar sobre temas que nos interesaban mucho: La lucha del cuerpo femenino ante el poder. La violencia y los silencios provocados por el ejercicio del poder sobre los cuerpos femeninos, vistos desde un plano psicológico y corporal. La diversidad de matices e historias que yacen alrededor del concepto de la feminidad. La búsqueda de la herencia trágica de cada actuante para romper la normalización de la violencia patriarcal a la que son sometidos los cuerpos femeninos de sus familias. La construcción de una historia correspondiente a la biografía familiar de cada actuante que permita un juego entre realidad y ficción. 

Cuando en 2021 empezamos a investigar el mito de Ofelia, sabíamos que debíamos dialogar con la infeliz imagen shakespeariana para dar un mensaje más cercano a nuestros intereses. Se trata de una figura que ha sido inspiración para literatos, artistas y filósofo. El pintor inglés John Everett Millais, por ejemplo, llegó a nosotros con una Ofelia que desaparece bajo las aguas. Aguas diáfanas que no ocultan a la vista del espectador sus brazos, torso y su hermoso rostro ausente, en un gesto que nos conmueve. ¿Por qué las aguas?

 ser un cuerpo para otros cuerpos

me debilita/me contradice/me niega

nací completa

no soy un número

la soga no pertenece a mi cuello

no seré motivo de fiesta

mi desnudez es una metáfora

de cuanta hambre posee

El olio sobre lienzo de Millais fue hecho en 1851, y nos sirvió de mucho como imagen visual inmediata. La mirada hacia una princesa, una mujer delicada que había cometido un acto antinatural. Aquella imagen tenía los ojos inanimados, los labios entreabiertos, y las manos en actitud de ofrenda. De aquellas manos escapaban flores en una acción que parece continua, un mensaje perpetuo. ¿Quién es Ofelia?

¡soy la madre de todos!

¡soy la puta de todos!

¡soy el juego de todos!

 Ofelia es una invención existencialista, una alojada en el inconsciente colectivo como censura. El personaje tropieza con resistencias que ella misma suscita. Por ello decidimos buscar en Heiner Müller y su texto Máquinahamlet (Die Hamletmaschine). Una obra que surge por la obsesión que el dramaturgo alemán tenía con Willian Shakespeare. Müller siempre quiso reducir a su esqueleto las complejidades dramáticas que ofrecía la inmensa obra del inglés. Nosotros queríamos a Ofelia sin reducciones.

rompo las cadenas

que un día sujetaron mi voluntad/

rompo el papel

donde me escriben/

 En un ejercicio de interpretación del texto de Heiner Müller, seleccionamos el cuadro nombrado Ofelia y junto a la actriz Yanisleidys Laborí Cueva creamos el material audiovisual Ofelia. Un material creado gracias a la colaboración de Renato Arza y su Estudio LUAR, Rubén Aja Garí y Buena Luz Producciones. Queríamos ver a Ofelia desde la imagen del cine, aun desde una teatralidad impactante pero traducida por el lente. El texto nos remitía a un lamento extendido, un llanto interminable, a un dolor colectivo. Ese sentido de “lo colectivo” en el resultado final, fue muy revelador. Ofelia se mostró ante nosotros con sus deudas y con sus múltiples rostros.

De aquel ejercicio, trascendió hasta nuestro espectáculo final, la música incidental, así como una Ofelia que se presenta, porque tiene algo más que decir. Algo que “las aguas” y Hamlet ignoran.

En los meses venideros, nuestras lecturas continuaron, la idea era desarrollar un monólogo. Construirle a la actriz una Ofelia rebelde, sufrida pero emancipada. Descubrimos que teníamos que quitarle ingenuidad, que nuestra Ofelia tenía que tomar el control.

la mujer asfixiada soy yo

la mujer de seda y fango soy yo

la mujer que baila y excita soy yo

la mujer de flores secas soy yo

la mujer que renunció al castillo soy yo

La Ofelia shakespeariana nos parecía muy sola, de una voz cuyo mayor volumen fue el suicidio. Aquella mujer vivía en un mundo de hombres, no tenía poder ante ninguna decisión, no era libre. Aquella mujer no era parte del reino.  

Müller por otra parte, nos muestra una imagen fortalecida. Ofelia se sabe parte de la sociedad. Juega un rol y determina ciertas cosas. Puede tener deseos, sueños y perversiones. Pero aún no toma el poder. El suicidio, las aguas del río Avon, siguen siendo la solución más dulce. ¿Cuántas ofelias han de caer?

¿puede una Ofelia pensar en el futuro?

¿puede una Ofelia construir algo?

 Tras la pandemia, el proyecto de colaboración Internacional JUNTARTE, nos propuso encontrarnos en La Habana. Allí desarrollaríamos distintas acciones, entre ellas, un proyecto escénico de interés personal. Tras la propuesta, decidimos llevar Ofelia (el posible monólogo), y construir bajo la mirada de colegas y maestros de otras geografías.

 yo soy Ofelia

camino sobre braza ardiente

para soñar/


Ofelia de Cuba

El teatro en Santiago de Cuba es una realidad que se presenta llena de excusas. Bien lo saben los actores del Grupo de Experimentación Escénica La Caja Negra cuando se visten de su personaje en Ofelia, una puesta en escena que viene de la mano y dirección de Juan Edilberto Sosa.

Ofelia es un texto imperfecto, simbólico, que busca una excusa para la crítica para la inconformidad. El teatro de Ofelia es una necesidad creativa que invita al diálogo entre el espectador y el actor.

Una obra que se presenta a sí misma como una crítica a los actos de la sociedad patriarcal. Su lenguaje poético y anacrónico heredado del texto de Müller invitan a la reflexión del papel de la mujer que es sometido y opacado en el contexto socio-históricos en el que se cuentan las historias.

diseño de Cartel: Alejandro Cañer

El diálogo se construye con palabras connotativas; cada frase guarda una significación propia pero no aislada del resto. Son frases que narran la historia de cada personaje o presentan la forma de pensar y la frustración de cada uno de ellos; es una escritura que se complementa y le da una perfecta armonía y coherencia a la obra. El tema del drama se podría resumir en dos frases: ‘’Son mis senos más hermosos que mis ideas’’, ‘’Cada país es un poco como Dinamarca, donde hay frustración hay una Dinamarca’’.

Es simple, se pone en duda el valor que se le ha dado a la mujer en la sociedad; la crítica escapa a los espacios familiares para darle relevancia a la problemática social que acaba desencadenando la rebeldía de sus personajes.

En Ofelia no hay margen para la distracción. Cada elemento cobra relevancia en un acto que desorienta al público con elementos anacrónicos. La misma Ofelia nos remite a Dinamarca, pero el espacio temporal se presenta impreciso con cada historia que se cuenta. El dramatismo de sus personajes transita en el tiempo. Las voces de los actores se mezclan en una polifonía con la música que se escucha: no es una mera distracción o un espacio vacío, es un factor determinante que encuadra su propia significación.

El texto es un monólogo donde el actor y el espectador son los únicos que participan en una charla caótica. Los actores son elementos que se aíslan entre sí. Las faltas de comunicación entre ellos se combinan en un todo armónico que construye la obra.

Las historias se escapan al mito de Ofelia. No es una historia contemporánea la que se narra, es un reclamo, una excusa para la crítica social, no hay espacios. Dinamarca no se presenta como un país en sí mismo, es un sentimiento, es agonía, es frustración. Los espacios temporales desaparecen para darle paso a los actos atemporales que narran la obra.

Ofelia no es una mujer en su mejor expresión; el personaje rompe con su atadura carnal para convertirse en el concepto mismo de mujer, la mujer que sufre, la que despierta inconforme, la mujer que no tiene palabra.

No es cualquier mujer, es la mujer que no se ve, es la mujer que vive en un espacio marcado por lo incurable.

Dinamarca se presenta como la sociedad que marca la frustración de sus personajes. El texto deja abierto a la interpretación del público el escenario físico donde se presentan las historias: ¿es Dinamarca un país donde el poder es una excusa, es cualquier país o es el país que avanza y que duele? Puede ser esta tierra o cualquiera, donde exista la inconformidad se verá una Dinamarca con una Ofelia dueña de su propia obra.

La puesta en escena termina con un lenguaje lleno de reclamos, lo que empieza como una excusa termina en rebeldía; es una necesidad creativa, una necesidad de diálogo con ese público pasivo que absorbe lo que se le presenta, es una necesidad para la crítica, para expresar la inconformidad, es una necesidad política, es una exigencia al cambio a la construcción de una nueva Dinamarca para todas las Ofelia.

La obra está recomendada para la revisión de la realidad. Es un texto interesante que puede servir de reflexión de la vida social donde actúa una Ofelia, en cada casa, en cada esquina, en cada espacio.

 


En Santiago de Cuba “Ofelia” y “…elefantes…” a México con “La Caja Negra”

De manera que esta actuación exitosa y con gran afluencia de público de “La Caja…” viene a ser la antesala de la gira que hará el grupo por Guadalajara, capital del Estado de Jalisco, en México, a partir del 15 de junio.

Lo que está a disposición del público santiaguero con “Ofelia”, es la historia de una mujer que encontró su propósito tras renunciar a los símbolos del patriarcado: hija de todos y madre de todos. En fin, “Ofelia” representa la toma del poder por las mujeres.

Con puesta en escena y dirección general de Juan Edilberto Sosa, presidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Santiago de Cuba, y al frente del colectivo teatral, la obra, afirmó Sosa, está inspirada en el texto Máquina Hamlet, de Heiner Muller.

La puesta en escena  tiene una hora y 20 minutos de duración; es una muestra de la combinación de figuras profesionales y colaboradores. El colectivo artístico lo forman 12 actrices y actores pero en “Ofelia” solo participan cinco actores y tres músicos…

El Grupo de Experimentación Escénica La Caja Negra nace el 14 de junio de 2016 y aunque proviene de la AHS y conserva un vínculo muy estrecho con la Asociación, ya hoy pertenece al Consejo Provincial de las Artes Escénicas.

“Esta es una obra pensada  para el patio del Cabildo, y nace a partir del proyecto de colaboración internacional Juntarte donde se integran las artes escénicas, la AHS, el movimiento de artistas aficionados, universidades, el Centro Martin Luther King…

“Tiene música… los actores cantan, se toca en vivo. Y es que la música viene a ser factor determinante”, señaló Edilberto.

Calificó el trabajo de montaje como arduo y dijo que una parte del grupo presentará nuevamente en Santiago de Cuba, la obra “Bonsai” mientras otro segmento llevará a México “Cartografía para elefantes sin manada”.