Sobre la Patria Chica, la Patria grande, los proyectos literarios, sus hacedores…

Patria Chica, concurso literario convocado por un grupo de escritores, soñadores, Quijotes de la cultura cubana, radicados en el municipio de Baire, otorga anualmente  cuatro premios, uno por categoría.

Podrán preguntarse por qué escribo sobre este evento, quizás “menor” en apariencia, de un municipio que muchos habrán escuchado por el famoso grito de nuestras guerras de independencia, pero que pocos podrán señalar en el mapa de nuestra isla. Escribo porque el Patria Chica es otro grito que ha sobresalido con el tiempo y se ha escuchado más allá de la frontera bairense. Este concurso, que comenzó como el sueño de unos pocos, ideado para promover la literatura local entre los jóvenes escritores, poco a poco ha ido en alza. Pasó de ser local a provincial y, en este instante, abarca a toda la Patria grande.

Pero, ¿qué tiene de especial este concurso literario?

Los méritos son varios y es lo que los hace grandes. Pero, comencemos por el principio:

¿Quiénes hacen el Patria Chica?

Quien va a un evento literario o de cualquier tipo, como el Patria Chica, siempre ve a una figura que es la que “da la cara”. En el caso de este evento, son dos los rostros que fungen como organizadores/anfitriones del evento, y esos son Osmel Valdés Guerrero y Mailin Castro Suárez. Ellos, además de escritores, son los que llevan los talleres literarios de Baire, todas las actividades de la filial de la AHS en Contramaestre, los repasadores de lengua inglesa (mezclándola con la poesía) y organizadores de las actividades infantiles para los niños de la zona. Además de este evento, organizan o participan en otros dos eventos: el “Tierra Adentro” y “La Ruta al corazón de Martí” (este, creado y dirigido por el historiador Arnoldo Fernández). Otros dos eventos que merecen sus artículos aparte.

Pero la principal profesión de estos dos seres mágicos es la de ser padres de tres hermosos niños; trabajo de tiempo completo.

Ellos son los rostros que los participantes e invitados ven desde el primer momento y las voces que continuarán escuchando hasta que llegues a tu casa (momento en que ello dicen, que es cuando en verdad se acaba el evento).

Pero, por suerte para ellos y la cultura, no son los únicos. Detrás se encuentra un equipo de patrocinadores, personas que apuestan por esas “quijotadas” soñadas por Mailin y Osmel. Sin estas personas que son los que aportan el capital para el pago de los pasajes, alimentación, premios, logística y comunicación del evento, nada saldría.

Por mucho amor y empeño que pusieran los anfitriones, sin estas personas que toman el efectivo de su cuenta personal o empresa para patrocinar el Patria Chica, nada sería posible.

También está el equipo de colaboradores. Estas son las personas que, desinteresadamente, participan en la gestión, producción y organización del evento. Por lo general son jóvenes cercanos a los talleres literarios que realizan Osmel y Mailin. También está la familia de todos ellos que los apoyan en la retaguardia durante las 72 horas de Patria Chica.

Hay que tener en cuenta estos aspectos para poder organizar un evento como este. Sin dinero y sin el apoyo en la organización, nadie podría lograr nada.

¿A quién y quién paga el Patria Chica?

Ni los organizadores ni los participantes cobran este evento. Esto es lo primero que hay que dejar claro. El dinero lo ponen los patrocinadores (que no nombraré porque desconozco de si prefieren el anonimato) y es exclusivamente para la producción, logística y pago de premios. Nadie más que los premiados se beneficia económicamente en el Patria Chica. Más bien, tanto los anfitriones, organizadores y colaboradores invierten de su dinero y sus recursos en aras que el evento salga con la mayor calidad posible.

El tiempo invertido por ellos en esta tarea, ora difícil, ora titánica, es invaluable y no se recupera. Muchas veces la producción del evento se realizó con recursos propios. Las gestiones corrieron a cargo de los organizadores… y los gastos, ya de paso.

De más está decir lo mala que está la situación en Cuba como para utilizar el dinero de la casa en eventos literarios para terceras personas. Ahí se muestra esa Patria Grande en la Patria Chica de la que hablaba Rafael de Águila en sus palabras sobre el evento.

Quienes se oponen, ponen trabas burocráticas, lastres, patrocinios retirados, los que no hacen nada o se quieren apropiar de los logros ajenos

Aquí cuento a todas aquellas que de un modo u otro interfieren en la realización del evento. Como expliqué anteriormente, el presupuesto del evento Patria Chica salió del bolsillo (o la caja) de patrocinadores externos. Estos, además de empresarios o emprendedores, son amigos, personas con sensibilidad y/o cercana a la cultura. Pero, ¿por qué recurrir a ellos en lugar de las casas de cultura o a las direcciones provinciales o municipales? Ellas deben tener un presupuesto para actividades ¿no es así? Pues no parece. Sí lo hay para pagos de audios, tarimas, luces y música electrónica grabada y a todo volumen en las plazas (y el respectivo transporte para todo esto), pero no para participar en un evento literario que se realiza una vez al año. Y si había presupuesto, se utilizó en otra cosa.

Había quienes se oponían a abrir el evento (el Patria Chica y la Ruta al corazón de Martí) para aquellos de otras provincias. No sé por qué al hacerlo nacional, piensan que deja de ser un evento local. Al extenderlo al resto del país, atrae la vista de este hacia el municipio y visibiliza las actividades que allí tienen lugar.

También hubo quienes pusieron resistencia a llevar invitados de otras provincias por todos los gastos que ello conlleva. Una sabia Maestra me dijo un día que “la calidad de tu evento depende de la calidad de tus invitados”. Y un evento municipal que pueda atraer a un Premio Casa de Las Américas, al director de una editorial nacional y una Maestra Guitarrista Concertista, finalista del premio Cubadisco y miembro del consejo técnico de evaluación nacional, entre otros artistas con logros nacionales e internacionales, no puede considerarse algo menor.

Y ¿por qué hago énfasis en las instituciones? Debido a que cuando se busca un hospedaje con buenas condiciones, transporte intermunicipal (Baire-Contramaestre) o interprovincial, alimentación en restaurantes o cafeterías estatales, son las instituciones quienes pueden realizar todas estas gestiones, pues tienen los medios, el personal y el poder para gestionarlo, ya que estos centros no aceptan efectivo; y mucho menos con la bancarización que nos afecta. Claro, suponiendo que quisieran. Sin embargo, al acercarnos a las instituciones de cultura, se choca con las trabas burocráticas de los contratos, los cheques que se atrasan en confeccionarlos, las gestiones que no se hacen por falta de personal o que “no se pueden hacer”, o el consabido mantra de “no hay presupuesto”, etc. Claro, no hay presupuesto para “eso”, ya que para el alquiler de sistemas de audio y luces para poner reguetón en las plazas, hay de sobra. Vale la pena repetirlo.

Algo muy triste son los falsos profetas. En este caso me refiero a aquellos que se acercan a “ayudar” y realizan promesas de premios colaterales, dinero, gestiones, etc.; para luego perderse, poner excusas, trabas y “donde dije digo, dije Diego”. Luego, si algo queda mal, nadie los va a culpar, sino a los organizadores. Y hasta cierto punto tienen razón, por dejarse engañar por cantos de sirena. Por suerte, no hubo problemas con esos cantos y Mailin y Osmel están curtidos en el arte de navegar entre las sirenas y falsos profetas.

Ellos, los anfitriones y organizadores del evento Patria Chica buscaron autogestionarse a través del efectivo brindado por los patrocinios ofrecidos. Con este dinero, compraron los insumos para la alimentación, pagaron las impresiones, pasajes, premios, los servicios de transporte local, la confección de los alimentos (o cocinaron), el pago al jurado del premio, la comunicación y los hospedajes. Este último, más caro y en casas de renta. De ese modo, más de una veintena de personas disfrutaron de 72 horas de arte y conocimiento.

Ah, pero como siempre sucede, luego de terminar el evento, comienzan a verse las resonancias, las repercusiones en las redes sociales, páginas webs y los comentarios de los participantes. Es entonces que todos quieren una parte del pastel, y se acercan para solicitar informes, reportes, entrevistas en los medios de prensa (ausentes durante todo el evento) porque el…

Patria Chica tiene logros visibles

No conozco de talleres literarios actuales, de casas de cultura que realice un evento de esta magnitud y mucho menos con la convocatoria y calidad de los textos premiados. Se recibió cerca de un centenar de textos de casi todas las provincias del país, asistieron invitados de seis provincias, además de los locales, y en las actividades acudieron cerca de cuarenta personas.

Las actividades también son otro de los logros del Patria Chica. Los organizadores no quisieron que fuera solo la jornada de premiación, sino que se convirtiera en algo más. Quisieron llevar a los artistas hacia el público y no al revés. Por tal motivo, las primeras actividades fueron en las escuelas primarias Frank País y José Angel Morales. Con cantos, música de concierto, narración oral, lectura de poesía y cuentos, los invitados realizaron alrededor de seis presentaciones en distintas aulas y bibliotecas de ambas escuelas. El evento también se incorporó a las actividades de la Casa de Cultura de Baire, a las de la AHS, además de las suyas propias.

Son pocos los eventos donde los invitados se sienten en familia y son tratados como tal. Los anfitriones eran los primeros en levantarse y los últimos en acostarse; organizaban almuerzos, meriendas y desayunos en su propia casa, además de los almuerzos y comidas en el restaurante.

La risa, los buenos ratos y las ganas de hacer más actividades, de que no terminara el evento (y las de regresar), eran las que predominaron durante todo la estancia en Baire.

¿Son necesario más proyectos como este? ¿Por qué lo hacen si cuesta tanto?

Cuando se miran las estadísticas de los eventos locales, como aquellos organizados por casa de cultura de los municipios, hay varios puntos en los que eventos como el Patria Chica, La ruta al corazón de Martí, Alta Literatura, Espacio Abierto, La rueda dentada, entre otros, tienen mayores logros. Hablamos de aspectos como el alcance, impacto, repercusión, la calidad de la obra presentada, el nivel o prestigio de los participantes, invitados, etc. Como todo en la vida, no se puede ser absoluto, pero casi.

¿Cuál es el sentido de los eventos artísticos sino promover la obra y a los artistas? ¿Qué sentido tienen sino incentivar la creación artística y con mayor calidad posible? ¿De qué modo se consigue todo eso si al final se queda en la localidad?

Proyectos como esos que he mencionado, no solo incentivan la creación literaria a nivel local, sino que su alcance es nacional. Por tanto, al mencionar o publicar a un artista, toda Cuba y quizás fuera de la isla también, lo están viendo.

Del mismo modo, desde todos los rincones de la isla están conociendo la obra que se realiza en Baire y en Contramaestre. Quizás, muchas de esas personas nunca habían pensado en ir a ese municipio o que su obra fuera conocida allí. Me consta que varios han querido ir y participar en este evento, a partir de la última premiación.

Por otra parte está la competencia. Por lo general, en los concursos de casas de cultura municipales, la competencia resulta ser la misma. Es como si un equipo de pelota jugara con los mismos rivales, una y otra vez. Llegará un momento en que su calidad toca a un límite. A no ser que comiencen a topar con otros equipos, nunca mejorará. Por ende, el crecimiento cualitativo no resulta ser de la mejor calidad. Lo mismo sucede con muchos de los talleres de casas de cultura. Por esa razón, vemos a muy pocas figuras de ellos destacarse con premios a nivel nacional o internacional.

Sin embargo, con proyectos como el Patria Chica, esto no es un problema, en absoluto, ya que de por sí, incita a la superación y a la competencia sana. A premiar solo lo mejor.

A esto súmele el ingreso monetario de los implicados en alojamiento, transporte y gastronomía. Lo cual se traduce en pagos de impuestos al municipio. Como quiera que lo vean, es ganancia para todos: organizadores, concursantes,  la localidad, la provincia y la cultura nacional.

Por suerte, hay otros muchos eventos como el Patria Chica a lo largo del país.

Evento en familia, informal/formal

Lo bueno que tiene el Patria Chica y que lo caracteriza, quizás porque es un reflejo de sus anfitriones.

Desde el momento en que llegas, con el mayor respeto del mundo, te introducen a una familia. No hablo solo de la de ellos, sino la de todo el equipo. El trato siempre es de respeto y familiar. Por más cansado o nervioso que estés, siempre te hacen sentir como en casa y mediante bromas, conversaciones, datos históricos de la ciudad, del evento, presentaciones de los amigos, artistas, familia y hasta las mascotas, dejarás de sentirte una persona extraña y comenzarás a ser de allí, a querer regresar. Y ese lugar a dónde siempre quieres regresar, no tiene otros nombres que casa, hogar, Patria.

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