Lisandra Gómez Guerra


Bajo las Lunas de Invierno

Las principales arterias de la añeja villa del Yayabo sintieron de cerca la algarabía y derroche del talento joven. Y es que, como en cada diciembre, las Lunas de Invierno alumbraron a quienes se dejaron seducir por las propuestas.

“Como es habitual, trabajamos en la calle fundamentalmente, aunque también nos encontramos en espacios cerrados, todos públicos”, reconoció Lil Laura Castillo, presidenta de la filial espirituana de la Asociación Hermanos Saíz, gestora por excelencia del evento que coloca a la provincia en el epicentro del arte callejero del país.

Música, danza, teatro, artes plásticas y hasta el análisis teórico se dieron cita aquí no solo con protagonistas espirituanos, sino con invitados de Villa Clara, Santiago de Cuba y Cienfuegos.

“No contamos con las mismas condiciones que en aquellas ediciones del evento donde la economía permitía traer a un mayor número de artistas. No obstante, tuvimos la presencia de dos proyectos danzarios: Perro Callejero, de Santa Clara, y AD. LIVITUM, de Santiago, que, además, protagonizó un taller de creación”.

Siempre ese tipo de propuesta se lleva las mayores palmas por la ausencia aquí de un movimiento de esa manifestación artística. No obstante, el resto también contó con seguidores ávidos de encontrarse con el arte.

“El grupo Alánimo, de Santa Clara, con una propuesta para el público infantil, y Teatro La Trinidad, desde la tercera villa, con estatuas vivientes, amenizaron también los días”.

El programa —que honró el centenario de la radio cubana— incluyó los siempre seguidos conciertos de rock, de trova a cargo de Yeni Turiño y otros invitados, así como muestra de artes visuales.

También distinguió a estas Lunas de Invierno la realización del espacio teórico convocado por la comunidad científica de jóvenes creadores.

“Hay que usar las tecnologías de la información y comunicación con responsabilidad y ética —acotó Damián Valdés Santiago, profesor de la Universidad de La Habana y protagonista del taller—. Por ahí, estuvieron los temas que debatimos, a partir de la importancia que tiene ese uso en el campo de la investigación cultural”.

El evento de arte callejero siempre resulta bienvenido en cada diciembre. Las Lunas alumbran para bien, aunque, sin dudas, se extrañan aquellas ediciones en que florecía una propuesta tras otra.

“Siempre estaremos inconformes porque nada es perfecto, pero nuestro propósito fue que las personas nos acompañaran y disfrutaran del arte joven”, concluyó la máxima representante de la AHS en Sancti Spíritus.



Motivos para siempre regresar a La Vuelta Abajo

Y no lo hace solo desde el concurso de obras que llegan en cada edición desde diferentes puntos de la geografía nacional. También mueve el pensamiento de la mano de conferencias, intercambios, ejercicios prácticos y manifestaciones artísticas.

La exposición De Pá a Pá, un llamado a la paternidad responsable a través de la fotografía, además de inaugurar la X edición de la cita radial se convirtió en una de las temáticas recurrentes durante el resto de las jornadas.

Foto:: Alien Fernández Martínez

El Hotel Pinar del Río resultó el anfitrión del encuentro con las pasiones y necesidades, los espacios para problematizar y reflexionar sobre la creación radial mucho más inclusiva al darle voz a la multiplicidad de seres humanos que hoy coexistimos en nuestro país. 

Se insistió en defender la realización desde el concepto de lo colectivo, no deponer las armas de la creatividad ante los lógicos tropiezos de pensamientos anclados en rígidas estrategias directivas, así como apropiarse de las particularidades de cada paisaje sonoro, explotar mucho más las bondades de las tecnologías de la informática y las comunicaciones.

Una evidencia de la valía de “La Vuelta Abajo” se compartió por Jairo Alberto Pacheco, en esta ocasión miembro del jurado, al presentar sus tesis de maestría Mediaciones tecnológicas e individuales en la recepción de un programa radial intencionado para jóvenes, tema que surgió precisamente en uno de los ejercicios prácticos que recoge la historia de esta cita.

Foto:: Alien Fernández Martínez

La crianza respetuosa en situaciones de desastres, participación popular, capacidad de resiliencia y la radio al servicio de la comunidad, ejes temáticos de la X edición del Encuentro de Jóvenes no sólo fueron pretexto para los ejercicios prácticos, sino que transversalizaron cada uno de los momentos de intercambio de la cita. 

Cada asistente puedo compartir sus criterios sobre esos amplios tópicos. El espacio generado con el periodista Jesús Muñoz, de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades y el actor Alberto Corona deconstruyó estereotipos y roles machistas que, de igual forma urge que lleguen a nuestros discursos.

Foto:: Alien Fernández Martínez

Tres comunidades del municipio de San Luis: La Quimbería, Los Pelayos y El Rodeo fueron asaltados, esta vez por los muchachos y muchachas de La Vuelta Abajo. Contar parte de las historias que conviven en esos parajes, donde la huella del huracán Ian permanece fresca significó un gran reto.

Tras el trabajo de campo y luego horas de creación colectiva, se hicieron comunes las historias de José Luis, el padre que lleva las riendas de forma exclusiva de la crianza de su hija Marta Isabel; Daniel, el anciano con demasiadas heridas abiertas por la propia vida y de una población que a pesar de muchas insatisfacciones sigue despertando con fe cada mañana.

Foto:: Alien Fernández Martínez

Y si de anhelos por seguir sonorizando la vida se habla resultó enriquecedora la propuesta El relato periodístico vs. situación de emergencia. ¿Qué está pasando?, de la Doctora en Ciencias de la Comunicación Zenaida Costales Pérez. Con desenfado hincó en cada uno de los asistentes en cómo son las mejores maneras de hacer, organizar, saltar barreras, censuras… siempre con la máxima de narrar nuestras realidades.

La entrega de los premios siempre convoca a las emociones. Aplausos y abrazos sinceros se convierten en los mejores lauros para apostar siempre por la calidad de obras nacidas desde la sinceridad.

 

El programa de esta X edición del Encuentro también hizo cómplice al bello paraje de Viñales, donde se cobijan parte de nuestras raíces culturales y encantos naturales únicos en el planeta. 

Y, quizá más de uno de sus sonidos se fue junto con las asistentes de “La Vuelta Abajo”. En el adiós a la tierra pinareña quedó la intención del regreso porque desde hace 10 años –definitivamente– esta cita se erige como hogar seguro para los jóvenes radialistas del país.

Foto:: Alien Fernández Martínez

Foto:: Alien Fernández Martínez

Foto:: Alien Fernández Martínez



Premios a lo más autóctono (+ fotos)

Siempre resulta una fiesta asistir al Salón Provincial Crearte 2022, donde se dan cita las mejores obras nacidas de técnicas y estéticas diversas.

En esta ocasión, el jurado decidió reconocer con el primer lauro a la espirituana Beatriz Pentón Pajón por su diseño de encaje a la aguja, una técnica antigua y muy poco común, que se exhibe junto al resto de las piezas participantes en la Galería de Arte Oscar Fernández Morera, de Sancti Spíritus.

“Parece como su nombre lo dice, un encaje, pero hecho a mano, de ahí que cueste tanto trabajo su realización —declaró la premiada por vez primera en este espacio—. En esta ocasión hice el diseño de un chaleco, pero podemos hacer cuellos, carteras, infinidad de modelos”.

Un diseño de encaje a la aguja mereció el primer lauro de la cita.
Un diseño de encaje a la aguja mereció el primer lauro de la cita.

Esta económica de profesión se enamoró de los secretos de la aguja e hilos en clases de la reconocida artesana espirituana Elena Arévalo.

“El encaje en la técnica Tenerife me encanta, el croché es muy cómodo para trabajar, aunque prefiero hacer lo menos común. Este mundo lo descubrí como un hobby y ya casi se roba todas mis horas”, concluyó.

Al fomentense Armanel Vera Suárez se le dedicó el Salón Provincial Crearte 2022.
Al fomentense Armanel Vera Suárez se le dedicó el Salón Provincial Crearte 2022.

Igualmente, se confirieron el segundo y tercer premio a Exany Hernández y Luis Alberto Valdés, respectivamente.

Un momento especial del XXVI Salón Provincial Crearte 2022 resultó, sin dudas, el agasajo al fomentense Armanel Vera Suárez, a quien se le dedicó la cita.

“Ya son más de 20 años asistiendo a este evento —confesó— y es muy grato que hayan tenido la deferencia de homenajear mi artesanía. Significa un logro a mi trabajo, siempre concentrado en la madera y la escultura. Para mí es una meta que cada obra sea superior a la anterior”, concluyó.

 Las obras se exhibirán hasta enero de 2023.
Las obras se exhibirán hasta enero de 2023.

Hasta la segunda semana del mes de enero, en la Galería de Arte Oscar Fernández Morera se pueden disfrutar de las creaciones que integran el Salón Crearte 2022.



Los de aquí con los de allá

Desde de la propia céntrica calle Céspedes, gracias al gran ventanal de la sede del Centro Provincial de Patrimonio, de Sancti Spíritus, se puede disfrutar de una variedad de técnicas artísticas que cuelgan de las paredes. Firmas de consagrados y noveles coinciden esta vez en una propuesta de exquisita factura.

“Se titula la exposición Los de aquí con los de allá —explica Omar Fernández Galí, Cuti, su curador e impulsor—. Nace de la selección de un grupo de obras que tenemos en nuestro fondo como resultado de donaciones realizadas al Taller de artes gráficas de Sancti Spíritus en los diferentes intercambios que hemos tenido y, por supuesto, las piezas de nuestros artistas más jóvenes”.

Bajo ese concepto confluyen grabados herederos de las técnicas linografía, xilografía, así como punta seca y color.

“De esta forma, logramos que los menos experimentados dialoguen con quienes ya tienen una carrera consolidada. Por eso, pueden observar creaciones de Rafael Cáceres, Ángel Villalobos y Lala Trewis con, por ejemplo, dos recién egresados del sistema de escuelas de la Enseñanza Artística: Yanely Gómez y Ricardo Hernández.

“Los artistas visuales hacen currículo mediante las exposiciones, nuestros integrantes del taller aspiran a ser miembros de la Asociación Hermanos Saíz y esta los avala para ese objetivo por la calidad que se exigió para compartir espacio con los autores más reconocidos”.

Y es que el Taller de artes gráficas de Sancti Spíritus ha sido escuela desde su creación. En su interior junto a las grandes prensas se ha enseñado a diferentes generaciones los secretos del grabado, técnica de impresión con origen en China.

“Hoy estamos en buen estado porque hay muchos jóvenes trabajando con talento y deseos de hacer. Pero, tenemos como deuda que hay artistas consagrados que todavía no se han incorporado. Desde el 2018 estamos en esta ciudad, gracias al donativo de Alexis Leiva Machado, Kcho, y ha sido imposible lograr que se motiven. Mas, confío que un día ocurra. Este taller tiene sus puertas abiertas para que todos hagan sus obras aquí”.



«Mi obra es muy visceral»

Demasiado ha llovido desde que los fotógrafos apretaban el obturador solo en busca de encuadrar el plano perfecto. Aunque aún se arrastra algún que otro prejuicio con esta manifestación artística, los hombres y mujeres con ojos agudos y tras las cámaras han demostrado con creces que una instantánea habla, convoca, seduce, hace reflexionar…

Fue esa la inspiración para que el espirituano Álvaro José Brunet llegara a la fotografía. Descubrió desde el primer instante que en ella se sentía como pez en el agua.

“No soy muy bueno con las palabras, por lo que en el arte he encontrado el camino justo para decir cómo pienso”, confesó hace algunos años a esta reportera, quien intentaba descubrir las claves del arquitecto de título que, poco a poco, en el mundo de las artes visuales se hacía carrera dentro y fuera de Sancti Spíritus.

De aquella entrevista a esta, también ha llovido bastante. En su currículo descuellan cuatro exposiciones: Arsenal, Detrás del Muro 2, Rompiendo reglas y Guardar, correr y seguir guardando como parte del programa de la XII Bienal de La Habana, la materialización de la Academia de Artes El garaje fotográfico, el liderazgo de Catorceavo, el grupo que con su Carnaval conceptual colocó a Sancti Spíritus en el mapa de la XIV Bienal de La Habana y una buena cantidad de exposiciones que recorren desde intimidades de la diversidad sexual, la serie El peso de la vida hasta la instalación No reconozco otro dueño, donde se conjugan música, literatura,
historia y las artes visuales.

“Mi obra es muy visceral. Represento lo que sufro día tras día, no solo yo, sino lo que sufre mi gente. Trato de hacerlas con lenguajes que sirvan para el mundo entero y en ese sentido sigo trabajando y no me puedo desligar”.

La instalación interactiva Temperamentum fue una
de las tres piezas que le dio el Premio del XXXV Salón Oscar
Fernández Morera. (Foto: Lisandra Gómez Guerra)
La instalación interactiva Temperamentum fue una de las tres piezas que le dio el Premio del XXXV Salón Oscar Fernández Morera. (Foto: Lisandra Gómez Guerra)

Bajo esa premisa apostó, otra vez, por competir en el XXXV Salón Oscar Fernández Morera —el evento más importante de las artes visuales en Sancti Spíritus— y, volvió a llevarse las palmas del jurado. Esta vez seducidos por las múltiples lecturas de tres singulares creaciones: Feliz remo (instalación), Temperamentum (instalación interactiva) y Deadly fork (acción perfomática).

“Son tres piezas independientes. Las tomé como pies forzados para seguir creando porque hay veces que uno se achanta un poco y resulta un poco compleja la creación artística. Revisé mis anotaciones y me percaté que tenía posibilidades de ejecutarlas.

“Feliz remo forma parte de la serie El peso de la vida. Utilizo objetos que simplemente sirven para ser contemplados y convoco el pensamiento sobre el significado del remo en esta isla.

“Para la acción performática también me apropio de objetos. En este caso son instrumentos de tortura antiguos convertidos en joyas o en accesorios que las personas pueden llevar. Siempre van a estar reflejados en una fotografía hecha a una modelo, pero si el público quiere puede ponérselo, probárselo. El objetivo es hacer 15 piezas para una futura exposición personal.

“Mientras que Temperamentum —también de El peso de la vida— muestra el logotipo de Superman, gracias a granos de arroz blanco cocinados. Nos deja ver los múltiples vacíos. Además, lo acompaña un celular con una aplicación, donde se pueden escuchar los criterios sobre la misma de cuatro críticos de arte: Elvia Rosa Castro, Hamlet Fernández, Ramón Cabral y Alain Cabrera. Cada uno tiene su propio temperamento: melancólico, flemático, colérico y sanguíneo. En función del temperamento de cada persona que
interactúa con la pieza si quiere puede escuchar lo que significa la obra.

“Quedé muy satisfecho con ellas, porque son obras que se culminaron de forma muy redondas, bonitas. Me gusta que las personas también disfruten de la belleza”.

Además de apostar por una visualidad agradable, siempre nos obligas a leer entre líneas…

Tiene que ver con mi temperamento. Soy una persona de pensar mucho lo que pienso, lo que digo, lo que hago. Ese equilibrio entre lo bonito y que pongan a pensar lo vuelco a los seres humanos. De qué sirve una persona bonita si está vacía.

Después de varios premios en este salón, ¿no ha pensado Álvaro volver a conquistar escenarios capitalinos e incluso coquetear con internacionales?

Mi mayor satisfacción es que mis piezas que nacen aquí se presenten en mi ciudad. Luego pueden llegar a otros espacios. El Morera me sirvió como pie forzado para crear. Hace poco también asistí a la II Bienal de Pequeño Formato Amelia Peláez del Casal, convocada por el Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y estaré siempre en los eventos espirituanos. Estuve ya en varios espacios capitalinos. Fue una prueba que me puse. Incluso, un crítico de arte muy amigo me dijo una vez que hasta que no me montara en el tubo de aluminio no sería nadie y le respondí que le demostraría que sin salir de Cuba se pueden hacer muchas cosas. Todo depende de lo que se proponga uno como artista.

Lo que pasa es que todo está muy deprimido. Muchos salones desaparecieron. Resulta complejo viajar por una pieza a otras provincias. Pero, tengo información de que se piensan retomar los certámenes nacionales. Y creo que es justamente una manera también de impulsar la creación. En la medida que uno produce se van engrasando las maquinarias.

Para nada creo que el Morena me quede pequeño. Fue inmenso en un momento. Aquí se convocó una generación donde estaban Jimmy Bonachea, Ariel Orozco, Adonis Flores, artistas de primera línea y venían críticos como Gerardo Mosquera. Eso se puede rescatar.

En el caso de las exposiciones internacionales surgirán como ha ocurrido en otros momentos. Claro que desde la capital del país se proyecta mucho más fácil que desde aquí.

Después de tanto camino recorrido, ¿cómo se define Álvaro José Brunet: arquitecto, fotógrafo, artista visual?

Tengo todos los carnés habidos y por haber, pero eso solo no te hace artista. Hoy hago de todo. Empecé a hacer arte sin saberlo. Nunca supe cuándo dejé de ser una cosa y comencé a ser otra, porque es una línea tan indefinida a veces y tan desenfocada que no sabes dónde está.

Sigo siendo el mismo arquitecto después de 20 años porque hay quien me pide ayuda sobre el tema. Arreglo una moto, una bicicleta… Sigo siendo el mismo y estoy aquí en Sancti Spíritus que es muy importante para mí.

En el más reciente proceso de engrasar motores, ¿con qué nos sorprenderá?

Quiero concentrarme en la serie Deadly fork y seguiré con El peso de la vida, que es ilimitada porque son con objetos cotidianos y los problemas que también están ahí a flor de piel.



Ernesto Valdés Barceló ¡Maestro de Juventudes!

Un reclamo de muchos rompió uno de los pocos silencios de la última asamblea provincial de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), aquí: «¿Hasta cuándo no contaremos con un Maestro de Juventudes?», preguntó una asociada, y detrás muchas otras voces apoyaron la interrogante.

Pasados unos meses, la buena nueva saldó una deuda —para muchos—, una injusticia —para otros— y consecuencia del fatalismo geográfico —para los más pesimistas—. Sancti Spíritus ya tiene su primer Maestro de Juventudes, la máxima distinción que otorga la organización que aúna a la más joven vanguardia artística.

«Me tomó por sorpresa y no solo porque partió de la AHS, a la que respeto muchísimo porque cuenta con jóvenes valiosísimos —refiere aún con el asombro en el rostro, Ernesto Valdés Barceló, locutor desde hace seis décadas en Radio Sancti Spíritus. Lo digo porque tengo conocimiento de que lo han recibido personas de mucho prestigio en nuestro país y yo solo he dedicado mi vida a la profesión y sí he formado a muchas generaciones».

Habla y resulta inevitable no sentir que el tiempo no ha mellado el amor, la entrega y la responsabilidad en su encuentro con el micrófono. Siempre es una sorpresa entre quienes lo descubren de frente. Ya suman 79 abriles, y en su voz apenas hay un asomo de las huellas de los años.

«La locución es una profesión que hay que querer como una familia. No es querer ser popular o ganar dinero, sino que precisa ser parte intrínseca tuya».

Lo descubrió desde el primer día que puso un pie, en octubre de 1962, en el equipo de ondas cortas que se encontraba en el mismo local de Radio Nacional, luego Radio Sancti Spíritus.

Bastaron dos años entre aquellos aparatos, capaces de trasladar hasta diferentes puntos de la ciudad del Yayabo la señal, para enrolarse en el colectivo de artistas, no como un ajeno sino como un seducido. De tanto ver y preguntar también, lo primero en domar fueron las grandes máquinas de cinta.

«Pero hubo necesidad de cambiar al personal de las transmisiones y en la reunión se percatan de que Valdés se quedaba sin trabajo. Entonces, alguien comentó que tenía buena voz y mencionan que podía incursionar en la locución».

Sin tiempo que perder, Arsenio Madrigal, entonces director de la emisora, anunció su estreno. El bautismo de fuego sería la última hora de transmisión del día, bien cerca de la medianoche.

«Me entró un miedo terrible. Se trataba de dar la hora y presentar música. Cada cierto tiempo le preguntaba al operador de sonidos cómo lo hacía y así pasó ese primer tiempo».

Junto a él, además de los oídos de casi toda una ciudad, estaban los de sus compañeros de trabajo. Al otro día, la propuesta resultó comenzar desde las seis de la tarde, lo que significó una mayor complejidad.

Inconforme como es hasta la médula, Ernesto Valdés Barceló, luego de aquellos sustos tomó una decisión: no sería locutor y con algún que otro argumento entró a la oficina del Director.

«Arsenio era muy tenaz y cuando me escuchó solo me respondió: no se te vuelva a ocurrir volver a decir eso. “Tú vas a ser locutor por mis pantalones”. Después de eso no pude negarme. Entendí entonces que ese sería mi trabajo, pero sabía que estudiar y aprender mucho eran mis únicas posibilidades para subsistir.

«En aquel momento no se conocía de técnicas de locución. Sin aquel colectivo realmente no hubiera podido llegar hasta hoy».

Y la nostalgia le aflora en la fuerte voz que luego se hizo familiar en más de un acto importante de la entonces provincia de Las Villas, luego en Sancti Spíritus, y en tantos programas radiales, que enumerar cada uno resulta un desacato a la concisión periodística.

Por eso hablar con Ernesto es escudriñar en las raíces de la radio en Sancti Spíritus. Entre tantas anécdotas, todavía se estremece tal y como lo vivió cuando se convirtió en 1972 en Locutor A, la máxima calificación entonces. Pero a la euforia la acompañan otros añadidos: fue el primero en la provincia de Las Villas y de los pocos en el país.

Lector empedernido. En el tablet, que no lo abandona desde que Radio Sancti Spíritus recibió una inyección de tecnología, guarda libros que le roban las pocas horas de descanso. Además de ponerle voz a programas dramatizados e informativos se divide como profesor de quienes apuestan por conquistar el éter.

«En el año 2005 me llamaron para formar parte del tribunal de evaluación de la región central del país. Y desde el primer día supe que había que tener en cuenta el sentido de la humanidad. Y es que en ese ejercicio de tanta responsabilidad no podemos olvidar que quienes evaluamos un día también estuvimos del otro lado».

Tanta entrega y pasión por el medio radial recibió el mejor de los agasajos en el 2007. Fue reconocido el 22 de agosto de ese año con el Premio Nacional de Radio. Con anterioridad ya contaba con la condición Artista de Mérito, además de otros muchos que engordan su currículo como la Réplica del Machete del Mayor General Serafín Sánchez Valdivia, la Medalla de la Alfabetización y el Premio Caracol en Locución.

«Cuando me llegó la edad de la jubilación no me quería ir, pero me obligaron algunas necesidades familiares. Estuve cinco años separado de la radio y la extrañé».

—¿Por qué nunca conquistó horizontes fuera de Sancti Spíritus?

—Siempre quise dedicarle mis esfuerzos a esta, mi provincia. Aquí está mi familia, he cosechado muchos amigos, mi vida toda.

Y un día, sin esperarlo, recibió un mensaje. Necesitaban que se incorporara a trabajar en la revista informativa Como lo oyes, de Radio Sancti Spíritus.   

«Acepté, pero no como conductor, pues sentía que por haberme distanciado había perdido las competencias que exige ese rol y me reincorporé como locutor».

Desde entonces, sus días son rutinas. Sale temprano desde casa. Se sumerge en el diarismo radial. Para cualquiera tenerlo cerca es una fiesta. Antes de que la tensión se le acomode en su cuerpo al ver encendida la luz de «Al aire», ameniza la jornada con sus anécdotas y consejos siempre en ristre. Demasiados saberes aún le restan por compartir.

«Fue de esa forma, como es, que aún con estos años estoy aquí».

—¿Y estarás, Valdés?

—Ojalá y sea por mucho tiempo más.



El arte espirituano extiende sus brazos solidarios

Desde que las imágenes de un polvo blanquecino confirmaron que un pedazo de La Habana se oscureció de pronto este 6 de mayo y al unísono, toda Cuba, la solidaridad afloró. A los pocos segundos de conocer lo sucedido, en la capital del país más de una iniciativa se ha puesto en práctica para ayudar, aliviar el dolor, agilizar los procesos de búsqueda.

Y con cada acción, el resto de la isla ha suspirado, ha pensado cómo aportar y ser útil también. Bastó entonces que la presidenta de la filial espirituana de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), Lil Laura Castillo instara a través del WhatsApp para que un grupo de afiliados se diera cita en el Banco Provincial de Sangre.

“Me hubiera sentido más frustrada si no hubiese ido –cuenta Dayana Margarita Pomares, escritora y quien no pudo donar por estar bajo tratamiento médico–. Como se dice popularmente di mi pequeña tanda hasta el último momento porque quiero aportar. Pero, bueno, estuve allí acompañando a quienes sí pudieron”.

Detrás del cristal en total apoyo permanecieron junto a ella, Lil Laura, Marcos Antonio Calderón y Liset López Francisco, quienes acompañaron con sonrisas y frases de ánimo al teatrista Tommy Cordoví y al escritor Yuri Fernández, quienes sí estiraron sus brazos como sinónimo de vidas.

“Fui por la solidaridad y empatía. Eso nos caracteriza a todos los cubanos. Sentimos propio el dolor ajeno. Después de tantas desgraciadas que ha vivido nuestra isla, llega esta otra raya para el tigre”.

La prioridad fue acopiar sangre de tipo negativo por ser la que más se necesita, uno de los requisitos que impidió que no todos los que llegaron hasta la institución sanitaria pudieran donar.

“Problemas de salud como la hipertensión de Marcos Antonio Calderón, Presidente del Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) o el déficit de bolsas también imposibilitaron que otros muchos no lo hicieran. Creo que si la convocatoria hubiera sido con más tiempo, muchos más espirituanos se hubieran unido a esta causa. Esta acción solo ocurre en Cuba, no he visto algo similar en otros países”, puntualizó el joven poeta.

“Los cubanos somos solidarios por naturaleza. Incluso, en las redes sociales ha primado las opiniones de dolor y respaldo a las familias y amistades de las víctimas y quienes están ingresados. También es parte de la educación que hemos recibido. La idea es no quedarnos sin hacer nada. Quizá se pudieran acopiar medicamentos u otras cosas para seguir apoyando. Al final es por nuestra gente, país, pueblo”, añadió Dayana Margarita.

Otra vez los hacedores artísticos se crecen conscientes de su protagonismo. Y mucho más cuando uno solo de sus actos pueden salvar más de una vida.

 

(Tomado del Periódico Escambray)



Roger Fariñas no necesita despertar las musas

Cambiar el traje de pelotero por el de la actuación pudiera parecer ir del día a la noche. Una transición que trastoca rutinas, hábitos, conductas, la misma vida… A la vuelta de aquellos días en que el terreno arenoso dejó ser su sitio preferido, Roger Fariñas Montano agradece el haberse dejado hechizar por el teatro.

“Para mi familia iba a ser pelotero de alto rendimiento. Un día aparece Laudel de Jesús y me invita a participar en una obrita que estaba montando con aficionados, y ahí cambió todo”, recuerda y culpa a la intuición y el azar.

Prefiero, después de conocerlo y acercarme a su obra, atribuírselo al talento. Es por eso que al indagar sobre la trama de la obra de su vida deja escapar: “La libertad, sin dudas. Que para mí significa encontrarle sentido a mi existencia. Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo su libertad”.

Un leitmotiv que ha ido encontrando el acomodo necesario. Entre experiencias, lecturas, historias nacidas en la cabeza… poco a poco han llegado a ser conocidas por otras muchas personas porque galopan en y para el mundo de las tablas.

La actuación fue su primer coqueteo con el teatro. Aunque por su sangre corrían genes de su padre –actor y profesor de la manifestación– prefirió el estímulo de otros. Luego, tocó las puertas de la Escuela de Instructores de Arte Vladislav Volkov, de Sancti Spíritus.

Abel González (izquierda) y Carlos Celdrán (derecha) le han enseñado a “valorar un teatro que se pregunta por el hombre cubano y el sentido de su existencia”. FOTO: Tomado del perfil de Facebook de Roger.

“Una etapa de desenfado e inocencia, en lo artístico y en lo personal, que me regaló muchos amigos y momentos increíbles. Fue también la base, digamos en el aspecto académico, que luego hizo mi paso por el Instituto Superior de Arte, (ISA), menos desamparado”.

Desde ese primer acercamiento, ya con consciencia de ese –uno de los grandes propósitos de su vida–, el espirituano Roger descubrió que en el mundo de las tablas también nacen familias. Cabotín teatro ha sido hogar, cobija de amor, llantos, tristezas, trampolín para nuevos retos, anhelos… Allí supo que la actuación no le completaba, y hacia la dirección y escritura prefirió mover su timonel.

“Lealtad. Como mismo sucede en las familias de verdad, Cabotín es esa casa de toda la vida a donde siempre puedo regresar, sin tener que dar explicaciones de por qué me fui a La Habana o a Madrid durante una larga temporada. Cuando me he ido lejos, detrás de mí jamás ha sonado un «portazo» concluyente ―como aquel del clásico de Ibsen―, y cuando he regresado nunca me he sentido un extraño”.

Es por eso que uno de sus más recientes proyectos se cuece en ese horno teatral espirituano, integrante del Catálogo de Excelencia del Consejo Nacional de las Artes Escénicas.

“Laudel de Jesús –director del proyecto artístico– dirige mi obra Tragedia de una mujer estéril, con un elenco de actores jóvenes muy comprometidos: Laura Marín y Leobis García. Esperemos que la pandemia permita su estreno en algún momento.

“Mientras que como director he estado montando con Agón teatro, en La Habana el monólogo El enano en la botella de Abilio Estévez, con el actor Alejandro Menéndez, un proceso que hemos tenido que aplazar también por el coronavirus, pero en el que no hemos dejado de trabajar.

“Por otra parte, es un lujo pertenecer al catálogo de Ediciones Matanzas con mi libro Morbo, una obra que escribí hace algunos años y que tuvo la suerte de ser leída en Argos Teatro. Tengo otros proyectos abiertos, en los que trabajo en silencio. Me siento dichoso de que, como me dijo una vez mi querido Abilio Estévez, ya la virgen página no esconda su blancura”. 

Cabotín teatro es una gran familia que impulsa la escena desde de Sancti Spíritus. FOTO: Tomado del perfil de Facebook de Roger.

–¿Qué necesita Roger para despertar las musas?

–Haber dormido bien. Una taza de café en la mañana, preparada por mí, con bastante azúcar. Aunque no creo que necesite despertar las musas, porque están todo el tiempo velando, perturbando mi tranquilidad. En todo caso son ellas las que necesitan animarme: soy el punto de inflexión entre ellas y la página en blanco.

–¿Por qué la necesidad de escribir en publicaciones mediáticas como Escambray –periódico de Sancti Spíritus– y La Jiribilla, cuando el lenguaje especializado necesita ser entendido por las grandes masas y no solo por los especialistas?

–Creo que he logrado ―o, como mínimo, he aspirado a― escribir críticas y reseñas penetrantes, siendo consecuente con mis ideas del teatro, del arte. A partir de ahí, lo que varía son las formas, las estructuras, el lenguaje y la extensión, dependiendo de exigencias editoriales muy específicas. Siento la necesidad de escribir, simplemente, sin encasillamientos y tratando de estar lo mejor informado posible. Escribo y lo hago con el mismo rigor de pensamiento sea para Escambray ―leído por las grandes masas― o para la revista Tablas ―por los especialistas―.

En la cabecera de Roger Fariñas hay autores que no pasan de moda: Virgilio Piñera, Abelardo Estorino, Abilio Estévez, Abel González Melo y Ulises Rodríguez Febles; y a los clásicos universales Antón Chéjov, Bertolt Brecht, Henrik Ibsen, Jean-Paul Sartre y Harold Pinter. Cada uno le ha dado señales para ir construyendo su propio sello.

“En la dramaturgia hay muchos y eclécticos. Puedo sumar otros nombres, pero depende de la historia que quiero contar. En Morbo partí del cuento El retrato, del escritor Pedro de Jesús; en Tragedia de una mujer estéril parto de ese tremebundo tema lorquiano que es la esterilidad en Yerma; en Colapso hago referencias puntuales a la Divina Comedia de Dante, y escribí la pieza iluminado por el curso “Disparadores y artefactos teatrales”, impartido por el dramaturgo catalán Josep Maria Miró; y en Víktor parto de la figura real del psiquiatra y filósofo austriaco Víktor Frankl, quien sobrevivió a varios campos de concentración nazis. Como ves, no son referentes necesariamente del teatro, sino que provienen de la narrativa, de lo académico, de la filosofía y la psicología”.

–¿Cómo surge y cuánto han significado las relaciones con dos de los dramaturgos y directores más importantes del país, Abel González Melo y Carlos Celdrán?

–De Abel conocía su obra, pero nos conocimos personalmente en el verano del año 2017 cuando lo invito a Sancti Spíritus a propósito de una presentación de su obra Chamaco, montaje del cual fui el asesor teatral. Desde entonces hemos trabajado mucho juntos, tanto en Cuba como en Madrid, y nos unen lazos consanguíneos muy fuertes.

“A Carlos le conocí por Abel, también hemos trabajado juntos, y de ahí que la admiración y la amistad han crecido. He ganado con ellos no solo a dos maestros, sino a dos enormes seres humanos, de una gran honestidad y dignidad. ¿Dicen que mi «estilo» de teatro se parece al de ellos? Pues estupendo”.

Kiusbell Rodríguez, director de Agón teatro (izquierda) y Alejandro Menéndez (derecha) confiaron en Roger para su más reciente montaje El enano en la botella. FOTO: Tomado del perfil de Facebook de Roger.

–De esas escuelas, ¿qué ha utilizado Roger?

–Realmente no sé porque no lo contabilizo, pero sí sé lo que he aprendido. A valorar un teatro que se pregunta por el hombre cubano y el sentido de su existencia. Comprometerme con temas que le inquieten a la sociedad en la que vivo con un incisivo sentido crítico, ahondando en sus principales reclamaciones éticas y morales.

–Después de leer, hacer, escribir y haber disfrutado el teatro fuera de Cuba, ¿qué opinas del teatro espirituano y cubano?

–“Mira, es nuestro teatro y lo defiendo a ultranza, con sus defectos y sus virtudes. Vivimos en un mundo bastante agresivo, frívolo, en el que la desidia impera y donde los hombres estamos cada vez más condenados al aislamiento, a sobrevivir en la perplejidad. Por lo tanto, el hecho de tener los teatros abiertos y las salas llenas era ya una muestra de buena salud. Digo “era” porque en Cuba continuamos, desde hace dos años, con los teatros cerrados a causa de la pandemia”.

Y en esa búsqueda constante por aprender, soñar y vivir, gracias al teatro, Roger se aventuró hacer realidad una idea que surgió en el Festival Iberoamericano de Cádiz: una nueva propuesta literaria que pronto verá la luz.

“Puntos de fuga. Una década con Argos Teatro 2010-2020 es mi homenaje a Carlos Celdrán y Argos Teatro en su vigesimoquinto aniversario, próximo a celebrarse en diciembre de este año. La publicación que saldrá bajo el sello de Ediciones Alarcos, recoge 14 textos críticos que en el periodo de esta última década he escrito sobre los espectáculos del grupo, donde intento una aproximación a las claves esenciales que definen su poética. Agradezco especialmente a la editorial por acoger el libro, a mi editora Yudarkis Veloz, por el cuidado en la edición; a Omar Batista por su excelente diseño de cubierta; y al maestro Rubén Darío Salazar por el exquisito prólogo que ha escrito para Puntos de fuga”. 

Para Roger Fariñas Montano el tiempo anda de prisa. La constancia y entrega son sus máximas ante las escasas horas para hacer realidad tantas ideas. Entre lecturas y escrituras prefiere también refugiarse como espectador. Cada diálogo desde las butacas también le oxigenan.

–¿Qué no le puede faltar a una obra para que enganche a Roger?

–“Calidad. Esa palabra que nadie puede explicar, dice Peter Brook, pero que todos podemos percibir”.



Palabras por un mejor país

No hay mejor antídoto para un contexto convulso que la palabra; la que traza, anima, señala, sacude y convoca. Ha sido así a lo largo de la historia de la humanidad. Por tanto, volver a la que nos antecede es obligación certera para no errar e intentar despojar del camino todo obstáculo.

Sucede así al profundizar en los diálogos sostenidos entre los días 16, 23 y 30 de junio de 1961. La Biblioteca Nacional José Martí fue el escenario. De un lado, hombres y mujeres de nuestra cultura: Alfredo Guevara, Roberto Fernández Retamar, Graziella Pogolotti, Lisandro Otero, José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Miguel Barnet, Pablo Armando Fernández; del otro, Fidel Castro, entonces primer ministro del Gobierno revolucionario y secretario del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba. Horas intensas de planificación, fundición, pujanza y creación del sostén de todo un país en franco renacimiento.

Por ello, a 60 años de esas jornadas, se ha hablado mucho y se hará, porque en Palabras a los intelectuales se transciende el arte. En esas líneas se dibuja el desarrollo de una nación con una voluntad transformadora.

Tomado de Trabajadores

“Y ustedes tienen la oportunidad de ser más que espectadores: de ser actores de esa revolución”, expresó el Comandante en Jefe en uno de los momentos de los enérgicos diálogos.

Nació de esa forma un ejercicio crítico sin precedentes porque con humildad y franqueza se desnudó públicamente un contexto con sombras y luces, como toda obra humana. De ahí que cada palabra se alió a la confrontación y contradicción como procesos vitales en búsqueda constante de acercarse mucho más a los otros y dejar atrás el tan dañino “yo”.

“En realidad, ¿qué sabemos nosotros? En realidad, nosotros todos estamos aprendiendo. En realidad, nosotros todos tenemos mucho que aprender”, acotó.

En esa convocatoria de unidad y pensamiento se habla de la creación para las mayorías, de la necesidad de revolucionar cuanto espacio exista como fórmula exacta para desterrar el desconocimiento, la desigualdad en los públicos y posibles nuevos actores del venidero contexto que posteriormente se gestaron. “Creo que cuando al hombre se le pretende truncar la capacidad de pensar y razonar lo conviertes, de un ser humano, en un animal domesticado”, también dijo Fidel Castro en aquellos acalorados días en que esta isla aún sentía fresco el dolor de Playa Girón; se lloraba la partida de cada infante mediante la Operación Peter Pan y eran sistemáticos los actos terroristas contra objetivos económicos y sociales.

En medio de tanta turbulencia fue necesario el diálogo con esos hombres y mujeres, en cuyas condiciones de vida y posibilidades de creación también se pensó, para moldear anhelos, limar asperezas, poner sobre la mesa las cartas de presentación mediante el respeto, consensuar los próximos pasos y sumar.

“La Revolución no puede renunciar a que todos los hombres y mujeres honestos, sean o no escritores o artistas, marchen junto a ella. (…) La Revolución solo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios…”

Se trata de un sugerente llamado a volver siempre a Palabras a los intelectuales, desde la visión crítica y contextualizada, como sucedió en aquellos días de junio de 1961, cuando se fundaron, abrazaron nuevas ideas y conceptos, así como se crearon los sedimentos de un mejor país.