Rese√Īa


Indagaciones al olvido

En Santa Clara, ciudad sin mar, todos los d√≠as se multiplican los acontecimientos art√≠sticos. Cada ma√Īana, cada tarde y cada noche tropezamos con avalanchas de informes que demuestran la efervescencia creativa de una urbe que se desvive por las artes. Las noticias de hoy sustituyen a las de ayer, como las de ayer sustituyeron a las de antier y las de ma√Īana lo har√°n con las de hoy. Pero, ¬Ņd√≥nde encontrar un periodismo cultural que articule elementos, historias, fuentes en apariencia inconexos?, ¬Ņd√≥nde uno que rescate el pasado? Hasta con eso cuenta la m√°s letrada de las ciudades del centro del pa√≠s.

Villa Clara, espec√≠ficamente Santa Clara, acoge revistas que abordan lo cultural desde concepciones nada superficiales o limitadas. Tambi√©n puedo nombrar una interesante p√°gina de la editora Vanguardia donde j√≥venes periodistas intentan, con audacia y rigor, la cr√≠tica de arte; as√≠ como el periodismo que se publica en libros, aunque m√°s bien debo decir: los libros que re√ļnen textos de g√©nero period√≠stico.

Los premios Fundaci√≥n de la Ciudad de Santa Clara en el apartado de Periodismo dan buena cuenta de la salud de esta modalidad literaria (s√≠, dije literaria) en la provincia. Hace poco le√≠ uno (otro) de ellos: Introspecci√≥n detr√°s del olvido (Editorial Capiro, 2019), del poeta, cr√≠tico y ensayista Alexis Casta√Īeda P√©rez de Alejo y, como agradecimiento al buen rato que pas√© consultando sus casi 130 p√°ginas, me propuse escribir esta rese√Īa.

Casta√Īeda, graduado de Historia y Ciencias Sociales por el Instituto Superior Pedag√≥gico F√©lix Varela, se ha dedicado a historiar los peque√Īos grandes acontecimientos de la Villa Clara de otros tiempos, y un poquito m√°s ac√°. Su trabajo como promotor del Centro Cultural El Mejunje le ha permitido convertirse en una suerte de cronista del lugar y sus alrededores. As√≠ lo demuestra en Yo simplemente hago o La Aventura de El Mejunje (Sed de Belleza, 2001) y La vena del centro. Trova santaclare√Īa (Sed de Belleza, 2010).

Premio Fundaci√≥n de la Ciudad de Santa Clara en 2018, Introspecci√≥n detr√°s del olvido llama la atenci√≥n desde la cubierta. Y lo hace con una obra de Susana Trueba Veit√≠a que recrea el centro neur√°lgico de la urbe santaclare√Īa: el parque Leoncio Vidal. Aunque dif√≠cilmente podr√≠a pensarse en una ilustraci√≥n m√°s apropiada si se pretende reflejar la cultura santaclare√Īa en todo su dinamismo, hay que decir que la idea no es del todo original, pues ya existe un t√≠tulo (al menos, que yo conozca) con similar dise√Īo de cubierta: Despu√©s del hurac√°n (Sed de Belleza, 2007), de Yamil D√≠az G√≥mez.

‚ÄúDe todos los libros que ha escrito Alexis Casta√Īeda, tal vez este sea el m√°s √≠ntimo, el m√°s enfebrecido‚ÄĚ, asegura el poeta y narrador Geovanny Manso en su rese√Īa ‚ÄúMemoria y m√°s memoria en Introspecci√≥n detr√°s del olvido‚ÄĚ. Se trata de un volumen asim√©trico, con una primera parte breve, personal, integrada por cr√≥nicas que funcionan como cuchillas que van abriendo la carne donde habita el olvido, y otra de car√°cter testimonial, m√°s extensa, que podemos identificar como la esencia de las intenciones del volumen.

Sobre la primera parte, ‚ÄúHistorias de pasi√≥n y credo‚ÄĚ, dir√© que me impresionaron las cr√≥nicas ‚ÄúElena Burke en El Mejunje cantando, cantando‚ÄĚ, ‚ÄúAlcides y Silverio cabalgan en un caballo de palo‚ÄĚ y ‚ÄúMeme Sol√≠s: la dicha de poder so√Īar y amar‚ÄĚ. Los textos que menciono tienen en com√ļn ‚ÄĒadem√°s de la batalla contra la desmemoria, presente en todo el volumen‚ÄĒ la capacidad de concentrar la energ√≠a evocadora en un peque√Īo punto del recuerdo, para de esa manera transmitirnos un relato con sabor a bolero de victrola, copa rota y mucha, much√≠sima nostalgia.

La curva de intensidad dram√°tica de la primera secci√≥n est√° correctamente dise√Īada: va subiendo en ‚ÄúLos villare√Īos siempre cumplen su parte‚ÄĚ y ‚ÄúEl valor de una ma√Īanita de enero‚ÄĚ, llega a un pre-estribillo/pre-cl√≠max con el trabajo sobre Luis Carbonell, explota en un coro integrado por Elena Burke, Rafael Alcides y Ram√≥n Silverio, desciende con el trabajo sobre el Centro Experimental de Teatro de Las Villas y vuelve a ascender con El Pamperito y Meme Sol√≠s, para entonces terminar arriba, muy arriba:

Perdona este destilar, pero aqu√≠ en Santa Clara las ma√Īanas de domingo son demoledoramente lentas, y nos vamos arrimando a ese rinconcito llamado nostalgia. Esp√©ranos, Meme, que con muchos otros nos encontraremos en un ‚Äúnuevo amanecer‚ÄĚ y tendremos ‚Äúotra vida para darla nuevamente‚ÄĚ, pues a m√≠ tambi√©n ‚Äúme ha crecido el coraz√≥n para anidar las ilusiones que anhelaba‚ÄĚ y no dejaremos que muera ‚Äúla dicha de poder so√Īar y amar‚ÄĚ.

La segunda secci√≥n de la obra se me antoja f√°cil de entender y dif√≠cil de explicar. Intentar√© aproximarme diciendo que se trata de la historia de alguien o algo a partir de la voz de un testigo privilegiado. En el caso de ‚ÄúJuanito Sarmiento. Pasiones en la arena‚ÄĚ, el entrevistado narra √ļnicamente su vida, pero en realidad est√° hablando de lo mismo que todos los testimoniantes del libro: de las injusticias del olvido.¬†

Qu√©, si no eso, nos revela Osiris Aguiar Vald√©s cuando recuerda al invisibilizado Meme Sol√≠s; Mar√≠a de los √Āngeles Garc√≠a cuando evoca al maestro Ra√ļl Ferrer; Juan Campos cuando nos refiere los pormenores de un tiempo en que Fernando Borrego todav√≠a no era Polo Monta√Īez; Juan Manuel O¬īFarril cuando extra√Īa sus tragos compartidos con grandes de la m√ļsica cubana; Eusebio Guerra cuando rescata los a√Īos perdidos del cabaret Venecia; Roberto P√©rez Elesgaray cuando dibuja el boceto de lo que fue y pudo ser el grupo Ra√≠ces Nuevas, de Pucho L√≥pez; Elena O¬īFarril cuando dice, justo al final del libro: ‚ÄúDoris [de la Torre] era mi hermana‚ÄĚ; Valent√≠n D√≠az Contreras, El Diablo, cuando asegura que ‚Äúen el entierro del Benny, el 20 de febrero de 1963‚ÄĚ hizo un compromiso ‚Äúall√≠ en su tumba, que iba a seguir su legado, cantando sus canciones‚ÄĚ, y eso lo ha cumplido.

No creo que pueda ser justamente valorado en el breve espacio de una rese√Īa cu√°nto contribuye al rescate de la historia cultural de Santa Clara un libro como Introspecci√≥n detr√°s del olvido. ‚ÄúQuiz√°s la motivaci√≥n de fondo sea intentar corregir un error del pasado, hacer justicia. Acaso una pulsi√≥n justiciera sea lo m√°s caracter√≠stico de estos textos diversos‚ÄĚ, explica en el pr√≥logo el cr√≠tico Dean Luis Reyes.

Por eso agradezco esta obra, que transita silenciosa, sin llamar la atenci√≥n sobre s√≠ misma, por una autopista de eventos culturales que seguramente olvidaremos ma√Īana. Una autopista que espera por que los Alexis Casta√Īeda del futuro realicen el trabajo que hoy algunos (no los suficientes) se deciden a emprender: el de rescatar el pasado con nuevas e imprescindibles indagaciones al olvido.


Jauría: una escritura de la resistencia

Una viaja junto a la literatura de Maielis Gonz√°lez con las llagas abiertas. Hay dolor en el acto de leer. La herida escoce. La herida textual arde y esa sensaci√≥n se agradece porque es la fricci√≥n perceptible ‚ÄĒy necesaria‚ÄĒ entre espectador y mundo nuevo, la fricci√≥n que late cuando la puerta de las infinitas posibilidades de la literatura se abre de una vez (para no volver a cerrarse nunca, ni siquiera cuando el libro termina). Desde ese umbral Maielis Gonz√°lez escribe en un acto de resistencia. Su literatura habla de la identidad y del cuerpo en contextos donde la realidad ‚ÄĒtal y como la conocemos‚ÄĒ se bifurca, se trastoca o desaparece. Junto al acto de resistencia persiste el acto de contemplar.

Contemplar es también un ejercicio de resistir y todo esto se evidencia en la antología de relatos Jauría, publicada por la editorial MIG21.

Como lectora siempre he agradecido la literatura que me raspa y me fricciona, la que me obliga a mirar el objeto/sujeto textual con una lupa de aumento, con nuevos espejuelos para entender desde dentro hacia afuera las estructuras tanto simb√≥licas como aparentes de los relatos. Las historias que conforman Jaur√≠a son, de hecho, la precisi√≥n de un dedo metaf√≥rico que escoce sobre el texto y de una llaga que late ‚ÄĒforma particular en que el dolor se hace coraz√≥n‚ÄĒ dentro de la escritura. Si algo en com√ļn tienen los protagonistas de los relatos de Jaur√≠a es su condici√≥n de mestizos, del poder que confiere la sangre no pura sino hibridada con otras sangres. Casi todos son tambi√©n n√≥madas, bien de un espacio geogr√°fico, de una realidad, de un miedo: el sentido del movimiento y de la huida son en los personajes de Maielis Gonz√°lez, m√°s que instinto y vocaci√≥n, una manera de existir y estar en el mundo. La hibridez y el nomadismo son condiciones perdurables en toda su obra, condiciones que hablan adem√°s no solo de su escritura sino de lo identitario que subyace ‚ÄĒcasi siempre visible‚ÄĒ en los textos y que hacen tan poderosas, en tanto vivas, a las historias.

El nomadismo como transici√≥n por espacios geogr√°ficos, virtuales o espirituales es tambi√©n la capa que oculta una necesidad b√°sica de muchos de los personajes de Maielis Gonz√°lez: la b√ļsqueda de un hogar definitivo, la necesidad de no marcar un espacio como perfecto, el miedo y la supervivencia como motores impulsores de las especies (y condici√≥n imperecedera de lo humano), la inteligencia como acto de resistencia ante la apat√≠a del mundo y ante los horrores del totalitarismo. Resistir es la palabra que podr√≠a definir a todos los personajes que han encontrado nido en el espacio textual que es el libro Jaur√≠a. Y esta es una palabra tambi√©n identitaria, que define a la autora en su condici√≥n de mujer racializada, emigrante, sobreviviente, cr√≠tica de la realidad que tiene frente a los ojos.

Resistir, combatir, sobrevivir desde las palabras.

Los d√≠as de la histeria, quiz√°s el relato m√°s conocido de la producci√≥n literaria de Maielis Gonz√°lez, habla de la condici√≥n del miedo que define y que transforma a los seres humanos en m√°quinas paranoicas al servicio de la muerte, en aves agoreras de venganza que repiten una misma canci√≥n de aniquilaci√≥n social y colectiva. La historia nos habla de un espacio constre√Īido de violencia ‚ÄĒuna ciudad que podr√≠a entenderse como un experimento social controlado o como uno de las tantos macabros realities que existen en nuestra cada vez m√°s globalizada aldea‚ÄĒ, donde no existen inocentes y solo se habla en la lengua bab√©lica de la destrucci√≥n. Lo humano ‚ÄĒsi es que dicha condici√≥n perdurase a pesar de todo‚ÄĒ es solo un eco que sobrevive en los instintos (de aniquilar al peligro y de sobrevivir a este). Los d√≠as de la histeria podr√≠a ser un testimonio de las crisis colectivas que convierten al ser humano en criatura ac√©fala y es una excelente muestra de escritura que conduce a un viaje a trav√©s de la claustrofobia y la agorafobia en partes iguales.

Seudo vuelve a retomar el leitmotiv de la claustrofobia y del espacio vital reducido, desde cierta poes√≠a visual que la autora recrea a trav√©s de muy puntuales juegos de lenguaje. Campos de exterminio, aniquilaci√≥n, distop√≠a del enclaustramiento son las condicionantes sobre las cuales se escribe este texto: un llamado a la libertad individual de los sentidos y de las mentes, y que debate en torno a la condici√≥n parasitaria de la sociedad y la pol√≠tica. Ese influjo parasitario que violenta los cuerpos y las identidades marginados hist√≥ricamente y se√Īalados como prescindibles. Gran parte de la po√©tica de Maielis Gonz√°lez se posiciona, es preciso decirlo, junto a esos cuerpos desechados por la Historia (y las historias), lo cuerpos pol√≠ticamente incorrectos y sus necesidades de contar, de gritar, de experimentar el placer de la libertad o el simple placer er√≥tico del contacto de la carne.

√Āngeles ca√≠dos vuelve a hablarnos de los cuerpos marginados por un aparato represivo, en este caso un sistema virtual arcang√©lico que recuerda ya no el Ed√©n devorado ‚ÄĒgracias a Dios‚ÄĒ por nuestras ancestras, sino que hace referencia clara a las violencias cotidianas que constri√Īen los cuerpos sexualizados, erotizados, como tambi√©n la genitalia femenina, la representaci√≥n m√°s firme de la humanidad que excreta sangre, sue√Īos, mierda, sudor, semen, goce. Quiz√°s de todos los relatos sea este el que menor margen ofrezca a la posibilidad de la resistencia, pues el sistema que amasa a los cuerpos como el horno a sus panes es en realidad un laberinto sin salida. No obstante, el uso de un narrador inmerso en el juego ficcional ‚ÄĒese narrador que hiede y hiere‚ÄĒ es una excelente elecci√≥n para el punto de vista de la ficci√≥n.

cortesía de la autora

Jaur√≠a, que da t√≠tulo a esta antolog√≠a personal, es sin duda uno de mis relatos favoritos. Sustenta sus hilos dram√°ticos en una herder ‚ÄĒcriatura h√≠brida de pastor alem√°n con brazos e inteligencia humanos, una hembra‚ÄĒ que lucha por sobrevivir en un contexto de apocalipsis y virus. El detonante es la destrucci√≥n total del ‚Äúdios‚ÄĚ de las herders ‚ÄĒese dios creador que somos nosotros mismos como especie‚ÄĒ, y de la libertad definitiva que nace en ellas al verse solas, despojadas de la protecci√≥n y de la garra autoritaria de las violencias de ese dios destronado. Otras violencias vendr√°n a instaurarse en su lugar: la de sobrevivir, la de ser la hembra alfa de una manada, la de parir a los cachorros que tendr√°n sobre sus hombros el peso de reconstruir una civilizaci√≥n. No estoy segura de que este sea un relato sobre la maternidad, aunque maternar sea un componente fundamental de su eje tem√°tico: maternar cuerpos, maternar muertos, maternar hijos, maternar inteligencia y especie.

Alumbra vuelve a retomar temas ya presentes en la antolog√≠a, como el derecho a decidir sobre los cuerpos y los mecanismos represivos ‚ÄĒtanto religiosos como pol√≠ticos‚ÄĒ que exprimen metaf√≥ricamente las carnes de los personajes como sujetos de un experimento de larga data. Es aqu√≠ donde, por primera vez, la narrativa de Maielis Gonz√°lez se permea de referencias de una realidad perceptible donde escasez, apagones y soledades se encuentran para conjurar un mapa: en este, futuro y presente resultan cada vez categor√≠as m√°s cercanas. Alumbra es un texto cuerpo, un texto √ļtero y amnios que divide a la vida de la muerte, y que alude a la ritualidad de la violencia de quien decide por nosotras, como tambi√©n alude al cuerpo en su ritual que condensa sometimiento, supervivencia y fortaleza.

Estos cuerpos vivos, paranoicos, rotos desde la mente, aparecen de nuevo como leitmotiv en Ni vivos ni muertos, relato que parodia una circunstancia con tintes de destrucci√≥n masiva, un ‚ÄúArmaged√≥n‚ÄĚ de la especie humana. El texto juega de manera eficaz con las l√≠neas que denotan el trabajo entre el humor negro y la literatura de postapocalipsis de la m√°s raigal l√≠nea. Es un relato, advierto, en el cual una primera lectura no arrojar√° todas las luces sobre los pespuntes de comedia de humor negro que presenta. Lecturas posteriores permitir√°n que quien contemple la historia pueda encontrar el fil√≥n dorado de la iron√≠a, de esa iron√≠a tragic√≥mica que ha permeado nuestros a√Īos m√°s recientes y nuestras experiencias como sobrevivientes de una realidad que, cada vez, se nos hace m√°s parecida a los libros.

Ponzo√Īas es, a mi criterio, la joya de esta colecci√≥n. Ubicada temporalmente en una fecha cercana a 1959, este relato juega con el realismo m√°gico en el ambiente de los campos cubanos pre√Īados de leyendas, horrores y mujeres monstruosas. La violaci√≥n sistem√°tica de una muchacha en la ‚Äúcasa de las putas‚ÄĚ es el punto de quiebre: los hombres que pagan para verla, pagan no solo por el cuerpo de la adolescente, sino tambi√©n por su don. Este acto la convierte en instrumento de un destino pero tambi√©n en hacedora del fatum ajeno. La chica deviene objeto de la codicia y del miedo de los hombres. Deviene monstruo de una feria de atrocidades. Deviene cuerpo del deseo lacerado y de esa laceraci√≥n es que nacen las visiones de muerte. Maielis Gonz√°lez lleva a su escritura a un m√°ximo esplendor en este relato que cuestiona las decisiones individuales y que habla nuevamente del cuerpo de las rotas, de las que no pueden hablar, de las putas, de las desechadas, de las violentadas no solo por una estructura hist√≥rica sino tambi√©n por cuerpos tambi√©n hegem√≥nicamente hist√≥ricos.

Isla cierra la antolog√≠a: este cuento casi pi√Īeriano habla de la circularidad de los intentos de escapatoria y de las violencias pol√≠ticas cotidianas, que hincan la realidad desde todos los planos posibles. Hay dolor en la despedida, en la laxitud con que con los cuerpos aceptan el peligro de la muerte, el peligro de navegar hacia la negrura de un mar contaminado en un brutal paralelismo con esta realidad que creemos conocer. Isla es su cuento m√°s identitario y, por eso, el que m√°s nos fricciona y obliga a contemplarnos en ese espejo de lo humano que tantas veces olvidamos en nuestros m√ļltiples tr√°nsitos de una orilla a otra orilla (no importa cu√°l sea aquella de la que partimos o aquella a la que vamos).

La literatura de Maielis Gonz√°lez no es necesariamente un espejo c√≥modo donde contemplar el reflejo ‚ÄĒsiempre parcial‚ÄĒ de qu√© somos y en qu√© nos hemos convertido. Su literatura es todo menos conformismo e inercia. Nos obliga a movernos, ya sea por el dolor de una herida abierta o porque una historia nos escoce por ser demasiado cercana. Aqu√≠, en estas p√°ginas, en las heridas que nos muestra, existe tambi√©n una forma de salvaci√≥n y de resistencia.

Escribir es también un ejercicio de resistencia.


Aprender desde la experiencia (+ video y fotos)

M√°s de 30 a√Īos lleva Reinaldo Cede√Īo en las redacciones, en m√ļltiples redacciones. Ya tuvo entrevistados complejos y de lujo, ya tropez√≥ y aprendi√≥ lo suficiente para establecer par√°metros indispensables en su trabajo como periodista, el hermoso oficio de ‚Äúhacer el amor con las palabras‚ÄĚ, como √©l la define.

Ganador en dos ocasiones del Premio Nacional de Periodismo Cultural, Cede√Īo comparti√≥ hoy en el Pabell√≥n Cuba con j√≥venes de varias provincias, quienes participan en el Taller y Concurso de Periodismo Cultural Rub√©n Mart√≠nez Villena, convocado por la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z para intelectuales y periodistas cubanos.

Taller y Concurso de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena 2020/ foto tomada del perfil de facebook de la AHS

Bajo la premisa de que en todo momento estamos dentro de la cultura, delimitó al periodismo cultural como un ejercicio de criterio, en el que cada reportero debe mostrar su percepción.

‚ÄúEn este trabajo son imprescindibles la voluntad de apreciaci√≥n y de estilo, tienes que saber qu√© vas a apreciar para obtener todos los elementos ofrecidos por la obra‚ÄĚ.

En el Salón de Mayo, del Pabellón Cuba sesiona el Taller y Concurso de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena que convoca la Asociación Hermanos Saiz.

Publicada por Asociación Hermanos Saíz en Jueves, 12 de marzo de 2020

Para explorar todas las peculiaridades y realizar una rese√Īa cultural, destac√≥ el conocimiento t√©cnico, los rasgos expositivos, argumentativos y valorativos; fijarse en los detalles como apoyo, y los elementos extrasem√°nticos, siempre alej√°ndonos de los lugares comunes.

Taller y Concurso de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena 2020/ foto tomada del perfil de facebook de la AHS

Cede√Īo subray√≥ la importancia del conocimiento sobre todo a la hora de hacer entrevistas para lograr un di√°logo desde la pasi√≥n porque ‚Äúa una entrevista se va a compartir, no ha enterarse de qui√©n es la persona‚ÄĚ.

Mediante ejercicios de interpretación y ejemplos, los participantes analizaron estructuras de diversos géneros periodísticos enfocados en el periodismo cultural, en el cual se establece siempre un diálogo de subjetividades.

Los asistentes al Taller y Concurso de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena que concluirá este 14 de marzo, Día de la prensa cubana, han recibido en el certamen talleres y conferencias principalmente relacionados con temáticas culturales que les permitan enriquecer sus prácticas periodísticas.


Invitación a un ritual

El ritual de las cabezas perpetuas (Ediciones La Luz, 2018) es un texto que bebe de la tradici√≥n epistolar y de los c√°nones de la novela del siglo XIX. Algo de esto, cierto influjo en el lenguaje, en la recreaci√≥n meticulosa de los acontecimientos y en el develado paulatino de las capas y capas que componen a sus personajes, se nota aqu√≠ y all√°. Pero esto no debe convertirse en motivo de reticencia que impida el arribo del lector a las p√°ginas del libro, sino que m√°s bien sirve como una recreaci√≥n, l√ļdica hasta cierto punto, que demuestra el trabajo bien servido de un autor que se preocupa no solo por la construcci√≥n l√≥gica de su universo y de sus leyes particulares, sino tambi√©n por la verosimilitud hist√≥rica y por el mapeo constante de la identidad de aquellos seres que pueblan el imaginario del texto.

Un aparte merecen la utilizaci√≥n y el estudio de las capas profundas del lenguaje. Evelio Traba no se concentra √ļnicamente en recrear la Historia a trav√©s de los detalles superficiales que podr√≠an entenderse como la punta del iceberg, sino en ir a lo profundo, al cuerpo de hielo de la creaci√≥n donde el lenguaje juega el papel m√°s importante: el de la verosimilitud literaria.

El autor busca ‚ÄĒy consigue en amplia medida‚ÄĒ que el discurso de sus personajes se integre al discurso de la √©poca, y esta carga pesada ‚ÄĒque el lector contempor√°neo y adaptado a otras formas de contar percibir√°‚ÄĒ no puede pasar como materia que se ignore. No es este un texto ligero ni sencillo, al menos a priori, y no hablo del simple acontecimiento dram√°tico que la narrativa devela y oculta de manera paulatina; sino de c√≥mo el lenguaje enriquece las fibras profundas de la reconstrucci√≥n hist√≥rica.

Si el lector llega a estas p√°ginas podr√° encontrar una mirada particular sobre los acontecimientos que tienen como trasfondo a la Revoluci√≥n Francesa y su posterior debacle. Pero el texto no es simplemente un manuscrito hist√≥rico, un juego de recreaciones que se desenvuelve con tino y acierto, sino que ha de verse esto como un recurso, un decorado para la escena, un hilo que se extiende desde la mente simb√≥lica del autor a la mente real de quien lee. La caducidad de los cuerpos, las ansias de conocimiento, el poder que trae la inmortalidad ‚ÄĒas√≠ sea a costos elevados, costos en sangre y en √©tica, costos rayados en la piel de la Historia‚ÄĒ son los temas fundamentales de este libro cuya influencia mayor quiz√°s pueda encontrarse en Thomas Mann y en el h√°lito faustiano que Goethe nos leg√≥ en la m√°s singular y reconocida entre sus piezas dram√°ticas.

Ha de advertirse que El ritual de las cabezas perpetuas no es un pastiche ni una relectura de las dos obras mencionadas anteriormente. Todo lo contrario. Evelio Traba posee esa singularidad narrativa que quizás pocos autores jóvenes pueden exhibir con tanto oficio; una singularidad que hace de este libro, más que una lectura agradable, una necesaria.

El ritual es un ciclo donde lo inmortal y lo perpetuo se convierten, más que en deseos humanos, en obsesiones. En estas obsesiones se encuentran todas las ansias que han puesto en movimiento los motores trascendentes de nuestro pensamiento y nuestra ética.

¬ŅEs la muerte nuestro √ļnico camino?, ¬Ņexisten otras veredas que nos alejen de la aniquilaci√≥n?, se pregunta Evelio Traba y en las respuestas a estas inc√≥gnitas es que se alza un texto que bebe de la tradici√≥n fant√°stica y la imbrica coherentemente con el discurso hist√≥rico. Es una novela, sin dudas, escrita desde la t√©cnica, desde el conocimiento intr√≠nseco de un momento en el mapa del mundo; es un texto cimentado en personajes s√≥lidos, llenos de contradicciones, consumaciones, dudas y contaminaci√≥n, si bien termina por primar en ellos un criterio que los separa en dos franjas desiguales: luz y sombra, bien y mal que, en resumen, pueden verse como dos caras de una misma moneda literaria.

En materia escritural, este es un texto que no supera a La Concordia, aquella inolvidable novela que demostró el oficio y el rigor de Evelio Traba. Quizás se trate de una pura impresión subjetiva: la de la lectora que no ha logrado desprenderse del buen sabor de la obra cerrada. El ritual de las cabezas perpetuas, sin aspirar a los vuelos de la novela que le antecede, ofrece sin embargo otra mirada, otro ángulo de la realidad, un fragmento más del talento de un autor que apuesta por la renovación de sus lenguajes y sus maneras de hacer.

Un ritual no es posible sin la existencia de aquel que conduce el espectáculo de los comulgantes. Evelio Traba ha demostrado ser más que capaz de llevar el báculo y el signo de la escritura en sus manos. Esto, más que baza de triunfo, merece elogio y respeto. El ritual de las cabezas perpetuas no es uno de los tantos libros que acunan y cimientan un limbo creativo donde todo está bien y mal en una misma proporción, ya que hay demasiado de igual o parecido entre las creaciones de autores diferentes. Este es un texto que apuesta por lo individual y lo diverso, por la identidad propia y no por la copia o la clonación de fáciles patrones de éxito.