Longina


Santa, clarísima canción

Pensar en el Encuentro Nacional de Trovadores Longina Canta a Corona es recordar descargas, confluencias, descubrimientos; es evocar los nombres de quienes han decidido compartir su obra con el público de Villa Clara (quiero decir: del mundo entero); es lamentar el manto de silencio que se extiende como un sudario sobre festivales verdaderamente valiosos. Pensar en el Longina es recordar la locura de nadar a contracorriente en tiempos que nos lanzan por el barranco de las candilejas.

Juan Carlos Travieso y su muy diligente equipo de trabajo lo saben mejor que nadie. Por eso, cuando llega el Longina, aprovechan cualquier rincón de la ciudad de Santa Clara para grabar entrevistas y conciertos que luego disfrutaremos en el nunca suficientemente bien ponderado espacio televisivo Entre manos. Y quién mejor que Travieso y su equipo para romper (otra vez) la barrera del silencio, para contarnos la historia completa de un encuentro que ha sido escuela de casi todos los trovadores del país.

“El día que se cuente con un poquito de más seriedad, el Longina va a tener que ser Patrimonio de la Cultura Cubana”, dice el trovador Ariel Barreiros en Santa canción, el documental que intentará saldar esa deuda ya histórica. La obra, además de repasar los momentos más significativos de esta fiesta, se propone diseccionar el presente a partir de las ideas de quienes viven, sueñan, analizan y, sobre todo, defienden la trova, en sentido particular, y la canción cubana contemporánea (el término es de Joaquín Borges-Triana), en sentido general. Cuestión de tiempo para que se anuncie su estreno.

A propósito de Santa canción, las historias que narra y los temas que aborda, el Portal del Arte Joven Cubano conversa con su director, Juan Carlos Travieso.

¿Cuándo empiezas a interesarte por la trova?

“Desde la infancia, pero los dos momentos más importantes en mi vínculo con la trova tienen que ver con Argentina: el primero fue cuando vi la película Darse cuenta [Alejandro Doria, 1984], que terminaba con la canción `La masa´, de Silvio Rodríguez. El segundo fue cuando Silvio dio un concierto multitudinario en Buenos Aires, en los 80. Entonces me digo: ¿qué pasa con esta música?, ¿qué tan importante es? y ¿por qué no la conozco? A partir de ahí empezó una motivación por conocer a Silvio y a todos los trovadores de Cuba. Fue tan fuerte que, años más tarde, cuando a partir del 87 comencé a trabajar en una emisora de radio como guionista y director de programas, difundí la trova en mis espacios. Hacía programas de hit parade, donde colocaba temas de trova aunque no estuvieran en la preferencia generalizada.

“Luego estudié en el Instituto Superior de Arte. Mi tesis fue un documental sobre Frank Delgado, trovador que había descubierto en mis andanzas por la radio, en una época en que su obra no se difundía en ningún medio masivo de comunicación. Me fascinaron sus canciones underground, conecté con su discurso, y por eso me propuse hacer ese trabajo. De ahí en lo adelante, mi amor por la trova ha sido totalmente declarado. 

“Un poco después de que se funda Canal Habana, comienzo a dirigir Entre manos. El programa nació —por cierto— en El Mejunje de Santa Clara. Visité la ciudad, invitado por Yamil Díaz, para hacer un documental sobre El Mejunje. Pasé como una semana conociendo el lugar, fascinado con todo ese mundo… Por muchas razones, el proyecto no se realizó. Sin embargo, estando en la descarga del jueves de La Trovuntivitis, le digo a Yamil: `no voy a parar hasta hacer en la televisión eso que estoy viendo aquí. Me encantaría llevar ese espíritu de descarga a la televisión´. Y así surge Entre manos, que va a cumplir 15 años al aire y ahora finalmente está realizando el objetivo de llegar a la pantalla de Cubavisión. En eso estamos.

“Bueno, con 15 años haciendo un programa de trova, es muy difícil que no conozca a un trovador en la Isla, su obra, su nombre y muchas de sus canciones. Lo mejor es que la trova es una fuente inagotable: cada día aparecen nuevos, cada día aparecen mejores. Una fuente inagotable de la que siempre estoy bebiendo”.

foto del proceso de grabación./ cortesía del entrevistado.

¿Cuándo empezaste a asistir al Encuentro Nacional de Trovadores Longina canta a Corona?

“Creo que en 2016 o 2017 nos invitan por primera vez al evento. Incluso, Raúl Marchena y el resto del piquete proponen que hagamos un programa con público. Descubrir el Longina, vivir tantos días de actividades y, a la vez, tener la posibilidad de hacer ese programa, fue una novedad para nosotros. Espectacular, la verdad.

“Desde ese momento aproveché para grabar muchos de los conciertos con la colaboración de sonidistas y realizadores de la provincia. Todo lo que nos ha hecho falta, siempre lo hemos encontrado en esos amigos y colaboradores”.

¿Qué importancia tiene la ciudad de Santa Clara para la trova cubana?

“Bueno, creo que hoy la ciudad es, sin dudas, la cuna de la trova joven. La trova transgresora, que intenta romper esquemas, que busca estéticas nuevas y vínculos con referentes de la cultura cubana y universal. En Santa Clara hay un diapasón muy amplio: se pasean por el jazz, el blues, el rap, incluso hasta por el reggaetón. Es un lugar donde todo el tiempo están creando, compartiendo y consultando sus canciones. No viven en una burbuja: siempre se están inyectando vitaminas nuevas al invitar al Longina a creadores de todo el país. Hay eventos en otras provincias que son más parcializados, pero el Longina ha intentado romper esa barrera, con la ventaja de estar en el medio de la Isla, donde el viaje a nadie le resulta demasiado largo”.

foto del proceso de grabación./ cortesía del entrevistado.

¿Cómo surge la idea de hacer un documental sobre el Longina?

“Nace de los propios realizadores del festival. En algún momento Yordan Romero y Marchena se sientan conmigo y me hacen la propuesta. Ciertamente, yo tenía una buena colección de archivos que me permitían ya hacer un balance del evento y no quedarme en las vivencias de un solo año. Cada vez que voy, grabo muchos conciertos y hago muchos programas. Eso me ha permitido hacer un documental lo más equilibrado posible. Después he tenido que acudir a los mismos trovadores, a periodistas de Villa Clara como Hilda Cárdenas Conyedo, quienes me han facilitado materiales de archivo para el trabajo”.

En Santa canción prescindes del narrador tradicional y la voz en off para que los protagonistas cuenten su propia historia. ¿Cómo viviste el proceso de montaje?

“Me gusta recurrir a esa estética. Pocas veces, cuando me ha sido estrictamente necesario, he utilizado el narrador. Fundamentalmente trato de que los personajes cuenten su historia. En este caso tenía muchas entrevistas: cuando las uní, sumaban siete horas. Había para escoger, y eso me permitió darme cuenta de todo lo que me faltaba. También influyeron otros factores en su realización: el hecho de no hacer el trabajo con apuro, el que viniera la pandemia de Covid 19, la posibilidad de entrevistar a algunas de las grandes figuras que habían participado en el festival para que me hablaran específicamente del Longina… Todo eso llevó a que el documental tuviera testimoniantes de peso como Silvio Rodríguez, Silvia Pérez Cruz, Pedro Pastor. Pude filmar a muchos trovadores, tanto cubanos como extranjeros”.

foto del proceso de grabación./ cortesía del entrevistado.

El documental, además de hablar del Longina, aborda la canción cubana contemporánea y la propia sociedad en la que se desarrolla. ¿Desearías que Santa canción propiciara un debate sobre las maneras de optimizar los procesos de promoción y comercialización que giran en torno a la trova cubana?

“Mi propósito no fue nunca hacer un documental que recogiera solamente la historia del evento. Me interesa mucho el porvenir, el futuro, y todo lo que pasa hoy con la trova, que es Patrimonio, pero todavía no está lo suficientemente cuidada. Falta mucho para que haya un trabajo consecuente a favor de su promoción y la preservación. Hoy en día los problemas tecnológicos y materiales nos ocupan y complican demasiado el tema de patrimoniar algo. Llevo 15 años realizando Entre manos, y todos los programas que se conservan del espacio es porque los tengo guardados en mi casa o los subí a YouTube. Algunos que se guardaron en el Canal Habana, por ejemplo, se borraron porque dio problemas un servidor. De esos no me quedé con ninguna copia.

“Creo que no ha sido coherente el sistema de conservación de los materiales fílmicos. Si hoy uno hace un levantamiento de los documentales que se han hecho sobre la trova, puede que te encuentres cinco o seis, siete, ocho. Y yo estoy seguro de que hay muchísimos más. Pero no existe una preocupación por saber dónde están esos materiales, a quién se les dedicó, cuál es el archivo. Todo eso tiene un valor inigualable, y se pierde porque no se le brinda la atención que debería tener. Es lamentable.

“Hoy declaramos a la trova Patrimonio Cultural de la Nación, y puede que existan algunas acciones en las disqueras, en el Icaic [Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos]; pero a nivel de telecentros y trabajadores independientes faltan muchas puertas por tocar. Falta un trabajo sistemático. No puede ser que hoy sí, y mañana no. Tiene que ser todos los días y a toda hora”.

Una pregunta casi obligatoria: ¿Te sientes satisfecho con el documental?

“Siempre uno se queda con la idea de que sería bueno que la gente conectara con la obra. Ahora que estoy terminando el documental —viene un proceso de posproducción; de sonido, sobre todo—, mi sueño es estrenarlo en Santa Clara, por supuesto. No hay sitio mejor para exhibirlo. Lo más importante es que quede como registro, como testimonio, como provocación, incluso, para entender lo que ha venido pasando con la trova y lo que puede significar a nivel internacional.

“Cuando pienso en trova, pienso en la canción de autor: un movimiento que trasciende nuestras fronteras. En esa internacionalización tiene que proyectarse el festival Longina, y cualquier otra cosa que intente mostrar la trova como un fenómeno cultural. Hacia ahí me gustaría que apuntara el documental: hacia la idea de que la trova es, como dice uno de mis entrevistados, un suceso que atrae a muchos públicos; y culturalmente debería potenciarse también para el turismo, para lo que de Cuba se enseña al mundo. Generalmente no es así: desde las altas esferas en ocasiones se piensa a los trovadores solo para eventos políticos. Sin embargo, existe un trasfondo cultural muy fuerte y muy desaprovechado. Nos hace falta traer gente a la Isla, y la cultura tiene que ser un puente para establecer esos vínculos».


«Longina»: Hasta pronto diosa de lira e inspiración

Durante cinco días Santa Clara celebró la reciente edición del Encuentro Nacional de Trovadores Longina canta a Corona, en esta ocasión dedicada a Lázaro García, a los 50 años del Movimiento de la Nueva Trova y los 25 de La Trovuntivitis. De todas las regiones del país llegaron cantautores a celebrar un estilo de vida único, una idea del mundo fundamentada en la canción como elemento esencial de todo lo que nos rodea, una corriente ideo estética, un sentimiento.

El día 5 se abrían las puertas a los invitados del “Longina” en la Casa del Joven Creador de Villa Clara. De las paredes del patio colgaban los cuadros de la exposición del cantautor Leodanys Castellón, quien realizó y agrupó un conjunto de retratos digitales a exponentes de la trova cubana de todos los tiempos. Yasmany González, escritor y actor “pinaclareño”, dijo las palabras de presentación e invitó luego al propio Castellón para que compartiera su obra musical con los presentes. Cantaron, además, Jesús Pérez y Pedro Zapata, como estaba previsto en el programa; sin embargo, las ganas de trovar subieron al escenario a Nelson Valdés, Amaury del Río, Ariel Barreiros, Freddy Laffita, Alain Garrido, así como al poeta y repentista Marcos David Fernández, el Quíquiri de Cisneros.

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¿La luz, bróder, la luz?

Desde el inicio, el Centro Cultural El Mejunje estuvo a la altura de sus mejores tiempos. En los últimos meses la peña La Trovuntivitis había vivido algún que otro momento de declive. La ausencia temporal de trovadores importantes, los problemas con el audio y la energía eléctrica, por solo mencionar las razones que conozco, amenazaban con pasarle la cuenta a un espacio icónico de la ciudad. Pero La Trovuntivitis, ya lo sabemos, retrocede únicamente para coger impulso. En esta ocasión la presencia de Yaíma Orozco, Yordan Romero, Leonardo García, Roly Berrío, Yatsel Rodríguez, Alain Garrido, Michel Portela y Migue de la Rosa, regaló a los presentes una peña para el recuerdo. Y entre canciones, risas, bailes, invitados, más canciones, improvisaciones, controversias, nos dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres, y juntos al amanecer nos encontró la Luna.

Uno de los periodistas culturales más importantes de Villa Clara, Alexis Castañeda Pérez de Alejo, fue el responsable —en la tarde del viernes 6 de enero— de presentar la ponencia “La Trovuntivitis: algo más que 25 años de historia de canciones”, en la sala Margarita Casallas del propio Mejunje. Como aseguró Castañeda, actualmente existe una necesidad ineludible de estudiar en profundidad un fenómeno tan peculiar como La Trovuntivitis, extraña cofradía de cantautores que durante un cuarto de siglo no han dejado morir el fuego de la canción de autor cubana. El responsable de libros como La vena del centro. Trova santaclareña (Sed de Belleza, 2010) e Introspección detrás del olvido (Editorial Capiro, 2019) se refirió también a la importancia de la relación estrecha que existe entre poetas y trovadores en la ciudad de Santa Clara, un fenómeno que funciona, al decir de Yamil Díaz, como dos caras de una misma moneda o dos monedas de una misma cara.

Ese día se desarrollaron, respectivamente, los conciertos del Dúo Fábula y Maikel Mora, en la Sala Margarita Casallas, y el de la peña La Caña Santa junto al grupo D´Cuba, en la Casa del Joven Creador. Me gustaría que en próximas ediciones La Caña Santa pudiera disponer —porque desde hace años lo merece— de un concierto programado para alguno de los horarios estelares del Longina.

El Parque de Las Arcadas se hizo eco, a las 9:00 pm, de las voces de Eduardo Sosa y José Aquiles. El primero, con sus excelentes cualidades interpretativas, recordó muchas de las grandes canciones de la Trova Cubana, recientemente declarada Patrimonio Cultural de la Nación. El segundo, con una obra no muy conocida por el más joven público santaclareño, aunque muy admirada por los creadores de la ciudad, dejó en los asistentes las ganas de buscar y disfrutar un repertorio que espera, escondido pero vibrante, un más que necesario redescubrimiento futuro.

Junto al aprovechamiento de la todavía inconclusa Luna Naranja, uno de los mayores aciertos de la presente edición del Encuentro Nacional de Trovadores Longina canta a Corona fue, sin duda, el haber traído a escenarios santaclareños a varias generaciones de creadores de las provincias orientales del país. La noche del viernes, por ejemplo, se iluminó con un concierto de artistas mayoritariamente tuneros: Amaury del Río, que además de su proyección escénica, su aprovechamiento de códigos y estilos de la música rock y una voz que lo distingue de entre todos los intérpretes de su generación, cuenta ya con un repertorio sólido, maduro y atrevido; Jesús Pérez, una de las voces más dulces de la reciente hornada de cantautores cubanos; Richard Gómez, trovador de una amplia carrera, pero no tan conocido por estos lares; el manzanillero José Alberto Sánchez, con una obra que ya despierta respeto entre los grandes exponentes de la canción cubana contemporánea y, para finalizar, el inefable Freddy Laffita, creador que desde hace años se ha convertido en imán para trovadictos de todo el país a fuerza de parir canciones que no se parecen en nada a nadie, pero que tienen mucho de Vallejo y mucho del rock que tanto influyó a lo mejor de la trova cubana desde los años 60 hasta la actualidad.

El sábado 7 de enero, la sala Margarita Casallas de El Mejunje acogió la conferencia sobre el trovador cienfueguero Lázaro García a cargo del crítico e investigador musical Joaquín Borges-Triana, quien se valió de su amplio y profundo conocimiento de la canción de autor en la Isla para situar a Lázaro en el lugar que merece: junto a los grandes de nuestra riquísima historia musical. En poco más de una hora, Borges-Triana demostró cuán justificado es el respeto que sintieron y sienten por este trovador sus compañeros de generación, integrada nada menos que por Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Vicente Feliú, Sara González y Augusto Blanca, entre otros.

La celebración por la declaración de la Trova Cubana como Patrimonio Cultural de la Nación ocurrió en el patio de la sede provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. El acto contó con la participación—y perdonen mi estilo notarial— del Trío Palabras, Juan Campos, Yudi Herrera, La Trovuntivitis, Augusto Blanca, entre otros. La Trovuntivitis recibió, casi al finalizar la actividad, la importante distinción El Zarapico.

A las once de la noche vivimos, como en la edición pasada, el concierto de los cienfuegueros Ariel Barreiros, Nelson Valdés y el Quíquiri de Cisneros. La presentación compensó la falta de novedad con un espectáculo bien estructurado. Esas joyas de la canción cubana que son los temas de Ariel Barreiros, la fuerza interpretativa y calidad compositiva de Nelson Valdés, así como las décimas del prodigio de veinte años que todos conocemos como “El Quíquiri de Cisneros”, sin duda uno de los grandes repentistas de Cuba, brillaron en un concierto que reunió a un público numeroso en La Luna Naranja.

Asimismo, el evento llegó hasta el Museo de Artes Decorativas, y allí se pudo disfrutar de la explosión artística incontenible que identifica la peña del trovador Rolando Berrío. La argentina Adriana Martínez y el holguinero y fundador del Movimiento de la Nueva Trova Augusto Blanca, artistas invitados al espacio, regalaron una muestra de sus repertorios. “Amenazo con volver”, bromeó Augusto Blanca al despedirse.

Roly Berrío compartió, mientras lo permitió la lluvia, algunas de sus excelentes creaciones. Su espectáculo es uno de los más atrayentes, como se reafirmó en esta edición XXVII del festival. En uno de los momentos finales de la actividad, varios trovadores cantaron “Gracias a la vida”, de Violeta Parra, como una manera de decir también: “¡Gracias a la trova!”.

La Luna Naranja, frente al Parque de Las Arcadas, fue el lugar de cierre del Longina canta a Corona. En esta ocasión, como en la edición pasada, fue Polito Ibáñez el encargado de abrir las primeras horas de la clausura. Los temas de Polito forman parte de lo mejor de la canción cubana contemporánea. Sin hacer concesiones de ningún tipo, el cienfueguero de nacimiento logró que muchas de sus creaciones se volvieran hits todavía coreados y venerados por cubanos de todas las edades, como se pudo ratificar esa noche.

Tanto él como Hansel Arrocha, la guitarra prima, se encontraban mal de salud desde antes de empezar el concierto. En esas condiciones iniciaron y terminaron su sencilla pero genial presentación.

El cierre estuvo a cargo del trovador Yatsel Rodríguez, presidente de la Asociación Hermanos Saíz en Villa Clara, junto a Yeni Turiño, una de la figuras más prometedoras de la actual generación de trovadores cubanos. Luego comenzaron a sumarse intérpretes como Leodanys Castellón, Ernesto González Choy, Juan Pablo Palmero, el Círculo de Tiza, entre otros, para así articular una descarga final que supo estar a la altura de un evento decoroso, aunque discreto, si tenemos en cuenta factores como: la situación económica del país, el poco o nulo apoyo de organizaciones que antaño habían acompañado más al “Longina”, el pobre trabajo de difusión en plataformas digitales y la no realización de un concierto homenaje a Lázaro García en el que todos los trovadores participaran, como acertadamente se hizo el año pasado con María Elena Walsh.

También se aprovechó la ocasión para homenajear a destacados cantautores con la entrega de la Moneda conmemorativa Aniversario 50 del Movimiento de la Nueva Trova cubana.

En la última jornada un grupo de artistas viajó hasta el municipio Caibarién, para rendirles merecido tributo a Manuel Corona y Longina O´Farrill. La peregrinación es uno de los momentos más significativos, además de una tradición que, en la medida de lo posible, siempre se ha tratado de respetar.

Parafraseando a Yordan Romero: “Los trovadores son mortales, pero la trova cubana es eterna”. El mejor ejemplo de ello sigue siendo este legendario Encuentro de los artistas de la pluma y la guitarra, porque si algo pudo demostrar la actual edición es que sigue estando en la cima de los festivales de trova del país, ¿o no?


Participan cantautores de Las Tunas en Festival Longina Canta a Corona

Los cantautores de Las Tunas Freddy Laffita, Richard Gómez, Amaury del Río y Jesús Pérez Cecilia participan del 5 al 9 de enero en la edición 27 del Festival Longina Canta a Corona.

Desde Santa Clara dedican el evento, en esta oportunidad, al creador cienfueguero Lázaro García, al aniversario 50 del Movimiento de la Nueva Trova y a los 25 años de La Trovuntivitis, baluarte de la canción en el país.

Los tuneros repiten la visita como habituales del certamen que siempre ha acogido su arte, bajo el auspicio de la Filial de la Asociación Hermanos Saíz en Villa Clara.

El viernes 6, en el patio de la biblioteca provincial José Martí en el occidental territorio se presentan en concierto Freddy Laffita, Richard Gómez y Amaury del Río, mientras Pérez Cecilia lo hizo el día inaugural en la Casa del Joven Creador.

El programa tiene previstas, asimismo, presentaciones de los artistas Eduardo Sosa, José Aquiles, Roly Berrío, Augusto Blanca, así como de Ariel Barreiros, Nelson Valdés y Marcos David Fernández.

Pérez Cecilia compartió en redes sociales: «Casi un año después de mi primera visita, me encuentro con más ganas de echar a volar la guitarra en esa tierra mágica que es Santa Clara, el ‘Longina’ es una fuente de aguas claras, un bálsamo para el oído del alma, algo inefable para quien ha probado sus luces».

El Festival llega a diferentes municipios y cuenta, además, con eventos teóricos como la conferencia sobre Lázaro García, que será impartida por el crítico e investigador Joaquín Borges-Triana, quien durante años acompaña el encuentro de trovadores.

La cita concluirá el 9 de enero con la tradicional peregrinación a la tumba del reconocido compositor y músico Manuel Corona, en el municipio villaclareño de Caibarién.

 


¿La luz, bróder, la luz?

La noche empieza como siempre: las pruebas de audio, la música colándose entre los cigarros y el murmullo, las gradas llenándose de habitués, la felicidad que va contaminando. Pero en esta ocasión algo cambia, algo suena mal: las antaño botellas de matapájaro anuncian un licor rojo con olor a plátano y sabor a ponche aguado. La luna marca un paso lento con su recorrido, pero las gargantas toman vino caliente, o vinagre. Quién sabe. Así: igual, estuvo ayer pasando por detrás de tu conversación. Porque estamos aquí, con la sensación de no ver la luz (sobre todo eso) y de sentir cómo atravesamos, cómo somos atravesados por el recuerdo de los años noventa. A fin de cuentas, luces nunca tuvo nuestra casa.

Es jueves, 22 de septiembre de 2022. La peña de La Trovuntivitis espera por nosotros en El Mejunje de Santa Clara. No están Yaima Orozco, Yordan Romero, Raúl Marchena, Karel Fleites; pero tenemos a Roly Berrío, Leonardo García y Alain Garrido, veteranos de las míticas primeras peñas. Y también a Michel Portela, Migue de la Rosa y Yatsel Rodríguez, quienes sumaron su arte a un proyecto que mezcla, con mucho acierto, diferentes estilos, edades, voces, mentalidades y proyecciones.

Empiezan a sonar las cuerdas, pero el audio, como ya nos tiene acostumbrados, demuestra no estar a la altura de su ubicación. Para que la Luna siga encerrada en el agua, entre todos intentamos convencer al mar. El público no abunda, pero el patio parece lleno, aunque extrañamente tranquilo para quienes han vivido en este lugar la cotidianidad de las más impensables extravagancias.

foto: Melissa Maura

Más o menos todo marcha según lo previsto, hasta que el sonido definitivamente se nos pierde. Sin demasiado nerviosismo, los trovadores agarran unas sillas y las colocan frente al público. Leonardo García pide silencio. Las conversaciones de quienes van a oír la trova, más que a escucharla o cantarla, amenazan con ahogar un concierto literalmente acústico. “Santa, clarísima Santa”, corean los trovadores minutos antes de que también se vaya la corriente. Entonces los teléfonos iluminan como pueden el escenario improvisado. Alguien saca, no sé de dónde, una linterna. En ese momento descubro que mi teléfono también puede aportar y me digo: por qué no, quizás otra golondrina sí anuncie la primavera. Por qué no, me digo.

Aunque no estoy seguro del orden de las canciones, recuerdo que Alain Garrido cantó a petición de Roly ese clásico de Pepe del Valle que se llama “Con tanta presión”. Cantó “María de mi dolor”, su magnífica musicalización de un romance de Yamil Díaz; “Veleidades de la Gloria”, que es un himno absoluto de la trova santaclareña; y cantó “Diario”, que no es, pero se parece mucho a la esperanza que tanto necesitamos.

Michel Portela cantó “La raspadura” e hizo una genial versión de “Quise”, aunque debo confesar que en la memoria me quedará, como un tesoro, su imperfecta pero sublime interpretación de “Será ayer», porque a fin de cuentas siempre hay un sitio al que tengo que volver. Y ese sitio —estoy completamente convencido— es una canción.

Creo que Migue de la Rosa no llegó hasta el final, como tampoco lo hicieron algunos del público. Yatsel Rodríguez cantó varias de sus populares canciones y apoyó haciendo coro en el turno de sus compañeros. De todos me llevo un recuerdo limpio, cargado de agradecimiento y admiración; pero qué decir de Leonardo García. Fue emocionante verlo forzar sus cuerdas vocales con temas que, en sentido general, no acostumbra a cantar los jueves. Sobre todo “Días corriendo”, esa pequeña pieza de orfebrería que dice: hay que morir un poco cada día, para escribir el cuento, para intentar la vida.

Y porque estábamos como atravesando los años noventa, cantó su oda a la alquimia etílica de finales del siglo pasado. Porque estábamos en la inopia, pero en el éxtasis de la fe trovera, cantó “Oración del remanso”, de Jorge Fandermole. Porque estábamos desesperanzados a más no poder, cantó su “Rock and Rap de la esperanza”, porque se nos va la vida, se nos va, sí, se nos va… Porque hay luces… en la distancia, y sin embargo, te quiero, mi SantaPorque puedo verla allí en tu pecho, y puedes verla tú en el mío. Ni vencedores ni vencidos. Y porque si no sueño el país, siento frío. Siento frío…

Después Roly Berrío improvisó. Punto y seguido. Quien ha ido a La Trovuntivitis (según cuenta la leyenda, ese nombre surgió por una improvisación suya), sabe lo que significa que Roly improvise. En estado de trance, habló de los poderes curativos del ron, llegó a las termoeléctricas, volvió al ron, pasó por no sé cuántos lugares, hizo de todo por sacarnos una sonrisa, hasta que por fin lo consiguió. Al menos yo sonreí, aunque también pudo ser la mueca que me produjo el vinagre con azúcar que me estaba tragando. 

Creo que así terminó la noche. Recogimos los bártulos y nos fuimos, pero no sin antes acercarnos a Leo, “ese farol gigante en medio de la oscuridad más plena”, como una vez lo definieran. Recuerdo que le dije: linda peña. Recuerdo que me dijo: gracias. Recuerdo que le dije: lo único que falta es que venga la luz ahora mismo. Pero la broma no pudo ser perfecta: la luz llegó cinco minutos después, cuando ya habíamos salido de El Mejunje y apenas pasábamos frente a la —Santa, clarísima Santa— Catedral de la ciudad.


Vuelve «Longina»: en el lenguaje misterioso de la trova (+spot)

Este 5 de enero llega para los trovadictos la tan esperada edición XXVII del Longina canta a Corona, cita que en esta ocasión estará dedicada al trovador cienfueguero Lázaro García, al aniversario 50 de la Nueva Trova y a los 25 años de la peña La Trovuntivitis.

En reciente conferencia de prensa, Yatsel Rodríguez y Fredy Hernández Martínez, en representación del comité organizador, comentaron que el evento culminará el lunes 9 con la tradicional peregrinación a la tumba de Manuel Corona, en el municipio Caibarién.

“Quisimos regresar al concepto inicial del encuentro, cuando venían trovadores con su guitarra a defender su canción. Por eso prácticamente no hay ningún espectáculo con agrupaciones de gran formato, excepto el concierto de Polito Ibáñez”, explicó Hernández Martínez, artista visual y vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz en la provincia.

“Los espacios que acogerán las actividades serán, principalmente, la Sala Margarita Casallas, el Museo de Artes Decorativas, La Luna Naranja, el Parque de las Arcadas y la Biblioteca Provincial José Martí”, afirmó Rodríguez, que además de presidente de la AHS es integrante de la peña La Trovuntivitis, bastión del movimiento trovadoresco en el centro del país.

El Longina, como en otras ediciones, se extenderá a los municipios y contará además con eventos teóricos como la conferencia sobre Lázaro García, del crítico e investigador Joaquín Borges-Triana, quien durante años ha acompañado el encuentro de trovadores en Santa Clara.

Hasta el momento, entre las actividades del programa se prevé el concierto de Eduardo Sosa y José Aquiles, el de Roly Berrío con Augusto Blanca, el de Polito Ibáñez, el de Freddy Laffita y Amaury del Río, así como el de los cienfuegueros Ariel Barreiros, Nelson Valdés y el joven repentista Marcos David Fernández, el “Quíquiri de Cisneros”.

Yatsel Rodríguez comentó al Portal del Arte Joven Cubano que “es tan importante el que viene por primera vez a hacer su concierto como el que ha venido varias veces. El Longina también es una oportunidad para que los nuevos trovadores compartan con los consagrados. Todo el que tenga una guitarra en la mano y haga una canción merece el respeto del público y de sus compañeros”.

 

El Encuentro Nacional de Trovadores Longina canta a Corona surgió en enero de 1997, cuando Alpidio Alonso, en aquel entonces presidente de la AHS en Villa Clara, y Eliot Porta, músico y promotor cultural, decidieron organizar un evento que reuniera “a la emergente generación de cantautores”, y al propio tiempo estimulara “el intercambio con anteriores hornadas de hacedores de canciones”, como escribió Borges-Triana en su texto “Entre la obra de arte y el producto mercantil: ¡Fresco y sin cortar!”.

Como aclara el trovador Yordan Romero en “Longina canta a Corona. Pensando enero”, en aquel evento fundacional los “trovadores santaclareños fungieron como anfitriones (…), pues algunos gozaban de una obra creciente, como Diego Gutiérrez y Alain Garrido, y otros eran ya reconocidos, como los integrantes de Enserie: Roly Berrío, Levis Aliaga y Raúl Cabrera”.

Esta semana Villa Clara se vestirá de trova, donde seguramente no faltará momentos emotivos, reencuentros y, sobre todo, buenas canciones.


Con el arte en vena (+Fotos, tuits y videos)

Tal vez en los últimos tiempos cada vez eran menos los momentos de destellos, pero cuando una tropa de jóvenes artistas y escritores desembarcaba en la casa marcada con el número 41 en la calle Martí, Esther Montes de Oca, la eterna maestra de San Juan y Martínez, acopiaba todo el brillo para sus ojos ya casi grises y toda la lucidez del mundo para recibirlos con evidente alegría, como si por unas horas su cuerpo frágil olvidara que cargaba con más de un siglo de avatares.

Confieso que cuando la veía sentada en su sillón en la salita de estar pegada a la cocina no podía evitar preguntarme cómo había podido soportar por tantos años la ausencia de sus dos hijos amados, Luis y Sergio Saíz Montes de Oca. Cómo una madre, toda corazón, logra sobrevivir la muerte prematura de sus vástagos cuando, casi niños, son vilmente asesinados por la tiranía batistiana.

Los hermanos Luis y Sergio Saíz Montes de Oca junto a sus padres: el juez Luis Saíz y la maestra Esther Montes de Oca. Autor: Tomado de Juventud Rebelde.

Aquel 13 de agosto de 1957 no lo olvidaría nunca. Ese dolor terrible se instaló para siempre en cada partícula de un ser de profundas raíces patrióticas, que llena de pena consiguió entender que «morir por la Patria es vivir». Frase inmortal de nuestro Himno nacional que adquirió más sentido para Esther no solo en la medida en que los diferentes espacios de su hogar, habitados por historias de amor a una Cuba libre, se fueron convirtiendo en sitios de veneración para los hijos de esta tierra, sino, sobre todo, después de que surgiera, en 1986, la organización que empezó a portar como bandera la poesía y el testamento político de Luis y Sergio. Esa que, bautizada con sus heroicos nombres, se fundara un 18 de octubre, hace justo hoy 34 años: la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

tomada del perfil de facebook de ahscuba

Orgullosa de la obra de cientos de asociados que quiso como si todos hubieran salido de su vientre, Esther nos dejó a los 105 años de edad, sabiendo que la muerte de sus dos únicos descendientes no había ocurrido en vano. Lo más común del mundo es que les dijera: «Ustedes también son mis hijos, parte de mi ser; sin ustedes no hubiera podido vivir… Sean siempre buenos, dignos herederos…», cuando muy jóvenes poetas y narradores, músicos, pintores, cineastas, actores, bailarines, investigadores, promotores culturales… se aparecían con ramos de flores a la casita ubicada entre las calles Libertad e Isabel Rodríguez de aquel pueblo pinareño eminentemente tabacalero, para darle una vuelta y abrazarla. «Todo está bien —les insistía— cuando se da cariño, cuando se da amor… Cuiden la Patria. Hay que luchar por ella, vivir por ella. Eso honra…».

De voluntad utópica

La AHS se fundó gracias a la unión del Movimiento de la Nueva Trova con las brigadas Hermanos Saíz y Raúl Gómez García. Por tanto, se trata del cumpleaños de una organización que ha abrazado a varias promociones de artistas cubanos que comenzaron a mostrar su obra al mundo incluso mucho antes de 1986. Evolucionó como «un espacio de legitimidad para la experimentación dentro del proyecto cultural revolucionario», como asegurara el ahora titular del Cultura, Alpidio Alonso Grau, cuando esta cumplió dos décadas y el poeta se desempeñaba entonces como su presidente a nivel de país.

Mercucho se suma a los festejos por el Aniversario 34 de la Asociación Hermanos Saíz. !FELICIDADES¡#ElArteNosUne

Publicada por Niurbis Santomé Cudeiro en Sábado, 17 de octubre de 2020

Corría el año 2006. Entonces Alonso Grau se refirió a la significación de su ya fructífera existencia, empleando unas palabras que parecen dichas en este instante. «(…) por encima de la efeméride, lo que realmente celebramos es el triunfo de una voluntad utópica que por 20 años nos ha permitido participar de la cultura con un sentido crítico y una energía que van siendo cada vez más raros en este mundo. Un estado de vigilia intelectual que nos ha mantenido activos y fieles dentro de una vocación que hemos sabido salvar sin permitir que se extinguiera aun en los momentos de mayores dificultades. Más bien ha sido todo lo contrario: mientras más arreciaban las carencias y los obstáculos, más profundizaba entre quienes hemos asistido a este aprendizaje, la conciencia de afirmarnos en una actitud de pensamiento que nos mantuviera en alerta y a la ofensiva frente a cualquier fatalismo desmovilizador; en particular, frente a la aparente candidez con la que progresivamente ha buscado acomodarse entre nosotros el pregón desmoralizante del mercado».

Y si de algo se ha encargado la Asociación, que hasta la fecha ha convocado tres congresos, es de mantener bien activos a sus miembros. En su empeño, además, de promocionar la obra de los noveles creadores, su principal misión, se ha valido, a lo largo de estos 34 años, de intensas jornadas de programación y de reconocidos eventos distribuidos en toda la geografía nacional.

Guantánamo aporta la Jornada de la Canción Política y Titereando en la ciudad; Santiago de Cuba, el Taller y Concurso de la Radio Joven Antonio Lloga in Memoriam; Granma, encargada del ascenso al Pico Turquino, el Rock de la Loma; Holguín, las Romerías de Mayo, el Festival Nacional de Teatro Joven y el Premio Celestino; Las Tunas, Entre música y el Concurso Portus Patris; y Camagüey, el Almacén de la Imagen, la Cruzada literaria

Ciego de Ávila organiza, por su parte, Trovándote; Sancti Spíritus, Lunas de invierno y Voces cruzadas; Cienfuegos, Al sur de mi mochila, el Premio Reina del Mar Editores y la Cruzada artístico-literaria; y Villa Clara, los festivales Longina canta a Corona y A tempo con Caturla, el Encuentro Hispanoamericano de Escritores además del Premio Sed de Belleza.

Muchas felicidades a todos los miembros de la Asociación Hermanos Saíz, a quienes la han ayudado a crecer a lo largo de…

Publicada por Yasel Toledo Garnache en Sábado, 17 de octubre de 2020

Orgullosas se sienten Matanzas, Mayabeque, Artemisa y la Isla de la Juventud por acoger, respectivamente, el Atenas Rock, el Puente Sur, el Arte en proceso y El Mangle Rojo, entre tanto Pinar del Río se muestra feliz «enredada» con la Jornada 13 de Agosto, el PinaRock y el Pinar Hip-Hop.

Como sede nacional, el ajetreo del Pabellón Cuba es grande durante los 365 días del año. Allí, en el recinto ferial del Vedado, lo mismo tiene lugar la Feria Internacional del Libro, donde se otorgan los premios Calendario, y el Encuentro de jóvenes escritores de Iberoamérica y el Caribe, que el Taller y Concurso de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena, el festival Patria grande, los espacios Pensamos Cuba y Dialogar, dialogar, la entrega de becas y premios…

Cuenta la organización, asimismo, con cinco editoriales: Sed de Belleza (Villa Clara), Reina del Mar (Cienfuegos), Áncoras (Isla de la Juventud), Aldabón (Matanzas) y La Luz (Holguín), dirigida por el multipremiado poeta y editor Luis Yuseff, quien no se esconde para afirmar que la suya publica preferentemente a autores jóvenes.

Publicada por Asociación Hermanos Saíz en Viernes, 31 de julio de 2020

«Alguna vez se me sugirió que yo “inventaba autores”. Ahora, pensando un poco más detenidamente en el asunto, creo que las personas que dicen eso de nuestro trabajo realmente lo que hacen es reconocer, veladamente, la eficacia de un trabajo de promoción de esos autores noveles que, de pronto, ven publicado su primer libro y a las pocas semanas su nombre puede aparecer cientos de veces en el buscador de Google… Y, si las cosas salen mejor, esos 500 ejemplares de su libro terminarán agotados en unos pocos meses, e invitados a varios de los eventos que genera la AHS para la socialización del hecho literario».

De ello pueden dar fe escritores que aunque en la actualidad ya no integren las filas de la AHS estarán enlazados a ella de por vida, como son los casos de Idiel García, quien permanece al frente de la editorial Sed de Belleza; Yunier Riquenes García, quien fundó estando en su seno, junto a Naskicet Domínguez, Claustrofobias Promociones Literarias, y de Eldys Baratute Benavides, el mismo de Marité y la hormiga loca, Cucarachas al borde de un ataque de nervios y Retoños de almendro, la selección que le pidió Yuseff para La Luz y recoge la obra de 35 voces de todo el país y de 19 ilustradores, también jóvenes.

Ellos hubieran sido como nosotros; nosotros hubiéramos sido como ellos. En nombre de la Presidencia de la Asociación…

Publicada por Rafael González Muñoz en Sábado, 17 de octubre de 2020

A Baratute le encantará siempre la Asociación, porque es el lugar en el que «me retroalimento. Un sitio lleno de jóvenes, mucho más jóvenes que yo, con locuras, deseos de hacer, pero también con distintas realidades que merecen ser reconocidas. En medio de todo eso me siento feliz y trato, desde mi trabajo de promotor, de impulsarlos.

«¿Qué le debo? Mucho de lo que soy hoy como creador y como persona. En las máquinas de la Casa del Joven Creador (CJC) pasé mis primeros libros, después del Premio Calendario y la beca La Noche los lectores comenzaron a interesarse por mis textos.

tomada del perfil de facebook de Rafael González Muñoz

«En esos años descubrí la importancia de tener un buen líder, con sensibilidad, al frente de las instituciones culturales. Por eso luego traté de hacer lo mismo con los jóvenes con talento que se acercaban a mí.

«¿Qué le falta? Mucho, muchísimo. Y cada día le faltará más, teniendo en cuenta que cada generación de jóvenes es distinta a la otra, y que no podemos seguir perdiendo terreno frente a la banalidad, el facilismo y la acefalia. Tenemos que ser brujos, inventar varitas mágicas, diseñar sombreros con conejos, todo lo que haga falta para subvertir los patrones seudoculturales y para eso tenemos/debemos estar más cerca de los que se hallan lejos de los círculos de artistas y no vienen a nuestras instituciones, estamos obligados a salir a las calles y traerlos».

Gracias al Presidente de la República Miguel Díaz-Canel Bermúdez y al Viceprimer Ministro Roberto Morales Ojeda, por…

Publicada por Asociación Hermanos Saíz en Domingo, 18 de octubre de 2020

Otro guantanamero, Daniel Ross, es de los que no esconde su satisfacción por haber sido el primero de los que estudiaban en la Academia Profesional de Artes Plásticas, en unirse a la organización, «que me atraía porque todo el tiempo intentaba mezclar las diferentes manifestaciones en sus actividades. Me encantaba aquella mezcolanza. Veía a la AHS como una gran mesa donde me podía servir libremente lo que quería y necesitaba. Y me nutrió muchísimo. Bueno, todavía lo hace, ofreciéndonos siempre esos espacios diversos para crear, para participar como artistas».

Hermanados en llanos y montañas

Hubo un momento alrededor del año 2011 en la vida de Indira Fajardo, actual presidenta del Instituto Cubano de la Música, en que se convirtió en toda una «experta» alcanzando el Pico Turquino, en representación de sus compañeros de la sección de Crítica e Investigación.

tomada del perfil de facebook de ahscuba

«Recuerdo que la primera vez, que se escogió la ruta de Granma, fue demoledora. Tuvimos que caminar ocho kilómetros por carretera desde el campamento de pioneros hasta Alto del Naranjo; un recorrido que usualmente se hace en camión, lo cual sumó un deterioro prematuro a nuestros cuerpos «vírgenes» todavía. Para colmo, parte del descenso hacia la Aguada de Joaquín, tras admirar el busto del Maestro que señorea en el cielo, hubo que enfrentarlo de noche y bajo la lluvia, así que las caídas eran bastante seguidas y solo podíamos avanzar alumbrándonos con celulares y adivinando las barandas a cada lado. Quien las veía primero gritaba: “¡baranda derecha!” o “¡baranda izquierda!”. Llegamos con un hambre tan rabioso que nos comíamos lo que se nos pusiera delante.

En su empeño por promocionar la obra de los noveles creadores, la Asociación convoca intensas jornadas de programación y eventos como las prestigiosas Romerías de Mayo.Foto:Juan Pablo Carreras/ACN.

«Con esa experiencia debía haber rechazado la propuesta cuando me convocaron por segunda vez, mas no dudé ni un segundo. Tampoco la tercera… Y es que no he querido perderme por nada del mundo esta iniciativa de la Asociación que persigue, sobre todo, propiciar un encuentro cercano entre jóvenes escritores y artistas de todo el país, que además nos conecte como generación, no solo con la cultura más auténtica, sino también con nuestra rica historia.

«En lo personal, observar con los ojos del corazón al Martí de la cima de Cuba es también saldar una deuda que había asumido conmigo misma en el orden familiar. Mi bisabuela ayudó a Celia Sánchez a esconder ese mismo busto antes de llevarlo a la Sierra. Por ello para mí se trata también de rendirle un tributo diferente al Apóstol iluminado, a quien siempre contemplo en espera de alguna sabia señal».

tomada del perfil de facebook de ahscuba

A una cantante ya reconocida como Annie Garcés le parece genial que exista una organización que agrupe a artistas jóvenes. El primer regalo que recibió de ella fue convidarla a escalar el Pico Turquino, «una experiencia inolvidable que me descubrió unos nuevos amigos supertalentosos, que están diseminados por toda la geografía nacional entregando su arte maravilloso. A mi regreso opté por la beca El reino de este mundo, un proyecto de DVD, que recogería un concierto de canciones interpretadas por mí pero escritas por jóvenes compositores, y otra vez recibí un apoyo inmenso… Como si fuera poco, luego me convocó para que me sumara a otros intérpretes en el video de Con un poco de amor, de Silvio Rodríguez, tema con el que saludamos el aniversario 30. Así comenzó mi camino y desde ese primer año resultó tan intenso que me asustó».

El artista camagüeyano de la plástica Leonardo Pablo Rodríguez Martínez la considera su segunda casa. «Mi otra gran familia. La AHS ha sido un ancla y un peldaño fuerte en mi carrera. Me ha ayudado mucho, al ofrecerme las posibilidades de realización, de crecimiento, de superación, que no he encontrado en ninguna otra parte. En la AHS puedo decir que estoy en el lugar correcto», dice.

tomada del perfil de facebook de ahscuba

Frank Martínez Oliva también le estará eternamente agradecido, asegura, «por su apoyo constante y por contribuir a hacer realidad aquel sueño de recoger parte de mis creaciones en un soporte que me sirviera para promocionar mi obra», confiesa este joven nacido en Contramaestre que llegó a la trova por medio de la poesía y por las necesidades espirituales que en él potenció la entonces muy activa célula de la organización de vanguardia de los noveles artistas y escritores en aquel municipio de Santiago de Cuba.

tomada del perfil de facebook de ahscuba

Intensa forma de vida

Fue su propia madre quien se lo entregó a Freddy Emir Tejeda, líder del proyecto Baúl del Trasgo, de la Casa de Cultura de esa parte de la ciudad de Cienfuegos que todos llaman la CEN (Central Electronuclear) —devenido luego en el grupo Teatro de la Fortaleza comandado por Atilio Caballero—, antes de que el mismo actual presidente de la Asociación se probara, por ejemplo, en My Clown, donde no solo actuó sino que escribió sus primeros versos, para ver si su pequeño conseguía lo que ella no pudo: adentrarse en serio en el universo del arte. Así se encontró con la escena Rafael González Muñoz, el autor de Por el terraplén, Federico y María, Un reino medio(ocre), Medea en el jardín, La cocinerita adorada. Breve historia de Clarita Mazorca…, egresado de Teatrología y Dramaturgia en el Instituto Superior de Arte.

Instructor de arte de alma, González Muñoz se unió a la AHS en 2009 «en un momento en que se gestaron muchos proyectos que marcaron la labor de la organización en la Perla del Sur. Recuerdo la peña Con jugo de tamarindo, centrada por Pharos Teatro, en el barrio de Reina, donde hallé la complicidad de Frank Armando Pérez Aguado (el payaso Colorete), quien conduce los pasos de la Asociación en el territorio; de Niurbis Santomé Cudeiro (Chispita)… Yo era Pito Pito…», rememora quien ya fuera elegido vicepresidente nacional en el 2do. Congreso.

Este 18 de octubre la Asociación Hermanos Saíz cumple 34 años, una organización integrada por creadores que representan la vanguardia intelectual y artística, quienes creen, a conciencia, que la belleza y el arte engrandecen la vida/ La AHS, en el Pico Turquino. FOTO: Raúl Pupo.

«Cuando llegué al Pabellón Cuba, sede nacional de la AHS, traía el conocimiento de cómo funciona la organización en una provincia, lo cual constituyó una ayuda enorme a la hora de llevar adelante esta nueva responsabilidad… Te aseguro que la AHS ocupa un lugar muy especial en mi vida, siempre bien cerca del corazón. En ella no se puede estar, no puedes permanecer impasible cuando te encuentras rodeado de creadores que han nacido con el arte en vena. Para mí ha significado asumir un enorme compromiso con la obra colectiva de muchos. Es una organización que encontró en “Hermanos Saíz” su denominación ideal. Nosotros todos constituimos una gran hermandad de arte, acción y amor, que ha tomado como símbolo, como paradigma, el legado que nos entregaron Sergio y Luis.

tomada del perfil de facebook de Rafael González Muñoz
  • «Una hermandad que intentamos que esté integrada por artistas de corazón que a su vez sean buenos seres humanos, quienes hacen de los eventos y jornadas de programación de la AHS una intensa forma de vida».

Sobrepasar los límites del sonido

A partir de las redes sociales y de una colaboración para un videoarte pude llegar hasta la obra de este artista, cuya mayor virtud podría ser la de estar siempre en constante movimiento y búsqueda interior.

René Rodríguez (Trinidad, 1979) es compositor y artista visual, graduado del Instituto Superior de Arte, con una Maestría en Composición. Ha obtenido diversos premios como compositor, entre ellos el Alejandro García Caturla de la UNEAC, el Premio por mejor música original en el Festival Broadcasting Caribbean de la UNESCO, Premio de composición en el Festival de la Canción por los 500 años de la fundación de Trinidad, y el Caracol de la UNEAC. Así mismo obtuvo tres premios de fotografía en el 22 Salón de la Ciudad de Arte Contemporáneo de La Habana en 2018. 

Su obra ha sido expuesta en importantes eventos y festivales dentro y fuera de Cuba. Como fotógrafo ha desarrollado varias exposiciones colectivas y personales.

Desde los inicios ha desarrollado su estética creativa a partir de la música electroacústica en relación con la poesía, las artes plásticas, el teatro, la fotografía y el cine, inquietudes creativas que han nutrido su sensibilidad y que le permiten ir redescubriendo el mundo con los mismos ojos asombrados y, siempre, desde la humildad.

Desde pequeño comenzaste estudios en el conservatorio de tu provincia natal, Sancti Spíritus, en la especialidad de piano, incluso formaste parte de un grupo musical infantil llamado Juventud 2000, desde donde empezaste a incursionar en el mundo de la composición musical, pero, qué fue lo que realmente te enamoró de la música.

Comenzar a estudiar desde los ocho años el piano e integrar una banda musical infantil desde 6to grado fue la consecuencia de un primer amor, de una certeza que anteriormente se venía enramando. Más que haberme enamorado de la música diría que experimenté un deseo muy fuerte desde niño por descubrir sonidos, puedo afirmar que de manera inconsciente.

De mi primera infancia trinitaria recuerdo que mi abuelo tenía un escaparate viejo en el traspatio, en él conservaba un mundo de entonadas herramientas y objetos con los que construía artefactos y me inventaba historias. Sin quererlo se convirtieron en mis primeras elaboraciones primitivas como artista. Un sonajero de botellas, hierros de diferente peso y tamaño, trozos de madera y cristal, hilos de pescar tensados, el traquear del café mientras se tostaba, trotes de caballo desde el callejón empedrado, más la fauna sonora del platanal, son algunos de los sonidos que inundaron mi entorno y de cierta forma propiciaron una necesidad. En medio de toda esa amalgama de sensaciones descubrí de a poco con el tiempo, un lenguaje por el cual podía conciliar con entera libertad mis emociones.

Durante tus años de estudiante en la ENA, desde tu experiencia como pianista y compositor, integraste varios grupos y lograste nutrirte de géneros tan diversos como el rock, la trova, fusión, pop, los géneros de la música popular tradicional cubana y el jazz. ¿Cómo aportó esta dinámica sonora a tu proceso creativo como compositor? ¿Consideras esto un ejercicio necesario para el proceso formativo de un estudiante de nivel medio?

Es, sin dudas, un camino necesario para cada estudiante en proceso de formación. La interacción con otras fuentes de conocimiento contribuyó a moldear lo que soy ahora. La academia –en mis inicios– fue un poco rígida en este aspecto. Los métodos que se manejaban no daban paso a excepciones, dentro del programa, tan imprescindibles como las expresiones populares o tradicionales. No obstante, a estas limitantes le surgieron fisuras inevitables, pues el entorno era más fuerte que los métodos implantados de la escuela europea.

Ya en Nivel Medio la dinámica fue diferente, la interacción con la música popular (el jazz, la timba, la trova y el rock, fundamentalmente, fue bien intensa. A pesar de no formar parte de la metodología habitual en este tipo de academias, de manera natural gracias al contexto y a una necesidad económica devenida de las ganancias que producen ciertos géneros populares, se fomentaron sin duda una serie de conocimientos y herramientas que enriquecieron mi arsenal de variables y estilos composicionales. Este encuentro espontáneo, casi un “quiéralo o no lo quiera” que les toca a todos los estudiantes de Nivel Medio, es fundamental para su formación, porque aporta, redirecciona y define los caminos a seguir.

Durante un tiempo te desempeñaste como profesor en la ENA y el ISA, coméntanos un poco sobre el proceso de formación que tienen los estudiantes de música en las escuelas de arte.

Bueno, siempre he creído que la enseñanza de música en las escuelas de artes es fundamental para el desarrollo de la música cubana. Los aciertos o deficiencias que pueden tener los jóvenes músicos cuando cursan la enseñanza siempre estarán reflejados en su desempeño como profesionales.

Anteriormente hablaba de aciertos, soy defensor de que la música popular cubana en los estudios es beneficiosa para el futuro de los jóvenes músicos, así como también la de América Latina que muchas veces es olvidada, o desplazada por la preferencia de nuestros ritmos y el jazz. Afortunadamente, estos repertorios están hoy mucho más presentes, sobre todo en las asignaturas de práctica de conjunto. Por otro lado, esto no implica que deje de tocarse la música clásica por ser la base del entrenamiento de todo músico, sin importar su preferencia. Creo que esto no puede perderse de vista.

¿Qué experiencias, obras, vivencias… han marcado tu formación artística?

Es difícil definir particularmente una determinada experiencia, creo que el cúmulo de acciones vinculadas al arte han ampliado mis conocimientos. Te comento algunas sin establecer un rango de importancia entre otras. No podría dejar atrás la interacción con los poetas y el canto. La trova desde niño ha sido un eje en el que permanezco rotando hasta el día de hoy. En este sentido debo citar a una persona que fue y es muy importante en mi vida y en mi carrera, un grande de la trova trinitaria: Pedrito González, fundador del movimiento de la Nueva Trova en nuestro país.

cortesía del entrevistado

Pedrito alimentó la sensibilidad artística en mí a través de las espontáneas tertulias trovadorescas que “accidentalmente” ocurrían en la sala de mi casa trinitaria. Con sus canciones, que incluían inevitablemente a Manuel Corona (obligadas Santa Cecilia y Longina), Sindo Garay, Eusebio Delfín, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Joan Manuel Serrat, entre otros, me cautivó de poesía y trova en su totalidad. Como él, también fueron importantes las sonoridades callejeras de aquel entonces en Trinidad, cuando la añeja villa transcurría en una atmósfera apacible, lejos del actual bullicio de visitantes foráneos, denigrante música souvenir y negocios pululantes que laceran la médula espinal de las tradiciones populares. Entre estos sonidos propios, diría entrañales, se destacaban los tambores de algún toque, las canturías en la cercana Casa de la Trova, los cantos litúrgicos en la Iglesia de la Santísima Trinidad y las peñas que frente a la casa realizaba la orquesta de charanga típica Estrellas del 48 que entre boleros, danzones, sones y chachachá deleitaba con deliciosa cadencia mis oídos.

En casa tenía un viejo tocadiscos y un grupo de placas con tesoros ocultos que más tarde apreciaría en su verdadero valor. En particular obras como Las cuatro estaciones de Vivaldi, algunas cantatas de Bach (como la 121), el segundo concierto para piano y orquesta de Rachmaninov, el tercer concierto para piano y orquesta de Bartok, Manita en el suelo de Alejandro García Caturla, Las Rítmicas y el Ballet La Rebambaramba de Amadeo Roldán, un disco de Jazz con temas relevantes de Duke Ellington, la ingeniosidad al piano de Keith Jarrett, las atmósferas de Pat Metheny, Yellow Jacket y un disco con poemas de Roque Dalton y Thiago de Mello, acompañaron mis vacaciones, las noches y sus amaneceres. Debajo de la almohada mientras escuchaba esos tesoros yacía mi imprescindible Dulce María Loynaz, la edición de su poesía completa me abrió las puertas al mundo de la literatura. Así también entre obras musicales apareció Samuel Feijóo, Wichy, entre otros.

Una de las experiencias que, aunque sucedieron en momentos diferentes de mi vida, marcaron de manera trascendental mi concepción de la creación, fue la simbiosis entre dos grandes de la cultura nacional, el destacado compositor y maestro Carlos Fariñas, de quien tuve la enorme dicha de ser parte de su aula, y el importante realizador y Premio Nacional de Cine Enrique Pineda Barnet, quien me dio la oportunidad de adentrarme de manera profesional al mundo del séptimo arte. Curiosamente, ambos trabajaron en estrecho vínculo durante muchos años dando a luz resultados artísticos memorables como Soy Cuba y Cosmorama, por solo citar dos ejemplos. De alguna forma esa interacción llegó hasta mí, tanto desde la formación-profesión hasta la puesta en marcha de proyectos que articulan la trama de imagen y sonido.

¿Qué géneros musicales son más frecuentes en tus obras?

Nunca me he cuestionado la búsqueda de un género a la hora de componer, principalmente para la música culta o contemporánea de concierto, simplemente direcciono la creación según el objetivo al que va dirigido. No creo que uno sea un objeto de determinado color y textura, creo que nos movemos en direcciones de búsqueda siempre inquietas, aunque sí con un específico centro de atención.

Existen dos direcciones básicas en mi labor creativa: una vinculada a la función del oficio propiamente a través de la exigencia de los encargos, los que deciden por lo general el tipo (género) de música a desarrollar, de tal forma que deriva en una gama amplia de diversos géneros de la música culta o popular; y la dirección personal. Es en esta línea que prefiero no definirme porque considero que (como acontece generalmente en todos los casos) siento la necesidad de caminar, de cambiar, de descubrir, indagar, romper. Todos los elementos antes mencionados que marcaron mi universo en la infancia son la materia prima genérica principal, su uso no está determinado por una decisión consciente sino como un resultado de la misma interacción acumulada por años.

Ahora, sí considero una identificación con la corriente de la música experimental que pretende fundirse a través de la búsqueda de nuevos timbres. Para ello me apego a una plataforma que por sí misma cumple con todos los requisitos para volar en grande a la hora de elaborar, transformar y transmitir criterios artísticos: la música electroacústica. Pudiera decir que esta línea resulta ser la más recurrente en mi obra. A partir de esta manera de expresión he coqueteado con géneros como el Jazz, el pop, la música popular bailable, lo incidental o puramente experimental por citar algunos que vienen a mi mente, unas veces consciente –de manera que aporte al discurso audiovisual– y otras veces de forma espontánea, como bombeos intrínsecos del alma.   

Durante tu carrera has tenido la suerte de coincidir y recibir clases de destacados compositores como Carlos Fariñas, Juan Blanco, Roberto Valera, Calixto Álvarez, Tulio Peramo, Harold Gramatges, entre otros, incluso formaste parte del taller formativo de música electroacústica en los tiempos de Juan Blanco (ISA) y tuviste la oportunidad también de generar tres obras allí. Háblanos de esta experiencia en particular.

Me agrada mucho responderte esto, porque soy un poco de todas esas sabidurías académicas que recibí, más la suma de lo que cargamos en el bolso emocional del pasado. Mi desempeño en el arte habla con elocuencia de estas conexiones. Primero te mencionaré un nombre que no incluyes pero que repercutió mucho en mi inclinación por la composición: Amado Touza, mi profesor de Piano en la Escuela Nacional de Arte. Este maestro de la interpretación me enseñó a “componer” de cierta manera mientras ejecutaba a Bach, Scriabin, Debussy, Ravel, Beethoven, Lecuona; lo hacía mediante sus charlas que antecedían cada lectura, charlas en las que descubría a través del marco histórico, el análisis armónico y estructural, la esencia misma del compositor, su tema, la historia que se propone en cada obra.

Cuando me tocó “cruzar” el camino que separaba la ENA del ISA, el encuentro con las destacadas figuras que mencionas fue como el premio de la primera fase donde indirectamente inocularon en mis entrañas el placer por la creación: Touza, el medio y las circunstancias.

Catálogo. Regiones de fe/ cortesía del entrevistado

En el Instituto (actual Universidad de las Artes) tuvimos –los de mi aula– grandes privilegios al ser testigos de la sabia de glorias de la composición. Particularmente haber cursado mi carrera bajo la guía de Carlos Fariñas fue altamente significativo, tanto así que todavía hoy rebusco y hallo en sus partituras un espacio siempre elocuente de transmisión de conocimientos y alternativas, como si el comprometido maestro y obstinado compositor estuviera vivo a través de sus notas, guiando los pasos como solía hacer, con resuelto celo. Fue con Fariñas que me sentí inclinado hacia la música electroacústica. Despojado él de reservas o secretos, me reveló las mieles de la composición como si se las dictara a sí mismo. Fuerte de carácter, recio en su disciplina e inclinado con pasión a la enseñanza, fue y es como una luz para mis pasos en el oficio de la creación.

Recuerdo con mucha nostalgia a Harold, quien me preparó para las pruebas de ingreso al Instituto (curiosamente él fue el primer maestro de Fariñas). A su decir no enseñaba la composición, sino que señalaba las descomposiciones. Incentivaba el fuego interno creativo de cada alumno desde su clase de Audiciones Analíticas infundiendo en nosotros, con la dulzura que lo caracterizaba, la formación de criterios a través de la pintura, el teatro, la literatura y la danza. Casi era una exigencia al grupo de los compositores, el autoexamen con respecto al uso de las variables experimentales, las tendencias, los modelos y métodos de la música culta del siglo XX; todo ello para avivar la creatividad.

El apego a una formación integral en relación a la cultura también fue un ejercicio recurrente entre los maestros del claustro, entre ellos Juan Piñera, Roberto Valera y Tulio Peramo con especial interés, estimulaban y observaban esta inclinación en cada prueba de composición, en cada encuentro espontáneo de pasillo. Todos ellos condicionaron un criterio que asumo como baluarte junto a los ya forjados en mi experiencia de vida.

Durante nueve años, formaste parte de la compañía artística Creación, realizando trabajo comunitario en la Sierra de los Órganos, con el objetivo de difundir el arte entre los pobladores de la región. Coméntanos sobre este proyecto.

Esta experiencia marcó mucho mi vida en lo emocional y lo profesional. Recién graduado del ISA, después de todo ese cúmulo de enseñanzas recibidas, mi ritmo habitual dio un giro inesperado. Cuando muchos de mi generación siguieron desarrollando su espacio propio dentro de la creación artística, yo preferí tomarme una “pausa” en ese escenario y prestar mis conocimientos a una comunidad rural que al principio veía como ajena y que, al término del trabajo, la sentiría tan mía y cercana a partir de los lazos familiares que establecí dentro de ella. Un amasijo de nostalgias me cobija cuando pienso en esos años.

Aunque en lo aparente rompí el ritmo de búsqueda desde la escritura en el medio composicional, en realidad establecí otro patrón de pesquisa a través de la enseñanza de las artes y su puesta en práctica (aún en terrenos inexplorados como la actuación teatral y la realización de trabajos audiovisuales). Asimismo, alimenté con mayor libertad mis inquietudes por la fotografía y el video desde mi afán por archivar historias, las que más tarde serían contadas a través de documentales que testimoniaron el intenso trabajo.

Variación del alba/ cortesía del entrevistado

Todo esto sería inmencionable sin el soporte que fue la compañía artística Creación, integrada por músicos formados en nuestras academias de arte y dirigida por Omar Rojas y Manyú Bernal. Creación trazó como meta sembrar –con ambicioso empeño– cultura en un terreno áspero y en apariencia difícil de penetrar: una comunidad donde la tendencia al alcoholismo primaba en sus derredores por la ausencia de propuestas culturales frecuentes. En Cabeza, Minas de Matahambre, Creación apuntó con el arma de la cultura y la sensibilidad del arte para dar en el blanco. Así muchas personas entregadas al ocio, la violencia y el alcohol, cambiaron esa situación por un instrumento musical. También impartimos talleres de pintura, música y teatro para los pequeños de la comunidad y de otras zonas aledañas. A estas clases alternábamos programaciones de cine móvil para niños y adultos. Hasta cada rincón llegábamos en tractor o en carreta, no importaba el medio, solo importaba llegar y hacer la función.

Desgraciadamente, muchas de estas poblaciones serranas padecen de hábitos negativos motivados por el ocio. Aún no es suficiente el sano esfuerzo de las organizaciones del Gobierno y la cultura. La concientización al respecto por los promotores culturales es vital, de no ser así, la globalización cultural –mediante las tendencias comunicativas actuales– propiciará quebrantar principios y valores necesarios para engranar con tino el motor de la sociedad. Como diría nuestro José Martí: “La ignorancia mata a los pueblos”. Una muestra así, sencilla, donde un puñado de voluntades se unen para llevar luz a través del arte, es un ejemplo de lo mucho que puede hacerse. 

En casi 10 años se hicieron muchas cosas, no solo talleres, actuaciones de música, de teatro infantil, también se organizaron conciertos y festivales que fueron cimiento de muchos artistas reconocidos hoy en la escena nacional e internacional, y que en ese entonces incursionaron como aficionados al arte. Cabe añadir que lejos de la sensación del aplauso de los grandes escenarios, experimenté una emoción insuperable: el milagro oculto detrás de una sonrisa agradecida.

En diversas ocasiones has incursionado en el teatro y el cine, ¿qué retos debe asumir el compositor musical cuando se enfrenta a estos medios?

Como primer requisito, y diría que fundamental, respetar la obra con el fin de establecer un discurso narrativo equilibrado entre las partes. El compositor debe adaptarse al canon previamente establecido por el libreto teatral o el guion cinematográfico. La música debe apuntalar psicológicamente la trama, pero nunca prevalecer donde no se establece como protagonista sino como parte del engranaje total.

Es imprescindible que haya un orden entre la exposición de los diferentes elementos que componen la escena para apoyar finalmente la narrativa de la misma, he aquí donde radica el desafío del ejercicio composicional. Es de por sí un reto negarse a sí mismo hasta cierto punto (sin dejar de serlo) y corresponder estrechamente las exigencias del director. Cuando esta línea de trabajo se respeta, por muy simple que sea el acabado, habrá sin duda un resultado óptimo, el deseado. Fariñas me legó una enseñanza con respecto a esto, él insistía en hacer énfasis en la objetividad dramática, pero siempre yendo más allá en busca de una estética más subjetiva y evitando el realismo frío.   

En medio de tu obra como compositor, despertaron en ti fuertes inquietudes hacia otras ramas del arte. Has incursionado en la fotografía, y en el XXII Salón de la Ciudad, organizado por el Centro Provincial de las Artes Plásticas, obtuviste varios reconocimientos, entre ellos el Premio de la Universidad de las Artes, por tu obra “Coreografía ideológica”. Desde el 2008 hasta la fecha vienes realizando audiovisuales, en los cuales la música, como elemento predominante, dialoga con lo visual y lo poético a modo de experimentación, recurrentemente en colaboración con otros artistas. ¿De dónde surgen estos impulsos, y cómo se mezclan en tu creación musical?

Como bien te decía, el cúmulo de experiencias antes mencionadas, dieron al traste con una serie de herramientas que fui asumiendo como derroteros en mi manera de contar historias (cada obra se debe a un acontecimiento determinado). La articulación entre la música y otras expresiones artísticas como la fotografía y el video se me hace necesaria una vez que descubro en ellas una manera más de componer: veo a estos medios “externos” como “instrumentos musicales” con los cuales se sustenta el objeto temático de cada obra.

Para explicarme mejor: cuando ejerzo la creación a través de la fotografía es imposible no incorporar en ella los sonidos cotidianos que acompañan la instantánea, esto no siempre condicionado hacia la realización de una obra musical, pero sí como inminente acompañamiento. Lo mismo sucede cuando compongo música electroacústica. En este último caso, por lo general, cada sonido utilizado lo trato de forma natural (fijado esto en parte por los fundamentos estéticos de la escuela “concreta” de Pierre Schaeffer), a partir de lo cual implemento una mixtura tras la relación visual que se desprende de cada sonido, a veces utilizada en contraste o contraposición, otras apoyando fielmente lo expuesto.

Uno de los resultados que surgen como consecuencia de esta necesidad de “contar” a través de diferentes fuentes sonoras y visuales son mis electrodocumentales o también llamados poemas visuales. En estos trabajos (con características análogas al cine documental) dispongo con absoluto empeño unificar estos lenguajes para, a través de los procesos de desarrollo comunes en cada obra, mostrar un resultado artístico.  

¿Consideras que, al nadar entre tantas aguas, tu proceso creativo como compositor musical te permite generar un universo más rico y propenso a la experimentación, teniendo en cuenta que el impulso creativo es único y que lo que varía es el modo de manifestarse?

Realmente lo considero una ventaja a mi favor. Partiendo de la música como eje principal, creo que en la gama de alternativas se fortalece aún más el objeto final del arte. Por poner un simple ejemplo: entre los medios expresivos, el tratamiento del timbre siempre ha centrado mucho mi atención. A lo largo de la historia, este elemento no ha dejado de corresponder al desarrollo técnico de los instrumentos y, posteriormente, a los progresivos avances tecnológicos en el campo de la música por computadoras. Hasta el día de hoy, esta búsqueda de sobrepasar límites en la exploración de nuevos paisajes tímbricos confluye a la par de los convencionalismos estéticos.

Una de las herramientas fundamentales que articulo en mis trabajos, por este motivo, es la transformación del sonido a través de estos mecanismos de síntesis a partir de sonidos acústicos o puramente electrónicos, previamente procesados. No obstante, mis recursos no cesan de inquietud y búsqueda, por lo que no se limitan solo a esta corriente –que de por sí tiene aún mucha tela por donde cortar si de descubrimientos se trata–, sino que toma prestados elementos “ajenos” al mundo sonoro musical para asimilarlos como si fueran notas de un pentagrama, tal es el caso de la fotografía y la edición de video, como bien dije antes. Estos últimos elementos fungen como herramientas que aportan, dosifican y sostienen el discurso del material de arte.

Hace unos meses, tras haber colaborado con otros artistas, tuve la oportunidad de trabajar contigo, a través de tu poema “Otra vez en el principio”, imágenes del malecón habanero, sonidos ambientales del entorno, la voz de la poeta y otros elementos afín a la estructura dramatúrgica del trabajo, pude dar a luz al audiovisual titulado “Adagio”. Este material es ejemplo de los excelentes resultados de una colaboración donde la simbiosis entre sensibilidad y sencillez, conspiran en el acabado de una obra, tanto partiendo de la búsqueda de nuevas herramientas expresivas como de la comunión estrecha entre artistas en dinámica consonancia. 

¿Qué rasgos definen a René Rodríguez, como artista y ser humano?

Me cuesta responderte eso, pues no me lo pregunto ni a mí mismo. Me considero un ser contemplativo, amistoso, familiar… mi música es resultado de ello. La gran mayoría de los procesos creativos intervienen con el fin de fomentar esta necesidad espiritual; lo considero el combustible vital para la armonía de las cosas que me rodean. Para darle forma al mundo necesito sentir que cada paso está acoplado a ciertos hilos invisibles que mueven la maquinaria de la vida: la magia de un abrazo, de una sonrisa, el milagro del perdón y del deseo.

Pareciese que tu obra está en constante crecimiento y búsqueda, ¿en el espacio creativo, con qué sueñas?

Creo que con todo, se quiera o no, de forma natural se mantiene en eterno crecimiento. Aun cuando dejamos de caminar, solo lo hacemos en relación a un criterio, bien sea propio o social, más allá de cada postura a través del tiempo se perpetúan inevitablemente ideas y sueños.

Los míos en particular surgen casi siempre del espontáneo paso a paso. Creo que la sucesión de eventos del día a día nos depara un mundo de preguntas por contestar o por dejar en blanco (esto también contiene música), muchas de ellas acumuladas en el pequeño closet del alma, amontonadas y alocadas, prestas a brindar su servicio cuando el intelecto lo precise.

¿Con qué sueño? Con soñar siempre. El día que deje de anhelar un proyecto me habré perdido a mí mismo dentro de todo.


Fredy Hernández: «Si jugara pelota, fuera un utility» (+ videos)

“En esencia soy un artista que no se especializa en manifestaciones técnicas o estilos”, confiesa Fredy Hernández Martínez; arquitecto devenido diseñador, productor y director de audiovisuales. También fotógrafo y decorador de interiores, lo cual le ha merecido el premio a “Ideas Conceptuales para Centro de Interpretación” en la categoría de Diseño Arquitectónico en el Salón Nacional de Jóvenes Arquitectos 2015, y el Premio del Concurso Mural: Preservación del Agua, convocado por la AHS y ARCI Toscana en 2016.

Estos figuran entre los más recientes lauros a una trayectoria de trabajo incansable.

Suma de espíritu inquieto, alta sensibilidad y vocación social. Al menos así pudo palparse durante la realización en conjunto con Raúl E. Gutiérrez (el yuka) del corto audiovisual Brigada, que se enmarca en la etapa posterior al paso del huracán Irma por la costa villaclareña.

La obra de Freddy hace un guiño al mágico mundo del teatro, con el diseño gráfico y escenográfico de la puesta Las bebidas son por Pearl, que este año el grupo Teatro sobre el camino llevó con éxito a diversos públicos dentro y fuera de Cuba. También corre a su cargo la nueva imagen de los eventos Ciudad Metal, Longina, y del Salón de Pequeño Formato de Artes Plásticas en la ciudad de Santa Clara, durante la actual etapa como vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz en la provincia villaclareña.

cortesía del entrevistado

Diversas manifestaciones se nutren de su talento para el diseño gráfico, por ejemplo, corrió a su cargo la portada de los discos para Revolver de los cantautores Yaima Orozco y Migue de la Rosa; Plantar los Pies por Karel Fleites, y del Demo de la intérprete Roxana Sánchez. También diseñó la revista digital de literatura Cómo. Además de escenografías de set para Telecubanacán.

El interés de Freddy por el arte mural se renovó con dos propuestas de murales urbanos a solicitud del proyecto de intervención de la ciudad de Santa Clara. Ambas obras se encuentran en espera de ejecución.

En 2017 este joven artista aportó la instalación “Legado” a la muestra “No pasa nada”, del proyecto colectivo de Artes Plásticas “Dentro del Juego”. Y por si pareciera poco, nos entregó la exposición fotográfica “Mareas”, una retrospectiva de dos puntos de vista de un mismo lugar, Isabela de Sagua. Realizada a dos manos con la artista Amelia Beatriz Delgado.

Así se diversifica la vocación de Freddy Hernández, quien dice de sí mismo: “Si jugara pelota fuera un utility”. Acto seguido se recoge el cabello con ambas manos y regala una sonrisa amplia a su querida abuela, antes de retomar la pose de entrevistado y argumentar semejante afirmación.

  • “Voy pasando de una a otra de las artes visuales o audiovisuales, a veces siento que es un atrevimiento, pero la realidad es que me enamoro de proyectos específicos, que pueden variar en manifestación y complejidad. Como arquitecto de formación me gusta crear sobre todos estos ámbitos, desde el diseño gráfico (identidad, cartelería, diseño editorial, escenográfico…), la creación audiovisual, la fotografía, la escultura, la instalación, la intervención urbana, el diseño de mobiliario, lámparas y decoraciones y, por supuesto, la arquitectura.”

En medio de tales ajetreos encontramos algunas veces a un ser ¡tan inquieto!, y otras, ¡tan ensimismado! Atrapado en alguna meta inmediata, sucumbiendo al ejercicio de imaginar la realidad desde perspectivas artísticas; y al mismo tiempo materializando los sueños de otros asociados.

  • Funges como vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz en Villa Clara…

En estos años he tratado de llevar mi labor creativa a la par con la vicepresidencia de la AHS en Villa Clara, y todo lo que esto conlleva a la organización de los eventos de nuestra filial. El encuentro de trovadores Longina, el A Tempo con Caturla, el Ciudad Metal, el Encuentro Hispanoamericano de Escritores, entre otros.

  • De las diversas aristas del diseño que abordas, ¿cuál prefieres?

Es difícil, porque no creo tener una preferida, lo que me enamora son las ideas de un proyecto en sí. Independientemente de la arista creativa, si la idea me gusta es suficiente para querer hacerlo como niño chiquito que se come un helado. Por esto he ido incursionando en distintos terrenos, muchas veces de forma atrevida porque no espero a dominar herramientas.

Acepto el reto y comienzo a estudiar para lograr lo que quiero. Supongo que esto me suceda por lo multidimensional que es la arquitectura, especialidad que estudié y no he dejado de practicar.

  • El diseño gráfico, ¿qué retos supone y por qué te atrae tanto?

El principal reto del diseño es el de lograr soluciones que comuniquen bien su mensaje, de la forma más simple posible. La capacidad de síntesis, de abstraer una idea y hacerla digerible al espectador. Estar en constante adaptación para llegarle a las nuevas generaciones sin perder los códigos pasados. Y precisamente esto es lo que me atrae del diseño gráfico, que tienes que saber jugar con muchas variables para lograr los resultados esperados.

Con la arquitectura me sucede exactamente lo mismo; solo que un proyecto arquitectónico consume mucho más tiempo y es mucho menos solicitado. Es muy difícil tener tiempo para hacer arquitectura como ejercicio cuando no existe la necesidad objetiva, por lo que practico mucho más el diseño gráfico.   

¿Consideras la publicidad como un arte menor o subestimado?

Hoy en día, los grupos creativos son tan o más importantes que el producto final para el cual existe una empresa determinada.

En Cuba se ha utilizado en menor manera porque el mercado no ha sido el principal objetivo de la Revolución, pero esto no lo convierte en un arte menor. Para mí es un arte como todos, con procesos creativos muy parecidos y con un plus adicional; el hecho de tener que cumplir objetivos específicos, de tener variables que no puedes manejar y con las que hay que trabajar. Otras artes son libres, el artista decide si hace su obra para sí o para un público y este puede percibir y entender lo que desee.

La publicidad tiene una función inviolable, la de comunicar al sector del mercado para el que fue creada y como tal tiene que ajustarse a presupuestos, formatos, tecnologías, muchas veces responde a productos que ya tienen estéticas prestablecidas y como diseñador tienes que asumir esa identidad. Pero ahí es donde viene la magia, al proponer algo nuevo sin romper el balance entre ambas cosas.

  • ¿Cuán necesario es hoy abrirnos más al diseño creativo?

El mundo está cada vez más globalizado y Cuba más conectada con este puesto que aumentan los flujos de información y los jóvenes son quienes más la consumen. Los referentes creativos y estéticos de la población, por ende, se adaptan a los cánones globales y muchas veces estos procesos ocurren sin que el consumidor sea consciente; por lo que para competir con esos gustos estéticos en constante evolución hay que utilizar las mismas herramientas al mismo nivel que el resto del mundo, pero enfocado a nuestros propios objetivos. Esto va a posibilitar que lo que hagamos llegue de forma efectiva al receptor. El diseño creativo va en todo lo que conocemos y es creado por el hombre. Es parte indisoluble del desarrollo.

Brigada documentó la convivencia de un grupo de jóvenes artistas con los pobladores de la comunidad Isabela de Sagua cuando quedó casi devastada por el huracán Irma. ¿Cómo recuerdas aquellos momentos?

En esos días una compañera que estuvo censando los daños en el municipio Sagua la Grande nos compartió su preocupación por las personas de Isabela. Esa noche resurgió el tema durante una cena entre amigos. ¡Nos parecía mal en verdad quedarnos con los brazos cruzados! Así que al otro día amanecimos en la Casa del Joven Creador haciendo las coordinaciones necesarias con diferentes organismos, con las instituciones políticas y la Dirección Provincial de Cultura, aquí en Villa Clara.

cortesía del entrevistado

Arribamos allí con dos casas de campañas, algo de comida, ropa, agua, y toda nuestra juventud y nuestro talento al servicio de aquellas personas. El plan era trabajar de día en la reconstrucción del pueblo, y de noche realizar diversos espectáculos y actividades culturales.

  • ¿Qué sucedió entonces en Isabela de Sagua?

La brigada estuvo conformada por 34 artistas. Apenas llegamos comenzamos a tocar puerta por puerta a los afectados, ofreciendo nuestra ayuda en la reparación de sus viviendas.

Al principio encontramos mucha gente escéptica, pero otros nos dijeron que sí. En total levantamos dos casas prácticamente completas, reparamos cuatro techos, hicimos instalaciones eléctricas y dejamos limpios de fango y escombros el cine y la Casa de Cultura de la localidad.

Por la noche ofrecíamos teatro para niños, descargas de trova y poesía. El trípode de la cámara se usó como pie de micrófono. Además, nos acompañó una periodista que estuvo enviando cables de noticias diariamente a través del correo nauta de mi teléfono celular.

  • ¿La idea de un audiovisual fue concebida antes del viaje o se les ocurrió sobre la marcha?

En aquel momento pensé en el Yuka[1] para recoger memoria gráfica del hecho, que era algo distinto, tratar de archivar en imágenes lo que sucedió allí. Tan solo lo llamé y con la disponibilidad que lo caracteriza me dijo: “¡Ya to’ está listo! ¿Cuándo nos vamos?”

obra de fredy hernández/ cortesía del entrevistado

Después del primer día nos dimos cuenta de que teníamos material suficiente para realizar un documental. Entonces nos propusimos captar la mayor cantidad de imágenes; pero tampoco queríamos dejar de trabajar en la reconstrucción de las viviendas que estaban en tres puntos alejados dentro de Isabela.

¡El Yuka parecía un loco! Andaba con su cámara al hombro por todo el pueblo, porque yo estaba faja’o con un techo y aunque había otra cámara, con esa se hicieron pocas tomas. En algún momento me dijo: “¡Yo quiero ayudar a esta gente, asere!”, “¡Pero esta es tu ayuda!”, le decía yo. “¡No sé, poner tablas, clavar puntillas, trabajar de verdad!”, insistía él. Entre todos lo convencimos para que no dejara de filmar porque su aporte también fue extremadamente valioso para esa comunidad; y grabamos todo lo que pudimos. Aunque tuvimos que buscar alternativas para cargar las baterías pues sin servicio eléctrico dependíamos del funcionamiento de una planta local.

Por mi parte, dirigí las entrevistas que hicimos en momentos de descanso o en la noche, para no interrumpir las otras actividades. Como es un documental que no se planifica de una punta a otra, sino que tienes que concebirlo a partir de lo que tienes en ese momento específico, nos basamos en dos puntos importantes: ¿Qué estábamos haciendo y qué significaba? Después vino el proceso de visionaje y selección de la información, muy nostálgico y conmovedor.

  • ¿Qué significó para ti toda la experiencia?

Demostramos en algún modo que esas afirmaciones de que la juventud está perdida o va por mal camino no tienen que ser del todo ciertas, porque nosotros fuimos allí a trabajar duro y a participar de los esfuerzos de estas personas por recuperarse de una catástrofe, no a hacer un espectáculo, y regresar sin más.

Respecto a Brigada, fue mi primer corto, nacido de las circunstancias, y no creo que me vaya a dedicar de lleno a la realización de documentales. Simplemente creo que cuando tenga la necesidad de decir algo y sienta que esta es la mejor forma de hacerlo, pues no dudaré en asumir nuevamente el reto.

  • ¿Me equivoco si digo que eres un joven apasionado con la creación con el sentido estético de la vida en general? ¿Podrías comentarme cómo se relaciona tu vocación artística con tu cotidianidad?

No te equivocas, me apasiona la creación, ya es inevitable para mí observar constantemente todo lo que sucede a mi alrededor, ver cómo funcionan las cosas, cómo se adaptan a las necesidades, cómo algo puede ser incómodo. Asumo muchas tareas de mi día a día que me sirven directa o indirectamente en los procesos creativos. Busco constantemente nuevas experiencias y disfruto los procesos; tanto a mis amigos músicos haciendo un tema como a dos desconocidos jugando pelota en plena calle.

Disfruto absorber de los contrastes de la ciudad, la naturaleza, los pequeños pueblos y su saber propio. Viajar, conocer, intercambiar, son combustible para crear. Mis estados de ánimo importan también, soy más eficaz cuando hay buena motivación. Trabajo mucho mejor bajo presión, prefiero las noches, por la tranquilidad, ya que me cuesta mucho trabajo concentrarme, pero las ideas pueden venir en cualquier lugar o momento. He tenido que aprender a no hacer muchas cosas al mismo tiempo, pero se me hace difícil.

  • ¿Actualmente cómo se divide tu tiempo y cómo se las arreglaron las diversas musas que te habitan para cohabitar con un Freddy, digamos, en cuarentena?

En enero como parte del encuentro de trovadores Longina, dirigí al grupo de realización que grabó un grupo de EPK, Electronic Press Kit, como se conoce en inglés, a jóvenes trovadores para aportar a la promoción de su trabajo. Cápsulas en las cuales seguí trabajando durante la pandemia, para tenerlas listas y poder hacer su lanzamiento oficial cuando las condiciones vuelvan completamente a la normalidad.

mural de fredy hernández/ cortesía del entrevistado

Estoy diseñando en paralelo cápsulas audiovisuales del grupo de poetas La estrella en germen, trabajo que ido adelantando también. Además, estoy inmerso en la realización del spot para la televisión de la cruzada artística literaria que realiza la AHS de Cienfuegos en El Escambray, además del diseño gráfico de la portada de un DVD grabado por La Trovuntivitis.

He aprovechado el tiempo de aislamiento social para estudiar fotografía, cine, el desarrollo de herramientas y técnicas de trabajo. Poco a poco escribo el guion de un corto de animación que debo desarrollar en el futuro.

Para cuando el país vuelva a la completa normalidad debo terminar la realización de los audiovisuales de los poetas y grabar un DVD del cantautor Yatsel Rodríguez, también perteneciente al proyecto La Trovuntivitis.

Los artistas somos médicos del alma, y como medicina debemos ver lo que hacemos para llevarla a todos los que podamos; estos son tiempos de mitigar, de adaptarnos, replantearnos, de encontrar la forma de llegar y recibir de nuestros públicos.

No debemos olvidarnos de las comunidades más vulnerables. Muchas no tienen redes ni posibilidad de costeárselas y, según mi experiencia, son las que más agradecen nuestro trabajo.


Yeni Turiño: «La guitarra como arco y la canción como flecha»

Una muchacha intranquila, curiosa, siempre en constante movimiento, como las verdaderas hormigas… La primera vez que la vi cantar fue en el Encuentro de Jóvenes Poetas y Cantores en Bejucal, se escuchaba su Tocadiscos y en el público la acompañaban. Luego nos volvimos a encontrar en la Jornada Literaria Mangle Rojo, y de esa semana de largas jornadas de poesía nació una hermosa amistad.  

Yeni Turiño (Santa Clara, 1998) creció respirando la música, entre acordes y sonrisas, y aprendió a ver el mundo desde la claridad de sus propios impulsos. Con una voz sincera y firme, la niña de la trova, pequeña y menuda, se convierte en luz mientras canta.

Las entrevistas siempre son momentos oportunos para recordar y mirar al pasado. ¿Cómo era Yeni Turiño antes de llegar a la mùsica? ¿Cómo fue el descubrimiento de esa vocación?

La verdad es que siempre cantaba o recitaba. Todavía en la secundaria quería ser maestra, nunca pensé de niña que iba a ser artista. Estuve en ballet y en muchos talleres literarios, pero nunca porque me fuera a dedicar al arte por completo. La verdad es que no sé cómo empecé en la música exactamente, siempre estuvo conmigo.

A los 9 años empecé a aprender guitarra con Anadelkis, una instructora de arte de mi primaria, luego fui a la casa de la cultura y de ahí a estudiar guitarra clásica, no en escuela, sino con un profe muy bueno de acá de Santa Clara.

Como empecé chiquita con la guitarra, no me acuerdo de mi vida antes de eso, siempre estuvieron mis dos primos Yatsel Rodríguez (trovador) y Dairol López (flautista), y la influencia de ellos dos fue esencial para mí. Fue en el preuniversitario cuando decidí que iba a ser trovadora, y que no podía hacer otra cosa.

cortesía de la entrevistada

Santa Clara, tu casa, tus raíces, tu esencia. ¿Qué significa hacer y vivir la trova en esta ciudad?

Es una suerte tremenda haber nacido en esta ciudad. Santa Clara es muy cultural, es una ciudad que te traga, siempre hay algo que hacer: una obra, un concierto, una descarga, una lectura, cuando acaba un festival empieza otro. Hubo personas que me dijeron que iba a bailar en la casa del trompo, y qué suerte que haya tantos trompos acá. Tengo la influencia de todos los artistas de la ciudad, no solo de los trovadores que son quienes me han encaminado por la buena senda.

Además de las relacionadas con el contexto cultural santaclareño, qué otras influencias artísticas han marcado tu obra.

El haber estado en todas las provincias del país, gracias en gran parte a la AHS y demás instituciones, el gran número de festivales que existen por toda la isla, me ha dado la posibilidad de conocer artistas de todos los rincones, y creo que además de tener la influencia de mi ciudad tengo la de Cuba entera.

Cada vez que llego de un festival hago una canción, y es que estos festivales, no solo de trova, han contribuido a que sea cada vez más autocrítica y a que me lleguen conocimientos de todas las manifestaciones, y de todas partes del mundo.

Hay artistas que componen con cierta regularidad, otros demoran años en terminar una canción. Algunos tienen rituales para componer, otros esperan que la palabra los asalte mientras viven. ¿Cómo es tu proceso creativo?

cortesía de la entrevistada

Cada vez que hago una canción surge de forma diferente. No tengo un método para la creación. Hay textos que cuando los escribo sé que van a ser una canción, hay otros, que se quedan en poesía, y no sé cómo los diferencio, es una impresión muy personal que no tengo forma de describir.

Lo que sí tengo claro es que necesito estar en constante movimiento. No puedo encerrarme en mi casa para hacer una canción, necesito renovar mis experiencias constantemente, y estar nutriéndome de otras cosas, por ejemplo, leer, ver películas… Mi principal fuente de inspiración son las vivencias personales, los libros y el cine, en ese orden.

¿Cómo mujer, qué deseas transmitir con tus canciones?

Para mí no existe una diferencia entre la forma de una mujer para hacer la canción y la de un hombre. Estoy segura que lo que en algún momento escribí lo pudo haber escrito un hombre. Tiene que ver con las concepciones personales de cada artista. Yo, como ser humano primero, como mujer después, quiero transmitir un arcoiris de sensaciones que varía en cada persona que escucha la canción. Yo tengo mi mensaje original, este varía según la experiencia de cada cual y lo que cada cual quiere escuchar o decodificar de mi canción.

En el marco de los eventos organizados por la Asociación Hermanos Saíz has recorrido la isla con tu música. ¿Cuánto te han aportado estos encuentros?

A mí me encantan los festivales, y creo que es una forma muy linda de aglutinar a los artistas. De los festivales nacen nuevos proyectos, nuevas inspiraciones, y sobre todo muy buenos amigos que quedan, en ocasiones, para toda la vida. 

Recuerdo que en el primero que participé fue en el Isla Mágica, en la Isla de la Juventud. Ni siquiera me habían invitado a mí, invitaron a Carlos Abreu, trovador de Santa Clara que tenía una banda donde yo hacía los coros. En medio del concierto Carlos me dejó cantar tres canciones que tenía por el momento, esa primera vez la guardo con mucho cariño; hace poco tuve la dicha de rememorarlo yendo por segunda vez, pero al Mangle Rojo. Los festivales son experiencias que se van acumulando de a poco, experiencias necesarias para la creación misma. ¡Y que vengan más festivales!

cortesía de la entrevistada

¿El Longina?

El Festival de festivales. Suena un poco regionalista, para mí lo es. El Longina me permitió conocer los festivales por dentro, lo complicado que es llevar a cabo uno. Cuando eres anfitrión de un festival significa sacrificar tus presentaciones, tu descanso, tu divertimento por hacer que los invitados se sientan como en casa, y la verdad que es una tarea hermosa.

Mi primera canción surgió luego de haber concluido el Longina 2016, había vivido tantas cosas lindas que no dudé en hacer una canción. Es una forma resumida de hablar del Longina, porque si me pongo a contar historias no termino.

Desde el 2017, todos los últimos miércoles de cada mes te das cita en el Centro Cultural El Mejunje, espacio donde desarrollas la Peña de la Hormiga Loca. ¿Cómo surge este proyecto? ¿Qué alegrías has experimentado con él?

La idea fue de Silverio, luego de que canté una canción de Violeta Parra en una jornada por la no violencia contra las mujeres y las niñas. Me propuso tener el espacio y le dije que lo pensaría, entonces empecé a buscar la aprobación de los demás trovadores, no estaba segura de poder hacer una peña con 18 años.

Cuando decidí que empezaría tuve que hacer un cronograma de todas las peñas de la ciudad para que no coincidiera con la de ningún trovador, ni con la programación de El Mejunje. Te digo que en Santa Clara no se para. Entonces, tenía que ser el último miércoles de cada mes, todos los otros espacios estaban ocupados.

La idea del nombre fue de Alain Garrido, una suerte de padre y de maestro que he tenido, y creo que de todos los trovadores de acá. Se quedó “Peña de la Hormiga Loca”, mi laboratorio, invito a cualquiera que me inspire un sentimiento lindo, no solo artistas. El 26 de febrero cumplió tres años. Estoy muy feliz de tener este espacio en mi ciudad y en mi Mejunje de Silverio. (¡Je!)

Una parte de tu obra está dedicada al público infantil. ¿Qué retos supone componer para los niños?

La verdad es que la primera canción que hice para el público infantil y para todo el que tenga alma de niño fue “Canto de hormiga loca”, justo cuando Yaily Orozco comenzó a hacer canciones y a trabajar para los niños. Hice la canción para que ella la cantara y terminé defendiéndola yo también.

Hay que tener cierta magia para dirigirse a los niños, algo que me atrevo a hacer, pero me siento más cómoda cuando tengo a Yaily al lado, ella sí que sabe, nació con ese don.

Tengo el reto de seguir componiendo para los niños. Aunque hay que vivir el presente, hay que dedicarle tiempo también al futuro.

Has publicado algunos cancioneros, algunos en colaboración con otros artistas. Coméntame sobre esta experiencia.

Me encanta cuando varios artistas se unen. El primer cancionero que se llama “Para no sentirme extraña” se publicó en 2019 por Ediciones La Piedra Lunar, una idea de Lorenzo Lunar, excelente escritor de la ciudad que me ha apadrinado y la idea del cancionero fue de él. Entonces convocamos a 15 amigos artistas de la plástica y diseñadores, a cada uno le asignamos una de mis canciones para que ilustrasen el libro a su forma. Fue un trabajo hermoso hecho en colectivo, gracias a La Piedra Lunar.

El segundo cancionero fue realizado también en 2019 por el proyecto cultural-editorial Callejas, de Trinidad. Estos muchachos tienen un trabajo muy admirable y es que confeccionan libros manufacturados, sin fines de lucro, y a partir de esas publicaciones realizan conciertos en su ciudad, todo a partir de la colaboración de amigos. Este libro fue compartido con la poeta trinitaria Dayana Margarita Pomares, una amiga hermosa que hice gracias a este proyecto editorial.

Háblame de Tocadiscos, esa canción que luego se convirtió en proyecto y que estrenó videoclip posteriormente.

Otro trabajo en colectivo, y eso es lo que se quiere en este proyecto, la promoción de la obra de un artista en específico a partir de la colectividad. Estoy muy contenta con el resultado del clip. Tocadiscos es una canción que tiene mi propia visión de un cortometraje de José Luis Aparicio. Recién entraba él a la FAMCA y cuando miré este, su primer corto, me dio tanta alegría que quise hacer una canción. La verdad es que esta composición tiene tres vertientes: el corto, la vida real y dos décimas que Aparicio también escribió, de ahí me llegó todo.

Desde el 2017 has estado participando en el Encuentro de Mujeres Cantoras “Ella y yo”. A tu juicio, qué caracteriza a las mujeres trovadoras en Cuba.

Es un evento muy lindo que Heidi Igualada y Marta Campos han llevado contra viento y marea y que ha ido creciendo en cada edición. Es un evento de mujeres donde no solo hay mujeres. Lo que se quiere demostrar es que la mujer no es minoría en la trova y es que hay un montón en el mundo que desde la canción luchan por sus derechos en países que no los tienen. La mujer trovadora en Cuba es como una guerrera que tiene la guitarra como arco y las canciones como flecha.

tomada de su perfil de facebook

Trovadora en el siglo XXI… ¿Cuáles son los principales desafíos a los que te enfrentas como cantautora en estos días?

Soy el resultado del tiempo en el que vivo, eso siempre lo digo y tengo los retos que van con mi tiempo. Ahora mismo es un reto para mí estar en casa con todo esto de la Covid-19. Nunca había estado tanto tiempo en un mismo lugar y eso me hace sentir bastante mal, te confieso.

Ahora mismo lucho por aprovechar el tiempo al máximo para cuando todo vuelva a la normalidad lanzarme en un montón de proyectos que tengo en mente. Ahora mismo ese es mi reto, imagino que mientras más pase el tiempo más retos me seguirán llegando, pero ¿qué es la vida sin retos?

¿Qué caminos presientes en tu música? ¿Dentro del contexto musical, qué experiencias te gustaría vivir, algún sueño por cumplir?

Tengo muchos sueños, y creo que se han ido cumpliendo de a poco. Lo más cercano que tengo es graduarme, que ya me queda poco, luego creo que me lanzo a grabar un disco. También hay un montón de experiencias que quisiera vivir, quizás realizar una banda sonora, seguir componiendo, viajar, tirarme de un paracaidas, uffff, todo lo que me pase por la cabeza y crea que esté bien me propongo hacerlo.

¿Cómo se define a sí misma Yeni Turiño?

Ya lo he dicho muchas veces, soy una hormiga loca bastante cuerda.


“Mientras tanto seguimos siendo sur”

Recuerdo la noche cuando una amiga me puso los audífonos, y me dijo: “¡escucha!”. Ella, santaclareña, no me llevó a conocer el hielo pero me llevó a conocer la música de un trovador—cienfueguero como yo—de quien jamás había escuchado una canción ni un lugar…

Hasta ese día para mí los trovadores eran una especie de malos poetas anticoloquialistas que decían cualquier (inentendible) cosa sobre cualquier (inentendible) cosa. Pero “Niña”, la primera canción que escuché de Ariel Barreiros, era diferente:

  • Y estoy llenando todas las libretas
  • De Cecilines feos
  • Enamorados, tristes, y es por ella
  • Y estoy que no regreso limpio, mira,
  • Que no doy merienda
  • Y bruto, y mal hablado,
  • Y es por ella…

Luego descubrí que la poesía de Ariel era capaz de cambiar de voces, regresar en el tiempo, cantarle con entusiasmo al desamor, filosofar con instinto y certeza. La poesía de Ariel Barreiros era capaz de todo, porque era precisamente eso: poesía. Tan libre como la mejor poesía, tan cargada de sentido (común, desde luego) como la mejor poesía. Y era, además, “poesía” en el sentido aristotélico del término: acción.

Pocos meses después, Ariel Barreiros fue a la Universidad (Central “Marta Abreu” de Las Villas) en el Longina mágico de 2017. Ese día descubrí que Santa Clara definitivamente era “el lugar donde atarnos mejor” a tantas felicidades, entre ellas, a la felicidad nostálgica de aquel guajirito que le canta a su “Niña” a través de la voz de aquel otro guajiro de Aguada, fin de siglo, a quien conocen tantos en esta urbe —como lo pude comprobar ese día— y a quien conocen tan pocos en Cienfuegos, como lo pude comprobar más tarde cuando empezó su peña cerca del Parque Martí.

Aquella peña fue una felicidad, mientras duró. Mis amigos universitarios de casi toda Cuba se retorcían de la “sana” envidia. “Un día los traigo”, les decía a espirituanos, holguineros y, por supuesto, santaclareños. En realidad, a la peña íbamos los pocos cienfuegueros que conocían a Ariel, quien siempre nos agradecía, sin ningún tipo de complejo o arrogancia.

“Yo soy muy positivo y pienso que mientras un amigo mío venga a escucharme, la cultura nacional está salvada”, nos comentó un día —repito— sin ningún tipo de complejo o arrogancia.

Debo decir que como hacía apenas unos meses Kamankola nos había dicho, en medio de una charla con sabor a dispensada de seis pesos, que nos olvidáramos de Sabina y de toda esa gente, que Ariel Barreiros era el mejor trovador del mundo; como hacía unos meses que yo había ido a Holguín, a la peña de Manuel Leandro, y había visto a jóvenes holguineros cantar “Niña” desde la primera hasta la última palabra… entonces, no me sorprendió que una noche, en la efímera peña cienfueguera donde solo íbamos unos pocos, los pocos que nos enterábamos por Facebook, los pocos amigos de siempre, Mauricio Figueiral le dijera a Ariel: “de donde soy yo, cuando se habla de compositor serio se habla de ti. Y a mí me da un orgullo tremendo decir que soy tu amigo”.

Entonces, hubo un día en que su peña cienfueguera terminó, y nuestro Zaratustra debió regresar por enésima vez a su finisecular Aguada, “a seguir amando/ a ver si un día de estos llueve/ mientras tanto”. Lo bueno que tienen las cosas que se acaban es que pueden volver a empezar, con más fuerza. Por eso no quiero llover sobre lo mojado. Además, siempre hay una esperanza. Y la esperanza se me reveló el día del concierto en el que presentaron su cancionero.

Aquel día llegué tarde, y me sorprendí porque aquello estaba repleto. Estábamos, sí, los mismos de siempre, pero habían muchos más.

La verdad es que el cancionero, en sí, es otra esperanza, además de un acierto mayúsculo por parte de Reina del Mar Editores y de todos los que colaboraron con ese proyecto. Y digo esperanza, no por Ariel Barreiros, porque Ariel no necesita que se le conozca en esta ciudad tan hermosa y pueblerina, sino porque sería penoso que los historiadores del mañana descubran que los artistas cienfuegueros del presente (artistas en el sentido más auténtico y menos comercial del término) eran profetas en todas partes menos en su propia tierra.

Pero bueno, “mientras tanto seguimos siendo sur”.