La Luz


Reto√Īos de almendros en animados

Los Estudios Anima de Holgu√≠n en coproducci√≥n con Ediciones La Luz, sello de la AHS en esta provincia, prepara una serie de cortos de animaci√≥n inspirados en el audiolibro Reto√Īos de almendros. Cuentos para ni√Īos de j√≥venes escritores cubanos, publicado por el sello.

Rosell Morales, a cargo del proyecto junto a Jos√© Calzadilla Fern√°ndez, coment√≥ que actualmente se han producido seis de los animados en proyecto: ‚ÄúTrist√°n‚ÄĚ, de Mariene Lufri√ļ; ‚ÄúLa ventana‚ÄĚ, de Marcia Rodr√≠guez; ‚ÄúLazarita‚ÄĚ, de Yamil D√≠az; ‚ÄúFunf√ļn‚ÄĚ, de Teresa C√°rdenas; ‚ÄúEl mago Prosococoff‚ÄĚ, de Yohan Bal√≥n; y ‚ÄúLleg√≥ septiembre‚ÄĚ, de Yanira Marim√≥n. Historias de Legna Rodr√≠guez, Sigrid Victoria, Ronel Gonz√°lez y Eric Adrian P√©rez completan la propuesta de esta serie que Anima pondr√° a disposici√≥n del p√ļblico de todas las edades.

Lazarita-Yamil Díaz

Los materiales, que utilizan las técnicas de animación vectorial y escenografía en 3D, abordan temas como el amor a los animales, la discriminación racial, las relaciones interpersonales y familiares, y las leyendas tradicionales.

J√≥venes realizadores como Orlando D√≠az, Ram√≥n Jes√ļs de la Pe√Īa, Jos√© Calzadilla, Carlos Gonz√°lez y Jean Fern√°ndez Figueredo, tienen el reto de realizar los cortos, a√Īadi√≥ Rosell, estudiante de la Facultad de Artes de Medios Audiovisuales (FAMCA) de la filial de la Universidad de las Artes en Holgu√≠n.

El mago Prosococoff-Yohan Balón

El audiolibro Reto√Īos de almendro. Cuentos para ni√Īos de j√≥venes escritores cubanos, merecedor en 2014 de la Beca de Creaci√≥n El Reino de Este Mundo que otorga la AHS, contiene varios de los cuentos de la antolog√≠a hom√≥nima publicada por Ediciones La Luz en 2012.

Dicho material estuvo dirigido, de manera especial en esa ocasi√≥n, a un p√ļblico infantil minoritario por sus limitaciones visuales: invidentes y d√©biles visuales, y cont√≥ con las voces de los actores de la compa√Ī√≠a de Narraci√≥n Oral Palabras al Viento.

Trist√°n-Mariene Lufri√ļ

‚ÄúFue un regalo de La Luz a los ni√Īos y los amantes de la literatura infantil, que permiti√≥ escuchar estos cuentos dramatizados y musicalizados; y que ahora llegar√°n en formato m√°s amplio a partir de estos cortos animados abarcando la mayor√≠a del p√ļblico‚ÄĚ, dice Luis Yuseff, editor jefe del sello.

Durante los √ļltimos a√Īos Estudios Anima ha trabajado en varias producciones, especialmente dedicadas a las guerras de independencia, como la serie de cortos de animaci√≥n Campanas de fuego, el mediometraje Forja de Cuban√≠a y un largometraje sobre la vida de Carlos Manuel de C√©spedes.

La ventana-Marcia Rodríguez

Se prev√© convertir este estudio en una productora transmedia, que ofrezca una amplia cartera de productos y servicios que favorezcan el desarrollo del mismo y el autofinanciamiento de las propias producciones, a√Īadi√≥ Rosell Morales.

Funf√ļn-Teresa C√°rdenas

Ojos para mirar los paraísos azules de Martha

¬ŅSabes de ese momento en el que te quedas pensando, c√≥mo es posible que no lo hubiese le√≠do antes? Bueno, algo as√≠ pas√≥ aquella ma√Īana de jueves (no s√© por qu√© siempre es jueves cuando descubro cosas). M√°s a√ļn cuando sabes de ese autor, cuando no resulta del todo un ‚Äúno escuchado antes‚ÄĚ, cuando incluso han interactuado en alg√ļn que otro espacio. Pero, me agrada que jam√°s hubi√©semos cruzado ni medio saludo, nada. Tengo la firme convicci√≥n de que prefiero no conocerlos. Agradezco llegar a sus obras despojada de todo juicio previo, sin saber c√≥mo luce su rostro, ni c√≥mo sonr√≠e, ni el sonido de su voz, sin nada que matice. En asuntos de este tipo detesto los matices, pero no es un privilegio del que goce mucho √ļltimamente, sobre todo con los autores m√°s j√≥venes. Y para mi fortuna, as√≠ llegu√© a los dos primeros libros que le√≠ de Martha Acosta √Ālvarez: Ojos para no ver las cosas simples, Premio Celestino de Cuento, 2018, Ediciones La Luz, Holgu√≠n; y P√°jaros azules, Premio Pinos Nuevos, 2016, publicado por Letras Cubanas. Ambos los consegu√≠ en la reci√©n Feria Internacional del Libro de La Habana, 2022. Recuerdo que cuando encontr√© el segundo enseguida me remont√© al primero, hab√≠a fijado el nombre de su autora y lo compr√© sin pensarlo. Obviamente la sab√≠a una narradora cubana contempor√°nea, cercana a mi generaci√≥n. Ten√≠a referencias suyas, pocas, una vez m√°s, repito, toda una suerte seg√ļn mis gustos como lectora; pero algo siempre s√≠ he tenido claro, y es que: a nuestros colegas hay que leerlos, saber c√≥mo se mueve el quehacer literario que nos circunda, que nos est√° marcando como grupo, y en este caso, como en no pocos otros de los revisados los √ļltimos meses, sent√≠ orgullo de la joven narrativa de esta Isla po√©tica.

Una tarde de apag√≥n, quiz√°s un mes y pico despu√©s, comenc√© a leer Ojos para no ver‚Ķ y empezaron a clav√°rseme los dardos en la diana sensitiva de mis gustos literarios. A la ma√Īana siguiente me fui al dentista, ya saben, colas, siempre las benditas colas que aprovecho para leer as√≠ sea recostada a una esquina y comenc√© a llenar el libro de apuntes. Me preocupo cuando no tengo nada que marcar en los libros.

Leo para rese√Īar, porque amo hacerlo, para conocer las nuevas voces, (tambi√©n para de alguna forma estar clara de la competencia). Esta chica es una muy buena competidora. Me ha dado tremendo placer leerme este libro. Tiene un pulso firme, una limpieza estil√≠stica envidiable y un total dominio del lenguaje y sus bondades.

Escribí un viernes 3 de junio, sentada en el salón de espera de la Clínica Estomatológica, aguardando para sacarme una muela. Incluso, una vez dentro, boca abierta en lo que el dentista cargaba la jeringa con la anestesia y traían el instrumental, seguía yo pegada al libro, entre otras cosas para enajenarme de la situación. Así avancé luego ese mismo día por las ciento cinco páginas como analgésico alternativo ante el posoperatorio.

P√°jaros azules lo comenc√© poco despu√©s de haber devorado el primero y, sin temor a dudas, puede uno encontrarse el libro sin portada ni nada que haga alusi√≥n al autor y leer directamente desde el primer cuento: Ojos caleidosc√≥picos y reconocer a Martha enseguida tras aquellas p√°ginas. Existe una coherencia estil√≠stica en toda su obra, una homogeneidad admirable en sus textos, aunque pertenezcan a libros diferentes, que hace que funcionen como una especie de unidad indisoluble. Encontramos en su escritura toda, lo supe luego al leer el plaquet de poes√≠as Distintas formas de habitar un cuerpo (publicado tambi√©n por Ediciones la Luz, Premio de Poes√≠a El √°rbol que silva y canta, 2017), una serie de marcas de agua, presentes en sus creaciones, que basta saber apreciar para reconocerla as√≠ sea en versos sueltos o alg√ļn p√°rrafo de cualquiera de sus cuentos. Tiene todo un stock de recursos literarios que ubica en el momento justo, como si moldeara a mano los vaivenes de las narraciones, y digo esto e imagino unas manos finas pero firmes, de mujer deshabitada por la duda ante lo que hace, modelando un barro literario a su antojo una y otra vez, creando figuras sueltas que luego hilvana con paciencia de tejedora anta√Īa. No encontramos textos densos vanaglori√°ndose de ese stock de t√©cnicas, no, y eso el buen lector lo agradece; encontramos met√°foras llevadas sutilmente hasta lograr im√°genes claras, pero con la tremenda capacidad de golpearte el rostro de a tajo.

Sergio llegó a la casa. Abrazos, palmadas en la espalda, la voz retorcida por verse luego de tanto tiempo. 

El mar era un rect√°ngulo oscuro que adornaba la pared. Quieto. Manso. Dormido. Me sorprend√≠ tambi√©n vigilando al mar. Daba miedo que se despertara en alg√ļn momento, que rompiera su horizontalidad, que se irguiera y caminara hacia nosotros.

Habitación estrecha con vista al mar

(del libro Ojos para no ver las cosas simples)

 

Hoy vimos un p√°jaro azul y nos acordamos de la infancia, de la casa de tablones carcomidos por donde entraba la luz en los amaneceres. Los rayos col√°ndose por los agujeros de la madera hasta la pared. El polvo danzando en la luz, part√≠culas brillantes y locas que no se estaban quietas. Movimientos vivos. Peque√Īos seres m√°gicos que habitaban la luz, y por eso la luz era brillante. Entonces cre√≠amos que los rayos de sol eran cil√≠ndricos, que los cilindros eran las casas de las criaturas. Toc√°bamos la luz con la punta de los dedos, despacio, para no espantar a las criaturas, que se revolv√≠an al tacto de los dedos, como si sintieran cosquillas.

 

Escuchábamos a la tía Jimena haciendo sonidos de amanecer…

 

A veces creía que te estabas muriendo, y que la muerte te hacía bien. Daban ganas de morirse contigo.

 

Ojos para no ver las cosas simples

 

Es esta una se√Īora hecha de todas las tonalidades de la frustraci√≥n.

 Cámara lenta

Dif√≠cil pasar por Falsos genitales sin hacer una pausa antes de proseguir. Resulta una tarea ardua establecer una escala sensitiva, sobre todo eso, sensitiva, entre los seis cuentos que conforman su libro Premio Celestino. Por suerte, la literatura tiene esas clemencias al permitirnos concluir a cada quien seg√ļn queramos, seg√ļn nos convenga, seg√ļn sintamos, y yo decido hacer mi pausa en este texto. No aprecio una literatura con marcaje feminista en la obra de Martha, cosa que acoto no me parece ni bien ni mal, solo se√Īalo, sin embargo, es este un cuento que recrea un plano ficcional con una prostituta inflable que no por eso deja se sufrir en su sint√©tica piel los mismos males que una mujer cualquiera, m√°s all√° de a lo que se dedique.

Abro la puerta del apartamento.

Veo a la prostituta tirada en el suelo.

Irreconocible la prostituta. (Aquí una de las marcas de agua de la autora, ese rejuego con las palabras repetidas).

¬ŅQui√©n te hizo esto?, pregunto.

No contesta.

No quiere o no puede contestar.

El aire se le escapa a través de su piel de vinilo soldado.

La prostituta est√° rota.

Reventada.

Su cuerpo no se parece a su cuerpo.

Su rostro no se parece a su rostro.

No pide ayuda.

No quiere o no puede pedirla.

Los ojos de la prostituta lloran.

(…)

La prostituta se está desinflando en la sala del apartamento. (…)

Estalló por la costura.

Por alg√ļn lugar ten√≠a que estallar.

(…)

Va hasta el ba√Īo. (‚Ķ)

Se saca la vagina portable.

La mete debajo del chorro. (…)

La vagina portable se llena de agua.

Se desborda.

Desde la estructura en la que manej√≥ el texto hasta la originalidad de la idea, el enfoque en el que plante√≥ la situaci√≥n resultan interesantes puntos de vista. Dota a todo el compendio como de una especie de n√ļcleo ya que notamos en otros cuentos una construcci√≥n similar en las narraciones y al mismo tiempo se mantiene el ambiente literario, que si bien no se repite s√≠ persiste la uniformidad, siendo historias que, aunque marcadas por lo cotidiano, coquetean con el surrealismo y el absurdo.

En P√°jaros azules, el segundo libro de Martha Acosta al que me acerqu√©, aunque escrito primero que Ojos para no ver las cosas simples, supongo, dado el orden cronol√≥gico en el que ganaron los premios (aunque eso bien pudiera no significar darlo por hecho), el cuento que lo nombra tiene una relaci√≥n cercana con ese otro. Y aqu√≠ debo hacer un stop y repensar la sintaxis de la idea que quiero transmitir, ver√°n: el cuento Ojos para no ver las cosas simples hace referencia de alguna forma intr√≠nseca a P√°jaros azules. Invaden en ambos una sensaci√≥n poderosa de tristeza, de agobio tras tiempo de intentar encontrar soluciones. El mismo mal aqueja, y va enmascar√°ndose: El p√°jaro se va de la casa, se va, pero no se lleva la tristeza. La tristeza se ha metido dentro de la casa, rueda y florece en las paredes, se derrama desde el techo, mancha el tapiz del √ļnico sill√≥n que tenemos‚Ķ Y, casualmente, ambos textos dan t√≠tulo a los libros. ¬ŅQu√© complicidad traer√°n impl√≠cita? Cabe preguntarnos. Algo similar sucede con los poemas: Ese d√≠a que no tiene para cu√°ndo acabar y Distintas formas de habitar un cuerpo y el cuento Palomitas Company, tambi√©n contenido en P√°jaros azules. Un cuento profundamente visceral, con todo el poder para trastocarnos: mi madre aprendi√≥ a aparecer y desaparecer desde mi rostro en el espejo, a decirme hija de mierda con la voz quebrada que simula un ‚ÄúAy, mija, me estoy muriendo‚ÄĚ. Tal vez mam√° piensa habitar mi cuerpo y mi espejo cuando su cuerpo pese demasiado para seguir articulando lamentos. Tal vez ya ha comenzado a hacerlo, y lleva a√Īos en eso, siglos, no s√©.

Fragmento del poema Ese día que no tiene para cuándo acabar:

Mam√° est√° muriendo.

Hace días que está muriendo,

a√Īos, siglos, no lo s√©.

Lleva mucho tiempo en eso,

y no acaba de morir

ni de salvarse.

Tose como si los pulmones se le salieran por la boca,

dice, Ay, mija,

con la voz quebrada

y se me llenan los ojos de lágrimas…

Paraísos perdidos, Premio Calendario de Cuentos, 2017, hace alusión irónica a nuestros hábitos; como bien definiera su propia autora desde la dedicatoria: … este quimérico museo de formas inconstantes, este montón de espejos rotos. Una vez más recorremos pasillos familiares entre nuestras tristezas y sinsabores de vida. El realismo invade sin piedad en cada uno de los textos paseándonos por una galería de paraísos: El paraíso del cuerpo, el del tiempo, el paraíso vacío, el sumergido y el impronunciable. Y aquí haré mi pausa en Un arrecife en la espalda, que considero bien encierra, como cualquier otro del compendio, la esencia de este libro. No escapo nunca al llamado del mar, donde quiera que esté, y aquí hace su presencia, arrasador, como de costumbre, dejando con cada batida de brisa más dolor que paz.

Esta autora camag√ľeyana (Sibanic√ļ, 1991) adoptada por la capital, m√°s que por la capital ya por toda la Isla, donde se lee y admira la buena escritura, ha sido ganadora de una larga lista de cert√°menes literarios entre los que figuran los siguientes premios de narrativa: el C√©sar Galeano de cuentos, 2015, a√Īo en el que egres√≥ del Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso; el Pinos Nuevos, 2016, Calendario, 2017, el premio Dador, 2017 y en ese mismo a√Īo el Paco Mir Mulet, Fundaci√≥n de la Ciudad de Nueva Gerona, el Mabuya; y en poes√≠a El √°rbol que silva y canta, 2017. Luego en 2018 fue galardonada con el Premio Iberoamericano de Cuentos Julio Cort√°zar, con la obra El olor de los cerezos, el Celestino de cuentos y el Novela de Gaveta Franz Kafka. Ha alcanzado menci√≥n en el premio David de poes√≠a, 2015, primera menci√≥n en el premio Emilio Ballagas de narativa, 2016, primera menci√≥n en el premio Mangle Rojo, de poes√≠a, 2017 y en el Portus Patris, tambi√©n de poes√≠a ese mismo a√Īo. Adem√°s de los libros ya mencionados tiene otros dos fuera de Cuba: Doce a√Īos es demasiado tiempo, Editorial Guantanamera, Espa√Īa, 2016 y una novela titulada La periferia por la Editorial FRA, 2018. Varias de sus obras aparecen en revistas tanto dentro como fuera del pa√≠s y en antolog√≠as.¬†

Su literatura está armada hasta los dientes con un ejército de personajes elaborados hasta el hastío. Pensados a nuestra imagen y semejanza, listos para defenderse de cualquier situación que a su autora se le antoje destinarlos. Cuenta también su escuadra con el ya mencionado stock de recursos literarios cuya función es alivianarte el golpe seco de su prosa. Solo te queda una opción: disponer de ojos para ver los paraísos azules de Martha.


Todas las cabezas se unen (dosier)

A 110 a√Īos del aniversario del nacimiento de Virgilio Pi√Īera, se celebra en Holgu√≠n el xxiii Premio Celestino de Cuento, otros autores como Marcel Proust y Jos√© Saramago tambi√©n recobran merecida pleites√≠a. ¬†

Ediciones La Luz desarrolla en el marco de las festividades, paneles, conversatorios, entrevistas, que propician la necesidad de compartir anécdotas, cuentos, relatos vivenciales, de modo que Virgilio pulula en nuestra luz para no morir y llevarlo como el insomnio, una cosa muy persistente. Su controversial vida y prolija carrera literaria, hacen de los invitados y seguidores de su obra, el punto de giro y el principal foco que ronda en el evento. Este dosier, además de ofrecerles a los lectores un amplio panorama de las actividades, funde a escritores del país en el acto propiamente dicho de la creación y el ejercicio de la crítica.

 

Pi√Īera 110: ¬ŅC√≥mo sobrevivir a un centenario y una d√©cada?

Por: Norge Espinosa

Empiezo a hacerme a la idea de que, en efecto, hace ya una d√©cada nos movilizamos en La Habana, Miami, y otras ciudades del mundo para recordar a Virgilio Pi√Īera en el centenario de su nacimiento. En Miami, en Puerto Rico, en Argentina, en otros cardinales, el rostro de ese hombre al que Bioy Casares retrat√≥ con cara de ¬ęperro flaco de empu√Īadura de paraguas¬Ľ, cuando le conoci√≥ junto a Jos√© Rodr√≠guez Feo (¬ędos maricas cubanos¬Ľ, apunt√≥ en su Diario), se hizo visible entonces con una rara intensidad. En La Habana, donde muri√≥ sin que nadie le llamara para que su rehabilitaci√≥n rompiera el silencio en que se ahogaba, pudimos hacer un festejo que tal vez le hubiera sorprendido. Cost√≥ no poco, pero se consigui√≥, y con Ant√≥n Arrufat a la cabeza de la Comisi√≥n del Centenario, la fecha no pas√≥ por debajo de la mesa. Como secretario de esa Comisi√≥n, fui parte del conjunto breve de personas que tuvo que bajar a tierra la idea del coloquio internacional que se efectu√≥ en el Colegio Universitario San Ger√≥nimo y que trajo a la Isla a estudiosos extranjeros no solo de Hispanoam√©rica, sino tambi√©n de latitudes acaso impensables, llegados desde Inglaterra o Noruega, atra√≠dos por el opaco im√°n del verbo pi√Īeriano.

En realidad, como bien dijo Arrufat, ese coloquio no fue la culminaci√≥n, sino la dilataci√≥n de una serie progresiva de acontecimientos. El gradual retorno de Virgilio Pi√Īera, tras su muerte, ha sido registrado por Dayneris Machado, repasando la prensa cubana y dando pruebas desde ah√≠ de su resurrecci√≥n mediante estrenos, recuperaci√≥n de sus piezas teatrales en nuevos montajes, revistas, y libros que primeramente se dieron a la tarea de dar a conocer los escritos de sus d√≠as finales. Teatro Estudio anunciaba Aire fr√≠o, en 1981. Electra Garrig√≥ era un desaf√≠o que el Ballet Nacional de Cuba y el Teatro Buend√≠a le√≠an, cada cual a su modo, a mediados de la d√©cada de los 80. La Gaceta de Cuba publicaba el √ļltimo relato que aparentemente firm√≥, ¬ęEl crecimiento del se√Īor Madrigal¬Ľ, y una foto del autor se dejaba ver en su portada. El Caim√°n Barbudo rescataba ¬ęOda a la vida viril¬Ľ, por otro lado: un texto del Pi√Īera joven, escrito en sus d√≠as de Camag√ľey. Y en las librer√≠as iban apareciendo Un fogonazo, Muecas para escribientes (sus relatos p√≥stumos), y Una broma colosal, que recog√≠a parte de su poes√≠a no publicada. En enero de 1990 Roberto Blanco estrena por fin Dos viejos p√°nicos (Premio Casa de las Am√©ricas, 1968), y ah√≠ cambia todo.

La D√©cada Pi√Īera nos abri√≥ el camino hacia sus in√©ditos y revisiones m√°s atrevidas, y sum√≥ nuevos homenajes. En 1995, en la Uneac se celebra el coloquio Bar√≥metro de Cicl√≥n, como tributo a la incendiaria revista que Pi√Īera y Rodr√≠guez Feo fundaron en 1955 como francotiradores contra Or√≠genes. En 1997, desde la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z, y tomando como eje el repaso de lo que en ese decenio se hab√≠a acumulado como rescate del legado pi√Īeriano, a trav√©s de nuevos espect√°culos exitosos (La ni√Īita querida, Teatro El P√ļblico; La boda, de Ra√ļl Mart√≠n, y los ecos pi√Īerianos en la estructura de El ciervo encantado, dirigido por Nelda Castillo), nos fuimos a Ciego de √Āvila. Desde la danza, llegar√≠an otras provocaciones: El pez de la torre nada en el asfalto, de DanzAbierta, y Mar√≠a Viv√°n, de Rosario C√°rdenas, entre otras coreograf√≠as de Danza Espiral y Ra√ļl Mart√≠n. En 1999, en la librer√≠a El Ateneo, convocamos a sus fieles para recordarlo a 20 a√Īos de su fallecimiento. Y en el 2002, desde la revista Tablas, el Consejo Nacional de las Artes Esc√©nicas y el Instituto Cubano del Libro, lanzamos el evento Noventa Pi√Īeras, el primero de una serie que rendir√≠a tributo a otros autores de nuestra escena (Estorino, Hern√°ndez Espinosa), y que tuvo como colof√≥n la presentaci√≥n de los Cuentos completos de Pi√Īera, dentro de la colecci√≥n Ateneo del Fondo para el Desarrollo de la Cultura. Recuerdo todo eso (y muchas otras celebraciones y di√°logos pi√Īerianos) porque en esos di√°logos y mesas me cruc√© con personas memorables, desde las que ya conoc√≠a y apreciaba, como el inefable Juan Pi√Īera, sobrino de Virgilio, hasta Ana Mar√≠a Mu√Īoz Bachs, Humberto Arenal, Enrique Pineda Barnet, Ver√≥nica Lynn, Yonny Ib√°√Īez, y tantos otros, que me permitieron entender m√°s a fondo a ese hombre inc√≥modo, de quien me cont√≥ las primeras revelaciones su disc√≠pulo Abilio Est√©vez. El tributo que le rinde en sus memorias Reinaldo Arenas, a quien Pi√Īera ayud√≥ a revisar el original de El mundo alucinante, es tambi√©n imprescindible en esa recuperaci√≥n, que afortunadamente a√ļn no termina, y dista mucho de ser la l√°pida bajo la cual quedaron tantos ya atrapados.

A la vuelta de cien a√Īos y una d√©cada, lo asombroso es que hayamos sobrevivido ese siglo que tuvo su cierre en el 2012, y que Pi√Īera haya salido ileso de tal celebraci√≥n, sin perder un √°pice de lo que lo caracteriza: esa visi√≥n cr√≠tica, amarga y al mismo tiempo de trasfondo rom√°ntico, que lo une a Cuba, a su historia en una lectura desacralizada, y a los gestos y esperanzas del Cubano, al que retrat√≥ desde el choteo, sus obsesiones m√°s teatrales, y sus obsesiones recurrentes. En el coloquio de ese centenario, Julio Ortega nos record√≥ que Pi√Īera es una figura marginal, algo ya se√Īalado por otros investigadores, pero que en palabras del peruano se volvi√≥ eje de su intervenci√≥n fundamental. Ese subrayado perdura como la imagen de Virgilio que nos leg√≥ el evento y la celebraci√≥n de su centenario en general, libr√°ndolo de haberse convertido en un icono domesticado, en un autor libre de conflictos, en un intelectual desproblematizado, como a ratos sucede cuando se traspasa por ese filtro a otros creadores a los que debemos recordar desde sus interrogantes y no solo desde la ¬ęmala lectura¬Ľ.

Alguna vez el poeta Manuel D√≠az Mart√≠nez cont√≥ que fue a visitar a Pi√Īera en el peque√Īo apartamento donde se mud√≥ tras perder la casa de Guanabo, en N y 27. Virgilio le abri√≥ la puerta en camiseta y bermudas, con el palo de trapear en la mano, pues estaba limpiando en ese momento. Manuel le pregunt√≥: ¬ę¬ŅEst√°s en las tareas propias de tu sexo?¬Ľ, a lo que Pi√Īera replic√≥: ¬ę¬°B√ļrlate! T√ļ no sabes lo que es ser maric√≥n ¬†en este pa√≠s y vivir solo¬Ľ. La an√©cdota es una de esas bromas amargas que lo persiguieron sin descanso: parte de la ¬ęnadahistoria¬Ľ, eso que √©l patent√≥ como concepto para definir los giros y vueltas c√≠clicas, aparentemente in√ļtiles, que nos caracterizan en la vida cubana. Marginal en su obra y en su vida, consciente de la extra√Īeza que encarnaba con su cuerpo magro y su rostro de sabueso, Virgilio Pi√Īera es uno los h√©roes de esa nadahistoria, probablemente a pesar suyo.

No s√© si el 4 agosto de este 2022, cuando los 110 a√Īos de su nacimiento sean una fecha inocultable en nuestro calendario, pensemos en √©l con la misma intensidad con la cual lo hicimos hace ya una d√©cada. En aquel momento, nos ayud√≥ mucho que la mayor√≠a de sus libros fueran reeditados (aunque nos debemos a√ļn una edici√≥n digna de sus ensayos, de su poes√≠a completa, y sobre todo, de su teatro, pieza esencial de su perfil, y que a√ļn espera por una edici√≥n verdaderamente integral). Verlo en las librer√≠as y en los teatros nos confirm√≥ que √©l es un enlace ineludible con una imagen trascendente de lo que somos, as√≠ sea desde su nadahistoria, y que en su obra nos reflejamos y reconocemos. Virgilio en estado puro, solo as√≠ puede calificarse mucho del absurdo que a√ļn nos tropezamos cotidianamente. O lo vemos reaparecer en alg√ļn detalle descacharrante, y al mismo tiempo enternecedor, como aquella entrada de Mercedes, la sobrina de Yonny Ib√°√Īez, que llev√≥ a una sesi√≥n del coloquio del 2012 una jaba llena de los mangos que inundaban el jard√≠n de su casa en Mantilla, aquella que Pi√Īera visit√≥ tantas veces, y a la que √©l acab√≥ rebautizando como La Ciudad Celeste.

En esas mismas p√°ginas donde Manuel D√≠az Mart√≠nez relataba su llegada al apartamento pi√Īeriano, tambi√©n recuerda la √ļltima vez que se lo tropez√≥, en la calle Infanta. Debi√≥ haber sido en 1979, poco antes de su muerte. Pi√Īera le cont√≥ que hab√≠a ido a C√°rdenas, donde naci√≥ en 1912, y que para sorpresa suya los funcionarios de cultura lo hab√≠an agasajado como ¬ęhijo ilustre¬Ľ de la localidad, y lo hab√≠an invitado a dar conferencias. ¬ę¬ŅCrees que esto significa que ya estoy rehabilitado?¬Ľ, le dijo, como prueba de esa asfixia que nunca dej√≥ de acosarlo, mientras le correspond√≠a ver c√≥mo a otros, poco a poco, les llegaba el momento de la reaparici√≥n en p√ļblico. El susto final, que lo sorprendi√≥ en aquel 18 de octubre, no le permiti√≥ saber la respuesta definitiva. Por eso, tambi√©n, es poco todo lo que hagamos para tenerlo entre nosotros. En C√°rdenas, tantos a√Īos despu√©s, frente a su tumba, record√© algunos de sus versos. Porque hay que ir a √©l, a sus m√°rgenes, en lugar de esperar a que venga hasta nosotros. Porque a Virgilio Pi√Īera, 110 a√Īos m√°s tarde, le corresponde al fin saberse reclamado, como un maestro tan inc√≥modo como imprescindible.

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Metamorfósis del autor o cómo nacen las islas

Por: Liset Prego

¬†En el a√Īo de su nacimiento se hundi√≥ el Titanic. La maldita circunstancia del agua por todas partes, dir√≠a. Un barco no es una isla. Virgilio no es una isla, pero quiere serlo.

Ha viajado, traducido a su amigo polaco Witold Gombrowicz, ha escrito, publicado, fundado revistas como Cicl√≥n, una herej√≠a junto a Rodr√≠guez Feo, ha polemizado, lo har√° toda su vida. Ha hecho amigos y enemigos. Ha regresado a su casa y a√ļn no es 1959.

Entonces el país da un vuelco sobre sí mismo y se sacude la sombra del norte, convulsiona, se desprende de la garra. Virgilio escribe. El filántropo y La sorpresa son parecidos a ese tiempo nuevo. Van a escena. Envuelto en la vorágine transformadora de la revolución crea, cree.

Luego Virgilio tiene miedo. Lo ha dicho. Pero sigue siendo Virgilio, el de los Cuentos fr√≠os, ir√≥nicos, absurdos, donde est√°n los ¬ępuros hechos¬Ľ y es suficiente; el de las Peque√Īas maniobras narrando vidas intrascendentes, tan normales, hechas de gestos nimios, tan parecidos a la realidad; el del mito griego reinventado con ingredientes cubanos en Electra Garrig√≥, el del absurdo en El flaco y el gordo. Virgilio-Oscar, el poeta de regreso de Argentina, algo cercano a vencido, el mismo hermano de Luz Marina, anhelante del Aire fr√≠o, protagonista del ciclo infinito de la pobreza de una clase media en perenne agon√≠a.

En √©l irradian el lenguaje aut√≥ctono, la iron√≠a como firma, el humor negro, una causticidad ontol√≥gica, la reinvenci√≥n del teatro cubano, la b√ļsqueda de desmarcarse del cu√≥rum, la vanguardia de la vanguardia. El hombre que ama a un hombre abiertamente en tiempos de puertas cerradas. Ese es Virgilio.

Busca constantemente la experimentaci√≥n. Prueba la f√≥rmula del teatro en el teatro. Reta al p√ļblico, procura la interacci√≥n, provoca. Con Dos viejos p√°nicos gana el premio Casa de las Am√©ricas y es publicado en 1968.

¬ŅSer√≠a la maldita circunstancia, la de su nacimiento, la misma de su vida? Virgilio tiene miedo. C√≥mo no temer. √Čl es la disonancia. A nadie parece gustarle la estridencia de su otredad. Virgilio escribe, escribe como un modo de oxigenarse el alma, aunque en esta √ļltima etapa de su vida nada vaya a escena, nada se publique. Virgilio Atlas. Virgilio carga su isla en peso, la de su apartamento donde n√°ufrago de su propia existencia crea un micromundo al que solo acceden unos pocos, elegidos acaso. Gente con menos miedo, menos grises que los a√Īos que viven.

Virgilio, hacia el final, como Rosa Cag√≠, quien fuera configurada en esa extra√Īa latitud que es ser muert[o] en vida, pensaba en la posteridad. 1979 fue a√Īo atroz, al menos para la literatura cubana a cuyo pante√≥n entraba el dramaturgo, el poeta, el narrador. ¬°Ah, la oscura cabeza negadora!

De Virgilio se podr√≠a decir que ha vivido y‚Ķ escrito infatigablemente, so√Īado lo suficiente para penetrar la realidad.

Tom√≥ a√Īos devolverlo de una injustificada ignominia. M√°s de cuatro d√©cadas han pasado desde su transformaci√≥n. Ahora vuelve a las estanter√≠as, al escenario, a los lectores.

Por eso como en un ciclo perpetuo Virgilio se convierte en isla. Virgilio, frontera del oleaje. Mis piernas se irán haciendo tierra y mar, y poco a poco, igual que un andante chopiniano, empezarán a salirme árboles de los brazos, rosas en los ojos y arena en el pecho. En la boca las palabras morirán para que el viento a su deseo pueda ulular. Después, tendido como suelen hacer las islas, miraré fijamente el horizonte…

  • ¬ŅAs√≠ que era verdad?

Indagar√° el poeta de vuelta eternamente a su √ćtaca. Y entonces las olas subir√°n efervescentes por la plataforma insular de su poes√≠a.

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Virgilio Pi√Īera, un narrador convertido en isla

Por: Alberto Garrandés

1.

Est√°bamos en 1979, a un paso del Gran √Čxodo, y a Virgilio Pi√Īera le dio un infarto y se muri√≥. El Viejo Papagayo Graznador, la criatura enjuiciadora de ¬ęGrafoman√≠a¬Ľ, emiti√≥, como aquel personaje de Samuel Beckett en C√≥mo es, su √ļltimo cuac. Dijo cuac-cuac y dej√≥ de respirar en el acto.

2.

Salvo Jos√© Lezama Lima, no existe otro escritor cubano que haya dejado un reguero de huellas tan dilatado y en permanente expansi√≥n. Huellas que perviven ah√≠ mismo: en el cont√©n de las aceras, en la cola del pollo de poblaci√≥n, en las fiestas de cumplea√Īos, en el tumulto hablador de las guaguas. Donde sea. Sin embargo, tengo la impresi√≥n, cuya verdad ser√° dif√≠cil comprobar, de que es m√°s sencillo ver y admitir las pisadas lezamianas desde fines de los a√Īos 70 hasta hoy, que las pisadas pi√Īerianas. ¬ŅO ser√° que las de Pi√Īera son m√°s sutiles, o que se envuelven en la cotidianidad hasta confundirse con ella? Esta isla se entiende mejor con lo sentimental, lo dramat√ļrgico, y se apega a ciertos lirismos, a la devoci√≥n exaltada.

3.

Nunca se aludir√° bastante a las condiciones en que Pi√Īera hizo su obra en los √ļltimos diez a√Īos de su vida. Algunas personas se incomodan al escuchar eso, no porque sea incierto sino porque se repite mucho: que fue silenciado, que le impidieron publicar, que solo pod√≠a ejercer como traductor, que lo vigilaron y que vigilaron a quienes se reun√≠an con √©l. Pero cuando ocurre algo de ese calibre, donde un escritor queda aplastado por el Peso del Poder (y no cualquier poder, sino un Poder-en-Revoluci√≥n), y el fen√≥meno ni se ventila ni se discute ni se examina a fondo, y tampoco se piden disculpas (como las disculpas que se esperan por la creaci√≥n y existencia de las UMAP), de cierta manera el suceso empieza a parecerse a ese fantasma intemporal que prospera en la reiteraci√≥n, como el padre de Hamlet, armado hasta los dientes y buscando justicia en las almenas del castillo de Elsinor.

4.

El Pi√Īera que muere en 1979 es, me parece, el mismo que en 1942, con solo treinta a√Īos, le dice a Jorge Ma√Īach: ¬ęNo pactar, no capitular, meterse de lleno en la obra es nuestra misi√≥n. La posteridad se encargar√° de confirmar o desmentir¬Ľ.

5.

En ese esp√≠ritu se halla el Pi√Īera de La isla en peso, su m√°s c√©lebre poema, y el Pi√Īera de Cuentos fr√≠os, ese libro solitario y de est√©tica insobornable que aparece en 1956 y donde, quiz√°s por primera vez en la literatura cubana contempor√°nea, hay una auto-revelaci√≥n acerca del hecho de que escribir es un acto de construcci√≥n y presentaci√≥n y no un acto de edificaci√≥n subsidiaria y representativa.

6.

Acabo de hacer una distinción propia de los estudios de poética. De hecho, se trata de un principio de poética, la poética del Viejo Papagayo Graznador. La literatura no refleja nada ni quiere hacerlo. Tampoco se ata a nada. Ella, la literatura de verdad, preferiría no hacerlo, como Bartleby. Un escritor es, entre otras cosas, una tumba anticipada y sin sosiego, para decirlo con las palabras de Cyril Connolly.

7.

En 1964, Pi√Īera publica una importante compilaci√≥n de sus relatos. Ah√≠ los graznidos son m√°s altos. Y en 1963 y 1967, sus novelas Peque√Īas maniobras y Presiones y diamantes, precedidas ambas por un libro rar√≠simo, La carne de Ren√©, aparecido en 1952, donde sin duda hay un di√°logo (yo dir√≠a que ventajoso) con la novela Ferdydurke, de Witold Gombrowicz, traducida en Buenos Aires a fines de los 40 por Pi√Īera y otros escritores.

  1.  

Despu√©s de 1967 no pas√≥ mucho tiempo antes de que llegaran, juntos, el silencio y los Caballeros Oscuros, escoltados por una opini√≥n oficial, tan despreciativa como censora, sobre Dos viejos p√°nicos, la pieza de teatro con que Pi√Īera gan√≥, empero, el premio Casa de las Am√©ricas de 1968. Pero volver√© atr√°s: por aquella misma √©poca de mediados de la d√©cada del 40, cuando al poeta Gast√≥n Baquero se le concede el Premio Nacional de Periodismo ¬ęJusto de Lara¬Ľ, Pi√Īera alude, irritado (y refiri√©ndose a Baquero), a una ¬ęvida muy recta, muy ciudadana, llena de c√≠vicas virtudes /‚Ķ/, pero en todo diferente a aquella vida llena de exilio, silencio y astucia con que Joyce se fortificaba¬Ľ. Baquero: el hombre que participaba en la creaci√≥n de revistas como Espuela de plata y Clavile√Īo. Un poeta crucial.

9.

Exilio, silencio y astucia. He aqu√≠ tres patas para una mesa que no cojea. Que Pi√Īera haya invocado al Joyce del silencio, el exilio y la astucia (y esas palabras son del propio Joyce, puestas en boca de aquel personaje suyo, tan tremendo: Stephen Dedalus), tiene que ver, creo, con esa condici√≥n de pez peleador del escritor que defiende su escritura por encima de todo, a pesar del exilio o gracias a √©l (el exilio es un estado que tambi√©n puede ser muy ondulante y muy metaf√≥rico), a pesar o gracias al silencio (la invisibilidad civil, por ejemplo, en medio de la construcci√≥n de una literatura), y gracias a la astucia de ser un sobreviviente de la penuria, de la homosexualidad y de la riesgosa entrega al arte. Se trata justamente de eso: un escritor fortificado, amurallado, reforzado en esa idea.

10.

En realidad, el Viejo Papagayo Graznador estaba prepar√°ndose para el futuro. Para pronunciar el √ļltimo cuac-cuac. Eso era, en definitiva, lo que o√≠an sus censores, incapaces de percibir otra cosa: un cuac-cuac tan ininteligible que resultaba indecente en tiempos de hero√≠smo. Citar√© con correcci√≥n las palabras de Joyce, que est√°n en Retrato del artista adolescente y que siempre le vienen bien a cualquier escritor que lo sea de veras: ¬ęNo servir√© por m√°s tiempo a aquello en lo que no creo, ll√°mese mi hogar, mi patria o mi religi√≥n. Y tratar√© de expresarme de alg√ļn modo, en vida y en arte, tan libremente como me sea posible, tan plenamente como me sea posible, usando para mi defensa las √ļnicas armas que me permito usar: silencio, exilio y astucia¬Ľ.

11.

La narrativa de Pi√Īera presenta al lector varios dilemas: el de la imposible postergaci√≥n del enjuiciamiento, el de la referenciaci√≥n indirecta de la par√°lisis de lo real, el del desajuste, la obturaci√≥n, el atasco, la agresividad, el desconcierto, el antihero√≠smo, la demostraci√≥n de la p√©rdida, la comprobaci√≥n de que lo √ļnico en verdad s√≥lido es el yo y las confirmaciones del yo.

M√°s en concreto yo prefiero aludir, en el caso de un hombre como √©l ‚ÄĒa quien siempre he visto como ese sujeto que construye tenazmente su yo, que levanta su yo como dentro de un viaje encarnizado dentro de la escritura‚ÄĒ, a la libertad intelectual y a la identidad literaria, a lo deliberado de una personalidad creadora, pues se trata de un escritor donde, en lo concerniente (por ejemplo) al relato en prosa, desde sus inicios conviven esas dos maneras de producir escritura y producir realidad: por un lado, la posposici√≥n cl√°sica, la narraci√≥n que posee estructura cl√°sica ‚ÄĒel discurrir del relato hacia su desenlace, entre personajes, paisajes, acciones y efectos de acciones‚ÄĒ, aunque esa escritura est√© intervenida por lo grotesco, el horror simp√°tico, la crueldad, la somatizaci√≥n de lo inc√≥modo y lo fant√°stico, que son circunstancias de dramatizaci√≥n o des-dramatizaci√≥n concertadas en una l√≥gica singular. Por otro lado, el encapsulamiento de los hechos en un estado de cosas, una composici√≥n como de naturaleza muerta sin estar muerta, en esos textos que Ant√≥n Arrufat ha calificado de ¬ęficciones s√ļbitas¬Ľ y que son, a fin de cuentas, lo contrario de la posposici√≥n, puesto que fotograf√≠an un momento arrancado de su pret√©rito y su futuro presumibles. Textos de una situaci√≥n especial, o que describen la atm√≥sfera de peque√Īos dramas estacionarios, de √≠ndole m√°s o menos epis√≥dica y donde sus elementos constitutivos aparejan una especie de pintura en lo simult√°neo (me refiero a la simultaneidad de muchas de esas prosas, que juntas arman un mundo exclusivo, casi sin parang√≥n).

  1. La convivencia a que aludo ‚ÄĒposposici√≥n cl√°sica y encapsulamiento de estados‚ÄĒ hablan de un escritor proteico que, en apariencia, se desdobla. Ah√≠ ya aparece no una po√©tica doble, sino m√°s bien una po√©tica con dos fases sincronizadas desde (ojo con esto) inicios de los a√Īos cuarenta. Lo dir√© de antemano: al leer los relatos de Pi√Īera estoy releyendo siempre a un escritor del futuro. Y, constantemente all√≠, la precisi√≥n de lo helado (los hechos, siempre los hechos), la expulsi√≥n sistem√°tica del adorno o la abolici√≥n del estilo (met√°fora y estilo, seg√ļn la idea de Proust), en el viaje de la sinraz√≥n y el desorden dionis√≠acos a cierta raz√≥n y cierto orden. No puedo encontrar en sus ficciones ning√ļn atisbo de apego rom√°ntico, de sentimentalidad, de pathos amoroso.

13.

El acatamiento de la riqueza de lo discontinuo, lo inarm√≥nico, lo fragmentario, lo oscuro, lo supuestamente amorfo, pod√≠an conducir y de hecho condujeron a una po√©tica de la discreci√≥n y la sobriedad, o una po√©tica de contornos y entornos realistas, independientemente de su soporte m√°s o menos fantasioso. Pi√Īera emulsiona y acrisola lo real, lo muy inmediato, y despu√©s cuenta historias como si nada. El efecto, cuando menos, es extra√Īo.

Estamos en presencia de una lengua magra que fluye ancl√°ndose con fervor en las frases lexicales y que en no pocas ocasiones se sumerge en una especie de manierismo displicente, donde la sospecha de lo rampl√≥n se articula, an√≥mala, con una idea de lo literario en la cual no comparecen los pactos habituales de la tradici√≥n con lo bello. En ese sentido la belleza de su escritura es muy antican√≥nica. Esa lengua es la de la negaci√≥n y la imagen multiplicable de la negaci√≥n, m√°s el predominio de una l√≥gica (o la aceptaci√≥n de una l√≥gica) donde la voz autoral (o lo que se parece a esa voz) se refiere, m√°s o menos histri√≥nica, al trastorno tragic√≥mico del mundo. Una voz que no pierde jam√°s su histrionismo, de ¬ęLa carne¬Ľ y ¬ęLa boda¬Ľ a ¬ęTadeo¬Ľ‚Ķ de ¬ęEl Gran Baro¬Ľ a ¬ęBelisa¬Ľ‚Ķ de ¬ęNataci√≥n¬Ľ y ¬ęLa monta√Ī¬Ľ a ¬ęEl caramelo¬Ľ, ¬ęSal√≥n Para√≠so¬Ľ y ¬ęF√≠chenlo si pueden¬Ľ. O del sentido del escape del dolor y la lascivia, en La carne de Ren√©, al sentido de la renuencia al compromiso en Peque√Īas maniobras hasta desembocar en esa descacharrante fuga dist√≥pica que presenciamos en Presiones y diamantes.

14.

A prop√≥sito de esa novela, publicada en 1967, es obvio que all√≠ hay un catastrofismo y un ensue√Īo tragic√≥micos, y tambi√©n una advertencia sobre la de-sustanciaci√≥n del esp√≠ritu, si as√≠ pudi√©ramos hablar. De-sustanciaci√≥n. Una advertencia, claro est√°, en un estilo lenguaraz y que est√° contra toda suntuosidad. Por aquella √©poca estruendosa (estruendosa de veras) hab√≠a en Cuba escritores muy h√°biles y fuertes y lectores muy inteligentes, pero tambi√©n hab√≠a funcionarios culturales tocados por la soberbia, ensombrecidos por el ejercicio del desprecio y, al cabo, por una maldad √©pica, consagrada a las tonter√≠as de la idea del compromiso social e inmediato de la literatura.

15.

El denominador com√ļn de la actitud humana en las novelas de Pi√Īera: escapar, desbandarse (por miedo, pero tambi√©n por aversi√≥n), huir, desertar, escabullirse, ocultarse, desaparecer de todo excepto de la literatura, o m√°s bien de lo literario, de ese estado mental que el sujeto podr√≠a elaborar para s√≠. Y resistir hasta el fin. El denominador com√ļn del estilo: objetivismo, austeridad, ausencia (lo dije ya) de lo sentimental (una suerte de estoicismo impasible), impersonalizaci√≥n y facticidad (preeminencia del detalle).

Una voz que declara, con su hacerse y sus fluencias, que la devoci√≥n por la literatura no se determina en la comprobaci√≥n narcisista del yo durante el proceso constructivo de su lenguaje, sino m√°s bien en la adherencia gravitacional de ese lenguaje con respecto a los mundos que funda y los mundos donde interviene. Ese es el campo de fuerza que le sirve a Pi√Īera de territorio de radicaci√≥n y emplazamiento y que, luego de sucesivas lecturas, tiende a convertirse en uno de los n√ļcleos esenciales de sus ficciones.

La inspección desvivida del sujeto.

  1. Pero recuerden ustedes ese maravilloso texto titulado ¬ęGrafoman√≠a¬Ľ. He ah√≠ a Su Excelencia el Viejo Papagayo, un personaje que, colocado en otras perspectivas, podr√≠a burlarse con acierto de las solemnes falsedades, de la cargante machaconer√≠a del realismo l√≥gico, del detritus de la literatura y, a la larga, de quienes creen ‚ÄĒalucinando gracias a discursos encharcados por la m√≠stica de lo ut√≥pico‚ÄĒ que la literatura posee una ¬ęmisi√≥n social¬Ľ.

Y, sin embargo, ah√≠ est√° el personaje de Tadeo, que necesitaba ser cargado en brazos y que le impone al mundo su osad√≠a. Tadeo, el hombre que, como si tal cosa, propaga un mensaje de humanismo entre la comicidad y lo il√≥gico. A Tadeo no le da pena, no siente pudor, no es sentimental. √Čl pide ser cargado en brazos y ya. Es un individuo separado. ¬ŅPero acaso no va el humanismo, hoy, en contra de la l√≥gica de eso que se llama ¬ędesarrollo del mundo¬Ľ? Claro que s√≠.

17.

Nunca he visitado la tumba, en Cárdenas, de ese hombre que amaba el erotismo en su vertiente helenística, el sexo conjeturado es los lujos sudorosos de la varonía, que se dejaba fascinar por la desnudez de la masculinidad y que era un jesuita de la escritura que plantó, para siempre, dos o tres hitos en la cultura de su país. Espero que, convertido en isla, no le falten esas flores sencillas que suelen merecer los mártires.

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Receta para preparar espaguetis a la Pi√Īera

Por: Rubén Rodríguez

La pasta:

Llena una cazuela con la maldita circunstancia del agua por todas partes.

Adiciona un pu√Īado de sal gruesa. La salaci√≥n es un rasgo imprescindible en la cocina virgiliana.

Calienta a fuego alto hasta el punto de ebullición, aunque debes evitar que la marmita pierda el fondo.

En ese momento, vierte para que se cueza un paquete de personajes, entre los cuales se contar√° el propio autor autoinmolado.

Tapa la cazuela y mantenlos coci√©ndose a fuego bajo hasta que est√©n ¬ęal dente¬Ľ. Esto se comprueba tomando un personaje con el tenedor y lanz√°ndole contra la pared: si se adhiere, se encuentra a punto; de lo contrario, requiere m√°s cocci√≥n. Trata de que no se ablande demasiado o se rompa, pues no ser√≠a considerado un personaje de Virgilio.

Para evitar que se peguen o queden chiclosos, pon en el agua donde se cuecen un chorrito de aceite de oliva y unas goticas de vinagre: el √°cido es consustancial a la cocina de Pi√Īera.

No destapes la cazuela durante el proceso; d√©jales hervir y retorcerse en las calientes aguas territoriales. Pero, si lo haces, no te dejes conmover por las s√ļplicas del narrador, o el sujeto l√≠rico para que les saques. Ese es su lugar y deben estar prontos para el servicio del dolor.

Cuando estén a punto, cuela, lava con agua de Evian y reserva.

Bota esa agua turbia; el drenaje del fregadero es el mejor destino para las impurezas sint√°cticas, m√©tricas y dramat√ļrgicas.

La salsa:

Prepara el sofrito con ajo -que es la picardía para el adobo de la carne-, ají -pues debe importarte un pimiento el qué dirán-, cebolla -con la que deberás llorar un poquito sin que te vean-, una pizca de comino -por lo mismo que el pimiento y por su aroma a pubis masculino sin lavar-, una hojita de laurel -¡qué es Virgilio sin laureles!-, una libra de tomates, que deberás transportar dentro de un cartucho confeccionado con papel craft, y este, a su vez en una jabita de yarey o de yute; y una pluma de pato mandarín. Evita quemarla, la pluma quemada le otorga a la obra un insoportable tufo a melodrama.

En el momento oportuno, a√Īade el conflicto y el contexto cortados en juliana y la t√©cnica picada a la jardinera. Revu√©lvelo, sufriendo lentamente, hasta lograr la cocci√≥n adecuada.

Salpimentar con fino humor.

Mezcla con la pasta y ralla encima una barra del mejor absurdo. Mételo en el horno hasta gratinarlo. El absurdo debe quedar como una hermosa pátina dorada.

Si no deseas un plato de pasta ordinario y has pensado tirar la casa por la ventana, te sugiero el picadillo de madre o hermana jamona, bien molidas en una vieja m√°quina de hierro. Revisa las cuchillas para lograr la textura adecuada de la carne molida, que ir√°s mezclando con especias y sacrificio. Elige bien la carne a moler, una madre displicente o una solterona concupiscente, dar√°n al picadillo una consistencia correosa poco deseada.

Si eliges la carne de René, recuerda macerar de un día para otro; si los pies de Flora, que reciban los beneficios de la pedicura.

Adiciona sal y pimienta de Cayena a gusto de los comensales. Recuerda la preferencia del autor por la salaci√≥n… perd√≥n, la salaz√≥n.

Vigila que, durante la preparación, tu cocina se halle profusamente iluminada por esa luz marina que solamente se encuentra en ciudades costeras que hayan visto partir a muchos de sus hijos.

Con la ayuda de una balanza de cocina o la solicitud del bodeguero, al que, seg√ļn la circunstancia, se le habr√°n insinuado las tetas o la verga por sobre el mostrador, cerci√≥rate de que los ingredientes posean el peso de una isla en el amor de un pueblo.

Vuelve a salar.

El plato se sirve frío y se come con miedo, con mucho miedo.

Para los interesados en la ensayística, de las recetas preparadas a partir de enlatados, hablaremos la próxima semana.

¬°Bon appetit!

Una √ļltima recomendaci√≥n: si vas a comer, espera por Virgilio.

Saramago: un siglo de luz

Por: Moisés Mayán

En el espl√©ndido oto√Īo de 2019 cruc√© la frontera apenas perceptible entre Espa√Īa y Portugal en compa√Ī√≠a de unos estudiantes de la Universidad de Salamanca. La tarde anterior cuando me anunciaron que visitar√≠amos algunas aldeas del Portugal profundo en busca de castillos medievales, pens√© de manera instintiva en Saramago. A la ma√Īana siguiente, quedaron atr√°s las dehesas de alcornoques y los campos de olivos de C√°ceres y entramos silenciosamente en tierra lusitana. En la frontera, el c√≠rculo de estrellas de la Uni√≥n Europea nos anunciaba el ingreso a Portugal, sin necesidad de engorrosos tr√°mites migratorios.

Nuestra lengua materna se transfiguraba en los carteles y anuncios de los pueblitos contiguos a la carretera, y el tradicional ¬ębuenos d√≠as¬Ľ ten√≠a que mudarse de pronto al ¬ębom dia¬Ľ. El asunto era, que yo desde el asiento del copiloto, continuaba de forma imperturbable pensando en Jos√© Saramago. Hay un momento en la l√≠nea ¬ęevolutiva del lector¬Ľ donde dejamos, casi sin darnos cuenta, de perseguir libros dispersos para consumir la plenitud de un autor. Por razones que ahora no recuerdo demasiado bien, Saramago fue el primero en mi lista.

Ante el revuelo causado en Portugal por la salida de El evangelio seg√ļn Jesucristo (1991), y gracias a su publicaci√≥n en espa√Īol como parte de la campa√Īa promocional del Nobel, decid√≠ que comenzar√≠a por esa obra. A partir del encontronazo inicial rastre√© como un sabueso cada una de sus novelas. Justo es que reconozca que la Editorial Arte y Literatura aliger√≥ un poco mis pesquisas bibliogr√°ficas publicando adem√°s de El evangelio‚Ķ, Memorial del convento, El a√Īo de la muerte de Ricardo Reis, Historia del cerco de Lisboa, Ensayo sobre la ceguera, Ensayo sobre la lucidez, Las intermitencias de la muerte, El viaje del elefante, In n√≥mine Dei (teatro) y m√°s recientemente Levantando del suelo.

En esas grutas de tesoros que son las librer√≠as de viejo compr√© Todos los nombres con el sello de Alfaguara en cubierta y traducci√≥n de Pilar del R√≠o, y a cambio de un ejemplar de El nombre de la rosa obtuve Ca√≠n, otra novela generadora de m√ļltiples pol√©micas. El hombre duplicado, La caverna, La balsa de piedra, y hasta la inconclusa Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas, no tuve m√°s remedio que leerlas en la pantalla del tablet. Recib√≠ en pr√©stamo Manual de pintura y caligraf√≠a, y oh dolor supremo, al t√©rmino de su lectura tuve que devolverla.

Los relatos de Casi un objeto y El cuento de la isla desconocida, tambi√©n pasaron por mis manos; para ser exacto por mis ojos. Me resultaron pocas las p√°ginas de Las peque√Īas memorias, as√≠ como los apuntes recogidos en Cuadernos de Lanzarote. En fin, no es de extra√Īar que cuando alguien mencion√≥ la palabra ¬ęPortugal¬Ľ mi cerebro de forma autom√°tica remitiera a Jos√© Saramago. En junio de 2021 me top√© con un post de la narradora cubana Dazra Novak, donde recordaba el encuentro que sostuvo Saramago en 2005 con los alumnos del Centro de Formaci√≥n Literaria ¬ęOnelio Jorge Cardoso¬Ľ. De hecho, en la fotograf√≠a, la mano derecha de Saramago descansa sobre el hombro de Dazra, que no imaginaba que llegar√≠a a dirigir el Onelio.

Mientras trato de utilizar todas mis herramientas inform√°ticas para hacerme con una copia de La viuda (Terra do pecado), publicada por un muy joven Saramago en 1947 y que gracias a las gestiones de Alfaguara ha retornado a los lectores, celebro junto a Ediciones La Luz el centenario de este singular novelista nacido en los a√Īos veinte del pasado siglo. Su prosa, un poco densa (es cierto), me reconcilia vez tras vez con la literatura. Cuando sub√≠ aquella ma√Īana de octubre de 2019 al Castillo de Monsanto, a solo veinte kil√≥metros de la frontera y contempl√© la aldea incrustada en granito, los molinos de viento, los olivares y membrilleros, la campi√Īa portuguesa en todo su esplendor, supe que antes, mucho antes, ya hab√≠a estado all√≠.

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Nadie conoce a Pessoa como Saramago

Por: Lourdes Gonz√°lez Herrero

Con algunas obras una tiene una dif√≠cil relaci√≥n, as√≠ me sucede con las de Jos√© de Sousa Saramago. Mientras Ensayo sobre la ceguera me produce desesperaci√≥n lectora, y Levantado del suelo abulia, su novela de 1984, El a√Īo de la muerte de Ricardo Reis me seduce completamente. El ejemplar de Arte y Literatura permanece en mi peque√Īo librero pase lo que pase. He sido una vendedora de libros sistem√°tica, porque no me gusta retener, pero esa genial novela seguir√° all√≠ hasta el final.

Recuerdo que comenzaba a pensar que me ser√≠a posible escribir narrativa justo en aquellos d√≠as en que Joaqu√≠n Osorio me entreg√≥ la novela para presentarla en una Hora Tercia del a√Īo 2001. Su libertad manifiesta me asombr√≥, sent√≠ que el libro estaba escrito con la conciencia de que los lectores deber√≠an participar y ser capaces de descubrir qu√© parlamento correspond√≠a a cada personaje, me sigue fascinando esa complejidad suya que sin duda me llev√≥ a elegir el p√°rrafo indirecto para mis textos, y provoc√≥ que insistiera en dejar bien claro las diferencias entre una voz y otra.

Pero El a√Īo de la muerte de Ricardo Reis es una prueba de lectura: comas seguidas de may√ļsculas en di√°logo del poeta muerto y el iniciado vivo en la poes√≠a; combinaciones de versos de ambos sin se√Īalamientos; dibujados sintagmas que ocultan intenciones.

Y luego, es una novela con superficie y hondura poéticas, como demandaba Ricardo Reis, ese heterónimo de Pessoa que es médico y trabaja en Brasil.

Saramago contin√ļa el mito del poeta. Hace viajar a Reis de regreso a Lisboa cuando se entera de la muerte de Pessoa, y construye una de las mejores novelas inspiradas en personajes de ficci√≥n que ya cuentan con otra vida gracias al poder de la literatura.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†

El enigma de Pessoa queda al descubierto en las p√°ginas de El a√Īo de la muerte de Ricardo Reis, porque el novelista entiende perfectamente el porqu√© de los heter√≥nimos, sabe que Pessoa no se esconde detr√°s de ellos, sino que se expone en sus multiplicidades. El hombre m√ļltiple fue capaz de crear universos literarios diversos, y Saramago entiende y disfruta esa elecci√≥n.

Por qu√© Ricardo Reis y no √Ālvaro de Campos, el ingeniero homosexual, o Alberto Caeiro, que negaba la prosa, o cualquiera de los setenta y dos inventados por Pessoa. No lo sabremos, pero podemos intuir que Reis resultaba cercano a Saramago, c√≥modo a la hora de enfrentarse a esa bilateralidad narrativa.

El ejercicio que realiza el novelista, insert√°ndose justo en el medio de dos historias, para enlazarlas y expandirlas, es perfecto. El ritmo que le imprime para que ambos personajes corran por su patria la suerte que les ha tocado, y sean capaces de amar, dialogar, poetizar, mientras los paisajes detr√°s develan una parte de la historia de Lisboa en 1936, es magistral.

Cuando termino otras lecturas, me acerco siempre a esta p√°gina del libro que permanece en mi librero:

La muerte de Fernando Pessoa le hab√≠a parecido suficiente raz√≥n para atravesar el Atl√°ntico tras diecis√©is a√Īos de ausencia‚Ķ Ahora duda. Fernando Pessoa, o eso a lo que da tal nombre, sombra, esp√≠ritu, fantasma, pero que habla, oye, comprende, lo √ļnico que ya no sabe leer, Fernando Pessoa aparece de vez en cuando para decir alguna iron√≠a, sonre√≠r ben√©volo, y luego se va, no val√≠a la pena haber venido por √©l, est√° en otra vida pero est√° igualmente en esta, cualquiera que sea el sentido de la expresi√≥n, ninguno propio, todos figurados.

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Breve simpatía y afinidad con un escritor estéril

Por: Guillermo Betancourt

Sospecho que la cercan√≠a de los idiomas, al crearnos una sensaci√≥n de ambig√ľedad, es la causa de que seamos tan desconocedores de la literatura portuguesa. El pa√≠s luso es extra√Īo para nosotros, y me atrever√≠a a decir que, ajenos a su vasta historia, hemos encerrado entre par√©ntesis a esa franja de tierra al occidente de la Pen√≠nsula Ib√©rica y, si acaso, nos acordamos alguna vez que el oporto es un vino y que all√≠ se juega muy bien al f√ļtbol. Lo portugu√©s nos resulta, en fin, tan distante como las apagadas melod√≠as del fado o como el sonido pastoso y dulz√≥n que adquieren, en esa lengua, palabras que nos son de sobra familiares.

Pocos escritores nos han hecho violar la especie de Tratado de Tordesillas que seguimos manteniendo los hispanohablantes con ese pa√≠s, y uno de los m√°s notables es sin duda Jos√© Saramago. Creo que este anciano de aspecto apacible, este relojero que se estren√≥ como novelista rondando los cuarenta a√Īos, y que como al descuido se llev√≥ el Nobel de 1998, es uno de los imprescindibles de nuestra √©poca, un autor a quien ser√≠a imposible imitar sin delatarse, y uno de los seres humanos de imaginaci√≥n m√°s poderosa que hayan existido, o al menos de los que se tenga registro.

En una √©poca no muy distante (ya creo que no sucede en igual medida), los libros de Saramago eran entre nosotros best sellers, o al menos as√≠ nos funcionaban. Recuerdo haber le√≠do Memorial del convento, La balsa de piedra, La caverna, Historia del cerco de Lisboa, El Evangelio seg√ļn Jesucristo y algunos otros; todas son novelas formidables, todas son entretenidas y brillantes, pero si hay un libro del autor de Aizinhaga que pudi√©semos nombrar con el feo lugar com√ļn de ¬ęobra cumbre¬Ľ, ese es sin duda Ensayo sobre la ceguera.

Imagino que, en estos √ļltimos meses, en los cuales han cambiado tantas cosas y el mundo ha pasado por su prueba m√°s dif√≠cil desde la Segunda Guerra Mundial, muchos hayan recordado esta novela. La literatura sobre epidemias, aun cuando es propensa a deslizarse hacia catastrofismos efectistas, ha dado grandes obras, como La m√°scara de la muerte roja, de Poe, o La peste, de Camus, pero por alg√ļn motivo tengo una simpat√≠a y una afinidad mayor con Ensayo sobre la ceguera, tal vez porque, incluso siendo un libro muy entretenido (a pesar del t√≠tulo), es tambi√©n una novela que desnuda sin misericordia la gran fragilidad inherente a nuestra organizaci√≥n social, y nos obliga a cuestionarnos cu√°l es el punto (no muy lejano, por cierto), en el cual se pulverizan los valores ¬ęinamovibles¬Ľ que nos definen como civilizaci√≥n.

El argumento es bastante conocido: una misteriosa epidemia de ceguera blanca que se expande por un lugar y momento indefinidos pero que sin problemas podemos asumir como contemporáneos, provoca en poco tiempo unas consecuencias materiales y morales devastadoras. Saramago aprovecha esta situación delirante para mostrarnos lo dependiente que es nuestra condición humana de algo tan en apariencia prescindible como el sentido de la vista. El escenario, que es apocalíptico, convierte a la mayor parte de los individuos en salvajes; mantener el decoro en una situación extrema y sin perspectiva de solución conocida es extraordinariamente difícil, pero no imposible. Los principales personajes (que, por cierto, no tienen nombre), incluso con debilidades eventuales, son la representación de que, hasta en las circunstancias más complicadas, preservar la dignidad es una elección individual, aun cuando acarree consigo sacrificios dolorosos.

Hay aspectos en Ensayo sobre la ceguera que son muy importantes y que no pueden contarse sin sabotear la lectura ajena. Es un libro que, si bien posee una tesis de orden √©tico, un elevado nivel simb√≥lico, que lanza preguntas muy inc√≥modas y en consecuencia puede leerse desde un punto de vista casi filos√≥fico, es tambi√©n, como ya dije, una novela que despierta en quien la lee una curiosidad muy fuerte por conocer el final de la historia; he tratado de bordear lo m√°s posible los detalles que hagan spoiler, pero dir√© para quienes lo lean completo que el misterio llega hasta la √ļltima l√≠nea del libro. Despu√©s el propio Saramago arruinar√≠a el encanto reciclando los personajes en Ensayo sobre la lucidez, otra muy buena novela, pero que, remake al fin, no es comparable con el primer texto, del que, sin ser una continuaci√≥n, tampoco es independiente.

Quienes hayan le√≠do a este escritor, sabr√°n que su estilo es muy peculiar, sobre todo en cuanto a la puntuaci√≥n. Saramago hace caso omiso de la existencia de signos diferentes a la coma y el punto, y ello les da a sus largas oraciones un ritmo a veces risible, que acent√ļa la mordaz iron√≠a que empapa toda su obra. Los largos p√°rrafos, que suelen agotar en otros autores, en √©l fluyen de una manera tan normal que nos asombra; por eso dec√≠a m√°s arriba que imitarlo es pr√°cticamente imposible. La manera en que ubica los di√°logos, siempre una piedra en el zapato para los narradores, es muy ingeniosa y original, tanto que cualquier otra persona que la use atraer√≠a sobre s√≠ los nada agradables focos del plagio.

Es muy probable que Saramago sea un autor sin disc√≠pulos, un ¬ęescritor est√©ril¬Ľ, como se ha dicho alguna vez, si bien ya eso tiene toda la pinta de ser un concepto obsoleto. Por otro lado, las imitaciones no son buenas para nadie. La vida misma, en 2019, quiso copiar su obra. Los resultados han sido terribles.

El indiferente: las flores diamantinas de Marcel Proust

Por: Adalberto Santos

Al recorrer la catedral suntuosa que es En busca del tiempo perdido, no puede uno evitar, por momentos, la sensaci√≥n de v√©rtigo ante la grandiosidad de pasajes, hondura, y magnificencia de esta obra proustiana. Y abrumado y perplejo, se buscan se√Īales, indicios para orientar la mirada fascinada, visitando tentaciones, ensayos, correspondencia de su autor, que siempre nos devuelve, con renovado entusiasmo, al esplendor y deslumbre inicial. Y en esa persecuci√≥n de senderos transitables, se encuentran obras anteriores que, algunas como tentativa y ejercicio, muestran ya la silueta, esbozada, de la alba√Īiler√≠a magn√≠fica desplegada posteriormente.

Una de ellas, recuperada de los extrav√≠os del tiempo es El indiferente, publicada originalmente en 1896, y al parecer redactada en 1893, cuando Proust contaba apenas con veintid√≥s a√Īos y que emparenta con Los placeres y los d√≠as, por ser obras de ejercitaci√≥n, donde se tienta el estilo y esbozan temas, que ser√≠an luego desplegados, ya maduros, en la gran obra proustiana.

A Proust le preocupaba ¬ęno poder decirlo todo¬Ľ. No alcanzar, a trav√©s del lenguaje, esa magn√≠fica exploraci√≥n de temas que luego abordar√≠a. As√≠ que en esta nouvelle, que pr√°cticamente pas√≥ inadvertida entre sus contempor√°neos, y a la que el propio autor no le concedi√≥ mayor val√≠a, trata la ¬ęcristalizaci√≥n¬Ľ del amor en la figura de un ser infame. La historia de Madeleine, joven viuda aristocr√°tica, y su pasi√≥n por Lepr√©, un ser ruin y distante de ella social y moralmente que no le corresponde, escrita en tercera persona desde la perspectiva de su protagonista, Madeleine, y con un cierto amaneramiento desde√Īoso en el trato de los personajes y sus afanes. En esta especie de ¬ęensayo desma√Īado¬Ľ, Proust se decanta y apuesta por un tema que le interesaba: la proyecci√≥n del yo en las relaciones amorosas, predicado por Stendhal, y resumido en que el hombre ¬ęen todo halla pretexto para descubrir en el objeto amado nuevas perfecciones¬Ľ, utilizando el s√≠mil de un ramo de flores lanzado a un agujero salino, y meses despu√©s recobrado en diamantinas fulguraciones de cristal.

Proust, que trata esta aproximaci√≥n amorosa desde una perspectiva casi de comedia moral, lo hace a√ļn de manera superficial, exaltando la visi√≥n amorosa de la protagonista en maridaje con los objetos y paisajes, que ofrecen una sensaci√≥n de excelsa beatitud. Claro est√°, que esta conceptualizaci√≥n del amor basada en la ¬ęcristalizaci√≥n¬Ľ del sentimiento en un ser vil y en plena contradicci√≥n, es una falacia, pues en realidad remite a la proyecci√≥n del yo en el espejo deformado de un ente exterior. No son el refinamiento interior ni el alma virtuosa, ni la gracia reales los que percibe Madeleine en Lepr√©, sino una visi√≥n distorsionada de un anhelo interior, que se alimenta de las propias virtudes para recrear el amor en un otro, que no resulta veh√≠culo de amor per se, sino tramoya de los sentidos, el ¬ęmaya¬Ľ budista que nubla la percepci√≥n por los afanes del alma humana. Claro est√°, que tal acercamiento a lo amoroso no puede ser m√°s que epid√©rmico, pues simplifica las complejas articulaciones y matices de cada ser humano, que tornan en mucho m√°s que una simple simulaci√≥n la aut√©ntica representaci√≥n del amor, elemento que posteriormente Proust desarrollar√° con m√°s detalle y complejidad en su gran catedral de palabras.

Un elemento que resulta interesante, adem√°s de exploraci√≥n del sentimiento amoroso transfigurado en b√ļsqueda y reconocimiento del yo, es la recuperaci√≥n de una experiencia dolorosamente viva para el autor: el asma. Estableciendo un paralelo entre la partida del amado Lepr√© y la angustiante sensaci√≥n de p√©rdida de Madeleine, Proust se permite acotar una peque√Īa reflexi√≥n m√°s que personal sobre este padecimiento, relacionando su sufrir con el del personaje de la joven y la sensaci√≥n de desesperanza y soledad que parece provocarle el sentirse enfermo y solitario en su calvario. Este peque√Īo recordatorio personal salta a la vista en el texto, y muestra que entre las b√ļsquedas de estilo y tem√°tica proustiana, hay elementos muy suyos que inevitablemente confluyeron y fueron asimilados en la b√ļsqueda de ese summum, al que Proust tend√≠a: la b√ļsqueda y definici√≥n del amor, la presencia de su adorada madre que le acompa√Ī√≥ aun en su muerte en dolorosa peregrinaci√≥n, la soledad, el hast√≠o, y la homosexualidad, fantasma que se empe√Īaba en mantener a salvo, quiz√°s por temor a las repercusiones y recepci√≥n de sus historias.

Revisitar obras como El indiferente, considerada joya extra√Īa dentro del cosmos proustiano, nos permite desandar un tanto esos azarosos resortes que se juntar√≠an en la excelsa maquinaria de En busca del tiempo perdido, y acompa√Īar junto a su autor, las fortunas y despojos en la gestaci√≥n de un obra, como esas flores que lanzadas a la sal fermentan su naturaleza en joyas luminosas, que le ha trascendido y forma coro, en su propia luz, dentro de la herencia literaria universal.


Premio Celestino de Cuentos 2022 para Katherine Perzant

La obra ‚ÄúLas mujeres que no amaban a los hombres‚ÄĚ de la holguinera Katerine Perzant fue galardonada este s√°bado con el Premio Celestino de Cuentos, certamen literario que auspicia cada a√Īo¬†Ediciones La Luz, sello de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z en la provincia de Holgu√≠n junto a los j√≥venes miembros de la secci√≥n de Literatura.

El jurado integrado por el reconocido ensayista Alberto Garrandés, la joven escritora Elaine Vilar Madruga, una de las ganadoras del Celestino, y el editor holguinero Adalberto Santos, quien tiene a su cuidado esta colección valoraron en esta oportunidad unos 29 cuadernos inéditos de jóvenes autores representantes de la mayor parte de las provincias de Cuba.

Los evaluadores coincidieron que en ‚ÄúLas mujeres que no amaban a los hombres¬Ľ m√°s all√° de la sugerencia de reorganizar los textos destac√≥ la facturaci√≥n del tipo de escritura que este libro defiende a trav√©s de una voz de elegante sobriedad que pone en pr√°ctica con cierto extra√Īamiento un mundo propio, cuyos personajes buscan explorar sin miedo su paisaje interior y hacer de la existencia cotidiana un territorio para la aventura del conocimiento.

Adem√°s de la posibilidad de ver su texto publicado al amparo de ‚ÄúLa Luz‚ÄĚ, Katerine Perzant recibi√≥ el correspondiente diploma acreditativo as√≠ como una obra original del maestro de las artes pl√°sticas Cosme Proenza, asiduo colaborador del certamen.

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Sobre el texto ganador, la autora explic√≥ a la prensa que el volumen recoge unos 10 relatos en los que se habla de desamor asi como de las angustias de su generaci√≥n, cuentos que escribi√≥ entre sus 20 y 25 a√Īos y reescribi√≥ en tiempos de pandemia, labor a la cual le presta especial inter√©s.

Signific√≥ su orgullo por obtener el Premio Celestino que otorga Ediciones La Luz, sello al que la une muchos afectos y ganarlo a diferencia de otros fue tambi√©n una oportunidad de regresar a ¬ęcasa¬Ľ, pues natural de Velazco muy cerca del poblado de Aguas Claras donde naciera Reynaldo Arenas tiene -justamente- en el Celestino su personaje literario favorito.

Asimismo se conoci√≥ que el cuaderno ¬ęCaras largas, huesos cansados‚ÄĚ mereci√≥ Menci√≥n dado su doble sensibilidad, tanto en la prosa como en los personajes, en los que se evidencia cierta prudencia pero sin renunciar a la emoci√≥n ya que es moldeada en un tono que se torna tan di√°fana como eficaz.

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Como antesala de la ceremonia de entrega, desde el propio sal√≥n Abrirse las Constelaciones se present√≥ de la colecci√≥n Celestino de Cuentos, el volumen ‚ÄúLas fauces‚ÄĚ, de Lourdes Mazorra, Premio 2019, el cual presentado por Adalberto Santos apunt√≥ constituye una propuesta encaminada a la exploraci√≥n interior, cuya prosa queda envuelta en una grumosa incertidumbre que la declara silenciosa y espectadora.

Mientras que de Robert R√°ez se present√≥ ¬ęBustrophilia¬Ľ, texto que de acuerdo con Miguel Montero entra con audacia a la escena literaria y lo hace a trav√©s de una arquitectura linguistica suig√©neris. R√°ez agradeci√≥ al colectivo editorial por el empe√Īo y ley√≥ un fragmento que practicamente impuls√≥ al auditorio escaleras abajo para adquirirlo de inmediato en la libreria Celestino, en la propia sede de la editorial.

Dedicado a los 110 a√Īos del controversial y fascinante escritor cubano Virgilio Pi√Īera, el Celestino de Cuentos que ya dej√≥ abierta la convocatoria para su pr√≥xima edici√≥n en 2023 desarroll√≥ un amplio programa de actividades desde el 15 de junio √ļltimo entre las que se incluy√≥ exposiciones, conversatorios, lecturas y novedades editoriales.


Crónica de un ritual masturbatorio

¬† Rese√Īa narrativa al libro de cuentos para adultos Sexo chatarra, de Mar√≠a Liliana Celorrio

Me acerqu√© con ganas y descubr√≠ su texto. Pasaron a√Īos y siempre que limpiaba el librero rele√≠a, rele√≠a entre otras cosas, a veces inevitables. T√© con lim√≥n, as√≠ tuvieron la gracia de llamar Dulce Mar√≠a Sotolongo y Amir Valle a aquella compilaci√≥n que tanto dio de hablar en el gremio y que descubr√≠ a muy temprana edad, en mi precoz adolescencia, cuando nadie estaba pendiente de lo que devoraba en materia de cine o literatura, y menos mal que as√≠ fue. Ella, que describi√≥ a sus amantes, los reales, los imaginarios, los que idealizaba tal cual sus gustos, me los fue presentando uno a uno en aquel relato contenido en dicha antolog√≠a, antesala de la revisitaci√≥n por la que, como √≠ntima amiga, me har√≠a part√≠cipe ahora en Sexo chatarra. Dedico estos cuentos a sus protagonistas: mis amantes. A los que vendr√°n, los espero en el pr√≥ximo libro. Qued√≥ claro desde la dedicatoria, la cual me remont√≥ enseguida a todas esas ocasiones en las que le√≠ Mujer c√≥mica mirando fotos de hombres.

Ediciones La Luz hizo alardes ante la publicaci√≥n de este libro en 2019, y no es para menos; como todos los ejemplares de este sello, el resultado es admirable en cuanto a formato, est√©tica y por supuesto, de m√°s est√° decir, calidad literaria. Y fue justo de ese modo cuando me lo top√© en las redes, deseando desde entonces poder tenerlo en mis manos para degustar su lectura pl√°cidamente, como los anteriores vol√ļmenes de la autora de Mujeres en la cervecera y Las Hijas de Sade, entre no pocos otros t√≠tulos. Dos a√Īos de tortuosa pandemia demoraron los encuentros de Ferias, la posibilidad de ir a por √©l y mientras tanto de vez en cuando me saltaban en Facebook las im√°genes de Sexo chatarra en manos de colegas holguineros. Pero como dec√≠a mi abuela, quien de paso digo, bien pudo haber sido protagonista de alguno de estos textos, ‚Äúnada llega con m√°s placer que cuando no se espera‚ÄĚ. Estuve entonces invitada a la Feria Internacional del Libro de La Habana y all√≠, en el Sal√≥n de Mayo del Pabell√≥n Cuba, sentada justo a su lado, compart√≠ con Mar√≠a Liliana Celorrio, autora de este compendio de cuentos, tan despojado de formalismos innecesarios y hermetismos ins√≠pidos. Maikel Rodr√≠guez Calvi√Īo hizo de la presentaci√≥n una fiesta y mientras yo, tuve una especie de deja v√ļ en la que me invadieron sensaciones conocidas provocadas por la fuerza de la literatura celorriana.

Llegu√© al libro, y como a todo espacio de confort que habito, dediqu√© tiempo a cada esquina. Convers√© un poco con la Liliana en la foto de contraportada, como evoc√°ndola aquella ma√Īana de presentaci√≥n, o en el sal√≥n de espera de la terminal de La Habana a√Īos atr√°s, cuando se desped√≠a de Julian, compa√Īero de aquel a√Īo en el Onelio donde nunca tuve claro que era hijo de quien se convertir√≠a en una de mis autoras de cabecera. All√≠ tuve el placer de conocerla en persona, y por extasiarme casi pierdo el viaje a Pinar, rumbo a una expedici√≥n. Mariela Varona, otra de las mujeres en mi lista, me dijo: La voz narrativa de Mar√≠a Liliana Celorrio es una tromba de mar. Nadie puede quedar inerme ante la marea de palabras que trae a nuestra orilla. Sus historias sacuden cada rinc√≥n de lo prohibido, de lo que no debe mencionarse. El erotismo y sus pulsaciones, la repercusi√≥n de la conducta privada en lo social, la violencia dom√©stica y varias estratagemas para llenar las carencias afectivas, se mezclan en este libro con otras obsesiones de la autora. Sus personajes retozan o sufren con una pasi√≥n que parece inabarcable. Aqu√≠ hay cuentos que pueden hacer re√≠r y llorar al mismo tiempo. Y el lienzo dorado con pespuntes negros de su fibra po√©tica los convierte en piezas para redecorar. Por su desenfado, Gertrude Stein los hubiese llamado relatos inaccrochables como los del joven Hemingway. Porque son tan aut√©nticos y honestos como la mism√≠sima naturaleza, como trombas marinas y tambi√©n como flujo y reflujo de olas mansas en nuestra conciencia. As√≠ son estos cuentos de la Celorrio, donde hay sexo chatarra y cr√≠menes perfectos contados con el oficio y la potencia que sus lectores necesitan. Entonces, sucumb√≠ ante el poder embriagador de esta narrativa, donde cuento a cuento me acompa√Īaron situaciones un tanto m√≠sticas que solo hicieron m√°s org√°smica su lectura.

Luego del primer d√≠a de Feria en la capital, reencontr√© a una coterr√°nea con la que compartiera algunos a√Īos antes en un evento literario. Juntas nos fuimos a la Casa de la Poes√≠a donde un programa bastante interesante esperaba por nosotras. Ese d√≠a hablamos de Sexo chatarra y compr√≥ dos ejemplares: uno para ella y otro para su novia. Varias veces comenzamos a leer La besadora, ¬°que ganas de leer ten√≠amos!, pero la adrenalina de tantos libros, lecturas, presentaciones, vida nocturna, nos desvirtuaban de llegar a √©l con la concentraci√≥n necesaria. Pero un d√≠a, luego del almuerzo, tirada sobre el sof√° de su cuarto, mientras el frescor de la tarde entraba por el portal abierto hacia el Capitolio, logr√© ver en el libro c√≥mo se besaba con extra√Īos, y sent√≠ ganas de ir a sentarme en un parque y comenzar a escudri√Īar. Fue inevitable pensar en Liliana, acechante en las sobras de un banco. Luego supe que mi amiga hab√≠a podido ya, m√°s calmada, comenzar a leerlo y presa, ahora no pod√≠a parar. Vamos a‚Ķ hab√≠a escuchado en boca de su propia autora, vamos a‚Ķ se enredaba el Coralillo del Sexo chatarra de la Celorrio, mientras la escuch√°bamos en la presentaci√≥n y no pocos desde sus asientos cambiaron de color. Vamos a‚Ķ palabras m√°gicas que entraban por su o√≠do y se dorm√≠an en el pabell√≥n de su oreja para despu√©s despertarle los pulsos. Los poros recib√≠an una lluvia y la piel se estiraba y por una extra√Īa reacci√≥n qu√≠mica se volv√≠a resplandeciente‚Ķ Vamos a singar‚Ķ Pero este no es un libro sobre sexo, no es literatura netamente er√≥tica que existe para removernos la libido, no, hay un equilibrio magistral entre los textos, que inicia con La cadena de oro. Confieso que tuve que releer el cuento m√°s de dos veces para sentir que su esencia me envolv√≠a, en ese af√°n de sentirme abrazada por lo que ans√≠o. El surrealismo en el relato es notable y nunca pude imaginar que semejante mezcla fuese a albergarse entre las p√°ginas de este tomo. Tambi√©n lo l√≠rico de su autora toma partido y resalt√°ndolo con bol√≠grafo encerr√© entre corchetes gigantes el siguiente p√°rrafo: Aprendi√≥ a escribir poemas por la revelaci√≥n de un poeta que profesaba la idea de que la poes√≠a deb√≠a nacer naturalmente como las hojas de los √°rboles, si no, ser√≠a cad√°ver o farsa. Escrib√≠a lo que bajaba de su coraz√≥n hasta su mano, deprisa, palabras como tiernos brotes que despu√©s se desparramaban en cuadernos, cajas de cigarrillos o servilletas.

‚ÄĒA m√≠ me gustan los negros. Siempre me han gustado.

Todas la miramos. No pasaba de ser la mujer correcta, sesenta y tantos a√Īos, casi anodina.

‚ÄĒLos negros no huelen bien. Cuando se ‚Äúcalientan‚ÄĚ huelen a petr√≥leo quemado.

Ahora fue ella la que nos mir√≥, no fue una mirada com√ļn, ten√≠a un leve destello de sabidur√≠a y yo no quer√≠a pasar de algo as√≠. (‚Ķ)

As√≠ se asoma narrando la protagonista del cuento que da t√≠tulo al libro y la naturalidad del discurso es rotunda, presta para que de pronto te asalten las ganas de gritar a todo pulm√≥n: ‚Äúa m√≠ tambi√©n me gustan‚ÄĚ, confieso, aunque tampoco sea muy ducha del g√≥spel ni el blues, ni haya le√≠do a Toni Morrison. Va entonces uno, descubriendo ya en √©ste, el tercer relato del libro, la armon√≠a narrativa de la que les hablaba y me es tan familiar que sonr√≠o, pues, eso mismo intento en mis libros cuando armo un cuaderno, intercalar las intensidades de los textos con el fin de que no haya saturaci√≥n posible al lector. Un grupo de mujeres conversan hasta que dos amigas quedan solas y establecen un di√°logo coloquial sobre los negros y sus bondades. ‚ÄĒPero t√ļ tan blanquita, ¬ŅC√≥mo fuiste a empatarte con un niche? (‚Ķ) En resumidas cuenta lo que ten√≠as no eran penas de amor, sino fuego uterino, hambre de sexo chatarra. (‚Ķ)

El confort, lo digerible y ameno de la lectura te hacen eco de ese acto de antropofagia amorosa y la escuchas decir desde cerquita mientras llena de pasi√≥n se saborea los labios y sonr√≠e: musitaba una oraci√≥n cuando estaba eyaculando dentro de m√≠, yo sent√≠a sus espasmos, su semen limpi√°ndome toda la hojarasca, llen√°ndome de cauces y riachuelos y entonces comprend√≠ el poema de Emilio Ballagas, la sandunga de Lorca, la voz pastosa de Carbonrell, me entr√≥ un patriotismo extra√Īo porque descubr√≠ mi identidad en un instante y en ese instante bes√© la memoria de Fernando Ortiz. Dicen que el amor es la causa perdida entre el sexo y la risa, pero descubres lo antag√≥nico de la frase hacia el final de este cuento, pese a su desgracia no podr√°s evitar re√≠r.

Leer:

El perfecto sexo vs sexo chatarra o la vida es una reverenda mierda…

Deus ex machina se me antoja real y maravilloso y por momentos viajo al Reino de este mundo y Carpentier se me asoma entre l√≠neas, no s√©, quiz√° sea solo producto de mis aberraciones makandelianas. En Ensarta de pescados tuve que detenerme y respirar profundo. Es innegable la relaci√≥n de Liliana con el mar, lo lleva en los genes y en los √ļltimos tiempos yo tambi√©n he sido adoptada por √©l; ¬Ņser√° acaso una estrategia? ¬ŅNos colecciona? Marcela se hab√≠a reconciliado con el mar y so√Īaba mudarse para la costa con su perro Gandalf. La casa de madera estar√≠a cerca del agua y ella podr√≠a corretear con el perro al amanecer y verlo saltar y morder la espuma, a los extra√Īos, esa felicidad no tendr√≠a comparaci√≥n, o√≠r el chirrido de las gaviotas y el sonido del oc√©ano grande y macilento, verde u oscuro, con caracolas y pedazos de conchas partidas (‚Ķ)

Detalla esa escena, ¬Ņacaso no eres capaz de sentir el olor a mar, la brisa golpearte el rostro al punto de saberte ah√≠, saludando a quien pase, como si llevaras toda la vida postrada en la arena? Conforme avanzas en la historia las ganas no se quedar√°n solo a la sombra acechante mientras te revuelcas a su par sobre el camastro, en el fervor del ritual masturbatorio que un extra√Īo invade, su placer ten√≠a que ver con el silencio, el ruido del mar por la madrugada como si se hubiera vaciado de toda podredumbre y en el agua solo quedaran rel√°mpagos de bondad.

El desamor tambi√©n tiene cabida en estas p√°ginas ante La soprano del vestido rojo. Nunca quedamos inerves ante tal sentimiento. The mamadas and the papis llega casi hacia la mitad del libro una vez m√°s con la intenci√≥n de mezclarnos sensaciones y al final, sin darnos cuenta re√≠mos macabramente, sintiendo que somos culpables al recordar ‚Äúmil maneras de morir‚ÄĚ. Un texto fresco, necesario e ingenioso en el libro, como todos. Lamento griego hace un stop para que tengamos tiempo a reposar antes del Mirahuecos, amante con fat√≠dico desenlace como aquel comprador de cuadros de mamadas‚Ķ Confundida llegu√© a pensar en √©l, a cogerle cari√Īo. A esperar que dejara m√°s flores sobre su cama la ma√Īana siguiente, como anunciando el regreso a la ventana cuando se hiciese de noche. Al principio el morbo embriaga con fuerza, pero luego el pulso narrativo de Celorrio convida y bastar√°n tres p√°ginas para querer uno igual para ti. Tranquilas aguas te anudar√° el pecho. Deber√°s cerrar el libro de un tir√≥n y mecer el balance con la intenci√≥n de acomodarte dentro el vaiv√©n las emociones. Y volver√°s a mecerlo, quiz√° con m√°s fuerza Bajo las frondas.¬†

A mi manera, en el men√ļ, es como la especialidad de la casa, oasis donde convergen las intencionalidades del libro. Un recorrido donde los gustos musicales de la autora encierran la provocaci√≥n que traen las canciones y m√ļsicos a las que hace referencia. Siendo el texto m√°s largo de Sexo chatarra el cual transitar√°s sin reparos, bien cabe extasiarse en Caetano, Gal y Mar√≠a Bethania. Fue inevitable no sentirme c√≥mplice ante tales conclusiones y divertida ver c√≥mo se pon√≠an rojos mis mofletes ante la cara de madre, que abanicaba su angustia una tarde de apag√≥n. A veces me gustaba tener monilias, porque eran exquisitas para masturbarse, no as√≠ para templar porque inmediatamente pensaba en enfermedades ven√©reas y era mejor ponerse los √≥vulos (‚Ķ) Record√© que mi amiga hab√≠a puesto este mismo fragmento d√≠as antes en sus estados de WhatsApp alegando las geniales ocurrencias de Liliana. Sin duda alguna ya se hab√≠a devorado el libro.

Leer:

Sexo chatarra: las provocaciones de María

El hijo del sol tuvo la gracia de llenarme de ternura, de ganas. Me encantan los hombres con el pelo largo, y aquí, no solo tiene una trenza infinita, sino que lleva el color de la tierra árida de Centro América, sus antepasados tatuados en el alma y la convicción de amar una sola vez. Tiene que haber tenido todo el propósito su autora para quizá derretirnos, más allá de comprender a la protagonista con sus ansias de contaminar la inocencia de un hombre. Cuando lo vi, un poncho multicolor escondía su espalda maciza y su sexo morado, por eso del cuento de los aborígenes. Era del cantón de los Saraguro y hablaba quechua. Tocaba una flauta que llamaba dulce y dijo se llamaba Inti Yupanqui y que su nombre significaba hijo del sol, yo imaginaba su pelo suelto sobre mis senos, aspirando subrepticiamente su olor de hombre primigenio.  

La homogeneidad del libro es indisoluble y as√≠ se transita entre Traspolaci√≥n (menos intensidad), Mentiras piadosas (m√°s intensidad) otra vez entre mujeres agobiadas por la inopia de los amores; M√°scaras y Los perfectos cr√≠menes del coraz√≥n, enlazados precisamente por las pasiones malditas, terminan de entretejer junto a Diario la diversidad tem√°tica que aborda este volumen, eco poderoso de todas nuestras voces juntas: A√ļn puedo respirar. Soy Borka, la reina del √Āfrica. El monz√≥n del Sur. La piedra del camino. INVENCIBLE‚Ķ

Así se sienten mis manos luego del peregrinaje… 


¬ŅQuieres ser escritor?: Escribe

Entrevista a N√°thaly Hern√°ndez Ch√°vez

Por experiencia propia, puedo decir que El Taller de Literatura Fant√°stica y de Ciencia Ficci√≥n ‚ÄúEspacio Abierto‚ÄĚ o EA, como lo conocen muchos, es una gran familia que abarca toda Cuba. Esa fue la principal raz√≥n que me llev√≥ conocer a la joven escritora matancera N√°thaly Hern√°ndez Ch√°vez, a quien conoc√≠ por uno de sus seud√≥nimos: N√°thaly Vega. Podr√≠a comenzar a enumerar sus premios y t√≠tulos, pero creo que nada de eso es m√°s importante que el p√ļblico conozca su obra, tanto la literaria como la personal.

N√°thaly, se dice que lo que el escritor lee, sus conocimientos y sus vivencias influyen en su obra. T√ļ eres Licenciada en Periodismo de profesi√≥n, te desempe√Īas como profesora en la Universidad de Matanzas y al mismo tiempo como promotora en Ediciones Aldab√≥n. ¬ŅHan influenciado tu profesi√≥n y el trabajo de promoci√≥n en tu obra?

A mi profesi√≥n de periodista le debo el que me acostumbrara a escribir regular, disciplinadamente y para otros. Comenzar la carrera de periodismo y unirme a mi primer taller literario provoc√≥ que tuviese acceso a literatura especializada y pudiera ampliar mis horizontes intelectuales. Me aport√≥, adem√°s, una seguridad para escribir que no logr√© antes; cuando ser escritora no era m√°s que un sue√Īo de la infancia, en apariencia imposible. De mi quehacer literario devuelvo al periodismo por las v√≠as de la ense√Īanza: de las asignaturas que imparto en la Universidad de Matanzas, mi favorita es T√©cnica y estil√≠stica narrativa. Incontables t√©cnicas de la ficci√≥n me han ayudado a la ahora de ense√Īar osugerir distintas maneras de pensar y escribir el periodismo.

La promoci√≥n me ha servido para sensibilizarme m√°s con los procesos de producci√≥n y venta de un libro. La mayor√≠a de los autores se mantienen ajenos de tales procesos y le pierden la pista a su libro una vez publicado. Yo he tenido suerte de poder interactuar con las personas que los editan, encuadernan, presentan y los venden. Tal experiencia me hace agradecerles y apreciarlos. Son peque√Īos h√©roes an√≥nimos que hacen posible que el libro llegue a manos del p√ļblico. Ser promotora me ha ayudado a acercarme m√°s a otros autores de mi generaci√≥n, compartir con ellos la experiencia de publicaci√≥n de sus primeros libros, sentirme feliz de sus √©xitos como si fuesen m√≠os. Es un trabajo para quienes aman la literatura.

Eres miembro de los talleres de literatura Cintio Vitier, Grafómanos y Espacio Abierto. Cuéntanos un poco de qué representan o han representado estos talleres en tu crecimiento como persona y escritora.

Los talleres han sido vitales para convertirme en escritora. Sin ellos no hubiese llegado tan lejos. A diferencia de muchos que escriben durante a√Īos hasta dar con un tutor literario o un taller que los ayude a pulirse, yo no hab√≠a escrito m√°s que poemas aislados antes de entrar a mi primer taller. Nunca hab√≠a plasmado las ideas que ten√≠a, apenas si pod√≠a empezar a darles forma. En el Cintio Vitier me volv√≠ poeta de verdad. Los Graf√≥manos fueron la continuaci√≥n de un proceso donde, junto con otros j√≥venes veteranos del taller, pasamos a hacernos responsables de nuestra escritura en un doble papel de aprendices y de consejeros para los nov√≠simos que se unieron. Ser miembro del Taller Espacio Abierto es tambi√©n una de las mejores cosas que me ha pasado como autora, me permiti√≥ encaminarme en la CF y F., lograr seguridad para escribir cuentos largos y crecer mucho. Les estoy muy agradecida a los tres talleres y a sus coordinadores, por lo mucho que me han ayudado y ayudan a crecer.

En una visita que hice a Matanzas (cuando nos conocimos en persona) pude ir a la sede de Grafómanos en Aldabón y me encantó lo que hicieron con el local. Háblanos de los proyectos que tienen planificado ustedes los escritores para ese espacio. Tengo entendido que fueron ustedes los impulsores de ese espacio.

El principal impulsor de este espacio fue y es su actual coordinador, Daniel Cruz Berm√ļdez; √©l se hizo cargo de la editorial hace a√Īos cuando estaba cerca de ser desintegrada. Se iba a refundar una nueva cuando las condiciones fueran m√°s propicias. Daniel asumi√≥ ese barco casi naufragado y trabaj√≥ de forma incansable, gestionando medios con la AHS de Matanzas y reconstruyendo el local que esta proporcion√≥, contratando buenos editores y dise√Īadores, fundando el Premio Aldab√≥n, haciendo √©nfasis en la promoci√≥n y la venta. Hoy este espacio es una editorial con librer√≠a, taller gr√°fico y sala de conferencias, sede oficial de Los Graf√≥manos y lugar de referencia para todos los j√≥venes y no tan j√≥venes de Matanzas. En un futuro esperamos tener tambi√©n un caf√© literario. El espacio es reducido, pero se aprovecha al m√°ximo. A los miembros del Taller nos ha servido mucho la sede de Aldab√≥n. Cerr√≥ la √©poca en que √©ramos gitanos y deambul√°bamos en busca de un lugar para tallerear nuestros textos con tranquilidad. La editorial se convirti√≥ adem√°s en nuestro principal apoyo, dispuesta a publicar el primer libro de los miembros del taller si este libro tiene la calidad suficiente. Ese es el mayor voto de confianza a Los Graf√≥manos: la mayor√≠a de mi generaci√≥n cercana ha publicado o publicar√° en alg√ļn momento su primer libro en Aldab√≥n, confiada en la calidad del producto final y en que se har√°n todos los esfuerzos por promocionarlo.

Has ganado varios concursos en poes√≠a, ensayo y cuento tanto de realismo como de ciencia ficci√≥n. O sea, escribes todos esos g√©neros‚Ķ que sepamos. ¬ŅHas incursionado en otros g√©neros literarios, como el teatro, la novela o la literatura infantil, por ejemplo?

No, no he incursionado en ellos. Me interesar√≠a en un futuro acercarme a la literatura infantil, pero quiero hacerlo como lo hice con la CF y F, buscar alg√ļn taller especializado o alguien que me gu√≠e en ese aspecto. El infantil tiene sus formas, c√≥digos, temas y caracter√≠sticas individuales que me parece necesario conocer o al menos familiarizarme antes de intentarlo.

¬ŅQu√© g√©neros literarios prefieres leer y cu√°les o cu√°l escribir? ¬ŅCu√°l g√©nero o tema nunca escribir√≠as?

En cuanto a g√©neros literarios soy bastante abierta. Leo casi todo excepto literatura rosa-er√≥tica y terror, que son los que jam√°s escribir√≠a. Tampoco me veo escribiendo realismo sucio, aunque s√≠ lo leo ocasionalmente. Disfruto escribir tanto el cuento como la poes√≠a. No s√© si alg√ļn d√≠a lograr√© escribir una novela. Mi lejan√≠a y falta de formaci√≥n con el teatro hace muy improbable que alguna vez lo escriba; en cuanto a la cr√≠tica y el ensayo los respeto demasiado para ejercerlos m√°s que de forma especial, solo cuando estoy muy segura del tema: son g√©neros que llevan un conocimiento y una formaci√≥n profundos.

Constantemente leo poes√≠a. Es como la m√ļsica, si paso par de d√≠as sin leer un poema o escuchar m√ļsica me siento extra√Īa. En el pasado fui de leer muchas novelas, pero actualmente y debido a la falta de tiempo me inclino m√°s por leer cuentos, tanto de realismo como de CF y Fantas√≠a. Sin embargo, cuando puedo leo alguna novela hist√≥rica, de CF, fantas√≠a o de realismo de un autor cl√°sico. De vez en cuando leo literatura infantil ‚Äďsobre todo la relacionada a mi trabajo de promoci√≥n‚Äď y me gustan las obras del teatro cl√°sico griego, las de Shakespeare y G.B. Shaw. Leer muchos g√©neros es la causa directa de que me aventure en varios a la vez, porque uno escribe seg√ļn lee. Me gusta cuando termino un libro o saga buscar otro de estilo o g√©nero distinto; mantiene activo al cerebro y es una de las razones por las que nunca me aburro: leer varios g√©neros es como estar frente a una variada mesa buffet que sabes nunca se agotar√°.

Te he visto y escuchado en varios espacios virtuales de la AHS y Ediciones Aldab√≥n, como Colecci√≥n La Brevedad, c√°psulas en las jornadas del Premio Celestino de cuentos de Ediciones La Luz, y en Ivoox. H√°blame de esas experiencias. ¬ŅQu√© te parecen estas alternativas realizadas por la pandemia? Luego de que superemos la pandemia y volvamos a los encuentros presenciales, ¬Ņcrees que desaparecer√°n estos espacios?

Estos espacios son muy beneficiosos a la hora de vencer las barreras espaciales. Durante a√Īos autores de Cuba (en especial los alejados de la capital, que es el lugar donde se hacen en mayor n√ļmero) se han visto limitados a participar en eventos que se desarrollan en todos los lugares del pa√≠s por una cuesti√≥n de log√≠stica. Ahora estas alternativas permiten una mayor participaci√≥n sin apenas costo para quienes convocan los eventos. Aunque nada supera a la presencia f√≠sica, la virtualidad permite mayor promoci√≥n y representaci√≥n de los autores. Mi experiencia ha sido provechosa en estos: he interactuado con personas interesantes de todo el pa√≠s, me ha servido para aprender, he dado a conocer mi obra y conocido la obra de muchos otros j√≥venes ‚Äďy no tan j√≥venes- de gran talento. Soy partidaria de conservar tanto lo presencial como lo virtual; no cambiar unos por otros, sino imbricarlos, que se enriquezcan mutuamente.¬†¬†

¬ŅQu√© otras iniciativas conoces que se hayan realizado y en cu√°les participas o participaste? ¬ŅCu√°l te parece m√°s interesante y por qu√©?

¬†Tengo varias en mente. Una que se me ocurre ahora es la de las Romer√≠as virtuales. Para m√≠, que jam√°s he podido asistir a las Romer√≠as en persona, fue la oportunidad de participar de alg√ļn modo. Lo mismo ocurre con la pe√Īa Contar con la luz, en su versi√≥n de chat de Telegram, donde he podido leer textos de j√≥venes de toda la Isla e incluso pude conocer a Ana G. Ramos, la ganadora del David de Poes√≠a de este a√Īo. Ya que ninguna pudo estar en la premiaci√≥n debido a la pandemia, al menos pudimos coincidir, hablarnos e intercambiar nuestros libros en formato digital.

¬ŅC√≥mo ha sido tu experiencia con la AHS de Matanzas y con Ediciones Aldab√≥n? ¬ŅCu√°les crees que sean sus puntos fuertes y d√©biles para con los escritores?

Ha sido una experiencia buena en general. Cuando varios de mis compa√Īeros del ‚ÄúCintio Vitier‚ÄĚ nos unimos a la AHS, hab√≠a solo un par de miembros de la secci√≥n de Literatura. Nuestro grupo vino a revitalizar esta secci√≥n. No se logr√≥ de la noche a la ma√Īana, pero poco a poco nos hemos acoplado. Con Aldab√≥n la experiencia ha sido muy buena. El rescate de la editorial por parte de quienes la asumieron, tambi√©n demor√≥ su tiempo; pero en pocos a√Īos se han visto los logros, y no es un trabajo terminado porque siempre est√° en constante mejora.

En este √ļltimo a√Īo y medio la AHS en Matanzas no se ha dejado amilanar por las restricciones de la pandemia y sigue promocionando la obra de sus asociados a trav√©s de espacios virtuales y c√°psulas de video promocionales que incluyeron tanto a narradores como a poetas. En ocasiones falta un poco de organizaci√≥n a la hora de concretar proyectos con la secci√≥n, donde ambas partes pongan de su parte; o de integrar nuestra secci√≥n en proyectos conjuntos con las otras, pero hay tambi√©n muchos deseos de hacer y de hacerlo cada vez mejor, que es lo importante.

Eres promotora de la Editorial Aldab√≥n. Sin embargo, para nadie es un secreto que, en Cuba, y sobre todo en las editoriales, la promoci√≥n es casi nula y cuando menos, muy ineficiente. ¬ŅQu√© crees de esta afirmaci√≥n y por qu√© crees que se afirme esto? ¬ŅCu√°l ser√≠a el fallo? ¬ŅCu√°l ser√≠a la (o una) soluci√≥n?

La promoción lleva rato siendo una deficiencia. En ocasiones cuesta hacer llegar los libros más allá del círculo de lectores habituales que asisten a las presentaciones y las tertulias literarias. Para ser promotor cultural, lo primario no es solo conocer las cuestiones técnicas de la profesión, también está en conocer y que te importe aquello que promueves. Mucha gente lo ejerce como un trabajo más, pero para que funcione tienes que estar comprometido con ello. No significa que para ser promotor halla que ser escritor/editor, pero sí tener nociones básicas y un interés genuino por la literatura. Cuando menciono a promotores, incluyo a los vendedores de libros estatales y particulares, quienes en ocasiones muestran un total desentendimiento de la literatura y apenas pueden orientar al lector-comprador. Pero no toda la responsabilidad recae en los promotores, sino también en las instituciones que muchas veces dejan la promoción en el fondo de sus prioridades y le destinan recursos insuficientes.

En el caso de la literatura hay un producto que ofrecer a la hora de promocionar a un autor y este es el libro. Incluso con los aquellos que, aunque no tengan publicaciones propias, pueden verse incluidos en selecciones y antolog√≠as. Una de las fallas actuales y algo en lo que se debe trabajar, es la cuesti√≥n econ√≥mica. La editorial, la instituci√≥n y el promotor tienen que querer vender el libro. Si es infantil, presentarlo en escuelas o actividades infantiles; si es narrativa o poes√≠a para adultos, presentarlo en tertulias culturales o llevarlo a eventos en empresas y lugares donde pueda haber un p√ļblico adulto; si es teatro, venderlo a la salida de una sala de teatro o cerca de una representaci√≥n callejera.

Hay que buscar alternativas y ser creativos. Una soluci√≥n es crear y conseguir respaldo econ√≥mico e institucional para campa√Īas de lectura y promoci√≥n literaria bien organizadas y con metas concretas que puedan lograrse seg√ļn el o los medios que se utilicen. En el caso de Aldab√≥n, nos hemos apoyado en rese√Īas y noticias a trav√©s de Facebook y otras redes, pero sobre todo en la radio provincial de Matanzas, haciendo rese√Īas semanales de un libro de nuestra editorial o del resto de las editoriales matanceras, libros que est√°n a la venta en la librer√≠a adjunta a la sede de Aldab√≥n. La radio es un espacio maravilloso, te permite llegar a un p√ļblico muy amplio, nos alegra cada vez que alguien llega a la librer√≠a a preguntar por un libro que oy√≥ mencionar por la radio, significa que la promoci√≥n dio resultado.

En los √ļltimos a√Īos, varios j√≥venes escritores matanceros han ganado importantes premios nacionales e internacionales, han publicado libros y/o participado en diversos proyectos y espacios literarios de Ciencia Ficci√≥n y Fantas√≠a. Ejemplo de esto son, por solo mencionar dos, Ra√ļl Piad R√≠os y Marien Cabrera, a quienes conocemos muy bien. T√ļ tambi√©n formas parte de esta lista. ¬ŅQu√© ha cambiado o sucedido en Matanzas que, de pr√°cticamente desaparecer del mapa literario en Cuba hace cinco a√Īos, ahora muestra una gran cantera de escritores? ¬ŅPor qu√©, sobre todo, escritores de Ciencia Ficci√≥n y Fantas√≠a?

Es cierto que antes de que mi generaci√≥n comenzara a despuntar en Matanzas hubo un vac√≠o generacional, con autores muy aislados, remanentes de los que emigraron o cambiaron de profesi√≥n. En condiciones normales una generaci√≥n da paso a la otra, pero el ciclo estaba interrumpido. Lo que ayud√≥ a recomenzarlo fueron los talleres literarios. Entre ellos el m√°s fuerte fue el Cintio Vitier, conducido por Yanira Marim√≥n. Antes de este taller, varios de mis compa√Īeros estaban avanzados, hab√≠an asistido a otros talleres m√°s irregulares en cuanto a tiempo de duraci√≥n y seriedad. Para otros como yo, esta fue nuestra primera escuela. Ya fuera para los del primer caso como para los del segundo, el Cintio Vitier ayud√≥ a unirnos y consolidarnos como un grupo, al punto de que una vez nos sentimos ‚Äúgraduados‚ÄĚ del taller decidimos crear uno propio solo para j√≥venes que fueran en serio (al Cintio Vitier asist√≠an personas de todas las edades y algunos asum√≠an la escritura como pasatiempo). Resultado de esto son Los Graf√≥manos, que est√° abierto para los de nuestra edad y tambi√©n para los de la generaci√≥n siguiente, en el recomienzo de nuevos ciclos.

Creo que ahora hay m√°s escritores de CF/F que nunca en toda Cuba, y Matanzas no est√° ajena a este fen√≥meno. El libro digital y la informatizaci√≥n de la sociedad han contribuido a que se lea m√°s ambos g√©neros, a que se tenga acceso a centenares de libros cl√°sicos, pero sobre todo de contempor√°neos. La CF y F todav√≠a son recientes en Cuba, comparadas con los otros g√©neros, y es natural que atraigan a los m√°s j√≥venes por sus contenidos y posibilidades creativas. Ambos son muy llamativos para el grupo de nov√≠simos narradores matanceros que rondan los veinte a√Īos, quienes aparte de la literatura tambi√©n se les acercan mediante el anime, los videojuegos y el cine.

¬ŅQu√© crees de la Ciencia Ficci√≥n y Fantas√≠a que se ha hecho y hace en Cuba? ¬ŅC√≥mo ves el futuro de la CF y F para la post pandemia?

Desde que Oscar Hurtado introdujera el g√©nero en Cuba se ha contado con figuras puntuales, pocos autores en comparaci√≥n con los de otros g√©neros. Estos pioneros fueron muy incomprendidos y son los que labraron un camino a trav√©s de las editoriales y el gusto popular. En las √ļltimas d√©cadas el n√ļmero de autores va en ascenso. Actualmente coinciden veteranos de la CF y la F, autores maduros, y j√≥venes promesas, por lo que creo que es uno de sus momentos m√°s interesantes y mejores en Cuba. El futuro de la CF y F post-pandemia me parece muy esperanzador, el g√©nero tiene menos de un siglo escribi√©ndose en el pa√≠s y sin embargo cada vez este cuenta con mayor difusi√≥n y aceptaci√≥n sin llegar a√ļn a ser un g√©nero de consumo masivo, como ocurre en otros pa√≠ses. La CF ense√Īa que el futuro puede ser ¬Ņpronosticable?, la fantas√≠a muestra que puede ser imprevisible. Solo nos queda esperar para verlo con nuestros propios ojos. Me parece que, aunque la CF y F sufran sus normales altibajos en algunos per√≠odos, la direcci√≥n va en un constante hacia arriba y adelante, en direcci√≥n a las estrellas.

En tu experiencia como miembro virtual (hasta el momento) de Espacio Abierto, te hemos visto como promotora de la literatura y muy participativa en las actividades del taller. ¬ŅQu√© piensas de este taller? ¬ŅCu√°les crees que son sus puntos fuertes y d√©biles? o ¬Ņqu√© deber√≠an mantener y qu√© mejorar?

Me parece que Espacio Abierto es un proyecto muy especial, del tipo que generan cambios reales y perdurables. Algunos de sus miembros se han mantenido desde el principio, otros siguieron rumbos propios, otros nos incorporamos despu√©s, algunos incluso pasaron al nivel de meros miembros a volverse coordinadores (T√ļ, Abel, eres un buen ejemplo). En sus √©pocas dif√≠ciles se mantuvo solo gracias a la dedicaci√≥n de unos pocos y si ahora est√° en momento tan bueno es gracias a aquellos que lo sostuvieron durante los malos. Todas estas experiencias acumuladas lo convierten en m√°s que una escuela, en una familia.

Sus puntos fuertes están en lo abiertos que son, como el nombre lo indica. Cualquiera que demuestre un serio interés en la literatura de CF y F. puede unirse.  También en el nivel de profesionalidad y diversificación; la primera a la hora de corregir y comentar los textos que se leen en el taller, la segunda en los ejercicios individuales y conjuntos, los retos constantes y en cómo se desarrolla la vida del Taller en general. Los puntos débiles en su mayoría escapan de la mano de sus coordinadores: tener más apoyo y respaldo económico, condiciones para que el evento teórico cuente con una sede específica, recursos, etc. Constantemente los coordinadores deben disponer de sus propios medios para sostener el evento, algo abusivo para ellos si consideramos cuánto trabajo hacen de por sí. Con más recursos se les podría aligerar la carga e incluso se podrían generar más encuentros, conferencias y toda clase de actividades en que pudiéramos incluirnos de forma presencial autores de toda Cuba. Pero bueno, con los medios actuales se ha hecho lo mejor posible, y es muchísimo.

¬ŅCu√°les son tus influencias en la literatura? Autores, libros, etc.

Mis influencias en la literatura han sido en los inicios causa del azar. Siempre fui de leer todo lo que me cayera en la mano, fuera adecuado a mi edad o no. Los libros que primero recuerdo son una mezcolanza entre Julio Verne, Salgari, Oscar Wilde, Edgar Alan Poe y Gabriel García Márquez; con libros infanto-juveniles como Corazón, El principito, La edad de oro y La noche. Desde siempre he sido entusiasta de la mitología y las leyendas de todo el mundo. Me encanta la historia y la fantasía, todavía hoy me entretengo en traducir metáforas o buscar puntos de contacto entre los mitos. Leía por etapas, en una época me daba por los novelistas europeos de entre el siglo XVII y el XIX; en otra época por los norte y latinoamericanos del siglo XX; en otra por la poesía hispanoamericana; en otra por la poesía asiática o por la árabe, y así sucesivamente. Mucho de esto dependía de un acceso escaso y arbitrario. Muchas veces releía los mismos libros por no tener nuevos, pero desde que tuve medios para leer en digital literalmente se me abrió el mundo y he recuperado el tiempo perdido en cuanto a lecturas.

Me han impactado, más que influenciado (creo) narradores del realismo como Alejandro Dumas, Hesse, Dostoievski, Wilde, Hemingway, Faulkner, Carson McCuller, Fitzgerald, García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Quiroga, O Henry y Robert Graves. Narradores de ciencia ficción y fantasía como Verne, R.L. Stevenson, Asimov, Poe, Heinlein, Phillip K. Dick, Orson Scott Card, Úrsula K. Le Guin, Tolkien, Terry Pratchet y G.R.R Martin. Poetas como Rilke, Baudelaire, Kavafis, Tagore, Omar Khayyam, Pessoa, T. S. Eliot, Keats, Whitman, Ezra Pound, Yeats, Miguel Hernández, Cintio Vitier, Delfín Prats, Dulce María Loynaz y José Martí.

Aunque no tengo autor favorito les tengo un cari√Īo muy especial a Shakespeare, a Borges y Bradbury. Considero a Ray Bradbury mi Maestro literario, ese con el que un escritor se siente identificado, que le marca el estilo de por vida, el mismo que me desesper√© por encontrar durante a√Īos hasta que lleg√≥ a m√≠ de forma casual. No he le√≠do nada suyo que no me encante. Lo que m√°s me une a estos autores es la total admiraci√≥n por su obra; y, en el caso de Borges y Bradbury, la bibliofilia y el amor al acto de la escritura.

De las voces cubanas actuales que conoces, conocidas o no por el p√ļblico o cr√≠tica, ¬ŅCu√°les de ellas recomiendas?

Me gustan los cuentos de Emerio Medina; los poemas de Luis Manuel P√©rez Boitel, Jes√ļs David Curvelo, Sergio Garc√≠a Zamora, Giselle Luc√≠a Navarro y Milho Montenegro; narradores del g√©nero fant√°stico y CF como Carlos Duarte, √Ālex Padr√≥n, Elaine Vilar Madruga, Malena Salazar Maci√° y Ra√ļl Piad. Esto solo por citar. Nuestro pa√≠s es muy rico en escritores de todos los g√©neros. En las p√°ginas de la revista digital Korad[ii] he le√≠do textos maravillosos de j√≥venes ganadores/ menciones del Oscar Hurtado que a√ļn no tienen libros publicados o tienen solo uno o dos. Si no conociera esta revista digital me los hubiera perdido, ello solo es un ejemplo de la buena literatura que se queda dentro de un c√≠rculo peque√Īo de lectores.

¬ŅQu√© libro, o libros, quisieras haber escrito?

La lista es largu√≠sima, incluye casi toda la obra de Borges y Ray Bradbury, el teatro de Shakespeare, los poemarios de Pessoa, Kavafis, Rilke y Ezra Pound, la trilog√≠a de El se√Īor de los anillos de J.R.R Tolkien o La Saga de Ender de Orson Scott Card. De libros espec√≠ficos pondr√© solo algunos ejemplos: El tambor de hojalata de G√ľnter Grass, El lobo estepario de Herman Hesse, Hojas de Hierba de Walt Whitman, Cien A√Īos de Soledad de Gabriel Garc√≠a M√°rquez, El coraz√≥n es un cazador solitario y Reflejos en un ojo dorado, ambos de Carson McCuller, La tierra bald√≠a de T. S. Eliot, Historias de cronopios y famas de Cort√°zar, El Gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, Un mundo feliz de Aldous Huxley o La mano izquierda en la oscuridad, de √örsula K. Le Guin.

Si te dieran el poder de eliminar un libro, o varios, de la historia ¬Ņcu√°l ser√≠a y por qu√©?

Para serte sincera, aunque hay libros e incluso géneros que me desagradan, nunca haría uso de ese poder ni me gustaría que nadie lo tuviera. Siendo una fiel seguidora de Bradbury, el creador de Fahrenheit 451, me parece que todos y cada uno de los libros merecen existir. Fueron muestra del pensamiento y el trabajo de alguien, probablemente le gustaron a alguien, aunque solo fuera a quien lo escribió. Lo que hacemos es un reflejo de nuestra vida: la Humanidad mostrándose desde lo sublime hasta lo ridículo. Borrar algo de ese registro sería negarnos a nosotros mismos como un todo.

¬ŅEn qu√© proyectos andas en estos momentos?

Tengo varios a medio hacer, pero no me gusta hablar de ellos hasta que no est√©n terminados. Por ahora escribo, leo y estudio constantemente; y espero a que salgan mis dos primeros libros: el de poes√≠a, titulado La hora violeta, que debe publicarse por Ediciones Aldab√≥n el pr√≥ximo a√Īo, y el de cuentos que gan√≥ el David, Las azules colinas de Europa. No puedo esperar a tenerlos en mis manos, poder palpar sus portadas, pasar las p√°ginas, abrirlos y cerrarlos, solo para volverlos a abrir. Son ansias de primeriza, supongo.

¬ŅCrees que los premios validen o legitimen a un escritor? Si tu respuesta fuera negativa, entonces, ¬Ņqu√© legitima o valida al escritor?

Mi respuesta ser√≠a s√≠ y no. Es indudable que los premios otorgan validez social, y son un importante medio de promoci√≥n. Hasta que no gan√© el David muchas personas no me conoc√≠an; otras s√≠ me conoc√≠an, pero no como narradora. No se puede negar la visualidad que otorgan los premios: abren oportunidades y aseguran que la gente se interese por tu obra. Al mismo tiempo, los premios no son todo en cuanto a validez, el lector com√ļn y la cr√≠tica tambi√©n tienen mucha voz en esto porque ¬Ņde qu√© te sirve ganar un concurso si a nadie le gusta c√≥mo escribes? Pocas cosas me hacen tan feliz que el que alguien me comente que le ha gustado un texto m√≠o. Significa que mi trabajo tuvo una utilidad para alguien, que le proporcion√≥ entretenimiento, placer est√©tico, o lo hizo reflexionar. Esa una alegr√≠a casi infantil, c√°lida, luminosa, y es una alegr√≠a tanto o m√°s grande como la de ganar un premio.

Si tuvieras que dar cinco o m√°s consejos, o un dec√°logo, a j√≥venes escritores como t√ļ sobre el hermoso oficio de escribir, ¬Ņcu√°l ser√≠a este?

Ocho consejos. No son originales, pero son los que m√°s me han ayudado:

  1. 1- Lee y sigue leyendo. Lee constantemente, pero no lo hagas una obligación. Mantenlo como un placer que además te es productivo. Si lo que lees ahora mismo no te motiva, busca el libro o el género que sí lo haga. Es mejor librarte de los prejuicios y estar abierto a aventurarse con toda clase de géneros literarios. Puede que te lleves algunas sorpresas. Cualquier experiencia aporta conocimiento si sabes aprovecharla.

  2. 2- Mantente activo en acci√≥n y en mente. Solo caminar o cualquier otro ejercicio f√≠sico sencillo te har√°n bien tras largas horas sentado(a) en el acto de escribir. Descansar a intervalos gasta tiempo, pero ahorra cansancio. Si mantienes la mente activa tampoco te faltar√°n ideas. Aprender a diario peque√Īas dosis sobre otras manifestaciones del arte, sobre historia, ciencia y cualquier tema de inter√©s, har√°n que siempre tengas algo sobre lo que pensar, y s√≠, sobre lo que escribir.

  3. 3- Crea tus propios hábitos de escritura. Casi todos los escritores recomiendan los suyos propios, prueba los que puedas hasta que encuentres aquellos que funcionan para ti: trata, equivócate, cambia, innova. Los resultados varían en cada persona.

  4. 4- S√© paciente y constante. La literatura lleva mucho esfuerzo y durante un tiempo indefinido no se ver√°n los resultados o estos ser√°n magros. Qui√©n se dedique a esta profesi√≥n debe tenerlo presente. Pasan a√Īos entre el momento en que comienzas a escribir seriamente y el que puedes verte publicado. Es una carrera de resistencia, no de velocidad.

  5. 5- Haz vida literaria. Ir a eventos te√≥ricos, lecturas de poes√≠a, talleres de escritura, pe√Īas y tertulias art√≠stico-literarias, etc., puede enriquecer tu obra y visi√≥n de la literatura m√°s cercana en tiempo y espacio. Conocer a escritores consagrados y a j√≥venes aspirantes, a editores y promotores, te permite acercarte al mundo editorial y conocer su funcionamiento. Aprender√°s de ellos y esa experiencia te ser√° √ļtil para adquirir madurez como autor(a) y a la hora de publicar tus textos.

  6. 6- Ponte metas a la hora de escribir, como una cierta cantidad de palabras o p√°ginas al mes. Ray Bradbury dec√≠a que, si escrib√≠as un cuento a la semana, al terminar el a√Īo tendr√≠as 52, y que era muy dif√≠cil escribir 52 cuentos malos seguidos. La pr√°ctica te ayudar√° a pulirte. Eso s√≠, de lo que escribas no todo ser√° publicable. De 100 poemas, a lo mejor 30 o 50 lo son, con los cuentos o los cap√≠tulos de las novelas ocurre igual. Pero es mejor exceso que defecto, en estos casos.

  7. 7-Ten siempre a mano una libreta o un blog de notas, puedes usar incluso un celular o una computadora port√°til. Anota cualquier idea, por insignificante que parezca. Lo m√°s probables es que si no las anotes, las olvides despu√©s. Describe tu ambiente, conecta ideas que en apariencia no tengan relaci√≥n. Acost√ļmbrate tambi√©n a anotar tus pensamientos e impresiones, o frases dichas por otros, palabras que te llamen la atenci√≥n o que desconozcas. Todo puede ser el germen de una buena historia.

  8. ¬†8- Lee tus textos con ojo cr√≠tico. Reescribe. Autoedita tus textos. Por muy buenas que parezcan las ideas, no se van a escribir solas. Ponte metas, ponte a trabajar. Todo el conocimiento te√≥rico-literario del mundo no te servir√° de nada si no lo pones en pr√°ctica. Aprendes m√°s creando tu propio estilo que memorizando los de otros. ¬ŅQuieres ser escritor? Escribe.

 

Nota:

[i] En la foto (de Izquierda a derecha) Marien Cabrera, Ra√ļl Piad R√≠os, N√°thaly Hern√°ndez Ch√°vez, Mar√≠a Elena Heern√°ndez y Abel Guelmes Roblejo, Matanzas, Cuba.

[ii]https://korad.cubava.cu/


¬°Hay un nuevo Celestino!

Después de varios días de tenaz presencia en las redes, de compartir contenidos diversos, desde audiolibros, videocuentos, paneles y talleres de técnicas narrativas, presentaciones de libros y lecturas, ya hay un nuevo Celestino.
Dazra Novak, Emerio Medina y Rafael de √Āguila integraron el jurado de la vig√©simo segunda edici√≥n del Premio Celestino de Cuentos, convocado por Ediciones La Luz y la secci√≥n de Literatura de la AHS en Holgu√≠n. Ellos decidieron, de entre m√°s de 50 obras en concurso, declarar ganador al cuaderno ‚ÄúBumbos‚ÄĚ, de la autor√≠a de H√©ctor Leandro Barrios, ‚Äúpor lograr de manera acertada y sostenida el tono adecuado que dota de cohesi√≥n, organicidad y car√°cter sist√©mico un volumen de cuentos que se destaca por el cuidado y correcci√≥n del lenguaje, la madurez de las historias y el af√°n por lograr cierta originalidad de estilo‚ÄĚ.
El ganador, además del premio en metálico, una pieza del ilustre artista plástico holguinero Cosme Proenza y el certificado acreditativo, verá su libro publicado en el sello que funge como entidad convocante y abrazará uno de los premios para jóvenes narradores, más anhelados en Cuba.
El jurado determin√≥, adem√°s, de forma un√°nime, ‚Äúpor el consistente empleo del lenguaje y la solidez de las historias, otorgar la primera menci√≥n a la obra Happy Ballantine’s‚ÄĚ, de Katherine Perzant. Recibieron igualmente menciones Own Corner,¬†de Erian Pe√Īa, y Levitando, de Darcy Bo.
Tras dar a conocer los resultados del Premio, el comit√© organizador del evento lanz√≥ la convocatoria del Celestino en su edici√≥n vig√©simo tercera para 2022, a√Īo en el que adem√°s se estar√° celebrando un cuarto de siglo de vida de Ediciones La Luz.


La brevedad: Huevos de dinosaurio (dossier+ fotos)

Breve recuento (de la no tan corta historia) del cuento breve en América Latina

Por: Erian Pe√Īa Pupo

Julio Cort√°zar en ¬ęEl cuento breve y sus alrededores¬Ľ, texto incluido en √öltimo round, de 1969, y que condensa, de alguna manera, su opini√≥n sobre el tema, escribi√≥ que ‚Äúel gran cuento breve (‚Ķ) es una presencia alucinante que se instala desde las primeras frases para fascinar al lector, hacerle perder contacto con la desva√≠da realidad que lo rodea, arrasarlo a una sumersi√≥n m√°s intensa y avasalladora‚ÄĚ. De un cuento as√≠ ‚Äúse sale como de un acto de amor, agotado y fuera del mundo circundante, al que se vuelve poco a poco con una mirada de sorpresa, de lento reconocimiento, muchas veces de alivio y tantas otras de resignaci√≥n‚ÄĚ, a√Īadi√≥.

Muchos de estos cuentos‚Äēcomo los incluidos en Historias de cronopios y de famas‚Äēconvierten a Cort√°zar en uno de los paradigmas de lo que muchos investigadores han llamado minificci√≥n y que abarca categor√≠as y clasificaciones tales como minicuento, microcuento, ficci√≥n breve, cuento breve, microtextos, microficci√≥n, nanoficci√≥n, microrrelato, entre otros; este √ļltimo defendido por la cr√≠tica cubanoestadounidense Dolores M. Koch en El micro-relato en M√©xico: Torri, Arreola, Monterroso y Avil√©s Fabila, primer libro en habla hispana sobre el tema.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Clasificaciones aparte, todos coinciden en caracterizar a este g√©nero‚Äēel cuarto de los narrativos, luego de la novela, la nouvelle y el cuento‚Äēpor su brevedad, su condensaci√≥n, su car√°cter proteico, metaficcional e h√≠brido, y el uso de la elipsis; adem√°s, la iron√≠a, el humor, el sarcasmo y la parodia por un lado; y rasgos estructurales como la fractalidad, la epifan√≠a, los finales abiertos, la hipertextualidad y los espacios vac√≠os, por el otro. Todo ello partiendo de una amplia tradici√≥n (par√°bolas, f√°bulas, aforismos, haik√ļ, greguer√≠as, vi√Īetas) y m√°s cerca, en el siglo xix, de la portentosa literatura del estadounidense Edgar Allan Poe, quien en ¬ęUnidad de impresi√≥n¬Ľ, escribi√≥ que buscaba una obra que se definiera por su brevedad, su impacto est√©tico y por ser un acto de lectura ininterrumpido, y que as√≠ se separara de la novela.

Es curioso como en un continente barroco dado a la desmesura y a las grandes narraciones, a la sombra de los diversos ismos y del boom latinoamericano, y antes de los influjos precursores de Juan Rulfo y Alejo Carpentier; que recoloc√≥ la mirada y ejerci√≥ (a√ļn ejerce) influencia en varias generaciones de autores no solo del continente, el cuento breve haya gozado de tal suerte desde los a√Īos en que el modernismo abander√≥ la obra de autores como el nicarag√ľense Rub√©n Dar√≠o y los sudamericanos Leopoldo Lugones y Horacio Quiroga. Sobre todo este √ļltimo, nacido en Uruguay, aunque realiz√≥ su obra en Argentina, considerado uno de los maestros del cuento latinoamericano, ejemplo de una prosa naturalista y modernista, que desde la selva de la provincia de Misiones enfrent√≥ en sus historias a la naturaleza y al hombre. Y all√≠ mismo, en Argentina, el influjo de Macedonio Fern√°ndez llega a Jorge Luis Borges, fabulador por excelencia y creador de una de las cosmogon√≠as m√°s atractivas e inimitables, y quien, junto a su compa√Īero de aventuras literarias Adolfo Bioy Casares recopil√≥ Cuentos breves y extraordinarios, donde antologan relatos de entre dos p√°ginas y dos l√≠neas.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

¬ŅQu√© encontramos si leemos una antolog√≠a sobre el cuento latinoamericano? ¬ŅUn libro, o una selecci√≥n en un sitio web, que re√ļna ‚Äēcomo varios de los que se han publicado a lo largo de las √ļltimas d√©cadas‚Äēlos mejores microrrelatos, las narraciones breves m√°s conocidas, de varios autores del continente? Pues nos sorprender√° encontrarnos all√≠ a autores que conocemos por sus monumentales novelas, por atractivos y sostenidos relatos largos, incluso por su poes√≠a o ensayos. Es como si el relato breve hubiese sido un ejercicio o una necesidad en ellos.

De esta manera en sus p√°ginas se entrecruza la obra‚Äēadem√°s de los autores ya mencionados‚Äēde Mario Vargas Llosa, Isabel Allende, Vicente Huidobro, Ciro Alegr√≠a, Vicente Battista, Joao Guimar√£es Rosa, √Ālvaro Mutis, Joaquim M. Machado de Assis, Pedro Lemebel, Juan Carlos Onetti, Elena Garro, Rub√©n Dario, Oliverio Girondo, Rodrigo Rey Rosa, Julio Ram√≥n Ribeiro, Roberto Bola√Īo, Silvina Ocampo, Octavio Paz, Arturo √öslar Pietri, Guillermo Cabrera Infante, Roberto Arlt, Alfonso Reyes, Gabriel Garc√≠a M√°rquez, Abelardo Castillo, Luisa Valenzuela, Antonio Sk√°rmeta, Salvador Elizondo, Jos√© Juan Arreola, Augusto Monterroso, Eduardo Galeano.

Pero son precisamente estos tres √ļltimos ‚ÄēArreola, Monterroso y tambi√©n Galeano‚Äēquienes desarrollaron una obra significativa y reconocible donde el relato breve y sus posibilidades resulta centro de su creaci√≥n, sus experimentaciones y b√ļsquedas, aunque realizaron otros g√©neros.

Monterroso, hondure√Īo nacionalizado guatemalteco y residente buena parte de su vida en M√©xico, es considerado por muchos como el padre del relato breve y uno de los maestros de la minificci√≥n. Autor de libros como La oveja negra y dem√°s f√°bulas y Obras completas (y otros cuentos), que incluye el conocido ¬ęEl dinosaurio¬Ľ [Cuando despert√≥, el dinosaurio todav√≠a estaba all√≠], considerado por mucho tiempo como el microrrelato m√°s breve de la literatura universal, Monterroso se caracteriza por una prosa concisa y breve en la que abundan las referencias cultas, la parodia, la caricatura y el humor negro, en inolvidables relatos cortos y f√°bulas.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Arreola, por su parte, es autor de Confabulario, Palindroma y Bestiario, que influye el conocido ¬ęLa jirafa¬Ľ. Su obra, inteligente y l√ļdica, de estilo cl√°sico y depurado, juega con conceptos, situaciones, mediante el uso de s√≠mbolos y la parodia, y como han asegurado los cr√≠ticos, se nota como en el caso de Borges, un escepticismo natural (como tambi√©n en Monterroso).

Galeano, cuya obra ha sido publicada en Cuba varias veces, incluso El libro de los abrazos integra el cat√°logo de Ediciones La Luz, trasciende las normativas del relato y otros g√©neros tradicionales para combinar ficci√≥n, periodismo, an√°lisis pol√≠tico e historia, principalmente la americana, en libros que semejan cr√≥nicas, microrrelatos o vi√Īetas, entre ellos Las venas abiertas de Am√©rica Latina, Patas arriba: Escuela del mundo al rev√©s, Espejos y Memorias del fuego.

En Cuba, a la par de Am√©rica Latina, fueron los principales narradores, incluso los grandes novelistas, quienes, en una vertiente u otra, quiz√° inconscientemente, escribieron cuentos breves, historias narradas en las posibilidades que la brevedad les otorgaba. As√≠ ‚Äēa vuelo de √°guila‚Äē podemos revisitar la obra de Hern√°ndez Cat√°, Eladio Secades, Lino Nov√°s Calvo (La luna nona y otros cuentos), Lydia Cabrera (Cuentos negros de Cuba), Onelio Jorge Cardoso, Alejo Carpentier, Samuel Feij√≥o, quien transcribe y pasa por el ‚Äúfiltro literario‚ÄĚ el folclore y las historias recopiladas principalmente en el centro de la isla, Eliseo Diego, Guillermo Cabrera Infante, sobre todo en las ‚Äúvi√Īetas‚ÄĚ incluidas en As√≠ en la paz como en la guerra y Vista del amanecer en el tr√≥pico, Jos√© Lorenzo Fuentes, Virgilio Pi√Īera, entre muchos otros autores que, a la par del desarrollo de la propia literatura, incursionan en las tantas posibilidades de lo breve.

Punto y aparte en este breve recuento merece el trabajo del Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso, dirigido por Eduardo Heras Le√≥n, y la convocatoria del Premio El dinosaurio, homenaje al maestro Monterroso, y que ha incentivado el g√©nero en las √ļltimas d√©cadas, premiando y publicando lo mejor y m√°s significativo del arte de contar mucho con poco.

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Las lecciones de Monterroso

Por: Liset Prego

No hace falta ser un lector muy sagaz para notar la profusión de animales en los textos de Augusto Monterroso. Estas criaturas no son atrezo en las narraciones, toman los roles protagónicos con organicidad, y vuelcan en sus desdichas o peripecias toda la voluntad edificante del autor.

Escritos de este modo los textos se transforman en un espejo burlesco que no refleja al lector, pero quizás sí a su alter ego animal personificado. Aunque el propio Monterroso insistía en que no había en su literatura un afán moralizante, es imposible no encontrar en sus sarcásticas letras, pautas morales, desafíos existenciales resueltos con la sapiencia del fabulista, o magnificados para hacerlos notar.

√Čl mismo dijo:

‚Äú‚Ķsi alguien quiere extraer de ellos alguna moraleja, est√° en su derecho y puede hacerlo. Corregir las malas costumbres de la gente es una tarea demasiado f√°cil que hay que dejar a las autoridades. El escritor debe ocuparse de lo verdaderamente arduo: el buen uso del gerundio, por ejemplo, o de la preposici√≥n a, que se acostumbra emplear mal. Yo me gano la vida corrigiendo esta mala costumbre‚ÄĚ.

Otra obviedad que emerge de la lectura de este autor es su af√°n perfeccionista, el cuidado de no permitirse ning√ļn exceso, la precisi√≥n, tanto que, parafraseando al genio, asegur√≥ que no escrib√≠a, correg√≠a. Noten si le preocupaba la exactitud de sus palabras, de las estructuras. Era un perseguidor de la sintaxis precisa, una virtud valios√≠sima en su ramo, debo decir.

Augusto Monterroso, apuesta por el no ser, √©l, que no fue mexicano, ni hondure√Īo, ni guatemalteco, sino todo a un mismo tiempo. El escritor de brevedades m√°s ilustre, quiz√°s, de las letras hispanas, cree que un libro es un zool√≥gico de defectos humanos. Un bestiario de aquello que no teme cuestionar en sus cong√©neres y que atribuye a los animales, sin importar si el pacto t√°cito entre el lector y la f√°bula adjudica tal o m√°s cual rasgo a cada criatura. Monterroso subvierte el acuerdo, lo renueva, cada animal puede ser cualquier cosa y servir de instrumento en sus relatos.

Los disfraces de bestia con los que viste Monterroso a sus personajes son el pretexto para enunciar atributos humanos, conflictos propios de la especie, y cada uno viene adem√°s envueltos cuidadosamente en iron√≠a. La nueva f√°bula donde establece el di√°logo con criaturas del mundo animal reconstruyendo una convenci√≥n que basa en la parodia, en el absurdo, suele tener la misma naturaleza moralizante que es com√ļn en el g√©nero, pero de una manera inesperada.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Los animales parlantes, en la obra de Augusto Monterroso, vuelven a la literatura para adultos, de la que hab√≠an sido cort√©smente relegados, como cosa de textos fant√°sticos y literatura para ni√Īos.

En el art√≠culo ¬ęAugusto Monterroso y el arte del devenir animal¬Ľ, de Iv√°n Aguirre, el investigador puntualiza que:

‚ÄúEn primera instancia est√°n los animales que representan humanos, aquellos que son m√°s signos ret√≥ricos que un ente de ficci√≥n con personalidad o rasgos vitales suficientemente desarrollados en la trama. Animales como la oveja negra, el conejo, el le√≥n y las moscas que representan algo espec√≠fico, aunque no sea lo que corresponde en el mundo de la f√°bula y la mitolog√≠a popular. Luego est√°n los animales testigo, como la jirafa relativista, que sirven de testigo no-humano ante la ridiculez o absurdo del hombre en su comportamiento destructivo. Y finalmente los animales que est√°n en un proceso err√≥neo de devenir animal a partir de cambiar o negar su naturaleza: La rana quer√≠a ser una rana aut√©ntica, La mosca que so√Īaba que era un √°guila y el perro que deseaba ser un humano‚ÄĚ.¬†

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Todo puede ser representado por un animal, cada concepto con el que nos alecciona, o sacude, para decirnos, ‚Äúmiren, qu√© tontos hemos sido‚ÄĚ, aunque √©l mismo rechace que sea esta su voluntad. Aqu√≠ tipo y arquetipo est√°n retratados y el lector puede escoger qu√© traje usar, si ser√° le√≥n o conejo, oveja o dinosaurio, rana o mono, porque est√°n dados as√≠ principios √©ticos, perfiles psicol√≥gicos, supuestos est√©ticos, concepciones sociopol√≠ticas, y la filosof√≠a vital del artista.

Leyendo a Monterroso puedes re√≠r socarronamente, reflexionar, comparar con tus conocidos a tal o m√°s cual personaje, a la manera del mono que quer√≠a ser escritor sat√≠rico. Siembra dudas, planta cara a la hipocres√≠a, la desaf√≠a abiertamente, as√≠ que ya no importa si alguien lo crey√≥ un √©mulo de Esopo. Si alguien quiere vivir bajo sus c√≥digos, ser√° una mejor persona, si quiere disfrutar de su prosa y tomar de ella un patr√≥n de la redacci√≥n adecuada, ser√° un mejor lector o escritor, o ambos. Cumple as√≠ el autor de ¬ęEl dinosaurio¬Ľ su prop√≥sito declarado y el que escap√≥ a su intenci√≥n y dom√≥ el esp√≠ritu de sus relatos, aut√≥nomos una vez que el p√ļblico se adue√Ī√≥ de ellos.

Porque a√ļn sin quererlo, cien a√Īos despu√©s y pese a su oposici√≥n, la f√°bula todav√≠a est√° all√≠.

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La minificción y sus técnicas

Por: Mariela Varona

Muchos de nosotros, escritores y consumidores de literatura, cuando hablamos de minificción o microficción a veces no tenemos en cuenta las sutilezas de esas clasificaciones. Incluso los teóricos no se ponen de acuerdo muchas veces en el asunto, y un texto narrativo breve se puede llamar hoy minicuento, microcuento, microrrelato, ficción breve, cuento breve, microtexto, microficción, y hasta nanoficción.

El cuento breve cl√°sico ‚ÄĒme refiero a relatos celebrados y famosos de Poe, Ch√©jov, Hemingway, Carver, Cort√°zar o Borges‚ÄĒ conserva un sector fiel entre los lectores, pero resulta demasiado extenso ahora para una gran masa de ¬ędigitolectores¬Ľ que solo consume textos breves. Entonces, cabe preguntarse: ¬Ņpodemos analizar literariamente los textos hiperbreves con las mismas herramientas te√≥ricas de siempre? ¬ŅContin√ļan siendo v√°lidas las t√©cnicas narrativas contempor√°neas que hemos estudiado, aplicadas a la minificci√≥n?

A trav√©s del Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso, con Eduardo Heras Le√≥n y su equipo, muchos de nosotros accedimos a una concientizaci√≥n de las t√©cnicas narrativas que en muchos casos ya utiliz√°bamos, pero sin interiorizarlas como parte del oficio; y accedimos tambi√©n a zonas de la teor√≠a literaria contempor√°nea que contribuy√≥ a darnos un espectro m√°s amplio para convertirnos en mejores lectores de lo que ya √©ramos. Entonces, me preguntaba ‚ÄĒcuando supe que La Luz estaba organizando este panel‚ÄĒ, si no ser√≠a conveniente hacer una indagaci√≥n sobre las t√©cnicas narrativas aplicadas a esa minificci√≥n que en estos tiempos parece extenderse, hacerse mucho m√°s visible y, adem√°s, con diferentes caracter√≠sticas de las que ten√≠a en el pasado.

Me parece v√°lido tambi√©n porque gracias al Centro Onelio conocimos a uno de los te√≥ricos de la literatura m√°s importantes que hay en la lengua espa√Īola ahora mismo, que es el mexicano Lauro Zavala; y este acad√©mico se ha ocupado exhaustivamente de la minificci√≥n, de dar pautas, hacer clasificaciones, documentar sus opiniones y publicarlas; es decir, ha estado muy activo indagando, poniendo l√≠mites y tratando de escudri√Īar y ver hasta d√≥nde se extiende el fen√≥meno.

√Čl mismo fue quien puntualiz√≥ que la minificci√≥n actual ten√≠a su origen en las vanguardias del siglo pasado y que tambi√©n, por supuesto, ten√≠a antecedentes en los textos breves que la humanidad atesora como tradiciones en relatos puntuales, como los que aparecen en las estelas funerarias de las culturas antiguas.

Quisiera referirme a dos categor√≠as que resalta Zavala dentro de las minificciones: el minicuento y el microrrelato. Hay uno de ellos que s√≠ cumple con las especificidades, digamos, de cierta teor√≠a literaria; ciertos c√°nones que cumple la literatura cl√°sica o tradicional o como quiera llam√°rsele. Porque los minicuentos, de los cuales conocemos montones ‚ÄĒpor ejemplo, recuerdo ahora uno de Kafka titulado ¬ęLa verdad sobre Sancho Panza¬Ľ‚ÄĒ s√≠ cumplen con la forma tradicional, o sea, tienen una introducci√≥n, un desarrollo o cl√≠max, y un desenlace final.

En esos minicuentos s√≠ podr√≠amos aplicar el an√°lisis literario, tratar de descubrir cu√°l es la segunda historia de la que hablaba Ricardo Piglia en sus ¬ęTesis sobre el cuento¬Ľ, un ensayo que forma parte del libro Formas breves (aparecido en Buenos Aires en 1999). En mi paso por el Centro Onelio, uno de los textos que m√°s me iluminaron fue este, donde me sorprendi√≥ la certera aseveraci√≥n de que un cuento siempre cuenta dos historias, y de que la estrategia de un relato est√° puesta al servicio de su historia secreta.

En apenas tres cuartillas, Piglia es capaz de explicar con una contundencia impresionante c√≥mo la historia secreta es la clave de la forma del cuento y sus variantes, y c√≥mo la han manejado Poe, Ch√©jov, Quiroga, Kafka, Hemingway o Borges. Seg√ļn √©l, el cuento cl√°sico a lo Poe ¬ęcontaba una historia anunciando que hab√≠a otra; el cuento moderno cuenta dos historias como si fueran una sola¬Ľ, pues la versi√≥n moderna del cuento abandona el final sorpresivo y la estructura cerrada y ¬ętrabaja la tensi√≥n entre las dos historias sin resolverla nunca¬Ľ.

En un minicuento es sencillo determinar cuál es la historia secreta y cuál la visible, sobre todo cuando se sabe que potenciar una de ambas depende del autor que escribe. Porque hay escritores que prefieren dejar la historia secreta todo el tiempo subsumida, como lo haría Hemingway, que te da pistas casi insignificantes para que supongas cuál es la historia secreta, pero nunca te la cuenta. Otros prefieren dejar la historia secreta en segundo plano para que explote al final como una bomba que asuste, enamore o apabulle al lector; en resumen, para impresionarlo con una marca que no pueda olvidar. Y otros que sencillamente cuentan la historia secreta y obvian la visible.

Pero Piglia determin√≥ que todo relato contempor√°neo ‚ÄĒo que pretenda ser llamado as√≠‚ÄĒ lo es porque muestra una tendencia cada vez m√°s fuerte hacia la elipsis. Seg√ļn Piglia, la teor√≠a del iceberg de Hemingway ¬ęes la primera s√≠ntesis de ese proceso de transformaci√≥n: lo m√°s importante nunca se cuenta. La historia secreta se construye con lo no dicho, con el sobreentendido y la alusi√≥n¬Ľ.

Y ya est√°: del minicuento, apretando un poco m√°s las tuercas de la brevedad y la elipsis, caemos en el microrrelato. En √©l, seg√ļn Lauro Zavala, el empleo de la iron√≠a, del sarcasmo, del humor y de la paradoja es m√°s evidente que en el minicuento. Los personajes, ambientes y escenarios son apenas aludidos, por lo que su significaci√≥n recae, en la mayor√≠a de los casos, en el rasgo intertextual.

¬ŅQu√© es el microrrelato, entonces? El microrrelato no respeta para nada esa estructura can√≥nica del cuento cl√°sico o tradicional. Al microrrelato lo que le importa es lo que se oculta, o sea, en el microrrelato se hace una elipsis total de la historia, tanto de la secreta como de la visible. Y m√°s aun: en el microrrelato lo que est√°s proclamando es que hay tantas historias secretas o visibles como el lector quiera.

Es un texto, diríamos, interactivo. No es como el minicuento o como el cuento breve, al que llamábamos breve porque tenía una cuartilla y media, tres cuartillas (que para nosotros también era un cuento muy breve). En este punto comenzamos a darnos cuenta de que el microrrelato no es una anécdota. El microrrelato es una idea, un generador de sugerencias.

La elipsis que hace el autor de un microrrelato debe ser inteligente, ingeniosa, muy creativa. Y lo que debe dar es el espacio para que el lector, ese consumidor que va a leerlo, invente la historia que quiera partiendo de códigos conocidos o que el autor da por sentado que lo son.

Tal vez para muchos esa brevedad resulte exagerada, y a veces sentimos que nos hacen falta esos cuentos largos que te permit√≠an, en varias p√°ginas, introducirte en un mundo total ‚ÄĒporque, como dec√≠a Cort√°zar, el cuento tiene que lograr eso, el cuento tiene que crear un mundo donde nada m√°s importe‚ÄĒ y cuando uno se sumerge en un cuento de esos de seis, siete o hasta veinte p√°ginas, uno se esponja, se siente acunado por una an√©cdota que ese autor te est√° proponiendo y te est√° enamorando con ella.

Pero ¬Ņqu√© pasa cuando lees un microrrelato? ¬ęEl dinosaurio¬Ľ de Augusto Monterroso, que contiene siete palabras, fue considerado el relato m√°s breve en lengua espa√Īola desde 1959 hasta la aparici√≥n en 2005 de ¬ęEl emigrante¬Ľ, del escritor mexicano Luis Felipe Lomel√≠, que contiene solo cuatro:

‚ÄĒ¬ŅOlvida usted algo?

‚ÄĒ¬°Ojal√°!

Si tomamos solo el di√°logo sacado de contexto, sin el t√≠tulo, no se sabe de qu√© o qui√©nes est√°n hablando. Pero ese t√≠tulo, ¬ęEl emigrante¬Ľ, potencia una historia que cualquier lector podr√° imaginar al leer el cuento. Un sujeto pregunta: ¬ę¬ŅOlvida usted algo?¬Ľ, como cuando ves entrar de nuevo a alguien que acaba de salir de un lugar. Pero quien le responde ¬ęOjal√°¬Ľ desmiente nuestro primer razonamiento.

Ese cuento est√° narrando, en una sola palabra ‚ÄĒen ese ojal√°‚ÄĒ todos los horrores que obligaron a emigrar a ese sujeto hablante, a ese sujeto del que no sabemos su nacionalidad, pero s√≠ que tuvo que emigrar por razones que quisiera olvidar, pero no puede. ¬ŅCu√°ntas tragedias hay detr√°s de esa palabra, ¬ęojal√°¬Ľ? Represi√≥n, pobreza, hambre, dolor, asesinato, persecuci√≥n pol√≠tica, guerra de pandillas o entre estados, tortura y narcotr√°fico, violaciones y fusilamientos masivos, y un largu√≠simo etc√©tera que le toca al lector completar como le parezca.

Cuando tenemos delante un microrrelato como este, nos damos cuenta de que, con esa elipsis, el autor dio por sentado que el lector conoce todas las posibles historias que el emigrante tiene para contar. Y él elige escamotear la historia, nos da solo cuatro palabras para que nuestra imaginación, o el conocimiento que hayamos adquirido sobre los fenómenos migratorios, se encarguen del resto con los ingredientes que queramos. 

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Al a√Īo siguiente de ser declarado el relato m√°s breve, ¬ęEl emigrante¬Ľ fue desplazado en 2006 por ¬ęLuis XIV¬Ľ, del espa√Īol Juan Pedro Aparicio, que tiene solo una palabra: Yo.

¬ŅEsa √ļnica palabra puede contener un cuento? Los especialistas del tema as√≠ lo declaran. Nuevamente, el t√≠tulo es parte imprescindible de la historia. En este caso, podr√≠a decirse que ES la historia. El lector debe entender que ese ¬ęyo¬Ľ abarca la historia del absolutismo franc√©s desde la subida al trono de este monarca hasta su muerte a los 76 a√Īos de edad. Todas las implicaciones del ego y el yo est√°n ah√≠, no hab√≠a necesidad de narrar, describir o explicar nada.

Hay que mencionar que Aparicio naci√≥ en 1941, o sea, que ten√≠a en ese momento 65 a√Īos, mientras que el mexicano Lamel√≠, nacido en 1975, ten√≠a treinta a√Īos cuando se public√≥ su microrrelato. Digo esto para marcar que la capacidad de elipsis no es distintiva, como algunos piensan, de los autores m√°s j√≥venes, los llamados millennials o nativos digitales. Se tiende a relacionar la brevedad, la iron√≠a y el humor con las redes sociales, que suelen manejar estos componentes a toda hora, pero el caso de Aparicio desmiente con creces que el ingenio con que se condensa una idea literaria sea privativo de edad alguna.

Por √ļltimo, me gustar√≠a recordar que tanto el minicuento como el microrrelato todav√≠a son susceptibles de an√°lisis literario con las herramientas que aport√≥ el peruano Mario Vargas Llosa en su libro Cartas a un joven novelista de 1997. Con ellas podemos deconstruir el c√©lebre microrrelato ¬ęEl dinosaurio¬Ľ. Primero: el narrador que escogi√≥ Monterroso es un narrador omnisciente exterior y ajeno a la historia que cuenta. Segundo: el espacio que ocupa el narrador en relaci√≥n con el espacio narrado, que en este caso se narra en tercera persona, confirma que es un narrador omnisciente. Y tercero, el narrador de Monterroso est√° en un tiempo presente y narra un hecho del pasado mediato o inmediato (los verbos despert√≥ y estaba as√≠ lo demuestran).

Y Vargas Llosa escogi√≥ precisamente el microrrelato de Monterroso para ilustrar el cuarto problema: el punto de vista del nivel de realidad. Ah√≠ demuestra no solo que estamos en presencia de un cuento fant√°stico, sino tambi√©n que el narrador est√° en un plano realista, opuesto a la esencia fant√°stica de lo que narra, y lo sabe por una de las siete palabras del cuento: el adverbio todav√≠a. Esa es la palabra que permite a Vargas Llosa afirmar que el narrador de Monterroso narra desde una realidad objetiva, pues de otro modo, no nos inducir√≠a a tomar conciencia de la transici√≥n del dinosaurio del mundo del sue√Īo a la vida real del relato, ¬ęde lo imaginario a lo tangible¬Ľ.

De la elecci√≥n del narrador, y la relaci√≥n de este con el espacio, el tiempo y el nivel de realidad de lo que se narra, depende que una historia sea eficazmente asimilada por el lector. Seg√ļn Vargas Llosa: ¬ęEsa capacidad de persuadirnos de su ‚Äúverdad‚ÄĚ, de su ‚Äúautenticidad‚ÄĚ, de su ‚Äúsinceridad‚ÄĚ, no viene nunca de su parecido o identidad con el mundo real en el que estamos los lectores. Viene, exclusivamente, de su propio ser, hecho de palabras y de la organizaci√≥n del espacio, tiempo y nivel de realidad de que ella consta¬Ľ.

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El cuento de Monterroso

Por: Manuel García Verdecia

Decir que el guatemalteco Augusto ‚ÄúTito‚ÄĚ Monterroso es uno de los grandes cuentistas en lengua espa√Īola y, sobre todo, un maestro en el cuento corto, es casi una perogrullada, pero resulta un precedente fundamental para acercarse a su peculiar obra. Monterroso es un contador por los cuatro costados de su persona, que asume el mundo como algo que hay que tratar sin hacer caso a los postulados establecidos, pues solo el que intenta buscar el lado oculto de las cosas puede acercarse a la verdadera realidad. De modo que, festejar el centenario de este autor es como festejar el acto de contar, uno de los elementos m√°s concomitantes y permanentes de la naturaleza humana.

Monterroso escogi√≥ como especie literaria fundamental para verter su aprehensi√≥n e intelecci√≥n de la vida el cuento corto. Ya hablar de cuento simplemente presupone la brevedad como caracter√≠stica primordial. Sin embargo este autor se impone a s√≠ mismo l√≠mites m√°s sucintos, a veces sin llegar a la cuartilla. Es un ejercicio que demanda de un poder de concisi√≥n tremendo. Pero este es solo posible con una capacidad de invenci√≥n fecunda. Como declara en su texto ¬ęLa brevedad¬Ľ, que el autor de textos breves ans√≠a escribir textos largos ¬ędonde la imaginaci√≥n no tenga que trabajar¬Ľ sin la amenaza del punto final. Est√° claro que es la imaginaci√≥n la que consigue llegar a los atajos m√°s favorables para evitar los excesos en el contar, presentando solo los datos imprescindibles. De aqu√≠ que sea este uno de los subg√©neros m√°s complejos de la labor narrativa, pues en un marco muy limitado de exposici√≥n se debe tratar el asunto y alcanzar con eficacia la consumaci√≥n del conflicto planteado.

Como se sabe, todo cuento gira en torno al esclarecimiento de un problema. Hay un vuelco de la l√≥gica de los eventos que hacen que lo que parec√≠a devenir de un modo no lo haga siguiendo esa l√≥gica sino una propia y, hasta cierto punto, imprevisible. Nada hay m√°s da√Īino para una historia que lo predecible. Monterroso se apoya en un h√°bil empleo de la elipsis que, con escuetos apuntes sugerentes y cierta reticencia, plantea las coordenadas necesarias para el florecimiento de la microhistoria y deja al lector aportar lo que resulta obvio en las condiciones que √©l establece. Si la s√≠ntesis consigue exponer las circunstancias esenciales del problema que se presenta, entonces no es necesario ofrecer tantos datos o informaci√≥n accesoria al lector. El autor por lo general se apoya en referencias culturales que se presupone domine el lector con lo cual reduce la informaci√≥n que debe aportar. Con esta ayuda y las deducciones que deriva de la situaci√≥n, el lector entra en juego y participa activamente en el completamiento de la historia.

Veamos el ejemplo de uno de los cuentos emblem√°ticos de Monterroso, ¬ęLa oveja negra¬Ľ. Ya decir ‚Äúoveja negra‚ÄĚ presupone un elemento de caracterizaci√≥n del personaje que es conocido para el lector. Se trata de alguien que rompe las reglas de lo establecido, que va contra el esp√≠ritu del reba√Īo. Por esto no es inusitado que a la oveja negra la fusilen. Tiempo despu√©s esta resulta comprendida y reivindicada, algo muy t√≠pico de Monterroso, lo azaroso del destino, por lo que se le honra con una estatua ecuestre. Sin embargo, y aqu√≠ est√° el giro detonante para el sentido del cuento, esto se convierte en costumbre, no para enaltecer la rebeld√≠a o la individualidad, sino para que las ovejas comunes ‚Äúpudieran ejercitarse tambi√©n en la escultura‚ÄĚ. Esta mirada c√°ustica es la que nos ayuda a penetrar en lo esencial humano.¬† Notemos, de paso, que el cuento corto se acerca al epigrama pues trata una m√≠nima l√≠nea argumental con precisi√≥n y agudeza.

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Hombre sabio, conoce que el humor es el √ļnico elemento capaz de hacer que las verdades m√°s indigeribles sean atendidas sin dolor, porque nada duele tanto (a pesar del refr√°n) como la verdad. De modo que su obra est√° asistida por este elemento de suprema inteligencia, elaborado con una originalidad fuera de lo com√ļn. Escritor irreverente hasta el tu√©tano y con toda justificaci√≥n, arremete contra toda convenci√≥n o axioma idiotizante, apelando a la mueca sagaz para alertarnos y hacernos ver la vida de una manera m√°s productiva. De modo que toda su obra podr√≠a estar signada por aquella vieja sentencia: ¬ęNo os tom√©is la vida demasiado en serio, pues de ning√ļn modo saldr√©is vivos de ella¬Ľ.

Dentro del humor su figura preferida es la ironía. Lo hemos visto en el cuento mencionado, las estatuas no buscan exaltar a las ovejas tristemente ejecutadas sino permitir un ocio creativo a sus semejantes que las fusilan. Es esta mirada que descubre el ángulo oculto de un asunto lo cardinal para la ironía. Ella intenta mostrarnos, por el desencuentro entre una proposición y la consecuencia que resulta, las contradicciones en diversos fenómenos. La incoherencia entre lo que parecía ser y lo que finalmente es lograda mediante la caricaturización de un fenómeno ayuda a percibir, por oposición, los verdaderos valores que tal situación refleja. La ironía expone la verdad por un énfasis en lo falso.

No resulta fortuito que, dentro de la narrativa, Monterroso se haya inclinado fundamentalmente por la f√°bula. Incluso en sus ensayos hallamos presente lo imaginativo, la fabulaci√≥n, porque esto le permite establecer un acercamiento menos escol√°stico a los asuntos que trata as√≠ como una aproximaci√≥n m√°s amigable al lector. Quien inicia la lectura de alguno de sus textos no puede menos que quedar rendido a sus pies por lo ameno y curioso de sus formulaciones. Sabe que lo que se vive es com√ļn y que ¬ęsolo la forma de contarlo diferencia a los buenos escritores de los malos¬Ľ (La palabra m√°gica). Esa elecci√≥n tiene que ver con la intenci√≥n general de la obra de este autor. Monterroso en sus cuentos nos lleva a derivar de cada microhistoria alg√ļn juicio oportuno, si no estrictamente como un ejemplo moral a la manera del Conde Lucanor, s√≠ fundamentalmente de corte existencial. El cuentista quiere que, junto a √©l, aprendamos a entender y ejercer la vida de manera m√°s l√≥gica y cierta, sin regalos a los prejuicios o esquemas falsos.

Leer a Monterroso sirve para no aburrirse y, m√°s, para no aburrarse. Con su lectura acentuamos la significaci√≥n de mirar a la vida con cordura y amabilidad, en actitud desprejuiciada y dial√©ctica. Esto nos permite re√≠rnos de nuestras necedades, aceptarnos tal como somos, reconocer la relatividad de cuanto acontece y apreciar los valores ciertos que ella nos ofrece. Que no nos suceda como al Burro de su f√°bula, que encontr√≥ la flauta abandonada, toc√≥ una m√ļsica sublime y, desapercibido, la tir√≥, desechando con ella lo √ļnico hermoso que hab√≠a logrado en toda su existencia.

 


Nuevas propuestas literarias con el sello de lo artesanal

El Centro de Promoci√≥n Literaria Pedro Ortiz Dom√≠nguez de Holgu√≠n prioriza opciones alternativas de publicaci√≥n mediante el trabajo con el papel artesanal y sus posibilidades, para de esta manera acompa√Īar la labor creativa de los escritores y la promoci√≥n de sus obras.

Fotos cortesía del Centro de Promoción Literaria Pedro Ortiz Domínguez

Con la asesor√≠a de Cuadernos Papiro y el Taller de Papel Manufacturado hom√≥nimo, en lo que va de a√Īo la peque√Īa f√°brica de la Promotora ha producido cuatro proyectos literarios, extendiendo la obra de escritores holguineros, as√≠ como las propuestas literarias en tiempos de crisis poligr√°fica, coment√≥ el poeta Mois√©s May√°n, especialista de esta instituci√≥n.

Fotos cortesía del Centro de Promoción Literaria Pedro Ortiz Domínguez

Entre sus novedades se encuentra el lanzamiento de la colecci√≥n Poes√≠a de Cordel, presentada en la librer√≠a Ateneo Villena-Botev, como parte de la reciente campa√Īa de promoci√≥n ‚ÄúVivo enamorado del libro‚ÄĚ que realiza este a√Īo el Centro, y que est√° dedicada a incentivar el h√°bito de la lectura en todos los p√ļblicos, especialmente entre los m√°s j√≥venes.

Fotos cortesía del Centro de Promoción Literaria Pedro Ortiz Domínguez

La iniciativa retoma la cl√°sica modalidad portuguesa de presentar publicaciones a los lectores a trav√©s de textos colgados en un cordel, y consiste en peque√Īas obras que acent√ļan el car√°cter festivo de la compra de un libro, a√Īadi√≥ May√°n. En el lote inaugural fueron incluidos poetas holguineros como Delf√≠n Prats, Lourdes Gonz√°lez, Manuel Garc√≠a Verdecia, Belkis M√©ndez, Eugenio Marr√≥n, Luis Yuseff, Jos√© Luis Serrano y Gilberto Gonz√°les Seik.

Fotos cortesía del Centro de Promoción Literaria Pedro Ortiz Domínguez

Otra de las propuestas, explic√≥ May√°n, fue la serie Las voces del viento, que reuni√≥ textos de diez poetas holguineros fallecidos en el siglo XXI, partiendo de la idea de que Holgu√≠n, como regi√≥n cultural, cuenta con un significativo ‚Äúclub de poetas muertos‚ÄĚ que constituyen soporte y referencia obligatorios en la literatura del territorio, entre ellos √Āngel Augier, Lalita Curbelo, Orestes Gonz√°lez Garayalde, Alejandro Fonseca, Jos√© Luis Moreno del Toro, Mayda P√©rez Gallego, Elena Guarch, Luis Caiss√©s, Quint√≠n Ochoa y Daniel Santos.

Fotos cortesía del Centro de Promoción Literaria Pedro Ortiz Domínguez

El libro homenaje La media rueda, como celebraci√≥n de los 50 a√Īos del poeta e investigador Ronel Gonz√°lez, unido a 10×10. Una cantidad misteriosa, libro-arte que recoge diez poemas del Premio Nacional de Literatura Cintio Vitier, creado en colaboraci√≥n con Ediciones La Luz, fueron otros de los t√≠tulos salidos de este peque√Īo taller.

Fotos cortesía del Centro de Promoción Literaria Pedro Ortiz Domínguez

Actualmente el equipo creativo de la Promotora se encuentra enfrascado en una suerte de tarjetero dedicado a Palabras a los intelectuales, con la finalidad de socializarlo pr√≥ximamente, a ra√≠z del 60 aniversario de este importante intercambio del l√≠der hist√≥rico de la Revoluci√≥n Fidel Castro con valiosos creadores cubanos, a√Īadi√≥ Mois√©s May√°n.


Una cantidad misteriosa: Selección de poemas de Cintio Vitier (+ Audio e imágenes)

Palabras compartidas es el espacio que realiza Ediciones La Luz para las Romerías de Mayo, donde anualmente se presentan novedades de nuestro quehacer editorial.

Este a√Īo a prop√≥sito del centenario de Cintio Vitier, hemos realizado una selecci√≥n de diez poemas que han sido grabados en los estudios de Radio Holgu√≠n La Nueva con una pretensi√≥n mayor: la creaci√≥n de un audiolibro. El Dj productor Artemio Viguera que ha trabajado en otros proyectos junto al equipo creativo, transita con otras sonoridades donde mezcla las voces de diez poetas de la sesi√≥n de literatura de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z de Holgu√≠n en la interpretaci√≥n de estos textos.

La edici√≥n y direcci√≥n del proyecto en su versi√≥n sonora estuvo a cargo del realizador Hector Ochoa y el sonidista √Āngel L√≥pez, la edici√≥n y selecci√≥n de los textos por Elizabeth Soto. Nuevamente Luis Yuseff nos gu√≠a para crear en ese espacio de libre pensamiento que es, sin dudas, La Luz. Esta cantidad misteriosa, estos poemas escogidos a ultranza, porque hay hambre de versos y de pasi√≥n estar√°n siendo compartidos en las redes sociales en la primera semana de mayo. Los siguientes son un adelanto:

¬ę10×10 Una cantidad misteriosa. Poemas de Cintio Vitier por j√≥venes escritores cubanos y DjArte¬Ľ

¬ęA la poes√≠a¬Ľ por Idania Salazar

¬ęEste soy yo¬Ľ por Andr√©s Cabrera