Aquello descubierto en el camino: Entrevista a Dazra Novak

Cuando se habla de alguna de las principales escritoras jóvenes cubanas en la actualidad es sin duda obligatorio mencionar a Dazra Novak. Olvidémonos de sus premios y centremos nuestra atención en su obra artística y literaria para validar esta afirmación. A fin de cuentas, eso es lo que importa y el verdadero legado en la vida de un escritor.

Dazra Novak es una mujer muy interesante y no solo por sus libros; sino porque al tiempo en que hace malabares entre casa, literatura, fotografía y el periodismo, tiene tiempo para dirigir en una de las instituciones más importantes para la literatura cubana actual: el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Y, vale aclarar, que todo lo hace con la mayor calidad.

Estas razones y entre otras más, como la relación simbiótica “escritora/persona”, fueron el motivo para esta entrevista.

Según he leído, comenzaste a escribir por la poesía, sin embargo, se te conoce por tus libros de narrativa. ¿Sigues o seguirás escribiendo poesía? ¿Por qué el cambio o la preferencia hacia la narrativa?

Sí, es una triste historia. Triste y feliz a la vez. En un taller que pasé en el antiguamente llamado Centro Cultural de España (hoy Centro Hispanoamericano de Cultura) me forzaron a escribir un cuento, aunque yo lo que había presentado eran poemas. Los comentarios recibidos, con respecto a la poesía, fueron tan duros y poco cuidadosos que dejé de escribir poemas por un montón de años. El texto narrativo, por el contrario, asombró a todos. Nadie me creía que aquel fuera el primero puesto que lo escribí, o digamos que salió porque yo no sabía lo que hacía, en segunda persona. Para colmo lo resolví en una cuartilla.

Esa fue la parte buena, me inicié en la narrativa. Aupada por el asombro quise probarme en unos pocos intentos más –y cuando digo pocos, es literal, realmente fueron pocos– que me llevaron al Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso por primera vez. Unos casi veinte años más tarde, se me conoce como narradora, pero mis libros de poesía solo los han leído un par de amigos que insisten en que deben ser publicados, pero yo no me lo creo tanto. Creo que aquello me marcó negativamente para siempre. Por eso no pienso en publicarlos. Por eso soy tan cuidadosa al dar opiniones sobre los textos de los escritores en ciernes.

Has recurrido en múltiples ocasiones al género erótico en tus textos. Sin embargo, Cuerpo público me pareció un libro donde le brindabas gran importancia a lo romántico, lo social e incluso lo político como elementos insoslayables de lo erótico. ¿Cómo diferencia Dazra Novak, la mujer y la escritora, a la literatura erótica de la pornografía?

En efecto, el vehículo en Cuerpo Público es el cuerpo. Eso, el vehículo. En él, como bien dices, viajan lo romántico, lo social y lo político. Al principio casi llego a pensar que no había logrado lo que quería, pero luego tuve la suerte de que muchos lectores me dieran de primera mano sus impresiones.

Lo erótico, a diferencia de lo pornográfico, tiene muchas más aristas. Allí donde lo pornográfico comienza a repetirse por falta de otros recursos, lo erótico se multiplica. Lo pornográfico es el acto por el acto, lo erótico tiene una multiplicidad de voces. Creo que en ese libro en particular llegué a una suerte de frontera entre ambos.

Dicen que para que toda ficción parezca real, debe haber algo de verdad en ella. ¿Eres de las autoras que se inspiran en experiencias personales o cercanas para sus textos? Si es así, ¿Cuánto de ti hay en ellos?

Soy muy observadora, una persona que prefiere escuchar. Me gusta conocer las razones que lleva a la gente a hacer ciertas cosas. Voy por el mundo tomando todo tipo de notas. Digamos que tomo piezas del mundo real, les sumo piezas inventadas y/o modificadas por mí y armo otro mundo. Ni mejor ni peor, sencillamente otro donde expreso mis ideas. Algunas personas a mi alrededor se reconocen en esos personajes y escenas. Otras se confunden, creen reconocerse, pero en realidad no están. Otras me piden los convierta en personajes. En fin, las reacciones han sido muy diversas. Y es que creo que en el fondo la mayoría disfruta ser reinventado (esto lo he comprendido con el paso del tiempo), vivir algo que quizás no se permitirían nunca. Eso sí, debo confesarte que la mayoría de las piezas que utilizo son mías, o me atraviesan de algún modo.

¿Qué es lo más difícil para ti a la hora de escribir un texto erótico?

El lenguaje a utilizar. Basta una palabra o frase mal empleada para romper la magia del texto erótico, o una muy bien ubicada para salvarla.

Temáticas (en general): ¿Cuál o cuáles prefieres abordar? ¿Cuál te falta? ¿Cuál crees que es más necesaria en los momentos actuales para el escritor cubano? ¿Cuál es la que nunca escribirías y por qué?

No pienso en temáticas a la hora de escribir. Eso sí, creo que uno aborda la escritura desde la persona que es. A mí me interesa el ser humano, qué lo mueve, cuáles son las pasiones y razones para actuar de un modo determinado, cuánto le condiciona la sociedad y el tiempo histórico en que vive. 

¿A qué se le debe dar más valor en el cuento? ¿Al argumento, al estilo o a la experimentación con las técnicas narrativas?

Depende de si se tiene una buena historia a desarrollar o es un cuento que ganaría más en lo formal. Ambas son válidas. Creo que la experimentación no. Cuando colocas el experimento por encima de los otros dos, por lo general, no pasa de un ejercicio interesante o fallido. Esto, corriendo con suerte.

En el prólogo a Making of, Premio UNEAC de Novela 2011, explicas que ese texto no es realmente una novela, sino un puñado de escenas que ocurren tras las bambalinas de una historia real. El carácter fragmentario del discurso así como sus líneas de fuga, hacen pensar en cierta forma de abordar la narrativa muy característica de los escritores de la Generación Año Cero. ¿Te consideras parte de esa generación? ¿Por qué?

Hace un par de años una amiga me comentó, muy alarmada, que una investigadora estadounidense llegó a preguntarle si era verdad que Ena Lucía Portela pertenecía a la “Generación Cero”, con eso basta para hacerse una idea de hasta dónde ha llegado el manoseo de lo que fue la autodenominación de unos tres o cuatro autores a comienzos de este milenio. A partir de ahí muchos le suman y le restan autores, los critican y los alaban a conveniencia, por lo general con bien pocos argumentos literarios. Por si esto no fuera suficiente, ha llegado a saltar del espacio narrativo para llegar a la poesía y más, del campo literario a la plástica, por solo citar un ejemplo.

“Making of” es eso, un making of. Un puñado de escenas que te cuentan cómo se filmó la película, pero no te cuentan la película. Leyendo ese, mi comienzo, que incluye “Cuerpo público” y “Cuerpo reservado”, y mirándolo desde fuera, pudiera decirse que sí, hay mucho de fragmentario, muchas líneas de fuga, pero eso no es ni la mitad de lo que escribí hasta aquel 2011 en que gané el Uneac con ese experimento único que es “Making of”. En ese periodo antes de escribir lo que sí es mi primera novela “Niñas en la casa vieja”, que debe salir de imprenta de un momento a otro (eso prefiero pensar)[i], yo dejé a medias cerca de una decena de libros de cuentos. Textos que, cuando los sacas de las compilaciones para las que fueron concebidos, no logran convivir con el resto, tomando en cuenta su diversidad. Algunos saldrán publicados por Sed de Belleza en una antología personal titulada “Minandre”, que debe entrar en imprenta de un momento a otro (eso prefiero pensar). Prometo darte uno y ya me dirás si formo parte o no. Yo, por mi parte, prefiero seguir escribiendo a solas.

Al comenzar la lectura de Making of se descubre como la fragmentación de lo narrado se hace muy eficaz con el uso del monólogo interior indirecto, desde la tercera persona. ¿Joyce, Faulkner o Cortázar? ¿Tienes preferencia por alguno? ¿Cuál es tu modelo de escritor?

Cortázar, siempre Cortázar.

En algunos encuentros con otros escritores, ha salido a relucir el tema de las etiquetas. Generalmente se suele adicionar al escritor como: Escritor de realismo, escritor de ciencia ficción, etc. ¿Qué piensa Dazra Novak de las etiquetas? ¿Cómo se “etiquetaría” la escritora Dazra Novak?

Evito las etiquetas en general. Aunque reconozco que sirven para trazar un mapa de la persona en una primera aproximación. Lo que pasa es que eso condiciona luego el acercamiento, y más, exige de esa persona una línea de trabajo que puede no ser más en algún punto, porque el individuo crece todo el tiempo. Cambian sus intereses, sus inquietudes, la manera de abordar ciertos temas. No, no me pondría ninguna.

En tu blog Habana por dentro he notado cómo has unido el texto con la imagen. ¿Es la fotografía o el periodismo otras de tus preferencias? ¿Cuáles otras pasiones tiene Dazra Novak?

El gusto –y el ojo– hacia la fotografía se me fueron entrenando con el blog, que partió de un deseo de mostrar la ciudad desde lo personal, desde la nostalgia, y de rescatar ese sentimiento entre los habaneros que ya no viven más acá. Devolverles el cariño por el barrio, por nuestras costumbres, por esas breves escenas infantiles y/o adolescentes que nunca se borrarán de nuestras mentes vivamos donde vivamos. Fotos y crónicas que apuntan a lo que en verdad se lleva el emigrante en la maleta: lo que se ha sido como persona hasta ese momento. Mi otra gran pasión es la música, o mejor dicho, la gran pasión. Si alguien pone música, ya no puedo escribir.  

Pregunta obligada: has pasado de pensar en no poder entrar al Onelio, a trabajar de secretaria, luego a edición y corrección de la revista El Cuentero, y ahora en la dirección del prestigioso Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. ¿Cuál es la importancia de este centro y sus creadores para Dazra Novak?

La experiencia del Centro Onelio fue un cambio radical en mi vida. A diferencia de otros, que llegan siendo escritores –narradores y/o poetas hechos y derechos–, yo llegué con muchos poemas –que por haber sido tan duramente criticados desaparecieron por completo– y unos pocos textos narrativos. Pensaba que todos eran escritores y yo, apenas una infiltrada. Me sentaba en la silla junto a la puerta –para salir corriendo de hacer falta–.

Jamás critiqué ningún cuento. Jamás opiné. Yo me limitaba a escuchar, a tomar notas, a incorporar todo aquello que iban diciendo. Casi todo, porque allí también vi lo que no quería para mí. Tras la lectura de mi cuento en el aula, quedaron todos en silencio. Luego me aplaudieron y empezaron a señalarle defectos. Mi texto sufría de queísmo, entre otras cosas, pero no me fue tan mal, tomando en cuenta todo lo que pasa en esos análisis –¡tú sabes que a algunos no les queda vivo ni el título!–.

Ese fue y continúa siendo un lugar mágico. Recuerdo claramente haber pensado, yo quiero estar siempre aquí. Y el sentimiento fue tan fuerte como para graduarme de la carrera de Historia, con tres idiomas aprendidos sin contar el español, y comenzar a trabajar como secretaria ante el rostro estupefacto de la familia. Luego comencé a entrenarme como correctora y editora con Heras y Ernesto Pérez Castillo, subdirector en aquel entonces, a quienes les debo muchísimo en ese sentido. Y fue haciendo ese trabajo de revisión que volví a escribir, porque cuando se termina el curso viene un periodo en el que no se escribe nada. Unos años después me fui, para resolver problemas económicos, a trabajar en una productora independiente. El mundo del cine me regaló, entre otras cosas, ese libro raro que es Making of, pero no me dejaba casi tiempo para escribir y por eso terminé abandonándolo –aquí hubo rostros estupefactos otra vez–.

Volví a estar cerca del Centro de algún modo. Ivonne y Heras me invitaban a conversar con los alumnos, a los cierres de curso, como jurado del César Galeano, al panel en defensa del Premio Nacional de Literatura para Heras. Muchos egresados o estudiantes me pedían que leyera sus textos y les dijera mi opinión, algo que hice con sumo cuidado, para que no les pasara lo mismo que a mí con la poesía.

Después Heras comienza a buscar relevo, y ante la dimisión de la persona que había convocado, me pide que asuma. Yo tuve que pensarlo, porque siempre me había imaginado formando parte, estando cerca, pero nunca al frente de lo que es la gran obra de su vida. Me costó también porque yo, a diferencia de Heras, no me veo primero como formadora. En ese sentido me siento más escritora, si bien tengo cierta facilidad para encauzar los proyectos de los demás sin necesidad de créditos. Pero ya ves que en todo esto que te he contado hay, por encima de todo, un sentimiento de cariño, un sentido de pertenencia muy grande. ¿Qué yo puedo hacer crecer al Centro todavía más? Eso se verá en lo adelante. Lo que sí te puedo asegurar es que, mientras tenga fuerzas para estar ahí, lo pienso cuidar mucho.     

Hay quienes aún, luego de los éxitos de los cursos del centro Onelio continúan diciendo que este no es “necesario”, argumentando que ni Cervantes ni Shakespeare pasaron cursos de técnicas narrativas. ¿Qué les dirías, no a ellos, sino a los jóvenes escritores que aún no han pasado el curso del Centro Onelio?

Si seguimos por esa línea también deberíamos decir que no pasaron talleres literarios como tampoco se ganaron ningún concurso, ni tenían perfiles en redes sociales para promocionar sus obras, ni convivieron con una cantidad tal de autores y de obras en formato digital (y grandes editoriales cuyos sistemas de purga y selección dejan mucho que desear) como para hacer difícil –si no imposible– la cata de obras realmente valiosas, revolucionarias y transgresoras. Y digo esto porque sencillamente no existían ni los talleres, ni lo concursos ni Internet (el alcance comercial data de los 90´). Claro que yo puedo imaginar que Cortázar de seguro habría escrito una blogonovela, Joyce habría engrandecido la narrativa transmedia, y probablemente Shakespeare y Cervantes se habrían abierto sendos perfiles en YouTube. Pero de seguir en esta alocada especulación donde quizá Borges escribiría decenas de tweets diarios –muy serios y contundentes– y el realismo mágico natural de Facebook sedujera a García Márquez, también deberíamos decir que quizá no habrían sido tan exitosos, puede que hasta ellos pasaran desapercibidos en este enorme pasacalles chatarra en el que “avanzamos”.

Pero dejemos de lado estas tonterías y vayamos a lo que de verdad importa. Yo no diría del Centro Onelio, ni de ningún otro taller de los que abundan por montones en Cuba y en el mundo (presenciales y online), que sea “necesario” cursarlos para convertirse en escritor. Yo diría más bien que es “útil”, de hecho, “muy útil”, para alguien que pretende convertirse en escritor. Cualquier taller orienta, te entrena para el diálogo con el lector, te muestra los posibles caminos. Y fíjate que digo orienta, entrena, muestra, porque no son una varita mágica que te convierta en escritor. El trabajo lo tiene que hacer el aspirante, que también podría incorporar esas herramientas de manera natural desde algo tan sencillo como la lectura constante, si bien le llevará más tiempo. Fíjate el daño que hace esta idea errónea que incluso muchos de los que pasan por estas experiencias no las aprovechan al máximo porque están buscando afuera lo que en realidad está dentro: la constancia en el desarrollo propio. No hay secreto alguno en los cursos y talleres literarios, lo que hay es trabajo.

¿Qué se vislumbra en el futuro del Centro Onelio?

Más talleres y cursos de géneros y subgéneros, más encuentros para discutir la literatura actual y sus problemáticas, más relación con los egresados, más promoción de sus obras, más oportunidades para desarrollarse profesionalmente, más presencia en Internet. Se espera más. 

Pregunta más o menos en broma, pero que casi todos los egresados se la hacen, ¿hay posibilidades de nuevos cursos para los egresados?

Recién aplicamos una encuesta para evaluar, entre otras cosas, la disposición de los egresados a cursar un segundo bloque, digamos de “actualización”, y la aceptación supera el noventa por ciento. Ya comenzamos a trabajar en esto.

¿Cómo se relaciona el futuro de Dazra Novak y el Centro Onelio? ¿Dazra directora o escritora?

Si algo tengo claro a estas alturas es que no puedo vivir sin escribir. Lo demás lo voy descubriendo por el camino.

[i] La novela fue publicada por la Editorial Letras Cubanas, en abril de 2021, luego de haberse realizado esta entrevista.

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