Tiempo de recrear la clave cubana sin convencionalismos

Transgresión, movilidad y dinamismo rompieron la visión establecida de lo que se espera entregue una orquesta sinfónica en una sala de conciertos. Para nada convencional y de la mano de un pianista al nivel de Ramoncito Valle, logró integrarsela manera de recrear nuestra música cubana con el público emotivo.

No molestó que la orquesta Ricciotti se arriesgara a saborearla desde sus atriles en la Sala White. Se puede afirmar que para este grupo de jóvenes holandeses no constituyó dificultad venir a tocar y bailar “en casa del trompo”, a pesar de ser ardua labor lidiar con nuestra clave que considero representó el mayor reto, pero no una barrera en su interpretación.

El repertorio escogido fue diverso y colorido. Partiendo de fragmentos de la zarzuela Cecilia Valdés la orquesta se abrió como abanico que hilvanaba obras de música cubana, de concierto, popular y sacra de diferentes períodos históricos. De esta forma y sin responder a un orden evolutivo se homenajeó el centenario del compositor Alfredo Diez Nieto con la obra Diablitos; se interpretó desde un arreglo de Salve Regina de Esteban Salas, o La Bella Cubana de José White hasta La Sandunguita de Isaac Delgado.

La música de Ramoncito Valle vibró en temas como Levitandoy Cinco hermanas. El pianista mostró esa habilidad de convertir el instrumento en una extensión de su voz, donde la función comunicativa gana fuerza tanto en la entonación de una tonada campesina, como en la utilización de giros y cadencias propios de la escuela clásica europea.  

El Camaleón, obra musical y término con el cual se hizo identificar Ramoncito para describir su esfera creativa, fue amalgama oscilante entre una regia formación académica y jazzística, pasando por los diversos colores de un reptil que se mueve con los ritmos del cha, la guajira y el son.

El desplazamiento constante y las coreografías en escena, la forma ingeniosa de asumir el solista sus instantes de protagonismo, los increíbles contrastes y matices logrados con un trabajo excepcional en el recurso de la dinámica y la interacción con el público para hacerle partícipe de su performance dieron cuerpo a un espectáculo que sobresalía por trasladar el espíritu veraniego de sus músicos recién llegados de la playa de Varadero luego de las tres únicas horas de descanso de la gira.

Tras ofrecer 49 conciertos el pasado verano en Holanda, en la semana que duró su visita a Cuba el Ricciotti Ensemble realizó cerca de 25 presentaciones. Esta es una orquesta sinfónica de la calle y se presenta en lugares como plazas públicas, cárceles u hospitales, donde por lo general no acostumbra a aparecer la música clásica en vivo. Para sus integrantes:

“Esto siempre genera una interacción contagiosa entre el público y la orquesta, y da lugar a intercambios inesperados y bellos”, aseguró Ramoncito Valle, quien compartió que en Matanzas con estudiantes de la Escuela Profesional de Arte y, posteriormente, todos juntos al proyecto Maravillas de la Infancia, actuaron en la Plaza de La Vigía.

En su misión filantrópica la orquesta lleva la alegría y unión de sus integrantes a una resultante sonora explosiva, donde convergen una estética visual contrapuesta a los cánones establecidos dentro de la música de concierto y a su vez, un respeto por la música cubana en su más amplia diversidad.

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