Adislen Reyes y Manuel López Oliva: metáforas y símbolos del arte cubano

El sello editorial College Habana publicó recientemente los catálogos de los creadores Adislen Reyes y Manuel López Oliva, una iniciativa necesaria, diría que imprescindible, en la defensa y promoción del arte nacional.

El primero, dado a conocer en la sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, recoge los 12 años de trabajo, desde el 2005 hasta el 2017,de Adislen Reyes, quien se caracteriza fundamentalmente por recrear en sus obras un personaje asexuado, con el que infiere estados de ánimo como la desesperación, la duda y el miedo. Sentimientos que provocan una crisis en el hombre y lo conducen al fracaso.

Los críticos de arte Susana Sosa y David Mateo Núñez asumen la valoración del quehacer de la autora en el volumen. Ella “ha agudizado al máximo la capacidad de intensificar sus metáforas en la estructuración visual de sus dibujos y pinturas, bajo esa compulsión de contrariedades existenciales, aseveró Mateo Núñez.

Paciencia, una de sus exposiciones exhibida en la Galería Galeano hace tres años, constituye un reto a la constancia, el empeño y la voluntad. En un escenario dominado por la inmediatez, el triunfo viene marcado por el factor tiempo. Y es el objetivo principal de la muestra, cuestionarse los presupuestos éticos de la posmodernidad, que condiciona a los creadores a querer el éxito, rápido y a lo grande.

“¿Qué fronteras se han disipado o quebrado entre la revelación colectiva y personal?, ¿cómo se traza hoy en día el límite de la confidencia?, ¿creemos como antes en el recurso de la confidencialidad?”, son preguntas que Mateo Núñez deja en manos de los lectores.

Para Sandra Sosa en Terapia, serie del 2015,“más que definir un individuo materializa una idea; mientras que en Olvido, 2017 representa un contexto aterrador: alguien que se observa a sí mismo y a su fantasma, no importa si es real o imaginario”.

A sus 34 años, Reyes ha mostrado talento y una carrera en ascenso. No obstante, aún tiene mucho camino por recorrer. Habrá que seguir de cerca sus derroteros profesionales.

Al final de la publicación se encuentran los agradecimientos y dedicatorias, palabras que “nos hace volver a una página interior y leer: la paciencia que acompaña la espera”, explicó Vent Dumois en la presentación del libro. “Espera que nos roba la vida aguardando las grandes oportunidades, que terminan aniquilando las pequeñas cosas. Cosas que pueden significar más que ese anhelado futuro que aún no llega”. Una verdad incuestionable.

En tanto, López Oliva, referente imprescindible en las artes plásticas nacionales con el catálogo Pintura y Performance—calificado por los especialistas del proyecto como un verdadero ejercicio académico— pone en manos de los espectadores una valiosa publicación que merece ser revistada de principio a fin.

Adislen Reyes. Foto: Tomada del sitio oficial de la artista

El crítico de arte, curador y poeta Nelson Herrera Ysla explica en el libro la dimensión ética de este creador con un profundo sentido de la espiritualidad. Encarna el sentimiento más puro en sus piezas, donde es posible advertir fuerte teatralidad y poética. Se convierte metáfora y símbolo por su versatilidad como pintor, crítico, profesor y comunicador.  Aquí aparecen también textos de Hortensia Montero, Lillian Guerra, Rufo Caballero, Donna Gold, Jorge Bermúdez, Kirenia Rodríguez-Puerto, Carina Pino Santos, Virginia Alberdi y Deney Terry.

“Cuando estoy pintando llego a un estado superior, aunque no veo contradicción entre el pintor y el crítico. Son dos caminos diferentes que de alguna manera se complementan. Nací en un taller de pintura, en medio de varios mundos”, puntualizó el prestigioso artista. Esa mezcla de saberes resultó el factor determinante para consolidar su talento y transgredir los límites que separan a los creadores de los estudiosos.

Nudo, 1993 es considerado uno de sus trabajos magistrales al lograr lo que todo artífice anhela: que la imagen salga del cuadro, aseveró el director del Museo Nacional de Bellas Artes, Jorge Fernández Torres, en su intervención.

“Me reconozco —agregó López Oliva— como una personalidad híbrida. No estoy en contra de eso porque la cultura cubana es así. Tengo otra característica: me aburre repetirme, necesito hacer cosas distintas”.

Para el autor de Antígona, la pintura y el performance constituyen expresiones de la totalidad del ser. Sin embargo,“a veces no puedo dejar de escribir porque me preocupan los problemas nuevos con respecto al uso y la producción del arte”.

Acerca de la enseñanza artística comentó  la importancia de nutrirse de los jóvenes con ideas frescas y novedosas. Aunque el arte —al decir de esta prolífera figura de la plástica cubana— no se define por lo viejo y lo nuevo, sino por “caminos estéticos, sentimientos y convicciones”.

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