Vivimos en tiempos de Fidel

Esta mañana hemos venido al encuentro con un amigo. Múltiples generaciones de cubanos tienen en este sitio un motivo de unión, lealtad y compromiso. Aquí está sembrado en la eternidad aquel que con su vida nos demostró que no hay límites a la voluntad humana, desde su modo especial de hacer posible los más grandes sueños.

Intelectuales, escritores y artistas reunidos aquí hoy, tenemos el inmenso privilegio de haber vivido en tiempos de un gigante como Fidel. Sí, Fidel a secas, con esa familiaridad que lleva nombrarlo para los que hemos estado siempre con él. Su sola presencia es pasado, presente y futuro; sus ideas no envejecen. Lo recordaré, rodeado de jóvenes, como ese 17 de noviembre de 2005, en su Universidad de La Habana, cuando nos alertaba de la dramática posibilidad de que solo nuestros errores y deformaciones pueden hacer reversible un proceso como el nuestro.

Fidel democratizó el acceso a la cultura, la concibió como patrimonio real de los cubanos y creó las condiciones para que los escritores y artistas pudiéramos hacer nuestra obra en Cuba. No es casual entonces, que esta edición de la Feria del Libro esté dedicada también al legado intelectual de su principal inspirador y precursor, al que dijo en tiempos bien difíciles del Período Especial que lo primero que había que salvar era la cultura. Esta fiesta de las letras, convertida en un espacio que año tras año nuestro pueblo espera, es una de las tantas materializaciones que desde el campo del arte y la cultura nuestro Comandante nos dejó. Es imposible hablar de la Feria sin obligatoriamente pensar en él.

Ese hombre que se transformó en un símbolo para Cuba y el mundo, el compañero que nunca le falló a este pueblo, el antiimperialista invencible y el intransigentemente revolucionario, ese es el Fidel que nos acompaña hoy; el que como mejor discípulo de Martí, siempre tuvo como prioridad la opción de los pobres.

Entre nosotros hay muchos Fidel, por tanto tenemos que defender entre todos nuestros logros y conquistas, la dignidad y la soberanía. Este quijote lúcido, ético e incorruptible estará siempre vigilante a nuestro lado para recordarnos que en la historia no hay casualidades, que unidos tenemos que seguir luchando, porque el combate por alcanzar la belleza plena nunca termina. Nuestro Fidel nunca se cansó, nunca dejó de luchar.

Hasta siempre Comandante…

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