Rodolfo Tamayo Castellanos


Introspección espejo a espejo

Presentación al libro de cuentos para adultos Matices de vida, de la autora Lisbeth lima Hechavarría

Quiero proponerles la lectura de este libro, publicado en el 2021 por la editorial Libros Duendes, Ecuador, en colaboración con la Agencia traductora-literaria Tektime, Italia. Lo conforman una serie de textos, algunos cortos otros de mediana extensión. Ha sido prologado por Elaine Vilar, quien nos ofrece una visión bastante abarcadora de lo que pueden encontrar en el volumen. Entre las coordenadas que nos ofrece aparecen las referencias a los cuerpos fragmentados. Dicha visión no es desacertada, sin embargo, prefiero hablar sobre cuerpos múltiples o de un cuerpo que se desdobla en disímiles variaciones de vidas, como una especie de metaverso por el que el personaje principal transita a través de distintas situaciones. En este punto coincido con la prologuista cuando habla sobre espejos, reflejos y verdades.

Vienen entonces historias como El despertar de Alicia (una referencia reconfigurada a partir del símbolo de Alicia en el país de las maravillas, digo símbolo por el recurso de la multiplicidad de posibles realidades, similares a ver nuestro reflejo en el espejo y descubrir que no somos el que vemos reflejado). Los relatos se desarrollan mediante sostenidas reflexiones introspectivas. Los personajes observan constantemente y se ven en una especie de juego de espejos: jugar al doble o al otro (precisamente lo lúdico y lo trágico signan buena parte del volumen). Para los héroes o heroínas de este libro hay una muerte en vida, pues se descubren empantanados, en un «NO VIVIR» condicionado por la sociedad y por sí mismos. Lo vemos en dicho cuento donde dice: «Dios mío… ¿qué hago aquí? ¿Cómo es que no me he ido ya? ¿Qué tiempo hace que morí?» El estar entre cuatro paredes, en cama, la experiencia de la muerte, los hospitales, un despliegue de recursos sobre biología o medicina vienen a completar los matices de las historias. Al mismo tiempo descubrimos seres que nunca sabremos del todo si son reales o producto de la imaginación del personaje narrador, seres traumados, envueltos en un halo insólito, en el miedo, la violencia, el Eros y la incertidumbre, aplastados por las vidas que han elegido. De este modo escuchamos, en Fototaxia negativa a uno de los personajes que se abre paso mediante las bondades de su cuerpo: «¡Ay muchacho, yo sé lo que tú debes estar pensando!, pero bueno, mijo ¿qué se le va a hacer? Cada quien lucha como quiere o como puede».

Reza el dicho: Mi onda es la de David. Así que me quedo con la fuerza de un personaje profundamente humano, fiel a una amistad más allá de sus miedos y límites. Este es Alfredito, del relato: Al final tampoco se descansa. Nada mejor que la voz del personaje para ver sus posturas ante la muerte: «Ayudé a Néstor a cargar el sarcófago de su madre y colocarlo en el vehículo. —Sé que detestas el cementerio, Alfredito, ve a casa, nos veremos luego. —Me quedé observándolo unos segundos y vi cómo se hinchaban sus ojos de lágrimas—. Yo me quedo, asere, voy contigo —y lo abracé, aunque sabía que esa noche no podría dormir».

Estos son los matices de las vidas propuestas por Lisbeth Lima. Adentrarse en sus páginas es asistir a una galería de espejos y observar constantemente los múltiples reflejos y con ellos sus verdades, desdoblamientos, trivialidades, miedos y el dolor por una vida que se va.

presentación del libro Matices de vida de Lisbeth Lima por Rodolfo Tamayo

 

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