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Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (8/10)

¿Cómo lidiar con las (malas) revisiones?

El proceso de redacción es un asunto serio que exige un esfuerzo ciclópeo. A veces uno encuentra una inspiración y las palabras caen solas como preseleccionadas por la providencia. En otras ocasiones –la mayoría–, las ideas no hallan su apropiada envoltura y el texto se convierte entonces en una jerigonza sin gracia que avanza a tropezones, como si de repente nos hubiesen cambiado de lugar los muebles de la casa justo a esa hora de la madrugada en que te levantas por un vaso de agua.

Al poner punto y final a tu primer borrador, y a veces hasta varios días después, seguimos encasillados en la realidad de tus propias palabras y las de otros que convocaste en tus referencias. Pero ya está. Después de muchas vueltas, te has decidido a compartir tu texto y exponer tus criterios al mundo. Ahí mismo te asalta la duda, ¿mi artículo tiene suficiente teoría o ejemplos? ¿la metodología es apropiada? ¿qué pensarán mis compañeros acerca de esto? Y caes en un bucle de inseguridades que te lleva a preguntarte hasta si es Times New Roman la fuente ideal para inscribir tu trabajo.

Precisamente porque hacer el informe conlleva tanto tiempoy energía, es que otorgamos un valor tan alto a las evaluaciones que otros hacen del mismo. Esperamos que nuestro sudor sea visible en cada letra. Pero, lamentablemente, no es así. El tesón no se lee ypor eso nos duele tanto cuando los criterios que recibimos no son satisfactorios. Es en ese momento cuando cada señalamiento parece una daga hundida en carne propia. ¿Cómo reaccionar entonces? ¿Qué hacer?

No importa si es un artículo, un capítulo o tu tesis entera,es inevitable atravesar el calvario de la evaluación. Pero también te adelanto que sí es posible gestionarlo, de modo que puedas convertir cada revisión en una herramienta que actúe en tu beneficio. El objetivo de este post es compartir algunas ideas que te ayudarán a lidiar con las revisiones, especialmente las negativas.

Esta entrada quizás resulte un poco más larga de lo habitual. Es que, para ser verdaderamente útil, el tema involucra irremediablemente el debate de los recursos técnicos, así como de cuestiones emocionales. Discutiré contigo las tres estrategias que, en mi opinión, te ayudarán asacudirte deexámenes innecesarios y convertir las críticas en elementos positivos. De esa manera, podrás justipreciar las nociones que sí valen la pena tomar en consideración para luego proceder a la transformación del texto.

Las estrategias son:

  1. Gestionar las expectativas.
  2. Escoger bien a tu revisor.
  3. Identificar la naturaleza del señalamientoy asegurarse de ofrecer respuesta a todos.
  4.  

It’s all about the work: gestionatusexpectativas

Al recibir una revisión severa nos sentimos ofendidos, abandonados, e incluso, traicionados. La causa es simple: no queremos ser criticados. Sí queremos, en cambio, ser reconocidos. Tanto en la una como en la otra, colocamos en la otra persona la responsabilidad de nuestros sentimientos. Le atribuimos poder sobre nuestro mal/bienestar. Mala idea.

Una vez que el trabajo sale de tus manos y es puesto en función de una audiencia debes marcar conscientemente una distancia, esto es, es reajustar tus expectativas. Ponte en los pies del revisor. Es el primer paso para reconocer que sus indicaciones no son sobre ti: son sobre el texto. En la capacidad para reconocer los puntos de vista de otros radica el principio capital para no tomar los asuntos como agresiones personales y te permitirá preguntarte ¿qué ha visto y por qué? Identifica sus intenciones y confía. Quién sabe, quizás tenga razón.

Desembarázate del lazo enfermizo que hace del trabajo hecho una extensión de tu anatomía. No lo es. Así podrás desarrollar pensamiento crítico y ser tú mismo, el censor más exigente, o mejor, más justo. Te permitirá aumentar el sentido de comunidad y construir empatía con el evaluador. La autocrítica es sinónimo de madurez y seguridad.

La táctica fundamental: escoge bien a tu revisor

Esta es la regla de oro.Por un lado, porque no todo el mundo es un buen evaluador de tu trabajo.Por otro, porque debes asumir de inmediato que el primer borrador que escribas no será suficiente para completar la tarea y requerirá muchas revisiones antes de que el texto sea evaluable ante un tribunal. Todos tenemos opiniones, por tanto, una vez que tu escrito salga de tus manos, estará sometido a los dictámenes de otros. De eso no hay escape.

Elegir un mal lector puede desvirtuarte por completo de las metas que has trazado y generar un caos total en tus proyectos. Lo peor es que afecta tu autoestima e incide negativamente en tus análisis, por lo que no solo destroza el fruto de tusdesvelos, sino que cercena la capacidad para sobreponerte a las críticas.  

Pero no tiene por qué ser así. Si lo piensas bien, el revisor es una persona que dedica su tiempo en atenderte y corregirte. Es decir, es una oportunidad para que otros trabajen en favor de tu gracia. Además, en cierto sentido, cuando escribiste el texto ya estableciste tu recepción ideal y conun poco de cálculo, advertirás quiénes son los lectores correctos para ti.

Solo hay tres tipos de evaluadores verdaderamente útiles para un investigador: el tutor, los colegas del mismo campo y los revisores de publicaciones.

No menciono aquí a los editores.No porque no sean valiosos, nada de eso;sino todo lo contrario, los señalamientos de éstos van encaminados en un 95 % a cuestiones formales de uso del lenguaje, por lo que con ellos no se discute, se les obedece y punto. Si un editor te dice que tu oración es oscura y que empleaste incorrectamente un tiempo verbal, no hay nada que hacer: se transforma.

Ahora bien, en primer lugar,tu tutor es el evaluador más importante tu trabajo. Esto es claro. Él es la persona devota a tu formación y el especialista fundamental con quien tu tema se relaciona. Además, se trata de un vínculo que se construye durante años, por lo que evalúa además tu progreso. Ten en cuenta que, la mayoría de las veces, tu trabajo con él se hace de formapresencial, o sea, que recibirás feedback y podrás tú mismo valorar el nivel de satisfacción que profesa.

Una revisión totalmente positiva no es una buena señal. Normalmente indica dos cosas: una, tu tutor no se lo leyó y por tanto solo quiere que lo dejes en paz; dos, no tiene la menor idea de lo que estás hablando, lo cual significa que no comparten áreas de experticia y, por tanto, no tiene la capacidad para ayudarte. Fatal.

Por otro lado, una revisión totalmente negativa tampoco es algo bueno. Quiere decir que tu tutor difiere de los axiomas que sostienen tu pensamiento, por lo que encuentra inapropiadas todas operaciones que de allí se desprenden. Comúnmente, tal animadversión involucra discrepancias de corte político o ético. El problema aquí no tiene que ver, por tanto, con la valoración per se, sino con la relación entre ustedes. Es resultado de una mala elección de tu director de tesis, y eso ya lo hablamos en trabajos anteriores.Frente a esta situación, aunque será un paso bien complicado, mi recomendación es quecortes por lo sano y cambies de tutor o de programa. En ese contexto te será muy arduo progresar.

¿Cómo responder? Antela revisión de tu supervisor, lo más importante es que sepas traducirlas a prácticas cotidianas. Me refiero a que sus criterios no solo están orientados hacia el resultado que recién analizan, sino a tu programa de desarrollo en sentido general. Consecuentemente, la solución a los apuntes recibidos toma tiempo y debe tener expresión en tu plan de habilidades. Por ejemplo, si una de las acotaciones indica un error en la metodología, no saltes de inmediato a reescribir la falta. En cambio, primeramente, haz algunas lecturas sobre el tema, luego discute con él interrogantes y dudas, a continuación, haz ciertas prácticas donde las apliques, y solo entonces, vuelve con el manuscrito corregido. Verás que encontrarás una respuesta diferente.

Segundo, las revisiones de colegas del mismo campo te aportan otros elementos. Date cuenta que un colega de un doctorando significaexclusivamente otro doctorando.Aquí no hay una relación de jerarquía, sino de camaradería. No hay superiores ni subordinados y, por eso, las más de las veces, estas valoraciones se hacen con mucho respeto y tienen un carácter positivo. Se cuida más la cordialidad de la relación, que juzgar con objetividad el trabajo. Encima, al compartir logros y penas similares hay un aura de empatía que siempre incide sobre el juicio.  

¿Para sirve entonces? El principal beneficio de la revisión de un colega es la identificación de nuevas fuentes de conocimiento de las que no estás al tanto o que no has explorado aún. O sea, referencias actualizadas que ignoras, facetas de tu objeto que no tomaste en cuenta, autores interesantes que omitiste, espacios de socialización donde presentar tus resultados como eventos y simposios que no sabías que existían o, incluso, publicaciones novedosas. La clave es aprovechar las experiencias de otra persona que realiza una exploración similar a la tuya. No se trata tanto de corregir como de expandir los horizontes de tu texto.

Tercero, la revisión más desafiante: las revistas académicas. Aquí ya estás en la última vuelta de tuerca, volcado por completo en la fase de publicación de tus hallazgos. Los textos enviados son revisados inicialmente por el editor, quien garantiza que la propuesta se ajusta al perfil de la revista. De ahí pasan a manos de los revisores, quienes son (doctores) especialistas del tema suscritos a la misma revista. Como todo este proceso se realiza de manera anónima, lleva el nombre de blind peer review. Hay mucho debate hoy sobre los mecanismos de las publicaciones y su naturaleza ética, debes ser consciente de ellos (ver, por ejemplo, Alexánder Sánchez. 2011. Manual de redacción académica e investigativa: cómo escribir, evaluar y publicar artículos, Medellín, Fundación Universitaria Católica del Norte, p. 118).

Los evaluadores tienen tres dictámenes para un texto: publicable sin modificaciones, publicable con modificaciones y no publicable. De ellos, el primero es prácticamente inexistente. Al menos, no he conocido a nadie al que le hayan publicado algo en un journal serio sin haberle hecho varias trasformaciones previas.

Una vez devuelto el manuscrito con las acotaciones, debes dar respuesta a todos los comentarios.Eso no entraña que debes acceder a todos los criterios de los evaluadores. Si un señalamiento supone un cambio radical en tu perspectiva o su solución conlleva más tiempo de los plazos con que cuentas, no discutas, no repliques, este no es un espacio para ello. Si no estás dispuesto a reconstruir el trabajo, te recomiendo es que cambies de inmediato de revista y vuelvas a comenzar el proceso.No obstante, en mi experiencia, una vez resueltas las anotaciones, el escrito crece mucho y se muestra muchísimo más acabado.

¿Qué hago con mi manuscrito destrozado? Identifica la naturaleza del señalamiento y asegúrate de ofrecer respuesta a todos

Ahora bien, el día que recibes la revisión, ya sea el encuentro con tu tutor o colegas o el correo electrónico con la respuesta de la revista, no esperes felicitaciones o palmaditas en la espalda. El tutor te devuelve tu manuscrito lleno de marcas rojas y dos millones de comentarios a pie de página. Eso te hará sentir mal, así que prepárate. Estarás rabioso porque crees que nadie te comprende; despotricarás contra el mundo preguntándote cómo pueden ser tan ciegos y maldecirás tu suerte de encontrarte en un terreno yermo para la frescura de tu imaginación. Esto es normal. 

Mi recomendación primera es la siguiente:recoge los restos de tu confianza destrozada y tómate un día sabático. Bajo ningún concepto te enfrentes colérico a la realizar las correcciones. Cambia de actividad, haz algo físico, en exteriores y, preferentemente, de tipo social. No hagas nada de corte académico y aléjate de tu trabajo habitual. Haz algo que te guste mucho: cocina, baila, haz yoga. Te servirá para calmar las emociones y no darle demasiadas vueltas. Como reza el dicho, la noche da consejo.

Al día siguiente, retoma el trabajo. Lo primero que debes hacer al volver sobre tu manuscrito es colocar, en un documento diferente, todos los señalamientos recibidos. Intenta recordar si son nuevos o si ya los has escuchado antes. Si este es el caso, recuerda la respuesta que les diste. ¿Los ignoraste o ya los habías cambiado y la respuesta no fue satisfactoria? Haz memoria.

Lo segundo es aprender a reconocer la naturaleza de las indicaciones. ¿Son cuestiones de retórica? Es decir, ¿no es un problema del argumento que defiendes, sino que la forma en que lo expresaste fue incapaz de convencer a tu lector? ¿Son asuntos de redacción, de estilo o de vocabulario? O, en otro sentido, ¿son críticas a tus métodos? ¿Se cuestiona tu proceder en la obtención de datos? O, en otra ruta, ¿es el análisis de la evidencia la que es puesta en duda? ¿Por qué?

Normalmente, una revisión vendrá con todos estos aspectos mezclados y es imperativo para ti aprender de inmediato a discriminar su causa.

Tercero, te recomiendo comenzar por todos aquellos que corresponden a ortografía, omisiones y formato. Eso te ayudará en varios sentidos. Por un lado, verás que el texto mejora inmediatamente, adquirirá una mayor calidad y dejará de parecer un borrador. Por otro lado, más importante aún, solventar estos asuntos que toman, cuando más, solo un día o dos de trabajo, te dará el primer soplo de autoestima que se necesita luego del mazazo de la crítica.

Y cuarto, sé realista. Si ya tienes claro las dificultades, ahora traza un plan para enfrentarte a ellas. Desintégralo en acciones pequeñas y ponle fechas que puedas verdaderamente cumplir. Quizás debes incrementar las fuentes revisadas, quizás necesites más experimentos o conducir otras entrevistas. No te apures. Aspira hacia lo verdaderamente necesario para superar el reproche recibido. Verás cuán superior estará tu texto luego de este repaso.

…

En conclusión, aprovecha las revisiones al máximo. Ponte en el lugar de los evaluadores y sé crítico con respecto a tu propio escrito. Aplicando una estrategia apropiada de selección de revisores y asumiendo una correcta actitud ante las mismas podrás convertir lo que es un miedo natural (a nadie le gusta sentirse inspeccionado) en una herramienta poderosa de perfeccionamiento.

Espero que estas estrategias te funcionen,no sólo para traducirlas en razones operativas a aplicar en el trabajo específico, sino también como coraza emocional que te proteja de heridas innecesarias y te permitan avanzar. Úsalas como mecanismos de motivación. No te dejes marcar por la viruela del resentimiento, no se cura con facilidad.


Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (6/10)

Habilidades a desarrollar durante una investigación científica (II)

En este post continuamos explorando el rango de competencias que debes adquirir durante tu proceso de obtención de un título académico. La primera parte estuvo dedicada al (1) Conocimiento y habilidades intelectuales y a la (2) Eficacia personal; en esta ocasión, nos adentramos en la (3) Organización de la investigación y en las (4) Relaciones, impacto e influencia.

Recuerda que cada una de estas esferas se descompone en un sinfín de habilidades y modos de comportamiento. Su dominio te ayudará a desempeñarte con suficiencia y confianza en los espacios universitarios y científicos, además de facilitarte la realización del acto mismo de la investigación. El refinamiento de tales mañas toma años de entrenamiento y algunas te serán más sencillas de adquirir que otras en dependencia de tus experiencias, circunstancias y carácter. Pero no debes descuidar ninguna de estas áreas, pues conforman los pilares de la actuación profesional en el mundo académico de hoy.

Gráfico propio creado a partir de la ilustración de Pablo Stanley (www.blush.design.com)

El objetivo de este texto es ayudarte a descomponer cada esfera en procedimientos mínimos a incorporar a tu rutina. Además, espero señalarte las amenazas fundamentales que hallarás en el camino, así podrás evitarlas o salir victorioso en su enfrentamiento. La mayoría de los eventos descritos corresponden a situaciones con las que yo mismo lidié y frente a las que estuve, en más de una ocasión, a punto de “arrancarme los pelos”. Aunque nada podrá prevenir el sinfín de atolladeros que supone hacer una tesis, quizás estos escritos te ayuden a desbrozar un poco tu sendero. Espero que así sea.

Obtener un título no tiene por qué ser un drama sórdido. Ya sabemos que es difícil, lento, y que puede tornarse un alud de inseguridades e insatisfacciones. Pero también sabemos que es gratificante, prestigioso y divertido. Debemos aprender a convertir ese periodo en una fase de crecimiento personal continuo, instruirnos en nuevos sets de artilugios y encontrar en los escollos los desafíos en los que ponemos a prueba nuestros instrumentos.     

Organización de la investigación

Ser capaz de organizar tu investigación es un requerimiento para orientarla hacia el éxito. Implica su disección en objetivos, de los que se desprenden las tareas y su adecuada disposición en el tiempo. La identificación de metas y la administración de tus esfuerzos para alcanzarlas es el primer eslabón de una conducta profesional armoniosa. Es arduo de lograr porque conlleva un alto grado de concentración de energías en un pequeño número de actividades. Generalmente, los jóvenes que comienzan sus investigaciones científicas tienen ambiciones diversas y un alto nivel de creatividad, lo cual se traduce, en ocasiones, en dispersión, agotamiento y dificultades para sostener el interés en tiempo. Llevar a cabo un estudio entraña performar con consistencia ante un elevado número de tareas que mantienen un único objetivo. Los estudiantes tienden a enfocarse en muchas cosas al mismo tiempo, a aburrirse y cambiar de interés constantemente. Eso es contraproducente con el nivel de enfoque requerido para completar una tesis. No es una tarea para finalistas y la procrastinación es tu principal enemigo.

Una de las claves para alcanzar la estabilidad en tu quehacer a mediano y largo plazos es el desarrollo de hábitos productivos. Es lo más engorroso de adquirir y no todos los investigadores lo logran. Para hacer un doctorado no es necesario madrugar, ni quedarse despierto durante noches enteras. Esas son cosas comunes durante la etapa de estudiante porque las metas son inmediatas (un examen, una presentación, etc.), pero son imposibles de sostener durante años. Te matan la motivación, la capacidad de concentración y, eventualmente, tu rendimiento baja.

He aquí, quizás, uno de los aspectos de mayor diferencia entre un nivel académico y otro. Hacer un doctorado es radicalmente distinto a otras tesis que has realizado porque, entre otras cosas, involucra la voluntad de cambiar tu forma de vida. Es imperioso desarrollar un sistema de trabajo que sea beneficioso y saludable.

La gestión de la investigación significa que, una vez que reconociste tus tareas, debes segmentarlas hasta acciones mínimas que has de desempeñar en tu día a día. Esto te permitirá no solo ejecutar los trajines con mayor celeridad, sino medir su alcance y observar, tangiblemente, tu progreso.

Organiza tu jornada, tu semana, tu mes; distingue qué acción sirve para qué; diseña tu propio sistema y practícalo con disciplina. En Internet podrás encontrar muchos modelos de organización de tu tiempo. Van a menudo acompañados de títulos pomposos como “La rutina productiva de Elon Musk”, o cosas así. En general, son una tontería, pero uno siempre encuentra elementos pequeños aplicables a nuestro contexto. Aprovéchalos. Oblígate a ti mismo a cumplirlos y, no lo dudes, verás los resultados.

Cualquiera que sea tu esquema de quehaceres no olvides dos cosas: una, tu ajetreo debe estar orientado por objetivos (específicos, medibles, alcanzables) y asegúrate de dedicar algunas horas a la semana para las siguientes tareas:

  1. 1- Revisar bibliografía de tu campo. Estar actualizado de lo que sucede en tu esfera es más que importante, por lo que te recomiendo dedicar la primera hora de tu mañana a revisar un artículo o capítulo de libro relacionado con tu investigación. Te ayudará a comenzar en el tono común empleado en tu ciencia.

  2. 2- Leer ficción.Ya sé lo que piensas. ¡Hay tantos textos científicos que revisar que no tienes tiempo para dedicarlo a la lectura recreativa! Conozco muchos colegas que tienen este criterio. Lamentablemente, está bastante expandido en el mundo científico. No es casualidad que esos mismos colegas son de los que peor escriben y de los que más sufren con las revisiones de sus propios artículos cuando los presentan a publicaciones, a pesar de estar bien preparados y tener resultados que exponer.

¡Atención a una trampa en la que no debes caer! Incorporar a tu rutina textos de ficción te ayuda increíblemente a mejorar tu redacción porque facilita el desarrollo de herramientas retóricas, amplía considerablemente tu vocabulario y dominio de metáforas, y porque te demuestra que la buena escritura (no importa el tema) no tiene por qué ser aburrida. Además, unas pocas páginas en tus horarios libres ayudan a distender el cansancio del día y potencian tu imaginación.

  1. 3- Escribir… algo. Puede ser que aun no tengas resultados concretos que llevar al papel. No importa. El trance de tener una idea en tu cabeza y articularla de manera convincente para tener un efecto persuasivo en otros no puede tomarse como una banalidad. De hecho, todos sabemos que es bieeeeen difícil y enfrentarse a la página en blanco puede ser una verdadera tortura.

La redacción productiva es una habilidad, no un talento genético, por lo que se puede aprender y entrenar. No esperes obtener todos los datos para comenzar a escribir a tu tesis. Hay muchos otros ejercicios que puedes aplicar: escribe reseñas de los libros más recientes que se publiquen en tu ciencia (así, además de ejercitarte, incorporas publicaciones necesarias en tu currículo y ya vas construyendo el estado del arte de tu propio informe); escribe críticas a procesos culturales de tu entorno (una exposición, una película, una obra de teatro).Y más, mucho más. Un libro muy útil para trazar estrategias de escritura es How to Write a Lot. A Practical Guide to Productive Academic Writing, de Paul J. Silvia (descárgalo aquí https://b-ok.lat/bokk/932163/d4d179). A mí me sirvió de mucho.

Añadir estas tareas a tus costumbres te harán mucho más eficiente a la hora de acometer los ejercicios investigativos (el núcleo duro de tu tesis). Es preciso que no las veas como una estructura rígida, sino que moldees tus dinámicas de acuerdo con el momento en que te encuentras en tu estudio.

Relaciones, influencia e impacto

Tu influencia en el terreno científico se mide a partir de tu incidencia en el trabajo de otros. Para ello, no es suficiente que el resultado de tu ejercicio investigativo tenga la calidad necesaria para ser aceptado en la comunidad académica. Esto es solo un principio sine qua non. Además, es imprescindible trabajar en tus habilidades comunicativas, ya sea en su modo escrito u oral. La imagen del científico en su laboratorio que no habla con nadie ni se relaciona con nadie es una ficción cinematográfica.

En tu carrera, encontrarás disímiles ocasiones donde tu capacidad de expresar ideas con claridad, precisión y elocuencia será puesta a prueba. Hay muchos ejemplos: en la redacción de tus artículos científicos o en publicaciones de divulgación (como este post que lees ahora mismo); en las clases que impartes, conferencias que asistes o posters que presentas; puede ser incluso en tus conversaciones informales y entrevistas con expertos de tu campo, editores o informantes clave de tu investigación.

Trabaja en tus habilidades retóricas: se consciente de estrategias de persuasión (cómo involucrar a tu receptor, ya sea lector o audiencia), organización de ideas y argumentos de manera coherente, así como de un apropiado balance entre el lenguaje técnico, coloquial y metafórico.

Además, debes sumar que la pandemia nos ha puesto ante la realidad indiscutible de que tales habilidades han de ser adaptadas también a su ejecución en entornos virtuales. Debemos reconocer cuanto antes que gran parte de la comunicación presente y futura ha de estar mediada por una pantalla. Cuanto antes lo asumamos, más posibilidades tendremos para prepararnos. Nunca es suficiente el tiempo que emplees en esto.

El último elemento que debes considerar como un pertrecho a incorporar a tu arsenal de joven investigador es el impacto. Es el último porque está relacionado con la recepción de tu actividad académica, es resultado de todos los anteriores y su logro total no está en tus manos. Esto no quiere decir que sea arbitrario. Por el contrario, encarna un mayor nivel de gestión, conlleva una administración integral de todo tu empeño a largo plazo.

El impacto es el indicador de la influencia y esta se logra tomando en cuenta una conveniente diseminación de tus trabajos. De nada sirve alcanzar un resultado científico relevante y saber presentarlo a otros, si la audiencia hacia quien lo orientas es incapaz de hacer un buen uso del mismo. El científico de hoy no puede, bajo ningún concepto, ser un anacoreta.

En un ambiente apropiado, un buen artículo puede lograr una amplia circulación, lo cual se traduce en reconocimiento y mejores oportunidades profesionales. ¿Cómo identifico mi audiencia ideal? Pues debes tener en cuenta que la ciencia es un gremio y, como tal, tiene sus espacios exclusivos de comunión. Las tres plazas fundamentales de intercambio de ideas corresponden a las publicaciones académicas (journals), congresos y sociedades profesionales. Tus pares, los especialistas como tú, se agrupan alrededor de estos espacios y hacia allí debes posicionar tus resultados.

…

El universo de competencias descrito te ayudará a formarte con solidez. Cerciórate de que tus acciones contribuyan a fortalecer tus aptitudes y sé reflexivo con respecto a tu propio apertrecho de habilidades y deficiencias. Ten paciencia y asegura mantenerte motivado. Pronto verás el crecimiento y, créeme, no pasarás desapercibido entre tus tutores y colegas.


Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (VI)

Habilidades a desarrollar durante una investigación científica (Primera Parte)

Si has seguido las entradas anteriores de esta sección, habrás notado cómo insisto en que el recorrido por un programa de formación académica (sea de licenciatura, maestría o doctorado) es mucho, pero mucho más, que el acto de conformar un informe final o tesis. Ciertamente, este reporte escrito es el objeto concreto a evaluar por el tribunal y, sin dudas, su apropiada conformación debe ser tu prioridad. No obstante, debes tener en cuenta que este ejercicio no es otra cosa que un examen donde debes demostrar que has adquirido competencias que te permitirán operar luego en el ámbito científico. Es, por tanto, un punto de partida y no un punto de llegada.

Mi principal consejo (uno de los objetivos de estos posts) es que veas los años que pasas en tu programa como un periodo de inversión en ti mismo a largo plazo. Tu misión principal es desarrollar el más amplio rango de competencias posible. Debes tomar en consideración que un título no garantiza de ninguna forma la adquisición de un determinado trabajo. Más bien, es el requisito indispensable para aplicar al mismo. Si te fijas en la persistencia con que los Ministerios de Educación Superior de los distintos países presionan para elevar el nivel de sus claustros, entonces es fácil reconocer que hace falta mucho más que un título para obtener un puesto apetecible.

Además, una vez que te gradúes la naturaleza de tu trabajo cambiará radicalmente. Es decir, si antes de obtener tu doctorado te dedicabas a la docencia y, mayormente, a la investigación; una vez graduado se esperará de ti que performes con eficiencia en otras áreas como la dirección de proyectos científicos (donde tendrás que liderar equipos de investigadores), la tutoría de jóvenes, la política universitaria o la edición de revistas académicas. Cada una de estas tareas demanda un “saber hacer” que debes dominar de antemano. Por ese motivo, es crítico que orientes tus esfuerzos hacia la conformación de atributos y destrezas que te harán destacar con respecto a otros solicitantes.

Este es el primero de dos posts donde te ofrezco cuatro esferas de aptitud en las que debes invertir y crecer durante el período de obtención de un grado científico. Ellas son: (1) Conocimiento y habilidades intelectuales, (2) Eficacia personal, (3) Organización de la investigación y (4) Relaciones, influencia e impacto. Aquí analizaremos solo las dos primeras.

Gráfico propio creado a partir de la ilustración de Pablo Stanley (www.blush.design.com)

Es importante que ganes conciencia acerca de ellas, que reconozcas tus fortalezas y debilidades, para entonces identificar qué pasos darás para mejorar las habilidades que ya tienes y para para sobreponerte a tus flaquezas. No dejes las cosas al azar; toma tu futuro en tus manos.

Recuerda que las imágenes que acompañan el texto pertenecen a www.phdcomics.com.

Conocimiento y habilidades intelectuales

He aquí el núcleo del proceso formativo. El investigador, antes que todo, compendia datos existentes, reconoce vacíos y terrenos en disputa y aporta un nuevo conocimiento al mundo. Este primer cuadrante reconoce los requisitos de información, habilidades y creatividad necesarios para poder completar la tesis. Implica varias competencias insoslayables: analizar, sintetizar, pensamiento crítico, solución de problemas e imaginación relevante.

Suena complejo y abstracto, ya lo sé. Pero se pueden desmenuzar en adiestramientos específicos. Lo primero y más importante es el entendimiento de tu campo de estudios, es decir, debes ser capaz de responder con experticia estas tres preguntas:

  • ¿Cuáles son sus paradigmas (puntos de vista y autores relevantes)?
  • ¿Cuáles son sus principales métodos (cómo se colectan y procesan los datos)?
  • ¿Cuáles son sus avances trascendentes (discusiones más relevantes que suceden hoy)?

Mientras más entiendas de estos puntos más posibilidades tendrás de hacer un trabajo relevante. Domínalos.

Relacionado con lo anterior, debes estar capacitado para conducir búsquedas efectivas de información; o sea, necesitas saber localizar las principales fuentes, utilizar los softwares bibliográficos como EndNote (de pago) o Mendeley (gratuito), y demás facilidades de las tecnologías de hoy. Ten en cuenta que esto es un punto donde (en ocasiones) los jóvenes podríamos tener ventajas con respecto a investigadores de más edad. Aprovéchalas para encontrar nuevos nichos de datos poco explorados.

Finalmente, si has realizado lo descrito, te será fácil el reconocimiento de problemáticas de tu campo. Mantente abierto a nuevas fuentes de ideas y te encontrarás apto para la formulación de soluciones. Pronto podrás trabajar en desarrollo de conceptos teóricos. Con el dominio del trinomio paradigmas, métodos y avances, tienes el éxito a la vista en cualquier empresa en la que te embarques.

Eficacia personal

Lograr la maestría imprescindible de las habilidades intelectuales toma tiempo. No hay conjuro que las invoque de forma inmediata y solo la constancia y la planificación adecuada pueden hacerlas florecer. Claramente, la guía certera de un tutor es el mejor impulso que puedes recibir. Pero tu desarrollo no puede depender solo de ello. De ahí que alcanzar la autosuficiencia ha de ser un norte en tu ruta.

¡Ojo! No confundas autosuficiencia con arrogancia. La primera, implica la facultad de ejercer determinadas tareas con eficacia sin necesidad de orientaciones externas. Va de adentro hacia afuera. Tiene que ver contigo y tu dominio del mundo exterior. En cambio, la segunda desatiende la tarea y solo se concentra en la gente que te rodea. Va de afuera hacia adentro. No le interesa aquello que hay que hacer, sino la fanfarria hueca de pretender poder hacerlo sin ejecutarlo de veras.

Lamentablemente, la arrogancia es una cualidad demasiado común en el mundo académico. Estoy convencido de que ya conoces a muchos y eso indica que es un peligro real que afecta el ámbito donde te mueves. La vacuna radica en concentrarse en la tarea y descubrir satisfacción en su ejecución con desenvolvimiento. Te prometo que la realización de ejercicios complejos de tu campo con la soltura adecuada no pasará desapercibida por tus pares y superiores.

En otro sentido, debes trabajar en aprender los protocolos de relaciones interpersonales. ¿Qué es esto? Pues como ya hemos visto, en la vida académica los roles profesionales se hallan quirúrgicamente estratificados y es tarea tuya reconocer tales estamentos y comportarte siguiendo sus protocolos. Algunas consecuencias son obvias y no merecen mayor detenimiento. Por ejemplo, no debes dirigirte de igual manera a un compañero doctorando (tu par) que a tu tutor (tu superior).

Pero hay otras instancias un poco más difusas con las que te relacionarás y que debes reconocer. Ello implica aprender a escribir e-mails profesionales a editores de publicaciones, directivos de redes profesionales y organizadores de eventos. El registro en el que establezcas tu comunicación puede ser determinante a la hora de la aceptación o rechazo de tus propuestas. Nadie tolera a los “equivocados”. Has de perseguir la balanza precisa entre la humildad y el orgullo. Lamentablemente, la comunicación adecuada, precisa y respetuosa, es como todas las cosas verdaderamente valiosas de la vida: solo la notamos cuando nos falta.

Aquí te mando un consejo práctico. Para ensayar las formalidades académicas te recomiendo el canal de YouTube de Shady Attia, profesor de la Universidad de Liège, Bélgica, quien ofrece numerosos tips que allanarán tu camino. Además, te aconsejo consultar dos libros, el primero es de Danny Rubin, Wait, How Do I Write This Email? Game-Changing Templates for Networking and the Job Research (2016), que podrás descargar en este link (https://b-ok.lat/book/3680411/f9d521); el segundo es de Heike Hering, How to Write Technical Reports. Understandable Structure, Good Design, Convincing Presentation (2019, Berlín, Springer) que encontrarás aquí (https://b-ok.lat/book/3653174/b3bc4c).

Ambos ejemplares tienen la ventaja de ser utilizados fuera del espacio universitario también, por lo que sus enseñanzas te serán muy útiles. En otro post futuro te comentaré algunos textos que, en mi opinión, son esenciales para que tu día a día como investigador joven sea un poco más sencillo. Estate atento.

Por último, es importante que trabajes en la autogestión de tu carrera. Este punto se refiere a la alineación de tu actividad como científico (aquel que hace ciencia) con el resto de tus objetivos de vida. ¿Tienes claras tus aspiraciones profesionales? ¿Estas se complementan con tus anhelos personales? Recuerda que comenzamos dejando claro que alcanzar el título no debe nunca ser una meta. Por tanto, ¿Cuál es tu propósito? ¿Qué logro te haría verdaderamente feliz? ¿Estás dispuesto a hacer lo que se necesite para alcanzarlo?

Si lograr identificar tus dificultades mayúsculas, también podrás diseñar estrategias para solventarlas. No hay atajos en la carrera de un científico. Disecciona tus problemas y ponte metas pequeñas, así notarás avances y te mantendrás motivado. Puede ser el estudio exhaustivo de un determinado autor o la pericia exquisita de un método puntual. Da igual. Encontrarás en tu camino numerosas ocasiones donde evaluarás tu desarrollo. Así, podrás reconocer y espantar el olor mordiente de la desidia, el principal enemigo de todas las empresas significativas.

Ten claro en la mente tu destino último y no pierdas de vista a tus héroes. La autogestión, es el tercer pilar el trípode de la eficacia personal. Junto con la autosuficiencia y las relaciones personales, serán un empujón definitivo en tu carrera. Trabaja en ellas a conciencia.

…

Para trabajar en áreas de adiestramiento profesional, normalmente, las universidades cuentan con escuelas doctorales. Igualmente, los colectivos de desarrollo científico, tanto los programas de doctorado, de maestría o las carreras, diseñan seminarios con el fin de apoyar la formación de los jóvenes investigadores. Además, en una entrada anterior, te comenté que tu tutor te ayudaría a trabajar en estos bloques de destrezas.

Pero si nada de esto sucediera, si tuvieras la terrible mala suerte de embarcarte en una investigación dentro de una institución con un pobre manejo del potencial científico; o si tu tutor le diera tres pepinos lo que haces o dejas de hacer; siendo aprehensivo respecto a tus zonas de desarrollo podrás asociar tú mismo las acciones naturales del proceso de investigación con tu propio programa de adiestramiento profesional.

Por ello te recomiendo que, antes de acometer cualquier ejercicio (entrevista, lectura, experimento, búsqueda de archivo, observación participante, etc.), te preguntes ¿cómo me puede hacer crecer? ¿qué aspecto en específico puedo desarrollar y de qué manera podría medirlo? Las áreas que enumeramos más arriba son los cuadrantes de tu brújula. Oblígate a pensar en ellas hasta que la costumbre te indique de forma natural en cuál eres mejor y en cuál debes trabajar más. Cuida que tu camino las recorra todas en equilibrio, así evitarás perderte en el berenjenal de la vida del joven investigador. Invierte en ti mismo.


Tablas-Alarcos, el mismo espíritu de 20 años atrás

Tablas–Alarcos, esa Casa Editorial que ha acompañada desde las letras el acontecer del teatro nacional, este 2020 celebra dos décadas de unión y vida, con la acertada imagen de un elefante como metáfora de resistencia, esa que como dijera el editorial de Juventud Rebelde, no solo había estado a prueba muchas veces, sino que había sido el soporte de cada una de nuestras acciones.[1]

Ningún obstáculo impidió que se compilara el teatro cubano y se ganaran los derechos de autor de los internacionales. Tampoco que se realizaron coloquios, concursos disímiles y otros intercambios con críticos, dramaturgos, actrices y actores.

La revista Tablas, por su parte, se consolida cada vez más como esa publicación por excelencia de las artes escénicas, y que a su vez la dimensiona  dentro del imaginario social y cultural cubano.

Entonces, poco de asombro tiene el hecho de que, por celebrar su cumpleaños, el equipo de comunicadores haya salido de casa una vez más para compartir los triunfos y los sueños, conquistados o por rediseñar, junto a los hacedores del arte dramático del centro de la Isla.

“Lograr que el teatro se mantenga actualizado ha sido una impronta de la Casa Editorial”, dijo para el Portal del Arte Joven Cubano la editora Taimí Dieguez Mallo, durante la visita a Santa Clara del equipo de comunicadores.  

“Fue un programa apretadito y nutrido porque hemos visitado varios grupos. Estamos muy contentos con el intercambio que hemos logrado con los diferentes grupos; como Teatro Laboratorio, Estudio Teatral, Ojalá, Alánimo y Teatro sobre el Camino.”

Dieguez Mallo explicó también que “es muy importante mantener el vínculo con los grupos teatrales y acompañarlos en sus procesos creativos, uno de los objetivos de la Casa Editorial Tablas-Alarcos.”

¿Cómo puede, el mundo del libro en Cuba, seguir el camino abierto por Tablas-Alarcos, que ha dado tanta visibilidad a lo que sucede sobre las tablas tanto en provincia, como en la capital y el resto del mundo?

En realidad, los procesos editoriales en Cuba pueden ser lentos o complejos, por las cuestiones materiales a que nos enfrentamos constantemente, entre estas la escases del papel y demás. Por eso estamos muy enfocados en la producción digital. Queremos enrumbarnos hacia lo virtual, por supuesto, sin abandonar el libro, porque es importantísimo, y eso lo tenemos muy claro y presente en nuestro trabajo.

¿Cuál es el desafío, a la vuelta de 20 años, y la publicación de unos 200 títulos de cotizados autores?

El desafío es el hecho de constantemente estar publicando, no solo el teatro cubano, sino también a los autores extranjeros, ¡los clásicos del teatro a modo general! La Editora se mantiene en vínculo con el quehacer teatral internacional.”

Según el artículo de JR: Tablas-Alarcos celebra sus veinte aniversarios, Alarcos cuenta ya con más de 60 libros de dramaturgia cubana contemporánea en su colección Aire Frío, casi 30 teóricos y de investigación escénica nacional acopiados en La selca oscura, cerca de 40 imprescindibles de las artes escénicas de todos los tiempos en Biblioteca de Clásicos, casi 20 de dramaturgia y teoría contemporánea internacional Escenarios del Mundo, y diez manuales o testimonios de directores y actores que, dentro de la colección Cuadernos Tablas, redondean algunas de las vertientes editoriales que se propone la casa.

Se suman a este arsenal otras publicaciones como Antologías, Completos, Ediciones Especiales, además de la revista Oralia, dedicada a la narración oral; y varios materiales digitales de la colección Multimedia.

Y es que durante estas dos décadas, no solo ha sido posible el sello Tablas-Alarcos por esa suerte de resistencia, sino también por la fuerza de la magia que emerge sobre un escenario y que este equipo, liderado por el crítico Omar Valiño, ha ido a libar, de un modo u otro, hasta un improvisado retablo de la periferia en las sedes de provincia, o en los diferentes escenarios de La Habana.

 

Nota:

[1] Tomado de http://www.juventudrebelde.cu/suplementos/el-tintero/2020-08-08/la-medida-y-el-ritmo. EN LINEA 08-08-2020.


Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (III)

¿Cómo elijo a mi tutor? Tres preguntas que te ayudarán a tomar tu decisión 

La figura del tutor recibe varios nombres de acuerdo con los programas activos en diferentes países. Puede ser supervisor, director de tesis, consejero académico, etc. No es casualidad. Las funciones de un tutor son numerosas y todas denotan un compromiso con la ciencia (la búsqueda de la verdad), la generación futura (o sea, tú) y la humanidad (el compromiso de traspaso de experiencias es un acto profundamente generoso).

Todos sabemos, sin embargo, que la relación apropiada con el tutor puede garantizar un impulso extraordinario a tu carrera o puede sepultarte en la marea de procesos burocráticos y competidores activos en la esfera científica. Elegir al tutor apropiado es una tarea crítica al iniciar cualquier proyecto de investigación.

Con este post iniciamos una serie dedicada a la relación entre el joven investigador y el tutor. Está dividida en tres partes. En esta primera entrega, damos pistas para que hagas esta elección de forma correcta. Me concentro en elementos absolutamente profesionales. Hay otras variables que son relevantes y debes tomar en cuenta como el carácter, la empatía y la ética. Pero estas son de naturaleza personal, por tanto, dependen de la interacción humana y del sistema de relaciones que seas capaz de construir. Por eso no las atiendo aquí.  

Lo más importante para una elección apropiada del tutor es la alineación de los intereses científicos. Debes encontrar los puntos comunes y situar tu atención allí. Ello supone que conoces las investigaciones desarrolladas previamente por tu tutor y eso es fácil de averiguar. Solo tienes que realizar una búsqueda de sus publicaciones. Concéntrate en el período que va de los últimos 3 a 5 años. Busca sus perfiles en Google Scholar o en redes sociales profesionales como Academia.edu o LinkedIn. Hoy día, los académicos agrupan sus trabajos publicados en estos repositorios.

Aquí te dejo tres interrogantes que debes tomar en cuenta para una evaluación de tu posible tutor.

Como siempre, te recuerdo que las imágenes de este post pertenecen a phdcomics.com.

¿Cuán activo es en el proceso de investigación?

Si no tiene mucha presencia online o si sus publicaciones son muy antiguas, puede ser un indicador de que tu tutor tiene otras prioridades aparte de la socialización de sus resultados. En Cuba, donde el salto a las publicaciones online es relativamente reciente, es común que muchos profesores de más edad y amplia experiencia no estén volcados a la investigación científica, sino que tengan áreas de experticia más desarrolladas en los ámbitos de la docencia, la política universitaria o la dirección de proyectos. Por el contrario, un investigador prolífico, con muchos trabajos insertados en revistas de nivel, es habitualmente una buena señal.  

Ten en cuenta si la autoría de sus trabajos es compartida y con quiénes, ya que es también habitual que las publicaciones académicas respondan a resultados obtenidos por grupos de trabajo, ya sean tutor-doctorando o equipos de investigadores. Si son textos de autoría compartida, asegúrate de buscar además a los otros autores.

En la misma cuerda, si notas que existe una diferencia notable entre tu tutor y el otro autor (por ejemplo, contraste significativo de edad o de nacionalidad), es posible que se trate de algún doctorando anterior. Ahonda un poco más en la vida profesional de esos posibles doctorandos (dónde trabajan y en qué campo), intentando encontrar un patrón. Busca tu reflejo en sus éxitos. Puedes ser tú en los próximos años. Si tomas en cuenta que hoy todo el mundo expone su vida en las redes sociales, esto es algo que no te llevará más de diez minutos.  

¿Dónde las ha publicado?

Reconocer la naturaleza de las publicaciones es esencial para el profesional de la investigación. Generalmente, las revistas tienen nichos claramente definidos signados por los contenidos que publican. Por tanto, la presencia de tu tutor en determinados espacios es señal clara de sus intereses. Debes analizar dos elementos:

Uno: si se trata de publicaciones locales, nacionales o globales. Esto te mostrará las áreas de influencia del autor. Aquí no hay elementos buenos ni malos. Simplemente examina dónde tu posible tutor ha posicionado su área de influencia y cuál es la que más te conviene.

Dos: si se trata de un generalista o de un especialista. Me explico: analiza si todas sus publicaciones pertenecen a revistas de un mismo perfil o, por el contrario, abarcan un espectro amplio. Los autores generalistas son investigadores que participan en muchos proyectos y pueden exhibir resultados en distintos campos de una misma ciencia. O sea, sus empeños se expanden de manera horizontal. Es muy probable que con ellos encuentres puntos comunes con mayor facilidad.

En otro sentido, un autor especialista concentra sus publicaciones en un nicho pequeño y específico. Su accionar crece de manera vertical. Estos tienden a ser particularmente más profundos en esos espacios puntuales y tienen más posibilidades de posicionarse como voces de autoridad. Si tu propuesta de tesis no encaja a la perfección con su perfil, lo más probable es que no sea un buen match para ti.

¿Cuál es el impacto de sus publicaciones?

Hoy día hay sistemas métricos para evaluar el impacto (esta es una palabra clave) de la ciencia y estos están en vías de perfeccionamiento. Pueden serte útiles. Usa Google Scholar para conocer el índice H de tu tutor. Recuerda que el índice H se calcula tomando en cuenta la relación entre trabajos publicados y citaciones recibidas por cada texto. Asimismo, con una pesquisa rápida sabrás la cantidad de citaciones recibidas, lo que te permitirá identificar cuál ha sido su texto más influyente.

Pero debes ir más lejos. Mientras estas técnicas son muy fáciles de aplicar para una rápida evaluación de académicos en todo el mundo, en Cuba aún no son muy explotadas. Es decir, no todos los investigadores tienen sus perfiles actualizados y muchos ni siquiera saben que existen. Además, son cifras que otorgan mucha importancia a los artículos, en detrimento de otras formas como los libros (a menos que hayan sido publicados por alguna editorial académica de prestigio global como Francis & Taylor, Routledge, Springer, De Gruyter, Palgrave Macmillan, Sage, etc.).

A ello debemos sumar que estos rankings solo evalúan revistas académicas, por lo que el ámbito cubano está completamente fuera de este universo, sobre todo en las humanidades y ciencias sociales. Puedes encontrar a autores (generalmente de avanzada edad) de muchísimo prestigio que puntúan muy mal en las métricas contemporáneas. Por ese motivo, debes buscar también en el contexto nacional y local. No te dejes llevar solo por las cifras, ellas no evalúan los contenidos de los textos.

…

Encontrar a tu tutor ideal es algo que debes afrontar con responsabilidad. No lo tomes a la ligera. Tu futuro puede depender de ello. Las respuestas a estas tres preguntas te facilitarán evaluar mejor tus posibilidades y, en última instancia, a tomar una mejor decisión. No dejes las cosas al azar. Toma el control de tu vida y de tu carrera. 

*Profesor del departamento de Historia del Arte de la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba.


DJ Arte, de la poesía a la música electrónica, una Entrada de emergencia

Estábamos reunidos y no era muy informal la cita, estábamos como de costumbre en ese sitio de Luz, conversando con Luis Yuseff sobre cómo queríamos, los más jóvenes, en calidad de espectador, que fueran a partir de ahora las peñas de literatura que celebramos cada semana en los espacios habituales: Abrirse las constelaciones, Oda a la joven Luz y el más reciente Entrada de emergencia, con la intención de darle un enfoque más entretenido por los que apuestan por escuchar literatura y para que de cierto modo, tuviera más adeptos que de costumbre. Lo cierto es que todos los planes de estrategia de promoción cultural que nos hemos estado trazando hasta el momento en las redes van teniendo muy buena acogida en cuanto al alcance de las publicaciones, las interacciones y los registros de visita, gestión que realiza Lilian Sarmiento, una desenfadada y moderna estudiante de Periodismo que conjuga sus estudios con la estancia casi diaria dentro de las actividades que prepara también el equipo creativo de la editorial.

Fotografías: Héctor Ochoa

Tal parece que este propósito se transmite de manera natural en esas vidas que alimentan su rutina con versos, y porque la sensibilidad es una manera de ser y otra forma de ver la vida. Así irrumpe de pronto en nuestra oficina Artemio Vigueras, un hombre tan cortés como sus principios, y nos habla con profunda pasión de sus deseos de conjugar la música electrónica con los textos en las voces de los más recientes poetas publicados bajo nuestro sello editorial. DJ Arte, como es conocido en el gremio, tiene 32 años y no para de soñar como productor de actividades en el Centro de Arte, o como miembro del Laboratorio Nacional de Música Electroacústica: la poesía me viene de la música y viceversa, de Lorca, de Alejo Carpentier, de Nicolás Guillén, en el caso de ustedes (refiriéndose a las nuevas voces de la poesía en Holguín) es la frescura de una poesía que dice mucho de mi tiempo, textos que me inspiran melodías, y zonas de confort para mi creación.

La música electroacústica que desde sus inicios ha sido netamente experimental, surgió a través de experimentos entre musicólogos e ingenieros de sonido, pero lo que estamos trabajando ahora son ondas electrónicas que se modulan a través de sintetizadores virtuales, porque también existe la modulación electrónica en sintetizadores físicos, analógicos que trabajan solos y se escuchan solos, pero principalmente en nuestro país que no disponemos de muchos equipos se trabaja con computadoras y softwares. El software que trabajo Ableton Live, sirve para producir música y reproducirla en vivo.

Fotografías: Héctor Ochoa

Hay dos tipos de expresiones de música electrónica: el DJ de sala, el que mezcla que tiene también un arte, una forma de expresión para el club para bailar, es el ejercicio de la mezcla en vivo, de música preelaborada, una sesión creativa, algunas para entretener y otras para el culto de la propia música electrónica, por tanto este proyecto que estamos defendiendo es más de producir música en vivo se llama Live At, presentaciones logradas a través de este programa, clips patrones sonoros que van desde la percusión, la armonía, un sintetizador, una estructura que puede durar alrededor de una hora y se van intercalando con el controlador de ese programa que da la posibilidad de trabajar en vivo y estructurar una sesión logrando con esto una sesión puramente creativa con la incorporación en este caso de las voces de los poetas, de los cantantes…

DJ Arte desde el 2013 ha tenido un trabajo consolidado con la EGREM y ha estado trabajando en los centros culturales de la propia entidad, Casa de la Música, Centro Cultural Bariay, haciendo mezclas en vivo, en la AHS también se ha presentado, pero sus proyectos más inmediatos tienen que ver con escenas que conjugan artes visuales, literatura. La acogida en las salas indican el termómetro de una idea que va marcando la diferencia, el concepto mismo.

Aquel día, en la hora gris sobre las cinco de la tarde para ser más exactos, en un espacio tremendamente bohemio

Arrastramos la poesía por la ciudad, desmenbrándola

lo que inquiero / ya no le llaman ciudad / pero la busco igual

mira la cicatriz por donde sangro / es pura analogía

no duermo más sola / me repito

Yo no sé qué tiene este hombre que te deja soñar, que pone en los versos la música que quizás les falte, que termina la estructura con un sonido que el poeta lo consume en silencio. Yo no sé, quizás él tampoco sabrá, todo es cuestión de tiempo y ensoñaciones.


Brasil como isla poética: pórtico de antologías y selecciones

Un año después del 1er. Encuentro de Poetas del Mundo en Cuba “La isla en versos,” efectuado durante las Romerías de Mayo de 2012, se promocionaba en la ciudad de  Santiago de Cuba el libro Memoria de una isla (Apostrofes Ediciones, Santiago de Chile), antología resultante de aquel espacio poético confraternal. Con él, avalado en su preámbulo por las palabras de la Premio Nacional de Literatura Lina de Feria, quien dijo: “Oírlos a ustedes, poetas de todo el mundo, es ampliar el diapasón con el que nuestros juicios adelantarán la comprensión de diversas posiciones,” se ponían a disposición de los amantes del género textos de 60 autores de Angola, Brasil, Cuba, Chile, Colombia, Francia y México; sugerente abanico de generaciones y estéticas que desde la multilateralidad creativa permitirían descubrir, reconocer y dialogar con las diferentes obras.   

La ocasión sirvió para intercambiar criterios y valoraciones, sobre todo, acerca de las obras de los poetas de la lengua portuguesa, específicamente, de Brasil. A todas luces,  fue aquello pretexto y posibilidad para (re)sintonizar con las letras provenientes de esa zona geográfica de alto relieve literario. Los contertulios de esta urbe, publicados o no en Memoria…, traerían a debate la valoración que cataloga a Brasil como una isla dentro de Latinoamérica, a razón de ser el único donde se habla portugués, en su variante local;  especificidad lingüístico-cultural que, imbricada con lo histórico-social, le otorga un sello inconfundible a la literatura del Gigante suramericano, que por años ha provocado profundas reflexiones de grandes figuras de su poesía contemporánea: en el sentir de Manoel de Barros, Brasil es una “isla lingüística,” mientras que Vinicius De Moraes la veía como “una isla de ternura: la Isla/ Brasil.”

Lo expresado por de Barros y por De Moraes se encuentra en la misma cuerda reflexivo–creativa  de Carlos Nejar, el poeta que significaría, enfáticamente, en su obra La Edad de la Aurora. Fundación de Brasil (Editorial Arte y Literatura, 2004), versión al español y presentación de Virgilio López Lemus, este “carácter” de isla de Brasil. Nejar coloca en varios poemas, de las tres secciones del poemario, este término de profundo simbolismo en correlación con el lenguaje, con la palabra: “El suelo de la isla era el mismo que el lenguaje. / Cuando despertaba, con los ojos de animal, toda ella/ cintillaba. Los ojos de la isla, potros galopando entre azules (I. Brasilio y Columba. La edad que duerme. 9.). Brasil, Brasilio, Columba, isla. Palabras frescas o usadas, cocidas en/ el ladrillo, junto al horno”. (I. Brasilio… 10.). En La Edad de la Aurora… poemario de identidad, la palabra, dice en el prefacio López Lemus, viene del Paraíso […] “es reina de sí misma. […]  y resulta una isla –isla de islas– en la que el poeta habita. […]. Y el poeta sujeto de la expresión muestra la aprehensión vital a través de la poesía como acto de identidad […]: Brasil como isla ante el cuerpo global del mundo.”

La isla, para ellos y otros que así lo percibieron –perciben–, es la metáfora (extensamente recurrida) que determina un sentimiento identitario raigal, cuyos signos, subscribiéndose la explicación de José Lezama Lima, son la imaginación, la fidelidad a las grandes causas y la bravura. De cierto modo, las intencionalidades de los compiladores de Memoria… remiten a esos fundamentos y, en el trabajo realizado, emerge la idea de unir “islas” para crear un continente poético. Bajo este presupuesto presentaron los textos de Cyro Mascarenhas Rodrigues (1944), Odete Pereira Alves (1959), Nil Lus (cantante), María Vilmaci Viana Dos Santos (1962) en su idioma original, preservando el espíritu y las atmósferas de las composiciones, como vehículo para compartir narrativas, con temas dedicados a Cuba, el mar, las deidades, los sueños. Para el lector, ante poemas casi comprensibles, era el reto de disfrutar de la experiencia, explotando a fondo las sensaciones, pues se ha dicho, con acierto, que la poseía es la ciencia de las sensaciones.

Lo anterior se sustenta en las proximidades existentes entre los idiomas español y portugués; idiomas de culturas vecinas que antaño, según estudios interdisciplinarios en lengua y literatura, entre ambas se produjeron préstamos léxicos (palabras, morfemas, expresiones) e interferencias lingüísticas (calcos, mezcla de códigos…), fenómenos de gran impacto sociocultural y trascendencia.[1] Esta familiaridad coloca en una relación a Cuba y Brasil, países que se profesan “simpatías recíprocas”, como expresaría el escritor y diplomático João Almino, sobre la base de procesos históricos, sociales, políticos y culturales con no pocas semejanzas. No es de extrañar entonces que la producción literaria brasileña, en nuestro ámbito, goce de distinción, difusión y aceptación, gracias a entregas de casas editoriales como Arte y Literatura, Ciencias Sociales y Casa de las Américas, posiblemente las que más títulos de autores de esa nación tengan en sus catálogos. Ello ha contribuido a que escritores de la talla de Jorge Amado, Frei Betto, Chico Buarque, Clarice Lispector, Thiago de Mello, Pessoa, Rubem Fonseca, constituyan referencias bien conocidas.  

De esa producción literaria, a juzgar por el número de títulos en registros institucionales, como la base de datos que el Instituto Cubano del Libro (ICL) circula periódicamente, para uso de sus dependencias, puede observarse que los géneros más representativos son el narrativo, el dramático y el ensayístico; no así el lírico, escasamente representado en años recientes, tomándose como referencia el año 2005, cuando la 14ta. Feria Internacional del Libro de La Habana (FILH) se dedicó a Brasil, donde estuvo disponible Poemas preferidos por el autor y sus lectores  (Arte y Literatura, 2004) de Thiago de Mello. Esto repercute, directamente, en las opciones –al menos impresas– para ampliar los horizontes de lectura en esa dirección.

Para esa edición 14 de la FILH, Arte y Literatura también publicó el libro, de naturaleza bilingüe, Catorce poetas brasileños (2004) con selección, traducción y prólogo de Ricardo Alberto Pérez,  quien utiliza el momento de la segunda Vanguardia Poética Brasileña del siglo XX: el movimiento concretista (liberación de las palabras de la estructura sintáctica, de su significado o sonido y darles importancia por su aspecto visual) y el neoconcretista de los años 50, como apoyatura para organizar y darle coherencia a una antología compleja, en la que se priorizan las ausencias más significativas dentro de ese panorama.

En el prólogo de Catorce poetas… se plantea que “la escritura poética en Brasil [es] un universo en expansión, con centros localizados, y una amplia periferia donde viven múltiples expresiones del lenguaje.” Esto se corrobora a través de unos 90 poemas, en 331 páginas, que sirven de coordenadas para el lector de este y otros libros de poesía de esa gran nación. Sépase que tales singularidades han sido de interés para estudiosos y especialistas, que vienen a convertirse en exegetas de la triada poesía–poeta–poema; labor demarcada, por lo general, en los métodos histórico, psicológico y estilístico, respectivamente, que dan cuerpo a las antologías y selecciones, que se visualizan factibles para mostrar un cuadro literario lo más completo posible.

En la opinión de la escritora, traductora literaria y periodista uruguaya Rosario Lázaro Igoa, el universo de las antologías de poesía brasileña traducidas al español es amplio y continua aumentando, a partir de un flujo literario que se efectiviza de varias maneras, ya sea por medio de antologías de varios poetas, antologías de un solo autor, o traducciones de un libro específico de un único poeta.[2] Igoa centra su atención en la antología de varios poetas, pues es donde se conjugan en un mismo movimiento dos operaciones paralelas e indisolubles: el antologar y el traducir.

En Cuba, no obstante la esporádica publicación de antologías o selecciones poéticas, propósitos de esta índole son los que coadyuvan –animan– a la circulación de la poesía brasileña en nuestro contexto desde otras plataformas. El poeta y ensayista cubano Félix Contreras es uno de los nombres que se suma a este concierto con Poesía brasileña, compilación de poemas de siete poetas,  publicada en la revista digital El Caimán Barbudo, en 2012. Este autor argumenta, en estrecha relación con el planteamiento de Ricardo A. Pérez, que “No hay en nuestro planeta una poesía más parecida a su país, que la brasileña: amplia, vasta, diversa, colmada de contrastes, profunda, pluriétnica y pluricultural”. Esta  concepción sirve de pórtico para profundizar e indagar en ese universo, de fuerte tradición, con poetas notables y paradigmáticos.

Cabe precisar que en antologías y selecciones de pluralidad internacional se han incluido poetas brasileños. Por ejemplo, la colección Sur editores publicaría en El múltiple trino. Treinta y cinco poetas del siglo XX (2001), diez poemas del periodista y político brasileño Carlos Drummond de Andrade (1902–1987), considerado por la crítica como uno de los mayores poetas de Brasil. Se afirma que desde sus primeros libros la poesía de Drummond se destacó del resto por su calidad y autenticidad, “Toda una literatura, una poética singular,” enfatiza el crítico y periodista Luis Suardíaz gestor del El múltiple trino… Y agrega que es un “Poeta de lo infinito y la materia/cantor sin piedad […]/ sin lágrimas frágiles […],” que hizo uso magistral de la ironía, la sátira, el humor, la auscultación de la realidad, lo cotidiano, lo político.

La bibliografía citada expone, de un modo u otro, que las estéticas y recursos de los autores brasileños, sobre todo los concretistas y modernistas, han dejado una impronta en el discurso poético de Brasil e incluso fuera de sus fronteras. A esto último se aproxima el investigador Virgilio López Lemus en el libro Oro de la crítica (Editorial Oriente, 2013),  a través del capítulo Otra mirada a la poesía cubana en cinco décadas: 1959-2009, donde propone, por medio de un esquema, un compendio nominal para organizar autores cubanos de diferentes épocas. En él están los llamados juveniles (1959-1976), donde se inscriben más de cincuenta poetas, que empezaron a publicar sus obras en la década de los años 80´ y 90´ del pasado siglo XX. La mayor parte de sus integrantes, asevera López Lemus, “[…] elige diversas direcciones: continúan senderos de la métrica tradicional o experimentan hasta aproximarse al concretismo brasileño […].” Entre los juveniles está relacionado Ricardo Alberto Pérez, entendido en el tema como se ha visto.

En los años en que estos escritores comienzan a visibilizarse en el panorama literario cubano, época de cambios en la expresión poética nacional, la crítica ya mostraba interés sobre el fenómeno de la poesía concreta brasileña. La ponencia El signo y las letras: una aproximación crítica a la poesía concreta brasileña de los años 60’, leída por el crítico de arte Rafael Acosta de Arriba en el encuentro Jornada de la cultura brasileña en Cuba, organizado por Casa de las Américas, la Universidad de La Habana y la Sociedad Brasil-Cuba, en noviembre de 1994, realizado en el cine Yara, de La Habana, supone la existencia de una recepción activa para esos contenidos. La revista Casa de las Américas, portavoz de importantes momentos culturales, publicaría íntegramente el texto de la ponencia,  en el Nº 207 de 1997.

También las referencias bibliográficas aludidas ofrecen una idea preliminar de los múltiples paisajes poéticos de y sobre los cultores del Gigante suramericano; paisajes como metáforas del sentido de lugar (geográfico, imaginario), de las circunstancias, del lugar externo e interno que rodea al hombre, de la percepción de pertenecer a algo. Pero, dentro de ese cuadro, existen aún zonas por explorar, atendiendo al detalle que en esas compilaciones y antologías predominan nombres de una generación que nació, fundamentalmente, en la primera mitad del siglo XX, por lo que cabría indagar por la obra de aquellos que nacieron en los años 60’. Es interés para el presente abordaje inquirir por los nacidos en los 70’ y 80.

Comprendidos en las postrimerías de los 30 o transitando ya los 40 años, estos creadores se inscriben en el núcleo de los poetas brasileños de hoy (actuales),  que según el crítico literario carioca Antonio Carlos Secchin, “se mueven entre la tradición lírica y la necesidad de inventar nuevas formas de expresión en un país donde el tema de lo nacional se impone.”[3] Si bien por las edades que ostentan no entran en las estadísticas de los más de 50 millones de jóvenes entre los 15 y 29 años, hay que advertir en ellos rasgos comunes con sus coterráneos, como la vasta diversidad cultural, tecnológica y político-económica. Además, descuellan preocupaciones, como las de no estar ajenos a las grandes desigualdades sociales (racismo, xenofobia, pobreza…), fenómenos que llevan expeditamente a sus creaciones literarias.

La selección Todo comienzo es involuntario. Ocho poetas jóvenes brasileños, sitúa algunos aspectos que distinguen –explican– a esa generación: “Ellos saben la importancia de la Poesía Concreta, del Neobarroco, del Language Poetry, no rechazan el diálogo con esas tendencias inventivas, […] son autores actualizados, que insisten en vivir su tiempo, con derecho a explorar todas las posibilidades ofrecidas por la tecnología, verbal y no verbal, para la creación en nuestra época”[4]. En la selección de Félix Contreras, sucinta pero no menos importante, se logra descifrar tales criterios a través de la obra hecha por Thiago Cervan (1985), Geovani da Silva (1989), Rodrigo Méndes Rodrigues (1989). Hay poemas asumidos como manifestación, en los que el sujeto lirico cuestiona, explícita e implícitamente, los diversos fenómenos –opresores– omnipresentes, sobre todo, de las grandes ciudades.

Los poemas de Poesía brasileña, como los de otras selecciones, evidencian la necesidad de “sancionar” las disimiles problemáticas desde un discurso heterogéneo, pero con numerosos lazos conectivos. Sin embargo, quien quiera ver un conjunto de poetas articulados como generación, defendiendo un lenguaje contestatario desde lecturas históricas, sociales, políticas; además con  (re)visitaciones a temas y personalidades de la literatura, las artes –nacional  y  universal–, sin obviar los grandes temas de siempre: el amor, la esperanza, la muerte, Dios, la naturaleza, la familia…, debe incluir en su hoja de ruta lectora a La Selección. Once poeta brasileños hoy (Ediciones Santiago, 2018).

Este libro bilingüe de 181 páginas, perteneciente a la Colección Códice, al cuidado y edición de Oscar R. Cruz Pérez, poeta y editor santiaguero, forma parte de los empeños editoriales atendibles del Sistema de Ediciones Territoriales (SET), que apuesta, cada año, por renovarse, dando a conocer lo mejor, novedoso y más diverso de la literatura de otras latitudes. Se trata de una apertura impostergable, que ha venido rompiendo, creativamente, los estigmas que sobre la producción del SET sostienen algunos desconocedores de esta fortaleza de las publicaciones cubanas, que insisten aun en comparar, cualitativamente, sus producciones con las de otros sellos editoriales.

Integrado por 44 poemas, la obra es provechosa en muchos sentidos, por supuesto, desde los textos, la traducción de la guatemalteca Claudia Tobar, hasta la imagen de cubierta, un detalle de la obra S.T (2010) de Helena Freddi, que desarrolla actividades artísticas y académicas ligadas a pesquisas y estudios de técnicas y poéticas gráficas. Asimismo, captura de manera inequívoca un proyecto poético en el que late el pensamiento orgánico en torno a la poesía como herramienta de expresión social, como mecanismo crítico, con la cual las voces ahí reunidas, son capaces de manifestarse desde su propia percepción de la realidad circundante. Marcelo Lotufo, su coordinador, lo propone como una “puerta de entrada” para que los lectores cubanos se interesen por conocer los poetas brasileños nacidos en esa década y la venidera; poetas que son parte de una generación que ha renovado la poesía brasileña, dándole un nuevo aliento, según sus palabras.

A Marcelo Lotufo le precede la carta credencial de haber realizado, junto al poeta y escritor guantanamero José Ramón Sánchez y a los traductores Rodrigo A. do Nascimento y Mariana Ruggieri, el libro Nocaute: 6 poetas / Cuba/hoje (Ediciones Jabuticaba, Brasil, 2017), selección en el que constan seis poetas cubanos nacidos después de los 70´, del pasado Siglo: José Ramón Sánchez (1972),Oscar Cruz Pérez (1979), Pablo de Cuba Soria (1980), Jamila Medina Ríos (1981), Javier L. Mora (1983), Legna Rodríguez Iglesias (1984).

En ambas selecciones se advierten similitudes entre los discursos poéticos, una forma loable, de ver (leer) cómo pueden dialogar generaciones análogas, con intereses compartidos, en diferentes partes del orbe. Ello se debe a la dimensión manifiesta del lenguaje poético, que aúpa, simboliza, articula, convoca.

Los poetas llamados a integrar La Selección…, son siete mujeres y cuatro hombres, y en observancia de sus biografías/currículos, se cumple lo que Antonio Carlos Secchin decía de la producción poética –y poetas– del Brasil contemporáneo, que estos dominan un conocimiento técnico del lenguaje, surgido de su formación universitaria, con un mayor grado de especialización, lo que les permite ampliar el horizonte de superación estética. Tienen los 11, efectivamente, formación profesional como abogados, historiadores, críticos de arte, periodistas. Además experiencias de participación en otros campos culturales como la fotografía, las artes visuales, la traducción y la edición. 

Sobresaliente son sus quehaceres dentro de las letras de su país, con  numerosas publicaciones que así lo demuestran, con atención sistemática de la crítica especializada. Tal es el caso de las poetas, que constituyen mayoría en La Selección…, pertinente inclusión, pues la poesía hecha por estas féminas, cual  documento social, emplaza un discurso que da cuentas, entre los muy diversos temas al que recurren, del complejo entramado a las que están sujetas las mujeres en América Latina. En aras de profundizar en este conjunto interesante, transgresor si se prefiere, pueden encontrase abordajes críticos que permiten comprenderlas mejor en sus dimensiones creativas, como sucede en Wonderful Witches, siete poetas brasileñas (1973-1984), breve pauta analítica del poeta mexicano Sergio Ernesto Ríos,[5] que permite llegar a los poemas Micheliny Verunschk (1972), Angélica Freitas (1973) y Marília García (1979),  donde se plasma las sensibilidades y subjetividades de cada una, que pueden confrontarse con sus poemas de La Selección…

Ríos acota que Micheliny Verunschk es “crisol sombrío mezcla de recuerdos y deseos”: (En algún lugar/brazos y piernas/pe da zos que en-caja-n/ con todo los engaños.). A Angélica Freitas la caracteriza el “humor, ironía y una tirante relación con lo que huele a Cultura Oficial, a Alta Cultura”: (papá es el presidente/mamá es primera dama/van a acabar con todos ustedes/voy a acabar con todos ustedes/voy a vivir en Miami/ ¡verga! ¡en su! ¡Culo!/ LALALALA…). Mientras que Marília García es “dueña de momentos enigmáticos, es capaz de hacer que los versos más simples estén más cerca de lo que aparentan” (“es difícil ver las cosas/directamente”, / ellas son muy luminosas/o muy oscuras).

De Ana Martins Marques (1977): activista y periodista brasileña, se suscriben las líneas de la presentación de su poemario El libro de las semejanzas (Killer71ediciones,2015), que permiten conocer sus inquietudes: “[…] la poeta transita a través del juego metalingüístico (lenguaje enriquecido por formas imaginativas) y la recreación de la frase hecha o el dicho popular (y por  más vidas que tenga/cada gato/es el cadáver de un gato); a través también de una cartografía sentimental que nos habla del amor y el desamor (tú me pides que no hable de amor/ de repente tengo una ocupación/ no verte, no llamarte/ no pensar en ti/ todo eso da cierto trabajo/ no voy a habla de amor), o desde una irónica modestia que da cuenta de los límites de la creatividad (¿pensarán en cuchillas/revólveres/veneno?/ pues yo solo pienso en el mar)”.

Érica Zíngaro (1980), que dedicada en la actualidad a la reflexión humorística sobre su propio trabajo poético, experimenta con el lenguaje y recontextualiza los mensajes –subliminares– de la internet como se observa en el siguiente fragmento de “teoría de los géneros”: “este poema fue escrito con datos tomados de Google Inc,/ y la poeta se exime de responsabilidad por la distribución de esta información […]”. Así como problemas éticos inherentes a la ciencia, la tecnología y la innovación científica, el ser humano presa y diana de sus propias dilemas presentes en Problemas metafísicos: “La tecnología/a favor/ de la salud/ del consumidor: Huevo transgénico/ Huevo transfigurado/Huevo industrializado/genético/& genuinamente/transformado/ para usted […] Coma sin culpa”.  En Nina Rizzi (1983), por su parte, con más de nueve libros en su haber, encontramos una poesía poderosamente íntima, feminista y a ratos casi documental de un activismo social y cultural: “¡a la mierda co´el lirismo!/poesía concreta/es tu verga erecta entre/mis grietas y callejones. O –es necesario cuidar bien el corazón/temando un saludo mientras/las manos incendian un vehículo aquí en la calle/-es necesario politizarla herida […]-es necesario cuidar bien el corazón”, dice.Adelaide Ivánova (1982) periodista y activista que trabaja en poesía, fotografía, traducción y publicación, es la editora de la revista anarquista-feminista MAIS PORNÔ, PVFR,  de modo que sus poemas “el broche,”  “la sentencia,”  “la moral” y “el martillo,” son coherentes con sus postulados creativo-profesionales; “el martillo”, ilustrativo de los temas –preocupaciones–que la ocupan,  forma parte de libro homónimo y trata sobre la violencia y la sexualidad femenina. El libro homónimo fue publicado por primera vez en Lisboa (Portugal), en 2016, además posee una edición brasileña de 2017. El poema es un claro manifiesto de lucha contra esa violencia (física–simbólica): “duermo con martillo/ debajo de la almohada/ si alguien entra de nuevo/ y furtivo/ en mi cuarto no basta que/ sea una mierda, tener un hierro/ dándome toques en la cabeza”.

Entre las (opciones) estéticas (éticas) de los poetas La Selección… se entrevén elementos de contactos apreciables que los ha llevado a enrumbar proyectos literarios comunes o participar del o los circuitos culturales de sus ciudades/ país, lo cual es sumamente importante, pues brinda información relativa al momento histórico, intelectual, cultural y académico desde donde se posicionan y defienden el movimiento –corpus–literario del que forman parte. Ejemplo de lo anterior  es Fabiano Calixto (1973) quien ha compartido labores de edición en la revista literaria Modo de User e Co., con Marília García y Angélica Freitas.

En la poesía de la representación masculina de La Selección… la historia y la geografía adquieren intensas relaciones en la que se establecen asociaciones simbólicas abiertas y creativas, con sucesos acaecidos y problemáticas, pretéritas y actuales, corroborando la literatura puede contribuir al conocimiento histórico territorial desde otra forma de entender el (micro-macro) universo a partir de apreciaciones sugestivas (juicios, valoraciones), a veces, agudamente críticas.  Fabiano Calixto, aborda el paisaje anacrónico de la cosmopolita urbe paulista: “ante la lluvia, el mendigo/ya estaba muerto/ […] la boca ya estaba llena/de sangre, de hormigas/de granizo”. En Pedazos esqueleto dice: “La ave. Paulista corriendo es tan graciosa/ parece una cobra de marshmallow/ un viaje ácido/una anguila electrocutando lenguas”. Mientras Tarso de Melo (1976) retrata el problema país en un poema alegato como es Un país: “Un país que se esconde de sí mimo. Un país que segrega, /excluye, amordaza. Sofoca su parte  incomoda. […]Un país grandioso, como el país sin  futuro/  […]  Un país imbatible en las tareas del error.”, de Melo, además, tematiza la impronta de la colonización en el devenir de Brasil con Ellos quieren más: “516 años. Y los indígenas que están en las tierras que les/ interesan a los blancos son muertos en los montes: sin registro […] 516 años. Y los negros que enfrentan los límites/ definidos por los blancos son muertos […] 516 años…”,  y continúa hablando sobre las mujeres, los pobres, los niños. Sobre los desencuentros que resume posteriormente en el poema Convención. El poeta y artista visual Reuben “cavalodadá” da Rocha (1984) es considerado uno de los poderes más extraños y fascinantes de la poesía brasileña contemporánea, como se introduce en una entrevista para el suplemento Pernambuco, de perfil literario.  Cavalodadá se ve a sí mismo como un animal salvaje que vive en una megalópolis del tercer mundo. Y su escritura combina muchos elementos científicos y tecnológicos (me preocupa la tecnología en busca de una posible contemplación en este mundo de chatarra) con elementos ancestrales y primitivos (Nací en una isla, me gusta hablar con el viento, con el movimiento de las mareas, con la gradación de la luz solar)[6]: “ESTUVE AQUÍ MUCHAS VECES/todavía encuentro bonito/extraños seres ligerezas/ extrañas paz precipicio. […] estuve aquí desde temprano/reincidente celeste/hirviendo oxigeno/protones de polen planetas/la gracia plural de los átomos/color intimo de las partículas […]. O /TEMPORADA DE CAZA/AL INDIO KA´APOR/drones tele dirigen/kanoés/caipós/”. Italo Diblasi (1988), cuyos textos han sido publicados también en la citada revista Modo de User e Co tampoco queda indiferente ante el drama humano en la gran ciudad, ante los desafíos de este mundo: “El espectáculo está ahí/ pero nadie lo ve/ había y eso/ bastaba-espejos/ mostrador de deseos/ vendido a plazos” (Un drama sin apoteosis); el silencio cruel del asfalto, los muros de concreto, los trasiegos inciertos por la(s) avenida(s): “Yo vi la muerte lapidar tus alas/de fríos metales/mientras el hambre retorcía/la carne cruda de los real. Un arabesco surrealista gritaba/antiguos cánticos herejes/y eran tristes las melodías decapitadas/en la oscuridad de la urbe” (Breve anotación en la Avenida Central). La lectura de los poemas de estos 11 poetas confirma que, efectivamente, la escritura poética de los creadores jóvenes en Brasil, es un universo en expansión que explora todas las posibilidades ofrecidas por la tecnología, verbal y no verbal. Parecen poemas con temas de intercambio y ello, sin dudas, responde a la forma intrínseca que encontraron para reinventar (se) su país, su isla.  La fuerza de la palabra encuentra resonancias a través de una antología hecha “contra […] vociferaciones belicosas y vacías, contra políticas para mantener a sectores desinformados […] un dialogo poético de lecturas y preocupaciones […] la búsqueda de la diversidad a través del entendimiento y respeto mutuos”, concordaríamos con Marcelo Lotufo.  

Notas y referencias bibliográficas

[1] Dolores Corbella, Alejandro Fajardo (editores) Español y portugués en contacto: Préstamos léxicos e interferencias. Editorial GmBh, Berlín/Boston, 2017.

[2] Rosario Lázaro Igoa: “El universo de las antologías de poesía brasileña en traducción al castellano”. Disponible en http://www.traduccionliteraria.org/1611/art/lazaro.htm

[3] Antonio C. Secchin: “Poesía de Brasil: minimizar lo nacional.” Disponible en https://elpais.com/cultura/2013/10/08/actualidad/1381236313_683936.html

[4] Todo comienzo es involuntario. Ocho poetas jóvenes brasileños. En Revista EL NAVEGANTE Nº2 año 2 – Noviembre de 2007  Escuela de Literatura – Universidad del Desarrollo, Chile.  Disponible en  Proyecto Patrimonio – 2007 http://www.letras.mysite.com/ll231107.html

[5] Revista La Colmena 64, octubre-diciembre 2009. (Formato Pdf)

[6] Gianni Paula de Melo: “entrevista a Reuben da Rocha” en Sexta 29 diciembre de 2017. Disponible en  https://www.suplementopernambuco.com.br/entrevistas/2028-entrevista-reuben-da-rocha.html

 


Las metáforas doradas

Dentro del panorama literario joven de Cuba, Elaine Vilar Madruga es, quizás, una de las voces más prominentes en los últimos años. Capaz de crear obras enmarcadas en varios (o casi todos) de los géneros narrativos; se caracteriza por su acertada dramaturgia, composiciones líricas, poéticas, capaces de despertar los más abigarrados sentimientos, personajes vivos, palpitantes, argumentos imbricados, madejas mágicas que el lector disfruta deshacer, poco a poco, a través de la palabra escrita, rastro del hilo de Ariadna en un laberinto de intertextualidad.

Cada nueva publicación de Elaine nos trae sorpresas imposibles de ignorar. Cada nueva obra que presenta al público lector reafirma el compromiso de la autora de transitar con paso firme por el camino interminable que es la literatura.

Queda evidenciado en su última novela Los años del silencio, recientemente publicada por la editorial española Dilatando Mentes. Un texto cargado de simbolismo, metáforas precisas, personajes femeninos fuertes, que golpean, que sufren, personajes que se corrompen bajo las garras del poder, hombres que sueñan y presagian destinos desde la muerte, y artistas en busca de la perfección.

Porque Los años del silencio es una novela dedicada al arte en todas sus vertientes, pero más al teatro, donde a través de varios de estos singulares personajes nos acercamos a las interioridades del Kabuki japonés.

–Cuando comenzaste a planificar la historia de Los años del silencio, ¿cómo resultó ese proceso de investigación acerca del kabuki? ¿Por qué elegiste el teatro tradicional japonés para que resultara hilo conductor de la novela?

Investigación teatral y dramaturgia son hilos, con salvedad de la metáfora que siempre me han servido como materiales textuales. Hay cierta atmósfera de misterio —ocurre cuando la condición de desconocimiento se troca en curiosidad— que rodea a otras tradiciones teatrales que no son las precisamente occidentales; dicho en otras palabras: el teatro tal y como lo conocemos desde nuestra condición hemisférica no es la única, ni siquiera la mejor, forma de teatralidad o de ritual.

Esa niebla que existe en torno a otros procesos de la escena no occidentales, esa condición que es liminal, siempre me interesó. De alguna manera, Los años del silencio es el resultado de una investigación y una deuda que tengo con mi formación dramatúrgica.

Antes te mencionaba la palabra ritual. Como ves, unas poquitas sílabas que se desbordan en su contenido. Toda teatralidad conlleva una forma, así sea abstracta, de ritualidad. Lo que sucede es que, en las tradiciones no occidentales, el ritual aparece mucho más imbricado a la condición de escena. Sucede así con el teatro kabuki, pero no de manera exclusiva. Habría que observar con atención al mundo hindú, japonés, chino, por solo mencionar tres formas de concebir el rito, la escena y el universo.

Mi investigación sobre el kabuki fue limitada, te lo confieso, y hablo de la limitación sin tapujos por lo difícil que resultó para mi mente, signada por lo occidental, entender el fenómeno en toda su extensión y dimensión.

Portada de Los años del silencio. Editorial Dilatando mentes, 2019.

Hay códigos que se me escapan, y son códigos que no están marcados ni siquiera por cercanía o lejanía geográfica, sino por las diferentes maneras de concebir un mismo fenómeno. La novela es mi intento de encontrar un camino hacia la comprensión. En un mundo ideal me habría gustado ser testigo directo de funciones de teatro kabuki, más que ser espectadora que visualizó los procesos a través del deficiente método de la observación indirecta (dígase videos, conferencias, etc.).

 Como en arte todo es proceso —y camino— aproveché la niebla del conocimiento incompleto —en arte, todo conocimiento es incompleto— y la cubrí con la argamasa de mi narrativa, con mis personajes y sus obsesiones, con el hilo o eje conductor que rigió a estos actantes de la escena del poder y de la vida. Fui en busca de sus objetivos, de lo que en realidad los quebraba, los contenía o los desbordaba. Fue un método no vindicativo ni de omisión, sino de construcción conjunta.

Del teatro kabuki me interesaba, sobre todo, la disciplina del oficio y los larguísimos años de formación y preparación a los que se someten los actores. La tradición se hereda, es un preciado don familiar que se piensa como legado y merecimiento.

Y luego, también, me atraía la figura del onnagata —actor masculino que asume los roles femeninos— y el proceso de transformación y transmutación que ocurre en este sujeto; proceso que no es solo físico, ni de enmascaramiento, sino metamorfosis espiritual. Como ves, existía material suficiente para la curiosidad y la provocación, dos de los ejes fundamentales que deben poner en movimiento cualquier proceso de escritura. La literatura es eso: curiosidad y provocación. Todo lo demás es un sinónimo o una resultante.

–A través de diversos capítulos nos acercamos a personajes que al inicio tienen un breve destello de presencia, y después cobran vida a través de monólogos que se adaptan al desarrollo de la historia, ofreciéndonos un punto de vista interesante, sosteniendo un armazón de intrigas y traiciones. ¿Cómo estos fantasmas que sueñan en la Ciudad del Silencio se convierten en parte importante del argumento? ¿Cuál es el simbolismo encerrado en sus discursos, y su vínculo con el teatro?

La novela en sí es muy teatral, no solo por las conexiones evidentes que tiene con el mundo del kabuki sino porque la escritura del texto —de alguna manera no tan mistérica— se impregnó de ese espíritu.

 El libro es teatralidad llevada a la narrativa, no puedo pensarlo de otra manera. Si a eso le sumas que es una novela contada desde diversos puntos de vista, entonces te darás cuenta que todo está relacionado con una condición de escena y de personaje.

No es secreto: en mi escritura, los personajes siempre son el centro; no creo hayan —o al menos no las noto— excepciones en todo mi proceso de trabajo. Encontrar sus tonos, sus historias, sus secretos, es mi gran búsqueda. Luego viene la forma, el cómo se cuenta lo develado, el cómo se aborda el ritual desde un espacio que no solo sea el cuerpo de los personajes —aunque también— sino también el recurso de su(s) método(s) y del mundo que los habita.

Algunos de los personajes de esta novela viven a un costado de la realidad; pero esta es siempre una realidad llena de costuras, una realidad permeable, que puede ser transpuesta. La Ciudad del Silencio no es más que el velo donde se produce ese cruzamiento.

Creo que, en sentido general, todos los personajes de esta novela son cadáveres andantes, colindan en los límites de la vida y la muerte; de ahí que les sea tan simple comunicarse con un tipo de mundo otro. Si ese mundo es real o no, queda en mano de los lectores: como autora, no aventuro a tanto.

–Hablamos sobre el personaje de Harune y su afán por lograr la perfección de su arte: ¿esto ocurre realmente en el teatro, en el mundo de la actuación?

Ocurre en el mundo del arte. Ya no sé si es una obsesión recurrente o algo que parezca demodé a los ojos de la mediocridad que reina en todos lados en estos tiempos que corren. Pero la búsqueda de la perfección, ¿acaso no es un motor humano, más que artístico? Este es un concepto que tiene que ver —o está muy relacionado— con la sed de conocimiento de Fausto, el de Goethe.

Y es el motor silencioso —quizás menos visible— de muchas de las criaturas de Shakespeare. Te menciono dos casos, hay otros, y eso que solo me circunscribo al contexto literario, o más específicamente, al dramático.

Harune, de alguna manera, es la síntesis y la sumatoria de estos otros personajes. Se debe a ellos y es, a su manera, igual de monstruoso. Solo que su monstruosidad —que es también su belleza— está ligada a la idea de alcanzar todo su potencial, de hacer que el potencial eclosione, de llegar a un peldaño más alto en un ciclo infinito de ascenso.

En el teatro kabuki, la perfección es, más que una búsqueda aislada, la meta, y es este un concepto que mucho tiene que ver con la transmisión del conocimiento a las nuevas generaciones y la conservación de la tradición. De ahí que lo actores del kabuki se enfoquen en la especialización de determinados roles, a los cuales dedican toda una vida de trabajo y cuya formación comienza desde las más tempranas edades.

Te confieso que mi relación con los personajes de esta novela fue de fricción, no de convivencia ni de conveniencia. Pero la fricción fue interesante, provocó escoriaciones y, una vez que la piel textual volvía a crecer, provocó también nacimientos. Con Harune, el proceso se hizo especialmente lijoso. Creo que eso sucede cuando hay vida y divergencia, que es mejor que el sencillo asentimiento, el asentimiento acéfalo.

Cortesía de la entrevistada.

–Mezclas de manera homogénea teatro y ciencia ficción para ofrecer una visión única, con lo cual, la novela adquiere tintes de un universo ya conocido por tus lectores a través de Salomé, la primera entrega de El trono de Ecbactana, y la mayoría de los cuentos que aparecen en Los arcos del norte. ¿Tienes planeado conectar estas historias a través de una novela o una saga?

Desde hace unos años soy especialmente consciente de que todos mis universos se tocan, incluso aquellos que parecen más lejanos o divorciados a una primera y superficial mirada. Escribir al tanto de este fenómeno es algo positivo, no te lo niego, porque te permite establecer conexiones, hilar una madeja con otra, despierta la curiosidad y la provocación.

Pero también —nada es perfecto— es un ejercicio que te obliga a realizar constantes asociaciones. En este universo que contiene a todos los otros, no puede haber tejido suelto. La mirada tiene que ser macro, no microscópica, aun cuando me ocupe lo pequeño y lo invisible. El oficio ayuda un poco, sí.

Ayuda en el sentido de que he planificado mi escritura como un mapa que se va develando en la misma medida en que los lectores consuman más de mis libros. No pasa nada si leen solo uno, porque el universo contenido dentro de este es autónomo, pero siempre he intentado dejar pistas, zonas en blanco —al menos zonas nebulosas— que hagan que el lector inquiera sobre las conexiones posibles.

Sé que quien lee dos o más de mis libros empieza a establecer esos vínculos. El lector es sabio. El lector es inteligente. Uno no debe deglutir la materia de la literatura, sino entregarla pura, en bruto, diamante contenido en la piedra. El escritor debe confiar en el lector. Ahí ocurre el primer pacto ficcional.

–Surge en la novela la alusión a la trinidad femenina (La Doncella, la Madre, la Vieja), no a través de un conjunto de personajes cercanos, que tampoco son conectados con facilidad, pero sí dispersos a través de las diferentes voces que componen la obra. Se percibió un destello de esta trinidad en la primera entrega de El trono de Ecbactana, así como en otros cuentos con reminiscencias de este universo que comienzas a tejer; ¿qué tan prominentes se han vuelto los personajes femeninos en tu obra?

Siempre han sido prominentes. Imagínate: si escribo desde mi cuerpo, y mi cuerpo es femenino, esta es una condición que me acompaña, que es difícil de obviar, aunque —como siempre digo— no es limitante, no es barrera, no es muro. Con esto quiero decir que no siento que ha habido una transición evidentísima en mi obra, digamos, de un estado donde los personajes femeninos fueran secundarios a un ahora donde parecen ser los ejes de mi pensamiento.

Hay lecturas y lecturas sobre ese tema, por supuesto, y no vamos a discutirlas en esta pregunta de la entrevista porque forman parte de la prehistoria. En este momento de mi vida como escritora se han abierto —o develado, no sé con honestidad— una serie de preguntas que giran en torno a la identidad femenina.

 O, mejor dicho, porque no me gusta limitar la literatura a un asunto biológico, prefiero anotar: sobre la identidad, omitamos otro calificativo. Biología y género parecen conceptos asignados al nacer —cuestionable esa afirmación cuando menos: no hay tamaña irreversibilidad en este mundo—; por tanto, esta inmovilidad debería ser vetada en literatura.

A mí me gusta construir buenos personajes o, al menos, personajes vivos, no importa si estos son criaturas femeninas o masculinas (sospecho que esta búsqueda es común a tantos otros como yo). No debería ser visto con sospecha que una escritora pueda erigir personajes masculinos sólidos como tampoco se le ha de pedir a priori que se enfoque en desarrollar personajes femeninos dotados de igual densidad, solo porque se supone que es lo que le toca hacer en favor de su género.

No, eso no es literatura, no es libertad —ni libertad creativa ni de género—, es simplemente un enfoque biológico permeado por una ideología hecha a palos. Entonces mi letra es esta: que cada cual otorgue forma a los personajes que quiera, siempre que lo haga bien.

Como mismo me encanta ver que mis colegas hombres son capaces de doblar una condición biológica para crear a sus dramatis personae femeninos, disfruto ver a escritoras que no sienten que su cuerpo es la barrera que define su literatura, su oficio ni su pensamiento. En materia de libertad siempre vamos atrás, anquilosados, ¿pero hasta cuándo…?

Cuando esos temas dejen de importar, entonces podremos hablar de una literatura sin barreras, sin apellidos o calificativos, sin condiciones ni exclusiones. Los años del silencio, en específico, es una novela sobre mujeres, sí, y he intentado que estas tengan relieve, fricción y escoriación. En otras palabras, que respiren y que me nieguen. Ese es su papel en este mundo.

–Una de las protagonistas de Los años del silencio, Kiandara, atraviesa por varias etapas en su crecimiento espiritual (Kiandara Ruiseñor, Kiandara Princesa, Kiandara Reina). ¿Cómo ha actuado el poder sobre este personaje al que vemos levantarse desde las cenizas?

Bueno, esta es una pista importante, has dicho la palabra clave desde el principio: poder. Digamos que es un concepto antiquísimo relacionado con la frase —lugar común—: una “espada de dos filos”. Esos dos filos, esas dos visiones, aparecen resumidas en Kiandara. Pero no solo en ella, también en Harune, en Orsini, en Oma, en todos aquellos que habitan el universo específico de esta obra.

Los personajes han sido atravesados por esa hoja y, por tanto, se han contaminado. Hay belleza y horror en ese acto y, creo también, en las vidas de todos los personajes, hasta el punto de que sus monstruosidades se transforman —al menos así lo entendí yo como autora, proceso deficiente, por otro lado— en sus excusas para lidiar con la realidad.

En determinado punto de la novela, la realidad los desborda, la realidad se niega a contener a los personajes. Hay impureza en el poder pero también purga. En mis criaturas no hay monstruosidad irreversible, y es lo que espero que los lectores puedan ver y descubrir. Lo anhelo profundamente.

–El título Los años del silencio posee un sinfín de metáforas, referencias e interpretaciones. ¿Cómo lo concibes como autora?

Es un título que habla de la libertad. De esa libertad que solo se alcanza cuando se ha perdido todo, cuando se ha cruzado demasiadas veces la frontera entre el bien y el mal. Esta es una libertad silenciosa (y pírrica, quién lo duda), que no es cuantificable en palabras y, por lo tanto, tampoco calificable.

–Además de esta novela, ¿cuáles son las publicaciones futuras de Elaine Vilar Madruga? ¿Seguirán el camino de la ciencia ficción y la fantasía?

Mi escritura ahora mismo es una sumatoria de incertidumbres donde, por suerte, no falta la creación. He vuelto a escribir teatro luego de un tiempo en que me negué a retornar a los predios dramáticos. Es una relación hermosísima la que tengo ahora mismo con la dramaturgia: hay en ella mucho de cuestionamiento, de revisitación.

En algún lugar de mi mente se está incubando una novela “realista” —vamos a destacar la palabra con comillas, por aquello de las definiciones entre géneros que nunca me han interesado— y al menos una decena de otros proyectos relacionados, directa o indirectamente, con lo fantástico.

Entre ellos, culminar la trilogía El trono de Ecbactan”, cuyo segundo libro verá la luz —cruzo los dedos, voy a necesitar mucha suerte— en la próxima Feria Internacional del Libro de La Habana.

Con el fin de la trilogía termina una etapa en mi creación y nace otra. Los años del silencio es ya una muestra de lo que se avecina. Después de un libro que sientes definitorio se necesita una renovación del pensamiento —proceso que debería ser totalmente orgánico, aunque en ocasiones requiere impulso—, de los modos y formas de decir. ¿Lo que vendrá?, aún no lo sé. Pero en la incertidumbre hay belleza, y también mucho de certidumbre.


“El café amargo no es para todos”

Conocí la obra de Sussette Cordero gracias a un amigo en común –uno muy querido por ambas– y desde entonces, gracias a la lejanía y proximidad que las redes sociales propician, he ido rastreando un poco su trabajo. Sussete es escritora y cubana; su honestidad cruza la cuarta pared –esa cuarta pared confortable que las páginas de un libro traen consigo– para llegar a los lectores o, simplemente, a aquellos que quieran leer una de sus entrevistas, o un fragmento de estas, con la esperanza de llegar a quien se encuentra detrás de las palabras. Esta entrevista es el pretexto para dar ese primer paso.

 

Tu primer camino artístico no fue la literatura, sino la música. ¿Existen puntos de conexión entre la creación literaria y la musical que te hayan servido, más que como experiencia, como parte de algún proceso de trabajo?

La música fue mi primer acercamiento al arte. Ya leía desde mucho antes. Pensar en escribir, en hacer de la literatura mi mayor pasión, no, eso no. Pero el acercamiento a la música me abrió las puertas al mundo del arte, de tal manera que en los primeros pasos de este andar escribía bajo los efectos de alguna pieza, casi siempre necesitaba un background para que las palabras vinieran, de algún modo, de manera más ordenada, más seguida, más lógica. Pero esos fueron los inicios, cuando uno cree que necesita cierto ritual, o ciertas circunstancias para realizar el –en ese momento considerado sagrado– acto de escribir. Ya no: ahora la música es algo paralelo, me encanta; pero en el proceso no es necesaria. Creo que son manías, es circunstancial también: sucede a veces, a veces no… todo depende del momento o de lo que se escuche.

 

Fuiste editora de la Revista de Arte y Literatura Esquife. ¿Qué aportó la labor editorial a tu visión como creadora?

Trabajar en Esquife fue una de las mejores cosas que me pasó en la vida. Estaré siempre agradecida con Jorge Enrique Rodríguez y con Yanni Monzón por haber pensado en mí para ocupar un pequeño espacio en la realización de esta revista. Trabajar con gente que sabe lo que hace, o por lo que pelea, es algo que no tiene comparación. Uno se siente más seguro, más dado a lo que hace, se entrega de manera más completa. La labor editorial es riesgosa, imperecedera. Esquife me dio las armas para aprender de las verdades y las miserias de autores y decidores, y me dio la libertad para desangrar ciertos puntos de vista, desde los cuales hoy miro, con una luz diferente, al resto de los mortales.

 

¿Crees que, en el panorama literario actual, el cual de alguna manera compartes desde la distancia, es necesaria la concreción de proyectos colectivos? ¿Vive el autor demasiado encerrado en su burbuja de individualidades?

Creo que más que una estrategia de autores o de individualismo, es un problema de humildad, de envidias y desidias, con las cuales los seres humanos hemos tenido que lidiar desde la creación. ¿Es necesaria la integración? Sí. ¿Es necesaria la humildad? Sí. ¿Es necesario que los autores cubanos nos demos cuenta de una buena vez que no somos el ombligo del mundo? Sí, es necesario que sepamos que si no existe cooperación, armonía, entendimiento, los proyectos futuros continuarán siendo malos, desastrosos, hechos a punta de traspiés, de “quítate tú pa’ ponerme yo”, de faltas de calidad, sin lógica ni belleza alguna. Y también es necesaria la preparación. No se puede elaborar un proyecto sin una investigación mediante, sin un objetivo lógico.

 

«¿Hasta cuándo Lezama seguirá salvándonos?»

 

He leído propuestas de proyectos que sinceramente no tienen la calidad suficiente para ser publicados y, aun así, por encima de eso, salen a la luz y hasta son publicitados de la peor manera. Y el mundo lo sabe, que es lo peor. Ya en este siglo, nadie se puede esconder, nada se puede esconder. Y te tropiezas con alguien y te dice: “¿tú eres cubana?, ¿escritora?, oh, leí la antología de fulanita de tal, ay, pero en esa antología se salva un cuento”. Y una que es de Cabañas y Centro Habana, de chancleta y croqueta, aunque sabe que tiene toda la razón, se hace la enfadada, se levanta de la mesa y le dice en su cara: “cuando en la historia de la literatura de tu país tengas a un Lezama, avísame”. Pero, ¿hasta cuándo Lezama seguirá salvándonos?

 

Muchas veces se ha hablado –y debatido– sobre el tema de la “generación”. ¿Te sientes, por cercanía o distancia, parte de una promoción o un grupo?

No me siento parte de ninguna generación con nombre o sin nombre. Tengo un largo camino recorrido porque mi interés por la literatura es como aquel cuento cheo de “desde que te vi, me enamoré de ti”. Ese mi caso. Yo fui una niña que supo que amaría la literatura en cuanto tocó un libro, en cuanto descubrió un closet lleno de libros viejos y húmedos. Yo he leído y escrito lo que he querido.

Muchas veces no coincido con algunos autores cercanos a la que pudiera ser mi generación, como también a veces me alejo descomunalmente de lo que opinan o piensan las llamadas vacas sagradas. Yo soy un ser de multitudes, a mí cualquier cosa que me convenza, que vale la pena, me viene bien; eso sí, soy irreductible, difícil de convencer, si quieres que cambie de opinión, hay que hacer valer el argumento y eso es demasiado complicado para los llamados grupos generacionales. No quepo en cualquier saco, obviamente, el café amargo no es para todos.

 

¿Cómo transcurre tu proceso creativo?

Mi proceso creativo… usaste la palabra proceso y eso es casi la respuesta. Parece trillado, pero el proceso es el verdadero placer de la escritura para mí. Padecer cuando comienzo a dar vida a algún personaje y veo que es un ser despreciable, alegrarme cuando consigo algo que considero bastante terminado, completo, digno de ser leído. No tengo mañas, sí creo que el contacto con el agua me refresca, por decirlo de alguna manera.

Mis mejores ideas vienen fregando, no te imaginas lo insoportable que se hace correr a quitarse los guantes (sí, porque friego con guantes y que digan lo que quieran) para hacer alguna anotación, escribir una palabra, una oración que vino de pronto, y aun así se disfruta. No necesito desnudarme, encerrarme, rayar paredes, ni ponerme tan poética. Lo mío es normal, natural, pero un poquito “acelera’o”.

 

Yo maté a Marilyn Monroe: con un título tan curioso has publicado uno de tus libros, amparado por un sello editorial español. ¿Podrías comentarme un poco del texto? ¿Cuándo lo creaste?

Este libro nació cuando comenzaba mi maternidad. Es un libro muy femenino. Creo que en la búsqueda de mi ser como mujer, esa que creemos perdida y que tanto traté de cuidar durante mi embarazo, nació ese libro que en parte también es un grito a la fuerza de una mujer que brama, y aúlla como fiera, una mujer que no quiere renunciar a su sentir, a su sexualidad, a lo que siente físicamente, a lo que es y no dejará de ser nunca.

Es un libro que me ha traído grandes alegrías, y también grandes desatinos. He tenido que lidiar con las conservadoras, que no son pocas, y también, por qué no decirlo, he tenido que despertarme de madrugada para que una amiga que vive en Europa, con todo el despiste del mundo, me llame a las 3:00 AM y me diga, gritando, literalmente, “¡ya terminé de leerlo! ¡Me encantó!” (Grito sin fin).

 

¿Crees que los temas, las obsesiones de un creador, tienen un tiempo de vida limitado o están “condenadas” a reciclarse, una y otra vez, en su escritura?

Cada creador responde a su tiempo. Eso no es algo que deba fundamentar demasiado porque está en la historia. Lo que no quiere decir que ciertos alientos no confluyan en tiempos lejanos. Hace poco vi en las redes sociales una fotografía de Fan Ho, el célebre fotógrafo y director chino, y me recordó muchísimo a El perro, de Goya. Lo comenté con un amigo y, ciertamente, encontramos el mismo aliento.

 

En tu experiencia, ¿cuáles son las principales limitantes, espirituales y materiales, del joven escritor en los tiempos que vivimos?

Hablar de las limitables materiales sería un desvarío, me alegra que preguntaras por las espirituales.

La escritura es un territorio hostil. La gloria no sirve de nada cuando no has puesto en marcha todo tu esfuerzo. Hay jóvenes escritores que son magníficos. Gente que tiene un talento extraordinario y que prefiere mantenerse al margen, cosa que me parece muy bien. Pero esa es una opinión demasiado personal, un criterio que he defendido siempre. Tu obra no necesita un mural, tu obra necesita fuerza, carácter, y ella sola será capaz de brillar.

 

«Siempre buscando un aliento del que, salvando ciertas brisas, no me llega el aire»

 

En la Cuba de hoy tenemos el gran sentimiento nacional, ese que no puede dejar de ser mencionado y del que Virgilio nos advirtió tantas y tantas veces. Eso es aterrador. Conocer la historia de gente que tiene una obra inédita abrumadora, y ver la mayoría de las cosas que se publican en Cuba hoy, es deprimente. No quiero entrar en la discordia de viejos, jóvenes, letrados, chancleteros, creyentes o no creyentes, pero no creo que la literatura cubana de hoy vaya por un camino sólido.

Cuando voy a la isla recorro las librerías, bueno, los libreros, algunos rincones donde encuentro maravillas. Y también compro, gracias a mis amigos, las obras premiadas en el tiempo que estoy fuera, lo que publica la gente más joven, siempre buscando un aliento del que, salvando ciertas brisas, no me llega el aire.

 

Entonces, ¿piensas que la escritura que se hace hoy día no está destinada a perdurar?

Es una pregunta difícil, que puede traer amargos tragos. Pero intentaré no ser condenada (Muerta de risa). La literatura no es una moda. No es Gucci, ni Supreme. La literatura, como yo la veo, es algo más hondo, es serio. Hay mucha gente queriendo hacer cosas serias, jóvenes que quieren de verdad crear proyectos libres de pensamiento, de palabra, gente que se forma y se sostiene sobre lecturas que de verdad aportan. Pero son minorías.

En la Cuba de hoy, en la literatura cubana de hoy, algunos autores no se preocupan por fundamentar su actitud ante/con/para la literatura. No puedes creer que por llevar un par de Converse, gafas y un cigarro en mano, eres escritor. No es así, no para mí.

 

«No perdura un tierno silbido, sí el grito. De eso se trata, de rugir, rugir muy duro»

 

No eres escritor por haber leído un par de libros y tener dos versos que valen la pena. Si no sabes perseverar, chapotear en el fango una y otra vez hasta pulir el diamante que crees ser, nunca serás un buen escritor. Yo sé de alguien que es tan buen escritor, que cuando se sienta a escribir se dice ser el mejor escritor de este mundo y, al terminar la última oración, se va a la cama creyendo ser el peor. No perdura un tierno silbido, sí el grito. De eso se trata, de rugir, rugir muy duro.

 

¿Qué artistas han marcado tu vida y por qué?

Salinger. Definitivamente Salinger. Pero aunque me dedico a la literatura, mis mayores referentes no son escritores. Es un poco raro, pero es así. Mis mayores referentes vienen de las artes plásticas. El Bosco, Manet, Vermeer, Chagall… ¡amo a Chagall! Pasando por la decadencia del arte contemporáneo y dejando atrás la vergüenza de algunos autores como Wilfredo Prieto, amo la obra de artistas jóvenes como Cirenaica Moreira o Ernesto Rancaño.

Y es bueno aclarar, porque mucha gente me pregunta esto: sabes que mi hija se llama Frida, y por eso muchos asumen que soy una gran devota, fan, loca por ella. Y en gran parte mi admiración hacia Frida Kalho no es exactamente por su obra, mas sí por su valor ante la vida. Eso sí que fue estremecedor.

Pero si tengo que hablar de mujeres que en el arte fueron y serán siempre un referente para mí, podría mencionar a Remedios Varo, a Leonora Carrington o Nina Kandinsky, a la que la historia opacó por años y años. Quizás debería mencionar a algunos escritores, pero si soy sincera, no son mis mayores referentes.

 

Cuba y Panamá son tus dos tierras, ¿qué llevas de ambas a tu creación?

Panamá es un país hermoso. De una naturaleza envidiable. Al principio me molestaba un poco que la cultura y los temas afines con la literatura fueran tan vanos. Pero uno aprende que el medio social no es lo que importa. Quizás vivir acá me hizo darme cuenta de que no necesito charlas ni eventos literarios para sobrevivir. Al contrario, estar lejos me ayuda a formar mi propia versión de la Sussette que siempre quise ser. Apartada del ruido, de los eventos sociales, del qué dirán.

He aprendido que se logra mucho más si aprendes a estar solo con tus pretensiones. Hice de mi casa mi propia galería, de mi librero mi rincón para estar en paz con mis fantasmas. Hace poco me invitaron a un festival internacional de poesía y me siento halagada. No digo que el intercambio con otros autores no me agrade, pero siento que no es primordial. Ya no.

En el caso de Cuba, pues es mi país, allá están la mayoría de las personas que admiro, la gente que quiero, los amigos, la familia. Regreso y el tiempo no alcanza, ni las interminables charlas sobre la literatura y los chismes del momento. Es una enfermedad que no se cura, esos dos van de la mano: chisme/literatura. Siempre me río mucho, reírme me ha salvado de no infartar a veces.

Creo que esa dualidad de sentimientos está un poco mezclada en mi poesía. La sensación de haber encontrado la paz interior y el regreso a las raíces.