Festival de Teatro Joven


Estaciones teatrales para un festival (dosier)

Organizado por la filial de la AHS y el Consejo Provincial de las Artes Escénicas, el Festival Nacional de Teatro Joven regresó a la ciudad de Holguín en su edición XIV, para hacer confluir, del 22 al 24 de marzo, variadas tendencias y poéticas de la escena cubana actual.

Cercano en la memoria del público, pues su pasada edición se realizó en septiembre, esta cita que contó, además, con un encuentro teórico y presentaciones literarias, retomó su fecha habitual y estuvo dedicada a los aniversarios 30 y 25 de Teatro de Las Estaciones, de Matanzas, y a Teatro Tuyo, respectivamente; así como a los 85 del Teatro Eddy Suñol, que ha acogido buena parte de las presentaciones durante las catorce ediciones del evento.

Ambas compañías homenajeadas, entre los más reconocidos exponentes de la escena cubana, estuvieron presentes: Las Estaciones, dirigida por Rubén Darío Salazar, presentó Flores de Carolina y Ajonjolí, una sugerente puesta que explora las posibilidades escénicas del clown y que enfatiza en la importancia del cuidado al adulto mayor como metáfora de las tradiciones y el legado. Este homenaje a la escritora cubana Dora Alonso fue interpretada por Iris Mantilla y Alejandro García. Los diseños de Zenén Calero, merecedor del Premio Nacional de Teatro 2022 junto a Rubén Darío y que definen la estética visual de Las Estaciones, se basan en la obra del artista Arístides Hernández (Ares).

Como colofón de la puesta, la AHS y el Consejo entregaron reconocimientos a Rubén Darío y a Zenén, maestros de Juventudes de la Asociación. Y además, obras de arte de la autoría del también diseñador Karell Maldonado y de Armando Ruiz, presidente de la AHS local.

Por su parte, el colectivo dirigido por Ernesto Parra, presentó Charivari, esta vez con estudiantes de la Escuela Nacional de Clown, surgida de las experiencias de Teatro Tuyo.

En el programa encontramos, además: Este tren llamado Deseo, rescritura del clásico de Tennessee Williams con guiños al filme homónimo de Elia Kazan, por Rumbo Teatro, de Pinar del Río, con texto de Iran Capote, quien es su director artístico, y dirección de Aliosha Pérez; El baracutey. Otro bufo cubano, puesta en escena de El Portazo, de Matanzas, con dirección artística de Williams Quintana; y Payasoñar, propuesta del
Teatro Guiñol de Holguín –único colectivo local con obra presentada en el Festival– con
dirección artística de Ernesto Parra, a partir de un anterior montaje realizado por Dania
Agüero.

Se presentaron en la última jornada: fronteraS.A., de Teatro sobre el camino, de Villa Clara, un unipersonal de 50 minutos dirigido por Rafael Martínez y representado por Elizabeth Aguilera Fariñas; y Ofelia, del santiaguero Grupo de Experimentación Escénica La Caja Negra, dirigida por Juan Edilberto Sosa y basada en Máquinahamlet, del dramaturgo Heiner Müller, uno de los adalides del teatro posdramático y de cuyos presupuestos bebe esta puesta en escena merecedora del Premio Aire Frío a Puesta en escena.

Esta edición destacó por la variedad y calidad de las propuestas que acercaron al público holguinero –ávido de teatro en una ciudad sin grupos dramáticos activos y con pocas presentaciones– al trabajo de colectivos referenciales como Las Estaciones y Tuyo, y otros más jóvenes, pero igualmente interesantes y necesarios a la hora de cartografiar –algo que en algún momento logró con mayor profundidad en propio Festival– la escena nacional.

El conversatorio sobre Teatro de Las Estaciones, realizado en el Café de la AHS por Rubén Darío Salazar, acercó al público a la estética de esta multipremiada agrupación; mientras la presentación de Blanco, de Nelson Beatón, libro publicado por Alarcos Casa Editorial y merecedor del Premio de Dramaturgia para Niños y de Títeres Dora Alonso, sumó el añadido literario a una edición en la que se extrañó un mayor y más sostenido programa teórico que fuera, como en otros años, a la par de las presentaciones escénicas
(incluso el acostumbrado encuentro y debate entre colectivos e invitados terminó sin
realizarse).

Aunque Palco 13, el boletín de crítica que ha caracterizado también al Festival, mantuvo su circulación los días del evento, aunque esta vez solo digital, con firmas de autores como José Rojas Bez y Lino E. Ernesto Verdecia Calunga, sumando varias miradas más jóvenes.

Por otra parte, la coincidencia con la Feria Internacional del Libro en Holguín cargó el calendario cultural (y mediático) en la ciudad y si bien existe un público que prioriza las manifestaciones escénicas, no son saludables jornadas tan cargadas para otras con apenas susurros. Aun así –como recordó Yasser Velázquez, su organizador– resulta una proeza mantenerlo con este empuje y su concreción responde, en buena medida, al apoyo institucional del Consejo y la Dirección Provincial de Cultura, así como al ímpetu de las compañías y los creadores que, a pesar de diferentes adversidades de la cotidianidad, siguen apostando por la creación

escénica y por la magia de la interacción con el público, como demostraron las recientes jornadas del XIV Festival Nacional de Teatro Joven en Holguín.

 

 

Charivari: el desorden como ritual

Por Neftalí Pupo Reynaldo

Tropezar, caer, bailar de manera poco agraciada en un extrañamiento del propio cuerpo. La música sale a gritos y espasmos por las bocinas. Si el público se ríe, bien. Y si, además, el público aplaude al ritmo de un silbato, ¡todavía mejor!

El clown no es la manifestación que más prestigio goza en un país donde la gente se ríe y aplaude durante sus caídas y tropezones cotidianos, nada festivos y nada felices. No obstante, compañías como Teatro Tuyo han logrado con su trabajo hacer que el clown sea mejor apreciado por un público nacional que, más bien (y de forma encantadoramente ingenua), busca encontrarse a sí mismo entre gestos y palabras inteligentes que compongan una elaborada vorágine de expresiones refinadas y altos sentimientos.

Nada de eso ha ofrecido en esta ocasión Charivari, presentada por estudiantes de la Escuela Nacional de Clown, surgida de las experiencias de Teatro Tuyo. ¿Qué ha entregado, en cambio, la obra y sus protagonistas? Un tropel de caídas y pitidos espasmódicos que lograron la inmediata simpatía y acompañamiento de una pequeña multitud (adultos jóvenes en su mayoría, con niños pequeños y teléfonos celulares) que se entregó a Teatro Tuyo sin mayores resistencias. En medio del derroche de energía desorganizada se entabló entre los tres clown una lucha por el dominio del escenario. Luego pasaron a escenificar lágrimas y risas artificiales, buscando seriedad en medio del disparate, apelando a los temas universales como la muerte, la compasión, la resurrección y el dolor.

Foto Roberto Carlos García Ramos.

Los actores de Charivari no pueden morir, ni sufrir, ni sentir compasión por el otro. Forman parte de un universo obsceno de la pura energía. Son órganos sin cuerpo. Descaradamente, intentan hacer un acto de magia pero descubren al instante el truco debajo de la sábana. Contando con la solidaridad incondicional de un público que no les exige casi nada, bailan un chachachá con el “Danubio Azul” de Johann Strauss, devenido símbolo del kitsch por antonomasia.

Justo al final, y sin dominar jamás la escena por completo (nadie sabe si a propósito o no, y tampoco importa), arranca la lucha intestina final por el “poder” entre los tres protagonistas, intento que culmina en el caos, desorientando a la multitud que solo quiso reír y que, por tanto, desconoció el significado del término “charivari”: ritual carnavalesco a base de ruido discordante, con la intención de reprobar.



Flores de Carolina y Ajonjolí

Por José Rojas Bez

Sencillez, delicadeza, ternura, colorido bien temperado, movimiento escénico comedido y ágil a la vez, conjunción de las tradiciones titiriteras y de payasos, diseño bello y funcional de los útiles escénicos son términos que se avienen perfectamente, y no por vano entusiasmo, a Flores de Carolina y Ajonjolí, obra de Teatro de Las Estaciones, con dramaturgia y dirección de Rubén Darío Salazar.

La obra se conforma como un juego de emociones, ideas y recuerdos filiales o, en general, familiares de una muy sutil y delicada Payasa (encarnada por Iris Mantilla) en interacción con su algo más torpe, pero no menos afectivo, amigo Payasín (actuado por Alejandro García); con diálogos, más bien controversias o debates amistosos, que ofrecen reflexiones sobre las tradiciones y legados históricos y familiares, sobre el debido respeto y amor a esas personas mayores de la familia que portan un legado cultural, histórico y, también, filial.

Con gracia y ligereza, nada contradictoria con la hondura de ideas y sentimientos, Payasa y Payasín debaten a partir del motivo dado por un abuelo que ronca, “abuelo” que manifiesta ya la capacidad creativa y de sugerir imágenes de la obra, porque parece fácil, una vez ya visto, pero no lo es lograr tal imagen simbólicamente por medio de una diminuta cama, ronquidos y voces. Mucho más cuando el mundo de los personajes se ve enriquecido por el ambiente sonoro de gatos y perros y… la luna, a lo lejos…

Por otra parte, también parece nada extraño, sino algo fácil, que estos diálogos rezuman auténtica poesía al estar basados en doce poemas de Dora Alonso; pero lo que parece fácil no siempre lo es, porque, faltando la debida aprehensión poética y la debida sensibilidad, lo poético ínsito en los poemas originales se desmoronaría. Esto no ocurre aquí, quizás todo lo contrario: hallan una nueva expresión auténticamente poética incluso en lo coloquial.

Foto Roberto Carlos García Ramos.

Resultan plenos de eficaz gracia los movimientos escénicos (con coreografía de Yadiel Durán), la precisa y grácil gesticulación de los actores que conllevan un matizado y disfrutable gustillo de los gestos-articulaciones de los títeres de cuerda, en especial la Payasa, con voces muy acordes a tales propósitos.

La sonorización general, con música de Raúl Valdés, complementa bien el conjunto audiovisual en que se integra. Música y todo lo sonoro se acompasan perfectamente a los diálogos y los movimientos de los payasos, como complemento o, mejor, como cabal factor extradiegético de lo sucedido y dicho.

Cada sección de la puesta en escena puede ejemplificarlo; pero señalamos esa en que, con hábil interacción con el público –de TEATRO se trata– un personaje ofrece un regalo a un niño del público y luego el mismo a una niña, mientras el otro le disputa tal proceder y recupera el objeto; todo lo cual se realiza sin la más mínima pérdida de ritmo, ternura y compostura general.

Un factor sin duda de cabal hermosura y eficacia es el diseño de Zenén Calero, a partir de la obra del artista plástico Arístides Hernández (Ares), que alienta y sustenta la idónea visualidad de la obra, dígase vestuario, escenografía e iluminación; esta última quizá a veces un poco plana, con poca riqueza en variaciones y tonos en cada parte de la obra (algo discutible dado el escenario específico en que se desarrolla).

Aun admitiendo esta leve imperfección, el mundo visual (vestuario, muñecos, objetos todos, e iluminación) queda más que satisfactorio. Para nosotros, Flores de Carolina y Ajonjolí ejemplifica qué es una obra lograda de principio a fin con múltiples valores que incluyen la capacidad, incluso, de valer mucho tanto para niños como para adultos desprejuiciados.



La voz colectiva de las Ofelias o una rebelión contra los atavismos

Por Lino E. Verdecia Calunga

 Siempre hay una puerta en la niñez por donde entra el futuro.

 Graham Greene

Asistir a una puesta en escena es como realizar un viaje, es un tipo de singladura por aguas que pudieran ser convulsas y donde, una vez comprometidos o empeñados en su apreciación, no puede uno comportarse como simple viajero y mucho menos dejar de acudir a todo aquello con lo que –por otras travesías– nos hayamos pertrechado de información, valoraciones e interpretaciones. Es por eso que, aunque una vez más la omnipresente intertextualidad creí me conduciría al puerto de una (re)visita a un personaje fundamental del drama Hamlet –uno de los textos mayores del eterno William Shakespeare–, el desembarco rebasó algunos límites de mi expectativa.

De tal manera Ofelia, pieza presentada por el Grupo de Experimentación Escénica La Caja Negra, proveniente de Santiago de Cuba, provoca de antemano –como suele suceder cuando un título se asocia de inmediato con caracteres icónicos– una sensación de innegables premoniciones.

Y es que el personaje de Ofelia es una de las más sólidas creaciones que debemos al talento shakesperiano. Mujer en desgracia caracterizada como víctima de un ambiente patriarcal a la vez que de su modo de amar, tierna y silenciosa, resignada y sin capacidad para defender lo que ama, es uno de los pilares del ¿original? punto de partida de la obra inglesa. Pero he ahí que, en la profusa experimentación que hace La Caja Negra, con dirección de Juan Edilberto Sosa –autor además del dinámico guion– está la subversión del ícono.

Se conoce por palabras de Sosa que para esta revisitación a una mujer sufrida, personaje que asume un alter ego múltiple, porque proclaman “todas somos Ofelia” (algo que recuerda la respuesta coral del pueblo de Fuenteovejuna), también acudió al estímulo que le proporcionó la obra Máquinahamlet del dramaturgo alemán Heiner Müller, y con el ensamble de testimonios, versos, música, efectos sonoros, canciones (dicho sea que con muy buenas interpretaciones) se hace patente que los ya consabidos riesgos intertextuales fueron un indiscutible reto vencido por el director y su colectivo. A pesar de ciertas reiteraciones que convendría podar con precisa cautela, así como algunos movimientos o desplazamientos que podrían sobrar pues aportan poco.

Fotos Roberto Carlos García Ramos

Y a pesar de que es sabido que la novedad absoluta solo existe en la imaginación, pues nihil novo sub sole, no son pocos los momentos en que los puntos de giro sorprenden a medida que la posición de las Ofelias es más levantisca, más rebelde, más incapaz de aceptar la sumisión, la violencia, la discriminación y el sometimiento machista al poder patriarcal padecido y soportado por las abuelas y madres que les precedieron.

Esta Ofelia que brota de una caja ennegrecida, tiene el mérito de erguirse y comportarse como si insuflara luces en cerebros adormecidos y soplara con rebeldía las cenizas de viejas y resignadas ofrendas atávicas, para expresarnos que con nuevas “mañanitas” podemos seguir arribando a la justa equidad de la que tanto hemos escuchado hablar.



Payasoñar un Guiñol

Por Nelson Beatón

Si dentro de maletas aparecieran sueños no habríamos de inventarnos risas todo el rato. La risa, el sueño y la infancia han elegido el teatro como refugio, para luego corporeizarse en tres clowns –Una, Segundo y Cuarta– y volvernos cómplices de sus múltiples hazañas, cada una de sus luchas por cada uno de sus deseos.

Payasoñar es el más reciente espectáculo del Teatro Guiñol de Holguín, prácticamente de estreno en este Festival. Motivados por indagar en otros lenguajes escénicos, como es el caso del clown, el grupo se aventuró bajo la guía del maestro Ernesto (Papote) Parra, para conformar la obra. Darbel Cosme, interpreta a Segundo, un payaso que fantasea con ser un domador de caballos, de bestias. Darbel –y no Segundo– me comenta sobre el proceso de montaje…

Darbel (y no Segundo): “La idea surge a raíz de una propuesta del Consejo Provincial de las Artes Escénicas de Holguín. Querían que Ernesto Parra dirigiera, montara un espectáculo para el Guiñol. Necesitábamos algo que fuese diferente, fresco. Entonces iniciamos un trabajo con Ernesto. Él impartió al grupo talleres sobre clown, para contaminarnos un poco de su poética. Trabajamos en algunas obras del grupo ya estrenadas, intentando hallar una que se acercara a su método, a su forma de hacer teatro. Esa obra es Payasoñar, un espectáculo viejo del Guiñol que estaba «engavetado». Durante los talleres le presentamos el anterior montaje, que había sido dirigido por Dania Agüero, la exdirectora del grupo. Parra hizo una adaptación para resemantizar un poco la obra y dotarla de nuevos matices, soluciones escénicas, una dramaturgia más sólida y una línea de acción reconocible, hasta llegar al resultado de la puesta actual”.  

Fotos Roberto Carlos García Ramos

El actor acaba su breve intervención. El teatro es una puerta infinita que nos introduce en un mundo plural, donde la multiplicidad de estilos y discursos enriquecen cada investigación, cada nueva puesta en escena. Pienso que Payasoñar es un espectáculo de transición y justifica la necesidad de permanencia del Guiñol holguinero, que se reforma, sin renunciar al teatro de muñecos y de títeres. Esas risas de niños que llenaron la sala justifican esa decisión y ese fugaz paso por lo clownesco, y me convence que el sueño de ese trío de actores es permanecer, porque permanecer les hace olvidar la maleta vacía, los ayuda a seguir buscando.



Ahora que los mapas están cambiando de color

Por Anyi Romera

Vamos a suponer que todo es una simulación, que no son actores, que son agentes de algo que vienen a testearnos, a ver qué cara ponemos ante cada mueca o acción de la actriz, a ver cómo respondemos a la división del mundo.

Si suponemos esto quizá puede que entendamos fronteraS.A. y su mensaje. La obra de Teatro sobre el camino quiere ser una reflexión descarnada sobre lo mal dividido que está el mundo y el hecho de que se lo repartan los mismos siempre.

Un unipersonal, de 50 minutos, dirigido por Rafael Martínez Rodríguez y ejecutado por Elizabeth Aguilera Fariñas, donde la actriz “transiciona” entre divisor-vendedor del mundo/militar agresivo/presentadora de televisión/mendigo/divisor-vendedor de la luna.

No hay texto dicho, solo un galimatías mascullado, con la técnica del grammelot, que imita distintos lenguajes occidentales, como alusión a quienes son los verdaderos dueños del mundo. O no. Hay que abstraerse durante 50 minutos para intentar comprender quiénes son los dueños del mundo, qué papel juega el espectador, qué define el color que se te asigna en el programa de mano, quién es el títere…

Sí, hay dos bandos, el Green y el Yellow, y al público se le divide en ambos, según el color que le toque por azar al entregársele el programa de la obra. Cuando cortan el mundo a la mitad, justo por el Meridiano de Greenwich, dentro hay un títere a quien dividen también por la mitad. La superior, Head, queda en la zona verde y la inferior, Feet, en la amarilla. Como estamos abstraídos podemos pensar que el títere es la humanidad. La cabeza piensa en recuperar su cuerpo, pero Feet ha probado el poder y se ha corrompido. Es entonces que comienza el viaje de la actriz por los ya mencionados personajes.

Fotos Roberto Carlos García Ramos

Quienes deciden a qué bando va cada persona del público son dos agentes de traje negro y gafas oscuras que no ponen en contexto al espectador y tampoco tienen otra interacción. Por lo demás, suponemos que simulamos a las élites de poder, que el mundo es nuestro y que matamos –dividimos– a la humanidad en corrompida o sensata. La música, entre el Bolero de Ravel y Pink Floyd y alguna que otra alusión a la droga a través de Los Beatles, tensan o relajan la trama, como si fuera una cuerda que no tiene grandes vueltas.

El periplo de Head, que es el periplo del público, demuestra que casi siempre gana el poder, y el poder casi nunca está del lado del bien. Feet es un héroe condecorado, Head es vendido en órganos. Feet inicia una batalla en la frontera, que no es más que el serrucho con el cual, al inicio de la obra, se dividió el mundo. La guerra termina el misil, el misil en muerte y la muerte termina con el divisor-vendedor mostrándole la luna a los bandos.

Sí. El mundo está repartido y no precisamente por el Meridiano de Greenwich, sino por el Ecuador. El norte explotó y explota al sur, el sur resiste sin saber cómo. No hace falta abstraerse en un lenguaje inexistente para decirlo. Puede decirse con todas las letras y en cualquier idioma. Como en aquella canción de Carlos Varela, todavía están tumbando los muros/ están cruzando fronteras/ el día está más oscuro/ están cortando cabezas/ están jugando a la guerra y están borrando el pasado.



Una terminal diferente para un tranvía llamado deseo

Por Roberto Carlos García Ramos

 

Reformular una obra clásica es siempre un reto, más si es de un autor como Tennessee Williams, pues pareciera difícil replantearse una fórmula ya probada, como la de Un tranvía llamado deseo, de Teatro Rumbo, de Pinar del Río, pero la marginalidad y la agresividad con que se trabajó en este caso aporta una visión un tanto diferente, tal vez algo parecida a nuestra sociedad actual, y eso hace que un clásico del teatro psicológico norteamericano como este tenga un diálogo más coloquial con el público cubano.

Existe una máxima en el teatro y es dejar sobre el escenario lo imprescindible, para que el público se concentre en lo importante. En la puesta se evidencia una ausencia casi total de escenografía, pues el director prefirió prescindir de cualquier artilugio para depender totalmente de un diseño de luces, a mi entender no tan acertadas, y las actuaciones como plato fuerte del montaje. En este sentido es válido destacar que los actores y actrices son capaces de incorporar grandes cargas de tensión y dramatismo durante el espectáculo, aunque en ocasiones carentes de transiciones. Y sobre todo, resaltar la experticia de la actriz que interpreta a Blanche, capaz de matizar la puesta en escena hasta su culminación, y creo es quien se lleva los lauros en esta ocasión. La actriz, de una evidente trayectoria, logra establecer un equilibrio con los demás actores, conquistando al público sin rasgos costumbristas o estereotipados, mostrándonos una Blanche única.

Hubiera sido pertinente un programa, aunque sea digital, para dar nombre a los actores que intervienen en el montaje, pues la crítica debe estar referida con nombres y apellidos. Pero por desgracia no fue así.

Es importante, asimismo, destacar la utilización del montaje arena para la puesta en escena, si bien puede explotarse con mucho más intencionalidad si logra esa intencional proximidad, capaz de condicionar y sugestionar al público, pero desde un ambiente intimista.

Foto tomada de Facebook

Pero definitivamente estamos ante una misma historia de un tren o tranvía, pero contada de una manera diferente, sobre todo con un gran olor a la Cuba que no queremos, pero que desgraciadamente vivimos; mostrando al público algo imprescindible, cuestionando nuestra realidad y poniendo en las narices del público la miseria diaria, la corrupción y esa violencia que rodea hoy al cubano.

Es necesario agradecer por este espectáculo sin filtros, capaz de hacer pensar a jóvenes y adultos. Pero sobre todo, por sobreponerse y seguir haciendo teatro en tiempos difíciles.


Teatro Joven: XIII años de Holguín a Cuba (Dosier)

Un “No” lleno de muchas aceptaciones

Presenciar No, del grupo Alas Teatro, es llenar una hora de risas y sonrisas con un espectáculo donde el arte de los títeres alcanza un máximo virtuosismo técnico en la conjugación muñeco–actor y muñeca-actriz, títeres que se conjugan no solo con manos sino también con piernas y, consistentemente con todo el cuerpo, para ser mucho más que “títeres de manos” o “muñecos cargados”.

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Monólogo de la soledad

 

“Simplicidad” y “hondura” son dos términos claves para Monólogo de la soledad, del grupo teatral El Juglar del Cisne, con la dirección general de Yudian Padrón Pérez. “Simplicidad formal” y de realización general, nunca en el sentido de vacío, banal o primitivo, sino en el de oposición a lo complejo, o mejor en este caso, oposición a lo vana y chillonamente complejo. Puede venir la tentación del término “minimalismo”, pero este acarrea otras significaciones de estilo diversas al tipo de “naturalidad” que caracteriza a este monólogo.

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De querer estamos llenos… y vacíos

 

Tal vez, o mejor, casi seguramente, el que no sea yo un asiduo al teatro –por razones holguineras que no vienen al caso explicar– me provoque cierto desconcierto asistir y valorar una obra como I want, presentada fuera de Matanzas por segunda vez (antes fue en La Habana), y como su dinámica lo exige, en un espacio de pequeñas dimensiones –todo es relativo– en el siempre acogedor sitio que es la ¿cafetería? Las Tres Lucías.

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El títere es mi salvación teatral

 

Amelia sueña mariposas, puesta en escena de Arneldy Cejas y Erduyn Maza para Teatro La Proa, reconocido grupo de teatro para niños y de títeres de La Habana, llega al Festival de Teatro Joven. Al autor del texto, el dramaturgo, actor y titiritero Erduyn Maza le conozco del/desde el ISA, donde fuimos compañeros de aula en el seminario de Dramaturgia y de quien conservo la imagen de –como refiriera alguna vez Rubén Darío Salazar en una conversación– un “escribidor nato”, alguien que piensa en la escena, trabaja y escribe todo el tiempo para, sobre y por ella. Decidí conocer un poco del Erduyn dramaturgo y sobre el proceso de escritura de sus piezas teatrales, el cómo y el por qué.

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El perfecto “desastre”

 

Asesinato en la Mansión Haversham es una comedia hilarante donde las cosas van de mal a peor y terminan en un completo desastre. Cuenta el día del estreno de una obra de misterio, en el que se investiga un homicidio perpetrado por alguno de los personajes que desfilan sobre el escenario, todos vinculados, de alguna manera, con la víctima y varios de ellos relacionados también entre sí. 

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En sordina

Fotos Robert Rodríguez

Según Abel González Melo los protagonistas de sus obras han tenido su edad al momento de su escritura, y en cada texto se vuelven mayores, pues crecen junto a él. “He querido llenarlos de mis dudas, mis afectos, mis dolores. Son la imagen sublimada de mí mismo en medio del mundo en que he crecido: la Cuba de entresiglos…”, confiesa en una entrevista concedida a la pedagoga Bridgette W. Gunnels para la revista académica estadounidense Southern Spaces (Espacios del Sur).

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Un “No” lleno de muchas aceptaciones

Presenciar No, del grupo Alas Teatro, es llenar una hora de risas y sonrisas con un espectáculo donde el arte de los títeres alcanza un máximo virtuosismo técnico en la conjugación muñeco–actor y muñeca-actriz, títeres que se conjugan no solo con manos sino también con piernas y, consistentemente con todo el cuerpo, para ser mucho más que “títeres de manos” o “muñecos cargados”.

No cabe dudar de la capacidad de Arasay Suárez Padrón y Marcos Salvador Rosales para lograr una máxima interpenetración cuerpo-muñeco, donde quienes manejan los títeres no necesitan ocultarse tras bambalinas para dar protagonismo audiovisual a los muñecos, y donde la fijación de la mirada permanece enclavada en los muñecos, debido tanto a la fuerza atractiva de gestos, acciones y “dichos” de los propios muñecos, como de la acertada iluminación de José Alberto Ribera, la sonorización de Pedro Enrique Delgado y el diseño de objetos escénicos, todo bajo la dirección general de Doris Méndez Lanza.

Fotos Robert Rodríguez

Incluso cuando los actores se hacen presentes, cuando se evidencian ellos mismos en los momentos de interacción directa con el público, seguimos inmersos en la fábula y atendiendo a los muñecos.

Vale haber comenzado por este aspecto, porque en tales habilidades y logros se sustenta lo que la pieza busca, hacernos reír, divertirnos de principio a fin con una comicidad total que abarca, desde la sutil y refinada ironía hasta la carcajada grotesca, todos los matices de lo cómico.

Fotos Robert Rodríguez

Reímos con una fábula de amorío casi casual pero, hurgando el fondo, nada casual sino anhelado y a la expectativa de su encuentro por parte de dos personajes llenos de gracia en sus modos de presentarse, sin faltar el dramatismo transmutado en comicidad de sus necesidades sentimentales y de realización física y espiritual; una fábula sin mojigaterías ni temor a la sexualidad y salpicada con buenos momentos de ironía crítica, como el de la cacerola y el del fósforo.

Reímos con los diseños, los gestos, las ocurrencias generales de cada uno de los dos personajes desde que se presentan individualmente, en la primera parte de la obra, con sus deseos, quehacer y circunstancias.

Esta primera parte, casi perfecta por no decir perfecta, es muy superior a la segunda. Los sucesos entre los personajes que conocimos en la primera sección no gozan, sobre todo hacia el final, del mismo perfilamiento de detalles, de su economía del tiempo y del dominio de las insinuaciones y el fino gesto mucho más que lo evidenciado.

Fotos Robert Rodríguez

Es verdad que lo grotesco, como tipo y gradación de lo cómico, se justifica y hace válido, pero es, asimismo, excesivo. Pueden incluso conservarse todos los elementos e ideas –desde lo romántico sublime hasta lo fálico–, pero con mejor medida, con la mesura postulada desde Aristóteles y luego con mayor detenimiento por Hegel.

Si la primera parte hace de No una obra magnífica, más que sobresaliente, la segunda le acarrea el peligro de rebajarla a simplemente buena.

Pero, bien, no cabe duda, está muy bien y, sobre todo, hace reír, divierte y no deja, como toda buena comedia al fijarse en nuestras debilidades, de hacernos pensar en estas.


Monólogo de la soledad

“Simplicidad” y “hondura” son dos términos claves para Monólogo de la soledad, del grupo teatral El Juglar del Cisne, con la dirección general de Yudian Padrón Pérez. “Simplicidad formal” y de realización general, nunca en el sentido de vacío, banal o primitivo, sino en el de oposición a lo complejo, o mejor en este caso, oposición a lo vana y chillonamente complejo. Puede venir la tentación del término “minimalismo”, pero este acarrea otras significaciones de estilo diversas al tipo de “naturalidad” que caracteriza a este monólogo.

Pensar en un monólogo casi siempre conduce al estereotipo de obras con la temática humanista, de género, intimistas o de carácter social en gen general, dichas por un actor o actriz que representa a un personaje específico como puede serlo una abuela solitaria.

Fotos Robert Rodríguez

Pero, en primera instancia, aquí se nos ofrece un monólogo en cierta medida “desdoblado” mediante un actor que dice el monólogo y una muñeca que sustituye (visualmente) a la correspondiente actriz. Un segundo actor apoyará acciones, situaciones y manejo de objetos escénicos, sin afectar en ningún sentido el carácter e intensidad de la obra como monólogo.

Tal desdoblamiento o conjunción de actor y muñeca para el personaje que monologa es realmente eficaz para los efectos audiovisuales y escénicos generales de la obra y, además, hace a esta más atractiva para públicos de menores edades (a quienes ha de interesar precisamente lo dicho en el monólogo), sin que deje de serlo, quizá todo lo contrario en muchos espectadores, para los de más edades.

Pero ello, lejos de implicar complejidades mayores ni parafernalias innecesarias, se desenvuelve ante nosotros con una real sencillez de recursos y acciones en la construcción del personaje, una anciana que vive sola con su gato y añora la compañía familiar (o, en general, humana).

Fotos Robert Rodríguez

El monólogo, magistralmente dicho por Juan Miguel Plané Serrano, es acompañado con igual maestría por su propia manipulación de la muñeca que permanece siempre debidamente como punto focal de nuestra atención y logra hacérsenos sentir como auténtico “personaje”, auténtica abuela solitaria.

La sencillez de recursos, formas e imágenes generales no solo ha bastado sino incluso se ha hecho óptima para el deseado llamado sentimental y humanista. Simplicidad formal (en el mejor sentido aclarado) y hondura de sentimientos y conceptos se conjugan, así, perfectamente.

Fotos Robert Rodríguez

La labor del sonidista Dayam González se aviene en la justa medida con dichas cualidades del discurso oral y audiovisual, con una musicalización melodiosa y sonidos igualmente simples a la vez que emotivos y agradables.

Simplicidad formal audiovisualmente tan expresiva como agradable y hondura de propuestas sentimentales, conceptuales y, también, estéticas queden reiteradas como cualidades medulares del “monólogo de la soledad”.


El perfecto “desastre”

Asesinato en la Mansión Haversham es una comedia hilarante donde las cosas van de mal a peor y terminan en un completo desastre. Cuenta el día del estreno de una obra de misterio, en el que se investiga un homicidio perpetrado por alguno de los personajes que desfilan sobre el escenario, todos vinculados, de alguna manera, con la víctima y varios de ellos relacionados también entre sí. 

Mientras tiene lugar la solución del caso estamos en presencia de una doble historia, teatro dentro del teatro o un hecho meta-teatral, con elementos del absurdo y gestos exagerados. Para los personajes es una tragedia que tratan de defender, intentando a toda costa llevar la puesta hasta el cierre del telón, mientras hacen de una obra dramática la delicia de los espectadores consiguiendo sacarles carcajadas.

Hacer reír con esta pieza, cuya estructura dramática se construye a partir de su propia destrucción, es algo que se logra con creces, con una prometida inconsciente casi todo el tiempo, un supuesto cadáver que no sabe actuar como muerto, un mayordomo que olvida sus líneas, actores que chocan con todo, utilería que no fue puesta en su lugar, un whisky altamente corrosivo, efectos sonoros a destiempo y un escenario a punto de colapsar.

El diseño escenográfico está cuidadosamente creado para lograr y soportar las peripecias del montaje; los vestuarios, aunque responden a la época, no son determinantes al igual que el planteamiento de las luces, pues lo importante es el complejo y bien elaborado diseño de movimiento de los personajes. La compleja cadena de acciones del espectáculo presentado por Oficio de Isla plantea una serie de exigencias a sus intérpretes, un elenco que conjunta un talento extraordinario; sus capacidades histriónicas consiguen multiplicar la comicidad de la puesta y todas las actividades de la escena corren a cargo de ellos mismos. Como también es importante resaltar el uso de la música y los efectos sonoros, partícipes de la dramaturgia escénica y sin los cuales el resultado no hubiera sido el mismo.

Es difícil ponerle peros a Asesinato…, pero si quisiéramos ponernos exquisitos se agradecería que se acortara el prólogo dicho por el supuesto director, que aunque excelentemente ejecutado por el actor Carlos Migueles, no aporta demasiado y dilata la presentación del plato fuerte. Y por otra parte, el constante recorrido de los actores en segundo plano por detrás de la escenografía, aunque conscientes de su intencionalidad, en ocasiones se roba por entero la atención en momentos importantes de la trama.

Pero es solo cuestión de hallarle manchas al sol, pues estamos en presencia de una puesta que no solo hace pasar bien, sino que nos nutre de un teatro sin vicios y transparente, alejado de esquemas y capaz de hacer reír a carcajadas desde el niño hasta al más adulto; lleno de personajes que van cobrando protagonismo indistintamente, logrando un disfrute pleno. Un espectáculo fresco donde se mezcla la ficción y lo real con un solo objetivo: ahogar a los presentes en un llanto provocado por la risa.

Desde el primer momento reconocemos que algo no anda bien, pero no nos engañemos, todos queremos saber quién es el asesino y a medida que se acerca el final el escenario se va despojando de sus elementos de manera caótica. A pesar de todo, la obra concluye, y el público confundido y agitado de tanto reír nos demuestra que no hay límites preconcebidos dentro de la representación teatral.

Sin duda alguna este espectáculo es un perfecto desastre que se agradece.


El títere es mi salvación teatral

Amelia sueña mariposas, puesta en escena de Arneldy Cejas y Erduyn Maza para Teatro La Proa, reconocido grupo de teatro para niños y de títeres de La Habana, llega al Festival de Teatro Joven. Al autor del texto, el dramaturgo, actor y titiritero Erduyn Maza le conozco del/desde el ISA, donde fuimos compañeros de aula en el seminario de Dramaturgia y de quien conservo la imagen de –como refiriera alguna vez Rubén Darío Salazar en una conversación– un “escribidor nato”, alguien que piensa en la escena, trabaja y escribe todo el tiempo para, sobre y por ella. Decidí conocer un poco del Erduyn dramaturgo y sobre el proceso de escritura de sus piezas teatrales, el cómo y el por qué.

Fotos Robert Rodríguez

El tablado de un teatro. N. y Erduyn trazan con tiza un cuadrado azul sobre el tabloncillo. Dentro, una silla donde Erduyn cuenta a N. de su vida de dramaturgo y titiritero titiritesco. N., un niño-adulto que quiere saber cómo enredar un sueño con el hilo de una marioneta, trae una agenda en la que garabatea palabras.

N.: ¿Cuáles son los principales desafíos a los que te enfrentas al crear obras de teatro para niños en Cuba?

Erduyn: Hay que hablarles a los niños de hoy con la sinceridad que merecen estos tiempos, alejado de ñoñerías, de todo tipo de edulcoramiento. Los niños están bombardeados de muchos estímulos visuales y el teatro no debe ser ingenuo. Se debe indagar mucho sobre las problemáticas del ahora, del niño cubano y pasarlo por un tamiz poético, que enriquezca la puesta visualmente y sea entonces atractiva para ese público tan obnubilado por las nuevas tecnologías e Internet.

Fotos Robert Rodríguez
  1. (Sin despegar la vista de la agenda): ¿Cómo logras adaptar el lenguaje dramatúrgico para que sea accesible y comprensible, a la par de atractivo, para el público infantil sin perder la calidad ni el rigor artístico?

Erduyn: Asumo la creación de una obra de teatro para niños con el mismo rigor que puede asumir cualquier creador una obra de arte. No hay por qué minimizar el trabajo o la artesanía de un texto teatral escrito para niños frente a ninguna otra expresión artística. Mis obras tienen un recurso principal: el recurso titiritero… (Intenta llamar la atención de N., se para sobre la silla e improvisa un baile). A partir de ahí creo que se gana mucho a través de la visualidad y del ritmo, de lo irreal y fantástico que pueda ser el personaje titiritero que crea su propia poesía y mística. Mi reto es que ese recurso esté bien explotado, en el sentido que no es solo el texto sino la figura animada quien teje el espectáculo frente a dos realidades, dos focos de atención, la del niño y la del adulto. (Hace un ademán a N. para que le de la agenda. Carraspea. Vuelve a carraspear. N. lo mira, accede a la petición). Por ejemplo, en Amelia… el adulto logra leer el discurso de matiz político, de abuso infantil de una forma más directa, no tanto el niño que prefiere la fábula otra, inclinada más hacia sus referentes imaginativos. No se trata solo del lenguaje de la escritura teatral, también del lenguaje escénico y cómo esa propuesta encaja y dialoga con el espectador infantil y el adulto, y de cómo ellos reaccionan y recepcionan ese material espectacular.

Fotos Robert Rodríguez

Erduyn usa la agenda como una marioneta, un objeto animado que puede ser un ave o una mariposa. N. intenta atrapar la agenda/ave/mariposa, pero no puede, desiste por un momento.

  1. (Respira hondo): Háblame de tu proceso como autor dentro del contexto, ¿qué elementos poéticos, estilísticos consideras clave al escribir una obra para niños en relación al teatro cubano actual y cómo esos elementos reaccionan con el público y tú como autor evolucionas y tomas experiencia para próximas escrituras y montajes?
  2. Fotos Robert Rodríguez

Erduyn: Existe una serie de autores teatrales en Cuba que le hablan al niño de hoy y me hablan con mucha sinceridad, como Blanca Felipe, Yerandy Fleites, Ulises Rodríguez Febles… (Baja de la silla de con un ligero salto, casi alegre, de brisa otoñal). No hay temas del que no se le pueda hablar a un niño, el reto es encontrar las herramientas para hablarles y en mi caso, tengo a los títeres; ellos me ayudan a entablar ese diálogo. No porque se use un títere ya quiere decir que es una obra de teatro para niños, también hay teatro de títeres para adultos… (Usa el libro de máscara, deja ver solo sus ojos por encima del libro. Luego solo su boca. Susurra, en confesión). Pero el público aún tiene ciertos tabúes con este otro modo, por así decirlo… (Transición rápida. Borra una de las líneas azules del cuadrado de tiza. Se aleja un poco, se aleja). Durante un viaje a Sudáfrica para participar en el Congreso Internacional del ASITEJ, asistí a un festival de teatro colateral llamado Cradle of creativity o Cuna de la creación, y vi una obra política para niños muy fuerte… (Simula que está perdido en una sabana de África. Se mueve entre leones, hasta imitarlos, ser parte de la manada. Rodea a N., que se protege dentro de lo que queda del cuadrado de tiza azul, como jaula). Fue una adaptación de Rebelión en la granja, de George Orwell, y me pareció tan buena que me motivó a escribir una obra donde el trasfondo fuese igual de despiadado y hermoso. (Ruge. Carraspea y luego sonríe. Invita a N. a que se siente en la silla, le devuelve la agenda). En segundo año de la carrera escribí solamente la fábula para la entrega de final de semestre de la carpeta, para luego en tercer año escribir la obra junto al maestro Yerandy Fleites, quien ayudó cantidad a enriquecer el proceso de trabajo y gracias a eso di con la resolución del conflicto del personaje principal (Borra poco a poco lo que queda del cuadrado). Cuando está bien explotado el elemento titiritero puedes estar seguro: la obra será un éxito rotundo, si a eso le sumas las diversas maneras de hacer, de potenciar la espectacularidad y conectar con el público mediante el tema que trates, entonces ya estás encaminado hacia un buen ejercicio, tiene muchísimo ganado (Da dos palmaditas en el hombro de N. Mira hacia la nada y hace una reverencia). El títere es mi salvación teatral.

Aplausos.

Erduyn invita a N. a ponerse de pie y hacer una reverencia, la hacen. Se saludan y saludan al público invisible.

La última luz que se apaga sobre el escenario da pie a la palabra…

TELÓN.

Fotos Robert Rodríguez

Amelia sueña mariposas apenas tiene cinco funciones. La de Holguín fue la sexta y según Erduyn, la obra está cosechando lo que él como dramaturgo y director, y Arneldy, también director y diseñador, imaginaron. Es una magnífica oportunidad para disfrutar del espectáculo de La Proa y su troupe, saber del oficio noble y difícil del titiritero, del teatrista, gracias a la propuesta llevada por estos timoneles que son Erduyn y Arneldy, donde Amelia sueña junto a nuestros anhelos de infante y no escatima en brindarnos belleza.


En Holguín se reúne el Teatro Joven

El Festival Nacional de Teatro Joven, evento organizado por la AHS en Holguín, regresa del 21 al 24 de septiembre en su XIII edición, con un programa que incluye la confluencia de diversas poéticas en la escena, un encuentro teórico y presentaciones literarias.

Están invitados en esta edición, dedicada a la dirección y producción teatral los colectivos: Teatro La Proa (La Habana) con Amelia sueña mariposas, texto de Erduyn Maza Morgado con dirección artística del propio Maza Morgado y Arneldy Cejas Herrera; Oficio de Isla (La Habana) con Asesinato en la Mansión Havershan, dirigida por Ledier Alonso; Alas Teatro (Pinar del Río) con No, en cuya dirección se encuentra Doris Méndez Lanza y Arasay Suarez Padrón; y El juglar del cisne (Pinar del Río), con la obra Monólogo de la soledad, dirigida por Yadian Padrón Pérez. Se incluyen en el programa de presentaciones escénicas: I Want Teatro (Matanzas), proyecto de María Laura Germán con la obra I Want; y Teatro Alas D´Cuba (Granma) con Por gusto de Abel González Melo, con dirección artística de Juan Alberto Ante Ramírez y general de Fernando Muñoz.  

“El Festival se realizará durante tres días y fuera de marzo, la fecha habitual desde su fundación”, comentó Yasser Velázquez, miembro del Comité organizador, en conferencia de prensa realizada en la AHS. Sin embargo, “resulta una proeza mantenerlo con este empuje y su concreción responde, en buena medida, al apoyo institucional del Consejo Provincial de las Artes Escénicas (CPAE) y la Dirección Provincial de Cultura”, añadió Yasser.

A las habituales salas Alberto Dávalos y Raúl Camayd, del Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol, se suman el Café Tres Lucía, sitio para la presentación los días 22 y 23 de I Want, y la Casa del Joven Creador-AHS, con las puestas de El juglar del cisne y Alas Teatro.

“El público podrá disfrutar de poéticas diversas, entre ellas las siempre esperadas funciones infantiles”, explicó Velázquez. A las puestas en escena se potencia un espacio teórico, con el título “XIII años de Teatro Joven, de Holguín a Cuba” y la participación de los directores y productores de las compañías invitadas, quienes abordarán los desafíos de estas especialidades en el contexto cubano contemporáneo. También en la Casa del Joven Creador se presentará parte del catálogo de teatro de Ediciones La Luz, con Outsiders de Alessandra Santiesteban y Ludoteca, de Leonardo Velázquez, por Adalberto Santos.

Palco 13, boletín de crítica teatral que ha caracterizado el Festival, mantendrá su circulación, digital e impreso, durante esos días, con firmas reconocidas y varios jóvenes autores.

La inauguración oficial del XIII Festival Nacional de Teatro Joven, este 21 de septiembre, en la Raúl Camayd del Teatro Eddy Suñol, estará a cargo del Grupo Humorístico Etcétera con su espectáculo DesTintos y DifeRíentes, que cuenta con dirección artística y general de Eider Luis Pérez Martínez. Aunque, a manera de jornada pre-Festival, Etcétera y Yuri Rojas (Zoila) se presentan en este escenario desde el lunes 18.