Estaciones teatrales para un festival (dosier)

Organizado por la filial de la AHS y el Consejo Provincial de las Artes Escénicas, el Festival Nacional de Teatro Joven regresó a la ciudad de Holguín en su edición XIV, para hacer confluir, del 22 al 24 de marzo, variadas tendencias y poéticas de la escena cubana actual.

Cercano en la memoria del p√ļblico, pues su pasada edici√≥n se realiz√≥ en septiembre, esta cita que cont√≥, adem√°s, con un encuentro te√≥rico y presentaciones literarias, retom√≥ su fecha habitual y estuvo dedicada a los aniversarios 30 y 25 de Teatro de Las Estaciones, de Matanzas, y a Teatro Tuyo, respectivamente; as√≠ como a los 85 del Teatro Eddy Su√Īol, que ha acogido buena parte de las presentaciones durante las catorce ediciones del evento.

Ambas compa√Ī√≠as homenajeadas, entre los m√°s reconocidos exponentes de la escena cubana, estuvieron presentes: Las Estaciones, dirigida por Rub√©n Dar√≠o Salazar, present√≥ Flores de Carolina y Ajonjol√≠, una sugerente puesta que explora las posibilidades esc√©nicas del clown y que enfatiza en la importancia del cuidado al adulto mayor como met√°fora de las tradiciones y el legado. Este homenaje a la escritora cubana Dora Alonso fue interpretada por Iris Mantilla y Alejandro Garc√≠a. Los dise√Īos de Zen√©n Calero, merecedor del Premio Nacional de Teatro 2022 junto a Rub√©n Dar√≠o y que definen la est√©tica visual de Las Estaciones, se basan en la obra del artista Ar√≠stides Hern√°ndez (Ares).

Como colof√≥n de la puesta, la AHS y el Consejo entregaron reconocimientos a Rub√©n Dar√≠o y a Zen√©n, maestros de Juventudes de la Asociaci√≥n. Y adem√°s, obras de arte de la autor√≠a del tambi√©n dise√Īador Karell Maldonado y de Armando Ruiz, presidente de la AHS local.

Por su parte, el colectivo dirigido por Ernesto Parra, presentó Charivari, esta vez con estudiantes de la Escuela Nacional de Clown, surgida de las experiencias de Teatro Tuyo.

En el programa encontramos, adem√°s: Este tren llamado Deseo, rescritura del cl√°sico de Tennessee Williams con gui√Īos al filme hom√≥nimo de Elia Kazan, por Rumbo Teatro, de Pinar del R√≠o, con texto de Iran Capote, quien es su director art√≠stico, y direcci√≥n de Aliosha P√©rez; El baracutey. Otro bufo cubano, puesta en escena de El Portazo, de Matanzas, con direcci√≥n art√≠stica de Williams Quintana; y Payaso√Īar, propuesta del
Teatro Gui√Īol de Holgu√≠n ‚Äď√ļnico colectivo local con obra presentada en el Festival‚Äď con
dirección artística de Ernesto Parra, a partir de un anterior montaje realizado por Dania
Ag√ľero.

Se presentaron en la √ļltima jornada: fronteraS.A., de Teatro sobre el camino, de Villa Clara, un unipersonal de 50 minutos dirigido por Rafael Mart√≠nez y representado por Elizabeth Aguilera Fari√Īas; y Ofelia, del santiaguero Grupo de Experimentaci√≥n Esc√©nica La Caja Negra, dirigida por Juan Edilberto Sosa y basada en M√°quinahamlet, del dramaturgo Heiner M√ľller, uno de los adalides del teatro posdram√°tico y de cuyos presupuestos bebe esta puesta en escena merecedora del Premio Aire Fr√≠o a Puesta en escena.

Esta edici√≥n destac√≥ por la variedad y calidad de las propuestas que acercaron al p√ļblico holguinero ‚Äď√°vido de teatro en una ciudad sin grupos dram√°ticos activos y con pocas presentaciones‚Äď al trabajo de colectivos referenciales como Las Estaciones y Tuyo, y otros m√°s j√≥venes, pero igualmente interesantes y necesarios a la hora de cartografiar ‚Äďalgo que en alg√ļn momento logr√≥ con mayor profundidad en propio Festival‚Äď la escena nacional.

El conversatorio sobre Teatro de Las Estaciones, realizado en el Caf√© de la AHS por Rub√©n Dar√≠o Salazar, acerc√≥ al p√ļblico a la est√©tica de esta multipremiada agrupaci√≥n; mientras la presentaci√≥n de Blanco, de Nelson Beat√≥n, libro publicado por Alarcos Casa Editorial y merecedor del Premio de Dramaturgia para Ni√Īos y de T√≠teres Dora Alonso, sum√≥ el a√Īadido literario a una edici√≥n en la que se extra√Ī√≥ un mayor y m√°s sostenido programa te√≥rico que fuera, como en otros a√Īos, a la par de las presentaciones esc√©nicas
(incluso el acostumbrado encuentro y debate entre colectivos e invitados terminó sin
realizarse).

Aunque Palco 13, el boletín de crítica que ha caracterizado también al Festival, mantuvo su circulación los días del evento, aunque esta vez solo digital, con firmas de autores como José Rojas Bez y Lino E. Ernesto Verdecia Calunga, sumando varias miradas más jóvenes.

Por otra parte, la coincidencia con la Feria Internacional del Libro en Holgu√≠n carg√≥ el calendario cultural (y medi√°tico) en la ciudad y si bien existe un p√ļblico que prioriza las manifestaciones esc√©nicas, no son saludables jornadas tan cargadas para otras con apenas susurros. Aun as√≠ ‚Äďcomo record√≥ Yasser Vel√°zquez, su organizador‚Äď resulta una proeza mantenerlo con este empuje y su concreci√≥n responde, en buena medida, al apoyo institucional del Consejo y la Direcci√≥n Provincial de Cultura, as√≠ como al √≠mpetu de las compa√Ī√≠as y los creadores que, a pesar de diferentes adversidades de la cotidianidad, siguen apostando por la creaci√≥n

esc√©nica y por la magia de la interacci√≥n con el p√ļblico, como demostraron las recientes jornadas del XIV Festival Nacional de Teatro Joven en Holgu√≠n.

 

 

Charivari: el desorden como ritual

Por Neftalí Pupo Reynaldo

Tropezar, caer, bailar de manera poco agraciada en un extra√Īamiento del propio cuerpo. La m√ļsica sale a gritos y espasmos por las bocinas. Si el p√ļblico se r√≠e, bien. Y si, adem√°s, el p√ļblico aplaude al ritmo de un silbato, ¬°todav√≠a mejor!

El clown no es la manifestaci√≥n que m√°s prestigio goza en un pa√≠s donde la gente se r√≠e y aplaude durante sus ca√≠das y tropezones cotidianos, nada festivos y nada felices. No obstante, compa√Ī√≠as como Teatro Tuyo han logrado con su trabajo hacer que el clown sea mejor apreciado por un p√ļblico nacional que, m√°s bien (y de forma encantadoramente ingenua), busca encontrarse a s√≠ mismo entre gestos y palabras inteligentes que compongan una elaborada vor√°gine de expresiones refinadas y altos sentimientos.

Nada de eso ha ofrecido en esta ocasi√≥n Charivari, presentada por estudiantes de la Escuela Nacional de Clown, surgida de las experiencias de Teatro Tuyo. ¬ŅQu√© ha entregado, en cambio, la obra y sus protagonistas? Un tropel de ca√≠das y pitidos espasm√≥dicos que lograron la inmediata simpat√≠a y acompa√Īamiento de una peque√Īa multitud (adultos j√≥venes en su mayor√≠a, con ni√Īos peque√Īos y tel√©fonos celulares) que se entreg√≥ a Teatro Tuyo sin mayores resistencias. En medio del derroche de energ√≠a desorganizada se entabl√≥ entre los tres clown una lucha por el dominio del escenario. Luego pasaron a escenificar l√°grimas y risas artificiales, buscando seriedad en medio del disparate, apelando a los temas universales como la muerte, la compasi√≥n, la resurrecci√≥n y el dolor.

Foto Roberto Carlos García Ramos.

Los actores de Charivari no pueden morir, ni sufrir, ni sentir compasi√≥n por el otro. Forman parte de un universo obsceno de la pura energ√≠a. Son √≥rganos sin cuerpo. Descaradamente, intentan hacer un acto de magia pero descubren al instante el truco debajo de la s√°bana. Contando con la solidaridad incondicional de un p√ļblico que no les exige casi nada, bailan un chachach√° con el ‚ÄúDanubio Azul‚ÄĚ de Johann Strauss, devenido s√≠mbolo del kitsch por antonomasia.

Justo al final, y sin dominar jam√°s la escena por completo (nadie sabe si a prop√≥sito o no, y tampoco importa), arranca la lucha intestina final por el ‚Äúpoder‚ÄĚ entre los tres protagonistas, intento que culmina en el caos, desorientando a la multitud que solo quiso re√≠r y que, por tanto, desconoci√≥ el significado del t√©rmino ‚Äúcharivari‚ÄĚ: ritual carnavalesco a base de ruido discordante, con la intenci√≥n de reprobar.



Flores de Carolina y Ajonjolí

Por José Rojas Bez

Sencillez, delicadeza, ternura, colorido bien temperado, movimiento esc√©nico comedido y √°gil a la vez, conjunci√≥n de las tradiciones titiriteras y de payasos, dise√Īo bello y funcional de los √ļtiles esc√©nicos son t√©rminos que se avienen perfectamente, y no por vano entusiasmo, a Flores de Carolina y Ajonjol√≠, obra de Teatro de Las Estaciones, con dramaturgia y direcci√≥n de Rub√©n Dar√≠o Salazar.

La obra se conforma como un juego de emociones, ideas y recuerdos filiales o, en general, familiares de una muy sutil y delicada Payasa (encarnada por Iris Mantilla) en interacción con su algo más torpe, pero no menos afectivo, amigo Payasín (actuado por Alejandro García); con diálogos, más bien controversias o debates amistosos, que ofrecen reflexiones sobre las tradiciones y legados históricos y familiares, sobre el debido respeto y amor a esas personas mayores de la familia que portan un legado cultural, histórico y, también, filial.

Con gracia y ligereza, nada contradictoria con la hondura de ideas y sentimientos, Payasa y Payas√≠n debaten a partir del motivo dado por un abuelo que ronca, ‚Äúabuelo‚ÄĚ que manifiesta ya la capacidad creativa y de sugerir im√°genes de la obra, porque parece f√°cil, una vez ya visto, pero no lo es lograr tal imagen simb√≥licamente por medio de una diminuta cama, ronquidos y voces. Mucho m√°s cuando el mundo de los personajes se ve enriquecido por el ambiente sonoro de gatos y perros y‚Ķ la luna, a lo lejos‚Ķ

Por otra parte, tambi√©n parece nada extra√Īo, sino algo f√°cil, que estos di√°logos rezuman aut√©ntica poes√≠a al estar basados en doce poemas de Dora Alonso; pero lo que parece f√°cil no siempre lo es, porque, faltando la debida aprehensi√≥n po√©tica y la debida sensibilidad, lo po√©tico √≠nsito en los poemas originales se desmoronar√≠a. Esto no ocurre aqu√≠, quiz√°s todo lo contrario: hallan una nueva expresi√≥n aut√©nticamente po√©tica incluso en lo coloquial.

Foto Roberto Carlos García Ramos.

Resultan plenos de eficaz gracia los movimientos escénicos (con coreografía de Yadiel Durán), la precisa y grácil gesticulación de los actores que conllevan un matizado y disfrutable gustillo de los gestos-articulaciones de los títeres de cuerda, en especial la Payasa, con voces muy acordes a tales propósitos.

La sonorizaci√≥n general, con m√ļsica de Ra√ļl Vald√©s, complementa bien el conjunto audiovisual en que se integra. M√ļsica y todo lo sonoro se acompasan perfectamente a los di√°logos y los movimientos de los payasos, como complemento o, mejor, como cabal factor extradieg√©tico de lo sucedido y dicho.

Cada secci√≥n de la puesta en escena puede ejemplificarlo; pero se√Īalamos esa en que, con h√°bil interacci√≥n con el p√ļblico ‚Äďde TEATRO se trata‚Äď un personaje ofrece un regalo a un ni√Īo del p√ļblico y luego el mismo a una ni√Īa, mientras el otro le disputa tal proceder y recupera el objeto; todo lo cual se realiza sin la m√°s m√≠nima p√©rdida de ritmo, ternura y compostura general.

Un factor sin duda de cabal hermosura y eficacia es el dise√Īo de Zen√©n Calero, a partir de la obra del artista pl√°stico Ar√≠stides Hern√°ndez (Ares), que alienta y sustenta la id√≥nea visualidad de la obra, d√≠gase vestuario, escenograf√≠a e iluminaci√≥n; esta √ļltima quiz√° a veces un poco plana, con poca riqueza en variaciones y tonos en cada parte de la obra (algo discutible dado el escenario espec√≠fico en que se desarrolla).

Aun admitiendo esta leve imperfecci√≥n, el mundo visual (vestuario, mu√Īecos, objetos todos, e iluminaci√≥n) queda m√°s que satisfactorio. Para nosotros, Flores de Carolina y Ajonjol√≠ ejemplifica qu√© es una obra lograda de principio a fin con m√ļltiples valores que incluyen la capacidad, incluso, de valer mucho tanto para ni√Īos como para adultos desprejuiciados.



La voz colectiva de las Ofelias o una rebelión contra los atavismos

Por Lino E. Verdecia Calunga

¬†Siempre hay una puerta en la ni√Īez por donde entra el futuro.

 Graham Greene

Asistir a una puesta en escena es como realizar un viaje, es un tipo de singladura por aguas que pudieran ser convulsas y donde, una vez comprometidos o empe√Īados en su apreciaci√≥n, no puede uno comportarse como simple viajero y mucho menos dejar de acudir a todo aquello con lo que ‚Äďpor otras traves√≠as‚Äď nos hayamos pertrechado de informaci√≥n, valoraciones e interpretaciones. Es por eso que, aunque una vez m√°s la omnipresente intertextualidad cre√≠ me conducir√≠a al puerto de una (re)visita a un personaje fundamental del drama Hamlet ‚Äďuno de los textos mayores del eterno William Shakespeare‚Äď, el desembarco rebas√≥ algunos l√≠mites de mi expectativa.

De tal manera Ofelia, pieza presentada por el Grupo de Experimentaci√≥n Esc√©nica La Caja Negra, proveniente de Santiago de Cuba, provoca de antemano ‚Äďcomo suele suceder cuando un t√≠tulo se asocia de inmediato con caracteres ic√≥nicos‚Äď una sensaci√≥n de innegables premoniciones.

Y es que el personaje de Ofelia es una de las m√°s s√≥lidas creaciones que debemos al talento shakesperiano. Mujer en desgracia caracterizada como v√≠ctima de un ambiente patriarcal a la vez que de su modo de amar, tierna y silenciosa, resignada y sin capacidad para defender lo que ama, es uno de los pilares del ¬Ņoriginal? punto de partida de la obra inglesa. Pero he ah√≠ que, en la profusa experimentaci√≥n que hace La Caja Negra, con direcci√≥n de Juan Edilberto Sosa ‚Äďautor adem√°s del din√°mico guion‚Äď est√° la subversi√≥n del √≠cono.

Se conoce por palabras de Sosa que para esta revisitaci√≥n a una mujer sufrida, personaje que asume un alter ego m√ļltiple, porque proclaman ‚Äútodas somos Ofelia‚ÄĚ (algo que recuerda la respuesta coral del pueblo de Fuenteovejuna), tambi√©n acudi√≥ al est√≠mulo que le proporcion√≥ la obra M√°quinahamlet del dramaturgo alem√°n Heiner M√ľller, y con el ensamble de testimonios, versos, m√ļsica, efectos sonoros, canciones (dicho sea que con muy buenas interpretaciones) se hace patente que los ya consabidos riesgos intertextuales fueron un indiscutible reto vencido por el director y su colectivo. A pesar de ciertas reiteraciones que convendr√≠a podar con precisa cautela, as√≠ como algunos movimientos o desplazamientos que podr√≠an sobrar pues aportan poco.

Fotos Roberto Carlos García Ramos

Y a pesar de que es sabido que la novedad absoluta solo existe en la imaginación, pues nihil novo sub sole, no son pocos los momentos en que los puntos de giro sorprenden a medida que la posición de las Ofelias es más levantisca, más rebelde, más incapaz de aceptar la sumisión, la violencia, la discriminación y el sometimiento machista al poder patriarcal padecido y soportado por las abuelas y madres que les precedieron.

Esta Ofelia que brota de una caja ennegrecida, tiene el m√©rito de erguirse y comportarse como si insuflara luces en cerebros adormecidos y soplara con rebeld√≠a las cenizas de viejas y resignadas ofrendas at√°vicas, para expresarnos que con nuevas ‚Äúma√Īanitas‚ÄĚ podemos seguir arribando a la justa equidad de la que tanto hemos escuchado hablar.



Payaso√Īar un Gui√Īol

Por Nelson Beatón

Si dentro de maletas aparecieran sue√Īos no habr√≠amos de inventarnos risas todo el rato. La risa, el sue√Īo y la infancia han elegido el teatro como refugio, para luego corporeizarse en tres clowns ‚ÄďUna, Segundo y Cuarta‚Äď y volvernos c√≥mplices de sus m√ļltiples haza√Īas, cada una de sus luchas por cada uno de sus deseos.

Payaso√Īar es el m√°s reciente espect√°culo del Teatro Gui√Īol de Holgu√≠n, pr√°cticamente de estreno en este Festival. Motivados por indagar en otros lenguajes esc√©nicos, como es el caso del clown, el grupo se aventur√≥ bajo la gu√≠a del maestro Ernesto (Papote) Parra, para conformar la obra. Darbel Cosme, interpreta a Segundo, un payaso que fantasea con ser un domador de caballos, de bestias. Darbel ‚Äďy no Segundo‚Äď me comenta sobre el proceso de montaje‚Ķ

Darbel (y no Segundo): ‚ÄúLa idea surge a ra√≠z de una propuesta del Consejo Provincial de las Artes Esc√©nicas de Holgu√≠n. Quer√≠an que Ernesto Parra dirigiera, montara un espect√°culo para el Gui√Īol. Necesit√°bamos algo que fuese diferente, fresco. Entonces iniciamos un trabajo con Ernesto. √Čl imparti√≥ al grupo talleres sobre clown, para contaminarnos un poco de su po√©tica. Trabajamos en algunas obras del grupo ya estrenadas, intentando hallar una que se acercara a su m√©todo, a su forma de hacer teatro. Esa obra es Payaso√Īar, un espect√°culo viejo del Gui√Īol que estaba ¬ęengavetado¬Ľ. Durante los talleres le presentamos el anterior montaje, que hab√≠a sido dirigido por Dania Ag√ľero, la exdirectora del grupo. Parra hizo una adaptaci√≥n para resemantizar un poco la obra y dotarla de nuevos matices, soluciones esc√©nicas, una dramaturgia m√°s s√≥lida y una l√≠nea de acci√≥n reconocible, hasta llegar al resultado de la puesta actual‚ÄĚ. ¬†

Fotos Roberto Carlos García Ramos

El actor acaba su breve intervenci√≥n. El teatro es una puerta infinita que nos introduce en un mundo plural, donde la multiplicidad de estilos y discursos enriquecen cada investigaci√≥n, cada nueva puesta en escena. Pienso que Payaso√Īar es un espect√°culo de transici√≥n y justifica la necesidad de permanencia del Gui√Īol holguinero, que se reforma, sin renunciar al teatro de mu√Īecos y de t√≠teres. Esas risas de ni√Īos que llenaron la sala justifican esa decisi√≥n y ese fugaz paso por lo clownesco, y me convence que el sue√Īo de ese tr√≠o de actores es permanecer, porque permanecer les hace olvidar la maleta vac√≠a, los ayuda a seguir buscando.



Ahora que los mapas est√°n cambiando de color

Por Anyi Romera

Vamos a suponer que todo es una simulación, que no son actores, que son agentes de algo que vienen a testearnos, a ver qué cara ponemos ante cada mueca o acción de la actriz, a ver cómo respondemos a la división del mundo.

Si suponemos esto quizá puede que entendamos fronteraS.A. y su mensaje. La obra de Teatro sobre el camino quiere ser una reflexión descarnada sobre lo mal dividido que está el mundo y el hecho de que se lo repartan los mismos siempre.

Un unipersonal, de 50 minutos, dirigido por Rafael Mart√≠nez Rodr√≠guez y ejecutado por Elizabeth Aguilera Fari√Īas, donde la actriz ‚Äútransiciona‚ÄĚ entre divisor-vendedor del mundo/militar agresivo/presentadora de televisi√≥n/mendigo/divisor-vendedor de la luna.

No hay texto dicho, solo un galimat√≠as mascullado, con la t√©cnica del grammelot, que imita distintos lenguajes occidentales, como alusi√≥n a quienes son los verdaderos due√Īos del mundo. O no. Hay que abstraerse durante 50 minutos para intentar comprender qui√©nes son los due√Īos del mundo, qu√© papel juega el espectador, qu√© define el color que se te asigna en el programa de mano, qui√©n es el t√≠tere…

S√≠, hay dos bandos, el Green y el Yellow, y al p√ļblico se le divide en ambos, seg√ļn el color que le toque por azar al entreg√°rsele el programa de la obra. Cuando cortan el mundo a la mitad, justo por el Meridiano de Greenwich, dentro hay un t√≠tere a quien dividen tambi√©n por la mitad. La superior, Head, queda en la zona verde y la inferior, Feet, en la amarilla. Como estamos abstra√≠dos podemos pensar que el t√≠tere es la humanidad. La cabeza piensa en recuperar su cuerpo, pero Feet ha probado el poder y se ha corrompido. Es entonces que comienza el viaje de la actriz por los ya mencionados personajes.

Fotos Roberto Carlos García Ramos

Quienes deciden a qu√© bando va cada persona del p√ļblico son dos agentes de traje negro y gafas oscuras que no ponen en contexto al espectador y tampoco tienen otra interacci√≥n. Por lo dem√°s, suponemos que simulamos a las √©lites de poder, que el mundo es nuestro y que matamos ‚Äďdividimos‚Äď a la humanidad en corrompida o sensata. La m√ļsica, entre el Bolero de Ravel y Pink Floyd y alguna que otra alusi√≥n a la droga a trav√©s de Los Beatles, tensan o relajan la trama, como si fuera una cuerda que no tiene grandes vueltas.

El periplo de Head, que es el periplo del p√ļblico, demuestra que casi siempre gana el poder, y el poder casi nunca est√° del lado del bien. Feet es un h√©roe condecorado, Head es vendido en √≥rganos. Feet inicia una batalla en la frontera, que no es m√°s que el serrucho con el cual, al inicio de la obra, se dividi√≥ el mundo. La guerra termina el misil, el misil en muerte y la muerte termina con el divisor-vendedor mostr√°ndole la luna a los bandos.

Sí. El mundo está repartido y no precisamente por el Meridiano de Greenwich, sino por el Ecuador. El norte explotó y explota al sur, el sur resiste sin saber cómo. No hace falta abstraerse en un lenguaje inexistente para decirlo. Puede decirse con todas las letras y en cualquier idioma. Como en aquella canción de Carlos Varela, todavía están tumbando los muros/ están cruzando fronteras/ el día está más oscuro/ están cortando cabezas/ están jugando a la guerra y están borrando el pasado.



Una terminal diferente para un tranvía llamado deseo

Por Roberto Carlos García Ramos

 

Reformular una obra cl√°sica es siempre un reto, m√°s si es de un autor como Tennessee Williams, pues pareciera dif√≠cil replantearse una f√≥rmula ya probada, como la de Un tranv√≠a llamado deseo, de Teatro Rumbo, de Pinar del R√≠o, pero la marginalidad y la agresividad con que se trabaj√≥ en este caso aporta una visi√≥n un tanto diferente, tal vez algo parecida a nuestra sociedad actual, y eso hace que un cl√°sico del teatro psicol√≥gico norteamericano como este tenga un di√°logo m√°s coloquial con el p√ļblico cubano.

Existe una m√°xima en el teatro y es dejar sobre el escenario lo imprescindible, para que el p√ļblico se concentre en lo importante. En la puesta se evidencia una ausencia casi total de escenograf√≠a, pues el director prefiri√≥ prescindir de cualquier artilugio para depender totalmente de un dise√Īo de luces, a mi entender no tan acertadas, y las actuaciones como plato fuerte del montaje. En este sentido es v√°lido destacar que los actores y actrices son capaces de incorporar grandes cargas de tensi√≥n y dramatismo durante el espect√°culo, aunque en ocasiones carentes de transiciones. Y sobre todo, resaltar la experticia de la actriz que interpreta a Blanche, capaz de matizar la puesta en escena hasta su culminaci√≥n, y creo es quien se lleva los lauros en esta ocasi√≥n. La actriz, de una evidente trayectoria, logra establecer un equilibrio con los dem√°s actores, conquistando al p√ļblico sin rasgos costumbristas o estereotipados, mostr√°ndonos una Blanche √ļnica.

Hubiera sido pertinente un programa, aunque sea digital, para dar nombre a los actores que intervienen en el montaje, pues la crítica debe estar referida con nombres y apellidos. Pero por desgracia no fue así.

Es importante, asimismo, destacar la utilizaci√≥n del montaje arena para la puesta en escena, si bien puede explotarse con mucho m√°s intencionalidad si logra esa intencional proximidad, capaz de condicionar y sugestionar al p√ļblico, pero desde un ambiente intimista.

Foto tomada de Facebook

Pero definitivamente estamos ante una misma historia de un tren o tranv√≠a, pero contada de una manera diferente, sobre todo con un gran olor a la Cuba que no queremos, pero que desgraciadamente vivimos; mostrando al p√ļblico algo imprescindible, cuestionando nuestra realidad y poniendo en las narices del p√ļblico la miseria diaria, la corrupci√≥n y esa violencia que rodea hoy al cubano.

Es necesario agradecer por este espectáculo sin filtros, capaz de hacer pensar a jóvenes y adultos. Pero sobre todo, por sobreponerse y seguir haciendo teatro en tiempos difíciles.

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más Leído

Lo lamentamos. No hay nada que mostrar aún.

Suscripción

Para recibir nuestro boletín ingrese su dirección de correo electrónico

 
ÔĽŅ