Malena Salazar Maciá: la peregrinación del aprendizaje literario

Había una vez es, quizás, el mejor comienzo de un cuento. Había una vez, cierta muchacha que decidió ser escritora. En las aulas del Centro Onelio Jorge Cardoso nos conocimos. Éramos, si la memoria no me falla, las únicas de aquel curso que deseábamos ser  (sí,  que no extrañe) escritoras de ciencia ficción y fantasía.

Algunos años después —cuenta la historia— esa muchacha, Malena Salazar Maciá, tomó la honda de David (cargada con la piedra textual, dispuesta al impulso, al ataque, a la vehemencia) y asestó un golpe, justo en la frente de un gigante literario. El Premio David 2015 en la categoría de novela de ciencia ficción fue otorgado al oficio de una autora que tuvo el buen tino de reconocer una obra a la cual le había llegado el tiempo preciso, nunca antes ni después. Durante un buen tiempo de su vida, Malena cultivó su literatura en silencio; desde ese mutismo que no es signo de esterilidad, sino de paciencia y equilibrio. Reciente miembro de la AHS, Salazar Maciá nos sorprende con una propuesta estética que inquieta y salvaguarda. Había una vez, sí, una lectora que descubrió la escritura como estrategia de vida y no dudó en armarse con los escudos textuales, con las espadas simbólicas del comienzo literario, para contestarme estas preguntas.

Desde aquellos días —no tan lejanos— en que compartíamos aula, oficio y vocación de escritoras en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, pude ver en ti el afán por convertirte en una autora de valía. Sin embargo, pasaron varios años antes de que conociéramos tu primera obra, la novela corta Nade, reciente Premio David en la categoría de ciencia-ficción. ¿Eres de esas autoras que concibe la literatura como un largo camino regido por la madurez y los procesos? ¿Prefieres los libros añejos como el buen vino? ¿Te resulta fácil dejar ir a esos «hijos simbólicos» que son nuestros propios escritos, en busca del encuentro y la comunión con sus futuros lectores?

Pienso que nada posee una fórmula mágica (si no, sería muy aburrido). Para lograr algo es necesario avanzar y tropezar mientras lo haces; probar una y otra vez, estar abierto a experiencias y a la interacción. Nunca se termina de aprender ni de madurar. En cada lectura se descubren cosas nuevas. En cada obra que se inicia, marcas un reto, una meta: muchas veces terminas sorprendiéndote a ti misma. Para este constante aprendizaje se necesita tiempo y perseverancia. Creo que he respondido la pregunta de forma indirecta, pero si quedaran dudas te confieso que sí, es un camino largo el que se debe recorrer. Si es lo que realmente quieres, nada parecerá demasiado largo o corto.

Acerca de los libros añejos, curiosamente, son los que atesoro más. Quizás porque se les dedica más tiempo y hay mayor oportunidad de ser minucioso o, simplemente, porque se disfruta tanto de este imbricado proceso que es la escritura, que quieres estar un poco más de tiempo junto a tus personajes y todo lo que sucede alrededor de ellos, ¡realmente no quieres decirles adiós tan pronto!

Y a esto va enlazado el hecho de que sí resulta difícil despedirse de tus escritos. Siempre lo es. Pero a la vez, en total contradicción, es gratificante verlos «dar sus primeros pasos» lejos de tus manos y conocer, ¡por fin!, si serán aceptados entre los lectores y, quizás —si maliciosamente apuestas por los finales abiertos— puedas entonces volverlos a trabajar.

¿Cómo nació la idea de Nade? ¿Por qué escogiste el imaginario religioso y cultural del mundo egipcio? ¿Qué de novedoso trae tu novela al panorama de la ciencia ficción cubana?

Nade es una de esas historias que deseé escribir por el mero placer de hacerlo, por convertirla en mía, es un texto en el que solo quise tener libertad: sin ataduras, sin técnicas, sin pensar más allá. Así vi el desierto donde transcurre buena parte de la obra (soy muy visual), las colonias, el punto álgido de la trama. Y sucedió que comencé a escribir un día, sin planearlo, sin pensarlo. Vi a una criatura con cuerpo de hombre y cabeza de perro, vi al dios-bestia, Inpu del Este, en el interior de una caverna, oliendo una futura catástrofe. Me aferré a él con todas mis fuerzas. En ese instante, mientras veía a Inpu, recuerdo haber pensado: tengo una historia. Así nació Nade.

Nade portada

No es un secreto que me fascina la mitología egipcia. Considero que es sinónimo de arte. Es una cultura llena de míticos personajes, muchos de ellos poseen varias versiones de sus propias leyendas; otras se han perdido a causa del tiempo. Creo que fue eso lo que me atrajo del mundo egipcio: su flexibilidad, su aliciente a la imaginación, los distintos desdoblamientos que sufrieron las entidades divinas a través de las diversas dinastías humanas. ¡Cuántas historias conocidas, por conocer y por imaginar! Y… siguiendo el consejo único —pero recibido desde varias voces a las que aprecio y admiro—, en mi primera novela escribí sobre lo que conozco. ¿Por qué no intentarlo? Queda en manos de los lectores comunicarme si obtuve buenos resultados.

Si existe novedad o no en mi novela, ¿por qué no dejarlo, también, al criterio de los lectores? Pienso que ellos serán los mejores jueces que mi obra tendrá.

Tu obra y tu oficio individual como creadora se insertan en un mundo donde hay muchas voces, incluso jóvenes, establecidas. ¿Te preocupa la competencia, tanto textual, escritural, como en el gusto del público? Según tu opinión, ¿qué busca el lector cubano? ¿Qué quiere leer y qué no? ¿Con qué autores de la Isla te gustaría emular?

El público es tan diverso como escritores puedan existir. Cada autor cultiva su estilo y avanza en el género literario en el que se sienta más cómodo, sin desatender a otros (por supuesto). De esta forma, puede ganar lectores. Enarbolando este argumento, no considero que exista una competencia marcada entre los escritores actuales, aunque algunos decidan verlo de esa forma. Existen lectores con gustos diversos, los cuales pueden leer a determinado escritor y descubrir que, agradablemente, surge otro novelista que también toca su paladar literario y que, así, gana también un espacio en su librero.

El público cubano, por tradición, por cultura, siempre está ávido de lecturas con valía: atrevidas, soñadoras e innovadoras (y perdona el trío cacofónico). No busca cosas sencillas o malsonantes, busca libros que lo hagan vibrar para después sentirse con hambre de más. Y es deber del escritor cumplir con esa demanda.

¿Emular con otros autores? No: solo quiero escribir.

¿Consideras la condición, la etiqueta, la categoría de autor joven como ventaja o desventaja?

La mayoría de las veces es una desventaja, en especial si se agrega «desconocida» o «aún no publicada» como apellido. La tendencia común, ante esta condición, es que no siempre se toma al autor en serio. Es difícil encontrar personas que confíen en ti lo suficiente para otorgarte una oportunidad u ofrecer un consejo válido que realmente te ayude.

Por fortuna, he encontrado a personas que sí me han brindado apoyo incondicional en mis momentos literarios más oscuros; esos en los que la vela que intentas encender, se apaga siempre con un suspiro. Mi formación literaria ha transitado por un camino abigarrado de luces y sombras en el cual, creo, han caído la mayoría de los escritores en sus inicios. Todos comenzamos alguna vez en la desventaja. La clave es perseverar.

Conozco que, además de tu oficio como autora, eres una excelente lectora. Muchas veces se olvida que el oficio de lector es uno de los más importantes en la dinámica de la escritura. ¿Cómo concibes a tu público ideal?

Idealizar puede sacarte una sonrisa o un suspiro. Así que me atreveré a soñar: me encantaría que mis lectores fueran ávidos, imaginativos y también de gustos diversos. Que puedan abrazar la literatura en cualquier forma y género, pero sin obviar preferencias. Con ganas de debatir, de cuestionar y de exigir. Que sean capaces de dar argumentos sobre qué les gusta y por qué. Y también sobre lo que no les gusta. Ese intercambio es lo que nos hace crecer a nosotros, los escritores.

¿Qué importancia le concedes a la formación que ofrece el Centro Onelio Jorge Cardoso? Luego de egresada, ¿sufriste uno de esos bloqueos narrativos que impiden escribir sin antes pensar la técnica que puede ser aplicada al libro, al cuento, a la novela en cuestión? ¿Qué sucedió después de tu paso por el Centro? ¿Has tenido experiencia con la dinámica de otros talleres literarios?

Se hace imprescindible para el joven escritor cursar el Taller del Onelio Jorge Cardoso. Puede complementarse con otro espacio literario, pero es en el Onelio donde verdaderamente recibirán las herramientas, la instrucción y un curso acertado donde se abordarán todos (o la mayoría) de los géneros literarios, donde se fomentará la creatividad y donde los jóvenes escritores podrán encontrar lo necesario para sentir que su escritura ha madurado, en tanto nivel y forma. A sus magníficos profesores los recuerdo con mucho cariño: Raúl Aguiar, Sergio Cevedo y Heras León, la cálida Ivonne Galeano. Todo eso sin restarle crédito a Los desafíos de la ficción, fantástico libro de técnicas narrativas al cual, cariñosamente, llamábamos «La Biblia Naranja» y que, en más de una ocasión, nos sacó de un apuro.

Después de graduada, ¡sí, por supuesto!: un total bloqueo literario. Cada palabra que iba a escribir se quedaba enredada en la madeja de todo lo que había aprendido. Debía pensar mucho antes de construir una oración para después concluir que, de tanto pensar, el resultado era horrendo. Así que me rendí a pasar casi un año en asimilación de contenidos y a intentarlo después, cuando todo dejase de revolotear en mi mente y se asentase. Después, al intercambiar con algunos amigos que también pasaron el taller de técnicas narrativas, todos se quejaban de lo que llamaban «síndrome post-Onelio». No se los discutí. Era el nombre perfecto.

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He participado, no mucho, en el Taller Espacio Abierto, el cual ha ayudado a la formación de escritores jóvenes desde su fundación en el 2009. Muchos de ellos, aun habiéndose convertido ya en escritores consagrados, todavía asisten a él para compartir su literatura y consejo con los autores que comienzan. Allí se fomenta la creación artística y se propicia un intercambio de opiniones, críticas y textos; muy necesarios para aquellos que se inician en la literatura.

Muchas veces, los jóvenes escritores no asisten a los Talleres por falta de información y divulgación, o porque esta no llega a los lugares donde puede resultar de interés. He conversado con otros autores que desconocen de la existencia de Espacio Abierto u otros talleres en Cuba. ¡Yo misma no los conozco todos! A pesar de que existen cierta divulgación artística, por falta de recursos o medios no alcanza a todos aquellos que podría convocar.

¿Cómo se forma un escritor?

El escritor se forma desde el instante en que ama el hecho de escribir. Pero, por supuesto, esto no es suficiente. Es necesario conocer las reglas, las correctas herramientas y el cómo aplicarlas… si se desea crecer y seguir andando por el camino sinuoso de la literatura.

La poca crítica artístico-literaria que se ha especializado en los géneros de la ciencia ficción y la fantasía, ¿te parece lo suficientemente profunda?

Da una impresión de marginación. Muchos especialistas continúan aferrados a la idea de que la fantasía (F) y la ciencia-ficción (CF) son géneros menores, los cuales no merecen ningún tipo de atención. Ignoran y subestiman al escritor que se dedica a cultivar la CF y la F, aun cuando en la propia obra de este autor salte a la vista su versatilidad, su dominio y conocimiento de las técnicas narrativas, el manejo asombroso del lenguaje. Pienso que estos especialistas creen que, si ignoran a estos escritores por suficiente tiempo, un buen día dejaremos de escribir. Porque ignorar es el más cruel de los ataques, en especial para un autor que tanto necesita del feedback.

Pero, según mi perspectiva, esa táctica no parece estar funcionando. Incluso ya existen algunos especialistas que se aventuran a realizar críticas literarias o a resaltar el trabajo de los escritores de CF y F en eventos de relevancia nacional.

Aun así, todavía no se presta la atención necesaria al género; no digamos a nivel de medios de difusión masiva sino, incluso, en el mismo patio. La crítica no es profunda, aunque se agradece el esfuerzo de aquellos que la han proporcionado. Se puede hacer un poco más.

¿Cuáles son los géneros en los que te sientes más cómoda?

La fantasía. Me siento muy cómoda en ella. Además del terror policíaco, aunque no he escrito nada de este género (espero que pronto pueda hacerlo), prefiero la aventura. ¡Y no!, nada de romance. Soy terrible para el romance. Y lo expreso porque ya lo he intentado y no funciona. Digamos que estoy bien con la ciencia-ficción (o no hubiese nacido Nade), pero aún estoy dando mis primeros pasos, sobre todo en cuanto a conseguir material de lectura.

¿Cuál es el mejor consejo que podrías ofrecerle a un autor novel, o a un lector que se afana en convertirse en escritor?

Leer, leer, leer, leer. Escribir sobre lo que te guste leer. Escribir sobre lo que conoces, luego podrás aventurarte en tierras lejanas. Nunca dejar de soñar. Mente muy abierta y positiva para recibir las críticas, correcciones y señalamientos. Como varios escritores y amigos queridos me han aconsejado, desde la sabiduría de la experiencia: la crítica no va dirigida a tu persona. ¡No te la tomes a pecho, no te sientas mal por ello! La crítica es a tu obra. Si es constructiva, posee una buena base de fundamento. Y si tiene razón, solo puede mejorar tu historia, nunca destruirla.

Luego del Premio David, del éxito de Nade, ¿qué deseos buscas cumplir como escritora? ¿Qué tipo de autora no querrías nunca ser? ¿Piensas aún que los concursos son la dinámica más certera para que un joven autor encuentre su ruta? ¿O apuestas por la escritura solitaria, al margen de los lauros y los éxitos?

Los sueños: llegar a los lectores, que mis obras despierten en ellos fantasías olvidadas o que los ayude a crear otras; que sean capaces de sumergirse en los mundos que les ofrezco y que, a través del intercambio, me ayuden a crear algunos nuevos. ¿Qué escritor no querría algo así?

No me gustaría ser una autora encasillada. Aunque me sienta cómoda en algunos géneros literarios, me gustaría intentarlos todos o, al menos, la mayor cantidad posible y de la mejor manera. Quisiera ser una escritora abierta, que escucha y observa. Que lee, principalmente eso.

Actualmente es difícil darse a conocer al margen de los lauros, vivir como autor desde el trabajo en solitario, aislado. No ocurre solo en Cuba —donde quizás pueda verse más esta situación— sino, me atrevo a decir, a nivel mundial. Las editoriales suelen consultar detalladamente tu currículo literario. Aun cuando la historia que propongas se vea tentadora, necesitan estar seguros de que vale la pena tomar el riesgo. Para esto, ayuda un poco tener algunas publicaciones en revistas (impresas o digitales), algún premio nacional y referencias positivas de otros escritores o críticos. Desde mi perspectiva, hubiese apostado por la escritura solitaria (pero abierta a la creación a cuatro manos, ¡me parecen experiencias fantásticas!) de buena gana, pero se impone la participación en concursos que, dicho sea de paso, ofrecen la oportunidad de encontrar retos variopintos y, sin más, saber cuánto puedes dar de ti.

Los concursos son la vía más rápida de llegar a las editoriales (principalmente en Cuba). Incluso, puede suceder que no te alces con algún lauro, pero el jurado puede interesarse en tu historia y recomendarte para publicación en la editorial promotora. O recibir consejos útiles del jurado y, ¡presto!: aplícalos. Quizás en el próximo concurso, tu obra resulte ganadora.

En doce, quizás veinte años, ¿dónde te ves? ¿Cuántos libros crees haber publicado? ¿En qué escritora piensas te habrás convertido?

Me veo en mi casa, cerca del mar, frente a una computadora (tal vez un sistema holográfico cercano al que se presenta en Minority Report, si contamos con los veinte años que faltan). Estaré escribiendo o, quizás, requiriendo la opinión de mi hijo sobre alguna obra. Mi esposo me acercará chocolate caliente mientras dice: «hoy cocino yo». Eso sería ideal. Quién sabe, tal vez asistiré a una convención internacional de fantasía y ciencia-ficción, ¡cosa que espero suceda mucho antes del término de doce años! Me gustaría estrechar las manos de algunos escritores que admiro y no me gustaría esperar tanto para ello.

No puedo decir cuántos libros habré publicado pero, seguro, los que estén impresos tendrán la atención de cientos de lectores. O miles, ¿por qué no?

Y seré escritora. Sin apellidos. Solo escritora porque, ¿quién ha dicho que alguna vez se termina de peregrinar por los intrincados caminos del aprendizaje?

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  • Muchas Feliciddades Malena por el premio a tu esfuerzo y dedicación, al igual que tu mamá tienes una gran pasión por la lectura al que se suma el de la escritura. Sigue tus sueños, conviértelos en metas y hazlos realidades, y sobre todo disfruta lo que hagas.

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