La ciudad de las golondrinas

Hasta marzo, fue un misterio; techos de pizarra vistos al vuelo desde los puentes elevados, que los ómnibus rebasan en minutos. Antes y después, a través de las ventanillas, la sabana inmensa, como en un cuento de Ray Bradbury. Esta vez, yerba reseca que se prendía como yesca, como en un texto de Juan Rulfo: el llano en llamas.

¬†A trav√©s de la noche y con los chicos de Ediciones Holgu√≠n, Elizabeth Soto y Robert R√°ez, viajamos a la Feria del Libro de Ciego de √Āvila, cargados de libros y esperanzas. Causas y azares hab√≠an aplazado abordar el tema en esta columna; hela aqu√≠, patinada por el tiempo, que sosiega las emociones.

ciego 3Actividad para ni√Īos.

Ojerosos, llegamos al avile√Īo parque Jos√© Mart√≠ justo para la inauguraci√≥n salpicada de ni√Īos y zancudos. Nos hallamos una guagua de vacacionistas holguineros y al inefable F√©lix S√°nchez, narrador valioso de las letras cubanas y hombre cabal.

Las guerreras Natacha y Yanelis, al frente de Ediciones √Āvila y el Centro Provincial del Libro, respectivamente, nos abrieron las puertas de su ciudad sin muros e hicieron los honores como anfitrionas. Cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra‚Ķ ¬°guao! Mart√≠ tiene raz√≥n. As√≠, fueron quedando nuestros libros y afectos, en tertulias, presentaciones, paneles, charlas, como en un di√°logo interminable.

ciego 5Robert R√°ez y Elizabeth Soto presentan publicaciones de La Luz.

De jornada en jornada, la feria se abri√≥ como abanico. La Casa de la Trova nos desvel√≥ con los proyectos de m√ļsica y poes√≠a de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z, una mezcla que colm√≥ expectativas y donde Soto dijo sus poemas; en otros espacios, presentar√≠a R√°ez su novela¬†Boustrofilia.

La tropa fue creciendo con esa poeta grande que es Mae Roque, los escritores Yamila Ferr√°, Larry Morales, Massiel Mateos y Carmen Hern√°ndez, tambi√©n editora y esot√©rica; el cr√≠tico cinematogr√°fico y gastron√≥mico Frank Padr√≥n; el poeta tunero Armando L√≥pez; el profesor Pedro P√©rez Rivero; el teatr√≥logo Omar Vali√Īo, director de la Biblioteca Nacional; los j√≥venes autores Ilieva Rodr√≠guez, Leo Busquet y Yasmany Cisneros; el talism√°n de Ciego, Arnaldo Rodr√≠guez, que organizaba su musical Pi√Īa colada; junto a Leidi Vidal y Katia Siberia, del peri√≥dico provincial¬†Invasor, una visita pendiente.

ciego 2En el √°rea digital Isla Interactiva.

Imposible olvidar el espacio Isla Interactiva, gestionada por Yaudel Estenoz y donde los de La Luz presentaron libros digitales de su casa editora; la perfecta versificaci√≥n de Roly √Āvalos; los teatristas, que hac√≠an las delicias en espacios como la Casa de Cultura, cuyo p√ļblico infantil me sobrecogi√≥; o la atronadora simpat√≠a de Manolo, descendiente de sefard√≠es y gran cocinero.

ciego 4En el Café Literario, junto a nuevos amigos .

Lo confieso: todo el tiempo percib√≠ una sobrecogedora sensaci√≥n de¬†dej√° vu, de haber recorrido ya sus calles, o haberme sentado en su Caf√© literario, donde el aroma de la colada invade la estanter√≠a y uno va a charlar con amigos. Me fue entra√Īable, incluso, el duelo que vive Ciego por dos de sus artistas, Arl√©n Regueiro y Jos√© Rolando Rivero, fallecidos prematuramente.

De all√° me traje, en el coraz√≥n, un mont√≥n de amigos, el proyecto de una antolog√≠a de narradores cubanos para Ediciones √Āvila y un descubrimiento: la agrupaci√≥n jazzista La familia, cuya actuaci√≥n me sedujo. Lo otro, la visi√≥n del milagro: una ciudad llena de golondrinas, anidando en los capiteles, revoloteando sobre los tejados, llenando de puntadas el cielo demasiado azul.

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