Un acercamiento al teatro medieval

La Edad Media constituye para la Historia del Teatro Occidental una etapa complicada pues en ella se da en un primer momento la muerte del teatro que hasta entonces había sido, y más adelante, el renacer de nuevas formas teatrales asociadas al ritual religioso cristiano.

El teatro occidental hab√≠a tenido su nacimiento en Grecia y originariamente hab√≠a estado asociado a los rituales agrarios y las festividades en torno al dios Dionisio. El Teatro Romano es continuador de la herencia griega, sin embargo, no solo no logra superar el modelo que le precede, sino que llega a decaer debido a cuestiones tanto econ√≥micas como socioculturales cuando lo espectacular gana la partida a lo literario y lo dram√°tico. Con frecuencia, los romanos empleaban para los finales de las tragedias a condenados a muerte, a los que asesinaban a la vista del p√ļblico. Muchos cristianos fueron v√≠ctimas en tales espect√°culos; por ello se entiende que al establecerse la nueva religi√≥n se opusiera a las manifestaciones esc√©nicas. El cristianismo no tolera ninguna otra forma de culto, aunque reasimila en sus propios ceremoniales todo aquello que no pudo sustraer de la religiosidad id√≥latra.

Por un af√°n de lograr la unidad, particularmente en los ritos y evitar interpretaciones regionales de los mismos, el cristianismo adopta el lat√≠n como lengua oficial. El nuevo teatro, Drama Lit√ļrgico u Oficio Dram√°tico, nace justo a la par que lo hacen las lenguas nacionales, cuando el sacerdote, frenado por el lat√≠n, se ve en la necesidad de ofrecer al menos una breve interpretaci√≥n del evangelio para hacerse comprender por el pueblo, fundamentalmente en los oficios de Pascua de Resurrecci√≥n y Navidad. Alrededor del siglo X se perciben las primeras manifestaciones de Teatro Religioso. Se trata de un teatro que es com√ļn para toda la Europa aunque algunas de sus manifestaciones reciban nombres diferentes seg√ļn la regi√≥n en donde se desarrolle.

Entre los siglos X y XIII aumenta el di√°logo y la complejidad de los contenidos en las dramatizaciones. Ya en el siglo XVI la representaci√≥n sale del templo al p√≥rtico y luego al atrio, hasta llegar a la plaza. ‚ÄúEs el teatro de masas de la Edad Media, y es el principio del drama moderno‚ÄĚ[1].Es este el per√≠odo de los dramas mixtos o semilit√ļrgicos, donde el lat√≠n comienza a convivir con las lenguas nacionales y los elementos propios de la cotidianidad comienzan a imbricarse en el nuevo teatro naciente.

Pronto se amplían los temas y surgen los Milagros. En ellos se acude al relato de las vidas de los santos y se introducen elementos profanos y de naturaleza cómica. Al convertirse la representación en un asunto ya no de la Iglesia, sino propio de la ciudad, distintos gremios la asumen. Las representaciones pierden solemnidad y hieratismo, aun cuando se realizan siempre en el contexto de festejos religiosos.

Las acciones a representarse en el teatro medieval son m√ļltiples. Se realizan grandes saltos temporales en el relato y var√≠an radicalmente los lugares de representaci√≥n de una escena a la otra. Aparece el demonio, como personaje popular en escena; encarnaci√≥n del mal en principio, fue una figura capaz de aterrorizar a todos, aunque, r√°pidamente se convierte en portador de un sentido rid√≠culo, y burlesco.

Como otra modalidad dentro del teatro medieval, los Misterios llegan a su esplendor en el siglo XV. La palabra Misterio procede del latín ministerium que significa oficio. Los Misterios constituyen extensas representaciones, de temática religiosa, en las cuales la pretensión consistía en abarcar toda la historia sacra relatada en la biblia. Se encuentran constituidos por escenas independientes, cada una de las cuales era representada por un gremio diferente y tienen un marcado carácter espectacular.

Es caracter√≠stico de la Edad Media la constante alusi√≥n a espect√°culos itinerantes. Existen dos categor√≠as fundamentales de espect√°culos m√≥viles: una de ellas, la de espect√°culos de car√°cter procesional, donde los carros, o peageants, se desplazan, representando escenas de manera itinerante, y el p√ļblico conserva un sitio estable ‚ÄĒgradas, casi siempre‚ÄĒ. Esta forma de representaci√≥n es un antecedente de los Autos Sacramentales que surgir√≠an a partir del siglo XVI, durante la fiesta del Corpus.

Existi√≥ tambi√©n el principio opuesto, con una sede fija de construcci√≥n inm√≥vil, por lo general un largo tablado que delimita el espacio, y se subdivide en peque√Īos locales, tambi√©n llamados Mansions. Los actores se mueven de una Mansion a otra, ante los espectadores, que se ve√≠an obligados a seguirles.

Las t√©cnicas de representaci√≥n se enriquecen en pos de la espectacularidad. Surgen as√≠ maquinarias encaminadas a lograr efectos teatrales tales como vuelos y elevaciones de personajes. Antecediendo la representaci√≥n de los misterios se realiza una suerte de convocatoria. Los actores vestidos con vistosos trajes recorren la ciudad. Esto anticipa al p√ļblico lo que luego va a ver.

La Moralidad es otra de las formas que adopta el Teatro Medieval de car√°cter religioso. Pese a tener un marcado car√°cter did√°ctico, llega a admitir un sinn√ļmero de elementos profanos y c√≥micos seculares. Se escrib√≠an en la lengua de cada pa√≠s y eran de una duraci√≥n m√°s o menos breve. Tiene, un cariz aleg√≥rico y en ella se logra la s√≠ntesis de la representaci√≥n tanto de virtudes como de vicios abstracto. Su protagonista esencial, es el pecado, en torno al cual se mueve el hombre con sus pasiones.

En determinado momento de la Edad Media y pese a las restricciones que pesan sobre él es posible hablar también de la existencia de un Teatro Profano. Ya en el siglo XIII existen como parte de este, autores reconocidos, como es el caso de Adam de la Halle con el Jeu de la Feuillée y diversas agrupaciones, incluidas en estas la Basoche, o Los Clérigos del Chatelet, que en procesión colorida alborotan las ciudades y guían hacia la representación profana, en la cual predominan las farsas, los juegos, e interludios.

Los dos grandes Teatros del Renacimiento, tanto el ingl√©s como el espa√Īol, demuestran luego que es posible desarrollar el Teatro Medieval sin abandonarlo por completo.

Parad√≥jicamente, como hasta aqu√≠ se aprecia, las formas m√°s espectaculares de teatro en la Edad Media surgen en el altar mismo, a partir del ritual, no ya dionisiaco, sino cristiano. Aquello que se hab√≠a querido exterminar renace justamente d√≥nde menos se le espera. Como anta√Īo, el oficiante o sacerdote, termina convertido en primer actor de la nueva forma de representaci√≥n. El teatro demuestra ser inherente a la vida misma del hombre y sus ritos, como acto necesario de m√≠mesis y reproducci√≥n. Acaba por repetirse, en pleno fragor cristiano, el mismo ciclo que siglos atr√°s se hubiera desarrollado en la Grecia polite√≠sta y cl√°sica‚Ķ

 

 

Nota:

[1] D¬ī Amico, Silvio (1971). Historia del teatro dram√°tico. La Habana: Instituto cubano del libro. P. 139.

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