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Los cinceles del alma

Cuando pensamos en nuestras raíces, ahí está la cultura. Lo mismo si se trata de la identidad y alma de una nación, cuya historia emancipadora no solo aparece escrita en la épica de nuestras guerras independentistas, sino en las ideas ilustradas de Varela, en los versos de Heredia, Martí, Villena y Guillén, el pensamiento revolucionario de Fidel y Mella, el periodismo de Jorge Mañach, lo real maravilloso de Carpentier, la música de Silvio y Pablo, la pintura de Pogolotti y Lam, la universalidad de Alicia Alonso…

Tales esencias componen el devenir de Cuba a lo largo del tiempo, sin las cuales sería imposible entendernos y proyectarnos hacia el futuro. La obra literaria y artística de innumerables cubanos ha sido, en todas las épocas, la gran crónica de este país, pero también su espejo, refugio, consuelo y esperanza en los momentos más aciagos. Los últimos tres años, signados por la pandemia de Covid-19, la crisis económica, y la ocurrencia de siniestros, revelan ese papel protagónico de nuestros cultores.

En medio de situaciones tan adversas, de crecientes carencias y no pocas muertes, los artistas e intelectuales nunca dejaron de regalarnos sus creaciones. A través de las plataformas en redes sociales, ofrecieron conciertos, realizaron exposiciones, presentaron obras de teatro, organizaron festivales; iniciativas que en algunos casos asumieron económicamente o por las cuales siquiera tuvieron retribución. Los motivó siempre el afán de devolvernos la fe, cuando parecía extraviarse.

Si repasamos los hitos culturales de Cienfuegos en estos años, cabe resaltar la guía certera de organizaciones de vanguardia como la Uneac y la AHS, que lograron aunar a sus afiliados en torno a la necesidad de transitar de los escenarios en teatros y centros culturales a los más improvisados para hacer del arte un bien popular, allí donde la gente vive, ríe, sufre y batalla contra disímiles avatares. Las ediciones de la Cruzada Artística y Literaria por asentamientos montañosos, junto a la gira por barrios y comunidades de los municipios, fueron una concreción de este propósito.

Tampoco puede soslayarse el rol de los medios de comunicación masiva que, pese a complejas limitaciones de todo tipo, mantuvieron un flujo de información diaria al pueblo y una programación digna, con el desafío de acercar sus agendas a los temas e intereses del público y ser más ingeniosos en la gestión de los  diferentes productos. Asimismo, la labor de salvaguarda y promoción del patrimonio constituyó otro de los puntales del quehacer cultural en la Perla del Sur.

No por gusto, los resultados del sector fueron decisivos a la hora de otorgar la sede del 26 de Julio a la provincia, y ahora, próximo a celebrar el aniversario 45 de la constitución del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Cultura, sitúan a Cienfuegos en la avanzada del país, junto a Guantánamo, Santiago de Cuba y Camagüey. Ello implica nuevos retos, dirigidos fundamentalmente a una mayor presencia de nuestros escritores y artistas en zonas de silencio, comunidades intrincadas y barrios vulnerables, a donde se precisa llegar cada vez más para cincelar el alma de quienes hoy enfrentan las peores circunstancias.

 

*Tomado del 5 de septiembre.

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