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Por un Martí que nos llena el alma

Inaugurada expo que se acurruca feliz en el espacio que más amaba nuestro José Martí: el imaginario infantil. Recuérdase: para los niños trabajamos porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo.

La galería de la sede avileña de la Asociación Hermanos Saíz fue el lugar adecuado. El artista aglutinador de los talentos reunidos fue el plástico y escritor Yasmani Rodríguez Alfaro. La expo «El Hombre de la Edad de Oro» reúne a nueve niños en edades comprendidas entre los seis y 18 años.

La técnica es variada, pero sigue los pautas de la pintura y el dibujo, con temperas, acuarelas, lápices de colores, crayones, y hasta papel pegado a modo de calcografía.

No solo impresiona por la edad de los artistas, sino también por la visualidad tan hermosa con la que cada uno expresa a Martí, así lo asegura Yasmani: “son trabajos hechos en tiempos de Covid-19. Los niños recrean su visión que tienen de Martí, el Martí que imaginan, que se vuelve paisaje, espíritu”.

Eso me hace recordar la manera en que Gastón Baquero quería que Martí fuera recordado y asimilado por el pueblo de Cuba. Desde adentro y con libertad de expresión. Como debe ser.

De nada serviría entonces, dice él, reproducir bustos como piedras en el camino, o repetir espectáculos cada año, con niños que apenas comprenden de lo que se trata. De muy poco vale repetir frases y versos que aún no brotan del deseo más genuino porque son como impuestos.

Algo de razón tendrá el poeta y periodista Baquero que también fue martiano.

En esta oportunidad, Yasmani, que es Instructor de Arte solo de ejercicio, se propuso honrar al Maestro para estos días de Estrofa nueva en su edición XVIII. El otro espacio cultural en donde Martí, estoy convencido, pondría asiento seguro para no perderse ni una canción, poema u obra de arte visual.

Y es que Estrofa… se erige desde la humanidad martiana y, cual faro, guía a la caballería artística y juvenil por un sendero más que hermoso, proletario y servidor.

Pero lo hace desde la poesía, la buena canción. Desde el abrazo oportuno de la vanguardia artística que no descansa en promover y crear. De eso se nutre: promover y crear.

Yasmani cuenta: “el trabajo con los niños es complicado. Hay que educarlos en un gusto, enseñarlos a encontrarse, darles las herramientas para que aprendan a expresarse, pero sin imposición”.

Los trabajos de esta expo ya estaban casi terminados desde hacía tiempo. Pero los avatares de la situación epidemiológica no permitían su inauguración. Y ahora, por motivos más que obvios, no estuvieron los artistas. Pero era el contexto y la oportunidad más que certera.

Orgulloso del resultado final, a Yasmani le brillan los ojos: “todo esto ha sido parte de mi labor, y de otros, como Instructor de arte en la Casa De La Cultura José Inda Hernández. Es el resultado de los talleres que venimos realizando, solo que sacado del ámbito de una casa de cultura. Es también el producto de la vinculación entre las instituciones culturales porque trabajo en la casa de la cultura, pero soy miembro de la Asociación Hermanos Saíz, y ¿dónde mejor para expresarme?”.

El artista Yasmani Rodriguez Alfaro con su familia en la expo colectiva infantil. Foto Arletty White Morales

De estas 14 piezas me llama la atención las de los pequeños Viensay Rodríguez González, de seis años, y de Cristian López Agüero, de nueve.

Las primeras dos obras de Viensay tienen todo el encanto infantil. A manera de collage, con recortes de papel pintado y acuarela, vemos a un Martí que camina por un paisaje bastante erosionado, con alguna planta y una palma. Hay un sol que resplandece, ilumina y mata, y una gran flor roja a la izquierda del caminante.

Lo más expresivo de esta obra son los ojos del Martí. Grandes, expresivos, tiernos. Se roban la atención del espectador y nos arrancan hasta una sonrisa cómplice.

Seis años es poco tiempo para dominar la mano con que se dibuja, el rasgar, pegar, componer. Pero Vinsay lo sabe hacer resueltamente quizás con la ayuda merecida de su instructor preferido.

Su otra imagen versa sobre una pionera feliz de pie frente a un rosal. Detrás se ve la casa o la escuela. Pero vuelve a llamar la atención lo expresivo de los ojos, grandes, bien abiertos, cautivadores.

Aunque no se percibe directamente la figura del Apóstol, se podría entender que esta pieza es continuación de la otra y que la niña está esperando la llegada de Martí. Por eso los brazos abiertos con los que parece recibir la tan agradable visita.

Los otros dos trabajos son de Cristian López Aguero y son más simbólicos que representativos de la vida y obra martiana. Aunque una flor y una estrella, en un fondo azul como lavado, de acuarela, tienen toda la intención de ser motivos martianos.

Los trabajos me recuerdan a la monotipia. El dominio del trazo que tiene Cristian le permite que las figuras salgan lo más bellas posibles y casi perfectas. Lo que aparentan de imperfección, en el mismo trazo, es producto de ese pincel que deja huellas libres y soberanas. Indómito pincel que recauda aplausos y permite elogios.

Dos flores, dos estrellas, sobre un fondo azul. Resultan hermosas combinaciones y más aún cuando el artista tiene apenas nueve años.

El resto de las obras están a la altura del imaginario infantil. Recrean el hermoso propósito de honrar a Martí, quien siempre pensaba en los niños y su bienestar.

Hay un Martí a caballo cruzando un río, descalzo y con montañas de fondo.

Un Martí que adora la palma y la bandera cubana y de deja bañar por la luz del patriotismo.

Hay un palma con bandera en su copa, y un sol en medio de tanto oscuro.

Hay escuelas donde el fantasma del Apóstol es guardián.

Hay verdes de paisajes con muchas flores y un aire desatinado que mueve las banderas y hasta las angustias.

Hay muchos Martí que nos llenan el alma.

Hermoso gesto el de Yasmani de ofrendar al Maestro. Genial el apoyo de la AHS avileña que no lo dudó ni un milímetro e hizo lo necesario para que el suceso se diera y magníficamente.

Aportó un espacio gratificante y con la presencia de otros artistas como maestros y alumnos de violín y viola, de la escuela vocacional de arte Ñola Sahíg Sainz. Todo en casa y con Martí en el alma.

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