Talleres literarios, ¿son realmente necesarios?

En varias conversaciones con amigos escritores hemos caído en la misma pregunta, ¿son necesarios los talleres literarios para la formación de los escritores? Como bien reza el dicho: “para que el mundo sea mundo, tiene que haber de todo”. Por lo tanto, hay los que dicen que sí y los que dicen que no.

No soy un gran conocedor de talleres literarios, ya que solo he asistido de forma activa a dos: el Taller de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción “Espacio Abierto” (EA) del que soy uno de los coordinadores; y al Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, del cual me gradué en 2014. El Centro Onelio no es un taller en sí, pero le daré tratamiento de taller en este texto, ya que, en algún momento del curso, se realizan talleres a los cuentos de los matriculados. Así que plantearé mis criterios basándome en las experiencias adquiridas en ellos.

De EA se ha hablado mucho, e incluso se nos ha llamado “la mafia de la ciencia ficción en Cuba”. ¿Los argumentos? Varios. Entre los más frecuentes está el que “todos de los jurados de los concursos de ciencia ficción y fantasía en el país, son de EA”, y por esa razón, “todos los ganadores de estos concursos pertenecen a EA o se reparten los premios”.

Eso es totalmente falso. Entre los jurados de importantes concursos nacionales de ciencia ficción y fantasía han estado escritores y editores que no pertenecen al taller, como es el caso de María Elena Llana, Raúl Flores y Gretel Ávila, por solo mencionar algunos. Además, no es el taller el que selecciona los jurados. Ah, que la mayoría o la totalidad de los ganadores de estos concursos especializados en ciencia ficción y fantasía pertenezcan a un taller que se dedique a estos géneros, como lo es EA, es otra cosa. ¿Por qué será?

Y si nos repartiéramos los premios, debería ir a pedir el último en la cola para recibir los míos. En fin…

Del Centro de Formación Literario Onelio Jorge Cardoso (o el Centro Onelio) también se ha hablado, y mucho. Sin embargo, el mayor reproche que se le hace al Centro, es decir que no tiene razón de ser, o que su función está magnificada por sus organizadores. Ya que, cuando se dice que, la mayoría de los escritores cubanos ganadores de premios y menciones a nivel mundial son egresados del Onelio, afirman que el Centro no tuvo nada que ver en esos logros.

O sea, que sin el Centro Onelio o EA, la literatura cubana estaría igual o puede que, incluso, mejor.  

Es cierto aquello que dijo el Premio Nobel José Saramago durante su visita al Centro Onelio, cuando afirmó que en el tiempo de Shakespeare y Cervantes no existían talleres literarios. De hecho, Saramago confesó nunca haber estado en uno. Otros escritores alegan que, con todos los talleres existentes hoy en día, aún no ha aparecido el próximo Shakespeare, Cervantes o Saramago.

No existían, cierto. De hecho, los talleres literarios (ya como talleres) comenzaron a tener auge en la década del 60’; y antes de ellos, había excelentes escritores sin necesitarlos.

Es lógico también que, debido a que muchos de los escritores cubanos son egresados del Onelio, casi todos los ganadores de premios y menciones a nivel mundial, sean de este Centro. Al mismo tiempo, esto no es enteramente un logro del Onelio. Del mismo modo que, cuando un miembro de EA se gana un concurso de ciencia ficción o fantasía, tampoco es un logro exclusivo del taller.

Sin embargo, ¿quién tiene la herramienta para medir hasta qué punto influyeron, o no, alguno de estos talleres en su vida como escritor. Si preguntas dicen “mucho, poco o nada”, pero ¿y la medida exacta? Hasta de los errores y las malas experiencias se aprende. Por eso se les llama experiencias. O sea, si pasaron el curso del Centro Onelio o asisten a los talleres y grupos de WhatsApp de EA, siempre va a existir esa mayor o menor influencia en sus logros.

¿Para qué sirven los talleres literarios?

Como dice el Maestro Heras: para brindar herramientas. El mismo Maestro en su charla de bienvenida afirma a los que entran al curso del Centro Onelio, que ellos no van a crear escritores ya que, de hecho, lo son. El Centro solo les brindará una guía (mala o buena, correcta o no, depende de cómo lo reciba cada quien, pienso yo), las herramientas necesarias y la teoría literaria para escribir correctamente. Unas de las frases que más me gusta del Maestro Heras, es cuando dice que, al terminar el curso, de ahí saldrán mejores escritores o lectores o editores y de ser posible, mejores personas. En mi experiencia personal, creo haber salido tal y como lo pronosticó el Maestro.

Hay quienes pasan la primaria, secundaria y hasta la universidad y no sabe escribir ni la mitad de bien que un joven de 18 años acabado de matricular al Centro Onelio, o miembro del Taller Espacio Abierto. ¿Eso quiere decir que las escuelas no sirven? No lo creo. Cada cual aprovecha las enseñanzas de los talleres y las escuelas a su manera. Incluso, hay quienes no las aprovechan en absoluto. Pero ya eso no es culpa de los talleres o centros de enseñanza, sino de la persona.

Algo más que se fomenta en los talleres literarios es la introducción a determinadas obras, temáticas, géneros: a abrir la mente a todo tipo de literatura y a otros autores. Una función importantísima de los talleres como EA y el Centro Onelio, es que apuesta por lo humano, por el crecimiento del escritor más allá de lo literario. En EA y en el Onelio se fomenta la competencia sana y leal: tanto personal como con el prójimo. Esa competencia en la que te alegras tanto de tus logros como de los ajenos.

En ambos talleres se ofrecen conocimientos, herramientas, ayuda y asistencia en la búsqueda de esa entelequia personal y profesional. Además, se inculca esa ética profesional y el respeto hacia el artista. Ya que a uno puede gustarle la obra de otro o no, eso es normal; lo que sí no se enseña en ninguno de estos dos talleres es a ofender al escritor.

Además, una de las funciones principales de ambos talleres es la de promover la lectura y la literatura. Ninguno de los detractores de los talleres ha podido jamás negar esta parte. Hoy en día, en Cuba (para no hablar del mundo) se ha perdido el hábito de leer. No obstante, en todos estos talleres se insiste en que se lea y se haga a diario. Tanto en Espacio Abierto como en el Centro Onelio se han realizado y se están gestando programas para la promoción de la lectura y la literatura. Ah, ¿son estas tareas propias y exclusivas de los talleres literarios? No, no lo son. Pero, ellos se suman a esta causa.

¿Son imprescindibles estos dos talleres para la existencia de la buena literatura en Cuba?

No lo son. Existía y existe excelente literatura en Cuba fuera de estos talleres. Sin embargo, es imposible demostrar que sería mejor sin ambos talleres. Los escritores que han bebido de los conocimientos de escritores más veteranos y experimentados han adquirido herramientas que, sin estos talleres, podrían haber demorado meses o años en aprenderlas y quizás más tiempo aún para perfeccionarlas.

Al igual que una persona puede construir un puente sin ser ingeniero, podemos asegurar que un ingeniero puede levantar este puente en menor tiempo y con mayor calidad. Esta es la función de los talleres: acelerar el florecimiento y formación de los escritores que se acercan a ellos.

Por supuesto, con esto no quiero decir que los talleres literarios son perfectos o lo mejor que le podría pasar a un escritor. Como muchas son las buenas experiencias en los talleres, también son muchísimas las malas. En ocasiones los talleres suelen ser contraproducentes, desmotivacionales o negativos para algunos escritores emergentes. No lo negaré nunca. Me constan varios ejemplos en los cuáles a jóvenes escritores les dijeron que “mejor se dedicaran a otra cosa”.

Hay que tener en cuenta que tanto el Taller Espacio Abierto como el Centro Onelio están conformados por personas. Seres humanos imperfectos por naturaleza. Siempre va/n a existir esa/s persona/s que te quiera/n hundir o desanimar, consciente o inconscientemente. También esos que, con buenas intenciones, solo hacen más mal que bien. Estos aspectos negativos se ven, sobre todo, en talleres especializados como EA cuando asiste alguien que no es conocedor o fanático del género.

¿Cuál es la solución?

Estudiar y leer mucho. Tener fuerza de voluntad, autoestima y saber discernir la ayuda de lo que no lo es. Elegir aquellos criterios, consejos o comentarios que más creas que pueden ayudar a tu camino como escritor. El resto, ignóralo. Toma el grano y deja la paja. Eso fue lo que hicieron esos escritores a los que les “aconsejaron” que se dedicaran a otra cosa. Hoy por hoy son reconocidos por sus colegas, han publicado varios libros y ganado múltiples premios a nivel internacional. Han sabido crecerse ante las dificultades.

¿Estas situaciones negativas solo se ven reflejadas en la literatura, o solo en los talleres literarios? Por supuesto que no. ¿Estos consejos solo se pueden aplicarse a los talleres literarios? Otra vez: no.

Como dije, los talleres literarios están conformados por personas, buenas y malas. Todas imperfectas. También lo es la sociedad. Si van a criticar o atacar, no dirijan sus ataques a los talleres, y sí a esas personas en particular.

Nada de esto es razón para desacreditar el trabajo de los talleres literarios. Independientemente de la existencia de malas personas o malos momentos, también hay muchísimas buenas personas, escritores que han dedicado parte de sus vidas a ayudar a los demás.

Además, lo que en verdad habla por los talleres literarios, su mayor logro, es la afluencia de miembros, la permanencia en ellos y la participación. Si EA o el Centro Onelio fueran tan malos, negativos o innecesarios como algunos dicen, ¿por qué llevan más de una década de trabajo cada uno? ¿Por qué razón muchos egresados del Onelio quieren volver? ¿Por qué, escritores que pertenecen a EA, luego de irse del país o tomar otro camino en sus vidas, siguen participando desde la distancia y defendiéndolo?

Sin embargo, en ningún momento ningún taller debe acreditarse el logro del escritor, ya que era escritor desde antes de entrar al taller. Quizás si Cervantes o Shakespeare hubieran asistido a talleres literarios, la cantidad de Quijotes, Hamlets u Otelos serían mayores. Quizás no. Eso nunca lo sabremos con certeza.

Por lo tanto, en mi opinión, ¿son imprescindibles los talleres literarios? No, no lo son. Ah, pero ¿son necesarios? Sí, y mucho: son vitales hoy en día.

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  • Cconsidero muy interesante este tema y sobre todo un análisis muy acertado , los talleres literarios son una necesidad es mi criterio, acorta de alguna forma el camino del escritor, desde el mismo momento en que un grupo de profesores o un profesor está dispuesto a poner en manos de sus alumnos sus experiencias y conocimiento, el aprendizaje es un acto permanente, es cierto, pero el tener a alguien que se preocupe por aportar guías y experiencias para la acción es un acto de servicio a la sociedad indiscutible y loado sea, en fin pueden haber escritores sin ellos pero tendrán que trabajar mucho más para alcanzar la maestría necesaria por ello vivan los talleres y en tal sentido también deberían existir talleres para otros escritores que no sea solo para la ficción sino también para científico, considero que eso es muy necesario hoy en día , las investigaciones en su mayoría no llegan a ser libros por qué los científicos no dominan muchas de las herramientas de la ficción que hicieran más acequibles sus resultados al gran público y Cuba esta falta de eso.

  • Es tan ingenuo negar que Homero y tantos otros no asistieron a Talleres literarios ni pertenecieron a nuestros CDR. Eso a lo que llamamos e institucionalizamos como TL es una estructura que con variantes debe haber existido siempre. Acaso nuestros origenistas no eran un TL? Acaso nuestros grandes de la lengua no intercambiaron sus manuscritos? Por Dios. Soy de los que defiende y elogia los TL, incluso el papel de en Especialista de literatura, a quienes cargan de «tareas» que nada tienen que ver con su «razón de ser».

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