Con-Ciencia para dialogar la música

En ocasiones manifiesto mi no adicción para hablar de voces canonizadas. Desde hace algunos años disfruto echar algunas conversaditas con alguien que más que un teórico fuera de serie, para mí es un amigo. Habrán transcurrido unos cinco años desde que vía digital sostuve este diálogo con Joaquín Borges-Triana, para muchos, el Joaco. Se trata de una de tantas conversaciones con el melómano crítico, indagador, oyente y acucioso promotor de lo que denominó “Canción Cubana Contemporánea”. No obstante al tiempo transcurrido, gusto de volver a estas “tecladas”, y aprovecho para ponerlas a disposición de los que por la escucha sueñan.

–Joaco, cuando de hablar de música cubana o hecha en Cuba se trata prevalecen dos discursos fundamentalmente, el popular y el académico. ¿Crees que exista un punto de conciliación? ¿Al pueblo le interesa el discurso académico?

En mi opinión, ese punto de conciliación entre el discurso popular y el académico sobre la música lo debe desempeñar la prensa en sus distintos modos de proyección, digamos la diaria, la semanal, la mensual, con las distintas características que en cada una de ellas debe asumir el trabajo periodístico, es decir, desde el puramente informativo hasta el de análisis crítico, ya sea semiespecializado, especializado o no. Lo que pasa es que por diversas razones, una estructura así como la que sugiero entre nosotros hoy no funciona o si funciona, lo hace mal, por lo menos en cuanto al asunto de la música se refiere. Por supuesto que al pueblo no le interesa el discurso académico acerca de la música, ni tan siquiera lo conoce.

 –¿Quiénes son los académicos “autorizados” para abordar el entresijo musical? Hoy más que nunca la ciencia musical se debate entre musicólogos, sociólogos, historiadores del arte, filólogos y periodistas. ¿Existen hoy en Cuba estudios transdiciplinarios que logren conectar estos saberes?

Antiguamente en el ámbito foráneo lo musical era solo abordado por la Musicología y la Etnomusicología. En el caso cubano, dado que no existen las diferencias establecidas entre una y otra rama, como sí sucede en muchos otros lugares del mundo, sino que solo contamos con la Musicología, en la división interna del trabajo científico es a dicha manifestación a la que “oficialmente” le han asignado abordar el entresijo musical. Lo que sucede es que en el plano internacional, desde comienzos de la década de los 80 del pasado siglo, en buena medida gracias al rock y al pop, surgieron los que se conocen como Estudios de Música Popular, que primero tuvieron un fuerte énfasis en las manifestaciones sonoras que les dieron origen y en consecuencia un enfoque muy anglosajón, pero que luego se fueron abriendo a todo lo que acontece en materia de música popular a escala universal. En esta perspectiva académica, entran las distintas ramas de las ciencias sociales y que han visto en la música un importantísimo objeto de investigación, desde enfoques multi, inter y/o transdisciplinarios. Lamentablemente en Cuba estamos aún en pañales en este sentido, aunque por fortuna empiezan a aparecer jóvenes cientistas sociales interesados en aproximarse al tema.

 –A la perspectiva musicológica se unen las herramientas que brindan el análisis del discurso, los enfoques de género, consumos culturales, identidades, diáspora… ¿hemos asumido esta otra posibilidad de estudiar los procesos musicales o aún estamos lejos?

Efectivamente, en el caso cubano, en sentido general y con sus naturales excepciones, todavía estamos muy lejos de asumir esta otra posibilidad de estudiar los procesos musicales y que hoy se utiliza tanto en otros sitios del mundo. Pienso que ello tiene que ver con la subvaloración que de la música ha existido en nuestro país, en especial entre nuestros académicos e intelectuales, que solo han visto en la manifestación una expresión de “gozadera” y, por tanto, no se han percatado de que a través de estudiar la música es posible analizar a su vez muchos de los fenómenos que en el presente se dan en la sociedad cubana.

–El análisis de la expresión sonora está plagado de estereotipos, reduccionismos y silencios. La expresión “Música Cubana” a menudo restringe su significado sólo al ámbito de lo popular bailable, suelen obviarse la amplia gama de sonoridades que conforman el concierto cubano. ¿Compartes la idea de “Sonidos Incómodos”?

Sí, me parece que es una idea que expresa exactamente ese reduccionismo al que se refiere la pregunta. Hay que tener en cuenta que entre los cientistas sociales cubanos siempre ha habido una preocupación mayor por la tradición de la música folklórica, en especial la de origen afro, canonizada como espacios de “pureza” artística o patrimonial. Al ámbito urbano suele vérsele como un espacio de mezcla e influencia externa; menos puro, digamos, y donde se cree que han primado sólo criterios comerciales.

 –¿Quién le tiene miedo a la música? ¿Por qué aún no cuentan con la misma visibilidad los estudios de rock, rap, música electrónica…?

Yo respondería con una frase de Silvio Rodríguez: “los delimitadores de las primaveras”, entre los que se incluyen esos “patrulleros de la tradición” que suelen pasar por alto que la cultura cubana siempre ha estado abierta a los cuatro vientos y ha tenido una asombrosa capacidad para asimilar patrones culturales foráneos, hoy expresada en la nueva sensibilidad que se da entre artistas de varias generaciones, portadora de una lógica diferente y que borra las fronteras convencionales o estamentos estancos a los que siguen aferrados esos “patrulleros de la tradición” y que le tienen miedo a la música.

 –Y el reguetón, ¿se ha convertido en una palabra tabú para el análisis intelectual?

En el no. 5 de este año (2014), correspondiente a los meses de septiembre-octubre, en La Gaceta sale publicado un texto del desaparecido Danilo Orozco, que en mi opinión resulta fundamental para entender esto del reguetón. Con la sapiencia que siempre le caracterizó, Danilo deja claro cómo la picaresca textual de la música popular cubana pasa por un proceso de continuidad y ruptura en el reguetón, lo cual es parte del proceso histórico mediante el cual expresiones musicales subalternas consiguieron erosionar las barreras defensivas de las élites letradas y a la postre desarticular su resistencia, incorporando, desde el espacio del baile popular, los ritmos y vocablos proscritos al acervo nacional.

Quien se piense que el reguetón solo es expresión de lo banal y proposición de un simple divertimento, no se da cuenta de que la manifestación, al resultar un ideal que integra referencias y preferencias culturales, patrones de gusto y estilos de vida, está cuestionando convenciones sociales, quebrando normas, subvirtiendo patrones y códigos legitimados por la práctica social anterior, con lo cual genera sus propios espacios de intercambio, de disfrute, y promueve una imagen de éxito, diferente a la que entre nosotros ha prevalecido en lo concerniente al ascenso social.

 –Algunas corrientes o estilos de la música han adoptado la denominación underground, ¿Consideras este término pudiera aplicarse a algunos estudios y perspectivas analíticas del hecho sociomusical?

Creo que es importante dejar claro que en el lenguaje académico, el término undergroundse emplea para referirse a escenas alternativas no comercializadas, en virtud de que la mayoría de los intérpretes de ellas están ocultos e inaccesibles a las personas que no se hallen al tanto de dicha escena. Si aceptamos dicha definición de gentes como Roy Shuker en su célebre Diccionario del rock y la música popular, por supuesto que el término pudiera aplicarse a algunos estudios y perspectivas analíticas del hecho sociomusical.

–Eres de los que sostiene la idea de narrar la historia de la nación a través del devenir musical, te has aventurado en títulos como La luz bródery otros, ¿y las editoriales, manejan lo suficiente esta posibilidad?

Penosamente tengo que decir que no. En sentido general, las editoriales cubanas tienen muy poco interés por los libros sobre música y menos desde la perspectiva que yo los escribo. Mi tesis doctoral, un estudio acerca de la escena de lo que he dado en llamar Música Cubana Alternativa, se publicó en Barcelona y ha estado años en una editorial cubana que aprobó el texto, pero que por una razón u otra no lo ha sacado.

Tengo otro libro en el mercado internacional (editado en USA), que es un trabajo sobre la relación entre música cubana y diáspora en los últimos años. De este (en una institución de nuestra esfera editorial y de la que no daré el nombre) me dijeron que el material no era de interés para los lectores en el país. Ahora está a punto de concluirse una antología de ensayos que he compilado acerca del tema del reguetón en Cuba y que por lo pronto, también saldrá de inicio fuera del país. En fin, a lo mejor en un futuro nuestras editoriales se interesan por estos temas.

 –Sin hacer gala de datos estadísticos que no poseo, observo en librería algunos títulos de música morir de polvo y olvido. Como autor-lector, ¿crees que exista en el país una política de promoción que contribuya a la eficaz comercialización de estos libros?

Para nada. Una política así es algo que brilla por su ausencia. Ello es parte del desinterés o subvaloración que entre nosotros se da por el análisis del hecho musical, cosa verdaderamente lamentable y no porque lo diga yo. Humberto Eco, que sin discusión alguna es uno de los más grandes pensadores de las últimas décadas a nivel mundial, ha escrito que para comprender la sociedad contemporánea, de manera obligatoria hay que estudiar el mundo de las discotecas y de todo lo asociado a dichos sitios, comenzando –¡claro está!– por la música consumida por los jóvenes. Tal afirmación es también aplicable a la realidad cubana, aunque muchos no lo quieran ver así. Digo yo.

 –Más allá del estante, ¿qué otros escenarios favorecen la promoción y comercialización de la literatura referida al ámbito musical?

En primerísimo lugar, el escenario docente. Pero ocurre que tampoco entre nosotros existen cátedras donde los posibles interesados puedan acercarse al estudio de la música desde la perspectiva multi, inter y/o transdisciplinaria por la que yo me decanto y me he pronunciado en esta entrevista.

Así, por ejemplo, a los estudiantes de Musicología ni a los de Sociología se les imparte una asignatura tan importante como es en la actualidad Sociología de la Música, materia que a escala internacional ha generado abundante producción bibliográfica. Lo mismo cabe afirmarse de los Estudios de Música Popular, que no forman parte del programa docente de ninguna carrera.

Si esto fuera de un modo diferente, en ese escenario docente por obligación se favorecería la promoción y comercialización de la literatura referida al ámbito musical, como sucede en muchos sitios del mundo, en los que las editoriales asociadas a las distintas universidades son las que en primer lugar publican esta clase de libros, tanto para el consumo de los académicos como para el de cualquier ciudadano de a pie interesado en la materia.

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más Leído

Lo lamentamos. No hay nada que mostrar aún.

Suscripción

Para recibir nuestro boletín ingrese su dirección de correo electrónico