Promover la cultura, es sentirla

Hay quienes tienen un don especial para mover sentimientos y voluntades, líderes por excelencia que pueden descubrirse hasta en el rincón más apartado de la provincia bajo el sol, encima de una tarima ajustando los últimos detalles o convocando casa por casa para que la presentación salga.

Los promotores culturales resultan una suerte de eslabón imprescindible que desde la base apuntalan y ajustan la oferta cultural y el talento que crece en las comunidades. 

La realidad, sin embargo, plantea una lógica inversa donde en lugar de incrementarse el número de instructores de arte y promotores, estos menguan; las comunidades permanecen en el marasmo y los públicos desconocen el qué, el cómo y el cuándo de la propuesta cultural.

Indican las estadísticas que solo 137 promotores culturales se mantienen activos en la provincia de Ciego de Ãvila, cuando lo ideal es contar con uno o más en cada Consejo Popular de acuerdo a su extensión, al margen de que no todos los municipios tienen el mismo número de plazas asignadas.

Mariela Santana Cruz, subdirectora técnica del Centro Provincial de Casas de Cultura, explicó que, aun cuando la plantilla no está cubierta en su totalidad, el trabajo no se detiene, pero impone el inmenso reto de buscar alternativas para concretar la programación de las casas de cultura, así como las actividades de extensión propuestas por el resto de las instituciones.

Indudablemente se erige y fortalece la cultura sobre nombres  desconocidos, que no figuran en el staff de espectáculos ni al dorso de ningún cuadro, pero que por igual defienden, enaltecen y tienen el encargo social de difundir productos que formen y motiven a los diferentes segmentos de públicos.

En este afán puede valorarse al promotor como un actor pasivo que figura solo en la plantilla y aparece de vez en vez en alguna reunión o ante el llamado de “alguienâ€, pero que no logra romper su estatismo ni imprimirle dinamismo a las comunidades. 

Sucede que muchas veces no se satisfacen ni las expectativas más simples y las parrillas de programación de los municipios ofrecen, si acaso, actividades que no responden a las necesidades de los públicos ni al concepto de consumo artístico, o en el peor de los casos, engrosan solo papeles.

En cualquier reunión se habla sobre los promotores y la necesidad de su acción, pero ha faltado una comprensión profunda y actualizada de las problemáticas inherentes a su desempeño. En otras palabras, ha sido poco el apoyo al promotor y escasas las valoraciones que los definen, también, como hacedores de cultura.  Su papel va más allá de la persona que reparte boletines o acude a los medios de comunicación para divulgar información, sino que les viene bien estimular la creación, participar y formarse en las tendencias más actuales de la crítica, pues resulta imposible pensarlos ajenos a aquello que construyen. Lo que hagamos hoy por realzar su figura, será también por la cultura.

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