Daniel, el de las Gaviotas

No sé si este Daniel de hoy, el Daniel Zayas Aguilera que desde la Isla de la Juventud escribe en verso y en prosa para humanos de todas las edades, éste que ahora coordina la Editorial Áncoras de la Asociación Hermanos Saíz y le gana palabras de elogio a la finísima crítica de Virgilio López Lemus y premios a cuanto concurso literario ande por ahí, frunce el ceño o sonríe cuando se le invita a recordar picardías de un pasado que fue ayer. No sé si le incomodan las preguntas indiscretas que solo me atreví a hacer salvada por la distante cercanía de una entrevista por email. Imagino, eso sí, los ojos que confirman la certeza del amor cuando el poeta necesita poner a su Ailín en palabras. Reconozco, en este escritor joven de secretos tan viejos como el mundo, ese aire de corales escondidos y caracolas rosa encalladas en la arena, y de gaviotas que vuelan en la línea azul del horizonte para atrapar un pez, ese aire de salitre en la piel, de alma insular que solo llevan verdaderamente aquellos que han nacido, (muchas veces), cerca del mar.

Daniel, ¿cuántas islas te habitan?

Hay dos grandes Islas en mí: Isla de Pinos y Cuba. Constantemente salto de una a la otra. Esa pudiera ser una respuesta, pero, en un viejo poema escribí que una mujer sentada sobre una piedra puede ser una isla. Del mismo modo el slogan de la editorial para la cual trabajo es: cada libro es una isla. Para responder a tu pregunta, me habitan muchas islas. Para mí, ellas han dejado de ser ese trozo de tierra rodeada de mar para convertirse en un símbolo.

Con cuánta facilidad o dificultad pasas de unos versos tan desgarradores como los Lamentos de Teseo a la historia del Danilo de Gaviotas en las aceras, ¿te cobra la creación una factura emocional?

A mí me resultan muy cómodos esos saltos de un género a otro. De hecho, suelo trabajar en algún libro de poesía y narrativa juvenil o de adultos al mismo tiempo. La circunstancia y el estado de ánimo, la música, las lecturas y hasta el clima bajo el cual salto es el mismo. Por eso a veces siento que llevo de uno a otro un mismo tema, una misma cosmovisión de la Historia, la demencia o del dolor. Hace un par de años un amigo presentó mi novela Gaviotas en las aceras y se atrevió a mezclar fragmentos de la misma con poemas de mi libro de poesía: Viendo caer los pájaros. El resultado fue un texto tremendamente coherente.

Fotos: Cortesía del entrevistado

Con respecto a la segunda parte de tu pregunta, no todo lo que escribo demanda un costo emocional o requiere un estado de crisis. Consciente o inconscientemente uno traslada de un libro a otro esas pequeñas obsesiones que nos acompañan. Viéndolo así, pudiera decir que en cada libro escrito uno hurga en esas llagas que nunca sanan. Pero yo también me divierto muchísimo. También he visto la literatura como una manera de revelarles a los lectores parte de la Historia de Isla de Pinos. Convertir alguno de mis libros en un puente también me da una satisfacción tremenda.

¿Quedan lectores de poesía en esta Isla?

Estoy convencido de que sí. Nunca han sido millones en esta Isla, pero incluso creo que quedan muchos más de los que creemos. Queremos que la gente lea, pero no somos buenos promoviendo lo publicado y hay mucho escepticismo a la hora de aprobar la publicación de un libro de poesía.

Varios críticos de literatura coinciden en el augurio de un provenir prometedor para tu obra, ¿cuándo es tu futuro, Daniel?

Creo que eso lo sabrán otros, antes que yo. Quiero que me llegue el éxito. La verdad, todos soñamos con eso. Pero si demora un poco no me pondré bravo. Perseguirlo es muy emocionante y demanda un sacrificio enorme. Habrá muchos días en que sentiré cómo se escapan los años de juventud sentado frente a la PC. Rondará la duda de si acerté en mi elección. Haré todo lo posible por materializar ese futuro, aunque ello demande una lucha continua conmigo mismo, con la precariedad y el paso del tiempo. Si como muchos quedo para la anécdota, igual podré decir que viví para la literatura, que fui feliz.

Dime, ¿tienes alguna presencia que siempre te acompañe?

Isla de Pinos, Paco Mir, mi madre, mi abuelo, las orejas de Ailín.

¿Hasta dónde te alcanza el optimismo?

Soy muy inseguro y suelo ser bastante pesimista a la hora de interpretar mi entorno. Un amigo me dijo un día que la mayor parte de mi generación solo es capaz de ver los tonos grises. Creo que tiene razón. Si empezamos a distribuir la culpa de esa situación quizás nos demos cuenta de que mi generación ha visto en el desencanto y la proyección de un mundo caótico una manera de reaccionar. Eso en el mejor de los casos, pues hay mucho contra lo que se debería reaccionar.

Si tu pregunta se refiere a mi optimismo como escritor, te puedo decir que aunque mis libros se sumen a ese sentir generacional del que hablaba en el párrafo anterior, ellos, mis libros, existen por una necesidad muy grande: la de contar. Cada proyecto lo escribo con la esperanza de que encuentre lectores, con la esperanza de que, pasados los años, se desprendan de mí y queden en la memoria de la gente.

¿Qué libro escogerías para leerle a tu hijo por primera vez?

Sinfonía fantástica, de la autoría de Paco Mir. Es una especie de poema novelado en el que Paco muestra una Isla de Pinos en colores, próspera, a la que arribaban miles de jóvenes a fundar un hogar, a construir su propio sueño. Creo que sería una buena manera de sembrar la belleza en la conciencia de mis futuros hijos. Después que queden prendados por esta isla dentro de otra isla, podrán venir cientos de decepciones, podrán incluso abandonar la isla, pero estará ahí, latiéndole bajo de la camisa.

Has dicho en una entrevista para Juventud Rebelde que todos tenemos algo de malditos e inmorales, en tu caso y solo en el tuyo, ¿definirías ese algo?

Mejor lo dejamos como dato escondido y que crezca la curiosidad de la gente. Una definición publicable del Daniel (inmoral y maldito) sería demasiado sosa y desilusionaría. La versión no publicable la doy mejor de a poco en los personajes de mis libros y así no espanto a nadie.

Y por último Daniel, si pudieras quitarme esta curiosidad… ¿por qué te expulsaban de los preuniversitario?

Pasados los años he escuchado las historias de beca de algunos amigos, también escritores, y me doy cuenta de que era un niño de teta comparado con ellos. Yo dormía demasiado, sobre todo en horario de docencia y trabajo en el campo. El día que asistía al docente entraba al aula con los ojos cerrados, dispuesto a una larga siesta. Me fugaba. Las visitas a los albergues de hembras también eran habituales. Fumaba sin esconderme y tomábamos muchísimo, para lo cual vendíamos hasta los pozuelos en que las madres llevaban la comida los miércoles. Era bastante contestón y varias veces el hambre nos hizo «tomar prestadas» de la cocina,unas flautas de pan, una olla de calamares, tranca buche… cualquier cosa nos venía bien. Hay otros errores que no comentaré porque ciertamente me avergüenzan. Debo más de una disculpa.

Ahhh, casi lo olvido, esta pregunta me la ha encargado la editora, así que es la obligada: has ganado las dos becas de literatura que ofrece la AHS, ¿qué tanto te ayuda a tu proceso de creación contar con estas becas?

Económicamente las becas son de mucha ayuda. También me estimula saber que esos arranques de libro resultaron interesantes y fueron capaces de «enganchar». Uno empieza a respetar y creer un poco más en ese libro que está naciendo.

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