novela


Una excelente propuesta para comenzar a leer ciencia ficción

Que la ciencia ficción cubana siga dando frutos tan espléndidos no debería sorprendernos. Tal es el caso de una de la más reciente entrega de la multipremiada escritora habanera Malena Salazar Maciá, portadora de un talento indiscutible para entramar mundos y para muchos, una de las autoras jóvenes y contemporáneas del género más importantes de nuestro país. Los errantes es una noveleta de poco más de cien páginas, que consta de diez capítulos y que mereció el Premio Aldabón de Ciencia Ficción en 2020 y que, publicada por la editorial homónima, vendió su versión impresa en la pasada Feria Internacional del Libro.

La hermosa imagen de cubierta, confeccionada por la propia autora, como ella acostumbra a hacer con sus libros, nos adelanta parte de la historia al mostrarnos a una muchacha de piel negra con una esfera flotando entre sus manos –una de carne y hueso y la otra de metal– sobre un fondo cósmico con predominio de tonos azules, morados y blancos. La joven es Erena, la protagonista de esta fascinante historia y la esfera que levita entre sus manos es un planeta artificial que vaga por el espacio, su casa-prisión, donde ella nació y sobrevive al filo de la muerte junto con el resto de sus habitantes, sin una esperanza de salvación a la vista.

En el futuro los humanos se han expandido alrededor del Universo conocido y fundado colonias fuera de la Tierra. Pero tres generaciones ocupando un planeta-estación ajeno no son suficientes para descifrar la tecnología de sus verdaderos dueños, los idaltus,[1] una civilización más avanzada que la nuestra, aunque físicamente no se observe mucha diferencia entre las dos. El castigo proporcionado por los idaltus luego de la invasión de su territorio y la guerra correspondiente fue retirarse, llevándose todas las naves de vuelo estelar, para condenar a los humanos a una muerte lenta, ya que al quedar varados sin remedio en un lugar que funcionaba con una tecnología distinta a la suya y cuyas escrituras y conocimientos permanecían indescifrables para ellos, no podía conducirlos hacia otro destino. Así, esta humanidad importó todos sus agravios políticos, económicos y sociales a la superficie de Boer, instaló una sociedad clasista, elitista y opresora, donde, por tal de conseguir la fuente de energía que mantiene con vida al planeta, que no es otra que la misma sangre idaltus solidificada en forma de cristales, son capaces de recurrir a los más crueles mecanismos de explotación. Un Consejo que gobierna de forma tiránica a base de poder e intimidación, armado con mutantes –humanos genéticamente modificados, con condiciones físicas muy por encima de la media–, androides –robots de forma humana poseedores de una inteligencia artificial capaz de desempeñar muchas y variadas tareas–, droides –robots no antropomórficos cuya función más importante es mantenerlos vigilados a todos, especies de cámaras programadas para trasmitir información directamente en tiempo real a partir de sus implantes visuales–; una Sociedad Alta, especie de burguesía privilegiada, que goza de los mejores recursos, los ricos, los que crían a capricho los seres híbridos de humano e idaltus que salen de las incubadoras, donde con la conciencia dormida, hembras de la especie siguen generando vida, estos mestizos son los llamados en el libro cargadores con consciencia; luego están los Barrios Bajos, un paisaje lúgubre y ruinoso, espacio basura donde se amontona la mayor parte de los pobladores de Boer, fue allí donde ocurrió el conflicto entre humanos e idaltus, y donde con cada falla del sistema de simulación ambiental del planeta, con cada “apagón”, más y más casuchas se congelan y posteriormente se deshacen: este es el lugar de la gente sin capital –los créditos–, sin oportunidades, de los marginados, los desposeídos, los que, sin posibilidad de una vida mejor, caen en la delincuencia y sobreviven gracias al contrabandeo y todo tipo de negocios oscuros: es aquí a donde pertenece Erena, quien nos repite más de una vez durante el libro, que ella no es una heroína. Pero este no es el último eslabón del sistema: hay niños mestizos esclavos cuyas mentes han sido vaciadas, los cargadores –a secas–, que solo funcionan como bancos de sangre, a los que se les extrae su preciado plasma para “revivir” cristales viejos, gastados, carentes de potencia; son estos los que miran a Erena cuando ella pasa cerca de ellos con los cristales escondidos, los últimos que había “robado” de los depósitos ocultos del planeta, para continuar trazando su plan de fuga: el llamado de la sangre los hace poner sus ojos en Erena con ese sufrimiento que soportan y que a la misma vez no son capaces de comprender. Miente el Consejo cuando dice estar buscando soluciones para salvarlos a todos, las reservas de combustible sanguíneo y alimentos descienden cada ciclo –el tiempo de un día simulado en Boer–, pero si alguien transgrede las normas será castigado con la debida severidad.

La historia asimila ingredientes de varios subgéneros literarios propios de la ciencia ficción y del terror, esto conduce hacia un universo complejo y por ende, altamente verosímil, donde no faltan detalladas descripciones de la tecnología del lugar y de cómo funciona. Space opera en tanto que se trata de una aventura espacial, futurista y tecnológica, en la que hay viajes estelares, guerras y una civilización alienígena; distopía porque esta es una sociedad ficticia y futurista no deseable donde priman la deshumanización, los gobiernos tiránicos y los conflictos armados; un toque ciberpunk en tanto se habla de la lucha de un personaje marginal contra un sistema totalitario y cuyo cuerpo está “invadido” por la tecnología –Erena es una cyborg desde el principio de la historia y su cuerpo sufre más modificaciones hacia el clímax de la obra, cuando tras la mutilación por parte de un androide muy peligroso, reconstuye ciertas partes de su cuerpo a partir de piezas de este–, y también porque la historia funciona como una alegoría sobre los peligros de la tecnología, la vigilancia de las personas y la corrupción de los gobiernos. Emociones de terror y horror invaden a Erena en determinados pasajes de la historia, por el miedo tan intenso que experimenta en una casa de la Sociedad Alta, cuando, es arrojada después de una golpiza al interior de una habitación oscura donde seres humanos de plástico muy silenciosos, espantosos juguetes sexuales de los Logone –los propietarios de la casa–, la observaban, y ella, sin poder percibir más que con el tacto de sus propias manos, se tranquiliza a sí misma, pensando que lo que está junto a ella en la cama y que tiene rostro y cabellos humanos no son muertos sino muñecos vivientes; o el horror que le provoca Macro, el androide de la casa homónima –el antiguo médico de los Logone cuya consciencia se implantó en el robot a través de un chip–, con sus herramientas carniceras y sus seis implantes visuales de color rojo sobre una cabeza ovoide carente de rasgos, y su disposición inmediata a matar cuando se lo ordenan, a matarla ella misma, incluso. También puede hablarse de gore por toda la importancia que se le brinda dentro de la historia a la violencia, el dolor, la tortura física y por todo el exceso de sangre, quizás el episodio más ilustrativo en este sentido sea el asesinato múltiple de los Logone y sus mutantes a manos de Macro, donde la sangre corre hasta formar espesos charcos, o el episodio de la mutilación de Erena, donde pierde una oreja, dos dedos y parte de sus rostro, a manos del propio Macro.

Un narrador objetivo en tercera persona es el responsable de conducirnos a lo largo de la historia, uno que se dedica a seguir los pasos de Erena sin meterse en sus asuntos y mucho menos en sus pensamientos, que observa sus gestos y sus actos sin juzgarla. Erena es toda una antiheroína: rebelde, marginal, ladrona, asesina, testaruda, impulsiva, vengativa, no se resigna a su situación y va a escondidas de sus “padres” a perseguir su sueño de abandonar Boer o de simplemente conocerse a sí misma, esto es lo que sucede hacia el final, una peripecia que invierte el curso de los acontecimientos, cuando Erena, habiendo descubierto su verdadera naturaleza idaltus a partir de los nuevos pedazos de tecnología que habían reparado su dañado cuerpo, y en consecuencia con su naturaleza demandante y vengativa, hace viajar a Boer a través de varios hipersaltos que dañan su sistema y finalmente lo devuelve a sus verdaderos dueños, con los que establece contacto a través de los controles de esa nave gigantesca que también es Boer. Pero ya es tarde, el sistema de simulación ambiental ha colapsado, el planeta estación se ha congelado y todos, salvo ella, que se encuentra en el núcleo del planeta-nave, sigue con vida, pero eso poco le importa.

Esta nueva propuesta de Malena Salazar, cuyo lenguaje bastante llano en contraste con la complejidad de la historia y todos sus mensajes, es un llamado a la reflexión sobre la actuación de la humanidad y el futuro que nos depara de seguir por estos mismos caminos. Esto es algo para lo que la ciencia ficción es una útil metáfora, para advertirnos y moralizar: la ambición de los humanos que puede conducirlos a su perdición, las nefastas consecuencias de la guerra y lo absurdo que hay en cada una de ellas; las consecuencias del imperialismo sobre los desfavorecidos, el peligro de la muerte debido a nuestras propias malas decisiones, un llamado de alerta sobre el mal uso de la tecnología, las clases sociales, los gobiernos totalitarios y el dominio militar de las masas a través de la intimidación; la emigración, el agotamiento de los combustibles fósiles y otros recursos importantes para el mantenimiento de la vida como la conocemos hasta ahora; las consecuencias de la pobreza en el individuo marginalizado que lo conduce a la violencia y a desempeñar acciones negativas. Los errantes nos habla de lo corrompida que se encuentra nuestra sociedad a nivel global, de la inminencia de un futuro de barbarie: nadie es bueno en Boer, nadie es un héroe, la existencia al límite ha sacado lo peor de los seres humanos, si en los Barrios Bajos la gente es, muchas veces obligada por sus propias circunstancias, disfuncional, en la Sociedad Alta el poder económico los ha pervertido, por ejemplo, los hábitos sexuales de los Logone fascinados por las máquinas, ese afán de mutilar personas y convertirlas en maniquíes de placer, el egoísmo de Desrot –el hijo adoptivo de los Logone–, que lo lleva a asesinar de manera indirecta a su propios “padres” y a sus grotescos “sirvientes”, la propia actitud de Erena, sus deseos de resolverlo todo con violencia porque eso es lo que ha recibido siempre, violencia.

Y más allá de la reflexión de orden político, económico y social, se pudiera hablar también de la búsqueda de la verdad y el conocimiento versus la ignorancia. Los secretos de la identidad del individuo que no se conoce a sí mismo (Erena), los arcanos de un planeta que permanecen indescifrables porque no se conoce el código escrito, ignorar lo que se tiene enfrente porque no se entiende; el engaño por parte de la autoridad regente, que oculta el verdadero desastre a la multitud; la revelación final a un individuo, a uno solo, en este caso a Erena, que más que una elegida es una sobreviviente que no se ha quedado de brazos cruzados a ver el tiempo pasar. La distribución del conocimiento es un arma eficaz que ha utilizado muy bien la autora para urdir esta compleja trama y también es uno de esos elementos que sirven para reflexionar, que sin dudas, constituye un tema que nos quita el sueño desde tiempos inmemoriales.

Esta historia oscura, donde la tecnología no ha hecho de la vida un paraíso sino un infierno, que guarda tanta sustancia en un espacio tan breve, pudiera convertirse en una de las obras más sobresalientes de su autora e incluso, ¿por qué no? de la ciencia ficción cubana de los últimos años.

Nota:

[1] Un descubrimiento científico relativamente reciente reveló, a partir del hallazgo de tres cráneos antropomórficos, la existencia de una subespecie humana extinta a la que se pasó a denominar homo sapiens idaltu, esta última palabra es de origen amhárico –lengua del pueblo amhara, habitantes del centro y el norte de Etiopía– y significa anciano.


BECA DE CREACIÓN FRÓNESIS

La Asociación Hermanos Saíz, con el objetivo de estimular la escritura del género novela, convoca a la Beca de Creación Frónesis.

Podrán participar todos los escritores cubanos residentes en el país, sean miembros o no de la AHS, que tengan hasta 35 años y no la hayan ganado en las tres últimas ediciones.

Cada autor puede presentar un proyecto que incluye título, objetivos, fundamentación de la obra y cronograma de trabajo, acompañados de un fragmento del texto inédito, entre 15 y 20 cuartillas.

Los textos deben enviarse antes del 31 de octubre de 2022 a la dirección de correo electrónico becasypremiosahs@gmail.com, especificando en el asunto “Beca de Creación Frónesis”. Los participantes adjuntarán la obra en formato Word con seudónimo (no se aceptarán archivos en PDF) y la SOLICITUD DE PARTICIPANTE que deberá descargar del sitio de la asociación www.ahs.cu, debidamente completada con los datos que se solicitan.

Se otorgará una beca consistente en diploma acreditativo, el pago de 2 000 pesos durante seis meses y la atención tutelar por parte de un miembro del jurado.

Los resultados se informarán en diciembre de 2022, en un acto público en el Pabellón Cuba, sede nacional de la Asociación Hermanos Saíz.

El fallo del jurado será inapelable.

La obra deberá ser presentada a la Dirección Nacional de la AHS en un plazo no mayor de 12 meses de otorgado el primer pago, para ser valorada por los lectores especializados de alguno de los sellos editoriales de la organización.

La participación en este concurso supone la total aceptación de sus bases.

Para más información DESCARGAR:

💡 SOLICITUD DE PARTICIPANTE EN BECAS Y PREMIOS AHS


Premio Bustos Domecq 2022

PREMIO BUSTOS DOMECQ 2022 (Cuba)

Género:  Novela

Premio:   Edición

Abierto a:  escritores residentes en el país, menores de 36 años

Entidad convocante:  Asociación Hermanos Saíz, el Centro Provincial del Libro y la Literatura en Camagüey y la Editorial Ácana

País de la entidad convocante:  Cuba

Fecha de cierre:  30:07:2022

 

BASES

La Asociación Hermanos Saíz, el Centro Provincial del Libro y la Literatura en Camagüey y la Editorial Ácana, con el objetivo de estimular y promover la literatura escrita por los jóvenes autores del país, convocan al Premio Bustos Domecq 2022 que se regirá por las siguientes bases:

1. Podrán participar los escritores residentes en el país menores de 36 años, sean miembros o no de la Asociación Hermanos Saíz.

2. Este año se convocará en Narrativa Fantástica o de Ciencia Ficción.

3. Las obras presentadas pueden estar escritas a dos manos, es decir, por 2 autores menores de 36 años.

4. Las obras deberán ser inéditas y no pendiente de fallo en otro concurso ni en proceso de publicación.

5. Se presentarán bajo seudónimo y tendrán una extensión de 60 páginas como mínimo y 80 como máximo, en formato carta a espacio y medio, tipografía Arial 12.

6. Los participantes deberán enviar la obra en formato digital a la siguiente dirección premiobustosdomecq@gmail.com bajo las siguientes condiciones.

7. El asunto será Premio y se adjuntarán 2 documentos en PDF. El primero identificado de la siguiente manera: Título de la obra-seudónimo, y el segundo Plica-seudónimo. En el cuerpo de este segundo documento deben aparecer el nombre del autor (o autores), dirección particular, carné de identidad, correo electrónico, teléfono y una breve ficha biográfica. De no presentarse bajo estas condiciones, las obras serán descalificadas.

8. Los trabajos serán recibidos desde el momento en que se haga pública esta convocatoria hasta el 30 de julio de 2022. El jurado estará integrado por escritores de reconocida trayectoria y el fallo se dará a conocer durante la próxima edición de la Cruzada Literaria, en Camagüey.

9. Se entregará un premio único consistente en la publicación de la obra por la Editorial Ácana en su colección Pórtico, destinada fundamentalmente a jóvenes escritores y miembros de la Asociación Hermanos Saíz, con su respectivo pago por derecho de autor.

10. El autor(es) ganador(es) será(n) invitado(s) a la Cruzada literaria, y el libro premiado se presentará publicado en formato impreso, en la siguiente edición de este evento.

11. Para aclarar duras, escriba a la misma dirección de correo electrónico premiobustosdomecq@gmail.com pero con el asunto: Dudas.

12. La participación en este concurso implica la aceptación total de sus bases.© Escritores.org. Contenido protegido. Más información: https://www.escritores.org/recursos-para-escritores/19593-copias 


¡Ya tenemos ganadores en el Premio Casa! (+video)

Luego de que la pandemia obligó a hacer un impasse en este Premio que atesora más de seis décadas, esta vez regresó en 2022 con estrenos en su concepción, y no por ello “perdió” en calidad; al contrario, se desató una avalancha de obras recibidas a través de la plataforma digital creada por primera vez para la ocasión, con más de mil seiscientos libros recepcionados.

Hoy, ¡enhorabuena!, ya podemos decir que tenemos ganadores del Premio Casa en los tres géneros convocados, quienes, algunos vía virtual, y otros presencial, se reunieron para decidir el ganador en cada uno de los apartados: Novela, Poesía, y Ensayo en tema histórico-social.

En Poesía el premio del jurado recayó en el libro Excepcional belleza del verano de Luis Lorente, de Cuba.

Jorge Boccanera (Argentina), Basilia Papastamatíu (Argentina-Cuba), Rosa Chávez (Guatemala) y Santiago Vizcaíno (Ecuador), convinieron en el acta que:

“Como sobre la pantalla de una lámpara, el autor despliega sus visiones y recuerdos que se corporizan y se evaporan. De modo que la escena se potencia por la ramificación de una simbología profusa que alude a la estancia amorosa como también a numerosos momentos de vida, de personajes de la historia de Cuba, incluso de una cotidianidad revisitada. Es un registro minucioso recreado por una memoria singular, de lenguaje virtuoso, atmósferas logradas y excelente manejo del ritmo. Destaca también este libro por la fuerza y belleza de imágenes eslabonadas que serpentean como un solo y contundente poema”.

Además, decidieron otorgar menciones a los libros Bordando Quilkas de Carolina O. Fernández (Perú) y Por alguna vez cuando oscurece  e Benjamín Chávez (Bolivia).

Los jurados reunidos para premiar la categoría de Novela, Dazra Novak (Cuba), Mayra Montero (Puerto Rico), Claudia Apablaza (Chile) y Santiago Vizcaíno dieron su beneplácito a Hija de nadie, de Javier Núñez de Argentina.

Al valorar la obra destacaron: “Muestra un buen pulso narrativo, gran manejo de los diálogos y narra, en tono cinematográfico, la historia distópica de dos mujeres que resisten a una realidad áspera y cruel”.

En el apartado Ensayo de tema histórico-social recibió el premio Moneda y malestar social en Cuba (1790-1902), de José Antonio Piqueras Arenas (España).

Carlos Aguirre (Perú), Mario Santucho (Argentina) y Yoel Cordoví (Cuba), integrantes del jurado, al evaluar las obras en esta categoría resaltaron la de Piqueras Arenas por ser un “ensayo riguroso sobre el lugar de la moneda y las relaciones monetarias en la formación histórica de Cuba entre finales del siglo XVIII y el fin de la ocupación militar de los Estados Unidos. El trabajo ilumina la historia económica cubana en los convulsos escenarios que signan el esplendor y la crisis del modelo colonial. En el texto se profundiza, con rigor y a partir de un profuso material documental y bibliográfico, en la compleja relación entre capitalismo y esclavitud, la estructura de clases en la isla y las formas de descontento de diversos grupos contra la dominación extranjera. Asistimos, así, a un aporte sustancial a la historia de Cuba que, además, ofrece importantes lecciones para el presente”.

Es así que con estos galardones el Premio Casa vuelve a brillar una vez más, cual faro de la literatura latinoamericana y caribeña.


La intransigencia de los lectores salvará tu libro

David Martínez Balsa confía en los lectores: en su libertad de elegir, en su intransigencia, en su mirada crítica. Solo los lectores son capaces de salvar los libros y, por tanto, también a sus hacedores. Para David, un lector es más que un aliado; forma parte también de la estructura propia del texto y, sin ellos, las palabras no son más que hilo unido a otro hilo semejante. Conversar con David es también un pasaje al mundo de la fabulación…

En la escritura, en la creación, ¿qué consideras sea esencial o indispensable?

Persistir, no desfallecer ante los retos que imponga el acto creativo. No negaré el rol esencial que juega la inspiración en todo creador, pero si algo aprendemos es que la musa no siempre nos acompaña al abordar nuestras obras. Súmale a ello las desilusiones, los tropiezos y las dudas, todos obstáculos siempre al acecho. Por eso, encuentro indispensable la voluntad del creador para construir su obra; enfrentarse a la página en blanco, el lienzo, la partitura, aunque cada partícula de su ser intente llevarlo en la dirección opuesta. Arrancar, sin detenerse a esperar la inspiración. Esa fuerza, el ímpetu de seguir batallando, lo lleva grabado todo creador en su ADN, sin dudas.

¿Puede ser mesurable la calidad de un libro de poesía o de cuentos, o esto depende de las sensaciones, emociones, experiencias, referencias y del mundo estético personal de cada uno de los lectores?

Me encanta esta pregunta, pues a mi juicio, tiene un poco de trampa. Yo, en lo personal, siempre aspiro a llegarle a los lectores, provocar una sonrisa, una lágrima o al menos la satisfacción de haber disfrutado el libro al que eligieron dedicarle su tiempo. No existe mayor alegría que se te acerque alguien que haya leído tu novela o libro de cuentos y te diga cuán placentera le resultó la experiencia. Claro, siempre existirá una dualidad de opiniones, habrá apoyo y detractores, y eso lo encuentro igual de bien; pues, como creador, te pones a disposición del juicio del público al entregarles tu trabajo. Si la mayoría de las opiniones te favorecen, pues celébralo; de lo contrario, levántate, aprende y sigue.

Por supuesto, existen estándares literarios, críticos especializados, jurados de concursos, quienes abordan el tema desde una perspectiva más imparcial. No obstante, por muy fríos que intentemos ser a la hora de evaluar una obra para emitir un dictamen, a veces el lado humano prevalece; la parte que siente y se conmueve ante un cuento que, tal vez, otros hallaron falto de elementos que sus contrincantes sí poseen. Estos detalles hacen difícil llegar a un consenso a la hora de premiar o reconocer un texto (hablo en caso de un concurso literario). Todo libro necesita una estructura sólida, fuerza en las técnicas narrativas, un lenguaje limpio (pues no vamos a pedirle a quien nos entregue un poco de su tiempo que se lea un libro en el que no hayamos dejado hasta la sangre con tal de construirlo lo mejor posible) pero, en mi opinión, no puede faltarle ese ingrediente que lleva al lector a brincar, casi sin darse cuenta, de la acción de leer a la de sentir. Eso es magia y quien pueda provocarla, no sé si su obra tendrá calidad en el más estricto sentido de la palabra, pero para mí merece aplausos.

¿Es posible definir qué es la creación? ¿Podrías aventurar tu definición personal?

Difícil, pero déjame intentarlo y ser lo más breve posible: te diría que es una adicción saludable. Placer y al mismo tiempo tormento. Es una necesidad que llevas dentro, que no para de perseguirte; incluso cuando estás creando, sientes ese apremio, una especie de frenesí que disminuye, pero no cesa del todo.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Cómo piensas la estructura o arquitectura de un libro?

Por lo general, escribo de noche o en las mañanas, aunque prefiero las noches: hay más tranquilidad. En ocasiones escucho música, otras no (depende de lo que me pida el cuerpo); eso sí, no puede faltar la compañía del café y el cigarro. A veces arranco una historia sin saber en qué acabará la cosa. Todo empieza por una escena, un personaje, o algo tan simple como una frase. Llegan de golpe y enseguida me siento frente a la computadora y trato de llevarlo todo a la página, sin saber bien el rumbo que se va dibujando mientras avanzo. Hay otros momentos en los que la historia cae completa y anoto enseguida los detalles, no vaya a ser que la musa me traicione si la descuido mucho. Siempre escribo tres versiones de un libro: la primera es un desastre, un rompecabezas armado a todo tren. En la segunda, abordada desde una perspectiva más fría, estructuro el libro lo mejor posible; trabajo los personajes y las escenas al detalle, elimino los excesos innecesarios, intento darle coherencia y realismo al texto. En esta versión invierto más tiempo, pues es la que entrego a mis lectores de confianza. Ya con las críticas que recibo, pulo una tercera versión hasta dejarla lo más digna posible de ser leída.

¿Cuánto valoras el contacto crítico con los creadores de tu propia generación?

Si algo aprendemos todos los que pasamos el Onelio es lo esencial que puede llegar a ser la comunicación con los creadores, ya sea de tu propia generación como de cualquier otra. El beneficio del contacto crítico es mutuo y para nada debe desestimarse; se obtienen lecciones vitales y que pueden ayudarte muchísimo en tu proceso creativo, así como incentivarte a crear.

Recientemente acabas de obtener el Premio Boti por un libro escrito para niños y jóvenes…

Amarrados al puerto, el libro que mereció el Premio Regino E. Boti, es un cuaderno de cuentos escrito en el 2020, durante los momentos más difíciles que se vivieron ese año por el coronavirus. Los cuentos que lo componen tratan precisamente este tema, vistos desde el lente de sus personajes, todos niños que viven las vicisitudes propiciadas por la pandemia, sin escapar también a las implícitas en el tránsito de la niñez a la adolescencia. En el libro se abordan temas como la soledad, el abuso físico y emocional, la inseguridad y el temor a no ser aceptado por tus características, todo fundido con las dificultades impuestas por la pandemia y lo que ello conlleva para un niño. Te confieso que nunca esperé que obtuviera premio y el galardón ha sido una muy grata sorpresa. Ahora mi anhelo es que el libro termine su viaje y llegue a los lectores lo más pronto posible, para que ellos den la última palabra.

Como escritor, siempre he preferido el realismo, aunque en ocasiones abordo el fantástico y la ciencia ficción (géneros que disfruto y respeto muchísimo). Creo que, como escritores, nunca debemos dejar de experimentar, de atrevernos, de probar nuevos horizontes y géneros y demostrarnos a nosotros mismos que sí se puede. Salir del área de confort, arriesgarse. El estilo propio se cultiva mediante la lectura y sobre todo, la escritura constante. Yo, en lo personal, aunque tengo mis preferencias de estilo, sigo en la búsqueda. Este libro fue mi segundo intento de alejarme del género que usualmente practico. El primer intento llegó con Los Caciques, una novela juvenil que obtuvo mención en el Edad de Oro 2020 y que la Editorial Gente Nueva me hará el honor de publicar, contando con la edición de la excelente Gretel Ávila. Y ahora este librillo. Ambos han sido muy importantes, pues han marcado un cambio en mi forma de abordar la literatura y me han hecho comprender lo complicado que es el género infanto-juvenil y con cuánta delicadeza debe recorrerse ese terreno, pues escribir para niños y jóvenes se las trae… Sí, mi escritura está en constante cambio y ojalá sea para mejor.

¿Crees que el oficio del escritor es el más solitario del mundo? ¿Por qué?

El oficio en sí, en su núcleo, es y debe ser solitario. Necesitas estar solo para dar vida y orden al cúmulo de ideas que tienes en la cabeza, pidiendo a gritos que las lleves a la página en blanco delante de ti. Esa tarea requiere concentración, disciplina y soledad. Ahora, ya culminado el proceso creativo, el escritor, como todo ser humano, debe escapar de esa burbuja y socializar: en esto incluyo el diálogo crítico con otros creadores, compartir su obra con lectores de confianza que le ofrezcan su opinión. El oficio es solitario, quien lo practica no necesariamente tiene que ser una persona solitaria.

En los años que llevas de carrera literaria has recibido no pocos premios, ¿cuánto importan estos en la vida de un autor? ¿Son acaso un tránsito más, uno necesario, si se quiere publicar con algo de facilidad?

No negaré la importancia de los premios literarios, pues además de atraer el foco sobre tu obra y elevar los ánimos, te permiten la realización del sueño de todo escritor: la publicación de su trabajo. Ahora, no debemos convertirlo en el Santo Grial, pues se corre el riesgo de una innecesaria decepción cuando no ganamos y ello vuelve más difícil el levantarse tras la caída. Te lo digo por experiencia, pues me he quedado al fly en muchos concursos (y todavía me faltan unos cuantos ponches más). De los premios debemos llevarnos dos cosas muy importantes. Primero: si ganas, celébralo, disfruta cada segundo del privilegio que le han entregado a tu trabajo. Y segundo: si no ganas, no te atrevas a menospreciar ni a tu obra ni a ti como escritor. Rendirse no se vale, le debes a tus libros seguir insistiendo en publicarlos y, sobre todo, seguir escribiéndolos.

Para dialogar con el lector de su tiempo, ¿la obra debe parecerse a ese tiempo, a esa realidad, o debe poetizarla, transformarla en algo más? ¿Cuál es tu apuesta?

Prefiero una mezcla de las dos opciones que ofreces. No hay motivo para que una novela o cuento, con sus transformaciones, embellecimientos y detalles que puedan resultar hasta fantasiosos, no guarde relación con su tiempo; eso sí, el escritor debe entregarle al lector las herramientas para hallar la conexión entre ambos. 

¿Crees en el fatalismo geográfico? ¿Existe aún ese fatalismo para los jóvenes autores cubanos, pese al avance paulatino que han tenido las redes sociales en nuestro mundo?

En parte, sí. Las redes sociales y su impacto en el mundo han ayudado a muchos autores jóvenes cubanos a dar a conocer su obra no solo a nivel nacional, sino internacional (el tuyo es uno de esos casos) y creo que es maravilloso cuántos autores cubanos están publicando en revistas extranjeras o son reconocidos por editoriales de España, Latinoamérica, incluso de Estados Unidos. No obstante, ese horizonte recién empieza a expandirse y todavía tiene espacio para más. Lo que es digno de celebración es que estén abriéndose poco a poco las puertas para que la literatura cubana sea más reconocida a nivel mundial. Hay que seguir insistiendo.

En tu experiencia, ¿cuáles son los valores de la narrativa actual? ¿Es posible aventurar la opinión de qué sobrevivirá o no al paso del tiempo?

Hay mucho potencial en la narrativa de nuestros tiempos; sobran talento y ganas de trabajar. Creo que la pandemia ha puesto a prueba muchas determinaciones, y entre ellas cuento el afán de la literatura por crecerse ante los obstáculos. El ánimo de los jóvenes autores (y los no tan jóvenes también) es contagioso. Entre el 2020 y el 2021, las redes sociales han cobrado un auge indiscutible y basta darse una vuelta por internet para conocer el interés, el apetito y la promoción que disfruta la literatura hoy en día, la disposición a defenderla a capa y espada. Escritores, editores, casas editoriales, los organizadores de certámenes, jornadas y peñas literarias, nadie ha dejado de trabajar, a pesar de las duras circunstancias; al contrario, se han superado. Así que me atrevo a decirte que, mientras sigamos escribiendo, leyendo y disfrutando de lo que hacemos, la narrativa sobrevivirá a lo que sea.

A tu criterio, ¿cuáles son las principales herramientas, materiales o espirituales, de las que debe estar dotado un buen escritor?

Las principales herramientas de todo escritor (y me limito a repetir lo que tantos han afirmado) son la lectura y la escritura incansables. Una cosa complementa a la otra. La lectura, otra adicción saludable, te entrega todo un arsenal de herramientas con las que afrontar el oficio. Por otro lado, escribir, así sea un párrafo al día o si te parece un desastre lo que acabaste de teclear, permite conservar la agilidad en la mano. La perseverancia es también esencial y, por supuesto, la capacidad de escuchar y saber trasladar a tu obra las críticas sinceras que recibes de quienes te leen.

¿Cómo sería tu lector ideal? ¿Qué le pides a ese lector a la hora de enfrentarse a uno de tus textos? ¿Cómo te gustaría ser leído?

Que sea despiadado conmigo, que no me perdone en lo absoluto. Al final, su intransigencia salvará mi libro. Son increíbles los errores que cometemos los escritores en medio del vuelo creativo y no existe nada más maravilloso que el hecho de que te señalen la barbaridad que eludió todas las revisiones al texto. Gajes del oficio de los que nos salva ese lector o lectores ideales. A ellos les pido lo que me gustaría oír de todos mis lectores: la verdad. Si no lo disfrutaron, aprenderé. Si les gustó, me doy por satisfecho. De todos modos, siempre agradeceré que le hayan dedicado su tiempo a mi trabajo.

Más allá de la página en blanco, ¿quién es David Martínez Balsa?

Quienes conocen a este desconocido saben que es tímido, de pocas palabras, aunque cuando le da por hablar, su novia lo manda a tomar agua para que refresque la boca. Tomo café con sed de dragón y echo humo también como uno. Los días trato de repartirlos entre la familia, mi novia, el trabajo y, claro está, la lectura y la escritura, aunque admito que desgraciadamente no siempre de forma equitativa o justa. En pocas palabras, David es un joven que trata de escribir un poquito mejor cada día y busca impulsar sus libros hacia el fin del viaje: el lector, que ojalá disfrute tanto de leerme como yo de escribir ese librillo que logró llegar a sus manos.


Anita Mur: Mucho más que una historia de amor

Cuando comencé a leer la novela Anita Mur, del escritor cubano Frank David Frías Rondón, publicada por la Editorial Primigenios, lo primero que me vino a la mente fue “esto es una historia de amor preciosa”, y enseguida tuve una mezcla de sensaciones encontradas. Toda la novela transcurre en un balance perfecto: de emociones, estructura, técnicas, personajes, vivencias. Por un lado, el augurio de violencia y sangre, y del otro lado, el hermoso y sexy recuerdo de aquella colegiala recordada por el protagonista, en una costa habanera, con un hueco en el blúmer.

Desde ese mismo momento Frank David comienza a realizar la narración de texto nostálgico; repleto de precisas descripciones sinestésicas donde logra sumergir al lector dentro del texto, hacerlo parte de él. En Anita Mur logras oler y ver todo en 360 grados con gran nivel de detalles. Incluso puedes sentir el frío, el paso del tiempo, las emociones y la brisa invernal de un mes de febrero frente al mar, personaje recurrente durante toda la novela.

Frank David logró, mediante sus descripciones, que parece que la novela esté envuelta en un hermoso velo gris de invierno londinense (quizás uno de los velos que usualmente usaba la protagonista de la novela). Este es un efecto que le brinda esa atmósfera de misterio, belleza y nostalgia al texto. Logra dar vida a su novela hasta el punto en que el lector logra notar que Ana Isabel Fiss es una persona real envuelta en una trágica, romántica y hermosa historia de amor.

Foto tomada de internet

Las increíbles, precisas y originales descripciones no son el único logro del autor de la novela, pero quizás sí la base, cimiento o matriz de todo el libro. En Anita Mur todo funciona como un organismo vivo. Al igual que el argumento, todo parece hilado, entrelazado como un hermoso lienzo en cuatro dimensiones. Exacto, en cuatro dimensiones, ya que Frank David ha planteado su historia a través del tiempo de forma tan precisa que el lector no se pierde ni un instante y se encuentra ubicado en tiempo y espacio en todo momento. Resulta muy interesante uso de la retrospectiva en una complicada historia que abarca desde la época de inicios de los años 90 hasta la actualidad.

Frank David no ha necesitado recurrir a una magdalena para los saltos temporales o espaciales. Tampoco decirlo de forma explícita. Estos suceden de manera tan fluida y precisa, gracias al uso de diversas técnicas narrativas y capturas exactas del momento histórico narrado. Un ejemplo de esta afirmación es el capítulo cuando se narra la época del “período especial” cubano. El autor nunca menciona esas palabras ni los protagonistas realizan queja alguna. Sin embargo, el lector es capaz de identificar cada fase de este período a través de las escenas vividas/sufridas/disfrutadas por estos personajes. Me impresionó leer sobre este tema, en apariencia tan gastado por otros escritores, y que funcionara de maravilla y actual en estos momentos. Nada demodé. Prueba, además, que se puede escribir sobre cualquier tema con éxito, mientras se escriba bien. Este es uno de los casos.

Otro aspecto destacable en Anita Mur es la riqueza y dominio del lenguaje. La novela está plagada de un excelente uso de metáforas, símiles y analogías exquisitas y propias, con los cuales el autor, no solo economizó recursos narrativos, sino que enriqueció el texto con imágenes precisas y siempre de acorde con el momento específico de la historia. 

Como bonus extra, (ya que no es la idea del autor, sino mi opinión como lector), Anita Mur puede parecer una crítica a la sociedad actual cubana, en la que se deja claro que nada ha cambiado de 1980 hasta la actualidad.

En esta novela/organismo vivo que es Anita Mur, lo que más me impresiona es su estructura y evolución. Frank David no realiza la clásica estructura cíclica. Más bien, es una espiral conformada por espirales narrativas en su interior. La novela está conformada por pequeñas narraciones que comienzan y se van enlazando con otras y viajan del presente al pasado como si tuvieran voluntad propia. Como un organismo vivo. Son anillos/historias/espirales donde cada palabra cuenta y nada sobra. Ni siquiera el hueco del blúmer de Ana Isabel, la foto entre los pilotes, ni el loco del barrio, ni siquiera el clima. Todo en Anita Mur está pensado para que funcione como un ancla, como un símbolo, como una pista para el lector. No puedes dejar de leer/oír/ver/oler/experimentar nada de lo que Frank David pone a tu disposición. Cada letra, signo de puntuación está meticulosamente pensado para el disfrute de esta hermosa historia. Una prueba de esto te la da la propia Anita al inicio cuando advierte: “recuerda esto —me dijo mientras exprimía la saya—, tiene un significado.”

¡Y vaya si tenía razón! ¡Todo lo tiene!

Anita Mur es una novela equilibrada en todo sentido. Como en toda historia de amor, hay luces y sombras, alegría y felicidad. Quizás es por eso que sus personajes se sienten tan vivos, sus escenas tan familiares y el lector logra sentirse identificado con la historia desde la primera página hasta la última. Este es un texto donde se disfruta tanto del viaje, como del arribo al destino final.

Como dije al inicio, Anita Mur es una historia de amor. Pero no el amor de las novelas rosa de antaño. El amor entre Abel y Ana Isabel Fiss es real. No está edulcorado. Frank David narra todo lo que sucede o puede suceder en una relación verdadera. O sea, el amor perfecto, ese que acepta y reconoce las imperfecciones de cada uno. El amor de las parejas que se apoyan, que se aman, gustan, desean y no juzga: el amor incondicional y eterno. Anita Mur también está repleto de momentos felices, acción, sexo, escenas de gran erotismo, alegría, bromas y felicidad.

El libro entero parece una fotografía de esta hermosa historia. Quizás por eso el uso de la foto de Anita que conserva el protagonista y reaparece a cada rato a modo de leitmotiv y te hacen pensar en que Anita Mur es ahora, y así será siempre un texto tal y como dice la propia protagonista: “…limpia y con brillo destacando entre tanta mierda. Dura igual que los pilotes de este río”.


«Hemos encontrado sinergia juntos»

Yadira Albet (más conocida, entre los fanes del género fantástico como Yadira Álvarez Betancourt) y Álex Padrón (Juan Alexander Padrón para amigos y lectores) han decidido no solo compartir su vida como pareja sino también habitar un mismo universo creativo. Guadaña Universal, ese excelente texto por el que obtuvieron en fechas recientes el Premio Hydra de Novela, marcó un primer paso para este binomio creativo. Sobre el Premio Hydra, sobre arte, inquietudes de futuro y realidad conversaré con ambos escritores en esta entrevista.

Hablemos del Premio Hydra y de la novela ganadora: Guadaña Universal. ¿Qué temas o cuestionamientos políticos, sociales, incluso culturales, les guiaron en su creación?

La novela nació casi al principio de la pandemia, al ver el terrible impacto que estaba teniendo en Europa, más que aquel que tenía y tiene aún en Cuba. Nos conmovió la lucha del personal de apoyo y los riesgos a los que se enfrentaban. Yadira tuvo una pesadilla sobre un repartidor en una urbe desierta, y empezamos a jugar con la idea de que, avanzada la pandemia, este personal de apoyo tendría que ser por fuerza inmune. Con esa idea en mente y la inspiración de la música de Creedance Clearwater Revival, nació “Corriendo en la jungla”. Este cuento tuvo buena aceptación en el Taller Espacio Abierto, que se estrenaba por esos días en WhatsApp.

Nos gustaron tanto los personajes que los utilizamos para contar otras futuras problemáticas a los que tendría que enfrentarse una ciudad asediada por una pandemia. Que, ojo, no es el SARS-Cov2, sino otra más virulenta y de propagación más rápida. El tiempo disponible durante el primer confinamiento nos ayudó: los 10 cuentos que conforman la cuenti-novela (12, en realidad), fueron escritos en un plazo de tres meses.

¿De qué manera el reflejo de la realidad (distópica) que vivimos los llevó a pensar un texto semejante?

La respuesta a esta pregunta está en los dos exergos de la novela, uno de ellos sobre El libro del juicio final, de Connie Willis, donde se establece un paralelismo entre una epidemia pasada y futura. El otro sale de boca de nuestro Yoss (José Miguel Sánchez), que defiende a los escritores de ciencia ficción de la etiqueta de pesimistas, cuando en realidad tratamos de imaginar el peor escenario futuro posible para advertir a nuestros lectores y que, de esta forma, tomen acciones para que la versión más distópica nunca llegue a suceder.

Ambos han sido figuras esenciales dentro del género fantástico en Cuba, ¿cómo nace esta asociación? ¿Guadaña Universal es solo un experimento a cuatro manos o pretenden continuar escribiendo juntos?

Escribir a cuatro manos no es nuevo para ninguno de los dos. Yadira lo había hecho junto a su hermano Denis Álvarez en Historias de Vitira (Editorial Gente Nueva; La Habana, 2015). Álex lo había hecho en sus inicios con Michel Encinosa Fú en Los últimos antes de la tormenta, una novela impublicable y por suerte extraviada, pero que tiene el mérito de ser el crisol de todo el desarrollo del universo ciberpunk de Ofidia.

Ya desde octubre de 2019 habíamos empezado a escribir a cuatro manos la novela de ciencia ficción hard Berceuse, aún en fase de preparación. Simplemente, con el arribo de la pandemia, la pusimos en pausa y utilizamos Guadaña Universal como vía de enfrentar también nuestros propios miedos e inseguridades.

Independiente a que cada uno pueda tener sus proyectos personales, claro que aspiramos a seguir escribiendo juntos por un buen tiempo. Al fin y al cabo, en la ciencia ficción y la fantasía hay tradición de obras escritas a dúo; por ejemplo, los hermanos Strugatski. La ciencia ficción en Cuba tampoco es ajena a tales colaboraciones, como las de Chely Lima y Alberto Serret, Carlos C. Muñoz y David A. Hermelo, Eric Flores y Jesús B. Minsal, o los propios hermanos Álvarez.

Al trabajar a cuatro manos, dos cerebros y dos sensibilidades, ¿cuáles son los principales conflictos y desafíos creativos? ¿Cómo seleccionan el material dramático que desean transformar luego en arte? ¿Cómo transcurre el proceso de escritura?

Más que conflictos o desafíos, hemos encontrado sinergia juntos. Mientras Álex tiene una prosa “dura” y de acción, heredada de la novela negra (que es el género por el que es conocido fuera del país); Yadira profundiza más en los motivos y aspectos psicológicos de los personajes.

El proceso de escritura es a carga equitativa: en Guadaña…, cinco cuentos por cabeza, y desafiamos a los lectores a que adivinen quién es la mente maestra detrás de cada uno de ellos. Los únicos conflictos se deben al tiempo para escribir, pues además de ser escritores tenemos otras responsabilidades. Yadira funciona más por inspiración mientras Álex funciona por disciplina. Pero lo hemos resuelto poniéndonos plazos mutuos: si a una idea se le pone fecha, se convierte en una meta.

Lo más productivo de nuestra alianza es la discusión del trasfondo de las historias y las cuestiones técnicas de la narración. En estas, Yadira destaca por el aporte de su lado humanístico, mientras Álex aporta su experiencia en la coherencia de los universos, derivada de su experiencia como creador de juegos de rol.

¿Qué temas o búsquedas escriturales vertebran sus pensamientos creativos? ¿Qué resulta de interés a ambos?

En primer lugar, los propios protagonistas. En Guadaña cada historia está contada desde el punto de vista de un personaje diferente que, aunque interactúan más tarde o más temprano con otros, están signados y lastrados por su experiencia personal con la pandemia.

En cuanto a temas en general, ambos somos eclécticos: no nos enfocamos en un subgénero, sino que empleamos el escenario y los códigos que más aporten a las historias que queremos contar.

Álex se mueve con comodidad dentro de la novela negra contemporánea, pellizca del tecnothriller, el suspenso y el terror y, paradójicamente, también publica poesía. Yadira se pasea por diferentes géneros sin encasillarse en ninguno: ciencia ficción, futuros especulativos, fantasía, realismo… más que nada, enfocada a las dinámicas de los seres humanos dentro de cada escenario planteado.

Nuestro punto de contacto son las historias coherentes, que tienen algún valor que aportar fuera del simple ejercicio del estilo literario. Para ello, ambos nos esforzamos en que nuestros personajes tengan una dimensión con la que el lector pueda identificarse y empatizar.

FOTOS CORTESÍA DEL ENTREVISTADO

A la hora de escribir, ¿cuánto influye el hecho de pensar en un potencial lector o receptor?

Mucho. Para narrar una historia coherente y relevante, hay que hacerla accesible y cercana al público que la va a leer. Ambos tenemos formación como docentes, lo que nos anima a tratar de enseñar algo a nuestros lectores más allá de una simple historia: llevar un mensaje positivo a quienes nos escuchan. Eso quiere decir que tratamos que las puedan disfrutar desde el bodeguero del barrio hasta el intelectual más curtido. 

En la actualidad, ¿cuáles son los desafíos fundamentales que enfrenta el género fantástico cubano?

Todavía no hay suficientes editoriales que apuesten por el fantástico, aun cuando está comprobado que cada libro de ciencia ficción o fantasía que se ha publicado en la Isla agota su tirada en pocos meses. En relación a esto, pensamos que ya va siendo hora de que los decisores editoriales comiencen a pensar en términos de rentabilidad económica y estudien qué es lo que desea el mercado.

Consideramos que en estos géneros, tal como en otros también olvidados, hay calidad y masa crítica en los escritores del patio. Solo basta que surja el respaldo de las instituciones, más allá de unos pocos y valientes editores y editoriales aisladas.

Esto pasa por un factor llamado tiempo: hay concursos que premian calidad, pero entre el premio y la publicación pasan años. Los libros quedan atascados en los planes editoriales, cuando la misma publicación en el extranjero está lista en cuestión de meses.

¿Cuáles les parecen son los principales hándicaps en la promoción de la literatura, dentro y fuera de nuestras fronteras?

La gran sectarización de los concursos en Cuba. No sabemos a quién se le ocurrió que escribir fantasía o ciencia ficción en Cuba es cuestión de jóvenes, quizás con la idea de que cuando crezcan se convertirán en escritores de temáticas más “serias”. Así, la gran mayoría de los concursos que premian y publican al género fantástico son para menores de 35 años. Esto es una gran injusticia para los que, pasados esa edad, como nosotros, nos empeñamos en seguir soñando naves, fantasmas y dragones. La única honrosa excepción en nuestro país es precisamente el Hydra, que además de bienal está limitado en extensión. Otros, como el David, no restringen edad pero obligan al autor a ser inédito, y ya esa es una especie en extinción entre las voces del fantástico en Cuba… que han incursionado en otros géneros.

Así, esto obliga a los escritores “maduritos”, que al mismo tiempo ya han alcanzado la madurez en cuanto a estilo y experiencias de vida, a optar por concursar y publicar fuera de Cuba. Y hacer esto les veta de recibir promoción, apoyo o reconocimiento por parte de las instituciones nacionales.

En Cuba hay un fandom importante que le interesa y está sensibilizado con el género, pero ni se le respeta, ni recibe apoyo, ni se piensa en él en términos editoriales. Existe entonces una fuerte demanda del género y existe entre los escritores la posibilidad de concebir una oferta de calidad. Sencillamente, este filón no se explota y no importa.

No siempre llegan a tiempo las publicaciones fuera del marco nacional. ¿La arena internacional sigue oponiendo resistencia a los autores cubanos, o acaso faltan los intentos de estos por probar lides en otras fronteras geográficas?

La arena internacional ya está ocupada por otros autores, cada uno en su propio patio. Los escritores nacionales tenemos que llegar a competir y desbancar a autores que ya tienen un público establecido. Que, además, es fundamentalmente angloparlante.

¿Cómo convencer a un editor de que un autor le será rentable si no es reconocido ni siquiera en su propio país? En la medida que nuestras editoriales den una respuesta al género y este se divulgue en ferias nacionales e internacionales, los autores cubanos del fantástico tendrán más opciones de ser conocidos en la escena internacional.

¿Existe la autocensura? ¿En qué o dónde tiene sus orígenes, dentro del imaginario propio del autor cubano?

La autocensura en lo fantástico se puede dividir en dos grandes grupos: el temor a dibujar una sociedad futura o fantástica con demasiados puntos de contacto con el contexto actual, y el empleo del eros y el thánatos en la narrativa.

Durante un gran período de tiempo nuestra ciencia ficción estuvo muy influenciada por la visión positivista soviética de un futuro luminoso para el proletariado, y cualquier mirada que se apartara de esta directiva era no solo mal vista, sino activamente censurada. En la actualidad esto no es un tema que preocupe tanto al escritor de ciencia ficción, pero sin lugar a dudas es un elemento que salta alarmas internas a la hora de tocar temas de crítica social.

El otro grupo es más general y aplicable a cualquier género en Cuba, y también sufre de censura y autocensura. Salvo pinceladas, se es paternalista con un lector que no vive para nada en una caja de cristal exenta del sexo o la violencia.

Ni el sexo (o la sexo-divergencia) ni la violencia (que llega a extrema en la literatura gore) serán nunca ganchos gratuitos que introduzcamos sin que aporten nada a la historia que queremos contar. Pero tampoco serán elementos que quedarán fuera de escena por miedo a la censura. De hecho, en Guadaña… hay escenas que en otra década serían extirpadas con saña, lo que demuestra un cambio de mentalidad con relación a momentos más grises de nuestro pasado.

¿Creen en las influencias? ¿Hasta qué puntos son perceptibles en la obra de ambos?

Somos lectores ávidos y variados, y tenemos nuestros íconos. Álex se formó en el género a golpe de traducciones de clásicos de la ciencia ficción y la fantasía de autores anglosajones, pero que ha regresado a las raíces de la lengua española y al estilo de escritores como Arturo Pérez Reverte. A la vez, se confiesa un ferviente admirador de Ernest Hemingway, y entre ambos ídolos se preocupa en escapar de la etiqueta que la literatura fantástica ha de ser un género literario de segunda categoría. Yadira admira y mimetiza en parte a las escritoras de la ciencia ficción de la ola feminista, encabezada por Úrsula K. Le Guin y otras que “contaminan” parte de lo que ella escribe.

En estos tiempos de cuarentena, ¿qué libro de ciencia ficción o fantasía de un autor joven cubano recomendarían?

Definitivamente, La marca de Kahim y Lo mejor es soñar, del matancero Raúl Piad, quien durante esta pandemia ha estado extraordinariamente activo y exitoso en materia de premios. Tanto que, junto a Eric Jorge Mota en segundo puesto, le hemos ganado el Hydra por apenas una cabeza. La ventaja numérica de ser dos, suponemos.

Más allá de la página en blanco, ¿quiénes son Yadira y Álex?

Nos gustaría decir que ambos somos escritores a tiempo completo, pero faltaríamos un poco a la verdad. No nos formamos en carreras relacionadas con la literatura. Hemos llegado a ella desde la experiencia y la búsqueda, desde la lectura y la construcción de las historias que hubiéramos querido leer.

Álex divide su tiempo entre su trabajo de creación de contenido y la narrativa. Yadira balancea la escritura con la docencia y la investigación, ahora movida hacia los espacios virtuales. Ambos además cargamos con todas las responsabilidades cotidianas que nos aquejan a todos, más en estos tiempos que se han tornado algo difíciles.

También nos hemos atrevido a asumir un desafío más. Estamos llevando adelante a Realengo +53, un podcast para la divulgación y promoción de la literatura de ficción en Cuba. Es nuestro modesto aporte a la promoción y divulgación, para que otras personas se interesen por leer a nuestros autores de fantasía, terror y ciencia-ficción y aprender sobre la literatura de este género.

En resumen, Yadira y Álex son personas, muy, muy ocupadas… pero felices de ser y estar.


Eric Flores Taylor: «Apuesto por entretener y hacer pensar a los lectores»

Eric Flores Taylor habla de sus verdades como escritor y podría decirse, como bien se afirma desde lo popular, que no tiene “pelos en la lengua”. Cáustico a veces, amigo siempre, Eric y yo nos conocemos desde el año 2016: él era por entonces un joven aspirante a escritor y yo poco menos que eso, una muchachita que daba sus primeros pasos en el mundo de la creación. Parte del camino del arte lo hemos recorrido juntos. Pero siempre que converso con Eric encuentro nuevos motivos para nuevas preguntas.

—Tu libro El bestiario Pavlov contiene nueve cuentos que has escrito recientemente. ¿Cuándo crees que un escritor alcanza su madurez creativa? ¿Qué temáticas o figuras aparecen representadas en este texto específico?

—Interesante pregunta la primera. A mi entender, la madurez creativa va de la mano tanto con el desenvolvimiento que se adquiere con el lenguaje y la narrativa como con la aceptación del público. En mi opinión, ningún autor debe conformarse con menos: hallar plena satisfacción y profesionalismo en su rama creativa y disfrutar del reconocimiento de los lectores. Esa madurez es difícil de conseguir, más en nuestros lares; sin embargo, creo que aún habiendo atrapado esa elusiva presa que es la fama y la capacidad de mantenerte económicamente haciendo lo que te gusta, aún después de esto, debes seguir buscando más allá, pues si declaras la montaña escalada, en cierta medida, dejarás de escalar en el futuro.

Sobre las temáticas de El bestiario…, pues puedo decir que es la colección más variada que he preparado. Contrario a otros libros de cuentos de mi autoría, este no tiene una temática central, como fue el caso de Jaurías…, o un género específico, como sucedía con En La Habana es más difícil. El bestiario Pavlov tiene variedad de personajes, desde un gato, un ratón y una casa en un trío caótico, hasta una masa de ancianos que emigran a expensas de abandonar a su suerte a las siguientes generaciones. Los temas también son un poco anárquicos, aunque siempre apuesto por entretener y hacer pensar a los lectores. En este aspecto toco nuevamente alguna que otra leyenda urbana o crónica roja, que tan bien funcionó con Jaurías…, pongo mucha imaginación, ironía y guiños a situaciones y estereotipos que cualquiera puede reconocer e identificar (o identificarse). Hasta cierto punto, esta colección es la mayor catarsis literaria que he hecho en mi carrera como autor, pues recoge mucho de mi parecer como persona volcado en las circunstancias y breves epopeyas que viven mis personajes.

—Cada uno de tus libros, ¿marca un antes y un después en tu obra, o prefieres verlos como un proceso continuo?

—En verdad nunca los he visto como un proceso continuo. Si acaso como una muestra de mi evolución como escritor, primero, y luego como autor. Tampoco pienso que haya un antes o un después, porque tarde o temprano vuelvo a retomar algún elemento y retorno a los orígenes del relato fantástico, de ciencia ficción y terror. Por lo tanto, me quedo con lo que te dije anteriormente: es un proceso de evolución donde intento mejorar con cada libro; crecer como escritor y buscar presentarle una mayor apuesta a los lectores, para que así ellos crezcan junto a mí, hasta conformar una relación estable, sólida.

—¿En qué se diferencia El bestiario Pavlov de tus propuestas narrativas anteriores?

—Creo que ya algo de eso adelanté en la segunda pregunta que me hacías. El bestiario… es un libro de cuentos al estilo antiguo y, si me permites, voy a explicarme. Varios de los mejores libros de cuentos que conocemos hoy no tienen una temática común, un hilo central ni nada semejante. Cierto que en estos tiempos las llamadas “cuenti-novelas” y las colecciones que se retroalimentan de sí mismas no son solo moda, sino también una evolución en la manera de acercarse al lector. Pero como todo en nuestro mundo es cíclico, ¿por qué no apostar por una colección de cuentos que no tengan nada que ver entre sí? Tal y como lo hicieron en su momento Cortázar, Maupassant, Poe. No obstante, no dejo de admitir que hice un poco de trampa e incluí en El bestiario, tres cuentos que están interrelacionados y que pueden leerse de manera independiente, pero que cobran mayor fuerza cuando el lector consigue enlazar la trama. Aun así, esos “tres mosqueteros” no tienen nada que ver con el resto de los relatos. En fin, esto es lo que más diferencia este libro de otros escritos por mí; por lo demás, nuevas historias fantásticas y realistas, en tonos grises que buscan hacer invisible la línea entre la cotidianeidad y el delirio.

¿Cómo sería tu lector ideal? ¿Qué le pides a ese lector a la hora de enfrentarse a uno de tus textos? ¿Cómo te gustaría ser leído?

—Mi lector ideal es aquel que no deja de leer, que termina mi libro y busca otro más, mío o de otros autores. Un lector desprejuiciado en cuanto a géneros narrativos y que le guste enfrentarse a nuevos retos. Si a todo esto le puedes incluir un toque de fidelidad, pues perfecto.

Lo único que le puedes pedir a un lector, desde mi punto de vista, es que te haga el honor de hojear tu texto y lea las primeras líneas de la obra; el resto siempre estuvo en tus manos y en tu capacidad como autor. Yo apuesto por atrapar en esas primeras líneas, en el primer párrafo y en la presentación de la obra. Luego solo pido que les den una oportunidad a esos textos que están pensados exclusivamente para los lectores.   

Supongo que me gustaría, en algún momento antes de pasar a otro plano, ser leído de manera más analítica. Aunque reconozco que en mis comienzos solo me preocupé por el nivel anecdótico de mis historias, he ido descubriendo que en todas hay mensajes, secretos de mi entorno y de mi realidad que se han colado en las obras; mi manera particular de ver el mundo y la vida está dentro de estos textos. He tenido la oportunidad de que algunos lectores me hayan comentado de haberlo visto en libros como Entre clones anda el juego y Jaurías; mientras que otros como Crónicas de Akaland o En La Habana es más difícil pasan desapercibidos y pocas veces provocan una segunda lectura o una mirada más profunda para descubrir todo lo que escondí en esas cuartillas. Supongo que es parte de la rutina de un autor; no sé si cuando Oscar Wilde publicó El retrato de Dorian Gray, todos sus lectores entendieron la representación directa que hacía el autor de su sociedad, más allá de otros guiños que oculta ese libro, o si acaso fue el tiempo quien tuvo la última palabra. La crítica académica y los estudiosos de la literatura pueden ayudar en este objetivo, pero nunca he contado con esa gracia que otros autores alcanzan en ese nivel. Bueno, lo dejo en manos del público y del tiempo.

—¿Te consideras aún una “joven promesa” o sientes que es una etiqueta que no hace justicia a la calidad de tu trabajo? ¿Es hora de revisitar conceptos añejos como, por ejemplo, este?

—No me consideraba joven ni cuando tenía 22 años. Pocas veces me etiquetaron como «joven promesa», quizás porque muy pocos llegaron a verme como «promesa» en sí; cuanto más un bicho raro que nadie se explica jamás como llegó a hacer nada (risas). Bueno, con esto quiero decir que lo de joven promesa no me afecta ni a mí ni a mi trabajo, aunque sé que es una etiqueta difícil de quitarse de arriba, más en un ámbito cultural como el nuestro, donde los jóvenes son los más discriminados en muchos sentidos. Creo que mi trabajo está sostenido sobre bases lo suficientemente sólidas como para no sentirme, en estos momentos, socavado por un epíteto tan deslucido.

Sobre la hora… la hora es ahora y siempre. Hay una gran gerontocracia cíclica en el mundo literario en que nos movemos. Sin embargo, las mayores editoriales no creen en eso y, rigiéndose por el mercado, dan oportunidades a «jóvenes promesas» que pasan a ser «aclamados autores» de la noche a la mañana porque ya contaban con la calidad necesaria. En nuestro panorama no tenemos la oportunidad de comparar de manera eficiente y correcta la calidad de un autor en correlación con la aceptación del público. No nos enfocamos en el mercado, luego es fácil perder de vista que es la juventud la que más puede relacionarse con su propia generación y generar, renovar lectores. Por el contrario, una «élite» literaria puede aplastar con un comentario una carrera, o al menos hacer el intento por simplemente no agradarle el carácter de la «joven promesa». De forma particular no me molesta el cartelito, sino el trato que te dan, aun cuando no te lo cuelguen. Eso sí debe cambiarse e instaurar una relación de respeto mutuo y no de subordinación automática o de menosprecio inherente a tu grupo etario.

—En este año de aislamiento social, has representado a Cuba en diversos paneles online: por ejemplo, la Feria Virtual del Libro de México y Uróboros 2020. En este nuevo mundo que nos ha tocado vivir, ¿qué importancia les confieres a los lazos y sinergias que se gestan a través de las redes sociales?, ¿crees que están cambiando las formas de comunicación del arte?

—No, no creo que esté cambiando nada; por el contrario, creo que ya existe una base bien formada de formas de comunicación para el arte por las redes y el Internet. Lo único diferente es que somos nosotros los que estamos abriéndonos a ese mundo, descubriendo que hay vida más allá del libro físico y de las ferias nacionales. En cuanto a la importancia que le veo, pienso que uno de sus puntos más fuertes es el de conectar a autores, académicos y estudiosos de las letras. Me parece que actividades de este tipo son como una señal que enviamos fuera de nuestras costas en espera de que el receptor adecuado la reciba. Claro que esto lleva tiempo, suerte y paciencia pero, si no das el primer paso, ¿cómo lo lograrás entonces? En resumen, ya la estructura existe, ahora tenemos que adaptarnos a ella y en la medida de nuestras limitaciones, tratar de introducirnos en ese universo para visibilizarnos, más aún cuando es esta acción uno de los grandes problemas para los autores del patio.

tomado del perfil de facebook de eric flores

—Tu saga Guerra de dragones es un proyecto terminado: la tercera parte de la trilogía se encuentra ya en proceso de edición en Gente Nueva. ¿Puedes comentarles a los lectores algunos detalles de la tercera y esperada parte de estos libros? Ahora, una vez culminado el esfuerzo de escribir, por más de un quinquenio, esta trilogía, ¿qué cambios has sentido que su escritura ha gestado en ti? ¿Planificas enrolarte en otros procesos de larga data en el futuro?

—Sí, tengo al menos una saga personal con tonos de trilogía, más otra en deuda con Jesús Minsal. A la mía incluso empecé a arañarle las primeras capas a principio de la pandemia, pero las circunstancias no me han favorecido con la calma y el tiempo como para avanzar lo suficiente. En otros aspectos tengo una novela grande, también con Jesús, en desarrollo y, aunque no será una saga, sí creo que tiene lo necesario como para compararse con Guerra de dragones.

Guerra es como el resto de mis obras: una evolución viva de mi manera de narrar, de escribir, de contar. Si entre la primera y la segunda parte es posible ver un salto grande en la calidad escritural, esta tercera eleva más aún las apuestas y creo que supondrá una delicia para los lectores. Pienso que la descripción y los diálogos han mantenido un nivel adecuado, mientras que otros elementos como la trama y la manera de enfocar la historia han subido de nivel. Por otra parte, las escenas de combate siguen teniendo un peso esencial en la obra: cuenta con tres capítulos enteros dedicados a batallas campales, sin mencionar otros enfrentamientos más pequeños que ayudan a matizar el resto de los episodios donde sobresalen la intriga, la política, los complots y el necesario recuento de las acciones ocurridas entre el final de la segunda entrega y el comienzo de este último tomo. Siento que con Guerra III he tocado un techo en cuanto a lo que puedo conseguir con las limitantes editoriales que tenemos actualmente; ya sabes, límite de páginas en los libros. Puede que en otro ámbito hubiera nacido una obra diferente, quizás hasta uno de esos tomos gigantes de Sanderson y Rothfuss, pero como no es el caso, hice lo que estuvo en mis manos para no traicionar ni a los lectores ni a mí en cuanto a calidad, aventura, entretenimiento y hasta complací alguna petición… que dejo de sorpresa para cuando salga el libro.

—Eres un escritor que juega con un realismo teñido de pespuntes sobrenaturales, y a veces un escritor de fantasía que habla de eventos muy reales, ¿es necesaria una definición de géneros?, ¿te gusta que te consideren un escritor de un tipo u otro de literatura?

—Ante todo soy narrador, narrador de ficción. Lo de los géneros, o subgéneros, está de más. Muchas veces utilizo la palabra profesionalidad para describir la labor de un autor y con ello me refiero a dos cosas: sostenerte con lo que haces y dentro de lo que haces, saber hacer de todo un poco. Sobre esto último es que versa mi respuesta. Me he descubierto haciendo historias con tonos románticos (que jamás pensé hacer antes), historias realistas (de las cuales me aparté mucho tiempo), de temas variados como la discriminación o el despotismo oficializado, cuentos en los que prima la experimentación estilística, el tecnicismo y el lenguaje poético (tú, que me conoces bien, sabes que esas cosas eran para mí como el ajo al vampiro). Y aquí estoy, sigo tratando de innovar cada vez que me siento a escribir, de superarme y no encasillarme en un mismo estilo, en un mismo tema o género. Ya te dije, me veo como narrador de ficción y punto. Ah, que el reconocimiento del público y algunas de mis mejores obras sean del fantástico, no tiene porque ser demérito, si acaso todo lo contrario. Y sí, el haber empezado en estos mal llamados «subgéneros» fue lo que me permitió contar con una visión lo bastante diferente como para no ser englobado dentro de ningún grupo de escritores o generaciones literarias. Pienso que ahora estoy más separado de todo y de todos, lo cual me permite una perspectiva distinta. Pero siempre puedes tener claro que nunca traicionaré mi intención de que la ficción recupere ese intrínseco carácter fantástico que tenía antes del movimiento del realismo del siglo XIX. Y tampoco traicionaré mis intenciones de algún día conseguir una obra de terror con la suficiente calidad como para que sea reconocida tanto en Cuba como en el resto del mundo.

cortesía del entrevistado

—No pocos escritores jóvenes y lectores buscan referente en ti, ¿por qué crees que sucede eso más allá de la calidad indiscutible de tu literatura?

—Hablando en buen cubano: porque no le escondo la bola a nadie. No soy de esos que dicen «métete en un grupo y has carrera hablando de cómo van a cambiar la literatura», «todo lo que haces es válido, qué bien escribes», «lee muchas cosas experimentales y raras», etc. Quienes se han acercado a mí saben que cuentan con alguien que les dice las verdades a la cara; desde «mejor no escribas» y «estudia primero una carrera y después trata de ser escritor» hasta «tienes talento de verdad, ponte pa´ esto» o «no está mal, pero tienes que arreglar…». Así fue mi iniciación en la literatura, con personas como Michel Encinosa que de una cuartilla me sacó más errores que las rectificaciones públicas después de los fracasos de un quinquenio económico. Pero no me detengo en decir lo que está mal, yo no escondo el que creo que es el camino del éxito, el que me dio resultado a mí y que puede ser o no el que le resulte a otra persona: ese es el que conozco. Otros abusan de su «poder» o de sus «reconocimientos» para usar a quienes los admiran como acólitos ciegos, sordos y mudos o, peor aún, como secuaces que transmiten una doctrina de un mismo color. Por lo demás, siempre apostamos, Jesús Minsal y yo, a ser diferentes del resto, a hacer las cosas a nuestra manera y luego ver qué pasa. Hasta cierto nivel hemos tenido resultados sin vendernos a ningún sector o grupo, creando y reconociendo enemigos en quienes fueron amigos, quedándonos solos, pero seguros de que lo que hacemos, correcto o no, es consecuente con nuestras palabras, acciones y manera de ser y pensar. Por eso, hay personas, lectores u otros escritores, que vienen y conversan conmigo o con Jesús; si cuando chocan con nuestra cruda manera de ser y de decir las cosas se asustan y prefieren otros derroteros, pues valido igual. También existen aquellos que han escuchado y consideran que la nuestra es en parte su propia verdad; algunos de estos incluso han llegado a tener sus logros, pero no gracias a nosotros, sino a su perseverancia por seguir el camino del trabajo duro, la disciplina y el amor a la profesionalidad.

—En la actualidad, ¿en qué género te sientes más cómodo?

—Si hablamos de género como tal, en el sentido más tradicional de la palabra, pues creo que en el cuento, ya que me permite una libertad de tiempo que la novela me corta. No obstante, la novela me ayuda a soltarme en cuanto a la extensión y límites narrativos, siempre que cumpla con las especificidades poligráficas. El cuento me fluye bien, aunque no domino aún los límites pequeños que tanto gustan en los concursos actuales. Me gusta la extensión de entre 15 y 20 cuartillas a espacio y medio, me siento muy bien cuando hago relatos de esas dimensiones. Otra cosa: si con el cuento pruebo o experimentos con técnicas, estilos y temáticas, es en la novela donde de verdad tengo que afinar para poder introducir esa evolución escritural sin que se afecte el ritmo de la trama ni resulte antinatural para el lector. Creo que la novela es el género que más precisa de un narrador completamente invisible y fluido, pero no por eso voy a dejar de innovar en mi escritura ni voy a limitarme a hacerlo como ya sé que funciona; por el contrario, ahora una novela es un reto cada vez mayor, tanto para mí al escribirla como para el lector que la lea y sea capaz de ver cuánto he tratado de introducir de forma invisible en el texto.

Ahora, sobre el género como temática, pues me siento muy cómodo en el fantástico y en la ciencia ficción. Me resulta bastante fluido el investigar un aspecto científico y llevarlo a un conflicto humano en un ambiente futurista o ucrónico. Mi reto en cuanto a género temático sigue siendo el terror: ni le pierdo el respeto ni me llego a sentir ducho en su realización, a pesar de haber dado algunos golpecitos a su puerta.

cortesía del entrevistado

—¿Eres un escritor que busca tener un estilo perfectamente reconocible o apuestas por la pluralidad? A tu entender, ¿un escritor debe renovarse continuamente?

—Cuando hago novelas apuesto por que mi estilo sea invisible, ya lo decía arriba, así que no creo que sea reconocible dentro de otras obras afines. Cuando hago cuentos, busco cambiar constantemente y prefiero esa pluralidad que mencionas. Sobre si un escritor debe renovarse, creo que es una decisión de cada cual. Yo pienso que sí, pero mi verdad no es la de los demás y hay quienes se sienten cómodos quedándose eternamente en su zona de confort, lo cual no veo mal; simplemente yo busco más, aunque no lo consiga del todo o pocos lleguen a reconocerlo, como también te comenté.

—De los personajes de todos tus cuentos y novelas, ¿cuál es tu favorito y por qué?

—Difícil, muy difícil. Casi todos tienen un poco de mí dentro, como es natural. Voy a apostar por darte la respuesta del primero que me salta en la mente: Hyler. El nombre es un anagrama de la isla donde habita Cthulhu, según la mitología de Lovecraft. Hyler aparece en el último cuento de Crónicas de Akaland y tiene un comportamiento muy Flores Taylor, por decirlo de algún modo. A este personaje le debo una saga completa y me encantó escribir esta escena que me gustaría compartir:

El tormento duró mucho, mucho tiempo. Tanto que cuando la mandíbula y los dientes de la mujer se convirtieron en polvo, junto al resto de su esqueleto, sus chillidos aún siguieron levantando ecos entre las galerías de la caverna. Y perder cada uno de sus huesos no fue lo peor. Ahí, tirada en el suelo, convertida en un desecho de cuero y tendones, con los órganos marcándose a través de la piel, Juth aún continuaba viva.

—Me has asombrado —dijo Lasypr dirigiéndose a Hyler—. Nunca pensé que serías tan cruel con tus propios hijos. Esa, ¿qué te hizo para merecer tanto?

—Nunca daba los buenos días —respondió el dios recuperando su espada—. Era muy maleducada.

—¿Quién es Eric Flores Taylor, el escritor, y quién es Eric Flores Taylor una vez que cierra la página en blanco?

—Supongo que la misma persona, nunca había pensado en eso. Pero mientras escribo también soy parte de los personajes, soy narrador, soy un director de cine, soy el productor de una historia que no apunta a menos que al reconocimiento del público. Cuando no escribo, soy una persona que intenta ser consecuente consigo mismo y con el mundo, soy padre y esposo, amigo de quienes se lo merecen, soy nostálgico, idealista, un poco ermitaño, trato de mantener en constante tratamiento conductual mis instintos más apasionados, pero sobre todo, soy honesto y sincero hasta el punto de buscarme más problemas, enemigos y malas opiniones de las que puedo contar o recordar. Pues como dice Sabina en una de mis canciones favoritas: «por decir lo que pienso, sin pensar lo que digo; más de un beso me dieron y más de un bofetón».


Malena Salazar: «Me conformo con ser parte de los sueños» (+Fotos, video y tuit)

Desde pequeña se inventa mundos y fantasías que enriquecen su vida. Adoraba visitar al abuelo en su taller, donde lo veía desarmar radios, televisores, medir transistores, soldar… y escuchaba sus explicaciones sobre cómo funcionaban los equipos. Él, lector voraz, siempre se ocupaba de que la niña tuviera algún libro.
 
Poco a poco, la infante desarrolló la pasión por la literatura y la tecnología. Hoy es técnica en Informática, autora de varias obras literarias, y ganadora de algunos de los más importantes concursos para escritores en Cuba.
 
No le gusta hablar sobre su vida privada, ni siquiera la comida preferida, pero cuando escribe todo cambia. “No soy Malena. No soy nada y, a la vez, lo soy todo.”, dice quien tiene entre sus reconocimientos el Premio David de la UNEAC, en la categoría de novela de ciencia-ficción (2015), el Calendario de la Asociación Hermanos Saíz (2017) y el Oscar Hurtado (2018).
 
Graduada del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, recuerda con agrado sus primeros años, cuando se entretenía con los juegos tradicionales y gracias a su imaginación disfrutaba sin salir de casa.
 
Al comenzar a leer abrió una puerta nueva. “Conocí autores que creaban historias maravillosas; las bebía, las soñaba, las vivía… Sentí que también tenía otras para contar, así que comencé a fabular desde una edad temprana”, dice quien actualmente se desempeña como técnica en Informática, y cursa la Licenciatura en Derecho en la Universidad de La Habana.
 
Para ella la Literatura y la Informática están conectadas de una manera especial, por eso no extraña que comenzara a escribir fantasía y ciencia ficción con historias relacionadas precisamente con la tecnología.
 
Otros de sus galardones son la beca de creación La Noche (2019), que concede la AHS, el premio de novela HYDRA, La Edad de Oro (2019), el Luis Rogelio Nogueras (2019) y el Regino E. Boti (2020).
 
Para ella tiene un significado singular el que lo inició todo: el David de ciencia ficción, su opera prima, por la obra Nade. “Antes, pasaba sin penas ni glorias por los concursos, luego llegaron las menciones, a veces a cuentagotas, en otras ocasiones a chorros. Cuando me sentía algo desesperanzada, me recordaba que nada se logra de la noche a la mañana y continuaba intentándolo con los concursos, hasta que el David me sorprendió.
 
  • “Actualmente, siento que he crecido como escritora y mi literatura ha cambiado, pero pienso que ese primer libro, aunque no sea una obra maestra, siempre va a ocupar un lugar especial en mi lista personal de logros”, asegura esta joven con brillo especial en los ojos.
Agrega que para ella lo más importante en cuestiones literarias es el lector. Que su obra lo marque de alguna forma. Que lo haga disfrutar, reflexionar, que lo impulse y se adentre en él para dejar una huella, un recuerdo.
 

—¿Cómo logras construir seres tan diferentes a ti o es que no lo son tanto?

 
—No sé si otros escritores tengan el mismo sentir, pero cuando me siento a escribir, ya no soy yo. Me debo a la creación, a la historia que he comenzado a tejer. Dejo que los personajes nazcan como deseen ser, dejo que el argumento me guíe desde la primera palabra hasta la última.
 
Por supuesto, el escritor deja su impronta en sus textos. A veces cuando se leen varios libros de uno mismo se suele encontrar una línea, una temática que se repite, pero abordada desde diferentes visiones. Y es que nos valemos de nuestros conocimientos, experiencias de vida, interacciones, análisis, investigaciones, entorno…, para crear. El escritor juega con estos elementos y los transforma para obtener verosimilitud, variabilidad, incluso dentro de los escenarios más agrestes.
 

—¿Qué podrán encontrar los lectores en el libro Secretos en lo alto de ciudad Ventosa, ganador del premio Regino Boti (2020)?

 
—Esa novela para infantes trata acerca del maltrato animal a nivel corporativo, la manipulación de las industrias hacia sus trabajadores y la explotación infantil, desarrollado con reminiscencias steampunk (tecnología a vapor) y clockpunk (tecnología de relojería). El verdadero reto, en mi criterio, consistió en colocar a niños valientes como Nina, Dano, y la perrita Loló, en un escenario tan complejo.
 
Malena Salazar con el reconocimiento por su premio la Edad de Oro.
 

—¿Qué nos puedes adelantar sobre La otra casa, por la cual obtuviste la beca La Noche (2019)?

 
—Es una novela de ciencia ficción fantástica, una idea que desde algún tiempo quería desarrollar. Aquí se aborda la inclusión, la amistad, la solidaridad, la tolerancia y la aceptación de diferencias. Uno de los ejes de la novela es la necesidad de la familia, sin importar cómo esté conformada y fuera de los roles clásicos, como formadora primigenia de los niños y niñas, los miedos e inquietudes de quienes han perdido el apoyo familiar y la sensibilización hacia las dificultades ajenas.
 

—¿Todavía te sorprendes cuando lees…?

 
—Cuando leo siempre encuentro algo que me sorprende y me dice que, si algo tiene la capacidad de evolucionar es la literatura. Personalmente me considero en constante aprendizaje e intento leer la mayor cantidad de libros de diferentes géneros y temáticas. Sirve para enriquecerse uno mismo y, a la vez, aprender cómo se está conduciendo el panorama literario en el país y el extranjero.
 
“A veces es inevitable terminar influenciados por un autor al que admiramos, pero en algún momento surge la necesidad de encontrar voces propias y formas diferentes de contar las historias”.
 
Malena aprovechó la etapa de aislamiento para crear.
 

—¿Qué tal la etapa de aislamiento en casa, como consecuencia de la COVID-19…?

 
—Es difícil lograr concentración en una situación como la que vivimos y que ha sacudido al mundo. Surgen preocupaciones que antes no existían y resulta complicado lidiar con ellas, adaptarse y encontrar soluciones alternativas. Pero fuera de esto, he intentado mantenerme activa en materia literaria. La novela ganadora del Regino E. Boti 2020 nació durante esta etapa de aislamiento.
 

—¿Qué significó para ti pasar el curso de técnicas narrativas en el centro Onelio Jorge Cardoso?

 
—Un vuelco absoluto a mi vida literaria. Cuando entré al Onelio y recibí las primeras clases, entendí que todo lo que creía saber sobre literatura no era correcto. Cuando terminé el curso pasé cerca de un año sin escribir, porque necesité incorporar, poco a poco, todo lo aprendido. Comprendí lo que tanto repetían los profesores (el gran Heras León, Sergito Cevedo, Raúl Aguiar) acerca de la importancia de leer, de analizar cada texto, desmenuzarlo, extraer las herramientas y adaptarlas a mi forma de escribir, en orden de construirme un estilo propio.
 
Ese curso es favorable para los escritores que comienzan. Les brinda una serie de reglas, lecturas para analizar, y herramientas imprescindibles.
 

—¿Qué importancia le concedes a la Asociación Hermanos Saíz como aglutinadora e impulsora de sueños de jóvenes escritores y creadores en general?

 
—La AHS brinda la oportunidad de conocer artistas jóvenes y talentosos, e interactuar con ellos en eventos a lo largo y ancho del país. Aplaudo la forma en que la Asociación se preocupa por mantenernos activos, y las oportunidades que brinda con sus becas, premios y actividades. Hace un esfuerzo realmente grande en materia de promoción en todos los medios. Es uno de los pilares de apoyo que tanto necesitamos para avanzar.
 

—¿Principales sueños en el mundo creativo?

 
Dejar huella en los lectores. Que puedan disfrutar mis textos. Que los puedan hacer suyos. Que, de alguna forma, conformen un bloque dentro de su edificación. No pretendo estar en la cima; me conformo con ser parte de sus sueños.

El andar de Aristóteles por los caminos pandémicos

*Tomado de Cubahora

La enseñanza, ese espacio que llenaran los alumnos de Aristóteles que, en una caminata constante, iban de la oscuridad a la luz, círculo cuya eficacia depende de ese movimiento indetenible, enemigo de la petrificación del dogma. Sí, en el griego antiguo, la técnica, algo que hoy asociamos casi exclusivamente a las ciencias duras, era referente al arte, ya que de este salió la verdadera sabiduría. El conocimiento era amor a la belleza. Todo hombre debía ser hermoso y bueno. Sin una cultura así, no habríamos llegado hasta el presente como civilización occidental, ni existiese todo un universo detrás de nosotros como salvaguardia de los altos valores. Cuba, en el centro del huracán desatado por el golpe de la Covid-19 en un Occidente carcomido, es ejemplo en la enseñanza de aquellos dorados lineamientos antiguos.

Nuestras escuelas de las artes sirven de referencia  en el presente, cuando todos estamos en las casas y debemos echar manos a lo creativo, para guardarnos las vidas. Allí están los magros recursos dedicados a que lleguen las teleclases o que estén disponibles en plataformas masivas como you tube. También, la sociedad civil del arte, básicamente la Asociación Hermanos Saíz, ha diseñado estrategias para que los creadores, a la vez que exponen su obra e interactúan con el público, ejerzan una función pedagógica sobre las masas mediante las redes sociales. Los mecanismos de promoción de los talentos son, en estos minutos, más que vitales. No se cuenta con todo el internet, ni con los mejores soportes técnicos, pero el talento está allí, esperando a que lo nombren, para aparecer como un mago en medio de la tragedia y el vacío.

Cuba no puede renunciar a las esencias culturales, a los legados, pues como nación que se halla en el epicentro de la batalla por lo simbólico, sabemos que recibirá los más fuertes ataques del proyecto hegemónico post pandemia que se gesta. No habrá un mundo más justo cuando esto acabe, sino uno donde los recursos para el desarrollo serán más caros e incluso inaccesibles para casi todo el planeta. El reparto tendrá que ver con el vínculo hacia una élite que hoy maneja las líneas de lo políticamente correcto y que, incluso, plantea el derrumbe de los Estados, para erigir un nuevo orden. Quienes vivimos en pequeños terrenos, sin muchos recursos naturales, y dependemos de la soberanía para seguir existiendo, tenemos que defender lo simbólico y lo nacional.

La defensa de lo cultural se inicia en la preservación del peso de lo que somos universalmente y que el nuevo poder hegemónico quiere avasallar: un país fundado sobre el Estado de Derecho y la democracia republicana, de raíz occidental, con una visión humanista. Detrás de tal andamiaje se hallan nuestras obras literarias y artísticas, los discursos que acompañan el devenir cotidiano, las construcciones políticas y los círculos sociales. Abandonar la enseñanza del arte, entonces, incluiría dejarles a los enemigos el campo de batalla del símbolo, para que lo siembren de la cizaña que ya crece allende el globo: el dogma falaz de que unos seres “merecen” vivir más que otros. Así, no es extraño que se predique en medio de la pandemia la medida del contagio del rebaño, que induciría supuestamente a una inmunidad natural luego de la muerte de un determinado número de personas más débiles. De ese mundo, especie de nuevo nazismo eugenésico, debemos huir como nación que se basa, precisamente, en todos y para el bien de todos.

Vayamos a uno de los símbolos más esenciales de la cultura cubana, la novela Paradiso de José Lezama Lima. Allí hay valores que, a la vez que se enraízan en ese pasado luminoso occidental, nos revelan la esencialidad de lo cubano mediante unos fundamentos que hoy se quieren atacar desde el afuera: la familia, lo identitario, lo criollo. Y en tales bases suelen surgir nuestros mejores momentos como país, cuando nos unimos por encima de las diferencias para proteger a ese hermano, hijo, amigo, pues su sonido espiritual es tan cubano como el nuestro. La enseñanza de José Cemí, a lo largo de las páginas, más que aprehender una técnica para la poesía, avanza en el terreno denso y vital de la cultura cubana, siendo él, al cabo, un maestro de sí mismo. Porque Cuba extrae ese poder de su propia savia, de los cemíes del pasado.

Tales virtudes, presentes a lo largo de la cultura, nos defienden como vacuna de lo que vendrá: un universo donde las plataformas informativas ya no son siquiera propiedad de Estados, sino que, privatizadas, responden a una élite, especie de gobierno profundo, que necesita que el orden financiero, aunque vulnere los derechos naturales de la mayoría, continúe dando los dividendos de siempre. Ya lo vemos en You Tube, donde todo video que incrimine con fuerza a la élite es borrado y a su autor se le penaliza. O en Facebook, con fuertes vínculos con quienes manejan el Big Data en los resultados de procesos eleccionarios, donde el fraude se basa en el conocimiento cultural, esto es de las costumbres, gustos, tendencias, comportamientos y se traza así la ingeniería social. Si Cuba abandona el cetro que ha detentado como nación occidental que se defiende y que conserva unos valores, no habrá enseñanza del arte que nos rescate luego.

Lo que veremos, ya lo avizoró José Ortega y Gasset, es una deshumanización de la creatividad, una distancia total entre el legado brillante y el presente obtuso y medieval. La ingeniería social transhumanista se propone disolver el derecho natural, sustituirlo por una arbitraria clasificación que privilegie determinados cánones de la cultura de cara al servilismo y la pasividad ante la injusta rebatiña de recursos.

En una reciente entrevista ante el diario El Mercurio de Ecuador, el periodista e investigador Daniel Estulin recordó sus tesis vertidas en el libro La trastienda de Trump, donde precisamente habla del Estado profundo detrás de las apariencias, ya que no se trata de una guerra entre naciones ni partidos, sino entre dos modelos del mismo capital. La caída del financismo en las garras de su propia estrategia, la baja en la producción mundial resultante del auge especulativo y por ende la carencia de recursos y empleos para todos, nos trae la estrategia de las élites de matarnos a una parte, la mayoría, antes  de que nos sublevemos. Del otro lado, los poderes industriales sufragan al viejo capitalismo productivo, representado en Trump y la ultraderecha conservadora y nacionalista en alza. De tal enfrentamiento entre élites, el resto del planeta es ente pasivo y víctima. Estamos en la crisis sistémica de un capital basado en la propiedad y el monopolio y no en la socialización de las riquezas y el trabajo. Pero en todo ello la cultura nos puede salvar o hundir, todo depende de cuáles cantos escuchemos: ¿los de la escuela de las artes de Grecia o los de las sirenas que quisieron ahogar a Ulises?

Para seguir siendo hombres y no convertirnos en transhumanos ni sucumbir a un mundo financiero dominado por la robótica y la ingeniería social, para que la técnica sea de nuevo arte y no mero instrumental de dominio; Cuba deberá sufragar como hasta ahora el corazón de su soberanía: la cultura y su enseñanza. No habrá quizás un cambio planetario, pues no somos nosotros quienes conspiramos en clave de hegemonía, pero cuando miren hacia acá quizás vean otras luces, las del andar de Aristóteles, en un legado que no podremos ocultar pues será parte y esencia, vida de lo que somos.