Lectores


Nácar en los dedos de los libros

Solo hay que conocer su obra para saber cuánto esplende Lisett D. Páez Cuba. Y en este esplendor no incluyo solo el talento, sino también su humanismo, su capacidad para la fe y el asombro, su infinito abrazo a la poesía de la vida cotidiana. Lisett D. Páez Cuba (Lisy para sus amigos) es una voz que, sin duda, cantará en los oídos de los lectores para dejar en ellos el recuerdo de la música de sus palabras.

cortesía de la entrevistada

¿Cuándo decidiste que la literatura iba a ser el camino que acompañaría tus pasos? ¿Por qué elegiste la literatura como vínculo de comunicación con el otro?

Desde niña siento pasión por la escritura. A los 12 años escribí un cuaderno de versos rimados que solía leer a mi abuelo paterno. Y aunque pensé optar por Filología como carrera universitaria, matriculé Derecho por razones de fatalismo geográfico: soy una pinareña que no quiso irse a estudiar a La Habana. No obstante, el deseo de escribir siempre estuvo latente en mí, hasta que en diciembre de 2019 ingresé al Taller Baragaño, de la Casa de Cultura en Pinar del Río. A partir de entonces comenzó mi era escritural.

Escogí la escritura porque es una forma de compartir las ideas que pueblan mis sueños. Reconozco que esta es mi verdadera vocación y mi refugio. Incluso, he confesado antes que el Derecho es mi esposo, el padre de mis libros, mis artículos; el hombre con el que estoy casada, mas no el amor de mi vida. Ya he advertido en ocasiones que, por suerte, el Derecho y la Poesía tienen algo en común: el poeta intenta hacer justicia a través de sus versos.

cortesía de la entrevistada

¿Cuáles son tus principales influencias creativas?

En narrativa prefiero a García Márquez, Isabel Allende, Cortázar, Galeano y Fleur Jaeggy. En poesía, aunque crecí declamando versos de Buesa, Neruda, Sor Juana y otros poetas latinoamericanos (que eran mis preferidos en la adolescencia), con más tiempo de lecturas descubrí que mi genealogía poética la he encontrado en autores como César Vallejo, Rainer María Rilke y Wislawa Szymborska. En el caso cubano, los que más han calado en mí y me llevan a un estado hipnótico resultan ser José Martí, Dulce María Loynaz y Sergio García Zamora.

¿Qué te mueve a escribir? ¿Qué, en el mundo real, te sirve de material para alimentar la ficción?

El mundo en sí mismo. Cada proceso cotidiano es mi fuente de inspiración. Estar frente al espejo desenredándome el pelo me llevó a escribir El enredo, texto con el cual empieza el poemario premiado, a través de un símil: “Escribir poesía es como desenredar un cabello húmedo…”. Asimismo, estar esperando el ómnibus una mañana para ir a la Universidad me hizo pensar en un poema como Parada de autobús, que ofrece un paralelismo metafórico con el proceso editorial, tal cual esos libros que esperan (sentados) por la publicación que ha de llegar.

Mi profesión es otro incentivo constante para escribir. El Derecho es una fuente inagotable de temas y motivos. De la influencia jurídica y de esa confrontación entre la jurista y la escritora que soy, nacieron textos como Judicatura y Abogacía, declarando mi devoción expresa por la literatura cuando escribí: “Ya no soy la abogada litigante. Soy lectora en privación de libertad. Busco un verso inocente que me salve”.

cortesía de la entrevistada

¿Cómo definirías tu estilo?

Eso mejor lo dejo a la crítica. Soy pésima para autodefinirme. Grosso modo pudiera adelantar que en narrativa me siento surrealista y en poesía, ultra romántica. Suelo tener un tono reflexivo y en ocasiones pasional. Pienso que he sido más bien una escritora emotiva con tendencia marcada a la poesía intelectiva.  

Y tu proceso creativo, ¿cómo transcurre?

La narrativa, el teatro y otros géneros (no poéticos) requieren más dedicación: sentarme en el buró de mi cuarto, estar muy concentrada, exprimir neuronas. Sin embargo, la poesía infantil y la poesía para adultos surgen más espontáneas: ideas que me invaden de repente y tengo que correr a anotarlas. A veces hasta me he levantado de madrugada con versos estructurados ya en la mente y debo escribirlos para no olvidarlos.

Una curiosidad propia es que al crear poemas generalmente empiezo por el último verso. Casi siempre es el primero que se me ocurre. Sí, empiezo los poemas al revés, de abajo hacia arriba, como si la sentencia final ya estuviera predeterminada, como si supiera de antemano a dónde quiero llegar. Y raramente termino un texto la primera vez. Como mínimo mis poemas requieren tres sesiones: las ideas repentinas sobre el papel, el pensamiento articulado para dotar de estructura lógica ese campo semántico y la revisión detallada tras la cual nace, finalmente, el poema.

cortesía de la entrevistada

A tu criterio, ¿un escritor tiene que ser necesariamente un buen lector o basta con que sea un buen intérprete de su propia realidad?

En absoluto: un buen lector. No basta con interpretar la realidad propia, necesitamos leer cómo otros la han interpretado, nutrirnos de la savia poética precedente. Justo cuando descubres que en la lectura está el secreto empiezas a avanzar como poeta. A mí, por lo menos, la lectura me contagia de escritura. En verdad mientras más leo, más quiero escribir. Es curioso porque en el poemario La de abajo constantemente defiendo esta tesis, a tal punto que declaro: “Solía devorar trozos de nácar en los dedos de los libros. Hace un tiempo dejé la tentación de onicofagia, el mero conformismo a los exergos”. Este sentido lúdico entre el proceso escritural y el nutritivo continúa más adelante cuando afirmo: “La energía que el estómago transforma en energía. La lectura que la mente transforma en escritura (…) Un desnutrido nada podría escribir”.

¿Cuál es el lugar que ocupa el escritor en el mundo contemporáneo?

A decir de García Márquez, el oficio de escritor es el más solitario del mundo. Así lo percibo yo: como un solipsista que se aísla de sí mismo para terminar acompañando las soledades ajenas. Gracias a él, “Un lector es el blanco de la refracción. Recibe toda la luz que proviene desde el fondo de una sombra”. Así también declaro en otro de mis poemas, que el escritor no trabaja propiamente para sí, porque la obra no es propiedad suya: “Pertenece a los lectores, a los más necesitados”. Por tanto, a mi juicio, el escritor tiene ante todo una función social, una especie de compañía anticipada a esas almas que necesitan recrear, resemantizar o evadir la realidad.

cortesía de la entrevistada

¿Qué tipo de colaboraciones con otros artistas te interesarían en tu vida creativa?

Me encantaría musicalizar poemas, escribir textos para canciones. Es algo que ya he sentido de manera espontánea al tatarear en voz baja canciones que se han quedado escritas en el bloc de notas de mi teléfono móvil. Me ilusiona también la idea de libros ilustrados para los poemarios infantiles que ya tengo listos; y de manera especial me llama la atención la poesía ecfrástica, tener un cuaderno propio al estilo de Los Rembrandt L’Hermitage de Fina García Marruz. Estas son algunas de las imágenes que ya me han conmovido alguna vez.

Por último, confieso otra de mis quimeras. Sueño con una Academia Cubana de Poesía. Imagino un espacio de confluencia de jóvenes de todo el país, un escenario formativo donde la escritura de poemas sea un proceso consciente y guiado por profesionales con experiencia y experticia, donde sesionen talleres frecuentes de creación y crítica literarias. A su vez, pudiera pensarse en un Centro de Estudios sobre la Poesía Cubana, dedicado por ejemplo, entre otros temas, a uno de los conceptos que hace algún tiempo aguza mis sentidos: las comunidades poéticas. De tal suerte, se brindaría la oportunidad de formación académica a aquellos que, con dificultad, avanzan desde la empiria.

cortesía de la entrevistada

Eres una autora que juega con disímiles géneros (la poesía, el teatro, la narrativa, la literatura infantil, etc.), ¿por qué te interesa cruzar esas fronteras genéricas?, ¿qué nuevas visiones otorga ese cruzamiento a tu escritura? ¿Existe algún género que no te interesa o que no te atreverías a abordar?

Nadie ama lo que no conoce. Por tanto, un primer paso para saber si algo nos interesa de verdad, es acercarnos. De ahí que las pautas creativas (orientadas en cada clase del Laboratorio de Escrituras al que pertenezco) me ayudaran a encontrarme verdaderamente como autora, a descubrir y también a desechar. Por ello confieso que me interesan las fronteras genéricas como mismo me interesan las fronteras espaciales, y que conste: adoro viajar. Toda exploración en la escritura creativa es enriquecedora, es una forma de entender los vasos comunicantes entre el verso y la prosa, lo interesante que puede resultar el empleo de una didascalia en poesía o la inserción de un poema en una obra de teatro. Y para responder a la tercera pregunta: el género con el que menos me identifico es la ciencia ficción. Honestamente es el único en el que me cuesta imaginarme.

cortesía de la entrevistada

¿Cuáles son las principales ventajas que el mundo contemporáneo le puede ofrecer a un artista, y cuáles los principales hándicaps?

¿Ventajas? Muchísimas: divulgar obras con celeridad a través de las redes sociales, publicar en cualquiera de los sitios y revistas disponibles en la web, diversificar formatos de libros digitales (Epub, audiolibros, podscats) y optar por las múltiples convocatorias de certámenes nacionales e internacionales.

¿Hándicaps? El riesgo de la publicación prematura sin la suficiente madurez literaria, la preferencia por los premios antes que por los libros valiosos, las ofertas tentadoras de “los editores caníbales”, el saldo que supone la mercantilización de la literatura: el sello del mercado por encima del sello de la calidad.

cortesía de la entrevistada

El a veces difícil recorrido de los premios literarios ha comenzado a abrir sus puertas para ti. Acabas de obtener el Premio David de Poesía en su más reciente edición. ¿Cuáles son los beneficios puntuales que un premio puede otorgarle a un autor novel como tú?

Primeramente he recibido el beneficio de la crítica especializada: pasar esa prueba de fuego que implica ser juzgada por reconocidos escritores como Rafael Acosta de Arriba, Carmen Serrano Coello y María Liliana Celorrio Zaragoza. En segundo orden, advierto la gran oportunidad de publicar mi poemario por Ediciones Unión y socializarlo en lo adelante por toda Cuba. Ahora me falta el beneficio más gratificante y a la vez el más complejo: el de ser leída por mis contemporáneos y someterme al verdadero juicio, el juicio del lector.

¿Puedes adelantarnos un poco de los temas que pueblan el imaginario de tu libro ganador del David?

El poemario La de abajo no constituye una referencia vulgar (como pudiera parecer), sino un título elegido como intertexto con la novela de la revolución mexicana Los de abajo, de Mariano Azuela. Fue un amigo filólogo y maestro zamoriano quien me ayudó a descubrir que la poética del espacio atraviesa todo el conjunto: drones que “observan como espías desde arriba los sueños que se duermen desde abajo”, un testamento conmovido porque “el espíritu del testador se eleva al cielo mientras la tierra empieza a descomponer la carne”, o aquel Hiperión que “sueña cada noche con la sola compañía de lechuzas, aunque las lechuzas no vuelen tan alto”.

El cuaderno en general ofrece una especie de paralelo entre la literatura y la vida, al exhibir binomios tales como la mujer-palabra o el amante-libro, pretextos escogidos para develar pasiones humanas a través de la escritura. Pudiera exponer temas abordados en el poemario como la lectura, la poesía, la muerte, la soledad, y a su vez motivos elegidos en su correlato, tales como la luz, una niña, la clonación, los pájaros, entre otros. Debo reconocer además una constante referencia (que abordo, a criterio de algunos, de manera sensual o erótica): la de una mujer de ciencias que es constantemente emplazada por una mujer de letras. Tal es así que uno de los poemas nació justo la noche que debía arbitrar un artículo científico, pero un hombre de papel me sedujo y terminé describiendo un servicio de lavandería a su favor; a tal punto que: “Casi amanece cuando empiezo a doblar los uniformes”.

cortesía de la entrevistada

En tu vida como artista, ¿existe algún momento significativo que haya marcado un antes o un después?

Definiría dos momentos clave en mi vida como artista. Ambos se asocian a la incursión en nuevos géneros y coincidentemente corresponden al año 2021. Justo ahora descubro que este es un año crucial en mi vida como escritora.

El primero de estos momentos data del mes de marzo, cuando llegué al “Laboratorio de Escrituras Encrucijada”. Allí te conocí (vía WhatsApp), Elaine Vilar Madruga, a ti que hoy tienes la dualidad de profesora y entrevistadora. Fue así que, al cumplir los ejercicios de tarea semanales, empecé a diversificar mi producción literaria más allá de la poesía: me abalancé sobre el teatro, la crónica, e incluso la novela, que para algunos es el gran amor de los escritores. El Laboratorio representa en mi caso una gran escuela y a la vez un fraterno equipo de amigos, una suerte de complicidad lírica.

El otro punto de inflexión en mi vida como escritora lo ubico en octubre de 2021, cuando me acerqué a la obra de Sergio García Zamora. Leer La Canción del Crucificado, Los conspiradores, Los uniformes, Diario del buen recluso y Los maniquíes enfermos, cambió mi forma de sentir y de entender la poesía. Inclusive, confieso que anteriormente yo solo había escrito verso rimado; de hecho, me creía incapaz de hacer verso libre o prosa poética. Sin embargo, al leer y estudiar a Sergio me animé por estas nuevas formas y sobre todo por esa especie de poesía con ingenio que él logra de manera excepcional. Pudiera decir que en este poeta del centro de la Isla encontré mi verdadera serendipia literaria.

¿Cuál es el libro que te falta por escribir?

A título personal tengo pendiente “La historia de mi infancia”, los relatos de la niña que soñaba ser bailarina, daba clases a sus muñecas guiada por un atlas de Geografía y pasaba noches en un portal junto a su abuelo paterno, esperando ver las lechuzas en el tejado.

A título profesional me falta incursionar en un libro de ensayos. Como investigadora de Ciencias Sociales es una deuda que tengo conmigo misma, algo que en verdad me llama la atención y creo poder asumir sin grandes pesares.

¿Cuál es el libro que ya has escrito y que sientes que aún no le ha llegado su tiempo?

“El hombre sin ombligo” es un libro que terminé desde 2017. Es un poemario autobiográfico y esa es la razón por la cual aún no me animo a compartirlo. Además, es un texto muy incipiente, un cuaderno escrito en verso rimado, dividido en dos capítulos que no rebasan los 60 poemas. Quizás lo publique algún día, siempre alegando la ingenuidad de haberlo escrito como una poeta novel.

¿Qué libro preferirías nunca escribir?

La profecía de mi muerte o un libro por encargo.

Más allá de la página en blanco, ¿quién es Lisy?

Una niña consentida en casa y, paradójicamente, una consagrada Vicedecana en la Universidad. La profesora de Derecho que alterna sesiones con la escritora sentipensante. Ambas viven dentro de mí. Y de todas las mujeres que me habitan, la que más me domina es aquella que tiene una gran fe en Dios, esa que suele repetirle con frecuencia a sus amigos: “El cielo gobierna”.


Una mujer que se desnuda ante la realidad imperfecta

Anisley Fernández Díaz es la poeta salvaje, la niña terrible que juega entre los versos, la mujer desnuda en las metafóricas calles de una ciudad en vilo. Se abre paso en el mundo a golpe de poesía limpia. Cuando se dialoga con ella, a pesar de la distancia, se siente el aroma de algunas palabras indispensables.

En la escritura, en la creación, ¿qué consideras sea esencial o indispensable?

El escritor debe ser egoísta consigo mismo en cuanto a exigencia, transparencia y sentir. Hay que replantearse constantemente el «yo sensorial», el «yo biopsicosocial» porque la vida consiste en movimiento. Todo se mueve, se trastoca, muta, evoluciona. En la literatura de hoy día no es diferente. Ese completo desorden de todos los sentidos debe ser una máxima, o la rebelión al mirar la rosa hasta que se pulvericen los ojos, nos diría Rimbaud, el poeta maldito que revolucionó su tiempo.

fotos cortesía de la entrevistada

¿Consideras la poesía el epicentro de tu vida creativa?

Muchos escritores de la «generación de oro» observan a los poetas noveles como un insumo más de la actual «generación androide» o «de la Internet». En cambio yo me cuestiono diariamente el funcionamiento y accionar de los talleres literarios, los concursos y las editoriales en Cuba. ¡Y ese antagonismo también es poesía! La poesía nos rodea, nos inunda en escenarios reales y ficticios, consciente o inconscientemente. Es una ironía la vida, mi poesía también. Existe un Plan Divino, una Ley de Atracción. Sería poeta de cualquier manera, hoy, antes y después. Amo la textura, el color y el olor de los libros de poesía de cualquier época. Amo tomar una hoja en blanco con ese impulso divino que nos lleva al clímax más visceral, más sentido.

¿Cómo descubres la vocación hacia la literatura?

No sé explicarlo. Puedo decirte que con tres años les declamaba a mis vecinos los Versos Sencillos de José Martí. A los 10, construí muchos poemas rimados, cada uno con un dibujo, mientras mi infancia transcurría en el coro de Belkidia López Fundora, y más tarde en la Escuela Provincial de Arte «Benny Moré», en mi querida Cienfuegos: moraba junto a mis cuadernos de música otra libreta con apuntes personales y frases de autores. Creo que fue mi profesor de Español Literatura del pre, Tomás Aparicio, quien me descubrió. Yo le enseñaba mis textos (sin la más remota idea de lo que escribía) y él sonreía, me decía «la erótica» y que debía estudiar Periodismo. Me dio además el norte amigo que diagnosticó lo que en aquel entonces era una prosa poética: Jesús Candelario Alvarado, gran poeta y narrador cienfueguero.

fotos cortesía de la entrevistada

¿Tiene la literatura/la poesía la capacidad de transformar lo real, en lo micro o lo macro?

Siempre. Hay una triada de oficios indisoluble en toda creación artística: poeta/pintor/escultor. Yo la extendería a una cuarteta con la parte musical que le corresponde a la poesía. Y a la coraza del humanismo. Somos artífices todos los seres humanos pero no todos somos artistas. El escritor/poeta es un restaurador (pintor o escultor) que talla, pule, perfila, acomoda, ensancha, embellece, limpia y ordena desde la espiritualidad una hoja en blanco hasta convertirla en una obra de arte. Desde la intención de tomar la hoja hasta la cumbre de la realización hay un proceso mágico que llegó a deslumbrar al mismísimo psicoanálisis freudiano. Un escritor/poeta es un ente creador de mundos (de lo macro y lo micro). Desde la especialidad que estudié como médico, lo macro es el órgano, pieza fresca evidente, normal o patológica. Y lo micro es la imagen al microscopio en toda su gama multiforme y multicolor de procesos y estructuras increíbles. Lo macro se expande sobre la base de lo conocido. Lo micro, a mi entender, consume la abstracción y responde a lo macro pues deviene en el don de la imaginación, en el juego de las invenciones que pretende convencer y hechizar al lector.

Para llegar a ese lector que mencionas, ¿cuáles son tus principales herramientas?

La intriga y lo confesional: puedo moverme en ambos límites, pero con ironía. El escándalo poético desde cualquier temática. El erotismo. La sátira. Casi siempre pretendo engañarlo o jugar con su imaginación. Pasar inadvertida, impredecible, o semi dicha. Este tipo de escritura me apasiona.

fotos cortesía de la entrevistada

¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Existe alguna singularidad de él que puedas contarnos?

Me sucede algo muy eruptivo, como si la fibra cardíaca se abriera literalmente o me saliera un repentino «rash encefálico». Mi mente se torna muy revolucionaria: me llegan palabras muy rebeldes, como desobedientes, desde lugares mágicos, incluso términos que desconozco y tienen que salir. Cuando voy al diccionario… ¡funciona! ¡Eran esas las palabras que iban justo ahí!

Cuando dialogas con escrituras previas a la tuya, por ejemplo, con los clásicos de todos los tiempos, ¿de qué manera te acercas a ellos? ¿Hay que desmitificar a los clásicos para poder tocarlos? ¿El respeto hacia lo creado anteriormente es un freno o sirve como motor de impulso?

Respeto bastante a los llamados «clásicos u obras clásicas» aunque no soy asidua a lecturas volumétricas. Respeto a los escritores de todo tipo y época. Tú y yo podríamos ser «las clásicas» en el siglo XXX y está bien. No creo, por tanto, en los frenos. Todo tiempo es valioso, difícil y limitado. Todo buen escritor siempre tendrá algo que decir y no pasará sin dejarnos algo: por pequeño que sea, es lo mejor que pudo dar.

¿Cómo valoras la competitividad en el plano artístico: un mal necesario, un bien necesario?

Es parte del proceso creativo. Hay demasiada selectividad y jueces por doquier: ojos, lenguas, manos… Lo importante es superarnos, crecer, divertirnos y divertir. Perdonarnos y perdonar. Ofrecer el espacio oportuno al talento de cualquier edad, al estudio, al trabajo en equipo. Transformar la idea de los concursos en espacios para aprender y compartir me resulta más necesario y provechoso que lanzarse al estrés de los concursos inventados por «algo» o «alguien» para la estratificación de los autores, como si fueran clases sociales. Quisiera que los autores regalaran sus libros. Leonardo da Vinci murió y La Gioconda es prácticamente invaluable. Los buenos libros deberían ser así, sagrados.

fotos cortesía de la entrevistada

¿Sientes que los premios transforman, por necesidad, la vida de los creadores que los reciben?

Ciertamente, los premios marcan un estatus, un mejoramiento, e incluso ciertos poderes, pero no definen el talento o conocimiento de un creador. La personalidad polimorfa de los jurados que otorgan influye más en ese sentido. Depende del creador en cuestión: puede disfrutar el premio consciente de su esfuerzo y labor o puede disfrutarlo engañado de sí mismo.

¿Qué resulta, a tu criterio, lo más interesante de la creación joven en estos momentos?

Es interesante la tendencia a replicar un estilo, un esquema de brevedad y concisión, cuando los libros actuales de teoría abogan por que no existen reglas absolutas al escribir. Sin embargo, hay jóvenes (me incluyo) que descartan estos patrones de procedencia más bien editorial y defienden su poema/borrador, se resisten a eliminar palabras, continúan seducidos por el lenguaje coloquial y de alguna manera lo preservan. Esto nos da autonomía, una voz propia y que pretende conservar aún la creatividad. No hay por qué «recortar» un poema. ¿Acaso puede recortarse una canción, un cuadro? El arte es belleza. La belleza es muy libre ante el ojo apreciador, pero será arte cuando se combinan talento y la más sincera introspección del artista.

Si tuvieras que definir tu poesía en pocas palabras, ¿cuáles eligirías?

Lo haría precisamente como en «METAPOIESIS», poema ganador en los Juegos Florales Cienfuegos 2021:

«La noche, el mar, mi cuerpo/

y en mi mano un licor, un pan mohoso, un cigarro/ es mi poema…»

fotos cortesía de la entrevistada

¿Qué palabra te parece la más poética del mundo?

El primer nombre de mi hijo: ¡Allen!

En tu poesía, ¿cuáles temas viajan a bordo?

Me fascinan las metáforas sensoriales, esas que erizan la piel. Trato de sentirlas desde temas como el amor/ desamor/ erotismo, vinculando imágenes de la naturaleza y términos médicos. Tengo un cuaderno en construcción que también refleja la mujer que soy, la mujer cubana de estos tiempos bajo el influjo de la violencia doméstica y psicológica. Desde lo confesional suelo ser la erótica o la niña maldita. A veces «una anciana frágil/ una anciana que observó las calles reciclando las energías…”

Más allá de la página en blanco, ¿quién es Anisley?

Anisley se promete salvaje, como diría una amiga. Es la mujer que se desnuda ante su realidad imperfecta. Madre soltera, dolida por las leyes y estigmas de la sociedad y el tiempo que vive. Dramática, intensa, coqueta. Es la mujer que pretende más que trascender dejar una noción de su voz, su escritura muscular, el olor de su cuerpo por alguna calle de la isla que conduzca al mar.


“El arte de escribir es un salvavidas para muchos”

Jackeline Rojas A. escribe desde la soledad y el silencio, pero también desde el bullicio de las calles donde encuentra material para sus historias. En su creación se mezclan la poesía, la narrativa y la crónica: así construye ese acto imprescindible en la existencia humana que es el arte de la comunicación con los lectores. Esta entrevista es una invitación a conocer la obra de esta autora novel que, sin duda, establece puentes de conexiones visibles entre su realidad y la del público.

¿Cómo nace en ti la inclinación hacia el mundo de la palabra? ¿Por qué elegiste la literatura?

Desde pequeña me gustó leer, y disfrutaba mucho las sesiones de biblioteca que estaban incluidas en el programa escolar. Aún recuerdo a mi primera bibliotecaria, América, quien tenía tal magia al contar fragmentos de libros que era casi imposible salir de la biblioteca sin haberte leído al menos un pasaje. En mi casa también recibí libros: regalos preciados que he cuidado con mucho cariño hasta el día de hoy. No creo que yo haya escogido a la literatura; ella me escogió a mí. Desde la infancia, sin darme cuenta, he estado garabateando ideas y sentimientos en un papel.

¿Cómo definirías tu estilo?

No soy amante de los encasillamientos y clasificaciones, porque creo que limitan la visión que el público pueda tener sobre el artista. Pero si he de responder a la pregunta diría que soy de una autora que posee un estilo elegante y sobrio en ocasiones.

En tu proceso creativo, ¿optas por la rutina, por los ritos o por la improvisación? ¿Puedes hablarnos más de cómo transcurre dicho proceso?

Adoro escribir en las mañanas, bien temprano, antes de que salga el sol. Disfruto el silencio y el susurro de la naturaleza que despierta lentamente. Prendo una vela y después de unos minutos de meditación estoy lista para llenar la página en blanco. En muchas ocasiones me hago acompañar de música instrumental, la cual selecciono según el tema sobre el que voy a escribir.

¿Sientes que la literatura rinde más frutos cuando hay un método de trabajo que la dirige o apuestas por la libertad creativa en su más amplio registro?

He aprendido que sin metodología y organización el camino se hace más difícil. En mi caso, antes de desarrollar una metodología, yo escribía unas veces más que otras, pero no creo que fuera muy regular. Sin embargo, desde que comencé en Laboratorio de Escrituras “Encrucijada” soy mucho más disciplinada y he podido afrontar retos en diferentes géneros que jamás pensé abordar anteriormente.

¿Cómo le das vida al hijo-libro? ¿Sientes una relación maternal con las historias que creas?

Por supuesto, mis historias tienen una parte esencial de mí o me han sido cercanas. Darle vida al hijo-libro es un proceso que disfruto mucho, incluso llego a tener palpitaciones en disímiles momentos del proceso. Existe también un proceso de investigación que adoro porque es como nutrir tu alma y llenarla de diferentes elementos. Mi relación personal con las historias es estrecha, pero a la vez que doy a luz, dejo ir a mi hijo-libro, que sea libre y recorra otros caminos.

Eres una autora que se mueve en diferentes registros y géneros literarios, ¿crees que ese eclecticismo creativo le aporta al proceso escritural del autor?

En mi experiencia, le aporta muchísimo, porque este eclecticismo te hace buscar otros lenguajes, otras visiones para que tu obra no se haga repetitiva, incluso te permite ponerte en la piel de diferentes actantes, imaginar diversas situaciones que, de encasillarse en un solo género, con probabilidad nunca explorarías.  

Para un autor novel, ¿cuán difícil es abrirse paso en la selva de las palabras?

Es muy difícil. Hay todo un entramado preestablecido que a veces, y aunque lo desees con pasión, no te permite llegar a las puertas correctas. O tu trabajo no cae en las manos apropiadas y se duerme entre otros manuscritos. Pero no por eso hay que abandonar; al contrario, no debemos dejar de perseverar.

¿Dónde encuentras material para escribir tus historias?

Me encanta escuchar a las personas cuando camino por la calle, cuando se acercan a ti sin conocerte y te cuentan su vida. A veces simplemente escucho. Me alimento de todo lo que se mueve a mi alrededor y hasta de lo que no se mueve. Encontrarme una ceiba en el medio del campo puede tener una importancia vital para mí. Cuando observo su forma, las ramas, su majestuosidad, estas me hablan tanto como una persona.

En los tiempos que corren, ¿quién es el escritor?, ¿qué lugar tiene en el mundo? ¿Existe salvación en el acto creativo?

El escritor es un mensajero. En estos tiempos convulsos, llenos de apatía y desesperanza en ocasiones, el arte de escribir es un salvavidas para muchos y un acto de esperanzas para otros. Un poema puede cambiar la percepción de un hecho, te sientas identificado o no con este. Crear es imprescindible para la existencia humana. Es el enorme porciento de espiritualidad y de amor que debe seguir acompañando nuestras vidas. No debemos renunciar al gozo y el asombro que puede provocarnos la más mínima brizna de arte.

¿Quiénes son tus principales referentes creativos?

Me nutro de los clásicos y también de los contemporáneos. No tengo un referente en particular, porque temo caer en la influencia indirecta que puedes recibir cuando lees mucho del mismo autor. No obstante, si lees, si contemplas obras de arte en una galería o vas por la calle andando, de alguna manera tu obra va estar influenciada por ese fluir de la vida.

Ser mujer, negra, madre y cubana, ¿define tu escritura? ¿Son la racialidad y lo femenino temas que directamente impactan en tu creación?

Por supuesto que define mi escritura. Mi poesía no es la misma desde que soy madre. Y sí, el hecho de ser afrodescendiente y vivir en una isla me hace ver la escasez de personajes en la literatura nacional que sean como yo, y entender incluso que los estereotipos con respecto a personas negras se perpetúan aun hoy: por eso he decidido crear personajes que dejen una huella, que se conviertan en héroes negros con valores, virtudes y, por supuesto, defectos.

¿Hasta qué punto la literatura tiene el deber de impactar o cambiar la realidad? ¿Debe acaso apostar por otro camino u otras rutas de sentido?

En esta realidad tan ausente de asideros y de rumbo, pienso que la literatura es una fuente de cambio que debe apuntar a ganar, para influir positivamente en un mundo tan bombardeado de informaciones superfluas. Sí, la literatura no debe aislarse de otras manifestaciones artísticas; al contrario, debe estar siempre en juego con ellas para poder llegar de una manera u otra a más público y no quedarse anquilosada en viejas estructuras.

¿Qué, a tu criterio, es esencial para que un texto literario tenga calidad y llegue a los lectores?

A veces la calidad no va de la mano junto al éxito literario, pero considero que un texto debe ser escrito con el alma y sin grandes pretensiones de fondo. Si es bueno, ese texto solo se abrirá camino en el complejo mundo de las letras. No puedo dejar de mencionar que el trabajo editorial es importantísimo. No debemos conformarnos, sino intentar llegar siempre a lo más alto de nuestra escritura.

Más allá de la página en blanco, ¿quién es Jackeline Rojas A.?

Soy una mujer muy espiritual que adora escribir, estoy llena de sueños. Me encanta reír y pasar bellos momentos. Detesto la rutina. Adoro caminar. La vida cultural es parte esencial en mi vida: ir al teatro, disfrutar de un concierto en la salita del Museo de Bellas Artes, ir de la mano de mi pareja mientras contemplo el mar. Considero que disfruto tanto el pasar tiempo con mi familia como el silencio sonoro de una mañana.


La poesía es «la respuesta a la finitud de lo humano»

El rostro de Yenys Laura Prieto no es desconocido. Desde la televisión, esta joven periodista ha promocionado a buena parte de una generación creativa. Puede incluso que algunos no sepan que Yenys Laura es también poeta (una de las buenas, de aquellas que vale la pena leer). En cualquiera de sus áreas de pensamiento y creación, ella deja un trazo, una historia, una respuesta a la finitud maravillosa de lo humano.

tomada del perfil de facebook de Yenys Laura Prieto

¿Por qué escribir poesía en los tiempos que corren? ¿Crees que la poesía juega un verdadero papel, al menos simbólico, en el mundo?

La poesía ha contado la historia del hombre desde sus propios orígenes. Está entre nosotros, incluso antes de que pudiéramos nombrarla. Existe como respuesta a la finitud de lo humano, a nuestra propia vulnerabilidad como especie. En el despertar de la humanidad, la poesía nos sirvió de vínculo con el mundo místico, nos acompañó en la domesticación de la naturaleza y fuimos poniendo sobre ella la incertidumbre que emanaba de ese proceso exploratorio. La palabra y de modo especial, la palabra poética, es parte de un tejido que nos conecta más allá de cualquier época histórica. No es posible pensar un mundo sin poesía porque tenemos muy pocas certezas. Sentimos, como nunca antes, ese miedo ancestral de contrastar nuestros límites con la vastedad del universo; de sabernos unidos en la fragilidad. Escribo poesía porque tengo muchas preguntas que no podré responder y solo la memoria poética, la memoria de los afectos, atenúa los horrores de ese umbral.

¿En qué punto de tu creación se entroncan los saberes provenientes del periodismo y la comunicación? ¿Crees que la poesía te conecta de particular manera con el mundo del periodismo?

Estudiar periodismo me ayudó a entrenar la mirada. Contar una historia, escribir un poema o una crónica periodística implica una parcelación de lo real. Es también elegir un punto de vista, un tono, una voz desde la cual urdirla. El periodismo debe ser veraz mientras que la literatura de ficción requiere el don de la verosimilitud. El lector es intransigente en ambos casos. Los estudios de comunicación me ofrecen herramientas para decodificar la realidad, para entender mejor el artesanado de los sistemas políticos y sociales, del arte mismo. La poesía es la expresión sensible de ese mundo que filtro a través del conocimiento.

Has prestado especial atención en tu labor como periodista al trabajo de tus contemporáneos y a promocionar esos cuerpos artísticos menos conocidos, quizás debido a una cuestión de edades biológicas. ¿Por qué tu interés en la creación joven?

Como periodista me interesa conocer el entorno creativo que me rodea. Me resulta curioso el modo en que distintas subjetividades dialogan con el mismo espacio físico, histórico y cultural, desde la literatura. Hay ciertas lógicas que solo pueden comprenderse a través del contexto donde se produce la obra artística. Descubrir esas leyes básicas ha sido importante para desentrañar otras poéticas y autores, según su propio escenario histórico. He leído a mis contemporáneos con esa curiosidad que te comentaba. El modo en que se infiltra la realidad es siempre sorprendente.

Como poeta has obtenido al menos dos de los más importantes premios para jóvenes en Cuba, el David y el Pinos Nuevos. ¿Hasta qué punto condicionan los premios la escritura de nuevos poemarios? Más allá de la estrategia promocional, ¿el circuito de los premios y su promoción son esenciales para la vida de un autor?

Un autor solo necesita a sus lectores. Lo demás son andamiajes que acompañan al oficio y que no son centrales en él. En mi caso, he sentido poco el peso de los premios. No me interesa escribir para un concurso específico porque es una trampa de espejos: puedes terminar siendo parte de una multitud deformada, con un reflejo ajeno y falseado. Lo único que condiciona la escritura es mi experiencia de vida. Lo que aprendo es muy valioso en ese proceso.

Los premios representan una llamada de atención, la posibilidad de concretar un camino iniciado hace varios años; sin dudas, una alegría breve que he intentado no contaminar con vanidad. Han sido una brecha para que la obra pueda llegar al espacio editorial y seguir su viaje hacia el lector.

tomada del perfil de facebook de Yenys Laura Prieto

¿Es posible definir un poeta?, ¿cuál sería tu definición personal?

No creo que el poeta sea un ser especial o distinto. No considero que la poesía se relacione con la “languidez”, con la “pureza”, la “divinidad”, ni con su contraparte. Un poeta no debe aspirar a “parecer” poeta, sino a serlo. Eso solo lo demuestra la obra. Los poetas son seres cotidianos. No me gusta generalizar pero creo que en la base de toda creación hay una búsqueda, un sentido de lo incompleto. Si hay que definir al poeta diría que es un ilusionista, un trashumante, un gran inconforme.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Cómo piensas la estructura o arquitectura de un libro de poemas?

El proceso comienza siempre en otra parte. Las ideas para un libro pueden emanar del encuentro con otras artes, la música, el cine, las artes visuales, incluso de la lectura de otros textos. Pero también de la vida. Pulsar la realidad me interesa, trastocarla, desarmarla, reconocer sus camuflajes. Tengo avidez de mundos y de sensaciones. Le debo mucho a la intuición, al estudio, al placer de reconocer mi individualidad y tratar de expresarla a través del verso. Cada libro se ha desatado en torno a un núcleo temático. Se contrae o expande en función de lo que quiero comunicar. No me interesa escribir desde el descentramiento. Casi siempre me alumbran las contradicciones que pueden emerger de mi propia precariedad.

Como lectora, ¿cuáles son los libros que buscas?

Me interesa todo lo viviente. Una obra viva es aquella que reverbera, que no termina en la página final. Esas ebulliciones me definen. Cuando un pasaje, una idea o un verso se quedan adentro, destilando, entonces ahí sucedió algo poderoso. Me concierne lo corrosivo como sino poético. Todo poema, con el tiempo, es una elegía, lo dijo Borges y yo le creo.

tomada del perfil de facebook de Yenys Laura Prieto

¿Intentas más adelante emular con ese criterio de calidad que has encontrado en la obra ajena?

Es difícil emular con lo que admiras. No aspiro a tanto. Pero pienso que en el poema debe haber algún tipo de rompimiento interior. Creo que es el sentido de la poesía. Las influencias existen y todos somos parte de un palimpsesto universal. Lo que nos marca es el modo en que interactuamos con esos residuos. He tratado de encontrar, a través de ellos, mis propias preguntas.

En el arte, ¿qué consideras tú que sea esencial o indispensable?

Para mí es esencial la emoción. Una obra de arte te desborda desde la zozobra o la plenitud, pero siempre debe provocar un alumbramiento. Si algo no estalla, si algo no se mueve de sitio, si no cae alguna certeza o dialogamos con un nuevo conocimiento, entonces es una obra fallida.

En tu obra poética ¿qué temas te ocupan? ¿Sientes que tu poesía ha mutado con el paso de los años?

Cada cuaderno ha significado un punto de giro, ha marcado un cierre en cuanto al artesanado y lo que quiero comunicar. Mi escritura es todavía porosa, una señal que me agrada, porque está moviéndose hacia un sitio de mayor soltura y autonomía, encontrando su modo más auténtico de ser. Cada libro nuevo se me parece más. La muerte, la soledad, el miedo son pulsiones que acompañan mi obra. Antes fue la isla, la casa, el mar, la historia. Ahora quiero escapar de esos lugares. Deseo hablar del modo en que la poesía construye memorias, de su resistencia contra el tiempo.

¿Cómo piensas a Yenys Laura Prieto, poeta, en una década hacia el futuro?

Ahora mismo estoy trabajado en varios proyectos literarios que me emocionan. He decidido apostar por la escritura quitando todo lo accesorio, desbrozando el camino, centrándome en nuevos aprendizajes. Dejé atrás una labor de muchos años como periodista de televisión para iniciar un punto de giro en mi vida. Esa sensación de abandonar el amnios es impactante. Quiero profundizar en el lenguaje, en sus procesos. Diez años después es posible que mis versos estén allí, acompañándome, pero con otra velocidad. Solo sé que no aspiro a la rigidez o la fijeza.

¿Cómo defines y abordas lo íntimo en la poesía?, ¿hasta qué punto te guía esa pulsión?

Todas las luchas, las emancipaciones, incluso las violencias, comienzan en el espacio íntimo. No hay discurso estético o político que no se haya trazado primero desde ese contexto. Puede ser el mayor entorno de libertad o de sometimiento. Lo íntimo es un constructo cultural que me interesa abordar. Cada vez es más evidente el triunfo de los microrrelatos, la historia contada desde la visión personal, la resignificación de esas narrativas que la gran historia había ocultado. Pienso, por ejemplo, en el impacto de una obra como la de Adrienne Rich: Las cartografías del silencio solo se pueden descifrar desde lo íntimo. Me atañe lo no nombrado, lo encubierto, lo marginado, lo que no alcanza el ojo público.

¿Existe, en realidad una crisis de la poesía? ¿Se perciben los síntomas de dicha crisis en las propias poéticas de los autores? ¿La sientes tú?

Puede haber una crisis de la industria del libro pero no de la escritura poética. La supuesta crisis de la poesía se ubica casi siempre a partir del desinterés de los lectores por los cuadernos de poesía, lo cual es una secuela de la decadencia de los sistemas educativos y de otros factores económicos y políticos. Te puedo mencionar a autores contemporáneos muy valiosos con una obra viva. Están ahí Anne Carson y Fabián Casas, dos escritores de diferentes lenguas, que admiro. Hay una crisis estructural mayor, una crisis económica y simbólica de los paradigmas de la racionalidad occidental, pero no es algo nuevo. A partir del auge de las redes sociales, la poesía tiene el reto de seguir siendo. Existe distintos formatos y soportes, también una mayor capacidad para difundirla; pero ante todo la poesía tiene que conservar su esencia.

¿Qué resulta, a tu criterio, lo más interesante de la creación joven en estos momentos?

Lo más interesante es que muchos nos hemos percatado de que el concepto de generación es ahora mismo un espejismo, un ardid comercial. En un contexto marcado por la fragmentación no es posible hablar de un camino común, no es posible ni pertinente. No nos interesa el coro perfectamente ensamblado sino la asincronía. En ese conjunto hay voces vigorosas, desafinadas, estridentes, ensimismadas, verticales. Todas con el derecho de aportar su propia textura. Sin embargo, cada vez creo menos en las demarcaciones rígidas de lo nacional, en la exploración infinita de la roca y la isla. Como lectora me ha agotado el ardor tropical. Cada vez creo menos en los rótulos de la autoctonía. Quiero encontrar el mundo, mover las fronteras de la patria hacia el lenguaje.

tomada del perfil de facebook de Yenys Laura Prieto

Círculos de muertes y obsesiones: Nuevos versos de Liudmila Quincoses

Si tuviera que distinguir de forma sintética los dos realces más importantes de este libro, Antología de la poesía oral-traumática y tanática de Liudmila Quincoses, diría que son los círculos y las obsesiones –entiéndase pulsiones– de la muerte como principio del placer o como una forma de volver a su estado inanimado y pre-orgánico, claro, a través de diferentes maneras.

En la poesía de autoras cubanas actuales la muerte puede traducirse no como el fin de la vida, sino como el silencio, la posibilidad de superar una realidad que produce hastío, inconformidad, rechazo; y por ello mismo debe ser resistida, contestada. He aquí entonces que esta antología viene a insertarse en lo que ahora mismo se concibe estéticamente en el discurso ideoestético de la poesía escrita por mujeres más inmediata.

La Antología de la poesía oral-traumática y tanática de Liudmila Quincoses está estructurada en cuatro partes: Punción, Veneno, Decapitación y Tánatos. Todos constituyen círculos que van redondeando –y unificando cual órbitas que parten y llegan al mismo lugar perfecta y perpetuamente– las experiencias de los sujetos lírico alrededor de la muerte. Aquí la autodestrucción del sujeto lírico está motivada por la mutilación y la violencia sobre el cuerpo para marcarlo desde el principio del placer como signo de vida-dolor-muerte. Esto genera entonces que la muerte y la vida estén asociadas de manera unívoca y permanente como existencia sin fronteras que las concreten.

Tanto la autodestrucción como la proyección poética de lo abyecto –representadas en los vínculos dinámicos, complejos, paradójicos, entre la vida y la muerte cuando es esta la encargada de proyectar las pulsiones vitales desde el acto erótico de apropiarse un cuerpo– se convierte en una estrategia de resistencia, donde el cuerpo físico se escribe desde su nulidad por la muerte, y la vida pasa a formar parte de las representaciones, imágenes y experiencias que se describen, con una fuerte tendencia a la abyección. Ello me recuerda la opinión del pensador francés George Bataille, quien relacionó lo abyecto con la imposibilidad de asumir con fuerza suficiente el imperativo que necesariamente genera todo orden social. Otra teórica, Julia Kristeva, coincidió con él cuando afirmó: «No es por lo tanto la ausencia de limpieza o salud lo que lo vuelve abyecto, sino aquello que perturba una identidad, un sistema, un orden. Aquello que no respeta los límites, los lugares, las reglas» (Kristeva, 1988: 11). Para el cubano Alberto Abreu Arcia en ese caso hay que hablar de una estetización de lo abyecto, de todo objeto contaminante que, desde fuera, amenaza con destruir o erosionar la identidad sexual y social del individuo (Abreu, 2007: 41).

Liudmila Inés Quincoses Clavelo: Poetisa, narradora, editora y periodista espirituana. En el año 2000 refundó, junto a Julio Neira (artista plástico), el proyecto alternativo Escribanía Dollz, que incluye la escritura de cartas de amor, exposiciones de pintura y la promoción de la obra de escritores jóvenes.

El empleo de lo abyecto en la Antología de la poesía oral-traumática y tanática de Liudmila Quincoses responde al imperativo de proyectar resistencia, de dinamitar o anular el orden simbólico tradicional y sus convenciones identitarias, a través de la poetización de cuerpos y la descripción de escenas, ambientes, personajes, experiencias tendientes a provocar repulsión, autodestrucción, o, sencillamente, una quietud, una inmovilidad que se traduce como ausencia del Otro, pero también como dinámica del ser y del existir.  

Celebro, entonces, la presencia de esta antología, única en la poesía espirituana, por su notable capacidad de hacer confluir círculos y obsesiones de muerte donde se unen autodestrucción, abyección, inexistencia, repulsión, en fin, voces, imágenes y comportamientos discursivos diferentes. Con este poemario de Liudmila Quincoses podemos visitar una poesía sustentada sobre los cimientos de una nueva lógica en su obra, un nuevo orden simbólico que humaniza lo deshumanizado; donde la muerte es productora de vida y de trascendencia.

Los poemas de la Antología de la poesía oral-traumática y tanática de Liudmila Quincoses nos presentan la muerte transformada en vida. Y en este cambio se revierte lo absurdo de esa lógica indicadora de que toda vida debe terminar necesariamente con la muerte. Se trata de anular la angustia existencial inculcada desde el desarrollo humano ante la consideración de la muerte no solo como un hecho sino como un proceso; y de recuperar los fundamentos pitagóricos que luego inspiraron a Platón para entenderla como la liberación del alma de la cárcel corporal, el juego ilusorio, dialéctico, paradójico, donde las entidades se asumen como discursantes. Este juego le ha permitido a la autora y nos permite a nosotros, lectores, contestar aquello que produce hastío, nulidad, inconformidad, más allá de la propia vida, la muerte o la tan ansiada resurrección.


«Todo está en la mente de los lectores»

Es una persona entrañable. Y, además, uno de los escritores más prolíferos y maravillosos de nuestra pequeña isla literaria. Eldys Baratute sabe que su camino está señalado por la palabra escrita, por su zozobra y su felicidad infinitas, y es fiel a este viaje. La niña que soy, la niña que fui, lo acompaña. Esa misma niña curiosa que hoy le hace estas preguntas…

En tus obras existe, a modo de guiños hacia tus lectores, el trabajo con referentes que provienen del mundo de la Historia, la música, el cine, el arte en general. ¿Hasta qué punto te interesa la investigación de estos referentes y cuál es el papel que le concedes a la investigación a la hora de escribir literatura infantil y juvenil (LIJ)?

Respeto mucho la tradición de literatura para niños, adolescentes y jóvenes que existe en el mundo, e incluso en Cuba; por eso creo que cada tema a tratar, cada libro que se escriba, no importa del género que sea, lleva, primero, una necesidad real del autor de mostrar su verdad y, segundo, una profunda investigación para brindar todas las aristas posibles y que el lector puede tener su propia lectura. Para eso es imprescindible conocer los referentes, el contexto, los antecedentes y tener clara la caracterización psicológica de los personajes.

Yo, además, soy un autor muy referencial, trato de mostrar a los lectores elementos de arte, la literatura, la Historia. Que se queden con lo emotivo de la historia y que además incorporen a su vida ese otro conocimiento que fue importante para mi formación estética. Es una especie de regalo que les hago a los lectores. Aunque siempre trato de que ese referente no sea impuesto, sino que el lector se sorprenda al descubrirlo.

Eres, sin dudas, uno de los más queridos y grandes autores en cuanto a materia de LIJ en Cuba se refiere. Y todo eso siendo, además, un autor con mucha juventud biológica por delante. ¿De qué manera vives tu papel como escritor, antologador y crítico, teniendo el conocimiento que tu literatura es ya un referente para otros creadores?

Tú definitivamente me quieres. En otra reencarnación seríamos novios. ¿Querido? Solo por la familia, los amigos y algunos lectores. ¿Grande? Nooooo. Cada vez que leo a Nersys, a Onelio, a Eliseo, me doy cuenta de que nada de lo que haga podrá superarlos. A ver, Ela, yo fui un autor precoz, quizás un poco como tú, publiqué mi primer libro con 22 años más o menos y esa precocidad me ha hecho tener una carrera acelerada, con libros valiosos y otros menos valiosos.

Fotos: Cortesía del entrevistado
Fotos: Cortesía del entrevistado

 

Quince años después de aquel primer libro te aseguro que no todo lo que he publicado tiene el valor que quisiera. Aunque también reconozco que hay algunos que me han dejado muy complacidos. Mi trabajo como antologador nace de la necesidad de promover la obra de los otros (tan imprescindible como hacer la mía); eso lo que me ha llevado también a hacer mi trabajo como crítico. Es complicado cuando además tienes que dedicarle parte de tu día a un trabajo de oficina o a promover la obra de creadores de otras manifestaciones que es básicamente lo que hecho en mi vida laboral, a hacer de jurado, lector especializado de algunas editoriales, ayudar en la labores domésticas y tratar de tener una vida.

Todo eso te obliga a planificarte mejor el tiempo. A prescindir de cosas para poder dedicarte a la literatura. Yo renuncié a mi profesión de médico, a tener una vida de viajes de un país a otro, de batas blancas y palabras rebuscadas, por la promoción del libro y la lectura porque creo que con lo que hago puedo ayudar a formar mejores hombres y mujeres. Así que tengo que mantenerme fiel a eso. ¿Me leen los más jóvenes que yo, los que comienzan? Eso me alegra, sobre todo si en esa lectura encuentran la fuerza para decir su verdad, para creerse que lo que hacen puede emocionar y cambiar el mundo. Si encuentran las ganas de hacerlo mejor que yo, entonces eso me alegra.

A la hora de construir la dramaturgia de tus propios libros, ¿cómo lo haces?

Soy muy metódico, organizado, creo que no podría ser poeta por eso. Me paso mucho tiempo pensando la historia, meses, a veces años. Y cuando siento que estoy preparado investigo mucho, muchísimo, paso horas leyendo, buscando información, construyo los personajes y después, al final, la historia. Desecho una y otra cuando no siento que serán suficiente para ese personaje que las espera. No dejo de pensar en la historia que mis personajes necesitan (a veces cuando me baño, cuando miro la tv, cuando desayuno) hasta que se me ocurre esa que le pertenece a esos personajes.

Fotos: Cortesía del entrevistado
Fotos: Cortesía del entrevistado

Tu trabajo con los personajes, tanto los que provienen de tus mundos ficcionales como aquellos que rescatas de nuestra tradición histórica, es enorme. ¿Cómo armas sus vivencias y experiencias?, ¿qué te preocupa a la hora de pensar en ellos?

Me gusta construir personajes, darles vida, carne, que parezcan reales, que sean verosímiles, que los lectores sientan que son sus amigos, que comparten sus vidas. Mientras más humanos hacemos a los personajes, más posibilidad tenemos de que la historia sea creíble. Y yo necesito que se crean lo que estoy contando.

No eres el único escritor de tu familia. ¿Cómo se combina tu trabajo creativo con el de tu pareja?

Bueno… tratamos de mantener los espacios de creación separados dentro de la casa, como islas que se acercan y se alejan dentro del mar. Hay muchas otras cosas, más domésticas que compartimos. Mis libros siempre se los doy a revisar a Raúl, es mi primer editor y yo a veces reviso sus textos, pero mientras estamos creando tratamos de no inmiscuirnos uno con el otro. Ah, eso sí, si volviera a nacer no viviría con ningún escritor. Es complicado distribuir las tareas domésticas. Y cuando a los dos nos da por escribir no hay quien cocine en la casa.

Desde hace ya buen tiempo te interesa el trabajo y el rescate de nuestros referentes históricos nacionales, fundamentalmente la figura del héroe cubano, del mambí y de aquellos otros personajes, a veces sin nombre u olvidados, que acompañaron a los héroes. ¿Por qué? ¿Crees que los niños lectores de nuestro país se han acostumbrado a un modelo de héroes que nada tiene que ver con nuestras tradiciones? ¿Hasta qué punto hemos permitido los escritores que ciertos temas históricos, tal vez aquellos más enraizados a nuestros orígenes como nación, hayan sido relegados?

El héroe cubano lamentablemente se ha convertido en una frase hecha, en una figura demasiado distante del niño, sobre todo por la forma en que se lo mostramos en las aulas. Y estamos en un momento en el que nuestros niños necesitan de nuestros héroes. Por eso mi insistencia en darles un poco de humanidad, de emoción, de mostrarlos empáticos, sensibles, con una infancia como otra cualquiera. Si logramos que nuestros niños vean a los personajes de nuestra épica como seres de carne y hueso, entonces estaríamos evitando que buscaran sus referentes en súper héroes enlatados, foráneos, que poco podrán aportarle a su formación como seres humanos. Ahora, para eso debemos romper esquemas, tradiciones empantanadas y mostrar a esos hombres capaces de amar, de equivocarse, de ser valientes y al mismo tiempo tener miedos como, definitivamente, son los hombres.

Fotos: Cortesía del entrevistado
Fotos: Cortesía del entrevistado

Y sería incapaz de pensar que somos los autores los culpables de ese alejamiento entre el niño y el héroe de nuestras gestas independentistas. A los escritores nos cuesta hacerlo porque este trabajo llega investigación, lecturas, viajes interminables detrás de la historia, cotejar fuentes, entrevistar personas, pero de todas formas el problema es mucho más grande. Deben unirse muchos para revertir lo que está pasando.

Tu literatura es polémica y polisémica, y creo que esas condiciones hablan bien de la calidad de tus textos. Como escritor, ¿te molesta que en la sociedad cubana y/o en el espíritu de muchos lectores existan aún trazas que condenan como tabúes a temas que deberían ya ser entendidos como normales o comunes?

Todo está en la mente de los lectores. En su capacidad de desgranar lo que digo, lo que pretendo decir, en sus maneras de asumir este o aquella historia con prejuicios o con respeto. Si los lectores reaccionan, de la forma que sea, ya me siento complacido. No puedo pretender que todo el mundo piense igual, que la sociedad cambie de un día para otro, de que una tradición de siglos de prejuicios y exclusión desaparezca como por arte de magia. Yo escribo sobre el respeto y la inclusión, y para eso debo partir del respeto al que no le interesa la inclusión. Si con cada uno de mis libros logro transformar a un lector, un solo lector, entonces estaré haciendo algo válido.

Para ti, ¿existe aún algún tema tabú en cuanto a materia literaria se trata?

Si te dijera que hay temas tabúes estaría traicionándome a mí mismo. El tabú está en la mente de los seres humanos, en su formación, en su historia de vida, en su incapacidad de ver más allá de lo que le han obligado a ver.

¿Crees en la autocensura?

Claro, el miedo existe y la autocensura nace a causa del miedo. Yo trato de no tener ni uno ni lo otro, pero a veces también temo, como Virgilio.

¿Cuál es el papel del escritor en el mundo tan caótico que nos rodea?

Emocionar, si le arrancas una pizca de emoción al lector, entonces lo estás obligando a aferrarse a su humanidad.

La crisis de valores en los que vive no solo la sociedad cubana, sino el mundo entero, ¿influye en la literatura, en los modos en los que la producimos, la entendemos y consumimos?

El mundo con crisis o sin ella influye en la percepción que podamos tener los autores, pensar de que somos seres aislados del mundo es una tontería. No existen personas más conectadas con su contexto que nosotros, aunque querramos estar encerrados en un cuarto oscuro. Y si ese contexto influye en nosotros, entonces también influye en nuestra obra. Si yo no fuera quien soy, viviera como vivo y donde vivo, no escribiría como lo hago, probablemente sería el médico de bata blanca y palabras extrañas que algunos anhelan.

Fotos: Cortesía del entrevistado
Fotos: Cortesía del entrevistado

Fotos: Cortesía del entrevistado
Fotos: Cortesía del entrevistado


Los entresijos de la literatura

En ella se cumple el lugar común: Malena Salazar Maciá no necesita presentación alguna. Su rostro es conocido no solo entre los lectores y escritores del fantástico cubano, sino más allá de las fronteras geográficas que nos circunscriben a un universo de referencias.

En honor a la verdad, debo confesar que me he aprovechado de la amistad que nos une para hacerle responder esta entrevista. Malena aceptó, por supuesto, sin que mediaran demasiadas excusas, impelida quizás por esta distancia física que no nos permite ahora compartir café juntas, anécdotas ni películas. Sea cual sea el formato que nos sirva como (pre)texto para dialogar, es innegable que Malena Salazar Maciá se ha convertido en más que una “joven promesa”. Ese concepto tan debatido y que aún cargan algunos de nuestros mejores creadores literarios, nos obliga a repensar, acuciantemente, cuál es el lugar que ocupan los creadores jóvenes en el tejido escritural de la nación.

En tiempos recientes, algunos de los autores de las generaciones más jóvenes del fantástico cubano han tenido el privilegio de ser traducidos a otras lenguas, ¿cuál ha sido tu experiencia? ¿Sientes que el mundo de la traducción es una posibilidad otra hacia diferentes públicos y mercados?

cortesía de malena salazar

Hasta el momento, he tenido la suerte de ser traducida mayormente al inglés y al japonés de la mano de Toshiya Kamei; no obstante, algunas de mis historias también han sido elegidas para ser llevadas al alemán y al croata. No sería cierto si afirmara de forma categórica que alguna que otra vez no albergué la idea de ver algunas de mis obras en otros idiomas, sin embargo, lo curioso es que las traducciones llegaron en períodos en que no tenía contemplada la posibilidad. Así que fue una sorpresa agradable ver cómo mis textos en español se convertían, poco a poco, en otras palabras, construidas a través de otros abecedarios, otras reglas, conceptos similares que capturaban la esencia del original. La experiencia se completa cuando se logra una publicación; porque tampoco es sencillo colocarse en el mercado o llegar a un determinado público. También existen muchos escritores y traductores talentosos a nivel internacional que buscan un lugar para sus trabajos. 

El mundo de la traducción me gustaría compararlo con la posibilidad que alberga la idea de la existencia de mundos paralelos: abre miles de puertas al intercambio con lectores y escritores de culturas diversas. Promueve la posibilidad de retroalimentación literaria, de estudio de nuevas temáticas, de adquisición de conocimientos sobre el constante movimiento de las problemáticas socio-económicas y políticas en otras latitudes.

Cuando se trasciende el ámbito semántico de la lengua madre, ocurre un cambio sustancial en las historias, ¿cómo concilias el ejercicio de la escritura con la potencial idea de una traducción futura? ¿Piensas en eso a priori?

La traducción es, también, arte. El traductor no solo debe tener un conocimiento multicultural vasto, sino ser capaz de conservar el espíritu del texto original cuando lo lleva a otra lengua, debido a que a veces, muchas palabras, frases y conceptos no poseen una traducción precisa a otros idiomas, o la estructura de la historia no resulta adecuada para llegar a lectores que descubren por primera vez algo escrito en otro país, en otra lengua. El traductor debe conocer la mente y el estilo del autor. Debe volverse, de cierta forma, el segundo autor.

No pienso en futuras traducciones cuando escribo un texto. Deseo que la historia se desarrolle en su propio ambiente, con los elementos que le son innatos debido a su temática, al estilo, al tono que deseo darle. Después es que puede apreciarse la belleza del proceso de renacer en otro idioma: el ejercicio intelectual de interpretación que debe realizar el traductor.

cortesía de malena salazar

En los dos últimos años has sido una de las autoras más premiadas a nivel nacional. Pocos concursos del género fantástico se te han resistido, ¿qué harás cuando no te queden otros certámenes de literatura fantástica en los cuales competir? ¿Sientes que el verdadero aliciente del escritor se encuentra en el premio o acaso tus resortes creativos se encumbran hacia otras vías?

Exploraré otros géneros literarios. Me gustaría incursionar en el mainstream, el policíaco y el teatro. Sin embargo, quiero hacerlo después de estar segura de cuáles son sus elementos, después de crearme una base a través de lecturas y análisis de obras de dichos géneros, tal y como procedí con la fantasía y la ciencia ficción.

Tomé la participación en los concursos para medir, poco a poco, cuánto mejoraba o retrocedía en mi literatura, en qué fallaba, por qué y cómo podía solucionar esos problemas y errores. Me sirvieron también para conocer a escritores de todo el país y ganar experiencia a través de sus consejos.   

No es esta la primera entrevista que tengo el placer de pensar para ti. En nuestro primer diálogo eras aún una autora novel que comenzaba a lidiar con los trazos del Premio David en la categoría de ciencia ficción, ¿cuánto ha cambiado la autora de Nade desde entonces hasta estos tiempos?

A veces hago comparaciones entre Nade y mis textos recientes. No surge como algo premeditado sino que, en algún momento, ese primer libro cae en mis manos y siento el deseo casi hipnótico de abrirlo en una página al azar, leer párrafos, diálogos, personajes. Y noto los cambios. Veo un progreso. De Nade hasta mi último escrito, sea cuento o novela, existen detalles sutiles (y otros no tanto) que marcan cuántos obstáculos he superado, cuántos consejos he escuchado y asimilado, cuántos errores he subsanado. Me percato de que el camino continúa.

Siempre digo que, cada vez que leo algo nuevo, percibo cuánto me falta por crecer como autora.   

¿Eres una creadora a la que le gusta reescribir sus libros? Si, por ejemplo, pudieras retornar a esa Nade primigenia que publicó Ediciones Unión en su colección Premio David, ¿cambiarías algo?

Corregiría errores en la dramaturgia y el estilo escritural, desarrollaría de forma más justa a los personajes, pero no cambiaría la esencia de la historia. Me gusta ese “por qué” y “cómo” fue concebida, me gusta que tenga la ingenuidad de una opera prima. Si realizara un cambio sustancial, si la reescribiera por completo, ya no sería la misma Nade que me enseñó tanto y me acercó a los lectores.  

Has comenzado a transitar, con muy buen paso, en la literatura infantil y juvenil. ¿Cómo llegas al género? ¿Por qué tu interés como escritora se ha enfocado en esa nueva lupa de sentido y producción? ¿Qué posibilidades te ofrece la literatura infantil y juvenil?

Lo sentí como una asignatura pendiente: de niña, leí a Excilia Saldaña, Enrique Pérez Díaz, Dora Alonso y Julia Calzadilla, así que durante mi crecimiento como autora me presionaba una deuda invisible con ellos, con la propia literatura infantil. Sus libros me inculcaron el amor por la lectura y la escritura. Son parte de mí, de la fuente a la que regreso a cada rato para aprender los entresijos de la literatura.

No fue una decisión precipitada: tardé un tiempo en convencerme de que estaba lista para escribir para niños, que es uno de los públicos lectores más exigentes que puedan existir. Por el momento, disfruto mucho creando estas historias porque me permiten recordar esos sentimientos que me provocaba el leer a los autores que funcionan como mis pilares. Me gustaría acercar a los niños a la lectura a través de mis textos. Quizás algunos de ellos, como yo, sientan el llamado literario y se armen de letras.   

La pandemia nos ha obligado a revolucionar y repensar no solo la literatura, sino su modo de comunicación al público, ¿qué tal la experiencia?

Antes de la pandemia, las redes sociales, Internet, los medios de comunicación masiva… comenzaban a volverse herramientas útiles para los escritores. Con la llegada de la covid-19 se han reafirmado o, quizás, se han convertido en un elemento indispensable tanto para trabajar como para la socialización, donde se hace necesaria la distancia.

¿Piensas que son pocos los autores jóvenes que se interesan por la ciencia ficción y la fantasía? ¿Hasta qué punto pueden los autores de generaciones anteriores, incluso siendo jóvenes, apoyar e impulsar a los más noveles?

Durante la pandemia y gracias a una mayor incursión en las redes sociales, he descubierto que en Cuba existen muchos jóvenes con deseos no solo de leer ciencia ficción y fantasía, sino también de crearla. A través de Twitter, Facebook e Instagram, muchos realizan publicaciones de sus obras e intercambian, sin tener conocimiento de que existen otros escritores, premios y la colección Ámbar de Gente Nueva que aborda el fantástico. Cuando lo descubren, exigen orientación inmediata acerca de estos autores, y cómo pueden acercarse más a esta comunidad que ya existía.

Si algo ha caracterizado a los autores del fantástico cubano, es el apoyo mutuo y hacia los jóvenes que comienzan a través de asesorías, invitándolos a talleres, recomendándoles libros e instándolos a participar en concursos. Todos forman parte de este proceso, sin importar la generación. Los autores jóvenes escuchan a los veteranos y viceversa. Cada persona, desde su punto de vista, es capaz de arrojar luz sobre una temática poco explorada por otros.

De esa forma, los creadores más jóvenes adquirimos y compartimos experiencias que nos colocan en condiciones de, también, capacitar a los noveles, o a los que comienzan a leer a los autores cubanos.


Yanarys Valdivia: «La poesía debe ser capaz de iluminar»

Yanarys Valdivia siente que la poesía nos hace observar y entender la vida con ojos nuevos, ojos que trascienden el cristal —las barreras— de nuestra experiencia humana. Toda entrevista no es más que un pretexto y esta no es la excepción, lo reconozco: quería conocer más de las reflexiones sobre esa realidad siempre cuestionable que Yanarys parece revelarnos a través de su creación.

—¿De dónde nace tu interés por el haiku y por otras estrofas provenientes de la tradición poética oriental?

—Siempre me han fascinado la cultura y la filosofía orientales, en especial la tradición literaria japonesa, tanto la narrativa como la poesía, y fundamentalmente el haiku y su poder de dibujar el mundo en breves notas. Eso para mí es esencial, de una claridad y autenticidad que siempre he admirado y respetado. Conocí del haiku específicamente por un amigo que lo llevó a una tertulia a la que asistía con regularidad luego de mis estudios de arte. Ya para entonces escribía mis cositas, pero el descubrimiento de esta forma poética sin dudas me abrió a un mundo desconocido, y cambió para siempre mi manera de observar y ver la vida.

—¿Es posible definir, fehacientemente, qué es la buena o mala poesía, o esta definición se filtra en el espectro subjetivo de cada lector?

—No puedo ser tajante en cuanto a mi criterio con respecto a la buena o mala poesía porque, sin lugar a dudas, esto pasa por infinitud de tamices personales, pero sí pienso que la buena poesía debe ir más allá de toda clase de convenciones, de estructuras, debe ser capaz de iluminar, de huir de los lugares habituales, de remover, de transformar, es algo vivo y en movimiento. Lo podemos ver en los grandes poetas como Whitman o Rimbaud, solo hay que observar el gran cúmulo de grandes de la poesía, sus vidas, sus obras, para discernir —de entre la mala hierba— lo verdaderamente valioso, lo que trasciende tiempos y lugares.

—¿Cómo manejas el mundo de la autorreferencialidad a la hora de escribir? ¿Es la poesía, por necesidad, un ejercicio de autorreferencia?

—En toda obra, amén de que se usen sujetos líricos, narradores o voces diferentes a los del autor, es imposible huir completamente del creador, pues el background está ahí, la vivencia: para poder hablar con voces prestadas, por debajo se hallará la del autor siempre. En mi caso, como en el de otros poetas y escritores en general, lo he usado también como soporte creativo. Hay una gran zona de mi poesía de un marcado carácter autorreferencial; aunque el que hable sea el paisaje, mis ojos están ahí, tras el cristal.

—En el proceso creativo, ¿a qué paso le confieres mayor importancia?

—Cada escritor es un mundo aparte y los procesos creativos son disímiles; difieren un poco los poetas de los narradores, pero igual tienen su estructura, como es lógico. Para mí es fundamental la observación, la acumulación de experiencia para que pueda surgir una obra: el pozo ha de ser llenado, como bien apuntó el maestro y amigo Roberto Manzano. Luego, no en todo momento se escribe de igual manera, a veces puede ser espontáneo, a veces es resultado de la experimentación y el juego, especie de reto; a veces se está escribiendo un poema mental, esbozando una idea, a veces se perfila todo un proyecto a partir de una idea iluminada. Todo paso es importante. Después viene el trabajo duro: la reescritura, que puede tomar mucho más tiempo que la escritura inicial, y es un paso importantísimo en el proceso creativo para la factura final o casi final del texto.

—Se ha hablado mucho de la investigación como parte de dicho proceso creativo. En el caso del poeta, ¿esta investigación se reduce solo al análisis del sujeto hablante o de las particularidades del discurso, o se preocupa además por otros escaños de sentido?

—Una vez más, esto depende del poeta y su visión, pero creo que sí hay todo un proceso de acumulación de información de todo tipo: visual, sensorial…Y claro está, dependiendo de la obra como se haya perfilado, hay algunas que nacen de manera más espontánea. Ya luego el escritor las va enfocando hacia un camino, y están también las que se trazan hacia una meta desde el inicio. Ahí puede notarse quizás esta investigación inicial, que no solo en el caso de la poesía es una preocupación formal del sujeto hablante o sujeto lírico, ni de lo que se habla o cómo se habla, sino de todo un contexto también, que puede tener una carga histórica y de diversos orígenes, intertextualidades, etc. Creo que un buen escritor lo abarca todo, me refiero a los diversos escaños de sentido, los reconoce y los pone en función de su obra

—¿Piensas que la poesía tiene límites? ¿Cuáles serían estos?

—No creo que tenga límites. Estos solo pueden existir en las mentes. La poesía tiene sus características formales, pero eso para mí no supone un límite, sino una posibilidad.

—¿Cuál es el papel del escritor, del poeta, en el mundo que nos ha tocado vivir? ¿Tiene acaso algún papel?

—El papel del escritor es solo con sí mismo: ser leal a su tiempo y a su obra, pero no por convenciones, por demostrar nada a nadie. Si uno es fiel a su visión, esto sin dudas llegará a otros, invitará a otros a participar de tu visión y sembrará buenas impresiones siempre.

—En materia creativa es cierto, innegable diría yo, que existe el fatalismo geográfico. El lugar donde nacemos nos define y, muchas veces, nos condiciona. ¿De qué manera puede un escritor, con su esfuerzo individual, desterrar este fatalismo o al menos luchar contra él?

—Creo que puede afectarte quizás en cuanto a posibilidades de mostrar tu obra, de acceder a información si naces en un campo muy apartado; por ejemplo, la búsqueda incansable de nuevos horizontes, la aventura, la exploración, son las herramientas fundamentales para crecerse ante cualquier fatalismo, el estudio y la superación de los límites propios y de tu contexto.

—¿Qué opinas de la promoción literaria en Cuba? ¿Y de la autopromoción?

—La promoción literaria en Cuba ha pasado por diversos momentos, unos más felices que otros, pero sin dudas hay un trabajo sostenido. Se han publicado montones de obras de diversos autores, a veces tarde, pero al final salen. También existen eventos como el Festival Internacional de Poesía, concursos o ferias que visibilizan un poco más a los autores. Luego, están además la autogestión y el camino que uno mismo logre labrarse: publicar fuera de Cuba puede servir para que otros lectores conozcan lo que se hace aquí, aunque no dé muchas ganancias monetarias. La literatura no va a dar grandes dividendos, pero sí grandes satisfacciones de otras maneras que son también disfrutables. 

—¿La poesía puede considerarse un ejercicio de reflexión sobre lo real?

—¿Y qué es lo real? La poesía puede hurgar en diversos sitios. La realidad es una constante cambiante, efímera y no permanente; la poesía también observa y registra estos movimientos.


“No dejar nada gratuito”

María Lorente, quien obtuviera Mención en la más reciente edición del Premio Calendario por su texto teatral She is leaving home/Qué va a ser de ti, es una joven dramaturga con mucho por contar. Sabe que hacer buen teatro depende, en gran medida, de no dejar nada gratuito. Su historia como escritora y teatrista recién comienza y esta es la invitación para conocerla, en un ángulo mas cerrado de observación.

¿Cómo ocurre tu primer contacto con el mundo de la escritura y con el del teatro? ¿Cómo descubriste tu vocación?

Creo que mis padres son lo más importante al hablar de mi vocación. Ellos son escritores y en mi casa siempre viví un ambiente de libertad, de buen gusto, una visión lo menos prejuiciada del mundo. Siempre fui hiperactiva y mis padres tuvieron que encontrar maneras para que yo soltara toda aquella energía: cursos de ballet, fotografía, numismática, artes plásticas y, por supuesto, teatro.

 Sara Miyares, muy cercana a mi familia y Teatro Guiñol, Las Estaciones o El Arca, fue fundamental en mi inserción en el teatro desde pequeña. Crecí viéndola actuar en el Guiñol, me inscribió en mis primeros talleres de teatro, montó obras conmigo y los niños de mi aula y me llevó a formar parte de su grupo de entonces (Teatro de muñecos Okantomí). Fue allí donde tuve mis primeras experiencias dentro de un teatro.

Con Okantomí participé en La calle de los fantasmas y en Bebé y el señor don Pomposo, todavía guardo los programas de mano: hice de fantasma, de mendiga, de lazarillo y ayudaba a los actores en los cambios de ropa o en cualquier cosa que surgiera tras los telones. A partir de ahí tuve muy claro en mi niñez y parte de la adolescencia que quería ser actriz. Me presenté en las pruebas de la ENA y no aprobé, lo cual, para mi sorpresa, no fue el fin del mundo. Todo lo contrario. Empecé a escribir, a escribir con conciencia.

¿Cómo transcurre tu proceso creativo? ¿Cuánta importancia le concedes a la investigación dentro de este proceso?

Cuando escribo, me encierro. Me gusta estar sola, en un ambiente tranquilo, sin interrupciones. Sin embargo, el tiempo de escribir no coincide siempre con el de concepción, trabajo de la idea o investigación, por lo menos para mí. Me pasa que cuando estoy en la primera fase de producción de un texto, mi mente se enfoca en eso con mucha fuerza, tanto que todo lo que leo, estudio, escucho o percibo, lo relaciono directamente con ese proceso.

Creo que cada proceso requiere un tipo de investigación que responda a las particularidades del futuro material. La investigación vivencial y la bibliográfica son las que he practicado para enriquecer mis textos. Me parece que todo lo que he escrito es también una investigación sobre mí misma.

¿Qué universo de referencias, tanto literarias como visuales y teatrales, te acompaña?

He visto mucho teatro malo, y creo que todavía me toca ver otra gran cantidad. Ese teatro que yo considero malo o poco interesante me ha enseñado mucho, me ha dejado claro lo que no quiero hacer. Ver o leer el teatro que me gusta también es de gran ayuda. Estoy en una edad en la que dejarme influenciar y, de alguna manera, intentar copiar recursos de mis paradigmas, es muy productivo.

En lo literario, mi primera referencia son mis padres, y creo que por eso no me he aventurado en la poesía, porque sería trabajar en un campo muy trabajado por ellos. Soy fanática de la literatura latinoamericana: Cortázar, Vallejo, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Quiroga o Ricardo Piglia. También Dostoievski, Hemingway y Salinger causaron revoluciones en mi manera de escribir.

Háblame un poco de tu texto teatral She is leaving home/Qué va a ser de ti, que fuera reconocido con una Mención en el Premio Calendario 2019 de Teatro.

Es el primer texto teatral que escribo de manera seria y todavía sigo trabajando en él. Después de leer Aire frío, de Virgilio Piñera, hice varios intentos por escribir una obra cuyo centro fuera una familia cubana (otra más para la gran lista de muestra dramaturgia). Finalmente vi 10 millones, de Carlos Celdrán, y eso fue lo que me impulsó a escribir sobre mi familia, mi casa, mis preocupaciones. Tal vez de ahí tomé la autoficción, la frontalidad o lo narrativo.

Fueron dos influencias conscientes: Aire frío y 10 millones, luego se sumó La noche de los asesinos, de José Triana. She is leaving home/Qué va a ser de ti es sobre Lucía, una joven de 24 años que se separa radicalmente de sus padres, Ramón y María. El texto ya está en proceso de publicación en la editorial Aldabón, de Matanzas, y eso me tiene muy entusiasmada y trabajando más.

Desde el año 2018 has acompañado al proceso creativo de Carlos Celdrán y Argos Teatro como asistente de dirección. Esto te ha permitido asistir de cerca al nacimiento de los montajes de Misterios y Pequeñas Piezas (Premio Villanueva de la crítica en 2018) y Hierro (Premio Villanueva de la Crítica en 2019), ¿qué experiencia te ha otorgado esta cercanía y hasta qué punto has podido revertirla en beneficio de tu trabajo de escritura?

Siento la influencia de Argos Teatro desde muchísimo antes de tener la oportunidad de observar sus procesos de montaje. Por eso empezar a trabajar ahí ha sido un privilegio y, a la vez, una enorme responsabilidad. El trabajo de asistente de dirección es un término medio raro entre lo técnico y lo artístico. Este trabajo me deja mucho espacio para el aprendizaje, que es mi principal objetivo en el grupo. Ellos me han aportado tanto que estaré siempre en deuda.

Salí de la soledad de mi cuarto, de mi mundo de dramaturgia utópico, para insertarme de lleno en un teatro. Esa es una experiencia que todos los estudiantes deberíamos tener. Estar ahí, durante todo el proceso de montaje de una obra, cambia totalmente el punto de vista de uno con respecto al teatro.

 Como dramaturga lo que más me aportó fue ser testigo de la mutación del texto del papel a la escena. Además, fue muchísimo más productivo para mí el hecho de haber participado en dos montajes en los que el dramaturgo y el director eran la misma persona. Vi a Celdrán mirando desde la perspectiva de un director su propio texto, tratando de ser lo más objetivo posible, haciendo cortes, rescribiendo escenas y descubriendo facetas u objetivos nuevos que como dramaturgo no imaginó.

¿Piensas que el ISA es un paso necesario, o acaso imprescindible, para los jóvenes dramaturgos, o existen otros caminos posibles?

Un artista no necesita un título o una ley para legitimarse. Un artista necesita una obra. Creo que el ISA no es el único camino, sin embargo, sí es un puente, una valiosa guía para encaminarse en el arte. Al menos desde mi experiencia lo ha sido.

El ISA no hace al artista, le brinda herramientas y es el estudiante quien tiene que saber aprovecharlas. Uno no se puede quedar nada más con el ISA, hay que salir, que entrar en contacto directo con las cosas, participar en todos los eventos (los buenos, los malos y los peores) y estudiar también materiales que necesariamente no están en el plan de clases.

La Facultad de Teatro tiene la suerte de contar con profesores que son, a la vez, artistas y teóricos de referencia nacional. Ese diálogo que se establece con los profesores y futuros colegas es lo más valioso de la Universidad, desde mi punto de vista.

Si tuvieras que definir tu escritura, ¿qué palabras elegirías?

La definiría con las palabras claridad, transparencia y verdad. Ojalá y otras personas al leerme definieran mi escritura de ese mismo modo.

¿Cuáles son los temas que le interesan a tu teatro?

Las relaciones familiares, entre padres e hijos, y los conflictos de los personajes con su entorno. Sobre todo, temas y personajes que tengan posibilidades de cuestionar la realidad y de dialogar con el público cubano actual sin caer en estereotipos.

Me gustaría hacer un teatro que, aun partiendo de un contexto nacional particular, pueda rebasar esa frontera y hablar de algo universal. Esto se lo debo mayormente a Argos Teatro.

¿Sientes que el mundo de la intermedial y lo hipermedial permea de alguna forma, menos o más visible, tu creación?

Por supuesto. Esa es una realidad en la que nací. Mi generación ha vivido esa fugacidad con cierto atraso por ser Cuba, pero igual es apabullante. Desde que tengo conexión a Internet por el teléfono móvil, todo se mueve desde ahí. No he insertado de manera consciente estos medios en mi escritura, pero creo que de una manera u otra están ahí.

Por ejemplo, en She is leaving… las diferencias generacionales se pueden reconocer también por el modo en que cada personaje interactúa con la tecnología: los padres de Lucía no saben conectarse a Internet por el móvil y el padre no sabe manejar el teléfono inalámbrico, por ejemplo.

Como joven artista, ¿cuáles son los principales obstáculos espirituales, materiales o de cualquier orden que entorpecen la creación en los momentos que corren?

Siento que el mayor obstáculo para mí, soy yo misma. Lucho todo el tiempo en contra de mi vagancia para sentarme y seguir puliendo el material, en contra de la idea de que un texto ya está terminado, en contra de otro texto en proceso que puede hacerme dejar el anterior a medias, en contra de mis inseguridades y, la más dura, en contra de la autocensura. Pienso que la mejor manera de quedar bien ante un futuro lector o espectador es ser sincero, investigar de manera seria y pulir mucho el material, no dejar nada gratuito.


«El fin último de la poesía es dejar un testimonio»

Es una de las jóvenes voces de la poesía actual que sobrevivirá al paso del tiempo. Hacer una puesta semejante puede resultar arriesgado o polémico ya que, en materia de escritura, en materia artística, es difícil anticiparse al paso del tiempo y de las miradas, siempre subjetivas, de la crítica y el público.

Sin embargo, el arte también posee objetividad. Objetividad que asume el sinónimo de talento, persistencia, memoria y vibración. Quienes recibieron con sorpresa la noticia de que Antonio Herrada se había alzado con la Mención Única del Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén, en su más reciente edición, tal vez se han perdido a uno de los poetas cuyo testimonio, en los caminos de lo creativo, vale la pena escuchar y sentir. 

¿Crees que hay una necesidad de definir qué es la poesía en los tiempos que corren (o en cualquier otro tiempo)?

Una definición siempre presupone una frontera. Una marca que delimita el esto sí y aquello no. Creo que a veces hace más daño definir. Lo mejor de los avances siempre ha sucedido en los márgenes. Si me arriesgara a esbozar un concepto empezaría cada línea con la palabra NO. (Criterios de forma): NO hay que escribir en rima, NO hay que escribir en versos, NO hay que evadir las formas narrativas, NO hay que evadir la rima, NO hay que evadir los versos, NO hay que escribir con moldes narrativos… y así un largo etcétera. (Criterios de contenido): NO quiero extenderme en esto, pero me gustaría proponer un concepto físico, la resonancia, y hacia allí que camine el texto, que la poesía NO sea un rebaño de temas que sale a pastar todas las mañanas, sino que cualquier asunto humano provoque una vibración, una igualdad de frecuencias que hagan al texto y lector oscilar.

La poesía es una materia, asociada muchas veces a la palabra escrita, pero que claramente se transmuta y asume cuerpo no solo en muchas manifestaciones artísticas, sino también en la vida cotidiana. En términos canónicos está la tradición, la historia de la literatura, las escuelas, los estilos. Sobre eso volvemos, negamos o asentimos. Y nos ponemos en diálogo con personas que ni siquiera conocimos, y de las cuales a veces nos separan siglos. Otra muestra más de la teoría de las vibraciones. Si me pidieran una definición, me arriesgaría a esa frontera difusa, y que la libertad expresiva tenga la última palabra.

¿Cómo transcurren tus procesos creativos?

Hay dos etapas. La primera es una etapa permanente, es la búsqueda, la lectura, el estar atento a todo lo que el ojo del poeta ve en su día a día. Muchas veces esa mirada está condicionada por el proyecto que escribo en esos momentos, aunque no desatiende otras imágenes no relacionadas con esto pero que pudieran formar parte de algo futuro. Por eso digo que soy poeta a tiempo completo.

Una película, un libro, una noticia, un resultado científico, una canción, el paisaje que observo cuando me traslado por la ciudad, una frase dicha al aire, cualquier cosa que me provoque una mínima vibración. Muchas veces acompaño estas experiencias de notas. Y esas notas son la materia prima de la segunda etapa. A veces paso meses sin revisarlas y cuando lo hago encuentro poemas completos. Soy un escritor de notas y a veces hago poemas.

Cuando maduran, surgen los libros. Me gusta hallar relaciones infinitas y la idea del proyecto de libro. En esto contradigo la posición de Hemingway, y aunque a veces la musa me agarra escribiendo, nunca comienzo un texto como una invocación.

Esta segunda etapa lleva el corrientazo de la escritura y un larguísimo proceso de revisiones, donde trato que cada palabra tenga su justo lugar. Este modus operandi arriesga por la calidad antes que por la cantidad. Me permite disfrutar como un escolar sencillo y no como un asalariado. Y a veces se reconforta con lecturas como la de Pound, cuando dice que más vale legar una buena imagen que no un conjunto silencioso de obras voluminosas. No obstante, siempre queda el riesgo, la apuesta por la idea fallida, el tiempo dedicado a lo que no concretará en página impresa. Para eso solo queda el desprendimiento y el placer que provoca la contemplación.  

Amén de las lecturas, ¿indispensables? para cualquier escritor, ¿de qué manera se forma un poeta hoy en día?

Hay que entrenar la sensibilidad como un atleta. La lectura sigue siendo la fuente nutricia fundamental, pero la poesía empieza en todas partes (Nogueras, ob.cit). Me gustaría que existiera un reglamento de estricto cumplimiento para todos los poetas o aspirantes: y que empezara con una orden de alejamiento. Nuestro gremio sigue siendo como un gueto, nadie sale y nadie entra.

Ojalá pudiéramos orientar una hora de conversación profunda por cada hora de lectura. Y una libreta donde reflejemos el tiempo dedicado al intercambio con otras artes y artistas. Además pudiéramos disponer de planes de internamiento en zonas naturales, práctica de deportes extremos, unas cuantas materias científicas, clases de baile, idiomas y filosofías orientales, y por qué no, el contacto con niños(as) y con comunidades en desventaja social.

Después de estas sesiones, la sensibilidad del poeta tendrá buenos músculos. NO me gusta la imagen del bardo ensimismado. Prefiero el camino del conocimiento profundo de toda obra humana. Por ese camino quiero llegar a la poesía.  

Algunos de mis entrevistados me han hablado de la existencia de una supuesta crisis de lo poético en el pensamiento de la nación cubana, ¿opinas de igual manera?

Si la crisis consistiera en que el peso de la poesía en los círculos artísticos, políticos y mediáticos de la nación ha disminuido, pudiera estar de acuerdo. La poesía se ha retirado un poco del imaginario del cubano. El pensamiento (como cuerpo creado desde instancias de poder) ya no la tiene tan en cuenta. Pero esto no tiene nada que ver con la calidad de la poesía. Pocas veces se ha escrito tanta poesía y tanta poesía sobre Cuba. Esa parte del pensamiento que también es marginal tiene una salud increíble, es rebelde, heterodoxa, criolla. Claro que no podremos esperar un coro.

El propio sistema cultural ha hecho que crezcan exponencialmente los poetas publicados, las editoriales, los concursos. Y el propio sistema es un atentado contra la calidad de la poesía. Porque la poesía es una industria de la exclusividad, no de la reproducción continua.

Claro que no es el objetivo del sistema, está hecho para todo lo contrario, para crear incentivos y dar apoyo, pero a veces los resultados no acompañan. Lo podemos ver en los cientos de libros que se publican cada año. Si al escritor y al lector no les molestan estas escrituras desechables, pues no habrá contradicciones, esperaremos cada año los nuevos libros como se esperan las nuevas versiones de los celulares.

Pero si por el contrario están buscando un producto único, habrá que cambiar las estrategias. Pienso en un pequeñísimo grupo de poetas contemporáneos cuyas obras valen para negar esa crisis. Habrá que abrirles más espacio, llevar sus obras a otros circuitos, argumentar sus valores. Sacarlas del gueto.

¿Creamos poesía en Cuba con miradas únicamente regionales y signadas a un momento en específico o se busca lo universal? ¿Es ese “lo nuestro”, de alguna manera, sinónimo de “lo universal”?

Esta contradicción entre lo universal y lo local me da siempre algo de risa. ¿No estaban escribiendo los griegos sobre sus dioses, sus hazañas y sus problemas cotidianos? ¿No estaba Guillén hablando de lo que nos define en el imaginario del mundo? El verdadero desafío está en evitar la repetición, en aportarle algo nuevo a lo que tantos han dicho. La clave está en el olfato que debe tener el escritor para identificar la universalidad de un tema local o en cuántas sensibilidades pueden abarcarse desde la íntima realidad de un solo hombre. A veces desespera no solo que sean los mismos temas sino que no hay nuevas formas de tratarlos. Y eso sí es la huella de una crisis creativa.

Eres codirector del proyecto Coliseo Poético. Háblame un poco de esta experiencia.

Pudiera hablar de esta experiencia como de un embrión. Surgió de una manera muy inesperada, en una conversación, intentando simplemente hacer una lectura de poesía de forma diferente. Y ha cambiado mucho. De participantes, de espacios y de patrocinadores. Invariable se ha mantenido Osmel Almaguer, el otro poeta culpable, y quizás algo del espíritu. Ha intentado, sobre todo después de la segunda edición, unir varios temas de interés del ámbito poético nacional: los mundos virtuales (todo, excepto el día de la competición, sucede a través de Internet), una buena remuneración económica (los premios por la lectura de varios poemas superaron en cuantía lo que cualquier premio que se otorga en la mayoría de los concursos nacionales), el resurgir del interés por la lectura del poema en público, la adrenalina de todo concurso en vivo, la participación del público en las decisiones y no solo del jurado, y en cierta medida la democratización y diversificación de la forma de jerarquización literaria más extendida en el panorama literario actual: los concursos.

Después nos enteramos que en el mundo proliferan muchas acciones de este tipo, bajo reglas más o menos parecidas, y hay varios circuitos importantes de slam poéticos, aunque nuestra propuesta gladiadora nos gusta pensarla con nuestros propios intereses.

Solo hemos realizados dos ediciones, la última tuvo también un público considerable (diría que unas diez veces o más de las personas que normalmente participan en una lectura de poesía), y además activo en cada decisión que tomaba. Tuvo mucho apoyo y resistencia sobre todo de poetas. Algunos nos pensaron guerreristas o pretenciosos tejedores del canon. Cosa que nos dio mucha risa, y que obviamente es un síntoma del purismo inútil que aún persiste. Claro que es una obra en perfección. Múltiples causas han retrasado la realización de la tercera edición, pero la idea no ha muerto.

¿Estás aburrido? Planifica tu aislamiento. Lee los libros que siempre pospones. Termina tus proyectos inconclusos. Responde entrevistas. #Quédate en casa. (Mensaje de Antonio Herrada, Mención Única del Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén)/ foto cortesía del entrevistado

¿Crees que existen líneas/propuestas estéticas comunes dentro de las diversas voces que conforman la poesía de los nacidos en los años 90? ¿Hasta qué punto es infructuoso ya estudiar las poéticas de los creadores ateniéndose solo a la coincidencia temporal de haber nacido, o no, en una década?

Como NO me gustaría que nadie viniera a quitarme mi trabajo, creo que sería bueno dejarle estas preocupaciones a la crítica, y si no existe, pues a los creadores que quieran aventurarse. Como escritor aún no diviso esas líneas, o será que no logro insertarme en las que existen. Quizás desde fuera alguien pudiera venir a iluminarme y a cambiar mi opinión. Ya habrá tiempo.

Particularmente no me interesa el tema, más allá de lo que puedo descubrir leyendo a mis contemporáneos o intercambiando criterios. En ese sentido, cuando varios comulgan en intereses, la línea o el grupo emergerá solo. Lo que sí no puede perderse de vista es que para trazar líneas deben existir voces. Y una voz no es publicar libros o ganar varios premios. Hay que establecer la diferencia. Una voz es un sonido muy difícil de imitar.        

Se ha hablado mucho de la poesía como lenguaje revolucionario, que por necesidad obliga a que se revolucionen pensamientos, estéticas e, incluso, criterios artísticos de una época. ¿Es esta la función, así sea adyacente, de la poesía? ¿Se percibe esto en nuestro cuerpo poético nacional?

Ojalá toda poesía fuera revolucionaria. Hace poco oí de una joven historiadora del arte que la poesía era la base de todo hecho artístico, como la ciencia básica que experimenta horas y horas en laboratorios para en el futuro desarrollar un producto. Hay sobrados ejemplos de lo que la poesía ha revolucionado, incluso como himno de transformaciones y luchas sociales.

Me gusta pensar la poesía como una forma elevadísima del pensamiento, como un acto del conocimiento. Incluso la más contemplativa. Pudiera hasta establecer una cadena de consecuencias, a mala poesía corresponderá mal arte, como al pobre desarrollo de un guion corresponde un mal cine. Asumo esta posición determinista. Pongo esta regla en mi tintero y recuerdo algunas voces. ¿Todavía tengo que hablarte del panorama nacional?

foto cortesía del entrevistado

En la poesía, ¿es mesurable una relación con el lector? ¿Hasta qué punto un poeta debe escribir para dialogar con potenciales “otros”, e intentar ser comprendido por ellos?

La relación con el lector que eres es vital para el escritor que intentas ser. No se trata de complacer a nadie. Pero tampoco puede perderse de vista la función fundamental: el poema es un medio de comunicación. Hay que definir los públicos a los que quisiéramos conquistar, o al menos escribir pensando en el lector ideal, que es el modelo de uno mismo. Todo lo que traicione esto (escribir para concursos, para el mercado, para sacar un libro tras otro…) va a tener un rápido final, feliz para los que prefieren la Literatura (en mayúsculas quiero decir).

Me consta que eres un autor que madura sus libros con extrema paciencia. ¿Por qué?

Voy a ponerte un ejemplo doméstico. En poesía me gusta el ritual de revisar obras completas. Analizar el volumen. Hace poco me percaté que la poesía de un poeta ¿local? que respeto, Delfín Prats, tenía unas 200 páginas. Ya he escrito esa cantidad en poemas. Acabo de pasar mis 27 años, lo que limita totalmente la posibilidad de ingresar en el club de las leyendas. Podríamos preguntar a muchos lectores y recordarán más versos de Delfín que los de muchos Premios Nacionales de Literatura. Esto tomando en cuenta que ni es un poeta mediático ni ha escrito como Buesa para el “gran público”. Algo dice esto de su poesía.

Autores han muerto muy jóvenes con considerables (en cantidad y calidad) de páginas escritas, hay otros que acumulan grandes volúmenes en sus largas vidas. Están los Rimbaud y los Nicanor Parra. Estos ejemplos me sirven para enunciar que el fin último de la poesía es dejar un testimonio, una huella que nos trascienda. Un ensayo de lo que sería la vida después de la muerte. Claro que la paciencia no es la clave. Es apenas una estrategia para intentar hacer las cosas lo más sedimentado posible.

A veces lo mejor de la producción se da en una corta estación de escritura. Y a veces el tiempo permite entregar obras reposadas. Ya he dicho que soy poeta a tiempo completo, soy un remunerado de la vida académica y científica, a veces escribo.

Paso mil veces más tiempo editando mis textos que poniéndolos en hojas. Cuando uno aprende a desprenderse de florituras la paciencia es apenas la evidencia de que el texto es lo que vale, la búsqueda, la escritura, la poesía es lo que vale. Ya para entonces, la vida propia del poema, separada de la emoción del poeta, habrá empezado esa lucha por quedarse.

¿Estás aburrido? Planifica tu aislamiento. Lee los libros que siempre pospones. Termina tus proyectos inconclusos. Responde entrevistas. #Quédate en casa. (Mensaje de Antonio Herrada, Mención Única del Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén)/ foto cortesía del entrevistado