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Cuatro cuentos en los caminos creativos de Yasel Toledo

Vuelve Asimetrías. Un sitio donde la diferencia radica en la libertad de la creación. Y regresa en un atípico martes, esta vez como una ventana a la obra del prolífico periodista, guionista, promotor, ensayista y escritor Yasel Toledo, en el aniversario 36 de la Asociación Hermanos Saíz.

Yasel Toledo Garnache (Granma, 1990). Graduado del Centro Nacional de Formaci√≥n Literaria ‚ÄúOnelio Jorge Cardoso‚ÄĚ y miembro de la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z. Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holgu√≠n y Estudiante m√°s Integral de la ense√Īanza universitaria en esa provincia (2014). Posee varios premios period√≠sticos a nivel nacional, incluido el 26 de Julio en 2019 y 2020, el premio literario 20 de Octubre que se otorga dentro de la Fiesta de la Cuban√≠a, y el Gran Premio de la Prensa Escrita en Holgu√≠n (2013). Ganador de la beca Caballo de Coral (2014) por el proyecto de libro de cuentos¬†La remodelaci√≥n. Adem√°s, el Premio Por la Obra del A√Īo de la Agencia Cubana de Noticias (2016). En varias ocasiones fue merecedor del Premio por la Obra del A√Īo en la provincia de Granma en Prensa Escrita y Digital, y varias veces el ‚ÄúDania Casal√≠‚ÄĚ, de Opini√≥n. Ganador del III concurso de microrrelatos, convocado por Ocean Sur y Cubadebate (2019).

Actualmente es director de la revista El Caimán Barbudo y vicepresidente nacional de la AHS. Fue subdirector nacional de la Agencia Cubana de Noticias (ACN). Es, además, guionista del programa televisivo Paréntesis, codirector radial de En Clave y coordinador del espacio de debate Dialogar, dialogar. Es autor del blog Mira Joven. Trabajos suyos aparecen en varios medios de prensa. Ensayos y cuentos de su autoría aparecen en antologías como Guerra culta y País de fabulaciones. Realizó la selección y el prólogo del libro Tiempo joven. Entrevistas a jóvenes creadores cubanos.

De los relatos que hoy traemos,¬†‚ÄúLa pelea‚Ä̬†es uno de sus m√°s recientes cuentos.¬†‚ÄúEl barbero‚Ä̬†fue premio en el tercer concurso de Microrrelatos convocado por Cubadebate y Ocean Sur.¬†‚ÄúCharada‚Ä̬†y¬†‚ÄúLa remodelaci√≥n‚Ä̬†estuvieron incluidos en el proyecto de libro ganador de la beca Caballo de Coral, que otorga el Centro Nacional de Formaci√≥n Literaria ‚ÄúOnelio Jorge Cardoso‚ÄĚ.

Sin m√°s, un avance de su obra.

La pelea

¡Dale al gordo! ¡Dale al gordo!, decía un barrendero desde el borde de la acera mientras los veía discutir. Poco a poco, se sumaba más gente. ¡Dale al flaco!, vociferaban otros. El grupo seguía creciendo. ¡Dale al flaco! ¡Dale al gordo! ¡Gordo! ¡Flaco!, se escuchaba en todo el lugar.

Los espectadores se iban molestando entre ellos. ¡A que gana el gordo! ¡A que lo hace el flaco!, comenzaron las apuestas. Los dos hombres seguían discutiendo. Las cifras crecían. Las expresiones de apoyo se volvían más agresivas; sin embargo, los dos hombres hablaban cada vez más bajo y apenas gesticulaban. Parecía que, poco a poco, resolvían sus diferencias.

Los espectadores gesticulaban, se ofend√≠an entre ellos. Un pi√Īazo, otro, otros m√°s. Piedras. Gritos. Gente corriendo. Detr√°s de un √°rbol, los dos hombres miraban alarmados por tanta violencia.

Charada

Cualquiera cree que esto es de suerte, pero tiene sus estad√≠sticas, su an√°lisis, su l√≥gica. Hoy la cosa est√° peor que nunca. No nos ponemos de acuerdo. Llegamos a empujarnos, a ofendernos. Eso aqu√≠ es normal. Sabemos tanto de esto que cada quien defiende sus criterios con locura. A veces, voceamos, escribimos en la tierra, intentamos descubrir el significado de un sue√Īo o la adivinanza del d√≠a.

El Flaco analiza las tablas en su libreta, tiene apuntados todos los n√ļmeros que han salido desde el a√Īo 2000. Dice que el que m√°s sale los martes es el 8, pero cree que hoy no suceder√° as√≠, porque ayer fue el 6, y esa gente no suele tirar dos n√ļmeros chiquitos seguidos. √Čl asegura que el de hoy es el 34, mono, porque los √ļltimos dos martes ha salido el n√ļmero inverso al del d√≠a anterior, y ayer fue el 43. As√≠ que para √©l todo est√° claro. Habla de supuestas reglas de triangulaci√≥n, escalera‚Ķ, y de una Teor√≠a del desglose, no entiendo nada, pero hay algo de l√≥gica en sus palabras. Algunos hasta mueven la cabeza en se√Īal de aprobaci√≥n.

Se percata de que le estamos prestando atenci√≥n, y sube el tono de voz, nos tiene embobecidos, parece el jefe. Siempre especula con que una vez en la ciudad dio un golpe de miles cuando acert√≥ en un parl√©s, pero como en este pueblucho s√≥lo se juega al n√ļmero fijo no sabemos cu√°n bueno o no es en eso.

Ese maldito tiene tremenda muela. Convence a cualquiera de lo que se proponga. Una vez, hizo que Pacho le pusiera los cincuenta pesos de la manutención de su hija al 62, y nada, falló.

√Čl no quer√≠a gastarlos, porque era lo √ļnico que ten√≠a, pero el Flaco parec√≠a tan seguro. Si acertaba, esos cincuenta se convertir√≠an en 3 mil cabillas, y podr√≠a comprarle alg√ļn jean o blusa a la ni√Īa, adem√°s de darse unos tragos de ron del bueno. Pero no le pic√≥ ni cerca. Por poco no se form√≥ tremendo l√≠o, porque Pacho se sent√≠a enga√Īado y quer√≠a golpear al Flaco. Al final, no pas√≥ nada. Aqu√≠ todo el mundo sabe que nosotros compartimos ideas, nos molestamos, maldecimos, aconsejamos, pero no obligamos a que nos hagan caso. Pacho siempre juega el n√ļmero que alguien le dice, porque no tiene mente para pensar solo, y esa vez se jodi√≥.

Yo tampoco soy tan bueno en esto. Las primeras veces vine a disfrutar las escenas y re√≠rme con las cosas de cada uno, pero me he ido embullando y hasta he mejorado. Al principio me iba detr√°s de las curvas, o de lo que parec√≠a obvio. Ahora, soy m√°s anal√≠tico para decidirme por un n√ļmero y la verdad es que estos debates ayudan bastante.

El Flaco sigue hablando de las posibilidades de que salga el 34. Negro lo interrumpe, parece molesto. Dice que no podemos creer mucho en las estad√≠sticas porque eso es basura. Si sirvieran, el Flaco nunca fallara, pues hace m√°s c√°lculos que un profe de Matem√°tica, siempre tiene buenas teor√≠as, pero casi nunca da en el blanco. Asegura que hay que confiar en la intuici√≥n y arriesgarse. Cree que el de hoy es el 82, pleito, porque al lado de su casa hay tremendo l√≠o desde temprano. Lo pensamos un poco, porque Negro acert√≥ dos veces la √ļltima semana, y eso significa que tiene una racha buena. Pero si le hacemos caso a todo lo que pasa, nos volvemos locos. Los l√≠os, las pu√Īal√° y hasta las muertes suceden todos los d√≠as.

Ahora otro dice que saldrá el 49, borracho, y todos nos embullamos a dar pronósticos: el 21, majá; el 68, cementerio; el 86, tijeras… Esto parece una competencia para ver quién habla más alto, casi ni se entiende lo que cada cual dice. Menos mal que los dos policías del barrio no se meten en esto. A veces, ellos también juegan, y tienen hasta suerte los desgraciaos.

¬°El de hoy es el 60!, vocea alguien desde la carretera, a unos 6 metros de nosotros, y todos comenzamos a re√≠rnos. Desde que pas√≥ lo que pas√≥, el tipo siempre juega ese n√ļmero, le es m√°s fiel que a su mujer. Le decimos El Loco, porque en verdad hay que estarlo, para ponerle 10 ca√Īas todos los d√≠as de la semana pasada al 60, huevo, y todav√≠a dice que es el de hoy. Na, que la gente se empecina, y no hay alguien m√°s aferrao que ese Loco. A cada rato nos re√≠mos de √©l. Una vez le puso 240 pesos al 12, mujer santa, y dijo que, si acertaba, el d√≠a siguiente le pondr√≠a 500 al dichoso 60, busc√≥ a varios listeros del pueblo, porque cada uno solo acepta 10 o 20 pesos por n√ļmero, as√≠ no les sacan tantos baros de un solo golpe, pero anduvo fatal. El primer d√≠a sali√≥ el 33, ti√Īosa. Se pas√≥ toda esa noche llorando, y hasta dijo que m√°s nunca jugar√≠a a la bolita. Al d√≠a siguiente adivinen cu√°l fue: ¬°el 60!

Por esa blandenguer√≠a de andar llorando y tirao por los rincones no cogi√≥ unos cuantos billetes. Desde la semana pasada juega otra vez, pero le ha quedado el trauma o ¬Ņacaso eso de ponerle dinero siempre al mismo n√ļmero no es estar chiflao? ¬°Jueguen el 60!, vuelve a vocear. Vete pa un manicomio, le responde alguien.

El Flaco vuelve a sacar la libreta. Dice que, adem√°s del 34, tambi√©n est√° bueno el 37, brujer√≠a, y cuando va a comenzar con el discurso de las estad√≠sticas, Negro le dice que se calle. Se miran fijo. Los dos se ponen de pie. El Flaco est√° desbaratao, pero cuando se molesta le sube la guaper√≠a y coge cuchillo, machete, piedra, palo, lo que aparezca. En el barrio, se faja con frecuencia, casi siempre pierde, pero tira pa lante. Negro s√≠ est√° fuerte. Nunca ha tenido pleitos con vecinos, pero dicen que era boinirroja, karateca o algo parecido. Vino echando pa ac√° porque le parti√≥ una pierna a otro en un entrenamiento. Si se fajan, el Flaco saldr√° mal, lo van a poner rojito, quiz√° los pi√Īazos hasta le saquen algunos dientes.

Ese maldito renacuajo no tiene miedo, ya se quitó el pulóver y está dando brinquitos. En cualquier momento Negro lo revienta a patadas, empujones, rectos de derecha, ganchos, sopapos, wazaris, ippones. Sí, porque los boinirrojas esos saben boxeo, judo, de todo.

Pacho sonr√≠e, seguro que quiere ver sufrir al Flaco, as√≠ recibe su merecido por hacerlo perder el dinero de la manutenci√≥n de su hija. Alguien del grupo les dice que no se fajen, que resuelvan eso como verdaderos hombres, porque cualquiera se faja, todos los d√≠as si quiere, pero acertar en la charada es otra cosa. Les dice que cada quien juegue su n√ļmero con 100 pesos y apueste 3 mil, aunque los pidan prestados. Si alguno gana, se lo lleva todo.

Hay un silencio de esos que impacientan, en los que todo el mundo se mira, pero nadie habla. El Flaco deja de saltar, se pone el pulóver y vuelve a mirar la libreta. Yo juego el 34, dijo bastante confiado, todo lo que gane me lo gastaré yo solo, no quiero que después alguien quiera que le pague una cerveza.

Sonre√≠mos, porque √©l siempre dice eso, pero nos invita hasta a comernos un plato con arroz blanco y huevo en su casa. Nunca festeja nada sin compa√Ī√≠a. Yo le voy al 82, dijo Negro, y ni una palabra m√°s.

Los resultados siempre se saben a las 8 de la noche, pero esta vez no averiguaríamos nada hasta el día siguiente. Hicimos una especie de pacto. Esperar sería una muestra de hombría, como pocas, pues había demasiado en juego. Y el que no fuera hombre, ese sí que tendría problemas en este barrio. Todos sabíamos que era peor perder una apuesta antes de ser un flojo, antes de traicionar la decisión del grupo.

Y, claro, solo hab√≠a uno incapaz de aguantar. A las 8: 40, Pacho se apareci√≥ en mi casa.¬†Se fastidi√≥ el Flaco, me dijo con tremenda cara de alegr√≠a. Y sigui√≥:¬†Ya se lo dije, y llor√≥ como una ni√Īa¬†¬°Qu√© tipo m√°s vengativo!

Verdad que cuando alguien est√° en racha todo le resulta. Negro, cuando lleg√≥ aqu√≠, nunca acertaba, y ahora lo ha hecho tres veces en los √ļltimos siete d√≠as. El Flaco seguro quema la maldita libreta, y maldice las estad√≠sticas, los c√°lculos, la charada y toda esa mierda.

Pobre Pacho, por blandito, por no esperar al otro día. Ese más nunca será uno de nosotros.

Estamos debajo de la mata de mango otra vez. Solo faltan el Flaco y Negro, adem√°s de Pacho, claro.

¬ŅVieron?,¬†sali√≥ el 60,¬†vocea un listero. ¬ŅC√≥mo que el 60?, respondemos casi a coro.

Todo fue un invento de Pacho. Ese maldito solo quer√≠a hacer sufrir al Flaco. ¬°Co√Īo! El Loco ten√≠a raz√≥n. ¬°Acert√≥!

– Socio, ¬Ņcu√°ntos pesos cogi√≥ El Loco?, le pregunto al listero.

-Ninguno, ayer jugó el 12.

El barbero

Pregunté al hombre que picaba mi cabello si acaso no me temía por mi aspecto y encontrarme en tan lejano sitio a pesar de no tener familiares ni amigos allí. Los demás se apartaban, y siempre cuchicheaban algo en voz baja.

√Čl sigui√≥ como si nada. Yo sent√≠a el sonido de la tijera. Le insist√≠. ‚ÄúEl miedo es lo primero que algunos perdemos‚ÄĚ, me respondi√≥.

‚Äú¬ŅNo quieres saber por qu√© vine hasta ac√°? ‚Äú, le pregunt√©. ‚ÄúCada quien tiene derecho a esconderse‚ÄĚ, dijo tajante y sac√≥ una navaja para hacerme los √ļltimos cortes. ‚ÄúO el derecho a buscar a un escondido‚ÄĚ, pens√© en voz alta. Entonces me pidi√≥ que me alejara tan r√°pido como pudiera, y permaneci√≥ en actitud amenazante con la navaja en una mano y la tijera en la otra.

La remodelación

La noto intranquila. Sonr√≠e. Se pasa las manos por los muslos, los que yo le puse. Se arregla la blusa, una mucho m√°s ajustada que la de antes, se mete un dedo en la boca‚Ķ Y me mira. Me mira casi sin pesta√Īear.

Cuando subo a un ómnibus busco un rostro, una mujer lo suficientemente sensual como para que me ayude a que el viaje sea menos tortuoso. La miro de pies a cabeza. Repaso cada parte de su cuerpo. Imagino toda una película con ella. El filme casi siempre tiene bastante morbo. Si la mujer es en verdad lo que buscaba, hasta saboreo su imagen y le paso la lengua por la punta de la nariz….

A veces, creo un pasado que puede ir desde peleas con espadas hasta concursos por ganarme una noche con ella. En ocasiones, soy todo un romántico, y puedo renunciar a lo que sea por su amor o imaginarnos como personajes de obras de la literatura, así he sido Romeo, Tristán…, aunque sin mucha tragedia, lo que más me interesa es el disfrute, el goce. También he formado parte de películas. Me encanta, por ejemplo, Pretty woman, en especial una de las primeras escenas en el cuarto del hotel. Todo eso depende de mi estado de ánimo, de las ideas que tenga en ese momento, del filme más reciente que haya visto o de la anécdota de un socio que quiera superar.

Ella puede ser una actriz famosa que se enamora de alguien de la calle, como en aquella película de Julia Roberts que se desarrolla en Londres, o puedo ser yo el famoso. Entonces la multiplico por cinco o seis, así es siempre más agotador, porque son demasiados cuerpos, demasiados movimientos a la vez, que debo planificar tratando de ser lo más creativo posible, porque el sexo es también un arte y cuanto más compleja es la obra más esfuerzo se necesita.

A veces, pongo a la mujer seleccionada a que se ba√Īe desnuda en una piscina mientras la miro con un telescopio desde una torre cercana, dicen que as√≠ observaba Hemingway a Ava Gardner en la piscina de Finca Vig√≠a. Yo he tenido a m√°s de una Ava Gardner. Luego voy hacia ella, ella deseosa en el agua mencionando mi nombre, con una mirada como de lujuria, ella con un bl√ļmer de encajes negro, como el que dicen que us√≥ la Gardner real en Vig√≠a, y yo‚Ķ ay‚Ķ yo con Ava Gardner.

En ocasiones, la visto de enfermera, con esas medias finas hasta los muslos, o de aeromoza o de bailarina. Y lo hacemos en el hospital, en el ba√Īo del avi√≥n, en un camerino o donde sea. He llegado hasta a sacar a los dem√°s pasajeros del √≥mnibus para ponerla a bailar ah√≠ mismo, para que mencione mi nombre. Me encanta escuchar mi nombre al comp√°s de sus movimientos. Lo mejor de esto es que todo es posible. Uno hace realidad cualquier sue√Īo.

Pero, a veces, no tengo suerte. No siempre hay una mujer as√≠ sobre el √≥mnibus. Antes la √ļnica soluci√≥n era recostarme y tratar de dormir. Pero me he superado, he aprendido que ante los problemas uno jam√°s debe cerrar los ojos.

Por eso he creado un proceso al que le llamo La remodelación. Consiste en construir yo mismo la mujer que quiero. Selecciono primero la que me servirá de base, la que iré remodelando. A veces, busco que esté lo mejor posible para que todo sea más fácil, más rápido. En otras, la cojo que parezca casi insalvable, porque sería un mayor reto y también una forma de regalarle sensualidad, de hacerla deseable por cualquier hombre. He pensado mucho en la posibilidad de tirarle una foto, después de remodelada, para obsequiársela, para que me agradezca por ayudarla tanto, pero no estoy seguro de que eso vaya a funcionar.

En ocasiones la formo bien delgada o algo rellenita, con pelo rubio o rojo‚Ķ Aclaro que las √ļltimas veces me he decidido por las mulatas, con pelo bien negro. Debe ser una especie de adicci√≥n que estoy desarrollando hacia ese tipo de mujer.

Ayer parec√≠a que no podr√≠a formar a nadie con esas caracter√≠sticas. La √ļnica mulata era una ni√Īa. Y con eso s√≠ que no puedo. Cog√≠ a una blanquita, la pint√© y le hice todo nuevo. Esa ha sido, sin dudas, mi mejor creaci√≥n hasta ahora. Me gustaba tanto que la segu√≠ hasta su casa, toqu√© la puerta, intent√© entrar‚Ķ, y form√≥ una bulla del carajo.

Confieso que este es un proceso complicado, en el que hay que prestarle atención a muchos detalles. A veces, uno prueba más de cinco sonrisas, más de cinco pares de tetas, hasta que por fin logra lo que quiere. En ocasiones, piensa que todo está listo, pero cuando valora el producto completo, se percata de imperfecciones. Recuerdo que al principio algunas de mis obras quedaban deformes. Solía ser muy exagerado con las nalgas y los muslos. Tenía que comenzar otra vez o conformarme con lo hecho, porque faltaba poco tiempo para que terminara el viaje.

Poco a poco, me he convertido en un profesional. No necesito probar tantas partes de otras para formar a la mujer que quiero. Casi siempre acierto a la primera. El mayor problema sigue siendo que la miro demasiado, sobre todo después de terminada. Dicen que pongo cara de bobo o de maniático. La gente siempre exagera. Lo cierto es que he tenido líos con maridos celosos, con primos u otros que se creen protectores o con ellas mismas, como si yo no tuviera el derecho de admirar mi propia obra, y hasta de tocarla, de jalarle el pelo rico y darle unas palmadas en las nalgas…

Hoy no ha sido problema mirarla. Ella tambi√©n me mira desde hace rato. A veces, hasta parece que quiere hablarme. La noto intranquila. Sonr√≠e. Se pasa las manos por los muslos, los que yo le puse. Se arregla la blusa, una mucho m√°s ajustada que la de antes, se mete un dedo en la boca‚Ķ Y me mira. Me mira casi sin pesta√Īear. Se levanta y viene hacia m√≠. Trato de disimular iniciando una conversaci√≥n con el pasajero de al lado, pero est√° dormido. Hago como que busco algo en mi mochila.

‚ÄĒ Est√°s en lo mismo que yo, ¬Ņverdad?, me interrumpe ella.

‚ÄĒ ¬ŅEn qu√©? ‚Äďle respondo fingiendo indiferencia.

‚ÄĒ En La Remodelaci√≥n ‚Äďme dice sonriente y le avisa al chofer que se baja en la pr√≥xima parada.

Me quedo algo sorprendido mirando como camina por el estrecho pasillo hacia la puerta trasera del ómnibus. Poco a poco se desdibujan los cambios que le hice, quizá por mi falta de concentración.


Grabiel Castillo, de cuentacuentos

Todav√≠a se siente el vibrar de la palabra de la octava Bienal de Narraci√≥n Oral Cuenta Cuentos, y en eso tiene mucho que ver Grabiel Castillo, con su ‚Äúgarganta de lata y el vozarr√≥n‚ÄĚ, y tambi√©n por la capacidad para juntar en Camag√ľey.

‚ÄúContrario a lo que todo el mundo piensa, el narrador oral no debe aprenderse el cuento de memoria. Una verdadera narraci√≥n oral es viva y genuina en tanto trabaje con lo que proporciona el momento donde se hace. Cuando te la aprendes de memoria comienza poco a poco a ser una cosa recitativa, fr√≠a, que no vive el instante‚ÄĚ, afirm√≥ recientemente a la prensa.

Desde el Proyecto Sociocultural eJo creó Catalejo de Cuentos, integrado por narradores, muchos de los cuales han sido formados allí mismo, y se mantienen como entusiastas de una expresión milenaria, vital para las relaciones humanas.

‚ÄúUna de las cosas que ha entendido el narrador camag√ľeyano es el cultivo de su voz, de su aparato vocal. Trabajamos desde las t√©cnicas vocales, que esa voz se desarrolle y llegue al espectador‚ÄĚ, explic√≥.

Contada en una de las galas nocturnas en la Casa de Cultura Ignacio Agramonte. Foto: Claudia Artiles.Contada en una de las galas nocturnas en la Casa de Cultura Ignacio Agramonte. Foto: Claudia Artiles.

‚ĒĬŅCu√°l fue tu escuela?

‚ĒÄ Soy alumno de Zaida Montells que fue alumna de Mayra Navarro. Luego la propia Zaida trajo a Mayra y a Jes√ļs Losada a revisar a sus alumnos en Camag√ľey. Me toc√≥ salir de la vertiente de Mayra Navarro, de voz totalmente limpia, enfatizada, buscando la caracterizaci√≥n vocal, apoy√°ndote en la gestualidad y viviendo el momento.

‚ĒÄMayra Navarro, mariposa cubana, ¬Ņcoincidiste en todo con ella?

‚ĒÄLos maestros de la narraci√≥n oral en el pa√≠s Mayra Navarro, Francisco Garz√≥n C√©spedes, Hayd√©e Arteaga, quer√≠an que el narrador ejercitara los c√°nones de ellos. Eso trajo serias dificultades en el movimiento, trajo rupturas entre ellos mismos. No obstante, ella promocion√≥ toda la vida algo crucial para un narrador oral, no todos lo entienden: el hecho de no aprenderse el cuento de memoria.

 Atento al conversatorio con Fátima Patterson, en la Academia de las Artes Vicentina de la Torre, junto a su colega, el actor y narrador Josvany González. Foto: Alejandro Rodríguez Leiva.Atento al conversatorio con Fátima Patterson, en la Academia de las Artes Vicentina de la Torre, junto a su colega, el actor y narrador Josvany González. Foto: Alejandro Rodríguez Leiva.

‚ĒÄCu√©ntame la an√©cdota con ella en su √ļltima bienal

‚ĒÄRecuerdo esa bienal, esa grande que hizo ya enferma. Cit√≥ pr√°cticamente a Cuba completa. Cuando se vio con todos aquellos narradores y cuatro d√≠as de bienal, no pudo. Tuvo que decir: tres minutos, cuatro minutos. A m√≠ me dio ocho y a Ury Rodr√≠guez le dio ocho. Ury ardi√≥ y yo, pues, a romperme la cabeza. No ten√≠a ning√ļn cuento de ocho minutos y no pod√≠a pasarme pero tampoco pod√≠a quedarme en siete. Ten√≠a uno infantil. Ba√Ī√°ndome para ir al Bertold Brecht record√© el cuento y lo prepar√© con la t√©cnica de Mayra Navarro, porque sab√≠a que era lo que quer√≠a. Ella me hab√≠a bateado ya durante los d√≠as del evento como seis o siete cuentos. Cuando termin√© la narraci√≥n, dio la vuelta y me dijo: ese s√≠, ese s√≠.

‚ĒĬŅEs preservado el repertorio de los maestros?

‚ĒÄTodos los narradores orales de una manera muy fraternal copiamos el texto de otros. Los textos de los maestros se respetan much√≠simo, ya est√°n en las voces de narradores orales en el pa√≠s. Esos materiales est√°n circulando. El movimiento de narraci√≥n oral afortunadamente tiene muy buena comunicaci√≥n.

‚ÄúTenemos material guardado de las visitas de Mayra Navarro, de Jes√ļs Losada, de algunos de los narradores que fallecieron, y los estamos intercambiando toda vez que tenemos un taller que nos permite la regeneraci√≥n‚ÄĚ.

Hasta el Café Literario LA Comarca llegó la Bienal Cuenta Cuentos para reconocer al Proyecto sociocultural Golpe a Golpe. Foto: Yunielkis Naranjo Guerra.Hasta el Café Literario LA Comarca llegó la Bienal Cuenta Cuentos para reconocer al Proyecto sociocultural Golpe a Golpe. Foto: Yunielkis Naranjo Guerra.

‚ĒĬŅY qu√© me dices de las memorias de Catalejo de Cuentos?

‚ĒÄEl proceso de la COVID ayud√≥ much√≠simo. Hay que resaltar la ayuda del departamento de Programaci√≥n de la Direcci√≥n Provincial de Cultura, y sobre todo la figura de la subdirectora Tamara Castillo, por la insistencia de que fu√©ramos a las redes con determinada calidad. Surgi√≥ la idea de grabar a los narradores.

‚ÄúDurante los tres momentos de la pandemia en que estuvimos cerrados, Catalejo de Cuentos se mantuvo trabajando, grabando bajo estrictas normas de higiene, unas veces en el Proyecto eJo, otras en la casa de cada narrador. Ahora hay un amplio diapas√≥n de narraciones guardadas, 48 c√°psulas. Muchas veces son cuentos que hac√≠an estos maestros‚ÄĚ.

‚ĒÄAlgo tambi√©n aplaudido a nuestros cuentacuentos es su defensa de autores camag√ľeyanos

‚ĒÄUna de las tareas durante la pandemia fue la b√ļsqueda y desarrollo del repertorio, repertorio que por ser camag√ľeyano siempre acude a la an√©cdota, a la leyenda y al escritor camag√ľeyano. Tenemos un excelente intercambio con el Centro Provincial del Libro y la Literatura. Muchos escritores han entendido que una forma de promocionar su obra es el propio narrador.

‚ĒÄPienso r√°pido en dos escritoras: Evelin Queipo y Niurki P√©rez

‚ĒÄS√≠, ellas nos traen sus textos, incluso Niurki P√©rez ya no es s√≥lo la escritora de literatura infantil seleccionada como la m√°s le√≠da en el sistema de bibliotecas p√ļblicas. Yo creo que es la escritora m√°s abordada por los narradores orales en el pa√≠s. No existe un narrador oral que en alg√ļn momento de su vida no agarre una historia de Niurki y la narre porque escribe tan di√°fanamente que permite al narrador hacer una selecci√≥n r√°pida de sucesos y poder trabajar.

En 2021, la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z le obsequi√≥ esta postal a quien presidi√≥ su filial en Camag√ľey.En 2021, la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z le obsequi√≥ esta postal a quien presidi√≥ su filial en Camag√ľey.

‚ĒĬŅCu√°les son los cuentos que mueven a Grabiel Castillo?

‚ĒÄMis caballos de batalla son cuentos Mayra Navarro. Tengo uno que hago a cada rato. La primera vez lo hice motivado, fascinado, y ella lo estaba tambi√©n, pero le dej√≥ 17 notas, tantas que lo guard√©, y dos a√Īos y medio despu√©s cog√≠ el cuento, lo volv√≠ a revisar, coincidi√≥ con que ella volvi√≥ a Camag√ľey. Me dec√≠a que yo era un exagerado pero guardo la libreta con las 17 notas. En alg√ļn momento dej√© de anotar y est√°n las notas de todos mis compa√Īeros de esa √©poca, que siguieron escribi√©ndome en la libreta las notas de Mayra Navaro.

‚ÄúTengo muchas cosas ya m√≠as, esos caballos de batalla que se los debo a ella, a esa forma de ense√Īarte, a esa forma exquisita de hacer, de decir, independientemente de que provengo del teatro y he tratado por todos los medios de abrir un poco m√°s del diapas√≥n, de moverme m√°s en el escenario, de trabajar m√°s con el p√ļblico, de usar m√°s mi gestualidad, mis atributos. Cada uno tiene algo fundamental, algo que le permite defenderse y eso debe explotarlo durante la narraci√≥n oral‚ÄĚ.

*Tomado del semanario Adelante


Desde Casa de las Américas otra propuesta literaria de valor

La editorial de la emblem√°tica Casa de las Am√©ricas es siempre fuente de propuestas atractivas.¬†Cuentos (casi) completos, del escritor puertorrique√Īo Manuel Ramos Otero, constituye una de sus entregas m√°s recientes, invitaci√≥n para adentrarnos en una literatura repleta de giros y situaciones interesantes, en las cuales se suelen sentir con fuerza las experiencias del autor, una de las¬†figuras m√°s ricas y pol√©micas de las letras boricuas.

Esta compilaci√≥n, realizada por el tambi√©n puertorrique√Īo Arnaldo Cruz-Malav√© y con edici√≥n de la cubana Caridad Tamayo Fern√°ndez, sugiere un recorrido por toda la obra cuent√≠stica del tambi√©n novelista, poeta, ensayista, activista por los derechos sexuales, cr√≠tico, promotor y creador de obras de teatro y performances, que falleci√≥ en 1990 a la edad de 42 a√Īos.

Pone a disposici√≥n de los lectores todos los relatos de sus libros¬†Concierto de metal para un recuerdo y otras org√≠as de soledad¬†(1971);¬†El cuento de la Mujer del Mar¬†(1979);¬†P√°gina en blanco y staccato¬†(1987) y¬†Cuentos de buena tinta¬†(1992), a lo cual a√Īade otros relatos in√©ditos hasta entonces,¬†encontrados en la biblioteca de la Universidad de Columbia. Eso le confiere a este volumen un valor especial al constituir ‚Äúel mapa m√°s completo de su narrativa‚ÄĚ, como expres√≥ en su presentaci√≥n el dramaturgo y cr√≠tico Norge Espinosa Mendoza.

Con dise√Īo de Pepe Men√©ndez, Premio Nacional de Dise√Īo de Cuba 2021; correcci√≥n de Ana Mar√≠a Caballro Labaut,¬† y pr√≥logo de Cruz-Malav√©, la obra sugiere un viaje de percepciones desde el primer relato Hollywood memorabilia, en el cual hay constantes referencias a figuras del cine y la literatura, con una especie de mon√≥logo del personaje principal, en el cual se percibe tambi√©n la voz real de Manuel Ramos, quien vivi√≥ parte de su vida en Estados Unidos.

Al leer varios de los relatos uno tiene la sensación de participar en diálogos, en los que se suele emplear la segunda persona del singular, combinada con narraciones y estructuras a veces circulares. En ocasiones, se vuelve a un mismo elemento o situación, que adquiere dimensiones diferentes en las diversas escenas de las historias.

Cuentos (casi) completos confirma la versatilidad narrativa de Manuel Ramos, creador rebelde e impredecible, de espíritu inquieto y atrevido, que también utilizó la literatura como instrumento de guerra, batalla y autoidentificación, al decir de Espinosa Mendoza.

Autor también de la novela experimental La novelabingo (1976), el ensayo De la colonización a la culonización (1991) y los cuadernos de poesía Invitación al polvo (1991) y El libro de la muerte (1985), Ramos reflejó en su obra temas complicados para muchos en su época, desde una visión personal y con recursos diversos, incluido el humor y expresiones cortas y directas, como agujas filosas que penetran en las mentes, para motivar reflexiones en torno a fenómenos de la sociedad.

En el pr√≥logo, Cruz-Malav√© asegura que ‚Äúel tema homoer√≥tico en las letras puertorrique√Īas es ya parte de una larga e influyente tradici√≥n. Pero quiz√°s no fuera sino hasta la aparici√≥n de la figura verdaderamente fabulosa y pol√©mica de Manuel Ramos que un escritor puertorrique√Īo asumi√≥ por primera vez, abiertamente y sin ambages, una identidad sexual minoritaria y disidente como escritor homoxesual‚ÄĚ.

La compilación, disponible en la sede de Casa de las Américas en La Habana y que próximamente estará en librerías de varias provincias del país, muestra variedad dentro un mismo estilo. En las historias y en las maneras de actuar de los personajes gravitan también el ambiente de las diferentes etapas, el pensamiento y las visiones de su autor, quien participó en disquisiciones políticas sobre la realidad y la historia de Puerto Rico y su relación con EE.UU.

Ojal√° este libro llegue a las manos y especialmente a las mentes de muchos. El esp√≠ritu de Manuel Ramos y la fuerza de sus letras pueden seguir siendo muy √ļtiles para reflexionar en torno a parte de la realidad de nuestras sociedades de Am√©rica.


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