«Actuar con el corazón tiene un precio y hay que enfrentarlo»

«No, de verdad: yo no me lo creo». Santa Massiel Rueda Moreno se echa hacia atrás en el sofá de su oficina, un pequeño local con un cartel en la puerta que identifica su función como presidenta provincial de la Asociación Hermanos Saíz en Ciego de Ávila.

Desde hace tiempo esta muchacha de 33 años, pelo rizado y abundante (tan abundante que se lo recoge en un moño gigantesco, con aires africanos, que ha terminado por identificarla), se ha hecho visible en el sector cultural avileño.

Se le ve en debates y encuentros de organismos, sentada a la entrada de un teatro, rodeada de artistas o, guitarra en mano, con el grupo Motivos Personales, que integra en estos momentos con Claudia Aurora Benítez Castro.

A su alrededor también se nota un ambiente de confianza. No solo en sus actos, porque casi siempre anda riéndose, sino en la seguridad con la que los jóvenes creadores hablan de ella.

«A cada rato me decían: “Te nominaron por tal lado“. “Oye, te propusimos por aquí”. Y yo respondía: “Está bien, no hay problemas”. Pero nunca imaginé que un día llegaría el aviso de que en verdad estaba nominada, y menos que me pararía delante de la Asamblea Municipal de Poder Popular de Venezuela para oír mi biografía y lo que la gente opinaba de mí».

Palabra prohibida

Santa Massiel egresó de la antigua escuela de instructores de arte Manuel Suárez Delgado (Ceballos Siete) en la especialidad de música.

«Allí nos graduamos con una formación integral —acota. Tocamos varios instrumentos, tenemos conocimiento de dirección de conjunto y dominio de varias asignaturas, entre ellas de Humanidades».

En el 2011 ingresó en la AHS. Tiempo después fue elegida jefa de la sección de Música, luego electa Vicepresidenta y después, Presidenta provincial.

—¿Nunca te viste de Presidenta?

—No.

Ni dando carreras detrás de los muchachos…

—No.

—¿Y es fácil ser presidenta?

—¡No, no es fácil! Porque tienes que poner a un lado tus proyectos personales para hacer por la obra y los proyectos de todos.

—Pero tú no te has quedado solo en el cargo. Sigues actuando.

—Sí, pero no es igual. Ya no es el mismo tiempo para escuchar música, componer, estudiar. A lo mejor el problema es mío, que no he sabido dosificar bien las responsabilidades.

—¿No te sientes frustrada?

—Frustrada no; pero sí me gustaría que fuera diferente.

¿Por qué no te sientes frustrada?

—Porque la palabra frustración no me gusta. No la admito. Al final, con menos tiempo para componer, cuando hago algo me produce una satisfacción muy grande.

Siete cabezas en una

—¿Cómo ser líder en el sector de la cultura, que es tan apasionado, con tantos criterios y tan dado a la polémica?

—¿Yo soy líder? Vaya, eso ni me lo creo.

—Tú aseguras que no; pero cuando dices una cosa, la gente te sigue.

—Ah, eso sí. Mira, a mí nadie me ha enseñado a dirigir. Lo que se ha hecho es por un trabajo colectivo a partir de una sensibilidad, de creer en los demás y en su obra; por el apego de escuchar a todo el mundo, saber qué se debe cumplir y tratar de conjugar corazón, razón y justicia. Al final, yo trato de escuchar a todos y entenderme con todos.

—¿Te has buscado muchos problemas?

—Sí, claro. Incluso con artistas. Siempre hay alguien que no está de acuerdo contigo, y a todos los niveles. Pero ese es el precio de lo que te decía ahorita: dirigir y actuar con el corazón, la razón y la justicia.

«En ocasiones me dicen: “¿Cómo tú apoyas ese proyecto, si eso está en candela?” Entonces yo digo: “A ti no te gusta, puede que a mí tampoco; pero tenemos que apoyarlo. Son sus sueños y está bien lo que están haciendo”.

«En esto de dirigir juega mucho la dinámica de la Asociación. Yo no tengo una cabeza. Yo tengo siete: mis dos vicepresidentas y mis jefes de sección. De ahí yo tomo y digo: este es el camino».

El público habla

Como dice el refrán: de casta le viene al galgo… El padre de Massiel es compositor, cantante y sonero. Se llama Justo Emilio Rueda Bravo y fue vocalista de la orquesta Aragón. Su abuelo paterno, Pablo Rueda, era rumbero, y el niño de Massiel, Samuel Cabrera Rueda, estudia música en la Escuela Elemental de Arte.

«En casa, desde chiquita he estado alrededor de la música. Mis padres siempre estaban escuchando algo. De ahí viene la inclinación. En mis listas musicales hay de todo: trova, Las D´Aida, Ibrahim Ferrer, Celeste Mendoza, Ignacio Piñeyro; las orquestas Aragón, Original de Manzanillo, Rubalcaba, Rumba Habana, Sierra Maestra… y hasta el reguetón, ¿por qué no?».

—¿Qué relación puede tener esta nominación en tu vida de artista? ¿Qué te puede dar?

—Bueno, míralo por la parte del público. Cuando me presentaron en la asamblea, apareció el lado de la artista. Una actúa, pero no ve a la gente. No interactúa con todo el mundo. En ese momento se paró una mujer y dijo: “Sí, yo la conozco. Ella actuó en tal lugar”. Me conocían de los cruces de la Trocha. Ahí desperté y pensé: sí, yo tengo vínculos con este territorio.

«Te voy a decir algo. No me ubico todavía. Con el recorrido de los candidatos empecé algo; pero sigo sin ubicarme».

—¿Ubicarte en qué?

—En lo que me toca; en dónde estoy y lo que viene. Te digo ubicarme porque los recorridos no han sido turísticos. Fuimos a centros estudiantiles, económicos, de la Salud, y conversamos con trabajadores de la Cultura. Hubo un encuentro muy bonito: un intercambio con la diputada actual y con las demás que ha tenido Venezuela.

«Ellas se esmeraron en pasarnos sus experiencias, aclarar qué debes continuar, qué empezaron… y eso es muy interesante porque hablaban con un sentimiento increíble. Eso me gustó. Fíjate, una de ellas hasta conoció a Nicolás Guillén cuando fue diputado y me contó de sus conversaciones con él. ¡Mira lo que una aprendió!».

—¿Cómo tú puedes ser útil en el Parlamento?

—Chico, cuando me vea ahí te lo diré.… No, en serio: creo que seré útil en la medida en que sea portavoz de una realidad; la de todas esas personas que nadie conoce, pero son muy importantes para nuestra sociedad. Creo que seré útil convenciendo desde mi experiencia de la cultura. Todavía no sé de qué manera ni cómo, pero lo intentaré.

—¿Aún buscándote problemas?

—¿Por qué no?

—Sí, porque mientras mayor sea la responsabilidad, mayores son los problemas.

—Bueno, si es para bien… Siempre hay un motivo personal que puede convertirse en colectivo. Yo sí creo en ese eslogan que hay por ahí. Lo repiten tanto que la gente a veces se cansa. Dicen que algo mejor es posible y yo sí creo que lo mejor puede hacerse posible.

—Una pregunta: ¿cuándo te irás de la AHS?

—¿Irme yo? ¿De la AHS?

—Sí, ¿cuándo te irás?

—Nunca. (Sonríe). Yo nunca me iré de la AHS.

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