Daniel Chavarría: el abrazo, “un soplo y una sombra“

Por: Sheyla Delgado Guerra di Silvestrelli

Como quien se traga de golpe la luz, la noticia enlutó las letras. Enlutó a La Habana y a Cuba toda, a Uruguay y a Latinoamérica. Porque en eso de poner fronteras él no gastaba el tiempo. Se sabía un poco de su natal San José de Mayo, y un poco (tanto) de este país caribeño que le iluminó las palabras y le robó el alma como quien roba un beso.

Así, este “escritor cubano nacido en Uruguay” —como se autodefinía— se despidió (acaso físicamente) de los suyos el último viernes. Tenía entonces 84 años y un montón de lauros… y de sueños. Quizá el que más agradecía, como buen escritor cubano, era el Premio Nacional de Literatura 2010.

Pero Daniel Chavarría es mucho más que eso. Es el libro abierto en la página del convite, es la palabra hecha fuerza y la fuerza vuelta deseo. Mucho le debe la literatura policial latinoamericana, porque fue su cultivador y apologeta, pluma y derrotero. Sin duda, todo un ícono de ese género.

Si embargo, incluso enlistando todos los méritos, nos quedamos a la entrada del camino que recorre al autor, que descubre al hombre de voz grave y dulce acento. Al Daniel detrás del éxtasis del suspense, al Chavarría auténtico.

Y el audiolibro de este escritor que ahora escucho en otro tono (Editorial Cubaliteraria, 2012), me estampa su voz en un tramo de mí que va entre cerebro y pecho. Llena, de cierta manera, el vacío que sucedió a la noticia y rompe, al menos mientras me habla, el sentimiento que se hizo nudo. Porque estos Cuentos para ser oídos en la voz del propio escritor, tienen el sortilegio de un abrazo sin relojes ni miedos, sin prisas ni despedidas.

Tengo a pocos metros la portada de una compilación de ebooks (Ediciones Cubanas y Cubaliteraria) en los que Daniel habla con la sonrisa desde la cubierta del CD. Como si esto no fuera más que un viaje cualquiera, exagerado en el dolor por quienes le admiramos y queremos.

Esa dedicatoria en el audiolibro me lleva de la mano al “hasta pronto” y al regreso. Tiene un tanto de cariño y otro tanto de “profético”… para el día en que llegara este viaje que no queríamos ni entendemos:

“Salud, queridos oyentes. Esta es la primera vez que leo para un público al que no veo. Y confieso que me intranquiliza un poco. No obstante, espero me oigan con la misma calidez que cuando me presento ante ustedes de cuerpo entero”.

Me detengo, por muchas razones, en el cuento sexto: «Un soplo y una sombra». Me quedo con la sensibilidad prendida en el párrafo final, justo donde el Pocho Chavarría cuelga las últimas emociones por la sorpresa de varios reencuentros. Porque también yo quiero volver a hallarlo así, donde se hacen una la alegría y la tristeza. Porque, también yo, «tras su partida me vi asediado por un verso de Sófocles donde revela que la vida es solo ánemos kai skià, un soplo y una sombra”.

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