Alejandro Vega Baró


Pride

Nac√≠ en 1997, a finales de la peor crisis econ√≥mica en la historia nacional. No obstante, crec√≠, fui a la escuela, aprend√≠ a leer. Devor√© libros, visit√© museos, tambi√©n me enamor√© de cosas, de gente, que ya ni veo, ni escribo y a√ļn sigo amando. Un d√≠a me mir√© al espejo, me vi cubano y me enamor√© de m√≠. As√≠ comenc√© a ahondar en mi propia historia, como reflexi√≥n profunda de mi propio pa√≠s. En una ocasi√≥n una amiga estadounidense me dijo que la primera palabra que debo aprender del ingl√©s era PRIDE, y le hecho caso, esa palabra brilla en mi pecho porque tambi√©n he escogido ser cubano.

Como no creo en las casualidades y soy un amante de la historia, desde hace tiempo, viendo la situaci√≥n de Cuba he pensado mucho en Etiop√≠a. Esta naci√≥n se defendi√≥ del m√°s feroz y genocida imperialismo europeo, ese que destruy√≥ la carne y alma de muchas de las naciones m√°s antiguas de la tierra, que devor√≥ √Āfrica, y humill√≥ como nunca antes se hab√≠a visto, a millones de seres humanos. La monarqu√≠a absoluta de Haile Selassie tuvo miles de defectos, m√°s fue la forma de resistir frente al invasor. Etiop√≠a sigue siendo un pa√≠s muy pobre y, como siempre he dicho, no hay nada de dignidad en la pobreza, no obstante, la dignidad et√≠ope est√° en poder decir, tengo Patria, porque la PATRIA lleva impl√≠cito el concepto de LIBERTAD. Es esa palabra tan vol√°til y abstracta, Patria, lo que permite mirar de frente al otro, y asumir nuestras lenguas, nuestras razas, nuestros credos, con la misma dignidad y orgullo que el ofensor, porque tambi√©n tenemos historia. Hoy en un continente plagado de lenguas oficiales angl√≥fonas y franc√≥fonas, en Addis Ababa se habla con orgullo amh√°rico.

Es innegable que nuestro primer proyecto de pa√≠s fue convertirnos en una rep√ļblica dispuesta a la anexi√≥n. Pero tambi√©n es innegable que un d√≠a miramos nuestras manos, pieles, luz, tierra, mar, y en un convulso despertar de sentires muchas veces plagados de racismos, discordia, diversidad de credos y religiones, tambi√©n de nacionalidades, nos dimos cuenta de que √©ramos cubanos, as√≠ en 1868 nuestra tierra ya fertilizada pari√≥ la naci√≥n. Innegable tambi√©n es, la primera intervenci√≥n militar, y el vil chantaje de tener una rep√ļblica mediatizada o prolongar la intervenci√≥n. Optamos irremediablemente por la primera opci√≥n, tuvimos que aceptar que Leonard Wood, que se hab√≠a desempe√Īado como gobernador general, nos clasificara como‚Ķ una verdadera dependencia de los Estados Unidos, que naturalmente se anexar√≠a a la naci√≥n‚Ķ

Vivimos en un país donde al mismo Batista se le negó la entrada a clubes privados, porque su mulatez pesaba más que sus cargos políticos. Donde las sobras de los restaurantes se les vendían a los mendigos. Que se llenaba de rascacielos, hoteles, contrastando con una economía netamente azucarera y enteramente dependiente de las fluctuaciones y coyunturas del mercado internacional. El campesinado cubano tenía un índice de desnutrición de 91%, menos de 1% consumía pescado, solo el 11.22% tomaba leche, solo el 45% comía carne, solo el 8% recibía atención médica gratuita. Estos datos no los inventé, revisen la encuesta de la Agrupación Católica Universitaria de 1956 y 1957.

Lleg√≥ enero de 1959 con el triunfo de la revoluci√≥n iniciada en 1868. Nos negaron refinar el petr√≥leo y nacionalizamos a las empresas. As√≠, en nuestro justo batallar, exigimos todas nuestras tierras, playas, minas; reclamamos tambi√©n nuestro derecho a aprender a escribir y leer. Hubo bandidos, bombas, invasi√≥n, terrorismo, nace la Patria y es ella o la muerte. Es en ese tremendo discurso inicial, digno, justo, descolonizador y emancipador que nos olvidamos de un gran detalle que en mi opini√≥n debe ser el primer principio del socialismo, liberar al hombre, no convertirse en su due√Īo. Fue ese peque√Īo gran detalle que nos hizo pasar por alto la humanidad de nuestra comunidad religiosa, minor√≠as sexuales, que no comprendi√≥ que temer, pensar diferente y disidir, tambi√©n es humano. Hemos arrastrado ese error hasta nuestros d√≠as y hoy nuestra supervivencia depende de sumar, tenemos la misi√≥n de que nuestro concepto patrio sea cada vez m√°s amplio, inclusivo, sin olvidarnos de nuestro m√°ximo deber y leg√≠timo derecho de hoy m√°s que nunca, defender a Cuba. Para eso tambi√©n tenemos que discernir, porque ser cubano y ser parte de Cuba no da derecho a destruir.

Cuba es obra, luz, las sombras como ausencias que son, no existen en la Patria, digo esto a√ļn a sabiendas de lo complejo que son estos conceptos. Las manchas de nuestra estrella tendr√°n derecho a existir, pero todos sabemos que son incapaces de iluminar. Es nuestra obra constante revelarlas, pero tambi√©n trabajar diariamente en los brillos, en ser mejores, solo as√≠ tendremos un pa√≠s mejor. Para eso tenemos que asumir nuestra condici√≥n actual e independientemente del tremendo grado de dificultad que representa para muchos y me incluyo, hemos de aprender a amarla. En nombre de este sentimiento se ha dicho mucho, se hace mucho, pero pocos conocen que amar es construir, y efectivamente en un mundo de tan poca inteligencia emocional pocos saben hacerlo. Cuba hoy m√°s que nunca necesita ese genuino amor que en muchas ocasiones, pasadas, recientes y en la actualidad, todav√≠a le negamos.

Lleva implícito la Patria, y lo reitero, la libertad, la vida, en sus expresiones más dignas, más humanas, por eso, en estos días tan tristes de julio, en estos tiempos tan tristes, llenos de manipulaciones, de viles intereses, de post verdades, hemos de amarla más que nunca.

Digamos Patria y decimos VIDA O MUERTE.



Regreso a un país que ya no existe

He seguido la producci√≥n pict√≥rica de Ra√ļl Morej√≥n durante ya unos 10 a√Īos. Siendo testigo de toda su evoluci√≥n y desarrollo pl√°stico, lecturas filos√≥ficas y textos, puedo decir sin temor al error, que es un creador verdaderamente singular en el nov√≠simo panorama pl√°stico cubano. Nos enfrentamos a un artista genuinamente anacr√≥nico para su tiempo. Un ‚Äúpintor dom√©stico‚ÄĚ, cuyo ejercicio pl√°stico est√° tan naturalizado como tomar un vaso con agua. Ra√ļl, piensa, lee, estudia y pinta en su cuarto, justo al lado de su cama est√° el caballete. Su pintura se cocina bien lento y desde el silencio ha estado generado una obra, herm√©tica, rara, salpicada del pensamiento filos√≥fico alem√°n, teor√≠as de la New Age, fotograf√≠as an√≥nimas, revistas del per√≠odo sovi√©tico, libros e im√°genes rescatadas de la basura, sumado a eso numerosos objetos‚Ķ

Si bien es un continuador de los presupuestos visuales de Jos√© √Āngel Toircac y Gerhard Richter, dado el empleo constante de la fotograf√≠a, en efecto base de toda su pintura. Su obra sutilmente maneja una intimidad y anacron√≠a que desde un punto de vista netamente conceptual es heredera de otra l√≠nea de pintores figurativos, en la cual podemos mentar a Fidelio Ponce y Lucien Freud.

‚ÄúVariedades‚ÄĚ, es la √ļltima serie de Morej√≥n. En ella genera una sabia reflexi√≥n sobre nuestro presente pol√≠tico. Es un conjunto de piezas para la cual nuestro artista demand√≥ de la colaboraci√≥n de parte de la ciudadan√≠a de su natal Matanzas. A esas personas les pidi√≥, a modo de pr√©stamo, la foto que captura el momento en el cual galopaban en el caballo mec√°nico del Ten Cents de la ciudad. Ra√ļl reprodujo monocrom√°ticamente al √≥leo esas im√°genes, en efecto homogenizando generaciones muchas veces diferentes, a las cuales las un√≠a algo m√°s que el famoso aparato. Este caballo mec√°nico, juguete importado de los Estados Unidos, pas√≥ sin penas ni glorias sus primeras d√©cadas en el recinto comercial, hasta que, en los a√Īos 70, se convierte al calor del Elpidio Vald√©s, en un caballo mamb√≠. Se pinta toda una escenograf√≠a a su fondo, y el conjunto se trasforma en una bella puesta en escena infantil, que no es m√°s que la expresi√≥n de un sentir nacional, o, mejor dicho, de un proyecto nacional. Todo sabemos, que el juego es casi un ensayo, en efecto los ni√Īos en ese juguete ensayaban ser mambises.

Muchos de los infantes retratados, hoy ya no viven en la isla, algunos han tenido una vida delictiva, otros, sin embargo, s√≠ fueron ‚Äúmambises‚ÄĚ. El mismo t√≠tulo de la serie ‚ÄúVariedades‚ÄĚ, que curiosamente es el nombre actual del Ten Cent, nos gu√≠a fielmente en la lectura de estas obras, hablando de una heterogeneidad incapaz de divisar desde un punto de vista formal, teniendo en cuenta lo homog√©neo de las piezas. Variedades alude y valga la redundancia a la variedad de vidas que esos ni√Īos han tenido, hoy ya convertidos en hombres y mujeres. Estas pinturas a diferencia de lo que pueden pensar muchos, solo son un medio, su fin no est√° en ellas mismas, es inmaterial. Constituye la generaci√≥n de un ‚Äúmemento‚ÄĚ en el cual el espectador queda completamente atrapado, el ‚Äúproyecto infantil‚ÄĚ de jugar a ser un embajador de la patria. Sin lugar a dudas es una hermos√≠sima y poderosa reflexi√≥n, que parece preguntarnos, ¬ŅTe acuerdas cuando esa era tu misi√≥n, recuerdas cuando ese era tu destino? Cuestionamiento que‚Ķ en ausencia de respuesta, solo sirve para convertirnos en objetos de un pa√≠s que ya no existe.