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Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (10/10)

Ya obtuve el título que buscaba… ¿y ahora qué?

Hemos llegado al último post de esta serie. Como habrás notado, cubrimos el ciclo de obtención del título, desde hallar la motivación, establecer las dinámicas de trabajo con el tutor, gestionar tu propio programa de formación de habilidades, hasta presentar los resultados de tu estudio. Ojalá las pistas discutidas te hallan hecho mejor investigador.

Casi un año ha transcurrido desde que comenzamos a discutir estos temas y, espero, ya obtuviste (o te encuentras más cerca de obtener) el título que ansías. El proceso ha demandado de ti tantos esfuerzos y energías que, por momentos, te pareció que no había nada más en mundo. Es un sentimiento común, todos pasamos por ahí. No combatas la confusión, por el contrario, abrázala; sé consciente de ella, deja vagar tus pensamientos y observa hacia dónde te llevan.

Como establecimos desde el primer post, un título es solo el comienzo: la entrada a una nueva esfera de actuación. Llegó la hora de redefinir nuestros objetivos y planes de vida. El propósito de este texto es discutir algunas de las opciones a las que te enfrentarás luego de graduarte y ofrecerte pistas que te ayuden a reorientar tu accionar y maximizar los beneficios.

¿Qué se hace luego de adquirir un título académico? Pues depende del título, claro está. En primer lugar, porque cada uno te capacita para cierto accionar y, en segundo lugar, porque se obtienen en distintas fases de la vida, por lo que tu performance profesional deberá (idealmente) conjugarse de manera armoniosa con ejercicios y planes de diferente naturaleza.

Mi primer título: Licenciado

¡Al fin! Luego de cuatro o cinco años recién terminaste la universidad. En realidad, has completado una fase que emprendiste desde muy pequeño, en la enseñanza primaria. Llevas quince años en la escuela y poco sabes más allá de la misma. Para la gran mayoría de las personas, aquí termina su proceso de formación profesional. El papel que recibiste te acredita para desempeñarte en un área determinada y comienzas en un trabajo. Tienes entre 21 y 25 años y toda la vida por delante: es hora de plantearte nuevas metas.

Lo primero que te sorprenderá es que las cosas a las que te enfrentas en el ámbito laboral son diferentes a los entrenamientos que recibiste. Rápidamente identificarás discrepancias entre las clases y lo que ahora debes aplicar. Asimismo, reconoces lagunas en tu formación y te vienen a la cabeza mil maneras en que hubiesen sido más efectivos los cursos que tomaste. Recuerdas tus buenos y malos profesores. Es normal. Ningún sistema educativo es lo suficientemente comprensivo como para abarcar todas las habilidades necesarias en el terreno productivo.

Tomada de internet

A veces, las tareas que tienes que cumplir en tu trabajo son verdaderamente desafiantes y novedosas en muchos aspectos. Te preguntas si en realidad estás capacitado para acometerlas y te amedrenta la ausencia, por primera vez, de una figura rectora cuya misión es asistir y motivar. Entonces te lamentas del tiempo que perdiste en la universidad y especulas acerca de lo que hubiese sucedido si hubieses prestado más atención en tal o más cual materia. Esto se llama el síndrome del impostor.

Ten calma. No te amedrentes y confía en tus capacidades. Si efectúas una autoobservación profunda también notarás fortalezas y cualidades en las que destacas. Solo necesitas más tiempo, la experiencia se encargará de ir puliendo y refinando tus destrezas. Verás que pronto te sentirás más cómodo. Te reproduzco un consejo de Seth Godin: búscate un héroe, alguien que sobresalga en tu campo e intenta ser como él. Emula sus hábitos y procura hacer ingeniería inversa de sus éxitos.

Tu héroe puede estar muy cerca, en tu propio trabajo quizás, pero no necesariamente tiene que ser así. Puede ser un autor importante o una figura pública de Alaska; da igual. Lo verdaderamente relevante son dos cosas: una, que esa figura esté relacionada con tu performance, es decir, que puedas aplicar las enseñanzas que adquieres; y, dos, que tu examen sea realista, o sea, de nada me sirve pretender imitar las propiedades de Superman para volar o de Spiderman de colgarme de las paredes.

Ahora bien, si lo que te interesa es continuar formándote, te recomiendo enrolarte lo antes posible en un programa de maestría. Ello abrirá nuevas puertas para ti. Lo único que tienes que pensar es si quieres prolongar las líneas instructivas que ya conoces (por ejemplo, si hiciste tu tesis historia del cine cubano y te incorporas a un máster en film studies) o si, por el contrario, quieres tomar rumbos completamente diferentes. Si tu opción es la segunda, entonces te recomiendo no apresurarte. Pasa algunos años más explorando el mundo laboral hasta que identifiques una nueva pasión.

De vuelta al ruedo: Máster

Hay tres tipos de estudiante de maestría. Primero, está el joven intenso que recién se graduó y que continúa con el entusiasmo y la inocencia del que no sabe otra cosa en la vida que estudiar. Se le reconoce por la emoción contenida por haber sido aprobado en el programa, el ímpetu y la celeridad con que realiza las tareas orientadas. En Cuba, a menudo, también es trabajador de la misma universidad, por lo que se le nota cierto azoramiento al tener como colegas a varios de los que, hasta hace un par de meses, fueron sus profesores.

Segundo, aquel que ha sido instado por su trabajo a tomar cursos de superación. A fin de cuentas, el objetivo de un programa de maestría es alcanzar una especialización en un área puntual de la ciencia con alta aplicabilidad en la vida profesional. Este es un investigador con cierta experiencia, aunque, siendo joven aun, se le valora más por el potencial de lo que puede llegar a ser. Es relativamente conocido por profesores y académicos del campo en su ámbito geográfico inmediato –ciudad o región– y tiene muy claro lo que le interesa adquirir del programa, por lo que discrimina su atención y esfuerzos.

El tercer tipo de estudiante es aquel que, en una fase tardía de su vida, decide buscar su título. Lo hace por muchos motivos: por la intensísima presión de los colectivos universitarios por aumentar los grados científicos de su claustro; porque, tomando en consideración los años de experiencia, ya tiene varios proyectos de investigación avanzados y no le son extraños, ni las publicaciones y ni las habilidades metodológicas de su ciencia, por lo que piensa que puede obtener el título sin muchos contratiempos; y porque es una forma de aumentar su salario, lo cual siempre es un inventivo sustancial y, como dijimos en el primer post, muy engañoso.

Generalmente, cada uno de estos comportamientos corresponde a una edad, pero no tiene por qué ser así. Cuando cursé mi maestría –yo fui del primer tipo descrito–, tuve compañeros casi con edad de retiro que mostraban una emoción en las clases verdaderamente impresionante. Hoy día, siendo profesor de varios programas de máster, he tenido como alumnos a chicos recién salidos de las aulas con la energía y las ganas de un oso perezoso. Es por eso que a estas alturas no estoy convencido que el tiempo de vida tenga mucho que ver. ¿Qué tipo de estudiante eres tú?

Tomada de internet

Mi recomendación: ten claro para qué quieres tu título. La maestría te ayuda a pulir tus mañas y a suplir las falencias de tu licenciatura. Es altamente aplicativa, por lo que debes ser ágil para incorporar lo que aprendes a tu entorno laboral. Eso te hará destacar y te permitirá comprobar que no pierdes el tiempo. Además, si tienes entre 25 y 35 años, lo más probable es que ya tengas o planees conformar tu propia familia, lo cual supone todo un universo de prioridades con las que deberás alternar. Sé práctico, mantente al día con el programa y preocúpate por terminar pronto.

Pero, una vez que defiendo mi tesis, ¿qué hago?

La respuesta más clara es: pon en funcionamiento aquello que propusiste en tu investigación y esfuérzate por aplicarlo en tu día a día. Claro que es más fácil decirlo que hacerlo. Muchas veces, los resultados de investigación encuentran mil y una barreras en los espacios administrativos de las instituciones que impiden su uso apropiado. Otras, la desidia e ignorancia de directivos desestiman propuestas valiosas y te sumen en un angustioso y exasperante estado de impotencia. Tristemente, hay por doquier gavetas y gavetas de estudios relevantes empolvándose que harían la vida de todos más sencilla. No te puedo decir nada para resolver esas situaciones.

Tomada de internet

Mis consejos son los siguientes. Primero, no des por sentado que tus resultados serán implementados en tu trabajo, incluso si desde la institución te impulsaron a tomar el máster o es muy obvio que salvarás el universo con tu propuesta. En cambio, emplea estrategias de persuasión en tu ambiente para exacerbar la necesidad y posicionar tus ideas como posibles soluciones. Es un plan a largo plazo y te tomará meses o años, por eso es preciso que comiences desde antes de terminar tu tesis. Aprovecha cualquier oportunidad para “vender” tus soluciones a compañeros y, en especial, a los directivos, así lograrás ejercer presión grupal en caso de una negativa o de un escenario adverso.

Segundo, aún si no hay nada que hacer, si en tu trabajo han ignorado olímpicamente tu opinión, no te desanimes. La investigación científica te aporta mucho, pero mucho más que un resultado final. Como he intentado demostrar en esta serie, el largo periodo que empleas haciendo una tesis te ofrece un caudal de conocimientos y de técnicas de formación que son transferibles a otras actividades profesionales y de la vida diaria. Sé consciente de ellas y utilízalas para iniciar nuevos proyectos. ¡Adelante!


Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (IX)

 ¿Cómo prepararme con éxito para el día de la defensa de tesis?

Dejemos algo claro: una vez que llegas al acto de defensa, la tesis tiene más de un 80 % de probabilidad de ser aprobada. Esto quiere decir que la obtención del título al que aspiras se logra en la realización de una buena investigación, no en la defensa. El acto de presentación y evaluación de los resultados es el punto último de un proceso de años que cuenta con numerosas evaluaciones previas. Por lo tanto, si tu tutor, departamento o comité te dio el pase a la defensa, tómatelo con calma, probablemente ya estés aprobado.

Ahora bien, esto se dice fácil, pero aún hay que hacer un buen papel el día cero, a fin de cuentas, como se dice en el deporte, “esto no se acaba hasta que se acaba”. La defensa es un ejercicio complejo, que exige habilidades que debes haber desarrollado ya, como hablar en público, exponer claramente postulados científicos, sintetizar la información a trasmitir, etc. Por ese motivo, te traemos algunas recomendaciones que con las que podrás disminuir la niebla de incertidumbre y controlar la narrativa del acto de tu defensa.

Conoce a tu audiencia

He aquí es la clave más importante del éxito de una defensa. A pesar de que los tribunales son compuestos por expertos en la materia de tu tesis, es muy difícil (prácticamente imposible) que todos los evaluadores pertenezcan al mismo perfil. Lo común es que solo dos o tres miembros sean lectores ideales de tu informe. Eso hace que los tribunales conformen un micromundo de intereses encontrados, expresión de diferentes trayectorias, prestigio y experiencias.

Tu reto es construir un puente entre tu estudio y tus evaluadores. ¿Cómo crearlo? Pues haciendo lo que mejor sabes hacer, investigando. El listado de miembros se conoce con cierto tiempo de antelación. Este lapso varía en cada programa. Infórmate con tutor o jefe de programa cuál es el momento estándar en el cual se publica el tribunal. Seguramente tu tutor puede predecir con cierta seguridad quiénes podrían ser tus evaluadores.

Una vez que tienes los nombres, ponlos en una hoja de papel y revísalos con calma.Además de los puestos líderes (oponentes y jefe de tribunal) debes identificar cuáles son los que se desempeñan en el área específica de tu tesis. Esos son los que podrán comprender mejor tu trabajo: son tu audiencia ideal. Si los convences a ellos, probablemente influyan en los otros.

Debes hacer una búsqueda de los trabajos publicados por cada miembro del tribunal. ¿Quiénes son? ¿Qué investigan? ¿Cuál es su historia? ¿Cuál es su ciencia básica? ¿Cuáles son sus retos actuales? Respondiendo estas preguntas podrás tener una visión panorámica de tus interlocutores. Ahora es tiempo de planear estrategias de persuasión para cada uno de ellos. Asegúrate de que en tu presentación (incluyendo las respuestas a las preguntas del oponente) puedas “tocar” asuntos de interés individual de cada uno, cuidando no importunar o abrir un área de debate que te saque a ti de tu terreno de experticia.

Te recomiendo la siguiente táctica: una vez que tienes en tus manos los trabajos publicados por los expertos del tribunal, selecciona el más importante de cada autor. Léelo detenidamente y, a continuación, extrae del texto las palabras clave que revelen la personalidad del autor. ¡Importante! No se trata de los términos críticos del campo del que se hable, sino de las expresiones que definen el estilo de aquel que escribe. En cada texto, siempre hay cierto aliento poético o frases empleadas para ofrecer ritmo o belleza. Identifícalas y, a continuación, crea un glosario que incluirás en tu presentación.De esta manera, estarás generando empatía con un interlocutor que podrá identificarse contigo más fácilmente.

Conoce el local de tu defensa

Este es un truco práctico, pero puede ser clave. Intenta conocer el sitio exacto donde defenderás. Si es posible, asiste a otras defensas de tesis allí. Es algo que puedes hacer a lo largo de tu programa investigativo, no necesariamente en momentos cercanos a tu acto de defensa. Puedes ir incluso a defensas que no tienen nada que ve con tu rama. ¿Por qué? Porque todos los lugares ofrecen una serie de retos y posibilidades específicas y debes ser capaz de dominar los desafíos y explotar las potencialidades.

¿Hay buena acústica? ¿Buena iluminación? ¿Cuál es la distancia que separa al evaluado del tribunal? ¿Es íntimo, es informal, o, por el contrario, es un lugar frío y sobrio? ¿Se observan bien los gráficos?¿Es cómodo, es caluroso?En fin…

Asegúrate de dos elementos muy importantes. El primero es que encuentres en el sitio el volumen apropiado para que tu voz suene firme, pero apacible; segura, pero no arrogante.El volumen y tono conveniente (pitch) es un aspecto crítico en el establecimiento de una impresión positiva en tu audiencia.En YouTube podrás encontrar infinidad de videos para cantantes y actores que te enseñan a tener un mejor dominio de tu voz. Aprovéchalos y practica todo lo que puedas.

El segundo elemento es garantizar que la información visual de apoyo tenga un verdadero impacto. De nada sirve que pases horas modificando la estética de tus gráficos hasta alcanzar la perfección, si cuando los proyectes descubres que el fondo que escogiste no hacía suficiente contraste con la pantalla del sitio. El elemento visual es importante en la exposición de datos.

Ten en cuenta que el día de tu defensa estarás muy nervioso y tu mente concentrada en tu presentación, por tanto, las eventualidades del espacio no deben estar entre las cosas a manejar. Ya deben estar cubiertas.

Respeta las reglas

Los ejercicios de evaluación académica están definidos por procedimientos muy estrictos. Existen para garantizar la transparencia de la práctica, pero también, como homenaje y respeto por la academia misma. Al conocer y seguir los protocolos con minuciosidad demuestras que estás apto para continuar creciendo en las espirales de la institucionalidad de la educación y la ciencia. Son de esas cosas que se evalúan permanentemente, aunque no haya actas o planillas de valoración.

Estos cuatro puntos te pueden ayudar:

  • Evita hablar con los miembros del tribunal antes del día de la defensa, puede ser considerado como un episodio de violación ética.
  • Sé puntual y estricto con los tiempos de tu presentación y respuesta. Esta es quizás una de las cosas más difíciles. Haz hecho tanto trabajo que no quieres que nada se te quede fuera. Resume y jerarquiza contenidos. No pongas al presidente del tribunal en un escenario en el que tenga que interrumpirte.
  • Emplea lenguaje formal.
  • Muéstrate serio y honorable.

Sé positivo

Esta recomendación va ligada a las anteriores. En habla inglesa hay un refrán particularmente útil para este asunto: “Fakeituntilyoumakeit” (“Fíngelo hasta que lo consigas”). Ten en cuenta que las actitudes de tus interlocutores serán siempre un reflejo de tu propia imagen. Por lo tanto, incluso manteniéndote circunspecto y concentrado no olvides tener una sonrisa en tu rostro. El efecto de este pequeño detalle es inmediato y sorprendente. No solo es esencial para establecer un vínculo afectivo, sino que también relaja la tensión que todo ejercicio evaluativo trae consigo. La sonrisa, además de presentarte como alguien amable y receptivo (es difícil discutir con alguien que sonríe), demuestra seguridad y dominio de la escena.

Asimismo, es cardinal que durante toda la jornada evites las posturas de confrontación. Es tarea ardua, porque el ejercicio es, por su naturaleza misma, un acto de evaluación y discusión. En consecuencia, la gestión de los participantes promueve el enfrentamiento de fuerzas. Los nombres de los elementos los delatan: oponentes, tribunales, evaluación. Es por eso que no te debes dejar llevar por el cauce de los acontecimientos. Es decir, es la tarea del oponente “oponerse” a tus postulados y la función del tribunal es hacerte preguntas que toquen puntos sensibles. No debes sentirte ofendido por ello.

En su lugar, te insto a que asumas una actitud de conciliación. Espera las opiniones de los evaluadores. Asúmelas con tranquilidad y enfréntalas con la técnica del “sí, pero”. Primero admite la opinión contraria y luego expresa la tuya. Incorpora a tu lenguaje expresiones como:

  • “Esa es una posición interesante, pero nuestros objetivos nos llevaron hacia…”
  • “No lo había pensado de esa manera, en cambio, preferimos enfocarnos en…”
  • “Sin dudas es una ruta que merece mayor exploración, no obstante, el método que empleamos nos permitió…”
  • “Su interés demuestra la riqueza del tema, sin embargo, en nuestro estudio optamos por otra perspectiva”

Estas son técnicas retóricas con las que podrás negociar con tu interlocutor un punto intermedio.Emplear la primera persona del plural (nosotros) es una buena práctica, porque involucra en tu respuesta a más personas (por lo menos a tu tutor, pero puede ser todo un proyecto de investigación o una escuela de pensamiento). De nuevo, es más difícil discutir contra un colectivo que contra un solo individuo.

…

Comenzamos este artículo estableciendo el principio de que, si ya llegaste hasta aquí, es muy posible que ya hayas conseguido el aprobado. Pero hay otras cosas en juego aún. En la defensa tendrás la posibilidad única de comunicarte directamente con expertos de tu campo, por lo que una buena actuación puede abrirte puertas profesionales en el futuro. Observa, evalúa y trata tu discusión como una acción de pitching en la que te presentas como experto en una materia. Si aplicas los consejos que te dimos aquí, verás en la discusión no el punto de llegada, sino la plataforma de comienzo de tu nueva vida luego de adquirir el título al que aspiras.


Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (8/10)

¿Cómo lidiar con las (malas) revisiones?

El proceso de redacción es un asunto serio que exige un esfuerzo ciclópeo. A veces uno encuentra una inspiración y las palabras caen solas como preseleccionadas por la providencia. En otras ocasiones –la mayoría–, las ideas no hallan su apropiada envoltura y el texto se convierte entonces en una jerigonza sin gracia que avanza a tropezones, como si de repente nos hubiesen cambiado de lugar los muebles de la casa justo a esa hora de la madrugada en que te levantas por un vaso de agua.

Al poner punto y final a tu primer borrador, y a veces hasta varios días después, seguimos encasillados en la realidad de tus propias palabras y las de otros que convocaste en tus referencias. Pero ya está. Después de muchas vueltas, te has decidido a compartir tu texto y exponer tus criterios al mundo. Ahí mismo te asalta la duda, ¿mi artículo tiene suficiente teoría o ejemplos? ¿la metodología es apropiada? ¿qué pensarán mis compañeros acerca de esto? Y caes en un bucle de inseguridades que te lleva a preguntarte hasta si es Times New Roman la fuente ideal para inscribir tu trabajo.

Precisamente porque hacer el informe conlleva tanto tiempoy energía, es que otorgamos un valor tan alto a las evaluaciones que otros hacen del mismo. Esperamos que nuestro sudor sea visible en cada letra. Pero, lamentablemente, no es así. El tesón no se lee ypor eso nos duele tanto cuando los criterios que recibimos no son satisfactorios. Es en ese momento cuando cada señalamiento parece una daga hundida en carne propia. ¿Cómo reaccionar entonces? ¿Qué hacer?

No importa si es un artículo, un capítulo o tu tesis entera,es inevitable atravesar el calvario de la evaluación. Pero también te adelanto que sí es posible gestionarlo, de modo que puedas convertir cada revisión en una herramienta que actúe en tu beneficio. El objetivo de este post es compartir algunas ideas que te ayudarán a lidiar con las revisiones, especialmente las negativas.

Esta entrada quizás resulte un poco más larga de lo habitual. Es que, para ser verdaderamente útil, el tema involucra irremediablemente el debate de los recursos técnicos, así como de cuestiones emocionales. Discutiré contigo las tres estrategias que, en mi opinión, te ayudarán asacudirte deexámenes innecesarios y convertir las críticas en elementos positivos. De esa manera, podrás justipreciar las nociones que sí valen la pena tomar en consideración para luego proceder a la transformación del texto.

Las estrategias son:

  1. Gestionar las expectativas.
  2. Escoger bien a tu revisor.
  3. Identificar la naturaleza del señalamientoy asegurarse de ofrecer respuesta a todos.
  4.  

It’s all about the work: gestionatusexpectativas

Al recibir una revisión severa nos sentimos ofendidos, abandonados, e incluso, traicionados. La causa es simple: no queremos ser criticados. Sí queremos, en cambio, ser reconocidos. Tanto en la una como en la otra, colocamos en la otra persona la responsabilidad de nuestros sentimientos. Le atribuimos poder sobre nuestro mal/bienestar. Mala idea.

Una vez que el trabajo sale de tus manos y es puesto en función de una audiencia debes marcar conscientemente una distancia, esto es, es reajustar tus expectativas. Ponte en los pies del revisor. Es el primer paso para reconocer que sus indicaciones no son sobre ti: son sobre el texto. En la capacidad para reconocer los puntos de vista de otros radica el principio capital para no tomar los asuntos como agresiones personales y te permitirá preguntarte ¿qué ha visto y por qué? Identifica sus intenciones y confía. Quién sabe, quizás tenga razón.

Desembarázate del lazo enfermizo que hace del trabajo hecho una extensión de tu anatomía. No lo es. Así podrás desarrollar pensamiento crítico y ser tú mismo, el censor más exigente, o mejor, más justo. Te permitirá aumentar el sentido de comunidad y construir empatía con el evaluador. La autocrítica es sinónimo de madurez y seguridad.

La táctica fundamental: escoge bien a tu revisor

Esta es la regla de oro.Por un lado, porque no todo el mundo es un buen evaluador de tu trabajo.Por otro, porque debes asumir de inmediato que el primer borrador que escribas no será suficiente para completar la tarea y requerirá muchas revisiones antes de que el texto sea evaluable ante un tribunal. Todos tenemos opiniones, por tanto, una vez que tu escrito salga de tus manos, estará sometido a los dictámenes de otros. De eso no hay escape.

Elegir un mal lector puede desvirtuarte por completo de las metas que has trazado y generar un caos total en tus proyectos. Lo peor es que afecta tu autoestima e incide negativamente en tus análisis, por lo que no solo destroza el fruto de tusdesvelos, sino que cercena la capacidad para sobreponerte a las críticas.  

Pero no tiene por qué ser así. Si lo piensas bien, el revisor es una persona que dedica su tiempo en atenderte y corregirte. Es decir, es una oportunidad para que otros trabajen en favor de tu gracia. Además, en cierto sentido, cuando escribiste el texto ya estableciste tu recepción ideal y conun poco de cálculo, advertirás quiénes son los lectores correctos para ti.

Solo hay tres tipos de evaluadores verdaderamente útiles para un investigador: el tutor, los colegas del mismo campo y los revisores de publicaciones.

No menciono aquí a los editores.No porque no sean valiosos, nada de eso;sino todo lo contrario, los señalamientos de éstos van encaminados en un 95 % a cuestiones formales de uso del lenguaje, por lo que con ellos no se discute, se les obedece y punto. Si un editor te dice que tu oración es oscura y que empleaste incorrectamente un tiempo verbal, no hay nada que hacer: se transforma.

Ahora bien, en primer lugar,tu tutor es el evaluador más importante tu trabajo. Esto es claro. Él es la persona devota a tu formación y el especialista fundamental con quien tu tema se relaciona. Además, se trata de un vínculo que se construye durante años, por lo que evalúa además tu progreso. Ten en cuenta que, la mayoría de las veces, tu trabajo con él se hace de formapresencial, o sea, que recibirás feedback y podrás tú mismo valorar el nivel de satisfacción que profesa.

Una revisión totalmente positiva no es una buena señal. Normalmente indica dos cosas: una, tu tutor no se lo leyó y por tanto solo quiere que lo dejes en paz; dos, no tiene la menor idea de lo que estás hablando, lo cual significa que no comparten áreas de experticia y, por tanto, no tiene la capacidad para ayudarte. Fatal.

Por otro lado, una revisión totalmente negativa tampoco es algo bueno. Quiere decir que tu tutor difiere de los axiomas que sostienen tu pensamiento, por lo que encuentra inapropiadas todas operaciones que de allí se desprenden. Comúnmente, tal animadversión involucra discrepancias de corte político o ético. El problema aquí no tiene que ver, por tanto, con la valoración per se, sino con la relación entre ustedes. Es resultado de una mala elección de tu director de tesis, y eso ya lo hablamos en trabajos anteriores.Frente a esta situación, aunque será un paso bien complicado, mi recomendación es quecortes por lo sano y cambies de tutor o de programa. En ese contexto te será muy arduo progresar.

¿Cómo responder? Antela revisión de tu supervisor, lo más importante es que sepas traducirlas a prácticas cotidianas. Me refiero a que sus criterios no solo están orientados hacia el resultado que recién analizan, sino a tu programa de desarrollo en sentido general. Consecuentemente, la solución a los apuntes recibidos toma tiempo y debe tener expresión en tu plan de habilidades. Por ejemplo, si una de las acotaciones indica un error en la metodología, no saltes de inmediato a reescribir la falta. En cambio, primeramente, haz algunas lecturas sobre el tema, luego discute con él interrogantes y dudas, a continuación, haz ciertas prácticas donde las apliques, y solo entonces, vuelve con el manuscrito corregido. Verás que encontrarás una respuesta diferente.

Segundo, las revisiones de colegas del mismo campo te aportan otros elementos. Date cuenta que un colega de un doctorando significaexclusivamente otro doctorando.Aquí no hay una relación de jerarquía, sino de camaradería. No hay superiores ni subordinados y, por eso, las más de las veces, estas valoraciones se hacen con mucho respeto y tienen un carácter positivo. Se cuida más la cordialidad de la relación, que juzgar con objetividad el trabajo. Encima, al compartir logros y penas similares hay un aura de empatía que siempre incide sobre el juicio.  

¿Para sirve entonces? El principal beneficio de la revisión de un colega es la identificación de nuevas fuentes de conocimiento de las que no estás al tanto o que no has explorado aún. O sea, referencias actualizadas que ignoras, facetas de tu objeto que no tomaste en cuenta, autores interesantes que omitiste, espacios de socialización donde presentar tus resultados como eventos y simposios que no sabías que existían o, incluso, publicaciones novedosas. La clave es aprovechar las experiencias de otra persona que realiza una exploración similar a la tuya. No se trata tanto de corregir como de expandir los horizontes de tu texto.

Tercero, la revisión más desafiante: las revistas académicas. Aquí ya estás en la última vuelta de tuerca, volcado por completo en la fase de publicación de tus hallazgos. Los textos enviados son revisados inicialmente por el editor, quien garantiza que la propuesta se ajusta al perfil de la revista. De ahí pasan a manos de los revisores, quienes son (doctores) especialistas del tema suscritos a la misma revista. Como todo este proceso se realiza de manera anónima, lleva el nombre de blind peer review. Hay mucho debate hoy sobre los mecanismos de las publicaciones y su naturaleza ética, debes ser consciente de ellos (ver, por ejemplo, Alexánder Sánchez. 2011. Manual de redacción académica e investigativa: cómo escribir, evaluar y publicar artículos, Medellín, Fundación Universitaria Católica del Norte, p. 118).

Los evaluadores tienen tres dictámenes para un texto: publicable sin modificaciones, publicable con modificaciones y no publicable. De ellos, el primero es prácticamente inexistente. Al menos, no he conocido a nadie al que le hayan publicado algo en un journal serio sin haberle hecho varias trasformaciones previas.

Una vez devuelto el manuscrito con las acotaciones, debes dar respuesta a todos los comentarios.Eso no entraña que debes acceder a todos los criterios de los evaluadores. Si un señalamiento supone un cambio radical en tu perspectiva o su solución conlleva más tiempo de los plazos con que cuentas, no discutas, no repliques, este no es un espacio para ello. Si no estás dispuesto a reconstruir el trabajo, te recomiendo es que cambies de inmediato de revista y vuelvas a comenzar el proceso.No obstante, en mi experiencia, una vez resueltas las anotaciones, el escrito crece mucho y se muestra muchísimo más acabado.

¿Qué hago con mi manuscrito destrozado? Identifica la naturaleza del señalamiento y asegúrate de ofrecer respuesta a todos

Ahora bien, el día que recibes la revisión, ya sea el encuentro con tu tutor o colegas o el correo electrónico con la respuesta de la revista, no esperes felicitaciones o palmaditas en la espalda. El tutor te devuelve tu manuscrito lleno de marcas rojas y dos millones de comentarios a pie de página. Eso te hará sentir mal, así que prepárate. Estarás rabioso porque crees que nadie te comprende; despotricarás contra el mundo preguntándote cómo pueden ser tan ciegos y maldecirás tu suerte de encontrarte en un terreno yermo para la frescura de tu imaginación. Esto es normal. 

Mi recomendación primera es la siguiente:recoge los restos de tu confianza destrozada y tómate un día sabático. Bajo ningún concepto te enfrentes colérico a la realizar las correcciones. Cambia de actividad, haz algo físico, en exteriores y, preferentemente, de tipo social. No hagas nada de corte académico y aléjate de tu trabajo habitual. Haz algo que te guste mucho: cocina, baila, haz yoga. Te servirá para calmar las emociones y no darle demasiadas vueltas. Como reza el dicho, la noche da consejo.

Al día siguiente, retoma el trabajo. Lo primero que debes hacer al volver sobre tu manuscrito es colocar, en un documento diferente, todos los señalamientos recibidos. Intenta recordar si son nuevos o si ya los has escuchado antes. Si este es el caso, recuerda la respuesta que les diste. ¿Los ignoraste o ya los habías cambiado y la respuesta no fue satisfactoria? Haz memoria.

Lo segundo es aprender a reconocer la naturaleza de las indicaciones. ¿Son cuestiones de retórica? Es decir, ¿no es un problema del argumento que defiendes, sino que la forma en que lo expresaste fue incapaz de convencer a tu lector? ¿Son asuntos de redacción, de estilo o de vocabulario? O, en otro sentido, ¿son críticas a tus métodos? ¿Se cuestiona tu proceder en la obtención de datos? O, en otra ruta, ¿es el análisis de la evidencia la que es puesta en duda? ¿Por qué?

Normalmente, una revisión vendrá con todos estos aspectos mezclados y es imperativo para ti aprender de inmediato a discriminar su causa.

Tercero, te recomiendo comenzar por todos aquellos que corresponden a ortografía, omisiones y formato. Eso te ayudará en varios sentidos. Por un lado, verás que el texto mejora inmediatamente, adquirirá una mayor calidad y dejará de parecer un borrador. Por otro lado, más importante aún, solventar estos asuntos que toman, cuando más, solo un día o dos de trabajo, te dará el primer soplo de autoestima que se necesita luego del mazazo de la crítica.

Y cuarto, sé realista. Si ya tienes claro las dificultades, ahora traza un plan para enfrentarte a ellas. Desintégralo en acciones pequeñas y ponle fechas que puedas verdaderamente cumplir. Quizás debes incrementar las fuentes revisadas, quizás necesites más experimentos o conducir otras entrevistas. No te apures. Aspira hacia lo verdaderamente necesario para superar el reproche recibido. Verás cuán superior estará tu texto luego de este repaso.

…

En conclusión, aprovecha las revisiones al máximo. Ponte en el lugar de los evaluadores y sé crítico con respecto a tu propio escrito. Aplicando una estrategia apropiada de selección de revisores y asumiendo una correcta actitud ante las mismas podrás convertir lo que es un miedo natural (a nadie le gusta sentirse inspeccionado) en una herramienta poderosa de perfeccionamiento.

Espero que estas estrategias te funcionen,no sólo para traducirlas en razones operativas a aplicar en el trabajo específico, sino también como coraza emocional que te proteja de heridas innecesarias y te permitan avanzar. Úsalas como mecanismos de motivación. No te dejes marcar por la viruela del resentimiento, no se cura con facilidad.


Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (6/10)

Habilidades a desarrollar durante una investigación científica (II)

En este post continuamos explorando el rango de competencias que debes adquirir durante tu proceso de obtención de un título académico. La primera parte estuvo dedicada al (1) Conocimiento y habilidades intelectuales y a la (2) Eficacia personal; en esta ocasión, nos adentramos en la (3) Organización de la investigación y en las (4) Relaciones, impacto e influencia.

Recuerda que cada una de estas esferas se descompone en un sinfín de habilidades y modos de comportamiento. Su dominio te ayudará a desempeñarte con suficiencia y confianza en los espacios universitarios y científicos, además de facilitarte la realización del acto mismo de la investigación. El refinamiento de tales mañas toma años de entrenamiento y algunas te serán más sencillas de adquirir que otras en dependencia de tus experiencias, circunstancias y carácter. Pero no debes descuidar ninguna de estas áreas, pues conforman los pilares de la actuación profesional en el mundo académico de hoy.

Gráfico propio creado a partir de la ilustración de Pablo Stanley (www.blush.design.com)

El objetivo de este texto es ayudarte a descomponer cada esfera en procedimientos mínimos a incorporar a tu rutina. Además, espero señalarte las amenazas fundamentales que hallarás en el camino, así podrás evitarlas o salir victorioso en su enfrentamiento. La mayoría de los eventos descritos corresponden a situaciones con las que yo mismo lidié y frente a las que estuve, en más de una ocasión, a punto de “arrancarme los pelos”. Aunque nada podrá prevenir el sinfín de atolladeros que supone hacer una tesis, quizás estos escritos te ayuden a desbrozar un poco tu sendero. Espero que así sea.

Obtener un título no tiene por qué ser un drama sórdido. Ya sabemos que es difícil, lento, y que puede tornarse un alud de inseguridades e insatisfacciones. Pero también sabemos que es gratificante, prestigioso y divertido. Debemos aprender a convertir ese periodo en una fase de crecimiento personal continuo, instruirnos en nuevos sets de artilugios y encontrar en los escollos los desafíos en los que ponemos a prueba nuestros instrumentos.     

Organización de la investigación

Ser capaz de organizar tu investigación es un requerimiento para orientarla hacia el éxito. Implica su disección en objetivos, de los que se desprenden las tareas y su adecuada disposición en el tiempo. La identificación de metas y la administración de tus esfuerzos para alcanzarlas es el primer eslabón de una conducta profesional armoniosa. Es arduo de lograr porque conlleva un alto grado de concentración de energías en un pequeño número de actividades. Generalmente, los jóvenes que comienzan sus investigaciones científicas tienen ambiciones diversas y un alto nivel de creatividad, lo cual se traduce, en ocasiones, en dispersión, agotamiento y dificultades para sostener el interés en tiempo. Llevar a cabo un estudio entraña performar con consistencia ante un elevado número de tareas que mantienen un único objetivo. Los estudiantes tienden a enfocarse en muchas cosas al mismo tiempo, a aburrirse y cambiar de interés constantemente. Eso es contraproducente con el nivel de enfoque requerido para completar una tesis. No es una tarea para finalistas y la procrastinación es tu principal enemigo.

Una de las claves para alcanzar la estabilidad en tu quehacer a mediano y largo plazos es el desarrollo de hábitos productivos. Es lo más engorroso de adquirir y no todos los investigadores lo logran. Para hacer un doctorado no es necesario madrugar, ni quedarse despierto durante noches enteras. Esas son cosas comunes durante la etapa de estudiante porque las metas son inmediatas (un examen, una presentación, etc.), pero son imposibles de sostener durante años. Te matan la motivación, la capacidad de concentración y, eventualmente, tu rendimiento baja.

He aquí, quizás, uno de los aspectos de mayor diferencia entre un nivel académico y otro. Hacer un doctorado es radicalmente distinto a otras tesis que has realizado porque, entre otras cosas, involucra la voluntad de cambiar tu forma de vida. Es imperioso desarrollar un sistema de trabajo que sea beneficioso y saludable.

La gestión de la investigación significa que, una vez que reconociste tus tareas, debes segmentarlas hasta acciones mínimas que has de desempeñar en tu día a día. Esto te permitirá no solo ejecutar los trajines con mayor celeridad, sino medir su alcance y observar, tangiblemente, tu progreso.

Organiza tu jornada, tu semana, tu mes; distingue qué acción sirve para qué; diseña tu propio sistema y practícalo con disciplina. En Internet podrás encontrar muchos modelos de organización de tu tiempo. Van a menudo acompañados de títulos pomposos como “La rutina productiva de Elon Musk”, o cosas así. En general, son una tontería, pero uno siempre encuentra elementos pequeños aplicables a nuestro contexto. Aprovéchalos. Oblígate a ti mismo a cumplirlos y, no lo dudes, verás los resultados.

Cualquiera que sea tu esquema de quehaceres no olvides dos cosas: una, tu ajetreo debe estar orientado por objetivos (específicos, medibles, alcanzables) y asegúrate de dedicar algunas horas a la semana para las siguientes tareas:

  1. 1- Revisar bibliografía de tu campo. Estar actualizado de lo que sucede en tu esfera es más que importante, por lo que te recomiendo dedicar la primera hora de tu mañana a revisar un artículo o capítulo de libro relacionado con tu investigación. Te ayudará a comenzar en el tono común empleado en tu ciencia.

  2. 2- Leer ficción.Ya sé lo que piensas. ¡Hay tantos textos científicos que revisar que no tienes tiempo para dedicarlo a la lectura recreativa! Conozco muchos colegas que tienen este criterio. Lamentablemente, está bastante expandido en el mundo científico. No es casualidad que esos mismos colegas son de los que peor escriben y de los que más sufren con las revisiones de sus propios artículos cuando los presentan a publicaciones, a pesar de estar bien preparados y tener resultados que exponer.

¡Atención a una trampa en la que no debes caer! Incorporar a tu rutina textos de ficción te ayuda increíblemente a mejorar tu redacción porque facilita el desarrollo de herramientas retóricas, amplía considerablemente tu vocabulario y dominio de metáforas, y porque te demuestra que la buena escritura (no importa el tema) no tiene por qué ser aburrida. Además, unas pocas páginas en tus horarios libres ayudan a distender el cansancio del día y potencian tu imaginación.

  1. 3- Escribir… algo. Puede ser que aun no tengas resultados concretos que llevar al papel. No importa. El trance de tener una idea en tu cabeza y articularla de manera convincente para tener un efecto persuasivo en otros no puede tomarse como una banalidad. De hecho, todos sabemos que es bieeeeen difícil y enfrentarse a la página en blanco puede ser una verdadera tortura.

La redacción productiva es una habilidad, no un talento genético, por lo que se puede aprender y entrenar. No esperes obtener todos los datos para comenzar a escribir a tu tesis. Hay muchos otros ejercicios que puedes aplicar: escribe reseñas de los libros más recientes que se publiquen en tu ciencia (así, además de ejercitarte, incorporas publicaciones necesarias en tu currículo y ya vas construyendo el estado del arte de tu propio informe); escribe críticas a procesos culturales de tu entorno (una exposición, una película, una obra de teatro).Y más, mucho más. Un libro muy útil para trazar estrategias de escritura es How to Write a Lot. A Practical Guide to Productive Academic Writing, de Paul J. Silvia (descárgalo aquí https://b-ok.lat/bokk/932163/d4d179). A mí me sirvió de mucho.

Añadir estas tareas a tus costumbres te harán mucho más eficiente a la hora de acometer los ejercicios investigativos (el núcleo duro de tu tesis). Es preciso que no las veas como una estructura rígida, sino que moldees tus dinámicas de acuerdo con el momento en que te encuentras en tu estudio.

Relaciones, influencia e impacto

Tu influencia en el terreno científico se mide a partir de tu incidencia en el trabajo de otros. Para ello, no es suficiente que el resultado de tu ejercicio investigativo tenga la calidad necesaria para ser aceptado en la comunidad académica. Esto es solo un principio sine qua non. Además, es imprescindible trabajar en tus habilidades comunicativas, ya sea en su modo escrito u oral. La imagen del científico en su laboratorio que no habla con nadie ni se relaciona con nadie es una ficción cinematográfica.

En tu carrera, encontrarás disímiles ocasiones donde tu capacidad de expresar ideas con claridad, precisión y elocuencia será puesta a prueba. Hay muchos ejemplos: en la redacción de tus artículos científicos o en publicaciones de divulgación (como este post que lees ahora mismo); en las clases que impartes, conferencias que asistes o posters que presentas; puede ser incluso en tus conversaciones informales y entrevistas con expertos de tu campo, editores o informantes clave de tu investigación.

Trabaja en tus habilidades retóricas: se consciente de estrategias de persuasión (cómo involucrar a tu receptor, ya sea lector o audiencia), organización de ideas y argumentos de manera coherente, así como de un apropiado balance entre el lenguaje técnico, coloquial y metafórico.

Además, debes sumar que la pandemia nos ha puesto ante la realidad indiscutible de que tales habilidades han de ser adaptadas también a su ejecución en entornos virtuales. Debemos reconocer cuanto antes que gran parte de la comunicación presente y futura ha de estar mediada por una pantalla. Cuanto antes lo asumamos, más posibilidades tendremos para prepararnos. Nunca es suficiente el tiempo que emplees en esto.

El último elemento que debes considerar como un pertrecho a incorporar a tu arsenal de joven investigador es el impacto. Es el último porque está relacionado con la recepción de tu actividad académica, es resultado de todos los anteriores y su logro total no está en tus manos. Esto no quiere decir que sea arbitrario. Por el contrario, encarna un mayor nivel de gestión, conlleva una administración integral de todo tu empeño a largo plazo.

El impacto es el indicador de la influencia y esta se logra tomando en cuenta una conveniente diseminación de tus trabajos. De nada sirve alcanzar un resultado científico relevante y saber presentarlo a otros, si la audiencia hacia quien lo orientas es incapaz de hacer un buen uso del mismo. El científico de hoy no puede, bajo ningún concepto, ser un anacoreta.

En un ambiente apropiado, un buen artículo puede lograr una amplia circulación, lo cual se traduce en reconocimiento y mejores oportunidades profesionales. ¿Cómo identifico mi audiencia ideal? Pues debes tener en cuenta que la ciencia es un gremio y, como tal, tiene sus espacios exclusivos de comunión. Las tres plazas fundamentales de intercambio de ideas corresponden a las publicaciones académicas (journals), congresos y sociedades profesionales. Tus pares, los especialistas como tú, se agrupan alrededor de estos espacios y hacia allí debes posicionar tus resultados.

…

El universo de competencias descrito te ayudará a formarte con solidez. Cerciórate de que tus acciones contribuyan a fortalecer tus aptitudes y sé reflexivo con respecto a tu propio apertrecho de habilidades y deficiencias. Ten paciencia y asegura mantenerte motivado. Pronto verás el crecimiento y, créeme, no pasarás desapercibido entre tus tutores y colegas.


Pensar la ciencia. Riesgos para un joven investigador y cómo manejarlos (V)

¿Cómo mantener una relación saludable con tu tutor?*

En este post continuamos explorando las relaciones que se establecen entre el investigador joven y el tutor. Compartimos consejos y experiencias que te ayudarán a maximizar las enseñanzas que trae consigo el trabajo con profesionales de más calibre. Como hemos visto, la función del tutor es introducirte en el círculo de académicos que sostienen la “conversación” de la ciencia en un determinado campo. Para ello, te asiste en el diseño de una estrategia formativa a corto y mediano plazo orientada al desarrollo de capacidades. ¿Qué capacidades? Pues, cualidades imprescindibles para ejercicio profesional divididas en cuatro áreas fundamentales: habilidades intelectuales, eficacia personal, organización de la investigación y, finalmente, relaciones e influencia. En próximos posts entraremos un poco más en cada una de estos sets de destrezas. Así que, ¡estate atento al Portal del Arte Joven Cubano!

Ya sé lo que piensas. No recuerdas que tutor te haya mencionado nada de esta estructura. Solo rememoras tareas, libros recomendados y revisiones sumamente críticas de tus epígrafes. O peor, poca atención, ningún seguimiento y revisiones superfluas y demoradas. Si te ves en alguno de estos extremos es por dos motivos: por un lado, tu tutor nunca te explicó tu programa de entrenamiento y, por tanto, avanzabas a ciegas; o él mismo nunca diseñó tu desarrollo y, en consecuencia, viajabas dando tumbos. Evidentemente, ninguna de las dos opciones es buena para ti.

Entonces, ¿qué es una relación saludable entre tutor-investigador joven? Pues es una mancuerna donde cada una de las partes tiene una clara conciencia acerca de su papel y, con una filosofía colaborativa, se asisten mutuamente para el logro de objetivos comunes. Como ves, la relación con tu supervisor es tan importante que no puede ser dejada al azar. Debe ser gestionada y requiere un acercamiento estratégico. En este post te doy cuatro claves para ayudarte construir un vínculo con tu supervisor de tesis que te sirva para potenciar tu crecimiento.

Recuerda que las imágenes del post, y otras muchísimas, las encontrarás en www.phdcomics.com.

Sé consciente de las expectativas que se tienen de ti

Cuando uno ingresa a un programa doctoral, también se asocia a proyectos de investigación. Estos proyectos tienen salidas concretas, plazos que cumplir y un sinfín de parámetros que miden su rendimiento. A menudo, vemos estas estructuras como algo que no tiene que ver con uno. “De eso se encargan los doctores”, decimos; porque, en efecto, se trata de sistemas de organización de la ciencia que superan con creces nuestro alcance.

No obstante, debes tener claro que, al incorporarte a estos proyectos, te conviertes en un engranaje vital de su articulación. Las tesis doctorales son uno de los indicadores más relevantes de cualquier orden académico. Por tanto, si bien al comienzo puede que te sientas alienado, en la medida que pasen los años sentirás como todos los investigadores que en un comienzo apenas reparaban en ti, de repente van a estar pendientes de tus avances, retrocesos y estancamientos.

Tu tutor es el primer interesado en tus progresos, ya que, probablemente, investigues algo que se alinea a sus intereses. Por eso, mi primer consejo es que debes tener claro cuáles son las expectativas que se tienen de ti. Solo entonces podrás traducir esas esperanzas en entregables concretos (experimentos, entrevistas, artículos publicados, eventos, softwares, archivos, lo que sea que estés construyendo), te permitirá establecer prioridades y garantizarás un adecuado nivel de satisfacción en tu entorno.

Sé diligente

Un elemento central de toda la actividad científica es el tiempo. Cuando uno piensa en la investigación, vienen a la mente resultados, títulos, conocimiento, relaciones, prácticas específicas, etc. Todas estas cosas se realizan a contrarreloj. Los plazos son condicionantes de toda la acción académica y siempre es menos del necesario para alcanzar un resultado óptimo. Por ese motivo, tu tutor te orientará ejercicios asociados a tiempos concretos. ¡Cumple tus fechas!

Este es, quizás, el indicador que más le importará a tu supervisor. Una vez que elaboraste tu programa de trabajo y tu tutor lo aprobó, ajústate a él. Sé preciso y cumple con las tareas en las fechas previstas. Ten en cuenta que (no importa cuánto trabajo tengas que hacer) tu tutor siempre tiene más cosas que atender que tú y que él invierte su energía en formarte a ti. Cumplir los plazos asegura que él no sienta que está perdiendo su tiempo contigo.

Para ser diligente debes ocuparte de dos cosas. Una: tu plan de trabajo debe ser lo más específico posible, tanto en tareas como en la duración necesaria para cumplimentarlas. Esto es algo que se hace al comienzo de la investigación y que irás adaptando a medida que avances. Traza tareas pequeñas, puntuales, sé realista en su descripción y términos. Imprímelo y tenlo al alcance de la mano.

Dos: siempre que te reúnas con tu tutor, asegúrate de enviarle varios días antes del encuentro, un informe del trabajo realizado. Es decir, si tu tarea era realizar una serie de lecturas, por ejemplo, elabora entonces un documento donde resumas los puntos de vista de los autores revisados. Así, la reunión estará claramente orientada a discutir la calidad de lo que has hecho y tu tutor se concentrará en corregir tus deficiencias y potenciar tus virtudes. Además, dado que la tesis no es más que un reporte de investigación, las notas para tus reuniones te sirven de material base para la redacción de ese mismo informe final. Doble ganancia.  

Sé proactivo

A nadie le gusta que lo molesten cada cinco minutos con preguntas acerca de qué hacer. A tu tutor, menos. Lograr la independencia como investigador debe ser un objetivo personal para ti. Eso no significa que no busques ayuda cuando tengas inconvenientes. Todo lo contrario, ser proactivo significa que eres capaz de reconocer tus problemas, tomar las decisiones adecuadas para superarlos y emprender el camino hacia su solución. Debes construir una red de colaboración que acuda a tu servicio si lo necesitas. 

Te recomiendo dos técnicas. La primera, la tomo del diseñador Ben Burns, quien dice que: «si lo que quieres saber lo puedes “googlear”, no preguntes». El acceso a la información que se tiene hoy triplica el conocimiento acumulado por la humanidad en siglos. Úsalo, explora, halla alternativas. En Internet, no solo encontrarás un millón de tutoriales y conferencias; sino que, participando en los foros existentes, podrás intercambiar con otros jóvenes que posiblemente ya se hallan enfrentado a tu mismo problema.

La segunda táctica es construir lazos con otros investigadores de tu grupo doctoral (o de maestría o licenciatura, da igual). Tus colegas serán tus principales aliados a lo largo de los años que dura el proceso de obtención de un título académico. Con ellos, no solo pasarás muchísimo tiempo, sino que compartirás problemáticas similares, algunas relacionadas con la ciencia, pero otras muchas que tienen que ver con la vida misma. En mi caso, siempre digo que lo más valioso que gané con el doctorado fue una red de amigos extraordinarios de muchas partes del mundo, gente que no dudó en ayudarme cuando lo necesité y con los que, aun hoy, continúo colaborando. 

Con la puesta en acción de estas mañas, no tendrás que recurrir a tu tutor cada dos por tres. Ser proactivo asegurará que, cuando preguntes, te prestará toda su atención porque sabe que es algo que no puedes resolver por ti mismo. De igual forma, ser independiente y hábil hará que tu tutor te tenga en alta estima.

Sé formal

He aquí un punto crítico. Debes acostumbrarte a establecer vínculos de acuerdo con las convenciones del ámbito académico. Tu supervisor no es tu familia, no es tu amigo… al menos inicialmente. La aspiración última es que, una vez que culmines el proceso de investigación, sean colegas. ¿Por qué es difícil verlo así? Pues porque la correlación entre mentor y discípulo reproduce un sistema de que ya has visto en la estructura familiar. Muchas veces el tutor es asumido como una figura paternal. Esto es un grave peligro que puede llevar a insatisfacciones profundas.

La formalidad implica un trato de respeto. A lo largo del proceso de investigación, la red de contactos de tu tutor será parcialmente transferida a ti. Esto es una ganancia extraordinaria, pues hará que entres en contacto con especialistas que solo has conocido en libros. Asume cada encuentro gestionado a través de tu tutor como si fuera una entrevista de trabajo. Ya sea haciendo entrevistas, participando en algún seminario o conferencia, o simplemente en el pasillo de la universidad, estos académicos (que no te conocen) te asocian inmediatamente a la figura de tu supervisor. Conducirte siguiendo las normas adecuadas garantiza además que tu tutor no dudará en recomendarte a otros colegas.

…

La investigación científica es un ejercicio muy difícil. Requiere un largo proceso de acumulación de conocimientos y habilidades. Tu tutor provee una ayuda invaluable en el cultivo y control de esta evolución. Las cuatro pautas mencionadas arriba deben ser principios rectores de tu comportamiento en el espacio académico, porque harán que los obstáculos y dificultades que surjan se concentren en ámbitos identificables e incidirás en que tu tutor tenga siempre la mejor disposición para asistirte a superarlos. Cimenta tu futuro, haz tu parte.

 

 

*El autor es profesor del Dpto. Historia del Arte, Universidad de Oriente

carloslloga88@gmail.com