Rubiel González Labarta: del verso a la narrativa

No son los paisajes de la ciudad de Holguín, donde habita, los más recurrentes entre las líneas de Rubiel Alejandro González Labarta. La pluma de este autor visita y revisita los recuerdos de San Agustín de Aguarás, el pueblo donde vivió durante su infancia y adolescencia, en la frontera con la provincia de Las Tunas.

De tal forma, en la obra de Rubiel, la urbe conocida por sus parques cede el protagonismo al ambiente pueblerino de los primeros años. Las casas, la gente, las costumbres y el imaginario popular de aquel pedacito de mundo se dejan retratar por un hijo que desde las palabras siempre regresa a su terruño.

Allí pertenecen sus encuentros iniciales con la literatura. Memorias que llegan en la voz de una abuela contadora de historias quien, a pesar de solo cursar hasta el tercer grado, transmitió su vocación de lectora a aquel nieto que terminaría por escribir libros propios: “Me encantaba leer de pequeño, tanto así que a veces mi madre amenazaba con no dejarme leer La isla del tesoro si no terminaba de estudiar las tablas de multiplicación”, confiesa Rubiel.

Los caminos de la vida lo llevaron a destinos muy distantes de las letras, sin embargo, todos los senderos parecían alineados para que aquel muchachito holguinero lograra poner en práctica un talento innato para la creación narrativa y poética.

Estudiaste Ingeniería en Ciencias Informáticas; una carrera que, al menos en apariencia, no se relaciona directamente con el campo artístico. ¿Cómo se combinan en ti ambas vocaciones?

“Por una de esas extrañas casualidades de la vida, en mis años como estudiante en la UCI —Universidad de la Ciencias Informáticas— coincidí con un grupo de amigos a los que le apasionaba y le apasiona la literatura. Fue una verdadera suerte. Entre ellos están Martha Acosta Álvarez, Alexy Duménigo, Francisco Rafael Espinoza, Elizabeth Reinosa, Yonnier Torres, Geonel Alejandro Rama. Todos hoy con libros publicados e importantes premios.

“Ahora, para responder a tu pregunta, confieso que la carrera me aportó un elemento que considero esencial a la hora de enfrentarme al acto creativo, este elemento es el punto de vista de un ingeniero”.

Cuando el deseo de escribir se fue haciendo cotidiano, Rubiel buscó las herramientas necesarias para perfeccionar sus textos, y las encontró en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, experiencia que describe como “una especie de alfabetización literaria”.

Se habla de él como poeta, pero su obra es muestra, además, de una fluidez exquisita para contar, de modo que ambos géneros —poesía y narrativa— emergen de sí con una hibridez espontánea.

“Lo cierto es que siempre me he sentido poeta; sin embargo, disfruto mucho más escribiendo narrativa. Y en efecto, la mayoría de mis libros de poesía son bastante narrativos. No es algo premeditado, simplemente surge de forma natural.

“Cuando escribo narrativa, por otra parte, trato de ser tan claro y conciso como sea posible. Prefiero sacrificar la poesía en aras de que lo que quiero decir llegue al lector y sea comprendido de manera rápida y efectiva”, remarca.

Rubiel acumula entre sus méritos numerosos lauros nacionales e internacionales: Premio Nuevas Voces de la Poesía 2011, Premio La puerta de papel 2014, Premio Pinos Nuevos 2016, Beca de Creación Casa Seoane 2017, Premio Hermanos Loynaz 2018, Premio Ciudad de Holguín 2019, y otros tantos que avalan un camino solidificado en la ruta de sus 34 años.

Entre esos reconocimientos figura también el Premio Calendario de Poesía 2020, con la obra Madera. No obstante, para equilibrar la balanza entre los géneros que más lo atrapan, ha sido distinguido por segunda ocasión con dicho premio, esta vez en el apartado de Cuento, por su libro Salvajes y dichosos.

Respecto a esta pieza narrativa, el jurado del certamen elogió la originalidad del tema, su riqueza dramática, así como el mérito en la construcción de personajes y atmósferas.

Cuando se refiere al significado que tiene para él recibir por segunda vez este lauro, el creador holguinero asegura: “Los Premios Calendario son los más importantes que cada año otorga la AHS. Esto proporciona la posibilidad de publicar con uno de los sellos editoriales más importantes del país. Además, la organización realiza un estupendo trabajo de promoción, que permite a los jóvenes creadores darse a conocer dentro del panorama literario cubano”.

En ese sentido, fue Ediciones La Luz —sello editorial de la AHS en la “ciudad de los parques”— quien llevó al papel impreso, por primera vez, la obra del escritor cuando en el 2015 publicó su texto Los dioses secretos, un momento que el autor recuerda con especial cariño, como los comienzos de una carrera que continúa en ascenso.

Despojado de “rituales para escribir”, Rubiel acude al teclado cuando la vida lo permite, pero comparte que la búsqueda activa de inspiración ha sido clave en su desarrollo escritural. Sobre el acto de moldear ideas y llevarlas al renglón, él está convencido de que “la literatura es un medio para explorar el mundo interior y el mundo exterior, y conectarlos de alguna manera”.

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