Los bendecidos animales de Yasmany

“Hice estos cuadros porque me dio la gana, una madrugada”, me dijo Yasmany Rodríguez Alfaro cuando inauguramos su muestra pictórica en el lobby de la AHS  avileña, Los animales del cuerpo.

Y ese mismo desenfado se vive en cada una de las once obras que la componen.

O de los animales que él mismo ha ido domesticando, cual pequeño príncipe.

Los habrá alimentado con savia de su cuerpo. Con inmaculada disciplina. La disciplina que es hacer lo que no quiero para lograr lo que quiero.

Los habrá acariciado hasta perder las fuerzas del cariño. Hasta decir “basta”, y arrojarlos, luego, por el suelo.

Voy a la numerología, que me encanta. 11 se descompone en 1+1 que es igual a dos. Y dos le viene bien a las personas que son pacientes, versátiles, serviciales, ingeniosas, amables y adaptables.

No sé si es pura coincidencia, pero los que conocemos a este joven artista vemos que la cosa le viene al dedillo.

Pero si vamos a otro significado del número leeremos:

El Número 2 es el número de dualidad y del equilibrio y representa la expresión del Alma en todas sus dimensiones. Su signo del Zodíaco es Cáncer y su planeta dominante es la Luna, el astro asociado a los instintos, el subconsciente y todo lo que simboliza la figura femenina y materna.

Y así podríamos entender el desenfado de Yasmany. Quizás sin proponérselo, estaba cometiendo el sublime acto de la creación inconsciente. El mismo que nos describía Paul Groussac cuando decía, “la mano de dios conduce a la mía cuando trascribo sus artículos”.

Es lo que nos pasa a muchos escritores. En este sentido, nada nuevo hay bajo sol.

Pero es alentador ver que la AHS  sigue respondiendo con interés e inteligencia al reclamo promocional de sus artistas. Por eso cede sus espacios virtuales y físicos para la materialización de exposiciones como esta.

Yasmany fue invitado a las Romerías de Mayo este 2022. Y hasta Holguín se fue con la carpeta bajo el brazo. No pudo exponer. Pero las ganas de hacerlo no caerían en saco roto.

Apenas se preparaba la Feria del Libro en esta ciudad famosa por sus poetas y portales, la AHS pensó en exponer los animales de Yasmany. Y pensó bien.

El marco de la literatura era más que propicio. Rodríguez Alfaro es también escritor. Y un buen escritor, por cierto.

En estas once piezas no solo se percibe su dominio del arte bidimensional, sino, además, el gusto por el diseño y el color.

El color pobre. Acaso una par de primarios.

Apenas un secundario.

La muestra en sí. Fotos: Vasily M.P

Ningún terciario. Porque el mundo el mundo es caos. Porque la pandemia azota y hay que dejarse azotar dulcemente. Nosotros, los pecaminosos bendecidos de este mundo.

Cada cuadro en cartulina es un resurgir de formas sin conceptos, y conceptos sin formas. No quiero decir que lo figurativo es hueco o padece de significados. Digo que la figuración es tan rica como polisémica y sus lecturas dependen del nivel de comprensión del otro. Del que asiste a la muestra.

O del que se que ve reflejado. Porque las temáticas aquí no dejan de ser cotidianas y de vida citadina.

Porque veo chismes en el ambiente pictórico, lascivias, palabras soeces y figuras escandalosas, elementos lúdicos y hasta deseos pecaminosos de poseer todo lo posible. Hasta se le da otra espiritualización  a la tan representada y mística serpiente.

Recuérdese que la serpiente es el símbolo del pecado en la Santa Biblia; el Uraeus o serpiente sagrada en la corona de guerra de los faraones denotaba la iniciación en los ritos sagrados y expresión de la sabiduría oculta; para los chinos, la serpiente y el dragón son símbolos de la vida rítmica, metódica, junto a los principios de humedad y fecundidad; en la cosmogonía de la India, aparece Vischnú, el “principio conservador”, junto a su esposa Lakmi, reposando sobre una serpiente de siete cabezas, llamada Ananta, la eterna o Ananda, manantial de vida; gracias a la maldad de una serpiente Gilgamés como su pueblo, no pudieron torcer la triste condición humana de morir; en Egipto, el dios Amón se confunde con la serpiente creadora; y así, hasta el infinito.

Por lo que en estas piezas de Yasmany, dicho reptil puede ser la reunificación de todos estos significados o uno solo, el que más le convenga al espectador. Porque de eso se trata, también, la obra de arte. El otro tiene su propio entendimiento o significado de las cosas y, el otro, además, es el principal tributario de contenidos.

Hacia él van dirigidas todas las obras de arte.

No hay tantos animales como se esperaría. Porque el animal es el mismo hombre. El hombre del hombre. O como reza en esa frase memorable que es parte de una de las piezas:

EL HOMBRE DENTRO DEL HOMBRE ES MÁS GRANDE QUE EL HOMBRE.

¿Qué significa? Para mí, es la profundidad del ser. Es la tríada. La mística. Es el resultado del 1+1 que es igual a 2. Es el hijo de todas las cosas. Es la maternidad y la paternidad más grandes que la propia concepción del hijo.

Pero es, también, todo lo que le puedas agregar tú, en tu juego de significantes.

Otro de los elementos que me llama la atención de estas piezas es el uso del color. La presencia del negro pudiera darnos la sensación de que todo en el ser humano está fuera de control o sumergido en el caos y desconsuelo.

O pudiera ser el mundo onírico.

Si contextualizamos las obras en cuestión, pudiéramos apoyarnos en las propias declaraciones de Yasmany cuando nos dice que “fue creando estas imágenes en los momentos más duros de la Covid-19”.

Entiéndase. Era cuando la muerte estaba al doblar de la esquina. Donde el miedo, el susto, las malas noches, no dejaban paso a la tranquilidad necesaria para el cuidado de la salud. Instantes de crisis. De aislamiento social. De barreras y escondrijos. De máscaras y ungüentos para escapar de los síntomas.

Todavía estamos así, pero en otro nivel mucho más sensato.

¿O debiera decir pecaminoso?

Cada uno de los cuadros de esta muestra me hacen sentir el arrebato en el que fueron concebidos y cierto grado de inmadurez artística. Rabia desbocada. Deseos de acabar con ese tiempo de esconderse y cuidar hasta el habla cotidiana.

Hay arrebatos. Sí. Muchos. Y pareciera que es un niño el que pintó estas cartulinas. O embarrado de pintura. Porque la rabia, tanto tiempo contenida, pareciera salirse cual chorro de semen gestándolo todo. Así de lasciva y comprometida puede ser esta obra.

Así de contestaría, porque le da la gana salir al mundo y ponerse en cuatro patas para burlarse de todos.

Y llegará hasta donde quiera el espectador.

Sírvase también las iconografías de Choco, Moisés Finalé, Mendive, Lam, Picasso, para aumentar los simbolismos de cada pieza. Porque ahí están esos maestros en esos planos que juegan entre sí, que se contaminan y disuelven; ahí están en esos ojos que todo lo ven y que fueron testigos, también, de Guernica y Mendive; o los rostros gritando, de perfil siempre, de Choco.

Ahí está la cultura cubana. Y la AHS avileña para resguardarla como buen hijo.

Una vez más gana el arte gestado desde la vanguardia juvenil avileña, de las artes visuales en la figura de Yasmany Alfaro y sus animales del cuerpo.

Obra que hasta levantó el asombro y el buen gusto de nuestro poeta y Ministro de Cultura Alpidio Alonso Grau, cuando se personó en la Casa del Joven Creador y dialogó con el artista, cuadro de por medio.

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